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Amenazas imperialistas contra Suecia por el reconocimiento del Sáhara

El gobierno socialdemócrata sueco se dispone a reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática, el Estado proclamado por el Frente Polisario, que cuenta con el aval de varios países de África y América, pero ninguno de Europa. Suecia sería el primero.

El gobierno de Marruecos ha respondido tan agresivamente como cabía esperar: bloqueando la apertura de la primera tienda de Ikea en el país, prevista para el martes.

Pero mucho más feroz ha sido la del “Washington Post” en un artículo firmado por Adam Taylor, un plumilla londinense: “La política exterior sueca consiste en un ‘totalitarismo feminista’ que quiere resucitar una vieja tradición diplomática sueca de los años años 80 que se basaba en el apoyo ideológico a los movimientos separatistas en los países en desarrollo”.

Sólo un baboso puede escribir algo así. ¿A qué viene eso del “totalitarismo feminista”? Es cierto que la llegada de la socialdemocracia al gobierno a comienzos de este mes ha cambiado la política exterior de Suecia y que eso le ha granjeado la enemistad de países que merece la pena enumerar: Israel, Arabia saudí, Emiratos Árabes Unidos y ahora Marruecos.

Pero, a cambio, se ha ganado nuestra amistad, por si le vale de algo.

No conforme con publicar artículos estúpidos, el “Washington Post” pasa a las amenazas, al más puro estilo imperialista, como la que Marruecos ha puesto en marcha: “La reputación de Suecia como socio comercial y de negocios está en juego”.

En la política exterior todo son chantajes: si no complaces a Estados Unidos y a sus socios vas a tener problemas, o sea, presiones económicas. No podrás organizar unos juegos olímpicos. Tampoco el Banco Mundial te va a conceder un préstamo. Las multinacionales se irán del país…

El periódico califica al gobierno sueco de “radical”, de volver a los vicios diplomáticos de los años 80: “Algunos miembros del partido socialdemócrata miran la política exterior de Olof Palme durante los años 70 y 80 como un ideal. Este antiguo Primer Ministro sueco adoptó una política de [….] apoyo a los movimientos separatistas en los países en desarrollo. Fue asesinado en Estocolmo en 1986 y la muerte no se ha aclarado”.

Es lo que ocurre cuando los chantajes económicos no son suficientes. Entonces llegan los asesinatos y las amenazas de cometerlos. Hay que ser tan canalla como el “Washington Post” para recordar ahora ahora aquel asesinato. Pero mienten cuando tienen que dar el último detalle: el asesinato de Palme está absolutamente claro; lo mató la CIA precisamente por este tipo de decisiones “radicales”.

¿Son los refugiados una inversión rentable?

La semana pasada el diario alemán Bild Zeitung calculaba que Alemana podría recibir este año a un millón y medio de refugiados. Se basaba en un documento confidencial del gobierno federal que, de puertas afuera, habla de sólo 800.000 peticiones de asilo.

Merkel sigue siendo partidaria de la acogida de los refugiados porque Alemania es un país agotado demográficamente. Como en toda Europa, la población alemana envejece. Los países europeos presentan síntomas alarmantes de decrepitud. Son masas de jubilados necesitadas de una asistencia médica y personal permanente.

El capital necesita reponer su ejército industrial de reserva, fuerza de trabajo joven a la que poder explotar durante varias décadas. Pero los alemanes no quieren tener hijos. Un informe de la fundación Bertelsmann dice que la fuerza de trabajo se podría reducir de 43 millones de obreros hoy, a 29 millones en 2050 si no hay nuevas aportaciones de mano de obra externa, inmigraciones y llegadas de trabajadores foráneos.

Para mantener la maquinaria capitalista en marcha, Alemania necesita cada año medio millón de trabajadores emigrantes más. Según el Ministerio de Trabajo si la aportación fuera de sólo 200.000 trabajadores al año, la fuerza de trabajo disminuiría en casi tres millones en 2030.

No obstante, la acogida de esa masa de emigrantes requiere un dispositivo público de asistencia para el que no hay financiación en la actualidad. El ministro del Interior, Thomas de Maizière, ha hablado de la necesidad de encontrar un equilibrio entre las necesidades y las posibilidades.

Según el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung la acogida de un millón y medio de emigrantes costaría 10.000 millones de euros aproximadamente este año, lo que supone cuatro veces más que el desembolso del año pasado.

