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Categoría: Oriente Medio (página 79 de 79)

El ‘show’ debe continuar a toda costa

¿Que es la realidad?, ¿qué es real y qué es ficción? Los “reality shows” son realidad o un “show”? Una película “basada en hechos reales”, ¿es realmente real? Es imposible decirlo.

De momento los chicos de CyberBerkut nos vuelven a sacar de nuestro estupor cuando publican (1) un vídeo sobre las ejecuciones de prisioneros del Califato Islámico grabadas en un estudio, con sus actores, su guión, su director, su equipo de luces… Al más puro estilo Hollywood. No falta de nada.

Pero eso es lo de menos. Lo que realmente nos ha roto los esquemas es que nuestros piratas favoritos explican que el vídeo lo han encontrado en un soporte digital de un colaborador del senador John McCain.

Nuestros queridos piratas se dirigen al senador para burlarse en su sucia cara: Señor McCain, le dicen, la próxima vez que viaje al extranjero, sobre todo a Ucrania, no lleve en su maleta documentos confidenciales.

El vídeo muestra a un rehén cuya ejecución se simula ante varias cámaras con una potente iluminación. Un actor vestido de verdugo del Califato Islámico pone un cuchillo cerca de la garganta del secuestrado, que hace un gesto sufrimiento.

Desde agosto de 2014 los terroristas del Califato Islámico han publicado varios vídeos de ejecuciones de rehenes. Sus víctimas mostraban una calma sorprendente, pronunciaban sus últimas palabras y morían en los brazos de los terroristas.

Son muchos los que han considerado que esos vídeos eran ficticios, sobre todo por las reacciones de las supuestas víctimas y por la calidad de las grabaciones.

En varias ocasiones Estados Unidos ha sido acusado de fabricar los vídeos del Califato Islámico. Una de ellas ha sido muy reciente. El New York Times cuenta (2) que Ivy Zidrich, estudiante de la Universidad de Nevada, le dijo a Jeb Bush que su padre, el antiguo Presidente de Estados Unidos, Georges Bush, había sido el fundador del Califato Islámico. Primero crean la realidad y luego producen la película que la narra.

(1) http://fr.sputniknews.com/international/20150711/1016963919.html#ixzz3faYuDZLF
(2) http://www.nytimes.com/politics/first-draft/2015/05/14/ivy-ziedrich-college-student-warms-to-role-as-jeb-bush-critic-on-isis/

Religión y clases sociales en Líbano

El profesor Fawwaz Traboulsi, de la Universidad Americana de Beirut, ha publicado “Clases sociales y poder político en Líbano”, un estudio que, a pesar de su título, versa también sobre el mosaico de religiones de aquel país y, en definitiva, sobre la correspondencia entre una clase social y su conciencia, en este caso la conciencia religiosa, que explica muchos fenómenos sociales y políticos de los que las luchas religiosas forman parte, en especial en Oriente Medio, que es la cuna de las religiones monoteístas más influyentes del mundo.

Traboulsi empieza situando al Líbano en el feudalismo, que califica como “tardío”, y a dos confesiones religiosas, a los drusos y maronitas (cristianos), caracterizadas por un reparto desigual de las posiciones económicas y del poder político. Con excepción de unos pocos clanes maronitas, las clases dominantes eran los propietarios de tierras drusos, mientras que los cristianos desempeñaban profesiones de tipo más bien urbano, como comerciantes, prestamistas, artesanos, granjeros y trabajadores.

Bajo el Imperio Otomano la escisión entre ambos colectivos se profundizó porque los cristianos se asociaron al capitalismo que llegó a la costa libanesa, especialmente al comercio de seda y, sobre todo por la posibilidad que tuvieron desde el siglo XVIII de acceder de manera privilegiada a una educación extranjera.

A mediados del siglo XIX el levantamiento campesino y la subsiguiente guerra civil de 1840 a 1861 acabaron con el triunfo de los drusos, a pesar de lo cual, de forma paradógica, entraron en una profunda crisis por el declive del feudalismo. Los cristianos perdieron en el campo de batalla pero ganaron en el terreno económico, constituyéndose en la fuerza dominante dentro del mosaico de las seis religiones más importantes.

