mpr21

La web más censurada en internet

Archivos (página 1140 de 1509)

El arte de las portadas de libros soviéticos en los años 30

Olivia Camp

A menudo allá donde menos se espera se encuentran cosas magníficas, maravillosas, como una colección de cientos de portadas de libros soviéticos de los años 30 puestas en dominio público por la Biblioteca Pública de Nueva York. Tal vez estuvieran al alcance de cualquiera en algún archivo de la actual Rusia, o tal vez no. Sea como fuere, en enero de 2016 la New York Public Library puso a disposición de quien quisiera prestarles atención un total de 656 portadas de libros soviéticos, fundamentalmente de la década de los 30, perfectamente digitalizadas y en dominio público. Cualquiera puede visitarlas en la excepcional web de la Biblioteca, y descargarlas gratuitamente. El magazine neoyorquino The Paris Review fue el primero en hacerse eco de la noticia.

Se pueden hacer infinitas selecciones entre las más de seiscientas muestras de portadas digitalizadas en Nueva York. Cualquier recorrido por parte o el conjunto de la colección deja una verdad incontrovertible: la calidad artística de un trabajo, en principio, subsidiario de la obra literaria, de funcionalidad artesanal, podría decirse. Lo que en su contexto no debió ser más que algo acostumbrado, el paso del tiempo lo devuelve convertido en arte. Con estas portadas ocurre algo similar a lo que pasa con la cerámica antigua, que un simple vaso o un plato de hace mil quinientos años, industrialmente decorados, son hoy piezas que trascendieron su uso primero para convertirse en símbolos definitorios de una determinada cultura, en forma de medir el desarrollo de una sociedad. Las portadas de los libros soviéticos de los años 30, de la misma manera, dan testimonio del grado de desarrollo artístico de la sociedad que los produjo, más si cabe por tratarse de un arte inserto en objetos de uso cotidiano y masivo, extrañamente… libros. Otra sociedad, por lo que parece, ampliamente desconocida, funestamente distorsionada en su percepción histórica actual. La colección Scrap book of Russian bookjackets, 1917-1942, de la Biblioteca Pública de la Gran Manzana, por lo tanto, es una excepcional fuente de investigación histórica, además de un deleite estético.

Es llamativa no solo la calidad pictórica de las portadas de aquella época, sino la concepción tan moderna y narrativa de muchas de ellas. Constituyen una parte más de la historia que el libro contiene en sus páginas. La portada no es un mero receptáculo con el título y el nombre del autor en cuidada tipografía, sino parte de un trabajo artístico más extenso, que conduce a la contraportada, e incluso a las solapas del libro, cuando las tiene. Hay un diálogo entre la parte delantera y la posterior del ejemplar, es decir, una forma inmediata y original, sorpresiva, de comenzar a leer el libro, de introducirse en la historia o tema que nos vaya a narrar. El grado de experimentación alcanza puntos sublimes, tan valientes que incluso hoy día resultan del todo imposibles, como la edición de un libro sin que aparezca en ninguna parte de sus tapas ni el título de la obra ni el nombre del autor, y más cuando se trata de la edición de una de las afamadas obras maestras de un grande de la literatura como Ánton Chejov. ¿Se imaginan algo así, hoy, con cualquiera de las grandes plumas de la literatura mundial?

En tiempos de lectura digital es casi un deber reclamar la belleza del libro en papel. En tiempos de confusiones históricas es también un deber romper una lanza por determinados episodios históricos, falazmente tergiversados. En tiempos de tanta atrocidad, es un deber más allá del placer disfrutar con maravillas como las portadas literarias soviéticas de los años 30. Deléitense.

http://drugstoremag.stfi.re/2016/03/el-bello-arte-de-las-portadas-de-libros-sovieticos-en-los-anos-30/?sf=oeprbne
 

La filosofía del tendero

Bianchi

Las supuraciones y excrecencias de un sistema y/o modo de producción tan bestial y salvaje como el capitalismo dan motivos sobrados para acabar con él cuanto antes aunque sólo sea por cuestiones de salud pública y medidas profilácticas y, como dicen los mexicanos, «a como dé lugar». Los desahucios son un ejemplo sangrante, pero hay muchos más, la pobreza, el paro, etc. Nos pasan imágenes por las televisiones de desahucios, que le hacen a uno hervir la sangre, pero no para excitar nuestro sentido -elemental- de la justicia, sino para que nos acostumbremos a ellas, a esas imágenes, a considerarlas algo «normal» y, apurándonos, «natural». Es como cuando en Irak uno se despertaba con el coche-bomba de rigor. O, en España, que siempre ha sido de ellos, de los fascistas, no nuestra, nos exhiben -ya sin rubor, impudicamente- los casos de corrupción que los más lerdos y amorales traducen como que en la piel de toro eso demuestra que existe un Estado de Derecho, y es que con Franco se robaba más -he leído por ahí- sólo que se tapaba, no como ahora, esto es, tenemos que estar agradecidos, encima. Lo que se pretende es que nos «acostumbremos», que la piel se nos ponga dura como el caparazón de un armadillo como su cara de cemento cuando mienten, que seamos insensibles.

