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Categoría: Salud (página 75 de 88)

La percepción subjetiva

En enero de 2008 el Banco Mundial, a través de la Oficina del economista Jefe publicó un amplio informe analizando dos epidemias: la de Surat (India) en 1994 y la de SARS en Guangzhou (China) en 2003. Posteriormente, en The Journal of Immunology de 1 de Noviembre de 2008 se publicó un largo estudio: “Investigación sobre Enfermedades Infecciosas Emergentes y Reemergentes del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón, por el programa de Centros de Excelencia del Siglo XXI sobre Estrategias Globales para el Control de Enfermedades Infecciosas Emergentes y Reemergentes. Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Nagasaki y por el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón”, en el cual se analiza el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) que se originó en China en 2003 y se extendió por 34 países mundo, sin que hubiera ninguna declaración de pandemia por parte de la OMS. En una de sus conclusiones señala que: “Los detalles del mecanismo por el cual el coronavirus asociado al síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV) causa una neumonía grave no están claros, aunque la liberación incontrolada de mediadores inmunes se ha implicado en la patogénesis del SARS, mientras que los perfiles de citocinas de los pacientes con SARS no han dilucidado la causa de la neumonía debido a su diversidad. Parece probable que los diversos perfiles de citocinas observados entre los pacientes adultos con SARS estén relacionados con la anamnesis del paciente” (1).

Concluyendo dicha investigación con lo siguiente: “Los autores llegaron a la conclusión que las respuestas sesgadas por Th2 (tipo de linfocitos) de los huéspedes vacunados después de la infección por SARS-CoV podrían agravar la inflamación pulmonar, puesto que la respuesta principal del huésped sigue siendo desconocida” (2).

Volviendo al informe del Banco Mundial empieza diciendo: “El documento analiza en particular cómo la gente forma juicios subjetivos de probabilidad sobre riesgo de enfermedad. Encuestas de opinión pública durante el brote SARS proporcionan evidencia sugerente de que la gente a veces tienen percepciones excesivamente altas de la riesgo de infectarse o, si se infecta, de morir de la enfermedad” (3).

En una encuesta en Taiwán, el 76 por ciento de los encuestados calificaron la probabilidad de muerte después de contraer SARS con una calificación de 4 sobre 5, en una escala de 0 a 5. Casi una cuarta parte de los encuestados en Hong Kong pensó que era muy probable infectarse con el SARS aunque a posteriori la tasa de infección en Hong Kong (casos probables notificados a la OMS en relación con la población) era de solo 26 por 100.000 habitantes (0,026 por ciento). Según G.M. Leung, varias encuestas realizadas durante el brote de SARS proporcionan evidencia directa sobre las evaluaciones de probabilidad subjetiva (4).

Según R.J. Blendon, en Estados Unidos, alrededor del 16 por ciento de los encuestados pensaron que infectarse ellos o su familia inmediata por SARS en los próximos doce meses era muy probable (5).

Después de ver un accidente de coche, la subjetividad de las personas aumenta en el sentido de aumentar la probabilidad de tener un accidente, mientras que subestiman otros riesgos más comunes (6).

Según investigaciones en psicología del comportamiento aplicadas en el caso de Surat y Guangzhou, bajo unas condiciones de mala información y estrés, las personas llegan a conclusiones sesgadas o erróneas y apreciaciones subjetivas sobre dichas enfermedades, lo que les lleva al pánico, con lo cual la prevalencia de la enfermedad a su vez también se verá afectada por el cambio de comportamiento de la población (7).

En el caso de China, el boca a boca sobre la enfermedad se extendió rápidamente tanto dentro como fuera de China, debido al acceso generalizado a teléfonos móviles e Internet. Se estima que “miles de millones” de mensajes de texto de teléfonos celulares con alguna referencia a la enfermedad se enviaron en el país. Del 8 al 10 de febrero de 2003, el mensaje de texto SMS “Hay una gripe mortal en Guangzhou” se envió 126 millones de veces solo en la ciudad de Guangzhou, y para el 26 de abril, los periodistas calculaban que un millón de personas abandonaban la ciudad (8).

