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Prensa y capital monopolista

[…] Cuando se habla de libertad de prensa o del periodismo de manera abstracta o teórica suele excluirse, generalmente de manera deliberada, que detrás de la información, de la defensa de valores, de las presuntas o verdaderas vocaciones y sacerdocios hay un negocio formidable y, por supuesto, mucho menos romántico que la imagen inmaculada que por mucho tiempo ha gozado el ejercicio del periodismo. Esto que digo es una obviedad, pero como la prensa, por razones elementales, tiene buena prensa, muchas veces el público ajeno a la actividad no considera este punto.

La prensa es el único producto que se vende a la mitad de su costo de fabricación. Y esto puede ser así porque el verdadero negocio no es vender la información al público, sino el público a los anunciantes, de manera que el lector o televidente es, desde el punto de vista estrictamente comercial, el producto del que los medios de prensa se apoderan para ofrecer a sus anunciantes.

Por otra parte, desde mediados de la década del 90, el periodismo no quedó ajeno al fenómeno de brutal concentración de poder característico de la globalización. Algunos analistas sostienen que el sector periodístico es el que ha sufrido mayor concentración, junto con los sectores petroleros, el comercio de armas y la industria aérea.

[…] Algunos datos relacionados con el control de los medios de prensa.

En los Estados Unidos, en 1945, ocho de cada diez diarios pertenecían a propietarios independientes; hoy, en cambio, el 85% depende de grandes grupos, que además se van fagocitando entre sí, por lo que son cada vez menos y al mismo tiempo más poderosos. En Europa la concentración es aún mayor, y a ella sólo sobreviven un reducido número de imperios mediáticos: Berlusconi, Bertelsmann, Murdoch, Hachette, Hersant…

Este fenómeno se da de manera simultánea con otro no menos importante: el crecimiento del capital necesario para la creación de nuevos medios. De manera que cuando hablamos de la prensa libre en Occidente, deberíamos añadir que es libre siempre y cuando tenga los recursos suficientes para su existencia. De ese modo es el Norte el que informa al Sur, que permanece en silencio. La visibilidad o invisibilidad del Sur quedan por lo tanto sujetas a la voluntad del Norte. Se reproduce así un moderno sistema de colonización de las ideas. Quizá la batalla futura que deba darse por un mundo más justo sea la de la “descolonización de la información”.

Voy a citar algunos datos para saber dónde estamos parados cuando hablamos de medios de información:

— Estados Unidos, Japón y la Unión Europea controlan el 90% de la información y la comunicación de todo el planeta.

— Sólo cinco agencias de prensa distribuyen el 96% de las noticias mundiales.

— Desde hace 25 años, cuatro de cada cinco mensajes emitidos en el mundo provienen de los Estados Unidos o de empresas de capital norteamericano. Lo que se añade como fenómeno relativamente reciente es la inversión en las nuevas tecnologías y en el sector de la imagen: actualmente, el 80% de los programas audiovisuales que se producen en el mundo (ya sea televisión, vídeo o cine…) son norteamericanos.

— Estados Unidos controla el 71,5% de todos los programas de TV que se difunden en Europa y el 80% de las salas de cine.

— De cada 100 palabras de información internacional que se difunden en América latina, 90 provienen de 5 agencias de prensa internacionales (la norteamericana Associated Press, la británica Reuters, la francesa France Press, la española EFE y la italiana ANSA). Y de ese 90 por ciento, el 70 por ciento corresponde sólo a dos agencias: la norteamericana AP y la británica Reuters.

— De las primeras 300 empresas internacionales de información y comunicación, 144 son norteamericanas, 80 son de la Unión Europea y 49 japonesas. Es decir que de las 300 empresas de información más importantes, 293 son de los Estados Unidos, de Europa o de Japón y sólo 7 de otras naciones.

— En materia de medios audiovisuales, el magnate de la televisión Rudolph Murdoch controla, de manera directa o indirecta, la información y el entretenimiento visual que consumen 3.000 millones de personas, es decir, casi la mitad de la población mundial.

¿Quién decide lo que deben decir los medios? ¿Quién da al periodista su materia prima? De hecho, casi siempre las mismas fuentes: gobierno, administración y empresas. Como alimentarse de las fuentes institucionales es más barato, cada día hay numerosas informaciones preparadas de antemano, tomadas de los servicios de información al público que todos los gobiernos, empresas y entidades tienen, incluido el ejército. Es tan obvia la influencia de la prensa en la toma de decisiones, que en los últimos años ha cobrado mayor importancia el periodismo institucional o de empresas. Cuando hablamos de “hacerle la prensa” a un producto, a un político o a un libro nos referimos a darle a los medios de prensa una noticia previamente digerida que ayude a imponer en la consideración del público nuestro producto, sea éste un objeto, una política o una idea.

En ese contexto, el ejercicio del periodismo independiente debe sortear numerosas dificultades para mantenerse al margen de las necesidades y operaciones del poder.

Cuando Estados Unidos había decidido iniciar su ofensiva militar en Afganistán, el secretario de Defensa norteamericano fue lo suficientemente claro cuando anunció que los periodistas acreditados en el Pentágono no podrían acompañar a las tropas y recordó una frase de Churchill, que alguna vez dijo que “la verdad a veces debe ser cuidada por los guardaespaldas de la mentira”, lo que obviamente es la legitimación de la mentira con fines patrióticos. Al mismo Churchill se le atribuye otra frase terriblemente cínica: “la responsabilidad por asumir como ciertas las promesas de los políticos corren por cuenta de quienes las creen”.

En escenarios de conflictos, el periodista, aunque se esfuerce por mantener una posición equidistante y neutral, no puede evitar enfrentarse a dificultades operativas concretas en el terreno, fundamentalmente el dilema de exponerse a la manipulación de alguno de los actores, en caso de trabajar en alguna de las filas, o a enormes riesgos para su vida si opta por desplazarse de manera independiente.

