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Sin una producción en masa de bajo costo, los ejércitos no ganarán ninguna batalla

Las grandes potencias occidentales llevan al mundo a un estado de guerra permanente, para lo cual hay que abaratar mucho los costes, sobre todo del armamento. Por eso los economistas están cada vez más presentes en los ministerios de Defensa.

Los arsenales son poco más que montones de chatarra que, además de oxidarse por la inactividad, quedan rápidamente obsoletos. Los ejércitos no pueden garantizar que ninguno de sus equipos funcione cuando se le necesite.

Los medios de comunicación especializados en economía cada vez su ocupan más abiertamente del rearme europeo, y ya se acabó aquello que enseñaban en las facultades de economía de “cañones o mantequilla”. Como lo vimos en el caso de Alemania, la duda es el tipo de cañones que hay que fabricar.

Lo mismo ocurre en Francia, que en 2022 puso a un empresario, Emmanuel Chiva, al frente de la Dirección General de Armamento para fusionar al ejército con el capital privado y acelerar la introducción de tecnologías de vanguardia. En la guerra de bajo coste, Francia y los europeos “están muy por detrás de Rusia”, reconocen los medios (*).

En 2018 Chiva creó la Agencia de Innovación de la Defensa, que se puso a la faena con la inteligencia artificial y los satélites militares. El objetivo no es preparar para la guerra al ejército sino a la economía. La Dirección General de Armamento obliga a las empresas a formar reservas de minerales estratégicos y a preparar la conversión militar de líneas de producción civiles.

Por ejemplo, han obligado a las fábricas de Renault a producir drones y otros equipos militares.

Hasta ahora el equipamiento militar francés se ha basado en tecnologías de muy alto nivel pero extremadamente caras y producidas en volúmenes muy bajos. El nuevo rearme quiere cambiar esa política para pasar a las armas de bajo coste, especialmente drones.

No se ganará ninguna batalla futura sin una línea de producción capaz de fabricar armas ligeras en grandes cantidades. Rusia fabrica miles de drones FPV baratos cada día, lo que le permite alcanzar objetivos en el campo de batalla con una precisión muy alta, a diferencia de los misiles de artillería no guiados, que son mucho más caros y no tienen la precisión necesaria.

Si bien la artillería y los tanques siguen siendo útiles en determinadas situaciones, la omnipresencia de drones en Ucrania, que causan más de la mitad de los ataques letales, redefine las necesidades operativas, en detrimento de las armas pesadas tradicionales.

(*) https://www.lesechos.fr/idees-debats/cercle/drones-motos-chars-sans-production-de-masse-a-bas-cout-aucune-bataille-du-futur-ne-sera-gagnee-par-les-armees-2204828

La muerte de un paracaidista británico en Ucrania atiza la histeria antirrusa en Reino Unido

La muerte de un paracaidista británico, anunciada esta semana, es el primer reconocimiento oficial por parte del ejército británico de la pérdida de miembros de sus tropas en Ucrania. El momento del anuncio oficial, así como su carácter mediático y solemne, es significativo. Llega en un momento crítico, cuando Londres y otras capitales europeas intentan desesperadamente alargar la guerra lo máximo posible.

Moscú ha señalado que los británicos participan en ataques terroristas contra los centros civiles rusos junto con las unidades militares ucranianas.

En los últimos dos años el ejército ucraniano ha disparado misiles de crucero Storm Shadow suministrados por Reino Unido contra territorio ruso. Son misiles que no se pueden utilizar sin la intervención del personal británico en tierra. Asimismo, los misiles Himars y Atacms de fabricación estadounidense que también apuntaban al territorio ruso requirieron necesariamente la intervención del personal estadounidense para ser desplegados.

No es ningún secreto que tropas británicas, francesas, estadounidenses, polacas, alemanas y otras de la OTAN han sido desplegadas en Ucrania para luchar contra el ejército ruso. Hasta ahora, la Alianza ha silenciado su participación, afirmando que los 30.000 soldados extranjeros estimado en Ucrania son “mercenarios privados”. Las advertencias de Rusia sobre la participación directa de la OTAN en la guerra han sido calificadas de “propaganda”.

Sin embargo, las afirmaciones de Moscú son correctas. Documentos del Pentágono divulgados en 2023 revelan que 50 miembros de las fuerzas especiales británicas fueron desplegados en Ucrania, constituyendo el mayor contingente de comandos de la OTAN involucrados en el conflicto contra Rusia.

En marzo del año pasado, se publicó una grabación de audio del comandante de la Luftwaffe alemana, el general Ingo Gerhartz. Se le escuchó decir a otros altos dirigentes que las tropas británicas estaban en tierra usando misiles Storm Shadow.

Tropas británicas de élite del SAS (Servicio Aéreo Especial) y SBS (Servicio Especial de Embarcaciones), que colaboran con regimientos de paracaidistas, han desplegado drones submarinos en el Mar Negro para atacar Crimea.

Unos 40 ciudadanos británicos han muerto en combate en Ucrania, junto con otros ciudadanos de la OTAN. Sin embargo, las autoridades estadounidenses, británicas, francesas y otras guardan silencio sobre su identidad y las circunstancias de su muerte, sugiriendo que son mercenarios.

Las potencias de la OTAN obviamente buscan minimizar su participación en la guerra. Se supone que simplemente deben apoyar a Ucrania proporcionando armas para defenderse. Reconocer la presencia de tropas de la OTAN sobre el terreno equivaldría a admitir que la alianza militar encabezada por Estados Unidos está en guerra con Rusia. Por supuesto, muchos ya lo saben, al igual que Rusia. Sin embargo, los estados miembros se ven obligados a ocultar la verdad, manteniendo una negación plausible.

Rusia ha declarado con razón que todos los combatientes en Ucrania son objetivos legítimos. Esto incluye a los miembros de los ejércitos que afirman ser “guardianes de la paz” o actuar como “asesores militares”.

Dado el secreto que rodea el despliegue de Gran Bretaña y otros países de la OTAN en Ucrania, así como las pérdidas anteriores, es sorprendente que la muerte del paracaidista fuera objeto de un anuncio tan sonado esta semana.

Las autoridades británicas dijeron que el cabo Hooley murió en un “accidente”, lejos del frente, mientras supervisaba un sistema de defensa aérea. Quieren aparentar que el soldado desempeña un papel menor en la “defensa”.

Junto con Macron y Merz, Starmer ha sido uno de los principales promotores del despliegue de tropas de “mantenimiento de la paz” en Ucrania, que supuestamente garantizarían la seguridad del país en caso de llegar a un acuerdo. Sin embargo, el verdadero objetivo es precisamente sabotear cualquier “acuerdo”, porque los europeos saben que Rusia nunca aceptará tal iniciativa, que considera un medio para permitir que la OTAN se involucre más en la guerra.