Como todo lo copian, también lo hacen -igual hasta sin saberlo de lumpenburgueses que son- del Imperio, esto es, norteamericano, ya de capa caída, pero no en lo «cultural». En las novelas yankis de la posguerra, incluido Mailer, el trasunto -el «mensaje», como se decía en tiempos existencialistas- era el nihilismo y el ahí-te-las-compongas. Ni siquiera la excelente «novela negra» de los años veinte de los Hammet o Chandler, realista y crítica, pero desazonante. Ve uno cómo el penúltimo tarado se sube a un campanario y se lía a tiros contra todo lo que se menea y dice: «son gringos, zumbados». Y sí, en efecto. Aquí-se consuela uno- no hemos llegado a eso. Sin embargo, el veneno de esa deshumanización llega y se importa acá en forma de indiferencia, que es lo que tratan de transmitir, este es el quid, ante el dolor y la desgracia ajena. Y ello porque se trata, en la jungla de asfalto, en el «mundo libre», de la supervivencia individual. Es aquello de «es tu problema», que en esto consiste la filosofía -la ética- del tendero.

En la sociedad norteamericana, imbuida de calvinismo puritano, se priman a los «ganadores» (winners, como la entrega de los Óscars) y los «perdedores» (losers) es porque se lo han buscado ellos mismos. El sistema es neutral, inmaculado. Ya está bien de echar la culpa a la «sociedad» de la incompetencia -por vagos- de uno. Pero si allá la libertad de empresa es algo sagrado, que incluye la corrupción y lo que llaman «igualdad de oportunidades», acá se roba con la complicidad del sistema, no importa quién gobierne, que tapa, hasta donde ya resulta contraproducente, los casos de corrupción. En Estados Unidos los hay que se suicidan cuando los negocios les van mal; aquí, no. unos meses, a lo más, en el trullo, y venga. Siempre contarán con los micrófonos del fascista Carlos Herrera para poder despacharse y «defenderse».

En los USA, sin apenas historia, no conocieron la picaresca; aquí, con más historia, sí. El pícaro Lazarillo hacía sus trapacerías por hambre; ahora, por robo y avaricia, un pecado capital, según la Iglesia. A ver si vuelven los escraches, por lo menos. O darles de ostias, por lo más. Y me quedo corto. Porque lo más es tumbar este infame sistema y que se vayan todos, incluidos los de «Podemos», por el sumidero de la Historia. Amén.

Arrivederci.

Hitler copió el modelo racista de Estados Unidos

La legislación racista de Estados Unidos inspiró al III Reich. En su obra “El modelo americano de Hitler” el profesor de la Universidad de Yale, James Whitman, ha estudiado el impacto americano sobre las Leyes de Nuremberg, la pieza central de la legislación racista aprobada por los nazis.

En los primeros años de la década de 1930, las Leyes de Nuremberg fueron aprobadas por los nazis inspirados por la legislación racial estadounidense. El propio Hitler, en su Mein Kampf, escrito en 1925, describe a Estados Unidos como el único estado que había avanzado hacia la creación de “una sociedad racista sana”.

Los nazis estaban fascinados por la conquista del oeste y el exterminio sistemático de millones de indígenas. Después de tomar el poder en 1933 copiaron el modelo estadounidense porque admiraban la supremacía blanca que se había impuesto al otro lado del Atlántico.

En Estados Unidos el racismo no era cosa de unos exaltados con sábanas y cruces ardiendo, sino un elemento institucionalizado y regulado. A principios del siglo XX, era el país más “avanzado” (atrasado) en cuanto a legislación racista, y no solo en los estados del sur, sino también a escala federal. Su ley de inmigración se basaba en la raza y era aplaudida por los racistas de todo el mundo.

Los nazis, los de entonces y los de ahora, están obsesionados con los peligros de la inmigración y Estados Unidos era un país único por la dureza de sus leyes de segregación racial, que no sólo prohibían matrimonios entre razas, sio que amenazaban a las parejas de raza mixta con castigos criminales severos. Los juristas nazis estudiaron los estatutos de estados desde Virginia a Montana, que tenían formas de ciudadanía de segunda clase para grupos minoritarios -como chinos, japoneses, filipinos, puertorriqueños y nativos americanos- de gran interés para los nazis cuando se propusieron crear sus propias formas de ciudadanía de segunda para algunos alemanes.

El 5 de junio de 1934, un año y medio después de que Hitler se convirtiera en canciller, los principales juristas de la Alemania nazi se reunieron para redactar las Leyes de Nuremberg. Se hizo una transcripción literal por taquígrafo, como un registro del momento crucial en la creación de su nuevo régimen racial. Esa transcripción revela que hubo discusiones sobre las leyes racistas vigentes en Estados Unidos.

El ministro de Justicia presentó un memorándum sobre ellas que fue un documento recurrente en las discusiones de la sesión. Entre otras cosas, se debatió si debían importar la segregación de las leyes Jim Crow al III Reich.

Se repasaron los estatutos de los 30 estados que criminalizaban los matrimonios mixtos. Revisaron cómo determinaban quién entraba en la definición de “negro” o “mongol” para considerar esas técnicas, darle su propio enfoque y establecer a quién podía considerarse como inferior.

https://www.gonzoo.com/actualidad/story/como-hitler-modelo-la-alemania-nazi-segun-las-leyes-raciales-americanas-5498/

Estados Unidos quiere exterminar a la ‘legión extranjera’ del yihadismo

El general James Mattis
El director del Comité contra el Terrorismo de la ONU, Jean Paul Laborde, ha sido uno de los muchos que ha expresado recientemente su temor sobre el retorno a Europa de los yihadistas europeos que se fueron a combatir al gobierno de Bashar Al-Assad en la Guerra de Siria.

A los europeos no les importó cuando marcharon, pero sí les importa que regresen.

Lo que ni Laborde ni ningún otro admite en las cancillerías europeas es que con tanto yihadista que hemos exportado a Siria, debemos dejar de hablar de guerra “civil” en Siria. Empieza a quedar claro que en dicha guerra casi todos los sirios están en un único bando: el que encabeza el gobierno de Damasco.

