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Categoría: Memoria Histórica (página 10 de 37)

La ‘injerencia rusa’ es muy antigua: la ‘carta de Zinoviev’ a los obreros ingleses de 1924

Tras la muerte de Lenin, muchas potencias soñaban con el desmoronamiento de la Unión Soviética. Desde el mismo día de la toma del poder de los bolcheviques, Rusia fue un epicentro de conspiraciones y atentados antisoviéticos que pretendía restaurar el orden social del zarismo, y que tenían el apoyo de todas las potencias aliadas de la Primera Guerra Mundial. Leer más

De las Siete Hermanas a la OPEP ha corrido un río de sangre

En 2014 un avión ocupado por el director de la petrolera francesa Total, Christophe de Margerie, se estrelló y el magnate falleció. Pareció que se había producido otro de esos “accidentes aéreos”. Entonces Francia iniciaba un acercamiento hacia Rusia, algo que siempre es intolerable a los ojos de Washington, sobre todo si se trata de petróleo.

Estados Unidos saboteó el gasoducto transiberiano que debía transportar gas desde la Unión Soviética a Alemania y se podrían enumerar bastantes casos parecidos para demostrar que lo que está ocurriendo ahora mismo no es nada excepcional.

El 27 de octubre de 1962, Enrico Mattei, director del ENI, la compañía italiana de hidrocarburos, también murió cuando una bomba explotó a bordo de su avión cerca de Milán. Era un hombre de otros tiempos y el ENI, una empresa de titularidad pública, también.

Mattei apoyó a los movimientos independentistas, como el argelino, contra potencias coloniales. Se puso en contacto con los países productores de petróleo directamente, sin pasar por el filtro de las empresas petroleras privadas. Su pretensión era negociar un reparto de los beneficios por mitades. Hasta entonces, Oriente Medio había sido explotado descaradamente por las grandes empresas anglosajonas, agrupadas en un cártel al que Mattei le puso nombre: las Siete Hermanas.

Hoy las potencias occidentales se quejan de la OPEP, a la que acusan de subir los precios del petróleo de forma concertada. Eso es lo que hacían en 1962 las Siete Hermanas, que se habían repartido el mercado del petróleo el 28 de agosto de 1928 en una reunión que celebraron en un castillo escocés.

Los cabecillas de Royal Dutch-Shell, Standard Oil (más tarde Exxon) y Anglo-Persian (BP), a los que se unieron más tarde Chevron, Texaco, Mobil y Gulf Oil, acordaron las áreas de explotación, los precios y el transporte. El pacto marginó a los países productores, cuya función se reducía a suministrar petróleo abundante y barato.

Treinta años después Mattei comprometió seriamente el monopolio de las Siete Hermanas y, en última instancia, amenazó el control de Washington sobre los mercados energéticos mundiales.

Pero Mattei hizo algo aún peor: en 1959 viajó a Moscú, en plena Guerra Fría, para importar petróleo soviético y construir un oleoducto. La URSS estaba dispuesta a cubrir el 25 por cien de las necesidades energéticas de Italia a precios irrisorios (comparados con los de las Siete Hermanas). Comienza la intoxicación mediática. El New York Times le acusa de “filosoviético” y la CIA comienza a vigilarle de cerca, mientras aumentaba la presión diplomática sobre el gobierno italiano. Los proyectos del ENI se presentaron como una “grave amenaza para la seguridad de Occidente”.

Hoy las “amenazas” contra este Occidente sagrado se pagan con sanciones, pero entonces Mattei las pagó con su vida. Naturalmente, su asesinato quedó impune. Incluso entonces pocos reconocieron que se trataba de un asesinato. Los medios hablaban de un lamentable “accidente aéreo”. La investigación se cerró, 30 años después se volvió a abrir y, mientras tanto, los medios italianos, al servicio de sus amos de Washington, se han dedicado a lanzar cortinas de humo.

Tras la muerte de Mattei, pusieron al frente del ENI a Eugenio Cefis, un miembro de la logia P2 que se haría famosa 30 años después por sus vínculos con la CIA, la mafia, el Vaticano, Gladio, los servicios secretos, las finanzas, los jueces… En fin, Cefis cambió el rumbo del ENI y sometió a Italia al dictado de los que mandan en Washington.

