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Materialismo, idealismo y teoría del contagio en la medicina clásica

La medicina tiene un recorrido muy largo, mucho más que otro tipo de “artesanías”, y buena parte de sus cambios tienen relación con debates ideológicos milenarios. En definitiva, la medicina trata del ser humano en negativo, no en estado de salud sino de enfermedad. Expresado de manera más clara, en la medicina clásica no hay enfermedades sino enfermos. Siempre fue considerada como parte de lo que antes se llamaban “humanidades” o enseñanzas que versaban sobre el ser humano. Sólo desde hace muy pocos años le dieron un cambio para integrarla como una de esas “ciencias de la naturaleza”, una prolongación de la biología: órganos, tejidos, células, sistema nervioso… No cabe duda que el ser humano es un animal, pero decir que no es otra cosa diferente que un animal es reduccionista y mecanicista.

La medicina trata de la vida, que ha sido otro caballo de batalla ideológico desde hace siglos, mucho antes de que en el siglo pasado los biólógos se empezaran a preguntar si los virus son seres vivos o no y si algo ha dejado muy claro esta “pandemia” es que todos esos seudocientíficos que han entrevistado en las cadenas de mayor audiencia no sólo no saben lo que es un virus, sino que tampoco saben definir lo que es la vida, un ser vivo. Ni la más remota idea, lo cual habla muy mal de ellos y de las “enseñanzas” que imparten en las universidades.

En la Antigüedad conocieron más y más graves epidemias que en la actualidad porque el origen de las mismas está en el desarrollo de las fuerzas productivas y el avance en las condiciones de vida y trabajo de los seres humanos. Los médicos siempre fueron conscientes de ello, por lo que nunca atribuyeron las epidemias a los contagios. No conocían la enfermedad por “contactu”, ni la posibilidad de que pudiera transmitirse de ninguna forma de una persona a otra, y muchos menos de un animal.

El nudo filosófico de los clásicos consiste en afirmar que las enfermedades son como la vida misma: “nacen” o “brotan”, pero no se transmiten de unos a otros. Por el contrario, el concepto de propagación es una versión del mito religioso de la reencarnación: el alma pasa de unos cuerpos a otros y la enfermedad también. Equivale a decir que la enfermedad no aparece y desaparece sino que unos seres se la comunican a otros y en consecuencia, es eterna.

Los clásicos tampoco admitieron el concepto de “pandemia”, que es un absurdo. No es posible una enfermedad que alcance a “todos los seres humanos” porque no todos ellos comparten las mismas condiciones de vida y trabajo. En la medicina clásica las epidemias son enfermedades estrictamente locales. No se propagan por contacto sino porque los enfermos han compartido el mismo medio: comen lo mismo, beben lo mismo y respiran lo mismo. Un mismo medio de vida genera las mismas enfermedades.

En su obra sobre la peste en Atenas, en el año 430 a.n.e., el historiador Tucídides atribuyó su origen al envenenamiento de los pozos de agua. Galeno también escribió sobre el contagio como responsable de algunas enfermedades, pero da la impresión de que esa parte de su obra, añadida en el siglo XVI, es una extrapolación y apenas fue citada por los científicos posteriores a él.

Las palabras latinas “contactu” e “infectio” traducen la griega “miasma”, que tiene un sentido diferente en Hipócrates: la miasma es porquería o suciedad. En términos actuales se podría decir que en la medicina clásica una epidemia es la intoxicación colectiva de quienes comparten un mismo ecosistema pútrido. El paludismo es la enfermedad de las “paludes” o lagunas de las tierras bajas y la malaria la del mal aire.

No creo necesario insistir en que no toda la población compartía las mismas condiciones de trabajo y de vida y que, incluso dentro de las mismas ciudades, como la Roma imperial, las epidemias sólo afectaban a los esclavos, a quienes padecían hambre, a quienes ejecutaban los trabajos más duros o vivían en cuadras al lado del ganado.

El cuerpo humano no es capaz de adaptarse de manera instantánea a los cambios ambientales. Por ejemplo, los cambios de temperatura estacionales, la llegada del invierno, propicia las gripes, y un viaje a determinados países remotos requiere un tiempo de adaptación durante el cual el cuerpo enferma. En ocasiones la adaptación a los cambios en el medio no son factibles y sobreviene la muerte.

