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Nuestra percepción de la realidad ni es nuestra ni es real

Hasta ahora Ustedes conocían las verdades, las mentiras, las medias verdades, la posverdad, las estadísticas, los telediarios, las tertulias, las cortinas de humo, el lavado de cerebro, las guerras sicológicas, la intoxicación informativa y la callada por respuesta.

Ahora les toca familiarizarse con la “gestión de la percepción” y enterarse de que la percepción de la que hablan es la suya, es decir, de hay alguien que se preocupa de gestionar la manera en que Usted percibe la realidad. En otras palabras: de manipularle.

Es una técnica inventada por el ejército estadounidense que imparten a los cadetes en las academias militares, pero también a aquellos que forman parte de la diplomacia, el espionaje extranjero (CIA) o interno (FBI). De ahí pasó a las escuelas de negocios, de sicología y de periodismo, de tal manera que la manipulación de los demás se ha convertido en una disciplina científica, aceptada y admitida como moneda corriente, o sea, en una profesión.

Según el Pentágono la gestión de la percepción es una técnica que proporciona u oculta información selecta a audiencias extranjeras con el fin de influir en sus emociones, motivaciones y razonamientos objetivos.

Los militares estadounidenses han enseñado a las cadenas de comunicación el arte del ilusionismo y la manipulación de las apariencias, de los aspectos externos y superficiales de las cosas, considerados de una manera separada de las cosas mismas.

Por ejemplo, lo que hoy se considera como “política” es, la mayor parte de las veces, de ese tipo, un discurso sobre otro, una opinión sobre otra, es decir, una tertulia o una jaula de grillos que discuten sobre los aspectos superficiales de la realidad. Cuanto más superficiales mejor. Lo mismo que la televisión ha acabado en tele-basura, la política ha acabado en politica-basura por una buena razón: es la mejor manera de que la mayoría se quede al margen, hastiada y asqueada de esa “política”.

En la mayor parte de las publicaciones académicas la realidad también está ausente. Los escritores se engendran unos a otros. Las obras de unos dan lugar a las réplicas de los otros. El mes pasado la Universidad Rey Juan Carlos organizó un Congreso Internacional sobre la pobreza y lo cambió de nombre por el de “exclusión social”. No era una reunión convocada “contra” la miseria sino para hablar “sobre” la miseria y, como es lógico, los miserables no estaban allá, ni siquiera como espectadores.

Hoy cualquier organismo que se precie se rodea de una oficina de prensa, publicistas, gabinetes de imagen y departamentos de comunicación (“community manager”) que nos imponen a los demás la manera en que los percibimos. Crean “marcas”, de manera que no los vemos como ellos son sino como quieren que los veamos.

Para aprobar una ley que elimine los derechos fundamentales o vender alarmas no hay nada mejor que iniciar una campaña sobre la inseguridad ciudadana, los robos y los crímenes. Por más que el número aparente de delitos se reduzca, la inseguridad no es más que un estado sujetivo muy fácil de alterar, y lo mismo ocurre si el número de delitos aumenta y quieres promocionar el turismo: es suficiente con iniciar una campaña diciendo que es un país muy tranquilo y apacible. La misma empresa que te diseña una campaña, te diseña la contraria; ni siquiera el precio en un caso es diferente del otro.

No sólo Benetton es una marca; el capitalismo convierte cualquier cosa en un producto comercial, como la monarquía fascista, por ejemplo, todo un ejemplo de la sofisticación que puede llegar a alcanzar la gestión de la percepción.

Para realzar lo bueno hay que fabricar lo malo, las “marcas negativas”. Las religiones tienen al demonio y las películas tienen sus “malvados” como contrapunto. Cuando una campaña fabrica un malo muy malo, como Corea del norte, por ejemplo, los buenos parecen más buenos, e incluso los regulares parecen mejores de lo que son.

En las elecciones es algo que no falla casi nunca: “todos son iguales”, según dicen, lo cual significa que “todos son iguales de malos”. Por lo tanto, para arrastrar a alguien hasta un colegio electoral hay que crear la marca del “menos malo” o el “mal menor” a la que se aferran casi todos los votantes para justificarse a sí mismos.

Al mismo tiempo que en un aula las universidades enseñan a manipular la percepción de la realidad, en la de al lado enseñan lo contrario: el “fact checking”, la corroboración de una determinada información con la realidad. Lo que ninguna universidad enseñará nunca es que la mayor parte de los lectores no pueden contrastar ninguna información y mucho menos hacer frente a toda una campaña de gestión de la percepción.

Los bombardeos nucleares de la OTAN contra Serbia empiezan a causar víctimas también en sus propias filas

La semana pasada un tribunal francés condenó al Estado a indemnizar a un gendarme, Henri Friconneau, que contrajo cáncer cuando en 1999 le enviaron a Kosovo con el pretexto de investigar los crímenes que estaban cometiendo los serbios.

Como consecuencia de los bombardeos de la OTAN con munición de uranio, el gendarme contrajo cáncer, lo que le llevó a la tumba (*). Le enviaron a investigar unos crímenes pero se encontró con otros: los que estaban cometiendo los imperialistas contra los serbios.

