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Campaña para ampliar el plazo de caducidad de los medicamentos

Cuando alguien coge un yogur de la nevera, mira antes si ha vencido la fecha de caducidad y lo mismo ocurría hasta ahora con los medicamentos, la mayor parte de los cuales acababan en un armario de la casa que ejerce la funciones de botiquín particular.

Un hospital de tamaño medio desperdicia cada año medicamentos por valor de unos 200.000 euros debido a su caducidad. A escala general esas cifras suponen millones de euros de gasto famacéutico que van a parar a las empresas del gremio.

Desde los años ochenta hay una campaña en Estados Unidos para alargar la caducidad de los fármacos. Empezó en 1986, asegurando que muchos medicamentos conservaban su eficacia mucho más allá de su fecha de vencimiento oficial y que arrojar sustancias químicas a la basura es malo para el medio ambiente.

Recientemente una organización francesa de consumidores, UFC-Que Choisir, ha trasladado la campaña a Europa. Ha analizado 30 muestras de medicamentos caducados, algunos de ellos desde hace más de 30 años, principalmente paracetamol e ibuprofeno, concluyendo que la gran mayoría de ellos conservaban un principio activo cercano al indicado en el envase (*).

El estudio revela que solo tres de cada diez muestras contenían menos del 90 por cien de la cantidad mostrada de ingrediente activo, siendo el peor resultado un 82 por cien para el ibuprofeno caducado desde 2022.

Las condiciones de almacenamiento, asegura el informe, no tienen ningún impacto en la conservación de sustancias activas. Los resultados se hacen eco de estudios anteriores, en particular el realizado por investigadores alemanes en 2018, que demostró la estabilidad de algunos fármacos con varias décadas de antigüedad.

No es posible decir si los investigadores tuvieron en cuenta suficientemente el estado de presentación de muchos fármacos, porque ciertos compuestos y ciertas formas líquidas, cremas y ungüentos, por poner algunos ejemplos, no se conservan en condiciones de temperatura, humedad o luz.

En muchas familias las medicinas no se tiran nunca, por lo que almacenan botiquines en sus casas, especialmente en el baño o la cocina, que que son los sitios más húmedos. Muchos de los fármacos de exigen prescripción médica no se obtienen en la farmacia sino de la familia o los amigos. A medida que las personas llenan sus casas de medicamentos, el número de intoxicaciones accidentales y sobredosis se dispara.

Las instituciones reguladoras ya están negociando alargar la fecha de caducidad de los medicamentos, lo que agrava los problemas de una sociedad demasiado intoxicada por el consumo excesivo de sustancias químicas desde que nacen.

(*) https://www.quechoisir.org/enquete-medicaments-perimes-encore-actifs-longtemps-apres-n131086/

Nueva visita al cementerio de la pandemia con lágrimas en los ojos

Han salido a la luz pública los protocolos internos del Instituto Paul Ehrlich (RKI), responsable de la farmacovigilancia en Alemania. La conclusión que se desprende de ellos es que durante la pandemia no fue el gobierno quien siguió el criterio de los científicos, sino al revés.

El periódico Frankfurter Allgemein titula: “Protocolos del RKI: vivimos en el cementerio de la pandemia” (*). La documentación aparecida son más de 100 páginas de correos electrónicos intercambiados entre el Instituto y el Ministerio de Sanidad gracias al derecho a la transparencia.

El Instituto no hizo no su trabajo. A pesar de ser responsable del seguimiento de la seguridad de las vacunas, nunca analizó los datos alemanes. Las restricciones aprobadas durante la pandemia tampoco se basaron en datos científicos o médicos, sino en criterios políticos.

Lo mismo que en España, mientras los medios decían que los hospitales estaban sobrecargados, en realidad estaban vacíos. Desalojaron a los enfermos, los enviaron a casa, concentrando al resto en unos pocos para aparentar una avalancha de contagios.

El RKI proclamó que las vacunas eran seguras basándose en estudios publicados en el extranjero. También desestimó una serie de informes que le fueron transmitidos. Cientos de casos de muertes que deberían haberse imputado a las vacunas se reclasificaron como muertes por “covid”.

Los datos previos de la KVB, la federación de seguros de salud, ya revelaron un exceso de mortalidad y un aumento significativo de enfermedades desde el inicio de la vacunación.

Obligado a responder de las acusaciones formuladas contra las inyecciones, el RKI tuvo que admitir que aún no había podido llevar a cabo su tarea porque ”no había recibido los datos de las cajas del seguro”.

“El hecho de que el Instituto Paul Ehrlich hasta ahora no haya evaluado los datos del KBV, contrariamente a su mandato legal, es un escándalo. Desde el inicio de la vacunación contra el ‘covid’, se ha producido un repentino aumento de la mortalidad y de diversas enfermedades”, manifestó el diputado Martin Sichert, que pidió la dimisión del ministro federal de Sanidad, Lauterbach.

El vicepresidente del Bundestag, Wolfgang Kubicki, también se rasgó las vestiduras en una entrevista al diario Welt que estaba “sorprendido por la falta de farmacovigilancia” y que exigía “respuestas”.

“Estamos hablando de un número significativo [de muertes inexplicables] que hace necesario un enfoque sistemático a este problema”.

En Alemania se administraron más de 100 millones de vacunas, han pasado ya tres años y el organismo encargado de evaluar las consecuencias todavía no ha hecho nada…

(*) https://www.faz.net/aktuell/feuilleton/debatten/rki-protokolle-die-corona-aufarbeitung-hat-gerade-erst-begonnen-19917329.html

Si no queda satisfecho no le devolvemos su dinero: el programa Covax

La OMS se financia a través de contribuciones periódicas de los Estados miembros (que representan el 20 por cien de su financiación) y de las partes interesadas privadas (que constituyen el 80 por cien restante y, por tanto, la mayor parte de sus finanzas). La abrumadora dependencia de la organización de la financiación privada la ha hecho vulnerable a una gran influencia de sus partes interesadas, lo que ha proporcionado una vía para que los actores privados dicten la política de la OMS, formen parte de comités cruciales, dirijan programas de distribución completos e incluso ocupen puestos burocráticos de alto nivel.