Los medios de comunicación funcionan frecuentemente como verdaderas armas de control social. A veces, por propia voluntad y otras tantas por efecto de presiones o manipulaciones desde el poder.

Existe una auténtica ingeniería de la persuasión, de manera que si queremos superar ese tipo de analfabetismo que muchas veces nos proponen, debemos aprender a decodificar el lenguaje de los medios y la jerarquía selectiva que se les da a las noticias. La lectura crítica de las informaciones emanadas desde el poder es un ejercicio indispensable, en primer lugar para los propios periodistas y luego, para los receptores de las noticias.

La manipulación de la opinión pública es, ciertamente, muy antigua, pero quisiera hacer una breve referencia al período moderno y cómo los medios de comunicación y la desinformación se ubican en este contexto.

Como bien señala el semiólogo norteamericano Noam Chomsky, la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno ocurrió en los Estados Unidos bajo el mandato de Woodrow Wilson. Éste fue elegido presidente en 1916 como líder de una plataforma electoral que podría calificarse de pacifista cuando promediaba la Primera Guerra Mundial. La población norteamericana de entonces era mayoritariamente opositora a la idea de involucrar a los Estados Unidos en la guerra; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había, por lo tanto, que inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra, para lo cual se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida como Comisión Creel, que en sólo seis meses logró quebrar la vocación pacifista de la población y convertirla en una sociedad profundamente histérica, dispuesta a combatir el peligro que significaba para el mundo no ya la Alemania en guerra sino los alemanes en general.

La Comisión Creel alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: usando la misma metodología, al final de la guerra, logró avivar el terror al comunismo, lo que permitió la destrucción de sindicatos tachados de filocomunistas y establecer restricciones a la libertad de prensa y de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y algunos medios de comunicación adictos fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron toda clase de beneficios.

Los medios utilizados fueron muy amplios. Pero el más burdo y al mismo tiempo más efectivo fue la fabricación de relatos de atrocidades que supuestamente cometían los alemanes, en las que se incluían niños belgas con los miembros arrancados y todo tipo de perversiones inventadas por el ministerio de propaganda, cuyo auténtico propósito en aquel momento -tal como queda reflejado en la desclasificación de sus deliberaciones secretas- era el de dirigir el pensamiento de la mayor parte del mundo.

El principio moral que sustenta estas políticas es la creencia nunca confesable por las dirigencias de que la opinión pública en general está incapacitada para comprender a fondo los intereses nacionales, por lo que resultaría impropio e inmoral permitir que lo hicieran. Hay que domesticar al rebaño desconcertado, utilizando la misma lógica que nos dice que sería incorrecto permitir que un niño de tres años cruce la calle solo. Así como no damos a los niños de tres años este tipo de libertad porque partimos de la base de que no saben cómo utilizarla, negamos a los individuos del rebaño desconcertado la participación activa en la discusión de las ideas.

Reinold Niebuhr, uno de los intelectuales dilectos de Kennedy, afirmaba que la racionalidad es una habilidad al alcance de muy pocos y que la mayoría de la gente se guía por emociones e impulsos. Aquellos que poseen la capacidad lógica tienen, entonces, que crear ilusiones necesarias y simplificaciones acentuadas desde el punto de vista emocional, con objeto de encaminar a una masa desvalida e ignorante. Este principio se ha convertido en un elemento sustancial de la ciencia política contemporánea.

Los Estados Unidos crearon, en la década de 1920, los cimientos de la industria de las relaciones públicas. Tal como decían sus principales mentores, su compromiso consistía en controlar a la opinión pública. Basados en el éxito de la Comisión Creel y del “miedo rojo”, y de las secuelas dejadas por ambos, las relaciones públicas experimentaron una enorme expansión, obteniéndose grandes resultados a la hora de conseguir una subordinación total de la gente a las directrices procedentes del mundo empresarial.

Las relaciones públicas constituyen una industria que mueve, en la actualidad, presupuestos en torno del billón de dólares al año, y desde siempre su cometido ha sido el de controlar a la opinión pública, que es el mayor peligro al que se enfrentan las corporaciones.

Como contraparte a la enorme concentración de grandes medios a los que me referí anteriormente, la creciente irrupción de las nuevas tecnologías (especialmente Internet) abrió una fisura en ese enorme dique informativo aludido, con voces verdaderamente independientes de los grandes poderes. El problema que ahora debemos enfrentar desde el lugar de receptores no es el de la falta de información sino el de la subreabundancia de ella y la manipulación a la que es sometida.

Ciertamente, la aparición de Internet facilitó la entrada en el mundo de la información de actores que de otra manera estarían silenciados. El problema, aquí, no es la posibilidad de incorporar información, sino la de hacerla “visible”. Aun cuando hay gran diversidad de buscadores, en la práctica su uso constituye una forma oligopólica a escala mundial pues unos pocos -Google, Yahoo, Lycos, Altavista- acaparan la mayor parte de las búsquedas. Al efectuar una búsqueda determinada se obtiene una lista de páginas web ordenadas por criterios propios del buscador, lo que significa una jerarquización de la información no controlada por el receptor. Pero tampoco nos permite el acceso a toda la información que dice haber encontrado. Por ejemplo: si pedimos a Google que rastree las páginas referidas a “la sociedad de la información”, nos indicará que ha encontrado más de un millón y medio de entradas, pero solamente nos dará acceso a unas 800, es decir, sólo el 0,05% de lo existente […]

Ricardo López Dusil, Ponencia presentada en el Congreso de la Organización de la Conferencia Islámica, Bakú, Azerbaián, 26 al 28 de abril de 2014

