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La OTAN no tiene ninguna prisa por acabar la Guerra de Ucrania

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, asegura que la guerra en Ucrania está lejos de terminar. Es una ingenuidad esperar una rápida conclusión de las hostilidades, que comenzaron en febrero del año pasado.

La declaración de Stoltenberg contiene una advertencia muy explícita: si Zelensky y los ucranianos dejan de luchar, la existencia misma de su país estaría amenazada. Por el contrario, si Rusia depone las armas, se podría establecer la paz. Esta dicotomía revela el dilema que enfrenta Ucrania: continuar una lucha imposible.

Según Stoltenberg, la incorporación de Ucrania en la OTAN es inevitable, “tarde o temprano”. Menciona especialmente el acercamiento entre Kiev y la OTAN durante la cumbre de la alianza celebrada en julio. El fin de la guerra, añade, debe ir acompañado de garantías de seguridad para Ucrania para evitar que la historia se repita. Esas garantías muy bien podrían conducir a Ucrania la incorporarse a la OTAN, sujeta a ciertas reformas.

La admisión por parte de la OTAN de la duración indefinida del conflicto y la advertencia sobre la supervivencia de Ucrania resaltan la gravedad y complejidad de la situación en el este de Europa.

La situación en el frente es problemática. Desde junio el ejército ucraniano dirige una contraofensiva contra las fuerzas rusas, especialmente en el sur y el este del país. Sin embargo, apenas han avanzado. La superioridad aérea de Rusia impide cualquier maniobra a los ucranianos.

A cada paso Zelensky expresa su frustración por el lento ritmo de la ayuda militar occidental y las sanciones contra Rusia. Para él, estos factores obstaculizan la capacidad de Ucrania para progresar en el frente militar. Estas preocupaciones ponen de relieve la necesidad apremiante de una respuesta más rápida y eficaz de la OTAN. El conflicto en Ucrania no es sólo una crisis local, sino una situación que exige atención y acción mundiales, añade el Presidente ucraniano.

Mali, Burkina Faso y Níger crean una alianza de defensa colectiva

El sábado Mali, Burkina Faso y Níger firmaron un pacto de defensa mutua, conocido como Alianza de Estados del Sahel (AES), destinado a protegerse contra posibles amenazas de agresión armada o externa. La carta, denominada Carta Liptako-Gourma, compromete a los firmantes a ayudarse mutuamente, incluso a nivel militar, en caso de ataque contra uno de ellos.

En un contexto de crecientes tensiones con Francia y la Cedeao, la alianza también pretende combinar esfuerzos militares y económicos para luchar contra el terrorismo y está dirigida a una región ya devastada por rebeliones armadas.

La región de Liptako-Gourma, fronteriza con Mali, Burkina Faso y Níger, ha sido devastada por el yihadismo en los últimos años. Desde el 26 de julio en Níger una decena de ataques yihadistas han dejado más de un centenar de muertos, la mitad de ellos civiles.

En el centro de la Carta hay un nuevo compromiso con la defensa colectiva. El artículo 6 especifica que un ataque a la soberanía o la integridad de uno de los miembros será tratado como una agresión contra todos. Esto obligará a otros a intervenir, incluso mediante el uso de la fuerza militar. Las tres naciones afirmaron también su determinación de luchar juntas contra el terrorismo, el crimen organizado y también los intentos de rebelión, en particular los de los tuareg de Mali.

Aunque el énfasis está en la seguridad, la Alianza no se limita al ámbito militar. También prevé una combinación de esfuerzos en el ámbito económico. Los dirigentes expresaron su deseo de colaborar no sólo en cuestiones militares, sino también en los desafíos económicos y sociales que enfrentan.

Los tres países firmantes se han retirado del G5 Sahel, lo mismo que Francia. La cooperación militar con la antigua metrópoli se ha acabado, e incluso se ha vuelto en su contra y suenan amenazas de intervención militar por parte de Francia y la Cedeao.

Los tres países Níger, Mali, Burkina Faso y Níger han optado por fortalecer su solidaridad. La AES se plantea, pues, como una respuesta directa al vacío de seguridad y a las tensiones con Francia.

