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¡ Manos arriba: esto es un Banco !

Bianchi
O Wall Street. Aunque Estados Unidos es un país en quiebra y deudor, pero eso qué.

Hay no pocos capítulos en la corta, pero intensa, historia de los EE.UU. realmente admirable, por ejemplo la bastante olvidada lucha del movimiento obrero a principios del siglo XX en las zonas más industrializadas. Y también, por supuesto, las peleas de indios y negros e hispanos por los derechos civiles o contra la guerra de Vietnam. También se ha convertido en mantra el mito de los USA como la cuna y el país de la democracia. Suponemos que se refieren a la democracia “moderna” -y no a la clásica griega basada en el esclavismo- donde los negros e indios no votaban, como hasta Tocqueville señala en el siglo XIX.

Pero hoy señalaremos únicamente dos mojones que reflejan lo que es el pensamiento de la clase dominante de este gran país hasta nuestros días. Se trata de dos frases pronunciadas por dos prebostes del “american dream”. La primera pertenece a David J. Brewer, juez del Tribunal Supremo y data de 1893 y dice este prohombre: “es una ley invariable que la riqueza de la comunidad esté en manos de unos pocos”. Y la segunda (frase) es de Theodore Roosvelt (no confundir con el posterior y también presidente Franklin Delano Roosvelt) que, en carta a un amigo fechada en 1897, dice: “en estricta confidencia, agradecería casi cualquier guerra, pues creo que este país necesita una”. Se pueden ver perfectamente compendiados las dos columnas básicas del Imperio: la propiedad privada de los medios de producción y la guerra como herramienta e instrumento represivo interno y expansivo externo.

No seremos nosotros quienes cometamos el pecado de “lesa Historia” de juzgar hechos pasados con elementos de juicio del presente, pero, al menos, que se diga que George Washington, primer presidente de los Estados Unidos (más bien los del Este, la “conquista del Oeste” todavía no la contó Hollywood), fuera terrateniente negrero más rico de América, al igual que casi todos los Padres de la Independencia y la “democracia”. O que Lincoln tenía, como un dios romano Jano bifronte, dos caras y también dos lenguas según con quién hablase y a quién se dirigiese. Bueno, no le culparemos por eso si miramos a la casta actual. Ya lo decían los indios norteamericanos y el gran Javier Krahe recogió (pensando en Felipe González en los tiempos de la “OTAN, de entrada no” o cómo me la maravillaría yo dejando a la señora Cospedal y sus requilorios “en diferido” en mera aficionada): “hombre blanco hablar con boca de serpiente”.

Buenas tardes.

Un genocidio de la CIA (¿otro?) olvidado

Darío Herchhoren

Durante la Segunda Guerra Mundial, el imperio japonés, que era una gran potencia militar en su época, atacó a China y creó en Manchuria un estado títere con un emperador (Pu Yi) que se prestó a los manejos imperiales. Esa historia está magníficamente expuesta en la película “El último emperador”. Pero las ansias de los fascistas imperialistas japoneses no se detuvo en China, y ocuparon toda Corea, Birmania, Filipinas e Indonesia. Para todo ello utilizaron su poderosa fuerza aérea y una marina de guerra temible. Su ambición imperial no tenía límites y su mayor interés era atacar y ocupar Australia.

En esos tiempos, lo que hoy conocemos como Indonesia, era una colonia holandesa que se conocía como Batavia. El ejército japonés ocupó toda Batavia, y sometió a su población a todo tipo de crueldades, lo que generó en la población sometida y humillada un fuerte sentido patriótico y la formación de una guerrilla que consiguió finalmente la derrota japonesa y la expulsión de sus tropas con graves pérdidas en vidas y material.

Al frente de esa guerrilla, estaba el Partido Comunista de Indonesia, que estaba muy influido por las ideas nacionalistas. El Partido Comunista de Indonesia fue fundado en 1920, al calor de la muy cercana revolución bolchevique de 1917, y se produjo a raíz de una escisión del Partido Socialista Indonesio.

Durante muchos años, la autoridad colonial holandesa ilegalizó al Partido Comunista, y durante los tiempos de ocupación japonesa obviamente los comunistas fueron ilegales al igual que toda forma de organización política o sindical.

Con la derrota de Japón el imperio holandés ya decaído y ruinoso, solo pudo aceptar la situación de hecho, que era que el movimiento patriótico indonesio había tomado la dirección de Batavia, y se había fundado la nación indonesia con ese nombre.

Al frente del país estaba Ahmed Sukarno, uno de los fundadores del movimiento de países no alineados, junto con Nasser de Egipto; Nehru de la India, y U Nu de Birmania, y el Mariscal Tito de Yugoslavia.

Sukarno contó desde el principio con el apoyo de los comunistas, y del ejército indonesio que estaba formado por combatientes que se habían forjado en la guerra anticolonial y no había en dicho ejército militares de carrera.

La nación indonesia ejercía una política independiente, aunque mantenía buenas relaciones con los USA, y con la Unión Soviética y el bloque socialista, y muy especialmente con la República Popular China, surgida de la guerra civil china que culminó en 1949.

Indonesia es un gran productor de petróleo y gas, y produce arroz y pescado en gran cantidad que exporta a su vecinos. A todo esto, el Partido Comunista Indonesio había crecido enormemente y su influencia era muy importante en el ejército, donde los oficiales ya salidos de academias militares se formaban en China. Esta situación desde luego que no era del agrado de los USA y de la CIA, que conspiraban para derrocar a Sukarno y estaban creando un clima de sublevación dentro de las fuerzas armadas para acabar con Sukarno.