La historia convierte a los victimarios en su contrario, por más que el mundo se empeñe en mirar hacia otro lado. El propio gendarme, que formaba parte de la expedición de castigo imperialista contra Serbia, pasó a victimario a víctima.

Lo mató la OTAN y su viuda será indemnizada, pero ¿quién indemnizará a los serbios? Incluso, ¿quién indemnizará a los kosovares que fueron a salvar y también son víctimas de su propio rescate?

Dentro de poco, los medios callarán este mismo tipo de noticias referidas a Siria y nadie se acordará entonces, como tampoco nadie se acurda ahora de Kosovo, de los farsantes y los tramposos que calificaron a Bashar Al-Assad y su gobierno de “carniceros” y aplaudieron y justificaron los crímenes imperialistas en Oriente Medio.

Durante los 78 días que duró la Operación Ángel de la Caridad, la OTAN lanzó 15 toneladas de uranio empobrecido en siete lugares del sur de Serbia, principalmente en los alrededores de Vranje y Bujanovac, y casi 20 toneladas en 105 lugares de Kosovo, en particular en los alrededores de Prizren y Pec.

Recientemente los expertos han anunciado que para el año que viene hay que esperar una explosión de enfermedades malignas entre los ciudadanos de Serbia y Kosovo Metohija, como resultado del uso de municiones con uranio en 1999.

Las bombas de uranio también se han utilizado en Somalia y el Golfo Pérsico. Incluso en Bosnia-Herzegovina hay localidades, como Hadzic, que siete años después de los bombardeos de la OTAN ya habían perdido casi la totalidad de su población, a causa de la proliferación de enfermedades cancerosas.

En Serbia las estadísticas médicas van mostrando un aumento de la mortalidad por carcinomas y alteraciones congénitas, tanto en las personas como en los animales. En determinados países los crímenes de la OTAN no se han podido tapar porque “afortunadamente” la radiación también alcanzó a las tropas de países como Alemania o Italia.

Las bombas que llaman “de uranio empobrecido” proceden del reciclaje de los residuos radiactivos de las centrales nucleares, cuyo almacenamiento causa un problema de muy difícil resolución. Los países del mundo que acumulan mayor cantidad de residuos son los más nuclearizados, sobre todo Estados Unidos. Como el coste de mantenimiento de dichos residuos es gigantesco, lo que hace el Pentágono es deshacerse de una parte de ellos, lanzándolos a terceros países en forma de bombas.

(*) https://www.marianne.net/societe/exclu-l-armee-condamnee-pour-mise-en-danger-de-ses-soldats-par-l-usage-d-uranium-appauvri-au

Imperialismo y terrorismo: en todo el mundo la misma moneda siempre tiene dos caras

Mamadu Dabo

Para precipitar la caída de Gadafi, la OTAN distribuyó 20.000 toneladas de armas y municiones a grupos «revolucionarios» a través del Ministro de Defensa de Qatar, como pagador de la factura. En septiembre de 2011 la OTAN también le encomendó la tarea de recuperar las armas en cuestión, pero dejó arsenales enteros a disposición del Grupo de Combate Islámico en Libia (ICGL), una filial de Al Qaeda. El 10 de noviembre de 2012 Mahmud Jibril, dirigente del CNT [Consejo Nacional de Transición] y del partido Alianza de Fuerzas Nacionales Libias, ganador de las elecciones del 7 de julio de 2012, dijo en el canal iraquí Al Hurra que Qatar todavía se negaba a recuperar las armas que había distribuido a los grupos rebeldes que habían «liberado» su país, lo que implica que Doha también tenía control sobre estos grupos. En realidad, son los Estados Unidos y Francia los principales responsables de esta situación, porque Qatar no puede dejar armas en la calle sin un cheque en blanco.

El efecto dominó de la «revolución» libia no se limita a África porque afecta directamente a Siria y Yemen. Obama reconoció (24 de enero de 2013) que los arsenales de Gadafi se utilizan en Mali. No dice cómo llegaron hasta aquí y quién los trajo, para que no se le haga responsable si se comete una locura contra un avión civil en algún lugar del mundo. Obama no puede ignorar el caso del Lutfallah II, el barco de Libia, que pasó por Egipto y Turquía y fue detenido por la marina libanesa con toneladas de armas a bordo: el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, alertó a la opinión internacional diciendo que el barco «no llevaba armas para los ángeles».

Todos los escenarios en los que opera el terrorismo están interconectados porque el terrorismo es un sistema transnacional con los mismos operadores y agentes a diferentes niveles hasta los jefes de Estado, los diputados, los ministros, los jefes de los servicios de inteligencia y los traficantes de armas, como en la primera guerra de Afganistán, cuando los ministros saudíes y del Golfo, así como los directores de los mayores bancos y empresas, se enorgullecían de financiar a Bin Laden, el predilecto de los estadounidenses a los que ayudó a deshacerse del malvado comunista ruso.