Ese periodo alcanza hasta la desaparición del Imperio Otomano en 1915, con la Primera Guerra Mundial. Líbano se convierte en una República y su Presidente es siempre cristiano, tiene el poder político, dirige el ejército y el Banco de Líbano. Además del poder político y económico, los maronitas tienen una formación académica superior de la que carecen las demás confesiones y un contacto privilegiado con los núcleos imperialistas más importantes del mundo, especialmente franceses. Como cualquier población portuaria, los maronitas viven de puertas afuera, son cosmopolitas. La cultura cristiana del Líbano es un cuerpo extraño en Oriente Medio. Es la misma que en cualquier otra metrópoli extranjera.

Traboulsi subraya algo que quienes tenemos una formación cristiana difícilmente tomamos en consideración: en Líbano -menos que en ningún otro sitio- no existe identidad propia fuera de la religión. Es lo que los islamistas llaman en árabe la “Umma” y que penosamente se puede traducir como algo que está a medio camino entre la “comunidad” y la “humanidad”. Si no tuviera un sentido despectivo, podríamos traducirlo también como “tribu”. Eso que los sociólogos occidentales llaman “movilidad social” está recortado. Como dice Traboulsi, “las religiones son resistentes a las leyes del mercado”. En Líbano, por ejemplo, normalmente nadie busca trabajo: hay alguien que te da trabajo, un determinado tipo de trabajo. Los derechos políticos, sociales y culturales dependen de la religión a la que uno pertenezca. En Líbano la religión no se elige como tampoco se elige la cuna o la clase social en la que alguien nace. Se nace druso como se nace rico y cuando es posible elegir y se elige, uno ya ha adquirido una cierta formación de la que nunca se desprende del todo.

La amalgama entre la religión y la política, otorgan a la autoridad religiosa un poder político típico de las autocracias, con la diferencia que en Líbano coexisten seis autocracias distintas. La adscripción religiosa de cada cual se convierte mecánicamente en una adscripción política, en la pertenencia a un partido político. Las movilizaciones ideológicas se visten a la vez como movilizaciones confesionales y las guerra son guerras de religión: se invocan y se justifican en el nombre de dios, de algún profeta o de la vida eterna. Aunque eso se atribuye en exclusiva a los islamistas, Traboulsi deja claro que se refiere a todas las confesiones, es decir, también a los cristianos y a los drusos.

El componente religioso de una clase social le da una fuerza extraordinaria, porque es capaz de llegar allá donde cualquier otra ideología, como la atea, no llega. Por eso la religión es el prototipo de ideología por antonomasia, la ideología en estado puro. Además, las religiones y las ideologías no son capaces de salir fuera de sí mismas, de manera que generan ideologías de las ideologías, es decir, que parecen tener vida propia, hasta el punto de creer que son ellas las impulsoras y no las impulsadas. Entonces Líbano parece un supermercado de religiones como España parece un mercado de partidos políticos, con la diferencia de que mientras al primero le niegan el estatuto de democracia, al otro le ponen como el prototipo de ella.

La OTAN financia al yihadismo con alijos de drogas

El sábado de la semana pasada la Dirección General de Puertos de la provincia costera siria de Latakia, se apoderó de cerca de dos toneladas de drogas cerca de la playa del Cabo Ras al-Bassit. Las drogas decomisadas flotaban en el mar en bolsas de cuero y consistían en más de 800 kilogramos de pasta de hachís y casi seis millones de tabletas de Captagon, la droga estimulante preferida por los miembros del Califato Islámico.

El director general de Puertos de Latakia, Maitham al-Yousuf, dijo a los periodistas que el alijo fue descubierto por una patrulla que recorría la playa, a unos 400 kilómetros al noroeste de la capital. No es la primera vez que las autoridades y el ejército sirio decomisan importantes alijos de drogas. El año pasado llegaron a capturar un camión cisterna con una tonelada de Captagon y la policía antidrogas de Líbano incautó 12 millones de pastillas.

El gobernador de Latakia Ibrahim Khader al-Salem acusó a los países que patrocinan el terrorismo contra Siria de ser responsables de esas drogas.

Captagon es la marca comercial del clorhidrato de fenetilina. Se empezó a producir en los años 60 para tratar la hiperactividad, la narcolepsia y la depresión, pero fue prohibida en muchos países en​ los años 80 por ser demasiado adictivo. La OTAN inició la producción de Captagon en 2011 en un laboratorio en Bulgaria. Aunque es una droga prácticamente desconocid​a​ en otras partes del mundo, se consume mucho en Oriente Próximo.