Según Laborde, en el último año el número de yihadistas retornados desde Siria ha aumentado un tercio. Informes oficiales de la ONU indican que de los 30.000 combatientes del Califato Islámico, casi la mitad han tomado el camino de vuelta a casa, porque “la casa” del yihadismo no es otra que Europa. En otras palabras: en Europa los yihadistas están como en su casa.

Portavoces de Estados Unidos han reconocido que no quieren que los yihadistas regresen. Hace unos días, el jefe del Pentágono, el general Mattis, ha hablado de que Trump le ha ordenado el inicio de una “campaña de exterminio” contra los yihadistas, pero sólo contra los que sean “extranjeros”, cuando en Irak y Siria son extranjeros (casi) todos ellos.

“Los combatientes extranjeros son una amenaza estratégica si regresan a Túnez, Kuala Lumpur, París, Detroit o cualquier otro lugar”, ha dicho Mattis.

Eso puede tener varios significados. Algunos dicen que van a cercar las posiciones de los yihadistas para impedirles cualquier posibilidad de fuga. Pero lo cierto es que sobre el terreno no hay ningún cerco. Lo que las últimas campañas militares ponen de manifiesto es una aceleración de las operaciones de las tropas estadounidenses, a las que se las ve con bastante prisa.

Para incrementar la rapidez de respuesta, el Pentágono ha ampliado las facultades de los jefes militares que están sobre el terreno, que no necesitan evacuar consultas para tomar determinadas decisiones.

En Tabqa también han intensificado los bombardeos sobre las columnas yihadistas que abandonan sus posiciones o se desplazan.

Pero es difícil no imaginar que el exterminio de los yihadistas también tiene por objeto silenciarles, que no se sepa quién, cómo, dónde y cuándo fueron reclutados y conducidos a Siria.

El hecho de que sólo se persiga el exterminio de los “extranjeros” precisamente puede significar que a los demás los necesitan sobre el terreno y que los imperialistas no van a dejar de hostigar al gobierno de Damasco a corto plazo. Es posible que pretendan reconvertir la guerra actual en una ofensiva terrorista en la retaguardia, sin frentes delimitados.

La heridas de la Guerra de los Balcanes no acaban de cicatrizar

El año pasado el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoeslavia dictó sentencia en los juicios que tuvieron lugar contra los serbios Radovan Karadzic y Vojislav Seselj. La decisión judicial pasó muy desapercibida para los medios de comunicación, por lo que en algún lugar debe haber gato encerrado. Estamos hablando de acusaciones graves, como crímenes de guerra, genocidio y otros espantos que tanto escandalizan a los “humanistas” y las ONG.

En Europa a nadie le interesa recordar la destrucción de la antigua Yugoeslavia, la ingente cantidad de matanzas cometidas y la intervención en ellas de la Unión Europea, especialmente Alemania, y de la OTAN.

Tras la liquidación de Yugoeslavia, en 1992 a Radovan Karadzic le nombraron Presidente de la República Srpska, que entonces la prensa renombró como “República Serbia de Bosnia”. Algunos serbios, como Karadzic, creyeron que una vez que el mapa se dividió en pedazos, podían continuar dividiendo y subdiviéndolo en trozos cada vez más pequeños.

Lo mismo que Gadafi en Libia o Bashar Al-Assad en Siria, el imperialismo puso a los serbios la etiqueta de “malvados” y no les dio tregua en ninguno de los rincones: ni en Bosnia, ni en Croacia, ni en Montenegro… ni en Serbia.

No hace falta explicar que el flamante Tribunal, sus jueces y fiscales, son un rebaño de peleles con toga impuestos por los imperialistas después de bombardeos sobre la población con armas de uranio y que los primeros y principales criminales fueron matarifes como Javier Solana, entonces Secretario General de la OTAN.

Para no alargar la explicación, aquí hablaremos sólo de Karadzic, a quien dicho Tribunal condenó por todos los delitos de los que le acusaba el fiscal, excepto uno, que es justamente el que merece la pena analizar ahora. Se trata del genocidio cometido en siete municipios de Bosnia (Bratunac, Focha, Kljuc, Prijedor, Sanski Most, Vlasenica y Zvornik) que se debían sumar al más importante y conocido de todos los genocidios: el de Srebrenica.

En cualquier guerra es necesario el empleo de voces fuertes como “genocidio” u “holocausto” para justificar y edulcorar grandes matanzas y bombardeos como las de la OTAN. Pero uno de los crímenes de genocidio se cayó del cartel, no porque no hubiera un gran número de muertos sino porque no hay constancia de que Karadzic tuviera alguna participación en ellos.

En tales casos hay que preguntar que si Karadzic no fue, quién ordenó entonces los crímenes en masa que se cometieron. Pero también hay que deducir que si Karadzic no fue, entonces la OTAN bombardeó al bando equivocado y debió bombardear al bando contrario. Finalmente, la absolución de Karadzic en el genocidio de los siete municipios deja en el aire también la cuestión del gran genocidio de Srebrenica, del que recientemente se celebró un aniversario solemne.

Pero la gran matanza de Srebrenica es uno de esos tabúes históricos que casi todos los pueblos del mundo arrastran sobre su conciencia como si fuera su pecado original. En este caso la culpabilidad oficial recae sobre Serbia y ese tipo de imputaciones con membrete no se pueden borrar fácilmente, a no ser que el pecador, además de matar, quiera cometer un segundo pecado: no admitir que es el asesino.

