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Primero de Mayo 2020: Ahora más que nunca, luchemos por unas verdaderas libertades políticas y sindicales

Encaramos este Primero de Mayo en medio de la pandemia de la Covid-19 y bajo el decreto de estado de alarma impuesto por el Gobierno PSOE-Unidas Podemos. A la carencia de derechos y libertades democráticas en el Estado español, se le ha sumado la pérdida de la libertad de movimiento y una fuerte militarización del espacio público, aprovechando como pretexto la crisis sanitaria. El incremento del control social, la brutalidad policial y la ofensiva mediática para legitimar las medidas anticipan un escenario fuertemente represivo en previsión de futuras luchas y protestas.La emergencia por la expansión del virus ha estado especialmente grave en el Estado español, debido fundamentalmente a los sucesivos recortes en sanidad durante los últimos años por parte de las administraciones burguesas (estatales y autonómicas) y por no haber dispuesto de los recursos de la sanidad privada, a pesar de que el Gobierno «progresista» mediante el decreto de estado de alarma tenía esta posibilidad.

Las condiciones de vida de la clase obrera han empeorado muchísimo. Los ritmos de trabajo y la explotación van en aumento. Los ERTE’s, los ERE’s y la carencia de protección y medidas de higiene por quien todavía conservan el trabajo son parte del día a día.

A raíz de la pandemia se están implementando fuertes cambios en la esfera económica, marcados por la destrucción de buena parte de sectores productivos y la sustitución por otros en una nueva fase de acumulación de capital y de reestructuración financiera. Todo ello comportará generalizar la miseria y multiplicar la explotación sobre la clase obrera.

El Régimen del 39 tratará de coger oxígeno con una reedición de los Pactos de la Moncloa, pidiendo la colaboración de los diferentes partidos y garantizando así su mantenimiento, es decir, el mantenimiento de la propiedad privada, la unidad indivisible del Estado de los monopolios y la continuidad del monarco-fascismo.

Es urgente organizar la respuesta a la dura realidad que sufrimos. Luchar por nuestros derechos y libertades y recuperar las calles, pues la crisis sanitaria no tendría que comportar la pérdida de la movilización ni la virtualización del derecho a protesta.

¡La organización al margen del Régimen es el único camino!
¡Viva la lucha de la clase obrera!
¡Amnistía Total!

Moviment Pro Amnistía, 30 de abril

Lenin: la transformación de la guerra imperialista en guerra civil

El derrotismo es un concepto que habitualmente se emplea en un sentido negativo, como pesimismo. El derrotista se rinde antes de empezar la batalla.Sin embargo, durante la guerra ruso japonesa de 1905, la Segunda Internacional defendió la derrota del zarismo, que en el caso de los marxistas rusos suponía la derrota de su propio país, e incluso más: la derrota de todo un continente, la vieja y reaccionaria Europa, frente al Asia emergente, escribió Lenin.

El movimiento obrero internacional defendió esta postura a pesar de que se trataba de una guerra de naturaleza imperialista, una situación que se reprodujo en 1912, ya antes de estallar la Primera Guerra Mundial.

A partir de entonces el derrotismo adquirió un nuevo significado: positivo, internacionalista y revolucionario, aunque la Segunda Internacional se deshizo de él, pasando a ser asumido exclusivamente por los leninistas. Ante la guerra imperialista los revolucionarios asumen, pues, una postura que no tiene nada que ver con la de ninguna otra organización política.

Según la conocida caracterización de Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Por lo tanto, no todas las guerras son iguales. Hay que analizar la naturaleza de cada una de ellas en concreto, decía Lenin: “Hay que situar esta guerra [la Primera Guerra Mundial] en las condiciones históricas en que transcurre. Sólo entonces se puede determinar la actitud ante ella”.

“La actitud ante la guerra debe ser distinta en momentos diferentes”, añade Lenin, porque su carácter cambia con el tiempo. Mientras las guerras del siglo XIX fueron revolucionarias, las del siglo siguiente fueron reaccionarias, como consecuencia de la entrada en la fase imperialista del capitalismo, una época caracterizada por las guerras precisamente, el rearme y el belicismo. Las guerras actuales son inherentes al imperialismo, lo mismo que las revoluciones. “La guerra significa la revolución”, escribió Lenin, lo que a veces se expresa diciendo que “o la revolución impide la guerra, o la guerra desencadena la revolución”.

“El marxismo no es pacifismo”, escribió también. Los marxistas no están “contra la guerra” ni son neutrales dentro de ella, ni se lavan las manos con la excusa de las contradicciones entre unos imperialistas y otros, que se plantean como si se tratara de algo que les resulta ajeno. No se escudan en frases vacías, como la de que no hay imperialismo bueno, o que le resultan indiferentes tanto la victoria como la derrota o expresan el deseo que no haya vencedores ni vencidos. Sólo hay una línea realmente marxista: “En una guerra reaccionaria, una clase revolucionaria no puede dejar de desear la derrota de su gobierno”, afirmó Lenin.

El derrotismo es lo más opuesto posible a la que el chovinismo y patrioterismo burgués quiere arrastrar porque se dirige contra su propio país, por lo que en todas partes los revolucionarios son acusados de traidores, de vendidos al “enemigo” o a unas u otras potencias, frente a las cuales sólo cabe la neutralidad. La burguesía aprovecha la ocasión para acusar a los internacionalistas de “falta de amor a la patria”, una especie de vacío nacional o de raíces, e incluso de desarraigo. Una vez más fue Lenin quien lo tuvo que aclarar: a los bolcheviques “nos invade el sentimiento de orgullo nacional”, escribió en 1914, aunque la Rusia que amaba Lenin no era la zarista precisamente, sino la otra, la que luchaba contra el zarismo.

La postura leninista frente a la guerra también se opone a los reformistas, que se convierten en un apéndice de la propia burguesía, es decir, en socialimperialistas y, por lo tanto, acaban con el internacionalismo, que es el signo distintivo del movimiento obrero

El enemigo de la clase obrera no es otro país, ni mucho menos el proletariado de otro país, sino la burguesía propia, que es la que conduce al país a la guerra y los revolucionarios tratan de derrotar a esa burguesía, de donde deriva la consigna de “transformar la guerra imperialista en guerrra civil”, a la que Lenin califica como “la única consigna proletaria justa”.

“Lo que ve y siente todo obrero consciente es que, si debemos perder la vida, que sea luchando por nuestra propia causa, por la causa de los obreros, por la revolución socialista y no por los intereses de los capitalistas, de los terratenientes y los zares”, escribió.

La neutralidad de los reformistas conduce siempre a la peor de las políticas posibles, la pasividad, que convierte la “lucha” contra la guerra imperialista en frases vacías, tales como “guerra a la guerra”. En medio de una guerra, por reaccionaria que sea, el movimiento obrero internacional, además de tomar partido abiertamente, debe llevar a cabo una actividad práctica, revolucionaria: “Las acciones revolucionarias contra el gobierno propio en tiempos de guerra significan indudable e indiscutiblemente no sólo el deseo de su derrota, sino tambien aportar un concurso activo a esa derrota”.

