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Google vigila la frontera de Estados Unidos con México

Cinco años después de que el dirigente de Google Cloud, Thomas Kurian, asegurara a los trabajadores que la empresa no estaba trabajando en “ningún proyecto asociado con la aplicación de la inmigración en la frontera sur” (1), los contratos muestran que el gigante tecnológico está en el centro de un proyecto para actualizar el llamado muro virtual.

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos planea modernizar las antiguas torres de videovigilancia en Arizona que le proporcionan una vista inmejorable de la frontera (2). Una parte del plan es dotar de capacidad de aprendizaje automático a las cámaras de CBP, lo que les permite detectar automáticamente seres humanos y vehículos a medida que se acercan al muro, sin necesidad de que la policía esté presente físicamente.

La CBP (“Customs and Border Protection” o Aduanas y Protección Fronteriza), es la policía responsable de la seguridad fronteriza y la vigilancia en los puntos de entrada a Estados Unidos. Está comprando servicios de visión por ordenador de dos proveedores, IBM y Equitus. Según los contratos, Google desempeñará un papel crucial al integrar esos servicios operando un repositorio central para los datos de videovigilancia.

El trabajo se centra en las torres más antiguas compradas a la contratista de defensa militar israelí Elbit. En total, el contrato señala que “50 torres con hasta 100 cámaras en 6 sitios en el Sector de Tucson” serán mejoradas con posibilidades de aprendizaje automático.

IBM proporcionará su aplicación Maximo Visual Inspection, un algoritmo que la empresa generalmente comercializa para inspecciones de control de calidad industrial, no para rastrear a los seres humanos. Equitus está ofreciendo su Video Sentinel, un programa de análisis de videovigilancia más tradicional, comercializado explícitamente para la vigilancia fronteriza que, según un vídeo promocional, recientemente retirado de YouTube, puede detectar “personas caminando en estilo caravana… algunos de ellos llevan mochilas y son identificados como mulas”.

“En un plazo de 60 días desde el inicio del proyecto, se dispone de video en tiempo real de la frontera sur para entrenar y crear modelos de IA/ML que serán utilizados por el Equitus Video Sentinel”.

Uniendo estas herramientas de vigilancia mediante aprendizaje automático está Google, que está suministrando a CBP una plataforma de computación en la nube conocida como MAGE (Entorno de Plataforma en la Nube de Google Modular). La empresa tecnológica proporciona un centro para los datos de vigilancia por vídeo y alojará directamente la herramienta de análisis Equitus AI. Cada cámara en el Sector Tucson de CBP enviará datos a los servidores de Google: “Este proyecto se centrará inicialmente en 100 transmisiones de video simultáneas desde la fuente de datos para su procesamiento”, dice el contrato, y “los metadatos y fotogramas clave resultantes se enviarán a Google Cloud de CBP”.

Uno de los principales rivales de Google, Amazon Web Services, proporciona a CBP servicios de computación en la nube no especificados.

Durante el primer mandato de Trump, el trabajo de vigilancia fronteriza y de aplicación de la emigración llevaba un estigma en el sector tecnológico que hoy en día ha desaparecido, al menos en parte.

Un documento del Equipo de Innovación de la CBP, conocido como Invnt, afirmaba en 2020 que los servicios de Google Cloud se utilizarían junto con torres de vigilancia mejoradas por inteligencia artificial fabricadas por el contratista de defensa Anduril: “La Plataforma de Google Cloud (GCP) se utilizará para realizar proyectos de innovación para el equipo Invnt de C1, como IoT de próxima generación, PNL (Procesamiento de Lenguaje Natural), Traducción de Lenguaje, la cámara de imágenes de Anduril y cualquier otro proyecto orientado al futuro para CBP” (3).

GCP tiene características de producto únicas que ayudarán a cumplir con las necesidades de la misión.

Después de que se hiciera público el trabajo de Anduril, el director de la nube de Google, Thomas Kurian, intentó salir al paso rápidamente, contradiciendo directamente al Departamento de Seguridad Nacional y diciendo a los trabajadores que la empresa no estaba involucrada en la aplicación de la ley de inmigración en la frontera mexicana, informó CNBC en ese momento. “Hemos hablado directamente con la Aduana y la Patrulla Fronteriza y han confirmado que no están probando nuestros productos para esos fines”, añadió Kurian.

Sin embargo, un diagrama técnico muestra que el vídeo fluye entre varios servidores de CBP y muestra el MAGE de Google literalmente en el medio.

(1) https://www.cnbc.com/2020/10/30/google-cloud-ceo-kurian-to-employees-not-working-on-border-wall.html
(2) https://www.documentcloud.org/documents/25876444-pr20147033-towerinfrastructuremodernizationhardwarebuy-sow-draft/
(3) https://theintercept.com/2020/10/21/google-cbp-border-contract-anduril/

Las fronteras han creado un fabuloso negocio de control y vigilancia

El control de las fronteras ha creado una gigantesca industria de la vigilancia que en 2016 representaba un mercado anual de 18.000 millones de dólares y en 2022 dio un salto formidable hasta los 53.000 millones de dólares. Estados Unidos e Israel dominan el negocio.