Una pandemia es lo más estrafalario que un médico podía imaginar en la Antigüedad porque no concebía un ecosistema uniforme y común en las diferentes regiones del planeta, porque el propio cuerpo humano tampoco lo es y porque distintos cuerpos mantienen relaciones distintas con el medio en el que habitan.

La colonización de América complicó bastante el panorama de la medicina. A partir de entonces apareció un fenómeno nuevo en la historia: los viajes interoceánicos, a larga distancia y, en consecuencia, la puesta en “contacto” de ecosistemas diferentes y el propio barco y la travesía como patógenos causantes de nuevas enfermedades y la instalación de lazaretos en los puertos marítimos para recluir a los “contagiosos”.

Los mineros tienen enfermedades específicas, como la silicosis, y los marinos tienen las suyas, como el escorbuto, como consecuencia de un déficit de vitamina C, a su vez consecuencia de la falta de ingesta de frutas.

Los navegantes llamaron “tropicales” a ciertas enfermedades que ellos contraían y a las cuales los nativos eran inmunes. El término se mantuvo como sinónimo de epidemias y enfermedades contagiosas hasta hace muy pocos años, a pesar de que el propio nombre denota un origen local.

Los historiadores del “nuevo mundo” escriben que los españoles llevaron sus enfermedades a América. Esto es confuso desde el punto de vista médico porque da la impresión de que embarcaron enfermos o contrajeron enfermedades durante la travesía. El europeo no estaba adaptado al medio ambiente americano. Lo que para un colono europeo era plena salud, para un americano era una enfermedad, incluso letal.

Mientras unas epidemias se convirtieron en una pesadilla mortal para los americanos, que murieron masivamente, otras remitieron en Europa y también las hubo que empezaron a proliferar a partir del siglo XVI.

Es el caso de las enfermedades venéreas, especialmente la sífilis, la enfermedad típica del Renacimiento, en la que no cabe poner en duda el contacto, ya que se transmite por las relaciones sexuales.

La sífilis ya era conocida en Europa antes de 1492, a veces con el nombre de “morbum gallicum” o enfermedad “francesa”, una denominación fraguada de la misma factura con la que el coronavirus adquiere hoy la nacionalidad china por arte de magia.

Hasta 1838 bajo dicha denominación se comprendían los distintos tipos de enfermedades venéreas, si bien a causa de los viajes transoceánicos y del crecimiento de la población urbana, la sífilis y las enfermedades venéreas se convirtieron en una enfermedad preocupante.

El autor del primer estudio sobre la sífilis fue el italiano Jerónimo Fracastoro (1478-1553) y su obra es típica del Renacimiento, una encrucijada en la que se mezclan muy diferentes doctrinas, tanto materialistas como idealistas, entre las cuales la síntesis resulta imposible.

El pensamiento de Fracastoro es irreductible e incoherente porque no es original sino un intento de síntesis de los conocimientos existentes en aquel momento, lo cual explica el éxito que tuvo.

El fundamento de su obra es la teoría humoral. El italiano rinde tributo a la Antigüedad preservando el concepto de miasma en el que introduce un componente claramente materialista al concebirla como una especie de vapor o fluido sutil, invisible y oculto. Al hablar del tifus, por ejemplo, dice que no es una enfermedad contagiosa, que no pasa de un enfermo a otro sino que se adquiere de la contaminación del aire.

No obstante, divide las enfermedades contagiosas en tres categorías: las que se transmiten por contacto directo, las que son transportadas por medio de vehículos materiales (fomites, lo que hoy los científicos llaman “vectores”) y las que actúan “a distancia”. Con esta casuística es evidente que Fracastoro está mezclando enfermedades de etiología diferente, al mismo estilo de lo que hoy leemos en los tratados de medicina.

La confusión sube de grado cuando utiliza indistintamente los términos “contagio”, “miasma” y “virus”, otro batiburrilo de conceptos en el que algunos historiadores han creído encontrar al fundador de la microbiología en sus peores versiones, como las hoy dominantes, que defienden el carácter patológico de los microbios.