Igual que en Surat (India) en 1994 en que los rumores y los informes exagerados de los medios en hacer su propia evaluación sobre la probabilidad de un brote de peste y del peligro de infección de personas y familias, desencadenó caos y pánico desproporcionado. “Del 19 al 22 de septiembre, 1994, hubo tres días seguidos de caos en la estación de tren y autobús de Surat. La gente se subía a todos y cada uno de los vehículos que podían llevárselos… Más de la mitad de los médicos también se fueron y para el 26 de septiembre se estimó que hasta una cuarta parte de los 2,2 millones de habitantes habían huido de la ciudad. Pánico se extendió a otras ciudades importantes” (9).

¿Cómo se forman en las personas estas probabilidades subjetivas?

“La infección es inseparable del hombre. Cuando se presenta una epidemia se produce una convulsión social que apenas ha cambiado con el tiempo. Tras la sorpresa inicial, los ciudadanos se sumergen en una mezcla de incertidumbre, miedo, e ira colectiva.

El miedo modula la percepción subjetiva del riesgo. No tenemos miedo a viajar o a fumar, lo que causa de miles de muertos, ¡una verdadera pandemia!, porque se supone que ejercemos un control personal. Sin embargo tememos lo desconocido, lo incontrolable. Probablemente, como el miedo a las serpientes o a la oscuridad, tenga algún componente constitutivo. El miedo es emocionante y contagioso; más cuanto más intenso. Simples rumores pueden cambiar una situación de temor individual a un pánico colectivo incontrolable. Se exigen vacunas, diagnósticos y tratamientos inexistentes, ocupación de hospitales, demandas, en fin, imposibles de cumplir. En España tenemos recientes ejemplos: recordemos el asunto de la “colza” (demanda masiva de eritromicina), la legionelosis, la última epidemia de meningitis con la agotada rifampicina y rocambolesca búsqueda de la vacuna, el problema de las vacas locas, la “bacteria asesina”, o la aspergilosis (enfermos rebeldes o redundantes de los hospitales).

Los periódicos, televisión etc., sintonizan con la sociedad “vendiendo” muy bien las malas noticias. El ciudadano espera impaciente las siguientes noticias, busca en otros medios, y se encuentra con un goteo de datos “objetivos”, comprensibles e impactantes: “Mas de 100.000 afectados”, “un muerto más”, “en 3 días se agotaron…” Interesa la noticia del riesgo que provoca las primeras reacciones. Se buscan posibles fraudes trasfondos de manipulación o bioterrorismo. Se espera el traspié en las declaraciones o medidas que tomará el ministro de turno. El morbo está garantizado (10).

Diversos psicoanalistas han reflexionado sobre las consecuencias de la violencia social extrema en la cual el discurso autoritario que emana de instituciones de poder adopta una lógica causal basada en hipótesis falsas, se sostiene en valores éticos perversos que promueven acciones corruptas. “El estado de amenaza es una situación en la que el yo pierde la capacidad de reconocer los signos que lo habilitan para percibir los peligros del mundo exterior y diferenciar entre imaginación, realidad, vida o muerte” (11).

También la ciencia, alejada de los intereses populares y al servicio de la clase dominante está preñada de una alta dosis de ufana subjetividad que se coloca por encima de todo lo existente pero excluyendo a las personas como sujetos del quehacer y arrinconándolos en un estado de simple objeto.

Como plantea Francisco Rodriguez, “el drama de una ciencia, que como la clásica, renuncia a entender al universo de otra manera que no sea en términos de procesos susceptibles de ser aprehendidos a través de leyes universales y absolutas, plantea el dilema de una ‘Razón mesiánica’ que al mismo tiempo que postula un programa de salvación de la humanidad a propósito del desarrollo de las estructuras científico–técnicas, expulsa al sujeto del reino de la empresa que esta tarea significa… podemos ver a la ciencia como cosa de sujetos que se relacionan con otros sujetos en el proceso de producción de conocimientos, por lo tanto en sí misma, relación social fundamentada en poder e intersubjetividad. Afortunadamente, estamos hoy en condiciones de abandonar esta posición epistemológica por el carácter anti-histórico e ideológico-neurótico que ha comportado. Y sin embargo, en descargo de la ciencia realmente comprometida con la vida y el hombre, podemos decir que esta posición epistemológica y esta manera de hacer ciencia, no es más que una vía en el amplio camino de la producción de conocimientos en función de la transformación social” (12).

