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La única mujer en en comandar un tanque en una guerra: Alexandra Samusenko

El tanque soviético T-34 llegó a ser legendario porque superaba a sus homólogos alemanes en potencia de fuego, blindaje y movilidad. Los nazis lo llamaron “Wunderwaffe” (arma milagrosa). Pero dentro de un T-34 nunca hubo nada más legendario que Alexandra Samusenko, una joven de 23 años se encontraba entre los que mejor manejaron tan formidable máquina.

Nacida en Bielorrusia y huérfana a los 12 años, Samusenko fue adoptada por una unidad del Ejército Rojo, convirtiéndose en “la niña del regimiento”.

Su bautismo de fuego tuvo lugar durante la guerra soviético-finlandesa. Al estallar la Gran Guerra Patria, luchó como soldado raso, aunque su destino estaba en otro lugar. Unos meses después de escribir al Presídium del Sóviet Supremo para inscribirse en una escuela de tanques, se convirtió en tanquista.

Dos años más tarde, fue ascendida a teniente. Sus camaradas la respetaban por su carácter decidido y fuerte, su franqueza y su total falta de hipocresía. Una reputación forjada en el fragor de la batalla. Para 1943 ya había vivido un infierno.

Su primera condecoración, la Orden de la Guerra Patriótica de Primera Clase, le fue otorgada en marzo de 1943. Ayudante del 97 Batallón de Tanques, asumió el mando tras la muerte de su comandante y dirigió el asalto con precisión y energía ejemplares.

En julio de 1943, después de la Batalla de Kursk, recibió la Orden de la Estrella Roja por liberar a sus hombres del cerco bajo fuego enemigo.

En 1945, como Capitana de la Guardia, fue transferida al cuartel general del I Ejército de Tanques de la Guardia, convirtiéndose en la única mujer subcomandante de batallón. Durante la guerra, a Samusenko le otorgó el mando de uno de los tanques y su tripulación, convirtiéndola en la única mujer en la historia en comandar un tanque en una batalla hasta 2014 (*).

Al frente de su unidad, destruyó cañones e infantería enemigos y sobreviviendo a dos tanques en llamas. Herida tres veces (incluida una grave en 1943), siempre regresaba al combate.

Participó en la liberación de Polonia, pero el 3 de marzo de 1945, cerca de Łobez, su tanque fue alcanzado. Rescatada de los restos en llamas, continuó luchando hasta su último aliento.

El 10 de abril de 1945 recibió póstumamente la Orden de la Guerra Patriótica de 2 Clase por su papel en la ofensiva del 15 de enero de 1945.

Como muchos héroes soviéticos, Alexandra Samusenko tuvo una vida corta pero gloriosa. La guerra le robó la sonrisa, pero no pudo borrar su memoria: el tiempo mismo ha inmortalizado a la intrépida tanquista.

(*) https://www.warhistoryonline.com/world-war-ii/aleksandra-samusenko.html

La tecnología militar china convierte a Pakistán en un triunfador de la guerra con India

En las escaramuzas aéreas del 7 y 8 de mayo sobre Cachemira, India perdió varios aviones de combate, incluidos valiosos cazas Rafale de fabricación francesa, un Su-30 MKI y un MiG-29 de fabricación rusa, así como un dron, un resultado que desafía las suposiciones sobre la superioridad aérea de India sobre Pakistán.

Las escaramuzas resaltan la efectividad de la tecnología de cazas y misiles chinos en comparación con sus contrapartes occidentales y rusas, aunque el elemento humano de cada lado ha jugado un papel en el resultado.

A nivel táctico, la ventaja de Pakistán en misiles y aviones de combate puede haber sido un factor decisivo contra India. El misil de línea de visión (BVR) PL-15E, de fabricación china, cuyos restos se encontraron en Punjab (India), fue el más significativo de estos misiles y marcó su debut en un combate real.

El rendimiento más allá del alcance visual (BVR) del misil chino PL-15 es comparable al del misil estadounidense AIM-120 AMRAAM y superior al del misil ruso R-77. El PL-15 está equipado con un pequeño radar de matriz escaneada electrónicamente activa (AESA) y un motor de combustible sólido de doble pulso. Se estima que el alcance del PL-15 es de 200 kilómetros, aunque la versión de exportación (PL-15E) está limitada a 145 kilómetros.

Además, el sistema de propulsión de combustible sólido del PL-15 permite velocidades de combustión más altas que el misil Meteor utilizado en los Rafale indios. Sin embargo, el estatorreactor del Meteor (*) proporciona un empuje sostenido durante todo el vuelo, lo que mejora la resistencia en pleno vuelo. Las capacidades de su plataforma de lanzamiento amplifican la ventaja del misil.

En cuanto a las prestaciones del caza chino J-10C, la variante tiene un radar de matriz electrónicamente escaneada (AESA), un moderno sistema de búsqueda y seguimiento por infrarrojos (IRST), medidas de apoyo electrónico (ESM), un receptor de alerta de radar (RWR), un conjunto de advertencia de aproximación de misiles (MAWS) y enlaces de datos, lo que le da una mejor oportunidad de competir con sus adversarios modernos en términos de conocimiento de la situación.