Pues bien, Serbia aprobó recientemente un nuevo Código Penal entre cuyos delitos hay uno de esos que los historiadores de pacotilla califican como “negacionismo” y consiste en no admitir una verdad oficial, en este caso que en Srebrenica se cometió una gran matanza y que los culpables de ella son ellos mismos, los serbios.

Este tipo de delitos son delitos sobre delitos y cuando una verdad oficial se tiene que refrendar castigando al que afirma algo distinto, también hay gato encerrado. La verdad no necesita ningún Código Penal. Pero si la verdad necesita un Código Penal en Serbia, necesitará otro en Bosnia, y otro en Croacia, y otro en… en todas partes.

Ahora bien, ¿quién es el que necesita ese tipo de incriminaciones? Desde luego que no se trata de Serbia. La criminalización de los “negacionistas” de la matanza de Srebrenica es una imposición expresa de la Unión Europea para sacar al país del ostracismo en el que lo dejaron después de la guerra.

Por lo demás, aquella matanza es como las armas de destrucción masiva en Irak o los ataques químicos del ejército sirio en Jan Sheyjun. Lo que podemos y debemos decir sobre ella es lo siguiente: que fue utilizada por los imperialistas para liquidar los acuerdos de Dayton y con ellos, liquidar a la propia Serbia, un país agredido por el imperialismo que arrastra el estigma de los malditos como Estado “genocida” por más que los peleles del Tribunal Penal Internacional no se hayan atrevido a tanto.

Pero, ¿acaso eso importa a estas alturas de la historia?, ¿quién se acuerda ahora de este tipo de crímenes y matanzas? Los que siguen llorando.


Por cierto, casi se nos olvida. En su libro ‘Paz y castigo’ el portavoz del Tribunal, Florence Hartman, relata un incidente que pone de manifiesto la proximidad de los jueces y fiscales del Tribunal con los diferentes centros de inteligencia de las grandes potencias. Cuando al fiscal Jeffrey Nice algún periodista se atreve a preguntarse si iniciaría una acusación contra quienes ordenaron los bombardeos de la OTAN en 1999, responde:

‘Les aseguro que nosotros, la OTAN y los principales países occidentales somos los mismos que el Tribunal […] Les puedo asegurar que Louise Arbour [fiscal principal] sólo acusará a ciudadanos yugoeslavos y a ningún otro’.

Más datos a tener en cuenta que no podemos pasar por alto: no crean que un tipo de la calaña del fiscal Nice es un vulgar picapleitos. Se trata de un miembro veterano del MI6, el servicio secreto británico.

Lo mismo podemos decir de los demás jueces y fiscales, cuidadosamente seleccionados para la ocasión.

Tres organizaciones gays francesas presentan una demanda contra Chechenia por ‘genocidio’

Tres organizaciones LGTB francesas (Stop Homofobia, Mousse y el Comité Idaho France) se han unido para presentar ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya una denuncia contra el gobierno de Chechenia acusándole de “genocidio” hacia el colectivo gay y acusando al presidente de la región, Ramzan Kadirov y otros funcionarios de perpetrar una “ola de persecuciones”.

Al presentar esta demanda Etienne Deshoulières, representante de las organizaciones que han interpuesto la demanda, ha dicho que Kadyrov es “el arquitecto del genocidio“. Además ha acusado al presidente checheno de “organizar campos de tortura con el deseo de exterminar a los homosexuales”. Alexandre Marcel, presidente del Comité Idaho France ha aclarado que presentar esta demanda es “la únia forma de perseguir este comportamiento nazi”.

Las organizaciones pretenden —según dicen— que el Tribunal Penal de La Haya investigue sobre el terreno las acusaciones contra el gobierno de Chechenia y detener la persecución de personas LGTB, que califican como “masacre”.

Eludiremos pronunciarmos sobre la absurda retórica de estas organizaciones LGTB francesas. En Chechenia no hay ninguna clase de “genocidio”, una expresión de la que se abusa muy frecuentemente, pero que jurídicamente tiene un contenido muy preciso porque está definido por una Convención Internacional de 1948.

Por lo tanto, es evidente que dicha demanda se presenta para seguir alimentando la catarata de falsedades contra Chechenia y, naturalmente, contra Rusia, lo que está resultando bastante fácil porque las declaraciones públicas de Kadirov y su gobierno no son especialmente hábiles. El Presidente checheno no ha sido casi nunca políticamente correcto —y menos en este asunto— porque no está acostumbrado a lidiar con los buitres de los medios de comunicación imperialistas, que le buscan la boca cada día.

Ni las noticias de la prensa ni la demanda al Tribunal de La Haya aportan ni un solo nombre de algún desaparecido o asesinado. Tampoco revelan algún tipo de documento o material gráfico que muestre las detenciones o la liberación de las víctimas. Solo hay testigos sin nombre.

La noticia original ha rodado por la pendiente como una bola de nieve y en cada revuelta ha adquirido un carácter más truculento y fantasioso. Todo vale porque hablamos de Rusia, un país asociado a la homofobia por culpa de Putin.

Pongamos un ejemplo. Entre otros, un medio especializado en temática gay, como Gay Star News, pone en boca de Kadirov la siguiente frase: “Si los homosexuales existieran en Chechenia, las fuerzas del orden público no tendrían que preocuparse por ellas; sus propias familias se encargarían de enviarlas a donde no pudiesen volver” (1).

Este tipo de falsedades son fácilmente verificables porque la frase no es de Kadirov y, sin embargo, ha circulado por todos los medios de comunicación. Sí, esos mismos que se lamentan de la enorme cantidad de bulos que circulan por internet.