La influencia del sector privado en la OMS se materializó de forma más tangible y consecuente durante la pandemia de “covid”, cuando los objetivos prepandémicos de los socios público-privados de la OMS, como la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), financiada por Gates, de “acelerar el desarrollo de vacunas” y Bill Gates (que abogaba por desarrollar vacunas en 90 días o menos), influyeron enormemente en la respuesta mundial a la pandemia de los estados miembros de la OMS.

De manera similar, burócratas del sector público como el doctor Anthony Fauci, la ex comisionada de la FDA de Obama Margaret Hamburg y Rick Bright de BARDA y la Fundación Rockefeller, abogaron en un panel de octubre de 2019 por la creación de un nuevo sistema que enfatizara la “velocidad y la eficacia” y las vacunas “rápidas”. Fauci declaró la importancia de cambiar la percepción de la gente sobre la influenza como una enfermedad leve y hacerlo de “una manera disruptiva [e iterativa]” y, como señaló Whitney Webb en su artículo sobre Moderna, “[Bright] dijo que la mejor manera de ‘alterar’ el campo de las vacunas a favor de vacunas ‘más rápidas’ sería el surgimiento de ‘una entidad de entusiasmo que sea completamente disruptiva, que no esté sujeta a ataduras y procesos burocráticos’. Más tarde dijo muy directamente que con vacunas ‘más rápidas’ se refería a las vacunas de ARNm”.

Independientemente de que los Estados miembros tuvieran de la OMS o no leyes de autorización de uso de emergencia similares a las de Estados Unidos y Reino Unido, que permiten el desarrollo y la distribución acelerados de medicamentos experimentales no aprobados ante emergencias como pandemias, los países miembros las adoptaron universalmente para desarrollar y/o distribuir las vacunas contra el “covid”, una forma bastante “disruptiva” y “rápida” de llevar estas vacunas al mercado, que se hizo precisamente al no hacer que su desarrollo “no dependiera de trámites y procesos burocráticos”.

Antes de que se adoptara esta desregulación de emergencia, la OMS tuvo que otorgar legitimidad a este esfuerzo sin precedentes y a las vacunas no aprobadas a través de un Listado de Uso de Emergencia (EUL), que utiliza para “evaluar y enumerar” medicamentos no aprobados “con el objetivo final de acelerar la disponibilidad de estos productos para las personas afectadas por una emergencia de salud pública”.

Aunque oficialmente el EUL es una etiqueta consultiva destinada a ayudar a los Estados miembros a tomar sus propias decisiones, en realidad tiene consecuencias jurídicas de facto que influyen significativamente en la economía mundial, principalmente a través del papel que desempeña el EUL en el programa mundial de distribución de vacunas de la OMS, Covax. Según el sitio web de la OMS, los “programas de precalificación y EUL de Covax garantizaron una revisión y autorización armonizadas en todos los Estados miembros”, lo que destaca la influencia legal y regulatoria del EUL.

Si bien Covax funciona como un sistema crucial de distribución de productos médicos aprobados por la OMS durante las pandemias, también sirve como quizás el ejemplo más claro de la escala y el funcionamiento interno de la corrupción financiera en la OMS. Como muchas operaciones de la OMS, Covax es una asociación público-privada, o una colaboración a largo plazo entre la OMS y las empresas privadas.

Bill Gates, quien describió su inversión de 10.000 millones de dólares en vacunas que rindió un retorno de 200.000 millones de dólares como su “mejor inversión”, está profundamente enredado financieramente en el programa Covax. El objetivo declarado de Covax durante la pandemia de “covid” fue acelerar el desarrollo, la producción y el acceso equitativo a las pruebas, tratamientos y vacunas contra el “covid”. Fue codirigido por Gavi, fundada por Bill Gates, la OMS, CEPI y UNICEF, financiada por Gates. Gavi, CEPI, la Fundación Gates y UNICEF presionaron para acelerar el desarrollo de vacunas antes de la pandemia.

En particular, el objetivo declarado de Gavi es crear “mercados saludables” para las vacunas al “alentar a los fabricantes a reducir los precios de las vacunas para los países más pobres a cambio de una demanda a largo plazo, de gran volumen y predecible para esos países”.

La nueva farmacopea en la era del ‘covid’

Covax también desarrolló un “Programa de compensación sin culpa” que funcionó para reducir “el riesgo de litigio para los fabricantes [de vacunas]” al “indemnizar a los fabricantes por cualquier pérdida financiera que puedan sufrir por la distribución y el uso de estas vacunas”. En otras palabras, la OMS trabajó para exonerar a las grandes empresas farmacéuticas de toda responsabilidad legal y financiera por los efectos adversos producidos por sus vacunas contra el “covid” aprobadas rápidamente. De este modo, las grandes empresas farmacéuticas, con la ayuda de la OMS, no solo pudieron lanzar al mercado rápidamente mercancías problemáticas, sino que también lo hicieron con total impunidad por cualquier daño que esos productos pudieran causar.

Además, el fundador de la CEPI y exdirector de la farmacéutica Wellcome Trust (ambos grandes financiadores de la OMS), Jeremy Farrar, fue nombrado científico jefe de la OMS en diciembre de 2022, lo que afianzó aún más los objetivos de Gates y la CEPI en los programas políticos de la OMS.

Incluso trece de los quince miembros del Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización (SAGE) de la OMS proceden directamente de carreras en empresas que son partes interesadas privadas de la OMS, la mayoría de las veces el Wellcome Trust u ONG e instituciones financiadas por Bill Gates o la Fundación Gates.

Las modificaciones en curso al RSI (Reglamento Sanitario Internacional) y la redacción del tratado de pandemias de la OMS reflejan el último esfuerzo de los socios público-privados de la OMS para consolidar su influencia mundial utilizando a la ONU como representante, codificando su programa político bajo los auspicios del organismo de salud internacional más conocido del mundo.

