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¿Por qué seguirán votando a los corruptos en las próximas elecciones?

Una de las lamentaciones que el mequetrefe de Anguita tiene siempre en la boca es la de que la “culpa” de la corrupción la tienen los votantes porque siempre votan a los candidatos y a las listas corruptas.

De las palabras de Anguita se desprende que la “culpa” de la corrupción la tienen los votantes, quienes deben votar a los candidatos y a las listas “limpias” (se hay alguna).

En cualquier caso, lo que debemos hacer para acabar con la corrupción es votar, porque que haya o no corrupción depende de a quién se vote.

Naturalmente que empezamos suponiendo que, a diferencia del candidato, el votante está limpio y que es incongruente que alguien limpio vote a lo que no lo está. Dicho de otra manera: podemos poner en tela de juicio al elegido pero nunca al elector.

Esta imagen está profundamente grabada en la conciencia gracias a una cuidadosa y meticulosa campaña de los medios de comunicación que así lo predica.

Como la burguesía se cree sus propias fantasías, hay quien cree que aireando la corrupción del PP, va a asestar un golpe maestro a la mayoría actual, logrando que pierda votos.

De hecho la corrupción va a ser una las cuestiones más demagógicas de la próxima campaña, donde unos y otros van a jugar a quién es más limpio y quién más sucio.

Los hechos demuestran, sin embargo, todo lo contrario y esta vez no va a ser una excepción: por más que se hayan aireado a más no poder los trapos sucios, no va a producirse un vuelco electoral.

El error no sólo procede una errónea noción de lo que son unas elecciones y de cómo se preparan, sino de la propia naturaleza de un Estado, como el español.

El error se puede demostrar acudiendo a estas elecciones como a las de hace 100 años: España ha sido y es un Estado clientelar y caciquil donde antes de compraban votos puerta a puerta y ahora ocurre lo mismo de otra manera diferente.

Aunque las tonterías “neoliberales” separan al capitalismo (privado) del Estado (público) los marxistas sostenemos que, en realidad, estamos ante un capitalismo monopolista “de Estado”, lo cual significa que una parte muy grande de la circulación del dinero pasa por el Estado, las autonomías, los ayuntamientos y demás.

Ese movimiento de fondos públicos crea una clientela cautiva de determinados intereses políticos y económicos que sobrevive gracias al empleo público, a la adjudicación de una institución, a una subvención, o a cualquier otra decisión pública que no necesita ser corrupta ni ilegal para generar clientela y, por lo tanto, votos.

Todo el mundo asegura que en este país el voto es libre y es posible que haya quien pueda elegir. Pero también los hay que dependen de que no cambie la mayoría de un ayuntamiento porque tiene una subcontrata que, además, es temporal.

Los hay cuyo voto está cautivo no por algo sino por la mera expectativa de algo: de un empleo, de una subvención o de un contrato.

El elector cautivo arrastra tras de sí su propia red de pequeños intereses, que vota al unísono: la pareja, los hijos, los tíos, la abuela, el cuñado… todos suspiran porque les llegue una parte del cofre del tesoro, por pequeña que sea.

En España el voto no es libre en ningún caso. Pero para muchos en ello, además, les va la vida. Ya lo dice el refrán: “No muerdas la mano que te da de comer”.

El juicio que quiere humillar a África

El ex Presidente marfileño Laurent Gbagbo
Feumba Samen

Analizando las primeras semanas del vergonzoso proceso que enfrenta al presidente Laurent Gbagbo a los lobbies internacionales y a sus lacayos de piel negra y máscara blanca, una persona normal sentiría pudor. En cada día de juicio, este famoso proceso aporta su lote de sorpresas, y todas ellas son ingredientes políticos en contra de Gbagbo.

¡Confidencias! ¡Descubrimientos! ¡Indiscreciones! Estas revelaciones sacan a la luz las carencias del sumario. Muestran la incapacidad de los fiscales en defender sus argumentos y en convencer. Exhiben la parte trasera del decorado: un proceso político que revela la manipulación del presidente del jurado y de los que están detrás de este falso proceso.

En la apertura de este proceso de humillación de África, la fiscal Fatumata Bensuda declaraba que “debo subrayar una vez más que este proceso no tiene naturaleza política. Perseguimos una misión puramente jurídica, en el marco del Estatuto de Roma”. Sin embargo, algunas filtraciones publicadas en los medios demuestran que Bensuda miente. The Star, un diario sudafricano, ha revelado las confidencias de la fiscal del CPI [Tribunal Penal Internacional] a Pascal Vida Koyagbele, candidato en 2016 a la presidencia de la República Centroafricana. Bensuda habría declarado a esta personalidad política lo que todo el mundo sabe: “No hay nada serio contra Gbagbo, solamente es una presión política procedente de Francia”. En respuesta a las intimidaciones francesas, habría confesado, “no puedo hacer nada”.

Los lacayos de piel negra y máscara blanca
La fiscal-pelele Fatumata Bensuda

Bajo la pluma de Sam Sasan Shoamanesh, su asistente especial, Bensuda rechaza esas confidencias. Se trata, según ella, “de una afirmación totalmente falsa y un montaje, tanto en su atribución como en su contenido… La fiscal nunca se ha entrevistado con Koyagbele. Nunca ha realizado tal declaración falsa”. En lugar de usar lo que sería el derecho de respuesta a la prensa, Bensuda debiera haber exigido que Koyagbele estuviera en la lista de testigos de la defensa de Me Altit, para que ella le “cocine”, le confunda, a fin de que la vergüenza sea suya.

