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Acusado de homicidio el director del asilo de Tomelloso en el que murieron 76 ancianos

El juez acusa a José Manuel Sampedro Lara, director del asilo de Tomelloso, de homicidio imprudente y omisión del deber de socorro por el fallecimiento de 76 ancianos durante los tres primeros meses de la pandemia.

El director tendrá que acudir a declarar ante el juez el próximo 16 de abril.

Los familiares de los fallecidos presentaron una denuncia con el fin de que se esclarezcan los 76 fallecimientos.

El caos llevó al gobierno autonómico a tomar las riendas del asilo, de titularidad privada, para hacer frente a los fallecimientos. En otra residencia que está al lado, de titularidad pública, solo murieron 8 ancianos.

La dirección del asilo no ofreció ninguna clase información a las familias y les aseguró que en el asilo había “covid cero”. Los familiares relatan que, o bien era imposible comunicar telefónicamente o bien cuando conseguían que alguien respondiera a la llamada, se limitaban a decir que el anciano “no tenía fiebre, que tenían mucho trabajo” y colgaban el teléfono.

La situación real que se vivía en el asilo saltó a los titulares de prensa el 18 de marzo cuando el propio director del asilo denunció el supuesto “abandono” por parte del gobierno autonómico.

El director dijo que estaban “completamente abatidos, destrozados psicológicamente”, ante una situación “muy complicada” y que eran 14 los fallecidos, una cifra que “va aumentando”, comentó entonces.

Sampedro, que había sido concejal del PP, aseguró que nadie les estaba ayudando y que, por su parte, habían informado “en todo momento” a las autoridades, tanto a la Consejería de Bienestar Social como al Ayuntamiento, pero “nadie nos escucha”.

Además, afirmó que estaba informando a las familias por teléfono sobre la situación. “Ayer por la tarde recibí 60 llamadas”, dijo, pero “ninguna” de las autoridades. “Nos sentimos abandonados”, apostilló.

Explicó también que “desde el primer momento” en que se tuvo conocimiento del primer positivo, “cerramos la residencia, solo pueden entrar los trabajadores” y los ancianos “están cada uno en su habitación”.

Tan solo dos días antes, Sampedro había dicho en las redes sociales que en el asilo se estaba trabajando con normalidad. “La furgoneta que hay en la puerta es del hospital, verificando que todos los residentes están bien y haciéndoles pruebas del covid-19. Se está haciendo en todos los centros”, para a continuación facilitar un número de móvil al que podía llamar “cualquier familiar” que necesitara información. “Pero está todo bien”, concluía.

El mismo 18 de marzo el director general de Salud Pública de Castilla La Mancha, Juan José Camacho, desmintió las afirmaciones del director. Dijo que las tres denuncias realizadas por Sampedro -el abandono por parte de la Junta, la ausencia de contactos con las autoridades sanitarias y la ausencia de pruebas ante el brote de coronavirus en la residencia- eran falsas.

Detalló que ese fin de semana desde la Gerencia de Área de Tomelloso se contactaba con la residencia Elder, siendo ese el momento en el que se informa de que hay un grupo de residentes con síntomas, ante lo que se ponen a su disposición, y el domingo se informa de varias muertes, por lo que el mismo director general contacta con Sampedro por teléfono.

“Me refiere una situación compleja, donde no hay equipos de protección individual para los trabajadores, siendo esta empresa de titularidad privada, con lo cual la responsabilidad de sus trabajadores recae sobre ellos”, precisaba Camacho.

Camacho explicaba también cómo el domingo se habían proporcionado por parte del Sescam equipos de protección individual EPI a los trabajadores de la residencia, que hasta el momento carecían de ellos.

También le informa de que “no tiene médico y la situación es alarmante”, por lo que desde el Sescam se envía un equipo médico y enfermera para realizar las primeras tareas de triaje y se ponen “las primeras medidas de control epidemiológico sobre la población residente”.

<h6>https://www.periodicoclm.es/articulo/ciudad-real/imputan-director-residencia-privada-elder-tomelloso-murieron-76-ancianos-primera-ola/20210301102250011990.html</h6>

Norrmalmstorg global (nos hemos acostumbrado demasiado pronto al encierro)

Kristin Ehnmark era una de las rehenes en el asalto al banco Kreditbanken, de la plaza Norrmalmstorg de Estocolmo en el verano de 1973 que se sintió identificada con los asaltantes que la tenían retenida. Poco después, el psiquiatra Nils Bejerot, explicó que Kristin había actuado de este modo debido a causa de su conducta irracional, era un síndrome psiquiátrico al que llamó Norrmalmstorg, posteriormente nombrado como síndrome de Estocolmo.

La idea psicoanalítica era que cuando la gente está abrumada por el miedo, inconscientemente regresa a una etapa infantil y se empieza a identificar con el agresor, pues es quien les da vida. Ideas relacionadas con estas pueden encontrarse en algunas formas de pensamiento marxista para explicar la razón por la que el proletariado no se levanta contra sus opresores. En todos esos casos, son las víctimas las que están actuando irracionalmente en contra de sus intereses.

En 1978, durante el secuestro del Primer Ministro italiano Aldo Moro, el profesor Vincenzo Cappelletti (1), Presidente de La Domus Galilaeana, Instituto Italiano de Historia de la Ciencia, la sociología de la ciencia, la historia de la filosofía y la historiografía política, participó en los comités de crisis como mayor experto y declaró que Moro padecía el síndrome de Estocolmo hacia sus secuestradores y con ello daba espaldarazo a las tesis del conjunto de la clase política italiana que interesadamente lo tildaron de loco en una tergiversación y ocultación de las cartas de Aldo Moro de gran contenido político, social y ético.