Si bien los tratados internacionales pretenden promover un supuesto interés internacional en la preparación para pandemias, las medidas que exigen (que ya demostraron que generaron máximos beneficios para las grandes farmacéuticas durante la pandemia de “covid” a pesar de no haber ningún beneficio real para la salud pública) consagrarían los desastres de la política de vacunas de la era del “covid” (productos farmacéuticos apresurados y poco probados impuestos a la población imperativamente) como la respuesta predeterminada a las preocupaciones de salud pública, ya sean consideradas más peligrosas o menores en comparación con el “covid”.

Objetivo: crear un mercado permanente para los nuevos fármacos

Las medidas políticas centrales de las enmiendas del RSI y el tratado internacional de pandemias crean un mercado financiero permanente centrado en la preparación y respuesta ante pandemias. La ideología central que recorre ambos tratados es el programa “Salud Única”.

Según el sitio web de la OMS, el enfoque de “Salud Única” para la preparación y respuesta a las pandemias planea vincular “a los humanos, los animales y el medio ambiente” con el fin de “abordar todo el espectro del control de enfermedades, desde la prevención hasta la detección, la preparación, la respuesta y la gestión, y contribuir a la seguridad sanitaria mundial”. En otras palabras, requiere una vigilancia a gran escala del entorno humano-animal, tanto antes de las pandemias, con fines de prevención y preparación, como durante las pandemias, con fines de respuesta. También es vital para el modelo Una Salud la interoperabilidad y la accesibilidad de los datos (recopilados mediante la vigilancia), o, como dice la OMS, “una gobernanza, comunicación, colaboración y coordinación compartidas y eficaces”.

Desde una perspectiva mercantil, el programa “Salud Única” creará un mercado cíclico construido sobre dos principios dominantes: la vigilancia constante de los patógenos con “potencial pandémico” y la I+D sobre contramedidas médicas para esos patógenos. Esta I+D luego llega al mercado mediante la implementación de políticas reguladoras del desarrollo y la distribución de productos médicos experimentales no aprobados.

Las enmiendas del RSI recientemente aprobadas ya han cimentado estos principios en el derecho internacional. La redacción continua del tratado de pandemias de la OMS persigue el mismo objetivo.

—https://unlimitedhangout.com/2024/07/investigative-reports/the-who-building-a-permanent-pandemic-market/

La OMS garantiza un mercado permanente a los nuevos fármacos de biotecnología

Las grandes farmacéuticas deben enfrentarse pronto a un peligro que afecta a toda la industria y que alcanza magnitudes mucho mayores que las preocupaciones típicas de los márgenes de beneficios empresariales. A lo largo de años de consolidación de la industria, se han convertido esencialmente en “demasiado grandes para quebrar”. Sólo que ahora, el modelo en el que nunca podían fracasar, es decir, la práctica de obtener la exclusividad de patentes sobre medicamentos que se aprueban mediante ensayos clínicos y regulaciones, se ha vuelto obsoleto, incluso imposible, en las condiciones actuales del mercado.

En este nuevo escenario, las pruebas y regulaciones que las grandes farmacéuticas alguna vez sortearon con éxito pueden muy bien conducir a su desaparición total. Sin embargo, el sector farmacéutico ha puesto sus ojos en la única solución que puede mantener intactos su dinero y su poder: la toma de control total del sector público, específicamente la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el sistema regulatorio que ahora tiene a todo el mercado como rehén.

El problema comienza con la amenaza financiera inminente que enfrentan las 20 principales grandes farmacéuticas: de hoy a 2030 están en juego 180.000 millones de dólares en ventas. Esta amenaza, llamada el abismo de patentes”, es un problema que se presenta con regularidad en la industria farmacéutica. Las grandes farmacéuticas han ganado dinero durante mucho tiempo al obtener la exclusividad de patentes de ciertos medicamentos, monopolizando así todos los beneficios obtenidos con ellos durante un cierto tiempo. Cuando la exclusividad de las patentes termina, el medicamento se precipita hacia un abismo y se ponen en riesgo decenas de miles de millones de dólares en ingresos.

Normalmente, las empresas abordan el abismo mediante fusiones y adquisiciones de otras empresas farmacéuticas, a menudo más pequeñas, que producen productos con potencial de mercado. Sin embargo, después de años de consolidación de la industria, no quedan muchas grandes farmacéuticas como objetivos atractivos para fusiones. Las grandes farmacéuticas se han vuelto “demasiado grandes para quebrar” y en los próximos seis años se enfrentarán a una nueva ronda de abismo de patentes potencialmente desastroso. Además, ya existen medicamentos químicos tradicionales para muchas enfermedades y los reguladores han aumentado los criterios de aprobación, lo que retrasa el momento en que los nuevos productos obtenidos a partir de fusiones y adquisiciones pueden comercializarse.

Como consecuencia de ello, las empresas que se enfrentan a un abismo de patentes han orientado sus esfuerzos hacia la adquisición de empresas biotecnológicas que producen mercancías que, en comparación con sus homólogos más típicos basados ​​en productos químicos, son más complejos, impredecibles, difíciles y costosos de fabricar. Por lo tanto, la carrera por los futuros medicamentos de gran éxito se llevará a cabo en los laboratorios de las grandes farmacéuticas o en los de las empresas biotecnológicas más pequeñas”, en lugar de fusiones con otras grandes corporaciones.

Las mercancías biológicas son complejas e impredecibles por su enorme diferencia en función y origen en comparación con los medicamentos basados ​​en productos químicos. Las mercancías biológicas se obtienen de diferentes fuentes naturales, como humanos, animales o microorganismos, y pueden producirse mediante biotecnología y otras tecnologías de vanguardia. Mientras los medicamentos químicos activan todo el sistema inmunológico de una manera general, los productos biológicos se dirigen a “determinadas proteínas o células del sistema inmunológico para crear respuestas específicas, de ahí el uso de tecnología de vanguardia para lograr estos objetivos médicos más específicos.