Incluso dirigentes reconocidas del movimiento obrero, como Rosa Luxemburgo, criticaron el derrotismo de Lenin y sostuvieron que tanto la victoria como la derrota de unos u otros eran malas alternativas, una postura que, por un costado o por el otro, se vuelve a plantear dentro del movimiento obrero internacional, una y otra vez.

Luxemburgo no entendió nunca la postura de Lenin, y la propia prensa del Partido bolchevique llegó a censurar algunos de sus artículos. El derrotismo, escribió Lenin, no se podía plantear sólo desde un punto de vista nacional sino también internacional. Tanto la victoria como la derrota de una determinada potencia en una guerra tiene consecuencias, tanto internas como internacionales.

Por lo demás, el derrotismo que los bolcheviques preconizaban no sólo se refería a Rusia como país, ni tampoco como potencia imperialista. Se refería a la derrota de un régimen político, el zarismo, el enemigo principal de la clase obrera:

“En cada país, la lucha contra el gobierno propio que sostiene la guerra imperialista no debe detenerse ante la posibilidad de la derrota de dicho país como resultado de la agitación revolucionaria. La derrota del ejercito gubernamental debilita a ese gobierno, contribuye a la liberación de las nacionalidades que oprime y facilita la guerra civil contra las clases dirigentes.

“Esta tesis es acertada especialmente si se aplica a Rusia. La victoria de Rusia traería consigo el fortalecimiento de la reacción mundial, la intensificación de la reacción dentro del país…”

Tanto los zaristas como los trotskistas criticaron el derrotismo leninista porque -según decían- deseaba la victoria de Alemania. ¿Acaso los bolcheviques preferían la victoria de los alemanes en lugar de los rusos? Ni entonces ni ahora se entendió que, movido por su partidismo, para Lenin la derrota de Rusia en la guerra era un “mal menor”, una expresión que repite una y otra vez machaconamente: “La derrota de Rusia ha resultado ser el mal menor, ya que hizo avanzar enormemente la crisis revolucionaria”.

Un análisis concreto, como el que lleva a cabo Lenin de la Primera Guerra Mundial, pone de manifiesto que los burgueses, los Estados, los imperialistas o los regímenes políticos de unos u otros países no son equiparables. Hace un siglo para el proletariado internacional era especialmente deseable la derrota del zarismo porque se trataba del gobierno “más reaccionario y bárbaro que oprime al mayor número de naciones y a la mayor masa de población de Europa y Asia”.

Por lo demás, los oportunistas siempre presentan la cuestión a la inversa. La guerra imperialista no sólo concierne al proletariado, sino también a la burguesía. En una etapa de crisis revolucionaria, escribió Lenin, la única manera que tenía el zarismo de mantenerse en el poder era participar en una guerra exterior de la que -naturalmente- confiaban salir victoriosos.

La experiencia histórica confirmó la exactitud de las previsiones de Lenin. La guerra imperialista no sólo inició la crisis revolucionaria en Rusia sino en toda Europa. No benefició a unos imperialistas (los alemanes) en perjuicio de otros (los rusos), sino que debilitó a ambos. Tras las guerras imperialistas en Rusia estallaron tres revoluciones en 1905, en febrero de 1917 y en octubre del mismo año, y lo mismo ocurrió en Alemania, donde también se abrió camino a la revolución.

La manipulación electoral sigue: Cambridge Analytica no cierra, cambia de piel

La consultora británica Cambridge Analytica, la que protagonizó el escándalo por el uso de datos de millones de usuarios de Facebook, anunció el cese inmediato de todas las operaciones e inició su proceso de quiebra. Pero simplemente cambia de piel y seguirá sus manipulaciones con otros nombres, amenazando la pureza de las elecciones en varios países, entre ellos Argentina, Colombia y México. La empresa británica culpó de su quiebra a las denuncias de manipulación política que inundaron los medios internacionales en los últimos días, pero lo cierto (y que no dice) es que sus principales activos ya trabajan en una empresa con fines similares llamada Emerdata.

No es de extrañar que muchos medios del primer mundo se han hecho eco de la maniobra, aun cuando el británico Financial Times cita a exempleados que afirman que la empresa podría reinventarse con un nombre diferente, teniendo en cuenta que “Cambridge Analytica como marca es absolutamente tóxica […] aunque, seguramente, SCL Group surgirá reencarnada o quizá disfrazada”.

La entidad registradora pública de empresas y organizaciones del Reino Unido, Companies House, develó que existe una empresa llamada Emerdata Limited, “con sede en las mismas oficinas que SCL Elections y dirigida por la misma administración e inversores que Cambridge Analytica”. Incluso se describe a sí misma como una organización de “procesamiento de datos, alojamiento y actividades relacionadas”, una actividad similar a la que decía realizar Cambridge Analytica.

A rey muerto, rey puesto

El 21 de marzo Business Insider destapó la existencia de Emerdata Limited, en cuyo consejo de administración aparecen una serie de nombres directamente vinculados con Cambridge Analytica y SCL Group. Alexander Taylor fue nombrado director de Emerdata el 28 de marzo en sustitución del dimitido Alexander Nix. Otro directivo de SCL Group, Julian Wheatland, aparece en los registros como directivo de Emerdata.

Nix, quien reconoció que trabajó en elecciones en países de todos los continentes, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Argentina, Nigeria, Kenia y República Checa, dejó la empresa justo tras estallar el escándalo de los datos de Facebook (o lo hizo estallar) y a raíz de un vídeo grabado por la televisión británica con cámara oculta donde hizo toda clase de comentarios inapropiados como ofrecer grandes cantidades de dinero a un candidato y amenazarle con publicarlo, para intentar extorsionarlo.

Jennifer y Rebekah Mercer, hijas del millonario Robert Mercer —fundador y financiador de Cambridge Analytica, y financista de la campaña presidencial de Donald Trump— quienes detentaban cargos de responsabilidad en Cambridge Analytica, también aparecen como directivos de Emerdata desde el 16 de marzo, en pleno estallido público del escándalo.

Es más, según Business Insider, entre los responsables de Emerdata también aparece Johnson Chun Shun Ko, un ejecutivo chino de Frontier Services Group, la empresa militar presidida por el prominente partidario de Trump Erik Prince, fundador de la contratista militar estadounidense Blackwater US, y hermano de la secretaria de educación de Estados Unidos, Betsy DeVos.

Emerdata se constituyó en agosto de 2017, pero ha registrado bastante actividad desde que el escándalo del uso ilegítimo de los datos de Facebook llegó a los titulares en marzo de este año, incluidos los ya mencionados nombramientos de directivos provenientes, precisamente, de Cambridge Analytica.

Una provocada autoquiebra

Cambridge Analytica anunció también que en breve anunciará una bancarrota para su central en Londres y sus filiales en Estados Unidos. Todo esto parece una puesta en escena para hacer creer que muerta la empresa se terminó el mal. Pero es obvio que seguirán, con otro nombre, las mismas manipulaciones.

En marzo pasado, Christopher Wylie, uno de sus fundadores, denunció que esa consultora había utilizado de manera ilegal la información de 50 millones de usuarios en Facebook.

Cuando el escándalo tomó dimensión mundial, Facebook reconoció que la consultora británica había accedido (¿o comprado?) a la información personal de al menos 87 millones de usuarios y la había utilizado para crear perfiles de votantes.

