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La pandemia y sus vacunas comenzaron a fraguarse cuando se patentaron hace 20 años

¿Y si el nuevo coronavirus no tuviera en realidad nada de novedoso? ¿Y si la denominada pandemia no fuera otra cosa que una campaña de coerción y terror con el objetivo de hacer grandes negocios? ¿Y si las pruebas de todo esto se encuentran en el Registro Público de Archivos de Patentes de Estados Unidos?

¿Escalofriante? Más bien un hecho comprobable, según el doctor David Martin, director general y fundador de M-CAM Inc., una empresa internacional aseguradora y de análisis de activos intangibles que abarca la financiación de la innovación y la auditoría de la calidad de las patentes.

Sobre la supuesta novedad del coronavirus este especialista sostiene que fue una “ilusión fabricada”. De ello dan cuenta “73 patentes emitidas entre 2008 y 2019, que tienen los elementos supuestamente novedosos del SARS CoV-2, específicamente en lo que se refiere al sitio de clivaje polibásico, el dominio de unión al receptor de ACE2 y la proteína espiga”, detalló Martin en una reciente entrevista  mantenida con el abogado Reiner Fuellmich, que encabeza el Comité Alemán de Investigación del Coronavirus. “La única publicación –“A novel bat coronavirus reveals natural insertions at the S1/S2 cleavage site of the Spike protein and a possible recombinant origin of HCoV-19”– que se convirtió en el trabajo que se ha utilizado de forma rutinaria para identificar el nuevo virus, no reporta nada nuevo”, subrayó Martin, exprofesor adjunto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia, quien añadió que el problema es que incluso si aceptásemos que hay neumonías idiopáticas y que hay algún conjunto de síntomas inducidos por el patógeno, “no tenemos una sola evidencia publicada que nos diga que cualquier cosa en el subclado SARS-CoV-2 tenga alguna diferencia clínica respecto de cualquier cosa que se haya conocido y publicado antes de noviembre de 2019 en las 73 patentes presentadas a partir de 2008”.

“Todo eso está disponible en el Registro Público de Archivos de Patentes, que cualquier persona de la audiencia puede revisar y el Public Pair (Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos) tiene no sólo las pruebas, sino también los documentos reales, que tengo también en mi poder”, aseguró.

Para llegar a tales hallazgos, Martin y su equipo revisaron las más de 4.000 patentes que se han emitido en torno al coronavirus SARS (Síndrome Respiratorio Severo Agudo). “Hemos hecho una revisión muy completa de la financiación de todas las manipulaciones del coronavirus, que dieron lugar al SARS como subclado de la familia del coronavirus beta”, puntualizó.

Según precisó Martin, al confeccionar el documento que reúne todos estos descubrimientos tomaron las secuencias genéticas reales reportadas como nuevas por el Comité Internacional de Taxonomía de los Virus (ICTV, por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial de la Salud y las contrastaron con los registros de patentes que estaban disponibles en la primavera de 2020. “Lo que encontramos, como verán en este informe, son más de 120 pruebas que sugieren que la declaración de un nuevo coronavirus era en realidad una falacia completa. No había ningún coronavirus nuevo”, insistió.

De hecho, Martin encontró registros en los archivos de patentes de secuencias atribuidas a lo que se consideró ahora novedoso, que se remontaban a patentes que se solicitaron ya en 1999.

La primera vacuna la diseñó Pfizer en 2000

Tampoco el concepto de la novedosa vacuna desarrollada contra el coronavirus es nuevo, de acuerdo con la investigación del especialista en patentes.

En ese sentido, afirmó que la primera vacuna patentada para el coronavirus fue en realidad buscada por Pfizer, la cual consistía específicamente en esta proteína S o espiga. “Es exactamente lo mismo que, supuestamente, nos hemos apresurado a inventar ahora. La primera solicitud fue presentada el 28 de enero de 2000, hace 21 años”, remarcó.

“La idea de que misteriosamente nos tropezamos con la forma de intervenir en las vacunas no sólo es ridícula, sino que es increíble porque Timothy Miller, Sharon Clapford, Albert Paul Reed y Elaine Jones, el 28 de enero de 2000, presentaron lo que se emitió como la patente de Estados Unidos 6372224, que era la vacuna contra el virus de la proteína de la espiga: una vacuna para el coronavirus canino, que es en realidad una de las múltiples formas de coronavirus”, prosiguió Martin, para luego detallar que los primeros trabajos hasta 1999 se centraron en el ámbito de las vacunas para animales.

Coronavirus para una vacuna contra el sida

Más tarde, según relató el director de M-CAM, Anthony Fauci y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) encontraron que debido a su maleabilidad el coronavirus resultaba un candidato potencial para las vacunas contra el VIH.

“El SARS no es en realidad una progresión natural de una modificación genética del coronavirus. De hecho, muy específicamente en 1999, Anthony Fauci financió una investigación en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill para crear un coronavirus infeccioso de replicación defectuosa, ajustado específicamente al epitelio pulmonar humano”, aseveró Martin, quien puntualizó que tal definición consta en una solicitud de patente presentada el 19 de abril de 2002 (bajo el número 7279327). “En otras palabras, construimos la enfermedad SARS y la patentamos el 19 de abril de 2002”, reiteró y aclaró que esto fue antes de que hubiera un supuesto brote en Asia.

Martin explicó que el receptor de la ACE, el dominio de unión ACE2, la proteína espiga S1 y otros elementos de lo que hemos llegado a conocer como este patógeno, no sólo fueron diseñados, sino que pueden ser modificados sintéticamente en el laboratorio, utilizando nada más que las tecnologías de secuenciación de genes, al tomar el código informático y convertirlo en un patógeno o un intermedio del patógeno. “Esa tecnología se financió exclusivamente, en los primeros tiempos, como un medio por el cual podríamos aprovechar realmente el coronavirus como vector para una vacuna contra el VIH”, remarcó.

Pero, a su vez, el especialista en patentes de innovación explicó que, en los primeros días del año 2000, a su organización se le pidió que vigilara las violaciones del Tratado de Armas Biológicas y Químicas. Por este motivo, a lo largo del otoño de 2001 comenzaron a monitorear un enorme número de patógenos bacterianos y virales que estaban siendo patentados a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el NIAID y el programa de enfermedades infecciosas de los servicios armados de los Estados Unidos (AMRIID) y una serie de otras agencias a nivel internacional que colaboraban con ellos.  “Nuestra preocupación era que el coronavirus estaba siendo visto no sólo como un potencial agente manipulable para su uso como vector de vacunas, sino que también estaba siendo claramente considerado como un candidato a arma biológica. De modo que nuestro primer informe público sobre esto tuvo lugar antes del brote de SARS, a finales de 2001”, reveló Martin.

