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Japón vuelve a poner en marcha las centrales nucleares diez años después de Fukushima

Tras la catástrofe de Fukushima en 2011, el gobierno japonés cerró las 54 centrales nucleares. Diez años después vuelve a poner en marcha una parte de ellas.

El último de los reactores de Japón (Tomari-3) se desconectó para mantenimiento el 5 de mayo de 2012, dejando a Japón sin energía eléctrica producida por energía nuclear por primera vez desde 1970.

La central de Mihama, en el centro de Japón, se cerró por completo tras el accidente nuclear de Fukushima y en junio ha vuelto a encender el reactor número 3, que tiene de 40 años de antigüedad.

No obstante, el gobierno ha cambiado el reglamento de seguridad.

Mihama se convierte así en la primera central nuclear que funciona en Japón más allá de los 40 años, desde la aplicación de las nuevas normas de seguridad, dijo el presidente de Kansai Electric Power, Takashi Morimoto.

También es el primer reinicio de un reactor nuclear en Japón desde 2018.

El gobierno japonés es partidario de reactivar la energía nuclear, imprescindible para entrar en la carrera armamentista, para reducir la elevada dependencia energética actual del país y cumplir con los objetivos de reducción de emisiones, que es un pretexto muy socorrido en estos casos.

A finales de abril, Tatsuji Sugimoto, gobernador de la prefectura de Fukui, donde se encuentra la central de Mihama, eliminó el último obstáculo reglamentario para la reanudación del reactor.

Dos reactores de la central de Takahama, también con más de 40 años de antigüedad y situados en la misma prefectura de Fukui, también han recibido luz verde de los gobiernos locales, pero aún no han vuelto a funcionar debido a los trabajos de mejora en curso.

Junto con Mihama, ya son diez los reactores activos en Japón, frente a los 54 de hace diez años. Se ha decidido el desmantelamiento de una veintena de reactores, incluida la central de Fukushima.

Por razones militares, la energía nuclear es una prioridad estratégica de Japón. En 2007 firmó con Estados Unidos el Plan de Acción Conjunto de Energía Nuclear con el objetivo de establecer un marco para la investigación y el desarrollo conjuntos de tecnología de energía nuclear.

En 2019 la participación de la energía nuclear en la generación de electricidad fue solo del 6,2 por ciento, frente al 30 por cien anterior a 2011. De hecho, en aquel momento planeaba aumentar esa proporción al 40 por ciento.

El país depende en gran medida de los combustibles fósiles, como el carbón o el gas natural licuado, este último importado masivamente.

Ucrania monta una provocación naval en el Mar Negro en medio de una conversación con Biden

El buque de guerra ucraniano Donbas se dirigió hacia el estrecho de Kerch sin hacer caso a las peticiones rusas de cambiar de rumbo. El servicio fronterizo del Servicio Federal de Seguridad de Rusia dijo que, cuando salió del puerto de Mariupol y se dirigió al puente de Crimea, la unidad naval ucraniana ignoró las normas establecidas para solicitar una salida del Mar de Azov al Mar Negro.

El Donbas acabó acercándose al estrecho de Kerch, de 30 kilómetros de ancho, lo que interfiere en la seguridad de la navegación. Sin embargo, el analista político Vladimir Kornilov afirma que el Donbás no supone una amenaza militar:

“Era un taller flotante para la flota del Mar Negro. Según me contaron los oficiales de la Flota del Mar Negro, tenía varias literas y a veces se utilizaba como dormitorio temporal para los marineros. Cuando fue remolcado desde Odesa hasta el Mar de Azov por Ucrania en 2018, estaba seguro de que sería amarrado permanentemente en Berdyansk para albergar al personal hasta que se pudieran construir los cuarteles de la base prevista. Pero, al parecer, ahora han decidido sacrificar esta chatarra para utilizarla como herramienta de provocación”, dice Kornilov.

Mientras el barco se dirigía al puente de Kerch, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky mantenía una conversación telefónica con Biden. La conversación duró una hora y media; cuando terminó, el Donbass cambió de rumbo y se movió en la dirección opuesta.

Biden le informó a Zelensky de su conversación con Putin y discutió con él posibles formas de resolver el conflicto en el Donbass.

Al mismo tiempo la ONU aprobaba otra resolución antirrusa sobre Crimea. El acercamiento al Estrecho se hizo justo en el momento de la llamada de Biden a Zelensky, donde se le comunicó al títere de Kiev la posición actual de Estados Unidos. La resolución de la ONU sobre la militarización de Crimea incluye una mención a la libertad de navegación en el Mar de Azov y el Mar Negro. Sesenta y tres países votaron a favor de las resoluciones, 19 en contra y 66 se abstuvieron.

El presentador de televisión Andrei Medvedev cree que si el barco hubiera cruzado el estrecho de Kerch, podría haber sido el pretexto para iniciar una guerra.

«Bueno, esta es, de hecho, la provocación que todos estaban esperando. En vista de toda la situación, en vista de todas las declaraciones de los últimos días, me atrevo a suponer que los camaradas británicos aconsejaron a Zelensky que tomara medidas extremas. A saber, intentar que la nave sea destruida. Para que haya víctimas y, por tanto, una reacción de Occidente. Porque es la única posibilidad de arrastrar a los países occidentales a una guerra por Ucrania», dijo Medvedev.

Dmytro Yevstafyev predijo hace unos días una provocación en el Mar Negro y cree que los ucranianos se inspiraron en la fallida hazaña británica. “Kiev necesita una explosión. Una gran explosión a toda costa. Para que todo el mundo se involucre. Y, sí, no creo que fueran los yanquis los que estuvieran detrás. Fue contra los americanos. Fueron los británicos. Es su firma”, dice Yevstafyev.

—https://www.politnavigator.net/ukraina-ustroila-provokaciyu-vozle-kerchenskogo-proliva-vo-vremya-zvonka-bajjdena-v-kiev.html

Cuba también hace un buen negocio con sus vacunas contra el coronavirus

Durante la pandemia, el intento de infantilización de la audiencia ha sido evidente, no sólo por parte de la telebasura, sino también de ciertos medios “alternativos” que han recurrido, como fuente de autoridad a países, como Cuba, que parecen estar al margen del mercado mundial y de las grandes farmacéuticas. Los oportunistas carecen de argumentos propios y recurren a las políticas implementadas por algunos gobiernos (Cuba, Venezuela, quizá incluso China) que toman como referencia. Lo que los gobiernos de esos países digan es correcto porque no procede de las multinacionales farmacéuticas sino de una autoridad pública que, además, goza de cierto prestigio internacional y carece de intereses económicos lucrativos.

Los argumentos de los oportunistas no se caracterizan por su sofisticación precisamente. La política sanitaria implementada por gobiernos, como el español, es correcta porque en países como Cuba, han procedido de la misma manera (o parecida). Luego la pandemia no es un asunto político; está por encima del tipo de régimen o de las clases sociales.

Lo mismo cabe decir de las vacunas, que en los países capitalistas pueden sembrar desconfianza, mientras que en Cuba no hay antivacunas. En un caso, son una mercancía cuya venta genera importantes beneficios privados, mientras que en Cuba se administran para proteger a la población de un virus y no se lucra ningua empresa privada.

Seguimos, pues, en la dicotomía entre lo público (Estado) y la sociedad civil, el universo de los intereses privados egoístas, es decir, en una dicotomía de hace 200 años que ya no existe.

Un esquema tan cutre corre paralelo con la aplicación de la ciencia a la industria, olvidando la aplicación de la industria a la ciencia, seguida de la privatización de ámbitos que hasta ahora eran característicos del saber, como las universidades.

Sin embargo, hoy la ciencia y el conocimiento no están sólo ni principalmente en las universidades sino en las empresas, en general, y en las emergentes, en particular. Bajo el nombre de “institutos” y “laboratorios” lo que hay son acciones, capitales, mercados, patentes y libros de contabilidad. Ocurre en la mayor parte de los países del mundo y también en Cuba.

Hoy los científicos innovan en empresas capitalistas, punteras en I+D, financiadas por capital riesgo y fondos de inversión, que a su vez han dado lugar a bolsas de valores características, como el Nasdaq. Del mismo modo, las instituciones de la biotecnología cubana no son sólo centros científicos, sino empresas y organizaciones económicas como BioCubaFarma, creada por un decreto del gobierno en 2012, que cubre la mitad de las actividades de investigación cubanas.

La ciencia también crea cierto tipo de mercancías, no en el sentido exacto en el que las definió Marx, sino en el de que la ciencia es rentable porque vende productos en el mercado, como las patentes, que tienen un precio, pagan sueldos y generan beneficios.

Hoy la farmacia y las empresas de biotecnología producen para un mercado mundial, lo cual también ocurre en el caso cubano, donde tienen que competir con los grandes monopolios, en unas condiciones muy desfavorables, como consecuencia del bloqueo económico imperialista y el hundimiento en 1990 de sus socios socialistas. A pesar de ello, Cuba no sólo es uno de los pocos países del mundo que no sólo ha sido capaz de fabricar una vacuna, sino cinco.

