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La OTAN no puede con los talibanes en Afganistán

A punto de abandonar el mando, el general estadounidense John Campbell, jefe de la misión “Apoyo Resuelto”, llevada a cabo por la OTAN en Afganistán, se consideró “optimista” respecto al futuro de la lucha contra los talibanes en el país asiático.

Su optimismo nada tenía que ver con la realidad. A pesar del apoyo de las fuerzas estadounidenses, en la provincia de Helmand, en el sur del país, el ejército afgano (ANA) retrocede ante los combatientes talibanes. Hace poco se vio obligado a retirarse de dos distritos, en concreto los de Musa Qala y Nawzad.

De repente, la provincia de Helmand, conocida por su producción de opio y antiguo teatro de violentos combates entre las tropas de la OTAN, se escapa poco a poco del control de Kabul, que sólo mantiene su control en las zonas urbanas.

“Hemos retirado nuestras fuerzas de Nawzad y de Musa Qala, conforme a planes militares”, anunciaba el 22 de febrero Mohammad Rasul Zazai, portavoz del 215º Cuerpo de Ejército del ANA, explicando que “actualmente, para nosotros, Sangin, Marjah, Nad Ali y los alrededores de Lashkar Gah y de la carretera Kabul-Herat son prioritarios. Concentraremos todos los esfuerzos en esos lugares”.

Por su parte, la agencia Tolo News informó que el gobernador de la provincia, Mirza Kan Rahimi había evacuado los distritos de Nawzad y de Musa Qala por razones de “estrategia general”. “Tenemos planes para garantizar la seguridad de las zonas vulnerables”, aseguró.

La retirada de las tropas afganas de estos dos distritos fue criticada por el consejo provincial de Helmand. “Va a resultar difícil para el gobierno recuperar estas zonas y garantizar la seguridad”, ha considerado Hayatullah Mayar, uno de sus miembros.

La situación no es mejor en la vecina provincia de Uruzgan. El portavoz del gobierno provincial, Dost Mahammad Nayab, anunció el 1 de marzo que el ejército afgano ha tenido que retirarse de las posiciones que ocupaban en la región de Shahidi Hassas para desplegarse en el distrito de Deh Rawud.

“Queremos crear un batallón de reserva en Deh Rawud, y hemos pedido a nuestros soldados y policías de otros distritos dejar sus posiciones”, explicó M. Nayab. Este movimiento es necesario, ha dicho, para remediar la falta de efectivos sobre el terreno, debido a las pérdidas sufridas en combate, pero también a las deserciones.

“Algunos de ellos abandonaron el ejército y la policía, otros han muerto o resultado heridos, y algunos se han rendido a los talibanes”, afirmó. “Debemos controlar la situación a la espera de recibir nuevas tropas”, añadió este responsable.

Desaparecen 2.000 millones de dólares pagados por el Pentágono en Irak

El Departamento estadounidense de Defensa es incapaz de justificar el destino de 2.000 millones de dólares de dinero irakí en los años que siguieron a la invasión de 2003.

Según un informe de la oficina del Inspector General para la Reconstrucción de Irak (SIGIR), el Pentágono no puede justificar el destino unos dos tercios de una suma aproximada de 3.000 millones de dólares, puesta su disposición por el gobierno irakí para el pago de contratos aprobados por la Autoridad Provisional de la coalición, antes de su disolución en 2004 y su sustitución por un gobierno local.

La mayor parte de los fondos (2.800 millones de dólares) fue colocada en una cuenta bancaria de la Reserva Federal de Nueva York y 217,7 millones de dólares en una caja fuerte en el palacio presidencial de Bagdad. Según los documentos aportados por el Banco Central norteamericano, 2.700 millones de dólares han sido retirados de la cuenta neoyorquina por el Departamento de Defensa, pero no existe “precisión sobre los pagos o documentos financieros como facturas, para justificarlos”, destaca el SIGIR.

“Para efectuar los pagos únicamente era necesaria la aprobación escrita” del gobierno iraquí y el Pentágono no ha podido justificar el empleo de “unos 1.000 millones de dólares” del total de 2.800 millones. No puede tampoco justificar el empleo de 193,3 millones en efectivo, que quedaron en la caja fuerte durante la disolución de la Autoridad Provisional de la coalición que dirigió Irak entre 2003 y 2004. El SIGIR apunta que 24,4 millones fueron devueltos al gobierno iraquí, en marzo de 2008.

Para Mouzer Mahammad Salah, gobernador adjunto del Banco Central de Irak, Estados Unidos debe actuar para defender su “reputación […] y su papel en Irak en aquel tiempo”. Washington debe “encontrar el dinero” e investigar “a quienes hayan hecho esto”. Irak es uno de los países del mundo capaces de controlar la corrupción, según una investigación del Banco Mundial, citado en el mismo informe del SIGIR.

Las guerras imperialistas son como esas pastillas que ponemos en el caldo del cocido: no sólo cuecen sino que enriquecen.

http://www.lemonde.fr/elections-americaines/article/2012/01/30/les-etats-unis-ont-perdu-la-trace-de-2-milliards-de-dollars-d-argent-irakien_1636611_829254.html

El león no es hervíboro

Darío Herchhoren

Nuestra larga experiencia de la vida, y la contemplación de miles de horas de cine, nos han llevado al convencimiento de que el león, es un felino; el mayor de ellos, que además es un mamífero superior carnívoro y carnicero. Esto quiere decir, que debe matar para comer, y que solo se alimenta de carne. Por lo tanto no come verduras, ni pastas, ni pescado, ni mariscos.

Demás de todo ello, y por su majestuosidad es conocido por el mote de “Rey de la Selva”, aunque el animal más poderoso que pisa la tierra es en realidad el elefante; animal, este sí herbívoro, manso y sumamente memorioso.

Por lo tanto sería imposible cambiar la índole o la naturaleza del león, y convertirlo en herbívoro Seguramente en algún cementerio debe haber alguien que lo intentó, pero con escasa fortuna.

Esto viene a cuento por la visita que el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, está realizando a Cuba. La naturaleza del imperio es como la naturaleza del león. El imperio necesita sojuzgar y someter a otros países para explotarlos y robarlos. No es posible un “imperio bueno” que se comporte en forma magnánima, y que traiga la felicidad y la ventura a los pueblos. El imperio ha fracasado en Cuba con su política de cow boy, y ante esa evidencia ensaya otra estrategia. Pero en realidad no es una estrategia, es una estratagema, una añagaza para presentarse como el garante de la democracia y de los derechos humanos.