La expresión ‘nueva normalidad’ la acuñan las farmacéuticas en 2004

Al parecer, ni siquiera el actualmente publicitado slogan de “Nueva normalidad” es nuevo. Según apuntó el titular de M-CAM, el laboratorio Merck ya en una conferencia de 2004 titulada “SARS y bioterrorismo. Bioterrorismo, enfermedades infecciosas emergentes, antimicrobianos, terapéuticos e inmunomoduladores” introdujo la noción de “La nueva normalidad”.

“La primera introducción de la campaña de la nueva normalidad, en la que se trataba de conseguir que la gente aceptase una vacuna universal contra el coronavirus y la gripe se adoptó en realidad el 6 de enero de 2004. Así que ha existido durante bastante tiempo”, señaló.

Asimismo, se refirió a otro de los protagonistas que -de alguna manera- “anticipó” lo que viviríamos en la actualidad: el zoólogo británico y presidente de EcoHealth Alliance, Peter Daszak, quien forma parte de los equipos de la OMS y de The Lancet que investigan los orígenes de la pandemia de coronavirus de Wuhan y que además se ha señalado que tiene vínculos profesionales y financieros de larga data con el Instituto de Virología de Wuhan.

“Mi cita favorita de esta pandemia es una declaración hecha en 2015 por Peter Daszak, reportada en The National Academies Press, el 12 de febrero de 2016: ‘Tenemos que aumentar la comprensión pública de la necesidad de contramedidas médicas, tales como una vacuna universal contra los coronavirus. Una vía clave son los medios de comunicación y la economía seguirá el revuelo mediático que se cree. Debemos usar ese bombo publicitario a favor nuestro para ir a los temas reales. Los inversores responderán si ven beneficios al final del proceso’”.

Martin prosiguió diciendo que Daszak “es la persona que estaba corroborando independientemente la no-teoría de la no-fuga china de laboratorio. No hubo ninguna fuga de laboratorio. Esto se trató de convertir intencionalmente la proteína espiga en un arma biológica para inyectar a la gente y hacerla adicta a una vacuna universal contra el coronavirus. Esto no tiene nada que ver con un patógeno que se haya liberado y cada uno de los estudios que se ha lanzado para tratar de verificar una fuga de laboratorio es algo para desviar la atención”.

Por lo tanto, consideró que la actual situación no es una crisis de salud pública, sino una campaña de marketing oportunista para abordar un objetivo declarado. “Ellos dijeron que necesitaban conseguir que el público aceptase una contramedida de vacuna contra el coronavirus y que los medios de comunicación le dieran publicidad a esto, ya que luego los inversores seguirían, allá donde vieran beneficios. No precisas nada más en lo que basarte para explicar los acontecimientos de los últimos 20 meses que la declaración real del verdadero responsable”, remarcó.

Vacunas que no vacunan

Martin también mencionó lo “ridículo” de la historia de que esta vacuna es de alguna manera profiláctica o preventiva. Sostuvo que esa clase de afirmación “se burla del 100% de la evidencia, porque la evidencia deja muy claro que no ha habido ningún esfuerzo por parte de ninguna empresa farmacéutica para combatir el virus”.

“Se trata de hacer que la gente se inyecte con la proteína espiga, conocida por su carácter dañino -añadió-. Así que la historia creada como fachada es que si se obtiene una expresión de una proteína espiga, uno va a tener algún tipo de alivio sintomático general. Pero el hecho es que nunca ha habido una intención de vacunar a una población si usamos la definición dentro del universo de la vacunación”.

En la misma línea, apuntó que cuando Anthony Fauci trataba desesperadamente de conseguir que se publicaran algunas de sus “vacunas de ARN sintético”, sus propias patentes fueron rechazadas por la oficina de patentes, que respondió que el argumento presentado era “persuasivo en la medida en que un péptido antigénico estimule una respuesta inmune que puede producir anticuerpos que se unen a un péptido o proteína específica, pero no es persuasivo en lo que respecta a una vacuna”.

“La respuesta inmunitaria producida por una vacuna debe ser algo más que una simple respuesta inmunitaria. Debe también ser protectora. Como se señaló en la anterior Acción de la Oficina, el estado del arte reconoce que el término vacuna es un compuesto que previene la infección. El solicitante no ha demostrado que la vacuna reivindicada al instante cumpla incluso el estándar más bajo establecido en la especificación, y mucho menos la definición estándar para ser operativa. Por lo tanto, las reivindicaciones cinco, siete y nueve no son operativas, ya que la vacuna contra el VIH (que es en lo que estaba Fauci trabajando), no es una utilidad patentable”, argumentó la oficina de patentes.

“Así que el propio Anthony Fauci fue informado por la oficina de patentes de que lo que proponía como vacuna no cumplía el estándar de patentes, el estándar legal o el estándar clínico”, subrayó Martin, para luego lamentarse: “Planteé estas cuestiones a partir de 2002, después del susto del ántrax, y la tragedia es que ahora estamos sentados en un mundo donde tenemos cientos de millones de personas que están siendo inyectados con una secuencia de computadora que es un patógeno estimulante, que se vende bajo lo que la oficina de patentes, la profesión médica, y la FDA y sus propias normas clínicas, no sugieren que sea una vacuna. Pero mediante el uso del término estamos ahora sometiendo a cientos de millones de personas a lo que se sabía que era, ya en 2005, un arma biológica”.

Una gran oportunidad lucrativa

La maquiavélica trama relatada por Martin a Fuellmich incluye además detalles sobre solicitudes de patentes realizadas por los CDC de Estados Unidos y diversos laboratorios que dejan al descubierto el modo en que se manejó información confidencial y se fueron moviendo las piezas con fines comerciales, anticipando lo que vendría.

Hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el documento “A World at Risk”, trazó un escenario en septiembre de 2019 sobre lo podría pasar “si hubiese una liberación accidental o intencional de un patógeno respiratorio”, meses antes de que hubiese un supuesto patógeno.

“Ya entonces escribían que deberíamos tener una experiencia global coordinada de una liberación de un patógeno respiratorio, que para septiembre de 2020 debía poner en marcha una capacidad global para la gestión de las relaciones públicas, el control de las multitudes y la aceptación de un mandato de vacuna universal”, concluyó.

Algunas de las patentes que menciona Martin a lo largo de la entrevista son: 6372224, 7220852, 7776521

Agustina Sucri https://kontrainfo.com/pandemia-un-montaje-que-comenzo-a-fraguarse-hace-20-anos-y-las-patentes-que-lo-prueban/

Shock, Brainwashing y Big Brother

Estamos asistiendo estos días a una agobiante e indecente campaña mediática en pro de la vacunación obligatoria con el subliminal mensaje -en el Estado español- de que se trataría de un debate, debate inexistente pues los llamados despectivamente «negacionistas» no tienen voz. O son insultados o ridiculizados. Dispone el discurso oficial dominante de los medios convencionales (prensa, radio, tv), los alternativos (Facebook, Twiter, Google, etc.), organismos internacionales (OMS, ONU, Agencias Médicas, Colegios), Gobiernos, etc., etc., y, aún así, no están seguros y se ponen nerviosos ante cualquier atisbo o manifestación de rechazo o crítica a sus mantras. Como, sobre todo, en Francia y sus manifestaciones -que ya no pueden ocultar- contra las restricciones cuasimilitares de su Gobierno que poco tienen que ver con lo sanitario y sí con el control social y lavado de cerebro (brainwashing) y el Gran Hermano (Big Brother). Porque vamos camino -delante de nuestras propias narices- de las distopías cada vez menos futuristas orwellianas.