Como teórico del Derecho, su escribana a sueldo revela que “la Oficina [de la fiscal] no permitirá que intentos exteriores de politización consigan desviar los procedimientos judiciales en el CPI [Tribunal Penal Internacional], que debe seguir su curso conforme a la ley”. Lo particular de Bensuda, que se refleja en su carta, es que entre la intención y los hechos hay un foso gigantesco.

Para apoyar su acusación contra Gbagbo, la fiscal se ha basado en la cifra sin fundamento de 3.000 muertos. Es una cifra fabricada por Nicolás Sarkozy [entonces Presidente de la República Francesa] y suministrada a la máquina mediática francesa de propaganda que la ha modificado al gusto, infestando las conciencias a través de todo el mundo. Sin embargo, ella tenía los medios técnicos y financieros para revisar esta cifra fantasiosa y política, y considerar las 16.000 víctimas civiles contabilizadas por la “Comisión Banny”, pero mantenidas en secreto por Uattara.

Ese malabarismo con las cifras no es extraño. Un jurado que manipula la elección de sus miembros no más que una estructura política. Bensuda es el producto de ese fraude, un montaje de los que se han fumado todas las reglas que rigen las elecciones de fiscales del CPI [Tribunal Penal Internacional] para imponer, tras haber descartado mediante hechos ilícitos rechazables a más del 90 por ciento de los candidatos a los puestos.

Prisionera de la casta que la escogido sin votos “precisamente porque es africana” para cubrir los abusos occidentales en África, y evitar que el CPI [Tribunal Penal Internacional] sea “tachado de racista y sesgado”, Bensuda sufre. No puede desmarcarse de un proceso político.

Las presiones del imperialismo y la búsqueda del fiscal-robot

Atrapada en la vorágine de una justicia a órdenes, Bensuda realiza una investigación secuencial. Una búsqueda de información por episodios o por temporadas. Ella misma lo ha declarado: “nuestras investigaciones continúan en el país. Pero hace falta tiempo”. En ese caso, “¿por qué la voluntad de instruir un proceso?” acusa el historiador y egiptólogo de Benin Coovi Gómez. “Porque en Derecho, cuando no se dispone de suficientes pruebas durante la audiencia de confirmación de acusaciones no se puede tener a alguien prisionero”, recuerda Gómez a la fiscal-robot de las multinacionales y las instituciones internacionales occidentales.

La búsqueda de la fiscala, su conexión con los políticos y su incapacidad de demostrar la culpabilidad del residente Gbagbo se explican también por el profesor Michel Galy. Detalla que “a pesar de los testimonios y recortes de prensa proporcionados a Bensuda por los gobiernos de Costa de Marfil, y los sumarios y documentos militares de París, el acusado Laurent Gbagbo no ha sido exculpado por insuficiencia del sumario de la acusación, en junio de 2013”, durante la audiencia de confirmación o invalidación de las acusaciones. “Ha sido necesaria toda la insistencia de los gobiernos Uattara y Hollande y se dice que del mismo Laurent Fabius, para que el CPI [Tribunal Penal Internacional] ofrezca una segunda oportunidad a la acusación para reiniciar su trabajo”. Importante precisión que desvela una implicación política en el procedimiento instruido con la lógica de los vencedores.

Paolina Massida, “representante de las víctimas”, no está al margen de este proceso de la vergüenza que se construye sobre normas políticas. En lugar de mantenerse equidistante de las partes, esta señora de ojos espantados ha elegido su campo, el de los vencedores. Solamente se ocupa de las víctimas del clan Uattara, “mientras que de las 16.000 víctimas calculadas más del 75 por ciento son verosímilmente el resultado de los mercenarios y las milicias del heteróclito y sangriento ejército de Guillaume Soro (y Uattara)”, prosigue Michel Galy.

Para las audiencias de confirmación/invalidación de acusaciones en el proceso del ministro Blé Gudé, ella reclutó al juez de Dimbroko, Epiphane Zoro Bi Ballo, militante del RDR, el partido de Uattara Alassane, como experto independiente para servir de suplente a Bensuda. Sin embargo, actos, intenciones y hechos testimonian contra la imparcialidad de este juez respecto al certificado de nacionalidad entregado en 1999, muy contestado, y que permitió a Uattara aprovechar la nacionalidad costamarfileña.

En enero de 2014, en una entrevista concedida al diario pro-Soro Nord-Sud, Zoro Bi decía, a propósito de la elegibilidad a la presidencia que “es necesario evitar sorpresas masivas”. Porque si se aplicaba la Constitución fielmente, “el artículo 35 eliminará a candidatos”. Seguramente estaría pensando en su mentor, Uattara, y daba razones a todos aquellos que siempre han sostenido que Uattara no tenía derecho a ser candidato a las presidenciales en Costa de Marfil. No muy seguro de la colaboración del PDCI-RDA, aconseja que “el RDR debe contar con sus propias fuerzas”.

Entrevistándose en mayo del mismo año con los secretarios de sección del RDR de Sinfra, les da esta recomendación: “permanecer unidos en torno al presidente Uattara y sus ideales de partido”. Más tarde, el 22 de mayo, participaba el 3º Congreso del RDR que se celebraba en el Palacio de los Deportes de Treichville. Este juez militante-partidista tenía ya una obra titulada “Desarmar la violencia”, un alegato totalmente acusatorio contra el presidente Gbagbo y sus partidarios.

