El desastre estratégico del imperialismo en Afganistán

Estados Unidos y los talibanes han alcanzado un principio de acuerdo para que el Pentágono retire sus tropas y las de la OTAN en un plazo de 18 meses. El acuerdo está pendiente de la ratificación del gobierno afgano.

Las negociaciones se están celebrando en Doha, Qatar, y los imperialistas se han roto los dientes, mientras los talibanes negocian desde posiciones de fuerza, sin ceder a ninguna de las demandas de Estados Unidos, cuya delegación encabeza Zalmay Khalilzad.

Ni la gigantesca maquinaria bélica estadounidense, ni el ejército que han creado en Kabul, ni las docenas de empresas mercenarias, ni 18 años de sangrienta guerra, ni los presupuestos militares gigantescos, ni las armas de última generación. Todo ha sido inútil. Los talibanes los crearon ellos, el invento se les volvió en su contra y ahora los necesitan para hacer frente a otros dos inventos: Al-Qaeda y el Califato Islámico.

La situación en Afganistán está completamente fuera de control y ha sido el representante de los talibanes en Doha quien puso los dos asuntos encima de la mesa desde el primer minuto. Primero, para empezar a hablar Estados Unidos tiene que sacar sus tropas del país. Segundo, la llegada de los yihadistas procedentes de Irak y Siria a bordo de aviones de carga y helicópteros de transporte estadounidenses y extranjeros que operan bajo la bandera de la ISAF, es decir, de la ONU, es decir fraudulentamente.

La chatarrería de Pentágono y la OTAN no sirve absolutamente para nada porque su invasión militar se basó en uno de los mayores fraudes políticos internacionales, las voladuras del 11 de setiembre de 2001, del que hicieron partícipe a la ONU.

La Guerra de Afganistán no ha ido a menos sino a más con el paso del tiempo. El mayor número de víctimas se produjo en 2017, con más de 10.000 muertos y heridos civiles. El total de víctimas en los 18 años de guerra supera los 100.000.

En el siglo XXI las guerra siguen siendo lo mismo de siempre: la continuación de la política por otros medios y a quien no tiene política, o no tiene más que engaños, no le pueden salvar las armas, ni los drones, ni los aviones, ni los misiles.

El fracaso no es sólo de Estados Unidos, ni de la OTAN, porque en la Guerra de Afganistán han participado nada menos que los 29 ejércitos más poderosos del mundo, entre ellos el español.

Afganistán no ha sido una guerra que “nadie ha podido ganar”, como titulaba El País; es una guerra que ha ganado Afganistán.

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