El gobierno alemán también echa números. Cada emigrante cuesta 13.000 euros al presupuesto público, contabilizando el albergue, la comida, la atención médica y unas migajas de dinero para que puedan ir tirando mientras se tramitan los papeles.

Uno de los desembolsos más importantes son los 500.000 euros que cuesta el adiestramiento del emigrante para que pueda aprender el idioma.

En Alemania nadie habla de los refugiados como de un drama humanitario. Es una inversión como cualquier otra. Pero, ¿será una inversión rentable? Para que ello sea posible, es decir, para obtener beneficios con la emigración y el asilo, es necesario abaratar los enormes costes sociales. A su vez, eso exige que las ONG acometan la tarea de una manera caritativa, es decir, en base a voluntarios que trabajen gratis para que el capitalismo funcione a pleno rendimiento. Máximo beneficio con el mínimo coste.

De regímenes y dietas

N. Bianchi

De no mucho tiempo a esta parte y en medios, webs, organizaciones y grupos de izquierda y alternativos, se escucha la expresión «el régimen del 78» para referirse, supongo, al que va de la Constitución española de ese año a nuestros días, esto es, que se establece una especie de «corte histórico» (y no sabemos si «epistemológico» a lo Althusser) con respecto al «régimen de Franco», es decir, que habría que hablar, como si de dos momentos históricos diferentes se tratasen, de un año, 1978, que divide y separa casi tajantemente la época de Franco de la actual que, se supone, es «democrática» con sus «imperfecciones», «déficits», etc., porque, ya se sabe, la democracia es, parece ser que dijo Churchill, furibundo anticomunista, «el menos malo de los sistemas», de los existentes en, por supuesto, el «mundo libre» y, claro está, «occidental». El otro mundo es de los «bárbaros» (exónimo peyorativo que los griegos aplicaban a quienes no hablaban su lengua, o sea, el griego, y, por tanto, eran «extranjeros» que «balbuceaban» -bárbaramente- otras lenguas… «bárbaras», como los escitas) que no conocen las bondades de las democracias plurales y representativas occidentales, pueblos a los que, a veces, hay que «exportarles» las delicias de la democracia a bombazo y ostia limpia.

A lo que voy que me lío. Para mí no ha habido un corte o ruptura (democrática) entre la muerte de Franco, vale decir, y lo que vino después, a saber: elecciones, libertades, Constitución, etc., es decir, la «democracia», si se quiere adjetivar, burguesa. Parece que nada más morirse el dictador advino milagrosamente la llamada democracia con, eso sí, una «Transición» por medio. Se acuesta uno una cosa y se despierta otra. No hubo un «antes» y un «después» pues una persona no define -aunque la personifique-una forma de Estado, sino una clase social.

Soy de los que opinan que aquí, en el Estado español no ha habido «ruptura» y, por lo tanto, no  sabe hablar del «régimen del 78», sino del «régimen del 36» cuando empezó la guerra civil que ganaron los fascistas hoy reconvertidos en «demócratas». De aquellos barros estos lodos, que se dice. Que no es exactamente lo mismo es algo que ya sabemos, no somos tan burros.

Escribo estas breves líneas hoy, 12 de octubre, Fiesta Nacional de España, Día del Pilar, de la Hispanidad, de las Fuerzas Armadas, antes de la Raza y de la madre que los parió. Pues bien, no hay forma de eludir y esquivar que el pueblo asocie esta «Fiesta» al régimen franquista, al fascismo vencedor, al patrioterismo de tres centavos (que diría Brecht) ¡¡después de 40 años de muerto Franco y ya con dos generaciones habidas!! Tan es así que el facherío tertuliano, que es la mayoría, y más en estos temas tan «patrióticos», se desgañita por convencer a la gente de que es un error «asociar el desfile militar a Franco», pero no lo consiguen y en su empeño por conseguirlo se delatan freudianamente hablando, pues ¿para qué convencer de algo año tras año que se supone que está claro y es papilla? ¿O es que no está tan claro y el hueso es difícil de roer por aquello de la memoria histórica y que si algo no hay es el olvido? Por no hablar de la impúdica exhibición militar insultante pensada siempre para ser usada contra el «enemigo interior», para acojonar al pueblo o a Catalunya… como en los mejores tiempos de Franco. Hablan de «Estados fallidos» por ahí fuera ¡¡y lo tienen delante de los morros!!