La carta, compuesta por 17 artículos, sirve de base a la Alianza. Su objetivo, según su artículo 2, es establecer una estructura defensiva colectiva en beneficio de las poblaciones de los tres países miembros. La República de Mali fue elegida como depositaria, reforzando así su posición central dentro de la alianza.

Con la creación de la Alianza del Sahel, la dinámica regional podría sufrir cambios significativos. La Alianza podría influir en las relaciones de los tres países con otros actores como la Cedeao y Francia. Al definir un nuevo camino para su seguridad y desarrollo, Mali, Burkina Faso y Níger están tratando de brindar soluciones regionales a los desafíos regionales.

Esta iniciativa marca un paso significativo en la búsqueda de estabilidad para el Sahel.

Francia sigue tensando la cuerda con sus antiguas colonias africanas

Los colonialistas no renuncian a sus privilegios por las buenas; prefieren morir matando. Primero Francia eliminó los visados para los viajeros procedentes de los “países malditos” de África occidental: Mali, Burkina Faso y Níger. Luego aconsejó a la industria cultural que dejara de organizar conciertos y exposiciones artísticas de esos tres países.

Ahora hace lo mismo con los estudiantes. El gobierno francés dice que está “obligado” a suspender visas a estudiantes del Sahel. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores, Campus France y los servicios de entrega de visados ​​se vieron afectados.

Campus France, el instituto encargado de promover la educación superior francesa en el extranjero, asegura que los estudiantes de estos tres países ya presentes en territorio francés no se verán afectados. Sus becas siguen activas, situación que afecta a unos 3.000 estudiantes malienses, 2.500 estudiantes burkineses y 1.200 estudiantes nigerinos actualmente matriculados en centros franceses.

París afirma que no se trata de una ruptura de la cooperación con los tres países, sino más bien de una “suspensión” por “limitaciones de seguridad”. El Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores precisa que no se trata de una orden de suspender la cooperación con los nacionales de estos países. Tampoco se pone en duda la cooperación ya establecida con universidades y otras instituciones científicas de estos países.

Desde el 7 de agosto está suspendida la expedición de visados ​​desde las capitales Niamey, Uagadugu y Bamako. Naturalmente, esta decisión suscitó preocupaciones sobre el impacto en la movilidad de estudiantes, investigadores y artistas que desean ir a Francia. Se trata de ramificaciones que se suman a las recientes controversias que afectan al mundo cultural francés.

El extraño caso de la ONG ‘Road to Relief’ y la ‘cooperante’ española muerta en Ucrania

El mundo de las ONG en zonas de guerra hay que analizarlo siempre con lupa, al igual que ocurre con la cooperación al desarrollo. Costa Gavras, en su película Estado de Sitio, narraba el diálogo que mantenían en la Embajada de Estados Unidos el cónsul de aquél país con periodistas uruguayos, interesados por el secuestro por la organización Tupamaros de un “agregado de agricultura” de ese país, cuyo secuestro era inexplicable y que reflejaba la maldad del terrorismo. Leer más

El aislante se ha quedado aislado (el mundo le está jugando una mala mala pasada a Alemania)

El lunes de la semana pasada la web alemana Zuerst publicaba un interesante comentario sobre la visita de la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, a Kiev (*). Su título no podía ser más esclarecedor (“Aislar mundialmente a Rusia y China”) y resume la política del actual gobierno alemán y, especialmente, de Los Verdes: el aislante se ha quedado aislado.

Lo difundimos íntegra y literalmente porque no puede ser más concluyente. Leer más

El vicepresidente de la Duma pide la salida de Rusia de los organismos internacionales

El viceministro ruso de Sanidad, Oleg Salagai, viajó a Dinamarca para participar en una reunión de la OMS. Al llegar al aeropuerto Kastrup de Copenhague, le negaron la entrada en el país.

La reacción del vicepresidente de la Duma, Piotr Tolstoi, no ha dejado lugar a dudas: no sólo ataca a Dinamarca sino que, además, pide la salida de la OMS y otros organismos internacionales que intenten bloquear a Rusia.

