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En las manifestaciones los disturbios los provocan los antidisturbios

Cuando las personas salen a la calle a manifestarse ejercen un derecho fundamental.

Los policías que acuden a ellas no sólo no ejercen ningún derecho sino que tratan de impedir u obstaculizar que lo ejerzan los demás.

La presencia de la policía durante una manifestación no se justifica en nigún caso. La policía acude a las manifestaciones porque es su profesión: cobra un dinero todos los meses y se entrena para impedir las manifestaciones y el ejercicio de los demás derechos por la fuerza y la violencia.

La mayor parte de las veces la policía llega al lugar de la convocatoria antes que nadie, pide la documentación y registra las pertenencias personales, lo cual tiene un carácter disuasorio: tratan de impedir que las personas acudan y logran que quienes lo hacen tengan miedo.

De esa manera, las manifestaciones se han convertido en una acción de riesgo personal que la mayoría de las personas no puede soportar, aunque quisiera.

Si en una jornada de votaciones la policía estuviera presente en los colegios electorales de la misma manera en que está presente en las manifestaciones, no votaría nadie.

Si la policía no tiene una presencia intimidante en los colegios electorales, a diferencia de las manifestaciones, es porque el Estado quiere una sociedad castrada, de tal manera que la única participación política de las personas sea de tipo electoral.

La presencia de la policía en las manifestaciones es terrorismo de Estado y no se puede admitir como un hecho normal y corriente, sobre todo cuando la misma se rodea de una parafernalia violenta que el equipamiento represivo denota: cascos, porras, escudos…

La policía desata los episodios de violencia típicos de algunas manifestaciones para crear una cortina de humo sobre las reivindicaciones y los motivos de las mismas. Al día siguiente la noticia no es la protesta sino los adoquines, las barricadas y los incendios.

Los medios de comunicación, que son una prolongación de la policía, nunca analizan las causas de las manifestaciones y de los disturbios sino sólo las consecuencias. El objetivo es arrojar a la población contra los manifestantes y sus legítimas reivindicaciones.

A la prensa las manifestaciones no le interesan en absoluto, prueba de lo cual es que la mayor parte de ellas no son noticia. Los reporteros sólo salen a la calle con las barricadas y los incendios, de manera que quienes quieren airear sus reivindicaciones están obligados a dar un paso al frente y pasar de las procesiones festivas a las medidas de fuerza.

Las personas convocan manifestaciones cuando han agotado las demás formas de protesta. Una manifestación no es más que una oleada de personas indignadas y vilipendiadas que la presencia intimidante de los antidisturbios no contribuye a apaciguar, sino todo lo contrario.

Por eso, si los gobiernos no quieren violencia en las manifestaciones, es mejor que no envíen a unos policías armados hasta los dientes, y si no quieren manifestaciones en las calles es mejor que atiendan las reivindicaciones en los despachos oficiales.

Ocho niños esclavos denuncian a las grandes multinacionales del chocolate

Ocho niños que trabajaron como esclavos en las plantaciones de cacao de Costa de Marfil han presentado demanda contra las mayores empresas chocolateras del mundo. Las acusan de complicidad en la esclavitud ilegal de miles de niños en las plantaciones de cacao de sus cadenas de suministros.

Nestlé, Cargill, Barry Callebaut, Mars, Olam, Hershey y Mondelēz han sido citados como demandados en un pleito presentado en Washington por una empresa de derechos humanos en representación de ocho niños esclavos que afirman haber sido obligados a trabajar sin remuneración en plantaciones de cacao en el país de África Occidental.

Los demandantes, todos ellos de Malí y ahora adultos, solicitan una indemnizació por los daños y perjuicios causados por los trabajos forzados.

Es la primera vez que se presenta una demanda colectiva de este tipo contra la industria del cacao en un tribunal estadounidense.

Costa de Marfil produce cerca del 45 por ciento del suministro mundial de cacao, ingrediente esencial del chocolate. La producción de cacao en África Occidental está vinculada desde hace tiempo a la esclavitud, la pobreza estructural, los bajos salarios y el trabajo infantil.