Es en este clima, que un grupo de oficiales jóvenes en la nocha del 30 de septiembre de 1965, dan muerte a seis generales que estaban tramando un golpe militar pro yanqui, y ante esas muertes, el General Suharto, y el brigadier de la fuerza aérea Haris Nasution llaman a “defender la revolución nacional”, acusan a los autores de las muertes de los seis generales de conspiradores y “contrarevolucionarios», y desatan una sangrienta represión contra los comunistas, que son acusados de querer entregar el país a China.

Emiten un decreto por el cual obligan a la población a denunciar a los comunistas y a sus simpatizantes, acaban con la vida de tres millones de personas en un verdadero genocidio. Familias enteras son asesinadas, sus bienes son saqueados o confiscados, los locales del Partido Comunista son destruidos, y obviamente dicho partido desaparece físicamente.

Se crean patrullas de escuadrones de la muerte y patrullas vecinales que se dedican a sembrar el terror entre la población y esas patrullas provocan gran cantidad de muertes. Ahmed Sukarno sigue siendo nominalmente el presidente de Indonesia hasta su muerte, pero en realidad es un prisionero dentro del palacio Merdeka, que es la sede de la presidencia indonesia.

A su muerte lo reemplaza el sangriento y criminal general Suharto, que estuvo al frente del país durante varias décadas, y amasó una fortuna de 35 mil millones de dólares. Siempre se supo que todo este movimiento estuvo orquestado por la CIA que en todo momento apoyó a los genocidas.

Como colofón decir que esta matanza es algo de lo que hay muy poca información, y que se ha tratado de ocultar, cuando no de negar. Decir también que el gobierno del criminal Suharto tuvo excelentes relaciones con el gobierno español de Felipe González, el cual viajó a Yakarta, y firmó con el “demócrata” de la cal viva un importante acuerdo comercial de venta de armas a Indonesia.

A la muerte de Sukarno, su mujer; la japonesa Dewi Sukarno, se convirtió en la amante nada menos que de Francisco Paesa, el estafador a sueldo del ministerio del interior español, y que uno de los hijos de Suharto compró la multinacional de la alimentación norteamericana Nestlé, que estuvo involucrada en la venta de leche en polvo contaminada en Egipto. Como se ve; es de aplicación el dicho de que dios los cría y ellos se juntan.

El terrorismo es el cuento de nunca acabar

Juan Manuel Olarieta
Tras la agresión que llevaron a cabo dos guardias civiles borrachos en el bar Kotxa contra unos vecinos de Altsasu el 15 de octubre, la asociación fascista de víctimas de terrorismo COVITE interpuso una querella no contra los agresores sino contra los agredidos para darle la vuelta al asunto y que los hechos no se juzgaran donde se cometieron sino en el feudo del Estado fascista, Madrid, es decir, en la Audiencia Nacional (que es más de lo mismo, o sea, un tribunal diseñado por el franquismo).

Dicho y hecho; la Audiencia Nacional cumple con lo que de ella se espera: acepta la querella, le da la vuelta a la tortilla y se declara competente porque han reconvertido -por arte de magia- una pelea en una bar en un crimen de terrorismo.

Para ello la Audiencia Nacional ha tenido que calificar de yihadistas a los vecinos de Altsasu: el año pasado los partidos parlamentarios aprobaron uno de esos absurdos “pactos antiyihadistas” por el que le dieron un cambiazo -otro más- al artículo 573 del Código Penal para considerar que el terrorismo es todo, cualquier cosa, algo que ya sabíamos.

Tenemos terrorismo de por vida. El ministro del Interior se felicita porque han acabado con el terrorismo, pero no ha hecho más que empezar. Hasta las peleas de bar y las discusiones entre borrachos irán a parar a la Audiencia Nacional porque los convierten en crímenes terroristas: cuando por medio está la policía o la guardia civil no afectan sólo a los borrachos sino a toda la Policía y a toda la Guardia Civil. Posiblemente también se trate de una agresión a todo el Ministerio del Interior, a todo el Estado, al sistema, al capitalismo…

¿También se emborracha el Ministerio del Interior?, ¿bebe el Estado más de la cuenta?, ¿se pasa de copas la Audiencia Nacional?

Para justificarse, la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, da muestras de cierto ingenio, inventando cosas que desconoce por completo, como que  la reivindicación de que la Guardia Civil salga de Euskadi es una reivindicación de ETA. Pues si, es cierto, pero no sólo de ETA. Es una reivindicación tradicional de todas las organizaciones progresistas, dentro y fuera de Euskadi, pero ocurre que en su paranoia la jueza Lamela no ve más que eso, ETA, por todas partes.

Es un verdadero escándalo judicial que tratándose de un delito en el que la Guardia Civil es una parte, la jueza ordene que sea la propia Guardia Civil quien lo investigue, arrebatándoselo de las manos de la Guardia Foral de Navarra. ¿La imparcialidad no le importa nada?

La jueza de la Audiencia Nacional quiere que la Guardia Civil le informe sobre el acoso de que son víctimas en Navarra, como si se tratara de un delito sexual. ¿Qué entiende la jueza por acoso?, ¿qué entiende la Guardia Civil por acoso?, ¿por qué no pregunta a los navarros si se sienten acosados por la Guardia Civil? Una dilatada experiencia tabernaria me dice que al darle la vuelta a la tortilla Su Ilustrísima ha perdido el norte, porque en el mundo real suelen ser los borrachos los que se ponen pesados y se dedican a acosar a los sobrios, y no al revés.