Cuando los clásicos utilizan la palabra latina “virus” se refieren a una sustancia, a un veneno o a un tóxico, esto es, a materia inerte. Sin embargo, en el Renacimiento, por influencia del platonismo y, en suma, del idealismo objetivo, se difunde la noción de panespermia, de que la vida está diseminada por todas partes o que todo está dotado de vida, una concepción que llega hasta la actualidad.

La influencia del idealismo transforma a los virus en “contagium vivum” sin acabar con el materialismo antiguo, por lo que junto a las enfermedades causadas por el medio aparecen las causadas por elementos vivos por medio del contacto (“seminaria contagiorum”). Hay un tipo de enfermedades que se generan y otras que se transmiten.

En el Renacimiento el platonismo concibe un mundo lleno de esas “semillas” invisibles, divinas o celestiales (inmateriales), dotadas de la fuerza de su desarrollo posterior (potentia generandi). No es que sean seres vivos sino que se identifican con la vida misma. Son gérmenes que lo mismo engendran vida que enfermedad.

A finales del siglo XIX, en los albores del triunfo de las doctrinas idealistas del contagio, la batalla ideológica todavía era evidente entre los materialistas, que buscaban el origen de las enfermedades contagiosas en el medio “amorfo”, y los idealistas emergentes, que se apoyan en los microbios “formes”.

El concepto de “fomites“ de Fracastoro ha pasado al lenguaje médico actual (fómites en castellano), en el que también prevalece su condición inerte, si bien como portadora de un organismo vivo, un microbio. En 1900 a los virus se les calificaba como “filtrables” para destacar su condición de sustancia líquida, soluble. Pero hasta 1935 se utilizaron indistintamente las palabras virus y bacteria. Uno de los primeros microbiólogos, el holandés Beijerink, aún definía a los virus como “contagium vivum fluidum”, una expresión que resume las contradicciones pasadas y presentes de la biología: es a la vez una molécula y un ser vivo.

Eran los últimos estertores de un saber moribundo. A partir de entonces la medicina y la ciencia dejaron de hablar latín y se pasaron al inglés. En el “contagium vivum fluidum” separaron para siempre el fluido (inerte) del ser (vivo). Se olvidaron del primero para centrarse en el segundo. Si ambos eran diferentes, era posible eliminar los virus de cualquier clase de fluidos, crear ecosistemas asépticos, limpios de “gérmenes”.

Es un empeño que lleva fracasando desde hace cien años. Ni los virus son seres vivos ni es posible erradicarlos de ningún sitio. Convivimos con ellos y así seguirá siendo en el futuro. Ni los virus pueden matar a los seres humanos, ni los seres humanos pueden matar a los virus; ya están muertos.

Netanyahu va a implantar microchips de rastreo bajo la piel de los niños antes de levantar el confinamiento

Ayer el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu propuso implantar microchips de rastreo a los niños y jóvenes como condición previa para levantar el confinamiento

En una rueda de prensa Netanyahu anunció que había ordenado al Ministerio de Sanidad realizar implantes subcutáneos antes de levantar el toque de queda, “una tecnología que no se ha usado antes y que estará autorizada por la nueva legislación que vamos a promulgar”, añadió.

“Hablé con nuestros jefes de tecnología para encontrar las medidas en las que Israel es competente, como los sensores. Por ejemplo, cada persona, cada niño -¡lo quiero en los niños primero!- tendría un sensor que haría sonar una alarma cuando te acercas demasiado, como las de los coches”, declaró Netanyahu.

“Será difícil hacerlo para más de un millón de escolares que vuelven a sus instituciones educativas para asegurarse de que un estudiante se siente a una distancia de dos metros de otro. Es ficticio y peligroso”, afirmó Einat Meron, un experto en informática.

“Teóricamente entiendo la idea que hay en esto”, declaró. “Pero aunque tales microchips sensibles a la distancia existen en los vehículos, es diferente en los humanos”. Según Meron, “un pitido que me diga que me acerqué a alguien no es suficiente. ¿Quién dice que cambiará algo? Me habría acercado de cualquier manera”.

El experto añadió que “el verdadero problema es la aplicación de la ley, y aquí todo cambia”. Según Meron, “los niños con microchips no pasarán ningún examen, tanto práctico como legal”.