“Lamentablemente, entre quienes toman decisiones, todavía hay personas que miran con inexplicable esperanza hacia la OMS, el COI, la UNESCO y otras organizaciones internacionales. Es hora de comprender que nuestros enemigos los utilizan hoy para demostrar diariamente su actitud hacia Rusia. Se trata de instituciones controladas políticamente por Occidente, cuya participación hoy sólo debilita a nuestro país. Con nuestra presencia sólo legitimamos las absurdas acusaciones y ataques contra Rusia. Tenemos que salir de allí y deshacernos del legado de los años 90”, ha propuesto Tolstoi.

Las organizaciones internacionales ya no son tales, es decir, ya no garantizan una relación horizontal entre Estados soberanos iguales, sino que se han convertido, y singularmente la OMS, en juntas de gobierno que aseguran una jerarquía entre una dirección de toma las decisiones y los estados satélites, obligados a cumplirlas.

Dinamarca es uno de los perros falderos de la OTAN más comprometidos en meter presión a Rusia. Acaba de anunciar una importante ayuda a Ucrania, la duodécima desde el inicio de la guerra, esta vez por un importe aproximado de 833 millones de dólares, para la compra de tanques y vehículos blindados.

La ONU, el sistema de Bretton Woods y la OMC pierden su credibilidad

Las mayores organizaciones internacionales están viviendo una verdadera crisis. Durante una reunión del G77+China, el Presidente brasileño Lula da Silva, atacó el “gobierno mundial asimétrico”, la ONU, el sistema de Bretton Woods y la OMC, que están “perdiendo credibilidad”, dijo.

“La gobernanza mundial sigue siendo asimétrica. Las Naciones Unidas, el sistema de Bretton Woods y la OMC están perdiendo credibilidad”. Las instituciones internacionales tradicionales no tienen en cuenta la nueva correlación de fuerzas y los intereses de los países en desarrollo y, por tanto, están perdiendo peso, dijo Lula durante su discurso en la cumbre del G77 que se celebra en Cuba.

“No podemos dividirnos”, subrayó Lula. Las oligarquías mundiales deben reconocer el desequilibrio y tomar medidas para garantizar que se tengan en cuenta los intereses de “los países de ingresos bajos y medios y otros grupos menos protegidos”.

Para el Jefe de Estado brasileño, la “revolución digital” y la “transición energética” son “dos grandes transformaciones en marcha” que “no pueden ser moldeadas por un puñado de economías ricas, reeditando la relación de dependencia entre el centro y la periferia”.

En La Habana se ha celebrado la cumbre del G77+China, formada por un centenar de países de Asia, África y América Latina que representan el 80 por cien de la población mundial.

El Grupo, creado en 1964 por 77 países, ahora incluye 134 naciones. China participa como actor externo.

Presionan al Tribunal Penal Internacional para que ordene la detención de Lukashenko

Se acumulan las presiones sobre el Tribunal Penal Internacional para que emita una orden de detención contra el presidente bielorruso Alexander Lukashenko en el fraudulento asunto de los niños “deportados” por Rusia para alejarlos de las zonas de combate.

El 17 de marzo el Tribunal Penal Internacional emitió una orden de detención contra el Presidente ruso y la Defensora de la Infancia por las “deportaciones” de niños de las zonas de guerra.

Ni Rusia ni Bielorrusia reconocen la competencia del Tribunal Penal Internacional, por lo que se trata de propaganda para consumo de los medios, más que de un acto propiamente jurídico.

A finales de junio Pavel Latushka, antiguo ministro de Cultura de Bielorrusia, declaró a los medios occidentales que Lukashenko ayudaba a Rusia y, en particular, acogía a niños evacuados de las zonas de combate.

Envió documentos al Tribunal para que pudiera procesar a Lukashenko. Los documentos indican lo mismo que se ha llevado a cabo en todas las guerras: la evacuación de más de 2.100 niños ucranianos de al menos 15 ciudades ocupadas por Rusia.

Lukashenko aprobó la llegada de los niños a su país, según la denuncia. Latushka expresó su esperanza de que los documentos impulsaran al Tribunal a emitir una orden de detención contra Lukashenko, como lo hizo contra Putin.

Por el momento, la fiscalía no ha acusado recibo de la llegada de ningún documento de Latushka, pero la campaña sigue su curso y el Parlamento Europeo se ha apuntado a la farsa: “Según el servicio de prensa del parlamento, los miembros del Parlamento Europeo que pidieron al Tribunal Penal Internacional que emitiera una orden de arresto contra el presidente bielorruso creen que Bielorrusia es responsable de los daños causados ​​y los crímenes cometidos en Ucrania, en particular por el papel del régimen en las transferencias ilegales de niños”.