Las mercancías biológicas no se pueden replicar

Hay múltiples razones por las que las empresas farmacéuticas están interesadas en la biotecnología, pero tres son claras desde una perspectiva de mercado. La naturaleza compleja de las mercancías biológicas hace que sea imposible replicarlas de la misma manera que un medicamento químico típico, lo que obliga a las empresas a fabricar versiones “biosimilares” de los medicamentos en lugar de genéricos. Las versiones biosimilares de los productos biológicos no se pueden intercambiar sin consecuencias durante el tratamiento de un paciente de la misma manera que podría hacerse con un genérico, por ejemplo. Su costoso desarrollo también hace que sus contrapartes fuera de etiqueta sean más difíciles de vender con descuentos significativos, lo que hace que los biosimilares no sean tan atractivos financieramente para los consumidores como los medicamentos genéricos. También existen obstáculos regulatorios complejos para llevar los biosimilares al mercado, incluso después de que sean aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Estas características han hecho que la biotecnología sea la solución esperanzadora del inminente abismo de patentes que les espera a las grandes empresas farmacéuticas, con una serie de importantes corporaciones adquiriendo empresas de edición genética, conjugados anticuerpo-fármaco y otras empresas biotecnológicas para compensar sus posibles pérdidas.

La inversión en productos biológicos parece una respuesta típica a la crisis de patentes: comprar nuevas empresas que produzcan medicamentos con potencial de éxito de ventas y esperar que alivien las pérdidas que se avecinan. Sin embargo, existen obstáculos significativos que enfrentan los productos biotecnológicos y biológicos desde una perspectiva de mercado que hacen que la inversión de la industria farmacéutica en ellos sea un cambio significativo en el mercado: se ha demostrado que la imprevisibilidad de los productos biológicos los hace sistemáticamente inseguros.

Las vacunas de ARNm contra el “covid”, que eran medicamentos biológicos, se asocian con un riesgo excesivo de efectos adversos graves y pueden causar miocarditis fatales. A menudo la técnica de edición genética más utilizada, Crispr, silencia y activa genes que no están destinados a activar, lo que provoca efectos adversos, como el cáncer. Los conjugados anticuerpo-fármaco inducen eventos adversos graves el 46,1 por cien de las veces y están significativamente asociados con la sepsis en pacientes con cáncer, lo que aumenta la mortalidad.

Estas características poco atractivas hacen que sea más difícil que los productos biológicos y biotecnológicos tengan éxito dentro del marco regulatorio convencional bajo el cual operan actualmente la mayoría de los medicamentos. Convencer a los consumidores de que un medicamento impredecible y altamente técnico es seguro y eficaz también es difícil. Afortunadamente para las grandes farmacéuticas, la Organización Mundial de la Salud y sus socios público-privados, con enormes fondos, están llevando a cabo un proceso legal sin precedentes que consolidaría las lagunas que podrían resolver los importantes desafíos de mercado de las biotecnologías, y que ya generó ganancias máximas para las grandes farmacéuticas durante la pandemia de “covid”, cuando se eliminaron los obstáculos regulatorios habituales.

La mayor venta de la historia de las grandes farmacéuticas

Las vacunas de ARNm contra el “covid” se convirtieron rápidamente en el éxito de mercado anual de mayor venta de la historia de las grandes farmacéuticas. Como resultado de las vacunas contra la “covid”, Pfizer ganó 35.000 millones de dólares, mientras que sus competidores BioNTech y Moderna recaudaron 20.000 millones de dólares cada uno en 2021 y 2022. Bill Gates convirtió su inversión de 55 millones de dólares en BioNTech en 550 millones de dólares. El 70 por cien de la población de Estados Unidos está ahora completamente vacunada, así como el 70 por cien de la población mundial. Esto no se podría haber logrado sin el desarrollo acelerado y desregulado y el consumo obligatorio de los medicamentos experimentales, un plan que, en lo que respecta al desarrollo acelerado, se describió en la Operación Warp Speed ​​dirigida por el Pentágono y fue autorizado legalmente como una emergencia por la FDA y la OMS.

La etiqueta de “emergencia” permitió a las empresas farmacéuticas pasar por alto los estándares que se asocian regularmente con el tenue proceso de lograr que un medicamento pase por largos ensayos clínicos, que anteriormente casi provocó el colapso de la empresa de biotecnología Moderna antes de la pandemia, una historia que demuestra perfectamente la necesidad urgente de que las empresas de biotecnología eliminen los estándares regulatorios que generalmente se requieren para los productos médicos, y el precedente que estableció el sector público al proporcionar un camino para esta ofuscación regulatoria.

Fundada aproximadamente diez años antes de la pandemia, Moderna, que durante muchos años fue muy valorada por su promesa de producir productos para enfermedades raras que requerían múltiples dosis a lo largo de la vida del paciente, no había logrado vender ningún producto a principios de 2020. Ni siquiera había podido demostrar en ensayos clínicos que podía producir productos de ARNm seguros y efectivos.

Sus tecnologías de medicamentos supuestamente revolucionarias estaban plagadas de problemas de toxicidad cuando se dosificaban en cantidades efectivas, y eran ineficaces cuando se dosificaban en cantidades seguras. Los problemas de seguridad eran tan graves que Moderna se vio obligada a abandonar su tratamiento biológico clave basado en ARNm que había utilizado para recaudar la mayor parte de su capital y que justificaba la alta valoración de la empresa después de que los denunciantes arrojaran luz sobre el hecho de que ni siquiera pudo llegar a los ensayos en humanos.

Estos problemas de seguridad, entre otros de carácter político, prepararon a Moderna para un colapso inminente justo antes de la pandemia, cuando la financiación se agotó y la empresa recibió instrucciones de estirar cada dólar y reducir los gastos, además de una caída del precio de las acciones que se combinó con la salida de ejecutivos clave de la empresa en coyunturas críticas en el período previo a 2020.

Pero cuando a finales de 2019 surgieron noticias de un virus procedente de Wuhan, mientras muchos temían una pandemia inminente, el director de Moderna, Stephane Bancel, tuvo una oportunidad de oro en el regazo de su empresa en crisis. El subdirector del Centro de Investigación de Vacunas de los Institutos Nacionales de Salud, Barney Graham, ya estaba preparando al NIH para desarrollar vacunas candidatas para el virus que se avecinaba.