El guardián de las dos mezquitas sagradas

Adrián Mac Liman
Hace apenas unas semanas, cuando el príncipe Salman Bin Abdel Aziz al Saud ascendió al trono del Reino de Arabia Saudita, los medios de comunicación occidentales se hicieron eco de los espectaculares cambios institucionales anunciados por el nuevo monarca. No, no se trataba de medidas innovadoras, destinadas a reformar o modernizar el régimen autocrático impuesto por la Casa de Saud, sino de una simple reorganización administrativa. Detalle interesante: el guardián de las dos mezquitas sagradas, título que ostenta el jefe de la Casa Real, decidió relevar de su cargo al jefe de los todopoderosos servicios de inteligencia, el príncipe Jaled Bin Bandar, al secretario del Consejo de Seguridad Nacional y exembajador en Washington, el príncipe Bandar Bin Sultan, así como a los imanes que dirigían el Ministerio de Justicia y la policía religiosa.
¿Terremoto o simple tormenta en un vaso de agua? Aparentemente, se trata de una cuestión dinástica; el rey Salman trata de prescindir de los incondicionales de su hermanastro, el recién fallecido rey Abdalá, para dar paso a familiares directos. En clave sociopolítica, ello se traduce por un notable retroceso, ya que el nuevo monarca pertenece al ala más conservadora de la dinastía saudí.
Mientras algunos politólogos occidentales se limitan a comentar el papel preponderante desempeñando por los saudíes frente a la creciente amenaza del chiismo iraní, otros procuran destacar la postura ambivalente de Riad, que participa en la guerra contra el Estado Islámico, empleando al mismo tiempo ingentes cantidades de dinero para proyectar la imagen del islamismo radical tanto en los países musulmanes como en el Viejo Continente. Uno de los pilares de este operativo habrá sido, en las últimas décadas, el… príncipe Salman, es decir, el actual monarca.
Según informes elaborados por las Naciones Unidas, la justicia estadounidense y los servicios de inteligencia occidentales, durante los años 80 y 90 del siglo pasado, Salman se dedicaba a centralizar la ayuda financiera saudí destinada a Al Qaeda, tanto en Afganistán como en Bosnia. Los envíos de fondos se efectuaban a través de distintas asociaciones benéficas creadas o presididas por multimillonarios saudíes.
En la década de los 90, durante la guerra de los Balcanes, el príncipe ostentó el cargo de Alto Comisionado Saudí para la ayuda a Bosnia Herzegovina, organismo internacional que, según los expertos de las Naciones Unidas, transfirió 120 millones de dólares a la Third World Relief Agency, una asociación fundada por el príncipe que financiaba a Al Qaeda. Los funcionarios de las Naciones Unidas encargados de supervisar las cuentas de la oficina saudí estiman que los fondos no se emplearon para fines humanitarios.
En mayo de 1997, los militares franceses destacados en Bosnia advierten que el Alto Comisionado Saudí utiliza la cobertura de la ayuda humanitaria para fomentar la islamización de Bosnia y radicalizar a la juventud. El periodista galo Roland Jacquard, que tiene acceso al documento, asegura que se trata una estratagema destinada a  establecer la plataforma idónea para las acciones de Al Qaeda en Europa.
Aun así, los servicios de seguridad estadounidenses respetaron el estatuto diplomático del Alto Comisionado Saudí en Bosnia hasta… el 11 de septiembre de 2001. En un registro llevado a cabo poco después de los atentados de Nueva York, los norteamericanos encontraron de la poco diplomática sede directrices para la falsificación de los pases del Departamento de Estado y ¡ay! apuntes relativos a conversaciones con Osama Bin Laden.
No hay que extrañarse, pues, que el Presidente Barack Hussein Obama haya decidido precipitarse a rendir pleitesía a su aliado Salman. Con amigos así, más vale ser prudente. Con aliados así, la tan cacareada guerra contra el Estado Islámico podría convertirse en una perpetua pesadilla.
Fuente: http://adrianmacliman.blogspot.com.es/2015/02/el-guardian-de-las-dos-mezquitas.html

Los fundamentalistas cristianos amenazan por un disfraz de la Virgen del Rocío

En los pasados carnavales celebrados en una localidad de Huelva, alguien se disfrazó de la Virgen del Rocío, lo que fue grabado en vídeo y difundido por las redes sociales.

La grabación ha provocado cientos de amenazas e insultos procedentes de los fundamentalistas cristianos, sin que nadie haya salido en defensa de la libertad de expresión.

¿Qué hubiera ocurrido si el disfraz hubiera sido de Mahoma y no de la Virgen del Rocío?

¿Qué hubiera ocurrido si las amenzas las hubieran proferido los fundamentalistas islámicos y no los fundamentalistas cristianos?

Una captura de pantalla con las amenazas:

Fuente: http://www.larepublica.es

Judíos, ¿un pueblo?