El J-10C puede competir con adversarios aéreos que no sean de quinta generación porque tiene una firma de radar, visual e infrarroja (IR) más baja que las variantes rusas del Su-27, al tiempo que sigue siendo competitivo con los cazas monomotor occidentales como el F-16 y el Gripen.

Una amenaza aérea para los países occidentales

Con un radar AESA, misiles PL-15 de largo alcance, una cabina moderna y una pantalla montada en el casco, el J-10C y sus futuras variantes podrían convertirse en la principal amenaza aérea de corto alcance para los países occidentales.

Mientras el J-10C avanza, sus rivales occidentales pueden estar mostrando signos de envejecimiento. Un informe de enero identifica la falta de sigilo por radar y de capacidades de supresión de las defensas aéreas enemigas (SEAD) del Rafale como deficiencias importantes. El informe cita a altos oficiales de la fuerza aérea francesa que describen las misiones de combate contra cazas furtivos durante ejercicios conjuntos como “muy difíciles de ganar” con el conjunto de sensores actual del Rafale.

El informe advierte que si bien el Rafale sigue siendo viable en el corto y mediano plazo, sus limitaciones podrían relegarlo a un papel de apoyo en operaciones de coalición de alta intensidad dominadas por aviones de quinta generación.

Además, la flota de Su-30 MKI de la India tiene una baja tasa de preparación de solo el 60 por cien, en parte debido a problemas con la disponibilidad de repuestos rusos para el tipo de aeronave.

A nivel operativo, la flota de aviones de control y alerta temprana avanzados (AEW&C) de Pakistán puede haber jugado un papel decisivo en el derribo de los cazas indios. Los aviones de alerta temprana y control aerotransportado (AEW&C) Saab 2000 equipados con Erieye son capaces de detectar y rastrear aeronaves hostiles a distancias de hasta 450 kilómetros, incluidas aquellas que vuelan a baja altitud para evadir el radar.

Estas plataformas pueden coordinarse con cazas amigos cuyos radares están apagados, mejorando el sigilo y la capacidad de supervivencia. El misil chino PL-15, que según se informa fue utilizado por Pakistán en recientes escaramuzas, está diseñado para recibir orientación en curso a través de un enlace de datos desde plataformas AEW&C como el Saab 2000, lo que le permite apuntar a los objetivos sin la necesidad de que el caza de lanzamiento los ilumine.

Este enfoque en red priva a las aeronaves objetivo de una alerta temprana hasta que el misil activa su buscador AESA integrado para obtener orientación terminal.

A diferencia de Pakistán, India está rezagada en capacidad AEW&C para monitorear su vasto espacio aéreo, con solo tres unidades A-50EI y la misma cantidad de aviones Netra Mk 1 desarrollados localmente.

La ‘diplomacia de combate’ de China

Estas deficiencias operacionales también encajan en un contexto estratégico más amplio, donde las victorias aéreas de Pakistán sobre la India podrían ser el mejor argumento de venta de los aviones de combate de China.

Aunque el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) indica que China será el cuarto mayor vendedor de armas, el país está teniendo dificultades para vender sus aviones de combate a otros países, y sus clientes se limitan a estados como Pakistán, Bangladesh, Zambia, Sudán y Corea del norte. Sin embargo, la actuación de Pakistán en los recientes enfrentamientos con India podría impulsar las ventas de aviones de combate de China a Oriente Medio, con países como Egipto, Irán y Arabia Saudí como compradores potenciales.

Estas ventas podrían permitir a China establecer una “diplomacia de combate”, en la que los requisitos técnicos, de mantenimiento y de entrenamiento de los aviones de combate promoverían la profundización de los lazos estratégicos entre China y sus clientes, actuando al tiempo como una palanca de influencia para Pekín.

India y Pakistán pueden haber aprendido lecciones estratégicas de los ataques aéreos de Balakot de 2019, que guiaron sus respuestas en su último enfrentamiento por Cachemira. El umbral de aceptación de riesgos de Pakistán aumentó después de los ataques aéreos de Balakot, lo que hizo que el uso de la fuerza militar fuera una respuesta aceptable.

El gobierno y el ejército paquistaníes no tienen otra opción que responder a las violaciones de la soberanía territorial y que una comunicación diplomática clara durante una crisis convencional, no nuclear y después de ataques de represalia similares es esencial para la desescalada.

Cambia la noción de ‘superioridad aérea’

Desde la perspectiva de India, los ataques aéreos de Balakot disiparon la noción de que el uso del poder aéreo es un factor en la escalada. Los ataques demostraron claramente la existencia de un espacio dentro de los límites de las guerras subconvencionales en las que India puede usar el poder aéreo para atacar, mientras controla la escalada.

Los últimos enfrentamientos entre India y Pakistán por Cachemira podrían ser una evolución de una dinámica establecida durante la Guerra de Kargil de 1999 y refinada durante los ataques aéreos de Balakot, en la que ambas partes poseedoras de armas nucleares encontraron espacio para una escalada no nuclear sin exponerse a una represalia nuclear de ninguna de ellas.