Wylie desnudó ante la Cámara de los Comunes británica la mecánica interna de la consultora, y denunció puntualmente la manipulación que realizó la empresa durante la campaña por la salida de Reino Unido de la Unión Europea a favor del Brexit, que incidieron en el resultado del referéndum de la UE.

Aggregate IQ (AIQ), una empresa canadiense, trabajó con Cambridge Analytica durante la campaña a favor del Brexit y desarrolló un software denominado Ripon que utilizaba algoritmos de datos de Facebook para apuntar a ciertos perfiles ideológicos más abiertos al discurso anti UE, explicó Wylie. AIQ desempeñó un “papel muy significativo” en la victoria del Brexit en el Reino Unido, dijo.

Esta denuncia desató todo tipo de versiones y rumores en Estados Unidos, en donde Cambridge Analytica trabajó en la campaña presidencial de Donald Trump. El vínculo entre la consultora y el presidente republicano no es sólo laboral. Uno de los dueños de la empresa es el multimillonario estadounidense Robert Mercer, uno de los impulsores de la llamada derecha alternativa norteamericana, el movimiento de extrema derecha que apoyó desde el inicio al magnate inmobiliario.

Pero Cambridge Analytica no fue la única que recibió golpes por este escándalo. Facebook tuvo una caída abrupta en la bolsa estadounidense y una disminución igual de fuerte en su número de usuarios.

Facebook, una de las señaladas por las autoridades fiscales americana y europeas por disfrutar de las ventajas impositivas que confieren las regulaciones mercantiles y tributarias a los domicilios sociales y fiscales y el principal agente empresarial involucrado en los cambios de tendencia en las urnas británicas y estadounidenses en 2016, gestiona más de 300 millones de gigabytes en información personal de sus usuarios.

Estos datos equivalen a que cada uno de ellos tuviera archivados 126 e-books en sus cuentas, y un arsenal de perfiles que le permite disponer de una de las plataformas on line más importante del mundo, indispensable para beneficiarse de modelos de negocio que amplían consumidores y diversifican mercados al calor del incremento productivo de los robots y la automatización industrial.

Todo esto acontece apenas dos decenios después de que Sergey Brin y Larry Page registraran el dominio google.com y once de que Steve Jobs presentara en sociedad, en San Francisco, el primer iPhone. Mientras, Facebook sigue creando perfiles de usuarios y los algoritmos que usara Cambridge Analytica siguen a disposición de quien los quiera (o pueda) pagar.

Ricardo Carnevali, https://www.questiondigital.com/cambridge-analytica-no-cierra-cambia-de-piel-la-manipulacion-sigue/

Más información:

– Las elecciones se manipulan porque en las redes sociales las personas se dejan manipular
– La censura de Google a los medios de información progresistas alcanza cotas desproporcionadas

Igualdad: ‘Díme de qué presumes y te diré de qué careces’

Pocos principios como la igualdad han tenido un mayor apoyo en toda clase de papeles, como las declaraciones internacionales de derechos humanos, constituciones, leyes, reglamentos…

Es una palabra que está en boca de todos. A veces lo llaman “igualdad de oportunidades”. La sociedad debería ser igualitaria o, por lo menos, mucho más igualitaria que ahora.

Desde su primer artículo la Constitución establece la igualdad como “un valor superior del ordenamiento jurídico”. El artículo 9.2 obliga a todas las instituciones públicas a promoverla para que sea “real y efectiva”. El artículo 14 dice que todos somos iguales “ante la ley” o, dicho de otra manera, “la ley es igual para todos”.

Sin embargo, el año pasado el Tribunal Supremo criminalizó los retuits, de tal manera que alguien introduce un determinado contenido en la red social que nadie considera como un delito, pero otro lo reproduce y le condenan a una pena de prisión. Exactamente el mismo contenido, el mismo vídeo, es delito para uno pero no para otro.

Así es la igualdad: las mismas palabras no siempre son delito; depende de quién las pronuncie.

Antes la igualdad se refería a los ricos y pobres, pero ahora el “género” lo ha fagocitado todo. En 2007 el gobierno de Zapatero aprobó una ley “para la igualdad efectiva de mujeres y hombres”. No se conforma con cualquier clase de igualdad, sino quiere que sea “efectiva”, es decir, que la igualdad es (debe ser) una política.

Aquí no puede faltar de nada. No ahorramos en leyes y más leyes. Hace unos días 26 colectivos del movimiento LGTBI y sindicatos han exigido al Congreso la aprobación de otra ley más de igualdad, esta vez para el colectivo LGTBI.

La igualdad es uniformidad; contradice la diversidad. Queremos que el mundo sea como nosotros porque eso es lo mejor (para nosotros y, por lo tanto, para todos). Nosotros somos los mejores, pero queremos que ellos (los “desfavorecidos”) también mejoren. En fin, nos gustaría que los demás fuesen un espejo de nosotros mismos.

La igualdad se convierte entonces en uniformidad, aunque suele surgir una duda: si se debe uniformar por arriba o por abajo. Normalmente no son los amos los que quieren igualarse a los esclavos, sino al revés.

Por ejemplo, cuando se trata de igualdad de género, el feminismo burgués pretende que las mujeres ocupen cargos de responsabilidad en condiciones paritarias con los hombres, es decir, mandar, estar arriba. En una palabra, ejercer la misma clase de dominación que ahora ejercen los hombres.

Ocurre algo parecido con el Tercer Mundo. No sólo las personas: todos los países son (deben ser) iguales. Los habitantes del Tercer Mundo deben tener lo mismo que nosotros tenemos. Las mismas cosas y los mismos derechos.

Hay muchas personas y muchas ONG en el mundo que viven gracias a que las normas sobre igualdad son papel mojado, lo mismo que hay infinidad de asociaciones religiosas a pesar de que dios no existe. Ambas funcionan de la misma manera: siembran la ilusión de que, a pesar de los pesares, todos somos hijos de dios y, por lo tanto, hermanos. Luego la igualdad es posible y, además, necesaria.

Las ONG están dopadas con subvenciones para fomentar el fetiche de la igualdad. Algunas lo llevan incluso en su nombre: Igualdad Animal, Acción para el Desarrollo y la Igualdad, Accion Social por la Igualdad, Confederación Nacional de Mujeres en Igualdad, Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (Ahije), Asociación por la integración e igualdad del minsuvalido (Aspimip)…

En 2014 se unieron 50 de ellas para denunciar a la ONU el desmantelamiento de las políticas de igualdad en España. El escrito se refería, sobre todo al dinero, que no debe faltar nunca y que, como es natural, no va destinado a los desfavorecidos sino a los profesionales que se dedican a la igualdad en cuerpo y alma.

Entre las ONG lo más significativo no son las que ya hay, sino las que faltan. Por ejemplo, no conozco ninguna ONG que promocione que los patronos sean iguales a los obreros, o al revés, que los obreros sean iguales a los patronos.

Tampoco se han creado una ONG para que los emigrantes sean iguales a los españoles, o al revés: para que los españoles sean como los emigrantes.