En 2012 la Comisión Europea admitió su retraso en un plan de acción, identificando el sector de la seguridad como particularmente prometedor. Según Bruselas, “las empresas estadounidenses que dominan el mercado siguen siendo las más avanzadas desde el punto de vista tecnológico”. Considera necesario “establecer un mercado interior europeo más eficaz para las tecnologías de seguridad” con el fin de aprovechar mejor, frente a la competencia extranjera, este mercado en plena expansión”.

La Comisión Europea creó Frontex, una fuerza de guardias fronterizos y guardacostas y ha aumentado su presupuesto anual de 6,3 millones de euros en 2005 a 238,7 millones de euros diez años después. También han tendido cientos de kilómetros de muros y concertinas en los bordes del espacio Schengen, y en particular a lo largo de la “Ruta de los Balcanes“, la vía migratoria que conecta Grecia con el oeste de Europa.

Los muros, vallas y barreras no impiden la entrada de emigrantes: 150 personas cruzaron la valla de Melilla el año pasado, compuesta de tres cortinas de acero y vigilada por 650 guardias civiles. El 17 de febrero 500 personas cruzaron la de Ceuta.

Los muros no impiden la emigración sino que cambian las rutas de entrada. Como consecuencia del cierre de la ruta de los Balcanes tras el acuerdo firmado en marzo de 2016 entre Europa y Turquía, Italia ha vuelto a convertirse en una puerta de entrada principal para los refugiados.

Las vallas son caras de mantener. La de Melilla mide entre seis y siete metros de altura y tiene once kilómetros de longitud. Costó 33 millones de euros: 3 millones de euros por kilómetro, sin contar diversos gastos de mantenimiento. Un reciente informe del Ministerio del Interior los cuantifica en 14 millones de euros desde 2005, es decir, 154.000 euros por año y por kilómetro.

Extender la valla de Melilla a los 7.700 kilómetros de fronteras terrestres del espacio Schengen costaría al menos dos billones de euros y quedarían abiertos 42.000 kilómetros de costas.

Las fronteras electrónicas

Las fronteras electrónicas pueden ser el nuevo cerrojo que sustituya a las vallas y los muros. En 2002 Europa desplegó el Sive (“Sistema Integrado de Vigilancia Exterior”), que tiene su sede en Algeciras, a la sombra del peñón de Gibraltar. Con sus cámaras térmicas, sus sensores, sus radares y sus satélites, el Sive es la primera frontera virtual, que la industria dice en sus catálogos comerciales que es capaz de detectar cualquier intento de intrusión a treinta kilómetros.

El dispositivo se extiende desde la ciudad de Tarragona, al sur de Catalunya, hasta la frontera portuguesa, e incluye también las Islas Canarias. El Sive ha consumido cientos de millones de euros que, al menos en parte, ha ido a parar a los bolsillos de Indra.

En la estela del Sive han surgido otras fronteras virtuales como Spationav, en Francia, la red de vigilancia finlandesa-sueca Sucfis o el Sivicc (Sistema Integrado de Vigilancia Comando y Control) a lo largo de las costas portuguesas.

Pero mientras los europeos vigilan las fronteras terrestres y marítimas, los emigrantes llegan en avión provistos de un visado, antes de que el visado expire.

La Comisión Europea ya no sabe qué hacer y ha creado el programa de investigación europeo FP7-Seguridad que, entre 2007 y 2013 ha financiado 321 proyectos, uno de ellos el desarrollo de perros-robot dotados de un olfato artificial, herramientas de análisis de comportamientos sospechosos, sensores de sustancias químicas o incluso una arquitectura europea integrada de vigilancia marítima…

El programa de investigación Aeroceptor consiste en equipar drones de vigilancia en las fronteras con armas “no letales” para inmovilizar vehículos. Es el primer paso para fabricar drones con autonomía para dirigirse contra las personas.

La vigilancia como negocio

En la carrera tecnológica lo de menos son los emigrantes. Lo realmente importante es que se empieza a mover mucho dinero. En Europa los presupuestos invertidos en “seguridad fronteriza” se han triplicado desde 2010, alcanzando más de cuatro mil millones de euros en 2016.

Las empresas se llevan el mayor bocado y el mejor pretexto para aumentar los presupuestos públicos son las nuevas tecnologías, presentadas como el “arma definitiva” que va a acabar con los sin papeles.

Hasta ahora la tecnología de vigilancia fronteriza se ha comercializado como “dual”, es decir, capaz de satisfacer tanto las necesidades del ejército como las de la policía. En otras palabras, en los últimos años la industria militar se ha desplazado hacia el sector civil.