Burkina Faso expulsa al agregado militar de la embajada francesa

El jueves Burkina Faso expulsó al agregado militar de la embajada francesa en Uagadugu, acusado de actividades subversivas, dándole dos semanas para abandonar el país. Es una nueva señal del deterioro de las relaciones entre ambos países.

“El gobierno de Burkina Faso ha decidido […] retirar la acreditación al Sr. Emmanuel Pasquier, agregado de defensa de la embajada de Francia en Burkina Faso por actividades subversivas”, manifestó el Ministerio de Asuntos Exteriores de Burkina Faso en una carta enviada a París el jueves. Le han concedido un plazo de dos semanas para abandonar el territorio de Burkina Faso.

El gobierno burkinés también ha decidido cerrar la misión militar burkinesa en París, indica la carta.

Las relaciones entre Francia y Burkina siguen deteriorándose desde que el capitán Ibrahim Traoré llegó al poder en un golpe militar en septiembre del año pasado, el segundo en ocho meses.

En marzo Burkina Faso denunció el acuerdo militar de 1961 con Francia, pocas semanas después de exigir y obtener la retirada de las tropas francesas “Sabre”. El gobierno burkinés también ha solicitado la salida permanente de todo el personal militar francés que presta servicios en las administraciones militares del país africano.

El embajador de Francia en Uagadugu fue llamado a París tras el Golpe de Estado y no ha sido reemplazado desde entonces.

En una entrevista difundida la semana pasada por la Radio Television du Burkina, el capitán Traoré afirmó que sus medidas no estaban dirigidas contra el pueblo francés, sino contra sus dirigentes. “No somos enemigos del pueblo francés, es la política de quienes dirigen Francia la que plantea un problema en África”, declaró.

“Debemos aceptar mirarnos unos a otros como iguales” y “debemos aceptar revisar toda nuestra cooperación”, añadió. También cuestionó la eficacia de los soldados franceses en Burkina Faso en el marco de la lucha contra los yihadistas, cuya salida exigió en enero.

Desde entonces, Burkina ha estado buscando una nueva cooperación, en particular con Rusia. Una delegación rusa habló con Traoré en Uagadugu a finales de agosto sobre cuestiones de desarrollo y cooperación militar y el capitán burkinés viajó a San Petersburgo en julio para la cumbre Rusia-África.

El lunes la ministra de Asuntos Exteriores de Burkina Faso, Olivia Rouamba, expresó el deseo de su país de “reforzar la cooperación bilateral” con Irán, durante una entrevista en Teherán con el presidente Ebrahim Raissi.

Desde 2015 Burkina Faso se ha visto atacada por grupos yihadistas afiliados al Califato Islámico y a Al Qaeda. Los atentados han causado más de 17.000 muertes de civiles y militares, incluidas más de 6.000 desde principios de este año.

Desde el golpe de Estado que derrocó al presidente electo Mohamed Bazoum el 26 de julio, Burkina Faso, Malí y Níger han adoptado una postura decididamente opuesta al colonialismo francés en la región del Sahel.

La Organización Mundial de Comercio lamenta la fragmentación del mercado internacional

La “desmundialización del comercio internacional está lejos de ser una realidad”, dijo el martes la OMC (Organización Mundial de Comercio), aunque están apareciendo “los primeros signos”.

En su informe anual sobre el comercio mundial, los economistas de la Organización Mundial del Comercio abogan por una “reglobalización” en un contexto en el que, según ellos, “los primeros signos de fragmentación del comercio amenazan con frenar el crecimiento y el desarrollo”.

Dividir el mercado mundial en dos bloques separados representaría un costo total estimado en alrededor del 5 por cien del ingreso real, y algunas economías en desarrollo enfrentarían pérdidas de dos dígitos, dice el informe.

La “globalización”, es decir, la aspiración a que el mercado mundial fuera uniforme, abierto para todos los países y regido por las mismas reglas, siempre fue una aspiración de las grandes potencias imperialistas, que sólo lo lograron de manera parcial.