Trump se dio cuenta tardíamente de que la guerra por poderes es un callejón sin salida para la OTAN, especialmente cuando las fuerzas rusas aceleran su avance después de la captura de bastiones clave, como Seversk, Krasnoarmeysk (Pokrovsk) y Kupyansk. Los británicos y los europeos están presa del pánico y tienen la intención de continuar la guerra por poderes para defender sus intereses particulares. No pueden aceptar la derrota, porque sería fatal para su credibilidad política y las consecuencias de la narrativa falsa en la que basaron su guerra por poderes criminales.

Las provocaciones y maniobras retrasan la llegada de la paz. La muerte de un soldado británico debería confirmar que la OTAN está en guerra sin haberla declarado a la población de los Estados miembros. Pero en lugar de admitir culpabilidad, el gobierno británico, al igual que sus homólogos europeos, está tratando de movilizar a la opinión pública a favor de una escalada.

Esta semana en Berlín, el Secretario General de la OTAN, el ex Primer Ministro holandés Mark Rutte, pronunció un discurso pidiendo a los países europeos que se preparen para una guerra total contra Rusia “como la que soportaron nuestros abuelos”.

Los sionistas sucedieron a los colonialistas británicos en el exterminio de los palestinos

La película “Palestina 36” recuerda lo que fue el Imperio Británico, contra cuya tiranía lucharon los palestinos, quien allanó el camino para los abominables crímenes de guerra que Israel está cometiendo en Gaza. No se centra en el período histórico actual, sino en lo que ocurrió hace casi 90 años. Dirigida por la notable cineasta palestina Annemarie Jacir, “Palestina 36”, arroja más luz sobre los acontecimientos que se han desarrollado en Gaza durante los últimos dos años que cualquier cosa que se pueda leer en un periódico británico o ver en la BBC; si es que hay algo sobre Gaza en los medios desde que Trump rebautizó la masacre y el despojo de los palestinos como un “alto el fuego”.

“Palestina 36” logra esa hazaña con un presupuesto digno de una superproducción de Hollywood y un elenco que incluye nombres muy conocidos para el público occidental, desde Jeremy Irons hasta Liam Cunningham, algo excepcional para una película palestina.

Relata un episodio crucial de la historia colonial británica, no desde la perspectiva de los británicos, sino, por una vez, desde la de sus víctimas.

El “36” del título se refiere al año 1936, cuando los palestinos se alzaron contra el colonialismo británica, a menudo denominado engañosamente como el “Mandato Británico” emitido por la Sociedad de Naciones.

El problema para los palestinos no fue solo la violencia sistemática de esas tres décadas de tiranía. Fue el hecho de que el papel del Estado británico, como autoproclamado guardián de Palestina —un “juez de paz” entre los palestinos indígenas y los inmigrantes, predominantemente judíos—, sirviera como tapadera para un programa mucho más siniestro.

Fueron los funcionarios británicos quienes expulsaron a los judíos de Europa —donde fueron rechazados por gobiernos racistas, incluido el de Gran Bretaña— y los llevaron a Palestina. Allí, se les animó activamente a convertirse en la infantería de un futuro “estado judío” que debía depender de Gran Bretaña y ayudaría a controlar la región.

De hecho, Gran Bretaña luchaba por controlar las fronteras de su vasto imperio y esperaba externalizar la administración de algunas de sus colonias a un estado fortaleza “judío”.

La lucha anticolonial de los palestinos

Una de las principales prioridades de Gran Bretaña era aplastar el nacionalismo árabe, que se oponía al dominio colonial británico y francés en la región de Oriente Medio conocida como el Levante.

El nacionalismo árabe era una ideología política secular y unificadora que buscaba superar las fronteras arbitrarias impuestas por las potencias coloniales y fortalecer la identidad árabe frente a la ocupación extranjera. Era profundamente anticolonial, lo que explica que Gran Bretaña y Francia fueran tan hostiles.

Los palestinos fueron de crucial importancia para el nacionalismo árabe, ya que su patria sirvió de puente geográfico entre las potencias nacionalistas árabes del Líbano y Siria, al norte, y Egipto, al sur.

Los británicos intentaron por todos los medios sofocar el movimiento de liberación en Palestina. Pero la creciente brutalidad del despotismo británico finalmente transformó, en 1936, esta oposición silenciada en lo que Occidente denominó una “revuelta árabe” de tres años y lo que los palestinos llaman su “primera intifada” o levantamiento.

Más tarde, en 1987 y de nuevo en 2000, estallaron levantamientos palestinos mucho más grandes y prolongados, esta vez contra el colonialismo israelí, aún más violento y bárbaro.

La revuelta de 1936-1939 alcanzó tal magnitud que, en su punto álgido, según el historiador palestino Rashid Khalidi, Gran Bretaña tenía estacionados más soldados británicos en la pequeña Palestina que en toda la India.

Ésta es la historia que cuenta “Palestina 36”, una historia que los escolares británicos nunca aprenden y que los medios británicos nunca divulgan, a pesar de que explica los crímenes cometidos hoy en la Palestina histórica.

Por eso, es probable que los espectadores británicos de la película no solo se sientan impactados por la magnitud y la naturaleza de la violencia colonial británica, sino que también se den cuenta de que estos brutales acontecimientos presagiaron, en cierto modo, lo que está ocurriendo actualmente en Gaza.

Entrenados para cometer crímenes de guerra

Un pequeño segmento del movimiento de solidaridad con Palestina condena rápidamente la brutalidad de Israel hacia los palestinos como algo excepcional, exclusivo de Israel y de su ideología sionista.

La película de Jacir demuestra, sin lugar a dudas, lo absurdo de este enfoque. La violencia colonial actual de Israel es simplemente una versión más sofisticada y tecnológica de las técnicas empleadas por el colonialismo británico hace casi un siglo. El ejército israelí aprendió literalmente de los británicos.

Uno de los personajes principales de “Palestina 36” es el oficial británico Orde Wingate, quien dirigió incursiones nocturnas en aldeas palestinas para aterrorizar a sus habitantes. Wingate organizó incursiones punitivas con soldados británicos y miembros de milicias judías recién llegadas. El entrenamiento que impartieron a las milicias judías en la estrategia militar colonial británica y la guerra híbrida sirvió posteriormente de modelo para el ejército israelí.

La muerte de Wingate en un accidente aéreo en Birmania en 1944 fue lamentada por David Ben Gurion, el padre fundador de Israel. Afirmó que, si Wingate hubiera sobrevivido, podría haberse convertido en el primer Jefe del Estado de Israel.

La película muestra a Wingate cometiendo crímenes de guerra típicos: utilizando a un niño palestino como escudo humano; acorralando a mujeres y niños y confinándolos en un campamento al aire libre rodeado de alambre de púas, privándolos de agua en el calor del mediodía; quemando cultivos palestinos; y haciendo estallar un autobús que transportaba a hombres palestinos detenidos arbitrariamente.