Es evidente, pues, que Cuba es uno de los países cabeceros en biotecnología, farmacia y medicina, lo cual es consecuencia de una poderosa industria que tiene características propias, como IncuBio, donde lo público está estrechamente ligado a la economía, a lo privado.

Las empresas cubanas no sólo producen medicamentos para su propia población sino para el mercado mundial. Exporta veinte veces más vacunas de las que destina a satisfacer su demanda doméstica. Es una característica común de las empresas emergentes. En el mercado mundial, que es capitalista, hay una superproducción de mercancías tradicionales, como el textil. Hay países, como China, que son capaces por sí solos de abastecer la demanda mundial. Para lo único que no hay superproducción es para los productos innovadores y de alta tecnología, como los fármacos, los medicamentos y las vacunas.

La naturaleza no le ha dado casi nada a Cuba; lo que tiene se lo debe a la revolución de 1959; se lo ha ganado con su esfuerzo, lo ha levantado con sus manos y ha superado el Periodo Especial gracias a una nueva política económica que ha puesto el acento en la tecnología y, sobre todo, en la biotecnología, con grandes empresas capitalistas, como BioCubaFarma, que es “es el principal grupo empresarial del sector biofarmacéutico” (*).

El holding está compuesto por más de 30 instituciones en las que trabajan 10.000 especialistas, en centros repartidos por Cuba y otros países que fabrican 141 medicamentos que luego se exportan a más de 50 países. Las exportaciones cubanas de alta tecnología han estado creciendo a más de un 30 por ciento anual desde el cambio de siglo, un ritmo vertiginoso a pesar de la competencia con las grandes farmacéuticas.

Cuba no puede exportar materias primas porque no las tiene. La única manera de saldar el déficit de la balanza de pagos corriente es vendiendo mercancías de alta tecnología y para lograrlo tiene que fabricar a gran escala, mucho más allá de su mercado doméstico.

El gobierno cubano es, pues, uno de los más interesados en sostener todas y cada una de las pamplinas de la pandemia, porque en el futuro le aguarda un bocado gigantesco del mercado mundial con el que pagará muchas facturas.

(*) https://www.fiiapp.org/en/biocubafarma-constituye-principal-grupo-empresarial-del-sector-biofarmaceutico-cubano/

Más información:
— Cuba crea una empresa biotecnológica de capital riesgo en una zona franca
— En Cuba no hay pandemia pero el gobierno hace como si la hubiera

La vacuna rusa Sputnik flota en medio de un océano de dinero e intereses económicos

El covid se ha convertido en un negocio lucrativo para toda una casta. El hecho de que en una sociedad capitalista siempre haya personas que se beneficien de una desgracia es banal, pero se vuelve problemático cuando la duración oficial de la crisis depende de sus decisiones.

La agencia de noticias rusa Regnum, que no se financia desde el extranjero, es la única que está planteando la cuestión, junto con el Partido Comunista de la Federación Rusa. Ambos han llevado al debate público la cuestión, discretamente ignorada, del interés, no sólo en términos de poder sino también en términos económicos, de quienes han decidido estirar la pandemia, las vacunas y las restricciones en Rusia.

Por eso hay que matar el mensajero (o por lo menos silenciarle) y la fiscalía ha abierto una investigación criminal contra el diputado comunista Rashkin, opuesto a los pasaportes sanitarios y la vacunación obligatoria, por un caso banal que nada tiene que ver con la pandemia.

La vacuna rusa Sputnik fue diseñada y fabricada por el Instituto Gamaleya, a su vez está financiado por un fondo soberano ruso, el RDIF (Russian Direct Investment Fund o Fondo de Inversión Directa de Rusia), creado en 2011 para realizar inversiones de capital riesgo, como la vacuna, junto con inversores financieros internacionales.

Este fondo actúa como catalizador de la inversión directa en la economía rusa. En la actualidad ejecuta conjuntamente más de 80 proyectos con inversores extranjeros que suman un total de 2,1 billones de rublos. Ha establecido asociaciones estratégicas conjuntas con los principales inversores internacionales de más de 18 países que suman más de 40.000 millones de dólares. Las empresas en cartera del fondo emplean a más de un millón de trabajadores y generan ingresos que equivalen a más del 6 por ciento del PIB de Rusia.

El Instituto Gamaleya está dirigido por Alexander Guintsburg, condecorado por el Kremlin y por la Asociación de Judíos de Rusia por “su gran aportación a la ciencia y a la humanidad con la vacuna Sputnik”. Al Instituto Gamaleya le llueve el dinero, público y privado. Literalmente. A su director y a su subdirector, Denys Logunov, también. Ambos se han enriquecido personalmente con la vacuna, asegura la agencia de noticias Regnum:

“En el primer año de la pandemia, sus ingresos [de Guintsburg] aumentaron de 7,7 a 18,3 millones de rublos. También se observó un aumento de los ingresos declarados de otro autor de esta vacuna, el subdirector del Instituto Gamaleya, Denys Logunov (hasta 37 millones de rublos). Guintsburg dijo que los códigos QR deberían introducirse rápidamente y a través de ellos segregar rigurosamente a los vacunados de los no vacunados”.

Pero no son los únicos que se están forrado. Nicolas Kolomeytsev, diputado de la Duma, miembro del Partido Comunista de la Federación Rusa, ha exigido que se comprueben los conflictos de intereses de los miembros del Centro Operativo Covid, entre ellos Tatiana Golikova (Viceprimera ministra) y Anna Popova (Rospotrebnzadzor), porque también están directa y materialmente interesados en la producción de la vacuna Sputnik.

Kolomeytsev ha pedido que se investigue el conflicto de intereses: “Hemos sabido que Anna Popova (la directora de Rospotrebnadzor) es coautora de la patente de una de las vacunas, para la que también da permiso de uso, por lo que puede influir en los pedidos públicos y los autores de la patente reciben el 30 pro ciento de estos pedidos públicos […] También nos hemos enterado de que uno de los familiares del director del Centro Operativo (Tatiana Golikova, viceprimera ministra) es uno de los directores de la fábrica que elabora una de las vacunas más extendidas.

El Presidente de la Duma, V. Volodin, pidió que se debatiera la cuestión, y el gobierno y el primer vicepresidente del partido Rusia Unida en la Asamblea, A. Zhukov, reaccionó inmediatamente, en un claro ataque de pánico: niegan cualquier conflicto de intereses, pero no desmienten la titularidad de las patentes, ni el interés de los familiares cercanos de quienes dirigen la pandemia y la vacunación.

Al final, la Duma no se ha arriesgado a pedir al gobierno los documentos sobre el conflicto de intereses de Golikova y Popova, por lo que la desconfianza de la población hacia la pandemia y las vacunas, que ya era muy importante en Rusia, crece por momentos.

Anna Popova, que aparece en la foto de portada, es directora del Rospotrebnzadzor, el Servicio Federal de Protección de los Derechos de los Consumidores y el Bienestar Humano

La revuelta contra las vacunas es inminente en Sudáfrica (el confinamiento podría destruir una nación)

Esta semana los sudafricanos descubrirán si el presidente Cyril Ramaphosa confina al 60 por cien de ellos a un arresto domiciliario por delegación, restringiendo los espacios públicos a los vacunados de covid-19. Se trata de una decisión tensa, que enfrenta a los aterradores poderes de la Gran Farmacia y a la nueva clase de científicos guerreros con la realidad africana. También corre el riesgo de desencadenar una de las guerras de vacunas más amargas.

Sólo el 40 por cien de la población sudafricana se ha vacunado contra el covid, una lenta aceptación que se describe eufemísticamente como “indecisión sobre las vacunas”. Es todo lo contrario: es un rechazo furibundo.

Hay una serie de razones por las que es tan difícil conseguir que los sudafricanos acepten el “umjovu”, la inyección: la pésima gestión técnica del brote, el escepticismo que prevalece hacia la ciencia, la desconfianza hacia el gobierno y la aprensión generalizada de los pobres y marginados de que, en el mejor de los casos, se trata de otra forma de represión y, en el peor, de brujería. Es una mezcla peligrosa en un país que ya se encuentra en un estado de gran inestabilidad política, social y económica.

Al igual que en el resto del mundo, las estimaciones epidemiológicas sudafricanas sobre el número de víctimas mortales al principio del brote de coronavirus rozaban la fantasía. Las predicciones iniciales eran de entre 87.000 y 350.000 víctimas mortales en la primera fase. Hubo 103. Dos años más tarde, con el virus en retirada, las muertes atribuidas a covid (pero en ningún caso garantizadas) sólo empiezan a rozar las estimaciones iniciales más bajas.

Sin embargo, el gobierno sudafricano impuso uno de los confinamientos más largos y severos, con el apoyo de unos medios de comunicación nacionales y sociales enfervorizados. La decisión ha resultado inapropiada por su naturaleza, prematura por su calendario y catastrófica por su impacto. En un país en el que muchos dependen de salarios de subsistencia diarios o semanales, el repentino cese de la actividad económica causó estragos entre los pobres y los autónomos. Un Estado fallido fue incapaz de cumplir su promesa de subsidios, vigilancia responsable o contención efectiva.