La caída de la URSS pareció dar un buen impulso al derribo de los muros, las aduanas y las fronteras, pero ha ocurrido todo lo contrario. Los mercados se cierran precisamente como consecuencia de las sanciones económicas, especialmente a Rusia, y el bloqueo de China.

La “desmundialización” es inevitable (siempre lo fue) porque unos imponen las reglas (en su propio beneficio) a los otros, que están obligados a acatarlas. Es lo que llaman un “orden internacional basado en reglas”, una expresión cínica que triunfó en 2003 para justificar la agresión militar contra Irak, que no contaba con la autorización de la ONU.

Para Estados Unidos el derecho internacional está supeditado a sus propias leyes internas, y por eso aplica selectivamente las normas internacionales que le convienen, al tiempo que impone sus propias reglas al mundo, haciéndolas pasar como si fueran internacionales cuando, en la práctica, viola los principios del derecho internacional.

Es lo que se llama “hegemonía”, que desde 1945 ha sido posible por una correlación de fuerzas que ahora ha cambiado. Hay nuevos protagonistas, países emergentes, llamando a la puerta.

Reino Unido envió a los niños negros a escuelas para ‘subnormales’

En Reino Unido, en las décadas de los sesenta y setenta, cientos de niños negros fueron etiquetados como “educativamente subnormales” y enviados a escuelas para alumnos que se consideraba tenían poca inteligencia. Por primera vez, algunos exalumnos han hablado de sus experiencias para un documental.

En la década de los setenta, cuando tenía 6 años, Noel Gordon fue enviado a lo que se conocía en aquel momento como un internado “educativo para subnormales” (ESN), situado a 24 kilómetros de su casa. “Esa escuela era un infierno”, dice Noel. “Pasé 10 años allí, y cuando me fui a los 16, no pude conseguir trabajo porque ni siquiera podía deletrear o llenar una solicitud de empleo”.

Aproximadamente un año antes de unirse a la escuela ESN, Noel había sido ingresado en el hospital para que le extrajeran un diente. Le administraron un anestésico, pero resultó que tenía anemia de células falciformes no diagnosticada y el anestésico desencadenó una reacción grave.

Noel dice que los problemas de salud resultantes lo llevaron a ser percibido como con dificultades de aprendizaje y a ser recomendado para una “escuela especial”. Sin embargo, ni él ni sus padres recibieron ninguna prueba o explicación de su discapacidad. “Alguien vino y dijo que habían encontrado un internado especial con una matrona donde se ocuparían de mis necesidades médicas”, dice Noel.

Durante esa conversación también dijeron que Noel era “un idiota. Estúpido”. Pero los padres de Noel no se dieron cuenta de que su nueva escuela era para los llamados “subnormales” desde el punto de vista educativo. Se habían mudado a Inglaterra desde Jamaica a principios de los años 60 y tenían grandes expectativas en la educación de su hijo.

Noel pasó la primera noche en el internado llorando, pensando en su madre. Sentía que la escuela era fría e institucional. “Aún me viene el olor de los viejos escritorios de madera. ¡Ah! y el abuso racial en mi primer día”, dice. Un estudiante le lanzó insultos raciales en el aula, pero no fue reprendido: el maestro simplemente le dijo que se sentara.

La escuela no seguía el plan de estudios del resto. Y aunque un maestro le dio a Noel un cuaderno para que escribiera, nunca le enseñaron gramática básica o cómo escribir. Hizo algunas sumas y restas básicas, pero durante las clases principalmente hacía manualidades y jugaba.

Sus padres sólo se dieron cuenta de qué tipo de escuela era cuando Noel, que entonces tenía 7 años, fue golpeado por un alumno de 15 años y su padre lo visitó por primera vez. Recuerda que su padre le dijo al director: “Esta es una escuela para niños discapacitados”, utilizando un término obsoleto. Dice que el director respondió: “Sí, pero no nos gusta usar esa palabra, los llamamos aprendices lentos”.

El padre de Noel, aunque devastado, se sintió impotente para cambiar las cosas.

Noel no tuvo la oportunidad de realizar exámenes y obtener calificaciones. Reflexionando sobre ello ahora, dice que ser etiquetado como subnormal desde el punto de vista educativo lo hizo sentir inferior por el resto de su vida y le generó muchos problemas psicológicos. “Dejar la escuela sin ningún título es una cosa, pero dejar la escuela pensando que eres estúpido es completamente diferente. Te quita la confianza”, dice.