El informático mostró su preocupación por el uso que el Estado pueda hacer de los datos accesibles de los sensores. “Si los datos de ubicación de los niños se suben a internet, un pedófilo con algunos conocimientos informáticos podría introducirse en el sistema y acosar a los niños fuera de sus escuelas, seguirlos y distribuir la información en otras plataformas”, declaró Meron. “¿Puede el Estado asumir esa responsabilidad?”, pregunta.

La Oficina del Primer Ministro responde diciendo que la propuesta de Netanyahu “no se debe implementar mediante bases de datos, sino con una simple tecnología que notifique [a los ciudadanos] sobre su distancia”. Es una opción voluntaria que “está diseñada para ayudar a los niños a mantener su distancia, como ocurre con los vehículos”.

La propuesta del Primer Ministro es “una idea que puede ayudar a mantener la distancia social y no habrá ninguna violación de la intimidad”.

La semana pasada los medios isarelíes informaron de que todos los vehículos habían sido rastreadas por la policía y que desde hace años las informciones se almacenan en una base de datos no regulada llamada Eagle Eye.

La Asociación de Derechos Civiles de Israel (ACRI) ha exigido que la policía revele el alcance de Eagle Eye, además del tiempo en que se guardan en el sistema los datos sobre los dueños de los vehículos.

La policía de Israel ha respondido a la ACRI diciendo que el sistema no estaba normalizado internamente, independientemente del número de años que lleva en funcionamiento. “De cualquier manera, una vez finalizado, el procedimiento no será divulgado al público”, añadió la policía.

A finales de marzo, el periódico Yediot Aharonot informó de que una base de datos del Shin Bet, el espionaje israelí, almacenaba datos sobre toda la población israelí y la mayoría de los palestinos de la orilla occidental de Cisjordania. Los datos almacenados incluyen desplazamientos, llamadas telefónicas y mensajes de texto.

https://newsclicks.in/benjamin-netanyahu-suggests-microchipping-kids-slammed-by-experts/

¡¡¡Tengo el antídoto!!! ¡¡¡El socialismo¡¡¡

Darío Herchhoren

En estos días de confinamiento y pandemia he escuchado con atención diversísimas opiniones sobre la peste que nos está azotando. Jamás sospeché que entre nosotros había tantos expertos en pandemias ni tantos virólogos.

Luego oí con la misma atención unos eructos y rebuznos, pero me equivoqué claramente. No eran tales, eran las recetas tan oportunas y precisas del virólogo Donald Trump. Y eso me hizo pensar en lo errado que  estaba al desdeñar esas recetas, y sobre todo una de ellas tan sencilla que está al alcance de cualquiera que pueda aplicarse una buena dosis de lejía en vena.
                                                                                                                                                                                            
Bueno, ya basta de tonterías. Esta pandemia nos deja experiencias importantes, y sobre todo pone sobre la mesa las miserias y grandezas de mucha gente.                                                                                                                                                                                
                                                                                                                                                                                            
En situaciones como esta quedan al desnudo el pensamiento y la sensibilidad humana de cada uno de nosotros. La humanidad ha pasado ya algunas veces por situaciones parecidas. Así pasó con la epidemia de «gripe española» de 1919, con la gripe A, con la gripe aviar, con la gripe porcina, y con la gran epidemia de fiebre aftosa que llevó a la muerte a millones de bovinos, por no mencionar al ébola y al sida.

Me ha llamado mucho la atención como ciertos comentaristas y periodistas nos hablan de que después de esta pandemia el mundo ya no podrá ser como ahora, y que todo va a cambiar, pero no nos dice como ni cuando lo va a hacer, ni en qué sentido, ni cómo va a cambiar.

Algunos se animan un poco más, y nos dicen que el capitalismo salvaje es el culpable de todo este desastre, y algunos denuncian a los grandes capitales y a las grandes corporaciones que están deforestando la Amazonía y dejando sin hogar y sin defensas a los pueblos originarios.

Se oye decir también que habrá que humanizar el capital, y que habrá que hacer un reparto más equitativo de la riqueza, y que hay que hacer que los ricos paguen un impuesto extraordinario como contribución a la salud de todos.