Una parte de las ganancias del tráfico ilegal de Captagon se utiliza para financiar los grupos extremistas armados que tratan de derrocar al gobierno sirio encabezado por el presidente Bashar Al-Assad.

Tras registrar sus pertenencias, a los fanáticos del Califato Islámico muertos en la batalla de Kobani les encontraron pastillas de Captagon. Los yihadistas no alimentan su fanatismo con la lectura del Corán. Las decapitaciones y otras atrocidades cometidas por los miembros del Califato Islámico se
ejecutaron bajo la influencia del Captagon
.

Los kurdos afirman que el consumo de estas píldoras explica la impavidez suicida de los yihadistas durante las batallas y la brutalidad bestial con la que realizan sus atrocidades: violaciones, decapitaciones y crucifixiones.

“Llevan cantidades de pastillas que siguen tomando. Esto parece volverlos aún más locos. Se vuelven agitados y están dispuestos a castigar a niños incluso por cosas insignificantes”, contaron a “Daily Mirror” tras desalojarles de Kobani.

El análisis de la voz del yihadista “John” sugirió, según “The International Business Times”, que estaba bajo la influencia de anfetaminas cuando decapitó al rehén británico David Haines. Es muy posible que se tratara de Captagon.

De acuerdo con Reuters, el colapso de la infraestructura estatal, el debilitamiento de las fronteras y la proliferación de grupos armados durante los casi tres años de conflicto, ha transformado a Siria en un importante centro de producción de drogas, en especial de captagon.

El consumo de Captagon ha crecido notablemente. Es una especie de anfetamina que provoca euforia e insensibilidad al dolor, quita el sueño, deprime el apetito, proporciona una euforia que ayuda a los fanáticos a soportar duras batallas, largas jornadas sin dormir e incluso el dolor si son torturados.

También los civiles sirios están experimentando cada vez más con estas pastillas, que se pueden conseguir por un precio de entre 5 y 20 dólares.

Los terroristas de Al-Qaeda almorzaban en el Pentágono

Un artículo titulado “Ataques de París: la extraña conversación de Amedy Coulibaly con un rehén durante el asedio al supermercado” publicado por el periódico británico Mirror, pone lo siguiente en boca del secuestrador: “Somos los defensores del profeta, Al Qaeda nos ha enviado a Yemen, nos fuimos para allá y Anwar Al Awaki nos ha financiado” (1).

Anwar Al Awaki es un dirigente de Al-Qaeda fallecido en un ataque con drones en el Yemen en 2011. En su vida hay un episodio de familiaridad que explica muchas cosas de la historia reciente más sangrienta: justo después de los atentados contra las Torres Gemelas, fue recibido y comió con los más altos jefes del Pentágono. En un artículo titulado “Un imán ligado a Al Qaeda almuerza en el Pentágono tras el 11 de setiembre”, CBS News informó del ágape de la siguiente manera:

“Anwar Al Awaki, el dirigente espiritual radical ligado a varios de los terroristas del 11 de setiembre, al tiroteo de Fort Hood y a un intento de asesinato en un avión de línea el día de Navidad, estuvo invitado en el Pentágono en los meses que siguieron al 11 de setiemebre, lo que un funcionario del Pentágono ha confirmado a CBS.

“Al-Awlaki fue invitado en calidad de ‘miembro de un programa informal se sensibilización’ en el que los funcionarios le pidieron contacto ‘con los dirigentes de la comunidad musulmana’.

“En aquella época, Awlaki estaba considerado como el imán ‘moderado’ de una mezquita del norte de Virginia.

“Al mismo tiempo el FBI interrogó a Awlaki con respecto a sus contactos con tres de los terroristas del 11 de setiembre -Nawaf Al Hazmi, Jalid Al Midhar y Hani Hanjour- que pertenecían a una célula de cinco hombres que lanzaron el boeing de Amercain Airlines contra el Pentágono” (2).

Anwar Al Awaki admitió haberse encontrado con el primero de ellos, Nawaf Al Hamzi, uno de los dos hermanos que estrelló aquel avión. Pero si dos coincidencias son asombrosas, la tercera no lo es menos: en setiembre de 2000, un año antes del 11-S, Nawaf Al Hazmi visitó a un agente del FBI, Abdussattar Shaikh, en el domicilio de éste, lo cual vuelve a demostrar la familiaridad de los terroristas de Al Qaeda con los aparatos de seguridad del Estado, tanto en Estados Unidos como en Francia y otras potencias imperialistas.