P. S. Todavía estoy esperando que algún «tertulisto» recuerde la anécdota de cuando le pillaron a Rajoy, hace unos años, no muchos, en «off-side» («orsay», que decían nuestros padres) y «off the record», diciendo (pensando que los micrófonos estaban cerrados) aquello de «joder, y mañana tengo que ir al COÑAZO (sic) del Desfile» (militar, por supuesto). Y es que lo que realmente se piensa sólo se puede decir en «off» y no en «on».

Buen día.

El fin del hombre rojo según Svetlana Alexievich

Svetlana Alexievich
Este año el Premio Nóbel de Literatura ha recaído en la escritora Svetlana Alexievich, nacida en Ucrania en 1948 pero con pasaporte bielorruso.

Creo que no es necesario insistir en que un Premio Nóbel es, más que nada, un descrédito para cualquiera, que tendrá que demostrar que, a pesar del galardón, sabe escribir sin faltas de ortografía. Si le hubieran dado el Premio de la Paz, tendría que demostrar que no ha desatado ninguna guerra.

Antes que nada y, sobre todo, antes que sus escritos, lo que hay que decir acerca de Alexievich es lo que nadie va a decir: sus vínculos con la Fundación Soros y el Club Pen, lo cual nos ahorra dar más explicaciones sobre eso que se llama “su posicionamiento” ideológico y político en relación a uno de sus libros: “El fin del hombre rojo”.

Al “hombre rojo” Alexievich lo llama también “Homo sovieticus” porque ella trata más de los soviéticos que de los soviets, lo cual es un punto de vista muy interesante acerca de la URSS. La caída de la URSS no sólo supuso el fin del socialismo (o de lo que quedaba de él) sino de un tipo de personas que existieron en aquella época y ya han desaparecido.

“El fin del hombre rojo” describe el fin de una civilización. Es una vasta encuesta, casi sociológica, de miles de personas que vivieron en la URSS y murieron con ella. ¿Cómo vivían los soviéticos?, ¿se enamoraban?, ¿con qué soñaban?, ¿qué les decepcionaba? En relación a aquel universo privado Alexievich dijo en una entrevista de hace tres años algo muy interesante:

“Era un mundo aparte, con su propia definición del bien y el mal, un mundo donde todo era diferente del oeste. Ponga Usted a discutir a dos personas de 60 años, una ex-soviética y otra occidental. Ellas constatarán que, tras su primer día de vida, sus existencia tienen pocas cosas en común, como si hubieran vivido en dos planetas. Su alimentación, sus temas de conversación, las películas y los libros que les han chocado, sus vacaciones, su habitat, sus héroes, su visión de la carrera profesional y de las relaciones humanas, todo era diferente. En la escuela no les enseñaban las mismas cosas. De hecho, para lo bueno y para lo malo, los comunistas lograron crear un hombre particular, el ‘Homo sovieticus’ con una cultura, una moral y costumbres muy diferentes de los de los occidentales. Si se olvida esto, uno no entiende nada de la Rusia actual”.

Luego la escritora afirma de que en la URSS “casi todo el mundo vivía igual” y hablar de dinero era considerado “indecente”. Por el contrario, los soviéticos hablaban de literatura durante horas, algo que en España, la patria de Cervantes, ignoran por completo.

Los valores que las escuelas inculcaban a los niños soviéticos eran de tipo colectivo, algo por lo que merecía la pena que cada uno de ellos se sacrificara, es decir, pusiera lo individual al servicio de lo social. La URSS enseñaba la importancia de los valores y esos valores eran, además, positivos, lo que tiene que chocar en un mundo que carece de ellos, es decir, de cualquier clase de valores ni principios porque se trata de crear una sociedad completamente amoral.

“Hoy mucha gente vive peor que bajo el poder soviético. Si uno no tiene dinero no puede conseguir que sus hijos estudien, ni tener atención médica. Antes todo eso era posible gratuitamente”, añadía Alexievich en la entrevista.

La URSS, que en otros tiempos fue una gran potencia, “vive de las rentas actualmente”,
dice Alexievich en sus entrevistas. Sin embargo, nadie puede vivir
siempre de las rentas porque tarde o temprano se acaban agotando.

En Rusia “a nadie le gusta la sociedad de hoy”, por lo que “hay una nostalgia muy fuerte por la época soviética, incluso entre los jóvenes que leen de nuevo a Marx y hablan de revolución”, decía la escritora espantada. Pero es lógico, como ella misma explicaba, porque “en la sociedad rusa actual quien hace la ley es el robo y el dinero”. ¿Cómo no sentir la necesidad de rebelarse ante algo así?, ¿cómo no buscar en el pasado las soluciones para el futuro?