En España se da un fenómeno perverso, anfibológico y logomáquico, y es que el Gobierno se puede permitir el lujo de blasonar de no imponer la vacunación obligatoria y fardar de «demócrata y liberal» cuando, en realidad, lo que subyace es este semantema: «no nos hace falta imponer por la fuerza o la coerción la vacunación obligatoria porque es tal la chapa y
pavor bestial que les insuflamos a diario en las mentes que las anulamos y paralizamos de terror hasta convertirlos en obedientes y obsecuentes corderitos que, si les decimos como a los carneros de Panurgo que se tiren por un barranco -«por su bien»-, se lanzan. Esto no es Francia». Se parece algo esta pandemia a la doctrina del shock de Naomi Klein en el
terreno de la psicología social y sus técnicas de despersonalización y adopción de nuevos patrones de comportamiento (mascarillas, confinamientos, toques de queda, etc.) mediante el bombardeo diario massmediático hasta sumir al individuo en un estado vegetal, catatónico. ¿Exageramos? Tal vez…

Y respecto del Gran Hermano, lo que más me pudre es que fue una obra –1984– escrita (en 1948) por un chivato -George Orwell- con claro y diáfano mensaje antisoviético ergo: anticomunista y, por supuesto, elevado a los altares en el «mundo libre». Pero resulta que la experiencia que vivimos de algo parecido, similar o semejante a lo descrito es bajo el capitalismo y sus secuelas y rémoras. Todo lo previsto en su libro -«Rebelión en la granja» es todavía más explícito en su intención reaccionaria- con la diferencia de que sus «efectos adversos» duran eternamente.

En fin, si yo fuera un buen chico que sigue y obedece lo que le digan y ordenen como borrego, diría en roman paladino: «sí, joder, ya vale, hostia, ya sabemos y hemos entendido que los «negacionistas» de los cojones son unos apestosos pirados iluminados terraplanistas, que son los malos, insolidarios e irresponsables, unos hijoputas, pero, mecagoendios, ¿es que ya no dan pelis de indios y vaqueros o tenemos que seguir aguantando esta brasa?»

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado

La pandemia, sea real o ficticia, que a efectos políticos tanto da, no ha sido la causa de nada nuevo, de nada que no se conociera antes, sino simplemente el catalizador de proyectos que el capitalismo tenía sobre la mesa para afrontar la mayor crisis que ha conocido a lo largo de su historia.

“A grandes males, grandes remedios”, dice el refrán y, en efecto, si no hubiera habido pandemia, se la hubieran tenido que inventar, lo mismo que la armas de destrucción masiva que Saddam Hussein tenía en su poder y que dieron lugar a la famosa frase de Karl Rove, el portavoz de la Casa Blanca entonces:

“Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras [Ustedes] estudian esa realidad —juiciosamente, si quiere— actuaremos de nuevo, creando otras nuevas realidades, que podrá estudiar de nuevo, y así las cosas continuarán. Somos [los creadores] de la historia […] Y Ustedes, todos ustedes, sólo tendrán que estudiar lo que hemos [creado]”.

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado. Es el reverso de la crisis que ya ha comenzado, una crisis a la vez económica, política e internacional. Es una crisis que no pueden mitigar de ninguna manera; a lo único que pueden aspirar es a sofocar el descontento social que va generar en el mundo entero.

La salud ha sido el pretexto para poner en marcha medidas represivas que no hubiera sido posible justificar de ninguna otra manera. Además, la salud ha permitido que el reformismo se convirtiera en el más sólido puntal del estado de guerra y las restricciones. Los grupos reformistas han afirmado muy claramente -incluso- que la represión implementada era poca y que estaban dispuestos a apoyar más restricciones, porque la salud es lo primero y está por encima de todo y de todos.

Para justificar su sucia labor de apoyo, los reformistas han vuelto a airear el fantasma de la “ultraderecha”, de manera que cualquier crítica era tachada de “negacionismo” y, en consecuencia, asimilada al fascismo. De esa manera el reformismo apoya la represión y quien la combate es un fascista; por lo tanto, son los fascistas los que luchan contra la represión…

Ese tipo de planteamientos han causado una enorme confusión, con la aparición de un nuevo arsenal de vocablos y neologismos, señal inequívoca de la profundidad de la crisis.

En medio de la misma, la burguesía ha puesto en marcha sus planes en apenas un año. Sólo con comprobar las que ya están en funcionamiento, cabe asegurar que marcarán para siempre el futuro de las formas de dominación y control social, especialmente en los países capitalistas avanzados. Lo que antes parecía ciencia ficcion, propia del cine fantástico, ya ha sido introducido entre los hábitos de millones de personas.

A los materialistas les gusta decir que la conciencia va por detrás del desarrollo de los acontecimientos, y aquí tienen uno de los mejores ejemplos. Da igual el tiempo que tarde la niebla en disiparse. Una nueva realidad se nos ha venido encima. En buena parte está trufada de tecnología y de informática, aunque eso no cambia en absoluto el hecho de que se trata de medidas de control social y de dominación política que no sustituyen a las anteriores, sino que las complementan.

El Senado francés lo ha explicado con mucha claridad: a diferencia de las restricciones “físicas”, que no se pueden soportar si se prolongan en el tiempo, las digitales son permanentes y en consecuencia, cumplen el mismo papel mucho más eficazmente (*):

“Las oportunidades de uso de las tecnologías digitales son inmensas, y la crisis de Covid-19 sólo ha dado una muestra de los muchos casos de uso posibles a corto, medio y largo plazo.

“Aunque la pandemia de Covid-19 no ha terminado, y es probable que no sea ni la última ni la más fuerte, sería irresponsable no aprovechar estas oportunidades. Las restricciones generalizadas de las libertades ‘físicas’ en los últimos meses son cada vez más insostenibles. No son sostenibles ni siquiera muy eficaces en comparación con lo que permitiría un uso más sistemático de la tecnología digital.

“El uso de la tecnología digital permitiría un control preciso del cumplimiento de las medidas sanitarias, a escala individual y en tiempo real: a cambio, las restricciones podrían dirigirse a un número reducido de personas, y ser más limitadas en el tiempo, sin dejar de ser lo más eficaces posible. Quizás el día de mañana, gracias a la tecnología digital, podamos recuperar nuestras libertades ‘físicas’ más rápidamente, o incluso no renunciar a ellas nunca, y tener pandemias sin confinamiento, aunque no haya vacuna ni tratamiento”.