Si fuera así ya habría abandonado Guantánamo. Creo que a Raúl Castro, aunque ha estado impecable, se le olvidó recordarle a su invitado Obama; que en el territorio de Cuba, se violan sistemáticamente los derechos humanos más elementales, pero solo en Guantánamo, que casualmente se encuentra bajo la soberanía ilegal de los Estados Unidos.

Hasta el deporte ruso está bajo sospecha de fraude

El dopaje se ligó al deporte a partir de un determinado momento de su evolución: con la creciente profesionalización, a su vez consecuencia de otra transformación del deporte en un suculento negocio internacional en el que los medios de comunicación tienen una parte importante.

Sin embargo, es precisamente esa vinculación de la que los medios de comunicación no quieren hablar, como tampoco de la complicidad de las federaciones deportivas (nacionales e internacionales) y olímpicas en el asunto, es decir, tanto en el dopaje como en el negocio.

El domingo 6 de marzo la cadena alemana de televisión emitió el tercer capítulo sobre el dopaje de los deportistas en Rusia. Se titula “Confidencial Dopaje: Cómo Rusia fabrica sus ganadores” y da a entender que se trata de algo exclusivo de aquel país, donde todo lo que nos muestran -desde los tiempos de los planes quinquenales- es siniestro.

Los próximos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro tienen algo que ver en esta euforia por el deporte “limpio”. El asunto de Maria Sharapova ha llegado a los medios de la manera tópica en la que los casos de dopaje aparecen en el tenis. La antigua ministra francesa de Deportes ha denunciado el caso de Nadal para que la prensa patria se rasgue las vestiduras ante tamaña ofensa. El dopaje de la atleta del PP Marta Domínguez hundió el “prestigio” de nuestros medallistas…

A quienes han lavado el cerebro con eso de que el deporte no tiene nada que ver con la política, hay que contarles lo que afirma el diario francés L’Equipe: la gran atleta rusa Julia Stepanova ha pedido asilo político a Canadá y desde hace dos años vive escondida en Alemania, seguramente porque su vida corre peligro. ¿Quién no corre algún peligro en Rusia?

Stepanova dio positivo en un control de dopaje deportivo y, a pesar de ello, el Comité Olímpico le ha autorizado a participar en los próximos Juegos de Rio de Janeiro. Pero es muy probable que, como consecuencia de sus declaraciones, quien no pueda participar en ellos sea Rusia, es decir, que no participarán precisamente aquellos que no se han dopado.

La tenista Maria Sharapova confesó que tomaba meldonium, desde hacía diez años. El meldonium es un compuesto químico elaborado en 1975 en Riga, cuando Letonia pertenecía a la Unión Soviética, para proteger el corazón de las personas sometidas a estrés o que realicen grandes esfuerzos físicos. Es un fármaco barato, eficaz y sin efectos secundarios nocivos para el organismo. Facilita que los atletas se recuperen antes del esfuerzo realizado.

Algún lector estará cavilando sobre los motivos por los cuales los casos de dopaje afectan mucho menos a Estados Unidos que a otros países, cuando la población de Estados Unidos vive dopada permanentemente por unas u otras drogas. ¿Sólo sus deportistas no se drogan?

Para entender el dopaje la pregunta se debería formular de otra manera: ¿por qué las instituciones deportivas han prohibido el meldonium? Porque el meldonium sólo se consume en los países del este de Europa. El mercado de meldonium asciende a 70 millones de euros que, por sí mismos, suponen el 0,7 por ciento del presupuesto público de Letonia. Exagerando bastante, se puede decir que el meldonium es como el petróleo para Kuwait.

En fin, la consideración del consumo de meldonium como dopaje es una decisión puramente política, lo mismo que cualquier otra de las que se toman con los demás productos químicos. Unos son buenos para la salud, los recetan los médicos y son legales. Otros son malos, los recetan los narcotraficantes y son ilegales. Unos se fabrican con patente de Estados Unidos y otros de Letonia. La frontera entre unos y otros la pone Estados Unidos y no precisamente por motivos médicos.

La agencia estadounidense contra el dopaje creó una falsa ONG, llamada “Partnership for Clean Competition” que desde hace años conserva muestras de sangre y orina de deportistas que analiza en función de los resultados obtenidos en las competiciones, del lugar del origen del deportista y de las restos encontrados. En base a ello dictan las correspondientes “fatwas” farmaco-deportivas de una manera absolutamente discriminatoria. Los productos que toman los deportistas de determinados países son drogas y hay que prohibirlas porque falsifican la competición; las demás son productos beneficiosos para la salud.

En 2014 la falsa ONG analizó 8.300 muestras de orina tomadas a deportistas y encontraron meldonium en 182 de ellas. Todos ellos eran deportistas del este de Europa. Poco después, en octubre de aquel año, la agencia estadounidense contra el dopaje planteó por primera vez que el meldonium era una sustancia dopante en el orden del día del simposio anual de Fénix, en Arizona. A finales de año el meldonium ya era considerada como una sustancia “sometida a vigilancia”.

En abril del año siguiente los resultados sobre el meldonium se publicaron para que pudieran servir como “prueba científica” que justificara su prohibición dentro de la categoría S4, es decir, en la categoría de hormonas y moduladores metabólicos.

Como estaba previsto, en enero de este año se prohíbe su utilización a los deportistas, con la sanción de cuatro años de suspensión en caso de incumplimiento. Los deportistas del este de Europa, en especial los rusos, han empezado a caer como moscas. El deporte ruso está bajo sospecha. De nada sirve explicar que, aún admitiendo la prohibición, el meldonium tarda seis meses en desaparecer del organismo, por lo que la sanción se está aplicando con carácter retroactivo, es decir, se penaliza el consumo de una sustancia que antes del mes de enero no era considerada como dopante. Por lo tanto, seguirá habiendo “positivos” por dopaje de deportistas del este de Europa en cadena de aquí al mes de junio.

El médico del equipo olímpico finlandés y muchos otros expertos han asegurado que el meldonium no es una sustancia dopante y que mucho menos se la puede encuadrar en la categoría S4. Nadie entiende que sustancias equivalentes fabricadas y consumidas en otros países, especialmente en Estados Unidos, no tengan la misma consideración.

