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Moscú responde a las sanciones alejándose del sistema financiero de Estados Unidos

Rybakov, viceministro ruso de Asuntos Exteriores
Ante la guerra comercial desatada por Estados Unidos, Rusia ha decidido reducir su dependencia del dólar y del sistema de pagos del país norteamericano.

“Aceleraremos, por supuesto, las tareas de sustitución de importaciones, y reduciremos nuestra dependencia de los sistemas de pago de Estados Unidos, del dólar como moneda de pago, etcétera. Esto está adquiriendo una importancia vital”, dijo la semana pasada el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Riabkov.

En declaraciones a la agencia estatal de noticias RIA Novosti, Ribakov denunció que Estados Unidos “usa su papel preponderante en el sistema monetario y financiero para imponer presiones a negocios extranjeros, incluidas las compañías rusas”.

Estas palabras siguen a la publicación, en Moscú por el diario local Rosiyskiy Dialog, de un artículo señalando la posición de fuerza de Rusia frente a Estados Unidos por su supuesta capacidad de hacer colapsar el dólar estadounidense como divisa internacional.

Todo ello, debido a la necesidad de reaccionar al reciente lanzamiento por el Congreso de Estados Unidos de duros embargos a Rusia (junto a Irán y Corea del norte), que podrían tener un grave efecto no sólo sobre la economía rusa, sino también sobre intereses de Europa occidental.

Tras responder con una reducción del personal diplomático estadounidense desplegado en Moscú y la confiscación de algunos inmuebles, la orientación de la réplica al ámbito monetario y financiero no es nueva: Rusia ya empezó a usar en 2015 un sistema nacional de pagos, el Mir, creado tras dejar MasterCard de prestar servicios sin previo aviso a siete bancos rusos.

La empresa de calificación de riesgos Standard & Poor’s ha estimado que las “sanciones” estadounidenses —justificadas por una supuesta injerencia de Moscú en las presidenciales estadounidenses del año pasado y en razón de la crisis de Ucrania— ha decidido por el momento no modificar su evaluación de la deuda soberana ruso.

http://www.es.awdnews.com/pol%C3%ADtica/mosc%C3%BA-replica-a-sanciones-alej%C3%A1ndose-de-sistema-financiero-de-eeuu

Las contradicciones interimperialistas: la crisis del Canal de Suez (y 4)

A medida que la crisis avanzaba, el trío agresor, Gran Bretaña, Francia e Israel, cometía un error tras otro, especialmente uno que hoy sería impensable: en el mundo no se puede atacar a nadie sin avisar antes a la Casa Blanca.

Para preparar la invasión los franceses y británicos acumulan tropas en Chipre, mientras el ejército israelí se despliega en la Franja de Gaza. La CIA comete su enésimo error en muy poco tiempo: cree que los israelíes van a atacar a Jordania.

Pero el 29 de octubre lo que atacan es Egipto. Inmediatamente después, el Estado Mayor israelí lanza la típica cortina de humo: Israel se defiende de los atentados perpetrados por los “fedayin” (guerrilleros) palestinos que operan desde los campos de refugiados sitos en la Franja de Gaza bajo administración egipcia. La prensa israelí asegura que los comandos palestinos están dirigidos por oficiales del ejército egipcio.

Para demostrarlo capturaron a uno de los comandos junto a la frontera de Gaza. Los detenidos hablaban árabe y vestían uniformes egipcios. Era un montaje. Se trataba de cuatro soldados israelíes, nacidos en países árabes, que fueron vestidos y pertrechados como combatientes palestinos para justificar la agresión.

Lo que nadie contó fue lo siguiente: el mismo día que el ejército israelí invadía Egipto, la policía (israelí, militarizada) masacró a 49 campesinos palestinos que por la tarde volvían a su casa en Kafar Kassem después de una jornada de trabajo.

Los franco-británicos recurrieron a sus viejas argucias jurídicas para justificarse. Recurren al acuerdo tripartito de 1950 para llamar un alto del fuego e invaden Egipto pretextando que se trata de tropas de interposición para separar a ambos contendientes (egipcios e israelíes). Quieren un respaldo internacional a su agresión, incluido el de la ONU.

Siguiendo el guión previsto para la comedia, Israel acepta la mediación franco-británica, pero como Egipto no lo hace, su negativa se convierte en una declaración de guerra, absolutamente justa, por lo demás.

Estados Unidos no apoya la agresión y Nasser hace algo que los franco-británicos no esperan: convierte la invasión en una guerra de resistencia contra el imperialismo. Moviliza a todos los egipcios capaces de llevar un fusil y ordena hundir una cuarentena de buques en el canal para interrumpir el comercio mundial.

Junto con China, la URSS ofrece a Egipto el envío de voluntarios para combatir la agresión. Además, amenaza a Gran Bretaña y Francia con un ataque nuclear si no se retiran de Suez y propone a Estados Unidos una alianza, es decir, pretende apoyarse en unas potencias imperialistas (Estados Unidos) en contra de otras (Gran Bretaña y Francia).

En tales términos, Eisenhower teme que el papel de la URSS crezca, no sólo en Oriente Medio sino en todo el mundo y desencadena una revuelta donde los soviéticos menos esperan: en Hungría.

Estados Unidos se considera víctima de una patente humillación por parte de Gran Bretaña y Francia, por no advertir del ataque. Además, sus informes de inteligencia pronostican que la agresión puede ser absolutmente contraproducente.

Eisenhower tiene otros medios para arrojar a los franceses, británicos e israelíes de Suez, sin necesidad de acudir a métodos excesivamente drásticos. Ni Gran Bretaña ni Francia tienen dinero para pagar el coste de la agresión militar y, además, Washington amenaza con sanciones económicas. Por el contrario, si abandonan Egipto, Estados Unidos les promete algo que de lo que dispone en abundancia: mil millones de dólares de aquella época llegaron a las arcas británicas desde el otro lado del Atlántico.