Para alivio de Moderna, la empresa ya había estado trabajando en llevar al mercado una nueva clase de vacunas en los años previos a la pandemia. Esta relación finalmente llevó a Graham a proponerle al director la oportunidad de usar el virus pandémico que se avecinaba “para probar las capacidades aceleradas de fabricación de vacunas de la empresa”, antes de que ningún experto hubiera declarado oficialmente que una vacuna era la solución a la pandemia.

Quienes analizan la crisis del “covid” y sus efectos se han centrado principalmente en cómo su naturaleza disruptiva ha llevado a grandes cambios y recalibraciones en toda la sociedad y la economía. Dicha disrupción también se ha prestado a una variedad de agendas que habían requerido un evento de potencial de “reinicio” para poder realizarse.

Este acuerdo, que se manifestaría en los próximos meses, puso a Moderna en la primera línea del programa acelerado de vacunas del gobierno de Estados Unidos, la Operación Warp Speed, y recompensó a Moderna con su primer y único producto: las vacunas de ARNm contra la “covid”, que generaron miles de millones de dólares en beneficios, han sido un éxito. Cabe destacar que la empresa, que hasta entonces estaba en crisis y se encontraba estancada, sólo pudo lanzar este producto gracias a la eliminación “de emergencia” de los mismos obstáculos regulatorios que habían impedido anteriormente que Moderna llevara al mercado cualquiera de sus fármacos candidatos.

Las vacunas de última tecnología se aprobaron aceleradamente

Por lo tanto, las vacunas contra la “covid” salieron al mercado en tan sólo 326 días, una fracción de los 10 a 15 años que suelen tardar las vacunas en salir al mercado. Fue fundamental para el objetivo de la Operación Warp Speed ​​de vacunar a toda la población estadounidense: lanzar la vacuna en pleno calor de la pandemia, antes de que terminaran los confinamientos y las restricciones sociales, hizo que la gente se preocupara más por acabar con la pandemia que por el criterio regulatorio del fármaco. Como resultado, ya fuera por mandato estatal en países como Austria o por dependencia del empleo en Estados Unidos, muchas personas aceptaron las órdenes de vacunación sin cuestionarlas para un fármaco que se lanzó al mercado a toda prisa.

El rápido desarrollo y el consumo obligatorio de medicamentos experimentales, una estrategia que fue adoptada primero por los militares para responder a los ataques con armas biológicas, ha sido ahora legitimada internacionalmente por la OMS, que recientemente aprobó revisiones críticas del Reglamento Sanitario Internacional y continúa redactando su tratado sobre pandemias, recientemente archivado.

Si bien la OMS ha afirmado que estas convenciones se están redactando para preparar a la población mundial para un futuro con una incidencia cada vez mayor de pandemias mortales, las políticas centrales de estos documentos, impulsadas por la ideología de la doctrina de la Seguridad Sanitaria Mundial y el plan “Salud Única”, codificaron aún más las medidas de desregulación de emergencia y de vigilancia intensa que deben crear un mercado muy rentable y permanente para ciertos productos del nuevo arsenal biotecnológico de las grandes farmacéuticas.

Al igual que durante la Operación Warp Speed, Estados Unidos sigue en la línea del esfuerzo por acelerar el proceso de llevar medicamentos biológicos al mercado bajo el disfraz de la preparación para pandemias. En julio la Autoridad de Investigación y Desarrollo Avanzado Biomédico (BARDA) del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (HHS), que tiene como objetivo “responder a las amenazas a la seguridad sanitaria del siglo XXI”, otorgó 176 millones de dólares a Moderna para “acelerar el desarrollo de una vacuna contra la gripe pandémica que podría usarse para tratar la gripe aviar en personas, a medida que aumenta la preocupación por los casos en vacas lecheras en todo el país”.

Es el primer contrato gubernamental otorgado a una empresa de biotecnología desde la pandemia de “covid” con la intención específica de acelerar el desarrollo de una vacuna contra un virus pandémico supuestamente inminente. Sin embargo, otras empresas de biotecnología han recibido contratos para la preparación ante pandemias. El desarrollo preventivo de medicamentos pandémicos y su camino acelerado hacia el mercado es un componente clave de las nuevas convenciones de la OMS y un factor esencial en la viabilidad del mercado de biotecnología para pandemias, y ahora puede proporcionar a Moderna su segunda mercancía de la historia.

El mercado de la biotecnología en tiempos de pandemia no dependerá de la libre voluntad de los consumidores para aceptar o rechazar mercancías, sino que se apoyará en tácticas de consumo forzado y manipulación de paradigmas regulatorios. A la vanguardia de este impulso están los socios públicos y privados de la OMS y las partes interesadas privadas, que dan forma y se benefician directamente de esta política. Su influencia ha convertido a la OMS en un brazo de las grandes farmacéuticas, tan poderoso que ya demostró su capacidad para transformar todo el proceso regulatorio internacional en beneficio de la industria farmacéutica durante la pandemia de “covid”. Estas nuevas leyes consolidarán aún más esa influencia y vincularán legalmente a toda el mundo al mercado pandémico permanente que se está construyendo en nombre de las grandes farmacéuticas.

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Es la OMS la que sube los índices bursátiles de las empresas farmacéuticas

Gracias a la OMS los laboratorios farmacéuticos se frotan las manos, especialmente la empresa danesa Bavarian Nordic, que fabrica la única vacuna aprobada por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) contra la mpox.

La vacuna se vende bajo los nombres comerciales Jynneos, Imvamune e Imvanex.

Nada más anunciar la pandemia, la empresa dijo el jueves que aumentará su capacidad de producción hasta 10 millones de dosis de aquí a 2025 para satisfacer una demanda creciente de vacunas.

Inmediatamente después sus acciones subieron un 17 por cien en la Bolsa de Copenhague. En total, en lo que va de año la cotización de la empresa ha subido un 36 por cien porque, en efecto, es la OMS la que mueve los índices bursátiles de las farmacéuticas. Los asesores recomiendan seguir comprando acciones de Bavarian Nordic porque 10 millones de vacunas no son nada. Tendrán que fabricar muchas más.