No se trata de algo exclusivo de las crisis sanitarias sino a cuaquier clase de crisis y, por lo tanto a cualquier situación política y social, porque las crisis las definen los gobiernos respectivos, tanto si son reales, como si son simuladas, o si son exageradas:

“Los casos de uso más evidentes [de las herramientas informáticas] se refieren al control del cumplimiento de las normas destinadas a limitar la transmisión del virus (pase sanitario, toques de queda, confinamientos, cuarentenas, etc.), lo que implica el cruce de tres tipos de datos: los datos de identificación, los datos médicos y los datos de localización (desde los más intrusivos, con el seguimiento por GPS, hasta los más ligeros y ocasionales, con el acceso condicionado a determinados lugares, pasando por los datos de localización relativa con el rastreo de contactos).

“La utilidad de las herramientas digitales en la gestión de crisis va más allá del ámbito sanitario y se extiende a otros tipos de crisis […] que tienen en común que presentan un peligro elevado e inminente para la población, lo que exige una respuesta rápida y eficaz. Pueden ser el resultado de un ataque deliberado (convencional o terrorista, en particular bioterrorista), pero también de un accidente industrial o de una catástrofe natural […] Todas estas situaciones pueden requerir la rápida identificación de las personas, la evaluación de su estado de salud o de los riesgos a los que se enfrentan, y su localización precisa para poder prestarles ayuda”.

A buen entendedor…

(*) http://www.senat.fr/rap/r20-673/r20-6738.html

Un virus desenmascara una supuesta ideología progresista de izquierdas y abertzale

En algún medio de comunicación vasco (“Sustatu”) y por parte de determinadas personas (Luistxo Fernández) se permiten el denostar a un medio digital como “Independentea”, y con ello, a todo aquel que haya escrito en este medio con un mínimo sentido crítico y por lo tanto muchas dudas razonables sobre lo que está aconteciendo con esta pandemia, cuando en realidad la duda razonable es un elemento esencial en el progresismo y la izquierda, por lo que este virus lo primero que ha hecho es desenmascarar a estos falsos progresistas de izquierdas y abertzales.

Algo parecido se puede decir con respecto a “Maldita” y “Newtral”, y otros medios de comunicación vascos, que con la vitola de ecuanimidad y progresista, lo que realmente están haciendo es servir fielmente al discurso oficial, que es quien les paga, y, al igual que ese mencionado medio de comunicación vasco, sin dar opción a debatir científicamente las diferentes posiciones. Siempre es más fácil denostar sin debatir que debatir sin denostar. Valga la ocasión para recordar que estas difamaciones antes de difundirlas hay que contrastarlas con la fuente, como así lo hice en su día con los medios españoles “Newtral” y “Maldita”, consiguiendo que al final –al no aceptar ellos dicho contraste de opinión– no lograsen calificarlo de bulo. Estos medios, como los citados junto con otros medios de comunicación vascos, lo que están haciendo es una praxis propia de estados dictatoriales donde se persigue la libertad de pensamiento a cambio del enriquecimiento crematístico utilizando herramientas propias de tiempos pasados que, yo por lo menos, en ningún momento deseo volver a tener que sufrir.

En dicho medio vasco se permiten calificar con epítetos de que los que somos críticos con la pandemia somos unos mentirosos, no teniendo la valentía de decirlo de frente y de estar dispuesto a un debate con el fin de saber quién es el que realmente miente, es decir, nuevamente este virus ha desenmascarado la cobardía de muchas personas que se las dan de luchadores vascos por la verdad, la justicia y la soberanía de nuestro pueblo.

La izquierda abertzale oficial en su momento nos dijo que tenía asesores científicos para la pandemia y, puedo decirlo alto y claro, en su momento me ofrecí para colaborar con los asesores que tuviesen, como lo había hecho en otras ocasiones en asuntos relacionados con mi profesión, siendo mi sorpresa que al final ni aceptaron mi colaboración ni realmente tenían asesor alguno, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado la realidad de lo que se ha convertido un partido político que se suponía diferente al resto, pero que al final no deja de ser como cualquier otro partido político, al utilizar la política como su medio de vida aparcando su ideario político esencial. Y ahí, en ese concepto de vivir de la política, es donde encajan perfectamente personas como la comentada anteriormente en relación a los medios de comunicación.

En esta pandemia, esta izquierda abertzale ha llegado a pedir mucha más dureza en las medidas restrictivas, a apoyar la vacunación de todo el mundo incluso haciendo campaña de ella, y no ha sido capaz de ponerse de frente a los despropósitos de los profesionales de la educación y la manera inaceptable desde el punto de vista humano con la que se ha tratado a los pequeños y a los adolescentes en las ikastolas y escuelas, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado la cara más controladora de un supuesto progresismo abertzale más propio de una opción ideológica conservadora y poco democrática.

Igualmente, durante esta pandemia esta izquierda abertzale nos ha trasmitido el mensaje de la necesidad más rastreadores y más test de PCR, es decir, cuanto más test más positivos, sin hacer la mínima crítica a cómo se ha utilizado la incidencia acumulada a catorce días, elevándola y bajándola a libertad de las medidas restrictivas que se iban adoptando. Claro, a una opción progresista que utiliza la demagogia economía vs. salud, parece ser que sólo le interesa la economía de los que tienen el sueldo y el puesto de trabajo asegurados, dejando de lado a sectores que precisamente con esas medidas restrictivas han dejado de tener tanto ese sueldo como ese puesto de trabajo fijo, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado a opciones que son propias del neoliberalismo y no del progresismo.

Lo mismo podríamos decir sobre el desenmascaramiento de este virus al progresismo abertzale si hablamos de los confinamientos y la poca altura de miras, para no ver que científicamente no era lo acertado (claro, no tenían asesores) y que desde el punto de vista social y económico es lo menos progresista que se puede dar, o bien del cierre de la atención primaria en la sanidad pública, elemento esencial en una ideología progresista. Pero la reivindicación versaba sobre hacer más test a los sanitarios y ponerles más medios de seguridad o bien que se quedasen en casa trabajando, eso sí, estos cobrando, mientras que otros trabajadores se tenían que quedar obligadamente en casa sin cobrar. Si la propuesta es que éstos últimos entren en la rueda del subvencionismo, además de ser pan para hoy y hambre para mañana, eso supone acabar dependiendo del poder instituido, lo cual acaba siendo un voto cautivo. Señores de la izquierda abertzale, ¿saben a favor de quién va a ir ese voto cautivo? Supongo que ya saben la respuesta: a quien tiene el poder en Euskadi, no hace falta ser muy listo.

La izquierda abertzale en ningún momento se ha opuesto a las medidas restrictivas llevadas a cabo por el Gobierno Vasco, es más, en muchas ocasiones le han parecido suaves, como en ningún momento se ha opuesto al chantaje del pasaporte verde de la vacuna de la covid, que, además de utilizarla para penalizar el ocio, se puede utilizar para conservar los puestos de trabajo, y lo que es todavía más impropio de una opción de izquierdas: el que se pueda utilizar para el control de la inmigración, como ya se está haciendo en algunos países de Europa. Señores de la izquierda abertzale, ¿es que alguien que venga escapando en un cayuco va a tener el pasaporte verde en regla? Es decir, nuevamente este virus ha desenmascarado las opciones del progresismo abertzale.