Los primeros subsidios a particulares o pequeñas empresas tardaron más de un año en llegar. E incluso entonces fueron erráticos, propensos a la corrupción, inadecuados y, según muchos informes atestiguados, distribuidos con un sesgo racial. Casi una cuarta parte de las pequeñas empresas se han ido al garete y el desempleo se ha disparado.

Todo un sector de la población fue criminalizado de hecho: en los primeros cuatro meses del brote, 230.000 ciudadanos, el 0,4 por cien de la población, fueron acusados de infringir el reglamento de desastres por romper las restricciones, 311 de ellos policías. Todos los cargos fueron retirados posteriormente: el sistema de justicia penal simplemente no pudo hacer frente a la situación.

Por cada infección declarada hasta finales de junio del año pasado, se detuvo a siete ciudadanos por infringir la normativa; por cada 100 infecciones, se detuvo a un policía; y por cada 1.200 infecciones hubo una solicitud urgente del Tribunal Superior. Siete personas murieron a causa de la aplicación de la normativa con mano dura.

Cuando dos médicos que trabajaban en un hospital público fueron internados a la fuerza en uno de los campamentos rurales de aislamiento improvisados del Estado, el Tribunal Superior ordenó que se les permitiera autoaislarse en casa: aceptó la declaración de los médicos de que tenían más posibilidades de morir por las condiciones de encarcelamiento que por el virus.

No es de extrañar, pues, que la población en general, y en particular los pobres, se fueran al monte. El consumo del crucial retroviral contra el VIH-sida cayó del 95 por cien al 30 por cien; la medicación contra la malaria siguió el mismo camino. La asistencia a las pruebas de detección de la tuberculosis se redujo en dos tercios, mientras que las consultas con los médicos de cabecera disminuyeron en un 60 por cien y decenas de miles de procedimientos quirúrgicos urgentes se pospusieron por los pacientes con coronavirus que nunca llegaron.

La adquisición de emergencia de equipos personales, mientras tanto, abrió la puerta a la corrupción que acecha en todos los intersticios del Estado. El heredero del presidente Ramaphosa ha dimitido: una agencia estatal de investigación le acusa de dirigir una cuenta de equipos de protección personal de 350 millones de rands (16,6 millones de libras) a sus amigos. El Departamento de Sanidad de Gauteng, corazón industrial de la nación, está envuelto en una investigación por fraude de 560 millones de rands (26,5 millones de libras). La denunciante fue asesinada a los pocos días de iniciarse la investigación.

La pregunta de si el presidente Ramaphosa, un hombre decente, está presidiendo un partido en el poder en medio de un Robert Kennedy contra la Mafia ha sido al menos definitivamente respondida.

Al mismo tiempo, una administración pública ya peligrosamente comprometida por el clientelismo, la corrupción, la incompetencia y el despido de personal clave de raza blanca por razones de discriminación positiva, entró en un largo receso. Dos años más tarde todavía no ha regresado como es debido.

La aplicación de las normas de concesión de licencias de tráfico también ha estado en suspenso durante 18 meses, mientras 500.000 permisos de conducir esperan su autorización. No se pueden cerrar fincas, ni completar las investigaciones forenses, ni perseguir los delitos (incluidos los culpables del llamado proyecto de Captura del Estado del ex presidente Jacob Zuma), ni transferir propiedades. Más de medio millón de escolares no han vuelto a la escuela.

En cuanto a la carga de este fracaso en la prestación de servicios, la han soportado de forma desproporcionada los pobres, principalmente negros, pero cada vez más también los ciudadanos blancos, a juzgar por los mendigos de las esquinas. No cabe duda de que las estrategias de contención propugnadas por los científicos belicistas sudafricanos facilitaron los disturbios de julio de este año, que se cobraron 357 vidas en un azote de saqueos, incendios provocados y violencia, y que han sido la causa directa del drástico descenso del apoyo al partido gobernante en las elecciones municipales del mes pasado.

Los sudafricanos han soportado, si bien nunca han condonado, los absurdos y atrocidades de este pánico mal entendido, explotado e innecesario hasta la fecha. Los flujos y reflujos del debate mundial sobre el curso de la pandemia han sido observados intensamente aquí por la parte alfabetizada y en línea de la comunidad.

Han seguido, como muchos otros en el mundo, la forma en que las arrogantes certezas científicas que encerraban al mundo se están disolviendo ante la ciencia medida y los hechos empíricos. Entienden que no se puede seguir una “ciencia” cuando los científicos están irremediablemente enfrentados. Son conscientes del abuso tanto del lenguaje como de las estadísticas, en particular del nuevo fenómeno de las “snatch-stats”, por el que se arrebata la mortalidad por otras causas para el covid-19, o se utiliza la trayectoria natural de un virus que expira para justificar la eficacia de un antídoto o se anexa el exceso de muertes para justificar una causa perdida.

Observan la ironía por la que su gobierno, correctamente, dice al mundo que no se alarme por la variante ómicron, mientras que simultáneamente contempla un grave asalto contra los derechos de sus ciudadanos para contenerlo, azuzado por los sospechosos habituales de aullar que exigen confinamientos totales. Los ciudadanos han seguido minuciosamente los recientes informes sobre cómo Pfizer ha convencido a su desesperado gobierno para que firme indemnizaciones legales por su producto: ¿quién ha oído alguna vez que se obligue a los ciudadanos a vacunarse cuando se exime al proveedor de toda responsabilidad por las consecuencias?

La mayoría de los sudafricanos no son conspiranoicos, pero su historia les enseña una cosa cierta: el poder incontenido siempre acaba jodiendo. Y muchos se sienten jodidos ahora por una confluencia de fuerzas (no una conspiración) que -desde las grandes farmacéuticas, pasando por las grandes tecnológicas, hasta los gobiernos autoritarios- buscan sacar rédito de esta tragedia incomparable.

Pero existe otro grupo, mucho más importante, de indecisos y rechazantes. Aquellos que se toman el tiempo de hablar con los negros pobres y marginados se asombran de hasta qué punto, marcados por sus experiencias de encierro, consideran el miedo actual como un medio más para oprimirlos. Los toques de queda, las prohibiciones de alcohol y tabaco y la prohibición de las reuniones políticas con el pretexto de luchar contra covid-19 apoyan su caso. Y, para muchos, el “umjovo” es nada menos que “ubuthakathi” o brujería.

El presidente Ramaphosa se adentra aquí en un territorio peligroso. La aceptación de las vacunas es mayor entre las minorías por diversas razones, y es un sector de la minoría blanca el que más vocifera a favor de la vacunación a toda costa. Prohibir el acceso a los espacios públicos se traducirá instantáneamente, como siempre ocurre, en un escándalo político y racial. Los trozos de papel que permiten o restringen los movimientos de ciertas personas son un terrible precedente en la historia de este país: una amarga resonancia para cada persona negra.

Fuerzas probadas e inquietas en Sudáfrica buscan hoy la oportunidad de reavivar la insurrección de julio. Son personas que no protestan mediante marchas ordenadas, carteles y empujones de cochecitos. Sólo buscan oportunidades; las consecuencias que traen los intentos humanos de contener la pandemia es una revolución.

Pero las revoluciones siempre acaban consumiendo a sus hijos. El tiempo consumirá sin duda las reputaciones de los arquitectos de esta tragedia de época: los científicos, las empresas farmacéuticas, los políticos y los medios de comunicación. Y si Ramaphosa no tiene cuidado, también podría consumir a la frágil nación de Sudáfrica.

Brian Pottinger https://unherd.com/2021/12/south-africas-looming-vaccine-revolt/

Amenazas y abusos contra los trabajadores australianos a causa de la vacunación obligatoria

El gobierno del Estado de Victoria, en Australia, estudia la posibilidad de suprimir la vacunación debido a las amenazas y los abusos sufridos por los trabajadores del comercio minorista, entre los que se encuentra un trabajador que fue empujado por una escalera mecánica tras pedirle a un hombre desenmascarado su certificado de vacunación.

El controvertido requisito de vacunación contra el coronavirus en Victoria podría ser eliminado en el nuevo año, en medio de la preocupación por el abuso sobre los trabajadores del comercio minorista que son responsables de hacer cumplir las normas a los consumidores.

Según el Herald Sun, el gobierno estatal está estudiando la posibilidad de suprimir la directiva a partir de enero.

En octubre, el Primer Ministro Daniel Andrews sugirió que el mandato podría estar en vigor hasta abril o incluso más tiempo.

Los funcionarios del gobierno dijeron que una serie de incidentes en los que los trabajadores fueron maltratados por hacer cumplir el mandato de vacunación les llevó a reconsiderar su enfoque.

“El alto índice de vacunación, la aprobación de proyectos de ley sobre la pandemia que dejan de lado a los funcionarios de salud y los incidentes de violencia de alto perfil han llevado a un cambio de pensamiento”, dijo una fuente.