Está ocurriendo lo mismo que cuando hace años la prensa dijo que el rey Juan Carlos, hoy monarca supernumerario, había matado al oso Mitrofán después de emborracharlo. No fue así: quien estaba borracho era el monarca.

Su Ilustrísima ha perdido el norte porque no tiene en cuenta los hechos sino lo que ocurrió después de los hechos, cuando los vecinos salieron a la calle para protestar por la agresión de la que -no lo olvidemos- habían sido víctimas. Habla de los lemas de las pancartas, de los gritos de la gente en la calle…

Pero Ilustrísima Jueza: lo que Usted está juzgando como delito es una pelea en un bar no una manifestación, salvo que haya padecido un lapsus y crea que también las manifestaciones, las pancartas y los gritos son delito en esta país. ¿Es así?, ¿han dejado de ser derechos y también los ha convertido Usted en crímenes?, ¿todo es ya delictivo?, ¿no se puede mover ni un dedo?, ¿no se puede gritar en la calle libremente? Es bueno que Usted lo aclare para recomendar a los vecinos de Altsasu que dejen de salir a la calle y se queden en sus casas viendo la tele.

El terrorismo es para toda la vida. Ni se acabado ni se va a acabar nunca porque este Estado está absolutamente obcecado en fabricar terroristas.

Brzezinski anuncia el fin de la era de dominación mundial de Estados Unidos

Uno de los mayores estrategas del imperialismo, Zbigniew Brzezinski, propone que Estados Unidos llegue a un acuerdo amistoso con Rusia y China. Así lo ha escrito en un artículo publicado por “The American Interest” titulado “Hacia un reorientación mundial”(*). Como suele suceder, casi ningún medio se ha hecho eco de este viraje, que expresa un punto de vista muy importante dentro de los círculos más influyentes de Washington.

Lo mismo que Kissinger, además de dirigir la política exterior de Estados Unidos a finales de los setenta, durante el mandato de Carter, Brzezinski es un teórico del imperialismo estadounidense. Su obra más conocida, “El gran tablero” la escribió para establecer los puntos fuertes de la hegemonía estadounidense. Ahora considera que dicha hegemonía es imposible de sostener.

“Como su era de dominación mundial se termina, Estados Unidos tiene necesidad de realinear la arquitectura mundial de poder. Cinco verdades fundamentales que conciernen a la redistribución emergente del poder político mundial y la explosión de violencia en Oriente Medio señalan la llegada de un nuevo realineamiento mundial. La primera de esas verdades es que Estados Unidos aún son política, económica y militarmente la entidad más poderosa del mundo, pero teniendo en cuenta los cambios geopolíticos complejos en los equilibrios regionales, no es ya la potencia imperial en el mundo entero”, afirma Brzezinski en su artículo.

En contradicción con lo que había escrito tras la caída de la URSS, ahora Brzezinski dice que “nunca hubo una verdadera potencia mundial dominante hasta el surgimiento de América en el escenario mundial […] La nueva realidad mundial decisiva fue la aparición en la escena mundial de América, al mismo tiempo, como la más rica y militarmente como el jugador más poderoso. Durante la última parte del siglo XX ningún otro poder se le ha acercado siquiera. Esta época ha tocado a su fin”, añade en la revista.

¿Qué es lo que ha cambiado? Brzezinski apunta la emergencia de Rusia y China, el debilitamiento de Europa y el despertar político violento de los musulmanes tras el fin del colonialismo.

Sus referencias al islam son significativas, demostrando un conocimiento que va mucho más allá de los tópicos y vulgaridades para el consumo de los periodistas aborregados y las primeras planas. En sus escritos Brzezinski siempre concede una gran importancia estratégica a los países de Asia central y en este caso amplía su propuesta para incluir a Turquía e Irán entre los países con los que Estados Unidos tiene que mejorar sus relaciones diplomáticas.

La clave de su propuesta estratégica ya la apuntó en “El gran tablero”: la esencia de la política imperialista debe dirigirse a tratar de “impedir que los vasallos se coaliguen” o, dicho de otra manera, divide y vencerás. El imperialismo necesita que sus vasallos se mantengan ocupados en interminables querellas intestinas; de lo contrario se volverán en su contra y lo harán, además, unidos.

En los últimos años, Estados Unidos no ha seguido esa pauta. Ha logrado que se formen importantes coaliciones internacionales entre quienes quieren escapar de sus garras y, sobre todo, ha logrado que todos ellos vayan poniendo sus ojos en Rusia como vía de escape frente a la presión de Washington en los terrenos político, económico y militar.

La línea que Hillary Clinton se propone seguir es más de lo mismo, a la vista del discurso que pronunció en 2010, publicado por el revista “Foreign Policy”, en el que introdujo la doctrina del pívot hacia Asia, esencial para entender el desplazamiento del interés del imperialismo hacia el Pacífico. En resumen, decía Clinton, durante años habían invertido un enorme esfuerzo en escenarios como Afganistán e Irak, cuando son los países del Extremo Oriente los que se han convertido en el motor del capitalismo mundial. Estados Unidos debe volcar sus energías en las oportunidades que brindan los mercados más dinámicos del Pacífico.