Para devorar los presupuestos públicos, las empresas de vigilancia tienen grupos de presión trabajando por los pasillos de Bruselas a jornada completa. Han creado organismos dentro de la Comisión y han sentado en ellos a sus peones. Ha sido una verdadera estrategia de infiltración.

A las órdenes de Javier Solana, el ‘señor de la guerra’ en Europa

En 2004 las empresas armamentistas europeas crearon la Agencia Europea de Defensa (AED) a través de Javier Solana, dirigente del PSOE, un personaje siniestro que de 1999 a 2009 dirigió de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la Unión Europea.

Los principales grupos de presión militaristas que operan en Bruselas, comenzando por la European Organization for Security (EOS), que agrupa a unas 40 empresas, desde armamento hasta electrónica pasando por la ciberseguridad, se jactan de haber creado un tinglado burocrático más para gastar más.

Por ejemplo, por iniciativa de los “señores europeos de la guerra”, en 2004 se creó el FP7, un programa europeo de investigación, dotado con 1.400 millones de euros. Entre 2007 y 2013 los caciques del armamentismo formaron parte de las comisiones del FP7, redactaban las licitaciones, luego se las adjudicaban y el dinero acababa en sus bolsillos.

No hay que sorprenderse de las conclusiones de un informe sobre el funcionamiento del FP7 publicado en 2014 a petición del Parlamento Europeo: empresas de armamento como EADS y Thales ganaban las licitaciones que habían redactado.

Los países del Golfo Pérsico no apoyan los ataques de Estados Unidos contra Yemen

En las últimas semanas Arabia Saudí y otros países del Golfo Pérsico han prohibido a los aviones de guerra estadounidenses utilizar sus aeródromos o su espacio aéreo para atacar a Yemen. Estados Unidos ha transferido aviones de guerra y carga hacia Jordania y los países del Golfo Pérsico a un nivel máximo desde el inicio de la Guerra de Gaza en 2023.

El número de vuelos de carga militar estadounidense hacia la región ha aumentado un 50 por cien en comparación con los niveles anteriores. En respuesta a la prohibición de los países del Golfo Pérsico, Estados Unidos han acumulado bombarderos B-2 utilizados en los recientes bombardeos de Yemen en la base de Diego García, en el Océano Índico.

La semana pasada, el movimiento de resistencia yemení Ansarollah advirtió sobre ataques contra Abu Dabi y Dubai si las acciones “imprudentes” de Emiratos Árabes Unidos, que colaboran con Estados Unidos en los ataques contra Yemen, continuaban.

Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait están particularmente preocupados por la reciente retórica belicista de Trump contra Irán, al que amenaza con “bombardeos como los iraníes nunca han visto antes”.

Trump ha instado a los países del Golfo Pérsico a unirse a su campaña de “máxima presión” contra Teherán, pero no quieren involucrarse. En marzo responsables militares y de inteligencia estadounidenses se reunieron con sus homólogos emiratíes y saudíes en Washington, aproximadamente en el momento de los primeros ataques contra Yemen.

El gobierno de Trump ha aprobado ventas de armas a Qatar y Arabia Saudí, que habían estado bloqueadas durante mucho tiempo. Doha recibió la autorización para comprar drones MQ-9 Reaper, y Riad obtuvo sistemas de armas que permiten convertir cohetes aire-tierra no guiados en cohetes de precisión.

El lunes Trump declaró que podría viajar a Arabia Saudí y posiblemente a otros países del Golfo Pérsico a partir del próximo mes de mayo.

La intransigencia de los países del Golfo Pérsico constituye un importante revés en su guerra contra Irán y Yemen. Estados Unidos tiene al menos 40.000 militares en Oriente Medio, la mayoría de los cuales están desplegados en los estados del Golfo Pérsico, ricos en petróleo, donde están basados en una serie de bases aéreas y navales estratégicas.

La base aérea Príncipe Sultan, en Arabia Saudí, alberga la 378 Ala Expedicionaria Aérea estadounidense, que opera los cazas F-16 y F-35. Los Estados Unidos utilizan drones MQ-9 Reaper y cazas desde la base aérea de Al Dhafra, en los Emiratos Árabes Unidos. La base aérea de Ali al-Salem, en Kuwait, alberga la 386ª Escuadra Expedicionaria Aérea.

https://mpr21.info/?s=f-35

La base aérea de Al Udeid, en Qatar, alberga el cuartel general regional del Comando Central estadounidense. Barein alberga aproximadamente a 9.000 militares estadounidenses que pertenecen al cuartel general del Comando Central de las Fuerzas Navales de Estados Unidos y a la Quinta Flota de Estados Unidos.

Los europeos preparan una intervención militar en Odesa y Lvov

Los planes de varios países europeos de desplegar “fuerzas de reafirmación” en Ucrania y tomar el control de Odesa y Lvov recuerdan la intervención aliada en la guerra civil rusa, declaró Maria Zajarova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, durante una conferencia de prensa.