En un caso, una librería de Melbourne se vio obligada a contratar guardias de seguridad privados, con un coste de 4.000 dólares a la semana, tras las agresiones a los miembros del personal.

La policía de Victoria está investigando un incidente en el que un trabajador de Dymocks fue empujado por una escalera mecánica después de pedir a un cliente que demostrara su estado de vacunación y se registrara en la tienda.

Las imágenes de las cámaras de seguridad muestran al trabajador tratando de impedir que el hombre, que llevaba una sudadera con capucha de color arco iris, bajando por las escaleras mecánicas de la librería antes de ser empujado, golpeándose la cabeza contra un escalón.

—https://www.skynews.com.au/australia-news/coronavirus/victorian-government-considering-removing-vaccination-mandate-three-months-earlier-due-to-incidents/news-story/a07e37c1866f11269adf4218cb00fde5

La nueva normalidad era esto

No teníamos claro a qué se referían con ese raro aforismo cuando empezó todo, pero yo creo que la criatura ya va tomando forma. Desde la decisión de Alemania de vacunar a la fuerza a todo el país y de confinar a los no vacunados, yo diría que a la nueva normalidad ya se le ven los dientes. Y ya no son de leche. Se les adivina afilados y con inquietante determinación.

Últimamente, parece que los acontecimientos, en vez de suceder, golpean y se pierden de camino a la corteza prefrontal, la que rige la aceptación de normas sociales. Estábamos asimilando la vacunación cuasi forzosa en Francia y en Italia, cuando aparece Austria con el primer decreto de segregación y, sin respiro, se extiende la ansiedad restrictiva por toda Europa. En Alemania ni siquiera será válido un test negativo para muchas actividades, encuentros de más de dos personas, y movimientos, para ejercer esa cosa insolidaria que se llamaba libre albedrío (los vacunados también contagian, lo digo bajito para no asustar). Pero, si se sigue esa línea, seamos coherentes. Esas medidas no serán suficientes. Esos tipos van a seguir cogiendo transportes públicos para ir a trabajar, al médico o al supermercado o vete tú a saber dónde si les dejan. Aunque duela habría que empezar a ubicarles en un barrio concreto, que teletrabajen allí y cuando salgan que lleven algún tipo de identificación visible, no basta el QR en la cartera. Un distintivo cosido en la solapa, por ejemplo. El resto de personas sensatas no tenemos porqué soportar ese riesgo.

¿Esta es la coherencia que se pretende? ¿Primero fueron a por lo no vacunados y yo no dije nada porque no era uno de ellos?

Mientras, se cierra el círculo sobre los niños, próximo colectivo en el que la aguja ha puesto sus ojos. A mediados de diciembre llegan los viales infantiles. Ya hay citas concertadas. Parece que este es el ritmo que le va a la nueva normalidad. A toda velocidad, sin complejos con la ley, sin alternativas a su modelo y sin un solo debate médico (perdón, uno) para contrastar puntos de vista alternativos, (por si acaso hay miles de científicos por el mundo, varios premios Nóbel (Levitt, Montagnier) o incluso el inventor de la tecnología del Arn-M,  que estén diciendo cosas distintas). No hay fisuras. Todo lo que no dice la OMS es negacionismo.

Pensar es difícil por eso la mayoría prefiere juzgar, decía Jung. Ahora ya, epidemiólogos, actores, periodistas y cualquiera con un teclado, directamente, señalan, se burlan, insultan y acosan sin tapujos a esa minoría que no se quiere vacunar. No me había dado cuenta pero parece que ya se ha terminado el debate sobre quiénes son los responsables de esta sexta ola. Da igual que la OMS la atribuya, no a esa minoría, sino a los vacunados (que se creen que no contagian). Si lo que preocupa es el contagio de esa minoría, también se le puede hacer test periódicos (gratuitos y de saliva) e incluso test de células B y T -otro tipo de respuesta de nuestro sistema inmunitario-, que se calcula que ya ha inmunizado de manera silenciosa al 40% de nosotros y que permitiría cribar aún más la capacidad de transmisión de esa minoría. Parece que no hace falta. Ya se les ha juzgado y condenado y ahora acaba de empezar su busca y captura.

Si te paseas por las redes sociales ya puedes olerlo, se respira ambiente de caza.

El pasado 28 de noviembre se rozó lo grotesco contra esa minoría en el programa de Nuria Roca cuando Jose Sacristán, después de insultarles, volvía a acusarles de matar gente por su actitud y pedía que se pagaran su hospital en caso de enfermar de covid. La presentadora sonreía y acogía con complicidad algo que está bastante cerca de un delito de incitación al odio. Dicho entre risas, con total normalidad, hiela un poco la sangre.

Otra grave invitación al acoso contra esa minoría apareció en estas mismas páginas, titulada nada menos que Ha llegado la hora de actuar contra los antivacunas que van por ahí matando gente.

¿En qué momento nos hemos vuelto así?

¿La nueva normalidad era esto?

No se sabe qué es peor si la norma injusta en sí, o la jauría humana que espolea la norma injusta.

No sé en qué momento se ha instalado este estado de arbitrariedad, que ni siquiera el gran Sacristán puede deducir que si obliga a pagar su tratamiento a los no vacunados, por qué no hacerlo con los alcohólicos, los fumadores, con los obesos que se atiborran a donuts, etc. ¿Quién paga los gastos de los vacunados que son mayoría en los hospitales, entonces? ¿Las farmacéuticas? Ah, no espera, que están eximidas de cualquier responsabilidad. Qué mundo, de repente.

Mientras se calientan las calles de medio continente por el rechazo a la supresión de derechos fundamentales, no me termino de creer que esté escribiendo sobre las distintas formas de imposición de un medicamento en fase aún experimental, autorizado solo como emergencia, con el 90% ya vacunado; y en la persecución y segregación iniciada contra los que prefieren -ustedes disculpen- no ponérselo. ¿Estamos ya hablando de un próximo apartheid social? Espero equivocarme. Ya digo que los acontecimientos van demasiado rápido.

Si no he entendido mal, la vacunación está dando entre moderados y buenos resultados en cuanto a ingresos y decesos, al menos en España. Los registros hospitalarios eso dicen. No consigue inmunizar, pero sí atenuar los casos más graves. A falta de conocer los efectos a medio y largo plazo, se puede decir que es un éxito notable. No vamos a alcanzar la inmunidad de grupo (lo de rebaño nos lo ahorramos) porque, aunque nos vacunáramos todos, seguiríamos infectando e infectándonos. No está claro si la inyección reduce el contagio. Hay estudios que afirman una cosa y otros la contraria. En Inglaterra, por ejemplo, reportan que no existen casi diferencias en la transmisión del virus entre los vacunados y los no vacunados. Pongamos incluso que los vacunados infectan menos, pero si tenemos en cuenta que representan el 90% del país, no queda nada claro qué grupo está infectando más. Por tanto, cargar las culpas y todo el acoso subsiguiente a los no vacunados raya en lo surrealista. Jalear para que los encierren en sus casas y paguen los gastos hospitalarios si enferman, en el delirio.

Soumya Swaminathan, jefa de científicos de la OMS, ha confirmado que las vacunas están protegiendo en una tasa de en torno al 80% frente a formas graves de la enfermedad, incluso con la variante delta. Eso suena fantástico. De modo que podemos esperar un 80% menos de enfermos covid graves y, de ahí, se puede deducir que no estamos ni estaremos en riesgo de colapso hospitalario y, por ende, no ha lugar, no hay base lógica para recortar derechos fundamentales.

Si por el contrario, la Sra. Swaminathan no está en lo cierto y no se espera que las vacunas puedan prevenir el atasco de las UCIs, ni puedan reducir la expectativa de casos graves, cuál es la necesidad de forzar la vacunación a todo el mundo! sobre todo, si ya tenemos vacunado a un 90% de la población mayor de 12 años (y solo el 2% de la población mayor de edad asegura que no se va a vacunar). Si se sabe que los vacunados infectan también, ¿por qué vamos a restringir derechos solo a ese 10% (o 2%) que, por otro lado, jamás seria causa de colapso hospitalario?  En Alemania, por ejemplo, hay ahora allí casi diez veces más contagios y las mismas muertes que en la primera ola, a pesar de tener al 73% de la población vacunada.

La ciudadanía tiene derecho a dudar de que ese medicamento tenga más perjuicios que beneficios, como mínimo, en la franja de las personas menores de 30 años (suspendido para los jóvenes de Finlandia, Suecia y Dinamarca), en las embarazadas (desaconsejado hasta hace dos meses), o en los que han pasado la enfermedad (cuya inmunidad es tan robusta o más que la vacuna). Desde el momento en que se fuerza su inyección, nos arrebatan ese derecho.

Esto está pasando hoy.

Cuando no me dejan dudar, tiendo a pensar que quizás es porque el relato es falso y dudo más.