Con la igualdad ocurre lo mismo que con la corrupción: no hay quien se oponga a ella. No hay ningún partido que defienda la desigualdad como no hay ningún partido que defienda la corrupción.

La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que con tantos esfuerzos, tanta dedicación política y social y tanto dinero, siga sin haber igualdad y ninguna perspectiva de reducirla?

Las políticas, las normas y las ONG que promueven la igualdad no se han redactado para que la haya, ni siquiera para que haya más igualdad, sino que son un fetiche, un cartel para poner en un escaparate a la vista de todos y llenar de esa manera la boca de los charlatanes, los abogados, los programas de los partidos políticos, las tertulias, los cursos académicos, las facultades de derecho…

De la igualdad y las leyes sobre la igualdad se podría decir aquello de “Díme de qué presumes y te diré de qué careces”. A medida que el mundo predica más la igualdad es más desigual.

El fiscal lava la cara a la iglesia en el mayor caso de pedofilia de España

El juicio por el Caso Romanones que había empezado en Granada estaba considerado como el mayor contra la pederastia eclesial en España, un crimen que hasta ahora habia sido considerado como tabú… y seguimos igual porque la fiscalía de Granada ha retirado la acusación.

Es lo msimo que dijo Felipe González cuando su gobierno y el PSOE aparecieron involucrados en las matanzas de los GAL: “No hay pruebas ni las habrá”. Tampoco contra la iglesia católica habrá nunca pruebas, sobre todo si la fiscalía sigue mirando para otro lado.

Es lo que hace la fiscalía cuando quiere encubrir un delito, como en el Caso Noos, o ahora. La monarquía y la iglesia son los pilares intocables de este Estado, que algunos califican “de desecho”. El quiera un poco de justicia, de la de verdad, deberá pensar en otra cosa que lo que hay: no en cambiar de gobierno sino en cambiar de Estado.

El Caso Romanones empezó en octubre de 2014, cuando un joven llamado Daniel, que ahora tiene 25 años, puso en conocimiento de la fiscalía las violaciones de que fue objeto cuando contaba con 14 años de edad.

Al principio del caso lo que apareció fue una banda de delincuentes integrada por 12 imputados, diez curas y dos laicos pero, además del “no hay pruebas”, hay otro truco muy socorrido para estos casos: los delitos atribuidos a once de ellos habían prescrito. Sólo quedó como único imputado el jefe de la banda, el cura Román, a quien la acusación particular le atribuye tres delitos de violación.

La Asociación Pro Derechos del Niño y la Niña (Prodeni) también se había personado en el juicio como acción popular, acusando al jefe de la banda, el cura Román, de un delito de agresión sexual continuada, con intimidación y violencia.

La monarquía, el ejército, la iglesia, la banca… Los verdaderos poderes del Estado son intocables.

¿Humanitarismo? No, gracias

Nos están tomando por lo que quisieran que fuésemos, por aquello para lo que se gastan nuestro expoliado dinero a fin de que seamos lo que quieren que seamos, o sea: imbéciles o miembros de las fuerzas armadas que custodian la Constitución española que nos borbonea, o juez o fiscal del neoTOP, o volteriano de salón, o periodista “independiente” de los que cobran por proteger la única religión verdadera, esto es, la del Alto Estado Mayor de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, de esa organización humanitaria llamada OTAN, o trabajadores de los que piensan lo que piensa el MARCA, pues faltaría más, que ellos no son ni de derechas ni de izquierdas, como dijeran hace mucho tiempo Mussolini y José Antonio (Primo de Rivera).

Pues no, señoras y señores, aún quedan algunos que nos negamos a ser como el imperialismo quiere que seamos, procura que seamos, invierte para que seamos. Aún quedan algunos que estamos contra la tele y la radio y la prensa y todos los “medios de comunicación” al servicio del imperialismo y amamos a Marx, Engels, Lenin y el vino rojo peleón que no es estupefaciente sino metáfora popular de la razón pura, es decir, de la razón común, o sea, de la razón comunista, por la sencilla razón de que razón, lo que se dice razón, no hay ni puede haber ninguna otra. Sí, sí, aún quedan algunos a los que el nombre “España” no nos provocan suspiros sino arcadas, y nombres como OTAN nos hacen vomitar directamente. Aún quedan algunos que gritamos ¡mecagüen Bill Clinton y Aznar y Felipe González y Solana y la señora Allbright (¿para esto queríamos la liberación de la mujer?).

Aún queda quien se alegra de que un día entrasen en Praga los tanques soviéticos para aplastar a los enemigos de la heroica construcción del socialismo y el comunismo en Europa, a los mismos que hoy forman parte de la muy humanitaria banda terrorista OTAN y masacran al pueblo serbio para arrebatarles su territorio y sus riquezas.

¡Llore usted, señora, llore usted, señor, por los albaneses “refugiados”, porque así se lo ordenan las autoridades, pero no llore si en los alrededores de Belgrado caen bombas humanitarias sobre los campos de refugiados serbios en su día expulsados de sus tierras en Croacia por los nazis otánicos-croatas! Usted a lo suyo: al bakalao, a la coca y sobre todo al éxtasis de pertenecer al primer mundo. ¿Qué más quiere? Enchufe la tele y muéstrese agradecido.

El autor de este artículo fue (murió en 2007, septiembre) Pablo Sorozábal Serrano, hijo del célebre compositor de zarzuelas populares Pablo Sorozábal (donostiarra y republicano). Se publicó en el periódico alternativo EL OTRO PAÍS en mayo-junio de 1999. Un servidor, B., tuvo el privilegio de conocerle y de llorarle.

¿Son los españoles ‘ratas de laboratorio’?

Attac es un buen ejemplo de la manera en que el imperialismo crea sus propios anticuerpos, se recicla a sí mismo… antes de que otros, los de verdad, le den la patada definitiva.

La presidenta de honor de Attac (Acción para la Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos) es Susan George, que también es presidenta del Instituto Transnacional, otro de los satélites que orbitan alrededor del imperialismo y de especuladores como George Soros.

Entre los que financian Attac también está el periódico “Le Monde Diplomatique” que, a su vez, forma parte del conocido monopolio intoxicador Prisa-El País (15 por ciento), así como de Lagardere (17 por ciento).

En 2003 el propio gobierno francés puso dinero para financiar Attac, a pesar de que es de esos que alardean de ser “no gubernamentales”.

Cuando en los noventa lograron ponerlos de moda, Attac estuvo entre los impulsores de aquellos Foros Mundiales que lograron distraer la atención de la pequeña burguesía radicalizada hacia la globalización, la troika, el neoliberalismo, la tasa Tobin y demás señuelos propios del utopismo de los que ya nadie se acuerda.

Junto a Attac, entre quienes ponían el dinero para aquellas farsas mundiales estaba la Fundación Ford, a su vez ligada a la CIA y antes al III Reich.

La tasa Tobin es un buen ejemplo de las batallas en las que le gusta embarcarse a la pequeña burguesía. No se trataba de erradicar la especulación financiera mundial, sino de que los especuladores, como el propio Soros, pagaran un impuesto por los movimientos internacionales de capital, es decir, legalizar y consolidar la rapiña.