Lo patético de todo este asunto es que las instituciones deportivas de Rusia, empezando por el ministro del ramo, han dado la razón a los organismos internacionales antidopaje y han prometido que a partir de ahora van a vigilar más y mejor a sus atletas. Es verdaderamente lamentable.

El general Castres entierra el mito de los ‘rebeldes moderados’

El general Didier Castres
Caroline Galacteros

La verdad acaba siempre por resplandecer. Al principio hay algunas débiles señales (como el título de esta serie de artículos), y otras veces hay ruidos sordos que se hacen poco a poco más detectables, hasta que acaban por inundar por completo el debate público y alcanzan finalmente el núcleo duro de las tesis oficiales.

Cuando se trata de los rebeldes sirios, amablemente caracterizados desde hace algunos años de moderados, estamos todavía en la etapa de las señales débiles, pero la situación evoluciona en el buen sentido. No podemos por menos que alegrarnos por el reportaje “Una ojeada sobre Siria” (dirigido por Anthony Forestier, presentado por Sarah Soulah y difundido en France 2 el 18 de febrero), que presenta una nueva mirada sobre el conflicto sirio… cinco años después de su comienzo. Frente a las inconsecuencias de la política exterior nacional y a sus consecuencias militares difíciles de gestionar en el aspecto operativo, el propio “establishment” militar se atreve a señalar algunos hechos embarazosos. Los hechos son testarudos y están a mil leguas de la moralina que destila principalmente el Quai de Orsay desde hace tres años.

El general Didier Castres, subjefe de operaciones del estado Mayor de los Ejércitos, fue oído el 16 de diciembre de 2015 por la Comisión de Asuntos Extranjeros, de Defensa y de las Fuerzas Armadas del Senado. Y he aquí lo que el oficial francés saca a la luz del día.

“Las fuerzas de combate del Califato Islámico se estiman en unos 30.000 efectivos en Siria y en Irak, de ellos un 40 por ciento de combatientes extranjeros. Se enfrentan a 140.000 kurdos del norte de Irak, 7.000 kurdos sirios y 130.000 miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes. Además en Siria existe una constelación de diversos combatientes del orden de unas 100.000 personas, de los cuales Francia considera que 80.000 pertenecen bien a grupos terroristas designados como tales por las Naciones Unidas, bien a grupos salafistas extremistas”.

Aclaremos algunas cifras para medir la amplitud de la distancia entre los datos del mando militar y las gesticulaciones de nuestra cancillería.

Primera información: la potencia del Califato Islámico está ampliamente sobreestimada en nuestros medios de información. Disponiendo solamente de 30.000 hombres (otras fuentes hablan de 50.000) en Iraq y Siria, el Califato Islámico no supone un peso considerable en el aspecto militar. Su expansión territorial desde hace tres años muestra lo que numerosos observadores sirios (entre ellos el arzobispo de Alepo) han denunciado amargamente: los occidentales han hablado mucho, pero extrañamente han hecho poco para destruir esta hidra de color verde oscuro.

Segunda información: si los miembros del Califato Islámico están repartidos de una forma más o menos equilibrada entre Irak y Siria, se puede considerar que hay entre 15.000 y 20.000 combatientes del Califato Islámico principalmente alrededor de Raqqa. Son muchos menos que los otros terroristas islamistas presentes en Siria, de los que el general Castres nos dice que probablemente son alrededor de 80.000 en las zonas que nuestros medios y nuestros representantes políticos califican fácilmente de rebeldes. Tenemos pues una relación de 1 a 4 entre los islamistas del Califato Islámico y los otros (de los cuales una aplastante mayoría, alrededor del Frente Al-Nosra están afiliados oficiosa u oficialmente a Al-Qaeda, cuna original del… Califato Islámico). Las cancillerías oficiales, si tuvieran en cuenta las cifras que les proporcionan principalmente la inteligencia militar, debieran en consecuencia tener sus propósitos mucho más cercanos a los mantenidos por Sergei Lavrov o el mismo Bachar el-Assad. Pero negar la realidad es un pecado muy extendido, y es más fácil acusar a los periodistas de France 2 de repetir la propaganda del régimen sirio que admitir un sesgo político o un déficit de comprensión de la situación. Como, por otro lado, fue más fácil hace algunas semanas acusar a los periodistas de Canal+ de repetir la propaganda del Kremlin en su reportaje sobre la revolución de Maidan y la guerra civil ucraniana en el Donbass.

Tercera información. Quedan pues un poco más de 20.000 rebeldes denominados moderados, según la investigación militar francesa. Son pocos… sobre todo porque combaten en las mismas zonas que los 80.000 terroristas, de los que son en la práctica aliados sobre el terreno. Sobre este punto, invitamos a leer el artículo de Bouger les Lines sobre la escala de colores de los rebeldes que recuerda el mosaico de coaliciones en Siria en el seno de todas las falanges rebeldes, desde el verde pálido al más oscuro, que para algunos son rivales y para muchos avatares presentables de los grupúsculos más radicales, combatiendo juntos muy frecuentemente, principalmente con el Frente Al-Nosra, o por cuenta de éste.

La víspera de esta edificante audiencia del general Castres, el 15 de diciembre de 2015, el ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian prestaba también declaración ante esa misma Comisión del Senado. Si se cruzan las dos declaraciones y teniendo en cuenta que nuestro ministro no podía ignorar las informaciones de la inteligencia militar, la brecha entre ambas se hace inquietante.

“En Siria las dificultades se concentran en el Oeste, en la frontera con Turquía, en donde los ejércitos leales apoyados por Rusia y los pasdarans iraníes ganan terreno en los territorios controlados por los insurgentes, pero menos deprisa de lo que esperaban. La presencia rusa es significativa, con una cuarentena de cazas con base en Latakia. Rusia emplea igualmente su aviación a larga distancia, para los ataques contra Raqqa y Deir Eizzor por bombardeos que despegan del aeródromo de Mozdok, en el sur de Georgia, o con lanzamiento de misiles desde el crucero Moskva, en la orilla de Latakia. Se nota una inflexión de la acción militar rusa. Estimamos así que los ataques contra el Califato Islámico representan entre un 20 y un 30 por ciento del total de ataques rusos estas últimas semanas, contra un 5 por ciento anteriormente. Respecto al apoyo a los rebeldes, la acción militar norteamericana y francesa se ha reforzado, apoyada desde hace poco por los ataques británicos”.