Nicolás Bianchi

En un libro publicado no hace mucho tiempo titulado «El problema nacional judío», el sociólogo vasco José Antonio Egido se pregunta si los judíos -algo tratamos aquí el 17 de febrero de este año sobre esta temática- son un pueblo, una comunidad nacional o una religión. Señala que el sionismo lo tiene claro: todos los judíos del mundo, al margen de su nacionalidad, del país en que viven y de su relación con la religión, son un pueblo con derecho a residir en (el Estado de) Israel. No se dice «obligación» porque entonces el poderoso lobby judío neoyorkino tendría que dejar sus piscinas y, claro, esto va a ser que no.
Kautsky -apunta Egido- niega la condición de «pueblo» a los judíos, y Marx -judío él mismo- escribe que «la cuestión judía adquiere un aspecto diferente a tenor del Estado en el que el judío se encuentra». Los judíos alemanes, por ejemplo, estaban muy asimilados hasta la llegada de la barbarie nazi. Se les recordó algo que tenían casi olvidado: ¡que eran judíos!, un exutorio social, un desagüe, una válvula. Piensa Egido que fue con la diáspora que el judío perdió su condición de pueblo. También cree que fue en el exilio, en Babilonia (el Irak de hoy, o lo que quede de él), donde se «construye» la religión judía. Cuando los judíos pueden ejercer plenamente su condición de ciudadanos iguales con el resto de los habitantes de un país -y esto fue lo que pasó con la Revolución francesa que los «emancipó»-, su tendencia general es a asimilarse allí donde se trasladan. Antes de existir la noción de «ciudadano» el judaísmo es una religión y nada más. Jamás una ideología política como llegó a ser el sionismo, que es lo contrario de la esencia del judaísmo ortodoxo, esto es, un mesianismo.
El historiador judío italiano Arnaldo Momigliano (1908-1987), no muy conocido por estos pagos, estudia la definición weberiana del judaísmo como religión… paria (sic) Para Max Weber un «pueblo-paria» significa que eran un pueblo-huésped ritualmente segregado por el ambiente social que les rodeaba. La conclusión de Weber es que los propios judíos decidieron ser parias por su actitud religiosa. No en balde era el «pueblo elegido» por Dios-Yahvé, lo que te obliga, no a creerte superior, no, pero sí a diferenciarte de los demás, a cerrarte. Toda la tradición religiosa hebraica presupone que los judíos están obligados a obedecer a una ley divina -la Torá- y tienen derecho a poseer un territorio concedido por Dios. Ningún avatar histórico cambiará esto. Simplemente la tierra prometida queda aplazada a una era mesiánica. Para Weber la falta de «territorialidad» sería la razón de la condición paria de los judíos.
Para George Steiner (1929-), crítico literario de origen judío, a falta de territorio, la Torá reemplaza a la tierra física y se convierte en el «territorio nacional»: el libro constituye la patria de los judíos (negrita mía).
Los sionistas, la mayoría ateos -como los cardenales del Vaticano empezando por el Papa, no es una osadía lo que digo-, lejos de ser un movimiento de liberación nacional, vale decir, se transmutan en un movimiento de colonización para lo cual tienen que expulsar a los legítimos propietarios de una tierra: Palestina, único pueblo, este sí, y nación sojuzgado.

Terrorismo mundial: atando cabos

Benjamin Netanyahu
José Steinsleger

En los años del mundo «bipolar», cuando las diferencias entre «política» y «política exterior» parecían prestarse a confusión, un gran líder de masas de América Latina sentenció: la política exterior es la política.
Sin embargo, en el capitalismo salvaje la guerra dejó de ser «continuación de la política por otros medios». Y las políticas interior y exterior de Occidente se convirtieron a secas en alas de un mismo pájaro. El pájaro de la guerra que enlaza, por ejemplo, tragedias como las de Ayotzinapa, Palestina y tantas más.
Desde el 11 de septiembre de 2001, de espaldas a lo «singular» y «plural» de los pueblos, el capitalismo salvaje (neoliberalismo) impone su ley. Una ley que, apoyándose en el resbaladizo concepto de «seguridad», arrasa con lo que hasta ayer nomás entendíamos por «independencia», «soberanía», «derecho».
Por allá y por acá, los neoliberales asocian toda manifestación humanitaria o de resistencia con lo que de plano ejecutan con singular y perversa maestría: el terrorismo. El terrorismo financiero, mediático, intelectual, judicial, criminal.
Si tomásemos la palabra a los neoliberales (que el mundo es «interdependiente», etcétera), podríamos atar algunos cabos sueltos que, tan sólo en el último trimestre, conmovieron el escenario mundial. Veamos:
El 2 de diciembre pasado, la Asamblea Nacional de Francia vota en favor de reconocer el Estado de Palestina (339/151 votos), tal como lo habían hecho Gran Bretaña, España, Irlanda y Suecia. Luego, Portugal, el Parlamento Europeo y Luxemburgo (días 12, 15, 17), que se pronunciaron en igual sentido.
Por su lado, el tribunal de la Unión Europea anulaba, por «vicio de forma», la justificación legal por la que en 2001 el Consejo Europeo (CE) inscribió al movimiento palestino Hamas en la lista de «organizaciones terroristas». Según el tribunal, el CE se había basado en “…imputaciones factuales recabadas por la prensa internacional e Internet”.
El premier del enclave colonial llamado «Israel», Benjamin Netanyahu, declara entonces que la decisión del tribunal mostraba que “…los europeos no aprendieron nada del Holocausto”. Y pide a la Corte Penal Internacional de La Haya (CPI) rechazar a Palestina como miembro, ya que esta solicitud “…no proviene de un Estado, sino de una entidad”.
En represalia, «Israel» bloquea transferencias de 127 millones de dólares recaudados para los palestinos. Dijo: «No permitiremos que se arrastre a nuestros soldados al tribunal de La Haya por crímenes de guerra». Se refería a las masacres de julio de 2014, cuando el «Estado judío» asesinó a 2.200 palestinos en Gaza, destruyendo 96.000 casas.
El 7 de enero (día en que la CPI incorpora a Palestina), un comando paramilitar asesina en París a la plana mayor editorial de la revista satírica Charlie Hebdo. Una semana después, en Buenos Aires, el fiscal Alberto Nisman acusa a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por «encubrimiento» de los acusados (iraníes) de haber dinamitado la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en julio de 1994.
El día 15, en Verviers (Bélgica), son abatidos un par de presuntos «islamitas» que «pensaban» atacar cuarteles de la policía belga. Al día siguiente, luego de que la CPI da curso a la investigación de crímenes de guerra israelíes, el canciller fascista Avigdor Lieberman exige la «disolución» (sic) de la Autoridad Nacional Palestina. Y el 19 de enero, a horas de fundamentar sus cargos en el Congreso, el fiscal Nisman aparece muerto en su departamento.
El 14 de febrero, en Copenhague, sangriento ataque contra la conferencia Islam y libertad y una sinagoga cercana; dos muertos, cinco heridos. La policía mata a un sospechoso de «aspecto árabe». Y Netanyahu vuelve a invitar a los judíos europeos a que inmigren masivamente a «Israel», por motivos de «seguridad».
Simultáneamente, los medios escamotean las muertes de tres periodistas estadunidenses, ocurridas el 11 y 12 de febrero: Bob Simon, presentador del programa 60 minutos, de la CBS (accidente automovilístico); Ned Coll, corresponsal de la cadena ABC («derrame cerebral masivo») y, el mismo día, David Corr sufre un colapso en su oficina del New York Times.
Bob, Ned y David habían presentado los documentos requeridos para consultar los archivos confidenciales del Kremlin, que contienen informes relacionados con los atentados del 11-S. Qué pena. Ninguno pudo enterarse del fallo de un tribunal de Nueva York (día 23), condenando a la ANP y a la OLP a pagar más de 218 millones de dólares por «atentados» perpetrados en «Israel».
En tanto, en Argentina, la nueva fiscal de la causa AMIA, Sabrina Namer, declara: «Vamos a ver por qué se descartó la pista siria». En efecto: desde el primer día, durante 21 años, Tel Aviv, Washington y el gobierno del presidente Carlos Menem habían culpado a Irán del dinamitazo. ¿Pruebas? ¿Qué importan las ­«pruebas»?
Finalmente, el 27 de febrero, un día después de que un juez argentino rechaza por insostenible las acusaciones del suicidado o asesinado fiscal Nisman, el líder opositor Boris Nemstov muere asesinado a tiros en Moscú.
Al igual que en Buenos Aires, los medios sionistas acusan al gobierno de Vladimir Putin, y asocian el crimen a «una fuerte corriente de antisemitismo en el mundo».