Pero ¿no sería mejor expropiar a los ricos? ¿No sería mejor nacionalizar los medios de producción y pasarlos a un estado que reparta los beneficios? ¿No sería mejor que el estado invierta la cantidad que haga falta para investigación y desarrollo de vacunas, que cuide a los ciudadanos, que se ocupe de que todos vivamos en casas higiénicas, que haya agua corriente en todos los domicilios, electricidad, teléfonos e internet?

Mientras estas medidas no se implementen totalmente estaremos expuestos a que nuevas pandemias nos acechen y que causen una enorme mortandad, llevándose la vida de cientos de miles de seres humanos, animales, especies vegetales, la destrucción de la industria.

Según estadísticas realizadas por organismos internacionales insospechables, el uno por ciento de la población mundial, es dueña de más del noventa por ciento de la riqueza, y ante cifras lamentables como estas nos cabe la pregunta ¿no sería más sencillo pasar a manos de los estados toda esa riqueza y acabar con estas desgracias?

                                                                                                                                                                                            
Queda en manos de la clase trabajadora, la clase obrera, los humildes, que son miles de millones, y lograr un mundo más justo, más humano. Aquí se debe elegir entre civilización o barbarie. Ya sabemos como es la barbarie. Elijamos la civilización, elijamos el socialismo. Esa es la solución.

El Reino Unido admite que no va a existir nunca una vacuna contra el coronavirus

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El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, advirtió que «un tratamiento o vacuna contra el coronavirus puede estar a más de un año de distancia, y de hecho, puede que nunca llegue» (como ha ocurrido con las otras influenzas), según un documento de 60 páginas titulado Estrategia de recuperación Covid-19 que detalla cómo el Reino Unido planea emerger del encierro.

Según ha publicado The Independent, Johnson
admitió que los protocolos de seguridad aprobados en marzo «no brindan
una solución duradera» debido al alto precio en la vida social y
económica que ha llevado a muchos la «soledad y el miedo».

Johnson hizo una proclama pseudopatriótica apelando al «espíritu indomable de Gran Bretaña» al responder a las
preguntas de los parlamentarios sobre el plan en la Cámara de los
Comunes, pero advirtió que la administración «regulará» la libertad de los
ciudadanos para hacer frente a la pandemia.
 

«Nuestro desafío es encontrar un camino a seguir que conserve nuestras ganancias obtenidas con tanto esfuerzo mientras alivia la carga del
bloqueo y, seré sincero con la Cámara, este es un equilibrio sumamente
difícil de alcanzar», dijo.
 

«Debo pedirle al país que sea paciente con una interrupción continua en
nuestra forma de vida normal, pero que sea implacable en la búsqueda de
nuestra misión de construir los sistemas que necesitamos», agregó
Johnson, señalando que la relajación de las pautas de distanciamiento
social requerirá un importante seguimiento de contactos para monitorear la propagación de la enfermedad , así como el rediseño de espacios públicos para hacerlos «seguros frente al Covid-19».

El panóptico medicalizado se puede utilizar para cazar a los homosexuales en su propio ambiente

Lo venimos denunciando desde el primer minuto: la pandemia es un pretexto para ejecutar planes que nada tienen que ver con la sanidad sino con el refuerzo de la dominación por medio del control y la vigilancia. Ni las cámaras de videovigilancia, ni el ejército, ni los drones, ni el pasaporte sanitario, responden en absoluto a un problema de salud pública.

Así se ha confirmado en Seúl este fin de semana. Un hombre de 29 años de Yongin, un barrio del sur de Seúl, se fue “de marcha” a los clubes del barrio de Itaewon y al día siguiente amaneció con fiebre alta y diarrea.

El ayuntamiento de Seúl y el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Corea (KCDC) empezaron a rastrear cada uno de sus pasos y reconstruyeron su biografía.

El hombre trabaja para una empresa de informática en Seongnam, al sur de Seúl, y el jueves estuvo recorriendo junto con otros tres amigos varias zonas de la capital coreana.

Entraron en un club de baile, en el que los sabuesos sanitarios han comprobado que cerró cuando un hombre de 20 años dio positivo al coronavirus el día anterior. Unas 500 personas estaban allí en aquel momento.