El término “educativamente subnormal” derivó de la Ley de Educación de 1944 y se utilizó para definir a quienes se creía que tenían una capacidad intelectual limitada. “Esa etiqueta hizo que los niños se sintieran inferiores”, dice el profesor Gus John, activista de la educación, quien llegó a Reino Unido desde el país insular caribeño de Granada en 1964 como estudiante, y pronto se dio cuenta del problema.

“Los estudiantes de las escuelas ESN no irían a la universidad. Si tenían suerte, se convertirían en labradores. “El término paralizaba y mataba cualquier sentido de autoconfianza y ambición”. Las escuelas primarias y secundarias de ESN clasificaban a los niños entre los que tenían “discapacidades de aprendizaje moderadas”, discapacidades de aprendizaje “graves” o aquellos “imposibles de enseñar”. Estas categorías eran amplias y cuando se recomendaba a los estudiantes para las escuelas ESN, los profesores y psicólogos no siempre daban razones sólidas.

Si bien algunos de estos centros tenían buenos ejemplos de enseñanza, en muchos se pasaban por alto las necesidades de los alumnos.

Los estudiantes negros fueron enviados a estas escuelas en proporciones significativamente más altas. Los realizadores del documental vieron un informe de 1967 de la ahora desaparecida Inner London Education Authority (ILEA , la Autoridad de Educación del Interior de Londres), que mostraba que la proporción de niños inmigrantes negros en las escuelas ESN (28 por cien) era el doble que la de los de las escuelas ordinarias (15 por cien).

“El porcentaje de niños negros en las escuelas ESN comparado con el de las escuelas normales era escandaloso”, dice Gus John. Pero ¿por qué se definió a tantos niños negros como “subnormales“? Las cifras de las décadas de 1960 y 1970 muestran que, en promedio, el rendimiento académico de los niños negros era más bajo que el de sus homólogos blancos. Eso alimentó la creencia generalizada de que los niños negros eran intelectualmente inferiores a los blancos.

Un informe de la autoridad local filtrado en 1969, escrito por un director llamado Alfred Doulton, argumentó que los niños antillanos en general tenían un coeficiente intelectual más bajo. La afirmación se basaba en los resultados de las pruebas de coeficiente intelectual a los que se sometía comúnmente a los alumnos de primaria.

Uno de los principales defensores de esas teorías fue Hans Eysenck, exprofesor del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres. Creía que la inteligencia estaba determinada genéticamente y citaba un estudio estadounidense que parecía mostrar que el coeficiente intelectual de los niños negros caía, en promedio, 12 puntos por debajo de los niños blancos.

Sobre ello, Gus John dice en el documental: “Cuando personas como Eysenck escribieron sobre raza e inteligencia, lo que en realidad estaban haciendo era justificar todos esos tropos que habían estado flotando durante el período de esclavitud, en el que la gente creía que no solo que los negros eran subhumanos sino también que no se podía esperar que actuaran o fueran tan inteligentes como los blancos”.

Muchos maestros veían a los niños negros como intelectualmente inferiores y temían que el hecho de que hubiera “demasiados” alumnos negros en una clase afectara negativamente el logro de los alumnos blancos.

Tras una protesta de padres blancos en Southall, al oeste de Londres, en junio de 1965, el gobierno emitió una guía que abordaba las necesidades sociales, lingüísticas y las posibles necesidades médicas de los niños inmigrantes, y recomendaba mantener un límite de aproximadamente el 30 por cien de inmigrantes en cualquier escuela. Algunas autoridades locales transportaban en autobús a los niños inmigrantes a escuelas fuera de su área local.

Como consecuencia, muchas autoridades locales adoptaron la política de transporte en autobús: enviar a los niños inmigrantes a escuelas fuera de su área local en un intento de limitar el número de minorías étnicas en las escuelas. La práctica finalmente se abolió en 1980. “El sistema educativo alimentó y legitimó la idea de que los menores negros caribeños eran menos inteligentes que otros niños. Por eso muchos de ellos terminaron en las escuelas ESN.