La presencia de tal especimen en la sala de audiencias contra sus adversarios políticos no podía explicarse más que como una injerencia de la política en lo jurídico, un chanchullo para torcer la justicia, el Derecho y la verdad. Pero hizo falta que el ministro Blé Gudé percibiera esta mascarada, denunciara este escándalo y lo desmontara pieza a pieza para que el Tribunal a las órdenes cambiara de opinión, y enviara a Ballo a seguir organizando a los organizadores de marchas violentas por cuenta de su partido.

La propaganda de las fosas comunes de ‘Human Rights Watch’

Zoro Bi es así. Para crear su imagen, estuvo huido durante algunos años, pudiendo beneficiarse de numerosas ramificaciones y apoyos en ese tiempo, principalmente gracias a los adeptos al RDR, partido que funciona como una secta, y gracias a los servicios occidentales. Agente del imperialismo escondido en las faldas de las ONG fantoches, colaboró con las más devastadoras del continente, como Human Rights Watch, FIDH, Amnesty o con ratoneras como la belga Verbatim’s, del propagandista anti-Gbagbo Benoît Scheuer, autor de “Costa de Marfil: Polvorín identitario”, que obtiene sus fondos de los Fondos Europeos.

Para ocultar su relación incestuosa con las ONG desestabilizadoras de la soberanía africana, Zoro Ballo Bi se erige en testaferro. Creó en octubre de 2000 el MIDH, Movimiento Costamarfileño de Derechos del Hombre, cuya misión principal consistió en incriminar al presidente Gbagbo en la matanza de Yapugo de 2000. Sin embargo, la verdad estaba en otro lugar. La famosa matanza anunciada por un medio francés se reveló como un montaje del RDR.

Una vez la misión cumplida con el MIDH, Ballo Bi creó la “Ciudad de la Tolerancia”. Estas organizaciones, eslabones de la red mundial de Soros mediante la Open Society Foundation y los medios mentirosos han influenciado la información política en Costa de Marfil. ¿Cómo salir de los engranajes de la mentira? El CPI [Tribunal Penal Internacional] intenta una reconfiguración de esa mentira. Luego hay que seguir presentando la rebelión de Uattara como algo positivo, como una lucha por la democracia, y guardar silencio sobre los chantajes y crímenes de los rebeldes. Imposible conseguirlo sin dar un tinte político a su proceso.

Gbagbo: víctima de la mafia de Soros

Este asunto en el que se han acumulado las mentiras, en donde las redes de influencia han intentado acallar sin cesar la investigación sobre los crímenes de Uattara, no es un embrollo jurídico, sino político. Laurent Gbagbo ha sido bombardeado, raptado, deportado, encarcelado y juzgado porque se atrevió a revisar la reglas que rigen las relaciones políticas y las convenciones en materia económica y estratégica. Su redefinición de las normas rectoras entre naciones se percibe como una retirada nacional, la construcción de una sociedad cerrada.

Un crimen para los mundialistas y para Georges Soros, para quién “la democracia y la sociedad abierta solo pueden imponerse desde el exterior, porque el principio de soberanía obstaculiza la injerencia exterior”.

Quedaba pues fuera de dudas que Gbagbo, deseoso de controlar sus propios recursos naturales, desarrollar su economía y su fuerza de trabajo con ayuda de tarifas aduaneras y de regulaciones, sea considerado uno de los obstáculos. Como objeto de las tesis del imperialismo librecambista, y catalogado como uno de los promotores de sociedades cerradas, estaba condenado a ser el sujeto de los ataques de las firmas multinacionales.

El dinero de Soros, un instrumento para desmantelar la soberanía nacional de los Estados, ha sido inyectado en ONG como Open Society Institute, FIDH, OSIWA, y otros como Human Rights Watch, que recibió 100 millones de dólares de Soros para ponerse a su servicio. Como consecuencia, y gracias a la propaganda sobre fosas comunes de Human Rights Watch, el presidente Gbagbo fue demonizado, lo que permitió a Uattara tomar la delantera en el plano comunicacional.

Uattara: el humilde vasallo del imperialismo

Alessane Uattara: el sátrapa en su poltrona

La carrera de Uattara, por quien y para quien Costa de Marfil se ha quebrado, nos da rasgos sobre ese proceso político. Fue el primer ministro impuesto entre 1990 y 1993 de Hufuet Boigny, en el ocaso de su vida. Tuvo como misión la privatización de la economía nacional por un franco simbólico. Artífice de la devaluación de 1994, que se enorgullece de haber preparado, es cómplice de la liquidación del patrimonio inmobiliario de Costa de Marfil orquestada por su esposa Dominique Uattara.

Este lacayo al servicio de los intereses de occidente había sido programado para descuartizar las economías africanas. Para ello jugó un papel privilegiado en la creación en 1999 de la Open Society Initiative para África Occidental, la OSIWA, rama africana de la OSI. Este peón de los servicios de inteligencia occidentales fue su primer presidente. Un año más tarde se celebraba en París una reunión de la OSIWA sobre Costa de Marfil, un preludio a la instauración de estrategias de desestabilización y saqueo del país.

Soros financió su rebelión, que en la noche del 18 a 19 de septiembre de 2002 causó un baño de sangre para conquistar el poder. Sembrando el miedo y el horror, los rebeldes terroristas de Alassane Uattara que diezmaban vidas inocentes fueron bienvenidos, bendecidos y animados por Francia, por Burkina, Senegal, Mali y Nigeria, apoyados por sus medias que gozaban tratando a Gbagbo de xenófobo y “costamarfilista”.

¿Cómo esconder estas monstruosidades y sus cómplices en un proceso justo? Esa es la cuestión que se plantean los verdaderos estrategas y ejecutores de crímenes de guerra y contra la humanidad en Costa de Marfil, el fundamento de este proceso político.