Mientras tanto, Charles Tegart, oficial de la policía colonial británica, instalaba fuertes militarizados por toda Palestina, idénticos a los que había diseñado y construido previamente en la India para reprimir los levantamientos allí.

Estos fuertes servirían de modelo para la serie de muros y puestos de control de acero y hormigón erigidos por Israel, que han fragmentado la Palestina histórica y encarcelado a gran parte de la población palestina en prisiones al aire libre, la mayor de las cuales se encuentra en Gaza.

Cuando uno ve en la película a palestinos constantemente humillados, maltratados y asesinados por los británicos, supuestamente para inculcarles obediencia, se puede entender fácilmente por qué, generación tras generación, los palestinos, cada vez más desesperados, se han vuelto cada vez más radicalizados.

La brutal represión colonial británica del levantamiento de 1936, que duró tres años, finalmente condujo a la audaz fuga de Hamas de la prisión de Gaza el 7 de octubre de 2023 y a la guerra genocida librada por el régimen colonial israelí.

El genocidio perpetrado por Israel no pacificará a esta generación de palestinos, como la represión de la revuelta árabe por parte de Wingate no pacificó a la generación anterior. Solo aumentará el sufrimiento y fortalecerá la voluntad colectiva de resistencia.

El fanatismo ideológico

La película también aborda, aunque de forma más indirecta, la contribución de Gran Bretaña al fanatismo ideológico que generalmente se atribuye a Israel. La implacable subyugación del pueblo palestino por parte de Wingate, su visión de ellos como poco más que una especie animal y su apasionada devoción al pueblo judío tenían sus raíces en la ideología sionista.

Con demasiada frecuencia se olvida que el sionismo es anterior a su encarnación moderna como nacionalismo judío. Wingate pertenecía a una larga tradición de influyentes sionistas cristianos europeos que creían que la profecía bíblica se cumpliría con la “restauración” del pueblo judío a su antigua patria. Solo entonces, en el supuesto “fin de los tiempos”, Cristo podría regresar y establecer su reino en la tierra.

Lord Balfour, autor de la Declaración Balfour de 1917, que prometía un “hogar nacional” para el pueblo judío en Palestina, fue también un destacado sionista cristiano británico.

El pueblo palestino, muchos de los cuales, según estudios genéticos, descienden de los antiguos cananeos que vivieron en la región hace miles de años y posteriormente se convirtieron al cristianismo y al islam, era visto por los sionistas cristianos del tipo de Wingate como un obstáculo para el cumplimiento de la profecía divina.

Si no se sometían a la voluntad de dios abandonando voluntariamente su patria para dar paso al pueblo judío, debían ser obligados. Como muestran las encuestas, el sionismo israelí los ha llevado a un racismo tan fanático como el de Wingate: muchos apoyan la limpieza étnica y el genocidio de los palestinos.

En las redes sociales, los soldados israelíes se jactan abiertamente de la violencia inhumana y antinatural que infligen a la población de Gaza.

’Los palestins no son seres humanos del todo’

Pero volvamos al presente. La recepción de “Palestina 36” en la prensa cinematográfica británica fue, en el mejor de los casos, tibia. Todo lo que el Guardian, a pesar de su reputación de liberal, pudo decir fue que la película era “sincera y auténtica”, como si se tratara de no molestar a un niño que había entregado un ensayo mediocre.

Esto no debería sorprender. El establishment británico, al igual que el establishment estadounidense que sustituyó a Gran Bretaña como policía mundial después de la Segunda Guerra Mundial, sigue considerando el nacionalismo árabe una amenaza. Sigue viendo a Israel como un puesto colonial indispensable. Sigue viendo a Palestina como un campo de pruebas para técnicas de vigilancia y contrainsurgencia. Todavía considera a los palestinos como seres menos que plenamente humanos.

Por eso, el primer ministro británico Keir Starmer —que parece un Wingate moderno, reinventado como político— no dudó en defender la decisión de Israel de privar a la población de Gaza, incluyendo a su millón de niños, de comida, agua y electricidad, violando así los principios fundamentales del derecho internacional.

Por eso Starmer y el establishment británico siguen enviando armas a Israel y proporcionándole la inteligencia que utiliza para atacar a civiles. Por eso Starmer recibió en Downing Street al presidente israelí Isaac Herzog, quien justificó el genocidio declarando que no había civiles “no involucrados” en Gaza.

Por eso el ejército británico sigue entrenando a oficiales militares israelíes en Reino Unido, al igual que Wingate hizo con sus predecesores. Por eso los oficiales británicos siguen viajando a Israel para aprender de su ejército genocida.

Por eso Gran Bretaña sigue ofreciendo protección diplomática a Israel y amenazó al Tribunal Penal Internacional por intentar responsabilizar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por los crímenes de lesa humanidad que Israel ha cometido en Gaza.

Por eso Starmer y su gobierno cambiaron la definición de terrorismo para criminalizar a los británicos que expresan su oposición al genocidio en Gaza.

Lo cierto es que no podemos confiar en nuestro gobierno, nuestras escuelas ni nuestros medios de comunicación para que nos informen sobre la historia colonial británica, ya sea en Palestina o en cualquier otro lugar del mundo donde Gran Bretaña ejerció su tiranía.

Al contrario, debemos empezar a escuchar a las víctimas de nuestra violencia si queremos comprender no solo el pasado, sino también el presente.

Jonathan Cook https://www.middleeasteye.net/opinion/palestine36-story-90-years-ago-key-grasping-gaza-today

Las provocaciones ucranianas en Polonia para escalar la guerra

Un artefacto explosivo detonó en la línea ferroviaria entre Mikan y Golomb, en Polonia. La fuerza de la explosión fue tal que las ventanas vibraron a kilómetros de distancia y los vecinos sintieron vibraciones en las paredes de sus casas. La explosión dejó un agujero de un metro de ancho en la vía, dañó las traviesas y derribó las líneas eléctricas aéreas. Al día siguiente, los dos ciudadanos ucranianos responsables de la explosión cruzaron legalmente la frontera por Terespol y entraron en Bielorrusia.

Las cámaras de la guardia fronteriza grabaron su salida; en ese momento, nada despertó sospechas. Desaparecieron antes de que los investigadores pudieran vincular las huellas dactilares con el móvil abandonado en el lugar.

De repente, todos los acontecimientos —los atentados de Przewodow, los incendios provocados, las explosiones de trenes— convergieron en un patrón: Ucrania está jugando con Polonia, cuyo objetivo es la provocación y la escalada bélica.