Primera información: si se tienen en cuenta las cifras del ministro Le Drian y se las compara con las del general Castres, se deduce que Rusia repartió un 20-30 por ciento de sus ataques contra los 15-20.000 combatientes del Estado Islámico, y un 70-80 por ciento contra los 100.000 rebeldes (de los cuales 80.000 son terroristas islamistas). Los ataques rusos están pues en perfecta coherencia con las investigaciones militares francesas, lo que no es el caso de los ataques… franceses.

Segunda información. ¿Como comparar la declaración del ministro de Defensa sobre el refuerzo a la ayuda a los insurgentes con la del general Castres sobre los 80.000 terroristas entre los 100.000 rebeldes, sin llegar a la conclusión de la manifiesta imposibilidad de tal comparación?… salvo que se entienda que Francia y los países occidentales apoyan directa o indirectamente el terrorismo islamista.

En tanto que un alto el fuego muy parcial y frágil parece establecerse, pero que los perfiles de un acuerdo político de la cuestión siria parecen estar aún en el limbo, estas informaciones oficiales presentadas a la representación nacional nos dan medida de toda la inconsciencia y la ceguera que han llevado desde hace cinco años a Occidente a entrometerse en el Levante. Estos elementos son elocuentes, pero muy inquietantes. ¿Cómo no interrogarse sobre la función del Califato Islámico? El Califato Islámico y sus terroríficos y espectaculares modos de acción ¿no son, al menos parcialmente, el horroroso biombo que cristaliza la atención popular, mediática y política, el escondite de una empresa mucho mas grave de desestabilización profunda de la región y del mundo? El Califato Islámico hace olvidar a Al-Qaeda, que actúa en segundo plano, y como una eficaz cortina, a la manera de las raíces subterráneas. Sus múltiples avatares, ahora etiquetados como “rebeldes”, “insurgentes” o “islamistas moderados”, se han hecho, en contraste, recomendables, y prosiguen su metódico desmembramiento del Estado.

Fuente: http://galacteros.over-blog.com

La yihad en Rusia

La violencia en la región rusa del Cáucaso Norte, que ha vivido conflictos armados desde hace dos décadas, ha disminuido de forma sustancial en los dos últimos años, en parte porque la mayoría de los radicales de la zona se han unido a los combatientes extranjeros en Siria e Irak. En junio de 2015, casi todos los grupos insurgentes locales habían jurado fidelidad a Daesh, quien posteriormente designó a la región como nueva “provincia”, Vilayat Kavkaz. Algunos grupos pequeños en Daguestán y Kabardia-Balkaria todavía siguen siendo leales al Emirato del Cáucaso (EC), la violenta organización yihadista de la zona, pero sus apoyos y su capacidad son mínimos.

Rusia y Daesh están directamente enfrentados: los responsables de seguridad han anunciado que el pasado año evitaron varios atentados terroristas inspirados por el autoproclamado Estado Islámico, que ha prometido hacer daño a Rusia y ha reivindicado, además del derribo en octubre del avión en el que murieron sobre el desierto del Sinaí 224 rusos que volvían de Egipto, dos atentados en Daguestán. Además de proteger su seguridad nacional, el Kremlin debería hacer un esfuerzo mayor de desradicalización, prestar atención con la máxima urgencia a las reclamaciones legítimas en el Cáucaso Norte y abordar sistemáticamente las causas fundamentales de la violencia.

Las circunstancias de los seguidores de la yihad en el Cáucaso Norte cambiaron radicalmente en vísperas de los Juegos Olímpicos de 2014 en Sochi. Los servicios rusos de seguridad derrotaron y paralizaron al EC, que vio imposibilitadas sus operaciones y comunicaciones justo cuando lo que Daesh denomina su “yihad de cinco estrellas” adquiría cada vez más popularidad. Varios miles de habitantes de la zona se unieron a la lucha, desde su país y desde los lugares en los que está establecida su diáspora, en Europa y Oriente Medio. La exportación de la yihad a esta última zona le ha creado a Rusia nuevos enemigos y ha hecho que el problema deje de ser local para internacionalizarse.

Desde la represión del salafismo antes de los Juegos Olímpicos en Rusia, Turquía se ha convertido en uno de los destinos favoritos tanto de los yihadistas rusos que se dirigen a Siria como de los musulmanes conservadores y pacíficos que, con sus familias, han establecido allí su nuevo hogar. Los nuevos “muhajirun” (inmigrantes) procedentes de Rusia han formado comunidades cerradas, casi autosuficientes, sobre todo en torno a Estambul. Hasta los atentados inspirados por Daesh que golpearon suelo turco en 2015, las autoridades no se habían mostrado muy preocupadas por ninguno de estos grupos. Los enlaces del autoproclamado Estado Islámico que hablaban ruso y ayudaban a los recién llegados a cruzar la frontera con Siria trabajaban con gran eficacia. Se ha dicho que había varios agentes e ideólogos destacados del EC en el país, dedicados a facilitar el paso a grupos distintos de Daesh. Además, desde 2003 han muerto asesinados en Turquía ocho personajes vinculados a la insurgencia chechena, el más reciente en 2015, aparentemente por personas a sueldo de los servicios federales rusos de seguridad. Las autoridades turcas dicen que muchas veces les faltan pruebas suficientes para actuar con más decisión, pero dentro de la ley. No obstante, en los últimos tiempos han reforzado considerablemente la seguridad.

Los combatientes procedentes del Cáucaso Norte luchan en Siria e Irak no sólo con Daesh, sino también con Jabhat al Nusra, además de grupos rebeldes no afiliados. En general lo hacen bajo el mando de jefes chechenos, que tienen fama de ser combatientes intrépidos, por lo que es frecuente que se les encargue el mando de grupos pequeños o que enseguida asciendan a puestos de segunda y tercera categoría dentro de Daesh. Según las informaciones, Abu Omar (Umar) Shishani, el combatiente del Cáucaso Norte que ocupaba uno de los puestos más alto entre los yihadistas, resultó herido o muerto en un ataque reciente de Estados Unidos. Parece que sus logros militares, en especial al frente de operaciones para capturar la provincia de Anbar en Irak y varias partes del este de Siria, contribuyeron a que Abu Bakr al Baghdadi proclamara su califato y colocaron a Rusia en la mira de Daesh. En 2014, para tratar de reforzar su poder en la organización, Shishani y su ambicioso confidente y propagandista de Karacháyevo-Cherkesia, Abu Jihad, decidieron captar a los rebeldes del Cáucaso Norte. El resultado fue la deserción más numerosa de combatientes de la zona a Daesh.