Tucídides, en la “Historia de la Guerra del Peloponeso”, alude a una plaga en Atenas en los años 429 y 430 a.n.e., y que a partir de ella, con la derrota de Atenas y el triunfo de Esparta se realizó un cambio radical en el reparto de poder de la antigua Grecia y con él un cambio en las costumbres y la política: el fin de la democracia ateniense y el ascenso del militarismo espartano (13).

La militarización de la pandemia, el autoritarismo rampante, la censura de cualquier medio que ponga en tela de juicio el discurso oficial, paralelo a un incremento de la represión y la propagación del terror mediático mediante el cual diariamente se bombardea la población con la aseveración de que su vida corre peligro, que el amigo, vecino, compañero de clase puede ser el enemigo mortal, solo puede conducir a una situación como la descrita por Tudícides.

(1) La anamnesis es el proceso de la exploración clínica que se ejecuta mediante el interrogatorio para identificar personalmente al individuo, conocer sus dolencias actuales, obtener una retrospectiva de él y determinar los elementos familiares, ambientales y personales relevantes. Para aprender a interrogar al paciente y obtener una historia clínica adecuada se requiere de una guía organizada y objetiva. Solamente así se puede evitar la elaboración de historias ambiguas, superficiales, desorganizadas, artificiosas y redundantes.
(2) J Immunol 1 de noviembre de 2008, 181 https://doi.org/10.4049/jimmunol.181.9.6337
(3) http://documents1.worldbank.org/curated/en/101511468028867410/pdf/wps4466.pdf
(4) Leung, GM, S. Quah, LM Ho, SY Ho, AJ Hedley, HP Lee y TH Lam. (2004). “Historia de dos ciudades: vigilancia psicoconductual comunitaria y otros Impactos en el control de brotes en Hong Kong y Singapur durante la fase de la epidemia de síndrome respiratorio”. Control de Infecciones y Epidemiología Hospitalaria. vol. 25. núm.12
(5) Blendon, RJ, J. Hazel, CM DesRoches, SARS en Toronto y EE. UU. Proyecto sobre Seguridad Biológica y el Público, Escuela de Salud Pública de Harvard y Health Canada. 6 de junio de 2003 http://www.hsph.harvard.edu/press/releases/blendon/TorontoSARS.doc
(6) Slovic, P. y EU Weber, Percepción del riesgo planteado por eventos extremos, Conferencia sobre Estrategias de gestión de riesgos en un contexto incierto, Nueva York, 12-13 de abril de 2002
(7) Philipson, Gersovitz y Hammer, Modelo elástico de prevalencia del comportamiento en el contexto de un modelo epidemiológico estándar SIR
(8) Washington Post, 26 de abril de 2003. Pomfret, J. SARS: Funcionarios de Beijing intentan detener a los viajeros. El recuento final de la OMS para el SARS fue de 8.096 casos probables en todo el mundo
(9) Ramalingaswami, V. Los efectos psicológicos del brote de peste de 1994 en Surat, India, Medicina militar, diciembre de 2001; 166, 12, pág. 29
(10) José Prieto. Médico. Universidad Complutense de Madrid https://www.esferasalud.com/especialidades-sanitarias/microbiologia/infecciones-epidemicas-arrastran-epidemias-conducta
(11) Guillermo Bodner. Psicoanalista didáctico y ex presidente de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP-IPA) https://www.temasdepsicoanalisis.org/2012/01/01/la-subjetividad-en-tiempo-de-crisis/
(12) Francisco Rodríguez. Subjetividad en la ciencia: crítica a la razón neo-positivista
(13) https://helenika.files.wordpress.com/2014/04/tucidides-historia-de-la-guerra-del-peloponeso.pdf

En Murcia «todo es covid hasta que se demuestre lo contrario», y no al revés

En el informativo Matinal del pasado martes de la televisión pública murciana entrevistaron a Ana Blázquez, médico microbióloga del hospital Santa Lucía de Cartagena. Blázquez sostuvo sin rubor que a la hora de diagnosticar «todo paciente con gripe es COVID hasta que se demuestre lo contrario», y que «aunque la gente esté vacunada, no nos vamos a olvidar de la mascarilla». Leer más

Todas las contradicciones en una: los ‘accidentes de trabajo’ se dispararon durante la pandemia

La pandemia es como un remolino de alambres de púas: cuanto más tratas de soltarte, más te enreda y te engancha. No hay manera de escapar y la palabra “confusión” no es suficiente para describir lo que está pasando ahora mismo por las cabezas de millones de personas en el mundo entero.