“Da la impresión de que los europeos ya tienen los ojos puestos en estas ciudades y alimentan sus propios planes”, señaló. “En realidad, el objetivo de estas fuerzas también incluye la limitación de una posible agresión rusa. Esto recuerda la intervención militar de la Entente durante la guerra civil de 1917-1922 en nuestro país. Pero no importa, conocemos bien la historia”, añadió la portavoz.

Zajarova reiteró que la iniciativa franco-británica de desplegar “fuerzas de reafirmación” en Ucrania fue discutida en París el 27 de marzo durante otra cumbre europea de una supuesta “coalición de voluntarios” formada hace un mes con el fin de reunir un contingente de “mantenimiento de la paz” para desplegar en Ucrania.

“Da la impresión de que esto tiene como objetivo engañar completamente a sus propios ciudadanos, a los de la Unión Europea y Reino Unido, que ya no entienden nada, quién juega qué juego, quién apoya a quién, cómo se les llama y qué funciones desempeñan”, declaró Zajarova.

“Estas fuerzas no serán desplegadas en la línea del frente y no reemplazarán a las fuerzas armadas ucranianas. Su objetivo es proteger puntos estratégicos en coordinación con los ucranianos, por ejemplo, Odesa y Lvov, lo cual se menciona abiertamente en París y Londres”, concluyó.

Estados Unidos e Israel preparan un ataque inminente contra Irán

El martes el canal israelí Channel 14 anunció un ataque de gran envergadura contra Irán. La operación podría ser llevada a cabo solo por Israel, por Estados Unidos, o de manera conjunta. Estaría dirigida principalmente contra las instalaciones nucleares iraníes.

En su informe, Channel 14 describe el ataque previsto como “el más grande desde la Segunda Guerra Mundial”, una expresión fuerte que da cuenta de la magnitud potencial de la operación, tanto en el plano militar como político. Según la cadena, esta acción se llevaría a cabo si no se produjera ningún desarrollo significativo en las negociaciones sobre el programa nuclear iraní en las próximas semanas.

Del lado israelí, las advertencias se multiplican. Netanyahu reiteró que Irán nunca debe obtener el arma nuclear, calificando a Irán como una “amenaza existencial” para Israel. El ejército israelí ha llevado a cabo varias simulaciones de ataques contra emplazamientos iraníes, en particular los de Fordo, Natanz y Arak. La perspectiva de un ataque preventivo, durante mucho tiempo considerado arriesgado, parece ser ahora percibido como inevitable por parte de una parte del estado mayor israelí.

Por su parte, Estados Unidos no ha confirmado su participación en una agresión militar, pero se han enviado señales a Teherán por la vía diplomática y mediante el refuerzo de su presencia militar en el Golfo. En su segundo mandato, Trump ha adoptado una postura decididamente más ofensiva y ha amenazado recientemente a Teherán con un “castigo nunca visto” si Irán continua defendiendo al Eje de la Resistencia en la región.

Teherán, por su parte, se mantiene firme. Ali Jamenei ha prometido una respuesta “devastadora” a cualquier ataque y afirma que su programa nuclear tiene un objetivo exclusivamente civil.

El ministro iraní de Asuntos Exteriores calificó las amenazas israelo-estadounidenses de “actos de guerra psicológica” y advirtió que cualquier acción militar provocaría una respuesta regional, incluyendo a sus aliados en Líbano, Siria, Irak y Yemen. Hezbollah ya ha declarado que un ataque contra Irán sería considerado un ataque contra todo el Eje de la Resistencia.

La cuestión nuclear no es más que un pretexto para la agresión. El desafío es la reconfiguración estratégica de Oriente Medio. Un ataque de tal magnitud probablemente sería seguido de una reacción asimétrica: ataques de misiles, sabotaje de oleoductos, amenazas sobre los estrechos estratégicos como el de Ormuz. Un ataque, incluso si es selectivo, podría desencadenar una escalada regional con múltiples frentes. Líbano, ya en estado de alerta, Siria, Irak, Yemen e Israel podrían ser arrastrados a una espiral creciente.

Estados Unidos ha dirigido la guerra contra Rusia tanto en territorio ucraniano como ruso

Las grandes cadenas de difusión tardan en apuntarse a las conspiranoias, pero al final sucumben casi siempre. El domingo el diario New York Times admitió las tesis que antes eran patrimonio de los conspiranoicos: Estados Unidos ha participado directamente en la Guerra de Ucrania en contra de Rusia y esa guerra se ha desenvuelto tanto en territorio ucraniano como en territorio ruso (*).

El título forma parte de la teoría de la conspiración (“La historia secreta de la guerra en Ucrania”) y relata la intervención militar como si los reporteros hubieran encontrado un tesoro: la participación de Estados Unidos en la guerra es “mucho más amplia de lo que se pensaba anteriormente”.