Esta tesis, posteriormente defendida en varios trabajos de investigación psicológica como algo puntual y debido a un estrés individual en personas de muy baja autoestima, no concuerda con una persona como Aldo Moro que conservó plena lucidez hasta su muerte, pero que se utilizó una de las versiones del Síndrome de Estocolmo para desacreditarlo.

Ha habido a nivel internacional diversas interpretaciones y descripciones del llamado Síndrome de Estocolmo, que se podrían sintetizar en dos: por un lado autores que lo niegan, y lo consideran como una conducta no generalizada ni generalizable (2), y autores que lo consideran como una valiosa aportación para la explicación de conductas y actitudes de víctimas hacia sus agresores (3) o que, como teoría, ayuda a predecir de alguna manera un comportamiento general.

Lucía Ester Rizo-Martínez del Instituto de Neurociencias de La Universidad de Guadalajara, en Jalisco, México realizó una exaustiva revisión de diversos artículos y tesis de profesionales de diversos países (4) y algunas referencias utilizadas en este escrito son extractos de dicha revisión.

Algunos sociólogos han acuñado la expresión “expansión de dominio” cuando dicho síndrome no se relaciona a casos individuales, sino a reacciones colectivas (5), y es precisamente a partir de estas tesis que deberíamos analizar el secuestro de la población mundial desde marzo de 2020 como una auténtica “expansión de dominio” de alcance mundial y preguntarnos sobre las reacciones mayoritarias ante dicho secuestro colectivo. Se ha escrito y razonado por diversas fuentes que lo acaecido y lo que todavía sifrimos se trata de un macro experimento de control social a escala mundial. No voy a ahondar en ello en este momento, aunque no se puede perder de vista que los experimentos a pequeña escala como el de Milgram o de Stanford han sido puestos en práctica posteriormente e integrados en los manuales militares y policiales. Las investigaciones sobre las torturas en la cárcel iraquí de Abú Ghraib y el sadismo de los militares estadounidenses entroncan perfectamente con los resultados experimentales antes mencionados, así como los métodos utilizados en la base norteamericana de Guantánamo sobre el aislamiento sensorial han sido cuidadosamente estudiados, detallados y asesorados para su práctica por profesionales del mundo de la psicología y psiquiatría, provenientes de las más prestigiosas universidades.

Un estudio colectivo sobre el tema propone cuatro elementos característicos del Síndrome de Estocolmo: 1) la amenaza percibida para la supervivencia, 2) la percepción en el cautiverio de alguna pequeña bondad del captor dentro de un contexto de terror, 3) el aislamiento de personas distintas al captor y 4) la incapacidad percibida para escapar (6), y otros autores mencionan que las víctimas aterrorizadas necesitan seguridad, protección y esperanza, lo cual le lleva a ignorar el lado negativo del abusador y a adoptar su cosmovisión y su racionalización (7).

Durante el proceso, existe una respuesta donde se involucra el control de la mente a través de una inducción de terror extremo a las víctimas para hacerlos indefensos, impotentes y totalmente sumisos.

El grupo de Graham en la Universidad de Cincinnati propuso un Síndrome de Estocolmo generalizado, el cual se basa en dos conceptos psicológicos: la teoría del Síndrome de Estocolmo de Graham, centrado en el estudio de la violencia contra las mujeres y jóvenes, y la generalización del estímulo. El primer concepto consiste principalmente en el vínculo que desarrolla la víctima con el agresor, ya que éste crea la esperanza de que de esta manera el abuso se detendrá. El segundo concepto está basado en una ley científica en el campo de la psicología, en la que un animal que ha aprendido a dar una respuesta determinada a cierto estímulo también dará esa respuesta a estímulos distintos del estímulo original, siempre que los otros estímulos sean bastante similares a los del estímulo original” (8).

Aunque seguramente existe documentación fruto de experimentos no publicados, puesto que tal como afirma Jonathan García-Allen (9) en un artículo al respecto de dicho síndrome que “no sería ético probar las teorías sobre este síndrome mediante la experimentación”.

Pero a los organizadores del terror impuesto a través de una más que sospechosa pandemia, ni conocen la ética ni les importa pisotear el mismo Código de Nuremberg que ellos mismos aprobaron a tenor de las experimentaciones en humanos realizadas por el Tercer Reich. El consentimiento informado ha desaparecido y con él cualquier atisbo de ética: los aislamientos, secuestros domiciliarios, la imposición de bozales, y las cuestionadas pruebas PCR, las vacunaciones, no han ido precedidos de dicho consentimiento sino “manu militari” y con las consiguientes amenazas de perder un puesto de trabajo, de no poder acudir a locales públicos, de no poder viajar… en un paralelismo con los secuestros que dieron nombre al Síndrome de Estocolmo.

Algo similar a lo caracterizado como el Síndrome de Estocolmo Laboral que no es otra cosa que la conducta de apego, identificación e incluso vinculación psico-emocional del individuo o grupo de éstos a empresas cuyas condiciones de trabajo son hostiles, inadecuadas e incluso reprochables, pero la percepción de un único modo de supervivencia para muchas personas depende de unos ingresos aunque éstos se perciban a base de humillaciones y coacciones (10).

Un artículo de El Correo de 3 de mayo de 2020 hacía la siguiente reflexión: “Muchos hemos desarrollado en nuestras casas un síndrome de Estocolmo de manual. Creíamos que el virus dichoso éste nos tenía secuestrados, pero, en realidad, los carceleros somos nosotros mismos. Nos hemos acostumbrado demasiado pronto al encierro. El mundo exterior se antoja peligroso y ajeno” (11).