En Estados Unidos aquel encuentro está considerado como la mejor oprtunidad que tuvo el FBI de impedir los atentados a las Torres Gemelas. Pero, ¿es que alguien lo quiso impedir?

En 2005 la policía francesa detuvo y encarceló a Cherif Kouachi por terrorismo. Fue liberado en 2008 tras haber cumplido su condena y no le retiraron el pasaporte, a pesar de las pruebas que indicaban su intención de unirse en Irak a los fundamentalistas, según un artículo de la revista The Slatest (3).

Cinco años después los hermanos Kouachi se vieron implicados, junto a Coulibaly, en el plan de evasión de los fundamentalistas de las cárceles francesas, resultando absueltos, mientras Coulibaly era condenado.

Con la policía pisándoles los talones, al año siguiente viajaron a Yemen para recibir entrenamiento y armas de Al Qaeda. El asunto era tan conocido que fueron los franceses los que informaron a la CIA de la llegada de ambos hermanos. Sobre el terreno la CIA confirmó la noticia y luego la CNN lo publicó en un artículo titulado “Francia señala a Estados Unidos que el inculpado de Paris se entrenó con Al Qaeda en Yemen” (4).

En el curso de una entrevista, el ministro francés de Justicia Christiane Taubira confesó al corresponsal de la CNN que uno de los hermanos había viajado a Yemen, sin precisar cuál de ellos, aunque trasladó la fecha al 2005. De ser cierto, cuando se produjo su detención, al menos uno de ambos hermanos conocía el manejo de las armas, y posiblemente también de los explosivos.

Algunos medios también han afirmado que los hermanos Kuachi habían combatido en Siria, de donde regresaron en el verano. Así lo sostuvo USA Today en su artículo “La caza al hombre continúa para los dos franceses sospechosos de terorismo”.

Pero fue precisamente hace seis meses, o sea, en el verano del año pasado cuando -dice el Daily Mail- la policía francesa retiró la vigilancia que mantenía sobre ambos hermanos por su “falta de peligrosidad” (5). Una semana antes del atentado también quitaron el vehículo policial que custodiaba la redacción de Charlie Hebdo.

Lo mismo cabe decir de Coulibaly, el otro partícipe de la masacre, que desde hace tiempo estaba incluido en el listado de terroristas que elabora Estados Unidos, según la CNN. ¿Cómo es posible que no estuviera en las que elabora Francia?, ¿estaba más vigilado en Estados Unidos que en su propio país?

Salvo que pensemos que los policías franceses son unos ineptos, parece evidente que se lavaron las manos como Pilatos: dejaron hacer, exactamente igual que la CIA en el ataque a las Torres Gemelas.

(1) http://www.mirror.co.uk/news/world-news/paris-shootings-listen-terrorist-amedy-4953451
(2) http://www.cbsnews.com/news/qaeda-linked-imam-dined-at-pentagon-after-9-11/
(3) http://www.slate.com/blogs/the_slatest/2015/01/07/cherif_kouachi_terrorism_past_2005_arrest_2008_conviction_for_planning_iraq.html
(4) http://edition.cnn.com/2015/01/08/politics/paris-suspects-al-qaeda-yemen/
(5) http://www.dailymail.co.uk/news/article-2904932/

La crónica negra de algunos asesinatos científicos

Hoy un asalto armado a un autobús en un barrio de Damasco ha costado la vida a cinco personas, de las que dos de ellas, han sido identificadas como ingenieros atómicos. Aunque las fuentes periodísticas no apuntan hacia los posibles responsables del crimen, es obra del Mossad, y no es la primera que vez que asesinan a científicos árabes e iraníes de alto nivel.

Los asesinatos y las extrañas muertes de determinados científicos es algo mucho más corriente de lo que suponemos, hasta el punto de que en internet hay varias páginas -más o menos conspiranoicas- que hacen seguimientos de las noticias que aparecen sobre este tipo de crímenes.

En los años ochenta, más de 70 investigadores y expertos que trabajaban para Marconi, Plesey y otras empresas punteras en materia de armamento que formaban parte de la “Guerra de las Galaxias” emprendida por Reagan, murieron en Inglaterra en extrañas circunstancias, la mayor parte de ellos por suicidio aparente.