Una de las principales alegaciones de la demanda es que, a pesar de no ser propietarios de las explotaciones de cacao, las multinacionales se beneficiaron a sabiendas del trabajo infantil ilegal. Los proveedores contratados por los demandados pudieron ofrecer precios más bajos que si hubieran empleado a trabajadores adultos con equipos de protección adecuados.

Los ocho explotados denuncian haber sido reclutados en Malí mediante engaños, antes de ser transportados a través de la frontera a las explotaciones de cacao de Costa de Marfil. Allí se les obligaba a trabajar -a menudo durante varios años- sin sueldo, sin documentos de viaje y sin saber claramente dónde estaban o cómo llegar a sus familias.

Los demandantes, todos ellos menores de 16 años en el momento de su contratación, trabajaban en campos situados en las principales regiones productoras de cacao del país.

Uno de los demandantes tenía sólo 11 años cuando un hombre de su ciudad natal, Kouroussandougou (Mali), le prometió un trabajo en Costa de Marfil por 25.000 francos CFA (38 euros) al mes. El niño trabajó durante dos años sin cobrar nunca, a menudo aplicando pesticidas y herbicidas sin ropa protectora.

Otro niño tenía cortes visibles en las manos y los brazos debido a los accidentes con el machete. Refiriéndose a su experiencia de trabajo forzado entre 2009 y 2011, recuerda que le picaban constantemente los insectos. Como la mayoría de los demandantes, afirma en la demanda que se le prometió un pago posterior a la cosecha, pero que nunca le pagaron.

Muchos de los demandantes denuncian que estaban mal alimentados y que trabajaban muchas horas. A menudo afirman haber estado solos o aislados de otros niños trabajadores, que hablaban dialectos diferentes.

Alemania mantendrá a sus tropas en Afganistán

El gobierno alemán está preparando el terreno para que sus tropas en Afganistán -el segundo mayor contingente de una fuerza de la OTAN- permanezcan en el lugar hasta el próximo año si es necesario.

El gabinete de Merkel aprobó el miércoles un nuevo proyecto de mandato que permitiría la permanencia de las tropas alemanas hasta el 31 de enero, dijo el portavoz del gobierno Steffen Seibert.

El despliegue de tropas alemanas en el extranjero requiere la aprobación del Parlamento, que suele concederse anualmente. El actual mandato para Afganistán expira a finales de marzo.

La OTAN tiene algo menos de 10.000 soldados en este país devastado por la guerra, que ayudan a entrenar y asesorar a las fuerzas de seguridad afganas. El contingente alemán, de casi 1.100 efectivos, es el segundo más numeroso en la misión, después de Estados Unidos.

Biden está revisando el acuerdo de Trump con los talibanes, que fija el 1 de mayo como fecha límite para la retirada definitiva de las tropas estadounidenses. En Washington, cada vez hay más peticiones para que Estados Unidos retrase la retirada definitiva o renegocie el acuerdo para permitir una fuerza estadounidense más pequeña y basada en la inteligencia.

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, afirmó que la retirada de las tropas extranjeras de Afganistán debería estar vinculada a los avances en las lentas conversaciones de paz entre el gobierno de Kabul y sus talibanes, en lugar de estar atada a la fecha límite del 1 de mayo.

Seibert dijo que el nivel máximo de 1.300 soldados alemanas no cambia en el nuevo mandato. Dijo que la fecha de caducidad propuesta tiene en cuenta adecuadamente la compleja situación en Afganistán y también permite la flexibilidad para reaccionar si cambia la inestable situación de seguridad y amenazas en ese país.

Las vacunas no frenan las muertes ni los contagios en los asilos holandeses

El 30 de enero, los 106 ancianos del asilo St. Elisabeth de Amersfoort, Holanda, recibieron la primera inyección de la vacuna contra el coronavirus. En dos semanas, y por primera vez desde que comenzó la pandemia el año pasado, el virus se abrió paso a gran velocidad entre los ancianos. Nada menos que 70 de ellos dieron positivo; el lunes, 22 habían muerto. Algunos de los ancianos se han recuperado, pero otros siguen enfermos, lo que significa que pueden producirse aún más muertes.