Los servicios de seguridad rusos, al parecer, abrieron las fronteras para que los radicales locales se fueran de la zona antes de los Juegos Olímpicos, a pesar de que Rusia considera delito la participación en grupos armados en el extranjero que vayan en contra de “los intereses de la Federación Rusa”. Sin embargo, desde la segunda mitad de 2014, las autoridades han recortado las salidas y persiguen de forma sistemática a los encargados de reclutar gente y recaudar fondos y a los posibles combatientes, al tiempo que han intensificado la presión sobre los salafistas no violentos, especialmente en Daguestán. En Chechenia, el tratamiento de los salafistas ha sido siempre más duro. El Ministerio del Interior checheno lleva a cabo campañas periódicas contra ellos; se habla de numerosas detenciones en 2015 e incluso de desaparecidos en la última parte del año. El líder ingusetio, Yunus-Bek Yevkurov, ejerce una política de no enfrentamiento; evitó que el clero oficial se quedara con la mezquita salafista más importante en Nasyr-Kort y trata de consolidar la base de fieles en la república. En Kabardia-Balkaria, los fundamentalistas tampoco se quejan de acoso sistemático por parte de los servicios de seguridad.

Los salafistas de la región subrayan que la religión es un motivo fundamental para que los rebeldes del Cáucaso Norte se unan a la yihad en Siria. Al contexto religioso inmediato hay que sumar unos agravios más de fondo que impulsan la radicalización: los conflictos no resueltos, gobiernos que no suelen rendir cuentas ni ser transparentes, malas circunstancias socioeconómicas y un profundo sentimiento de injusticia y privación de derechos. La oportunidad que les ofrece Daesh da a los violentos una alternativa a emprender una aventura suicida en su propio país, y hace aún más atractiva la idea de marcharse a cumplir sus compromisos religiosos.

Los radicales convencen a los jóvenes de que hacer la hijjra (emigración) o luchar por Daesh es la obligación individual (fardh ‘ajn) de cada musulmán, y quienes no lo hacen incumplen su deber para con Alá. Además, Daesh se presenta como un proyecto político factible, con un gobierno islámico eficaz. Asegura que es un Estado igualitario en materia de bienestar y proporciona pisos y subsidios a las familias de los combatientes. También da la oportunidad de ascender por méritos y de ejercer una venganza muy pública por la supuesta humillación mundial de los musulmanes.

Para impedir que el Cáucaso Norte siga proporcionando refuerzos a Daesh, Rusia debe desarrollar una estrategia de desradicalización que aproveche los recursos intelectuales de varios ámbitos y varias disciplinas, con expertos en la región, responsables de seguridad, educadores y dirigentes religiosos moderados. Los líderes fundamentalistas respetuosos con la ley pueden desempeñar un papel crucial entre la gente joven. También es importante la creación de cauces controlados y seguros para el regreso y programas para prevenir la radicalización en las prisiones. Los relatos de quienes vuelven desilusionados de Siria e Irak son tal vez el arma más poderosa para evitar nuevos reclutamientos.

Fuente: http://www.esglobal.org/la-insurgencia-en-el-caucaso-norte-y-siria-una-exportacion-de-la-yihad/

La guerra del opio en Afganistán

Enrico Piovesana ha escrito un libro titulado “Afganistán, la nueva guerra del opio” sobre la connivencia entre el ejército estadounidense de ocupación y los traficantes de heroína en Asia central.

Durante muchos años Piovesana fue corresponsal de guerra en Afganistán de la agencia de noticias PeaceReporter, la sección periodística de la organización Emergency.

Tiene una amplia experiencia internacional. También ha sido corresponsal en Pakistán, Chechenia, Osetia del norte, Bosnia, Georgia, Sri Lanka, Birmania y Filipinas.

Algunos de sus reportajes han aparecido en l’Expresso, Il Corriere della Sera, La Stampa, Il Manifesto, Il Venerdi di Repubblica, Left y Oggi. Actualmente trabaja en la web “Il Fatto Quotidiano”.

La obra pone de manifiesto que la CIA sigue siendo el mayor traficante mundial de drogas. Si en el escándalo Irán-Contra se trataba de cocaína, en Afganistán está siendo la heroína. No hay un gramo de la droga, de los muchos que circulan por el mundo, que no pase antes por sus manos.

Como cualquier otra droga, la heroína cumple a la perfección numerosas funciones para el imperialismo:

– abarata los costes de mantenimiento de la maquinaria de guerra
– financia operaciones encubiertas, sustraídas al control de los parlamentos y de la prensa
– crea redes clientelares, mano de obra gratuita de colaboradores y espías

La cínica “prohibición” de las drogas, impulsada en los años veinte por Estados Unidos, al mismo tiempo que el alcohol, multiplica los efectos funcionales de las drogas con el dinero “negro” que nadie puede detectar, controlar ni fiscalizar.

Además, el dinero “negro” se tiene que lavar, una mordida de la que los bancos internacionales obtienen la mayor parte de sus beneficios y que les ha permitido salir -de momento- de la bancarrota de 2008.

El hundimiento del Kurdistán irakí

Andre Vltchek

Se presentaba como ejemplo de un enorme éxito. Se nos decía que, en medio de un Oriente Medio devastado, rodeado de desesperación, muerte y dolor, una tierra en donde corría la leche y la miel brillaba como una antorcha de esperanza.

¿O era más bien un pastel delicioso rodeado de putrefacción? Este lugar excepcional se denominaba Kurdistán irakí, y oficialmente la “Región de Kurdistán”.

Era allí en donde el capitalismo victorioso inyectaba “masivas inversiones” en tanto que Occidente “garantizaba la seguridad y la paz”, las empresas turcas construían y financiaban innumerables proyectos, mientras que sus camiones cisterna y luego un oleoducto transferían cantidades pasmosas de petróleo hacia el Occidente. En el moderno aeropuerto internacional de Erbil, hombres de negocios europeos, soldados y expertos en seguridad se mezclaban con expertos en desarrollo de la ONU. Lufthansa, Austrian Airlines, Turkish Airlines, MEA y otro compañías aéreas importantes, se dedicaban a inaugurar vuelos hacia este nuevo centro neurálgico “chic” de Oriente Medio.