Muchos equipararon erróneamente la raza con la capacidad intelectual. Pero como argumentó la fallecida psicóloga educativa Mollie Hunte, los malos resultados de los estudiantes negros no se debieron a su capacidad intelectual sino a que las pruebas utilizadas para evaluarlos tenían un sesgo cultural. Como explica Gus John, los exámenes utilizaban referencias y vocabulario con los que los niños caribeños recién llegados no estaban familiarizados.

“Un elemento clave fue el idioma”, dice el profesor John. “Si habían crecido en un hogar jamaicano, usaban inglés jamaicano o criollo. “El problema que tenía la mayoría de los estudiantes caribeños era que como era un derivado del inglés estándar, nadie creía que necesitaran apoyo con el idioma”. Como resultado, no recibieron la ayuda adicional que recibieron otros niños inmigrantes que no hablaban inglés antes de llegar.

Según el profesor John, los maestros no intentaron comprender las barreras culturales que enfrentaban los niños negros y las evaluaciones no consideraron sus circunstancias domésticas y socioeconómicas, ni el impacto de la migración. Muchos niños viajaban a Reino Unido una vez que sus padres se habían instalado. Llegaban a un país desconocido para vivir con extraños virtuales, a quienes no habían visto en años. “Ese desplazamiento causó mucho trauma”, dice el profesor John. “Hubo dolor y duelo. Esos niños a menudo no volvían a ver a sus abuelos”.

Según el activista de la educación, había una cultura de bajas expectativas entre los profesores. Las dificultades de aprendizaje se confundieron con problemas de aprendizaje y los niños negros simplemente fueron “descartados” y enviados a las escuelas ESN. Eso es lo que le sucedió a Maisie Barrett, de Leeds, una ciudad del norte de Inglaterra, quien fue enviada a uno de estos centros a los siete años, en la década de 1960.

“Inicialmente fui a una escuela convencional. Allí, una maestra le dijo a mi madre que no podía aprender. Nos dijeron que estaría mejor en una escuela especial”. Maisie dice que la decisión de enviarla a una escuela ESN fue un error que arruinó sus oportunidades de vida. Como a Noel, no le enseñaron lo necesario. “Jugábamos, teníamos discotecas… Yo lo llamo una ‘escuela libre’ porque la educación era muy básica y jugamos mucho más de lo que estudiábamos”, dice.

Décadas después, a los 30 años, a Maisie le diagnosticaron dislexia. “En lugar de ayudarme con mis dificultades de aprendizaje, simplemente me tacharon de estúpida. Los maestros nunca se tomaron el tiempo de averiguar por qué tenía problemas para aprender. Eso arruinó mi confianza”, dice. “Era lenta, pero un maestro debería haberse tomado el tiempo para ayudarme a aprender”.

Según Maisie, la falta de aprendizaje y apoyo era solo una parte del problema. “Fui a una escuela que era una institución racista”, dice. Con el tiempo, tanto a Noel como a Maisie se les ofreció la oportunidad de asistir a escuelas ordinarias. Para entonces, era demasiado tarde. En el caso de Noel, fue a una escuela secundaria local a tiempo parcial desde los 12 años y pasó el resto de la semana en la escuela ESN.

“En la escuela secundaria de medio tiempo, me ausentaba debido a la intimidación de no tener amigos y no poder leer”, dice Noel. Maisie dejó su escuela ESN a la edad de 13 años y comenzó en la escuela secundaria regular. “Mi mamá me puso en contacto con una trabajadora social negra que, después de evaluarme, dijo que yo era inteligente y señaló que me ubicaran en la escuela ESN por racismo”, dice Maisie. Sin embargo, para entonces, incapaz de leer o escribir, Para Maisie la escuela secundaria fue extremadamente desafiante y terminó sin calificaciones.

Inicialmente, muchos caribeños que emigraron a Reino Unido durante las décadas de los sesenta y setenta tenían una visión favorable de las escuelas ESN. A menudo denominadas “escuelas especiales” por los maestros, los padres caribeños, con poco conocimiento sobre el sistema educativo británico, pensaban que estas brindarían un mejor apoyo y aprendizaje a sus hijos.

“Cuando le dijeron a mi madre que me habían recomendado para una escuela especial, la recuerdo sonriendo. Ella pensó que una escuela especial significaba una escuela mejor”, dice Maisie. Esta presunción sobre las escuelas “especiales” también se derivaba de las experiencias de los caribeños con los centros educativos en sus lugares de origen.