El asilo St. Elisabeth ha registrado el mayor número de contagios por coronavirus en una residencia de ancianos en Holanda desde el comienzo de la pandemia.

Con su vulnerable población de pacientes dependientes con demencia, muchos de ellos con otros problemas de salud, el asilo está acostumbrado a ver morir a los ancianos. Evelien Bongers, en nombre de la junta directiva, declaró que no se podía “establecer con certeza en qué medida las muertes eran consecuencia directa del contagio con el coronavirus” debido a las condiciones subyacentes de las víctimas. “Estos pacientes ancianos murieron con el coronavirus, pero no necesariamente a causa del coronavirus”, dijo. “Pero estamos viendo un número de muertes más alto de lo habitual”.

Esta distinción entre morir con el virus o a causa de él es precisamente lo que falta en muchas estadísticas. “Nuestros residentes necesitan cuidados y atención. Cuando están contaminados por el coronavirus, eso puede ser demasiado”, añade Bongers.

Ver morir a un 20 por ciento de sus ancianos en tan poco tiempo ha supuesto un duro golpe para las familias y los trabajadores, sobre todo porque esperaban relajarse tras meses de estricta observancia de las medidas de seguridad gracias a la vacuna.

El número de contagios nunca había sido tan alto, y nunca se habían producido tan rápidamente, a pesar de que cuando comenzó el brote se tomaron medidas especiales para aislar a los pacientes positivos en sus habitaciones y restringir severamente las visitas al exterior a tres por semana por una sola persona. Además, la oleada de contagios no se produjo muy poco después de la primera inyección, cuando se podría haber argumentado que no tuvo tiempo de fomentar la inmunidad, sino dos semanas después, cuando al menos se podría esperar cierta eficacia si la vacuna experimental está realmente a la altura de sus promesas. Si bien no está establecido que disminuya las infecciones, sí que pretende disminuir la gravedad de la enfermedad que asocian al virus. Pero en el St. Elisabeth de Amersfoort, 22 de los 70 pacientes que dieron positivo murieron: más del 30 por ciento.

En Holanda, la institución que cataloga los efectos indeseables de las vacunas experimentales, Lareb, ya había registrado hasta el martes 5.086 casos sospechosos de enfermedad y malestar, para un total de unas 800.000 inoculaciones. Dolores de cabeza, musculares y náuseas se citan en la mayoría de los casos, pero también se documentaron 26 reacciones alérgicas graves.

Más preocupantes aún son las 65 muertes que se produjeron tras la vacunación, comunicadas al Lareb hasta el 16 de febrero, la mayoría de ellas entre pacientes de edad avanzada: 55 de los fallecidos tenían 80 años o más, y los otros diez tenían entre 65 y 80 años.

Lareb señala que todas las víctimas se encontraban en condiciones de salud vulnerables debido a enfermedades graves subyacentes o a una edad muy avanzada. La directora, Agnes Kant, subrayó que la muerte tras la vacuna no debe atribuirse automáticamente a la vacuna: “En Holanda mueren una media de 750 a 800 ancianos en los asilos a la semana, así como 2.000 personas mayores de 80 años. Algunas de ellas pueden haber recibido la vacuna poco antes”.

Admitió que en algunos casos la vacuna puede haber deteriorado el estado de los más ancianos. “Días después de la vacunación, tuvieron molestias que son efectos secundarios conocidos“, añadió. “Molestias como la fiebre no son causa de muerte por sí solas. Pero se sabe que para los ancianos muy vulnerables constituyen un riesgo. Por eso se incluye este hecho en las directrices, para que se tenga muy en cuenta la vacunación en grupo”.