En una democracia nadie puede obligarte de esta manera descarada, a saltarte, entre otros derechos, el Principio de Autonomía de la bioética, disciplina universalmente reconocida, que obliga a respetar la libertad de decisión de cualquier ser humano, sobre cualquier intervención médica sobre su cuerpo, a través del llamado consentimiento informado. A día de hoy se está vulnerando algo elemental en cualquier relación humana: te doy el derecho o no de actuar sobre mi cuerpo. ¿Qué parte de ese contrato prehistórico no se ha entendido? El derecho al consentimiento libre e informado, significa, además, que no se puede coaccionar con pérdida de derechos básicos esa íntima decisión.

Si no fuera porque la velocidad de acontecimientos es inasumible y el estado oficial de las cosas es de tal desproporción, que todo vale porque nos estamos enfrentando a, poco menos, que un armagedón, el grado de coacción sería insoportable para cualquiera, vacunado o no. Sobre todo porque hay muchas otras soluciones antes -mucho antes- de someternos, a todos, a tal retroceso político.

El problema no es solo el atropello democrático para imponer este medicamento, es el precedente que vamos firmando en la hoja del calendario del día de mañana.

Este manifiesto ciudadano, salida razonable covid, explica con mucha claridad varias de esas demandas y soluciones alternativas, empezando por el discriminatorio “pasaporte covid” que, incluso los técnicos de la administración, consideran ineficaz.

De la pausa que tenga la ciudadanía para rebajar los niveles de cortisol y bilis con que se está reaccionando, va a depender que se pueda instalar un campamento base para un pensamiento sensato y a raíz de ahí, no continuar, por favor, esta caza de brujas. Parece que, en vez de pliegues cerebrales, tenemos ristras de intestinos. El trauma vivido por la falta de camas y la muerte de 30.000 ancianos en residencias, epicentro del shock colectivo, no se va a solucionar con velocidad, discriminación, deuda, restricciones y miedo, sino con respeto a ley, pausa, debate abierto y, sobre todo, inversión en sanidad (pública).

—Federico Ruiz de Lobera https://diario16.com/la-nueva-normalidad-era-esto/

Con L’Oreal el fascismo se maquilla mejor

Champú, desodorante, gel, laca, jabón, pintalabios, perfume, gomina, bronceador, mascarilla, after shafe, depilación, colonia,… nadie se presenta en la calle de la misma forma que en la intimidad de su casa. En la política burguesa, esa que tanto aburre y aborrece, sucede otro tanto; nada es lo que parece; las cosas no son como las presentan ante las cámaras y los micrófonos. Antes hay que pasar por la peluquería, que en la política burguesa son los gabinetes de imagen, porque una imagen vale más que mil palabras, sobre todo si la imagen no tiene nada que ver con el original.

El fascismo se maquilla porque resulta antiestético hasta para la misma burguesía monopolista: “El fascismo es compatible con una burda falsificación del parlamentarismo”, dijo Dimitrov en 1937. Por eso a veces aparece con la imagen de la democracia burguesa, y a veces incluso con la imagen del socialismo. No es nada fácil observar al fascismo desnudo en su intimidad, sin maquillar.

No se puede entender lo que es el fascismo si no se entiende lo que fue la bancarrota del imperialismo y la agudización de la lucha de clases en los años treinta del pasado siglo, y la manera en que todo ello influyó en la construcción del socialismo en la URSS. La expansión europea del fascismo no se llevó a cabo por la vía militar, al estilo de una invasión desde el exterior, sino que previamente a ella en cada país existían poderosos grupos fascistas internos, estrechamente vinculados al Eje Berlín-Roma. Degrelle en Bélgica, Quisling en Noruega, Seyss-Inquart en Austria y otros parecidos son la quinta columna que, en Francia, con la victoria del Frente Popular, desata una ola de agresiones y atentados dirigidos desde Roma por los fascistas italianos.

El Comité Secreto de Acción Revolucionaria

En enero de 1935 Eugene Deloncle (1890-1944), procedente de las juventudes de Acción Francesa, los Camelots del Rey, funda el Comité Secreto de Acción Revolucionaria, una organización armada clandestina con todo un ceremonial esotérico al estilo del Ku Klux Klan en Estados Unidos. Esos ritos iniciáticos y sectarios son los que le valdrán a su Comité el sobrenombre de La Cagoule (capucha o pasamontañas en francés) con el que ha pasado a la historia. Más tarde, en la época de Vichy, Deloncle fundó y dirigió un partido legal: el Movimiento Social Revolucionario.

Para cometer sus crímenes La Cagoule tuvo, además de Roma, el apoyo financiero de algunos monopolistas franceses, como Louis Renault (el de los coches) y Eugene Schueller (1881-1957), fundador de L’Oreal, la multinacional de los afeites y enjuagues. Schueller era amigo íntimo de Deloncle y durante el gobierno de Petain fue con él uno de los dirigentes del Movimiento Social Revolucionario. Las reuniones secretas de La Cagoule se celebraban en su despacho personal en la misma sede de L’Oreal. Otra de la sedes de La Cagoule era el internado de los maristas en el número 104 de la calle Vaugirard en París. Entre otros pistoleros fascistas, estudiaban allí François Mitterrand y André Bettencourt.

Uno de los encargos de Mussolini que se discutían en las reuniones de La Cagoule era la liquidación física de los comunistas y antifascistas franceses, así como de los refugiados políticos de otros países. Los contactos de los pistoleros cagoulards con los servicios secretos de Mussolini también tenían su glamour: se hacían en la costa azul, en sitios como Niza o Mónaco. Allí el emisario del Duce era el capitán Navale, jefe del contraespionaje italiano en Turín. La Cagoule estaba representada por Joseph Darnand, un antiguo oficial del ejército francés.

En la costa azul Darnand preparaba con el espionaje italiano el transporte de armas a Franco durante nuestra guerra civil y el sabotaje de las que tenían como destino a la República. Una de las primeras visitas que hicieron Deloncle y su adjunto, el general de aviación Duseigneur, fue al cuartel general de Franco durante nuestra guerra civil. Pero Deloncle no sólo estuvo en Salamanca; también visitó en Madrid a la quinta columna, entre ellos al embajador de Chile, que le falsificó un pasaporte diplomático a nombre de Héctor Dávila Soles el 20 de abril de 1937 para que pudiera cometer sus crímenes con plena impunidad.

También Mussolini les recibió en persona. Era un canje: Franco y Mussolini ayudaban a los pistoleros franceses y éstos ayudaban a aquellos. La Cagoule disponía de tres emisoras de radio en Mónaco, Bélgica y en la España franquista.

La participación de los hitlerianos fue menor, pero el embajador del Reich en París, Otto Abetz, y el jefe de la Gestapo, Reinhardt Heydrich, estaban al corriente de todos los movimientos. Deloncle también estuvo en contacto durante la ocupación con el almirante Canaris, el jefe del Abwehr, el contraespionaje alemán. Su relación era tan estrecha que cuando Canaris fue ejecutado por los propios nazis por intentar de sacudirse al fracasado Hitler al final de la guerra mundial, Deloncle fue ejecutado al mismo tiempo en París por la Gestapo: se presentaron en su casa y le acribillaron delante de toda su familia; también murió su hijo. Era ya un 17 de enero de 1944.

El reguero de sangre

El asesinato el 9 junio de 1937 de los hermanos Carlo y Nello Roselli, antifascistas italianos refugiados en Francia, fue uno de aquellos encargos de Mussolini a Pariani (subsecretario de guerra), de éste a Navale y de éste a Darnand. Ésa era la cadena de mando pero el autor material fue Jean Filliol, que lo ejecutó de una manera realmente salvaje, a puñaladas. Carlo Rosselli había sido profesor de economía en Génova; se fugó de la cárcel refugiándose en Francia, donde prosiguió su lucha editando la revista Justicia y Libertad.

Otro encargo para los cagoulards fue el sabotaje en agosto de los aviones preparados en el hangar del aeródromo de Toussus-le-Noble, para reforzar los arsenales de la República española. Vestido de oficial de aviación, Filliol ejecutó un auténtico trabajo de profesionales: era la primera vez que se empleó un explosivo plástico. No faltó la guinda intoxicadora a este trabajo perfecto: la prensa burguesa clama contra un atentado que imputa a los comunistas. La legalidad remataba el trabajo de la ilegalidad; la democracia se complementaba con el fascismo.

13 de febrero de 1936: intento de asesinato de León Blum; 23 de enero de 1937: Filliol asesina en París al economista soviético Dimitri Navachin; 8 febrero: asesinato de Maurice Juif; 16 de setiembre: explosiones en dos sedes de la patronal en las que mueren dos policías para que la prensa pueda seguir acusando a la CGT y a los comunistas; 5 de julio de 1941: asesinato de Marx Dormoy. En Niza las empresas que envían suministros a nuestra República vuelan por los aires. Una bomba destruye el almacén de frutas Arbonna; otra, la sociedad de transportes Pestalacci; otra más, el buque republicano Turia, fondeado en el puerto por orden del gobierno francés… los fascistas tardan en darse cuenta de que, en realidad, el barco es propiedad suya y entonces Franco protesta oficialmente.