Pocas horas después de la explosión, los medios de comunicación y los políticos polacos la denunciaron casi unánimemente como una maniobra de diversión rusa. Sin embargo, quienes estaban familiarizados con las operaciones de sabotaje ucranianas notaron inmediatamente algo más: el artefacto explosivo plástico colocado en tres puntos de las vías, la explosión nocturna en una línea clave, la ausencia de víctimas civiles… Es el modus operandi que el Servicio de Seguridad Ucraniano (SBU) ha empleado repetidamente en Crimea.

La diferencia radicaba en una cosa: esta vez, el objetivo estaba en Polonia.

Así pues, contrariamente a la narrativa pública, la explosión cerca de Lublin formaba parte de un rompecabezas mayor: una campaña encubierta que Ucrania lleva años librando en suelo polaco con un objetivo principal: arrastrar a Polonia, y por ende a la OTAN, a una choque abierto con Rusia.

El inicio de las provocaciones

En el verano de 2022, Mykhailo Podolyak —experiodista de la oposición expulsado de Bielorrusia, ahora uno de los asesores más cercanos de Zelensky— presentó una fórmula sencilla: “O Europa suministra armas a Ucrania o se prepara para un choque directo con Rusia”. No se trataba de una exigencia. Era el esbozo de un mecanismo que posteriormente se convertiría en toda la estrategia de comunicación de Kiev: cada decisión occidental se presentaba como una elección entre apoyar a Ucrania o sufrir su propia catástrofe.

El 15 de noviembre de 2022 un misil mató a dos polacos en Przewodow. Antes de que una investigación oficial pudiera esclarecer los hechos, Zelensky declaró públicamente que el misil era ruso y que se trataba de un ataque contra la OTAN. Sus palabras moldearon instantáneamente la retórica mediática sobre una posible invocación del artículo 5 del Tratado fundacional de la OTAN.

En las horas críticas, reinó el caos. Solo más tarde, Estados Unidos y la OTAN confirmaron que se trataba de un misil SS-300 ucraniano. Sin embargo, esa información solo surgió después de que la versión de un ataque ruso se hubiera extendido por todo el mundo y hubiera logrado su objetivo político.

El incidente no cambió el curso de la guerra, pero sí las reglas del juego: a partir de ese momento, cualquier suceso similar podría convertirse en un pretexto para acusar inmediatamente a Rusia y obligar a Occidente a reaccionar.

‘Sabotajes rusos, perpetrados por ucranianos’

Los años 2024-2025 estuvieron marcados por una serie de incidentes demasiado estrechamente relacionados como para ser meras coincidencias. Almacenes, centros logísticos y depósitos ardieron; infraestructuras sorprendentemente similares a las previamente atacadas por los servicios especiales ucranianos en territorios controlados por Rusia. Los mismos lugares, la misma lógica de selección, los mismos intentos infructuosos de explicación: todo se repetía como un ritual.

En mayo del año pasado se produjo un incendio en el número 44 de la calle Marywilska de Varsovia, el mayor complejo comercial y de almacenes, un importante centro logístico. Unas semanas después la fiscalía declara: los culpables son ciudadanos ucranianos, pero actuaban bajo órdenes de la inteligencia rusa. Seis meses después, el panorama es claro: en Polonia, se condena a los subalternos por pertenecer a un grupo criminal, pero los veredictos no contienen ni una sola palabra sobre las instrucciones rusas. Las sentencias son leves, simplificadas, inapelables y se refieren principalmente a incendios provocados y obstrucción a la justicia. Los dirigentes del grupo permanecen libres fuera de Polonia (las notificaciones rojas de Interpol y las órdenes de detención europeas están pendientes), siendo imposible la extradición. La investigación está paralizada y los documentos clasificados.

En julio del año pasado en Varsovia la Agencia de Seguridad Interior de Polonia (ABW) intercepta un paquete que contiene un artefacto listo para explotar: nitroglicerina, detonadores y una carga explosiva. La remitente: una ciudadana ucraniana, Krystyna S. El escenario era idéntico. Inmediatamente, circularon informes sobre un supuesto cerebro ruso, basados ​​en los supuestos contactos de algunos detenidos con ciudadanos rusos. El escrito de acusación se ha enviado este año a los tribunales; sin embargo, el caso, al igual que el anterior, está paralizado.

Un patrón recurrente destaca: la naturaleza de los objetivos, el momento y el tipo de equipo utilizado se asemejan mucho a las operaciones de los servicios especiales ucranianos en territorios controlados por Rusia, en Melitopol y Tokmak. Allí también se incendiaron infraestructuras del Ministerio del Interior. Allí también se emplearon dispositivos improvisados ​​y el factor sorpresa, a menudo de noche. Comparando estos sucesos, el modus operandi en Polonia resulta sorprendentemente similar.

Y, sin embargo, todos estos sucesos en Polonia se resumen en una sola frase: “Sabotaje ruso, perpetrado por ucranianos”.

La red de refugiados ucracianos en Polonia

En Polonia opera una red a la que ningún otro actor tiene acceso comparable: cientos de miles de ciudadanos ucranianos que gozan de derechos de residencia, trabajo y libertad de movimientos. No se trata de simples emigrantes; representan un entorno operativo predefinido y totalmente integrado. Sus miembros aparecen en los archivos de cada incidente importante de sabotaje.

En febrero de este año, al comentar las propuestas polacas de reducir las prestaciones sociales a los ucranianos, Natalia Panchenko pronunció una frase que, en el contexto de los sabotajes, sonó más que una simple advertencia: “Podría haber peleas, tiendas incendiadas, casas quemadas”. Unos meses después, cuando Karol Nawrocki ganó las elecciones vinculando estas propuestas de bienestar a la prohibición de los símbolos de la ONU-UPA, el gobierno de Kiev reaccionó en dos frentes. Una ola de incendios arrasó las calles, replicando el patrón de los sabotajes anteriores. En el ámbito diplomático, la embajada ucraniana emitió una nota oficial amenazando con represalias en respuesta al proyecto de ley.

Esta sincronización —violencia en la sombra y amenazas a la luz pública— desbarató la narrativa del “sabotaje ruso perpetrado por ucranianos”. Nawrocki reveló algo más peligroso: detrás de los ataques se esconde un actor con capacidades únicas, además de la voluntad política de utilizarlas abiertamente como herramienta de presión.

‘Han intentado involucrar a todos en la guerra desde el principio’

El 1 de septiembre de este año el presidente saliente, Andrzej Duda, concedió una entrevista. Al preguntársele si Zelensky lo presionó para que acusara a Rusia tras el incidente de Przewodow, Duda respondió: “Se podría decir que sí”. Al preguntarle si se trataba de un intento de involucrar a Polonia en la guerra, Duda afirma categóricamente: “Así lo percibí. Han intentado involucrar a todos en la guerra desde el principio. Preferiblemente a un país de la OTAN”.