El gobierno belga distribuyó mascarillas tóxicas entre la población

Al principio las mascarillas no eran obligatorias no por una cuestión sanitaria sino económica: no las había en el mercado. Cuando los países comenzaron a fabricarlas, habían pasado ya varios meses de pandemia y, desde luego, no eran mascarillas que hoy superarían ninguna clase de pruebas. Eran de tela y no servían para nada desde el punto de vista sanitario.

En Bégica, a partir de junio, las personas podían recogerlas en la farmacia. Fueron fabricadas por la empresa luxemburguesa Avrox y ahora se descubre que, además de inútiles, podrían tener efectos negativos para la salud.

El tejido protector contenía nanopartículas de plata y dióxido de titanio, según un informe confidencial del instituto de salud pública Sciensano. Cuando son inhaladas, estas partículas podrían tener efectos negativos en las vías respiratorias.

“El riesgo es desarrollar una inflamación pulmonar, sobre todo si estas máscaras son utilizadas por personas que sufren una patología respiratoria, como es el caso durante una pandemia”, afirma el profesor Dominique Lison, toxicólogo de la Universidad de Lovaina.

Las nanopartículas de plata son biocidas que pueden encontrarse en la ropa, como los calcetines, por ejemplo. Actúan como agente antibacteriano. Las nanopartículas de dióxido de titanio blanquean los tejidos.

Alfred Bernard, profesor emérito de toxicología de la Universidad de Lovaina, dice que no hay suficientes estudios sobre el tema, aunque recomienda no respirar con mascarillas que contengan esas nanopartículas, que “tarde o temprano, pueden pasar, especialmente si el filtro se lava regularmente y, por tanto, está sujeto a degradación. Las nanopartículas pueden pasar fácilmente a los pulmones y a la sangre. Sin embargo, los riesgos están poco documentados y se refieren a la exposición crónica por inhalación”.

En un comunicado de prensa el instituto Sciensano afirma que “los resultados actuales no permiten evaluar si estas nanopartículas se liberan realmente de las mascarillas y en qué medida los usuarios están expuestos a ellas. Estos son los primeros resultados de la primera fase del estudio y es importante interpretarlos con precaución”.

Pero Bélgica todavía tiene 3,5 millones de mascarillas tóxicas almacenadas que pueden llegar a la población. Para Dominique Lison, todavía hay que hacerse preguntas antes de distribuirlas. “Deberíamos haber preguntado si era necesario, útil, oportuno y seguro utilizar mascarillas con nanopartículas”.

https://www.rtbf.be/info/belgique/detail_avrox-les-masques-distribues-en-debut-de-confinement-par-le-gouvernement-seraient-toxiques
Atención: por razones evidentes este enlace ha sido borrado. La misma información se puede encontrar en otras fuentes:
https://exoportail.com/scandale-avrox-les-masques-distribues-en-debut-de-confinement-par-le-gouvernement-belge-seraient-toxiques/

El tiempo se ha detenido

El 16 de febrero de 1600, hace más de cuatro siglos del día en que la Iglesia Católica ejecutó quemando en la hoguera al filósofo y científico italiano, Giordano Bruno, por el crimen de herejía.

La moderna inquisición ya no quema físicamente y en público, pues la dictadura actual que tomó hace años ya el relevo de la Iglesia, mata de otras formas y mediante otros procedimientos a los que considera herejes. Muerte que puede ser física en ocasiones o muerte política, o en una condena de cárcel, al ostracismo o a la marginación.

La Inquisición entregó su veredicto el 20 de enero de 1600: “Por este medio, en estos documentos… pronunciamos sentencia y declaramos al antedicho hermano Giordano Bruno un impenitente y pertinaz hereje… Además, condenamos, reprobamos y prohibimos todo lo por tí mencionado y tus otros libros y escritos por heréticos y erróneos, y nosotros ordenamos que todos los que han llegado o puedan llegar en el futuro a manos de la oficina santa sean destruidos y quemados públicamente en la Plaza San Pedro”.