A petición de los servicios secretos franquistas, La Cagoule infiltra entre las Brigadas Internacionales a un tal Jean-Baptiste Leon, que coincide en la misma unidad que Ramón Mercader, el que en 1940 ejecutaría a Trotski en México. En plena guerra civil, la Gaceta de Salamanca publicó el 19 de enero de 1937 en primera página la foto del tal Jean-Baptiste Leon, calificándole de voluntario francés muerto en la lucha contra el comunismo. Se trataba de una impresión falsificada; la edición original del periódico no mencionaba nada de eso. El galoso Francisco Paesa hizo lo mismo muchas décadas después. Se trataba de borrar las pistas que conducían hasta él.

Los servicios de inteligencia de las Brigadas Internacionales supieron inmediatamente del intento de infiltración de los cagoulards, la mayor parte de los cuales eran originarios de Niza. Casi todos fueron identificados al cruzar la frontera en Irún. Se trataba de viejos renegados del comunismo que habían seguido a Jacques Doriot al Partido Popular francés.

Para depurar a los infiltrados, André Marty, comisario político de las Brigadas Internacionales, creó un tribunal militar en Albacete. Por eso los fascistas le han llamado siempre, y le siguen llamando, el carnicero de Albacete. Las cosas vueltas del revés.

Con ayuda del SS Theo Dannecker, representante de Adolf Eichmann, se crea una organización dentro de la organización, la Comunidad Francesa, cuyo objetivo es liberar a Francia de judíos y franc-masones. Ésta es la que organiza el expolio de los judíos en Francia, para provecho de sus propios miembros, entre ellos Jacques Correze y Jean Filliol.

Los pistoleros en el gobierno de Vichy

A veces una biografía es la metáfora de todo un país, o al menos de una clase social. La de Mitterrand expresa los avatares de los monopolistas y reaccionarios franceses en la encrucijada del pasado siglo. No sabían en qué cesta poner sus huevos, un síntoma de la debilidad y la decadencia irreversible del imperialismo francés. Después de 1940 la burguesía francesa, lo mismo que Francia, tenía el corazón partido. Petain en Vichy, De Gaulle en Londres y Hitler en París. Entonces Mitterrand era un joven fascista comprometido a fondo con la reacción. No cabe duda de que el socialista empezó como fascista, sumándose a la revolución nacional de Petain. Fue funcionario del comisariado general de prisioneros de guerra. En marzo-abril de 1943 fue condecorado con la cruz gálica por los servicios prestados.

Tras el armisticio de junio de 1940, los criminales de La Cagoule se incorporan al gobierno de Petain. Deloncle fusiona su Movimiento Social Revolucionario con la Agrupación Nacional Popular de Marcel Deat, un tránsfuga de la socialdemocracia al fascismo, el camino inverso de Mitterrand. En aquel partido se juntaron aventureros muy variopintos, entre ellos los dirigentes trotskistas Henri Molinier y Lambert; el primero de ellos toma la palabra en uno de los congresos de los vichystas; el otro no era aún tan conocido como lo fue después como jefe de la OCI, una de las sectas de la IV Internacional.

Miterrand siempre fue un íntimo amigo de René Bousquet (1909-1993), primero prefecto y luego secretario general de la policía vichysta, nombrado por Laval el 18 de abril de 1942. Lo fue hasta que fue relevado por Darnand el 31 de diciembre del año siguiente. Todavía fueron buenos momentos aquellos para los vichystas; aquellos en los que la policía torturó y asesinó a nuestro camarada Conrado Miret Musté y en los que torturaron al destacamento de Manouchian. Bousquet se veía con Heydrich cuando éste viajaba a París y negociaba con el general Oberg de las Waffen SS. Tras la guerra fue nombrado director del Banco de Indochina y recibió la Legión de Honor. Por tanto, también fue condecorado, pero a diferencia de su amigo Mitterrand, lo fue por la democracia (burguesa). En realidad, tanto en España como en Francia, no hay torturador ni asesino en serie que no haya sido condecorado con todos los honores que merecía por los servicios prestados (a la burguesía y a su Estado de Desecho).

A Bousquet le sucedió en el cargo Darnand (1897-1945) que, como ya hemos dicho, había abandonado el ejército en 1921 para crear una empresa de transportes en Niza. Fue una pieza clave de los cagoulards; desde el sur de Francia dirigía la Legión Francesa de Combatientes; después, en 1942, creó en Túnez la Falange Africana, luego creó el SOL, transformado más tarde en la Milicia francesa; en agosto del siguiente año alcanzó el grado de Obersturmführer de la Waffen SS y, finalmente, Laval le nombró director general de la policía del gobierno de Vichy (enero de 1944). Apenas tuvo tiempo de sentarse en su cargo. Huyó a Alemania, luego a Italia, donde combatió a la guerrilla comunista hasta que le detuvieron, le enviaron a Francia, le juzgaron y le ejecutaron el 10 de octubre de 1945.

Por su parte, otro cagoulard, Jean-Marie Bouvyer, cómplice del asesinato de los hermanos Roselli, fue nombrado el 19 de abril 1944 jefe del servicio de investigación del Comisariado de cuestiones judías en el gobierno de Petain. El culebrón y el relato rosa están unidos al glamour. Antes y después de la ocupación de Francia, de 1942 a 1947, la amante de Bouvyer era Marie-Josèphe, marquesa de Corlieu, hermana de Mitterrand.

Al principio todo iba viento en popa, todo era fascismo puro y duro, pero la apuesta de Vichy era muy fuerte para los monopolistas franceses y hacían falta recambios (por si acaso). Quizá todo se viniera abajo, quizá se habían equivocado en sus alianzas. Las victorias disipan las dudas, pero las derrotas las acrecientan y en el siglo XX hay un antes y un después de Stalingrado. Con Hitler lejos de Moscú todos los planes se venían abajo.

Con la medalla en el pecho, como muchos otros fascistas, Mitterrand quiso jugar un doble juego. Por eso sus biógrafos oficiales dicen que en 1942, en plena orgía vichysta, se pasó a la resistencia. Quizá cambió de bando del mismo modo que Rudolf Hess se pasó a los británicos tres años antes. El caso es que los libros de historia dicen lo siguiente: Mitterrand no enviaba a los antifascistas a los campos de concentración sino que los libraba de ese destino fatal.

El álbum de familia de los fascistas franceses

Miterrand estaba en medio de la mierda más pestilente. Todos los hilos de La Cagoule pasaban por él. En 1939 la nieta de Deloncle, Edith Cahier, se casó con Robert Mitterrand, uno de los hermanos del futuro Presidente de la República, que se puso a trabajar tras la guerra de inmediato para que no fusilaran a sus camaradas. Mitterrand fue a la cárcel a visitar al colaboracionista Bouvyer y luego testificó en el juicio a su favor. Eso era posible porque, a su vez, Miterrand nunca fue considerado como el criminal de guerra que había sido. Desde luego no era el testimonio desinteresado que cabe esperar en un juicio. Aunque los boletines oficiales dicen que Bouvyer había sido el comisario de cuestiones judías de Vichy, su juicio cambió las cosas con el estupendo maquillaje de L’Oreal: en realidad Bouvyer, lo mismo que Mitterrand, había sido un resistente que escondía en su casa los instrumentos necesarios para elaborar documentación falsa para el Movimiento de prisioneros de guerra que dirigía Mitterrand. Así quedó la verdad oficial. Las cosas no eran lo que siempre habían parecido, sino justo al revés.

En 1945 los fascistas tenían que sobrevivir porque más allá de los Pirineos sí hubo una pequeña transición: los fascistas fueron juzgados, enviados a la cárcel y a veces fusilados. Por eso los cagoulards no tuvieron empacho en hacerse pasar como resistentes. El maquillaje ayuda. El viejo cagoulard Bouvyer renegó de sus ideas juveniles, dijo estar dispuesto a denunciar a sus camaradas de antaño y trabó amistad íntima con Miterrand. En 1946 la madre de Bouvyer, Antoinette, fue la madrina de Jean-Christophe, el hijo de Mitterrand.

Aquel maldito año de la transición francesa, Schueller y Bettencourt, los de cosméticos L’Oreal, también lo pasaron mal, pero también contaron con el testimonio favorable de Mitterrand en sus juicios respectivos. Por eso a finales de 1945 le devolvieron el favor nombrándole director de Ediciones Rond-Point que publicaba la revista Nueva Belleza. Al año siguiente le financiaron su campaña electoral en Nièvre.

L’Oreal en España

Jacques Correze era el hijo adoptivo de Deloncle. Cuando la Gestapo acribilló a Deloncle en París, él se casó con su viuda. Estuvo combatiendo al bolchevismo en la guerra mundial en las filas de la Legión Francesa, es decir, integrado en la Waffen SS. Salió de la cárcel en 1949 y Schueller le dio trabajo en L’Oreal como director de la multinacional para España y América Latina. Luego siguió su carrera comercial como delegado para Estados Unidos.