Evidentemente una contrarrevolucionaria como Alexievich no hacía apología gratuita de la URSS sino para abalanzarse contra Putin, que es su paranoia personal. Al fin y al cabo la URSS es el pasado y Rusia es el presente. A pesar de haber ganado las elecciones en las que ha participado, a Putin lo califica como un dictador y algo peor: un autócrata. El Huffington Post presentaba así su entrevista con Alexievich en Minsk: “Putin no tiene nada que envidiar a los dictadores que se sucedieron a la cabeza de la URSS”.

Si Putin es un dictador, ¿de dónde procede su enorme popularidad? La admiración de los rusos por los dictadores, desde Lenin hasta Putin, ¿tiene una explicación patológica? Según Alexievich, “para el pueblo ruso Putin encarna una voluntad de renovación”, por lo que vuelve la nostalgia por el pasado: Putin “encarna nuestra grandeza desaparecida”, dijo Alexievich al diario francés Le Figaro.

Este ridículo lenguaje intelectualoide genera muchas dudas: lo que hoy quieren recuperar los rusos, ¿es realmente la grandeza?, ¿la grandeza de quién?, ¿no será que quieren recuperar el socialismo? Dicho en otras palabras: lo que hizo grande a la URSS, ¿no fue el socialismo?

Lumpenburguesía

Nicolás Bianchi

Hemos oído hablar de lumpenproletariado. Incluso hasta en el «Manifiesto Comunista» aparece el vocablo haciendo alusión a los sectores más marginados y depauperados de la sociedad. Para un calvinista, escoria, detritus. Para un católico, cinegéticamente hablando, presa en aguardo para lavar la mala conciencia mediante la caridad. Ambos cristianos, el primero capitalista, el segundo precapitalista, digámoslo así.

No forma -el lumpenproletariado- una clase social y Marx no los veía con buenos ojos por su carácter medroso y medrador a la hora de posicionarse ante una situación crítica o límite como pudiera ser una transformación social: o revolucionarios o contrarrevolucionarios. Marx, lamentándolo, se inclinaba por lo segundo.

Pero ¿es posible que segmentos de la burguesía se degraden hasta degenerar en una especie de lumpenburguesía criminal y corrupta (por no hablar del sector rentista de la clase capitalista)? Sí, por supuesto. Lo estamos viendo en este tiempo de canallas. Ya no es la burguesía que la prensa a su servicio llama «emprendedora» y creadora de riqueza -valiente sarcasmo- , dueña de los medios de producción para extraer la plusvalía de los trabajadores -incluidos los de «cuello blanco» («white collar») que no se sienten «proletarios», sino al revés-, sino que en este tiempo de granujas quienes parecen mandar son los asaltadores (o salteadores) de caminos… sin embozo. Son la lumpenburguesía, la hez y excrecencia de esa burguesía industriosa y eduardiana, manchesteriana, imperialista, la especuladora, la que no crea ni un solo céntimo de riqueza para el PIB de un Estado. Una lumpenburguesía parásita y zángana. Su lema es el del lumpen tabernario dickensiano: «este mundo es de los vivos» (de los «listos»). Zaplana podía ser su líder. Hoy sería considerado un aficionado por los arrebatacapas profesionales.

El capitalismo, su modo de producción, no resistiría ni toleraría una corrupción galopante, desmadrada y generalizada, no sobreviviría al no haber plusvalía y sólo fraude y meter la mano en la caja, algo a lo que se aproxima la economía «de casino». Su supervivencia consiste y reside en la explotación y el vampirismo sobre la vena del trabajador. La lumperburguesía no explota directamente: sólo succiona una cuota de plusvalía -de beneficio- que otros (la burguesía no lumpen, la «honrada», la «contribuyente», como se oye en los telefilms gringos pareciendo que eres «alguien» con tus derechos y no un paria) han extraído a las clases trabajadoras.

A esta lumperburguesía defiende un lumpengobierno que ha conseguido que hasta las capas mesocráticas (la «clase media», vale decir para entendernos) -médicos, maestros, funcionarios- salgan a la calle.

El escándalo Volkswagen muestra la rivalidad entre los imperialistas

El artículo de Rafael Poch en “La Vanguardia”(*) sobre el fraude de Volkswagen es esclarecedor, sobre todo procediendo de un país, como Alemania, que prodiga lecciones de moralidad en Europa.