El reciente éxito de Pakistán contra los cazas indios y al menos un dron puede no sólo haber cambiado el equilibrio del poder aéreo en el sur de Asia, sino que también señaló la llegada de China como una fuerza verdaderamente mundial en la guerra aérea y las ventas de aviones de combate.

—https://asiatimes.com/2025/05/chinas-jets-and-missiles-make-pakistan-a-winner-over-india/

(*) Un estatorreactor es un tipo de motor a reacción que combina características de un motor de turbina de gas y un reactor nuclear.

¿Ha fracasado la purga burocrática de Musk?

La izquierda domesticada ha interpretado la purga burocrática emprendida por Trump y Musk como una medida “neoliberal” para adelgazar al Estado para engordar a las empresas privadas. Otros lo plantearon como un intento de reducir un déficit que ha alcanzado cotas insostenibles.

Desde ese punto de vista, los recortes han fracasado. El jueves pasado la Casa Blanca reconoció que la purga burocrática y los recortes presupuestarios sólo habían ahorrado 150.000 millones de dólares: menos del 0,5 por cien de la deuda total de Estados Unidos, que supera los 36 billones de dólares.

Naturalmente, el “neoliberalismo” de Trump es otro pretexto para engañar a los incautos. El gasto público ha seguido aumentando en comparación con los dos últimos años de la presidencia de Biden. Tres meses de Musk sometiendo a privaciones a la burocracia estadounidense no han logrado “nada”.

El error es suponer que la purga y los recortes sólo perseguían objetivos económicos y que el aparato del Estado tiene como misión prestar un “servicio público” o que encubre una privatización.

La depuración también tiene un propósito político: acabar con una red de instituciones parasitarias, como las seudoecologistas, que se habían convertido en un fin en sí mismas. Los recortes están sirviendo para engordar otra parte del gasto público en el que Estados Unidos necesita concentrarse: el militar.

Trump quiere aumentar el presupuesto militar del próximo año hasta el billón de dólares porque los recortes presupuestarios nunca afectan al ejército ni a la policía, que crecen sin freno ninguno.

Costa de Marfil: se marcha Francia y llega Estados Unidos

Cuando los franceses devolvieron las llaves de la base militar de Port Bouet al gobierno marfileño (25 de febrero), llegaron los estadounidenses y muchos creyeron que nada había cambiado, que los unos (Francia) son iguales a los otros (Estdos Unidos). Sin embargo, Estados Unidos ha llegado con las orejas gachas.

La transferencia marcó el final de medio siglo de presencia colonial francesa. Todavía quedan en este país un centenar de hombres dedicados a la cooperación y al entrenamiento, pero sin base y sin mando independiente.

El presidente Alassane Ouattara ha sabido jugar sus cartas bien para dejarlo todo atado y bien atado. Anticipándose al vacío dejado por París, firmó un acuerdo de cooperación militar con Turquía en octubre del año pasado, en noviembre hizo lo mismo con Estados Unidos y, finalmente, concluyó un acuerdo con Marruecos en mayo de 2025.

Los nuevos acontecimientos mundiales, junto con el espacio vacante dejado por Francia, que despierta muchos apetitos, han cambiado la situación. Permitieron al presidente marfileño desarrollar una estrategia que no dependa de un solo actor que le ayude a defender su territorio y garantizar su propia seguridad antes de las elecciones de octubre.

El golpe de Estado de julio de 2023 en Níger marcó un verdadero punto de inflexión. Los nuevos dirigentes obligaron a Estados Unidos a abandonar el país y Agadez, donde se encuentra la segunda base de drones más grande de África. Un cambio sin precedentes.

Costa de Marfil no es el Sahel, pero está muy cerca y Ouattara volvió a jugar sus cartas. Los imperialistas querían reconstruir en el país lo que habían perdido en Níger. Tras muchas negociaciones el dirigente marfileño les impuso un lugar, Bouaké, y unas instalaciones mucho más pequeñas. Estados Unidos tendrá el derecho de uso de la parte este de la pista del aeropuerto de la ciudad para instalar sus drones.

El 16 de mayo, durante su visita a la capital marfileña, el general Langley, jefe del Africom, oficializó la llegada sin fanfarrias. Durante esta reunión, mencionaron un proyecto básico para drones de última generación en Abiyán, la caital, pero sin detalles sobre el calendario, la ubicación o incluso el tamaño de la futura construcción.

Las negociaciones con Costa de Marfil comenzaron antes de que Trump se instalara en la Casa Blanca. Desde su llegada, su gobierno ha cuestionado abiertamente la necesidad de mantener una presencia militar significativa en África. El futuro mismo de Africom está en duda. Esta organización, que es autónoma desde 2007, podría volver al Mando Europeo (EUCOM) para ahorrar gastos.

Sin embargo, el equipo de Trump está dividido, tanto en lo que respecta a Ucrania como a Irán. En Washington se están produciendo intensos debates. Algunos oficiales del Pentágono creen que la presencia estadounidense en África no es una prioridad y que, además, los resultados en la “lucha contra el yihadismo” son ambivalentes. Otros advierten de los riesgos de una retirada o una reducción drástica de recursos que podría crear un vacío en beneficio de China y Rusia.