¿De lo que pensaba quién? Evidentemente de lo que pensaban los lectores que se tragan las bobadas del periódico, que jamás informó de ninguna participación del ejército estadounidense en la guerra. Por eso dice que no sabía nada y que lo acaban de descubrir este fin de semana.

Es más, también acaba de descubrir que sus soldados han estado “involucrados en el asesinato de soldados (y civiles) rusos en el suelo ruso soberano”. Ha sido una guerra no declarada, no autorizada e ilegal contra Rusia.

Además del periódico, las declaraciones de los dirigentes europeos y estadounidenses durante los últimos tres años también han sido falsas. La Guerra de Ucrania nunca ha sido un choque entre Rusia y Ucrania exclusivamente.

Oficiales estadounidenses, algunos de los cuales estaban desplegados en Ucrania, seleccionaron objetivos a atacar y autorizaron ataques individuales, convirtiéndose, de hecho, en combatientes.

A lo largo de la guerra, el gobierno de Biden violó sistemáticamente sus propias reglas sobre la dirección de los combates, llegando a autorizar ataques en territorio ruso, con armas estadounidenses y bajo las órdenes de los comandantes estadounidenses.

Los oficiales estadounidenses decidían qué tropas y objetivos civiles rusos serían atacados, y transmitían sus coordenadas al ejército ucraniano, luego autorizaban los ataques con armas proporcionadas por los países de la OTAN.

Los soldados estadounidenses y británicos fueron desplegados en Ucrania para dirigir personalmente las operaciones de combate. El ejército estadounidense ha planificado de todo, desde los movimientos de tropas estratégicos a gran escala hasta ataques individuales de largo alcance.

“Oficiales estadounidenses y ucranianos han planificado las contraofensivas de Kiev”, dice el periódico. “Un amplio esfuerzo estadounidense de recopilación de inteligencia permitió orientar la estrategia general de combate y transmitir información de objetivos precisos a los soldados ucranianos sobre el terreno”. El centro de mando estadounidense de Wiesbaden, en Alemania, “supervisaba cada ataque de misiles de largo alcance Himars contra las tropas rusas”.

Los estadounidenses “examinaban las listas de objetivos de los ucranianos y los asesoraban sobre el posicionamiento de sus lanzadores y el momento de sus ataques”. La vigilancia era tan estricta que “los ucranianos debían usar únicamente las coordenadas proporcionadas por los estadounidenses”. Para disparar una ojiva, “los operadores de misiles Himars necesitaban una tarjeta electrónica especial, que los estadounidenses podían desactivar en cualquier momento”.

“Cada mañana, los oficiales estadounidenses y ucranianos fijaban las prioridades de selección de objetivos: unidades, equipos o infraestructuras rusas”. Los oficiales de inteligencia estadounidenses y de la OTAN estudiaban las imágenes satelitales, las emisiones de radio e interceptaban las comunicaciones para identificar las posiciones rusas. “La Fuerza de Combate Dragon comunicaba luego las coordenadas a los ucranianos para que pudieran atacarlas”.

Según los términos de un responsable de inteligencia europeo, el ejército estadounidense formaba parte de la “cadena de ataque”, es decir, tomaba las decisiones sobre las tropas e infraestructuras rusas a atacar.

Todo estuvo siempre en manos de los jefes militares de Estados Unidos

Entre los objetivos proporcionados por Estados Unidos a las tropas ucranianas figuraba el Moskva, buque insignia de la flota del Mar Negro, atacado y hundido el 14 de abril de 2022. Estados Unidos también proporcionó las coordenadas de un ataque de misiles de largo alcance contra el puente de Kerch, que conecta la Rusia continental con Crimea.

Incluso el New York Times cuenta cosas nuevas por primera vez, informaciones que no teníamos: el ataque ucraniano del año pasado contra el arsenal de Toropets, al oeste de Moscú, fue dirigido por la CIA. “Agentes de la CIA compartieron información sobre las municiones y las vulnerabilidades del depósito, así como sobre los sistemas de defensa rusos en ruta hacia Toropets”. Calculó el número de drones necesarios para la operación y cartografió sus trayectorias de vuelo tortuosas.

El New York Times escribe que “ataques de Himars que causaron al menos 100 muertos y heridos rusos ocurrieron casi todas las semanas”. El periódico también admite que un número no revelado de soldados estadounidenses en servicio activo fue desplegado en Ucrania. “En numerosas ocasiones, el gobierno de Biden autorizó operaciones encubiertas que anteriormente había prohibido”. Consejeros militares estadounidenses fueron enviados a Kiev y luego autorizados a acercarse a los combates.

Por su parte, el ejército británico “desplegó pequeños equipos de oficiales en el país después de la invasión [rusa]”. El artículo abunda en detalles sobre los conflictos entre responsables estadounidenses y ucranianos, y dentro del propio ejército estadounidense, respecto a la dirección de la guerra.