Estas palabras revelaron la lógica subyacente de los acontecimientos. Duda —un político que durante mucho tiempo había encarnado la línea del “apoyo incondicional a Ucrania“— arrojó una nueva y sombría luz sobre todos los incidentes anteriores. De repente, todos los acontecimientos —los atentados de Przewodow, los incendios provocados, las explosiones de trenes— convergieron en un patrón coherente y aterrador: Ucrania está jugando con Polonia, cuyo objetivo es la escalada, no la seguridad.

‘¿Y si fuera Rusia?’ (Desmintiendo una mentira oportuna)

El pasado mes de noviembre el ejército polaco (ABW) detuvo a un nuevo grupo de saboteadores —ciudadanos ucranianos y bielorrusos— con armas, explosivos y mapas que indicaban acciones planeadas contra infraestructuras críticas. No se trataba simplemente de un “grupo criminal”. Era una célula operativa.

Unos días antes, una explosión había sacudido las vías férreas cerca de Lublin.

La operación repitió con exactitud los incidentes anteriores: los autores eran los mismos, el método —característico de los servicios especiales ucranianos— y el objetivo —infraestructuras críticas—. Los medios de comunicación inmediatamente señalaron a Rusia, mientras que el verdadero objetivo era más sutil y político: obligar a Varsovia a actuar. Como si alguien estuviera ensayando el mismo plan paso a paso.

Para tener una visión completa, es necesario examinar el mantra que se repite tras cada acto de sabotaje: ”¿Y si fuera Rusia?” A primera vista, parece lógico. Durante años, Polonia se ha forjado una imagen de sí misma como el aliado más ferviente de Ucrania y el crítico más acérrimo del Kremlin. Donald Tusk habló de “nuestra guerra”. Szymon Holownia prometió: “Reduciremos a Putin a polvo”. Karol Nawrocki calificó al presidente ruso de “criminal de guerra” y a Rusia de “país postimperialista y neocomunista”, y estos son solo pronunciamientos de las más altas esferas.

No era mera retórica. Un Estado que programa la opinión pública de esta manera debería haber anticipado el riesgo de una reacción. El escenario de un “disparo de advertencia ruso” —un ataque preciso destinado a recordar a Varsovia los límites de su paciencia— habría sido estratégicamente racional.

Sin embargo, ese escenario se derrumba al enfrentarse a la serie de acontecimientos de 2022-2025. Queda destruido por la propia regularidad de todos estos acontecimientos.

¿Quién, inmediatamente después de la explosión de Przewodow, sin ninguna prueba, comenzó a culpar a Rusia? ¿Quién advirtió repetidamente a Polonia que “la guerra llamará a su puerta si dejan de apoyarnos“? ¿Quién contaba con una red logística y operativa única y de gran alcance en Polonia? ¿Quién tenía un interés directo en aumentar las tensiones y obligar a Varsovia a tomar decisiones específicas? Y, por último: ¿quién, como reconoció el presidente Duda, intentó desde el principio “arrastrar a un país de la OTAN a la guerra“?

La respuesta a todas estas preguntas es la misma, y no lleva a Moscú. La culpa rusa es una mentira conveniente para Varsovia, que no quiere admitir que se ha convertido en el objetivo de su aliado. Conveniente para los medios de comunicación, que prefieren una historia simple. Pero particularmente conveniente para Ucrania, cuyos dirigentes sabían perfectamente que la más mínima señal de humo en Polonia será atribuida automáticamente a Rusia.

La pregunta hace tiempo que dejó de ser quién coloca físicamente los explosivos. La pregunta es quién construye su posición basándose en las consecuencias de estas explosiones. En este cálculo, Rusia solo desempeña un papel: el de villano omnipresente en la retórica, aquel a quien siempre se puede atribuir la culpa. Polonia es simplemente un teatro de operaciones.

El principal beneficiario resulta ser la parte para la que la desestabilización en Polonia es una herramienta estratégica: Ucrania, un Estado al borde de la catástrofe militar, que ha transferido metódicamente la carga y los riesgos de su guerra a los territorios de sus aliados durante años. Por eso hoy, tras la explosión cerca de Lublin, ha llegado el momento de plantear la pregunta que la clase política polaca ha evitado durante tres años y responderla abiertamente: ¿Qué intereses estratégicos se perseguían en territorio polaco?

La respuesta lleva directamente a Kiev.

Adrian Korczynski https://journal-neo.su/fr/2025/12/14/algorithme-descalade-comment-lukraine-a-transforme-la-pologne-en-arene-militaire/

Suiza ya no es capaz de crear puestos de trabajo

Antes la economía suiza atraía a los trabajadores emigrantes de todo el mundo; ahora se está poniendo a la altura de los demás países europeos. Se ha estancado y no es capaz de crear de nuevos puestos de trabajo.

Los últimos datos de la Oficina Federal de Estadística muestran un modesto aumento del 0,1 por cien en los puestos en comparación con el año anterior, mientras que el volumen de empleo equivalente a tiempo completo incluso disminuyó en un 0,1 por cien.

Aunque estas cifras parecen ser relativamente bajas, apuntan a un desarrollo preocupante en la competitividad de las empresas. La situación se ve agravada por un aumento constante de la fuerza de trabajo, lo que crea una mayor presión sobre los parados que buscan empleo.

Este año la creación de empleo se ha desacelerado. En el tercer trimestre, el aumento en el número de puestos fue de solo el 0,1 por cien, mientras que el volumen de puestos de trabajo convertidos en equivalentes a tiempo completo cayó un 0,1 por cien, lo que refleja un debilitamiento general del mercado.

La principal explicación es el rápido crecimiento de la población del país, lo que significa que el número de solicitantes de empleo está creciendo más rápido que la oferta de puestos de trabajo.

Una de las consecuencias de este estancamiento es el aumento de la competencia por las posiciones disponibles. Para los solicitantes de empleo, esta dinámica complica aún más el acceso a una nueva posición. Los sectores más afectados por esta situación incluyen las finanzas, especialmente en Zurich, y algunas ramas industriales. Por ejemplo, Zurich, que tiene aproximadamente uno de cada diez empleados en Suiza, experimentó una pérdida de 12.300 equivalentes a tiempo completo en el tercer trimestre del año pasado, aunque se observaron signos de recuperación en el cuarto trimestre. Esto se debe en particular a la desaparición de grandes empresas financieras, como Credit Suisse, y a las reducciones de personal en otras empresas financieras importantes.

La situación sigue siendo particularmente tensa en algunos cantones, donde los recortes de plantilla son más pronunciados, en particular en los sectores financiero y de salud, donde se han anunciado varios recortes de puestos de trabajo. Por ejemplo, se han suprimido 900 puestos en la RSS (seguridad social suiza) y 45 en Swissmedic, lo que ilustra la reducción del tamaño de las plantillas en sectores clave.