El periodista Mauro de Mauro

Pero siempre hay quien sigue metiendo las narices en asuntos escabrosos, durante años, como el periodista Mauro de Mauro, a quien el director de cine Francesco Rossi había encargado investigar el asesinato del presidente del ENI para escribir el guión de su película “El Caso Mattei”.

De Mauro desapareció en 1970 sin dejar ningún rastro. Su cadáver no se ha encontrado y la intoxicación mediática no pierde ocasión para seguir lanzando su cortina de humo favorita, que en Italia es siempre la mafia. Sirve para tranquilizar cualquier conciencia.

La desaparición de De Mauro y las amenazas contra Rossi cambiaron el guión de la película. El cineasta dejó en un limbo a los responsables del asesinato de Mattei. Es más: no estaba demostrado que fuera un atentado. “No somos héroes”, se excusó. La película ganó la Palma de oro del Festival de Cannes de 1972.

Las falsificaciones de la historia son así de curiosas. Hoy los tribunales italianos admiten oficialmente que la muerte de Mattei fue un atentado, a pesar de lo cual los medios de comunicación siguen hablando de un “accidente aéreo”. Los fraudes consumen el subconsciente de los reporteros a base de repetirlos cada día.

Pero antes de acabar estas líneas, ya que hablamos de cine italiano, no podemos dejar de mencionar la insólita muerte de otro gran realizador, Pasolini, en 1975, cuando estaba escribiendo una novela titulada “Petróleo” y metiendo las narices donde nadie le llamaba. En Italia han comenzado a hablar las voces que dicen que los tres casos (Mattei, De Mauro y Pasolini) siguen el mismo hilo conductor.

Sólo los héroes, como Pasolini, se atreven a seguir exhumando este tipo de recuerdos, cada vez más añejos.

El Caso Mattei, película de Francesco Rossi, 1972
https://www.youtube.com/watch?v=e5ciw3yUxI0

Cuando la CIA voló el gasoducto transiberiano

En enero de 1982 el presidente Reagan aprobó un plan para sabotear el gasoducto transiberiano, según reveló Thomas C. Reed, un oficial de la Fuerza Aérea que formaba parte del Consejo de Seguridad Nacional en aquella época. En 2004 publicó un libro titulado “At the Abyss: An Insider’s History of the Cold War” en el que relata un episodio interesante sobre la historia de los gasoductos entre la URSS y Europa occidental y también sobre las primeras etapas de la ciberguerra.

La razón de la operación coordinada por la CIA, escribe Reed en su libro, fue que “en ese momento, Estados Unidos intentaba impedir que Europa Occidental importara gas natural soviético” para debilitar a Moscú. Reed describe tanto el entusiasmo de Regan cuando la CIA le propuso la operación como la manera de ejecutarla.

La CIA se enteró de que la Unión Soviética estaba tratando de obtener de Occidente el equipo tecnológico necesario para operar el oleoducto. Una fuente reveló a la Central tanto el equipo que los soviéticos estaban tratando de adquirir como los canales utilizados para adquirirlo.

La CIA organizó entonces una operación encubierta para entregar un programa informático defectuoso a la URSS, pero era tan sofisticado que la manipulación se coló entre los técnicos soviéticos.

“Con el fin de interrumpir el suministro de gas de la Unión Soviética, suprimir sus ganancias en divisas y debilitar la economía de la URSS, el programa del gasoducto que debía hacer funcionar las bombas, las turbinas y las válvulas fue programado para que se volviera loco después de un cierto período de tiempo, sólo para ser reactivado más tarde con el aumento de la velocidad de las bombas y las válvulas configuradas para producir presiones muy superiores a las soportadas por las juntas y soldaduras de las tuberías”, escribió Reed.

La operación de la CIA siguió adelante y, en el verano de 1982, el oleoducto explotó, produciendo una detonación que fue grabada por los satélites estadounidenses desde el espacio. El sabotaje produjo “la más monumental explosión y bola de fuego no nuclear jamás vista desde el espacio”, señala Reed.

La voladura de la Guerra Fría fue un secreto celosamente guardado, que Reed reveló por primera vez en su libro. Por su parte, el Washington Post confirmó la información. Algunos detalles de la tecnología defectuosa fueron reportados en Aviation Week and Space Technology en 1986 y en un libro de 1995 de Peter Schweizer, titulado “Victory: The Reagan Administration’s Secret Strategy that Hastened the Collapse of the Soviet Union”.

