Hace décadas que las relaciones entre Rusia e Israel son un tobogán. Desde la “nakba” en Palestina de 1948 hasta los ataques israelíes en Siria, pasando por la agresión de junio contra Iran, Moscú ha expresado regularmente su oposición a las posturas defendidas por Tel Aviv en los foros internacionales.
Los desacuerdos, confinados durante mucho tiempo a escenarios bien definidos de Oriente Medio, se extienden ahora al Cuerno de África. El reconocimiento por parte de Israel de la independencia de Somalilandia ha reavivado las tensiones, lo que ha llevado a una postura firme de Rusia ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
Si bien Rusia mantiene mecanismos de coordinación militar con Israel para evitar incidentes en Siria, también ha condenado la ocupación de los altos del Golán y los ataques israelíes. Las críticas se expresan en nombre del respeto a la soberanía de Damasco, entonces encabezada por Bashar Al Assad, un aliado clave de Moscú. A esas diferencias se suma el apoyo de Rusia a Irán, socio estratégico en Oriente Medio, cuyo papel regional es percibido por Israel como una amenaza directa.
Con el reconocimiento diplomático de Somalilandia, los sionistas pretenden tener una base en el Cuerno de África para atacar a los huthíes en Yemen y, de paso, debilitar las posiciones de Irán en la entrada del Mar Rojo.
En este contexto complejo, el reconocimiento de un nuevo país por parte de Israel se presentó ante el Consejo de Seguridad. Para Moscú, la decisión constituye una nueva violación de los principios que ha defendido durante mucho tiempo, a la vez que sienta un precedente considerado peligroso para la estabilidad regional.
En su intervención ante el Consejo de Seguridad, la representante rusa, Dina Gilmutdinova, expresó su profunda preocupación por la decisión israelí. Sin detenerse en consideraciones bilaterales, la diplomacia rusa enfatizó las implicaciones directas de este reconocimiento para Somalia, de la cual Somalilandia ha sido una región oficialmente reconocida desde su declaración unilateral de autonomía en 1991.
Según Moscú, reconocer la independencia de Somalilandia socava la unidad y la integridad territorial del Estado somalí. Rusia reiteró que esta postura es compartida por gran parte de la comunidad internacional, incluyendo la Unión Africana y varios países de la región, que siguen apoyando a Mogadiscio en sus esfuerzos de estabilización y reconstrucción institucional.
Más allá de los aspectos legales, Rusia llamó la atención sobre las consecuencias inmediatas para la seguridad. Advirtió sobre una posible escalada de tensiones en el Cuerno de África, una región ya debilitada por crisis políticas y persistentes conflictos armados. Según Moscú, reconocer a Somalilandia podría complicar aún más el equilibrio interno de Somalia y socavar las iniciativas para fortalecer al gobierno central.
La lucha contra el terrorismo también se planteó como un tema central. Rusia cree que decisiones unilaterales de esta naturaleza corren el riesgo de desviar la atención y los recursos del gobierno somalí y sus socios internacionales, en un momento en que la amenaza que representa Al Shabaab sigue siendo alta. Para Moscú, cualquier acontecimiento político que pueda fragmentar aún más el país podría proporcionar un terreno fértil para este grupo armado, que ya está establecido en varias regiones.
Ante esta situación, Rusia abogó por un enfoque basado en el diálogo entre los propios somalíes, sin injerencias externas. Reafirmó su apoyo a las autoridades de Mogadiscio en su búsqueda de estabilidad y soberanía, al tiempo que instó a los actores internacionales a evitar cualquier iniciativa motivada por intereses geopolíticos inmediatos.
La reacción rusa al reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel no es un incidente aislado. Forma parte de una serie de posturas en las que Moscú se posiciona como defensor de un orden internacional basado en el respeto a las fronteras reconocidas y el papel central de las Naciones Unidas en la resolución de disputas. Al oponerse públicamente a Israel en esta cuestión africana, Rusia amplía el alcance de sus desacuerdos con Tel Aviv, que hasta ahora se han centrado principalmente en Oriente Medio.
Para Israel, este reconocimiento se basa en sus propias consideraciones estratégicas, aunque estas no se hayan detallado oficialmente en el Consejo de Seguridad. Para Rusia, sin embargo, la cuestión trasciende el caso de Somalilandia. Afecta a la credibilidad de los mecanismos multilaterales y al riesgo de una proliferación de iniciativas que podrían debilitar a los Estados más vulnerables.