La guerra en el Mar Báltico prosigue bajo una cortina de humo

Como ya hemos expuesto en entradas anteriores, el gobierno británico intenta abrir un frente de guerra naval en el Mar Báltico que, además de la captura de buques, ha desatado agresiones no convencionales, como ataques terroristas “negables” y, eventualmente, un bloqueo conjunto finlandés-estonio del Golfo de Finlandia.

En una entrevista, el Secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Patrushev, confirma que los británicos están tensando la cuerda en el Mar Báltico, añadiendo que su objetivo es frenar las negociaciones entre Rusia y Estados Unidos para lograr un alto el fuego en Ucrania (*).

Aunque Trump ya está al corriente de los planes británicos, Rusia le ha informado oficial y personalmente sobre ellos y le ha pedido que disuada a sus aliados regionales de apoyarlos.

A través de la OTAN los británicos llevan a cabo ciberataques contra los equipos de navegación de los barcos rusos y, según Patrushev, podrían ser los difusores de las recientes acusaciones de sabotaje en el Báltico, lo que ha llevado a a los países ribereños a incrementar y coordinar su presencia naval. Esa proliferación, dice el dirigente ruso, constituye una amenaza para los intereses de Rusia y podría conducir a ataques terroristas contra sus oleoductos submarinos, petroleros y cargueros secos.

Rusia va a responder a esta amenaza mediante drones submarinos y el fortalecimiento de su flota en el Báltico.

Una de las amenazas convencionales es la alianza entre Finlandia y Estonia para bloquear a Rusia en el Golfo de Finlandia. Patrushev advierte que su país está capacitado para desbaratar esa alianza “y castigar a los agresores“.

A partir de ahí, la entrevista de centra en Finlandia, de la cual Patrushev indica que tiene una población amistosa, a diferencia de su gobierno, que ha entrado en la OTAN y ha tardado décadas en quitar la svástica de los aviones de su aerolínea.

El gobierno de Finlandia, añade, distorsiona la historia para no mencionar el objetivo de la “Gran Finlandia“, que consiste en ocupar el noroeste de Rusia, colocar a sus habitantes en campos de concentración y exterminar a los eslavos. Al igual que Finlandia fue utilizada por los nazis en 1939 como trampolín para una agresión contra la URSS, Patrushev también advierte que la OTAN la podría utilizar hoy como trampolín para una agresión contra Rusia.

La ‘flota fantasma’ es el pretexto para algo mucho peor que las fantasmadas

Uno de los últimos ejemplos de la situación en el Mar Báltico es la captura en enero del buque Eventin, que había zarpado del puerto ruso de Ust-Luga con destino a Egipto. El carguero estaba registrado bajo pabellón panameño y fue incautado por Alemania tras quedar a la deriva cerca de la isla de Rügen, debido a una avería en sus motores.

Alemania confiscó un petrolero en un acto abierto de piratería porque, supuestamente, estaba vinculado a la “flota fantasma” rusa y transportaba unas 100.000 toneladas de crudo, con un valor aproximado de 40 millones de euros.

El Kremlin afirma no tiene información sobre el propietario del barco ni las razones exactas de la incautación.

El 14 de marzo la Dirección General de Aduanas alemana emitió una orden de confiscación, lo que significa que tanto el buque como su carga han pasado a ser propiedad del gobierno alemán.

La decisión se formalizó después de un importante revuelo interno entre varios ministerios alemanes y después de que a finales de febrero la Unión Europea incluyera al Eventin en su lista de sanciones, identificándolo como parte de la “flota fantasma” rusa.

Por lo tanto, primero capturan el buque y luego justifican la piratería incluyéndolo dentro de las sanciones contra Rusia, lo cual es una chapuza a la cual es mejor que los europeos no se acostumbren porque las consecuencias pueden ser imprevisibles.

Inicialmente, Alemania remolcó el barco a aguas seguras en el puerto de Sassnitz con el pretexto de evitar un posible derrame de crudo que podía contaminar las aguas. Pero luego el gobierno alemán decidió no permitirle continuar su viaje, justificando la confiscación con otro pretexto fabricado para la ocasión: evitar que Rusia burlara las sanciones y emitir una señal de advertencia al Kremlin de que no van a tolerar el tránsito de petróleo ruso por el Mar Báltico.

Pero Alemania sigue sin atreverse a tomar una decisión sobre lo que va a hacer con el buque y su carga. El Ministerio de Finanzas alemán confirmó que hay “medidas aduaneras en curso”, pero señaló que no son aún “jurídicamente vinculantes”, lo que indica que podría iniciarse algún tipo de “juicio”, lo cual es otro rasgo característico de la piratería.

El derecho marítimo se fundamenta en el principio de libertad de navegación, mientras que las sanciones impuestas por la Unión Europea son ilegales. Rusia tiene derecho a desplazar sus buques por cualquier océano del mundo y la captura de uno de ellos es un acto de piratería y una declaración de guerra, que en este momento no interesa hacer oficial ni a Alemania ni a Rusia.

Sólo en caso de guerra se puede capturar un buque mercante, junto con su carga, lo cual técnicamente se denomina “derecho de presa”. El proceso tiene que acabar finalmente en un juzgado que debe “legalizar” la captura, según el derecho internacional… siempre que Alemania le declare la guerra a Rusia oficialmente.

(*) https://oborona.ru/product/zhurnal-nacionalnaya-oborona/zashchitit-interesy-rossii-na-baltike-i-v-arktike-46770.shtml

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