A pesar de la ausencia de víctimas, algunos colectivos gays están recaudando fondos para ayudar a evacuarlas de Chechenia, como si fueran refugiados y posiblemente estén buscando a alguien que puedan poner delante de una cámara de televisión de la CNN para hacerla circular por el mundo entero.

El origen de toda esta campaña es, como ya hemos comentado en otra entrada (2), el periódico ruso de la oposición Novaia Gazeta. Los movimientos gays rusos se han opuesto a la misma y han denunciado activamente que se fundamenta en hechos falsos, por lo que hay que poner de manifiesto que los colectivos gays de occidente no actúan movidos por la defensa de los gays sino por otras razones que no han confesado pero que son harto evidentes: son auténticos secuaces de los imperialistas franceses, alemanes y europeos, en general.

Un militante del movimiento LGBT ruso, Vladimir Klímov, también ha desmentido las noticias de Novaia Gazeta en lo que le conciernen: “En vísperas de la publicación, nosotros hablamos con los representantes de Novaya Gazeta, ellos grabaron una entrevista de cerca de 30 minutos, en la que personalmente les informamos que estuvimos presentes [en la entrega de los papeles para el desfile]. Al otro día, sale el artículo con la información totalmente distorsionada […] El artículo me atribuye que me asusté, que no me atreví a viajar al Cáucaso, a pesar de que sí estuve presente personalmente”, ha dicho al canal Rossiya 24 (3).

El portavoz de GayRussia, Nikolai Alexeiev, ha exigido al periódico que rectifique publicamente la información y, respecto a las torturas y persecuciones de los gays en Chechenia, ha afirmado lo siguiente: “Los informes sobre la violación de los derechos de la comunidad LGBT deben ser investigados. Según conozco, el Comité de Investigación, la Fiscalía y la policía ya se están dedicando a eso y veremos a qué resultados llegan. Yo personalmente no he visto datos concretos sobre la persecución de personas en esa región”.

Entonces la pregunta es: ¿por que los gays aquí no hacen caso de lo que dicen los gays allí?, ¿por qué hacen lo contrario?, ¿qué intereses les mueven?

(1) http://www.gaystarnews.com/article/french-lgbti-groups-want-to-take-chechnya-to-the-international-criminal-court/
(2) https://mpr21.info/2017/04/el-gulag-de-los-homosexuales-en.html
(3) https://mundo.sputniknews.com/sociedad/201704221068588605-gay-gais-rusia-chechenia/

Se triplican las multas por ‘falta de respeto a la policía’

Las multas a ciudadanos por faltas de respeto a miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se dispararon en 2016. También las sanciones por desobediencia y/o resistencia a la autoridad. Y también, cómo no, la recaudación del Estado en base a estas sanciones, que en 2016 superó los 10 millones de euros, tal y como refleja el informe “Actuaciones en materia de protección de la seguridad ciudadana 2016”.

El artículo 37.4 de la conocida como ley mordaza, Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, contempla como infracción leve las “faltas de respeto y consideración” a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando estas conductas no sean constitutivas de infracción penal. Pues bien, solo en el año 2016 se interpusieron en España 19.497 multas por este concepto con un valor de 3.006.761 euros.

La cifra triplica prácticamente a la cantidad recaudada por este concepto en 2015. Entre 1 de julio y el 31 de diciembre del mismo año, el Estado interpuso 3.130 multas por faltas de respeto a la autoridad por un valor de 469.203 euros. Es decir, en 2016 se interpusieron seis veces más multas que en los seis últimos meses de 2015.

No obstante, no es el único caso en el que tanto las multas, como la recaudación, se ha disparado en 2016. Llaman la atención también el importante incremento de las sanciones por “desobediencia y/o resistencia a la autoridad”. En el año 2016, el Estado interpuso 12.094 multas en aplicación del artículo 36.6 de la ley mordaza, que supusieron un ingreso a las arcas del Estado de 7.525.227.

La cifra es notablemente superior a las multas interpuestas en los seis últimos meses de 2015. En este tiempo, el Estado interpuso 4.311 multas por un valor de 2.631.590.

El importante número de multas por desobediencia y faltas de respeto a la autoridad contrasta con el ínfimo número de sanciones de dos de los artículos más polémicos de esta ley: el que limita las reuniones o manifestaciones frente a las sedes del Congreso de los Diputados o el Senado y el artículo que prohíbe el uso no autorizado de imágenes de guardaespaldas o policías.

El primer caso está regulado por el 36.2 de la ley mordaza y solamente han sido interpuestas dos sanciones por este motivo por un importe total de 1.202, es decir, 601 euros por sanción. En el caso de la distribución de las imágenes de policías, el Estado ha impuesto en estos 18 meses un total de 44 multas por un importe de 26.688 euros.

No es casual que de todo el arsenal de infracciones que regula la ley mordaza precisamente se haya disparado las sanciones por “falta de respeto” a la autoridad. Se trata de la infracción que más depende de la subjetividad del policía y de la voluntad de los propios agentes. En los procedimientos administrativos la palabra de la policía tiene presunción de veracidad, mientras que es el ciudadano el que está obligado a demostrar que no es el responsable de las acciones que se le imputan.

Antes de la ley mordaza, las vejaciones leves eran juicios de faltas, aunque fuera algo muy leve un juez decidía si se había cometido una infracción o no. Pero ahora, con la ley mordaza, no hay procedimiento penal ni de ningún tipo. Se impone la multa con el criterio del policía y, probablemente, lo que no conseguían delante de un juez lo estén consiguiendo por esta vía.


http://www.publico.es/sociedad/ley-mordaza-multas-faltas-respeto.html

Internet es la gran cloaca del capitalismo

Juan Manuel Olarieta
A lo largo de la historia, la tecnología nunca ha sido algo puramente instrumental, ni una simple herramienta. Es un reflejo de la sociedad que la ha creado, del desarrollo de sus fuerzas productivas y, por lo tanto, de sus necesidades (económicas, políticas, sociales, culturales).