Estados Unidos desplaza sus fuerzas, pues, de Oriente Medio y Asia central hacia el Extremo Oriente, pero desde luego en ninguna parte del mundo va abandonar ni un ápice de su influencia sin plantar batalla. Es obvio que, como dice Brzezinski, por todas partes se van formando coaliciones en su contra. Progresivamente Estados Unidos se va convirtiendo en un país aislado que no cree en la diplomacia como fuerza porque lo fía todo a su potencia militar. No tiene amigos ni los quiere. Por eso no tiene otra posibilidad que recurrir a la guerra para preservar su hegemonía.

(*) http://www.the-american-interest.com/2016/04/17/toward-a-global-realignment/

El fin del sueño occidental en Turquía

Hakan Karakurt

Dos meses y medio han pasado desde el fallido intento de golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en Turquía. El objetivo era derrocar al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogán, debido a su tendencia a perseguir una política exterior independiente respecto de la OTAN y Estados Unidos. Su visión de política exterior es la de integrar económicamente a Turquía con sus vecinos y formar alianzas políticas regionales que beneficien a todos los lados, mientras que por el otro lado quiere una colaboración equitativa tanto con Estados Unidos como con la Unión Europea. Erdogán rechaza la imposición de políticas de Estados Unidos y la Unión Europea, y en su lugar quiere multipolaridad para crear un mundo más justo y equilibrado. El rechazo de Turquía para unirse al embargo económico impuesto sobre Rusia e Irán ha molestado especialmente a Estados Unidos y la Unión Europea.

Estados Unidos percibió a Turquía como una comisaría para ser usada después de que Turquía se uniera a la OTAN en 1952. Las prioridades de seguridad de Estados Unidos nunca tuvieron en consideración a los intereses de Turquía. Para ellos, era preferible la débil Turquía que normalmente aceptaba las demandas de Estados Unidos aunque fueran contrarias a los intereses turcos hasta 2002. Pero el deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Turquía terminó cuando el ejército turco lanzó una operación militar en el norte de Siria para barrer al Califato Islámico de la frontera turca con el consentimiento de Rusia.

Irónicamente, Turquía comenzó la operación el 24 de agosto de 2016, el día que el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, visitaba Turquía. No hay duda de que el acuerdo entre Rusia y Turquía sobre el conflicto sirio apuntando a preservar la unidad territorial y modelar el futuro del país solamente dependiendo de fuerzas nativas, fue pactado cuando Erdogán visitó Rusia el 9 de agosto de 2016.

El objetivo esencial de Estados Unidos para dividir Siria, una estrategia muy clásica de Estados Unidos que alimenta la estabilidad en Oriente Medio mediante el respaldo a grupos étnicos (YPG) y sectarios (Al-Nosra), está a punto de ser derrotado por la alianza de nueva fundación entre un miembro de la OTAN, Turquía, ¡y Rusia!, el principal rival de Estados Unidos.

La arrogancia de Estados Unidos y el aguante y premonición de Rusia, crearon una alianza no declarada entre Rusia y Turquía, que no solamente cambió el equilibrio de fuerzas en Siria, sino también el gran juego tanto para Estados Unidos como para las potencias euroasiáticas.

La Unión Europea considera a Turquía como un gran mercado para los productos de la Unión Europea (38 por ciento de las importaciones turcas) y como una zona intermedia entre la Unión Europea y los países de Oriente Medio. Entre los europeos, al igual que la rusofobia sin sentido, la turcofobia es todavía muy común. Tras el fallido golpe, en vez de apoyar al gobierno legítimo electo democráticamente, la Unión Europea mantuvo silencio y los principales medios de comunicación europeos acusaron al presidente turco de escenificar el golpe para consolidar su poder autoritario. La Unión Europea trató de forzar al gobierno turco para que  retrasara el régimen sin visados para turcos, mientras abría las puertas -con facilidad- para los ucranianos que actualmente están regidos por un “gobierno pro-europeo”. Así, durante la ceremonia de apertura del parlamento turco el 1 de octubre, Erdogán declaró que 30 años de negociaciones para unirse a la Unión Europea fueron sólo una distracción y que el juego con la Unión Europea casi ha llegado a su fin.

El presidente de Turquía y el gobierno, percibiendo el futuro del país como los embustes en políticas euroasiáticas, están dando pasos para redistribuir las posiciones del país. No obstante, tras la fundación de la Turquía moderna en 1923, las élites gobernantes y una importante porción de la nación turca, como descendientes de un gran imperio que gobernó durante más de 6 siglos, han considerado la occidentalización como el principal objetivo para reestablecer un Estado poderoso. Por tanto, las instituciones gubernamentales, estructuras económicas y formaciones militares copiaron a Estados Unidos y la Unión Europea. El pueblo turco consideraba a Estados Unidos y la Unión Europea como aliados y modelos a seguir, y esperaba y creía que, un día en el futuro, su país se integraría en el eje occidental.

El fracasado golpe militar el 15 de julio de 2016, marcó el fin de esos sueños pro-occidentales en Turquía. El apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea para los orquestadores del golpe despertó al pueblo turco que llegó a considerar al golpe como un ataque extranjero directo.