Si hablamos de la ley antipandemia que se quiere aprobar en el Gobierno Vasco, aunque la izquierda abertzale no esté de acuerdo, los argumentos que utiliza no son sobre la falta de contenido democrático y de respeto de los derechos individuales y colectivos, sino sobre tener una ley más soberana para, en su caso, poder adoptar medidas más restrictivas. Y mi parecer es que yo, que me considero soberanista, no quiero una soberanía basada en la falta de respeto a los derechos y con total sesgo antidemocrático; mi concepto de soberanía es el del total respeto de las ideas y derechos, y por supuesto plenamente democrática.

Es curioso que, con esta ley antipandemia y otras medidas que se han adoptado durante esta pandemia, muchos ciudadanos que fuimos partícipes del no apoyo a la Constitución y por tanto al régimen del 78, posición avalada por la izquierda abertzale, en este momento estemos deseando que el Constitucional declare la ilegalidad de esta ley. Señores de la izquierda abertzale, como sigan así, van a conseguir que España logre que los vascos acepten el sistema constitucional y, por ende, den un respiro al régimen del 78.

Cuando los partidos abertzales no creen en su propio país, es decir, cuando pervierten el concepto de soberanía y aceptan lo que podríamos considerar que es una soberanía mal entendida.

Realmente tanto PNV como EH Bildu nos han transmitido que se necesita una verdadera soberanía, pero muchos, creyendo en la soberanía, nos preguntamos: ¿para qué queremos tener una República Vasca soberana si esta no me respeta mis derechos y libertades? ¿Es que queremos la soberanía para plantear más dureza en las restricciones con la demagogia de economía vs. salud, como se ha venido haciendo por parte de ciertas opciones políticas?

La realidad es que en esta pandemia, con un verdadero asesoramiento científico, sin la utilización demagógica de la estadística epidemiológica, realizando políticas de salud pública y sanitarias propias y con una dosis importante de pedagogía en la población, se hubiese establecido un marco diferente donde los partidos abertzales (mayoría de la cámara de Gasteiz) podrían haber hecho valer y haber ejercido una verdadera soberanía con estrategias propias y diferentes a las del estado español, de manera que el Gobierno de España no hubiese tenido capacidad de maniobra salvo la de la fuerza, la cual hubiese significado el principio del fin de la sumisión de los vascos al estado español, pero la realidad es que hemos perdido una ocasión inmejorable para hacerlo por la sumisión a lo que establecía el Estado español y al globalismo neoliberal.

De verdad que, cuando estos medios de comunicación nos colocaban a los críticos con la pandemia al lado de posturas de ultraderecha como Bolsonaro o Trump (ahora curiosamente es Biden, candidato por el que apostaba precisamente la izquierda), la realidad es que esa falta de visión, en la que los árboles no les han dejado ver el bosque, es la que ha colocado a la izquierda abertzale, con la defensa de su postura durante esta pandemia, en la defensa de las posturas del globalismo neoliberal más profundo.

Esta persecución, que ha llegado en algunos casos al acoso, es de tal nivel que no sólo se han dedicado a denostar a determinadas personas por tener un espíritu crítico de lo que estaba ocurriendo con la pandemia, sino que, no conforme con ello, se ha utilizado de forma peyorativa el término “negacionista” cuando este término tiene unas connotaciones claras de ideologías fascistas y que devienen de la época en que los nazis negaban el “holocausto”, siendo, por lo tanto, desde todo punto de vista rechazable por parte de aquellas personas que han colaborado con “Independentea” y motivo más que suficiente para querellarse contra determinadas personas de determinados medios de comunicación por haber practicado la calumnia y el acoso.

Fuente: EuskalNews

240.000 manifestantes en la cuarta jornada de movilizaciones contra el pasaporte de vacunas en Francia

Ayer salieron a la calle 240.000 manifestantes en Francia, de los cuales 17.000 en París, según las cifras oficiales del gobierno. Se trata de un nuevo récord para los opositores a los pasaportes sanitarios y la vacunación obligatoria.

Tras una gran movilización el 31 de julio, volvieron a hacerlo el 7 de agosto, al día siguiente de que el Consejo Constitucional emitiera su veredicto sobre el proyecto de ley promovido por el gobierno para acelerar la campaña de vacunación en Francia.

Tras reunir a 114.000 manifestantes el 17 de julio, 161.000 el 24 de julio y 204.090 el 31 de juli, siempre según las cifras oficiales, las movilizaciones contra el pasaporte sanitario han alcanzado un nuevo hito al sacar a la calle a más del doble de manifestantes que cuatro semanas antes.

Como en los tres sábados anteriores, se observaron puntos de concentración en casi 200 ciudades, donde volvieron a sonar consignas como “¡Libertad!”, “¡Macron, no queremos tu pasaporte!” o “¡No toques a nuestros hijos!”. Desde los discursos públicos hasta las pancartas reivindicativas, sin olvidar el himno nacional cantado espontáneamente varias veces en algunas marchas, esta nueva jornada de movilizaciones se desarrolló en buenas condiciones en general, con la excepción de algunas tensiones efímeras en la capital y de algunas refriegas en otras ciudades como Lyon y Toulouse.

En París se celebraron cuatro manifestaciones. En una de ellas el diputado de Essonne Nicolas Dupont-Aignan animó a los franceses a “apoyar a los que resisten”. A menos de un año de las elecciones presidenciales, el fundador de Francia en Pie también llamó a la población a “echar al oligarca [Macron] que está matando el espíritu de Francia”.

En otra manifestación François Asselineau, presidente de la Unión Popular Republicana, declaró que el pasaporte sanitario “no es algo científico, es algo político. Los franceses han comprendido que lo que hay detrás es una evolución de la sociedad hacia un control social cada vez mayor”.

A lo largo de la semana Asselineau ha recordado que Pfizer tiene “una larga historia de corrupción y fraude” y que financió al Partido Socialista francés clandestinamente.

Es algo conocido. Fue destapado por el antiguo ministro de Hacienda, Jérôme Cahuzac, en 2016. Interrogado durante su juicio por fraude fiscal sobre los pagos de Pfizer a una cuenta abierta en Suiza en 1992, Cahuzac admitió que en 1993 se habían realizado “dos pagos de los laboratorios Pfizer” para la financiación de los socialistas.

El dinero estaba destinado a financiar las actividades del Primer Ministro, el socialista Michel Rocard. “El dinero no pudo salir de las cuentas oficiales del laboratorio”, añadió Cahuzac durante su juicio.

No es de extrañar que los reformistas y la izquierda domesticada sean los principales sostenes de las medidas aprobadas durante la actual pandemia.