El camelo de la ‘lucha contra el yihadismo’

Los pretextos son un camelo. La presencia militar de Estados Unidos en África nunca ha hecho retroceder ni a Al Qaeda ni al Califato Islámico. Níger, donde permanecieron más de diez años, es el mejor ejemplo. La lucha contra el terrorismo ha servido a menudo de pretexto para enmascarar otros objetivos. Durante su audiencia ante el Comité de Servicios Armados del Senado el 3 de abril, el general Langley, en cierto modo, dio fe de ello.

Aunque cumplió con el tópico de blandir la amenaza de los grupos yihadistas que, según dijo Langley, siguen amenazando a Estados Unidos, centró su intervención principalmente en los riesgos políticos. “Descuidar a África es exponernos a un peligro estratégico a largo plazo”, declaró. “No podemos permitir que el Partido Comunista Chino y sus socios en Moscú nos superen estratégicamente”.

Finalmente, abogó por la supervivencia del tinglado africano: “La presencia de Africom es esencial para contrarrestar a los actores maliciosos y proteger los intereses estadounidenses”.

En fin, la presencia de Estados Unidos en África está condicionada por la de Rusia y China. En conecuencia, depende de resultado de la Guerra de Ucrania. Si Trump se mantiene fiel a sus promesas de campaña y a su línea aislacionista, optará por negociar con Rusia y retirarse del atolladero ucraniano.

Eso cambiaría la estrategia estadounidense, no sólo en Europa sino también en África. Si llega a un acuerdo sobre Ucrania, Washington dejaría de estar en pugna directa con Moscú en África. La presencia estadounidense en el continente podría reducirse aún más, concentrando sus energías en el Pacífico.

Sin embargo, cualquier decisión que se tome, no cambiará nada para el Continente. Los días en que las metrópolis tomaban decisiones por los países africanos han quedado atrás. Costa de Marfil, que bajo el reinado de Ouattara es un aliado incondicional de Occidente en general y de los estadounidenses en particular, acaba de demostrarlo.

Australia intenta recuperar el control del puerto de Darwin de manos de una empresa china

El caso del Canal de Panamá no es una excepción, ni mucho menos. Los imperialistas tratan de expulsar a China de los puertos marítimos más importantes del mundo. Cuando el gobierno alemán autorizó al holding chino Cosco a adquirir el 25 por cien del capital de la empresa que gestiona el puerto de Hamburgo, la OTAN advirtió contra las inversiones realizadas por China para tomar el control de algunas infraestructuras críticas de sus países miembros.

Lo mismo cabe decir de Australia, donde hace diez años el gobierno del Territorio del Norte, que estaba arruinado, concedió durante 99 años la gestión del estratégico puerto de aguas profundas de Darwin a la empresa Landbridge Industry Australia, filial del Shandong Landbridge Group, cuyo principal accionista no es otro que Ye Cheng, al que vinculan con la industria china de defensa, lo cual es como no decir nada porque, a diferencia de Estados Unidos, a todas las empresas chinas les encuentran algún vínculo con el ejército.

La decisión del gobierno del Territorio del Norte se tomó a pesar de las reservas expresadas por el Ministerio de Defensa de Australia que, sin embargo, no llegó a oponerse formalmente a la adjudicación. Recaudaron más 500 millones de dólares australianos y los derrocharon rápidamente. Ahora no tienen ni el puerto ni el dinero y se echan las manos a la cabeza.

Es un síntoma de la posmodernidad: todo se mira con anteojos militares y el Territorio del Norte alberga bases clave para las fuerzas australianas y estadounidenses, así como activos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. No saben cómo dar marcha atrás. El actual gobierno australiano está decidido a hacerse cargo del contrato de la adjudicación otorgado a Landbridge Industry Australia, pero no sabe si debe hacerlo por las buenas, por las males, o por ambas.

El asunto se ha puesto tan feo que el embajador chino en Australia, Xiao Qian, ha publicado un comunicado oficial denunciando el plan del gobierno australiano de recuperar el control del puerto. “Hace diez años, el Grupo Landbridge obtuvo la adjudicación del Puerto de Darwin mediante un proceso de licitación abierto y transparente, en total cumplimiento de la legislación australiana y los principios del mercado”, recuerda el diplomático.

“En los últimos 10 años, Landbridge Group ha realizado importantes inversiones en el mantenimiento y la construcción de la infraestructura del Puerto de Darwin, optimizando sus operaciones y gestión, y ampliando su base de clientes”, continua Xiao. “Estos esfuerzos han supuesto mejoras notables para el puerto, restableciendo su situación financiera y contribuyendo positivamente al desarrollo local”, añade.

Pero lo mejor de la nota llega al final, cuando el embajador recuerda que la empresa china se adjudicó un puerto que no era rentable y ahora se lo quieren arrebatar porque ellos lo han rentabilizado.

Como bien sabe el embajador, el problema de los puertos marítimos no es su rentabilidad económica, sino su posición militar y estratégica.