Hoy en día el patrocinador del terrorismo internacional sigue siendo el mismo, aunque da la impresión de ser polimorfo. El objetivo también es mostrar la cara de este Darth Vader con una máscara de metal. Además, la transferencia de armas de un país cuyo gobierno se originó en las «primaveras árabes» al eje que quiere imponer nuevas «primaveras árabes» indica que esas «revoluciones» se fabricaron en las oficinas y que el plan sigue en marcha. No sólo se ha creado una multitud de regímenes, sino que se ha introducido un número infinito de traidores y agentes de Occidente en el funcionamiento de todos esos Estados a todos los niveles. Están trabajando, a diferentes niveles jerárquicos, para hacer posible el tráfico de armas para los terroristas que llevó al viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Gennady Gatilov, a decir que «las amenazas de la oposición siria de derribar aviones civiles son el resultado de entregas irresponsables de Manpad», los sistemas móviles de defensa antiaérea.

A principios de agosto de 2012 algunos reportajes de los medios de comunicación revelaron que el Ejército Sirio Libre había obtenido unos 20 de estos Manpads (Man Portable Air Defence, cuyo modelo más famoso es el Stinger) de Turquía. Según los expertos rusos, Arabia saudí y Qatar están detrás de esas entregas. Fue el propio Obama quien autorizó (a finales de agosto de 2012) la entrega de armas pesadas a los rebeldes anti-Bashar, y Hillary Clinton hizo una declaración en la que pedía a los mercenarios sirios que no depusieran las armas el mismo día en que el «muftí» de Al Jazeera, Al-Qardaui, emitió una fatwa a este respecto.

Las miles de armas incautadas por el ejército sirio a los terroristas no tienen nada que ver con el arsenal ruso de Gadafi, y una decena de Stinger han sido incautados recientemente en ese país. Turquía no sólo alberga terroristas, los entrena y los envía con armas a los países vecinos, donde es responsable de enviar al 90 por ciento de los 100.000 terroristas que saquearon y masacraron ese país: envió dos barcos cargados de armas a los yihadistas de Yemen, la última incautación de armas por parte de las autoridades yemeníes tuvo lugar el 25 de enero de 2013. ¿Puede un país miembro de la OTAN, vasallo de Estados Unidos, permitirse enviar armas a Al Qaeda en Yemen sin un cheque en blanco?

En 2011 la División de Inteligencia de la OTAN (que no tiene nada que ver con la CIA) estimó que había entre 200 y 300 elementos de Al Qaeda entre los combatientes libios antiGadafi, los cuales, hay que decirlo, estaban apoyados por oficiales estadounidenses, entre ellos dirigentes del Grupo Islámico Libio de Combatientes (LIG), como Abdelkrim Belhadj, Ismael As-Salabi y Abdelhakim Al-Assadi…

Al igual que en Afganistán, Bosnia, Chechenia, los mercenarios de Al-Qaeda y los soldados estadounidenses lucharon en el mismo frente en Libia. El terrorismo se ha vuelto transnacional y sus armas se trasladan a domicilio en barcos y cargueros de los países de la OTAN. Muchos autores, funcionarios, ex funcionarios de inteligencia, incluidos los estadounidenses, muchos escritores -entre ellos Peter Dale Scott, David Ray Griffin, Thierry Meyssan, Michel Bounan, Nafeez Mosaddeq Ahmed, Gerhard Wisnewski, Mathieu Kassovitz- aportan pruebas de la instrumentalización del terrorismo por parte de los Estados, que en la actualidad son cada vez más numerosos para utilizarlo como medio de presión y/o destrucción de otros Estados.

El presidente nigeriano ha hablado de terrorismo transnacional. El investigador Ghaleb Kandil también escribe: «Fue Estados Unidos quien dirigió la guerra en Siria, creó centros de operaciones en Turquía, que incluyen agentes de la CIA para coordinar los esfuerzos internacionales y regionales para movilizar a terroristas de todo el mundo y enviarlos a Siria. Los funcionarios estadounidenses se jactan públicamente de haber proporcionado materiales de comunicación modernos a las bandas armadas, y no se han lamentado, incluso después de reconocer que gran parte de este equipo ha caído en manos de combatientes de Al-Qaeda y el Frente Al-Nosra, una organización que incluyeron tardíamente en su lista de terroristas, en la que podrían incluir a otros grupos en un futuro próximo, sin cambiar su posición sobre los compromisos para detener la violencia».

Por lo anterior, es innegable que no hay más ladrones que los que gritan ¡al ladrón! en esta supuesta lucha contra el terrorismo. Son ellos, las potencias militares y los arsenales de armas pesadas, quienes los entrenan, les suministran armas de destrucción masiva y los organizan para el combate. Ellos son los que los financian y les proporcionan drogas para convertirlos en verdaderos criminales de guerra. Una vez cumplida la misión de poner de rodillas a un determinado régimen, estos mercenarios se quedan atrás, incapaces de vivir sin las drogas que les cuestan fortunas, sin una función o título que les permita llenar sus bolsillos. Estos nuevos desempleados, armados hasta los dientes y con experiencia en la profesión de las armas, se vuelven en contra de su patrono (caso de Bin Laden) o crean situaciones de conflicto (crisis maliense) que les permiten vivir a base de armas con el apoyo de los productores y traficantes de armas.