Pero el destino capitalista es inescrutable y L’Oreal, que había sostenido el holocausto en Francia, fue comprada en 1988 por la sociedad americana de cosméticos Helena Rubinstein, de innegable raigambre judía. Entonces la Liga Árabe le aplicó las normas de bloqueo internacional contra Israel. Obsequiso hacia los nuevos dueños, Correze fue el encargado de negociar el levantamiento del boicot. Nos lo imaginamos en una jaima diciéndoles cosas como ésta: Yo he enviado más judíos al matadero en Francia que vosotros en Palestina. Son argumentos comerciales convincentes.

Mitterrand no fue el único alumno marista cuya carrera fue lanzada por L’Oreal: está el caso de François Dalle. En 1990 el judío Jean Frydman se querelló en los juzgados contra Dalle por haberle despedido de una filial de L’Oreal por motivos racistas, a causa de las presiones de la Liga Árabe. Pero todo el enojoso asunto (político) se tapó con un acuerdo (comercial) entre ambas partes. No hay nada como el maquillaje para que los pequeños defectillos pasen desapercibidos.

Schueller, Bettencourt y L’Oreal, lo mismo que Mitterrand, podían jugar a todas las barajas: de pistoleros fascistas pasaron a ser considerados resistentes y de matar judíos también podían pasar a formar parte de una de las sucursales del capital judío internacional.

Tras la guerra, Schueller dejó L’Oreal en las manos del marista Bettencourt, que en 1950 se casó con Liliane, su única hija. Hoy Lilianne Bettencourt es la mujer más rica de Francia.

Otro que acabó sus días en España fue el pistolero Filliol, que huyó tras la derrota de los vichystas y logró pasar desapercibido aquí, a pesar de haber sido condenado en rebeldía tres veces a la pena capital. La España de Franco se convertía en el santuario del terrorismo internacional: además de Filliol aquí se refugiaron nazis de la talla de Leon Degrelle y el SS Otto Skorzeny. Filliol acabó plácidamente sus días trabajando para L’Oreal en Madrid, rodeado de falangistas, tomando vermú en el bar de Chicote en la Gran Vía.

En España L’Oreal se impulsa de la mano del Opus Dei, siendo su capataz Henri Deloncle, el hermano del cagoulard. Los fascistas se siguen maquillando; de la Cagoule al Opus Dei, otro signo de los nuevos tiempos. En París, en la calle Saint-Dominique, la oficina de Bettencourt cuando éste dirigía la PropagandaStaffel, se convierte en la sede central del Opus Dei para Francia. El hermano de Mitterrand, Robert, se instala en calle Dufrenoy, en una casa que, dirigida par Jean Ousset, también será sede del Opus Dei.

De asesino a ministro de Justicia

Los tiempos cambiaban pero el capitalismo seguía necesitando su tributo de sangre; además, ya no necesitaban la capucha porque todo era legal, hasta el punto de que en 1956 Mitterrand es el ministro de Justicia del gobierno socialfascista de Guy Mollet. Ya no necesita matar; le basta con firmar las órdenes de ejecución de penas capitales impuestas por los tribunales militares. Firmó más de 30 de esas órdenes entre 1955 y 1956 contra militantes del FLN argelino. Según una investigación de Le Point, de los 45 expedientes que pasaron por las manos de Miterrand cuando era ministro de Justicia, sólo en siete de ellos pidió la conmutación de la pena capital. De 1956 a 1962 los imperialistas franceses fusilaron a 222 militantes argelinos. Naturalmente porque eran terroristas. Nos explicaremos mejor: eran terroristas en Francia y héroes en Argelia (cuando ésta logró su derecho a la independencia).

Ahora bien, Mitterrand ha pasado a la historia (burguesa) por ser ese buen socialista que en 1981, desde la Presidencia de la República, abolió la pena de muerte. ¿Acaso ya no quedaba nadie a quién matar? Sí había, pero tuvo que volver otra vez La Cagoule. Al fin y al cabo, los 30 asesinatos de los GAL entre 1983 y 1987 se cometieron en Francia bajo el visto bueno de Mitterrand y de las policías española y francesa, que siempre aparecieron entremezcladas con mafiosos y gangsters. A los refugiados vascos, Mitterrand les cambió su derecho de asilo por un certificado de defunción, todo ello de conformidad con Felipe González y los cagoulards hispánicos. Así es la dialécica de la historia: de la ilegalidad a la legalidad para acabar de nuevo en la ilegalidad. El caso es matar. En 1999 en París se creó una asociación de víctimas del terrorismo… de Estado, entre las cuales reivindica las de Eizaguirre y Fernández Cario. La lista de asesinatos es espeluznante; supera el centenar: el comunista egipcio Henri Curiel, Ben Barka, refugiados palestinos, resistentes sudafricanos… Los que quieran un listado pueden leer L’Humanité de 1 noviembre de 1999.

Mitterrand dijo una vez que la República no debía ninguna excusa a las víctimas del régimen de Vichy. El Estado de Desecho hace (deshace) siempre lo que tiene que hacer (deshacer) para que la explotación siga su curso. Lo mismo que Mitterand han dicho siempre en España hombres de paja como Eligio Hernández y Rodríguez Ibarra, apologistas de los GAL y el terrorismo de Estado desde sus cargos oficiales. No pasa nada. Aunque tarden o se mueran con las botas puestas, los políticos como Mitterrand, Hernández o Ibarra van y vienen. Pero siempre hay algo que no cambia nunca; más que infraestructura, como la llamaba Marx, habría que llamarla subterránea. Lo otro es el chocolate del loro, ese alpiste electoral que nos despista.

La asociación de víctimas del terrorismo de Estado creada en París se llama Memoria, verdad, justicia. En los años cincuenta Mitterrand y otros como él podían hablar de la guerra de Argelia para justificar sus fusilamientos, pero a partir de los sesenta no cabía excusa para seguir matando. No tenemos que aclarar que jamás hubo ni investigaciones, ni condenas, ni juicios. El Estado de Desecho no puede perder el tiempo en investigarse a sí mismo. Sólo nos queda la historia y Memoria, verdad, justicia ha logrado que se abran los archivos para saber a ciencia cierta lo que sospechamos.

Los fontaneros también necesitan maquillaje

Hubert Vedrine no es un político conocido en España, pero en Francia formó parte durante varios años de los fontaneros del Estado, que es como se denomina a todos aquellos que están fuera de los focos y los micrófonos, haciendo el trabajo sucio de los monopolistas, las tareas ilegales y desagradables que todo Estado de Derecho tiene que llevar a cabo para sostener el régimen burgués de explotación a trancas y barrancas.

Desde que asesinaron a Luxemburgo y Liebknecht, la socialdemocracia es especialista en ese tipo de tareas, como los GAL demostraron en España. Vedrine forma parte de esta socialdemocracia europea que hiede por todos sus costados. Su padre, Jean, fue un dirigente cagoulard condecorado por el gobierno de Petain.

Había sido concejal en su pueblo y militó en Intercambios y proyectos, una asociación presidida por Jacques Delors, también socialdemocrata y durante años presidente de la Comisión Europea. Cuando en 1981 Mitterrand llegó al Elíseo, Vedrine fue su hombre invisible: le nombró secretario general de la Presidencia de la República. Uña y carne. También fue su hombre más visible, su portavoz casi personal. Ocupó el Ministerio de Cultura durante una etapa, pero su verdadera especialidad es la política exterior, es decir, el imperialismo francés. A partir de 1994, a medida que se agravaba la enfermedad del Presidente, Vedrine desempeñó un papel más relevante, por no decir que él era realmente el Presidente.

En 1990 convivía en su misma casa el reverendo padre Nicolas Glencross, un viejo amigo de la familia que atesoraba, allí mismo, el estudio de pornografía infantil más importante jamás descubierto por la policía en Europa. Las fotografías del padre Nicolas Glencross se difundían por medio del también reverendo Joseph Doucé a un editor nazi, Michel Caugnet, que las comercializaba. El nazi Michel Caignet también difundía las fotos de Bernard Alapetite, un viejo mlitante del Frente Nacional próximo al abogado Gabriel Jeantet.

A pesar de la gravedad del crimen, el padre Glencross consiguió su libertad provisional, pero falleció poco tiempo después; el padre Doucé fue asesinado y Vedrine jamás fue interrogado acerca del estudio de pornografía infantil que había en su casa; ni siquiera como testigo. Nada. Son los privilegios del poder.

Había muchos asuntillos de ese tipo, por ejemplo, una venta de terrenos militares poco clara en Var. Pero todo eso son minucias. Como Mitterrand y como todos los imperialistas degenerados, Vedrine es un personaje corrupto hasta la médula, hasta el mismo tuétano de sus huesos, pero eso no le ha impedido nunca levantar la cabeza y hablar con el mayor descaro. Es un columnista habitual de Le Point, es decir, es de esos que crean opinión en Francia. No hace mucho publicaba un libro titulado Los mundos de François Mitterrand en el que justificaba la política imperialista francesa en África, incluido el genocidio en Ruanda.