El propio Soros ha defendido la imposición de una tasa a las transacciones financieras internacionales internacionales, lo mismo que otros conocidos tiburones del imperialismo, como Jacques Delors, Butros Ghali o Alan Greenspan.

Susan George, cabecilla de Attac

Susan George, cabecilla de Attac

Para comprender la naturaleza de tinglados como Attac basta recordar lo que dijeron sobre acontecimientos, como la Primavera Árabe, a la que calificaron como una “revolución” para ocultar que detrás estaba la largo mano de los imperialistas.

Al propio Grupo Islámico Combatiente de Libia (LIFG) que participó en el derrocamiento de Gadafi lo calificaron como una “fuerza revolucionaria”. Ellos dicen que en 2011 Libia vivió una “transición hacia democracia” y que Libia está mejor sin Gadafi.

Cuando se reunió en Túnez poco después de la “Revolución de los Jazmines”, el Foro Social no tuvo ni una palabra crítica hacia los criminales bombardeos de la OTAN sobre la población libia. “El que calla otorga”.

Este tipo de canallas se creen a sí mismos por encima de la media, del vulgo aborregado. Son esos que desprecian e insultan a las personas porque no hacen lo que ellos dicen, cuando dicen que hay que hacerlo. Son los que profieren expresiones contra los trabajadores porque -según ellos- votan a “la derecha” cuando en realidad su verdadero voto debería ser a la “izquierda”.

Susan George es de ese tipo de gentuza. En 2012 se permitió lujo de decir que “los griegos y los españoles son ratas de laboratorio: a ver cuánto castigo toleran sin rebelarse”. No se da cuenta de que cuando las ratas se rebelen echarán a la basura a la gente de su calaña.

Homeopatía

Que así son nuestras píldoras o grageas: homeopáticas, suministradas en pequeñas dosis, y no en «plongeon» despachando el asunto mediante un mero y rutinario reconocimiento alopático, que es lo que te hacen en el ambulatorio más cercano.

Declara en una emisora el recién secretario de «Podemos» y nuevo lugarteniente de Pablo Iglesias, Pablo Echenique (el anterior, Sergio Pascual, defenestrado por el dedo bíblico de Iglesias, y hombre de Errejón, era peor) que «el comunismo es algo muy viejo, que se demostró que no funcionó». ¿Cómo lo sabe? ¿Lo probó, lo experimentó, lo cató? Quien escribe estas «píldoras» pasó por la dictadura de Franco, por el timo de la llamada «Transición» que se supone que trajo la «democracia», por las «autonomías», pero nunca por el comunismo, ni siquiera por su antesala, el socialismo (por el «psoecialismo», sí), ignora a qué sabe eso, aunque aspira a una sociedad comunista que sabe que no va a ver, pero trata de dejar un mundo mejor para los que vengan detrás, lo que demuestra la generosidad y longanimidad de los comunistas, los de verdad, no los de pacotilla o de tres centavos o de cuatro de la tarde a cinco menos diez.

No es ya que «Podemos» se vaya desprendiendo de su bagaje ideológico a marchas forzadas: es que nunca lo tuvo, y hasta presumen de ello con su «ninismo», ni de derechas ni de izquierdas, algo, por cierto, que tenía a gala el fundador de la Falange española, José Antonio Primo de Rivera («no somos defensores ni del capitalismo ni del socialismo», decía remedando a su ídolo Mussolini). Tampoco hablan ya de «casta» tal vez por pudor ya que ellos mismos se han convertido en «neocasta». Ellos proponen el «transversalismo» y como ejemplo exitoso a la alcaldesa de Madrid, la exjueza Manuela Carmena, de cuya trayectoria y andanzas algo se dijo en este blog. Esto es viejo aunque pasa por ser el último aullido (hawl) de la sociología que obedece al sistema con vocabulario seudorrevolucionario. En los tiempos y prolegómenos de la Revolución de Octubre en Rusia se llamaba «menchevismo» cuya versión, en los años sesenta del siglo pasado, era el -lo hemos señalado varias veces aquí- «Catch all-Party» o Partido «atrapalotodo», esto es, un partido puramente electoralista y sin ideología determinada que pretende buscar y pescar votos en todos los caladeros posibles renunciando a lo que sea, como esta última de Echenique, por un puñado de dólares, perdón, de votos, ha sido un lapsus freudiano mío. Y, por supuesto, como hacía el partido menchevique, en contra del bolchevique de Lenin, admitiendo en sus filas todo lo que se menea, como el militar, o exmilitar, de la Jemad contestado ahora en Almería (en Zaragoza no salió elegido) o el último oportunista que se sube al carro para medrar como el presunto cómico de Santander, Felinoséqué. Hay muchos más casos.

Vamos acabando, que si no esto no va a parecer una «píldora». También afirma el trosko Echenique -me da que cojea por ahí- que «Maduro hace lo mismo que hace Rajoy: hablar de otro país para no hablar del suyo». Hay que ser mal bicho y tener mala baba para decir esto y hacer estas comparaciones en una Venezuela que el Gobierno español ha hecho de ella poco menos que «asunto de Estado» y, lógicamente, Maduro reacciona y no se deja pisar por el ex-Imperio. En tiempos de la «guerra fría» esto se llamaba «injerencia en los asuntos internos de un país».

En fin, para la caverna representan la «extrema izquierda» (¡virgensanta!, ¿dónde estaré yo entonces? Que Santa Lucía les conserve la vista, salvo que haya un conejo en la chistera, un truco), lo que les viene bien a estos encantadores de serpientes, cada uno en su papel y a chupar del bote.

Había unos personajes de tebeo creados en la factoría Disney que se llamaban los «golfos apandadores». «Apandar», que no creo que venga en el diccionario, significa algo así como «atrapar», «pillar», o sea, chorimangar, en jerga orillera. Estos truhanes, los apandadores, que iban con un ridículo antifaz y tenían fiero rostro, trataban de trincar algo de la inmensa fortuna del «Tío Gilito» (tío del gandul Pato Donald) saliendo siempre, claro, trasquilados. No quiero pasarme tres pueblos comparando a los apandadores con el «podemismo» y su vocación de «apandar» votos donde se tercie y sea menester. Y no quiero porque los apandadores, al menos, le sacaban los cuartos, o lo intentaban, a un ricachón, mientras que estos, que hablan de «pueblo», no conocemos que este ente sea rico, precisamente… ¿Entonces? Pues ejercer de tahúr del Mississippi, y eso será después de que «descubran» a la Benemérita, como hiciera el carlista ministro del Interior con el camandulero robaperas Felipe González, José Barrionuevo.

La OTAN, desde luego, ya la «descubrieron» respetando los compromisos contraídos «de Estado». ¡Qué listos son! Y qué aplicados. Mi suegra hubiera querido que yo fuera como ellos, y no un baboso comunista de mierda.

Buenos días.

‘Del árbol caído todos hacen leña’

Junto a los jueces, los medios de comunicación son el segundo soporte del golpe de Estado judicial, que no necesita “gorilas” y torturadores sino periodistas “de investigación”, lo cual acaba por encubrir toda la farsa, ya que le da un valor añadido: se utiliza como una demostración del alto grado de libertad que un país ha alcanzado. El lema es “Somos corruptos pero lo reconocemos”. La corrupción no es tan importante; lo realmente importante es que se pueda hablar de ella “libremente”.La corrupción es el mejor maná informativo para los medios de comunicación, la verdadera carnaza política que atrae la atención de los buitres carroñeros. Las noticias de corrupción suman audiencia y, por lo tanto, dinero.