Hoy en día podemos establecer un paralelismo, con la sentencia, no muy distinta en la intención, de la dictada por la mayoría de miembros del Tribunal Supremo respecto a las canciones de Pablo Hasel dado que Giordano Bruno presentó en “Chiamato il fastidio” una acusación contra la Iglesia. “Usted verá arrebatos de carteristas, ardides de tramposos y empresas de granujas en una entremezclada confusión; también deliciosa repulsión, dulces amargos, decisiones absurdas, fe confundida y esperanzas lisiadas, caridades de tacaños, jueces nobles y serios para con los propios, voces de astucia, no de misericordia, de modo que el que más cree es más engañado, y por todas partes el amor al oro”. Acusaciones similares a las letras de Hasel y de plena actualidad por lo que respecta al modus operandi y modus vivendi de los miembros de la casta política de nuestro país.

Ha tenido suerte Pablo de que hayan transcurrido algo más de cuatrocientos años, de lo contrario en lugar de encarcelado hubiera ardido en el patio del Palacio de El Pardo.

Salvando estas minucias, poca cosa más ha cambiado pues Sus Señorías sentadas en sus mullidas poltronas del Congreso y Senado hacen de espectadores, al igual que en 1600, ante la condena de quien canta verdades como montañas.

¿Deberemos esperar cuatrocientos años más para revertir la realidad actual?

La libertad de expresión es para algunos, los límites son para todos los demás

No hay ningún pedante al que le falte en la boca esa conocida frase de que el arte es “transgresor” por antonomasia. Basta que a un artista le pongas algún límite para que trate de saltar por encima.

“El rap es una modalidad musical provocadora”, dice el diccionario de la Academia de la Lengua y, como estamos comprobando, en ningún otro país como en España ha conseguido un éxito tan arrollador: un rapero preso, otro exiliado y 12 más condenados a penas de cárcel.

A pesar de ello, todo el discurso oficialista, empezando por el jurídico y el periodístico, se preocupa por lo contrario: por los límites de la libertad de expresión. ¿Dónde están los límites a la libertad de expresión?

En 2018 la Plataforma en Defensa del Derecho a la Libertad de Información publicó una “Guía de emergencia sobre los límites a la libertad de expresión” (1).

Al año siguiente una crónica de “Cuarto Poder” sobre un acto celebrado en Madrid comenzaba así: “Más de una veintena de colectivos, que van desde los Encausados por la Operación Araña hasta Anticapitalistas Madrid, han llenado la sala del Teatro del Barrio para charlar sobre una cuestión que levanta preocupación social: los límites a la libertad de expresión” (2).

¿Realmente lo que nos preocupa son los límites a la libertad de expresión o la libertad de expresión misma?

La impresión que transmiten es la un “buffet libre”: nos pasamos con la comida, comemos en exceso porque es gratis. Abusamos de nuestros de derechos porque el ejercicio de los mismos no tiene consecuencias.

Uno de los límites que los ignorantes quieren imponer al arte es “el buen gusto”, aunque en realidad hay muchos más límites. Cuando en 2018 retiraron las fotos de Santiago Sierra sobre los presos políticos de la exposición Arco, el ministro de Cultura y portavoz del Gobierno, Méndez de Vigo, confesó en los desayunos de RTVE que le gusta la libertad de expresión, pero que hay que “hacer crítica política sin ofender” (3).

La necesidad de límites es imprescindible en un país -como el nuestro- que es excesivamente democrático; hay demasiada libertad y, en consecuencia, hay que poner límites porque esto “se nos va de las manos”.

Este tipo de planteamientos, que han calado en ciertos medios, ignoran la memoria histórica de los 40 años posteriores a la Constitución de 1978.

De cualquier manera, es interesante analizar los famosos “límites a la libertad de expresión” porque es dialéctica pura, como mirar el anverso y el reverso de la realidad, al estilo de los antiguos negativos de las fotografías.

Veamos: en el franquismo un ejemplo de límite a la libertad de expresión fue el artículo 12 del Fuero de los Españoles: “Todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado”.

La conclusón es obvia para los que hablan de límites: desde 1945 en España siempre hemos disfrutado de libertad de expresión, naturalmente limitada. ¿Es eso lo que hay que explicar?, ¿así es como hay que entender un derecho fundamental?