Los actores del Plan Común, al descubierto

Aupado al poder tras una década de rebelión y demonización por los medios de cualquier político que no sea él, Uattara no tiene más que una misión: obedecer a las cancillerías occidentales. Como una bandera en el palo, gobierna según el viento de la voluntad de sus fabricantes. La batalla para instalar a Uattara en el poder no respondía pues al objetivo, por falso que sea, de la Open Society Fund, que es “la promoción del gobierno democrático, los derechos del hombre, las reformas legales económicas y sociales”.

Lo demuestra la gestión catastrófica del déspota Uattara. El papel de tres ex ministros de Chirac, Michèle Aliot-Marie, Dominique de Villepin y Michel Barnier, sospechosos de dificultar las investigaciones sobre el sumario del bombardeo del campo militar francés de Buaké en 2004 lo demuestra. Las declaraciones de Me Jean Balan, abogado de las familias de las víctimas de ese bombardeo, denunciando el papel de esos ex ministros en el drama, y declarando que ese bombardeo era “una manipulación” y “un golpe montado al más alto nivel de Estado, destinado a acusar y luego a derrocar al presidente costamarfileño Laurent Gbagbo” demuestra no solamente que Uattara fue utilizado porque es exageradamente amante del poder, sino también que el presidente Gbagbo, preso del CPI [Tribunal Penal Internacional], es inocente. La afirmación de Gildas Le Lidec, antiguo embajador de Francia en Abidjan según el que “Gbagbo no estaba al corriente lo que iba a suceder en Buaké” absuelve a quien es víctima de una red de organizaciones mafiosas.

África resiste a pesar de las farsas judiciales

Charles Blé Goudé, ex ministro y acusado
¿Por qué se ha instalado a Uattara en el poder? ¿De qué lado está el “Plan Político Común”, por la desestabilización de un poder democráticamente elegido? ¿De qué lado se encuentra el “Plan Militar Común”, por la toma del poder por la violencia y la fuerza de las armas? ¿De que lado está el “Plan Común General”?

Siendo una de las coartadas de la guerra contra el presidente Gbagbo el bombardeo de Buaké, un diario francés elegía otro nudo del plan común que Bensuda simulaba no ver ni comprender su significado. Escribía que “hoy, algunos intentan acreditar la idea de que las reticencias francesas en este asunto están unidas al rechazo de largar los secretos del África francófona si eventualmente hubiera un proceso, si los pilotos hubieran sido detenidos y extraditados. Pero esta opción ha sido examinada por los jueces, y solo sirve para enmascarar el verdadero fin de la operación: un intento fracasado de golpe de Estado, considera por su parte el abogado”.

Felizmente, “la historia de Costa de Marfil es demasiado reciente para que se pueda falsificar ante nuestros ojos”, como ha recordado el ministro Charles Blé Gudé en su formidable discurso del 2 de octubre de 2015.

¿Qué más decir? El presidente Gbagbo es víctima del Plan Común elaborado por los que eliminan a todos aquellos que les impiden saquear con toda tranquilidad las riquezas que necesitan para garantizar la buena marcha de sus industrias y la supervivencia de sus bancos, en detrimento de los pueblos y despreciando sus derechos.

Mientras, la historia del heroísmo de Gbagbo se escribe por sí misma. Y su “renombre toma una dimensión planetaria”, como dijo la antigua ministra y política Danielle Boni Claverie.

Fuente: http://www.mamafrika.tv/blog/cpi-vs-laurent-gbagbo-justice-les-ingredients-dun-proces-politique/

7 años en el Tíbet

El 9 de enero de 2006, a los 93 años de edad, falleció el alpinista austríaco Heinrich Harrer, campeón olímpico de su especialidad en 1936.

El nombre de Harrer apenas hubiera recordado absolutamente nada de no ser por el estreno diez años antes de la película “7 años en el Tibet”, protagonizada por el famoso Brad Pitt, basada en el libro autobiográfico de Harrer. Pero ni en el libro, publicado en 1953, ni en la película, casi medio siglo más tarde, la expedición de Harrer al Himalaya se relaciona con los nazis y la II Guerra Mundial.

Cuando la revista Stern desveló el pasado nazi de Harrer, éste lo negó todo rotundamente; lo suyo era sólo deporte.

Harrer nació en Austria en 1912, en los Alpes de Carintia. Estudió geografía y educación física en la Universidad de Graz, mientras se ganaba algún dinero como guía montañero y entrenador de esquí alpino.

Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, Harrer se afilió a las juventudes hitlerianas. Luego él lo justificó diciendo que era para poder competir y realizar sus famosas expediciones montañeras en Asia.

Mentira.

Lo cierto es que desde 1933 Harrer era miembro de las SA y más tarde de las SS, pero no en Alemania sino en Austria, que era peor todavía. En 1933 el partido nazi era ilegal en Austria, que no fue anexionada hasta cinco años después en el ya famoso Anschluss. Al pertenecer a las SA desde 1933, es evidente que Harrer era un traidor a su propio país.

En 1936 Harrer participó en los Juegos Olímpicos en el equipo de esquí austriaco. Dos años después fue pionero en escalar la cara norte del Eiger, hazaña por la que fue llamado por Hitler, que lo recibió personalmente.

Tras la anexión de Austria a Alemania, Harrer se convirtió en entrenador del equipo alemán de esquí femenino de descenso y eslalon.