No hay que inquietarse si el gobierno de la Región de Kurdistán sigue chocando con la capital, Bagdad, respecto a las reservas de petróleo, la extensión de su autonomía y muchas otras cuestiones esenciales. No hay que preocuparse si (como a menudo se produce en las sociedades capitalistas extremas) los indicadores macroeconómicos revelan bruscamente un contraste aterrador con la creciente miseria de la población local.

En tanto que el petróleo corría, esta región autogobernada juraba su fidelidad eterna a Occidente. Después la economía comenzó a disminuir la velocidad; después llegó a detenerse por completo, y todos los indicadores sociales han caído en picado. La felicidad de los inversores occidentales y turcos, especialmente la de los manipuladores políticos, se hacia cada vez más molesta e insultante para aquellos que trabajaban duro en unir los dos extremos.

Y el día de mi partida, el 9 de febrero de 2016, en el “Kurdistán irakí” estallaron repentinamente una serie de violentas protestas a propósito de las “medidas de austeridad para evitar un hundimiento económico”.

Reuters informaba así: “Las protestas se han intensificado el martes en la Región de Kurdistán irakí. El boom económico de diez años en la región autónoma se ha detenido repentinamente en 2014, cuando Bagdad redujo drásticamente los subsidios tras la construcción por la Región kurda de su propio oleoducto hacia Turquía, y comenzó a exportar el petróleo de forma independiente. La consecuencia para el gobierno regional kurdo (GRK) fue que tuvo que emplearse a fondo para pagar los salarios de los funcionarios que se elevaban a 875.000 millones de dinares ir es, unos 721 millones de euros al mes. El KRG intentó equilibrar el déficit elevando las ventas independientes de petróleo a unos 600.000 barriles por día, pero, con los precios actuales, la región sigue con un déficit mensual de 380-400.000 millones de dinares, unos 646 millones de euros”.

Pero el conflicto con Bagdad y el déficit financiero no son las únicas cuestiones que han llevado a la actual situación, Las políticas sociales de la Región kurda eran grotescamente insuficientes desde hace mucho tiempo, y la ayuda social a la población local no fue nunca considerada como una prioridad.

Una noche me encontré con una especialista en educación de la ONU, Eszter Szucs, residente en Erbil. Tuvimos una entrevista corta e intensa: “El Kurdistán ir  no es desde luego un Estado social. La gente está descontenta con la situación. Protestan mucho, pero no consiguen nada. Los recursos naturales son privados. Los servicios sociales son en su mayoría muy caros, y aquellos que se lo pueden permitir viajan para su tratamiento médico a Turquía. La Región turca es un lugar muy complejo”.

“¿No es un paraíso en medio de un Oriente Medio carbonizado?”, pregunté, irónicamente. “Ciertamente, no” me respondió. “Hay, naturalmente, inversiones verdaderamente importantes procedentes del extranjero; principalmente de Occidente y de Turquía. Pero se orientan hacia un crecimiento macroeconómico. A la industria petrolífera. Poco llega a los bolsillos de la gente normal”.

Esto ya lo sé. He visto a la “gente normal” arrancar raíces sucias para cenar en medio de pueblos situados justo al lado de las refinerías de la KAR, la compañía petrolífera kurda.

El 9 de febrero, los manifestantes han estado en las calles de Suleimaniya, de Koya, de Hlabja y de Chemchemal. Era evidente que el “éxito” del Kurdistán ir  era un castillo de naipes. La situación ha llegado a ser insostenible, y todo ha empezado a hundirse gradualmente.

Mientras recorremos la carretera nº 2, que une Erbil con Mosul, he preguntado a mi intérprete: “¿Por que cree que no hay fondos para pagar los salarios, las pensiones, incluso los salarios de las fuerzas armadas locales, los peshmerga?”

“No hay dinero porque el precio del petróleo se ha desplomado, y debido a la guerra con el Califato Islámico”, dice el intérprete. “Antes, Bagdad cubría el 75 por ciento de los costes de los servicios sociales para nuestra gente… Ahora no envían nada”.

Planteo otra pregunta: ”Pero ¿por qué debieran ustedes recibir dinero de Bagdad si están mucho más cercanos a Washington? Ustedes continúan jurando fidelidad a Occidente, y se enfrentan al resto de Irak, amenazando con declarar la independencia. Incluso han construido ustedes un oleoducto directo a Turquía”.

“Pero Bagdad es aún nuestra capital”.

“Pero ustedes han roto sus relaciones con Irak y Medio Oriente”.

Silencio.

“¿Obtienen ustedes algún dinero, alguna ayuda sustancias de los Estados Unidos?”, le pregunto.

“No”.

“¿Está decepcionado el pueblo kurdo porque no recibe ningún apoyo de Occidente?”

“Si, muy decepcionado”, responde mi intérprete. “Nos sentimos poco seguros en nuestro propio país, especialmente en los últimos tiempos. Podría hundirse en cualquier momento. La gente de está deseando irse, ir a Estados Unidos o al Reino Unido”.

La carretera está rodeada de vertederos, y las líneas eléctricas y altas alambradas dividen la tierra. Y la tierra queda abandonada. Casi no existe agricultura. Todo es petróleo, bases militares, inactividad y apatía.

Nuestro vehículo se ve detenido en numerosos puntos de control. Mi colega se ve un poco agobiada, porque tiene un visado sirio en su pasaporte. Yo tengo otro iraní en el mío… Mientras se examinan nuestros documentos, camiones y camiones cisterna turcos nos pasan sin problemas, libremente, gozando de privilegios no explicados, pero evidentes.

Al sur de Erbil, en los pueblos cerca de Qustapha, la carretera está seriamente dañada por los camiones turcos y kurdos. En esta ruta que une Irak, Turquía e Irán, parece haber más camiones y camiones cisterna que coches o autobuses ordinarios. Todo ello tiene que ver con los negocios, el “comercio”. Las personas apenas viajan.