Al menos para algunos es posible que la lucha de clases sea, una vez más, el hilo que permita arrojar un poco de luz en medio del desconcierto y, más en concreto, los llamados “accidentes laborales”, es decir, aquellos trabajadores que son explotados hasta dejar su vida en el tajo.

En el juego de luces y sombras de la pandemia, el gobierno impuso formalmente un estado de alarma ordenando el cierre de las actividades económicas “no esenciales”. Hay quien supone que dicho cierre se llevó a cabo efectivamente y hay incluso quien supone, además, que en dicho cierre está la causa de la crisis económica, o por lo menos el agravamiento de la misma.

Si eso hubiera ocurrido así, parece lógico pensar que se hubiera reducido la cifra de “accidentes de trabajo”. Sin embargo, un artículo publicado ayer por el Diari de Tarragona confirma lo contrario una vez más: “Los accidentes de trabajo mortales se dispararon un 12,7 por ciento hasta julio” (*).

A partir de dicha constatación, la periodista expresa su perplejidad. ¿Cómo es posible? “Nadie se lo imaginaba”, escribe. En este punto, como en todo lo que hace referencia a la pandemia, “las cifras no salen”, añade. Es posible que no haya ninguna cifra que “cuadre”, a pesar de los ordenadores, los algoritmos y los modelos con los que nos obsequian los expertos.

Es más que evidente que toda esa parafernalia seudocientífica no se ha inventado más que para camuflar una realidad: que el cierre económico tampoco ha sido el que están suponiendo los expertos en numerología.

Aquí las “ciencias naturales” han suplantado a sus hermanas pequeñas, las “ciencias sociales”, y empieza la cadena de “paradojas” a las que se refiere la noticia. Por ejemplo, puestos a imaginar podríamos suponer que ha habido más “accidentes laborales” a causa del coronavirus, pero no es así.

Hay algo aún peor: ni siquiera ha ocurrido con los trabajadores de la sanidad, por más que el sector haya sido envuelto en un halo heroico. La primera línea en la “lucha” contra el virus apenas ha padecido bajas: 60 muertos según cifras oficiales.

Ninguno de estos datos es medianamente coherente. Según el artículo ha habido 60.000 sanitarios “contagiados”, pero “hasta julio solo se han contabilizado 592 accidentes de trabajo con baja por este motivo, 14 de los cuales derivaron en fallecimiento”.

(*) https://www.diaridetarragona.com/economia/Las-muertes-en-accidente-de-trabajo-se-dispararon-pese-a-parar-la-actividad-20200927-0052.html

Diez manifestantes detenidos ayer en Londres durante una protesta contra el confinamiento

Diez manifestantes fueron detenidos ayer en Londres durante una protesta que reunió a miles de personas contra el confinamiento y las restricciones de derechos en Gran Bretaña.

Los incidentes estallaron cuando la policía cargó para disolver la manifestación en la Plaza de Trafalgar porque no cumplía con la prohibición de actos multitudinarios.

El gobierno de Boris Johnson ha prohibido las reuniones de más de seis personas y el cierre de bares y restaurantes a partir de las 10 de la noche.

El uso de mascarillas pasa a ser obligatorio para los empleados del sector de la hostelería y el comercio minorista, además de para pasajeros de taxis y similares.

“En los sectores comercial, turismo, entretenimiento y otros, nuestros lineamientos para la prevención de la covid pasarán a convertirse en obligaciones legales. Los negocios podrán ser multados, e incluso cerrados, si no cumplen con las reglas”, advirtió Boris Johnson.

La asistencia a bodas ha quedado limitada a un máximo de 15 personas y ya no habrá excepciones para deportes practicados bajo techo.