Al año siguiente Harrer viajó al Himalaya no por razones deportivas sino estratégicas, enviado por la Alemania nazi para preparar el ataque al Imperio británico en sus posesiones coloniales de la India. En el festival de Breslatt, Himmler en persona había invitado a Harrer a participar en una expedición de reconocimiento del Nanga Parbat. Varios años antes Himmler ya había enviado a Lasha, capital del Tibet, un equipo de reconocimiento.

Uno de los hombres de aquella primera expedición, Bruno Beger, era un nazi, luego oficial de las SS que se destacó asesinando y mutilando a varios prisioneros del campo de concentración de Auschwitz. Beger permaneció varios meses en Lasha, donde logró el apoyo de Tsarong, el mismo tibetano que luego ayudó a Harrer y a Aufschnaiter a entrar en la ciudad prohibida. Tsarong era uno de los caciques más ricos de Lasha. En el relato 7 años en el Tíbet, Harrer describe con grandes muestras de cariño a Tsarong que se convirtió en protector y amigo íntimo de los dos alpinistas nazis.

De acuerdo con la estrategia trazada por Himmler, el arquitecto del genocidio de Hitler, con la excusa de eliminar a los judíos del continente asiático, los nazis se proponían aliarse con los tibetanos, a quienes Himmler consideraba descendientes de los arios, para destruir las fuerzas británicas desplegadas en la India.

En 1939 comienza la expedición al Nanga Parbat para explorar el Diamir, pero la coartada alpinista de Harrer no engañó a los británicos, que le internaron en un campo de prisioneros en la India, donde aprendió tibetano e hindi.

En 1944 consiguió escapar y llegar a Lasha, donde conoció a Tsarong, que a su vez le presentó al Dalai Lama (Jamyang Wangchuck), de quien llegó a ser maestro personal así como asesor de ministros y funcionarios en la gestión de un Estado teocrático y esclavista, muy lejano del país idílico y bucólico, lleno de esos hipócritas santurrones que se empeñan en presentarnos los imperialistas.

Las cosas se complican en 1949: los comunistas chinos liberan al país de canallas como aquellos monjes que vivían del comercio y la explotación salvaje de los esclavos que trabajaban las tierras de los monasterios y templos.

El nazi Harrer está en la primera línea de defensa de Lasha frente al Ejército Popular de Liberación. Los monjes no oponen precisamente rezos y plegarias a las tropas revolucionarias y la lucha es muy larga en el techo del mundo. Finalmente la derrota le obliga a Harrer a huir del país en 1951. Dos años después escribe su libro, presentado como una aventura personal y casi mística. Desde los países imperialistas el nazi se convierte en el mayor defensor del independentismo tibetano frente a la invasión de los bárbaros comunistas chinos que habían quemado los templos y santuarios lamaístas.

Tras la victoria revolucionaria, la amistad con el Dalai Lama no se interrumpe: Harrer fue condecorado por el Gobierno tibetano en el exilio con la Luz de la Verdad por su apoyo al Tíbet independiente.

Harrer también fue autor de “Mi vida en la corte del Dalai Lama” del que se vendieron 50 millones de ejemplares. El mito se seguía explotando con buenos beneficios.

Pero los imperialistas tienen que invertir mucho dinero para seguir promocionando la causa del Dalai Lama y las calumnias contra el comunismo. Con 70 millones de dólares (10.000 millones de pesetas) de presupuesto, el director de cine francés Jean Jacques Annaud emprende el rodaje de 7 años en el Tibet en 1997. Desde el principio Harrer en persona fue un colaborador entusiasta de la película, que no se pudo realizar en la India como estaba previsto y se tuvo que desplazar a Argentina y a las montañas Rocosas.

Pero Hitler había muerto hacía mucho tiempo y el Dalai Lama tuvo que buscarse otros patrocinadores para su causa. Nada mejor que Estados Unidos.

… Pero este es otro capítulo de la misma historia.

Otra pildorilla

B.

La Delegación del Gobierno español en Madrid ha hecho publica su decisión de impedir la entrada de esteladas (bandera independentista catalana) a la final de la Copa de fútbol el próximo domingo o Copa del Rey (y, en vida de Franco, Copa del Generalisimo). Habrá un fuerte despliegue policial que mirara que ningún aficionado porte esa bandera que, ya adelantamos, no es oficial, pero tampoco ilegal ni anticonstitucional, como dicen algunos bocazas tertulianos (por ejemplo, la fachilla Pilar Cernuda, veterana en las lides manipuladoras).

Otras voces, más «sensatas» e «inteligentes», critican esta decisión no porque estén en desacuerdo en el fondo, sino por la «inoportunidad» y notoria torpeza de tales medidas que «victimizan» más a los independentistas. No se atreven a decir que les dan la razón porque su catalanofobia se lo impide Están de acuerdo en lo fundamental, pero discrepan en la táctica a seguir que juzgan lerda, patosa y estólida sin entrar en que sea antidemocrática o lesione el derecho a la libertad de expresión, no, esto no, pues ellos son portavoces del unionismo constitucional, gente cabal, dialogante, civilizada, moderna, guay.

Como en este blog no tenemos pelos en la lengua, diremos que tal medida es propia de un Estado débil y vengativo que viene a decir, en román paladino, que «en el Nou Camp hicisteis lo que quisisteis» (en referencia a la estruendosa y monumental pitada al himno español y al monarca el año pasado en la final de Copa jugado en al campo culé entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, una pitada compartida entre vascos y catalanes, por si no querían taza…), «pero ahora, en Madrid, os vais a enterar»… típico de chulos y matones.