La Jornada, 4 de marzo de 2015
http://www.jornada.unam.mx/2015/03/04/opinion/027a1pol

Pablo Iglesias es un lameculos del imperialismo

En una reciente entrevista en Tele 5, a Pablo Iglesias le preguntaron por su opinión acerca de la detención del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, acusado de golpista por el gobierno de Maduro.
El cacique de Podemos, que llevaba meses evitando pronunciarse sobre Venezuela, volvió a demostrar que es un membrillo. Rechazó el encarcelamiento afirmando: «No hay ningún matiz. A mí no me gusta que se detenga a un alcalde. Otra cosa es que después se pruebe que este señor ha cometido un delito, pero ni la prisión preventiva ni la detención de cargos públicos son algo que a priori me guste. No me gusta», enfatizó Iglesias.

La misma condena pronunció Sergio Pascual, secretario de organización de Podemos: «Es condenable que se encarcelen alcaldes e inadmisible que se conculquen garantías procesales», dijo en referencia a la detención del regidor golpista de Caracas, Antonio Ledezma, y el dirigente de la extrema derecha, Leopoldo López.

Los de Podemos tienen la oportunidad de explicar la realidad por la que atraviesan muchos gobiernos latinoamericanos, como Cuba, Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia o Nicaragua, víctimas permanentes del terrorismo yanqui. Pero se callan. Yes we can’t. Son fieles lacayos de sus amos yanquis, que les han ordenado mantener la boca cerrada.
Hay que decir, pues, lo que Podemos calla: quién es ese golpista y terrorista venezolano llamado Antonio Ledezma. Entonces entenderemos lo que Podemos pudo decir y no dijo.
Como responsable político de la policía metropolitana de Caracas, hoy disuelta, Ledezma es responsable de numerosos asesinatos cometidos por ella en los años ochenta.
Como gobernador del Distrito Federal de Caracas en 1992, Ledezma es responsable de la represión de las movilizaciones sociales, en particular, contra estudiantes y periodistas.
Más concretamente, en noviembre de 1992 Antonio Ledezma fue responsable de la masacre de la cárcel de Catia, en la que se produjeron cerca de 200 muertes.
También fue responsable del asesinato aquel año de la periodista María Verónica Tescaci.
Antonio Ledezma participó en los sangrientos golpes de estado de abril y noviembre de 2002, causando pérdidas por más de 21.000 millones de dólares.
Ledezma también participó en el frustrado golpe de estado del pasado 12 de febrero. Es uno de los dirigentes de “La Salida”, en el que participan grupos paramilitares, como el encabezado por Lorent Gómez Saleh, de Operación Libertad, quien reconoce que recibe órdenes de Ledezma.
El golpe suponía el bombardeo del Palacio de Miraflores y de Telesur, entre muchos otros blancos ubicados en el centro y en el este de Caracas. Según las declaraciones de los golpistas detenidos, Estados Unidos no sólo les concedió asesoramiento sino que los funcionarios de la embajada norteamericana tuvieron una participación activa en varias reuniones donde se elaboró el plan.
En ese plan uno de los que iba a encabezar el llamado “gobierno de transición” era Antonio Ledezma.
La fiscalía venezolana le acusa de los delitos de “conspiración y asociación” por su vinculación en los “planes conspirativos” recogidos en el Código Penal y la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo.
Podemos son lameculos del imperialismo y de los sicarios que el imperialismo tiene repartidos por todo el mundo. Dan verdadero asco.