El oficio de microbiólogo parece ser la especialidad de más alto riesgo. En el accidente del vuelo MH17 que sobrevolaba Ucrania en julio de este año fallecieron Glenn Thomas y varios especialistas mundiales en el virus del Ébola. Parecía el peor momento para tener un accidente, si es que fue un accidente…

El 12 de noviembre de 2001 encontraron en estado de coma a Benito Que, especialista en enfermedades infecciosas, en una calle próxima a su laboratorio de la Universidad Médica de Miami, donde trabajaba. La prensa dijo que había sido agredido por cuatro personas armadas con bates de béisbol, pero cuando falleció unos días después, la versión oficial dijo que murió por «una enfermedad».

El microbiólogo Don C. Wiley desapareció cuatro días después de que su colega apareciera en estado de coma. Primero encontraron su coche en Menfis con el depósito lleno y las llaves de contacto puestas, y luego su cuerpo en el río Mississippi, a 500 kilómetros de distancia. Estaba a punto de irse de vacaciones con su familia. Wiley era un inmunólogo especialista en pandemias de gripe, SIDA y Ébola.

El 18 de julio de 2003 David Kelly apareció muerto en un bosque cerca de su casa. Kelly era experto en armamento de destrucción masiva del gobierno británico, trabajó para la ONU como inspector especializado en armas biológicas y efectuó 37 misiones de control en Irak. Su trabajo en la ONU le valió incluso una nominación al Premio Nóbel de la Paz.

Entonces se preparaba la invasión de Irak y era necesaria una coartada para dar carnaza a los medios de comunicación: las armas de destrucción masiva. Al margen de los micrófonos, Kelly denunció a la prensa que el informe de enero de 2002 en el que los servicios secretos británicos afirmaban que Irak disponía de armas de destrucción masiva era un mentira del primer ministro, el laborista Tony Blair, para proporcionarle una justificación para invadir Irak.

El espionaje encontró la fuente que filtraba las informaciones y una vez sabido llegó el cadáver. Inmediatamente Tony Blair pidió al jurista Lord Hutton que realizara una investigación urgente, que nunca se completó, aunque Hutton publicó unas conclusiones en enero de 2004 según las cuales el científico se había suicidado cortándose la muñeca con un cuchillo de jardinería.

Para terminar de aclarar el asunto, Hutton prohibió la difusión de los datos de su historial médico, autopsia y pruebas de toxicología durante 70 años, nada menos, con la excusa de “proteger la privacidad de la familia de Kelly”.

Sin embargo, en octubre de 2010, para poner fin a la constante especulación, el gobierno tuvo que desclasificar los archivos de Hutton, apareciendo detalles tan curiosos como que el cuchillo con el que se cortó las venas no tenía sus huellas dactilares…

Según el libro del diputado británico Norman Barker, “The Strange Death of David Kelly”, la policía conocía de antemano la existencia de un plan para asesinar a Kelly, pero dejó que siguiera su curso.

Una pocas horas antes de su muerte Kelly envió un correo electrónico a una periodista en la que le advertía que estaban “jugando muchos actores oscuros”.

El aparente suicidio de Kelly ocurrió dos días después de ser interrogado en la Cámara de los Comunes, donde dijo que había advertido a Tony Blair de que en Irak no había armas de destrucción masiva.

Después se confirmó lo que ya se sabía: en palabras de la revista Time, eran armas de “desaparición masiva”. Kelly tenía razón y Blair (y Bush y Aznar, el Trío de las Azores) era un farsante.

Una mentira rebotó contra la otra: ni había armas ni Kelly se había suicidado. Por lo tanto, lo mataron para taparle la boca. ¿O no sucedió así?

Pero de paso, matad también al mensajero: la muerte de Kelly causó una disputa entre el gobierno y la “auntie” BBC, que no acabó con la dimisión de Blair sino con la del presidente y el director general de la cadena de televisión.

Tomamos nota: en esta sociedad, o mientes o mueres.

El islamismo funciona con mando a distancia

El terrorismo salafista no es una creación del imperialismo estadounidense, no nace con Al-Qaeda como consecuencia de la guerra de Afganistán contra el ejército soviético. Es muy anterior. El impulso de ciertas corrientes islamistas, muy minoritarias, como las takfiristas, procede de los imperialistas británicos y franceses. Además de dibujar mapas geopolíticos, la dominación de Oriente Medio requería dibujar nuevos mapas religiosos, crear doctrina.