No podía ser de otra forma porque Vedrine es uno de los responsables directos de ese genocidio. Las asociaciones ruandesas de derechos humanos han exigido su comparecencia ante el tribunal internacional, siempre sin éxito. Vedrine es intocable y cuando el crimen no tiene castigo lo que tiene es recompensa. En 1995 Vedrine fue nombrado miembro del Consejo de Estado, que en Francia no es un florero, como en España. De ahí pasa a lo privado, a la Comisión Trilateral, aunque no de una manera pacífica porque incluso en Francia aún hay quien tiene una pizca de dignidad o le gusta guardar las formas y no mezclarse con indeseables: el embajador Gilles Martinet dimitió de la Trilateral.

Esto merece una explicación breve: Gilles Martinet también es militante de la socialdemocracia y fue uno de los pocos que se opuso a que Mitterrand se apoderara del partido socialista francés (entonces con las siglas SFIO), aduciendo inútilmente el origen vichysta del futuro Presidente de la República. Una cosa es ser un socialfascista y otra es que se note demasiado. Pero no son sólo los socialfascistas. Chirac, un derechista, nombró a Vedrine, un izquierdista, para el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores.

Si lo tuviéramos confirmado deberíamos añadir aquí que Vedrine tiene negocios comunes con la familia real de Marruecos, pero lo dejamos simplemente apuntado. El caso es que pasa temporadas con el rey de Marruecos, que es un puntal del imperialismo francés en el norte de África, y en la etapa del Aznar en La Moncloa, también un foco de problemas por el alineamiento español con Estados Unidos. Recordemos el asunto de la isla de Perejil.

Al tiempo que Vedrine entraba en la Trilateral, entraba también en el despacho de abogados Jeantet y Asociados. Ya hemos dicho que el abogado Gabriel Jeantet es un hombre muy cercano al fascista y pederasta Alapetite, a su vez en relación con el nazi Michel Caignet. Para dejarnos de eufemismos diremos que el abogado Jeantet es un vichysta. Fue uno de los dirigentes de La Cagoule y también padrino en la fulgurante y camaleónica carrera política de Mitterrand. Jeantet aupó a Mitterand en la orden clerical vichysta a la que éste pertenecía en tiempos de Petain: la Francisca. Bajo el vichysmo, Jeantet dirigió la revista de La Cagoule, llamada Nuevo Estado en la que Mitterand publicó en noviembre de 1942 un artículo titulado Peregrinaje a Turingia.

Y así volvemos siempre al principio de todo…

publicado por vez primera en la censurada web ‘Antorcha’

El llamado ‘covid persistente’ es otro producto de la histeria desatada por los medios

Durante meses Cédric Lemogne, jefe del departamento de psiquiatría del Hôtel-Dieu de París, analizó a unas 27.000 personas diagnosticadas de “covid persistente”. De ellas sólo 1.091 dieron positivo en las pruebas de coronavirus. El estudio se publicó el 8 de noviembre en la revista Journal of the American Medical Association (1).

Para entendernos: el 96 por cien de las 27.000 personas nunca tuvieron el coronavirus. El “covid persistente” es una enfermedad siquiátrica, puro histerismo.

Una propaganda obsesiva ha terminado por crear enfermos imaginarios. Si hay “enfermos asintomáticos” y “casos positivos”, es decir, enfermos que no están enfermos, también los hay que han enfermado de la cabeza sin necesidad de ningún virus.

El dato es muy significativo porque a la hora de configurar este tinglado al que llaman “covid”, revistas como EClininal Medicine ha reunido más de 200 síntomas diferentes (2) con el fin de inflar las cifras de enfermos. En la misma línea la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia elaboró un listado parecido con el mismo número de síntomas de “covid persistente” (3). Cuantos más síntomas, mayor número de enfermos. Sin embargo, una enfermedad con 200 síntomas no es una enfermedad sino un gazpacho con demasiados ingrediantes.

La OMS ha incluido al “covid persistente” entre las enfermedades de nueva creación. La jefa de gestión clínica de la OMS, Janet Díaz, afirma que aparece entre los “infectados”, a pesar de que el estudio de Lemogne demuestra que eso es falso.

Uno de los síntomas atribuidos por la televisión al “covid” es la pérdida del olfato y el gusto, una enfermedad muy antigua, anterior a la esta pandemia y que tiene muy diversos orígenes, incluso los sicopatológicos.

Lo mismo ocurre con los demás síntomas del “covid persistente”, de origen mental: fatiga, síntomas respiratorios, neuralgia, problemas de piel, problemas oculares, problemas digestivos, etc.

Al listado se le podrían añadir las demás consecuencias de la histeria, especialmente el aumento de las enfermedades sicológicas, depresiones y suicidios, cuyo origen no están en ningún virus sino en un consumo excesivo de televisión durante el confinamiento.

(1) https://jamanetwork.com/journals/jamainternalmedicine/fullarticle/2785832
(2) https://www.thelancet.com/journals/eclinm/article/PIIS2589-5370(21)00299-6/fulltext
(3) https://www.lasexta.com/noticias/nacional/esta-lista-201-sintomas-covid-persistente-registrados-ahora_2021051960a5624402a59100014660fd.html

¿Qué saben los grandes especuladores de las bolsas mundiales que los demás desconocemos?

Las personas con información privilegiada de las grandes empresas, como los consejeros delegados, han vendido acciones por valor de 69.000 millones de dólares en lo que va de año, según la CNBC. Se trata de un nuevo máximo histórico y de un aumento del 30 por cien respecto al año pasado.

La inminente subida de impuestos y la alta cotización de las acciones han animado a los más grandes a hacer caja: 385.000 millones de dólares, muy por encima del récord establecido en 2013. En noviembre se superó por primera vez la marca de 50.000 millones de dólares en ventas mundiales.

Las ventas aumentaron un 79 por cien respecto a la media de los últimos diez años.

Desde Satya Nadella en Microsoft hasta Jeff Bezos y Elon Musk, los consejeros delegados, fundadores y personas con información privilegiada han cobrado sus acciones a un ritmo récord.

Esta fuga está creciendo en un momento de crisis, cuando las cadenas de suministros se han roto y la inflación alcanzado niveles que no se veían desde los setenta del siglo pasado. La crisis de superproducción es evidente: las ventas del Black Friday bajaron un 28 por cien respecto a los niveles de 2019.

Los “expertos” quieren hacernos creer que las ventas al por menor han bajado porque las ventas en línea están en auge, pero no es cierto. En Estados Unidos las ventas del Cyber Monday bajaron por primera vez en la historia. El lunes los consumidores digitales gastaron 10.700 millones de dólares, un 1,4 por cien menos que el año anterior.

Es muy preocupante que los grandes especuladores salgan de la bolsa, ¿Qué saben esos cabecillas de las grandes empresas que los demás desconocemos? Leamos lo que dice Steen Jakobsen, director de inversiones de Saxo Bank:

“Hay mucha energía acumulada en nuestra sociedad, con una economía plagada de desigualdades. Si a esto le añadimos la incapacidad del sistema actual para resolver el problema, tenemos que mirar al futuro con una visión fundamental de que no es cuestión de si tendremos una revolución, sino de cuándo y cómo la tendremos. En toda revolución, unos ganan y otros pierden, pero no se trata de eso: si el sistema actual no puede cambiar, sino que debe hacerlo, la revolución es el único camino.

“La guerra cultural está haciendo estragos en todo el mundo y la división ya no es sólo entre los ricos y los pobres. También son los jóvenes contra los viejos, la clase educada contra la clase trabajadora menos educada, los mercados reales con libre formación de precios contra la intervención gubernamental, las compras en la bolsa contra el gasto en I+D, la inflación contra la deflación, las mujeres contra los hombres, la izquierda progresista contra la izquierda centrista, la señalización de la virtud en las redes sociales frente al cambio social real, la clase rentista frente a la mano de obra, los combustibles fósiles frente a la energía verde, las iniciativas ESG [socialmente responsables] frente a la necesidad de proporcionar al mundo una energía fiable… la lista continúa.

“En todo el mundo hemos colaborado en las vacunas covid en 2020 y 2021. Ahora necesitamos un nuevo Proyecto Manhattan para situar el coste marginal de la energía, ajustado a la productividad, en una senda de niveles mucho más bajos, eliminando al mismo tiempo el impacto medioambiental de nuestra producción energética. Una decisión así desencadenaría el mayor ciclo de productividad de la historia: podríamos desalinizar el agua, hacer viables las granjas verticales en casi cualquier lugar, aumentar la potencia de los ordenadores hasta los estados cuánticos y seguir explorando nuevas fronteras en biología y física”.

Para quienes no lo sepan, el Proyecto Manhattan fue organizado por el ejército de Estados Unidos para fabricar la bomba atómica en 1945, que luego desembocó en lo que Eisenhower calificó como “complejo militar-industrial”.

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