Todo ello puede derivar en un colectivo estrés postraumático (12) que, con solo saber que un familiar o amigo cercano experimentó un acontecimiento traumático, se puede desencadenar este trastorno al igual que ser etiquetado como contagiado. Las armas de desinformación masiva sobre la supuesta pandemia están erosionando la salud mental de millones de individuos cuyas consecuencias de sentir terror, impotencia, sentirse socialmente aislado, dificultad para mantener relaciones cercanas… van como anillo al dedo al capital en la gran operación de cambio de patrón tecnológico, puesto que se han asegurado que podrán realizarlo con total impunidad ya que no habrá respuesta colectiva ante la crisis desencadenada. Volvernos locos mediante este gran experimento que bien podríamos calificar de terrorismo psicológico es un nuevo método de la lucha de clases encabezada por el capital.

<h6>(1) http://www.domusgalilaeana.it/
(2) Ballús, C. 2002. A propósito del síndrome de Estocolmo. Medicina Clínica, 119, 174.
(3) Jülich, S. 2005. Stockholm syndrome and child sexual abuse. Journal of Child Sexual Abuse, 14, 107-129. https://doi.org/10.1300/J070v14n03_06
(4) The Stockholm syndrome: a systematic review
(5) Adorjan, M., Christensen, T., Kelly, B., Pawluch, D. 2012. Stockholm syndrome as vernacular resource. The Sociological Quarterly, 53, https://doi.org/10.1111/j.1533-8525.2012.01241.x
(6) Graham, D. L., Rawlings, E. I., Ihms, K., Latimer, D., Foliano, J., Thompson, A., … Hacker, R. 1995. A scale for identifying “Stockholm syndrome” reactions in young dating women: Factor structure, reliability, and validity.
(7) Gordon, A. 2005. Terrorism as an academic subject after 9/11: Searching the Internet reveals a Stockholm syndrome trend.
(8) The Stockholm syndrome: a systematic review
(9) https://psicologiaymente.com/clinica/sindrome-de-estocolmo-secuestrador
(10) http://fadesaludable.es/2016/02/09/el-sindrome-de-estocolmo-en-la-empresa/
(11) https://www.elcorreo.com/alava/araba/sindrome-estocolmo-20200503190945-nt.html
(12) https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/post-traumatic-stress-disorder/symptoms-causes/syc-20355967</h6>

El gobierno alemán ignora un peligroso efecto adverso de las vacunas contra el coronavirus

A comienzos de febrero el principal organismo de control de la vacunación del gobierno alemán, el Instituto Paul Ehrlich, publicó un artículo advirtiendo que, en las infecciones por coronavirus, las proteínas puntiagudas del virus causan fusiones celulares con peligrosas complicaciones en diversos órganos.

Las vacunas producen esas mismas proteínas puntiagudas en las células de las personas vacunadas, es decir, también producen fusiones celulares. Las proteínas de superficie del coronavirus pueden fusionar por sí solas las células vecinas, que pueden llegar a formar un grupo de hasta cien células fusionadas y perecer en el proceso.

El equipo de investigación del Instituto Paul Ehrlich, del que también forma parte su director, Klaus Cichutek, envió el artículo a la revista científica iScience el 21 de octubre del año pasado. El 5 de febrero la revista lo aceptó para su publicación. Se titula: “Quantitative Assays Reveal Cell Fusion at Minimal Levels of SARS-CoV-2 Spike Protein and Fusion from Without” (*).

El estudio demuestra que la mera presencia de las proteínas puntiagudas aisladas, sin el cuerpo viral, puede dar lugar a fusiones celulares a gran escala. Este tipo de reacciones se conocen desde hace tiempo, por ejemplo, desde los años 60 con el virus de la enfermedad de Newcastle, o más tarde con los virus del VIH, en los que incluso partes de las envolturas son suficientes para provocar estas fusiones celulares patológicas. El virus del sarampión también se considera responsable de estos agregados celulares inducidos por el virus en el cerebro, y los virus del herpes estimulan las fusiones celulares que contribuyen a los cambios típicos de la piel.

Las vacunas genéticas que se utilizan actualmente programan las células del receptor para que produzcan esas proteínas puntiagudas en todo el organismo. Es imposible predecir en qué órganos ocurre esto. Por lo tanto, es de temer que la fuerte tendencia a las fusiones celulares incontrolables desencadenada por las proteínas puntiagudas pueda provocar graves daños en los tejidos y las correspondientes consecuencias inmunológicas y hematológicas. La destrucción de los tejidos, las microtrombosis y las complicaciones inmunológicas secundarias podrían provocar cuadros clínicos graves y la muerte en un corto período de tiempo.

Es incomprensible que los investigadores del Instituto Paul Ehrlich, que estudiaron y describieron con precisión los peligros de las proteínas puntiagudas, no pensaran en lo que provocan las vacunas genéticas. El Instituto también es responsable de la seguridad de las vacunas modificadas genéticamente que supuestamente producen esas proteínas avanzadas en el cuerpo de los vacunados.

Sin embargo, un riesgo tan evidente de la vacunación ni siquiera se menciona en el documento.

Tampoco se conocen estudios clínicos que observen o excluyan explícitamente dicho riesgo con las vacunas. Entre los efectos secundarios adversos conocidos hasta la fecha, varios podrían explicarse por el efecto de fusión desde el exterior. Parece que se justifica urgentemente una mayor investigación. Las personas vacunadas con efectos secundarios deberían tener derecho a ser examinadas inmediatamente por un organismo independiente. Si no se ha excluido tal riesgo, sería otra razón para detener inmediatamente todas las vacunas genéticas que supuestamente conducen a la producción y expresión intracelular de proteínas de superficie.