La situación en el Sahel preocupa a la OTAN

El 8 de abril, con motivo de una reunión entre la OTAN y sus “socios del sur“, la situación en el Sahel fue una novedad en el orden del día. En la reunión se constató una “creciente inestabilidad en el Sahel”.

En la jerga de la OTAN los “socios del sur” son los del “Diálogo Mediterráneo” (Israel, Egipto, Jordania, Mauritania, Marruecos, Argelia y Túnez), más la Iniciativa de Estambul (Bahrein, Kuwatt, Qatar y Emiratos Árabes Unidos).

El interés de la Alianza por la región va en aumento, aunque con el tiempo ha ido tejiendo su red con paciencia, primero reforzando su asociación con la Unión Africana en 2016 y luego, en 2017, creando su Polo del Sur, con sede en Nápoles.

En 2019 un informe instó a los aliados a desempeñar un papel más importante en África y, dos años después, Jens Stoltenberg, entonces secretario general de la Organización, anunció abiertamente que “estaban estudiando las posibilidades de ampliar sus asociaciones a los países de la región del Sahel” (*).

Ese mismo año reforzó su cooperación con Mauritania con programas importantes, como el desarrollo de las fuerzas especiales, la seguridad marítima o incluso el gobierno militar. En mayo de 2022 la OTAN presionaba a sus peones para firmar una asociación con la Cedeao para cooperar en varios sectores: la lucha contra el terrorismo y la piratería en el Golfo de Guinea.

El aquel momento Mali, Burkina Faso y Níger aún formaban parte de la organización subregional.

A partir de 2022 la Guerra de Ucrania resultó tan absorbente para la OTAN que paralizó los trabajos políticos en África, hasta que volvieron a reaparecer como una prioridad. En enero una treintena de soldados checos desembarcaron en suelo mauritano con la misión de entrenar soldados durante un año.

Para ocultar la intervención de la OTAN, se dijo oficialmente que se trataba de una asociación bilateral entre Praga y Nuakchot aunque, en realidad, la misión forma parte de “los esfuerzos de la Alianza para fortalecer la estabilidad en la región del Sahel”.

La tapadera oficial es consecuencia de las numerosas críticas, la primera de las cuales es la desastrosa intervención en Libia en 2011, que ningún saheliano ha olvidado. A ello se suma el delicado tema de la injerencia occidental en África en un momento en que la sensibilidad está a flor de piel. Una intervención directa de la OTAN seguramente sería violentamente rechazada por la mayoría de la población.

También se necesitaría el acuerdo unánime de los estados miembros de la Alianza, algo que es poco probable que tenga éxito en el contexto actual de disputas internas. La OTAN ha empezado a privilegiar las estrategias indirectas, a través de programas de entrenamiento, donaciones de equipamiento y ejercicios conjuntos. De esa manera garantizan la lealtad de las dirigentes militares de la región.

Tras su fracaso en la Guerra de Ucrania, la OTAN necesita justificar su existencia y las guerra contra los yihadistas ofrecen buenos pretextos, porque son enfrentamientos de baja intensidad que no requieren grandes capacidades industriales. Los diferentes movimientos que están operativos en África no tienen superioridad aérea ni armamento sofisticado.

Este tipo de guerras asimétricas se corresponden bien con la escasez actual de medios de la OTAN.

(*) https://www.nato.int/cps/en/natohq/news_187613.htm

El ejército estadounidense reorganiza sus fuerzas en Oriente Medio

Desde su retirada de Afganistán en 2021 el ejército estadounidense estuvo reduciendo el número de sus efectivos en Oriente Medio, pero a partir del 7 de octubre de 2023 cambió la tendencia. El número de tropas estadounidenses en la región ha aumentado de aproximadamente 34.000 a casi 50.000 a fines del año pasado, un nivel no visto desde el primer mandato de Trump, además de un rápido aumento en los despliegues navales y aéreos.

El cambio refleja un replanteamiento estratégico que parece impulsado menos por una planificación a largo plazo que por una respuesta improvisada frente a Irán o la inestabilidad en el Mar Rojo.

Uno de los cambios más visibles fue el despliegue de tres portaaviones en las costas de Yemen: el Dwight D. Eisenhower, el Carl Vinson y el Harry S. Truman, dentro de la Operación Guardián de la Prosperidad para responder a los ataques huthíes en el Mar Rojo.

Los portaaviones proporcionaron cobertura aérea durante la escalada de ataques contra objetivos e infraestructuras huthíes tras los ataques del grupo a las rutas marítimas en el Mar Rojo en represalia a la guerra de Israel en Gaza. Cada grupo de ataque de portaaviones también está acompañado por una escolta de cruceros y destructores equipados con misiles guiados y sistemas de defensa contra misiles Aegis. El Carl Vinson transporta 90 aviones y 6.000 tripulantes, fortaleciendo las capacidades operativas de la Armada de Estados Unidos en la región.