Pero no es sólo un reflejo pasivo de ella sino que, al mismo tiempo, la retroalimenta, la refuerza y la justifica.

Hoy la informática, los buscadores, los algoritmos tampoco son neutrales; reproducen fielmente la sociedad que los ha creado, sus mezquinos intereses lucrativos, su ideología clasista, su individualismo y su competitividad.

El reflejo del capitalismo en internet es ideológico, es decir, falso, distorsionado y deformado. No se trata de que todo lo virtual sea falso o una mentira. Tampoco de que sea ficción o invento, sino de que es ideológico, es decir, que lo cierto y lo falso coexisten en el mismo plano y la mayor parte de los usuarios no somos capaces de discernir uno de otro.

En los inicios de internet a los servidores se les llamó “esclavos” (en inglés “slaves”) en la jerga informática, rememorando la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, donde el usuario adquiere una sensación —falsa— de supremacía: es quien da las órdenes y ha adquirido la convicción de que, por ello mismo, por su condición dominante, “utiliza” el ordenador, “utiliza” su conexión a internet o “utiliza” un servidor, con el añadido de que, como cualquier negrero a la caza de esclavos, todo es gratuito y todo se puede aprovechar en su beneficio: puede ver películas, apoderarse de imágenes, descargar música, plagiar textos ajenos…

Con la informática llegó el torrente de quimeras pequeño burguesas, promovidas por “expertos” que no saben lo que tienen entre manos. Hablan de horizontalidad, transversalidad y de comunicación P2P, bidireccional, de un punto a otro, sin intermediarios, sin censura, sin límites. En internet hay sitios donde nos dejan discutir los artículos, e incluso votar a favor o en contra de ellos. Lo virtual es el imperio de la democracia en estado puro. Incluso los afiliados a Podemos, prototipo de conglomerado virtual, son el colmo de la modernidad digital: votan por internet.

El universo virtual ha logrado el sueño del capitalismo: que todo, incluidas las personas, seamos mercancías, tengamos un valor comercial y un precio. Quienes realmente nos hemos esclavizado a nosotros mismos en internet somos los miles de millones de usuarios que trabajamos muchas horas cada día, gratuitamente, al servicio de monopolios del tipo Google, Microsoft, Amazon o Tweeter.

Cada vez que visitamos un sitio o pulsamos un enlace, generamos dinero; cada vez que rellenamos un formulario para abrir una cuenta de correo electrónico, generamos dinero; cada vez que introducimos textos, fotos, música o vídeos en un servidor ajeno, generamos dinero.

Como todo universo ideológico, internet vuelve las cosas del revés. Los sirvientes son los amos, mientras los usuarios somos millones de pequeñas hormigas trabajando todos los días muchas horas sin parar y sin cobrar absolutamente nada. Los monopolios se apropian incluso de esos tan sagrados derechos de propiedad intelectual sobre los textos, las imágenes, la música, los juegos y los vídeos. Aunque las TOS (“terms of service”, condiciones de uso) digan otra cosa, esos servidores que los usuarios llenamos de contenidos, hacen con ellos lo que les da la gana: compran, venden, cambian, difunden, eliminan…

El usuario nunca es el dueño, siempre es el esclavo. A pesar del —falso— debate sobre la Ley de Propiedad Intelectual de 2014 (canon digital, tasa Google), en el universo virtual no existen las copias privadas. Aunque el usuario pague por una descarga, no adquiere nada porque no se considera como compra, sino como un alquiler permanente. Creemos que tenemos el disco duro lleno de música, por ejemplo, y seguimos vacíos; no es nuestra, no tenemos nada de nada.

Los ordenadores, las redes sociales, los programas informáticos e internet en su conjunto tuvieron un origen militar. Son, al mismo tiempo, el instrumento y el escenario de la guerra, como se pone de manifiesto en el gigantesco ataque informático desatado este mes de mayo. Los ejércitos, las centrales de espionaje y la policía se han llenado de informáticos. Su tarea es la de cualquier militar: atacar (a los demás) y defenderse (de los ataques de los demás).

La guerra no es más que la competencia en el terreno militar. Pero la competitividad capitalista está, además, en la economía, la publicidad, la política, las elecciones… en todo. Internet es la competencia llevada hasta sus últimos extremos.

Las relaciones familiares, sociales y políticas se han sustituido por las virtuales, por comunicaciones indirectas a través de un chat, un correo o un mensaje de Whatsapp. Así se crean personajes inexistentes, perfiles falsos, falsas “comunidades” e incluso partidos políticos puramente virtuales. Más de la mitad del tráfico en internet es ficticio. Ha sido creado por medios automáticos llamados “bots”.

Las redes sociales, lo mismo que Google, nos han introducido en un burbuja cerrada que luego nosotros mismos nos hemos encargado de estrechar cada vez más mediante contactos, suscriptores, grupos de interés o vínculos de afinidad. A veces los llaman “nichos”. A pesar de la invocada interconectividad, los usuarios han creado mundos fragmentados para sí mismos, aislados unos de otros.

Internet ha convertido en realidad —aparente— la gran quimera burguesa del hombre hecho a sí mismo (“self made man”). Yo me lo guiso, yo me lo como. No necesito un periódico para publicar un artículo ni una editorial para publicar un libro; ni siquiera necesito un maquetador, ni tampoco necesito saber maquetar, ni una imprenta… Hay infinidad de sitios en internet que hacen todo eso automática y gratuitamente.