El 27 de diciembre los imperialistas salen de Suez por su propio pie e Israel hace lo mismo en marzo del año siguiente. El Canal de Suez siguió nacionalizado; la lucha contra el imperialismo convirtió a Nasser en uno de los más importantes dirigentes mundiales del siglo pasado y un ejemplo para que otros hicieran lo mismo en el Tercer Mundo.

Al mismo tiempo que Gran Bretaña atacaba el Canal, la libra esterlina se desplomaba. Lo mismo que Francia, era una potencia imperialista en declive; no podía dar un paso más sin recurrir a la tutela de Estados Unidos. El informe de la seguridad nacional de 1952 lo deja bien claro:

“Gran Bretaña jugó un rol central en el mantenimiento y la defensa de los intereses occidentales en el Medio Oriente. Pero la rápida decadencia del Imperio Británico en la última década y su insuficiencia para garantizar estos intereses en varios países de la región han empujado a los Estados Unidos a jugar un papel más activo e importante y han creado las condiciones para una revisión y el establecimiento de una nueva política estadounidense hacia la región. En algunos países, como Grecia, cuando los británicos no fueron capaces de asumir sus responsabilidades, fueron los Estados Unidos quienes lo hicieron. La influencia de los Estados Unidos ha crecido y ha reemplazado a Gran Bretaña en lugares donde poseemos grandes intereses militares y económicos, como en Arabia saudí”.

El caso de Francia es muy distinto al de Gran Bretaña. En lugar de someterse a Estados Unidos, el general De Gaulle abandona la OTAN y se lanza a un desenfrenada carrera nuclear. Una fuga hacia adelante que no duró mucho tiempo.

A través de Egipto, la crisis del Canal de Suez muestra la emergencia del Tercer Mundo en los asuntos internacionales. Dio un impulso al proceso de descolonización. Argelia conquistó su independencia.

La URSS propuso el llamado “plan Chepilov” para que los países de Oriente Medio no participaran en ninguna alianza militar ni permitieran la instalación de bases militares extranjeras sobre su suelo.

Como respuesta, en enero de 1957 el Congreso de Estados Unidos escuchó la llamada “doctrina Eisenhower” que sentaba las bases para la política del imperialismo estadounidense en Oriente Medio con la que pretendía llenar el vacío que había supuesto el fin de la influencia franco-británica para que no fuera ocupado por la URSS.

El resultado no es lo que los imperialistas califican como “reparto del mundo” con su usurpación lingüística. Comprueben quién llama a la puerta de quién. Estados Unidos acude a donde nadie le ha llamado. Su dominación regional se sostiene sobre ciertos países, como Israel, Arabia saudí o Jordania que ejercían de pilares; los que nunca aceptaron dicha dominación (Egipto, Siria) se sostenían gracias al apoyo de la URSS. Son cosas completamente diferentes.

El mundo no es un tablero de ajedrez donde los jugadores cambian para jugar la misma partida.

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Las contradicciones interimperialistas: la crisis del Canal de Suez (3)

Los debates parlamentarios habidos en países como Gran Bretaña, aunque aún conservaban algún resquicio de las viejas prácticas democráticas, se inundaron de mentiras, aunque entonces los diputados aún tenían el coraje de burlarse de las torpezas de Eden y de llamarle mentiroso abiertamente.

No hay guerra imperialista sin el apoyo de la prensa domesticada. La crisis del Canal fue otra de las grandes batallas mundiales de intoxicación informativa de la posguerra, donde el papel de la prensa mundial fue el previsto: cualquier parecido con la realidad era muy remoto. Pero (casi) nadie acusó a la prensa de mentir.

Había que preparar a la “opinión pública” para la agresión, estimular el patriotismo, es decir, la conformidad de la población con los planes bélicos del gobierno. Para ello Eden reclutó a dos caciques del “(des)prestigioso” periódico Times para que se encribieran artículos de encargo, al tiempo que impone una auto-censura sutil sobre el resto de los rotativos. La autocensura es el suicidio periodístico; nunca se considera como parte integrante de la falta de libertad de expresión.

De los 100 millones de beneficios que reportaba anualmente el Canal, sólo 3 caían en manos egipcias. Pero la prensa británica puso el asunto del revés. Calificó a Nasser de ladrón: había robado el Canal a sus legítimos propietarios, entre los que estaba Gran Bretaña. En la intoxicación no hay nada más efectivo que asumir el papel de víctima.

Pero en aquella época los imperialistas aún no habían afinado su maquinaria criminal como ahora. Tras la nacionalización del Canal, Eden deja pasar un tiempo precioso; aparenta que busca una solución diplomática, mientras en la prensa algunos empiezan a emitir opiniones divergentes, sobre todo por la falta de sintonía de Estados Unidos con el plan de agresión. Quizá Nasser tenga razón, quizá Israel esté involucrado y quiera provocar una agresión contra Egipto…

¿Hace falta recordar que la explotación del Canal de Suez no beneficiaba a ningún país sino a una empresa privada, es decir, que el imperialismo había provocado una crisis internacional de enormes proporciones a causa de los meros intereses económicos de un puñado de accionistas?

Las dudas no tardan en disiparse desfavorablemente para los invasores, que quedan al descubierto. Cuando comienza el ataque, lo primero que aparece a la vista es que, en efecto, Israel forma parte del operativo, lo cual puede conducir a una guerra de vastas proporciones en Oriente Medio. Hasta los vendidos del Times se indignan. En Oriente Medio los árabes juzgan los acontecimientos en función del posicionamiento de Israel. Si Israel forma parte de la agresión, los que luchan en contra, como Nasser, son los héroes.

Eso no sólo ocurre en Oriente Medio. Todo el mundo se vuelve contra los imperialistas franco-británicos y, en especial, contra Eden. Aún no se había secado la tinta de las firmas estampadas sobre la Carta de la ONU, cuando los imperialistas volvían a sus viejas costumbres de siempre.