Como suele ocurrir con estos chachullos, el problema es quién paga el precio de las vacunas, que ronda los 100 dólares por dosis y actualmente en los países occidentales no hay una gran demanda de este tipo de vacunas. Su clientela está an África, donde no hay un céntimo para pagar estos dispendios.

Hay que recurrir a la caridad, a las ONG, las fundaciones y los experimentos gratuitos. La Autoridad para la Respuesta Sanitaria de Emergencia (ARSE) de la Unión Europea ya ha encargado 175.400 dosis para donarlas a los africanos y seguir haciendo experimentos.

Para aumentar las ventas, el viernes la farmacéutica pidió a la Agencia Europea de Medicamentos la realización de otro experimento con el fin de ampliar de su uso a los adolescentes a partir de los 12 años.

Es la segunda vez en dos años que la OMS declara esta alerta sanitaria internacional. Se había levantado en mayo del año pasado porque era demasiado precipitado.

Desde enero de 2022 se han registrado menos de 40.000 casos de mpox en 16 países, con 1.456 muertes. Durante el mismo período, varios millones de africanos murieron por desnutrición y enfermedades menores por falta de atención. Cada día mueren de hambre y causas asociadas 25.000 personas, es decir, casi 10 millones al año.

El hambre es la verdadera pandemia que los epidemiólogos intentan ocultar.

De la varicela al mpox: mejor no llamar a las cosas por su nombre

A muchos les gusta “llamar a las cosas por su nombre”, pero no es el caso de los que definen las enfermedades y hacen catálogos de ellas, como la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades).

Cada vez hay más repertorios de ese tipo, que expresan el dominio que ejercen ciertos organismos y, sobre todo, quienes los manejan. Lo explicó Nebrija hace 500 años en la primera gramática del castellano: la lengua es compañera del imperio o, dicho en otros términos, “la lucha de clases es el lápiz que escribe los diccionarios”.

Los nombres de las enfermedades así lo demuestran, aunque ahora es la OMS quien ejerce el imperio. Nebrija quería enseñar a hablar a los indios de América y la OMS quiere enseñar a hablar a los médicos.

El organismo internacional hace como los chamanes. Pone unos nombres a las enfermedades y quita otros. De esa manera parece que acaban unas enfermedades (gracias a las vacunas) y aparecen otras nuevas, que la humanidad no había conocido hasta que la OMS publica sus catálogos.

Por ejemplo, en 2020 apareció una nueva enfermedad que ningún médico habían conocido nunca, porque ninguna facultad de medicina la tenía registrada en sus anales: el “covid”. A pesar de ello, aquel año se publicaron cien mil artículos científicos sobre el “covid”, algo nunca visto en la historia. La pregunta es: ¿cómo se puede escribir tal cantidad de artículos sobre algo que era desconocido para todos?

Cien años antes, cuando ni siquiera existía la OMS, el imperio calificó como “española” a la gripe que apareció en Kansas durante la Primera Guerra Mundial, como si fuera por casualidad. Quizá precisamente por ser “española” aquella gripe mató mucho más de lo que matan las gripes cada vez que el invierno llega a Kansas.

Todas las pandemias que han brotado últimamente tienen algo en común: que el foco aparece en otros países que no son el nuestro. Por ejemplo, el “covid” surge en Wuhan, China, y por eso Trump lo llamó el “virus chino”. Como consecuencia de la histeria antichina provocada por Trump y los suyos, entre marzo de 2020 y junio de 2021 se produjeron más de 9.000 agresiones contra las personas de origen chino o asiático en Estados Unidos.

Sin embargo, el foco infeccioso más habitual es siempre el Tercer Mundo. Ellos tienen la culpa y nosotros somos las víctimas. La “mpox” se ha propagado a partir de la República Democrática del Congo, aunque antes no se llamaba así sino “viruela del mono” porque la OMS le cambió el nombre en 2022. Cualquiera que se remonte un poco más en el tiempo sabe que “mpox” es la varicela (herpes zoster) de toda la vida.

Pero los científicos, como los músicos, también necesitan aparentar originalidad, que han descubierto algo nuevo bajo el sol. El imperio que escribe los artículos de medicina asegura que la varicela y la “mpox” no son la misma enfermedad porque las causan familias distintas de virus (1). Por eso se sacan de la manga las variantes y las cepas, cada vez más letales, o más contagiosas, o las dos cosas a la vez.

Sin embargo, en cuatro años de “covid” han ido apareciendo (o inventando) muchos miles de cepas del mismo virus, dice la Wikipedia, pero cada una de ellas no ha causado une enfermedad distinta. A veces las cepas causan la misma enfermedad, a veces causan enfermedades distintas, e incluso hay variantes que no causan ninguna enfermedad, asegura la Wikipedia (2). Todo depende de lo que el imperio quiera demostrar en cada momento.

La revista médica The Lancet ha denunciado “el estigma, el racismo y la discriminación” en la denominación de las enfermedades (3), porque no cabe duda de que todo cuadra: los africanos son unos monos, los eslabones del proceso evolutivo que se quedaron estancados en el Continente Negro.

Las enfermedades infecciosas, como la peste negra, siempre fueron un estigma social a lo largo de la historia y la “mpox” confirma el dato. Ahora los epidemiólogos lo llaman “grupos de riesgo” y, cuando quieren ser más finos y elegantes, hablan de “prácticas de riesgo”, como en los tiempos del sida.

El hombre blanco se tiene que preocupar de mantener a los negros lo más alejados posible. Pero también de los mongoles, porque el Síndrome de Dawn (trisomía 21) siempre llevó la denominación de origen del país asiático.

Naturalmente, los mongoles no se pusieron a sí mismos el nombre de la enfermedad. Siempre es el imperio el que pone los nombres y las etiquetas a sus subordinados.

Hasta los meteorólogos se han apuntado a los requiebros verbales y rellenan su vacío intelectual con una batería inagotable de neologismos. O bien quieren parecer originales, o bien han aparecido nuevos fenómenos atmosféricos que antes no existían.