No cabe duda de que la invasión de Afganistán (noviembre de 2001) e Irak (20 de marzo de 2003) fue planeada con falsos pretextos: una para la «eliminación» o «arresto» de Bin Laden, y otra para destruir las «armas de destrucción masiva» de Saddam Hussein. Todos estos años después de la invasión de Irak y Afganistán, en lugar de eliminar a Al-Qaeda, la intervención norteamericana la convirtió en una plaga internacional y puso a estos países de rodillas.

Además, Obama dijo en junio de 2010, pocos meses antes de la «Primavera Árabe»: «En este mundo incierto, ha llegado el momento de un nuevo comienzo, un nuevo amanecer de la hegemonía estadounidense. Nuestro poder económico debe apoyar nuestra fuerza militar, nuestra influencia diplomática y nuestro hegemonía mundial», añadió. «Por eso construiremos un ejército del siglo XXI y una asociación tan poderosa como la alianza anticomunista que ganó la Guerra Fría, para seguir a la ofensiva en todas partes, desde Djibouti hasta Kandahar». Ese «ejército del siglo XXI» se dirige claramente al mundo musulmán, porque cita dos ciudades musulmanas. Por «asociación tan poderosa como la alianza anticomunista», se refiere a una alianza estratégica y fundamental con Estados locales como Qatar, Arabia saudí y los nuevos gobiernos de la «Primavera Árabe» que ya están trabajando arduamente para destruir a otros pueblos árabes y aplastar al último de los «rais» dignos de ese nombre (*). Esta asociación se ha puesto en movimiento de forma devastadora: varios presidentes fracasados en el espacio de un año, varias nuevas crisis en el mundo árabe y, finalmente, un Sahelistán que está tomando forma en varias regiones. Nunca antes el mundo musulmán había experimentado crisis tan graves y destructivas, tantas divisiones y particiones.

La invasión del norte de Malí forma parte de esa lógica, pensada hasta el último detalle. En Malí no se trata de terrorismo sino de terrorismo de Estado; los mercenarios utilizados con ese fin son sólo tentáculos de un mismo pulpo, tanto si pretenden actuar en nombre del Islam como en nombre de Azawad. La crisis maliense forma parte de una visión geoestratégica imperialista con un área geográfica precisa cuyo propósito es controlar los recursos, la extensión y la dominación, pero también conceder presupuestos astronómicos a las empresas del complejo militar-industrial, entre otros.

Digámoslo alto y claro: el llamado terrorismo «islamista» es una fabricación americana que sólo sirve a los intereses occidentales, con el apoyo y la bendición de sus auxiliares. Este terrorismo y el islamismo que subyace en él no son una ideología, sino grupos mercenarios que trabajan para fuerzas extranjeras. Dado que mata, aterroriza y pretende establecer una dictadura fascista, el «islamismo» no es, por lo tanto, una ideología, sino un crimen. Hoy en día, esa estrategia ya no se dirige a un solo país, sino a varios a la vez, ya que la «Primavera Árabe» inició la transición del plan imperialista a una escala superior.

Por ello, Rusia es bienvenida, junto con China, a traer a estos sepultureros que encienden el fuego para seguir sus intereses en lugar de apagarlo. Así pues, el objetivo de la Operación Serval (2) es redirigir un terrorismo que escapó a sus promotores. El terrorismo había destruido el MNLA (3) y planeaba controlar todo Malí. Malí es propiedad de Francia y el norte de Malí es compartido entre Francia por razones económicas (el subsuelo) y Estados Unidos por razones tecnológicas (el espacio aéreo utilizado para datos satelitales o investigación espacial).

Por lo tanto, la Minusma (4) permanecerá en Malí al menos hasta 2023, si IBK (5) no refuerza la ofensiva hacia Rusia. Y tendrá la oportunidad de permanecer más tiempo, si los amos del mundo logran instrumentalizar a un candidato presidencial e imponerlo por los medios que les son familiares en la conquista del poder en nuestros países durante siglos. ¡Que Dios no lo permita!

https://www.maliweb.net/insecurite/en-toute-verite-lotan-est-a-lorigine-de-la-crise-au-mali-la-russie-en-est-lunique-porte-de-sortie-2846449.html

(1) “Rais” es una palabra árabe que significa “dirigente”. Durante el Imperio Otomano el “rais” era un cargo político y hoy se llaman así a los Presidentes de las Repúblicas árabes.
(2) Plan del imperialismo francés para mantener su presencia militar en el Sahel
(3) Azawad es el norte de Mali, la parte desértica del Sahel poblada por tuaregs, que han organizado el MNLA (Movimiento Nacional de Libreración de Azawad)) para exigir la independencia. La expresión, que significa “zona de pastos”, está prohibida en Mali.
(4) Plan de la ONU para la pacificación de Mali.
(5) Iniciales de Ibrahim Bubacar Keita, el Presidente de Mali.