Si es así, la conclusión es que en el franquismo también había libertad de expresión, como ahora, a pesar de que miles de personas fueron detenidas y condenadas por propaganda ilegal, un delito donde lo importante no era la propaganda sino su ilegalidad, es decir, el mismo pretexto que ahora: bajo el franquismo quien iba a la cárcel no era por sus opiniones políticas sino por infringir el Código Penal.

Así ocurrió exactamente en el franquismo y así ocurre ahora: la libertad de expresión es para algunos; los límites son para todos los demás.

Pero hay límites y limites. Por ejemplo, el artículo 20 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dice que la propaganda de guerra es un límite a la libertad de expresión y si volvemos la vista atrás, al Trío de las Azores, a las guerras de Irak, Afganistán, Libia y Siria, nadie se acordó entonces de que ahí había un límite.

Los políticos, los periodistas y los tertulianos franquearon abiertamente los límites a ls libertad de expresión para justificar unas guerras que aún no se han acabado, pero nadie les detuvo, ni les juzgó, ni les condenó. Entonces nadie se acordó de los límites.

En 2018 el Ministerio de Defensa destinó 200.000 euros para subvencionar la propaganda de guerra, artículos en la prensa y charlas en los institutos que justificaran el incremento de los presupuestos para gastos militares, en los que no hay recortes.

Lo mismo podemos decir del racismo y la xenofobia, que tampoco están amparados por la libertad de expresión.

La doctrina de los límites da lugar a la de las restricciones: hay libertad de expresión, pero está restringida. Es una doctrina que procede del franquismo, donde también había libertad de expresión, pero demasiadas restricciones. Hay que ampliarlas. Por ejemplo, en 1966 la ley de prensa eliminó la censura previa que se había impuesto en 1938; entonces en el franquismo hubo más libertad, se amplió su radio de acción.

¿Es así la libertad?, ¿un asunto de más o menos?, ¿la botella está medio llena o medio vacía?

Entre los periodistas y los jueces, nos obligan a vivir en un país realmente patético…

(1) http://libertadinformacion.cc/wp-content/uploads/2018/05/Gu%C3%ADa-de-emergencia-Valtonyc-LIBERTAD-DE-EXPRESI%C3%93N-240518.pdf
(2) https://www.cuartopoder.es/espana/2018/03/19/el-rapero-valtonyc-en-un-acto-sobre-la-libertad-de-expresion-solo-los-pobres-entramos-en-la-carcel/
(3) http://www.elmundo.es/cultura/2018/02/22/5a8e8bb4e5fdea3e2c8b4639.html

Pablo Hasel: la guerra sucia desinformativa

Desde tiempos remotos los grandes medios de manipulación mercenarios de la dictadura del capital, se han dedicado a intoxicar para, entre otras cosas, restar apoyo popular a los revolucionarios o impedir que se sume más y así perpetuar el poder de la minoría capitalista incompatible con la democracia para la mayoría. Despojados de argumentos (nosotros no necesitamos recurrir a la mentira porque nos sobran) lanzan constantes campañas de criminalización para dejar como monstruos a todos los que luchamos suponiendo un peligro para sus amos que son las verdaderas bestias a quienes blanquean encubriendo sus políticas criminales.

No escatiman recursos en esta guerra sucia desinformativa invirtiendo millonadas como en pocas cosas, pues sin manipulación durarían dos de sus insultantes telediarios. Sus mentiras contra el movimientos revolucionario han llegado al punto de acusar de fascistas a los antifascistas más consecuentes (uno de sus bulos más repetidos contra el PCE(r) y los GRAPO en la falsa transición) realizando esta acusación quienes precisamente servían y sirven al fascismo.

Podríamos poner incontables ejemplos como este, ridículos a nada que se tenga una mínima conciencia, pero a la vista está que con millones de personas creyendo esos medios se frena la conciencia. De aquí que urja desmontar sus falacias y denunciar su papel en todos los lugares posibles.