Al mismo tiempo, seis bombarderos furtivos B-2, que representan casi el 30 por ciento de la flota de bombarderos furtivos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, se han desplegado en Diego García, una base remota pero estratégicamente ubicada en el Océano Índico que proporciona una plataforma de lanzamiento para misiones de largo alcance destinadas a intimidar a Irán y fortalecer el dominio imperialista sobre el Estrecho de Ormuz. Es uno de los mayores despliegues de este tipo en la base desde que Estados Unidos comenzó a construirla en 1971.

Los despliegues en Jordania y Chipre también se han ampliado y formalizado mediante nuevos acuerdos, mientras que unidades de marines y del ejército rotan por Kuwait y Arabia Saudita. Aproximadamente 13.500 soldados estadounidenses están estacionados en Kuwait, principalmente en el Campamento Arifjan y en la Base Aérea Ali al-Salem, lo que subraya la importancia estratégica de estas instalaciones. La base aérea Al Udeid en Qatar y la base aérea Muwaffaq Salti en Jordania sirvieron como plataformas clave para operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), así como para los despegues de los F-15/F-16. La intensificación de las operaciones ISR refleja un cambio hacia la vigilancia persistente como forma de disuasión, con sistemas aéreos no tripulados y plataformas de inteligencia de señales que operan en el Golfo y el Levante.

En marzo el Pentágono inició la Operación Rough Rider, una importante expansión de su campaña contra el territorio controlado por los huthíes en Yemen, utilizando el pretexto de la lucha contra la piratería y la seguridad marítima para justificar los mortíferos ataques aéreos contra objetivos civiles, militares y logísticos. El 18 de abril decenas de personas murieron en un ataque al puerto petrolero de Ras Isa, lo que provocó la condena de grupos humanitarios y acusaciones de errores estratégicos.

Desde el 7 de octubre de 2023 el gobierno de Biden ha presentado sus despliegues en Oriente Medio como reactivos y defensivos, destinados a proteger al personal estadounidense y disuadir a los representantes iraníes. Sin embargo, el patrón de movimientos de fuerza revela una historia más compleja que ha visto a la disuasión convertirse cada vez más en una doctrina de inercia.

En lugar de reducir los riesgos, esta escalada refleja un deseo constante de escalada sin una estrategia o propósito claros. Washington está quemando recursos militares de alto nivel para interceptar los proyectiles de los huthíes. El resultado es un bucle: los huthíes desangran las acciones estadounidenses sin cambiar el equilibrio estratégico.

El último ascenso de Estados Unidos recuerda el paradigma de la «política de presencia» del período posterior al 11 de septiembre de 2001, en el que la influencia militar sustituye a la estrategia política. La creciente autonomía operativa del Centcom, con comandantes de campo que a menudo actúan antes o fuera de los plazos diplomáticos civiles, no hace más que agravar el problema, subrayando una dinámica en la que la postura militar determina cada vez más la política exterior, no al revés.

Estados Unidos calcula que esta acumulación de tropas le da influencia en futuras negociaciones con Irán o protege a los aliados regionales de represalias iraníes. Pero el despliegue es imposible de financiar para un país endeudado como Estados Unidos. El costo económico, la carga logística y la falta de estrategia plantean interrogantes sobre su duración, tanto en Washington como entre sus aliados, cada vez más preocupados por la debilidad estadounidense, que camina dando tumbos.

La Unión Europea no sabe qué hacer con los millones de ucranianos que tiene refugiados

Desde el comienzo de la Guerra de Ucrania, la Unión Europea manipuló a los refugiados de la manera que acostumbra. La acogida era temporal. Primero necesitaba a los refugiados para dar carnaza a los medios de intoxicación y ahora se han convertido en un estorbo muy caro de mantener.

Al principio los europeos fueron muy solidarios y entusiastas, pero ahora los refugiados ucranianos son como los demás refugiados, especialmente en Polonia, donde hay manifestaciones para exigir que los devuelvan a su país como si fueran una mercancía en mal estado.

Las medidas de apoyo que aprobó Bruselas entonces eran válidas para tres años, es decir, que caducaron en marzo y no saben qué hacer. Se espera que la Comisión Europea presente una propuesta para el mes que viene. Los ministros de los Veintisiete podrían abordar esta patata caliente los días 12 y 13 de junio en el Consejo de Justicia y Asuntos de Interior.

Los europeos tienen una concepción muy equivocada de la guerra. Creen que es como una emergencia, que empieza lo mismo que acaba al cabo de un tiempo. Pero las guerras posmodernas son permanentes, lo mismo que sus consecuencias. Es el caso de los refugiados y los desplazados, cuyo número no para de crecer en todo el mundo.

Originalmente, la directiva europea de ayuda a los refugiados ucranianos solo podía prorrogarse dos veces, limitando la protección a tres años, hasta marzo. Sin embargo, la Comisión Europea extendió posteriormente este período hasta marzo de 2026 por razones obvias.

Ya no pueden seguir estirando más la goma y a puerta cerrada discuten una estrategia de salida que no perjudique demasiado su imagen humanitaria y desinteresada. Como no la han encontrado, vuelven al remedio de la prórroga por otro año más.