El Mossad financió los atentados del 11-S

El viernes por la noche se oyó un desliz en el plató de Canal Plus, durante el debate Grand Journal. El invitado especial era el periodista de Le Monde Serge Michel, uno de los cien que a lo largo del mundo han destapado lo que ya todo el mundo sabía desde hacía tiempo: el papel de la mafia bancaria HSBC en todo tipo de crímenes, lo que ahora llaman «escándalo Swissleaks» que quieren reducir a una red de evasión fiscal.
Al periodista de Le Monde se le escapó lo siguiente: entre los miembros de la red de evasión fiscal había un sujeto israelí traficante de armas, drogas y diamantes que fue quien financió al grupo de Al-Qaeda cuando se disponía a cometer los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York.
Los otros asistentes se quedaron atónitos y silenciosos, hasta que después de varios carraspeos le lanzaron preguntas tales como «¿Cuánto dinero pagó a los miembros de Al-Qaeda?» A nadie se le ocurrió profundizar con preguntas del calibre «¿Quién era ese israelí?» que son las típicas de un periodista recién salido de la facultad.
Hay preguntas incómodas que conducen a respuestas aún más incómodas. ¿Un israelí financió los atentados contra las Torres Gemelas?, ¿Israel paga a los fundamentalistas islámicos?, ¿al terrorismo? Las preguntas hay que relacionarlas con el debate que la cadena quería haber puesto encima de la mesa: la sucursal suiza de HSBC, evasión fiscal, blanqueo de capitales, tráfico de armas, de drogas… ¿Qué papel juega Israel en todos esos asuntos?
Un sabueso se encaminaría a la hemeroteca de Le Monde para hurgar en la herida abierta. Encontraría una noticia publicada el 14 de febrero que da el nombre del israelí que financió a los terroristas de Al-Qaeda: Shimon Yelinek.
Yelinek en el Congo: de los diamantes a las armas
Dos días antes que el diario francés, el suizo L’Hebdo evocó también la figura de Yelinek, de quien dijeron que es un comisionista con oficina abierta en Panamá, donde fue encarcelado. La prensa centroamericana le conoce bastante bien desde hace más de una década.
Nacido en Israel en 1961, Yelinek vivió en África entre 1980 y 2001. Fue jefe de seguridad y consejero del régimen de Mobutu Sese Seko en la República Democrática del Congo, entonces llamada Zaire. En el país africano conoció al traficante libanés de diamantes Aziz Nassur ya que Mobutu exportaba diamantes al puerto belga de Amberes procedentes de Liberia y Sierra Leona, entre otros países. Todos ellos tenían algo más en común: eran clientes preferentes del banco HSBC.
Los diamantes financiaban la compra de armas para el Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona. Dado el embargo de la ONU sobre Liberia y Sierra Leona, el papel de Nassur consistía en falsificar los certificados para simular que las armas acababan en Costa de Marfil.
Para introducir armas en África, Yelinek utilizaba los servicios de otro israelí llamado Ori Zoller, al que Le Monde presenta como un «antiguo miembro de las fuerzas especiales israelíes» que tiene una empresa de venta de armas en Guatemala.
Ambos, Yelinek y Zoller, han utilizado al menos una parte del dinero engendrado  por el tráfico de armas y diamantes para financiar a Al-Qaeda a través de Nassur, el libanés que Yelinek conoció en el Congo. El asunto lo destapó la ONG Global Witness.
En 2000 dos miembros de Al-Qaeda, Ahmed Ghailani y Fazul Abdullah Mohammed, viajaron a Kinshasa, la capital del Congo, para ponerse en contacto con Nassur. Hacía casi dos años que los terroristas habían cometido los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania, en los que ambos habían participado. Para financiar futuros atentados y borrar el rastro del dinero, Ghailani y Mohammed querían sacar los fondos que Al-Qaeda tenía en los bancos y comprar diamantes.
En aquel momento Nassur preparaba una operación con su primo Samih Ossaily para comprar diamantes al Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona, sostenido por Charles Taylor, el reconocido criminal de guerra que pretendía llevar a cabo en aquel país un golpe de Estado similar al que había llevado a cabo en Liberia. Había vendedor (Frente Unido Revolucionario), había comprador (Al-Qaeda) y había intermediario (Nassur). Había negocio.
Según una de las claúsulas del acuerdo, Nassur se comprometía a suministrar armas para Taylor y el Frente Unido Revolucionario, para lo cual se puso en contacto con Yelinek, que entonces vivía en el Hotel Mariot de Miami y utilizaba el nombre en clave de «Sierra». A su vez, Yelinek se puso en contacto con Zoller, que en aquel momento estaba embarcado en la Operación Otterloo.
Operación Otterloo
Según una minuciosa investigación llevada a cabo en 2003 por la Organización de Estados Americanos, Yelinek desempeñó un papel fundamental en la Operación Otterloo. A finales de 2001 un cargamento de 3.117 fusiles Kalachnikov y 5 millones de cartuchos desembarcaron del buque Otterloo en el puerto de Turbo, en Colombia. Habían sido compradas al ejército de Nicaragua para vendérselas a la policía de Panamá pero, con la complicidad del anterior gobierno nicaragüense, Yelinek se las apañó para que acabaran en poder de un grupo paramiliar colombiano de extrema derecha: Autodefensas Unidas de Colombia.
La investigación de la Organización de Estado Americanos confirma que Zoller fue miembro del espionaje israelí y que representaba en Guatemala a la empresa israelí «Military Industries» que es titularidad del propio Estado de Israel y a la que  van destinados importantes giros de divisas procedentes de Tel-Aviv.
En junio de 2002 el diario Miami Herald Tribune se hacía eco de una información publicada en el diario Panamá América que, a su vez, procedía de una fuente confidencial del Consejo de Seguridad Nacional del país centroamercano según la cual Zoller aún era agente del Mossad en la época de 1999 a 2001 en la que colaboraba estrechamente con Yelinek, una etapa en la que se producen los atentados contra las Torres Gemelas.
Este relato recuerda la detención de cinco israelíes por parte de la policía de Nueva Jersey el 11 de setiembre de 2001 por haber manifestado una extraña alegría tras ver al primer avión chocando contra una de las dos torres del World Trade Center.
Después de 71 días detenidos, los enviaron a Tel Aviv. Ciertos medios locales como The Record o la revista judía neoyorquina The Forward revelaron este hecho y esta última señaló que dos de ellos eran agentes encubiertos del Mossad.
La pregunta que cabe hacerse es por qué dos agentes del servicio de inteligencia israelí estaban cerca de la Torre Norte tomando fotos y expresando su alegría.
Según un informe del FBI, uno de los cinco israelíes detenidos mantuvo contactos telefónicos con “un individuo localizado en América del Sur que tiene vínculos con militantes islamistas de Oriente Medio”.
Esta detención no es más que la punta del iceberg. Unos 200 espías israelíes, camuflados como estudiantes de arte o vendedores de juguetes y sospechosos de espionaje, fueron detenidos sobre suelo norteamericano inmediatamente después del 11 de septiembre de 2001.
Aún más extraño es el hecho de que varios de ellos eran vecinos de los supuestos autores de los atentados.