Tras la Revolución de Octubre los imperialistas trataron de manipular a los pueblos islámicos contra la URSS, especialmente en el Cáucaso, una tarea continuada durante la Segunda Guerra Mundial por los nazis. Hitler apoyó la creación de unidades militares islámicas como parte de la Legión Oriental que invadió la URSS: “No veo ningún riesgo en crear unidades puramente mahometanas”, dijo Hitler en 1942, añadiendo que eran los más fiables: “Considero que sólo los mahometanos son seguros. Todos los demás los considero inseguros”.

Gerhard von Mende, un letón nazi que trabajaba en la Universidad de Berlín como profesor de estudios turcos, fue pionero de la idea de convertir a los pueblos islámicos de la URSS (tártaros, chechenos, kazajos, uzbekos) en una quinta columna contra el socialismo aprovechando la antigua Red Prometeo, un círculo de viejos reaccionarios zaristas creado en 1925 que tenía su base de operaciones a caballo entre Varsovia y París.

Bajo la dirección del criminal de guerra Theodor Ober­lan­der, durante la guerra Von Mende encabezó una división del Ministerio del Reich encargado de los territorios orientales ocupados por los nazis, especialmente del Cáucaso. Tras la derrota se estableció en la Alemania ocupada por los británicos. En octubre de 1945 escribió una carta al comandante Morrison ofreciendo sus redes islamistas dentro de la URSS al imperialismo británico, para lo cual pedía que las unidades islamistas nazis fueran liberadas de los campos de concentración para ser utilizadas contra la URSS. Fue el comienzo de una nueva carrera en el espionaje y el sabotaje contra la URSS de la mano de Wal­ter Schenck, un antiguo oficial de inteligencia de las SS.

La CIA era de la misma opinión que Hitler y Von Mende: era posible utilizar a los islamistas contra la URSS. Tras la guerra el espionaje estadounidense logró que una parte de las redes islamistas que habían realizado tareas de sabotaje dentro de la URSS salieran del país y se instalaran en Munich. Aunque el KGB logró ejecutar en Alemania a algunos islamistas soviéticos procedentes del Cáucaso y Asia central, otros empezaron a colaborar para emisoras de la CIA, como Radio Free Europe o Radio Liberty, donde el 80 por ciento eran viejos colaboradores de los nazis.

Entre ellos estaba Ibrahim Gacaoglu, un imán que había luchado con la Legión Oriental hitleriana en el Cáucaso. Von Mende le instaló en la Alemania de la posguerra para controlar las remesas a sus contactos en el interior de la URSS. Al mismo tiempo Gacaoglu hablaba en los micrófonos de Radio Free Europe denunciando que en la URSS los ateos cerraban las mezquitas. En 1957 dio una rueda de prensa con Garip Sultán, otro viejo oficial del ejército nazi en el Cáucaso, para denunciar la deportación en masa del pueblo checheno. Sultan era hijo de un capitalista tártaro-bashkir expropiado durante la colectivización de 1929. Cuando falleció hace tres años, los obituarios de la prensa alemana se olvidaron de los aspectos desagradables de su biografía. Sólo recordaron su lucha en favor de la libertad de expresión en la URSS, cuando hablaba en las emisoras de la CIA bajo el seudónimo de Fanis Ishimbay.

En julio de 1953 una delegación de la Hermandad Musulmana de Egipto, entre ellos Said Ramadán, hijo de Hassan al-Banna, el fundador de la Hermandad, se reunió en la Casa Blanca con Eisenhower. En aquella recepción Eisenhower pronunció unas palabras para explicar el significado del acto: en sus relaciones con los dirigentes árabes “nuestra fe en Dios debe darnos un objetivo común: la lucha contra el comunismo y el ateísmo”.

Pero la revolución de los oficiales libres encabezada por Nasser puso en aprietos a los islamistas egipcios. En 1959 Ramadán se tuvo que refugiar en Ginebra (Suiza), donde murió en 1995. Su agente de enlace en la CIA era Bob Dreher, que tenía su base en Munich. En Egipto los islamistas se convirtieron en uno de los puntales más importantes para derrocar al gobierno de Nasser, estrechamente aliado a la URSS.