Las opiniones anti-americanas y anti-Unión Europea subieron vertiginosamente. El mes pasado, dos encuestas de opinión en Estados Unidos y la Unión Europea fueron publicadas por una empresa y fundación de investigación independiente. La encuesta de opinión realizada por “MAK Consulting” se enfocó en las relaciones turco-estadounidenses a ojos del pueblo turco. Los resultados fueron impactantes. El 90 por ciento de los encuestados estiman a Estados Unidos como no fiables aun cuando Turquía es un miembro de la OTAN. Este porcentaje era solo del 50 por ciento antes del intento golpista. Según el CEO de la empres a encuestadora, el pueblo turco cree que pueden derrotar a Estados Unidos y, si no se declara la ley marcial, entonces la embajada de Estados Unidos puede ser atacada por ciudadanos enfadados.

Otra encuesta de opinión muy interesante fue realizada por Tavak (en inglés, Turkey Europe Education and Science Research Foundation) sobre las relaciones Turquía-Unión Europea. Solo el 22 por ciento de los participantes creen que Turquía conseguirá convertirse en miembro de pleno derecho de la Unión Europea. Casi la mitad de los participantes sugirieron que la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, y Suráfrica) ofrecen un nuevo camino para Turquía en vez de la Unión Europea. Desafortunadamente el 60 por ciento de los participantes sostienen que la islamofobia es la razón más importante para el rechazo de la Unión Europea al reconocimiento de Turquía como miembro de pleno derecho.

Es muy interesante que los musulmanes turcos vieran su destino en la alianza con otros países no-musulmanes (OCS y BRICS). Tras el colapso del mundo bipolar, todos fuimos testigos de una nueva fase de imperialismo encabezado por Estados Unidos disfrazado bajo mágicas pero vacías palabras (globalización, liberalismo, humanitarianismo, democracia, y auto-determinación) que solamente apuntaban a extender la hegemonía de Estados Unidos por todo el mundo en contra de los intereses de todas las demás naciones. Los objetivos irresponsables y presumidos de Estados Unidos, sin duda serán derrotados por la colaboración de las grandes naciones de Eurasia. El fin del conflicto llegará tal como sostiene la ideología protestante de Estados Unidos, ¡pero Estados Unidos no saldrá victorioso! La intervención militar de Rusia en Siria y la alianza encubierta ruso-turca para preservar la unidad territorial de Siria ha detenido los planes de Estados Unidos en Oriente Medio. Según se incrementa la colaboración de las naciones euroasiáticas, veremos más derrotas de Estados Unidos en otras regiones del mundo.

Fuente: http://katehon.com/es/article/turquia-dice-no-los-eeuu-y-la-ue

El momento del giro en la política exterior de Rusia

Lavrov, ministro ruso de Asuntos Exteriores
Juan Manuel Olarieta
A la vista de la intervención de Rusia en la guerra desatada por los imperialistas contra Siria, son muchos los que se preguntan por qué no hizo lo mismo en Libia, por qué no trató de impedir la caída de Gadafi. El mero planteamiento de la duda es muy interesante y quizá se podría responder diciendo que el motivo es que Siria no es Libia o, quizá más exactamente, que Siria no representa para Rusia lo mismo que Libia. Siria es el corazón de Oriente Medio y está a una hora de vuelo desde Rusia: forma parte de su zona de seguridad.

Para no caer en simplificaciones, hay que recordar aspectos ilustrativos, como el hecho de que Rusia no interviene en Siria desde el principio y que si entendemos por intervención, la intervención militar, ésta sólo se produce después de cuatro años de guerra. Tanto la caída de Gadafi como la de Bashar Al-Assad se inician con la Primavera Árabe, por lo que forman parte del mismo proyecto imperialista y basta recordar las declaraciones de los dirigentes rusos en 2011 para darse cuenta de cuáles eran sus posiciones entonces: decían lo mismo que los estadounidenses, o los británicos, o los franceses. No es, pues, de extrañar que algunos metan en el mismo saco a Rusia que a Estados Unidos, o a Francia, o a Gran Bretaña.

Pongamos el ejemplo de Lavrov para ver el vuelco en la política exterior rusa. En una entrevista a la radio Ejo Moskvy, el 4 de marzo de 2011 el ministro ruso de Asuntos Exteriores calificó el levantamiento en Libia como una “explosión popular espontánea” causada por las condiciones económicas internas del país y un ejercicio autoritario del poder. Así se pueden poner numerosos ejemplos de otros países árabes víctimas de la Primavera y otros dirigentes rusos, cuyas declaraciones eran intercambiables con las estúpidas que escuchábamos por aquí.

Por lo tanto, es evidente que en cinco años ha habido un cambio muy radical en la política exterior rusa. Lo que no puedo admitir, ni como hipótesis, es que Rusia no supiera quiénes estaban cocinando realmente las Primaveras Árabes, por lo que concluyo que entonces su política era la de seguir haciendo concesiones, que es la política más vieja y errónea que se conoce ante el imperialismo: la del Pacto de Munich, la de la división de Checoslovaquia, la del Anchluss de Austria, la de la guerra civil española…

Hace décadas que Rusia lleva haciendo concesiones al imperialismo. Es la esencia de su política exterior desde 1956, desde los tiempos soviéticos, la principal de las cuales fue suponer que la voracidad de Estados Unidos se apagaría desmantelando la URSS y el Pacto de Varsovia, la máxima prueba de “buena voluntad” por parte del Kremlin. Esa política rusa (y soviética) no sólo no ha frenado al imperialismo, sino todo lo contrario, ha estimulado su agresividad.

Al mismo tiempo, la política de hacer concesiones demuestra un factor muy importante en la situación internacional: que Rusia ha estado y está a la defensiva, por lo que el ritmo de los acontecimientos lo marcan en Washington.