El regreso paulatino de espectadores a los eventos deportivos también ha sido suspendida.

Una cuarta parte de los 66 millones de habitantes de Gran Bretaña están afectados por el confinamiento y las restricciones de movimientos.

El gobierno ha lanzado una aplicación para móviles basada en la tecnología Bluetooth que alerta a los usuarios si han pasado 15 minutos o más a menos de dos metros de otro usuario que ha dado positivo en una prueba.

La aplicación permite a los clientes proporcionar a los bares y restaurantes sus datos personales, una obligación legal, gracias a un lector de códigos QR.

La Unión Europea otorga inmunidad a la farmacéutica AstraZeneca por los efectos secundarios de su vacuna contra el coronavirus

La farmacéutica AstraZeneca ha firmado con la Unión Europea un acuerdo de bajo coste que implica que la empresa británica solamente se hará cargo de una parte del valor de las reclamaciones que pudiera tener por los potenciales efectos secundarios provocados por su vacuna contra el coronavirus.

Por encima del valor que afronte la empresa tendrán que responder los gobiernos de Europa, aunque las cantidaddes no se han revelado, ni la manera en que serán compartidos.

Además del blindaje por gastos legales e indemnizaciones, el contrato, firmado en agosto, pero cuyos detalles sobre costos no habían trascendido, los países de la Unión Europea acordaron el pago de 2,5 euros (2,91 dólares) por cada dosis que produzca AstraZeneca.

La Unión Europea ya ha realizado un pago inicial de carácter no reembolsable de 336 millones de euros (unos 390 millones de dólares) para la asegurarse 400 millones de dosis. “Si una empresa pide un precio más alto no damos las mismas condiciones”, expresó un funcionario de Bruselas.

Un portavoz de la Comisión Europea explicó que estos convenios de compra anticipada “prevén que los Estados miembro indemnicen al fabricante por determinadas responsabilidades incurridas en condiciones específicas y estrictas”. Sin embargo, “la responsabilidad sigue siendo de las empresas”, lo que significa que son ellas quienes deben responder ante los tribunales.

Este no es el único acuerdo firmado la Unión Europea con farmacéuticas que trabajan en el desarrollo de vacunas contra el coronavirus. También lo hizo con la francesa Sanofi, que no incluye una exención de responsabilidad, aunque fijó un precio más alto que AstraZeneca.

Por cada dosis de Sanofi negoció un valor de 10 euros (11,63 dólares) y un pago de 324 millones de euros (unos 377 millones de dólares) a cambio de 300 millones de dosis.

https://actualidad.rt.com/actualidad/367741-union-europea-blindar-astrazeneca-demandas-efectos-secundarios-vacuna-coronavirus

Cuba suspende la práctica de pruebas de coronavirus por su ‘poca eficacia’

El Ministerio cubano de Salud Pública (Minsap) ha ordenado la suspensión de la práctica de pruebas rápidas para detectar el coronavirus debido a la “poca eficacia” que tienen.

La doctora Yanelis Calviño Vega, jefa del Puesto de Dirección de Salud Pública de Holguín, aclaró que a partir de ahora se considerarán los criterios clínicos y epidemiológicos a la hora de buscar e identificar posibles “casos positivos”.

La médico de Holguín no especificó qué clase de pruebas rápidas eran las que el gobierno cubano estaba aplicando.

La decisión no ha sido anunciada de manera oficial por el Minsap pero explicaría lo observado por los médicos respecto a la detección de varios “casos positivos” sin vínculo alguno con casos detectados anteriormente.

Se desconoce cómo pueda afectar esta decisión a la situación epidemiológica del país en un futuro inmediato, pues hasta ahora el Minsap ha confiado en las pruebas rápidas para detectar casos sospechosos y aplicarles pruebas PCR en caso de dar positivo.

Pero algunas de las pruebas rápidas han llegado a tener un margen de error del 80 por ciento y el costo de los falsos positivos ha sido un factor importante que ha obligado al gobierno cubano a cambiar de criterio.

Los falsos positivos de las pruebas rápidas han multiplicado innecesariamente la realización de pruebas PCR, cuyo costo es de alrededor de 50 dólares.