Se disparan un 40 por ciento los trabajadores sometidos a los ERE en los siete primeros meses de este año

La ralentización de la economía tiene ya consecuencias directas sobre el empleo, ya no solo porque la creación se ha desacelerado en los últimos meses, sino también porque las empresas, ante el temor de una nueva crisis, han comenzado a hacer ajustes en sus plantillas.

Así, sonados son los ERE en el sector bancario, como los que Banco Santander y Caixabank han iniciado, pero también en la industria de la automoción, que es una de las mayores damnificadas. Grandes empresas de este sector han tenido, tienen o tendrán algún ERE, como la planta de Ford en Valencia, la de Nissan en Barcelona o Iveco en Madrid y Valladolid. Esto ha disparado un 40 por ciento el número de trabajadores afectados por un ERE en los siete primeros meses del año y son ya cerca de 45.000, el mayor alza desde 2012.

El método elegido por la mayor parte de empresas fue el de las suspensiones temporales en los contratos, que se incrementaron un 74 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado y afectaron a tres terceras partes de los trabajadores, un procedimiento habitual en las empresas de la automoción cuando desciende la producción. Pero prácticamente uno de cada tres trabajadores afectados por un ERE (un total de 14.500) fue víctima de un despido colectivo, un 12,8 por ciento más. El 3 por ciento restante vio reducida su jornada laboral, lo que supone una caída del 46,7 por ciento.

La industria se sitúa a la cabeza de las regulaciones de empleo puestas en marcha en lo que va de año, hasta el punto de que concentró el 63 por ciento de los procesos, la mayor parte con suspensiones de jornada (el doble que un año atrás) en empresas dedicadas a la fabricación de vehículos. Le sigue el sector servicios, con 14.699 personas afectadas, la construcción, con 1.350, y el sector agrario, con 467. Por comunidades autónomas, Valencia está la primera en el ránking, consecuencia de los más de 6.000 trabajadores de Ford afectados por un ERE.

https://www.hoy.es/economia/trabajo/disparan-trabajadores-afectados-20191010162140-ntrc.html

43.000 hambrientos han muerto en México en cinco años

Durante el periodo comprendido entre 2013 y 2018, coincidente con el mandato del Presidente Enrique Peña Nieto, 43.766 mexicanos murieron de hambre, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La cifra anterior sin embargo, fue inferior a la cifra de muertos de hambre que se dieron durante el mandato de Felipe Calderón (49.722) así como de Vicente Fox (51.278).

El año pasado en México la subalimentación alcanzó a 4,8 millones de personas, según el informe de la Unicef (ONU) titulado “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe 2018”.

Solamente Brasil y Haití en América Latina y El Caribe, respectivamente, presentan un mayor número de muertes por desnutrición que México en el continente.

La Cruzada Nacional contra el Hambre instaurada por Enrique Peña Nieto en 2013 fue un fiasco. Teniendo en cuenta las proyecciones de disminución de fallecimientos, la tendencia mostró 44.225 defunciones por desnutrición.

Pero 6 años -incluido 2013- y más de 500 millones de pesos invertidos después, la tendencia muertal a causa de desnutrición bajó solamente un 1 por cien adicional, es decir en 459 muertos de hambre.

Cada muerte por hambre que se redujo durante el mandato de Enrique Peña Nieto costó más un millón de pesos, es decir, que con 500 millones se pudieron adquirir despensas alimenticias para casi 40.000 personas en 6 años.

La Secretaria encargada entonces de implementar la Cruzada contra el Hambre fue Rosario Robles, funcionaria que hoy se encuentra presa por “ejercicio indebido de la función pública”, una acusación a la que se podría sumar asociación ilícita y malversación de fondos publicos, entre otros.

https://todotexcoco.com/la-otra-desgracia-dejo-pena-nieto-438-mil-muertos-de-hambre-en-mexico-e3TQ4NTk2Ng.html

‘Bienvenido al infierno’: los emigrantes internados en los campos de concentración libios

Cuando entro en el campo de internamiento de migrantes de Triq Al-Sikka, en el centro de Trípoli, unos hombres con mirada inquieta presionan sus rostros contra una cerca de alambre de gallinero. “Bienvenido al infierno”, dice un marroquí, sin sonreír.

Triq Al-Sikka es el hogar de 300 hombres encerrados en condiciones de pesadilla. Muchos enfermos yacen inmóviles sobre colchones sucios en el patio, abandonados a su suerte, muertos o en recuperación. Tres de los seis retretes están bloqueados por las aguas residuales y, para muchos de presos, no es posible escapar porque no tienen calzado.

Se suponía que no debía ser así. Tras recibir informes de torturas y abusos en centros de detención y con el deseo de detener el flujo de personas a través del Mediterráneo, la Unión Europea ha contribuido desde 2016 con más de 110 millones de libras esterlinas para mejorar las condiciones de los inmigrantes en Libia. Pero las cosas están peor que antes.