Pero si eso es importante hay algo que lo es aún más: el objetivo militar y estratégico de Estados Unidos no son los países secundarios del escenario mundial sino Rusia (y China). Durante años Rusia ha tenido sobradas muestras de que Estados Unidos no va a parar jamás hasta lograr su destrucción (y la de China), un objetivo que, como se está demostrando, es independiente del régimen social existente en ambos países.

Dice el refrán que “a la fuerza ahorcan” y Rusia no hubiera cambiado nunca su política de concesiones si los imperialistas no se hubieran plantado delante mismo de sus narices, sobre todo desde del golpe de Estado fascista en Ucrania en 2014. El máximo ejemplo de ese cambio fue la anexión de Crimea. Por fin, los rusos habían dicho “basta”.

Por lo tanto, la Guerra de Siria está relacionada estrechamente con la del Donbas. A partir de 2014 Rusia se dio cuenta de que lo que el imperialismo estaba discutiendo en Siria no era un asunto regional, propio de los países árabes y de Oriente Medio, sino internacional: en Siria se juega el futuro de la propia Rusia y en cuanto el Kremlin se ha plantado, fulminantemente, el imperialismo ha padecido una de sus más severas derrotas desde 1945, sólo comparable a la de Vietnam.

En Siria la guerra sigue y es muy posible que los imperialistas no dejen que nunca llegue la paz, pero sus planes ya han fracasado… en parte, porque realmente el verdadero plan del imperialismo es la guerra misma. Tal y como hoy lo conocemos, el imperialismo sólo se puede sostener por la guerra.

El pleno del Comité Central del Partido Comunista de China está marcado por la corrupción

Ayer inició sus sesiones el VI Pleno del Partido Comunista de China, donde los aproximadamente 400 miembros del Comité Central debatirán, especialmente, sobre la situación interna del Partido y del país. El lema central de la reunión lo dice casi todo: “Gobernar el partido de una manera convincente” porque desde hace muchos años la credibilidad del PCCh es prácticamente nula, dentro y fuera de sus filas, como es lógico en un país capitalista dirigido por un partido que se sigue calificando de “comunista”.

En una reunión tras otra, la corrupción sigue siendo el tema estrella de los dirigentes que, como en España, únicamente alcanzan a hablar sobre ella y de la “lucha” contra ella. Desde la llegada al poder en 2013, la campaña lanzada por Xi Jingping ha llevado a la cárcel a cientos de miles de afiliados, “tigres” y “moscas”, grandes jefes y pequeños cuadros.

La lucha contra la corrupción es de tal envergadura que ha bloqueado cualquier otro debate. El país está paralizado. Ante el temor de ser acusados de corrupción, los funcionarios están paralizados. Las reuniones, los regalos, los gastos, los viajes, los proyectos, las cenas… Todo está bajo sospecha. La dirección quería dar pasos aún más decididos en la misma línea que las demás potencias capitalistas: reconversión, privatización, desregulación, apertura al exterior… No ha podido llevar a cabo nada de eso porque el PCCh está completamente paralizado.

La lucha contra la corrupción es la excusa perfecta para depurar a los viejos y que lleguen los nuevos, los fieles e incondicionales a Xi Jingping, por lo que como en cualquier otro país capitalista, los periodistas hacen quinielas sobre los que salen y los que entran.

Xi ha descrito al Partido Comunista de China como un “arma mágica”. Pronto cumplirá un siglo de historia, tiene casi 90 millones de afiliados, el doble que toda la población española. Sin embargo, su presencia en la sociedad es ínfima en la actualidad. Como en cualquier otro país capitalista, es más bien un aparato del propio Estado, una organización burocrática, que reúne en sus filas a los dirigentes centrales y locales de las instituciones públicas.

La magia de los “comunistas” chinos es muy vieja. No engaña a nadie. Lo mismo que la dirección política en Rusia, el Partido Comunista de China es de ideología nacionalista, muy condicionado desde su misma fundación por el vasallaje colonial impuesto a China desde comienzos del siglo XX y ahora por asegurarse las mejores relaciones posibles con los vecinos, especialmente en la cuenca del Pacífico y Asia central.

A los “comunistas” chinos les retratan acuerdos como el que firmaron solemnemente en 2013 con María Dolores de Cospedal, la secretaria general del PP español, por el que ambas organizaciones iniciaron un diálogo característico: los españoles se comprometían a no intervenir en los “asuntos internos” de China y a cambio los chinos se encargaban de todo lo demás, es decir, de favorecer la cooperación en los ámbitos económico, comercial, científico, tecnológico y cultural.

¿Dónde está la magia? Los chinos sólo quieren que les dejen en paz; los españoles sólo quieren que alguien les saque las castañas del fuego, o sea, del hundimiento económico.

¿Hacia dónde va la economía española?

Darío Herchhoren

Durante el corto período republicano España intentó iniciar un proceso de industrialización para lo cual se abrieron lineas de crédito para el desarrollo industrial, la mecanización del agro, las industrias de transformación de la carne y los productos agropecuarios.

Además de todo, la República Española comenzó una política de transformación y desarrollo de la minería del carbón y de los metales ferrosos, promoviendo la fabricación de aceros para lo cual se utilizaron las piritas de Huelva y el carbón asturiano.

Tras la guerra civil el gobierno fascista de Franco y en especial el ejército impulsaron lo que se llamó la autarquía, es decir utilizar las capacidades nacionales sin depender del exterior.