Hace unos días, furiosos ciudadanos bloquearon la carretera, exigiendo un cambio en las políticas sociales, y exigiendo que el gobierno actúe. Llego al pueblo de Degala. Allí, los guardias y la población local me miran con desconfianza. “¿Por qué protestaban ustedes?”, les pregunto. Intentan primero evitar las auténticas cuestiones: “Queremos que se repare la carretera”.

Vuelvo a insistir. “¿Por qué, realmente?”

Tras cierto tiempo se rompe el hielo y uno de los aldeanos comienza a hablar de sus quejas: “No hemos cobrado durante seis meses. En esta carretera lo vemos claramente: hay comercio, hay dinero, pero no obtenemos absolutamente nada. Estamos realmente enfadados. Los camiones transportan alimentos y petróleo, pero no se paran. Estamos abandonados”.

Durante el viaje a Erbil, compruebo el total abandono: los campos están sin cultivar. No hay diversificación de la economía. Le pregunto a mi conductor: “¿Era antes como ahora? ¿Producía alimentos el Kurdistán con Saddam Hussein?, ¿Había agricultura?”

“Si”, contesta, levantando los hombros. “Era… un país diferente”.

“¿Mejor?”, pregunto.

“Naturalmente, mucho mejor”.

Después, silencio.

Y ahora, hay una guerra.

Hace un año conseguí llegar a la línea del frente, a sólo 7 kilómetros de Mosul. Me enseñaron las colinas en poder del Califato Islámico, el puente destruido que cruzaba el río Khazir, y después Sharkan, Hassan Shami y otros pueblos bombardeados y arruinados por las fuerzas estadounidenses.

El comandante de batallón, coronel Shaukat, de la policía militarizada de Zeravani (una parte de las fuerzas armadas de los peshmerga) me llevó a dar una vuelta en su 4 x 4 blindado. Metralletas, humo y bravatas.

Le pregunté por el número de civiles muertos en aquellos pueblos.

“Ninguno”, me respondió. “Lo juro. Hemos proporcionado muy buenas informaciones para que las fuerzas de Estados Unidos supieran lo que había que bombardear”.

Me trataba como si fuera un novato en mi primera zona de guerra. Han muerto centenares, Era algo evidente y los parientes de las víctimas me lo confirmaron más tarde. Apenas alguna cosa quedaba en los pueblos. Más verosímilmente, la mayoría de las poblaciones han desaparecido durante el ataque. El coronel Shaukat se formó principalmente en el Reino Unido. Sabía cómo hablar.

Esta vez hablo con Omar Hamdy, el director de un hotel de cinco estrellas, el Rotana, en Erbil. “Yo soy irakí, de Mosul. Perdí a mi hermano y a mi tío en ese pueblo cuando la tomó el Califato Islámico. Desde luego que el Califato Islámico ha sido creado y sus fuerzas adiestradas por Occidente y por Turquía. Pero yo culpo igualmente al ejército irakí: 54.000 de sus efectivos han abandonado sus armas y han huido”.

“Pero”, le digo, “estaban muy probablemente acobardados, sabiendo que detrás del Califato Islámico se encontraban los países de la OTAN”.

“Si, efectivamente”, me responde.

“¿Y que diría usted de Rusia?”

“Me interesa mucho Rusia, mucho, y lo que ahora ha hecho en Medio Oriente. Rusia lucha de verdad contra el Califato Islámico. Estados Unidos llega, bombardea las poblaciones tomadas por el Califato Islámico, mata sobre todo a civiles y arroja armas ‘por error’ sobre los sectores a los que el Califato Islámico puede acceder… Tengo muchos amigos que luchan verdaderamente contra el Califato Islámico, en Mosul. Por ello estoy bien informado”.

Las familias están a los dos lados de la línea del frente, y los móviles funcionan. Es posible estar al corriente de la situación en Mosul llamando a los parientes y amigos.

Luego, Omar continúa: “Incluso aunque Mosul se liberara del Califato Islámico, habría muchas facciones y los conflictos serían perpetuos”.

“¿Nada diferente del escenario libio?”, le interrumpo.

“Exactamente. Nada diferente del escenario libio. Y además lo que me inquieta es lo que llega a los niños de Mosul, El Califato Islámico les adoctrina intensamente”.

“Esto sucede en muchos de los países que Occidente ha desestabilizado”, añadí.

El no lo sabía. Sabía solamente que esto se produce en su ciudad y en su país. A mi regreso al hotel, un británico hablaba de política con un recepcionista. Hablar de asuntos militares, a propósito del entrenamiento de los militares locales, y luego de producción petrolífera, está de moda o al menos es aceptable como interacción social entre la gente “distinguida” y los extranjeros varones.

Hay expertos de seguridad privada, militares, instructores, agentes de inteligencia y consejeros. Es una mezcla pasmosa de bravuconada militar, claramente condimentada con dogmas turbo capitalistas.

He estudiado las fuentes locales, y, cuanto más lo hago, más se hace evidente que las cosas van de mal en peor.

El director de estadísticas de Suleimaniya, Mahmud Osman, declaró recientemente a BasNews: “En comparación con 2014, los gastos de cada familia en 2015 han disminuido en un 30 por ciento. Esto incluye la compra de bienes básicos, para la casa, los transportes…la tasa de paro en la región [de Kurdistán] era del 7 por ciento en 2013, y ahora alcanza el 25 por ciento”.

También crece dramáticamente la pobreza. La región tiene formas muy laxas de calcularla: si una familia gasta menos de 105.000 dinares (78 euros) al mes, la familia se considera pobre. Esto corresponde a 20 euros por persona y mes, menos de 0,90 euros al día. Es necesario tener en cuenta que las familias kurdas tienen de media más de cuatro miembros.

Pregunto a mi conductor cuánto necesita una familia de cinco personas para sobrevivir dentro y fuera de Erbil.

“Como mínimo, 900 euros al mes en la ciudad, y 540 euros en el campo”.

“¿Cuántas familias ganan eso?”

“Ni la mitad… Mucho menos que la mitad”, dice.

Estoy desconcertado. Quiero saber, oír de la gente de la “Región” si su nivel de vida realmente se ha hundido.

En el pueblo de Kawergosk, un hombre de edad, Muhamad Ahmad Hasen, responde franca y fríamente sobre el tema. “Ellos [el gobierno, el sistema] no nos ayudan en nada. Ahora no tenemos nada absolutamente. ¿Ves tú allí aquella enorme refinería de petróleo? Son los únicos, y estamos abandonados. No hay nuevos empleos y subsistimos día a día”.