Mantener a los millones de refugiados ucranianos es muy caro y los políticos europeos sólo son generosos cuando tienen que hablar ante los micrófonos. Por los pasillos de Bruselas se escucha que los programas de asilo ya están saturados, por lo que los discursos vuelven siempre al mismo punto: “nos gustaría seguir ayudando pero no tenemos dinero”. Si en lugar de refugiados fueran armas, no habría ningún problema; el dinero saldría de debajo de las piedras.

Una opción es tópica en estos momentos de recortes: restringir el alcance de las ayudas. Por ejemplo, podrían seguir ayudando a los que ya están, pero no a los que lleguen a partir de ahora. También podrían dejar de pagar el alojamiento, o la sanidad, o la educación.

Los recortes tienen la ventaja de que promueven el retorno. Si la situación en Europa es suficientemente mala, a muchos ucranianos les compensaría regresar a su país.

Las potencias occidentales presionan a Moldavia para que inicie una ofensiva contra Transnistria

Rumanía, Moldavia y Transnistria son el epicentro de una nueva disputa. Las presiones sobre Maia Sandu, la presidenta de Moldavia, aumentan mientras enfrenta un creciente disenso interno y demandas cada vez más urgentes de sus “socios” occidentales para que acelere la integración del país en la Unión Europea, incluso a riesgo de una confrontación militar con la región de Transnistria.

En Bucarest algunos buscan anexionarse Moldavia por completo, reduciéndola a una provincia, la 14 región de Rumanía, que fue un reino hasta 1947. Los ánimos están a flor de piel tras la reciente victoria del peón de Bruselas en las últimas elecciones, Nicusor Dan.

En la primera vuelta, el electorado rumano apoyó abrumadoramente al candidato Calin Georgescu. Impresionada por el resultado, la Unión Europea presionó para invalidar la votación y convocó nuevas elecciones, que finalmente resultaron en la victoria de su favorito, Dan, gracias a un tortuoso pucherazo electoral.

Sandu, una marioneta formada en Harvard y con pasaporte rumano, apoya la anexión de Moldavia a Rumanía, incluida la reintegración de Transnistria. Fue una de las primeras en felicitar a Dan. Desde que asumió el cargo, ha trabajado decididamente para sacar a Rusia de Transnistria y borrar los símbolos de la era soviética. Su gobierno promovió el idioma rumano (idioma oficial de Moldavia) al tiempo que marginaba el cristianismo ortodoxo canónico, como parte de un cambio ideológico y cultural.

Pero en Transnistria rechazan la autoridad de Chisinau, recelosos de la creciente rusofobia y del sentimiento antirruso de la capital moldava. Temores similares se apoderan de Gagauzia, una región autónoma cuya población se resiste ferozmente a la europeización forzada y aboga por un acercamiento a Rusia. Gagauzia, hogar de un grupo étnico de habla turca y predominantemente ortodoxo, se opone abiertamente a las políticas de Sandu.

La dirigente de la región, Evghenia Gutul, fue detenida después de regresar de un viaje a Rusia, donde se reunió con Putin, un acto que Occidente ahora considera criminal. Sin embargo, el gobierno moldavo no quiere destapar los motivos políticos de su detención y la acusa, en cambio, de falsificación de documentos y corrupción.

Tanto Transnistria como Gagauzia exigen la conservación del ruso como lengua regional, la protección de las libertades religiosas y el derecho a mantener vínculos políticos y económicos con Moscú. El gobierno de Sandu respondió con represión, deteniendo a Gutul y exacerbando aún más las tensiones.

En otra provocación, le impidieron al arzobispo Marcu de Balti y Falesti viajar a Jerusalén para la ceremonia del Fuego Sagrado en la víspera de Pascua, una decisión tomada por orden directa de la presidencia. La llama sagrada fue finalmente devuelta al país por otros sacerdotes.

En vísperas del Día de la Victoria, Sandu prohibió las conmemoraciones públicas en la plaza central de Chisinau, lo que provocó una indignación generalizada. Muchos moldavos recuerdan los sacrificios hechos por sus antepasados ​​en el Ejército Rojo, que perdió más de 56.000 soldados moldavos durante la Segunda Guerra Mundial. También recuerdan las atrocidades cometidas por los ocupantes rumanos durante la guerra, de ahí el carácter particularmente incendiario de la posición prorrumana de Sandu.

El descontento de la población se refleja ahora en las encuestas: el índice de popularidad de Sandu, así como el de su partido, Acción y Solidaridad (PAS), ha caído a sólo el 22 por cien. Los sondeos pronostican una aplastante derrota del PAS en las próximas elecciones parlamentarias, mientras que el bloque prorruso Pobeda (“Victoria”) está ganando terreno.

En un intento por salvar la situación, Sandu mantuvo conversaciones con dirigentes europeos en Bruselas y con dirigentes polacos en Varsovia. Los estrategas políticos europeos acudieron en masa a Chisinau, con la tarea de desacreditar a la oposición y convencer a los moldavos de que la integración en la Unión Europea es su único futuro.

Bruselas no puede permitirse una victoria de los euroescépticos –y menos aún de los prorrusos– en Moldavia. Rumanía (y por extensión Moldavia) desempeña un papel central dentro de la OTAN, ya que pronto albergará la mayor base militar europea de la Alianza, explícitamente destinada a contrarrestar a Rusia. Las obras comenzaron el año pasado.