Y también de arbitrarios que no cumplen ni su propia «legalidad» porque ha de saberse que la disputa de esa final en el Calderón, u otro campo de fútbol, no es un acto oficial ni institucional, aunque cuente con la presencia del Rey (donde, entonces si, no podría figurar una bandera no oficial al lado de la enseña nacional), por lo tanto, no se puede prohibir al público que acuda al estadio portando esteladas o banderas republicanas o la de su peña de mus.Quien actúa ilegalmente es la Delegación. Y no se invoque la Ley del Deporte porque ésta, aparte de su amplitud donde cabe todo que es lo mismo que decir que no cabe nada, es de rango inferior a la Carta Magna, como gustan de decir a la anglosajona manera.

No es un gesto «autoritario» o «torpe»: es una prueba más de su carácter fascista pues, ante cualquier piedra de toque que se les presente donde demostrar que son demócratas, evidencian y no ocultan lo que son: fachas. Y ello hasta en algo tan aparentemente trivial e intranscendente («aparentemente», repito) como es el deporte (profesional).

Buenos días.

Una matanza de la ‘oposición moderada’

Tras la captura de la localidad de Zara, que estaba en poder del ejército regular, los yihadistas de Ahrar Al-Sham provocaron la semana pasada una horripilante matanza entre la población, de confesión mayoritariamente alevita.

Rusia propuso al Consejo de Seguridad de la ONU que Ahrar Al-Sham fuera incluida en el listado de organizaciones terroristas, pero Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Ucrania y otros países lo impidieron.

Eso les permite participar en las negociaciones “de paz” como integrantes de la llamada “oposición moderada” y jugar con dos barajas.

Un portavoz oficial del grupo ha admitido a Reuters que participaron junto al Frente Al-Nosra en el asalto a la localidad, pero ha negado las matanzas, a pesar de las numerosas evidencias, orales y gráficas.

A la cadena Abdu Jalifa los habitantes de Zara han referido un crimen de guerra, en el que los yihadistas mataron a niños y ancianos indefensos, llevándose secuestrados a varios rehenes.

La población ha comentado en la televisión siria que los milicianos que llegaron al pueblo eran “extranjeros” y que mataron a familias completas en sus propias casas.

El portavoz del Departamento de Estado John Kirby calificó el viernes la masacre como “inaceptable e incomprensible”, pero no culpó de ella a Ahrar Al-Sham, ni tampoco criticó la colaboración de este grupo con el Frente Al-Nosra.

Kirby reconoció que Estados Unidos tampoco ha amenazado a Ahrar Al-Sham con levantar a la organización de las negociaciones “de paz” si cooperaba con el Frente Al-Nosra como hasta ahora.

Una bandera que se declara fuera de la Constitución fascista

Los independentistas catalanes se habían adormecido tanto que había que espabilarles de alguna manera y la delegada del gobierno en Madrid se ha puesto manos a la obra. La mayor fábrica de independentistas no está en Barcelona sino en la misma capital de la España eterna.

Como vivimos en un “Estado de Desecho” la delegada ha recurrido a la ley. Más concretamente ha recurrido a la llamada Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el Deporte, conocida como Ley del Deporte, aunque en ninguno de sus artículos menciona este tipo de símbolos. Ni falta que hace. La delegada del gobierno sabe leer la letra pequeña.

Los fascistas hablan de que se trata de banderas “no constitucionales” y al fútbol sólo se pueden llevar pancartas, camisetas y banderas “constitucionales” y en las gradas no se pueden dar otros tipo de gritos, ni pitidos, ni insultos que los legalmente autorizados por la autoridad competente.

Esta prohibición se añade a la reapertura en la Audiencia Nacional de la causa por la última final disputada entre el el Athletic de Bilbao y el Barcelona, cuando los aficionados de uno y otro club silbaron los acordes del himno fascista.

Sí señores: los silbidos también son delito. Pero atención: sólo los de la última final; los silbidos de 2009 no lo son.

Ahora pregunten: ¿qué diferencia hay entre los pitidos de 2009 y los del año pasado? Lo explica muy bien la Audiencia Nacional, poniendo de manifiesto su verdadera naturaleza política: en 2009 aún no existía el “desafío independentista” que ha apareció después.

Por lo tanto, hay que tomar nota: un mismo hecho es delito o deja de serlo en función de la coyuntura política, tal y como la interpretan los jueces de la Audiencia Nacional. La tarea de este tribunal no es aplicar la ley sino analizar la situación política.

Otra píldora

B.

Se ha puesto de moda, o asi parece, que la Fiscalía de Audiencias y Tribunales y los abogados de los acusados por actividades políticas se pongan de acuerdo en rebajar la pena cuando no evitar la condena y, consiguientemente, la entrada en la cárcel. Incluso quienes se oponen a ello, como las ultrarreacionarias y fascistas organizaciones que dicen ser «víctimas del terrorismo», como la AVT o Dignidad y Justicia, acaban por aceptar ese pacto, y no recurrirlo, claro que, y esto no se dice, quien recula es el acusado, que reconoce los cargos y el daño causado, y no la acusación particular o popular que se siente satisfecha y con el deber cumplido.

El presidente de Sortu, Hasier Arráiz, acaba de ser condenado por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco -en todo dependiente de la «justicia» española- a dos años de prisión (que no cumplirá) y a inhabilitación, al igual que ocurrió con sus 35 compañeros del proceso basado en la redada de Segura (un pueblo guipuzcoano donde estaban reunidos para, según la judicatura, «tratar de reorganizar la ilegalizada Batasuna», o algo así) tiempo atrás y esta vez por la Audiencia Nacional.