Tras la detección de los primeros casos, a Cuba llegaron una gran cantidad de equipos médicos procedentes de varios países, así como de la Organización Mundial de la Salud y el Fondo de Población de la ONU.

En marzo el país caribeño cerró sus fronteras, permitiendo la entrada de residentes y la salida de los turistas que se encontraban en la isla.

El número de fallecimientos atribuidos al coronavirus en la isla ha ascendido a 108 desde el mes de marzo, una cifra absolutamente insignificante que no justifica las medidas políticas aprobadas por el gobierno de cara a la galería.

La segunda ola se ha trucado con pruebas de coronavirus que arrojan muchos falsos positivos, dice un científico

Las pruebas de coronavirus que, son muy poco fiables, se están utilizando para fabricar una segunda ola de la pandemia basada en nuevos “casos”, según el doctor Mike Yeadon, antiguo director científico de la multinacional farmacéutica Pfizer.

La mitad, por no decir “casi todas” las pruebas de coronavirus son falsos positivos, según Yeadon, quien fue vicepresidente de la multinacional durante 16 años. La unidad que dirigía era la que investigaba el asma y las enfermedades respiratorias. Tras dejar la farmacéutica fundó una empresa de biotecnología que fue adquirida por Novartis, otro gigante de la industria.

En una entrevista que concedió la semana pasada le preguntaron: “¿Estamos basando una política gubernamental, una política económica, una política de libertades civiles, en términos de limitar la gente a seis personas en una reunión… todo basado en, lo que podrían ser, datos completamente falsos sobre el coronavirus?”

Yeadon respondió afirmativamente con un simple “sí” (1).

“Sin los datos de las pruebas que se obtienen todo el tiempo en la televisión, se concluiría con razón que la pandemia ha terminado porque no ha sucedido nada importante. Por supuesto, la gente va al hospital a medida que se acerca la temporada de gripe de otoño… pero no hay evidencia científica de que sea probable una segunda ola”, añade Yeadon en la entrevista.

En un artículo publicado este mes, del que es coautor junto a dos de sus colegas, afirma que los datos correspondientes a Reino Unido, Suecia, Estados Unidos y el mundo en general muestran en todos los casos que las muertes aumentaron de marzo a mediados y finales de abril, para luego comenzar a disminuir gradualmente en una suave pendiente que se aplanó hacia finales de junio y continúa hasta el día de hoy. Sin embargo, los “casos” están aumentando y fluctuando hacia arriba y hacia abajo (2).

Se trata, pues, de una “epidemia de sanos” provocada por la proliferación de tests de muy escasa fiabilidad. “Es probable que más de la mitad de los positivos sean falsos, potencialmente todos ellos”, escribe Yeadon en su artículo.

La PCR se limita a detectar “simplemente la presencia de secuencias parciales de ARN presentes en el virus intacto”, que podría ser un trozo de virus muerto que no puede enfermar al sujeto, no se puede transmitir y no puede enfermar a nadie más.

“Un positivo verdadero no indica necesariamente la presencia de un virus viable. En los limitados estudios realizados hasta la fecha, muchos investigadores han demostrado que algunos sujetos siguen siendo positivos en la PCR mucho después de que haya desaparecido la capacidad de cultivar el virus a partir de las muestras. Lo llamamos ‘positivo en frío’ (para distinguirlo de un ‘positivo en caliente’, que es el que arroja una persona infectada con un virus intacto). El punto principal de los ‘positivos en frío’ es que no están enfermos, no tienen síntomas, no van a tener síntomas y, además, son incapaces de infectar a otras personas”.

El mes pasado otro artículo científico publicado en el BMJ volvía a recordar que las pruebas PCR son “muy poco fiables”, lo que altera las estadísticas epiodemiológicas, “entre ellas la proporción de asintomáticos, la prevalencia y las tasas de hospitalización y de mortalidad” (3).

Si siguen hablando de pandemia en base a los resultados de las pruebas PCR, no se acabará “nunca”, dice el profesor Carl Heneghan de la Universidad de Oxford, Director del Centro de Medicina Basada en la Evidencia de Oxford (4).