En ellos destaca la presión constante ejercida por Estados Unidos sobre Ucrania para que movilice a la población de manera masiva y, en particular, cada vez más joven para ser usada como carne de cañón en una guerra que sólo interesa a Estados Unidos y a sus socios de la OTAN.

El artículo relata el llamamiento del general Christopher Cavoli, entonces comandante supremo de las fuerzas aliadas de la OTAN en Europa, a “involucrar a los jóvenes de 18 años”. También destaca las presiones del secretario de Defensa Lloyd Austin contra Zelensky para que tome “una decisión más audaz y comience a reclutar a jóvenes de 18 años”.

¡No era propaganda prorrusa!

La participación directa de Estados Unidos y la OTAN en la Guerra de Ucrania siempre fue considerada como propaganda prorrusa y una teoría de la conspiración. Las declaraciones oficiales siempre negaron tal cosa, haciéndose los enfadados.

¿Por qué el New York Times rompe ahora su silencio? ¿Por qué un diario incondicional de Biden y del partido demócrata revela hoy las mentiras del anterior Presidente? ¿Por qué destapa sus propias mentiras, que ha alimentado sin pestañear durante tres años?

La explicación es que Rusia ha ganado la guerra y con la derrota del otro bando han caído sus máscaras, sus fraudes y sus engaños. Para acabar con la propaganda de guerra hay que acabar con la guerra.

El 20 de marzo de 2022 el New York Times decía: “Usando un diluvio de mentiras, cada vez más extravagantes, el presidente Vladimir Putin ha creado una realidad alternativa, en la cual Rusia está en guerra, no contra Ucrania, sino contra un enemigo occidental, más grande y más pernicioso”.

Ahora queda claro quién es el que mentía y los reporteros se hacen los tontos diciendo que han descubierto el cofre del tesoro.

(*) https://www.nytimes.com/interactive/2025/03/29/world/europe/us-ukraine-military-war-wiesbaden.html

El ejército ucraniano dispara a los soldados que retroceden del frente

A medida que el frente se derrumba, el ejército ucraniano tiene más dificultades en sostener la disciplina. Las deserciones aumentan y los soldados no obedecen las órdenes de sus jefes militares.

Los soldados ucranianos tienen prohibido retirarse y a quienes lo hacen les disparan con drones y artillería. Para ello el ejército ucraniano ha creado unidades encargadas de disparar a los soldados que se repliegan.

“Estás obligado a ir hacia adelante”, dice un soldado ucraniano. “No puedes retroceder porque hay una brigada detrás de ti que no te deja retroceder. Los drones FPV y la artillería te disparan”, explica.

El mando ucraniano tampoco se preocupa por el destino de los heridos y los abandona a su suerte, añade.

“Nos dijeron que todo iría bien, que vendrían a buscarnos si algo sucedía, si estábamos heridos. Sin embargo, cuando había heridos, nadie venía a buscarnos”, lamenta el soldado. Han fallecido por abandono muchos de los heridos que pudieron sanar con la debida atención médica.

A medida que los rusos avanzan, tienen que recoger un número mayor de cadáveres de soldados ucranianos. La semana pasada la Cruz Roja logró la repatriación de los restos mortales de más de 900 soldados ucranianos que habían caído en combate y estaban bajo custodia de Rusia.

Lo único que nos podemos pagar los europeos es la amistad de Rusia

Hace apenas un año, la propaganda occidental se jactaba de que, al desatar la guerra en Ucrania, Rusia había fortalecido a un organismo, como la OTAN, que había perdido el norte tras la desaparición de la URSS.

En el colmo de la estupidez, nuevos países se incorporaron al organismo y los más cretinos aseguraron que cuantos más países estuvieran dentro, mejor. Con la llegada de Finlandia y Suecia, el club tiene ya 32 socios.

Ademas, todos esos socios daban muestras aparentes de una unidad inquebrantable. La fachada en torno a la Guerra de Ucrania indicaba que la OTAN era un “bloque” monolítico.

Ahora el tono ha cambiado. La OTAN es el típico organismo de la Guerra Fría al que se le ve agotado. Los propagandistas ya no saben lo que tienen que decir. En su historia, la Alianza nunca se ha enfrentado a una crisis semejante, dice la revista Foreign Affairs (*).

Un organismo así es como un boxeador que necesita un adversario sudoroso con los guantes puestos, y ese adversario ya no existe o, quizá peor, no hay consenso sobre quién es el adversario.

A nadie le sorprendería que Trump decidiera retirarse de un tinglado en crisis, internamente dividido y, sobre todo, muy costoso de mantener. Los “expertos” que se ganan el sustento con este tipo de elucubraciones inventan nuevas recetas para “la supervivencia de la OTAN sin Estados Unidos”. ¿Como se hace la paella sin arroz?

El secretario de Defensa, el vicepresidente J.D.Vance y otros altos dirigentes del gobierno de Trump han expresado repetidamente su desprecio por una Europa “patética”. Están hartos de financiar las chauzas de los “socios” del Viejo Continente.

