En sus discursos Trump se presenta como un “pacificador”. Durante su campaña electoral retrató a Kamala Harris como una belicista. La acusó de iniciar guerras. Pero “yo no voy a iniciar una guerra. Voy a acabar con las guerras”, afirmó.
Ahora dice que ha acabado con ocho guerras en ocho meses y ha creado el “Consejo de la Paz” para después del alto el fuego en Gaza. No ha ocultado que le hubiera gustado recbir el Premio Nobel por ello, como Obama. Sólo le han otorgado el de la FIFA y se siente desairado por el comité del Premio Nobel de la Paz.
No es un fracaso personal, sino el agotamiento rápido de un programa de gobierno que se volverá en su contra durante las elecciones de mitad de mandato. Su vicepresidente, J.D.Vance, aseguró al Washington Post el jueves que, al igual que el presidente, era “escéptico ante las intervenciones militares extranjeras”. No admitía “una guerra en Oriente Medio durante años sin un final a la vista; es imposible que eso ocurra”, afirmó Vance a bordo del Air Force Two.
Ayer ambos “pacificadores” se transformaron en caudillos militares, anunciando el comienzo de la agresión militar contra Irán, con el objetivo de doblegar al gobierno. Pero no las tienen todas consigo porque no se han dado plazo para cumplir su tarea. Tampoco tienen un plan para evitar que la guerra se extienda por varios países de Oriente Medio
Los ataques contra Irán marcan la culminación de un patrón de intervenciones militares cada vez más audaces, que culminaron con el secuestro de Maduro a principios de enero. Anteriormente, Trump había autorizado ataques en Irán y Nigeria, la incautación de petroleros frente a las costas de Venezuela y la destrucción de barcos en el Caribe. Luego barajó en público el plan de invadir Groenlandia.
Estas exhibiciones de fuerza se limitaron en gran medida a ataques con misiles balísticos, lo que minimizó el riesgo de bajas entre las tropas estadounidenses. Sin embargo, el jueves, en el acto oficial de condecoración de Eric Slover, el mercenario que pilotó el helicóptero blindado CH-47 Chinook que secuestró a Maduro y su esposa en Caracas, apareció en muletas.
¿Cómo es posible que le alcanzaran los disparos dentro de un helicóptero blindado? ¿cuántos heridos más produjo el secuestro de Caracas? ¿con cuántos cadáveres se va a presentar Trump a sus fieles en las próximas elecciones de medio mandato?
Durante la campaña para la reelección de Obama de 2012, el “pacificador” expresó con frecuencia su preocupación por el riesgo de que iniciara hostilidades contra Irán para reforzar su imagen antes de las elecciones. “Predije hace mucho tiempo que el presidente Obama atacaría a Irán debido a su incapacidad para negociar adecuadamente; ¡no se le da bien!”, escribió en 2013.
Un apuesta muy arriesgada
Al mencionar el cambio de régimen como objetivo, Trump pone el listón muy alto para el éxito de la operación. Los presidentes estadounidenses recientes siempre han perdido terreno en Oriente Medio. El atolladero de Irak y Afganistán se cierne sobre la presidencia de George W. Bush. Las “primaveras árabes” de Obama desataron guerras en varios países de Oriente Medio, que aún no han terminado. Biden quedó en ridículo con una vergonzosa retirada de Afganistán.
Que el gobierno de Trump se ha precipitado es obvio, porque los intoxicadores no han tenido tiempo de convencer a nadie de la necesidad de esta agresión militar, como dedmuestran las encuestas. “La guerra contra Irán necesita un previo lavado de cerebro”, titulamos el 19 del pasado mes de febrero. Filtraciones a la prensa estadounidense han puesto de manifiesto las dudas del general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, sobre una operación a gran escala en Irán.
Iniciar una guerra contra Irán es una apuesta muy arriesgada, a pocos meses de las elecciones de mitad de mandato. Si el gobierno iraní no cae tras unos pocos días de bombardeos, lo que ya se intentó en junio del año pasado, Estados Unidos tendrá dos problemas capitales. El primero serán los cadáveres y los heridos que lleguen en muletas, como Eric Slover.
El segundo serán los precios del petróleo, que se van a disparar. Las elecciones de mitad de mandato se celebrarán en noviembre y Trump ha prometido a sus fieles precios bajos de la energía. Otro aumento repentino de la inflación y de los precios de la gasolina podría aumentar aún más su impopularidad.