El Instituto Paul Ehrlich informa además de que, al menos en el laboratorio, las fusiones celulares podrían reducirse significativamente mediante la administración de anticuerpos monoclonales contra proteínas de superficie. Por cierto, Bill Gates mencionó la producción genética a gran escala de estos anticuerpos monoclonales para el tratamiento masivo en diciembre del año pasado.

Seguramente nadie querría eso: las complicaciones derivadas de las vacunas, que luego habría que tratar de nuevo con costosos anticuerpos monoclonales.

Las vacunas contra el coronavirus no tienen una gran ventaja. De las 19.000 personas vacunadas en el ya de por sí pobre estudio de BioNTech, sólo hubo 154 infecciones menos que de las 19.000 no vacunadas. Por lo tanto, el riesgo absoluto de infección se redujo en menos del 1 por ciento. En la gran mayoría de la población, existe una inmunidad celular cruzada a todo lo que se parezca al coronavirus, incluso sin vacunación. Incluso si la infección por coronavirus se evitara con la vacuna, otros virus se beneficiarían. Sólo conseguirían más espacio. En general, las revisiones críticas también han puesto de manifiesto que la vacunación contra los siempre cambiantes virus respiratorios estacionales aporta pocos beneficios, pero sí importantes riesgos.

(*) https://doi.org/10.1016/j.isci.2021.102170 https://www.pei.de/DE/newsroom/pm/jahr/2021/03-gewebeschaeden-zellfusion-covid-19-rolle-spikeprotein.html

Vuelven al punto de partida porque todas las medidas absurdas contra la pandemia han fracasado

El pasado año ha dado lugar a algunos métodos extraños y novedosos de contención de enfermedades, incluidos los confinamientos y la obligación de llevar mascarillas. No es de extrañar que el siguiente paso natural en esta progresión haya sido el surgimiento de un movimiento conocido como “ZeroCovid”. Su creciente influencia es, quizás, predecible dado que durante casi un año nos han inundado las opiniones de los llamados expertos que buscan legitimar su visión miope del mundo de que la salud pública está determinada únicamente por la prevención del Covid-19.

En lugar de reconocer a un público cansado que su enfoque ha sido un fracaso, están redoblando sus esfuerzos e intentando salvar su reputación al afirmar que el problema no es que los confinamientos no funcionan, sino que no han ido lo suficientemente lejos.

Aparentemente, existe cierta diversidad de opiniones entre los defensores de ZeroCovid sobre si ese término debe interpretarse literalmente, como sostienen algunos de sus defensores más apasionados y gritones, o si simplemente significa una versión más extrema de la ideología que ha dominado las sociedades de todo el mundo durante el año pasado: la creencia de que la supresión del coronavirus es un objetivo singularmente importante, que reemplaza a todos los demás y que debe perseguirse teniendo una consideración mínima o nula de los efectos que tendría llevarlo a cabo.

Los promotores de ZeroCovid parecen estar de acuerdo en que se necesitan controles fronterizos más estrictos, así como confinamientos y obligaciones de llevar puesta la mascarilla mucho más estrictos que los que existen en la mayoría de los países en la actualidad. Sam Bowman, uno de los ZeroCoviders más destacados, afirma por ejemplo que la única forma de abordar el problema del coronavirus es con “confinamientos, cierres de escuelas, prohibición de viajar, tests masivos, rastreo de contactos y máscarillas”. Del mismo modo, el think tank del ex primer ministro británico Tony Blair ha afirmado que la única forma de evitar otro confinamiento es reducir a cero los casos de coronavirus. Los defensores de ZeroCovid describen a China, Australia y Nueva Zelanda como éxitos que demuestran que el sufrimiento hoy día trae consigo la promesa de una posible libertad.

Si bien se comercializan a sí mismos como teóricamente opuestos a los confinamientos, los seguidores de ZeroCovid en realidad aspiran a poner en marcha un estado de tipo totalitario, que se supone que existirá solo temporalmente. Por ejemplo, Devi Sridhar, uno de las caras más públicas del movimiento en el Reino Unido, ha afirmado que la única forma de salir del confinamiento sin fin es llevar a cabo ahora un “confinamiento crudo, severo y catastrófico”, como primera fase. Dado que la tercera fase del plan de Sridhar implica un “modelo de eliminación del tipo de Asia oriental y el Pacífico” que prohíbe viajar al extranjero, sólo puedo imaginar con precisión qué tipo de pesadilla totalitaria Sridhar imagina durante la fase uno.

Aquellos que siguen esta filosofía no reconocen la verdad obvia de que las tácticas de represión no han tenido éxito porque son contrarias a la naturaleza humana (así como a la biología celular básica) y conllevan graves privaciones de los derechos humanos y libertades. Tampoco reconocen el hecho de que si el Partido Comunista Chino (PCCh) logró eliminar el coronavirus (una suposición cuestionable dada la tenue relación del PCCh con la verdad), lo hizo utilizando tácticas que prima facie (a primera vista, AyR) constituyen violaciones de los derechos humanos.

Incluso Australia y Nueva Zelanda, que antes de 2020 eran considerados faros de la democracia liberal, han sido recientemente objeto de investigaciones o encuestas por parte de Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Los defensores de ZeroCovid no abordan la realidad de que China, Australia y Nueva Zelanda han tenido que llevar a cabo, continuamente, políticas de confinamiento en respuesta a los nuevos casos que surgen incluso después de declarar la victoria sobre el virus, y que las dos últimas son naciones insulares capaces de efectuar controles fronterizos de una manera que no se puede aplicar en naciones que están geográficamente próximas a otras y en las que el virus ya se ha vuelto endémico.

La “Cumbre de Acción Comunitaria de Covid” (Covid Community Action Summit), una conferencia celebrada a fines de enero, dirigida por los principales actores de ZeroCovid a la que asistieron muchos de ellos, no hace falta decir que se llevó a cabo a través de Zoom, ofrece un vistazo a la cosmovisión distorsionada que impregna su ideología.