El Canal de Suez es una de las joyas a la “grandeur” francesa. Los monumentos a Lesseps llenan las plazas de las ciudades y los nombres de las calles. En 1956 el gobierno francés está encabezado por el “socialista” Guy Mollet, lo que suscita unas pésimas relaciones diplomáticas con Estados Unidos. A Francia la crisis del Canal le sorprende en medio de una guerra colonialista en Argelia y Nasser apoya y arma a los combatientes del FLN argelino. En su prensa la socialdemocracia francesa recurre al viejo truco de equiparar a Nasser con Hitler. Eso les ayuda a mostrar su sintonía plena con el Estado de Israel, amenazado por Nasser.

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Las contradicciones interimperialistas: la crisis del Canal de Suez (2)

Tras su fracaso en Egipto, el imperialismo estadounidense queda obligado a buscarse los aliados en otra parte, por lo que crea el Pacto de Bagdad, una especie de OTAN para Oriente Medio.

Al mismo tiempo, los imperialistas restringen el apoyo a Nasser que, como los demás países no alineados, tiene que recurrir a la URSS y otros países socialistas, que comienzan a sumistrar armas a Egipto.

Otro fruto de dicha colaboración es el mayor proyecto africano de ingeniería: la presa de Asuán, que incrementaba en un tercio la superficie regada y en un 50 por ciento la potencia eléctrica instalada.

Cuando en 1956 Nasser nacionaliza el Canal de Suez a la adjudicación franco-británica sólo le quedaban 12 de un total de 99 años de explotación. ¿Por qué adelantarse?, ¿por qué no esperar un poco más? Porque Nasser necesitaba el dinero procedente de la explotación del Canal para financiar la construcción de la presa de Asuán.

El contrato del Canal tenía previsto que en un supuesto parecido, Egipto debía indemnizar adecuadamente a los explotadores, pero Nasser también tenía su estratagema: la Convención de Constantinopla impide a los agraviados acudir a ningún tribunal.

A falta de tribunales recurren a los ejércitos. Con la oposición de Estados Unidos, contra Egipto se forma una coalición entre Gran Bretaña, Francia e Israel.

El 16 de agosto de 1956, el secretario de Estado John Foster Dulles, reúne a 24 países para solucionar las contradicciones entre las grandes potencias sobre el Canal de Suez mediante un acuerdo de explotación conjunta. En setiembre 18 países aceptan el plan y el Primer Ministro australiano, Robert Menzies, queda encargado de que Nasser lo acepte por las buenas. Fracasa.

Para tratar de impedir la solución militar franco-británica, el 19 de setiembre Foster Dulles elabora una segunda oferta pero, con la oposición de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia llevan el asunto a la ONU. Pretenden una solución “a la coreana”: que la ONU avale la guerra contra Egipto. El secretario general de la ONU, Dag Hammarskjöld, propone seis principios para un arreglo amistoso del litigio. Nasser se planta y rechaza todas las alternativas propuestas porque no hay tal litigio: el Canal pertenece a Egipto única y exclusivamente.

En una carta a Eisenhower el Primer Ministro británico, Anthony Eden, le dice que la independencia de Egipto sólo puede conducir a la “expansión soviética”, lo que en el diccionario imperialista siempre ha significado lo mismo: en su lucha por la independencia, Egipto y los demás países del mundo árabe no tenían más que un único aliado en el mundo: la URSS y el bloque de países socialistas.

Desde que los imperialistas tuvieron que ponerse de acuerdo con la URSS para ganar la Segunda Guerra Mundial, como en Yalta en 1945, empezaron a utilizar un lenguaje “leninista” y hablan de “expansión”, “influencia soviética” y “reparto del mundo”. En sus argumentaciones esos términos indican que algo que se escapa a su dominación en el mundo, lo cual es una tendencia general de la época imperialista. Su burda explicación no tiene en cuenta a los pueblos mismos, que para ellos no significan nada. Sólo entienden el mundo en términos de dominación, de fuerza y de guerra. Los pueblos se escapan a su dominación, según dicen, porque han caído bajo la de los soviéticos (o los rusos en su caso).

El 2 de setiembre Eisenhower le responde a Eden que está de acuerdo en lo que a la URSS concierne, pero que la agresión militar no impediría a Egipto acudir a su ayuda sino que tendría efectos contraproducentes: “En una generación, e incluso en un siglo, todos los pueblos del Cercano Oriente y África del norte y, en cierta medida, toda Asia y toda África se enfrentarían a Occidente de manera irreversible, sobre todo si tenemos en cuenta la capacidad de lo rusos para crear problemas […] Tenemos dos problemas, el primero concierne a la apertura permanente del Canal y a un trato justo para todas las partes involucradas. El segundo es obrar de manera que Nasser no se convierta en una amenaza hacia la paz y los intereses vitales de Europa”.

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Las contradicciones interimperialistas: la crisis del Canal de Suez (1)

Egipto es un país estratégico como pocos. No sólo es la bisagra entre dos continentes, África y Asia, sino entre dos mares, el Mar Mediterráneo y el Rojo, que abre un camino mucho más rápido para los colonialistas europeos al Océano Índico.En 1854 el francés Ferdinand de Lesseps plantea la posibilidad de abrir un canal a través de la Península del Sinaí para conectar ambos mares, de manera que en sus viajes a Asia los buques europeos no tuvieran que atravesar toda África. Para ello inventa lo que ahora llaman “globalización”: una empresa multinacional que no es ni francesa ni egipcia sino “universal” y que obtiene la concesión de las obras a cambio de su explotación durante 99 años.

Francia logra asentarse en un punto estratégico del comercio mundial y la potencia colonial más importante de la época, Gran Bretaña, queda al margen que, en un principio, se opuso a la construcción del Canal. La corona inglesa veía en el Canal impulsado por Francia una amenaza a sus intereses coloniales en África, Asia y Oriente Medio. Pero en 1875 los egipcios tuvieron que ceder sus acciones a la Corona Británica. En una brillante maniobra de despojo colonial, Gran Bretaña se hizo con el 44 por ciento de las acciones y en la práctica se transformó en su verdadera dueña, administrando y recaudando los cuantiosos pagos en concepto de derechos de paso por sus aguas, dejando de lado a franceses y particularmente a egipcios. Los británicos se apoderan así de una de las más importantes vías de comunicación con la “joya de la Corona”, la India.