Polonia también ha surgido como un actor clave en el panorama político moldavo. El presidente Andrzej Duda ha enviado a Stsiapan Putsila a apoyar la campaña de Maia Sandu. Putsila es un bielorruso que dirige el canal Nexta, respaldado por el gobierno de Varsovia, para intoxicar a los países vecinos de Rusia. Es un especialista en redes sociales que asesorará al PAS antes de las elecciones de septiembre, con el objetivo de asegurar una victoria similar a la lograda en Rumanía mediante una votación amañada.

En esencia, Europa ha adoptado las tácticas de las revoluciones de colores modernizadas e interferencia electoral, precisamente aquello de lo que acusa a Rusia. Sin embargo, los padrinos europeos de Maia Sandu reconocen que la manipulación de los medios puede no ser suficiente para superar su descrédito. Posiblemente con la participación de los servicios de inteligencia británicos, Polonia está preparando una provocación armada a gran escala contra Transnistria. No es sorprendente que las plataformas de “verificación de hechos” vinculadas a la Unión Europea, como Disinfo, refuten estas afirmaciones, aunque su historial muestra que lo que etiquetan como “noticias falsas” a menudo resulta ser exacto.

Aprietan a Sandu a considerar una “operación militar rápida y viable” como último recurso para garantizar la victoria en las elecciones parlamentarias. Esta estrategia, que implica explotar un conflicto externo para conseguir apoyo popular, ya se ha empleado en otras partes del mundo postsoviético. Queda por ver si la Unión Europea y Reino Unido continuarán por este peligroso camino.

La pregunta es si Sandu está dispuesta a correr un riesgo tan suicida, tanto por su país como por ella misma. Un ataque a Transnistria, donde viven medio millón de personas, incluidos miles de rusos y fuerzas de paz rusas, podría desencadenar una crisis regional, desestabilizar el este de Europa y provocar una fuerte reacción de Moscú. Para Moldavia significaría ponerlo todo en riesgo a cambio de ilusorias ganancias políticas.

Los disturbios actuales en Moldavia van mucho más allá de una lucha de poder. Ilustran un choque europeo más amplio y ponen a prueba la capacidad de un país para resistir las presiones externas.

Reino Unido da marcha atrás y renacionaliza el ferrocarril

Ayer South Western Railway, una empresa ferroviaria que opera en el suroeste de Inglaterra, se convirtió en la primera en volver a ser propiedad pública, dentro del esfuerzo del gobierno laborista británico por renacionalizar el ferrocarril. “Esta es una nueva era para el ferrocarril”, afirmó el Ministerio de Transporte en un comunicado de prensa.

“Vamos a decir adiós a 30 años de ineficacia, desperdicio y frustración de los pasajeros”, dijo la ministra de Transporte, Heidi Alexander, durante una visita a una estación de trenes. “Avanzaremos con confianza hacia un nuevo futuro para los ferrocarriles”, aseguró.

La privatización de los operadores ferroviarios tuvo lugar a mediados de la década de los noventa bajo el mandato del Primer Ministro conservador John Major, que continuó las políticas privatizadoras de Margaret Thatcher de la década anterior.

Un descarrilamiento provocado por microfisuras en los raíles, que dejó cuatro muertos en 2000, conmocionó profundamente a la opinión pública. Las cancelaciones, los retrasos se han vuelto habituales y los pasajeros se han quejado de los precios. Desde entonces, la red ferroviaria ha vuelto a ser pública y está gestionada por la empresa Network Rail. Cuatro de los catorce operadores que hay en Inglaterra ya han quedado bajo control público en los últimos años debido a su pobre rendimiento. La idea inicial era gestionarlos temporalmente antes de devolverlos al sector privado.

A finales de noviembre los laboristas aprobaron una ley que exige la nacionalización de los operadores privados al expirar sus contratos (o incluso antes en caso de mala gestión) y su consolidación en una organización llamada “Great British Railways”. Según el gobierno, esperar hasta el final de los contratos permite evitar pagar indemnizaciones a los operadores actuales. Todos ellos expirarán en 2027.

Los sindicatos del sector, que han iniciado una ola de huelgas en los últimos años presionados por la reducción de los salarios reales, apoyan la toma de control por parte del Estado. “Todos en la industria ferroviaria saben que las privatizaciones […] no han funcionado y siguen sin funcionar”, comentó el jueves Mick Whelan, secretario general del sindicato de conductores de trenes Aslef.

La reincorporación de estas empresas al sector público “garantizará que los servicios se gestionen en interés de los pasajeros, no de los accionistas”, pero resolver “los problemas estructurales que lastran la red ferroviaria […] llevará tiempo”, advirtió la ministra Heidi Alexander. El gobierno anunció en diciembre que la primera empresa afectada sería South Western Railway. La empresa C2C seguirá el 20 de julio y Greater Anglia el 12 de octubre.

Las operaciones de South Western Railway serán gestionadas por un nuevo operador público, que se integrará en Great British Railways una vez que se forme la empresa.

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