El arquitecto de ZeroCovid y primer orador en la Cumbre fue Yaneer Bar-Yam, un científico estadounidense que se especializa en sistemas complejos y análisis cuantitativo de pandemias y fundador del Instituto de Sistemas Complejos de Nueva Inglaterra (New England Complex Systems Institute, NECSI). Los participantes tenían diversos trasfondos: además de médicos y científicos, asistieron consultores políticos y especialistas en comunicación. Muchos presentadores tenían intereses económicos relacionados con productos farmacéuticos y de diagnósticos, y los de EEUU tendían a estar en la órbita de la política y las campañas del Partido Demócrata.

Una de las presentaciones más inquietantes fue la de Blake Elias, investigador del NECSI que trabaja directamente bajo la dirección de Bar-Yam. Dada la posición de Elías, es justo asumir que sus puntos de vista, tal como se expresaron en la Cumbre, reflejaron los de su organizador.

Elias, al igual que muchos otros defensores de “ZeroCovid”, cree que la visión “vidas versus economía” del problema es incorrecto (en particular, muchos oponentes de los confinamientos también consideran que esta es la visión equivocada a través de la cual ver el problema, pero por diferentes razones; a saber, que la economía y la vida de las personas están inextricablemente entrelazadas y las políticas de bloqueo no tienen en cuenta consideraciones cruciales como la salud mental y las libertades civiles).

Valorando cada vida -algo arbitrario y sin tener en cuenta la expectativa de vida- en 10 millones de dólares, Elias introdujo un montón de números en una máquina y ¡voilá! extrajo la prueba irrefutable de que imponer un confinamiento duro y rápido es menosucostoso queanorhacerlo. Elias declaró cocoseritdadeque su ecuación hermética demuestra que si estás en contra de la eliminación (ZeroCovid), la única razón concebible podría ser que discutas una de sus premisas, por lo que crees en una de las siguientes: que el costo de las infecciones es menor de lo que es; que el costo de los confinamientos es mayor; que la capacidad hospitalaria es mayor; que la tasa de importación es más alta; o que la vacunación completa se puede lograr en un período de tiempo más corto.

En ningún momento mencionó argumentos relacionados con la psicología, los derechos humanos o las libertades civiles. Si Elias tenía la más mínima comprensión de estos conceptos, hizo un trabajo excepcional al ocultarlos.

Michelle Lukezic y Eric Nixon, al igual que Elias, llevaron a cabo una presentación similar a lo que me imagino sería si viésemos a extraterrestres hablar sobre la psicología y el comportamiento de los seres humanos. Supuestamente una pareja, Lukezic y Nixon fundaron una empresa llamada MakeGoodTogether, y creen que el problema del coronavirus se reduce a una falta de disciplina y responsabilidad individual. Reconocieron que el distanciamiento social extremo que promocionaron como la respuesta a los problemas del mundo es contrario a nuestra naturaleza, pero insistieron en que simplemente debemos esforzarnos más.

Podríamos erradicar el coronavirus, nos explicaron de manera solemne, si insistiéramos en rechazar las invitaciones sociales, y sugirieron que la gente publique promesas en las redes sociales a tal efecto. Al parecer, pasaron poco tiempo considerando la difícil situación de los trabajadores esenciales cuyo empleo no les permite el lujo de distanciarse, aparte de la descripción cómica del malestar psíquico que experimentaron cuando la máscara del rostro de un trabajador en su casa se cayó. Lukezic estaba muy orgulloso de Nixon por negarse a estrechar la mano del hombre cuando se fue. Tuve que volver a verificar el enlace un par de veces para asegurarme de que no me había topado sin darme cuenta con un episodio de Saturday Night Live.

Otro colaborador notable de la Cumbre ZeroCovid fue Michael Baker, el arquitecto de la estrategia de coronavirus de Nueva Zelanda. Baker insistió en que “hacer caso a la ciencia” conduce indiscutiblemente a la estrategia ZeroCovid, como si la ciencia por sí sola definiera la política a seguir. Hizo varias admisiones sorprendentes, entre las que se encuentran que la contención también debe ser la estrategia para la gripe, y que la pandemia de coronavirus nos ha dado la oportunidad de reiniciar y así abordar las desigualdades en la sociedad y las amenazas que plantea el cambio climático. En otras palabras, Baker no prevé un regreso a la vida normal.

Como lo demostraron sus presentadores en la Cumbre, ZeroCovid es el desafortunado resultado final de la inexplicable creencia de demasiadas personas de que tiene sentido concentrarse en un problema y excluir todos los demás. Nadie en la Cumbre, o en cualquier otro contexto relacionado con el tema, ha presentado alguna vez una argumentación convincente para poner la pandemia de coronavirus por encima de todas las demás consideraciones. Hay una razón para esto: los hechos y la lógica apuntan en la dirección opuesta.

Ciertamente, se podría argumentar que un virus u otra amenaza calculada para acabar con la humanidad o una parte significativa de ella, que afecte a todas las edades, justifica un enfoque exclusivo en esa amenaza mientras dure. Como yo y otros hemos escrito antes, el coronavirus simplemente no constituye tal peligro. Ahora disponemos de los datos de un año a partir de los cuales podemos concluir más allá de toda duda que la exposición al virus solo presenta un riesgo significativo, más allá de los que estamos acostumbrados a tomar en la vida cotidiana, para los muy mayores. La inmensa mayoría de los infectados con el virus no sufren en absoluto, o sufren mínimamente, y se recuperan al cabo de días o semanas. Esto no significa que el problema deba ser ignorado, sino que debe abordarse utilizando la misma metodología con la que abordamos todos los asuntos de salud pública: teniendo en cuenta los efectos de las políticas que se dicten para aplicar una respuesta.