(1) https://www.youtube.com/watch?v=Ch7wze46md0
(2) https://lockdownsceptics.org/addressing-the-cv19-second-wave/
(3) https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.04.26.20080911v3
(4) https://www.spectator.co.uk/article/how-many-covid-diagnoses-are-false-positives-

El confinamiento ha reducido los ingresos de los trabajadores en 3,5 billones de dólares

Las medidas políticas implementadas con el pretexto de la pandemia han destruido 500 millones de puestos de trabajo durante los tres primeros trimestres de este año y han reducido en 3,5 billones de dólares los ingresos de los trabajadores, según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La principal afectada ha sido la economía sumergida, informal y precaria, que permite sobrevivir a los trabajadores más explotados del mundo.

El nuevo informe sobre los efectos del confinamiento en el mercado laboral mundial es el sexto que elabora la organización con sede en Ginebra y empeora las cifras del anterior estudio de junio.

Los 500 millones de puestos de trabajo perdidos equivalen a una caída del 17,3 por ciento de las horas de trabajo.

La pérdida de horas de empleo en España ha rondado el 6 por ciento, pero en países como Perú, uno de los que tiene más empleo informal, la pérdida interanual de horas de trabajo superó el 50 por ciento entre abril y junio.

La reducción de horas de trabajo y de salarios se ha debido a las medidas políticas adoptadas por los gobiernos con la excusa de la pandemia que, especialmente durante los confinamientos masivos, supusieron el cierre de muchas actividades laborales, algo que según la OIT aún afecta a la mayor parte del planeta.

La OIT subraya que el 94 por ciento de los trabajadores reside en países en los que se siguen aplicando confinamientos y restricciones de movilidad que afectan a aquellos para los cuales su actividad laboral es sinónimo de supervivencia.

Uno de cada tres trabajadores, añade el informe, reside en países donde la mayoría todos los lugares de trabajo siguen cerrados.

https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/documents/briefingnote/wcms_755930.pdf

La censura elimina de internet los artículos científicos contra las mascarillas

La revista especializada “Oral Health Group” ha retirado de su sitio web un artículo de investigación de 2016 que concluía que las mascarillas no sirven para detener la propagación de enfermedades.

La excusa que ofrece la revista es que el artículo “ya no es relevante en el clima actual” (1).

El artículo era una síntesis de los estudios de investigación realizados sobre la eficacia de las mascarillas como herramientas de prevención de enfermedades. En general, la revisión encontró pruebas de que las mascarillas tienen poco o ningún valor como herramienta de control de infecciones.

El autor era John Hardie, un dentista especializado con 30 años de experiencia en el control de infecciones. El artículo incluía más de 30 referencias y fuentes de revistas académicas y estudios debidamente revisados.

La reconstrucción telemática del artículo censurado (2) muestra que permanecía intacto el 25 de junio y desapareció entre el 2 al 9 de julio, siendo reemplazado el 10 de julio por la declaración oficial de la revista.

La censura de la revista no dice que el estudio fuera erróneo y que se hubieran apercibido de ello cuatro años después de publicarlo. Lo que ha cambiado es la situación o, como dicen ellos mismos, “el clima actual”.

No puede extrañar que luego algunos digan que no hay pruebas de tal o cual tesis, o que los gregarios sostengan que quien se opone a las mascarillas es eso que llaman “la ultraderecha”.

Los domesticados juegan con ventaja. No es la primera vez ni será la última en la que las pruebas desaparecen por intereses espurios.

El doctor Denis Rancourt llevó a cabo una revisión de las publicaciones científicas existentes sobre las mascarillas que apareció en ResearchGate el 3 de junio, luego desapareció y también se ha podido recuperar para internet (3).

Los problemas de todo tipo que las mascarillas causan a la salud son conocidas desde siempre y en mayo ya lo denunció una farmacéutica en Tele5 que, si el lector no se da prisa en descargar, puede desaparecer de internet en cualquier momento (4).

Al principio de la pandemia el gobierno no exigió mascarillas y luego pasó a exigirlas, no por una cuestión científica sino porque ya las había en el mercado.

En algunos países es obligatoria y en otros no porque la ciencia cambia en cuanto cruzas las fronteras.