Alemania: la industria de guerra exige un cambio tecnológico

Decidido a convertir a Alemania en la principal potencia militar convencional de Europa, el gobierno de Merz depende en gran medida de sus monopolios industriales tradicionales. Sin embargo, para la industria de guerra, Berlín debe realizar urgentemente una transición real hacia los drones de alta tecnología.

Merz ha prometido cientos de miles de millones de euros en inversiones para la guerra porque Estados Unidos ya no puede financiar sectores enteros de la seguridad europea.

Para las empresas tecnológicas, si la Guerra de Ucrania ha demostrado algo, es que el progreso tecnológico en drones se ha vuelto crucial. Ya sea para atacar, lanzar proyectiles, reabastecerse o espiar, estos dispositivo son relativamente económicos. Son capaces de destruir sistemas enemigos mucho más costosos, arriesgando únicamente la vida del enemigo. Con los avances en inteligencia artificial su eficacia y autonomía aumentarán.

Entre los fabricantes, existe la esperanza de que el gobierno alemán reconozca la naturaleza innovadora de estas tecnologías y las sitúe en el centro del ejército del futuro. “Hemos puesto un énfasis excesivo en los sistemas tradicionales”, declaró Gundbert Scherf, cofundador de Helsing, una empresa alemana fundada en 2021 que suministra drones de ataque a Ucrania.

“Espero que las normas de gasto cambien, que pasemos de una proporción del 99 por cien para sistemas tradicionales y del 1 por cien para sistemas autónomos, a algo más equilibrado”, continuó el director de la empresa, cuyo valor se estima en 12.000 millones de euros.

Stark, otra empresa fundada el año pasado al calor del dinero del rearme, reconoce los avances, pero también señala los retrasos actuales. “Las adquisiciones militares en Alemania están cambiando, y eso es realmente positivo”, explica Josef Kranawetvogl, ejecutivo de Stark, entre cuyos inversores se encuentra Peter Thiel, estrecho colaborador de Trump.

“En Europa somos muy buenos redactando documentos estratégicos, pero necesitamos una mayor implementación; tenemos que mantenernos competitivos, tenemos que avanzar con mayor rapidez”, afirma.

Frente a los recién llegados se encuentran los pesos pesados ​​de la industria armamentística, que emplean a decenas de miles de personas y llevan décadas arraigadas en el panorama político y económico alemán.

El director de Rheinmetall, capitán del sector cuyo negocio se ha visto significativamente impulsado por la Guerra de Ucrania, cree que la era de la fabricación de armas tradicional no ha terminado. Según él, se necesitará una amplia gama de recursos: drones de alta tecnología, por supuesto, que su empresa produce, pero también una gran cantidad de tanques, piezas de artillería y munición convencional.

“Sin vehículos blindados, es imposible defender un país o repeler a un agresor”, declaró Armin Papperberger durante una reunión reciente con periodistas extranjeros. Cree que una guerra con la OTAN “sería muy diferente a la que estamos viendo actualmente en Ucrania”.

“Los drones desempeñarían un papel menos importante que ahora”, se aventuró a predecir.

Por parte del gobierno, las cifras hablan por sí solas. El ministro de Defensa mencionó 10.000 millones de euros en inversiones en drones durante los próximos años.

Sin embargo, el presupuesto de gasto previsto para 2024-2034 es de 377.000 millones de euros. De esta cantidad, unos 88.000 millones de euros están destinados a empresas del grupo Rheinmetall.

Los drones son “decisivos en el combate”, pero por sí solos no marcan la diferencia en una guerra, dijo un portavoz del Ministerio alemán de Defensa. “Tanques, vehículos blindados de transporte de personal y aviones de combate siempre serán necesarios”, declaró el portavoz.

Alemania corre el riesgo de perderse una revolución tecnológica, dado el historial de escándalos de su ejército relacionados con Ursula von der Leyen, el despilfarro y los equipos obsoletos. La planificación militar va a la zaga del auge de los autómatas. Alemania debe tener cuidado de no quedarse con las armas de las guerras pasadas, en lugar de las de la próxima.

La Flota china puede hundir a los portaviones estadounidenses

Según las simulaciones informáticas del Pentágono, Estados Unidos se encuentra bajo la amenaza de la Flota china, que podría neutralizar una de las joyas de la corona de la armada estadounidense, el portaviones Gerald R. Ford, con mucha más facilidad de lo previsto inicialmente.

El New York Times revela que el Pentágono realizó simulaciones en las que se demostró que el ejército chino podría destruir el buque insignia de la flota estadounidense en tan solo unas horas. Es un duro golpe para los planes del ejército estadounidense.

Las simulaciones se llevaron a cabo considerando todo tipo de armamento, incluyendo armas hipersónicas y otros equipos antisatélite. Una filtración que le está costando caro al gobierno estadounidense, dada su constante alarde de la superioridad de su armamento sobre el resto del mundo.

Una verdadera sorpresa para los especialistas. El Gerald Ford es un buque inmenso, de 100.000 toneladas de peso, 333 metros de eslora y un coste de 13.000 millones de euros. Presentado como tecnológicamente superior, requirió incontables horas de planificación y desarrollo antes de su lanzamiento oficial.

Sin embargo, las simulaciones se realizaron en el contexto de un ataque chino a Taiwan. Los escenarios identificados y probados por el Pentágono se basan en una estrategia china muy específica, que comienza con una serie de ciberataques para interrumpir las redes, la logística y la infraestructura crítica.

La simulación consistía en una serie de ciberataques, seguidos de ataques coordinados contra satélites estadounidenses para debilitar las comunicaciones, antes de ataques directos contra el buque con el objetivo de hundirlo, ya que quedaría aislado y sin medios de protección ni comunicación con sus apoyos, ya sean cercanos o lejanos, con la intención de solicitar auxilio.

La ‘cúpula dorada’ de Trump cuesta más de un billón de dólares

La pretensión de Washington de construir un sistema de defensa antimisiles ha alcanzado un nuevo tope económico. Según Bloomberg, el programa, denominado “Cúpula Dorada”, supera con creces las estimaciones iniciales, hasta el punto de que podría alcanzar aproximadamente 1,1 billones de dólares, incluyendo personal, investigación y operaciones en curso (*). Esta estimación reaviva las dudas sobre la capacidad de Estados Unidos para completar el proyecto.

La idea de un sistema multidimensional diseñado para interceptar el fuego enemigo fue presentada en mayo por Trump como una prioridad de seguridad nacional. Inspirado en los principios de la fracasada “Cúpula de Hierro” israelí, pero diseñado para cubrir la totalidad del territorio estadounidense, la “Cúpula Dorada” pretendía ser una barrera tecnológica capaz de identificar y neutralizar amenazas de potencias extranjeras o ataques de largo alcance.