Los seguidores de ZeroCovid no son cualitativamente diferentes de los epidemiólogos y políticos que han defendido e impuesto confinamientos y la obligatoriedad de llevar la mascarilla en todo el mundo. Todos creen que pueden obligar a miles de millones de personas a comportarse, durante un período de tiempo indefinido, de maneras que son contrarias a nuestra naturaleza y perjudiciales para nuestro bienestar. No ven nada de malo en asumir el control de todas las facetas de nuestras vidas.

Están enfocados de manera maniática en teorías y modelos, y no están interesados ​​en lo quedfunciona en la práctica. No tienen ningún concepto de la libertadlo la dignidad humanas. En lugar de reconocer que los confinamientos, la separación humana forzada y las máscarillas son ineficaces para impedir la propagación del coronavirus, al tiempo que conllevan enormes costos, entre ellos eliminar la democracia liberal, los más fervientes partidarios de esta ideología creen que la respuesta es imponer más restricciones y más duras. Eso significa la privación de nuestros derechos y libertades, y la negación de nuestras necesidades humanas básicas, hasta que el coronavirus sea erradicado del mundo. Si se salen con la suya, bien podría ser hasta el fin de los tiempos.

https://noticiasayr.blogspot.com/2021/02/el-movimiento-zerocovid-una-religion.html

Las vacunas no frenan las muertes ni los contagios en los asilos holandeses

El 30 de enero, los 106 ancianos del asilo St. Elisabeth de Amersfoort, Holanda, recibieron la primera inyección de la vacuna contra el coronavirus. En dos semanas, y por primera vez desde que comenzó la pandemia el año pasado, el virus se abrió paso a gran velocidad entre los ancianos. Nada menos que 70 de ellos dieron positivo; el lunes, 22 habían muerto. Algunos de los ancianos se han recuperado, pero otros siguen enfermos, lo que significa que pueden producirse aún más muertes.

El asilo St. Elisabeth ha registrado el mayor número de contagios por coronavirus en una residencia de ancianos en Holanda desde el comienzo de la pandemia.

Con su vulnerable población de pacientes dependientes con demencia, muchos de ellos con otros problemas de salud, el asilo está acostumbrado a ver morir a los ancianos. Evelien Bongers, en nombre de la junta directiva, declaró que no se podía “establecer con certeza en qué medida las muertes eran consecuencia directa del contagio con el coronavirus” debido a las condiciones subyacentes de las víctimas. “Estos pacientes ancianos murieron con el coronavirus, pero no necesariamente a causa del coronavirus”, dijo. “Pero estamos viendo un número de muertes más alto de lo habitual”.

Esta distinción entre morir con el virus o a causa de él es precisamente lo que falta en muchas estadísticas. “Nuestros residentes necesitan cuidados y atención. Cuando están contaminados por el coronavirus, eso puede ser demasiado”, añade Bongers.

Ver morir a un 20 por ciento de sus ancianos en tan poco tiempo ha supuesto un duro golpe para las familias y los trabajadores, sobre todo porque esperaban relajarse tras meses de estricta observancia de las medidas de seguridad gracias a la vacuna.

El número de contagios nunca había sido tan alto, y nunca se habían producido tan rápidamente, a pesar de que cuando comenzó el brote se tomaron medidas especiales para aislar a los pacientes positivos en sus habitaciones y restringir severamente las visitas al exterior a tres por semana por una sola persona. Además, la oleada de contagios no se produjo muy poco después de la primera inyección, cuando se podría haber argumentado que no tuvo tiempo de fomentar la inmunidad, sino dos semanas después, cuando al menos se podría esperar cierta eficacia si la vacuna experimental está realmente a la altura de sus promesas. Si bien no está establecido que disminuya las infecciones, sí que pretende disminuir la gravedad de la enfermedad que asocian al virus. Pero en el St. Elisabeth de Amersfoort, 22 de los 70 pacientes que dieron positivo murieron: más del 30 por ciento.

En Holanda, la institución que cataloga los efectos indeseables de las vacunas experimentales, Lareb, ya había registrado hasta el martes 5.086 casos sospechosos de enfermedad y malestar, para un total de unas 800.000 inoculaciones. Dolores de cabeza, musculares y náuseas se citan en la mayoría de los casos, pero también se documentaron 26 reacciones alérgicas graves.

Más preocupantes aún son las 65 muertes que se produjeron tras la vacunación, comunicadas al Lareb hasta el 16 de febrero, la mayoría de ellas entre pacientes de edad avanzada: 55 de los fallecidos tenían 80 años o más, y los otros diez tenían entre 65 y 80 años.

Lareb señala que todas las víctimas se encontraban en condiciones de salud vulnerables debido a enfermedades graves subyacentes o a una edad muy avanzada. La directora, Agnes Kant, subrayó que la muerte tras la vacuna no debe atribuirse automáticamente a la vacuna: “En Holanda mueren una media de 750 a 800 ancianos en los asilos a la semana, así como 2.000 personas mayores de 80 años. Algunas de ellas pueden haber recibido la vacuna poco antes”.

Admitió que en algunos casos la vacuna puede haber deteriorado el estado de los más ancianos. “Días después de la vacunación, tuvieron molestias que son efectos secundarios conocidos“, añadió. “Molestias como la fiebre no son causa de muerte por sí solas. Pero se sabe que para los ancianos muy vulnerables constituyen un riesgo. Por eso se incluye este hecho en las directrices, para que se tenga muy en cuenta la vacunación en grupo”.