Credit Suisse estima en 78.000 millones de euros el perjuicio que el fraude puede ocasionar al primer monopolio automovilístico alemán.

La empresa de seguros Axa estima que el asunto le costará a Alemania alrededor del 1,1 por ciento de su PIB. El sector automovilístico representa más del 17 por ciento de las exportaciones alemanas.

“¿Es este escándalo un asunto técnico?”, se pregunta Poch. Naturalmente que no. Los parámetros de emisiones de los automóviles no los deciden los burócratas de Bruselas, ni el límite de velocidad de las autopistas alemanas lo deciden los diputados del Bundestag.

Los monopolios del automóvil pesan mucho en la política de Bruselas, donde hay oficialmente 240 grupos de presión declarados, 43 de ellos de Volkswagen, que son los que preparan las leyes a los políticos como platos precocinados.

Se vio claro en 2013, cuando Merkel vetó y pospuso hasta 2022 normas en materia de emisión, de acuerdo con un guión conjunto de Daimler-Benz y BMW.

El gobierno alemán conocía el fraude que ahora ha estallado, como sabían los tecnócratas de Bruselas que los procedimientos para medir las emisiones de gases son un timo.

Se ha hablado mucho del origen nazi de Volkswagen, pero mucho menos del papel que Volkswagen desempeñó, por ejemplo durante la dictadura de los generales brasileños (1964-1985) confeccionando listas negras para los militares entre sus empleados, cuando su jefe de seguridad en Sao Paulo (desde 1959 hasta 1967) era Franz Stang, antiguo comandante de los campos de exterminio nazis de Sobibor y Treblinka.

En París la agencia encargada de comprar los espacios publicitarios de Volkswagen en la prensa francesa chantajeó a una veintena de diarios regionales: si querían seguir recibiendo publicidad debían renunciar a publicar informaciones sobre el fraude durante los días en que se publicaran los anuncios. Solo tres diarios, sobre una veintena protestaron.

Quien crea que asuntos de tanta trascendencia los decide un funcionario de la agencia ambiental de Estados Unidos, se equivoca. Cuando se trata de lanzar un torpedo de tal calibre contra un país amigo, es que ocurre algo en la relación y se quiere lanzar una amenaza.

La pregunta que Poch plantea es bien simple: ¿Qué ha pasado entre Estados Unidos y Alemania para que una institución pública de Washington lance este torpedo contra Berlín?

Las negociaciones del TTIP, el acuerdo de “libre comercio” transatlántico no van bien. Las relaciones entre las potencias imperialistas son cada vez más tensas. Estados Unidos trata de intimidar cada vez más violentamente a sus vasallos europeos. Ha llegado la hora de los golpes bajos, la antesala de la guerra.

(*) http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2015/10/06/das-auto-62027/#.VhTYEFJNxkY.twitter

Las armas de los yihadistas proceden de Estados Unidos

El jueves Red Voltaire  informó que la sección del Departamento del Tesoro de Estados Unidos encargada de la lucha contra la financiación del terrorismo había iniciado una investigación sobre el origen de los vehículos Toyota del Califato Islámico.

En el verano de 2014 el Califato Islámico penetró en territorio irakí a bordo de más de 800 vehículos de la marca japonesa Toyota, modelos Hilux y Land Cruiser, aparentemente nuevos.

Aquel equipamiento había llegado a manos del Califato Islámico en un tren especial fletado por los servicios secretos turcos. El mismo tren transportaba también armamento pesado comprado en Ucrania por Arabia saudí.

Según han declarado fuentes militares irakíes a la Agencia de Noticias Fars, el equipamiento militar capturado por el ejército irakí a los terroristas del Califato Islámico en Beiji, al norte de Irak, es de fabricación estadounidense.

Desde hace varios meses las fuerzas irakíes vienen realizando labores de limpieza en Beiji, que permanecía bajo el control del Califato Islámico. Tras apoderarse de la ciudad, de su refinería de petróleo y de sus alrededores, los militares encontraron numeroso material militar y municiones estadounidenses en las posiciones de los yihadistas.

El material había sido arrojado a las posiciones del Califato Islámico por helicópteros y aviones de carga estadounidenses.

Periódicamente los altos funcionarios irakíes vienen denunciando públicamente el suministro de armas y municiones de Estados Unidos a los terroristas del Califato Islámico. En ocasiones desde aviones estadounidenses también se han lanzado alimentos para que los yihadistas puedan subsistir atrincherados en sus posiciones.