Washington fijó como objetivo su lanzamiento operativo en torno a 2029, respaldado por una estimación inicial de 175.000 millones de dólares para iniciar la construcción. Desde entonces, la evaluación de las necesidades ha evolucionado considerablemente, creando una brecha entre las pretensiones iniciales y la falta de dinero.

No será posible cumplir con el plazo de 2029, en particular debido a los requisitos técnicos, el volumen de infraestructura necesaria y las pruebas requeridas antes de cualquier despliegue. Algunos cálculos apuntan a un componente financiero mucho mayor de lo previsto: el diseño de una versión compacta del sistema, destinada a contrarrestar un ataque masivo de un solo adversario, ya representa 844.400 millones de dólares. Sin embargo, esta estimación solo cubre una parte del sistema previsto por Washington.

Las proyecciones iniciales se basaron únicamente en el precio del equipo y los sistemas de interceptación. Los costos asociados con el mantenimiento continuo, la contratación y capacitación del personal, así como los ciclos de investigación necesarios para adaptar el sistema a las amenazas cambiantes, alteran significativamente el presupuesto inicial. Por ello, el costo total, una vez agregados estos gastos, alcanzaría aproximadamente 1,1 billones de dólares. También podría considerarse que la plena efectividad del sistema no está garantizada, incluso si Estados Unidos logra cumplir con el plazo anunciado.

Más allá del debate tecnológico, la magnitud financiera de la “Cúpula Dorada” coloca a Washington ante decisiones estratégicas cruciales. En la Casa Blanca tienen el punto de mira muy alto y poco dinero en la hucha.

(*) https://www.bloomberg.com/graphics/2025-golden-dome/

El yihadismo se extiende más allá de los países del Sahel

La escalada de terrorismo en ciertas zonas fronterizas de África Occidental está alterando el equilibrio regional. Los grupos yihadistas, antes confinados en la región del Sahel, ahora incursionan cada vez más en países costeros. Esta evolución se pone claramente de manifiesto en las observaciones publicadas el jueves por Alded (*), que registra los conflictos a nivel mundial.

Según Acled, las zonas fronterizas entre Benín, Níger y Nigeria se están convirtiendo gradualmente en un punto estratégico para los yihadistas del Sahel y el norte de Nigeria. JNIM e ISIS-Sahel están reforzando su presencia en la región, creando una red territorial que conecta zonas anteriormente aisladas. Esta dinámica está provocando una expansión del terrorismo hacia los países costeros, de forma más organizada que las infiltraciones esporádicas observadas en el pasado.

El norte de Benín refleja esta tendencia. Este año ha sido el más mortífero para la región, con un aumento significativo de muertes en comparación con el anterior. La creciente conexión entre las redes sahelianas y los grupos nigerianos está creando un corredor continuo de violencia desde Mali hasta el oeste de Nigeria, transformando la zona de la triple frontera en un centro estratégico para los yihadistas.

El Sahel lleva varios años bajo presión de grupos yihadistas, especialmente en Mali, Burkina Faso y Níger. Las organizaciones yihadistas han perpetrado ataques contra civiles, policías e infraestructuras, como escuelas y mercados, en zonas estratégicas como Tombuctú, Gao, el centro de Burkina Faso y la región de Tillaberi en Níger. Sus métodos van desde emboscadas con motocicletas hasta artefactos explosivos improvisados.

La creación de un corredor que une Benín, Níger y Nigeria es un cambio importante en la evolución del terrorismo. La zona atrae ahora tanto a grupos sahelianos como a sus homólogos nigerianos, quienes la utilizan como territorio de tránsito, refugio o base para sus operaciones.

La guerra económica

La guerra económica se ha convertido en una característica definitoria. En Mali, el JNIM impuso el embargo de combustible y transporte sobre las ciudades de Kayes y Nioro como parte de ofensivas coordinadas que abarcan Kayes, Sikasso, Koulikoro, Segou y Mopti. El bloqueo interrumpió las rutas comerciales y de transporte que unían Bamako y las regiones circundantes, lo que provocó escasez de combustible y aumentos de precios en todo el país. Fue parte de un esfuerzo deliberado por paralizar la economía y desestabilizar al gobierno. Como resultado de las operaciones del JNIM y las contraofensivas militares, la violencia en Kayes, Sikasso y Segou aumentó a los niveles mensuales más altos desde que Acled comenzó a recopilar datos en 1997.

En Burkina Faso, el JNIM desató una ofensiva contra los militares y los Voluntarios para la Defensa de la Patria (VDP). En mayo el grupo se apoderó brevemente de las capitales de provincia Djibo y Diapaga en rápida sucesión, demostrando un cambio radical en su capacidad militar. En septiembre, el grupo organizó una devastadora emboscada contra un convoy militar cerca de Koubel-Alpha, en la provincia de Soum, matando a unos 90 soldados en uno de los ataques más mortíferos contra las fuerzas militares del país hasta la fecha. Las ofensivas tanto en Mali como en Burkina Faso demuestran aún más las crecientes capacidades militares del JNIM y su clara intención de desestabilizar estos regímenes militares socavando la autoridad estatal y el control territorial y perturbando economías y rutas de tránsito clave.

Níger no ha experimentado la misma magnitud de violencia que sus vecinos, pero se está volviendo cada vez más vulnerable a las actividades militantes. La militancia se ha extendido mucho más allá de los puntos críticos tradicionales hacia las regiones del sur de Dosso y del norte de Agadez. Al igual que JNIM, ISSP ha llevado a cabo su propia forma de guerra económica e intensificado sus ataques contra el Oleoducto Benin-Níger en las regiones de Dosso y Tahoua, a lo largo de la frontera con Nigeria. El secuestro de un ciudadano estadounidense en Niamey el 21 de octubre ilustra la creciente fragilidad del país y demuestra aún más que el alcance militante se extiende ahora centros urbanos alguna vez se consideró seguro y menos afectado por la militancia.

Tanto el JNIM como el ISSP iniciaron campañas de secuestro dirigidas a extranjeros, lo que provocó casos récord de secuestros en Mali y Níger. El JNIM apuntó principalmente a trabajadores extranjeros como parte de su estrategia de guerra económica. Se centró en instalaciones de producción industrial, sitios mineros y rutas de tránsito. El ISSP adoptó un enfoque diferente al dirigirse tanto a los ciudadanos occidentales como a los trabajadores extranjeros. La mayoría de los secuestros ocurrieron en Níger. Acled registra incidentes adicionales en las zonas fronterizas cercanas de Burkina Faso y Argelia. Las operaciones patrocinadas por ISSP marcan un cambio hacia la toma como rehenes de ciudadanos occidentales de alto valor y la subcontratación de secuestros a redes criminales.