El gobierno belga distribuyó mascarillas tóxicas entre la población

Al principio las mascarillas no eran obligatorias no por una cuestión sanitaria sino económica: no las había en el mercado. Cuando los países comenzaron a fabricarlas, habían pasado ya varios meses de pandemia y, desde luego, no eran mascarillas que hoy superarían ninguna clase de pruebas. Eran de tela y no servían para nada desde el punto de vista sanitario.

En Bégica, a partir de junio, las personas podían recogerlas en la farmacia. Fueron fabricadas por la empresa luxemburguesa Avrox y ahora se descubre que, además de inútiles, podrían tener efectos negativos para la salud.

El tejido protector contenía nanopartículas de plata y dióxido de titanio, según un informe confidencial del instituto de salud pública Sciensano. Cuando son inhaladas, estas partículas podrían tener efectos negativos en las vías respiratorias.

“El riesgo es desarrollar una inflamación pulmonar, sobre todo si estas máscaras son utilizadas por personas que sufren una patología respiratoria, como es el caso durante una pandemia”, afirma el profesor Dominique Lison, toxicólogo de la Universidad de Lovaina.

Las nanopartículas de plata son biocidas que pueden encontrarse en la ropa, como los calcetines, por ejemplo. Actúan como agente antibacteriano. Las nanopartículas de dióxido de titanio blanquean los tejidos.

Alfred Bernard, profesor emérito de toxicología de la Universidad de Lovaina, dice que no hay suficientes estudios sobre el tema, aunque recomienda no respirar con mascarillas que contengan esas nanopartículas, que “tarde o temprano, pueden pasar, especialmente si el filtro se lava regularmente y, por tanto, está sujeto a degradación. Las nanopartículas pueden pasar fácilmente a los pulmones y a la sangre. Sin embargo, los riesgos están poco documentados y se refieren a la exposición crónica por inhalación”.

En un comunicado de prensa el instituto Sciensano afirma que “los resultados actuales no permiten evaluar si estas nanopartículas se liberan realmente de las mascarillas y en qué medida los usuarios están expuestos a ellas. Estos son los primeros resultados de la primera fase del estudio y es importante interpretarlos con precaución”.

Pero Bélgica todavía tiene 3,5 millones de mascarillas tóxicas almacenadas que pueden llegar a la población. Para Dominique Lison, todavía hay que hacerse preguntas antes de distribuirlas. “Deberíamos haber preguntado si era necesario, útil, oportuno y seguro utilizar mascarillas con nanopartículas”.

https://www.rtbf.be/info/belgique/detail_avrox-les-masques-distribues-en-debut-de-confinement-par-le-gouvernement-seraient-toxiques
Atención: por razones evidentes este enlace ha sido borrado. La misma información se puede encontrar en otras fuentes:
https://exoportail.com/scandale-avrox-les-masques-distribues-en-debut-de-confinement-par-le-gouvernement-belge-seraient-toxiques/

Hospitales alemanes suspenden la vacunación de sus trabajadores a causa de los efectos adversos

Los hospitales de Renania del Norte-Westfalia han suspendido la vacunación de sus trabajadores con el compuesto de AstraZeneca. Lo mismo ha ocurrido en dos regiones de Suecia y Freancia, donde también han suspendido las vacunaciones.

La vacuna de AstraZeneca ha provocado fuertes efectos secundarios en los trabajadores sanitarios de Renania del Norte-Westfalia. Las bajas laborales se han multiplicado. En Braunschweig y Emden, los trabajadores de las clínicas y hospitales no pudieron reincorporarse al trabajo después de la inyección.

Mientras la vacunación ha quedado en suspenso temporalmente, el Instituto Paul Ehrlich investiga las reacciones adversas.

Un gran número de trabajadores del Hospital Duquesa Isabel de Braunschweig que fueron vacunados con las dosis de AstraZeneca, experimentaron efectos secundarios. Por ello, el hospital ha anunciado la suspensión y el aplazamiento de las vacunaciones. Lo mismo se decidió en el distrito de Leer.

El jueves pasado vacunaron a 88 trabajadores de la clínica de Braunschweig y 37 de ellos no pudieron acudir al trabajo debido a los efectos secundarios. Los trabajadores de la clínica de Emden también enfermaron después de recibir la vacuna. Como resultado, el distrito de Leer anunció que dejaría de administrar la vacuna de AstraZeneca alegando que “las dosis de la vacuna probablemente procedían del mismo lote entregado a Emden”.

Según el Instituto Robert Koch, pueden producirse reacciones tanto con las vacunas basadas en el ARN mensajero, como las de Pfizer y Moderna, como con la vacuna de AstraZeneca, que no está basada en dicha técnica, sino en un vector. El jefe del equipo de crisis de Baja Sajonia, Heiger Scholz, se mostró sorprendido por el aumento de los efectos secundarios.

https://www.reuters.com/article/health-coronavirus-europe-astrazeneca/astrazeneca-vaccine-faces-resistance-in-europe-after-health-workers-suffer-side-effects-idUSL8N2KN2UH

Un bebé de Cartagena sufre una lesión cerebral por un diagnóstico erróneo de coronavirus

Son las consecuencias de ver al virus por todas partes, como causante de todas las enfermedades y desgracias que hay en el mundo. La sanidad ya no entiende otra cosa y ha convertido la pandemia en un pandemonium.

A un bebé de Cartagena un mal diagnóstico le ha causado una lesión cerebral. El niño, llamado Hugo Dato, padecía la enfermerdad de Kawasaki y no covid.

Hugo nació el 3 de noviembre de 2019 completamente sano y solo cuatro meses después, en pleno confinamiento en marzo, empezó a tener fiebre, conjutivitis y eritemas.