En ese sentido España aplicó una política muy similar a la iniciada antes por la Alemania nazi y la Italia fascista.

En España se impulsó la empresa CAMPSA, que se hizo cargo del monopolio del petróleo, y se crea la empresa Hunosa, que se encarga de la explotación de los carbones y lignitos, ENSIDESA, que impulsa la fabricación de aceros, y los Altos Hornos del Mediterráneo en Sagunto y los Altos Hornos de Vizcaya en el país Vasco.

Mediante generosos créditos se impulsó la industria nacional de fabricación de buques de altura, con empresas como Bazán, y los astilleros gallegos en El Ferrol, la empresa Pegaso, Orbegozo, Barreiros, y la creación del Instituto Nacional de Industrias (INI). Todo este entramado industrial, engendra un efecto de creación de un proletariado industrial, que crece a expensas del abandono del campo por parte de una importante cantidad de población que deja las actividades agrarias en busca de trabajos mejor remunerados, y con jornadas de trabajo tasadas en lugar de las interminables horas de trabajo rural.

Comienza entonces un éxodo hacia las ciudades importantes y sus suburbios, que no están preparados para absorber esa cantidad de personas y sus necesidades de viviendas, escuelas, hospitales, centros de ocio y de compras.

Todo esto genera la creación de un proletariado industrial, no politizado, pero que muy pronto comienza a despertar, y a reclamar mejores condiciones salariales y de trabajo.

Con la muerte del dictador, la burguesía española aplica hábilmente el principio lampedusiano de “que todo cambie para que todo quede como está”, y en aplicación del mismo se promulga la Constitución Española de 1978, que legaliza los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones de todo tipo, y comienza un período de alianza de la burguesía española que se había enriquecido durante el franquismo, con el capital transnacional.

Eso significaba el abandono de las políticas proteccionistas del franquismo por un lado, y la competencia con otros actores económicos más preparados. España, pasa a convertirse en un país industrial; pero no es un país plenamente desarrollado. Es un país periférico del desarrollo. No tiene tecnología propia, y desarrolla una industria que utiliza patentes extranjeras, para fabricar sus productos. Es un país tributario de las economías de los países centrales como Francia, Alemania, Reino Unido, y sobre todo Estados Unidos.

La llegada del PSOE al gobierno español, y sobre todo su ingreso en la Unión Europea implicó la práctica destrucción de las industrias básicas españolas. Se cierran los Altos Hornos de Vizcaya y de Sagunto, se acaba con Ensidesa, se liquida la flota pesquera, que era una de las mayores del mundo, y se convierte a España en un país de servicios.

A cambio de ello, se crean los ferrocarriles de alta velocidad a un costo enorme, para pagar la deuda política que el PSOE mantenía con la socialdemocracia alemana que había financiado la campaña del PSOE de 1982, y como pago de los favores franceses a la persecución policial contra ETA, se contratan los trenes de Alsthom para las lineas de alta velocidad, y las locomotoras Siemens para arrastrar esos trenes. Todos sacan ventajas menos España y los españoles.

La llegada del PP al gobierno español significa la ruina total de la economía española, que siguió aplicando la misma política del PSOE de beneficio de la inversión extranjera y de perjuicio del capital nacional. El PP nacionaliza la deuda privada y la convierte en deuda externa del país. De esa manera, llegamos a que España en la actualidad debe más del cien por ciento del producto bruto interno (PIB). Este es un dato oficial, que está trucado a la baja. El economista español Santiago Niño que es un estudioso independiente de la deuda externa y sus consecuencias, afirma que en realidad la deuda externa española es de cerca del ¡300 por ciento!

Es indudable  que España no puede pagar su deuda. Si lo hace no podrían pagarse los sueldos de la administración pública, ni las pensiones, ni los gastos de educación, ni de sanidad, ni de mantenimiento de los gastos corrientes.

Esa es la situación real de la economía española. La deuda es impagable. La solución: desconocer la deuda por ilegítima, utilizando para ello la teoría de la deuda odiosa, que consiste es que esa deuda no ha sido contraída en beneficio del pueblo español.

Además de todo ello, el paso siguiente debe ser la salida de la Unión Europea, y la reconstrucción de la industria y el comercio español orientando eso hacia el mercado histórico español que es Sudamérica y África, y pagando en la moneda nacional.

Dylan, Sartre y el Nobel de Literatura

B.
Parece que el recientemente galardonado con el Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, anda por ahí semioculto sin que la Academia sueca dé con su paradero para saber, por lo menos, si tiene intención de recoger el premio y su nada desdeñable cuantía económica o «passsha» de todo. Sea lo que sea lo que haga  el bardo de Minnesota, será considerado como una extravagancia típica de los «genios» -al final irá y cobrará, ya lo verán- que, desde luego, no tiene nada que ver con la actitud de Jean Paul Sartre -guardando las distancias entre un caso y otro que tampoco son tantas, si bien se mira- y su real rechazo del Nobel de Literatura que le otorgaron en 1964 y, como decimos, declinó.

Preguntado por una revista francesa los motivos de su rechazo al galardón, entre otras cosas, Sartre dijo: «¿Por qué rechacé ese premio? Si hubiera aceptado el Nobel -y aunque hubiera hecho un discurso insolente en Estocolmo, lo que hubiera sido absurdo- habría sido recuperado (por el ‘sistema’, diríamos hoy. Nota mía). Si hubiera sido miembro de un partido, del partido comunista, por ejemplo, la situación hubiera sido diferente. Indirectamente hubiera sido a mi partido que el premio habría sido discernido (sic); es a él, en todo caso, que hubiera podido servir. Pero cuando se trata de un hombre aislado, aunque tenga opiniones ‘extremistas’, se lo recupera necesariamente, de un cierto modo, coronándolo. Es una manera de decir: ‘Finalmente es de los nuestros’. Yo no podía aceptar eso”.