En otro pueblo hablo con una de las muchas familias que han conseguido escapar del territorio ocupado por el Califato Islámico. Vienen de la ciudad de Hammam al-Alil, cerca de Mosul. Están todos de acuerdo en que las cosas estaban mejor antes de la invasión estadounidense: “Cuando Saddam Hussein estaba en el poder, Irak era un país orgulloso y decente. La seguridad era buena. Ahora no sabemos ni quienes son nuestros enemigos, y quien está tras de ellos”.

En la puerta de al lado, una mujer me confía su difícil situación. Según la conservadora cultura de Mosul, no le está permitido hablarnos, pero tiene muchos hijos, todos al borde del hambre. Está desesperada y nos dice que “nuestros hombres están en los peshmergas. Combaten al Califato Islámico. Tengo siete hijos. Mi vecina tiene siete hijos. Ahora nadie trabaja. No existe ninguna ayuda. Ni los peshmergas cobran. ¡Todo es dificilísimo, y no se como vamos a sobrevivir!”
Los camiones y las cisternas turcas van y vienen por las carreteras, noche y día.

Hace poco tiempo, durante nuestra reunión en Estambul, el profesor E. Ahmet Tonak recapituló la situación entre Turquía y el Kurdistán irakí: “Turquía apoya mucho al régimen de Erbil: si no para grandes asuntos, si al menos por motivos económicos. Al que va allí, (al norte de Irak), a lo que nosotros llamamos el Kurdistán del Sur, notará que las sociedades turcas dominan casi totalmente esta región kurda…Hay petróleo, evidentemente, pero igualmente hay otro factor político: el régimen kurdo ir  es la única fuerza kurda en toda la zona que mantiene amistad con Ankara”.

Pero los aliados de la Región de Kurdistán no parecen demasiado interesados por la difícil situación de la población local. Mientras que el sistema social se hunde, Erbil se transforma en uno de los lugares más divididos de la tierra: con carreteras de doce carriles, las comunidades fragmentadas, ningún transporte público, casi ni un establecimiento cultural, pero si una abundancia de centros comerciales para los ricos, y hoteles de lujo para los extranjeros.

En un sector en el que la mayoría de personas viven con menos de 1 dólar al día, una habitación de hotel adecuada cuesta más de 315 euros, y el alquiler de un coche para un día de hotel es de alrededor de 360 euros. Una gran incertidumbre se siente en la Región de Kurdistán. Y esa incertidumbre engendra la cólera. Y la cólera puede llevar a la violencia contra el corrupto régimen pro-occidental.

¿Y cuál es la “solución” de Erbil?

Así informaba Reuters el 11 de febrero de 2016: “Massud Barzani, presidente de facto de la región de Kurdistán en Irak, admitió a principios de febrero que ‘ha llegado la hora de que los kurdos del país celebran un referéndum sobre la independencia’”.

Bagdad observa y advierte: “No lo hagan. No pueden vivir sin nosotros”.

Pero el régimen de la Región de Kurdistán parece muy testarudo. Como en todas las colonias de Occidente, siempre son los negocios: “El beneficio está por encima de la población”.

Vista de la ciudad kurda de Erbil

Miles de fotografías muestran las cárceles secretas de la CIA en Europa

Hotel de la CIA en Mallorca
Todo tipo de inmuebles, en varias ciudades del mundo, eran utilizados por el espionaje de Estados Unidos para recluir de manera clandestina a sus prisioneros de guerra.

Un almacén en un bosque lituano, la pileta de un hotel en Mallorca, una habitación de hotel en Macedonia, son sólo algunos de los sitios utilizados por la CIA para hacer desaparecer a los prisioneros y mantenerlos alejados de sus abogados.

Las fotografías de éstos y de otros sitios hacen visible el programa de detención secreto implementado por el gobierno de Estados Unidos

El trabajo de fotógrafos y periodistas permitió recoger elementos que demuestran la implementación de este sistema en varios países, al que se sumaron distintos documentos sobre archivos gubernamentales, vuelos, investigaciones mediáticas y de organizaciones no gubernamentales.

Aunque el Gobierno de Estados Unidos reconoció la existencia de 14.000 imágenes, se mostró reacio a aceptar la existencia de este programa secreto.

La Unión Europea también niega la participación de sus países en esta red secreta de secuestro e interrogatorio. No obstante, las imágenes tomadas Lituania, Mallorca, Milán y Bucarest, además de Kabul, Carolina del Norte, Trípoli y Skopie, en Macedonia, demuestran lo contrario.

En ellas se puede apreciar la piscina de un hotel de Mallorca en la que se relajó una tripulación de vuelo tras dejar una carga humana y recoger otra; o la habitación de un hotel en Macedonia en la que un hombre estuvo atado durante 23 días antes de ser trasladado a Afganistán, todo porque tenía el mismo nombre que otra persona. Así, las imágenes y los datos de las operaciones secretas se multiplican y dejan al descubierto los procedimientos de la CIA.

Imágenes simples, de lugares que no muestran demasiado en sí mismos, pero que guardan historias de secuestrados y desaparecidos.

Fuente: http://www.ft.com/cms/s/2/90796270-ebc3-11e5-888e-2eadd5fbc4a4.html

Detenidos tres policías belgas por atracar a los inmigrantes

Tres inspectores de policía de la ciudad flamenca de Anvers, en Bélgica, de edades comprendidas entre los 24 y los 34 años, han sido detenidos en el marco de una investigación por delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones.

Los policías buscaban personas especialmente vulnerables, como los peticionarios de asilo y los sin papeles para robarles su dinero y sus bienes en controles aleatorios de identidad que, en ocasiones, degeneraban en agresiones violentas, según el diario belga Le Soir.

Ha sido liberado un cuarto policía implicado en sólo una de las agresiones porque “no sabía todo lo que estaba ocurriendo”, ha dicho su abogado. Su liberación es condicional, ya que debe ponerse a disposición de la investigación y ha sido suspendido provisionalmente del ejercicio de sus funciones.

En el transcurso de un control en Borgerhout, en el extrarradio de Anvers, los tres policías fueron sorprendidos en flagrante delito, mientras el cuarto esperaba en la acera a que sus tres compinches consumaran el asalto a los inmigrantes.

Los tres policías detenidos pasarán el martes a disposición del juez de instrucción.

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