Egipto aportó casi la mitad del capital necesario para realizar las obras del Canal y cuatro de cada cinco trabajadores que durante diez años estuvieron construyéndolo, eran de origen egipcio. Los campesinos (“falajin”) reclutados para las obras eran los peores pagados y debían realizar las obras más duras. Miles de ellos pagaron con sus vidas la excavación del Canal. En los años setenta del siglo XIX se utilizaron esclavos en diversas actividades, incluso portuarias. Durante decenas de años británicos y franceses negaron a los egipcios cualquier posibilidad de llegar a puestos de responsabilidad en la gestión del Canal.

En 1869 el Canal acoge la llegada de los primeros barcos. En 1888 la Convención de Constantinopla obliga a que, cualquiera que fuera su pabellón, los barcos puedan atravesar el Canal, tanto en tiempo de paz como de guerra.En 1936 el imperialismo británico estrecha el control sobre el Canal: un tratado impuesto a Egipto permite que sus tropas ocupen las orillas, que es el inicio de su militarización unilateral. Junto con el Canal, el ejército británico planta sus cuarteles en Egipto.

En 1948 el imperialismo crea el Estado de Israel y comienza la limpieza étnica de los palestinos de sus tierras. Los egipcios cierran el Golfo de Aqaba (1949) y el Estrecho de Tiran (1950), impidiendo que los buques israelíes accedan a la única salida que tienen al Mar Rojo.

Aquí hay que hacer una pausa para explicar que, frente a las posiciones consolidadas por Francia y Gran Bretaña en Oriente Medio, Estados Unidos tenía otros intereses en la zona, opuestos a los anteriores, especialmente el de quebrar el monopolio de las empresas europeas sobre el petróleo, significado último del Pacto del Quincy (1945) y del derrocamiento de Mossadegh en Irán (1953).

Para ello Estados Unidos aprovecha el proceso de descolonización que se iniciaba entonces. Esas contradicciones entre potencias imperialistas favorecen el golpe de Estado que lleva al coronel Gamar Abdel Nasser al poder en Egipto.

En marzo de 1952 Kermit Roosvelt, el jefe de CIA en Oriente Medio, se reúne con Nasser para preparar el golpe de Estado con el apoyo de la Hermandad Musulmana y explotando los sentimientos anticoloniales ampliamente extendidos entre las masas que, en realidad, no era tal; sólo se centraban en las viejas potencias: Gran Bretaña y Francia.

Estados Unidos abandona el plan porque no es necesario. Pocos meses después, el 23 de julio de 1952, Nasser lleva a cabo el golpe sin su ayuda. No obstante, la CIA aporta su experiencia para que los militares del nuevo régimen organicen su propio servicio de inteligencia e incluso redacta los programas de radio que difunden propaganda del gobierno contra Estados Unidos. Nunca la intoxicación fue tan sibilina.

Como es habitual, en Egipto los oportunistas tampoco entienden el verdadero alcance de la situación. Consideran a Nasser un peón de Estados Unidos y se burlan de él llamándole “coronel Jimmy”.

En 1952 a los británicos les quedaba un plazo de nueve años para evacuar sus tropas. A partir de entonces sólo quedaría una empresa extranjera explotando una riqueza egipcia.

Faltos de experiencia, la información de la CIA sobre Oriente Medio no era tan buena entonces como ahora, sino más bien absurda, lo que encadena los errores, uno detrás de otro. La CIA creía que el apoyo de la URSS en Egipto era la Hermandad Musulmana. Por eso con su ayuda, en 1954 Nasser organiza un atentado contra sí mismo para aplastar a la Hermandad Musulmana.

Sin embargo, la CIA comete su tercer error: se precipita al suministrar armas a Nasser esperando que, a cambio, el coronel egipcio firme un acuerdo reconociendo al Estado de Israel.

Pero el error más importante de los que cometió la CIA fue descubrir que Nasser no es el hombre de paja que ellos creían. Algunos le comparan con el turco Mustafá Kemal. El asunto es aún más serio: en medio de la Guerra Fría, Nasser se declara neutral e inicia el movimiento de los países no alineados.

Además, Nasser no admite la creación del Estado de Israel. Finalmente, no es la CIA quien ha manipulado a Nasser sino al revés. La CIA aún no era entonces lo que conocemos ahora.

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Los mercenarios quieren privatizar la Guerra de Afganistán

Desde hace algunas semanas Erik Prince, el fundador de la empresa de mercenarios Blackwater, se pasea por los salones de Washington pregonando la privatización de la Guerra de Afghanistán, donde el Pentágono lleva presente 16 años y sigue retrocediendo frente a los talibanes.

Blackwater no sólo es mejor que el Pentágono: es más rentable. Es mejor porque puede ganar la guerra y es más rentable porque la factura sería de sólo 10.000 millones de dólares anuales, frente a los 45.000 millones que se gastarán este año.

Cuando Prince habla de “costes” y, por lo tanto, de beneficios, no se refiere -como es natural- a vidas humanas. Desde luego en ningún caso se refiere a las vidas de los afganos. Habrá que matar a quien sea, cuanto más mejor y cuanto más rápido, más eficiente. En el campo y en la montaña, armados y desarmados, niños y ancianos, del gobierno y de la oposición, pastunes y tayikos…

Es lo que Blackwater hizo en Irak: matar para aterrorizar. El negocio fue tan rentable que siete años después, Prince vendió la multinacional con todos sus pistoleros.

Prince es un antiguo oficial de los Seals, las fuerzas especiales de la Marina de Guerra, un tipo con el aspecto de superhéroe de Hollywood de esos que no necesitan a nadie para “hacer un mundo mejor” (para Estados Unidos, naturalmente). Su hermana es la ministra de Educación del gobierno de Trump.

En sus charlas, Prince presenta datos muy concretos de lo que hace falta en Afganistán que, al más puro estilo anglosajón, son puramente técnicos. En Afganistán se necesitan 5.500 pistoleros para adiestrar al ejército gubernamental y combatir a su lado, más 90 aviones de apoyo aéreo. Después de la retirada de tropas ordenada por Obama, en Afganistán hay 8.400 soldados del Pentágono, más otros 4.000 que el general Mattis quiere enviar y otros 5.000 de la OTAN que ya están sobre el terreno (y pregúntense ahora qué hace la OTAN allá).

Steve Bannon, el jefe de estrategia de Trump, y algunos congresistas son partidarios del absurdo plan de Prince, por lo que es fácil comprender por qué Trump no tiene ninguna estrategia en ninguna parte del mundo pero, sobre todo en Afganistán, a pesar de que lleva tiempo preguntando al Pentágono qué hacen en aquel país asiático.

Le han prometido que la respuesta la tendrá el jueves encima de la mesa del despacho oval. Hasta ahora Trump se ha limitado a decir que ha heredado “un verdadero desmadre”.

Un antiguo subcontratista de mercenarios en África, Sean McFate, ha calificado de insensato el plan de Prince, entre otras cosas porque carece de control. Posiblemente se haya referido a la vieja quincalla de las comisiones parlamentarias de investigación, a los pleitos judiciales y demás.

Pero todo el mundo sabe que ese tipo de artilugios no sirven para nada y cuestan mucho dinero. No son rentables. El gran avance de los modernos Estados burgueses (fascistas) es la acción incontrolada.

La posición del proletariado frente a las contradicciones entre las potencias imperialistas

Juan Manuel Olarieta

En plena guerra mundial, en 1915, Lenin criticó un artículo publicado por A.Potresov en “Nashe Dielo” que se publicó con seudónimo dos años después en la prensa legal (*), es decir, en condiciones de censura. Se titulaba “Bajo pabellón ajeno” porque tenía por objeto establecer la posición del proletariado internacional ante el enfrentamiento de unas potencias imperialistas con otras, una situación tan debatida entonces como ahora en el seno del movimiento obrero y revolucionario internacional.

Las posiciones de Potresov se disimulaban, escribía Lenin, bajo banderas falsas, un falso marxismo y un falso internacionalismo, para lo cual recurría a algo muy típico, entonces y ahora, que era fundamentar sus argumentaciones en las tesis que Marx y Engels habían defendido en una época pretérita, la del capitalismo ascendente, llevándolas a la etapa descendente, imperialista, sin solución de continuidad.

En la guerra italiana de 1859 Marx y Engels habían tomado partido por uno de los bandos en disputa porque -decía Lenin- en aquella época la burguesía era progresista y en Europa existían importantes movimientos de liberación nacional enfrentados a grandes Estados feudales (“el mal principal”) que arrastraban a importantes masas populares (pg.151).

Lenin equipara las tesis de Potresov con las de Trotski (pgs.153 y siguientes), prototipos de seudomarxistas escolásticos que llenan sus escritos de comodines, frases y citas válidas para salir de cualquier apuro. Se podría decir que, como los curas en misa, recitan plegarias contra viento y marea, que valen lo mismo para un bautizo que para un funeral.

El marxismo es muy diferente: “El método de Marx consiste, ante todo, en tener en cuenta el contenido objetivo del proceso histórico en el momento concreto dado y en la situación concreta dada, a fin de comprender, ante todo, el movimiento de qué clase es el principal resorte de un posible progreso en esa situación concreta” (pg.146).

A diferencia de Potresov y los trotskistas, los marxistas no recurren a frases que, como se suele decir, están sacadas de contexto. Por eso Lenin escribe que en 1915 “la situación histórica objetiva es completamente distinta” de la existente 50 años antes (pg.152). Con la entrada del capitalismo en su fase imperialista, el posicionamiento de Marx y Engels no es válido (pg.145) por varias razones que deja apuntadas.

La primera es que bajo el imperialismo la burguesía ha pasado de ser una clase progresista a ser una clase reaccionaria, e incluso ultrarreaccionaria. Es una tesis leninista muy olvidada: el imperialismo conduce al fascismo.

La segunda es que el proletariado ha adquirido sustantividad política propia, de modo que no marcha a remolque de la burguesía, sino en contra suya y las guerras imperialistas no hay que analizarlas desde el punto de vista de la burguesía sino de la clase obrera (pg.146).

El internacionalismo y el punto de vista de clase, partidista, son algo “concreto” (pg.160) y consisten en la lucha contra la burguesía propia, mientras que el oportunismo adoptaba el punto de vista opuesto, nacional, consistente en la defensa de la propia burguesía frente al proletariado de otros países.

Para poner al lector en situación, Lenin plantea tanto situaciones reales del momento, como una hipótesis (pg.147): supongamos que dos grandes potencias tratan de repartirse África. Un caso así no tiene nada que ver con la época de lucha contra el feudalismo agonizante, ni hay ninguna burguesía progresista por ninguna parte. ¿Cómo confundir un movimiento de liberación nacional del siglo XIX con el reparto del mundo entre los imperialistas en el siglo XX?

El proletariado, concluye entonces Lenin, no se puede sumar a ninguna burguesía que tenga tales pretensiones. Tanto una burguesía como la otra “son las peores”, por lo que la tarea del proletariado es desear “en cada país” el fracaso de cada una de ellas (pg.147).

Bajo las condiciones del imperialismo, pues, la clase obrera está en una situación diferente a la que había a mediados del siglo XIX. En sólo 50 años habían cambiado las tareas inmediatas y las formas de lucha (pg.150) del proletariado. Hoy, desde que Lenin escribió aquello, no han pasado 50 sino 100 años y la situación objetiva ha seguido cambiando, lo cual supone admitir -con la misma claridad- que hay cosas que no han cambiado, es decir, que hay “factores determinantes” que siguen siendo idénticos a los de entonces.

Seguimos bajo la misma época imperialista a la que se refería Lenin. Seguimos bajo el peligro de que el imperialismo conduzca a una nueva guerra de dimensiones mundiales. También siguen existiendo oportunistas con los mismos planteamientos que entonces, que consisten siempre en colocarse “al lado de la burguesía” (pg.157).

A diferencia de los trotskistas, escolásticos y demás, el planteamiento que del imperialismo hace Lenin no es abstracto. Para averiguarlo no hay más que preguntar -a sensu contrario- por el planteamiento internacional de la burguesía, que no es cualquier clase de burguesía, que no es la burguesía en abstracto, sino su propia burguesía. De otra forma la clase obrera no podría transformar la guerra imperialista en guerra civil en cada país.

Yo personalmente escribo desde Madrid, y dado que este tipo de discusiones se plantean hoy en relación a países como Rusia, tengo que averiguar qué posición tiene la burguesía española frente a Rusia, a Putin, al Donbas, a Crimea, a las sanciones, a la guerra de Siria…

Si todos tenemos claro cuál es el posicionamiento de la burguesía española frente a Rusia, sabremos discernir -supongo- a un oportunista de un revolucionario de verdad, o sea, quién está al lado de su propia burguesía y quién no, o por utilizar las palabras de Lenin, quién lucha bajo un pabellón propio y quién bajo el ajeno.

(*) Lenin, Bajo pabellón ajeno, Obras Completas, tomo 26, pgs.137 a 161.

Corea del norte: de nuevo bajo la amenaza de una agresión nuclear

Pepe Escobar

Han saltados todas las alarmas. Hay una especulación desenfrenada sobre posibles” cabezas nucleares miniaturizadas por Pyongyang.

Cuidado con los perros de la guerra. Los mismas “inteligentes” que mostraron a bebés sacadas de incubadoras por los “malos iraquíes” o que quisieron convencer al mundo con armas de destrucción masiva inexistentes, ahora están vendiendo la idea que Corea del norte ha producido una cabeza nuclear miniaturizada capaz de funcionar en sus misiles.

Este el núcleo del análisis realizado en julio por la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos. Los “inteligentes” creen que Pyongyang tiene unas 60 armas nucleares. En la inteligencia estadounidense los programas de análisis sobre Corea del norte son prácticamente inexistente. Por lo tanto, estas evaluaciones son simplementes conjeturas al por mayor.

Pero la alarma ha crecido porque ahora estas conjeturas han ido acompañadas con una publicación de 500 páginas del Ministerio de Defensa de Japón. El libro blanco japonés destaca los “avances significativos” de Pyongyang en la carrera nuclear y su “posible capacidad” para desarrollar ojivas nucleares miniaturizadas para sus misiles.

Esta “posible capacidad” es una pura y simple especulación. El informe dice: “Es concebible que el programa de armas nucleares de Corea del norte podría haber avanzado considerablemente y es posible que Corea del norte esté en condiciones de alcanzar la miniaturización de su cabezas nucleares”.

Los grandes medios occidentales alimentaron una auténtica metástasis especulativa. Titularon con frenesí en periódicos y en televisión: “Corea del norte ha miniaturizado sus armas nucleares”. La gran prensa pretende conmover corazones y mentes de occidente con el factor miedo.

Convenientemente el “Libro blanco japonés” también exige condenar a China por “las acciones de Beijing, en los mares del Este y del sur de China”.

Así que echemos un vistazo a las piezas que se mueven de este juego. El Partido de la guerra de Estados Unidos, con sus miles de conexiones en el complejo militar-industrial y en los medios, quiere / necesita una guerra para mantener su maquinaria engrasada. Tokio, por su parte, apreciaría mucho un ataque militar pre-preventivo de Estados Unidos para, a continuación, condenar el inevitable contragolpe de Pyongyang.

Es muy esclarecedor que Tokio estime a China como una “amenaza” tan grave como Corea del norte. El ministro de Defensa Itsunori Onodera fue directo al punto: “Los misiles de Corea del norte representan una amenaza que profundiza el comportamiento amenazante de China en el Mar de China Oriental y el Mar del sur de China, Esto es una gran preocupación en Japón”.

De Pekín respuesta no se hizo esperar.

Kim Jong-Un, que ha sido demonizado hasta el infinito, no es tonto. No va a caer en un ritual de “seppuku” (suicido, harakiri) atacando unilateralmente a Corea del sur, Japón o algún territorio de Estados Unidos. El arsenal nuclear de Pyongyang representa el elemento de disuasión contra el cambio de régimen al estilo de “Saddam Hussein y Gadafi”. Como he argumentado en otras ocasiones, sólo hay una manera de tratar con Corea del norte: diplomacia. Hay que decírselo a Washington y Tokio.

Mientras tanto, la Resolución 2371 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene como objetivo impedir las principales exportaciones de Corea del norte: carbón, hierro, mariscos. Solo el el carbón representa el 40 por ciento de las exportaciones de Pyongyang, cerca del 10 por ciento de su PIB.

Sin embargo, este nuevo paquete de sanciones no toca las importaciones de petróleo y productos refinados de petróleo desde China. Esa es una de las razones porque Beijing las votó a favor.

La estrategia de Beijing es un intento, muy asiático, para encontrar una solución que le permita “salvar la cara”. Con la resolución 2371 gana tiempo y puede disuadir a la administración Trump, que ir contra Corea puede tener consecuencias terribles.

El canciller chino, Wang Yi, dijo con cautela que las sanciones son una señal de la oposición internacional a los programas de misiles y armas nucleares de Corea del norte. Lo último que necesita Beijing es una guerra en sus fronteras, que podría interferir negativamente en la expansión de las nuevas rutas de la seda.

Beijing siempre está dispuesto trabajar para la reconstrucción de las relaciones entre Pyongyang y Washington. Para China esto es una decisión política “más alta que el Himalaya”. Basta mirar hacia atrás cuando en 1994 se firmó el Acuerdo Marco, durante el primer mandato de Bill Clinton.

El acuerdo tenía como objetivo congelar –e incluso desmantelar– el programa nuclear de Pyongyang, y normalizar las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Corea. Un consorcio liderado por Estados Unidos iba a construir dos reactores nucleares para satisfacer la necesidad de energía de  Pyongyang, las sanciones se levantarían y ambas partes se comprometían con “garantías formales” contra el uso de armas nucleares.

Finalmente no pasó nada. El “acuerdo marco” se derrumbó en 2002, cuando Corea del norte fue coronada como parte de “el eje del mal” por Bush, Cheney y los neocon. Los coreanos saben, que la guerra de Estados Unidos contra su territorio nunca ha terminado. al menos formalmente. ¿La razón? El armisticio de 1953 nunca ha sido sustituido por un Tratado de Paz real.

Entonces, ¿qué sigue? Tres recordatorios.

1) Cuidado de las banderas falsas, serían el perfecto pretexto para la guerra contra Pyongyang

2) La narrativa actual es inquietantemente similar al griterío de los “sospechosos de siempre”. Son los mismos que atacaron a Irak o que quieren atacar Irán porque estaría a un paso de “la construcción de un arma nuclear”.

3) Corea del norte tiene billones de dólares en riqueza mineral sin explotar. En las sombras de estas maniobras hay corporaciones perfectamente identificadas que esperan beneficiarse con un jugoso botín después de haber destruido otro país.

Mercenarios saudíes contratados para la Guerra de Yemen

Iván Giménez

El semanario colombiano “El Tiempo” publicaba a finales de octubre de 2015 la noticia de la presencia de antiguos soldados colombianos en Yemen. Según este medio, estarían empleados por empresas militares privadas con contratos con las Fuerzas Armadas de Emiratos Árabes Unidos. Este país del Golfo es uno de los miembros más activos de la coalición que lidera Arabia saudí para combatir a los rebeldes hutíes.

La noticia del despliegue de mercenarios tuvo una mayor repercusión internacional cuando un mes después el “New York Times” publicaba un nuevo artículo sobre la cuestión. A partir de ahí, fueron apareciendo noticias en diversos medios, como The Guardian o Forbes, que detallaban la participación de estos soldados en los combates en Yemen.

Según los datos que ofrece el “New York Times”, en Yemen habría unos 450 soldados latinoamericanos provenientes de El Salvador, Panamá, Chile o Colombia. Mientras que “El Tiempo” sitúa la cifra en 800, y habla exclusivamente de colombianos. Asimismo, el contingente de contratistas de seguridad de América Latina en Emiratos Árabes Unidos sumaría un total de 1.800, según el rotativo estadounidense. Hasta finales del año pasado [2015], habrían desempeñado funciones de seguridad interna, como protección de infraestructuras clave o apoyo a la supresión de posibles revueltas.

Entre todas estas nacionalidades, “El Tiempo” explica que los uniformados colombianos serían de los más valorados por sus mandos emiratíes debido a su experiencia en una lucha contrainsurgente tan dura como la que han librado contra la guerrilla de las FARC. Asimismo, antiguos soldados del país latinoamericano, también habría trabajado con compañías militares privadas en Irak o Afganistán.

Además, tanto Tiempo como el “New York Times” recogen que los ex militares colombianos que van a Emiratos Árabes Unidos buscan unas condiciones difícilmente equiparables a las de su país: sueldos de entre 2.000 y 3.000 dólares mensuales, más 1.000 dólares adicionales a la semana si aceptan ir a luchar a Yemen.

Los soldados latinoamericanos están contratados por la compañía Reflex Responses (también conocida como R2) con mandos anglosajones. La empresa habría firmado un contrato de 529 millones de dólares con el Gobierno emiratí para formar este contingente.

Jesús M. Pérez, analista de seguridad y defensa y autor del libro “Guerras postmodernas”, señala que el empleo de soldados extranjeros no es una novedad en las petromonarquías del Golfo, “la novedad en el caso de Emiratos Árabes Unidos es que han recurrido a la creación de una empresa con personal contratista, Reflex Response, en vez de darle carta de naturaleza militar a ese personal, como sería el caso de la Legión Extranjera francesa”.

De hecho, las Fuerzas Armadas emiratíes ya tenían a extranjeros en sus filas. Los australianos ocupan roles como oficiales, y en especial el general Mike Hindmarsh, quien está al frente de la guardia presidencial de Emiratos Árabes Unidos desde 2009. Este militar cuenta con una amplia hoja de servicios en su país como mando de las fuerzas especiales.

Desde el gobierno de Abu Dabi, no se ha reconocido oficialmente el uso de estos soldados de fortuna. Este país ha practicado una política de opacidad informativa sobre su intervención en Yemen, en especial desde que desplegó importantes contingentes de tropas contra los hutíes en agosto.

Pese a esta escasez de información, sí que han trascendido noticias como la muerte de 45 soldados emiratíes, víctimas de un misil hutí que alcanzó su campamento, en uno de los ataques más letales que han sufrido las tropas de la coalición en Yemen.

Según Sean McFate, profesor de Georgetown y autor del libro The Modern Mercenary, “los mercenarios son atractivos para los Estados ricos que quieren participar en una guerra, pero no tienen ciudadanos dispuestos a participar en combates”. También señala que el amplio uso de contratistas por Estados Unidos en Irak o Afganistán “ha legitimado su uso por parte de otros países”.

Más allá de esta voluntad de evitar bajas propias, Jesús M. Pérez expone otros motivos que explican el despliegue de estos contratistas, “la punta de lanza de la intervención emiratí en Yemen fueron sus fuerzas pesadas” con armamento avanzado francés, ruso y surafricano.

Pérez también apunta que “sólo se empezó a hablar de contratistas extranjeros cuando la ofensiva desde Adén a Saná se estancó, y el mando militar emiratí decidió entonces poner toda la carne en el asador”. Mientras que Sean McFate señala que “aún es pronto para saber el impacto que tendrán los mercenarios en el desarrollo de la guerra en Yemen”.

Jesús M. Pérez considera que “el despliegue de contratistas militares es sólo una cuestión anecdótica en la voluntad emiratí de intervenir directamente más allá de sus fronteras”; y recuerda que las Fuerzas Armadas de este país árabe han adquirido experiencia de combate en Libia, Afganistán y luchando contra la piratería en el Cuerno de África. Este mayor rol en la escena internacional ha ido acompañado de una importante inversión militar. Emiratos Árabes Unidos fue el cuarto importador mundial de armamento en 2014.

