Durante décadas en Estado Unidos el apoyo al Estado de Israel fue característico del partido demócrata. No obstante, a partir de los setenta, el sionismo también encontró un aliado sólido dentro de la reacción estadounidense: el partido republicano y la iglesia evangelista. Creyó que ese apoyo sería duradero, pero ha empezado a desmoronarse.

Israel ha perdido su encanto, sobre todo entre la juventud. El esfuerzo publicitario que los sionistas han llevado a cabo durante décadas para sostener el victimismo (“holocausto”), ya no convence a las nuevas generaciones. Ya nadie les ve como perseguidos sino como perseguidores. Israel ya no es el pueblo elegido. Tampoco es el refugio de un pueblo oprimido. Pero si Israel ya no cuenta con la simpatía de los más reaccionarios de Estados Unidos, ¿con qué otros apoyos puede contar?

El desencanto hacia Israel podría dividir a los republicanos, igual que ha dividido a los demócratas. Hay personajes relevantes de la reacción estadounidense que han emprendido una cruzada contra Israel. Los más conocidos son Tucker Carlson, Marjorie Taylor Green y Steve Bannon, el antiguo consejero de Trump.

En julio del año pasado, Marjorie Taylor Greene publicó un mensaje en las redes sociales acusando a Israel de cometener un genocidio en Gaza. El antiguo consejero de Trump, Steve Bannon, la defendió: “Marjorie Taylor Greene no hace más que reflejar las opiniones de sus electores”, le dijo al New York Times.

Según los sondeos, en 2022 los republicanos menores de 50 años tenían una opinión positiva de Israel: 63 por cien frente a 35 por cien que la tenían negativa. El año pasado los porcentajes dieron un vuelco: la mayoría tenía una opinión negativa (50 por cien frente a 48 por cien). La diferencia ha caído en 30 puntos porcentuales.

Entre los jóvenes evangelistas el descenso de las simpatías sionistas ha sido igual de drástico y los sondeos indican, además, que es varios años anterior al inicio de la Guerra de Gaza. Según una encuesta del Grupo Barna, comenzó entre 2018 y 2021.

El apoyo a Israel entre los evangelistas de 18 a 29 años cayó del 69 por cien en 2018 al 33,6 por cien en 2021, una decepción general que coincide en varias encuestas diferentes. Por ejemplo, solo el 22 por cien de los republicanos de entre 18 y 34 años cree que las matanzas de Israel en Gaza estaban justificadas en virtud del derecho a la legítima defensa, en comparación con el 52 por cien de los republicanos de 35 años o más.

Los cambios políticos se travisten como cambios teológicos

A lo largo de la historia las teologías cristianas han ido cambiando la perspectiva sobre los judíos según ciertas necesidades políticas. Originariamente, para marginarles y perseguirles, les atribuyeron la responsabilidad de la muerte de Cristo.

Luego el dogma dio un giro total: los judíos son el pueblo elegido por dios, que prometió a Abraham que Israel sería su patria. El plan divino se ha ido cumpliendo por etapas: en 1947 se creó el Estado de Israel y veinte años después dios logró que triunfara la Guerra de los Seis Días contra los árabes.

Para ganarse el apoyo de Israel, algunos teólogos extendieron una cierta interpretación de la Biblia, el dispensacionalismo, que divide la historia en “dispensaciones” o períodos distintos en los que dios interactúa con la humanidad de diferentes maneras.

Los evangelistas apoyan la conquista de Palestina (la tierra prometida) por los sionistas (los judíos) porque sin ello los cristianos nunca van a poder ir al cielo. Antes del regreso de Cristo a la tierra, los judíos tienen que apoderarse de Palestina.

Inventada en el siglo XIX, la teología dispensacionalista, nunca había sido mayoritaria. No fue casualidad que se expandiera en los años setenta del siglo siguiente, favoreciendo la difusión del sionismo entre las iglesias evangelistas. Uno de los motivos que facilitó esa difusión fue la salida del partido laborista del gobierno de Tel Aviv en 1977. Hasta que se produjo el relevo, los laboristas habían sido la verdadera columna vertebral de la fundación del nuevo Estado. Después perdieron fuelle frente al Likud, un partido reaccionario sin tapujos que los republicanos vieron más cercano.

Hasta entonces el sionismo había sido característico principalmente del partido demócrata. A partir de entonces, caló también en el partido republicano. Igual que en los tiempos del feudalismo, los cambios políticos se travistieron como cambios teológicos y herejías.