Lo real se nutre de lo virtual. No son los blogs los que se informan en la prensa sino al revés. Ya no hay corresponsales. En la Guerra de Siria son muchos los medios convencionales que están acudiendo a sitios de internet, a mensajes de Twitter, a Youtube y a redes sociales como fuente de información.

La policía también se informa gracias a internet. En las aduanas de Estados Unidos preguntan a los viajeros por su cuenta de Facebook para identificarle mejor. Las empresas apenas hacen entrevistas de trabajo; te piden tu cuenta en alguna red social. Si no estás en internet, no estás en el mercado, no existes.

En los medios digitales (foros, blogs) la escritura predomina sobre la lectura. Podemos ser autores, creadores, protagonistas. Cualquiera tiene un espacio para dejar su impronta, desde un breve comentario a un texto, hasta un foro de debate o incluso un blog propio. En esta sociedad capitalismo no somos nada, pero podemos parecer grandes, con muchos seguidores y “amigos” en nuestro perfil de Facebook.

Sobre todo, internet es publicidad, “marketing”. Es la consolidación de un tiempo en el que las recomendaciones y menciones de los demás desempeñan un papel clave en la difusión de las publicaciones. El crédito de una marca comercial o la reputación de una persona dependen de su tratamiento en la red, de las apariencias, de fragmentar la información, erradicando las malas noticias y destacando las buenas. Las noticias, verdaderas o falsas, las fabrican “influencers” o especialistas contratados para ello.

En los agregadores predomina el culto al aspecto cuantitativo de la información, que se expresa en nociones tales como la “visibilidad”, la “viralidad”, el “retuit” o el “spam”. Son las “radiofórmulas” de internet, al estilo de “Los 40 Principales”, donde lo primordial es la difusión, las visitas que un sitio tiene, el “share”, la audiencia. No importa que el visitante no haya leído el contenido. Basta con que pulse el enlace, “me gusta” o “compartir”.

El capitalismo obliga a los blogs a competir unos con otros. Si la música y el arte se ponen en un escalafón, los blogs también y los partidos políticos y las empresas. En cualquier aspecto de la vida hay que ser un ganador, estar al principio. Si tienes un blog, debes lograr la gran hazaña de que Google te ponga en un primer plano, de lo contrario de conviertes en “invisible”, no eres nada. Por lo tanto, en un blog no se escribe para el lector sino para Google, como Google quiere.

El valor de un sitio o un dominio depende del número de visitas. Cada vez que entras en una página, aumentas su precio de mercado. Hay sitios que lo calculan de manera automática. ¿Sabes cuánto vale un sitio como La Haine? Lo puedes comprobar en http://urlm.es/www.lahaine.org. Supera los 16.000 dólares. Puedes seguir la cotización de una web lo mismo que cualquier valor bursátil en Wall Street: “en tiempo real”. Cada vez que visitas La Haine su valor aumenta tres céntimos de dólar.

Como en la televisión, impera lo frívolo y los tópicos. Los agregadores se llenan de noticias sensacionalistas, de ínfima calidad pero capaces de atraer visitas y, por lo tanto, publicidad. Se buscan noticias estrafalarias: famosos, fútbol, televisión… Una página de pornografía, como Pornhub, es mil veces mejor que La Haine, su precio es mil veces mayor (17 millones de dólares), es decir, es mil veces mejor. Si La Haine hablara de Messi y Cristiano Ronaldo mejoraría mucho. Así es el capitalismo y así lo refleja internet.

Es un fenómeno que, a su vez, va ligado a la ideología pragmatista que llega del mundo anglosajón: la difusión es el mayor emblema del “éxito”, cuando no es el “éxito” en sí mismo. Los “más populares”, una expresión en la que hasta la traducción es infame, están los primeros. A su vez, el “éxito” demuestra que algo funciona y, además, que es correcto, que lo hace bien, con el corolario habitual: todos deberían proceder de la misma manera. De lo contrario, eres un perdedor, que es lo peor que se puede ser.

Una marca siempre debe ser signo de actualidad y de modernidad, a diferencia del comunismo o la URSS, que son cosas del pasado, prehistoria. Internet es el culto a lo efímero: el “trending topic”, lo que aparece y desaparece de manera casi instantánea. No existe el medio ni el largo plazo. Las tecnologías de la información no promocionan los contenidos alojados en sitios estáticos, como las antiguas páginas web, sino aquellos que cambian continuamente. Por lo tanto, para poder estar entre los primeros hay que añadir contenidos continuamente al blog, que se convierte en una actividad frenética.

Ha triunfado la reputación, la marca y la imagen. Lo importante no es lo que uno es sino lo que los demás piensen o supongan, bien entendido que las marcas son artificios; no son ni dejan de ser sino que se fabrican mediante las correspondientes campañas, debidamente orientadas por los “influencers”, los que en la prensa de siempre se llamaron “creadores de opinión”, es decir, los que nos dicen a los demás lo que debemos pensar.

Operación Gladio: la historia no contada de la alianza impía entre la CIA, el Vaticano y la mafia

Resultado de imagen de operacion gladio Alberto Fernández
 
Después de que terminara la Segunda Guerra Mundial, El Vaticano, la CIA, los ex nazis y la mafia siciliano/americana forjaron una alianza para luchar contra la antigua Unión Soviética y el aumento de los gobiernos pro-soviéticos en Europa y en el resto del el mundo.