Fuentes:
– http://www.lemonde.fr/afrique/article/2015/02/14/shimon-yelinek-criminel-polyvalent-mais-pour-hsbc-un-client-sans-histoire_4576775_3212.html
– http://www.almanar.com.lb/spanish/articletoword.php?nm=20150218142656&eid=85622&frid=23&seccatid=30&cid=23&fromval=1
– http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1338914
– http://www.laprensa.com.ni/2003/08/18/nacionales/865733-enjuiciarn-a-ori-zoller-por-el-caso-de-las-armas

Las esterilizaciones masivas en Estados Unidos inspiraron al III Reich

A Lewis Reynolds le diagnosticaron una epilepsia y a principios de los años cuarenta fue esterilizado de manera forzada. No se enteró hasta mucho después, al intentar tener hijos. “No tengo recuerdos”, dice Reynolds tajante. Sólo sabe –y porque se enteró mucho después- que pasó cuatro años de su vida en Lynchburg Training Center, una colonia para epilépticos y enfermos mentales en Virginia, Estados Unidos, donde se realizaban esterilizaciones forzadas. Y en algún punto de esos cuatro años, cuando tenía 13, a Reynolds le realizaron una.

Es una de las 11 víctimas de esterilizaciones forzadas implementadas en Virginia que quedan vivas. Pero como él hubo más de 7.000 sólo en ese Estado. El jueves pasado, tras años de lucha, recibieron una buena noticia: el Estado les indemnizará con 25.000 dólares. Más allá del dinero, lo que Reynolds considera su mayor victoria es “el 100 por ciento de reconocimiento de lo que me hicieron”.

Mucho después de su esterilización, al intentar infructuosamente que su mujer se embarazara, supo que había sido esterilizado. “En ese entonces estaba en la Marina y uno de los doctores me lo comentó”, recuerda Reynolds. Su hermano se lo confirmó y le contó la forma: había estado interno en Lynchburg tras ser diagnosticado como «epiléptico».

La eugenesia es una de las más claras intervenciones de los científicos en la política, en una política de la peor especie. En aquella época era habitual que los mendelistas y neodarwinistas realizaran incursiones en la denominada “genética humana” proponiendo diversas medidas racistas más o menos drásticas, entre el exterminio y la esterilización. Los científicos estadounidenses, tarados como como Charles Davenport y Sewall Wright, impulsaron la legislación eugenésica para impedir la degeneración de la raza o el declive de la civilización.

Tras la Primera Guerra Mundial, la eugenasia fue una práctica generalizada en cerca de 30 estados de Estados Unidos. En 1914 Harry Laughlin de la Oficina de Registro de Eugenesia publicó un modelo de Ley de Esterilización para autorizar este procedimiento forzado para los “socialmente inadecuados”. Es decir, los débiles mentales, locos, criminales, epilépticos, alcohólicos, enfermos, ciegos, sordos, deformes y dependientes –incluidos los huérfanos, vagabundos y mendigos, según la lista.

“Este horroroso programa nació en Estados Unidos y fue trasplantado en la Alemania nazi tras la Primera Guerra Mundial”, explica Edwin Black, escritor y columnista del New York Times, autor de «La guerra contra los débiles», investigación sobre la eugenesia en Estados Unidos.

Una de las leyes pioneras y más radicales basadas en este modelo fue implementada en Virginia, a partir de 1924. Amparadas bajo el “Acta de Esterilización Forzada de Virginia”, se realizaron entre 7.000 y 8.000 esterilizaciones forzadas en este estado. Lewis Reynolds fue una de ellas.

“No hay información ni cifras exactas. No se sabe cuántos hombres, cuántas mujeres y el estado de Virginia todavía se niega a entregarla amparado en la privacidad de los pacientes”, explica Mark Bold, abogado y presidente de Christian Law Institute, organización que representa a las víctimas.

Aparentemente en Suecia las esterilizaciones fueron voluntarias, aunque en algunos casos también las aplicaban a los enfermos mentales. Sin embargo, al menos en un 10 por ciento de los casos se han encontrado evidencias de que fueron forzosas. En 1996 los socialdemócratas se opusieron a una ley para indemnizar a las víctimas de eugenesia, que no se pudo aprobar hasta 1999.

El caso de Australia es parecido. Las legislación eugenésica, que se centró en los aborígenes, no se derogó hasta los setenta.

En la actualidad las esterilizaciones de las “razas inferiores” continúan vigentes en el Tercer Mundo, aunque camufladas como vacunas. El 6 de marzo de 2004 la revista nigeriana Weekly Trust publicó una entrevista con el doctor Haruna Kaita en la que denunciaba que las vacunas orales contra la polio que se estaban suministrando a los niños de aquel país contenían contaminantes tóxicos con efectos anticonceptivos.