Cada vez que la situación se les descontrola en las calles intensifican el bombardeo de injurias (lo suyo si lo son) para intentar desacreditar o calmar la lucha. Para eso cuentan con la ayuda de la “izquierda” domesticada condenando todo lo que vaya más allá de la legítima legalidad diseñada para impedir los cambios profundos y machacarnos. A la hora de la verdad desde los más abiertamente fascistas a los reformistas que ni reforman, criminalizan a los revolucionarios o cualquier acción que dañe a los opresores. En vez de condenar la violencia sistemática que origina las protestas, perpetúan la primera y condenan la reacción.

No se puede estar con los opresores y con los oprimidos a la vez, o con unos o con otros. Por eso ante mi encarcelamiento y las protestas que ha generado por la libertad de expresión además de sumarse más descontento y la reivindicaciones de otros derechos y libertades que niegan, no se puede poner en el mismo plano la violenta represión del Estado con brutalidad policial incluida y la lucha de los manifestantes contra eso y tanto más. Pintar que todo el que responde a eso es un vándalo violento forma parte de la guerra sucia desinformativa para no analizar las causas y ponerles fin.

Nos intentan deshumanizar mientras humanizan a quienes han bombardeado países o imponen vidas de miseria para vivir a todo lujo. ¿A caso cuentan cuánto nos cuesta su defendida familiar real en un año mientras repiten lo que cuestan contenedores quemados? ¿Explican la brutal explotación de las multinacionales con escaparates rotos? ¿Mencionan las familias dejadas en la calle o estafadas por la banca a la que queman cajeros? Sirven a los culpables de tantas tragedias evitables y luego Iinchan a quienes peleamos para que terminen.

En esa línea mienten descaradamente diciendo que me han encarcelado por sumar otras condenas más allá de la música y los tuits cuando lo cierto es que mis únicas condenas firmes que me han llevado a prisión son esas. Así quieren vender que nadie va a la cárcel por hacer canciones. Pero igual que con la represión depende de nosotros que toda su manipulación se vuelva en su contra y los deje bien retratados para que menos personas crean su guerra sucia desinformativa.

Centro Penitenciario de Ponent
19 de febrero de 2021

‘La pandemia ha servido de pretexto para reprimir y abolir las libertades’, asegura la ONU

Ayer el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, lamentó que la pandemia se haya utilizado en algunos países, que no mencionó, para silenciar “voces disonantes” y medios de comunicación.

“Utilizando la pandemia como pretexto, las autoridades de algunos países han adoptado severas medidas de seguridad y de emergencia para reprimir las voces disidentes, abolir las libertades más fundamentales, silenciar a los medios de comunicación independientes y obstaculizar el trabajo de las organizaciones no gubernamentales”, lamentó Guterres en su discurso anual ante el Consejo de Derechos Humanos (CDH).

Las restricciones han “agravado las vulnerabilidades” y han perturbado la vida de cientos de millones de familias que han perdido sus empleos o han visto cómo se hundían sus ingresos, dijo Guterres.

Guterres habló en un mensaje de vídeo pregrabado en la apertura de la 46ª sesión del CDH, que hasta el 23 de marzo se celebrará íntegramente en línea por primera vez en su historia.

El secretario general de la ONU dedicó gran parte de su discurso a la pandemia, lamentando que las restricciones “hayan servido de excusa para socavar los procesos electorales, debilitar las voces de los opositores y sofocar las críticas”.

Defensores de los derechos humanos, periodistas, abogados, activistas e incluso profesionales de la salud han sido detenidos, perseguidos, intimidados y sometidos a vigilancia por criticar las medidas -o la falta de medidas- adoptadas para hacer frente a la pandemia, afirmó Guterres.

“A veces se ha impedido el acceso a información vital, mientras que se ha amplificado la desinformación mortal, incluso por parte de algunos dirigentes”, aladió, sin dar nombres.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, también denunció “las restricciones ilegítimas de las libertades civiles [y] el uso excesivo de los poderes de emergencia” en el contexto de la pandemia.