Truman sabía que en 1945 Japón se hubiera rendido sin necesidad de lanzar bombas atómicas

Durante 75 años en Estados Unidos se ha aceptado que el lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y sobre Nagasaki tres días después fue la única forma de terminar la Segunda Guerra Mundial sin una invasión que habría costado cientos de miles de vidas estadounidenses y posiblemente millones de japonesas. Lógicamente, las bombas no sólo pusieron fin a la guerra, sino que lo hicieron de la forma más humana posible.

Sin embargo, las abrumadoras pruebas históricas de los archivos estadounidenses y japoneses indican que Japón se habría rendido en agosto incluso si no se hubieran utilizado las bombas atómicas, y los documentos demuestran que el presidente Truman y sus asesores más cercanos lo sabían.

La exigencia de los aliados de una rendición incondicional hizo que los japoneses temieran que el emperador, al que muchos consideraban una deidad, fuera juzgado como criminal de guerra y ejecutado. Un estudio del Mando del Pacífico Sudoccidental del general Douglas MacArthur comparó la ejecución del emperador con “la crucifixión de Cristo para nosotros”.

“La rendición incondicional es el único obstáculo para la paz”, envió el ministro de Asuntos Exteriores Shigenori Togo al embajador Naotake Sato, que se encontraba en Moscú el 12 de julio de 1945 tratando de convencer a la Unión Soviética de que negociara unas condiciones de rendición aceptables en nombre de Japón.

Pero la entrada de la Unión Soviética en la guerra el 8 de agosto lo cambió todo para los dirigentes japoneses, que reconocieron en privado la necesidad de rendirse rápidamente.

Los servicios de inteligencia aliados llevaban meses advirtiendo que la entrada de la Unión Soviética en la guerra obligaría a los japoneses a rendirse. Ya el 11 de abril de 1945, el Estado Mayor Conjunto de Inteligencia había predicho: “Si en algún momento la URSS entra en la guerra, todos los japoneses comprenderán que la derrota absoluta es inevitable”.

Truman sabía que los japoneses estaban buscando una forma de terminar la guerra; había descrito el cable interceptado desde Togo el 12 de julio como “un telegrama del Emperador de Japón pidiendo la paz”.

Truman también sabía que la invasión soviética dejaría a Japón fuera de la guerra. En la cumbre de Potsdam, en Alemania, el 17 de julio, después de que Stalin le asegurara que los soviéticos llegaban a tiempo, Truman escribió en su diario: “Estará en la guerra de Japón el 15 de agosto. No habrá más japoneses cuando eso ocurra”. Al día siguiente le aseguró a su esposa: “¡Ahora terminaremos la guerra un año antes, y piensa en los niños que no morirán!”.

Los soviéticos invadieron la Manchuria controlada por Japón en la medianoche del 8 de agosto y destruyeron rápidamente el venerable Ejército de Kwantung. Como era de esperar, el ataque traumatizó a los dirigentes japoneses. No podían librar una guerra en dos frentes, y la amenaza de una toma de posesión comunista del territorio japonés era su peor pesadilla.

El 13 de agosto, el primer ministro Kantaro Suzuki explicó que Japón debía rendirse rápidamente porque “la Unión Soviética tomará no sólo Manchuria, Corea y Karafuto, sino también Hokkaido”. Esto destruiría los cimientos de Japón. Debemos terminar la guerra cuando podamos tratar con Estados Unidos”.

Aunque la mayoría de los estadounidenses no estén familiarizados con esta historia, el Museo Nacional de la Marina de los Estados Unidos en Washington, afirma inequívocamente en una placa con su exposición sobre la bomba atómica: “La vasta destrucción causada por el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki y la pérdida de 135.000 vidas tuvo poco impacto en el ejército japonés. Sin embargo, la invasión soviética de Manchuria […] les hizo cambiar de opinión”. Pero en internet, la redacción se modificó para presentar los bombardeos atómicos de forma más positiva, lo que demuestra una vez más cómo los mitos pueden superar las pruebas históricas.

En 1945, siete de los ocho oficiales de cinco estrellas del Ejército y de la Armada de Estados Unidos coincidieron con la vitriólica evaluación de la Marina. Los generales Dwight Eisenhower, Douglas MacArthur y Henry “Hap“ Arnold, así como los almirantes William Leahy, Chester Nimitz, Ernest King y William Halsey, declararon que las bombas atómicas eran innecesarias desde el punto de vista militar, moralmente reprobables o ambas cosas.

Nadie fue más apasionado en su condena que Leahy, el jefe de personal de Truman. Escribió en sus memorias “que el uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no fue de ninguna ayuda material en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y listos para rendirse […] Al ser los primeros en utilizarla, habíamos adoptado una norma ética común a los bárbaros de la Edad Media”.

MacArthur creía que el uso de las bombas atómicas era inexcusable. Más tarde escribió al ex presidente Hoover que si Truman hubiera seguido el consejo “sabio y estadista“ de Hoover de cambiar sus condiciones de rendición y decir a los japoneses que podían conservar a su emperador, “los japoneses lo habrían aceptado y con gusto, no me cabe duda”.

Antes de los bombardeos, Eisenhower había insistido en Potsdam en que “los japoneses estaban listos para rendirse y no había necesidad de golpearlos con esta cosa horrible”.

Las pruebas demuestran que tenía razón, y el avance del Reloj del Juicio Final nos recuerda que la violenta inauguración de la era nuclear debe quedar confinada al pasado.

Gar Alperovitz y Martin J. Sherwin https://news.yahoo.com/op-ed-u-leaders-knew-100525153.html

Espionaje, contraespionaje, contraguerrilla y manipulación social para instaurar el Reino de Cristo en la Tierra

Copias de correos electrónicos contenidos en los más de 17.000 archivos de la organización fascista española Hazte Oír –revelados por WikiLeaks– dan cuenta del testimonio del filósofo y exyunquista López Luengos, en el que describe el método de espionaje-contraespionaje, ocultación y control de El Yunque. En España, la asociación secreta de origen mexicano basa su estructura orgánica en células independientes; sus miembros usan seudónimos y espían a sacerdotes, obispos y movimientos, a los cuales infiltran; usan los métodos del “choque de carneros”, el conflicto, la polarización, la “contraguerrilla” y las amenazas. Su objetivo: alcanzar el poder político para “instaurar el Reino de Cristo en la Tierra.

Los más de 17.000 archivos que WikiLeaks reveló de la fascista Hazte Oír contienen copias de correos electrónicos relacionados con la asociación secreta de origen mexicano El Yunque. Entre éstos destaca un correo escrito por el filósofo y exyunquista Fernando López Luengos, dirigido, entre otros, al reaccionario Ignacio Arsuaga, presidente de la organización española, donde da cuenta del actuar de los yunquistas para alcanzar el poder político y con éste “instaurar el Reino de Cristo en la tierra”.