Los amantes de los informativos, los editoriales periodísticos y los programas de debate alardean de su “cultura” y desprecian los “reality shows”. Sin embargo, la información política ya no existe desde hace bastantes años. Las noticias de corrupción no son política sino el morbo de la política y el cotilleo de alto “standing”. Tienen sus propias estrellas y su propio público.

La base de todo es que no hay corrupción si no hay un medio de comunicación que lo denuncie. Sin embargo, los medios forman parte de la corrupción. Son empresas comerciales y se llevan su parte de la mordida. Su intervención es discriminatoria. Los casos de corrupción que ellos divulgan tapan los realmente graves. Por lo tanto, los medios manipulan por activa y por pasiva:

  1. Convierten a determinados sumarios en “escándalos”, es decir que, lo mismo que los demás programas “del corazón”, ellos también practican el sensacionalismo

  2. Hay casos de corrupción que no llegan a los juzgados. Además, hay sumarios judiciales que nunca aparecerán en los medios y si no hay un “escándalo” tampoco hay corrupción.

Al mismo tiempo, los medios transmiten la imagen opuesta: la corrupción (conocida) no sólo no es selectiva sino que “toda” la política es corrupta, “todos” los partidos son iguales, etc. Ahora bien, eso sólo ocurre en el mundo político. Los periodistas, por ejemplo, no tienen que ver con la política y, por lo tanto, no son corruptos.

Lo mismo que los jueces, los medios instrumentalizan y son instrumentalizados. Si los jueces son el “tercer poder”, los medios son el “cuarto”. Ambos se necesitan mutuamente porque de lo contrario no nos daríamos cuenta de que, gracias a la corrupción, el sistema funciona por esos dos motivos:

  1. Porque la libertad de expresión permite que la corrupción salga a la luz
  2. Porque los jueces cumplen con su cometido condenando a los corruptos

Los medios llevan a los jueces al mundo del estrellato y el famoseo. Aunque todo el universo político esté podrido, los jueces son de otra pasta, distintos de cualquier otro funcionario público. Los convierten en un reflejo de sí mismos. Si los periodistas son independientes, los jueces también. Ambos son héroes. No son corruptos sino que denuncian la corrupción e incluso luchan contra ella. La presentan como un pulso desigual puesto que se enfrentan al poder, como si ellos no tuvieran ninguno.

La lucha contra la corrupción lleva el sello de la política estadounidense, en donde las personas, además de “público” son “contribuyentes” que pagan impuestos. Como diría Proudhon, la corrupción también es un robo. Tiene que ver con la propiedad privada. Lo que nos amarga es que nos quiten lo nuestro (con lo que cuesta ganarlo) para quedárselo ellos.

Lo demás no es corrupción y mucho menos es un escándalo. El engaño, el incumplimiento de un programa electoral, no se considera corrupción, ni mucho menos es un escándalo. Todo lo contrario: eso es lo normal. Nos hemos acostumbrado a que nos engañen.

Tanto en Italia, como en España o en América Latina actualmente, la lucha contra la corrupción es un golpe de Estado judicial, una depuración interna que el imperialismo y el capital monopolista de Estado necesitan para superar la crisis política y pueden lograr con un coste insignificante.

La renovación de un Estado moderno es un ejercicio de fuerza del que la España actual es buen ejemplo, incluso en el lenguaje. Aunque los viejos instrumentos políticos (PP, PSOE) están gastados y desacreditados, aún se aferran a sus posiciones. Conservan importantes resortes de poder y se enfrentan a otras fuerzas, consideradas como “limpias” (Ciudadanos, Podemos), llamadas así sólo porque son nuevas, porque aún están por estrenarse.

La denominada lucha contra la corrupción es, pues, subjetiva: se dirige contra determinadas personas, partidos o instituciones para cambiarlas por otras. Para renovarse a sí mismo el Estado necesita personalizar la corrupción, como hizo el PSOE en las elecciones de 1993: a un lado los corruptos, representados por el presidente del gobierno Felipe González; al otro, el juez que luchaba contra ellos, el juez Garzón, un sujeto “limpio” por antonomasia.

De aquellas elecciones podemos entender que el PSOE se aprovechara de una imagen estereotipada del juez para sacar votos. Pero, ¿por qué el juez “limpio” se introdujo en aquella cueva de ladrones y asesinos?, ¿por qué el juez antiterrorista por excelencia se unió a los jefes de los terroristas?

Otro tipo de “puertas giratorias” permitió que un juez pasara de uno al otro lado de la barricada. En realidad, no había (no hay) tal barricada. El Estado monopolista no necesita una parte “limpia” sino una parte “nueva”, capaz de insuflar energías y embaucar a las masas, como en las elecciones de 1993 o ahora la nuevas coaliciones emergentes, de las que Podemos es el prototipo.

Pero que nadie se confunda: una parte “nueva” no significa “limpia” porque si lo fuera no sería “parte”, es decir, no la habrían llevado en volandas al firmamento político en el que está. Aunque son herramientas, los emergentes también comparten el poder. No son nada distinto sino que forman parte de ello.

De lo contrario, la depuración interna no sería posible porque los nuevos tienen que ser capaces de vencer la resistencia que los viejos presentan. Por lo tanto, más que una lucha interna por el poder, es una lucha por el reparto del poder que se basa en el principio “Del árbol caído todos hacen leña”. El árbol cae por la crisis y la leña es la corrupción. Expresado de otra forma, el refrán también recomienda que para hacer leña primero hay que derribar el árbol, que nunca caerá por sí mismo.

Los medios de comunicación se encargan luego de darle la vuelta al asunto y hacer creer a todos que la crisis es consecuencia de la corrupción, y no al revés. Pero sin crisis política, que es una crisis del poder, no habría corrupción, o lo que es lo mismo, no nos enteraríamos de ella.

La primera leña nunca empieza por la corrupción, ni por un sumario judicial, sino por una filtración a la prensa, que es ya la expresión de un choque interno dentro del Estado monopolista. La información es poder o, mejor dicho, son dos poderes en uno. Primero hay que saber y luego hay que publicarlo. La corrupción del anterior rey es el mejor ejemplo de que no se trata sólo de tener la información sino que el contrario también juega y puede censurar la publicación porque tiene su propia cuota de poder. Todo el mundillo periodístico de Madrid supo siempre la corrupción del heredero a la Corona de Franco, pero la veda no se abrió hasta la crisis de 2007. La Monarquía también se desgasta y necesita renovarse antes de morir.

La corrupción regia es otra demostración de que al corrupto no se le purga por una responsabilidad política, sino por una responsabilidad criminal. La responsabilidad política ha desaparecido. Con ella ha desaparecido también la democracia, sustituida por el golpe de Estado judicial.