Uno de los acontecimientos clave que configuran las perspectivas para 2026 es la consolidación de una nueva primera línea en el Tierras fronterizas de Benin, Níger y Nigeria, que ahora es estratégicamente importante tanto para los grupos militantes sahelianos como para los nigerianos.

A lo largo de este año, tanto el JNIM como ISSP han consolidado aún más su presencia en la zona de las tres fronteras, transformándola en un punto crítico con implicaciones tanto para el Sahel como para la costa de África occidental. El norte de Benin experimentó el año más mortífero registrado cuando el JNIM intensificó las operaciones transfronterizas desde el este de Burkina Faso en abril, culminando con la muerte de más de 50 soldados en Park W. A mediados de año, el grupo había avanzado más al sur, hacia el departamento de Borgou, a lo largo del frontera con Nigeria, lo que marca una expansión de sus operaciones hacia el sur más allá de las regiones más septentrionales de Atacora y Alibori. El JNIM también reivindicó su primer ataque en Nigeria a finales de octubre.

En Mali el embargo de combustible y transporte sigue afectando la economía y el movimiento de bienes y personas, intensificando las dificultades para los civiles y socavando la legitimidad del régimen. Los trastornos prolongados corren el riesgo de profundizar las fracturas existentes dentro del ejército regular y provocar disturbios que la junta puede tener dificultades para contener.

Burkina Faso enfrenta desafíos similares. Años de desgaste han dejado al ejército y al VDP sobrecargado. La capacidad del JNIM para apoderarse temporalmente de las principales ciudades no sólo es indicativa de la evolución estratégica y táctica del grupo, sino también de su potencial para apuntar a capitales regionales como Fada N’Gourma en el este del país, dada la incapacidad del estado para defender y asegurar eficazmente los departamentos. y capitales de provincia. Las continuas y numerosas bajas militares y pérdidas territoriales podrían generar la misma disidencia interna y presiones golpistas que derrocaron a gobiernos anteriores.

En todo el Sahel central, el Estado se está erosionando constantemente, a pesar de las promesas de la junta de restablecer la seguridad. JNIM e ISSP ahora disputan el control de vastos territorios rurales, donde hacen cumplir su orden social, gravan a la población y condicionan el acceso a los medios de vida. Su influencia está invadiendo cada vez más los principales centros de población que alguna vez se consideraron relativamente aislados de la actividad yihadista. Las incursiones del ISSP en Ayorou y Tillaberi, junto con las operaciones en Niamey, subrayan que ningún centro de población está fuera de su alcance.

Los grupos de autodefensa locales, que son fundamentales para el esfuerzo de contrainsurgencia en las zonas rurales, se encuentran bajo una presión sin precedentes. En Mali muchas milicias Dozo han sido desarmadas u obligadas a firmar acuerdos con el JNIM, dejando a poblaciones enteras dependiendo de acuerdos impuestos por militantes para una seguridad y un acceso económico limitados. En Burkina Faso el VDP —que fue fundamental para la estrategia de movilización de Traoré— ha sufrido grandes pérdidas y sigue siendo en gran medida defensivo, lo que limita la capacidad del Estado para retener o reclamar territorio. A medida que estos grupos se debiliten, es probable que los yihadistas amplíen aún más su dominio.

La asociación militar de Rusia con los países del Sahel ha logrado resultados limitados. El reemplazo de Wagner por el Cuerpo Africano del ejército ruso ha dejado grandes áreas desprotegidas. El Cuerpo Africano tiene un alcance más limitado y no ha podido evitar avances militares. Sin embargo, hacia finales de año, su papel pasó cada vez más a asegurar convoyes de combustible y rutas de suministro clave en el sur de Mali donde el bloqueo del JNIM empezó a perder impulso. Es probable que la asociación militar siga siendo importante el año que viene, y el Cuerpo Africano proporcione apoyo logístico y aéreo esencial para ayudar a la junta a mantener el control sobre las principales rutas de tránsito y centros urbanos.

La combinación de presión militante sostenida, milicias debilitadas y capacidad y legitimidad estatales en declive aumenta el riesgo de desestabilización política en el Sahel central. Si los regímenes militares de Malí o Burkina Faso sucumben a divisiones internas o al malestar popular, podría producirse un efecto dominó regional, colocando a los regímenes vecinos en posiciones cada vez más precarias. Si las tendencias actuales continúan, el año que viene puede traer una mayor inestabilidad política y una fragmentación territorial más profundas en el Sahel central y a lo largo de sus fronteras meridionales.

(*) https://acleddata.com/report/economic-warfare-escalates-militants-expand-beyond-sahel

La República Checa se desentiende de la Guerra de Ucrania

El apoyo financiero a Ucrania sigue siendo dividiendo a los países miembros la Unión Europea. Es una espantada. Mientras Bruselas estudia nuevas triquiñuelas para “ayudar” a Kiev, la postura anunciada en Praga por el futuro jefe de gobierno contrasta con la política de Ursula Von der Leyen y los suyos.

El futuro primer ministro checo, Andrej Babis, ha declarado que la República Checa no participará en las garantías que la Comisión Europea está considerando para apoyar la financiación de Ucrania. “No aceptaremos garantías de nada ni aportaremos dinero”, declaró.

La declaración se produce en un momento en que los cabecillas de la Unión Europea se disponen a debatir un plan de préstamos, que se basa en el saqueo de los activos rusos embargados, a la vez que incorpora garantías nacionales.

Babis ha remitido el asunto a la Comisión Europea, indicando que debería identificar otras vías de apoyo. La postura checa añade una limitación política adicional en un momento en que varios Estados buscan asegurar un mecanismo para alargar la agonía de Ucrania lo más posible.

Desde el comienzo de la guerra, los países europeos han apoyado a Kiev por diversos medios: ayuda presupuestaria, préstamos, asistencia humanitaria, reasentamiento de refugiados, entrega de equipo militar a través de iniciativas nacionales y mecanismos europeos, adiestramiento de las tropas ucranianas y comunicaciones satelitales, entre otros.

La Unión Europea también ha estructurado instrumentos financieros para contribuir al funcionamiento del Estado ucraniano, en paralelo a los esfuerzos bilaterales emprendidos por varias capitales del continente.

Desde enero, Estados Unidos se ha desentendido de Ucrania porque considera que la guerra está perdida. Esta situación ha aumentado la presión sobre los europeos para que estabilizaran soluciones de financiación más regulares y menos dependientes de terceros, lo que explica el creciente interés en acuerdos basados ​​en el robo de los activos rusos y garantías públicas.

La negativa anunciada por Praga no pone fin a las negociaciones, pero complica la búsqueda de un acuerdo sólido sobre un mecanismo en el que los Estados miembros estén obligados a compartir parte del riesgo. La Unión Europea tendrá ahora que afrontar posiciones nacionales, al tiempo que intenta mantener la ayuda sin gastar un dinero que no tiene.

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