“El uso de la fuerza no acabará con esta pandemia. Mandar a los críticos a la cárcel no acabará con la pandemia”, remachó, pero tampoco mencionó ningún país.

Condenar la violencia es como condenar la ley de la gravedad

Por inútil y absurdo. Otra cosa es hacer apología de la violencia por la violencia sin más, sin un objetivo, lo que ya entra en terrenos psicológicos y pliegues psicoanalíticos, que no responden a ninguna problemática social y/o política, siendo, por tanto, extrasocial. Yo puedo estar a favor de la lucha armada en según y bajo qué circunstancias fruto de un análisis de una situación concreta que la práctica dictaminará lo acertado o erróneo de su adopción. Pero jamás postular una violencia gratis ni deportiva propia de enfermos.

Esta mañana un redomado fascista como el locutor de la emisora de los curas, la COPE, Carlos Herrera, ha echado por tierra aquel sobadísimo latiguillo que decía “condeno la violencia venga de donde venga”. Lo hacía, por supuesto, para condenar la violencia callejera por la libertad de expresión y la excarcelación de Pablo Hasel y, de paso, arrear un pescozón a Podemos por, según él, “justificar” o animar a esa violencia, algo que, cualquiera que tenga un mínimo de sentido común sabe que no es cierto, que es mentira. “Esta gentuza (se pasa la mañana insultando) condena la violencia, sí, pero no la suya”, venía a decir (22-2-2021). No concluye, como sería lo lógico, que él condena la lucha (violencia) callejera, pero NO la violencia policial. Y no lo hace porque no es un lerdo, aunque se lo pida el cuerpo, y recuerde que el monopolio de la violencia, del reparto de ostias, lo tiene el Estado y sus esbirros. Del derecho de resistencia ni hablará porque ni sabe qué es eso. Un derecho que está recogido en Constituciones universales, mientras que el monopolio de la violencia no está recogido en ninguna, que se sepa. El slogan de “venga de donde venga” les venía bien a esta “intelectualidad” áulica para situarse por encima del bien y del mal a los que nunca han roto un plato, a los “demócratas”, pero la determinación en la pelea de los resistentes ha obligado a, por si hacía falta, desenmascararse todavía más a estos fachas. Ya no podrán esgrimir ese mito, en el que nunca creyeron, por otra parte, y se tendrán que decantar, ya lo están haciendo en las televisiones, por bendecir la represión pura y dura, que es lo que les pone.

La violencia, decía Marx, es la partera de la Historia. Y la lucha de clases supone que exista. De nada sirve lamentarse de su existencia, como hace un pacifismo pánfilo, pues la misma surge de la contradicción entre unas relaciones de producción y unas fuerzas productivas injustas y desajustadas, y no precisamente armonizadas. Si a ello -a la crisis económica permanente- añadimos el pisoteo de unos derechos políticos como la libertad de expresión y el encarcelamiento de quienes no más lo ejercen, tenemos un conflicto que puede derivar en lo que estamos viendo estos días, esto es, en la manifestación y resistencia de quienes se consideran oprimidos y se muestran solidarios con quien ha sido reprimido, ¿hay acto más noble que esto? Y se emplea la violencia, sí, como único recurso que se deja para hacerse oír. Porque, de otro modo, ni puto caso.

La violencia, pues, tiene sus razones y sus causas. Nunca es gratuita. Simplemente hay que diferenciarla, como Lenin habló de “guerras justas” y “guerras injustas”, y antes que él clérigos españoles bajomedievales. La violencia ciega, a la que nos quiere acostumbrar el celuloide yanki, no va a ninguna parte. La violencia con sentido, la lucha, sí. O esa pretensión hay. Otra cosa es el desenlace de una acción-reacción que, sin quedarse sólo en este automatismo, tiene claro unos objetivos políticos. Entonces, tarde o temprano, la fruta caerá de madura. Ya ven que no hemos hablado de la pandemia para nada. No ha hecho falta.

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