Más información:
— El golpe de Estado judicial. Primera parte

A propósito de un texto de Sacristán contra Stalin

Durante la transición Manuel Sacristán pronunció una conferencia que luego se ha reproducido en internet con el título “Sobre el estalinismo”, en lugar de titularla “Contra el estalinismo”, que es más apropiado.Se trata de un claro ejemplo de la manipulaciones de Sacristán, cuyos textos ya habían sido publicados en papel varias veces en los medios oportunistas así como en la web de la Fundación Andreu Nin. No es casualidad que vuelvan ahora a la carga cuando el reforzamiento del movimiento comunista internacional pasa por Stalin, como es fácilmente comprobable. El interés por Stalin se acrecienta.

Por el contrario, Sacristán está justamente olvidado. Que sus nostálgicos epígonos traten de rescatar el cúmulo de despropósitos de aquel a quien, haciendo gala de culto a la personalidad, califican como el profeta Sacristán, sólo demuesta la plena vigencia de la vida, el pensamiento y –lo que es más imprtante- la obra de Stalin.

En este proceso nosotros no tenemos ningún interés especial en defender a Stalin; lo único que tratamos de hacer es impedir que bajo la excusa de la crítica a Stalin siga infiltrándose la podrida ideología burguesa, el revisionismo y el trotskismo, que vienen a ser lo mismo. Ni Stalin, ni Lenin, ni Marx, ni nadie están por encima de la crítica, de manera que todas las que puedan dirigirnos no hacen más que fortalecer el comunismo. Tenemos que dar la bienvenida a todas las críticas porque, en efecto, Stalin o, mejor dicho, la época de Stalin, la III Internacional, la construcción del socialismo en la URSS siguen siendo las claves sobre las que debemos proseguir el reforzamiento de nuestro trabajo ideológico. Pero necesitamos buenas críticas, fundadas, solventes, no las asquerosas papillas cocinadas por la CIA, por los catedráticos de historietas o por el informe secreto de Jruschov.

De esas estamos hartos y Sacristán forma parte de esa hartura. Dejad descansar en paz a quien pasó del falangismo al ultrarevisionismo sin solución de continuidad. A quien insultó a los estalinistas llamándoles “peleles”, para que luego digan que son los demás los que padecen incontinencia verbal….

Ultrarrevisionismo

Sacristán cuenta la historia al revés. Dice que después de la crisis de Budapest en 1956 y la crisis del canal de Suez del año siguiente hubo un refuerzo innegable de los duros, por así decirlo, de los estalinistas de corte más ortodoxo. Por tanto, según él, en la URSS no sólo no hubo desestalinización sino estalinización.

Las tesis ultrarrevisionistas de Sacristán quieren decir que Jruschov, Breznev y compañía (a diferencia de Gorbachov) no fueron suficientemente revisionistas y debieron abrir las puertas al capitalismo ya en 1956. Como Carrillo se debió afiliar al PSOE aquel mismo año y no esperar tanto tiempo. Por eso Sacristán y los eurocomunistas defendieron a Dubcek y la Primavera de Praga, e incluso la intentona de la CIA y el Vaticano en Budapest en 1956. ¿Acaso es casualidad que Sacristán impartiera sus magistrales lecciones en el convento de los Capuchinos de Sarriá y que confesara divertirse estando con teólogos?

En cualquier caso, en Dubcek como en Sacristán, es la típica postura del revisionismo, más o menos acendrado: alinearse con el imperialismo. Lo que está feo es hacerle frente porque eso es terrorismo, gulag, purgas, represión, etc. Por eso, el “camarada” Solé Barberá, diputado del PCE-PSUC en las Cortes españolas durante la transición, defendía la Audiencia Nacional, la ley antiterrorista, el estado de excepción y los antidisturbios. ¿O es que ya nadie se acuerda de los discursos oficiales de la bazofia eurocomunista de la época? Estaban contra los métodos del KGB pero la Guardia Civil era lo más democrático del mundo.

Y ¡cómo no! en todo esto siempre tienen que salir a flote los sesenta millones de rusos asesinados en el gulag, según los datos más modestos que Sacristán expone como el arma arrojadiza más típica y tópica, para que no falte de nada.

Revisionistas y trotskistas

Pero el caso estrella de la represión es el del pobrecillo Nin, ejemplo de la intrínseca perversidad estalinista. Como sabe casi todo el mundo, en la guerra civil de 1936 a 1939 no murieron cientos de miles de republicanos defendiendo a la democracia contra el fascismo; parece que sólo murió el tal Andrés Nin, o por lo menos este muerto ocupa más páginas en los libros de historia que todos los demás juntos. ¿Por qué será que este muerto es tan sumamente importante?

No sólo hay colusión de los revisionistas con los imperialistas, sino también con las nauseabundas camarillas trotskistas que no se pierden ni una oportunidad de salir en los papeles, ni así se trate de la prensa rosa. Por ejemplo, ¡faltaría más!, en la tertulia de Sacristán aparece el inefable Solano, capo de las extintas juventudes del POUM, aunque los escribanos de Sacristán ni siquiera son capaces de poner bien su nombre. Allí se juntaron Sacristán y Solano como antes lo hicieran Trotski y Jruschov para destripar a Stalin.

Y aunque Sacristán reconoce que no es historiador, no le hace ascos a sostener que el verdadero legatario de Lenin no es otro que Bujarin (pero en ningún caso Stalin). Por eso, el presentador del opúsculo habla de la URSS como del país de Lenin, Gorki y Bujarin. Efectivamente, los eurocomunistas nos confirman que no son historiadores y, por tanto, ni saben nada acerca de Lenin, ni tampoco de Gorki, ni tampoco de Bujarin. Nada sucede por casualidad y que los mismos que liquidaron definitivamente el socialismo en la URSS rehabilitaran finalmente a Bujarin lo dice todo acerca de sus fuentes inspiradoras y de los mágicos hilos conductores de la historia. Lo que le sucedió a Bujarin, como a otros muchos impacientes, es que se anticipó y trató de llevar a cabo en 1929 lo que debió esperar a 1953. Pero lo de Bujarin lo dejamos para otra ocasión.

Socialfascismo

Quizá ya nadie recuerde que hacia mediados de los años setenta del pasado siglo, los eurocomunistas como Sacristán eran los más enérgicos valedores de la unidad de la izquierda, que entonces significaba unidad de los partidos socialistas y revisionistas para salvar al capitalismo de la crisis en Europa occidental. De ahí que uno de los más fervientes ataques contra Stalin vaya dirigido al concepto de socialfascismo. Ahí Sacristán cree que puede cebarse y, sin embargo, deja al descubierto que para nada es un historiador.

Nosotros pensamos que, con justificación plena, la III Internacional calificó a la socialdemocracia como socialfascistas por muchas razones, entre otras porque fueron ellos los que dejaron expedito el camino a los fascistas para que se hicieran con el poder. Que luego los fascistas y los nazis no se compadecieran de ellos (de los militantes de base) y los pasaran a cuchillo, es algo posterior: Roma no paga a traidores.

Pero Sacristán no debió llegar a la página de 1933 de la historia y podía haberse quedado en 1919: quien asesinó a los espartaquistas (Luxemburgo, Jogiches, Liebknecht) no fue la derecha, los conservadores, los reaccionarios: fue la socialdemocracia alemana.