“La educación británica era vista como un camino hacia la movilidad social y las aspiraciones de los padres eran muy altas”, dice Gus John. “Los maestros tenían un perfil alto en las comunidades caribeñas, y los padres inicialmente confiaban en los profesores británicos. Fue un shock descubrir que sus hijos estaban siendo descritos como subnormales”.

Sin embargo, cuando empezaron a notar las dificultades de sus hijos con los conceptos básicos de lectura y escritura, se preocuparon y surgieron grupos de padres dispuestos la acción. Por ejemplo, en 1970, después de descubrir que había un número desproporcionadamente alto de niños negros en las escuelas ESN del norte de Londres, un grupo llamado North London West Indian Association se quejó formalmente ante la Junta de Relaciones Raciales, alegando discriminación en virtud de la Ley de Relaciones Raciales de 1968.

En 1971 un libro titulado “Cómo el niño antillano se vuelve subnormal desde el punto de vista educativo en el sistema escolar británico” resultó fundamental para cambiar la opinión de los padres negros. El autor, el escritor y maestro granadino Bernard Coard, enseñaba en una escuela ESN y había notado la gran cantidad de niños caribeños allí. Cuando un grupo de padres preocupados le pidió que investigara el tema, escribió el libro en un tiempo récord.

Sostuvo que las escuelas ESN estaban siendo utilizadas por las autoridades educativas como un “vertedero” para los niños negros, y que los maestros estaban confundiendo el trauma causado por la inmigración con una falta de inteligencia.

El trabajo fundamental de Bernard Coard condujo a una acción positiva y a un fuerte aumento en las escuelas complementarias para negros. Eran escuelas sabatinas creadas por padres negros con el objetivo de elevar el nivel educativo de los niños. Enseñaban materias del currículum junto con la historia negra, para elevar la autoestima de los niños, ayudarlos a obtener calificaciones y prepararlos para el empleo.

Después de años de presión y campañas, la Ley de Educación de 1981 consagró la inclusión en la legislación y el término “educativamente subnormal” fue abolido como una categoría definitoria.

Una investigación del gobierno sobre la educación de niños de grupos étnicos minoritarios publicada en 1985 encontró que la baja puntuación de cociente intelectual promedio de los niños antillanos no eran un factor significativo en su bajo rendimiento académico. En cambio, se descubrió que el prejuicio racial en la sociedad en general jugaba en ello un papel crucial.

Pero tanto para Noel como para Maisie, el impacto de su tiempo en las escuelas ESN permanece. “La etiqueta ESN paralizó mi confianza. Nunca me dieron las herramientas para ser la persona que podría haber sido”, dice Maisie.

A pesar de escribir dos libros y obtener cuatro títulos después de dejar la escuela, incluidos los estudios caribeños y la escritura creativa, Maisie ha tenido dificultades para encontrar trabajo a lo largo de los años. Actualmente desempleada y con dos hijos adultos, trabajó como trabajadora de apoyo para disléxicos, pero fue despedida hace unos años.

Maisie siente que se ha pasado la vida “tratando de ponerse al día” desde que dejó la escuela ESN.

Noel descubrió que realmente le gusta aprender y ha acumulado una serie impresionante de diplomas como adulto, incluida una licenciatura en informática. Pero aunque la pared de su casa está cubierta de certificados, todavía tiene dificultades para leer y escribir. “Esa escuela ESN me ha arruinó”, dice Noel.

Y a pesar de los importantes avances realizados desde entonces, persisten las disparidades en la educación de los niños negros. “Las preocupaciones que solíamos tener sobre los ESN todavía persisten, en vista de la cantidad de niños negros en unidades de derivación de alumnos”, dice Gus John. Estas unidades fueron establecidas en 1993 para acoger a alumnos excluidos de las escuela ordinarias. Pero hay en ellas una cantidad desproporcionada de alumnos negros, hasta tres veces más en algunos de estos centros.

Al considerar el impacto a largo plazo de las escuelas ESN, el mayor pesar de Gus John es que “toda una generación fue disuadida de soñar en grande”.

—https://www.bbc.com/mundo/noticias-57255577

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