En los últimos días, las fuerzas estadounidenses se han desplegado a gran escala en Oriente Medio. La inminente llegada del portaaviones Abraham Lincoln y su escolta de tres destructores con misiles guiados aumenta significativamente la potencia de ataque.
El buque insignia transporta numerosos aviones de combate, incluyendo F-35C Lightning II y F-18 Super Hornet, así como un escuadrón de aviones de guerra electrónica EA-18 Growler capaces de neutralizar los sistemas de defensa aérea. Los F-16 Fighting Falcon y los A-10 Thunderbolt II de la Fuerza Aérea complementan este despliegue, mientras que otros F-15E Strike Eagles se encuentran en ruta hacia Jordania.
El refuerzo aéreo también incluye aviones de carga C-17 Globemaster III para transportar municiones y equipo logístico, así como aviones cisterna KC-135 Stratotankers para el reabastecimiento en vuelo de bombarderos. Los aviones Eurofighter Typhoon de la RAF se han desplegado en Qatar, lo que añade una dimensión defensiva a la presencia imperialista.
Esta concentración de fuerzas refleja la preparación de Estados Unidos ante cualquier escalada, a la vez que demuestra a Irán y sus vecinos la potencia estadounidense para actuar con rapidez.
Irán, por su parte, amenaza con tomar represalias con todo su arsenal de misiles en caso de un ataque. Desde el breve enfrentamiento con Israel en junio del año pasado, el país ha reabastecido sus reservas de misiles y recibido suministros de equipo defensivo de China.
El ejército iraní podría movilizar una respuesta significativa a la inminente llegada de fuerzas estadounidenses a la región. Israel ha elevado su nivel de alerta.
Este despliegue militar estadounidense se produce tras las vacilaciones iniciales de mediados de enero, cuando el gobierno de Washington consideró intervenir para apoyar a los manifestantes en las calles. El Estado Mayor Conjunto convenció entonces a Trump de que la acción directa aún no era viable debido a la insuficiencia de fuerzas.
Hoy, con recursos aéreos y navales enormemente reforzados, el Pentágono está listo y solo espera una orden presidencial para lanzar el ataque.