Por ejemplo, llaman “dana” (depresión aislada en niveles altos) a lo que siempre se llamó “gota fría”, una expresión procedente del alemán (“kaltlufttropfen”) que se conoce desde 1886 y que en 1982 mató a 38 personas en el Levante español.

A falta de conceptos precisos, los seudoecologistas podrían formar un voluminoso diccionario de neologismos: sostenibilidad, antropoceno, descarbonización, efecto invernadero, estrés hídrico, estrés térmico, reventón húmedo, sensación térmica, refugios climáticos…

Una de las nuevas palabras inventadas por la tonteorías verdes tiene un tono siquiátrico. Se trata de “solastalgia”, a la que también llaman “dolor ecológico”. Es la melancolía causada por la pérdida del entorno tradicional o los medios de vida que han sostenido a los pueblos durante siglos: la vegetación, los bosques, los ríos, los glaciares…

Si alguien quiere inventarse una seudociencia, debe empezar por acuñar su verborrea caracteristica.

(1) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9634140/
(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Variantes_de_SARS-CoV-2
(3) https://www.thelancet.com/journals/lanam/article/PIIS2667-193X(22)00241-1/fulltext

Las olas de frío matan 75 veces más que las de calor

No cabe duda que las olas de calor aumentan la mortalidad, como tampoco que las de frío son mucho peores. Las primeras mataron en Inglaterra y Gales a 800 personas más al año, pero las segundas acabaron con la vida de 60.000, según un estudio científico publicado en The Lancet Planetary Health (*).

La conclusión es obvia: las olas de frío matan 75 veces más. A pesar de ello, se habla más de unas que de otras, por razones obvias. El frío y las heladas han desaparecido de las noticias.

El estudio es la evaluación más completa de los riesgos de mortalidad relacionados con la temperatura exterior en ambos países. No obstante, el termómetro no lo es todo: la parca discrimina entre las clases sociales, entre los niveles de ingresos y las condiciones de vida. Mata mucho más a los pobres que a los ricos.

El impacto del frío, y en menor medida del calor, son más frecuentes en los barrios humildes. Además, los ancianos son las más vulnerables tanto al calor como al frío, con un riesgo de mortalidad de más de 85 años el doble que el de las personas de 0 a 64 años.

Londres tiene la tasa de mortalidad relacionada con el calor más alta, con 3,21 muertes adicionales por cada 100.000 personas, lo que se traduce en 170 muertes adicionales relacionadas con el calor cada año. Los riesgos relacionados con el calor también fueron mucho mayores en las áreas urbanas de los dos países.

En cambio, el riesgo de muerte asociado al frío es más alto en el noreste de Inglaterra y Gales, con una tasa de exceso de mortalidad de 140,45 y 136,95 muertes por cada 100.000 personas, respectivamente. Londres tuvo el menor riesgo asociado con las bajas temperaturas, con 113,97 muertes por cada 100.000 personas (casi 5.800 muertes adicionales relacionadas con el frío cada año).

Los investigadores analizaron 10,7 millones de muertes que ocurrieron en Inglaterra y Gales entre 2000 y 2019 en más de 37.473 áreas pequeñas que incluyen alrededor de 1.600 vecinos. Luego vincularon estos datos con mapas de temperatura en cuadrícula de alta resolución y posibles factores de vulnerabilidad al calor y al frío, incluidos factores demográficos y socioeconómicos, salud y discapacidad, vivienda y vecindario, paisaje y características climatológicas.

Esto permitió a los investigadores caracterizar las diferencias entre áreas pequeñas y mapear la variación en los riesgos de mortalidad relacionados con la temperatura en los dos países.

(*) https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(22)00138-3/fulltext

La farmacéutica Abbott condenada por vender un brebaje para bebés que causa necrosis intestinal

El viernes la empresa farmacéutica Abbott fue condenada por un jurado estadounidense de San Luis por distribuir leche destinada a bebés prematuros que provocaba necrosis intestinal graves y daños cerebrales. Ha sido condenada a pagar una multa de 495 millones de dólares.

La farmacéutica fue acusada de fabricar y comercializar una leche para bebés prematuros que provocaba graves enfermedades intestinales. La leche aumentaba el riesgo de necrosis intestinal en los bebés.

Abbott tiene más de 1.000 denuncias pendientes en Estados Unidos por el mismo motivo. La empresa oculta a los padres que su brebaje Similac, elaborado con leche de vaca, podía provocar una infección grave en los bebés prematuros, a pesar de que los miembros de la empresa reconocieron el peligro en documentos internos.

En 2021 la hija de la demandante fue alimentada con un preparado de marca y desarrolló enterocolitis necrotizante mientras estaba en cuidados intensivos neonatales. Aunque la niña sobrevivió, sufre secuelas irreversibles.

Si bien la tasa de mortalidad relacionada con esta enfermedad en bebés prematuros puede llegar hasta el 50 por cien, el grupo Abbott fue condenado a pagar 95 millones de dólares en concepto de daños compensatorios y 400 millones de dólares en multas.

Aunque la empresa no ha indicado si tiene intención de retirar este producto, al cierre de bolsa del viernes las acciones de Abbott cayeron casi un 5 por cien en la negociación electrónica.

En marzo pasado el holding británico de productos de higiene Reckitt Benckiser tuvo que pagar 60 millones de dólares a una madre cuyo bebé prematuro murió después de beber otro brebaje infantil de la empresa, que se vende bajo las marcas comerciales Enfamil y Nutramigen.

Las hospitalizaciones por trastornos alimentarios aumentaron a causa del confinamiento

A partir de 2020 la verdadera pandemia fueron los confinamientos, cuando en España los suicidios experimentaron un aumento muy significativo, que en 2022 alcanzaron un máximo histórico: 4.227 fallecimientos, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

Según el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, el encierro y la histeria afectaron especialmente a la salud mental de la población infantil y juvenil, donde las tentativas de suicidio y autolesiones aumentaron un 250 por cien.