Es decir, se llega a unos acuerdos poco menos como si estuviéramos ante un acto de conciliación en Magistratura tratando un contencioso administrativo de tipo laboral, civil o mercantil, pero en modo alguno «político». Como , por ejemplo, no tiene ese carácter la declaración de David Marjaliza cuando «canta» hasta la parrala señalando quienes estaban implicados en la red de corrupción «Púnica» buscando, como «arrepentido», como delator, como chivato, incluso entre estos chorizos y manguis, su beneficio personal. A los efectos viene a ser casi lo mismo, a pesar de que un militante de Ekin, también absueltos por medio de un pacto esta semana, declara que «si lo hemos firmado (el pacto) es porque nos parece aceptable pero no quiere decir, de ninguna manera, que se haya hecho justicia« (negrita nuestra). Y, en el caso de Arráiz, la cosa se las trae porque, para eludir la cárcel, tiene que reconocer una integración en ETA ¡¡¡que no existió jamás!!! Muy fuerte. De los tiempos en que los acusados se plantaban ante el tribunal alegando no reconocerlo como juez de su causa política y apelando al «pueblo vasco» como único juez a esto, a los «nuevos tiempos y ciclos».

Y es que todo parece válido con tal de, como dicen los líderes abertzales, «vaciar las cárceles». No importa cómo ni la manera. Maneras que si importan al Estado interesado en el pacto que implica la, dicho claramente, humillación del vencido por un Estado que se siente vencedor, pero no vengativo en este caso, porque también esta interesado en ir vaciando las cárceles. Vengativo lo será -y es- con quien no traga sus cláusulas de «reinserción», sus horcas caudinas.

Allá cada cual con sus procedimientos para salir de los «makos», como dicen los militantes vascos. Todos los antifascistas y demócratas les queremos ver en la calle, pero no de cualquier manera, sino gritando AMNISTÍA.

¿O vale todo?

Juicio en Gijón contra la cúpula de Anonymous

Hoy el juzgado de lo penal número 3 de Gijón ha iniciado un juicio contra tres personas de Anonymous a los que la policía considera como la cúpula de esta organización en España. Les acusa de un sabotaje informático para bloquear las web del Congreso, de la Junta Electoral Central y de UGT en mayo de 2011.

La Fiscalía solicita penas de cinco años y cuatro meses de prisión para dos de los acusados y de cinco años para el tercero por los delitos de grupo criminal y de daños.

Dicho grupo está constituido por numerosos usuarios informáticos de España y de otros países que, entre otras actividades, organizaban de forma concertada sabotajes de Denegación de Servicio Distribuido (denominados DDoS).

Dichos sabotajes consisten en la saturación de un entorno informático o una página web mediante peticiones simultáneas de forma que no tiene capacidad suficiente para responder, se colapsa y queda sin funcionamiento e inaccesible para los usuarios.

La fiscalía sostiene que, con motivo de las elecciones locales y autonómicas del 22 de mayo de 2011, el colectivo Anonymous preparó dos de estos sabotajes con la finalidad de entorpecer el proceso electoral.

De esta forma, y bajo el nombre de operación «Spanish Revolution», organizaron un sabotaje contra el entorno informático de la Junta Electoral Central, residente en el Congreso de los Diputados, contra la página web del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) y contra la de la Cámara Baja.

El sabotaje afectó de forma importante al normal funcionamiento de los servicios de correo electrónico y a la página web de la Junta Electoral obstaculizando los trámites previos al proceso electoral de forma que sus buzones de correo recibieron en dos días casi 350.000 mensajes, lo que colapsó su funcionamiento.

El imperialismo no va a regresar al patrón oro

Juan Manuel Olarieta

El artículo de Michelle Jamrisko y Elizabeth Dexheimer que publica la agencia Bloomberg (1) es otra perla de los tópicos y vulgaridades que envuelven a la teoría y a la política económica del imperialismo, incapaz de salir de la profunda crisis en la que está sumido. Merecería ser analizado detalladamente en cualquier aula, no sólo de economía sino de filosofía, al más puro estilo marxista.

La burguesía y sus teóricos jamás asocian el capitalismo a las crisis y, por lo tanto, para ellos el concepto de “crisis” no lo tienen en su vocabulario.

Cuando se refieren a cualquier crisis, como la actual, la entienden en un sentido subjetivo, vinculada a algún tipo de fallo humano, aun error de la política económica o a un factor que ellos consideran extraño a la economía “pura”.

Pero a la fuerza ahorcan y cuando la realidad de la crisis se muestra tozuda, buscan nuevas teorías o desempolvan las viejas, de las que siempre se burlaron en sus manuales. “Lo alternativo se ha convertido en corriente dominante”, dice Jesse Hurwitz, economista para Estados Unidos del Barclays Capital.

Pero la burguesía y sus economistas siguen inmersos en sus ilusiones subjetivas: creen que en algún sitio hay una herramienta olvidada de política económica que les va a sacar del atolladero y, puestos a buscar novedades, se han fijado en el viejo patrón oro.

Ahora, 35 años después, podríamos saborear nuestra venganza y regodearnos del “fracaso” del monetarismo, de la Escuela de Chicago y demás teorías económicas burguesas que han prevalecido estos últimos años. Pero sería incurrir en el mismo error que la burguesía: lo que ha fracasado no son unas u otras teorías sino que el capitalismo está en crisis y, por lo tanto, en su estado “natural”, del que no va a salir con ninguna teoría ni con ninguna política económica, ni vieja ni nueva.

De lo que nos regodeamos es de que el tiempo haya vuelto a demostrar que, en plena crisis, los escritos de Marx sigan de plena actualidad y muestren su precisión y su predicción, la misma que nos lleva a asegurar que el patrón oro no va a volver al capitalismo porque la historia no es reversible, no da marcha atrás.

