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La Unión Europea quiere levantar un ‘muro antidrones‘ en las fronteras de Rusia

Los cabecillas europeos persiguen sus propios fantasmas, en forma de drones rusos que aparecen por doquier. El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, está decidido a levantar un “muro antidrones” para proteger los márgenes orientales de la Unión Europea. La idea fue presentada el 10 de septiembre por Ursula von der Leyen en Estrasburgo, durante su discurso anual sobre el Estado de la Unión.

Desde Helsinki, donde participó en una reunión virtual con los ministros de Defensa de nueve Estados miembros (Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Finlandia, Hungría, Bulgaria) y Ucrania, Andrius Kubilius propuso priorizar las técnicas de detección y rastreo de drones.

El ejército ucraniano se ha ofrecido para echar una mano: “Estamos listos para compartir nuestra experiencia en la interceptación de aviones no tripulados rusos con la UE, la OTAN y los países vecinos”, dijo el viernes el ministro de Defensa ucraniano, Denys Chmyhal.

Antes que nada Europa tiene que aprender a interceptar drones. En la actualidad muy pocos Estados miembros saben cómo fabricarlos. Algunos fabricantes de armas están trabajando en láseres capaces de derribarlos.

Como siempre, queda el siempre espinoso asunto de la financiación del muro. Los Veintisiete podrán utilizar un nuevo programa de préstamos que acaban de aprobar y que permitirá asignar 150.000 millones de euros para proyectos conjuntos de armamento entre los Estados miembros. Polonia, que ya gasta el 5 por ciento de su PIB en defensa, es el primer beneficiario: debe recibir 43.000 millones de euros.

El Primer Ministro finlandés, Petteri Orpo, ha mostrado mucho interés en levantar el muro porque la frontera con Rusia mide de 1.300 kilómetros y tiene malas experiencias desde que en 1939 se unió al III Reich para provocar la guerra de invierno contra la URSS. “Esta es la frontera de Europa de la que estamos hablando. Defendemos a Europa aquí”, dijo el jefe de gobierno de Finlandia.

“Hemos demostrado nuestra solidaridad económica con el sur de Europa durante 20 años. Ahora estamos esperando la solidaridad en materia de seguridad”, agregó. El argumento no le vale en Grecia, donde no olvidan que el ministro finlandés de Finanzas fue muy duro con Atenas en el momento álgido del rescate de la deuda griega.

El viernes Suecia propuso que Dinamarca proporcione sistemas de defensa aérea capaces de derribar drones y aviones.

El tema del muro estará el miércoles en el menú de la cumbre informal de los Veintisiete en Copenhague, centrada en el fantasma de la seguridad europea.

‘Si ganamos, las elecciones han sido limpias y si perdemos denunciamos un pucherazo’

El partido de Maia Sandu, Acción y Solidaridad (PAS), actualmente en el gobierno, se arriesga a perder la mayoría en el Parlamento moldavo tras las elecciones parlamentarias de hoy. La Unión Europea se ha volcado para impedir la constitución de una mayoría opuesta a sus designios. a la que la propaganda occidental llama “prorrusos”.

En 2021 el PAS obtuvo el 52,8 por cien de los votos con la típica promesa que nunca falla: luchar contra la corrupción. Como cabía esperar, nunca cumplió y ahora la intención de voto ha bajado hasta el 36 por cien.

Sandu y su partido necesitan demostrar dos cosas. La primera es que en el tiempo que llevan en el poder no han fracasado y que su línea europeísta es el camino correcto. La segunda, que la injerencia electoral no procede de Bruselas sino de Moscú.

En esta segunda tarea cuenta con el inestimable apoyo de la agencia Bloomberg se (*) y el plan es el mismo que en Venezuela y el mismo de siempre: si ganamos nosotros, las elecciones han sido limpias (a pesar de todo), y si perdemos denunciamos un pucherazo de Rusia.

El lunes la policía moldava realizaba redadas en más de 250 localidades de todo el país y detenía a más de un centenar de personas, 74 de las cuales han sido imputadas por diversos delitos relacionados con acciones desestabilizadoras.

Según el asesor de seguridad nacional Stanislav Secrieru, los detenidos habían sido “entrenados en Serbia por instructores rusos en tácticas violentas contra la policía y en el uso de armas de fuego”. De acuerdo con la investigación, la formación incluía técnicas para romper cordones policiales, dispersar multitudes y cómo utilizar “medidas especiales” como bates y armamento.

“La interferencia rusa en Moldavia no es solo desinformación, ciberataques o compra de votos. Moscú también está preparando y dirigiendo acciones de violencia”, añadió Secrieru. Cada participante en esos cursos había recibido alrededor de 400 euros. Sandu los califica de “traidores” a Moldavía.

Como tienen por costumbre, los intoxicadores echan tanta leña al fuego como se les pasa por la imaginación. Por ejemplo, a Foreign Policy se le ocurre decir que no solo está en juego la incorporación de Moldavia a la Unión Europea sino que, si Sandu no obtiene a victoria, los rusos van a usar el país como una base bien situada para llevar a cabo ataques híbridos dentro de la Unión Europea.

Lo que los intoxicadores callan también es importante: la represión política de los etiquetados como “prorrusos”, la censura de los medios con el pretexto de la desinformación, el encarcelamiento de la Presidenta de la comunidad autónoma de Gagauzia, Evgenia Gutsul, o la acumulación de tropas de la OTAN al otro lado de la frontera con Rumanía.

Pero el verdadero problema de Moldavia no son los rusos ni los prorrusos, sino la lastimosa situación económica del país, que va a jugar contra Sandu mucho más que los “traidores”. En 2022 el PIB se desplomó un 4,6 por cien debido a su alineamiento con la política de Bruselas de bloqueo contra Rusia, algo completamente absurdo en Modavia, un país para el cual el gas ruso era la única fuente de suministro energético.

Ahora Moldavia compra al gas a Rumanía y a Grecia, lo que subió los precios de la electricidad y empujó la inflación al 34 por cien anual.

Por presiones de Bruselas, Moldavia también acogió 1,5 millones de refugiados ucranianos, una carga insoportable para un país de 2,4 millones de personas.

El país sigue siendo el más pobre de Europa, justo por delante de Kosovo, ya que el salario medio ronda los 650 euros al mes. Esto empuja entre 40.000 y 50.000 jóvenes moldavos a emigrar cada año para buscar trabajo en Alemania, Italia, Francia o Reino Unido.

Una cuarta parte de los moldavos vive en la emigración, una de las proporciones más altas del mundo.

(*) https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-09-22/moldova-elections-russia-s-plan-to-hack-the-vote

Regreso al punto de partida: ‘Drang Nacht Osten’

Si Estados Unidos se formó con la “conquista del salvaje oeste”, los Estados germánicos hicieron lo mismo en la dirección opuesta y lo llamaron “Drang Nach Osten”, una expresión alemana que se puede traducir como “presión hacia el este”. Expresa la política tradicional de los estados germánicos de expandirse hacia los territorios de Europa oriental.

Aunque se dio a conocer bajo el III Reich, es un viejo principio colonial justificado por un supuesto crecimiento demográfico que obligaba a los germanos a buscar un “espacio vital” (“Lebensraum”) en el este (“Ostsiedlung”), desplazando a las poblaciones eslavas, presentadas como “razas inferiores”, en comparación con los alemanes. Los pueblos del este de Europa jugaban el papel de los “indios” en la colonización americana.

El “Drag Nach Osten” de la modernidad es la expansión de la OTAN hacia el este de Europa, hasta instalarse delante de las mismas narices de Rusia. Ciertamente, la retórica es diferente. Excepto Putin, los eslavos ya no son “infrahombres” ni “salvajes”. La superioridad de occidente ya no es racial, sino política, porque no es la OTAN la que se expande, sino Rusia, una autocracia que no respeta los derechos humanos…

Sin embargo, los medios de intoxicación presentan los acontecimientos al revés, como reconoció el 9 de julio de 2023 el anterior secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ante el Parlamento Europeo: la Guerra de Ucrania no comenzó con la invasión rusa en febrero de 2022, sino en 2014, cuando cayó el gobierno legítimo de Kiev a consecuencia de un Golpe de Estado organizado por Occidente.

Durante el golpe, los diplomáticos de la Unión Europea negociaron con los nazis ucranianos los asesinatos que debían cometer para derrocar a Yanukovich, el presidente ucraniano democráticamente elegido.

Ambas partes llegaron a un acuerdo sobre unos 100 asesinatos, que fueron llevados a cabo, según testigos presenciales, por ocho escuadrones de francotiradores de unos diez hombres cada uno, procedentes del oeste de Ucrania, Georgia, Polonia y Lituania.

En abril de 2014, el nuevo gobierno golpista de Kiev, una vez asentado en el poder, atacó a la población del Donbas, donde el golpe había fracasdo. Fue el inicio de una guerra en la que 14.000 personas fueron asesinadas por los nazis ucranianos, instigados por sus jefes occidentales.

La OTAN convirtió los Acuerdos de Minsk, firmados para poner fin a la guerra en el Donbas, en una burla. Trataron de ganar tiempo y preparar a Ucrania para desatar una guerra contra Rusia, como reconocieron posteriormente.

Las propuestas de Moscú de diciembre de 2021 y enero de 2022 fueron rechazadas. Las negociaciones de paz de Estambul de principios de 2022 también se vieron frustradas por la OTAN.

Por lo demás, la Guerra de Ucrania se resume en un sencillo triángulo: los ucranianos ponen los muertos, los europeos las armas y Estados Unidos se lleva el dinero.

Rearme, guerra y militarización de las sociedades europeas

En Europa, la guerra y la fastiscización van de la mano, como antaño, como siempre. De la misma manera que el origen del fascismo está en la crisis del capitalismo tras la Primera Guerra Mundial, no se entiende la actual situación política sin la crisis en el Viejo Continente, que es tanto económica como política.

Los países miembros de la Unión Europea padecen una profunda crisis política que, estúpidamente, los medios achacan a la “extrema derecha” que, a su vez, camina del brazo de Moscú. En cualquier caso, las fuerzas centrífugas aumentan y los intereses de sus Estados miembros se distancian. Para estreechar filas, Bruselas ha fabricado un enemigo exterior. Necesita militarizar sus efectivos y transformar a su burocracia en una máquinaria de guerra.

El rearme europeo es un proceso paralelo al militarismo y la represión política. Sigue el ejemplo de Trump que ya ha desplegado 35.000 soldados en las principales ciudades de Estados Unidos. Los gobiernos europeos, donde las crisis son ya casi permanentes, sólo se van a poder mantener por la fuerza de las armas contra su propia población y ya han comenzado a amenazar con las reformas de los estados de crisis para justificar la anulación de los derechos fundamentales.

La antigua locomotora de la economía europea, Alemania, está al borde del colapso. Desde los años ochenta, la política económica ha creado un páramo industrial. Se han perdido cientos de miles de empleos. Mientras en plena guerra Rusia creció el año pasado un 4,5 por cien, la economía alemana se contrae.

El sabotaje del gasoducto Nord Stream, obra de Estados Unidos, y la ruptura de los suministros energéticos de Rusia, han dado el golpe de gracia a la economía alemana. Los miles de millones destinados a los gastos sociales se están desviando al rearme, en beneficio de la industria armamentística estadounidense.

Lo que está ocurriendo con los presupuestos europeos es un auténtico caso de malversación de fondos públicos. El dinero previsto para la agricultura, los fondos regionales y de cohesión fluyen hacia Ucrania, que es el desagüe hacia el que se escapan los presupuestos europeos.

El acuerdo alcanzado entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y Trump, en la disputa aduanera es claramente desfavorable para Europa, en general, y Alemania en particular. Ha sido una humillación que pone de relieve el papel subordinado del Viejo Continente.

La desconexión del capital financiero con las empresas industriales

En 2002 las reformas del gobierno de Schröder llevaron a los bancos alemanes a desconectarse de las empresas industriales. Vendieron sus acciones y comenzaron a especular con valores tóxicos. La crisis financiera de 2008 les sacudió de lleno.

Como en otros países, el Estado rescató al capital financiero, convirtiendo las deudas privadas en deudas públicas. Las deudas incobrables de los bancos adoptaron la forma de bonos del Estado. Los bancos sanearon sus balances y los bonos acabaron en manos de los fondos buitre.

El capital financiero engordó. La refinanciación del Estado cayó en manos de los buitres estadounidenses, que al mismo tiempo obtienen pingües beneficios con la guerra. Gigantes como Blackrock, Vanguard, State Street, JP Morgan y Goldman Sachs especulan con los bonos que emiten los países que “ayudan” a Ucrania.

No es ninguna casualidad que el canciller Friedrich Merz sea el gerente de la sucursal alemana del fondo buitre Blackrock.

La guerra cuesta dinero y la reconstrucción mucho más. Los países europeos han gastado ingentes cantidades de dinero desde 2022, pero esas cantidades palidecen al lado del coste de la reconstrucción de posguerra… si es que alguna vez llega.

Si por un milagro divino, la paz llega alguna vez a Ucrania, los capitalistas no perderán nada: si no se benefician de la guerra, se beneficiarán de la reconstrucción. La guerra aún no ha terminado y los gastos de la reconstrucción se calculan en 800.000 millones de dólares. El pago se disolverá en varias dosis dentro de la Unión Europea, que es la mejor manera de disimular la factura.

En tal caso, el capital financiero especulará masivamente con los bonos europeos, como ya hizo en la Primera Guerra Mundial, engendrando una crisis de un alcance que no son capaces de sospechar siquiera.

La Guerra de Ucrania es un fracaso para occidente

Alemania se dejó arrastrar a la guerra en Ucrania, a pesar de que desde el principio estaba claro que Ucrania no podía ganarla. A pesar de ello, la OTAN intentó doblegar a Rusia combinando la asistencia armamentista al ejército de Kiev, la presión económica, el aislamiento diplomático, los 19 paquetes de sanciones, la exclusión del canal Swift, la limitación de los precios del petróleo y el robo de activos rusos en el extranjero por unos 300.000 millones de euros.

La estrategia de asedio económico y diplomático ha fracasado. De los 193 Estados miembros de la ONU, 153 siguen comerciando con Rusia. Rusia ha reestructurado su economía y se ha orientado hacia Asia, tanto política como comercialmente.

Pero lo más importante es que la OTAN ha perdido la Guerra de Ucrania en los campos de batalla, con un saldo terrorífico de más de 1,7 millones de soldados ucranianos muertos o desaparecidos. Los rusos cuentan actualmente con más de 700.000 soldados en Ucrania. Son superiores en términos de armas, artillería y misiles. El colapso del frente es solo cuestión de tiempo.

‘Europeizar la guerra’

La cumbre entre Trump y Putin en Alaska demostró que Estados Unidos va a lo suyo. Quiere “europeizar la guerra”, es decir, vender armas a Ucrania y que la Unión Europea pague la factura. Cuando llegue la capitulación, los perdedores serán los europeos que, además, deberán pagar unos gastos de muy elevada cuantía.

Los países europeos han quedado marginados de los escenarios internacionales más relevantes. Entre la fauna de Bruselas, Kaja Kallas es el ejemplo más claro de impotencia e ineptitud y los medios de intoxicación ya no se esfuerzan por ocultarlo. Si algo ha demostrado la Guerra de Ucrania es que la Unión Europea no es capaz de presionar a países como Rusia o China, por más paquetes de sanciones que aprueben.

El futuro papel de Europa quedó sellado en Alaska, donde Trump y Putin discutieron la posibilidad de retirar los 300.000 millones de euros robados a Rusia para invertirlos en Estados Unidos, un acuerdo lucrativo para ambos países.

Los europeos salen perdiendo en todas y cada una de las hipótesis, tanto si la guerra continúa, como si Ucrania firma la capitulación.

La guerra económica ataca el laberinto normativo de la Unión Europea

Como cualquier otra burocracia, Bruselas es un laberinto de circulares, directivas y reglamentos imposibles de descifrar, salvo para los especialistas que viven de ello. Son imprescindibles para que los monopolios puedan operar en 27 países diferentes como si fueran un mercado único.

Después de Estados Unidos, los 27 representan uno de los mayores mercados del mundo, por lo que muchos otros países han adoptado como propias las normas europeas para poder exportar sus mercancías al Viejo Continente. La Unión Europea no puede importar mercancías que no cumplan ciertas normas.

En definitiva, es una regulación extraterritorial, es decir, que se aplica a países fuera de la Unión Europea. Un monopolio que fabrica para 27 países prefiere hacerlo para 37, siempre que las reglas sean las mismas. Normalizar es más barato y, desde luego, más sencillo. Sobre todo es importante en determinados mercados, como alimentación, ambiental y nuevas tecnologías.

Estados Unidos quiere desregular, pero Europa necesita regular porque las mayores multinacionales no son autóctonas. Cuando esa situación se produce, como en el mercado único, Bruselas necesita someter al monopolio. Desde la década de los noventa, la Comisión Europea impone multas a las tecnológicas estadounidenses, especialmente Microsoft y Google.

La normalización se disparó después de la aprobación en 2019 del Pacto Verde, con reglamentos sobre deforestación, sostenibilidad (RSE), descarbonización… Luego ha seguido al mismo ritmo en materia tecnológica: Reglamento de Mercado Digital (DMA), de Servicios Digitales (DSA) de 2022, de inteligencia artificial…

Se trata de normas que apuntan directamente a los monopolios tecnológicos estadounidenses y que Trump ha intentado quebrar. La guerra económica que ha desatado dispara contra los intentos de imponer las normas europeas a los monopolios estadounidenses. A su vez, al intento de acabar con su laberinto normativo de Trump, Europa ha respondido con una campaña en su contra.

Dicho de otra manera, la política económica de Trump no tiene que ver con su “neoliberalismo” sino con el intento de los monopolios estadounidenses de sacudirse las regulaciones europeas. Un monopolio estadounidense opera en todo el mundo, pero en Europa tiene que hacerlo bajo reglas diferentes a todos los demás mercados. Para ellos liberarse de esas reglas supone liberase del pesado corsé de las multas y las sanciones.

Las presiones estadounidenses están dando sus frutos. La declaración conjunta del 21 de agosto sobre el acuerdo aduanero pide explícitamente la “relajación” de los cuatro reglamentos del Pacto Verde.

El 1 de septiembre, durante un debate en la Comisión Europea, el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, se opuso a una propuesta de la comisaria de Competencia, Teresa Ribera, para sancionar a Google.

Es un dilema. Si Bruselas saca a las multinacionales estadounidenses de su laberinto normativo, las demás querrán hacer lo mismo. Competir sin reglas es competir en condiciones más favorables. Para competir hay que jugar con las mismas reglas y, si Bruselas comienza a hacer excepciones con los monopolios estadounidenses, ningún país del mundo aceptará como propias las normas europeas, por ejemplo, las ambientales. Sería un golpe duro para los movimientos verdes.

Además, los laberintos tienen muchas recorridos equívocos. Puede ocurrir que a la Unión Europea le interese excluir a los monopolios tecnológicos de Estados Unidos de reglamentos, como el Fida, sobre intercambio de información económica. Lo explicaba el domingo el Financial Times: Google, Meta, Apple, Amazon y otros monopolios estadounidenses no podrán acceder a los datos económicos de los consumidores europeos.

Son las contradicciones las que crean estos laberintos. Bruselas quiere beneficiar a los bancos por encima de las empresas tecnológicas. En Estados Unidos la Ley Genius quiere justamente lo contrario, como explicamos en una entrada publicada el pasado mes de junio.

La militarización de la economía europea está condenada al fracaso

El plan de la la Unión Europea de militarizar la economía está condenado al fracaso, dice la revista Foreign Affairs, porque el aumento del gasto no garantiza un retorno comparable de la inversión.

Muchos Estados europeos ya tienen una deuda pública insuperable y tienen dificultades para controlar el gasto en seguridad social, pensiones y educación, lo que limita su capacidad.

El simple aumento de los presupuestos no conduce automáticamente a la creación de fuerza militar. La compra de armas adicionales de Estados Unidos puede ser un buen negocio para Washington, pero no fortalece la seguridad europea.

La industria militar de Estados Unidos está rezagada. El tiempo de espera para la entrega del nuevo sistema Patriot es de siete años. Confiar en una industria extranjera es arriesgado: si Estados Unidos entra en guerra en otra parte del mundo, difícilmente dará prioridad al suministro europeo.

La industria europea de defensa está fragmentada, señala la publicación y sufre una costosa duplicación. Muchas empresas de diferentes países producen diferentes tipos de equipos idénticos. Esto se explica por el hecho de que cada estado busca sobre todo apoyar su propia base industrial.

Los compromisos financieros adquiridos por los europeos, concluye Foreign Affairs, no son suficientes para fortalecer una industria de guerra independiente de la de Estados Unidos.

Bruselas quiere desestabilizar tres países del centro de Europa

El mes pasado, tras reunirse con sus homólogos eslovaco y serbio, el ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Peter Szijjarto, advirtió que la Unión Europea estaba tramando una revolución de colores en los tres países.

El Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR) también indica que la Unión Europea y Ucrania apoyan a la oposición húngara de cara a las elecciones parlamentarias de la próxima primavera.

Los países, Hungría, Eslovaquia y Serbia, han desafiado la presión de la Unión Europea para romper relaciones con Rusia y están considerando la creación de una nueva plataforma de integración regional.

Desde la perspectiva de Bruselas, los gobiernos actuales de los tres países constituyen un obstáculo cada vez más grave para una Europa unida, siendo Hungría el principal obstáculo, seguida de Eslovaquia y, en menor medida, Serbia.

El presidente serbio, Aleksandar Vucic, mantiene una postura mucho más ambigua que Orban y Fizo. El SVR le acusa de armar indirectamente a Ucrania, tras sus votos antirrusos en la Asamblea General de la ONU. A pesar de ello, las protestas en su contra son recurrentes.

Desde la Guerra de Yugoslavia en los años noventa del pasado siglo, Serbia no ha dejado de hacer concesiones al imperialismo. La provincia autónoma de Kosovo y Metohija sigue ocupada por tropas de la OTAN.

Las buenas palabras no han servido para nada y Unión Europea conspira para derrocar a Vucic con ayuda de las ONG y los medios de intoxicación a su servicio. Convocan manifestaciones y provocaciones para desatar la represión policial.

Las elecciones de primavera en Hungría ofrecerán a la Unión Europea su primera oportunidad de destituir a Orban, a menos que Serbia celebre elecciones anticipadas antes. En el caso de Serbia, el candidato respaldado por Vucic podría completar su giro para convertirse en un lacayo del imperialismo a tiempo completo.

El futuro de Hungría es bastante más difícil de predecir. En todo caso, los aparatos de Bruselas se pondrán en marcha para apoyar a cualquiera capaz de sacar a Orban de la circulación. Él es la bestia negra.

Cada vez hay más ‘antieuropeístas’ en Europa

La estonia Kaja Kallas es la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidenta de la Comisión Europea desde el 1 de diciembre del año pasado. En tan poco tiempo, ha batido un récord: consumir la paciencia de los europeos, por lo que está siendo duramente criticada en los mentideros de Bruselas.

“Desde que asumió el cargo de Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidenta de la Comisión Europea, Kallas no ha logrado impresionar a algunos miembros de la Comisión ni, en general, al mundo bruselense”, lamenta la revista Politico (*).

“Existen rumores de tensiones con algunos colegas e inquietud, en particular con el presidente del Consejo, António Costa”, añade la revista.

“Si bien Kallas se muestra agresiva con Rusia, puede que esté llevando su retórica demasiado lejos para algunos”, afirma Politico, porque “en Gaza, por otro lado, ha sido atacada desde dentro por no exigir responsabilidades a Israel por la crisis humanitaria”.

“En realidad, su función no es hablar como primera ministra de un solo país de la UE, sino como la persona responsable de sintetizar las opiniones de los 27 países miembros”, concluye.

Aunque la revista pone el acento en Kallas, como si fuera algo una ineptitud personal, lo que ha fracasado es la política exteror europea. El Viejo Continente han quedado marginado de los escenarios internacionales más relevantes.

El fracaso ha sido especialmente estrepitoso en su enfrentamiento con Rusia. El intento de aislamiento diplomático de Moscú ha fracasado. De los 193 Estados miembros de la ONU, 153 siguen comerciando con Rusia.

Con las sanciones, el tiro les ha salido por la culata, contribuyendo a agudizar la crisis económica.

El acuerdo sobre aranceles alcanzado entre Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, es claramente desfavorable para Europa.

El robo a Rusia de los 350.000 millones de euros va a salir muy caro. En Alaska Trump y Putin discutieron la posibilidad de que Europa devolviera el dinero a Rusia para invertirlo inmediatamente después en Estados Unidos.

Es un desaste tras otro que va a acabar por romper las costuras de la Unión Europea, donde las contradicciones internas son cada vez más fuertes, y desde que triunfó el Brexit en 2017, las fuerzas centrífugas incrementan su presencia.

Hace tiempo que Europa ha perdido su encanto y cada vez hay más “antieuropeístas”, sobre todo dentro de Europa.

(*) https://www.politico.eu/newsletter/brussels-playbook/the-russia-test/

Las multas europeas a los monopolios tecnológicos estadounidenses son rentables

En junio la Comisión Europea abrió un expediente sancionador a Microsoft y a comienzos de mes le tocó el turno a Google. Las multas son estratosféricas y se repiten periódicamente. En los últimos años Bruselas ha sancionado a Microsoft a pagar más de un billón de euros en multas.

El gigante tecnológico ha incurrido en más de 1.300 violaciones de las leyes europeas entre los años 2012 y 2019 pero, a pesar de las multas, los organismos europeos han reconocido que Microsoft nunca va a cumplir las leyes europeas. A Microsfot las leyes europeas le importan un bledo y las multas no sirven para nada.

En cuanto a Google, las multas de los últimos años ascienden a 10.000 millones de euros, siempre por el mismo motivo: abuso de poder o de posición dominante. Si un monopolio, por grande que sea, puede pagar esas cifras gigantescas es porque el abuso de poder es rentable.

Al final, el abuso de poder redunda en una monopolización de la industria publicitaria, lo cual significa tanto como controlar la información, porque una mercancía (publicidad) y otra (noticias) son lo mismo.

La extensión de la “propiedad intelectual” a los contenidos digitales, bases de datos e inteligencia artificial obliga a los grandes monopolios tecnológicos a repartir una parte del pastel con los medios de comunicación convencionales.

El choque es tanto económico como político porque, a través de empresas privadas como Microsoft y Google, Estados Unidos controla las fuentes de información. Un monopolio tecnológico decide lo que es información y lo que no lo es, los mensajes que tienen las puertas abiertas y los que las tiene cerradas.

No sólo las sanciones desafían la hegemonía de Estados Unidos, sino también las regulaciones porque ponen a la Comisión Europea por encima de los monopolios estadounidenses y, en consecuencia, por encima de Estados Unidos.

La hegemonía significa que alguien impone las normas y no admite que ningún otro se las imponga a él, ni dentro ni fuera de sus fronteras. Por ejemplo, a través de Microsoft el gobierno de Estados Unidos ha cerrado las cuentas de correo electrónico de los fiscales del Tribunal Penal Interncional en La Haya.

La Unión Europea importa servicios digitales estadounidenses por valor de 265.000 millones de euros. En otras palabras, la sumisión es total.

En el caso de la multa a Google, Trump no se anduvo con rodeos. Calificó la sanción de “muy injusta”, prometiendo que su gobierno protegerá los intereses de los monopolios estadounidenses. Fue otra advertencia dirigida contra la Unión Europea. Para Trump, la multa forma parte de un patrón de presión económica contra sus gigantes tecnológicos. Por eso, a sus amenazas añadió otra más: recurrir a la Ley de Comercio de 1974 para “cancelar las sanciones injustas impuestas a estas empresas estadounidenses que pagan impuestos”.

En el mundo las leyes las pone Estados Unidos, que puede sancionar a cualquier país que estime oportuno, con una arbitrariedad prácticamente ilimitada.

Holanda se unirá a Irlanda en el boicot a Eurovisión si Israel compite

Holanda boicoteará el Festival de Eurovisión de 2026 si se incluye a Israel, anunció el 12 de septiembre la emisora pública Avrotros. El boicot pone al país en línea con Eslovenia, Islandia, España e Irlanda, que ya han declarado que no participarán en caso de que Israel entre en el concurso musical que empezó a convocar la OTAN en los años cincuenta del pasado siglo.