¿Quién es el pueblo elegido por dios?

Ahora la teología vuelve a dar otro giro. El dispensacionalismo ha empezado a ser sustituido por el supersesionismo o doctrina del reemplazo (*), la creencia de que, desde la llegada de Cristo, los cristianos han sustituido a los judíos como pueblo elegido.

Andy Stanley, pastor evangelista de North Point Ministries, en Georgia, es uno de los principales defensores de este nuevo movimiento, que comprende ocho iglesias y 50.000 feligreses. Autor de más de veinte libros, Stanley ejerce mucha influencia. Insta a sus feligreses a distanciarse del Antiguo Testamento, sacando a los judíos y a Israel del centro de la predicación.

La iglesia principal de Stanley se encuentra en Alpharetta, cerca de la antigua parroquia de Marjorie Taylor Greene. La empresa constructora familiar de Greene tenía su sede allí, y ella fue bautizada en aquella iglesia en 2011.

Una encuesta realizada el año pasado entre más de mil evangelistas reveló que solo el 29 por cien de los menores de 35 años cree que los judíos son el pueblo elegido. Para todos los demás grupos de edad, ese porcentaje alcanza el 50 por cien o más. Según la encuesta, los evangelistas más jóvenes son más propensos que los mayores a adherirse a la teología del reemplazo.

A lo largo de la historia las disputas teológicas van de un lado al otro, sin solución de continuidad, y cualquier reverendo encuentra una buena explicación en algún párrafo de la Biblia, que es la palabra de dios. El sionismo está a un paso del antisemitismo y, especialmente entre la juventud, se van difundiendo afinidades encontradas.

La defensa de Israel ya no da votos

Ahora la presencia de los grupos de presión sionistas, como la AIPAC, aleja a algunos votantes republicanos. En Florida, el candidato republicano a gobernador, James Fishback, se ha comprometido a rechazar las donaciones de la AIPAC y a recuperar 385 millones de dólares de fondos públicos de Florida invertidos en bonos israelíes. Es un auténtico salto de la reacción en favor de la campaña BDS contra Israel.

En las primarias republicanas en el este de Kentucky, los donantes sionistas respaldan a un candidato que se enfrenta al actual congresista Thomas Massie, quien se opone a la financiación militar de Israel. Al respaldar al oponente de Massie, Trump lo calificó de “enemigo de Israel”.

El vicepresidente J.D. Vance parece encabezar la nueva corriente opuesta al sionismo, frente a Marco Rubio y Ted Cruz, que cuestionan su comprimiso con Israel. Vance es conocido por criticar a Netanyahu y oponerse a las intervenciones en guerras extranjeras que no perjudiquen directamente los intereses estadounidenses.

Como es típico, las divergencias políticas también presentan unos ropajes religiosos: el pasado mes de octubre, durante su visita a Israel, Vance omitió la tradicional visita al Muro de las Lamentaciones. En su lugar, visitó la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, un lugar frecuentado por los cristianos. Un mes antes, Rubio había visitado el Muro de las Lamentaciones.

Los sionistas vinculan a Vance con el trío Carlson, Green y Bannon. Lo consideran como uno de los peores enemigos de Israel dentro de las camarillas de Estados Unidos. El pasado mes de septiembre, Mark Levin, de la cadena Fox, lanzó un duro ataque contra Vance y Carlson por sus críticas a Netanyahu. “La oficina del vicepresidente es el centro neurálgico de Tucker”, escribió Levin. Por su parte, Carlson atacó a Ted Cruz en YouTube, acusándolo de recibir apoyo de la AIPAC y de apoyar las matanzas de Israel en Gaza.

Las divergencias afloran. Israel ha perdido una parte de su mística y de sus poderosos apoyos en algunos círculos de Washington. Ya no proporciona tantos votos. Tendrá que gastar cada vez más dinero para sacar adelante candidatos que defiendan sus masacres en el Senado, el Congreso, la televisión… Las simpatías que no consiga con sus campañas publicitarias, deberá comprarlas a golpe de talonario para mantener sus redes clientelares.

(*) La teología del reemplazo la ha puesto de actualidad la reacción para enfrentarse a la emigración. La llegada de trabajadores extranjeros suplanta la cultura occidental por otra diferente, y con ella va a cambiar la religión, las normas jurídicas (“shariá”), las vestimentas, las fiestas, las costumbres…