También se han camuflado esterilizantes en las vacunas del tétanos en Filipinas. A pesar de que el tétanos afecta a dos tercios de los hombres y sólo a un tercio de las mujeres, la vacuna se administró sólo a las mujeres en edad de procrear. Ante las sospechas, un grupo de religiosas envió una muestra de las vacunas a un laboratorio y los análisis mostraron que contenían BetaHCG, un anticonceptivo que, a la larga, esteriliza. Los resultados fueron confirmados por otros análisis en varios centros médicos. Las mujeres que habían recibido las vacunas presentaron niveles altos de anticuerpos antiHCG (Gonadotrofina coriónica) que impiden el embarazo. Las que estaban embarazadas abortaron al día siguiente o en el transcurso de la primera semana, independientemente del número de meses de embarazo.

La asociación Human Life International denunció que la introducción de HCG en las vacunas también se había comprobado en México, Nicaragua e India. Esto supone una corrupción de la estructura sanitaria del Estado, de la OMS y otras instituciones internacionales que promueven la vacunaciones masivas e indiscriminadas. Prescindiendo de los efectos secundarios que comportan estos métodos anticonceptivos, en el futuro podrían esterilizar a millones de mujeres sin su conocimiento.

Inminente llegada de tropas de Estados Unidos a Ucrania

Estados Unidos se prepara para enviar a 300 mercenarios a Ucrania para luchar contra las milicias populares que en el este del país se oponen al golpe de Estado fascista del año pasado.
Un documento publicado en la página web de contratación pública «Federal Business Opportunities» anuncia el contrato con una empresa de mercenarios para “proporcionar todos los equipos, vehículos, y militares necesarios para el transporte terrestre” y la logística de las tropas.
Los mercenarios estadounidenses llegarán al aeropuerto internacional de Leópolis y serán trasladados al Centro en marzo, agosto y octubre en autobuses especiales.
Está previsto que los mercenarios permanezcan entre el 5 de marzo y el 31 de octubre de este año en Ucrania para una supuesta misión de «entrenamiento» en operaciones de guerra, incluidas las técnicas para neutralizar artillería pesada de los milicianos en el este del país europeo.
Estados Unidos ha proporcionado a Kiev apoyo económico y militar desde el inicio de las operaciones militares contra los antifascistas en el este de Ucrania (en las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk).
Lo mismo que en la guerra de Vietnam, Estados Unidos justifica su intervención militar sobre el terreno con un supuesto «entrenamiento» de las tropas ucranianas, es decir, que se trataría «sólo» de asesores.
Junto a los mercenarios de Estados Unidos también está prevista la llegada de fuerzas especiales británicas que el gobierno de Londres ha justificado con la misma excusa del «entrenamiento».

China se pronuncia claramente sobre la guerra de Ucrania

El jueves de la semana pasada Qu Xing, embajador de China en Bruselas, apoyó la posición de Rusia en la guerra de Ucrania, donde «no puede haber ni un ganador ni un perdedor», aseguró.
En contra de las habituales declaraciones ambiguas de China, según la agencia Reuters el embajador emitió un testimonio «franco y abierto» favorable a «la inquietud de Rusia por su seguridad», que calificó de «legítima», pidiendo a las potencias occidentales que la tuvieran en cuenta.
El embajador chino dijo que «la naturaleza y la raíz» de la guerra va más allá de Ucrania, y se localiza en el conflicto de las potencias occidentales con Rusia. La intervención exterior de las potencias había acelerado la crisis y Moscú se sentiría injustamente tratado si occidente no cambia su postura.
Aunque China y Rusia tienen posiciones comunes sobre numerosas cuestiones diplomáticas, la declaración sobre su alineamiento con Rusia de Xing es sorprendente porque hasta la fecha China nunca se había pronunciado a favor de Rusia en la guerra de Ucrania.
Algo ha tenido que cambiar para que China se pronuncie con esta claridad y el motivo no parece claro. No obstante, China parece abandonar progresivamente sus tesis neutrales y favorables a la multipolaridad, para decantarse en contra de las «potencias occidentales» y, en particular, de Estados Unidos.
Es un acercamiento a las tesis del Kremlin. El lunes el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, acusó a las potencias occidentales de tratar de dominar al resto del mundo y de imponer su ideología.
El momento elegido por su embajador en Bruselas no puede ser casual. Obama está preparando un endurecimiento de las sanciones contra Moscú con algunos de sus aliados europeos. Las delegaciones de Estados Unidos y de la Unión Europea han condenado el apoyo de Moscú a las fuerzas que luchan contra el fascismo en el sur y el este de Ucrania.
En su declaración Xing dijo que el compromiso de Washington en Ucrania es contraproducente. También puso a Obama en su sitio: «Estados Unidos no está dispuesto a ver que su presencia en el mundo se debilita, pero el hecho es que los recursos del país son limitados y le resultará difícil mantener su influencia sobre la política internacional».
El año pasado China advirtió que está dispuesta a utilizar el derecho de veto ante cualquier decisión del Consejo de Seguridad de la ONU dirigido contra Rusia. En el inicio de la guerra de Siria, Rusia y China bloquearon conjuntamente la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para autorizar la invasión del país.
El embajador en Bruselas afirmó, además, que si Estados Unidos no cambia su postura con respecto a Ucrania, podría exigir el pago de las deudas en oro, lo que pondría en jaque a la economía estadounidense porque las reservas de oro de Estados Unidos no son suficientes para cubrir sus deudas.
China también llegó a un acuerdo con Turquía para impedir el paso de buques de guerra de la OTAN a través del estrecho del Bósforo, un acuerdo que el gobierno de Ánkara no ha cumplido ya que, con posterioridad al mismo, autorizaron el paso de al menos un navío de la Armada de Estados Unidos que logró penetrar en el Mar Negro para unirse a la fuerza naval estadounidense ya desplegada allí.

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