En éste se adjunta un archivo pdf con su testimonio, que posteriormente fue avalado por el Ministerio Fiscal en el procedimiento ordinario 285/2012 interpuesto en el Juzgado de Primera Instancia número 45 de Madrid, y por el cual se solicitaba a la justicia española que Hazte Oír fuera disuelta porque formaba parte de El Yunque. En éste, López Luengos describía el método de espionaje y contraespionaje, ocultación y control que emplea El Yunque en España.

La asociación secreta de origen mexicano, aseguraba el filósofo y exintegrante de la misma, basa su estructura orgánica en células independientes similares a las de los servicios de inteligencia convencionales: “cada célula desconoce la existencia y composición de otras células. Sus miembros tienen prohibido saludarse en público y actúan como si no se conociesen (salvo que hubiera entre ellos alguna relación natural anterior). En sus reuniones deben guardar severas medidas de seguridad: tienen que aparcar su vehículo a dos manzanas del lugar, sólo pueden entrar en grupos de dos o tres personas, deben quitar las baterías a sus [teléfonos] móviles, deben inspeccionar las ventanas del recinto y examinar posibles cámaras ocultas, etcétera”.

Todos los integrantes del Yunque actúan bajo seudónimos y, por juramento, están obligados a guardar el más riguroso secreto sobre la organización, sobre sus estrategias y sus miembros. “Para ello, desde sus inicios trabajan en pre-organizaciones secretas –que no son propiamente El Yunque aunque están dirigidas por el mismo–, son entrenados en técnicas de engaño utilizando mentiras planificadas y sistemáticas, que incluyen la ocultación de toda información a los propios padres, incluso en el caso de adolescentes menores de edad”.

El testimonio del filósofo y exyunquista habla del uso sistemático de un “sistema de inteligencia interior”, que opera a través de dos áreas establecidas a las que El Yunque denomina secretarías de Información y de Higiene. Éstas se encargan del control informativo, pues entre otras cosas bloquean cualquier información no autorizada entre los miembros dependiendo de su rango (“los miembros inferiores ignoran muchos datos esenciales y obedecen ciegamente”), además de detectar a delatores. Los integrantes tienen prohibido investigar al Yunque y deben conformarse con los datos que les sean revelados para desempeñar las misiones que les encomiendan.

En forma particular, la Secretaría de Higiene es la que establece las normas de seguridad generales y ordena quién es el encargado de este tema en cada reunión del grupo, así como de generar las instrucciones específicas que deben cumplir los miembros.

Por su parte, la Secretaría de Información opera en dos frentes: el externo y el interno. En el primero se incluye la “recogida sistemática de información de gente ajena a la organización. Para ello, desde los primeros años de pertenencia a la organización se acostumbran a hacer semanalmente informes sobre cualquier persona o entidad que pueda ser de algún modo útil a la organización. Estos informes son recogidos y clasificados en un centro de control (Secretaría de Información). […] Este sistema de espionaje, fiel a su criterio de primordialidad sobre cualquier realidad familiar o social, ha incluido en algunos casos [de menores de edad cooptados] la realización de informes sobre los propios padres. E igualmente afecta a todo tipo de realidad eclesial: sacerdotes, obispos o responsables de movimientos son espiados. Y sus movimientos, cuando son de algún interés para la organización, son registrados en informes que se envían puntualmente. En algunos casos se hace un seguimiento exhaustivo”.

Aunado a ello, miembros del grupo político Yunque se infiltran en órganos directivos de asociaciones y organizaciones “que luchan por la vida, por la familia o por la libertad de educación”, movimientos eclesiales, en distintos medios de comunicación y en grupos políticos, y “lo han intentado en diversos movimientos y en plataformas dirigidas por laicos cristianos, para desde ahí influir en la sociedad”. A través del secretismo también se infiltran entre gente de la Iglesia.

“Durante años, los miembros del Yunque en España han trabajado utilizando la energía de la gente que trabajaba con ellos sin que éstos supieran su pertenencia a la organización ‘reservada’ e ignorando sus segundas intenciones”, señalaba el exyunquista y reconocido ultraconservador.

Del testimonio de López Luengos se desprende que en el ámbito interno también se dan labores de espionaje y de contraespionaje, al usar a “miembros fieles que fingen descontento para ganarse la confianza de los desencantados o de los posibles desertores para neutralizar su influjo o sus planes. Es un delicado sistema de espionaje y contraespionaje interior que afecta también a personas externas de las que se sospecha pueden llevar a cabo acciones contra el secreto de la organización”.

Respecto del espionaje, apunta que “han engañado durante años a personas cuya confianza conquistaron, para obtener información privilegiada para los fines de su organización (para lograr el control y poder y para promocionar a la propia organización)”.

El testimonio de López Luengos, que se basa no sólo en su experiencia sino en las de otras 30 personas que fueron cooptadas por El Yunque o tuvieron relación con sus miembros, apuntaba que cuando queda al descubierto un integrante o una actividad de la organización, “utilizan también los medios de ‘contraguerrilla’ convencionales, que incluyen el descrédito del delator y también las amenazas”.

Agregaba que “cuando algunas personas que les descubrieron han querido advertir a otros para que no sufrieran la misma decepción y para evitar que fueran manipulados y utilizados, los miembros del Yunque, lejos de aceptar este hecho, han actuado enérgicamente para mantener el secreto quebrantando violentamente la caridad cristiana: han difamado cruelmente a los que los descubrieron, han provocado a veces por acción y otras veces por omisión, su linchamiento tratándoles de enemigos del movimiento objetor o de la causa provida y difamándoles públicamente e incluso en medios de comunicación. También han recurrido a amenazas legales cuando han temido que alguien publicara sus acciones en internet”.

En contextos que consideran adversos o en los cuales puede quedar al descubierto su actuar, los yunquistas y filo-yunques “habitualmente aplican como método el ‘choque de carnero’, el conflicto y la polarización”. En estos escenarios, apuntaba que los cristianos de diversos movimientos y realidades eclesiales “ingenuamente no aciertan a creer que un cristiano comprometido sea capaz de utilizar la confianza y amistad para espiar, infiltrarse e intentar dominar cualquier realidad social y religiosa”.

Por todo ello, el filósofo López Luengos consideraba que “el error –grave error– [de El Yunque] radica en pretender hacer una lectura del Evangelio desde los presupuestos de un grupo político que actúa en secreto buscando una eficacia elevada por medio de sus estrategias de control de poder y de ocultación, hasta el punto de adoptar de manera sistemática el método del tradicional servicio de inteligencia tan determinante durante los años de la Guerra Fría”.

—https://contralinea.com.mx/el-yunque-sus-metodos-de-espionaje-contraespionaje-contraguerrilla-y-manipulacion-social/

Las restricciones sanitarias son sólo para los ‘pringaos’

La pandemia y las subsiguientes medidas restrictivas son un asunto de clase social. Los millonarios de todo el mundo no han guardado cuarentena, han viajado y han organizado sus propias fiestas, sin mascarillas, ni distancia de seguridad y, sobre todo, sin que la policìa les tire a puerta abajo porque metían mucho ruido.