Tras una primera llamada a su médico, ocurrió algo característico de la pandemia: decidió no atenderle presencialmente ya que podría tratarse de un “contagiado” y, en su lugar, le recetó Apiretal para la fiebre y suero fisiológico para los ojos.

Al ver que la fiebre continuaba, los padres del pequeño le llevaron a un médico privado, que sí le atendió presencialmente, como corresponde. Pero la chapuza no cambió. El médico privado les dijo que los síntomas correspondían a un virus, pero por aquel entonces no había pruebas para determinar si era coronavirus, por lo que le recetó un antibiótico. Pasados 20 días, el niño mejoró en su estado de salud.

Sin embargo, a finales de diciembre, cuando Hugo ya contaba con más de un año de vida, la situación dio un giro radical. Una noche en la que el niño no paraba de vomitar, su corazón dejó de latir, por lo que fue llevado al hospital Santa Lucía, donde consiguieron estabilizarlo, y posteriormente lo trasladaron al hospital Virgen de la Arrixaca en Murcia.

Allí descubrieron que el pequeño Hugo tenía aneurismas “gigantes” en el corazón y que los síntomas que tuvo a los cuatro meses de vida era la enfermedad rara conocida como el síndrome de Kawasaki. “Se podría haber curado con un simple tratamiento, pero no lo detectaron, dieron por hecho que era covid, o un simple virus”, ha lamentado su madre.

La enfermedad le ha dejado graves secuelas en el cerebro del pequeño, que necesita de una sonda nasogástrica. “Puede oír y sentir, pero no consigue conectar con las personas, mirarlos, ni reír ni llorar; no puede sostener su cabeza ni mover brazos y piernas, ni tomar mi biberón como antes”, ha explicado su madre.

https://www.laopiniondemurcia.es/cartagena/2021/02/18/mal-diagnostico-creer-covid-provoca-35074050.html

Los ‘expertos’ se quedan sin palabras ante un virus ‘impredecible’

Lo mismo que en España, en Estados Unidos la sanidad está en manos de cada uno de los Estados federados. La diferencia es que acá todos han adoptado las mismas medidas.

En Estados Unidos, Estados como California o Florida han aprobado medidas contradictorias sin que nadie se rasgue las vestiduras. Las diferentes políticas sanitarias implementadas en un lugar o en otro ponen en evidencia que ninguna de ellas tiene carácter científico.

En Florida el gobernador Ron DeSantis es del partido republicano y en California su homólogo Gavin Newsom es demócrata.

Florida se ha mantenido como un estado abierto en gran medida, sin confinamiento ni obligatoriedad de llevar mascarillas, mientras que California ha impuesto un confinamiento estricto que ha arruinado al pequeño comercio y ha desatado una crisis de salud mental.

Las diferencias entre las políticas sanitarias implementadas en caso u otro permite evaluar la eficacia de las medidas aprobadas para demostrar, incluso al más cerril, que más restricciones o restricciones más severas no cambian las cifras de muertes, ni de contagios.

Con políticas relativamente opuestas, las cifras de la pandemia son muy similares en California y Florida. Los contagios, las muertes y las hospitalizaciones entre ambos estados siguen prácticamente los mismos patrones, siendo los datos de Florida incluso mejores que los de California.

Ante la paradoja, un periodista de la cadena MSNBC le pidió explicaciones a Andy Slavitt, al que vemos en la foto, asesor de la pandemia de la Casa Blanca, y su respuesta es otra manifestación gloriosa de un “experto”, a la altura de lo que venimos escuchando desde hace un año: el virus es “impredecible” y que diferencias entre ambos Estados están “un poco más allá de nuestra comprensión”.

Confiesan que no tienen idea de nada, excepto de algo: “Lo que sí sabemos es que cuanto más cuidadosa es la gente, más se esconde y se aleja de la sociedad, y cuanto antes vacunemos, antes desaparecerá el virus y menos se propagará”, dijo el asesor de Biden.

“Es un virus que sigue sorprendiéndonos. Es muy difícil de predecir. Y en todo el país, tenemos que seguir haciendo mejor el trabajo, y creo que lo estamos haciendo, pero ya hemos terminado”, añadió.

En fin, otro espectáculo lamentable, uno más.

https://www.dailymail.co.uk/news/article-9272929/Biden-COVID-adviser-explain-closed-California-isnt-doing-better-open-Florida.html

El confinamiento y las demás medidas restrictivas no tienen ningún fundamento científico

Un estudio científico de la Universidad de Stanford concluye que el confinamiento no funciona. Al comparar los datos de varios países, el estudio no encuentra “ningún efecto beneficioso significativo” del confinamiento en el hogar y el cierre de empresas.

La investigación se publicó el 5 de enero en la revista European Journal of Clinical Investigation (*), en la que se analizaron detalladamente las medidas adoptadas en Inglaterra, Francia, Alemania, Irán, Italia, Países Bajos, España, Estados Unidos, Corea del Sur y Suecia.

En el caso de Inglaterra, Francia, Alemania e Italia, se trataba de medidas muy restrictivas, mientras que Suecia decidió seguir una política completamente diferente, renunciando a las medidas estrictas de los demás países.

“Aunque no se pueden descartar pequeños beneficios, no encontramos beneficios significativos en el uso de medidas restrictivas como los cierres. La reducción de los casos de infección puede lograrse con intervenciones menos restrictivas”, escriben los investigadores en la conclusión del estudio.

En España a los “expertos” de la tele no les ha bastado el confinamiento, sino que han escalado sus imbecilidades exigiendo medidas cada vez más restrictivas para ocultar el fracaso de las medidas adoptadas en todas y cada una de las “olas” de la pandemia.

En algunos países, como Holanda, no se han visto confinamientos y toques de queda desde que fueron ocupados por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

(*) https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/eci.13484

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