Como es natural, cualquier parecido con los sabotajes provocados en la actualidad es pura coincidencia. Que nadie saque conclusiones precipitadas.

—https://piccolenote.ilgiornale.it/mondo/1982-quando-la-cia-fece-esplodere-il-gasdotto-russo

Rusia se beneficia de la nostalgia soviética en Guinea Bissau

Muchos países africanos son reacios a condenar la invasión rusa debido al antiguo apoyo de la Unión Soviética a la descolonización. El New York Times presenta el perfil de Joana Gomes, una militante independentista de Guinea-Bissau que sigue muy vinculada a Rusia (*).

Cuando su país necesitó armas para librar una feroz guerra de liberación contra su colonizador portugués, la Unión Soviética se las proporcionó. Cuando su país necesitó personal médico para atender a los heridos de guerra, fue la Unión Soviética la que la envió a formarse como enfermera.

Cuando Joana Gomes, ahora parlamentaria de Guinea Bissau, se enteró de la guerra entre Rusia y Ucrania, su posición fue clara desde el principio: apoyaría a Rusia, aunque de vez en cuando se le escapara la lengua y siguiera diciendo “Unión Soviética”.

“Ganamos nuestra independencia con sus armas”, justifica Joana, de 72 años, en una tarde lluviosa mientras prepara el almuerzo en su casa de Bissau, la capital. “Sin ellos, incluso hoy, no tendríamos nuestra independencia”.

Cuando Rusia invadió Ucrania en febrero, algunas voces brillaron por su ausencia en el coro general de protesta, muchas de ellas africanas. Seis de los 35 países que se abstuvieron en la votación de la ONU para condenar las acciones de Rusia eran africanos, al igual que uno de los cinco que votaron en contra: Eritrea. Otros ocho países africanos, entre ellos Guinea Bissau, no votaron.

Muchos países africanos mantienen estrechos vínculos con Moscú. La Unión Soviética apoyó muchas de las guerras de liberación africanas, proporcionando formación, educación y armas a luchadores por la libertad como Joana Gomes. Casi sesenta años después, no lo ha olvidado.

En 1964, cuando bajó de un avión en la URSS, el primer gesto de los patrones de Joana Gomes fue entregarle guantes, un sombrero y un grueso abrigo. Tenía 14 años y aún no había salido de Guinea Bissau, un pequeño país de África Occidental que se independizó de Portugal en 1974, tras diez años de guerra.

En la foto de portada, tomada en 1964, aparece Joana en primer plano, a la izquierda, con una metralleta en la mano, junto al dirigente independentista guineano Amílcar Cabral.

(*) http://www.nytimes.com/2022/08/19/world/africa/guinea-bissau-russia-gomes.html

Holanda se disculpará oficialmente por la trata de esclavos y su pasado colonial

Las grandes potencias imperialistas quieren lavarse la cara por su pasado colonial. Holanda se disculpará oficialmente por su papel en la historia de la trata de esclavos. El gobierno holandés está estudiando la posibilidad de poner en marcha un fondo de unos 200 millones de euros para financiar proyectos destinados a sensibilizar a la población sobre el legado de la esclavitud.

El fondo se lanzará a finales de este año o principios del próximo, aunque por el momento, no hay ninguna declaración oficial del gobierno holandés.

En los últimos años, el debate sobre las indemnizaciones a los descendientes de los esclavos se ha reavivado. El año pasado Femke Halsema, alcaldesa de Ámsterdam, pidió disculpas por el papel de su municipio en el pasado colonial y la trata de esclavos. “Es hora de integrar la gran injusticia de la esclavitud colonial en la identidad de nuestra ciudad”, dijo entonces, durante un discurso para conmemorar la abolición de la esclavitud.

Durante su pasado colonial, Holanda tuvo siete colonias en el Caribe, incluidas Surinam y Curaçao, en Sudáfrica y en la actual Indonesia. Según un estudio del Instituto Internacional de Historia Social, los ingresos procedentes de la esclavitud aportaron alrededor del 5,2 por cien del PIB del reino en la segunda mitad del siglo XVIII.