Una nota confidencial del BUPO (servicio secreto suizo) fechada el 17 de agosto de 1966 evoca abiertamente los vínculos de Ramadán con el imperialismo: “Definitivamente, mantiene excelentes relaciones con los ingleses y los americanos”. Un año después otro documento (5 de julio de 1967) presenta al islamista como “un agente de información de los ingleses y de los americanos. Además, creo que ha prestado grandes servicios en términos de información – BUPO”.

Gracias a sus influencias, el director de la fiscalía federal suiza no sólo infringió una orden de deportación de 31 de enero de 1967, sino que seis meses después le concedió permiso de residencia: existía la posibilidad “de que los amigos de Said Ramadán tomen el poder en los próximos meses en uno u otro Estado que ahora se conoce como progresista o socialista”.

Al exiliado egipcio nunca le faltaron medios: viajaba por Europa en un impresionante Cadillac americano pagado por la familia real saudí. Con el dinero de la CIA y de los saudíes creó en Ginebra el Centro islámico, la primera institución de este tipo en Europa. También fue uno de los fundadores de la Liga del Mundo Islámico. Eran las primeras redes islamistas europeas, que en aquella época se dirigían contra el bloque socialista a través de tentáculos de la CIA como Amcomlib (American Committee for the Liberation of the Peoples of Russia) y American Committee for Liberation from Bolshevism con los que Ramadán estaba en contacto permanente.

En los años cincuenta el dirigente de Amcomlib era Isaac Patch, que en 2005 fue entrevistado por el Wall Street Journal, manifestando que el empleo de islamistas en la lucha contra el comunismo estaba fuera de cualquier clase de dudas porque “son grandes creyentes y grandes anticomunistas”.

Sin embargo, Von Mende no estaba satisfecho ni con la CIA ni con la organización de las redes islamistas en Europa: “Alemania es una puerta que nadie controla porque no tiene portero. Todo el mundo viene y hace lo que le da la gana”. Se propuso buscar un portero y lo encontró en Nurredin Nakibhodscha Namangani, un imán originario de Uzbekistán que fue detenido en 1941 por la policía soviética y poco después liberado por el ejército nazi, al que se incorporó activamente. Se convirtió en imán de una división de las SS y fue condecorado con la Cruz de Hierro.

Namangani llegó a Munich en 1956 con los gastos pagados por el espionaje germano occidental. Creó una comisión para edificar varias mezquitas, ya que en aquella época no había más que dos en toda Alemania. La construcción de una nueva en Munich puso en contacto a las dos redes anticomunistas, la de Namangani y la de Ramadán, que en 1959 organizaron el primer Congreso Islámico Europeo, financiado por el espionaje estadounidense y alemán a través de distintos intermediarios, como Amcomlib.

La mezquita de Munich no estaba destinada sólo para el culto de los musulmanes alemanes sino que debía convertirse en el mando a distancia contra el movimiento comunista internacional. Después de controlar la religión, los imperialistas estaban decididos a dictar el credo, los salmos y las letanías, es decir, a convertirla en el centro de la guerra santa contra el bloque socialista.

La guerra de Vietnam congeló aquel proyecto, hasta que en 1979 Afganistán y la llegada del régimen de los ayatolas a Irán puso de nuevo a los islamistas en la primera línea. Para entonces en Munich había tomado el relevo uno de los sicarios de Ramadán, un sirio nacionalizado italiano, Alí Ghaleb Himmat, que había llegado a la mezquita como estudiante, amasando una gigantesca fortuna personal de origen saudí cuyo centro era el Banco Al-Taqwa.

Tras los atentados del 11 de septembre de 2001 Bush acusó al Banco Al-Taqwa de financiar a Al-Qaeda. Además de Himmat, el socio mayoritario del Banco era el italo-egipcio Yussef Nada, también dirigente de la Hermandad Musulmana, encarcelado por Nasser en 1954 y al que la propaganda imperialista presentó como “uno de los cinco lugartenientes de Bin Laden”.

El Banco tenía una sede en Nassau (Bahamas), otra en Lugano (Suiza) y otra en Liechtenstein. A causa de ello la fiscalía suiza abrió una “investigación” que duró más de tres años y no condujo a ninguna parte porque, después de la intensa campaña de propaganda, Estados Unidos no aportó ninguna prueba contra el chiringuito financiero de Himmat y Nada. Las pruebas podían volverse contra ellos mismos. En cualquier caso siempre es mejor guardar la mierda debajo del felpudo.

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