Al día siguiente estuvo deambulando por los clubes de Itaewon con otro amigo, que luego dio positivo y fue uno de los tres con los que había viajado el día anterior. Los dos pasaron tiempo en cinco clubes en Itaewon hasta la madrugada del sábado.

El hombre tomó un taxi alrededor de las 4:40 a.m. del sábado para llegar a su casa en Yongin. A las 4 p.m., salió a cenar y volvió a casa en el coche de su amigo. El domingo, visitó un hospital y una farmacia, y el lunes se quedó en casa todo el día. El miércoles por la mañana, dio positivo al coronavirus y fue admitido en un hospital en Suwon, al sur de Seúl.

El King Club, un local gay, confirmó en las redes sociales la visita de estas dos personas, que quedaron estigmatizadas públicamente por sus prácticas sexuales. El club se justifica diciendo que lleva un registro de entrada de sus clientes, que verifica su temperatura en cumplimiento del toque de queda, que sólo permite la entrada de quienes porten mascarilla y que ofrece desinfectante para las manos.

A partir del apestado, el ayuntamiento la burocracia sanitaria del KCDC extienden la investigación a los demás apestados con el pretexto conocido: detener la propagación del virus. Llegaron a identificar a 43 contactos cercanos a la víctima de la vigilancia, sometiendo a pruebas de detección del virus a todos ellos.

Las pruebas “demuestran” que los cinco apestados más cercanos a la víctima no estaban apestados, como creían, que el virus no se ha propagado como también creían y el único positivo, la víctima inicial, es asintomático, es decir, está sano.

Todo para nada; ninguna de las previsiones “científicas” se cumplen, pero eso es lo de menos porque los tiros apuntan en otra dirección.

Aparece en los medios coreanos uno de esos tarados de la salud, que no da su nombre, expresando una preocupación: los asiduos de un club gay podrían ser reacios a revelar sus identidades y presentarse para hacerse la prueba, permitiendo que el virus se propague “silenciosamente”.

Como ven, es algo que ya se conoció en los ochenta durante la paranoia de Sida que, además, de cambiar el comportamiento sexual de millones de personas (“póntelo, pónselo”) condujo a los homosexuales a campos de concentración en algunos países.

https://en.yna.co.kr/view/AEN20200507010500315

Miles de hambrientos forman una cola kilométrica en Ginebra para conseguir alimentos

La pandemia ha dejado al descubierto que lacras del capitalismo, como el hambre, que la propaganda había tapado durante décadas, siguen estando presentes como lo han estado siempre, y no sólo en los países del Tercer Mundo, sino en los países más “desarrollados”.

El hambre es consustancial al capitalismo y sólo acabará cuando se construya una sociedad distinta: socialista.

El sábado miles de personas hicieron cola para recibir comida en Ginebra. Hasta ahora la ciudad suiza sólo era conocida por el dinero negro, la diplomacia y el chocolate. Ahora el mundo sabe que el chocolate suizo no llega para todos.

La cola de hambrientos comenzó a formarse a las 5 de la madrugada frente a la pista de hielo de Vernets, según la asociación Caravana de Solidaridad, organizadora del reparto.

Cuando comenzó la distribución cuatro horas más tarde, la cola, en la que la gente llevaba máscarillas y estaba de pie a dos metros de distancia, se extendía a lo largo de un kilómetro y medio. Según los organizadores, había más de 2.000 hambrientos esperando una ración.

Caravana de Solidaridad ya lleva organizadas seis campañas de distribución de comida y las peticiones son cada vez más numerosas.

Silvia, de 64 años, es una trabajadora filipina que estuvo esperando su turno durante tres horas. “Necesitamos comida”, dice. “Todo es mucho más difícil desde que empezó la crisis”.

Alrededor de 1.500 bolsas de compras grandes llenas de arroz, pasta, café instantáneo o cereales se almacenan a lo largo de las paredes del gran vestíbulo y llenan un salón cercano.

Si se agotan las reservas de alimentos, se distribuirán vales por valor de 20 francos suizos (unos 19 euros). Junto a los organizadores, Médicos Sin Fronteras, se ofrece a realizar pruebas de coronavirus, pero eso no llena la barriga.

Una encuesta realizada a 550 personas que fueron la semana pasada al banco de alimentos mostró que más de la mitad de ellas carecían de papeles, un tercio tenía permiso de residencia y alrededor de un cuatro por ciento tenía nacionalidad suiza.