Pero no será porque no lo intenten una y otra vez, no solamente Rusia y China, como es conocido, sino el mismo Estado de Texas, que se ha independizado del Banco de la Reserva Federal y ha creado su propio banco central, con su propias reservas de oro (2).

Los mismos buenos deseos expresó Donald Trump el año pasado a la cadena de televisión WMUR. Le gustaría volver al patrón oro, pero hay una pequeña gran pega: es muy difícil “porque no tenemos oro. Lo tienen otros lugares”. Podría haber añadido que no tienen oro y, además, tienen muchas deudas, que se pagan con emisiones crecientes de dólares de papel.

Hablando de deudas… Los lectores que conozcan la historia del movimiento obrero recordarán que en 1914 uno de los motivos de la ruptura de los comunistas con la socialdemocracia fue la aprobación de los créditos con los que en Europa los imperialistas financiaron la Primera Guerra Mundial.

Por eso es erróneo hablar de “neoliberalismo” y “financiarización” como si se tratara de alguna novedad. El endeudamiento masivo es consecuencia del imperialismo desde su mismo origen. Aunque no lo cuenten en los manuales de economía, ese endeudamiento condujo al abandono del patrón oro y a la inflación para forzar a las masas a pagar los gastos de la guerra.

El patrón oro no puede regresar, como tampoco el capitalismo premonopolista. La crisis necesita de emisiones masivas de papel moneda y de un endeudamiento gigantesco. El tercer pilar de esa ecuación es, naturalmente, la guerra imperialista.

Notas:

(1) http://www.bloomberg.com/latam/2016/05/17/impulso-de-brexit-acelera-oleada-de-salidas-a-bolsa-en-amsterdam/
(2) http://www.thenewamerican.com/usnews/constitution/item/23115-texas-contracts-to-build-nation-s-first-state-gold-bullion-depository

Las negociaciones ‘de paz‘ están favoreciendo a los yihadistas

El ministro ruso Serguei Lvrov
El Grupo Internacional de Apoyo a Siria, llamado Giss, que son los 17 países involucrados primero en la agresión y luego en la “resolución” de la guerra, se reunió ayer en Viena para acelerar la transición en Damasco.

Durante la conferencia de prensa posterior, el ministro ruso de Asuntos Exteriores Serguei Lavrov definió bastante bien tanto la posición rusa como el rumbo general de las negociaciones. Según el ministro, Moscú “no apoya al régimen sirio de Bashar Al-Assad sino que combate al terrorismo”.

Para Lavrov se trata de “eficacia” porque sobre el terreno, Rusia no encuentra mejores fuerzas para esa lucha que el ejército regular y sus aliados.

El alto el fuego no ha mejorado la perspectiva rusa sobre la guerra. No hay más que leer la prensa internacional para apercibirse de que los imperialistas han vuelto a poner a Rusia a la defensiva, obligando a sus diplomáticos a tener que dar explicaciones por su apoyo al gobierno de Damasco.

Pero, ¿por qué tienen que ser ellos los que den explicaciones y no los imperialistas que han desatado la guerra?

El caso es que, una vez que al problema le han dado un giro de 180 grados, todo vuelve a aparecer al revés: ayer no se habló en Viena sobre la manera más rápida de acabar con las agresiones del Califato Islámico y el Frente Al-Nosra sino de acabar lo más rápidamente posible con el gobierno de Damasco o, dicho en otras palabras, de “acelerar la transición política”.

Este planteamiento se pone encima de la mesa cuando en los campos de batalla continúan los choques y, al mismo tiempo que charlaban en Viena, los yihadistas tomaban un hospital en Deir Ez-Zor.

No se habló para nada de aplastar a las organizaciones yihadistas, por lo que si en Damasco se emprende una transición política en medio de la guerra, el chantaje está servido y algunos van a poder jugar con dos barajas, la de la legalidad y la de la ilegalidad, como ya está ocurriendo, de hecho.

En Viena los negociadores han ratificado la fecha de 1 de agosto para crear un ente de transición, pero no han puesto fecha para aplastar al Califato Islámico y al Frente Al-Nosra.

Es más, a partir de un determinado momento, tras la captura de Palmira, el avance del ejército regular se ha frenado de manera ostensible, y no sólo se han atascado en Alepo sino que en la misma Palmira, las fuerzas del Califato Islámico vuelven a estrechar el cerco sobre sus posiciones.

La conclusión es obvia: hasta la fecha las negociaciones están perjudicando militarmente al ejército regular.

La premura de los imperialistas y sus secuaces tiene por objeto crear una falsa impresión para el futuro, absolutamente intolerable: la de situar al gobierno de Al-Assad como máximo responsable de la guerra. Todo indica que la “paz” sólo llegará a Siria con la caída del gobierno actual que, a fin de cuentas, eran los planes de los imperialistas (y de Arabia saudí y Turquía) desde el comienzo.

Se puede decir eso mismo de otra manera, para que nadie se llame a engaño: el replanteamiento de la guerra de Siria en las negociaciones de paz significa que a los imperialistas el famoso terrorismo les sigue importando un bledo y que su objetivo no es otro que acabar con Bashar Al-Assad. ¿Debemos sorprendernos por ello?

Todo lo expuesto no significa que en Damasco la situación pueda continuar como si nada hubiera ocurrido y que el gobierno actual no deba hacer concesiones políticas y económicas. No se trata de eso, sino de a quién debe hacer esas concesiones.

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