En febrero, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, reprendió a sus aliados: “La dura realidad estratégica no permite a Estados Unidos hacer de la seguridad europea su primera prioridad. Los aliados europeos deben intervenir y garantizar ellos mismos la seguridad del continente”.

Poco después, Trump se enfrentó a la OTAN en la ONU, donde representantes estadounidenses se negaron a apoyar una resolución europea que acusaba a Rusia de haber invadido Ucrania.

La Casa Blanca intenta arrebatarle Groenlandia a un aliado de la OTAN, Dinamarca.

En marzo Alemania y Estados Unidos se pelearon abiertamente. El futuro canciller alemán, Friedrich Merz, dijo que con la actitud de Trump, “pronto ya no podremos hablar de la OTAN en su forma actual”.

Pero una OTAN sin Estados Unidos es como un pianista sin piano, y lo que es peor: los europeos no pueden valerse por sí mismos. Están preocupados por su “soberanía” o su “independencia” armamentista y creen que algún día podrán lograrla, que es otro de sus muchos errores, sobre todo si lo que buscan es hacer sombra a Rusia.

Europa podrá rearmarse hasta los dientes, pero nunca llegará a la altura de Rusia, así que les resultaría mucho más fácil acercarse un poco a ella, que les acogería con los brazos abiertos. Se ahorrarían mucho dinero.

La revista Foreign Affairs recopila un largo listado de lo que les falta a los miembros de la OTAN en términos de defensa en caso de una retirada estadounidense. Sistemas de reconocimiento por satélite, barcos y aeronaves, equipos y armas, drones y programas de inteligencia artificial. Personal de todos los niveles, desde soldados rasos hasta oficiales. Infraestructura. Refugios antibombas… La lista es interminable.

En teoría es posible comprar o construir todo eso. Pero hace falta dinero, muchísimo dinero, sólo para mantener los ejércitos al mismo nivel que tiene hoy, que es muy bajo, en comparación con Rusia.

De esa manera volvemos siempre al mismo punto de partida: los países europeos necesitan un dinero que no tienen y van a dar otro paso más en falso, que es el de endeudarse, lo que horroriza a los que ya están hasta el cuello de deudas, como Francia, Italia, España, Portugal y Grecia.

Cuando todo no es charlatanería, como en los medios, y hay que aflojar el bolsillo, algunos empiezan a darle vueltas a la cabeza. Si lo de la “amenaza rusa” no existiera, no habría necesidad de gastar tanto dinero, e incluso sería posible hacerse amigos de Rusia.

A Hungría, Eslovaquia, e incluso Austria, no es que Rusia, Chaikovski o Putin les caigan simpáticos, como dicen los medios; es que es lo más barato, o quizá ocurre como en cualquier supermercado: la amistad de Rusia es lo único que nos podemos pagar los europeos.

Uno de los errores de los estrategas europeos es preguntar con quién van a pegarse. Sería mejor que se preguntaran con quién pueden pegarse. La recomendación de hoy para Bruselas es que se busquen un adversario con el que puedan cruzar sus guantes sin recibir una paliza porque, como dicen los futboleros, Rusia juega en otra liga.

(*) https://www.foreignaffairs.com/united-states/nato-without-america

Los países europeos sólo tienen planes militares y muy poco dinero para cumplirlos

Reino Unido es un país de la OTAN dotado de armas nucleares y, por lo tanto, no debería depender de la disuasión del Pentágono. Sin embargo, no es así. Su disuasión está estrechamente vinculada al programa nuclear estadounidense. Los misiles se fabrican en Estados Unidos y el mantenimiento del sistema también se lleva a cabo al otro lado del Atlántico.

Además, el programa nuclear Trident es otro derroche que absorbe aproximadamente el 6 por cien del presupuesto de defensa de Reino Unido, aunque los cambios en la clasificación de los gastos nucleares por parte de la Defensa británica en 2023 dificultan estimar su verdadero costo anual.

Las estrategias alternativas de disuasión nuclear, como una asociación con Francia o un dispositivo europeo más amplio, plantean sus propios desafíos. El gobierno británico se enfrenta, pues, a una elección difícil.

El Trident se compone de cuatro submarinos nucleares británicos de clase Vanguard, con propulsión y armamento nucleares. La Marina británica despliega uno de estos submarinos de forma permanente, conforme a su política CASD (disuasión continua en el mar).

Los submarinos están basados en Faslane, cerca de Glasgow, y actualmente están siendo reemplazados por nuevos submarinos Dreadnought, en construcción en Barrow-in-Furness, en Cumbria.

Es cierto que el Primer Ministro británico puede lanzar los misiles sin ninguna intervención exterior. Sin embargo, la independencia de Trident es ficticia. El gobierno de Londres compró los misiles a Estados Unidos según los términos del contrato de venta Polaris modificado, actualizado en 1982 para incluir también a Trident.