En este libro, Paul L. Williams ofrece nuevas e inquietantes evidencias exponiendo lo que él llama la alianza impía. Operación Gladio es probable que sea un libro polémico e incluso conspiratorio para algunos. Sin embargo, no se pueden rechazar las evidencias que el proporciona.

La historia comenzó en 1942 con la formación del Banco del Vaticano. El mismo año que la ONI (Oficina de Inteligencia Naval) reclutó a Lucky Luciano, un capo de la droga por excelencia. El director suizo de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), Allen Dulles, llegó a la conclusión: «Estamos luchando contra el enemigo equivocado”. Schutzstaffel (SS) envió un mensaje a través de Dulles al Vaticano informándole que el gobierno nazi quería establecer una paz separada con los Estados Unidos; querían luchar contra los soviéticos. Dulles se reunió con Max von Hohenlohe en Berna. Más tarde, Dulles se reunió también con otros oficiales nazis para forjar la nueva alianza. El Jefe de Inteligencia Especial para la OSS en China coronel Paul E Helliwell pensó en otra alianza impía entre la comunidad de inteligencia de Estados Unidos y grupos del crimen organizado. En consecuencia, las agencias de inteligencia estadounidenses consiguieron que el capo Lucky Luciano fuera liberado de la cárcel y se le permitió construir su imperio de narcóticos y, simplemente observaron el flujo de drogas hacia los guetos negros en gran parte de Nueva York y Washington. La alianza impía de los espías y criminales estadounidenses se repitió en todas partes, Laos y Birmania a Marsella y Panamá.

Después de que Richard Nixon se convirtiera en presidente en 1969, esta estrategia ganó más ímpetu. El Asesor Henry Kissinger dio órdenes a Licio Gelli para llevar a cabo ataques terroristas e intentos de golpe de Estado. Los Estados Unidos y el Vaticano canalizaron millones de dólares para estas operaciones. La mayor parte del dinero se recaudó de formas cuestionables. El primer ataque importante en Europa tuvo lugar el 12 de diciembre 1969, cuando una bomba estalló en el vestíbulo del Banca Nazionale Dell’ Agricoltura en Milán, Italia. Diecisiete personas murieron en la explosión. En el transcurso de una hora, tres bombas explotaron en Roma. Según cifras oficiales, 14.591 actos de violencia con una motivación política se llevaron a cabo entre enero de 1969 y diciembre de 1987. En estos ataques terroristas, 491 personas murieron y 1.181 resultaron heridas. Un gran número de ataques terroristas se llevó a cabo en otros países europeos desde 1965 a 1981. También intentaron matar el presidente francés De Gaulle, quien denunció «la guerra secreta del Pentágono» y expulsó la sede europea de la OTAN que estaba en Francia.

En América Latina, la CIA y el Vaticano lanzaron la Operación Cóndor como la versión de la Operación Gladio latinoamericana. La receta fue aplicada generosamente por las agencias de inteligencia de Estados Unidos a «cualquier gobierno que se arriesgara a defender la nacionalización de la industria privada (en particular las empresas de propiedad extranjera), una reforma radical agraria, las políticas comerciales autárquicas, la aceptación de la ayuda soviética, o una política exterior antiamericana. «La CIA y el Vaticano comenzaron la Operación Cóndor en la década de 1970, cuando el Opus Dei suscitó el apoyo de los obispos chilenos para el derrocamiento del gobierno del Presidente Allende. El grupo católico estaba trabajando en estrecha colaboración con las organizaciones financiadas por la CIA como la Patria y Libertad, que más tarde se convirtió en la temida policía secreta chilena. «En 1971, la CIA comenzó a desembolsar millones al Instituto Chileno de Estudios Generales (IGS), un think-tank del Opus Dei, para la planificación de la revolución. «Muchos miembros de la IGS formaron parte del gobierno tras el golpe de Estado. Hernán Cubillos se convirtió en el ministro de Relaciones Exteriores. Fue el fundador de Que Pasa, una revista del OpuS Dei, y editor de El Mercurio, el periódico más grande de Santiago que fue subvencionado por la CIA.

Williams muestra que el Vaticano estaba plenamente involucrado en la Operación Cóndor. El Papa estaba completamente detrás de la purga de los clérigos de izquierda; los líderes de la junta militar eran católicos devotos. El Vaticano no abandonó al general Pinochet, incluso cuando fue arrestado en Gran Bretaña por el asesinato de miles de chilenos. El Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, escribió al gobierno británico en nombre del Papa para exigir su liberación. Bajo Pinochet, cientos de miles los chilenos desaparecieron mientras que más de cuatro mil habían muerto. Más de cincuenta mil chilenos fueron torturados en el nombre del dios católico. La guerra sucia de la CIA se perpetuó en muchos países de América Latina con la ayuda y bendición del Vaticano.

Williams cita a Sibel Edmonds denunciante del FBI quien dijo:

«Entre 1996 y 2002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos, financiamos y ayudamos a ejecutar cada incidente terrorista importante por rebeldes chechenos (y los muyahidines) contra Rusia. Entre 1996 y 20002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos, financiamos y ayudamos a ejecutar cada levantamiento individual y régimen de terror en Xinjiang (también conocido como Turkestán Oriental y Uyhurstan). Entre 1996 y 2002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos y llevamos a cabo al menos dos planes de asesinato contra funcionarios pro-rusos en Azerbaiyán«.

Operación Gladio es un libro muy bien documentado con unas 1.100 notas finales y notas al pie. Este trabajo es muy ricao en detalles. Es un logro académico e intelectual estimable que no tiene rival. Su trabajo académico llena una laguna importante en el estudio de la política exterior de Estados Unidos.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies