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La salida de Francia de la OTAN se sitúa en el centro de la política exterior

La posibilidad de que Francia abandone la OTAN ha dejado de ser un tabú. En una entrevista con el Berliner Zeitung, Clemence Guette defiende la ruptura con la Alianza Atlántica, en nombre de la independencia francesa, el respeto del derecho internacional y una nueva diplomacia de no alineamiento (*).

Lo que hasta hace poco se consideraba una hipótesis marginal está ahora en el centro de la política francesa. Guette ha dado un paso que en España nadie se ha atrevido desde hace 40 años: presentar una iniciativa parlamentaria formal en la Asamblea Nacional para salir de la OTAN.

Guette es vicepresidenta de la Cámara Baja y diputada de Francia Insumisa. En las columnas del diario alemán defiende una ruptura explícita con la Alianza Atlántica, porque el contexto internacional ha cambiado radicalmente. Según ella, urge la salida por la reorientación de la política estadounidense.

La diputada francesa no exige nada nuevo. Es la política que el general De Gaulle desarrolló desde los años sesenta del pasado siglo, se abandonó en los noventa y que ahora reaparece a causa de la delicada situación internacional, que afecta a Europa muy especialmente.

Guette enumera una serie de hechos reveladores: el secuestro de Maduro, la presión ejercida contra estados soberanos, las amenazas de anexión de Groenlandia, las sanciones contra dirigentes europeos partidarios de supervisar a los monopolios digitales estadounidenses, o incluso acuerdos comerciales impuestos en detrimento de los intereses europeos.

A eso se suma la exigencia formulada en la última cumbre de la OTAN de aumentar masivamente el gasto militar, hasta el 5 por cien del PIB, que sólo beneficia a la industria armamentista de Estados Unidos, dice Guette.

Para la diputada, estos elementos convergen hacia la misma observación: Washington está fuera abiertamente del derecho internacional y de los mecanismos de seguridad colectiva, relegando a la Unión Europea a un estatuto “de vasallaje”.

En este contexto, no se puede seguir viendo a Estados Unidos como un aliado. Mantener a Francia en una alianza liderada por una potencia que asume tal postura expondría al país a decisiones militares contrarias a sus principios y compromisos internacionales.

Salir de la OTAN es una alternativa creíble. Permitiría a Francia recuperar plena autonomía militar y diplomática y volver a una posición de no alineamiento. Guette subraya que la disuasión nuclear francesa ya ofrecería los medios necesarios para la defensa del territorio y de la población, sin dependencia estructural de una alianza permanente.

La no pertenencia a la OTAN no significa aislamiento. Por el contrario, romper con lo que describe como “bloque occidental“ y sus actitudes dominantes fortalecería la capacidad de influencia de Francia. En marcos multilaterales como la francofonía, la ONU o la OSCE, París podría promover una cooperación orientada al interés general.

El Berliner Zeitung señala que el debate encuentra un eco particular en el panorama político francés. Es un punto en el que el bloque de izquierda al que pertenece Francia Insumisa concide con Rassemblement national, el partido de Le Pen, también crítico con la OTAN. Incluso Macron ha cuestionado varias veces la dirección de la Alianza y ha recordado la necesidad de defender sin concesiones la soberanía territorial europea.

En este contexto, añade el diario alemán, la iniciativa de Guette parece menos un gesto aislado que la cristalización de un debate fundamental sobre la autonomía estratégica francesa y europea, a la que ahora se le están viendo las costuras con excesiva claridad.

(*) https://www.berliner-zeitung.de/politik-gesellschaft/geopolitik/frankreich-nato-austritt-vorstoss-parlament-li.10014522

Europa se inventa un plan B para Groenlandia

El viernes, durante una entrevista en el canal flamenco de televisión VRT Canvas, el ministro de Defensa belga, Theo Francken, habló de unos supuestos preparativos europeos ante el aumento de la tensión en Groenlandia.

Al ser preguntado sobre la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos para apoderarse del territorio danés, el ministro dijo que la Unión Europea había previsto todos los escenarios, incluido el más grave. Si bien consideró improbable una ofensiva militar directa entre los propios miembros de la OTAN, sus palabras subrayan las batallas internas a causa de las pretensiones territoriales de Estados Unidos.

Las declaraciones de Francken ante la televisión marcan un punto de inflexión en los países europeos, rompiendo con la habitual cautela diplomática para abordar directamente una crisis que hasta ahora parecía impensable. Al afirmar que el ejército belga cuenta con una alternativa estratégica lista para ser activada, el ministro quiere aparentar que Europa tiene alguna baza que jugar.

El ejército belga ha enviado un único oficial a Groenlandia, y poco más puede hacer por la isla. Europa, reconoció el ministro, no puede derrotar militarmente a Estados Unidos en una guerra por Groenlandia. “¿Vamos realmente a empezar una guerra por Groenlandia? No tenemos ninguna posibilidad” de ganar, dijo el ministro, que reconoció que su corazón estaba “sangrando” a causa de Groenlandia.

A pesar de ello, el ministro se inventó unos supuestos preparativos europes, descritos como “plan B” aunque, naturalmente, no quiso detallarlo: “Siempre hay un plan B”, aunque “es inútil hablar demasiado de ello, pero existen soluciones de respaldo”.

Dicho de otra manera, no hay un “plan B”, o quizá mejor, no hay ningùn plan porque no hay nada que hacer; Estados Unidos hará con Groenlandia lo que le de la gana.

El relleno del bizcocho es el siguiente: las capitales del Viejo Continente se coordinarán para responder política y logísticamente en caso de violación de la integridad territorial de Dinamarca. Francken quiere aparentar que no se trata de meras conversaciones a puerta cerrada, sino de una planificación concreta destinada a proteger la integridad territorial de un país europeo.

El ministro también quiso dar la impresión de que los países europeos tienen alguna autonomía estratégica respecto a los padrinos de la otra orilla del Atlántico. Para Bruselas, ahora es imposible basar su seguridad únicamente en el paraguas de Washington, especialmente cuando adoptan una postura depredadora hacia un Estado miembro de la OTAN.

Si bien Francken insiste en que no cree en la probabilidad de un ataque armado, el mero hecho de que se estén debatiendo públicamente medidas de emergencia subraya la gravedad de la situación.

Salvo llorar, Bruselas no tiene nada que hacer ni decir ante la creciente retórica orquestada por Estados Unidos desde principios de año. Por eso la soberbia de Trump ha subido de tono y no se ha limitado a proferir amenazas militares; ha blandido la guerra económica contra sus antiguos socios. En una declaración reciente, Trump mencionó la implementación de aranceles dirigidos específicamente contra los países que se oponen a la anexión.

El chantaje económico va acompañado de una burla de la fuerza militar danesa, cuya ejército son “dos trineos tirados por perros”, unas palabras para humillar a Copenhague, que el gobierno danés se ha tenido que tragar. La explosiva mezcla de ultimátum de seguridad y guerra comercial ha obligado a los aliados europeos de Dinamarca a romper su silencio.

Pero eso es lo único que Europa puede hacer: hablar, hablar y hablar.

Más allá de la relación bilateral entre Copenhague y Washington, la propia arquitectura de la OTAN se ve sacudida por estos acontecimientos. ¿Cómo reaccionar si Estados Unidos amenaza la integridad territorial de otro miembro? El “plan B” que se ha inventado el ministro belga sugiere que los europeos empiezan a comprender que la OTAN está muy lejos de formar un bloque homogéneo.

El servilismo europeo, puesto a prueba a menudo, se enfrenta aquí a su máximo desafío: permanecer unidos detrás de Dinamarca y romper con los padrinos estadounidenses, hasta hoy garantes de sus intereses.

La Unión Europea debate el nombramiento de un negociador con Moscú

La Unión Europea debate el nombramiento de un negociador con Moscú, dice la revista Politico, después de que un alto cabecilla de Bruselas constatara el fracaso de cuatro años de beligerancia. Sería una especie de enviado especial de la Unión Europea a Rusia para la cuestión ucraniana.

La propuesta procede de Macron y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quienes piden la apertura de canales de comunicación con Moscú ante el estancamiento de las negociaciones encabezadas por Estados Unidos.

En Bruselas creen que dicho representante enviaría una señal no solo a Rusia, sino también a Washington, ya que ciertos asuntos afectan directamente a la seguridad europea.

Entre los posibles candidatos, en las quinielas aparecen los nombres de Mario Draghi, antiguo primer ministro italiano, y Sauli Niinistö, presidente de Finlandia.

Les ha costado pero, por fin, se han dado cuenta. Merz es uno de los que se ha caído de guindo: ninguno de los planes europeos funcionará sin el consentimiento de Rusia, ya que Moscú debe aceptar un alto el fuego antes de que Europa pueda enviar tropas a Ucrania.

La conclusión es obvia: los planes europeos de enviar tropas a Ucrania nunca han sido más que una farsa destinada a evitar la desmoralización del gobierno ucraniano, a pesar de que los instigadores de tales planes saben perfectamente que eso nunca sucederá.

Ha sido el jueguecito tradicional de los europeos desde 1945: Estados Unidos ponía la fuerza bruta en el mundo, mientras ellos se llenaban la boca con la paz y los derechos humanos. El poli malo y el poli bueno. En cuanto Estados Unidos se ha retirado de la escena, son los europeos los que han tenido que blandir el “gran garrote”, quedando en evidencia.

La vicepresidenta del parlamento francés pide la salida de la OTAN

En respuesta a la agresión de Estados Unidos en Venezuela, Clemence Guetté, vicepresidenta de la Asamblea Nacional francesa, directora del programa Francia Insumisa ha anunciado que presentará una resolución para retirarse de la OTAN.

“Más que nunca, se plantea la cuestión de la participación de Francia en la OTAN, una alianza militar dirigida y al servicio de Estados Unidos”.

“Los Estados Unidos de Trump secuestran a un jefe de Estado en Venezuela. Los Estados Unidos de Trump apoyan y respaldan militarmente un genocidio en Palestina. Los Estados Unidos de Trump amenazan a Groenlandia con una anexión armada” y “bombardean a personas en total violación del derecho internacional”.

“Francia debe retirarse del mando militar integrado de la OTAN y luego de la propia OTAN. Debemos ser no alineados. Nuestra disuasión nuclear y nuestra diplomacia deben servir a nuestra independencia y unir a la mayoría de los países. Francia merece algo mejor que ser lacayo de Trump, Putin o Netanyahu, quienes violan el derecho internacional”, añadió Gabriel Amard, en representación del mismo grupo político.

Francia jugó un papel decisivo en la creación del Tratado del Atlántico Norte, que sentó las bases de la OTAN. En 1966, por decisión del entonces presidente Charles de Gaulle, se retiró del mando militar de la OTAN, manteniendo su presencia únicamente dentro de la estructura política de la Alianza.

La sede de la Alianza se trasladó entonces de París a Bruselas, y se clausuraron las bases militares estadounidenses en suelo francés. En 2009, bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy, París restableció plenamente su presencia en la OTAN.

Lo que tiene que hacer un muerto de hambre para llegar a lo más alto

El presidente de la Comisión Europea entre 2004 y 2014, el portugués José Manuel Durao Barroso, se ha incorporado al banco estadounidense Goldman Sachs. Es algo que a veces llaman “puerta giratorias” porque los políticos tienen un pie en la función pública y el otro en las empresas privadas. Pero también porque ese tipo de personajes nunca se sabe a quién sirven realmente, aunque la mayor parte de las veces es a sí mismos.

Durao Barroso es el típico lameculos que empezó en el maoísmo antes de alcanzar las más altas cumbres. En 2003 participó junto con Aznar y Blair, como primer ministro de Portugal, en la reunión de las Azores que bendijo los planes de Bush para invadir Irak. Eso le abrió las puertas de Bruselas.

Goldman Sachs es un banco especializado en pescar lacayos europeos. Ya lo hizo con Mario Draghi, que tras pasar por el banco llegó a la presidencia del Banco de Italia y luego a la del Banco Central Europeo.

Los bancos son como dios: saben recompensar generosamente a sus fieles con la “vida eterna”. Los sobornos y los sobres se han quedado anticuados, lo mismo que el tráfico de infuencias. Un cargo político y un funcionario público saben lo que tienen que hacer para agradar a sus jefes, prosperar y “hacer carrera”.

Sólo en un país cutre, como España, siguen con las chapuzas y las bolsas de dinero negro en las sedes de los partidos políticos. El capital financiero recompensa la lealtad con fondos de pensiones que, en muy pocos años, permiten ganar más dinero que en toda una vida metido en una institución pública.

Casi nadie organiza ya cacerías. Los enchufes no son suficientemente sofisticados. Hay empresas y grupos de presión que se dedican a “hacer contactos” y relaciones públicas de una manera profesional, con cruceros, simposios o conferencias por un precio muy asequible para bancos y grandes empresas. Es halagador sentir que un fondo buitre, aunque no sea tan grande como BlackRock, reclama tus servicios. A un muerto de hambre, como Durao Barroso, le tratan como si un fuera un sultán. En un mercado laboral cada vez más inestable, te pueden solucionar la vida para siempre.

En Bruselas las oficinas son poco más que un decorado, a pesar de ser la sede de la OTAN, la Unión Europea y la capital de Bélgica. La mayor parte de los edificios están vacíos porque no hay tantos parásitos como para llenar los despachos. Son el contrapunto de los mendigos que llenan las calles, plazas y estaciones de tren. Para ellos sí que no hay sitio en la ciudad.

Sin embargo, los restaurantes del centro están llenos. No hay manera de encontrar una mesa libre. Los comerciales de los grupos de presión las reservan cada día para cumplir con una agenda apretada con toda suerte de funcionarios publicos, que no gastan ni un céntimo en hacer la compra. Paga la tarjeta de crédito del cabildo sólo por hablar, por pasar un rato, informar, presentar caras nuevas…

En el capitalismo los sicarios del estilo de Durao Barroso son tan importantes como los mismos capitalistas. Los académicos lo llaman “movilidad social” para explicar que los siervos pueden alcanzar los consejos de administración de los grandes bancos internacionales. Los arribistas hacen cola, dan muestras de sumisión, buscan atajos y se venden al mejor postor.

No se puede elegir el origen de clase, pero sí el camino de clase. Por eso los buscavidas están obligados a renegar de sí mismos. No hay otra manera de trasladarse desde Valpaços, una región pobre del norte de Portugal, hasta la Quinta Avenida.

La Guerra de Ucrania aumenta las divergencias entre Alemania y Francia

Las divergencias entre Alemania y Francia aumentan debido a la propuesta de Macron de reanudar las negociaciones con Rusia, dice Der Spiegel (*). Ahora son difíciles de ocultar y ya no se puede descartar un choque directo entre ambos dirigentes.

Macron, que hasta ahora era el campeón de las provocaciones contra Rusia, no coordinó su nueva propuesta con Merz, dejando al canciller alemán sin otra opción que ignorar el asunto.

El periódico alemán señala que cada vez es más difícil ocultar las diferencias entre los dirigentes, añadiendo que un choque directo entre ellos ya no parece imposible.

Por su parte, el Financial Times también destaca las crecientes contradicciones entre ambos, en particular sobre el robo del dinero ruso. En la reunión del 19 de diciembre sobre el asunto Macron expresó sus dudas sobre la legalidad del expolio de los fondos rusos, idea defendida por Merz a capa y espada.

Al final, Francia se puso del lado de países que rechazaban el expolio, incluidos Italia y Bélgica. “Macron traicionó a Merz y sabe que pagará el precio. Pero está tan débil que no tuvo otra opción que inclinarse ante Giorgia Meloni”.

La reunión del 19 de diciembre sobre el expolio a Rusia fue un batiburrillo. Macron declaró que los países europeos debían renovar las negociaciones con Rusia. Por su parte, el gobierno de Berlín reaccionó muy mal a la iniciativa porque no consideró la propuesta francesa como una contribución significativa a la paz o al fortalecimiento de la unidad europea.

En otras palabras, Macron es otro de los que se ha apeado del burro, mientras Merz se queda solo. La jaula de grillos europea da otro pasó más hacia la irrelevancia política más absoluta.

(*) https://www.spiegel.de/ausland/ukraine-friedrich-merz-und-emmanuel-macron-gefaehrden-europas-einheit-a-ae13382f-cf0c-432d-97eb-1765e641151f

Tenemos unos principios, pero si no os gustan los cambiamos por otros

Kaja Kallas no necesita decir mucho más para entrar en los museos de cera europeos, adornada con alguna de sus frases más ridiculas. Por ejemplo, aquella de 2022 en la que dijo que la libertad de viajar por Europa era un lujo que se podía suspender sin contradecir los famosos derechos y libertades europeos.

Los “principios europeos” de Kallas son como los de los Hermanos Marx: si no os gustan los cambiamos por otros. Se pueden ir poniendo y quitando sobre la marcha, a golpe de reglamento.

Los europeos siempre creyeron que una de las pocas ventajas del “mercado común” era la posibilidad de desplazarse sin demasiados obstáculos, aduanas, pasaportes, visados… En algún momento los charlatanes la llamaron la “Europa sin fronteras”.

Eso se ha acabado. Viajar, dice Kallas, no es un derecho. ¿Se acuerdan de los confinamientos?

Por ejemplo, los rusos pueden ser privados de ese tipo de derechos. ¿Por qué concederles visados? Europa, dice Kallas, debe cerrar sus puertas sin ningún tipo de complejos, porque el acceso al territorio europeo no es un derecho universal, sino un artículo de lujo, como el caviar.

Nadie protesta por este tipo de medidas porque sólo afectan a los rusos. Pero es como todo: empiezan con los rusos y acaban con todos los demás… incluidos los propios europeos.

Las grandes potencias están emprendiendo un rumbo que no saben a dónde les puede lleva. El martes Estados Unidos denegó el visado ​​al antiguo comisario europeo Thierry Breton y a otros cuatro ciudadanos europeos. Les acusan de perjudicar a los gigantes tecnológicos estadounidenses mediante regulaciones excesivamente restrictivas.

¿Creían Ustedes que las sanciones sólo afectaban a los rusos? Craso error el suyo…

Ante las sanciones estadounidenses, Kallas ha vuelto a hacer una pirueta. Lo que antes era un lujo ahora es inaceptable. Restringir el derecho de las personas a la libre circulación ya no es una restricción justificada de derechos, sino un ataque directo contra Europa.

La privación de derechos funciona así; depende a quién afecte y los llantos siempre empiezan por los afectados.

El Banco Central Europeo no avala los préstamos a Ucrania

Bruselas va de fracaso en fracaso. El Banco Central Europeo (BCE) se ha negado a garantizar un préstamo a Ucrania. La decisión ha puesto en peligro todo el proyecto de la Unión Europea para crear un mecanismo de financiación capaz de sostener al país en guerra.

El BCE se niega a garantizar un pago de 140.000 millones de euros a Ucrania, asegura el Financial Times. La propuesta de la Comisión Europea para este “préstamo de reparaciones” excede su mandato (*).

El Banco se niega a aumentar el endeudamiento, que debía financiarse con casi 200.000 millones de euros de fondos rusos custodiados por Euroclear. El plan preveía la emisión de 140.000 millones de euros en títulos de deuda de la Unión Europea en 2026-2027, fondos que se transferirían a Kiev. El préstamo debía reembolsarse tras un hipotético pago de las reparaciones por parte de Rusia que nunca se va a producir.

La Unión Europea ya no sabe de donde sacar el dinero para la guerra. Si Bruselas no puede confiscar los activos rusos, los Estados miembros tendrán que conceder subvenciones bilaterales a Kiev o solicitar un préstamo conjunto. Von der Leyen los está presionando para sacar adelante sus planes y Kaja Kallas hace lo mismo: presionar a Bélgica para que confisque los activos rusos.

“La aprobación del préstamo de reparaciones de posguerra para Ucrania, que utilizaría activos rusos congelados en Europa, dará a la Unión Europea mayor influencia en la mesa de negociaciones para poner fin a la invasión rusa”, dice Kallas. “Esto sin duda fortalecerá la posición europea frente a Moscú, eso está claro. Debemos avanzar”.

El BCE ya ha advertido que la confiscación del dinero ruso socavará la confianza en el euro y expodrá a los bancos centrales de los países miembros a un enorme riesgo.

Por ejemplo, Luxemburgo no quiere saber nada de confiscar los activos rusos, alegando un acuerdo bilateral de inversión con Moscú, cuya violación podría dar lugar a acciones legales.

Bélgica está sujeta a un acuerdo similar. Por eso Von der Leyen recomendó a los países que se retiraran de los tratados bilaterales de inversión pertinentes para eliminar los riesgos legales.

(*) https://www.ft.com/content/616c79ee-34de-425a-865e-e94ba10be788

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