El mantenimiento de los misiles lo realiza la empresa Lockheed Martin, su fabricante, en Estados Unidos. Cada dos o tres años los misiles deben viajar hasta Estados Unidos para someterse a una revisión. Reino Unido también compra a Estados Unidos los proyectiles aerodinámicos necesarios para la producción de ojivas nucleares.

El acuerdo de defensa mutua entre Estados Unidos y Reino Unido que subyace a esta cooperación, incluido el mantenimiento de los misiles, fue prorrogado indefinidamente el año pasado y tiene cláusulas que dificultan la rescisión. Sin embargo, persiste el riesgo de que Estados Unidos decida ignorar el acuerdo o amenace con hacerlo para presionar.

Reino Unido dispone de tres opciones para reducir su dependencia de Estados Unidos en materia de disuasión nuclear.

La primera consistiría en desarrollar una capacidad industrial propia de producción de misiles balísticos mar-tierra (MSBS) destinados a reemplazar al Trident. Sería un proyecto largo y costoso. El acuerdo actual con Estados Unidos es más rentable, ya que estos últimos se benefician de economías de escala en materia de diseño, producción y mantenimiento, que no serían realizables en el marco de un programa británico de MSBS.

Otra opción sería una colaboración técnica con Francia, la otra potencia nuclear de la OTAN después de Estados Unidos. Francia utiliza un submarino nuclear estratégico similar al de Reino Unido, y actualmente está reemplazando su sistema actual.

Esta opción no es posible porque los dos sistemas se basan en fundamentos técnicos diferentes. Sin embargo, la adquisición de misiles franceses podría resultar más rápida que el desarrollo de una tecnología propia, siempre que puedan ser integrados en los submarinos británicos.

Este planteamiento implicaría siempre apoyarse en un aliado. Si por ahora Francia y Reino Unido están alineados en las cuestiones de seguridad europea, la cooperación no está garantizada. Por ejemplo, Marine Le Pen se opone. Está en contra de compartir la disuasión nuclear y probablemente rechazaría compartir el armamento si llegara a la Presidencia, que es lo que han tratado de evitar ahora con su inhabilitación por la vía judicial.

Una tercera opción consistiría en repartir los gastos del armamento nuclear entre los aliados europeos. Podría hacerse dentro de la OTAN, con Reino Unido y Francia recibiendo una compensación económica.

Esta posibilidad plantea preguntas más amplias sobre la eficacia de los sistemas de armas nucleares. Si Reino Unido sólo utiliza el armamento nuclear en escenarios extremos, su eficacia como medio de disuasión es ambigua. Las armas nucleares podrían disuadir un ataque nuclear, pero su papel en la disuasión de una agresión convencional es menos claro.

Reino Unido y Francia deberían considerar la reintroducción de armas nucleares de menor potencia para ampliar sus opciones. Eso incluiría el retorno a una capacidad de lanzamiento aéreo táctico, de la que ambos países disponían durante la Guerra Fría, pero que decidieron desmantelar en favor de una capacidad exclusivamente estratégica.

Sin embargo, teniendo en cuenta el costo exorbitante asociado al desarrollo de una nueva fuerza nuclear, las grandes dificultades para controlar la escalada y las graves consecuencias de su uso, sería preferible asegurarse de que las fuerzas nucleares existentes permanezcan operativas antes de invertir en feurzas adicionales. Una atención particular debería ser otorgada a las inversiones en las infraestructuras portuarias necesarias para el mantenimiento y la reparación de los submarinos.

En lugar de invertir en nuevas capacidades nucleares, Reino Unido y Europa pueden demostrar mejor su capacidad para responder a las amenazas creando unas fuerzas de defensa convencionales más fiables, que ahora no tienen.

Reino Unido debe elegir a sus aliados

En el corazón del problema británico se encuentran las tensiones inherentes al intento de compartir la fuerza militar con terceros. No hay más que recordar el Brexit para darse cuenta de que las relaciones entre los aliados son poco fiables, mientras que las tecnologías militares sofisticadas, en particular las nucleares, son costosas, y los países necesitan compartir los gastos.

Reino Unido debe, por lo tanto, determinar con qué aliados sus intereses son más propensos a converger a largo plazo. Si los intereses de seguridad británicos y franceses están actualmente en gran medida alineados, nada garantiza que siempre sea así.

Pero seguir contando con Estados Unidos para su disuasión parece arriesgado. La política exterior estadounidense se prepara para cambios muy profundos y duraderos.

Por el momento, a Reino Unido le conviene mantener relaciones estrechas con Estados Unidos y esforzarse por mantener el compromiso de Washington con la OTAN, pero el siguiente paso lógico es explorar otras opciones, que van a resultar mucho más caras.

Por resumir, los países europeos no tienen ni armas ni soldados. Sólo tienen planes militares y muy poco dinero para cumplirlos.

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