La emisora holandesa expresó su preocupación por las restricciones de los medios de comunicación, alegando que había pruebas de la injererencia por parte del gobierno israelí durante la edición de este año.

Acusa a Israel de usar el concurso como un instrumento político.

En la misma línea, a principios de esta semana, Ireland RT declaró que la participación de Irlanda no es posible mientras Israel continúe su asalto a Gaza e imponga el bloqueo y la hambruna contra la población palestina.

La emisora irlandesa dijo que se siente alterada por los asesinatos en Gaza y la denegación del acceso a periodistas internacionales al territorio.

Dublín también se ha unido al caso de Sudáfrica en el Tribunal Internacional de Justicia, acusando a Israel de cometer un genocidio.

La Unión Europea de Radiodifusión resolverá sobre la participación de Israel en su Asamblea General. El concurso del 70 aniversario está previsto que se celebre en Viena, con la final el 16 de mayo del año que viene.

En los últimos años el concurso ha adquirido un carácter cada vez más claramente político y manipulado. En 2016 el premio se lo concedieron a Ucrania, con una canción abiertamente anticomunista.

¿Están realmente los europeos preparados para una guerra a gran escala?

La seguridad es también alimentaria, dice Alois Rainer, ministro de Agricultura y Alimentación del gobierno alemán. “Actualmente nos encontramos en una situación de seguridad que nos hace reflexionar a todos”, declara en el podcast Berlin Playbook de Politico. “Para mí, es importante que, además del suministro de equipo militar, la seguridad alimentaria también desempeñe un papel fundamental”.

Rainer pide la creación de una reserva nacional de alimentos, que incluya raviolis, para prepararse ante una posible guerra (*).

Durante décadas, las reservas de emergencia alemanas consistieron principalmente en alimentos básicos sin procesar, como cereales y lentejas secas. Rainer cree que acumularlas en una crisis lleva demasiado tiempo.

Su propuesta costaría hasta 100 millones de dólares y en ella participarían las principales cadenas alimentarias para gestionar la logística y el almacenamiento.

Estas reservas son necesarias, dice Rainer, no solo en caso de guerra, sino también para otras crisis, como pandemias, apagones o desastres naturales. Sin embargo, lo que más preocupa a los dirigentes políticos alemanes es la “amenaza rusa”.

La idea de una reserva nacional de raviolis ha generado titulares entusiastas en los medios alemanes. “Nuestra mentalidad ha cambiado, de modo que cuando hablamos de capacidades de defensa, no solo tenemos que considerar el aspecto militar”, declaró Florian Weber, jefe de operaciones de Technisches Hilfswerk, la organización alemana de defensa civil que coordina la ayuda técnica en emergencias y desastres.

“Se trata también, y sobre todo, de proteger a la población”, añadió Weber. “Creo que el ejemplo de la guerra en Ucrania demuestra que, si bien las capacidades militares son muy importantes, también es crucial que el Estado demuestre que la defensa civil aún puede proporcionar servicios básicos a la población”.

El llamamiento para reorganizar las reservas de alimentos ha sido bien recibida, pero los escépticos también advierten sobre ciertos obstáculos, como la vida útil limitada y la carga logística y financiera que supone el reabastecimiento regular.

Las reservas nacionales no son nuevas; existen en Alemania desde la década de los sesenta, pero a menudo han pasado desapercibidas o se han subestimado. Cuando en 2016 Thomas de Maiziere aconsejó a los alemanes que almacenaran alimentos y agua en casa para las emergencias, le acusaron de alarmismo y de difundir una ideología “supervivencialista” al estilo de algunas sectas estadounidenses.

La pandemia abrió una brecha para conducir a la histeria colectiva, con la escasez de papel higiénico y pasta en los supermercados. Después llegó al apagón en la península. Ahora todos estamos sobre aviso. Una guía de supervivencia elaborada por la Unión Europea recomienda que los hogares almacenen alimentos para al menos tres días, e idealmente para hasta diez, además de medicamentos básicos, velas, una radio a pilas y otros artículos imprescindibles. Pero sobre todo raviolis… por si acaso.

(*) https://www.washingtonpost.com/world/2025/09/07/germany-war-preparation-ravioli-reserve/

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