Las últimas protestas han procedido del coordinador de las fuerzas populares irakíes, Jafar Al-Jaberi, quien recientemente dijo que los aviones de Estados Unidos habían lanzado armamento sobre posiciones ya abandonas por los terroristas, para estimularlos a recuperarlas.

Testigos oculares de Al-Havijeh, en la provincia de Kirkuk, vieron caer pesados fardos desde dos aviones con los distintivos de la Fuerza Aérea estadounidense sobre la zona comprendida entre Al-Khas y Diyala que hasta hace pocos días estaba controlada por los yihadistas.

En febrero un diputado informó de que el ejército irakí había derribado dos aviones británicos en la provincia de Al-Anbar que transportaban armas destinadas a los yihadistas.

“El Comité de Seguridad Nacional y Defensa del Parlamento irakí dispone de fotos de dos aviones británicos que se estrellaron cuando llevaban armas al Califato Islámico”, declaró el jefe del Comité, Hakem Al-Zameli, según un comunicado publicado por el Centro de Información en árabe del Consejo Supremo Islámico de Irak.

Como consecuencia del incidente, el Parlamento irakí pidió explicaciones a Londres.

Pero no se trata de casos aislados. El diputado irakí desveló que el gobierno de Bagdad recibe diariamente informaciones procedentes tanto de fuentes civiles como de fuerzas de seguridad en la provincia de Al-Anbar sobre numerosos vuelos de aviones de la coalición internacional que envían armas y suministros al Califato Islámico.

El referido diputado explicó, además, los motivos de la ayuda occidental a los yihadistas. Según él, Estados Unidos prefiere una situación caótica en la provincia de Al-Anbar, que está cerca de las ciudades de Kerbala y Bagdad, porque no pueden solucionar la crisis generada por el Califato Islámico.

También en febrero un funcionario irakí denunció a las potencias occidentales y sus aliados regionales por su apoyo hacia los takfiríes en Irak, afirmando que habían descubierto armas de fabricación estadounidense e israelí en las regiones que habían sido limpiadas de yihadistas.

“Hemos descibierto armas fabricadas en los Estados Unidos, en los países europeos y en Israel en las zonas liberadas del control del Califato Islámico en la región de Al-Baqdadi”, dijo el jefe del Consejo provincial de Al-Anbar, Khalaf Tarmouz, según informó el sitio de internet Al-Ahad.

Un diputado ruso quiere impedir el retorno del ‘stalinismo’

En Rusia los sondeos de opinión muestran que, a pesar de décadas de propaganda negra, Stalin sigue siendo el dirigente histórico más apreciado por la población, y lo que es peor: la popularidad de Stalin en las encuestas crece con el transcurso del tiempo.

Para conjurar este “peligro” el diputado de la Cámara Alta (Consejo de la Federación), Konstantin Dobrinin, propuso en setiembre del pasado año un proyecto de ley contra la rehabilitación de Stalin y de su actividad política al frente de la URSS.

Es bastante frecuente en todos los países: los parlamentarios niegan lo que las personas más desean. La Rusia actual no sólo mantiene bastantes referencias de la desaparecida URSS, sino que ha creado incluso algunos nuevos. Por ejemplo, a un reciente rompehielos lo ha bautizado con el nombre de “Lenin”. Pero el límite al que no puede llegar es Stalin. El georgiano resulta realmente indigesto.

El proyecto de ley del diputado Dobrinin se dirige “contra la rehabilitación de los crímenes del régimen totalitario de Stalin (estalinismo)”. Pretende que las informaciones justifiquen la represión estalinista se consideren extremistas y se prohíba su difusión.

Si no se combate el “stalinismo” la sociedad rusa corre el riesgo de padecer serios reveses. Para ello hay que continuar con el lavado de cerebro de los rusos, que últimamente estaba un poco descuidado. Dobrinin quiere que las instituciones públicas desplieguen más actividades en el seno de la sociedad para borrar el recuerdo de Stalin y crear una imagen diferente de la que los rusos conservan.

Para que vean cómo funcionan las cosas en la Rusia actual: el diputado se ha negado a conceder entrevistas a la prensa de su país para explicar los motivos de su propuesta. Sin embargo, el proyecto de ley va acompañado de una breve explicación que conviene conocer.

Según Dobrinin en los últimos años viene proliferando una propaganda cada vez más amplia que niega o justifica la “represión masiva” de la época de Stalin, lo cual contribuye a popularizar a los movimientos radicales que, a su vez, pueden “desestabilizar” la situación del país y favorecer el acceso al poder de fuerzas proclives a la represión masiva.