Sin embargo, no hay que perder de vista que la cuestión no es la mascarilla, ni la ciencia, ni la salud sino la censura y la histeria que han introducido en buena parte del mundo, con la plena complicidad de quienes dicen hablar en nombre de una “izquierda” que a cada paso da síntomas de servilismo y postración, convocando reuniones y concentraciones donde las mascarillas son imprescindibles para participar.

De verdadera vergüenza. Como en la Edad Media, oscilamos entre la censura y el linchamiento mediático.

(1) https://www.oralhealthgroup.com/features/face-masks-dont-work-revealing-review/
(2) https://web.archive.org/web/20200625094522/https://www.oralhealthgroup.com/features/face-masks-dont-work-revealing-review/
(3) https://archive.org/details/covid-censorship-at-research-gate-2/mode/2up
(4) https://www.telecinco.es/informativos/salud/alertan-hongos-rozaduras-dermatitis-uso-mascarillas-coronavirus_18_2944995275.html

El exceso de mortalidad en España tampoco ha sido consecuencia de la pandemia exclusivamente

Todos los gobiernos del mundo han falsificado las cifras de fallecidos que atribuyen al coronavirus. A falta de datos fiables, se hace necesario recurrir a un índice indirecto, que es el exceso de mortalidad, es decir, el número de muertes habidas por todos los conceptos.

Pero el exceso de mortalidad, cualquiera que sea el dato exacto, tampoco es atribuible al virus, al menos de forma exclusiva, como insisten en hacernos creer. Al menos una parte de los fallecidos son consecuencia directa del confinamiento y otros de la dedicación de los recursos sanitarios a una única enfermedad, con olvido de todas las demás.

Una encuesta de la OMS ha revelado que el 94 por ciento de un total de 155 países ha reasignado parcial o totalmente a los trabajadores sanitarios dedicados a las enfermedades no transmisibles para responder a la pandemia. De ahí que en los hospitales los pediatras hayan atendido a pacientes con enfermedades respiratorias atribuidas al virus.

Lo mismo ha ocurrido en España, donde los muertos por infarto han aumentado un 88 por ciento durante la llamada “primera ola”.

El año pasado la Sociedad Española de Cardiología elaboró un estudio para comparar la forma en que se trataban los infartos en las diferentes comunidades autónomas o en los diferentes hospitales de las autonomías.

“Cuando comenzó la pandemia del Covid, aprovechando que ya existían estos datos, decidimos comparar si había cambiado la forma en que se trata a estos pacientes como consecuencia del virus”, explica Javier Martín Moreiras, cardiólogo del Hospital de Salamanca, que participa en el estudio.

En la comparación de ambos periodos de 2019 y 2020 se apreciaron notables diferencias, tanto en la mortalidad por infarto como en el número de casos tratados y los retrasos en recepcionar a los enfermos.

“Inicialmente observamos una reducción del 40 por ciento que, posteriormente y con datos que se ampliaron a más semanas de pandemia, se situó en un 28 por ciento menos de pacientes con síntomas compatibles con infarto que no fueron asistidos”, indica el cardiólogo Oriol Rodríguez Leor, primer firmante del estudio.

La segunda estadística alarmante es la referente a la mortalidad, que durante el mismo periodo de tiempo creció en un 88 por ciento. ¿Las causas? El miedo mata y el pánico mucho más. Tanto en la atención primaria como en los hospitales se redujo el número de consultas por miedo a acudir a un centro de salud.

Otro motivo es el colapso del transporte sanitario. “No solo es que los pacientes tuvieran miedo a ir al Hospital. También afecta que los retrasos en la atención fueron mayores, porque si el infarto coincide en una época en la que las ambulancias están atendiendo a un montón de pacientes con Covid, o tienen que prepararse los epis… Lo que quedó claro es que los traslados de los pacientes fueron más tardíos y eso influye”, señala Javier Martín.

El tiempo de atención al infarto pasó de una media de 200 minutos a 233 minutos, media hora más de tardanza desde que el paciente alerta de un posible infarto hasta que recibe tratamiento de los especialistas.

Una parte de los infartados se murieron de miedo y otra parte esperando la llegada de la ambulancia.

https://www.lagacetadesalamanca.es/salamanca/las-consecuencias-indirectas-del-covid-la-mortalidad-por-infarto-crecio-un-88-MF4700871

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