Entre los detenidos se encuentra Mohammed, de Ghana. En julio sobrevivió a un ataque aéreo contra otro centro en Tajoura, en el suburbio sudoccidental de la capital, en el que murieron 53 de sus compañeros migrantes. Después de sobrevivir en la calle, el mes pasado consiguió un lugar en un barco de contrabando a Europa. Pero fue interceptado por la Guardia Costera. Mohammed cayó al mar y fue traído de vuelta a este campo. Su suéter azul aún está manchado de sal marina. Está desesperado por hablar con su esposa sobre aquello. “La última vez que hablamos fue la noche en que intenté cruzar el mar”, dice. “Los soldados se llevaron mi dinero y mi teléfono. Mi esposa no sabe dónde estoy, si estoy vivo o muerto”.

Las condiciones en Triq Al-Sikka son duras, pero otros centros son aún peores. Los detenidos cuentan la historia de los campamentos donde las milicias los asaltan por la noche y se llevan secuestrados a los migrantes para pedir un rescate que los devuelven a sus familias.

Decenas de miles de migrantes están dispersos en esta ciudad, muchos de los cuales duermen en las calles. Docenas de personas duermen todas las noches bajo los soportales de la autopista del centro de la ciudad.

https://www.theguardian.com/world/2019/nov/03/libya-migrants-tripoli-refugees-detention-camps

Las manifestaciones populares en Líbano han puesto a Hezbollah ante un callejón sin salida

Hassan Nasrallah, dirigente de Hezbollah
Líbano es un país singular fabricado por el imperialismo a su imagen y semejanza. En el reparto de mundo que siguió a la Primera Guerra y a la caída del Imperio Otomano, los imperialistas franceses crearon un nuevo país desgajado del resto del mundo árabe y, en particular, de Siria, formado por tres grupos confesionales principales: cristianos, sunistas y chiítas.

Además, entregaron la dirección económica del país a los cristianos, encargados de ser su correa de transmisión sobre el terreno, lanzando la campaña de que Líbano era “la Suiza de Oriente Medio”, un país fuera de las noticias porque nunca pasaba nada.

Lo cierto es todo lo contrario: Líbano es la caja de resonancia de Oriente Medio.

La historia de Oriente Medio en la última posguerra se puede dividir en dos mitades aproximadamente, cuya delimitación está marcada por la revolución iraní de 1979, que en Líbano coincide con la guerra civil. Desde el punto de vista económico, la primera de las etapas se caracteriza por la decadencia de la burguesía cristiana, paralela a la decadencia del imperialismo francés en Oriente Medio.

Mientras, la burguesa sunita, estrechamente asociada al petróleo del Golfo Pérsico (jaliji) y a los capitales generados a partir de ese maná, asciende capitaneada por las familias Hariri y Miqati que, por sí mismas, acumulan el 15 por ciento de la riqueza privada de Líbano.

Cuando la riqueza cambia de religión, a la pobreza le ocurre lo mismo, de tal modo que los antiguos feudos chiítas ya no son los más depauperados de Líbano. Los barrios cristianos y sunitas de Trípoli empiezan a aparecer en las estadísticas de la miseria cada vez con mayor frecuencia. La hermandad que los libaneses nunca alcanzaron por medio de plegarias, lo ha logrado el hambre, el auténtico cemento de las sociedades capitalistas.

Lo mismo ha ocurrido con los chiítas que, sin dejar de ser la población más pobre de Líbano, han experimentado un proceso de polarización social. De la mano del Presidente del Parlamento libanés y dirigente del partido Amal, Nabih Berri, se creó el “holding chiíta” que explota las remesas de capitales procedentes de la diáspora confesional en África, América, Australia y el Golfo Pérsico.

Aparentemente ningún protagonista quiere cambiar el reparto del poder político en Líbano: la Presidencia de la República para un cristiano, el Primer Ministro para los sunitas y la Presidencia del Parlamento para los chiítas. Sin embargo, los cargos en las patronales bancarias, industriales y comerciales han cambiado significativamente y en ellas lo que destaca es la presencia cada vez mayor de chiítas, que antes ni siquiera existía.

Aquí a los burgueses chiítas los calificaríamos de “indianos”, emigrantes de origen muy humilde que se han enriquecido en el extranjero, que controlan una parte del comercio exterior y reinvierten en el interior de Líbano.

El propietario del Middle East and African Bank, Kassem Hejeij, es un ejemplo de nuevo capitalista chií, hoy sometido a las sanciones de Estados Unidos por ayudar a Hezbollah a gestionar sus operaciones financieras en el mundo.

El esplendor económico chiíta es paralelo al político de Hezbollah. La capacidad de resistencia militar de Hezbollah es impensable sin un poderoso apoyo económico y, a la inversa, el holding chiíta también sería inconcebible sin el ascenso de Hezbollah. Son las reglas más elementales del capitalismo monopolista de Estado.

Por más que siga teniendo un carácter confesional, hace tiempo que Hezbollah dejó de ser el “partido de dios” para convertirse en un movimiento nacional. Su diputado Ali Fayyad señaló hace años que “Hezbolá ya no es un partido pequeño, es una sociedad entera. Es el partido de los pobres, sí, pero al mismo tiempo hay muchos empresarios en el partido, tenemos muchos ricos, algunos de los cuales pertenecen a la élite”.