Un proyecto de ley de estas características no puede resultar más contradictorio porque, por un lado, dice que los “crímenes stalinistas” tuvieron una amplitud sin precedentes y marcaron a la sociedad soviética en su conjunto. Pero si eso sucedió tal y como lo describe Dobrinin y la historiografía burguesa del mundo entero, la sociedad rusa actual tendría una opinión muy negativa sobre Stalin que no sería necesario cambiar sino, en todo caso, ratificar.

El proyecto de ley de Dobrinin sobra porque tras el desmantelamiento de la URSS en 1990, es decir, hace 25 años, ya se aprobaron las leyes según las cuales hay que escribir la historia en la Rusia actual. Por supuesto, aquellas leyes fueron canónicas, es decir, repitieron el conocido reparto de papeles entre el verdugo (Stalin) y las víctimas (todos los demás) y, además, rehabilitaron a éstas.

Pero si la ley y la historia están tan claras en Rusia, ¿por qué aprobar una nueva? Porque a pesar de ellas la población rusa sigue llevando flores a la tumba de Stalin todos los días, porque su casa natal es el destino turístico más frecuentado de Georgia, porque en las bodas los convidados siguen cantando alabanzas a Stalin entre trago y trago… en definitiva porque no hay manera de erradicar la memoria de Stalin en la conciencia de las masas, ni en Rusia ni en ningún país del mundo.

La burguesía no se puede resignar ante esta realidad, ni tampoco ante la historia; le desagrada profundamente; quiere que todo ocurra de otra manera y sólo puede cambiar el pasado y el presente con un simulacro: aprobando leyes en un parlamento. No puede hacer otra cosa más que esa: aprobar nuevas leyes y esperar que se produzca el milagro.

86 muertos en una manifestación por la paz en Ankara

Al menos 86 personas han muerto y 186 han resultado heridas, 28 graves, en el atentado perpetrado ayer en Ankara, la capital de Turquía, contra una manifestación por la paz convocada por sindicatos y colegios profesionales, según el ministro de Salud turco, Mehmet Müezzinoglu.

Hacia las diez de la mañana se sucedieron dos fuertes explosiones antes de que diera comienzo la manifestación frente de la estación central de trenes de Ankara.

La manifestación, a la que habían acudido esta mañana miles de personas, estaba convocada por el Colegio de Ingenieros, el Colegio de Médicos y los dos sindicatos progresistas DISK y KESK.

Tras la explosión algunos manifestantes atacaron un vehículo policial, que respondió disparando y lanzando gases lacrimógenos.

El Gobierno en funciones, encabezado por el partido islamista AKP, ha nombrado a cinco fiscales para investigar el ataque, aunque no lo ha necesitado para pronunciarse sobre sus causas. Erdogan ha dicho que el atentado “no se distingue en nada de los actos de terror contra ciudadanos inocentes, funcionarios, policías y soldados”, en referencia al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) que Turquía mantiene fuera de la legalidad.

A pesar de su apoyo al Califato Islámico en Siria, el hipócrita de Erdogan se ha pronunciado “en contra de todo tipo de terror y de organización terrorista”.

El partido de la izquierda prokurda HDP, por su parte, ha subrayado la similitud de este atentado con la bomba colocada en un mitin de este partido en Diyarbakir, dos días antes de las elecciones del 7 de junio, y con la masacre de Suruç el 20 de julio. En este atentado, un joven yihadista turco probablemente entrenado por el Califato Islámico, se inmoló en una asamblea de militantes de la izquierda prokurda, provocando la muerte de 34 personas.

Tras este atentado, el PKK rompió el alto el fuego que mantenía desde hacía más de dos años. Desde entonces han muertos cientos de personas, guerrilleros, civiles, militares y policías en atentados, ataques y enfrentamientos.

Tras el atentado de ayer, la dirección del Partido de Trabajadores de Kurdistán anunció ayer que respetará un alto el fuego unilateral hasta la fecha de las elecciones en Turquía, el próximo 1 de noviembre.

El Pentágono no tiene constancia de daños colaterales en Siria

En muy pocos días la aviación rusa ya ha lanzado más ataques en Siria que la llamada “coalición internacional” en varios años de farsa permanente.

Los bombardeos de las posiciones yihadistas se llevan a cabo desde gran altura. Las tropas del Califato Islámico en tierra ni oyen ni ven llegar a los aviones rusos, por lo que no pueden escapar a las brutales explosiones de los misiles. De ahí el pánico que han mostrado en estos días.