En España sólo le han pillado al bocazas de Revilla, incluso fumándose un puro en un restaurante, pero han trascendido muchos más casos, que ningún medio ha querido publicar. En los restaurantes de lujo hay reservados en los que se pueden ver las mesas para las grandes comilonas, con los ceniceros encima para que no falte de nada. La policía no entra nunca a ese tipo de sitios.

En Francia han sorprendido a políticos, jueces y grandes capitalistas en comidas, reuniones y fiestas en plena cuarentena. Ningún empresario ha cancelado su agenda por el toque de queda.

Lo mismo ha ocurrido en Nueva Zelanda, donde la cuarentena es tan estricta que la población lleva semanas encerrada en sus casas a cal y canto. Los puertos y aeropuertos también permanecen cerrados al tráfico… para casi todos. Incluso muchos nacionales que salieron de viaje no han podido regresar a sus casas.

Al multimillonario Larry Page, cofundador de Google, que aparece en la foto de portada, esas restricciones no le afectan. Compró una de las islas Fiji y el gobierno le permitió entrar en el país para que pudiera descansar en su remanso de paz.

La prensa lo ha publicado y se ha montado el correspondiente revuelo. A Page la policía debería haberle encerrado en uno de los albergues habilitados para pasar los 14 días reglamentarios de cuarentena, como todos los demás: encerrado.

Dicen los medios que como ni siquiera es residente en el país, no le deberían haber permitido la entrada. Pero donde hay una regla siempre hay una excepción. El Ministerio de Sanidad autorizó su entrada porque la ley no es igual para todos.

“El gobierno debe responder por qué el multimillonario Larry Page, cofundador de Google, fue autorizado a entrar en Nueva Zelanda mientras que los kiwis desesperados y las familias separadas no pueden cruzar la frontera”, dijo David Seymour, dirigente del Partido Neozelandés, que está en la oposición.

El Tribunal Constitucional alemán rechaza la ilegalización del Partido Comunista

El 28 de julio el Tribunal Constitucional estimó la demanda del Partido Comunista de Alemania contra la inadmisión de su candidatura a las elecciones al Bundestag y la privación de su estatus de partido político.

En plena pandemia, la medida era un ensayo y una verdadera provocación, dado que dicho Partido es residual desde el punto de vista electoral y apenas tiene otra actividad política diferente.

En todo el mundo, la ley marcial y las restricciones sanitarias siempre han sido el caldo de cultivo ideal para la represión política porque mantiene distraída la atención de los movimientos populares.

No es ninguna casualidad que, lo mismo que Alemania, también en España el gobierno haya intentado algo parecido con Izquierda Castellana, y cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Sin embargo, en este tipo de medidas políticas represivas, en Alemania llueve sobre mojado y las medidas contra los comunistas presagian un futuro nada esperanzador para los derechos y las libertades fundamentales.

Patrik Köbele, su presidente, ha declarado: “El Tribunal Constitucional Federal ha rechazado hoy el intento de poner en peligro la existencia del Partido Comunista de Alemania (DKP) por medios burocráticos y de prohibirle presentarse a las elecciones al Bundestag”.

La sentencia es un revés para la Comisión Electoral, dice Köbele, ya que confirma que el DKP es un partido político activo, con especial referencia al mitin del DKP en el 80 aniversario del ataque nazi contra la Unión Soviética.

En un comunicado público el dirigente del DKP atribuye la decisión a “nuestra lucha jurídica y política”, así como a “la gran solidaridad nacional e internacional de la que hemos gozado”.

La solidaridad internacional superó las expectativas del Partido. “Más de 50 partidos comunistas y obreros, el Consejo Mundial de la Paz, la Federación Mundial de la Juventud Democrática y muchas organizaciones progresistas mostraron su solidaridad con nosotros. Fue una gran demostración de internacionalismo. En todas partes se hizo público este intento de las fuerzas reaccionarias contra nosotros. Los miembros de los partidos hermanos utilizaron el Parlamento Europeo para apoyar al DKP. Estamos orgullosos de formar parte de esta comunidad internacionalista. Se lo agradecemos de todo corazón. Este ejemplo muestra lo importante que es la solidaridad y lo que puede conseguir”.

La solidaridad ha sido un acicate para que el DKP acuda a la próxima campaña electoral con más energía, si cabe, añade Köbele, para luchar por nuestras reivindicaciones políticas y para fortalecer el DKP, ahora más que nunca.

La victoria del DKP es un pequeño triunfo en la lucha contra el desmantelamiento de los derechos democráticos y contra la reestructuración reaccionaria de los aparatos del Estado, dice el comunicado.

Criticar a los ‘expertos’ como Fauci también es un delito de odio

Con una pandemia tan prolongada, los “expertos” se han visto metidos en un fuego cruzado al que no están acostumbrados. Se creían los reyes del universo y siempre había supuesto que los demás son borregos que deben seguir sus pasos.

No basta con censurar a los que no estén de acuerdo con ellos: deben ser perseguidos por la policía los fiscales y los jueces; deben ser encarcelados.

El diputado Paul Tonko, del partido demócrata, ha presentado un proyecto de ley en el Congreso de Estados Unidos, conocido como Ley de Integridad Científica, para proteger a los científicos que asesoran al gobierno estadounidense de las “injerencias políticas”.

Para Peter Hotez, profesor del Instituto Baylor de Medicina, eso no es suficiente: la protección de los científicos que asesoran al gobierno debería extenderse a los académicos de las universidades e institutos de investigación privados.

Hotez, que aparece en la foto de portada, ha publicado un artículo en una revista científica, Plos Biology, en el que propone que criticar a Anthony Fauci y a otros “expertos” de la misma ralea sea consderado como un “delito de odio” (*).

En Estados Unidos Hotez es uno de esos “expertos” que participa habitualmente en las cadenas de televisión CNN y MSNBC y no le gusta que critiquen sus imbecilidades, que son muchas. Por eso aboga por llevar al banquillo de los acusados a los que no le ríen sus gracias.

Según Hotez, una “banda de miembros ultraconservadores del Congreso de Estados Unidos y otros funcionarios de extrema derecha están llevando a cabo ataques organizados y aparentemente bien coordinados contra destacados científicos biólogos estadounidenses”.

Los “extremistas de extrema derecha” están envalentonados. Cuestionan la respuesta a la pandemia y las vacunas y lanzan “agresiones anticientíficas”.

El “experto” saca a relucir las habituales comparaciones con los nazis para concluir que “no actuar es una aprobación tácita y una garantía de que la integridad y la productividad de la ciencia en Estados Unidos se erosionarán o perderán terreno”.

“Deberíamos considerar la posibilidad de ampliar los mecanismos de protección para los científicos que actualmente son objetivo del extremismo de derechas en Estados Unidos”, escribe.

Ahora pensemos por un momento en la categoría que tiene un revista de biología que publica este tipo de basura seudocientífica.

(*) https://journals.plos.org/plosbiology/article?id=10.1371/journal.pbio.3001369

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