Esta evolución explica la oposición de Hezbollah a las recientes movilizaciones populares en Líbano. Por un lado es cierto, como denunció Hassan Nasrallah, que el levantamiento tenía muchas de las características de las “primaveras árabes” y que, tras su salida de Siria, los imperialistas pretendían desestabilizar Líbano e Irak. Pero también es igualmente correcto, y lo admitió el propio Nasrallah, que las protestas populares eran fundadas y que debían ser atendidas por el gobierno.

En las manifestaciones de Líbano, como en las demás que se han venido produciendo en todo el mundo a lo largo del mes de octubre, se ha puesto de manifiesto el abismo entre los de abajo y los de arriba, es decir, el mundo real y el mundo oficial, los partidos políticos parlamentarios y las instituciones públicas. En una situción compleja, como la de Líbano, todas las confesiones religiosas han protestado unidas por la miseria contra todos los partidos confesionales, incluido Hezbollah. Lo que une a la población no es ya su religión sino sus condiciones materiales de vida y trabajo.

El dato más singular que se puede retener es que en ciertos barrios los militantes de Hezbollah que siguieron las órdenes de la dirección acabaron enfrentados con los manifestantes y que entre ellos había chiítas e incluso otros militantes de Hezbollah.

Las clases sociales están por encima de dios y, naturalmente, también del partido de dios.

La ‘huelga salvaje’ de los ferroviarios franceses es todo un síntoma de la crisis

Como cabía esperar, la huelga de finales de octubre de los ferroviarios franceses ha pasado desapercibida pero sólo tres de cada diez trenes entre París y el oeste de Francia pudieron circular.

200 trabajadores ferroviarios del centro de mantenimiento del AVE de Chatillon pararon espontáneamente, fuera del marco legal de la notificación obligatoria y bloquearon las vías del tren.

El origen de la huelga fue la conclusión del convenio colectivo, que se remonta a varios años atrás y que proporcionó a los trabajadores ferroviarios diez días adicionales de descanso que ahora la empresa quiere eliminar.

La situación en Francia no es tan diferente de la de Ecuador o Chile y las movilizaciones de los “chalecos amarillos” durante un año así lo expresan.

Lo más serio es que a medida que la crisis del capitalismo se exaspera, los sindicatos sólo dan pasos hacia atrás, algo que tampoco sorprende porque en las últimas décadas se han convertido en una parte del control sobre los trabajadores de las grandes empresas.

Los sindicatos ya no son lo que eran. No cumplen su papel de detonante de las reivindicaciones obreras y, lejos de organizar, su objetivo es el contrario. No hay más que ver que las movilizaciones obreras más importantes estallan en nuevos sectores económicos en los que no han conseguido asentarse, o bien con poblaciones obreras precarias o emigrantes.

No cabe duda tampoco de que las huelgas de los ferroviarios llevan agua al molino del gobierno, que pretende desguazar la SNCF, la empresa pública ferroviaria. Tendrá que venderla a precio de saldo porque las empresas privadas pretenderán apretar aun más el dogal de la explotación, subcontratar, bajar los salarios, precarizar el empleo y aumentar la jornada de trabajo.

En todo el mundo la crisis bancaria, la burbuja financiera y el colapso industrial no han hecho más que empezar. La SNCF es una empresa “al borde de la explosión social”, dice la prensa francesa.

El 5 de diciembre han convocado una huelga ferroviaria y el dirigente de los ferroviarios de la CGT, Jean Pierre Farandou, dice que es “reconducible”.

Ecofascismo: la naturaleza reaccionaria de los movimientos verdes

Svástica descubierta en 2001 en Berlín
Mientras la ecología es una ciencia, lo que habitualmente se hace pasar como tal es algo bien diferente y sus raíces son reaccionarias. El ecologismo no es moderno; es posmoderno, es decir, un desafío a la modernidad y al progreso. El origen de las ideologías verdes es el mismo que el del nazismo porque ambos comparten una misma identidad política, filosófica, cultural e ideológica.

Hace ya un cuarto de siglo un estudio de Peter Staudenmaier se extendió sobre ello, con un título definitorio: “Ecofascismo: lecciones de la experiencia alemana”. En 2011 tuvo una segunda reimpresión, recientemente traducida y publicada por la Editorial Virus (*).

La obra de Staudenmaier va acopañada de un artículo de Janet Biehl sobre el mismo asunto titulado “Ecología y modernización del fascismo en la extrema derecha en Alemania”, que lleva el asunto a la actualidad: la presencia de los neonazis en los movimientos ecologistas en Alemania.

Es, pues, un asunto conocido, por más que los ecologistas crean lo contrario de sí mismos: que son progresistas, de izquierdas, o incluso revolucionarios.

Staudenmaier sostiene que el ecofascismo surge en Alemania en la primera mitad del siglo XIX por obra de dos intelectuales herederos del romanticismo. El primero fue Ernst Moritz Arndt, cuya obra combina el nacionalismo xenófobo con el amor al terruño (la “patria chica”). El segundo fue Wilhelm Heinrich Riehl, un autor caracterizado por el repudio al mundo urbano y una visión mística del campo.