Según la Oficina Federal de Estadística, alrededor del 8 por ciento de la población suiza, es decir, casi 660.000 personas, viven en la pobreza, de un millón que se considera en situación precaria.

El histórico concierto de Woodstock convocó a medio millón de personas en 1969 en plena pandemia de gripe

En 1968 comenzó una epidemia de gripe H3N2 en Hong Kong que luego alcanzó a Estados Unidos, con un punto máximo al año siguiente. Dicen que mató a un millón de personas en todo el mundo, la mayoría de ellas mayores de 65 años.En aquellos días la esperanza de vida en Estados Unidos era de 70 años, mientras que hoy en día es de 78. La población era de 200 millones en comparación con los 328 millones de hoy.

Entonces murieron 100.000 personas en Estados Unidos. El gobierno no confinó a nadie, ni cerraron los establecimientos públicos. La mayoría de las escuelas permanecieron abiertas. Se podía ir al cine, a los bares y a los restaurantes. El histórico concierto de Woodstock de agosto de 1969 convocó a medio millón de personas en plena pandemia.

Cientos de miles de personas fueron hospitalizadas, pero el Congreso no aprobó ninguna legislación especial. No hubo escaladas ni desescaladas, ni fases.

Las tonterías fueron las justas. A los expertos no los llevaron a hablar por la tele, ni por la radio. A ningún idiota se le ocurrió proponer un “distanciamiento social”, ni aplanar ninguna curva.

Durante meses los medios hablaron de la pandemia sin ningún alarde, sin atosigar. El amarillismo aún no había llegado a la sanidad y la pandemia ocupaba su sitio junto al viaje a la Luna, la Guerra de Vietnam, las manifestaciones pacifistas y por los derechos civiles…

¿Saben ahora más los científicos sobre los virus de lo que sabían entonces o, más bien al contrario, cada vez están más idiotizados?

Jimi Hendrix en el escenario

La campaña antichina de Estados Unidos irá más allá de la pandemia y las elecciones presidenciales

El dirigente de la mayoría republicana de Estados Unidos, Kevin McCarthy, anunció el jueves la creación de un grupo de trabajo sobre China para abordar la estrategia de los próximos años contra el país asiático. Será el eje de la próxima campaña electoral de Trump.

Ningún miembro del Partido Demócrata ha querido participar en el grupo de trabajo.

Los violentos ataques contra China ya han comenzado en los medios aprovechando la pandemia y algunos creen que no irá más allá de los comicios. Otros creemos que se trata de crear una estrategia a largo plazo donde antes no la había y que la misma será heredada por los demócratas, si es que alguna vez logran ganar unas elecciones presidenciales.

La campaña se titula “Haz responsable a China” y desvía hacia fuera el malestar por el confinamiento y tapa el desastre político y administrativo que ya se opuso de manifiesto en los últimos años de Obama y durante toda la etapa de Trump. Estados Unidos es una ruina de país en todos los sentidos, lo cual lo hace aún más peligroso.

“China debería prepararse para un desafío a largo plazo”, dice un editorial de Global Times. Estados Unidos tratará de estrangular a China con restricciones a las exportaciones de tecnología. El gobierno de Pekín no debería hacerse ilusiones y considerar el peor de los escenarios posibles. Debe mejorar la tecnología y la ciencia, así como el poder militar estratégico.

“Aunque la ventaja americana en términos de fuerza militar convencional en las aguas costeras de China está disminuyendo, su superioridad en armas nucleares sigue siendo abrumadora, lo que constituye el mayor pilar de la arrogancia militar americana hacia China. Por lo tanto, es urgente que China amplíe su arsenal nuclear y refuerce su capacidad de ataque estratégico”, dice Global Times.

Además, Pekín debe reforzar su influencia diplomática para “unir a más países del mundo, incluyendo a los aliados americanos”. También debe ampliar la esfera de intereses comunes con esos países.

Los chinos deben hacer “ajustes psicológicos”, aunque es posible evitar una confrontación al estilo de la Guerra Fría. Pekín no debe caer en las provocaciones de Washington y debe tener paciencia para maniobrar estratégicamente porque la agresividad de Estados Unidos puede arrastrar a terceros países por los mismos derroteros antichinos.