En mayo de 2022 tuvieron que poner en marcha el 024, el primer teléfono para prevenir el suicidio. Desde que se inauguró, y hasta mayo de 2024, cuando cumplió dos años, recibió un total de 260.033 llamadas, de las cuales 12.846 fueron derivadas al servicio de emergencias 112 para prestar una atención urgente a las personas en crisis.

El confinamiento alteró gravemente la salud mental de los adolescentes en todo el mundo. Dos estudios recientes dirigidos por la doctora Nadia Roumeliotis, profesora del Departamento de Pediatría de la Universidad de Montreal, ha revelado que las restricciones sanitarias aumentaron las hospitalizaciones por trastornos alimentarios entre los adolescentes de 12 a 17 años de edad, especialmente en las niñas.

El primer estudio (1) analiza la evolución del número de hospitalizaciones entre jóvenes de 6 a 20 años por problemas de salud mental, entre el período prepandémico (1 de abril de 2016 a 31 de marzo de 2020) y pandémico (1 de abril de 2020 a 31 de marzo de 2023). El análisis de los datos de aproximadamente seis millones de jóvenes canadienses encontró un aumento en las hospitalizaciones entre las niñas por síntomas de ansiedad y conductas autolesivas o suicidas. Las hospitalizaciones por trastornos alimentarios también aumentaron un 64,6 por cien en promedio entre los dos períodos, entre niños y niñas, pero principalmente entre las adolescentes de 12 a 17 años.

Estos datos llevaron a Roumeliotis y su equipo a continuar la investigación en un segundo estudio (2) para comprender mejor el impacto de las medidas de salud en los trastornos alimentarios entre los jóvenes. Los investigadores observaron un aumento significativo en la tasa de hospitalización de niñas de 12 a 17 años después del inicio de la pandemia en marzo de 2020, aunque las cifras sse dispararon un año después, en marzo del año siguiente. Los análisis muestran que las tasas de hospitalización alcanzaron un pico un año después del inicio de la pandemia. En todas las regiones canadienses que estudiaron las tasas eran más del doble de lo previsto por las tendencias prepandémicas.

El estudio también muestra una asociación entre el índice de rigor de las restricciones sanitarias y la tasa de hospitalización por trastornos alimentarios. Así, por cada aumento del 10 por cien en este índice de gravedad, hay un aumento del 5 por cien en las tasas de hospitalización en Quebec y Ontario, del 8 por cien en las praderas y del 11 por cien en Columbia Británica.

(1) https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2820858
(2) https://jamanetwork.com/journals/jamapediatrics/fullarticle/2820958

Pandemia: balance de un experimento de obediencia masiva

Es el título de un artículo publicado por la revista del máximo organismo científico francés, el CNRS: las restricciones sanitarias impuestas durante la pandemia no fueron otra cosa que un experimento de “obediencia masiva” (*).

El título es una declaración en sí misma, que deriva de una entrevista al historiador y sociólogo Nicolas Mariot, autor de un libro sobre el asunto publicado el año pasado: “El atestado”.

Muchas veces nos encontramos con crédulos que preguntan que si no había motivos médicos para imponer medidas, como el confinamiento, por qué lo hicieron, y la respuesta es múltiple. Una de ellas es la vigilancia masiva, algo que ya existía pero que jamás se había realizado con la dimensión que alcanzó durante la pandemia… salvo en los campos de concentración.

Como diría Foucault, se trataba de “vigilar y castigar”. Si en las cárceles hay delincuentes, en la pandemia aparecieron  los negacionistas, a los que había que vigilar y castigar. Siempre hay alguien que no obedece las órdenes que le imponen. En la Edad Media eran los herejes, que exponían doctrinas opuestas a los dogmas del Vaticano. Ahora han aparecido personas que se oponen a vacunarse o a encerrarse en sus casas, blandiendo teorías extrañas e incluso conspiraciones.

Con el tiempo la herejía se convierte en dogma y las publicaciones científicas empiezan a hacerse eco de esas mismas teorías, que ya no son tan extrañas ni conspiranoicas.

Frente a los negacionistas, los gobiernos reaccionaron de manera muy diversa porque los virus y las enfermedades quizá sean los mismos, pero los hábitos coercitivos cambian de un país a otro. España impuso un largo confinamiento y Bielorrusia no impuso ninguno. Sin embargo, las conclusiones son paradójicas: murieron más personas en los lugares en los que el Estado confinó a la población que en los que no se produjo ningún tipo de confinamiento.

Las restricciones sanitarias -y especialmente el confinamiento- midieron la fuerza de los aparatos del Estado. No todos los Estados tienen la misma capacidad represiva para imponer sus normas. Hubo países del Tercer Mundo que impusieron las mismas restricciones sanitarias que los europeos, pero fue un brindis al sol. Ni siquiera intentaron imponerlas por la fuerza porque no tenían recursos para lograrlo.

Uno de los factores que más influye en los aparatos represivos del Estado es la resistencia de la población que, a su vez, dice Mariot, depende de la credibilidad de un determinado Estado, e incluso de un determinado gobierno, que se transmite a su burocracia sanitaria, a sus médicos y a sus instituciones de salud pública. En la medida en que la población cree que ese tipo de restricciones sanitarias, como las mascarillas, tienen algún carácter técnico o científico, son mucho más fáciles de digerir.

En Francia la pandemia llegó detrás de las luchas de los chalecos amarillos y contra los recortes de pensiones, con la credibilidad del gobierno por los suelos, de manera que las restricciones se impusieron con un grado importante de ejercicio de la fuerza y el castigo. Lo explicó el propio Macron en el primer mensaje que lanzó tras declarar oficialmente la pandemia: “Estamos en guerra”. Lo repitió cuatro veces para que quedara bien claro.

Naturalmente, no se refería a Ucrania porque esa guerra comenzó dos años después. Lo que Macron quería decir es que su gobierno se aprestaba a imponer “medidas de guerra”, con la diferencia de que entonces el enemigo no era Rusia sino su propia población.

(*) https://lejournal.cnrs.fr/articles/covid-19-bilan-dune-surveillance-massive

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