En cualquier caso, han trascendido pocas noticias del despliegue de estos contratistas. A principios de diciembre, la agencia yemení Saba News (controlada por los rebeldes hutíes) hablaba de “14 mercenarios extranjeros” muertos en combate en el país en diciembre de 2015.

Blackwater y sus fantasmas

Medios próximos a Irán, como Press TV, también se han referido a estos mercenarios como miembros de Blackwater. Esta compañía militar privada se ha convertido en el referente para hablar de la cara oscura de los mercenarios en el siglo XXI por su controvertido papel en conflictos como Irak y Afganistán, implicados en masacres de civiles. También se le ha acusado de servir a oscuros intereses en otros conflictos como Ucrania, o ahora en Yemen. Pero conviene matizar mucho estas vinculaciones.

Jesús M. Pérez explica que el vínculo con Blackwater es indirecto, “Erik Prince, tiempo después de vender la empresa reapareció en Emiratos Árabes Unidos, donde asesoró al gobierno local para la creación de R2, como una empresa militar privada al servicio de la corona y encuadrada por personal extranjero”. En 2011 el “New York Times” fue uno de los primeros medios en hablar de esta vinculación. El analista también señala que “tan pronto el asunto apareció en la prensa, Erik Prince se desvinculó y ahora anda en otros negocios”.

Otros medios han matizado la relación entre Prince y Reflex Responses. Por ejemplo, Wired publicó en 2011 un artículo donde Michael Roumi, presidente de Reflex Responses, negaba cualquier vinculación con Prince. El texto de la noticia también remarca que estos presuntos trabajos del ex directivo de Blackwater violarían la ley estadounidense que prohíbe a sus ciudadanos asesorar a gobiernos extranjeros en cuestiones de seguridad sin la autorización del Departamento de Estado.

Una larga tradición de contratación de mercenarios

Como se ha apuntado antes, Emiratos Árabes Unidos no es una excepción en el empleo de militares extranjeros entre las monarquías del Golfo Pérsico. Desde que estos países dejaron de ser protectorados de Reino Unido en los 60 y 70 (a excepción de Arabia saudí que era un reino independiente desde 1932), muchos de ellos recurrieron a antiguos oficiales de otros países, principalmente británicos o de la Commonwealth, para organizar sus fuerzas militares.

De hecho, la que se considera como la primera compañía militar privada nació con una estrecha vinculación con los países del Golfo. Fue Watch Guard International, fundada por David Stirling (creador de los célebres SAS británicos) y John Woodhouse (también veterano de esta unidad) en 1965, y precisamente uno de sus primeros escenarios de actuación fue la guerra civil de Yemen del Norte (1962-1970).

Otro caso destacado se dio en Omán que utilizó a ex militares australianos veteranos de Vietnam para luchar contra la guerrilla marxista en la región de Dhofar.

En el caso de Arabia saudí, la monarquía mantiene una intensa relación con la empresa estadounidense Vinnell Corporation desde 1975. En esa fecha, la compañía se hizo cargo de la modernización de la Guardia Nacional saudí, un cuerpo armado que se diferencia del ejército regular por su fuerte lealtad a la casa real de los Saud, fundamentada en los lazos tribales tradicionales. La colaboración también se extendió a prestar servicios para la Real Fuerza Aérea saudí.

Pese a esta tradición saudí, Jesús M. Pérez explica que “no parece que el ejemplo emiratí vaya a ser seguido por otros países”; y recuerda que Riad ha preferido buscar apoyo militar en otros Estados suníes como Egipto o Marruecos para intervenir en Yemen.

https://www.esglobal.org/mercenarios-en-la-guerra-de-yemen/

Rusia negoció en secreto con Israel y Estados Unidos para crear las zonas de distensión en Siria

Alegría en Alepo tras la victoria del ejército regular
A comienzos de julio Rusia se reunió en secreto en Amman la capital jordana, con Israel y Estados Unidos para crear las zonas de distensión en Siria junto a las fronteras israelíes y jordanas, según el diario israelí Haaretz (*). Las tres partes no lograron llegar a un acuerdo por la oposición del gobierno sionista.

Las negociaciones tripartitas siguieron luego en una capital europea y también fracasaron, por lo que el acuerdo compromete exlusivamente a Rusia y Estados Unidos.

En las reuniones Israel quiso que el acuerdo comprendiera la retirada de tropas iraníes y de Hezbollah del territorio sirio. Por lo tanto, para Rusia y Estados Unidos las zonas de desescalada eran un medida táctica para consolidar la tregua, mientras que Israel pretendía una medida estratégica, a largo plazo, que acabara con el apoyo iraní y libanés al gobierno de Damasco.

Jordania ha apoyado las pretensiones israelíes y, al no lograr imponer sus condiciones, el gobierno de Tel Aviv considera que tanto su Estado como el de Jordania están amenazados por el ejército iraní y Hezbollah.

Las autarquías del Golfo Pérsico han quedado completamente al margen del acuerdo.

La creación de las zonas de distensión se aprobó el 4 de mayo de 2017 en las conversaciones en Astaná. Por primera vez en ellas participó un enviado especial del Departamento de Estado, junto a representantes de Rusia, Irán y Turquía. El acuerdo fue ratificado durante la reunión mantenida por Putin y Trump en Hamburgo el 9 de julio. Hasta ahora se han creado tres en las provincias de Deraa, Quneitra y Sueida.

Hasta ese momento Estados Unidos y Turquía pretendieron crear “zonas de seguridad” arguyendo que era necesario proteger a los civiles de los terroristas en dichas zonas. El plan era el mismo que los imperialistas ya pusieron en práctica en los Balcanes, Irak y Libia: las zonas de exclusión aérea. Su aceptación de este proyecto hubiera legitimado la presencia permanente de tropas de Estados Unidos y Turquía en Siria.

(*) http://www.haaretz.com/israel-news/.premium-1.805844

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