“Es Estados Unidos quien está en peligro”, concluye Global Times.

(*) https://www.globaltimes.cn/content/1187788.shtml

‘Cada vacuna es una inyección de adrenalina en el corazón de la economía africana’

Miren bien la foto adjunta porque resume muchas cosas en una misma imagen. En ella aparecen el financiero Michael Milken, Bill Gates, que no necesita presentación, el Presidente ruandés Paul Kagame, y Tony Blair, el laborista que desató la intervención militar de Gran Bretaña en Irak en 2003 cuando era Primer Ministro.

Hace un año Bill Gates y Paul Kagame escribieron un artículo conjunto para la CNN que se titulaba “Cada vacuna es una inyección de adrenalina en el corazón de la economía africana” (1).

Ya hemos explicado los manejos de Gates en Nigeria, que se pueden hacer extensivos a muchos países africanos que padecen sus experimentos seudomédicos en medio de la indiferencia total y absoluta que, por lo demás, es característica: el Continente Negro y su población le importan un bledo al mundo. Con ellos pueden hacer lo que les venga en gana porque nadie va a levantar la voz.

Sin que hubiera ningún muerto, Ruanda fue el primer país africano en imponer el confinamiento a la población (2), aunque en el Tercer Mundo no se debería utilizar dicho término porque la población vive al día. Confinar no significa otra cosa que reducir mediante el hambre, un instrumento de guerra muy utilizado desde la Antigüedad.

En el Tercer Mundo el confinamiento es una pura imposición del neocolonialismo porque si hay un lugar donde está claro que la pandemia es pura ficción es en el Hemisferio Sur. A fecha de hoy en Ruanda sigue sin haber ni un sólo muerto que imputar a la pandemia (3).

Con el confinamiento llegó el hambre y la muerte y el gobierno de Kagame tuvo que poner a las ONG en marcha para repartir alimentos y cuando los bancos de alimentos agotaron sus existencias, que fue muy pronto, iniciar la “desescalada”, otorgando salvoconductos para que la población pudiera buscarse la vida. De cara a la galería, el gobierno mantenía el guión con los neocolonialistas; el confinamiento seguía, pero la mayor parte de la población estaba en la calle.

En marzo Babyl, la sucursal de Babylon en Ruanda, firmó un contrato de diez años con el gobierno de Kagame por el que cada ciudadano mayor de 12 años tiene acceso a consultas de salud digitalizadas, es decir, registradas, controladas y subvencionadas por Bill Gates.

En Ruanda la pandemia ha servido, pues, para imponer un sistema de dominación donde antes no lo había, siempre con el pretexto de promover la salud, de ayuda a los (inexistentes) servicios de sanidad y, sobre todo, de castración de las poblaciones africanas, o por decirlo más claramente: de exterminio.

Como ya hemos explicado en otras entradas, en la degenerada cabeza de Gates, las vacunas no son un instrumento de salud sino un medio para estimular el crecimiento económico, aunque hay que entender que se refiere a la de las grandes potencias imperialistas, no a la de países como Ruanda. Los países pobres deben seguir siendo pobres para que los países ricos puedan seguir siendo ricos.

Las vacunas que Gates financia no sirven a la vida sino a la muerte. Gates no quiere salvar vidas sino acabar con ellas porque, como él mismo ha repetido en muchas ocasiones, que la reducción de la población mundial es imprescindible para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera.

“Hay 6.800 millones de personas en el mundo hoy en día. Deberíamos llegar a 9.000 millones. Con muy buenos resultados en nuevas vacunas, atención médica, control de la natalidad, tal vez podríamos reducirlo entre un 10 y un 15 por ciento”, reconoce este criminal en una entrevista.

(1) https://edition.cnn.com/2019/03/22/opinions/african-health-key-economic-growth-paul-kagame-bill-gates/index.html

(2) https://www.dw.com/en/coronavirus-rwanda-imposes-africas-first-lockdown/a-52878787 
(3) https://www.worldometers.info/coronavirus/country/rwanda/

Más información:
– Sobornan con 10 millones de dólares a los diputados nigerianos para imponer la vacunación obligatoria

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