Avanzando en el tiempo sobre la historia de la Alemania contemporánea, hay una pregunta que quizá los historiadores de verdad nos puedan responder: durante el denominado gobierno Kiesinger-Brandt, sabemos quién era Willy Brandt, pero ¿quién era Kiesinger? ¿nos pueden contar sin sonrojarse su biografía durante la época hitleriana?

Otro dato: cuando asesinaron a los militantes de la Fracción del Ejército Rojo en las cárceles, precisamente en las fechas en las que Sacristán impartía sus monsergas, quien dio las órdenes desde el gobierno federal alemán no fue otro que el canciller Helmut Schmidt, el hijo bastardo de Willy Brandt. Esas sangrías sólo las llevan a cabo los socialfascistas.

Pero Sacristán no tenía por qué irse hasta Alemania; los hispánicos cien años de honradez del PSOE son igual de evidentes:

— el PSOE colaboró activamente al más alto nivel con la dictadura de Primo de Rivera
— el PSOE colaboró activamente con Casado para dar un golpe de Estado en Madrid en 1939 que abrió el camino a las hordas franquistas
— el PSOE conspiró en el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 para hacerse con el poder al año siguiente
— aquel año el PSOE asesinó a Martín Luna y luego creó los GAL como brazo armado que cometió más de 30 asesinatos (sin contar los asesinatos legales) para acabar con la resistencia antifascista
— …

Casi estamos tentados de continuar con Francia y la procelosa historia de Mitterrand, primer presidente socialista de la República, funcionario vichysta, íntimo de los pistoleros de la ultraderecha, defensor ante los jueces de los criminales de guerra…

Cuando en 1981 el vichysta Mitterrand accede al poder, su gobierno es la unidad de la izquierda, los socialfascistas con los revisionistas, que se pusieron a la faena entregando a la guardia civil a los refugiados políticos vascos y deteniendo en París a los militantes del PCE(r). La liquidación del derecho de asilo político y la colaboracion con los GAL fueron una conquista especialmente suya.

Pero ¿para qué seguir? Lo dejaremos también para otra ocasión.

Los marxistas asiáticos

Como cualquier otro vulgarizador ramplón, Sacristán no podía dejar de recurrir al tópico de Rusia como país atrasado, campesino, y casi se le escapa el adjetivo racista de asiático, es decir, bárbaro, inculto, salvaje, brutal, etc. ¿Qué se podía esperar de un país así? Pues marxistas asiáticos, es decir, bárbaros, incultos, salvajes y brutales. En países feudales como Rusia, que no estudian filosofía del arte ni lógica simbólica, no se puede construir el socialismo: eso es lo que nos quieren decir todos esos exquisitos académicos de pacotilla. Damos por supuesto que cualquier semejanza de esas ideuchas con el marxismo sólo puede aparecer en un mal guión de Hollywood.

Quizá Lenin se pueda salvar, pero para eso hay que practicar la cirugía y escindirle del malévolo Stalin. A partir de ahí ya sabemos; luego vienen otros que dicen: Lenin tampoco, los que valen son Marx y Engels, que eran centroeuropeos y urbanos, mientras que Lenin era un aldeano que prostituyó el marxismo pulido y limpio de los alemanes. Detrás llegan los que separan a Engels de Marx: éste sí era un pensador profundo y original, mientras Engels era un positivista, un evolucionista vulgar que ridiculizó la dialéctica. Finalmente nos quedamos sólo con Marx, pero hay que diferenciar: hay un joven Marx, humanista, y un Marx viejo, encallecido, dogmático…

Hay tonterías de esas para todos los gustos: nos presentan el marxismo como un hipermercado donde cada cual puede elegir aquel producto made in Marx que le tranquiliza mejor su conciencia. Por eso todos los oportunistas nos dicen al unísono: no hay un solo marxismo, vosotros (por nosotros) sois unos dogmáticos alucinados, dice Sacristán, o iluminados, dicen hoy. Pues la verdad es que tenemos que reconocer que sí: unos somos unos iluminados y a otros se les han fundido los plomos. Es la lucha de clases de toda la vida, de las luces contra el oscurantismo, que diría Voltaire.

Ingeniería socialista

Como no le faltaba valor para meter la cuchara en todos los pucheros, Sacristán también se lanza a opinar sobre economía, aún reconociendo que tampoco es un economista competente. Y así lo demuestra cabalmente cuando habla sin ninguna información acerca de la acumulación originaria socialista, una tesis de Prebrajenski que Stalin nunca aceptó. A pesar de ello afirma que lo que allí se construyó no fue el socialismo sino esa acumulación originaria de Preobrajenski, una tarea puramente ingenieril, de obras públicas. También pedimos explicaciones en este punto porque nosotros, los peleles estalinistas, no comprendemos cómo un tirano omnímodo como Stalin consintió una acumulación originaria a la que se oponía…

Aficionadillo a los lugares comunes, Sacristán dice también que en la Unión Soviética no podía haber dictadura del proletariado porque no había proletariado mayoritario. Esta es una cuestión que ya fue discutida, aclarada y resuelta en la propia URSS por Lenin, de manera que si aún hay quien aún no ha sido capaz de asimilarlo es su problema. En la URSS podía haber y hubo dictadura del proletariado bajo la forma de una alianza obrero-campesina dirigida por la clase obrera y en donde los campesinos eran la fuerza mayoritaria en la que se apoyó el proletariado. Que una clase sea minoritaria no significa que no esté en condiciones de dirigir una revolución, cualquiera que ésta sea. La única condición para el éxito es que se apoye en una mayoría oprimida, y no otra es la experiencia de la URSS, de China y de tantos otros países que lo han probado con creces. Parece hasta mentira tener que insistir en ello, pero ni Sacristán ni nadie nos hizo entonces ni nos hará ahora comulgar con ruedas de molino.

¿Quién ‘inventó’ la lucha de clases?

Siguiendo el recorrido por el colmo de la frivolidad ideológica, Sacristán sostiene también que la doctrina de la lucha de clases de Marx le vino de un policía reaccionario prusiano llamado Von Stein. Pues es falso. Quizá Sacristán se refería a Lorenz Von Stein (1815-1890) y lo confundió con Karl Von Stein (1757-1831), pero esa tesis es siempre falsa en cualquiera de los dos casos. Ninguno de ellos era policía y tampoco encajan en la categoría de reaccionarios. Lorenz Von Stein estuvo en París por la misma época en que estuvo Marx, posiblemente se conocieron porque se movieron en un círculo similar de conocidos y la obra de L.Von Stein “Historia de los movimientos sociales en Francia desde 1789 hasta nuestros días” es paralela al “Manifiesto Comunista”. De ningún modo fue la obra de la que Marx tomó el concepto de lucha de clases.

Marx jamás dijo haber sido el primero en hablar de la lucha de clases, porque bien sabía que muchos otros antes que él lo habían estudiado. Además, la doctrina de la lucha de clases no sólo no tiene un origen reaccionario sino que se apoya en las concepciones más evolucionadas de la burguesía revolucionaria, especialmente de Montesquieu. Lo más probable es que la primera noción le llegara a través del mismo Hegel, un fiel seguidor de Montesquieu en este aspecto.

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