En la segunda mitad del siglo XIX el movimiento Völkisch impulsó las teorías de Arndt y Riehl, abogando por un retorno a la vida sencilla de los campesinos y atacando a la Ilustración, el progreso, la ciencia y la industria.

Precisamente fue un científico alemán, Ernst Haeckel, pionero de la ecología, quien más contribuyó a disolverla entre sus concepciones reaccionarias y protofascistas. En los escritos de Haekel la defensa del imperialismo alemán convive con el darwinismo social, el racismo y el antisemitismo. En esta ideología el núcleo, lo realmente importante, no son los seres humanos sino la naturaleza.

Haeckel introduce la palabra “ecología” del griego “oikos” que tanto puede significar “habitat” como “hogar”, aunque lo más importante es que cada pueblo tiene el suyo, que no puede ser invadido por otros.

En torno a Haeckel, al seudoecologismo y al misticismo se forma el movimiento Wandervögels (“aves migratorias”) que, con el tiempo, acaba nutriendo las filas nazis, cuyos dirigentes más conocidos, como Hitler, Himmler o Rudolf Hess, eran lo que hoy calificaríamos como animalistas: “Im neuen Reich darf es keine Tierquëlerei mehr geben”, dijo Hitler (“En el nuevo Reich no hay cabida para la crueldad hacia los animales”).

El III Reich aprobó las primeras leyes para preservar el medio ambiente, creó la primera reserva natural de Europa y mantuvo una política de desarrollo de la agricultura ecológica.

El fascismo ha llegado al siglo XXI sosteniendo esas mismas concepciones seudoecologistas, como se comprueba leyendo el manifiesto redactado por Brenton Tarrant, autor del atentado contra dos mezquitas en Nueva Zelanda en marzo de este mismo año, que se definió a sí mismo como “ecofascista”.

Para los fascistas el medio ambiente está sometido a una presión demográfica creciente de la población que solo se puede resolver mediante los conocidos mcanismos de la “ingeniería social”, a saber, el exterminio de las razas inferiores, la pena de muerte o la esterilización. Es la doctrina del bote salvavidas: cuando el transatlántico se hunde, sólo unos pocos pueden subirse al salvavidas porque si todos quisieran entrar, también se hundiría y morirían todos. Sólo los elegidos se pueden salvar…

(*) https://www.viruseditorial.net/ca/libreria/libros/492/ecofascismo

El control imperialista sobre el petróleo de Siria es un mecanismo de presión en las negociaciones de Ginebra

La ayuda de Rusia a Siria no se ciñe a los campos de batalla porque la economía es parte de la guerra moderna y la situación financiera del gobierno de Damasco es dramática, sobre todo mientras no consiga controlar los yacimientos de petróleo y gas del nordeste.

La decisión de Estados Unidos de mantener fuerzas en el noreste de Siria para proteger los campos petroleros impide que Assad tenga acceso a los fondos que necesita desesperadamente para reconstruir un país devastado después de ocho años de guerra civil.

A ello se suma las conversaciones entre el gobierno sirio y los grupos de la oposición en Ginebra, que comenzaron el miércoles que, según Rusia, podrían ser decisivas para finalizar la guerra.

La ocupación militar de los pozos de petróleo y gas por el ejercito de Estads Unidos es mecanismo de presión para que el gobierno de Damasco ceda en las negociaciones de Ginebra, es decir, gane en los despachos lo que no logrado en el campo de batalla.

Si el gobierno de Bashar Al-Assad claudica en Ginebra, Estados Unidos desbloquearía sus fondos y los de sus satélites en el Golfo y Europa. Mientras, Rusia (y posiblemente China) deberá sostener al gobierno de Damasco también en el terreno financiero.

“Si vemos un progreso político, puede haber más interés en apoyar la reconstrucción”, dice a la agencia Bloomberg el consultor Yury Barmin, experto en Oriente Medio del Grupo de Políticas de Moscú (*).

La ONU estima que los costes de reconstrucción en Siria ascienden a 250.000 millones de dólares y los dirigentes sirios no pueden contar con ninguno de sus dos principales donantes, Irán y Rusia, para obtener una financiación significativa.

La intervención militar rusa en Siria desde 2015 sostuvo a Al-Assad en un momento en el que sus fuerzas habían tenido que retroceder ante las huestes de Estados Unidos y sus cóplices.

Arabia saudí ha claudicado. Ya no pide la salida inmediata de Al-Assad, ya que la corrlación fuerzas en Oriente Medio ha cambiado significativamente. El papel de Rusia se ha vuelto cada vez más decisivo y la presencia de Estados Unidos ha disminuido.

La situación se aceleró cuando el presidente Donald Trump ordenó el mes pasado la retirada de las tropas estadounidenses que protegían a las fuerzas kurdas en el noreste de Siria, lo que llevó a una ofensiva turca que obligó a los kurdos a acudir a Damasco en busca de protección.

(*) https://news.yahoo.com/putin-faces-syria-money-crunch-040000435.html

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