Los yihadistas tampoco pueden derribar a los aviones rusos, ya que su defensa antiaérea móvil (Manpad) no alcanza hasta las alturas de vuelo que toman los cazas rusos, por encima de los 5.000 metros. Para paliar este problema Qatar se dispone a enviar nuevos sistemas de defensa capaces de interceptarlos, como ha informado el diario británico The Guardian:

“El movimiento de Rusia arriesga resultar contrarrestado por los países que apoyan a los rebeldes. Según un analista independiente, este intento podría haber comenzado ya, con los qataríes que envían -de común acuerdo con Arabia saudí- aviones llenos de armas a las bases aéreas turcas. ‘Espero un enorme flujo de armas al norte para tratar de frenar cualquier ataque terrestre del régimen. Las consecuencias son muy importantes’, ha declarado el analista”.

Dichos bombardeos son de última tecnología y su margen de error es de unos tres metros, que es tanto como decir que no hay error posible. Los rusos están atacando aquello que quieren atacar. Si hubiera víctimas civiles o quisieran causar estragos entre la población, como hizo la OTAN en los Balcanes, por ejemplo, no tendrían disculpa.

Sin embargo, en contra de la propaganda mediática, el Pentágono no ha detectado daños colaterales en los bombardeos rusos, ni víctimas inocentes, ni ataques contra aglomeraciones urbanas. Un portavoz del Pentágono, el coronel Warren, ha respondido así a los periodistas:

– McCain dice que ellos [los rusos] han atacado a los rebeldes apoyados por la CIA. Ustedes, muchachos, poseen sin duda la misma información. ¿Saben si eso es o no cierto?, ¿en qué estamos?

– Coronel Warren: Bien, una vez más, Tom, diré que nosotros pensamos que [las víctimas de los bombardeos] pertenecen al Califato Islámico. Usted sabe quién apoya a quién, ya sabe, es… No voy a entrar en eso. No, voy a hablar sobre ello, sobre todo se trata de… ¿sabe? Ni siquiera estamos hablando de una agencia perteneciente al Departamento de Defensa.

No se puede ser más claro y más cínico al mismo tiempo: a diferencia de la OTAN, Rusia no ha causado daños colaterales y todo el mundo sabe “quién apoya a quién”.

Ya ni siquiera se cuidan de justificarse detrás de la existencia de una supuesta “oposición moderada” al gobierno de Bashar Al-Assad, que nunca ha existido. Si hay algo parecido a eso en alguno parte, habría que preguntar lo mismo que dijo Putin el jueves a los periodistas: “Que Estados Unidos nos diga en dónde se encuentran para que no les ataquemos”.

Esa “oposición moderada”, ¿no tiene armas?, ¿no combate al ejército regular?, ¿no ha matado a nadie?, ¿no ha sido entrenada por la CIA?, ¿en qué se diferencia de la otra oposición?, ¿están combatiendo los moderados contra quienes no lo son?

Un artículo del New York Times reconocía que, a pesar de su diversidad, en Siria los grupos yihadistas forman una alianza que actúa de manera coordinada: “La alianza se compone de un cieerto número de facciones a menudo islamistas, entre ellos el Frente Al-Nosra, la fillial siria de Al-Qaeda; Ahrar al-Sham, otro gran grupo; y las facciones rebeldes más moderadas que han recibido en secreto armas de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y sus aliados”.

En Siria todos los caminos de la llamada “oposición” conducen al mismo punto: no hay más que un único enemigo, que está armado por los imperialistas. Por ejemplo, si pasamos a otros tipo de fuentes, como el diario israelí Jerusalem Post, llegamos a la misma conclusión:

“El Frente Al-Nosra y algunas milicias locales están a cargo de la mayor parte de la frontera de 100 kilómetros con Israel del lado sirio de los altos del Golán. En los últimos años, Al-Nosra ha edulcorado ligeramente su ideología militante bajo la influencia de Qatar y de Arabia saudí, que le aportan apoyo financiero […]

“Al-Nosra controla la mayor parte de la frontera, pero hasta la fecha ha respetado el acuerdo tácito de no volver sus armas contra el Estado de Israel”.

No está mal que Israel reconozca que tiene un acuerdo “tácito” con esos yihadistas que se han moderado un poquito, posiblemente porque ahora cortan menos cabezas que antes o porque Israel los utiliza de guardia fronteriza.

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