Sartre, en octubre de 1964, ya era famoso por su solidaridad con causas progresistas como el Mayo francés (aunque hubo otros «mayos» por ahí), la revolución cultural china, la revolución cubana y la guerrilla venezolana, la guerra de Vietnam y, sobre todo, con la guerra de independencia de Argelia, por entonces colonia francesa. También organizó y formó parte del «Tribunal Russell» en absoluto sin tener que ver con los «Human Right Watch» o «Amnistias Internacionales» actuales financiados por magnates y financieros tipo Soros.

Sartre lo tenía claro:»el premio Nobel es objetivamente una distinción reservada para los escritores de Occidente o los opositores del Este», sostuvo por aquella época. Época de plena «guerra fría» (cool war) en que  surgían, cuando no se promocionaban, los a la sazón llamados «disidentes» (con el socialismo, claro, con el «real», y no el «socialismo con rostro humano», que decían defender ellos, los «disidentes»), otrosí los «opositores» a los que se refiere Sartre.

Hombre, hablando de Dylan, por allí asoma. Como Moby Dick…

Buenos días.

Turquía ha sido expulsada de la ‘coalición internacional’ que interviene en la Guerra de Siria

Mañana se reúnen en París los ministros de Defensa de los países que forman parte de la llamada “coalición internacional”, el heteróclito grupo de fuerzas imperialistas reclutadas por todo el mundo para intervenir en la Guerra de Siria, sin que nadie les haya llamado para ello.

A pesar de su pertenencia, cada vez más formal, a la OTAN, el ministro turco Fikri Işık no ha sido invitado, otro de los síntomas de que Turquía se ha movido del sitio que venía ocupando desde el principio de la Guerra Fría en 1945. Aunque el motivo de la ausencia no está claro, parece que no se trata de que el gobierno de Erdogan no quisiera ir, sino de que no les han invitado, de que la OTAN ha perdido la confianza en sus viejos aliados de Ankara.

Sin embargo, la diplomacia turca sí participó en la reunión de la semana pasada que preparó la estabilización futura de Mosul, una intervención de menor cuantía que no altera el hecho de que, desde el punto de vista militar, Turquía está fuera de juego en la Guerra de Siria y que, aparentemente al menos, no coordina sus operaciones militares con nadie. Se podría decir que hace la guerra por su cuenta, que es lo peor que se puede decir de alguien que está metido en una guerra.

Eso parece dar la razón a los que afirman que, por primera vez en la historia militar, ha estallado una guerra en la que no hay dos bandos sino posiblemente tres o cuatro, pero nadie es capaz de decir cuáles son esos bandos y quién lucha contra quién. Es extraño, pero no cabe descartar nada de eso porque estamos hablando de Oriente Medio, que desde hace 100 años los imperialistas han convertido en el reino de taifas por excelencia.

Hay muchos síntomas de la confusión propia de una guerra de “todos contra todos”. El sábado el Estado Mayor del ejército turco informó de que, por segunda vez en dos días, sus fuerzas aéreas habían realizado ataques contra 70 posiciones sostenidas por el conglomerado kurdo de siglas PKK-PYD que, a su vez, forma parte de las denominadas Fuerzas Democráticas de Siria, junto a algunas pequeñas milicias árabes, que Estados Unidos dirige, apoya y protege en el norte de Siria.

Al mismo tiempo que se producían esos bombardeos, el jefe del Pentágono, Ashton Carter, estaba de visita en Ankara tratando de arreglar un viejo matrimonio entre dos países en el que las recientes rencillas están causando estragos.

Al menos de puertas afuera, Carter dice que Turquía debería colaborar en la batalla de Mosul, en Irak, para desalojar al Califato Islámico. No se ha debido enterar de que quien se opone a ello es el actual gobierno de Irak, no el turco. ¿Se le abren las puertas de Irak a Turquía al mismo tiempo que se le cierran las de Siria?

Gracias al apoyo aéreo de la llamada “coalición internacional”, las Fuerzas Democráticas de Siria desalojaron a los salafistas de la ciudad de Manbi, al tiempo que Turquía inició la ocupación del norte de Siria para impedir que el PKK-PYD se consolidara en Rojava y uniera las zonas de Afrin, Kobane y Yazira bajo el mando de un único gobierno autónomo kurdo tutelado por Estados Unidos.

Lo mismo que en Siria, el ejército turco está presente también en el norte de Irak, en Bachika, una localidad al noroeste de Mosul, donde ha formado su propia milicia local, denominada “Gran Nínive”, integrada por unos 2.000 combatientes dirigidos por  Atheel Nujaifi, el antiguo gobernador de Mosul, a quien el gobierno irakí acusa de haber facilitado que el Califato Islámico capturara la ciudad, hasta el punto de que ha ordenado su detención.

Las relaciones de Erdogan con el gobierno central de Irak no son buenas, lo que contrasta con su familiaridad con el gobierno autónomo de Barzani. Es otro indicio de lo que parece una guerra minifundista de “todos contra todos” en la que los kurdos de uno u otro bando, de uno u otro país, se mueven como pez fuera del agua.

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