Por ejemplo, Indonesia fue ocupada por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945 declaró su independencia de Holanda, que la potencia europea rechazó, iniciando cuatro años de guerra, que acabó con el reconocimiento de la independencia en 1949.

La guerra fue atroz. Murieron 100.000 independentistas indonesios. El ejército colonial holandés utilizó sistemáticamente una violencia extrema para aplastar a la nueva República, mientras en la metrópoli los políticos, las autoridades civiles y militares, incluido el poder judicial, miraban hacia otro lado, toleraron e ignoraron la violencia colonial.

Pero si la crueldad extrema de los colonos holandeses en la guerra de 1945 a 1949 está ampliamente admitida, no ocurre lo mismo con toda la estapa colonial anterior, que se prolongó durante 500 años, desde la llegada de primer holandés en 1500, hasta la salida del último.

Por supuesto, también queda en un segundo plano que a lo lago de toda la etapa colonial, los indonesios resistieron la dominación metropolitana con todas las armas a su alcance.

Holanda pertenece al privilegiado “primer mundo” gracias a 500 años de saqueo colonial, del que se beneficiaron terratenientes, banqueros y comerciantes. Son los mismos que hoy se llenan la boca con fetiches como “democracia”, “libertad” y “derechos humanos”.

La Casa Windsor: una dinastía nazi

Hace ya siete años que publicamos la imagen de la reina Isabel II haciendo el saludo fascista cuando era una niña, junto al resto de su familia. Hay quien tiene una disculpa precisamente porque era niña. Sin embargo, no hay fotos de los Windsor alzando el puño.

Excepto en Argentina, la muerte de Isabel II ha dado pie a las típicas babosadas televisivas. Incluso los más patrioteros hispánicos se han desecho en elogios de la fallecida. Se han olvidado del “Gibraltar español” y de los manejos de la Corona británica para seguir en el Peñón.

El sostén a la Corona británica es un sostén al Estado británico y a su poder imperial, aunque los Windsor son una dinastía nazi. La foto no aclara que fue tomada en 1933,cuando Isabel tenía seis años y muy poco después de que Hitler llegara al gobierno en Alemania. Para entonces la realeza inglesa ya era nazi.

Los Windsor son la dinastía alemana Sajonia-Coburgo-Gotha, lo mismo que el rey Leopoldo III de Bélgica. Se cambiaron el apellido durante la Primera Guerra Mundial por motivos evidentes.

Sin embargo, el cambio de apellido no cambió sus lealtades. En 1914, mientras británicos y alemanes se mataban en los frente, el rey Jorge V era el primo hermano del káiser Guillermo II. En otras palabras: Jorge V y Guillermo II tenían la misma abuela: la reina Victoria.

No obstante, el caso más conocido es el de Eduardo VIII, tío de Isabel II, del que las televisiones han difundido la parte rosa: en 1936 abdicó de la Corona británica para casarse con una estadounidense divorciada, Wallis Simpson.

El viaje de novios de Eduardo VIII y su mujer fue a Alemania, donde Hitler les agasajó. Lo recordó en marzo la televisión inglesa en un documental cuyo título no deja lugar a dudas: “El rey traidor de Gran Bretaña”.

La pareja de recién casados permaneció dos semanas en Alemania, bebiendo a la salud del III Reich, acompañados por altos dignatarios nazis, visitando las fábricas de armamento y saludando con el brazo extendido. Concluyeron su estancia en la casa de Hitler en Berchtesgaden.

En una carta exhumada de los archivos británicos, Eduardo VIII le agradece a Hitler la maravillosa estancia en Alemania, que le causó una “fuerte impresión”. Como toda la aristócracia europea, Eduardo VIII veía en el nazismo una protección de los privilegiados contra el bolchevismo.

El mito de las bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki

El 6 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, matando a unas 140.000 personas, civiles en su inmensa mayoría. Años de propaganda difundida por los historiadores, han intentado justificar este crimen bajo el argumento de que la dura resistencia japonés en Okinawa e Iwo Jima, hacía suponer que la invasión a las islas principales sería un baño de sangre para el ejército estadounidenses, por lo tanto, según esta tesis, la utilización de esta arma “salvaría la vida de miles de soldados estadounidenses”.

Sin embargo, aunque dicho argumento suena coherente, la realidad fue bien diferente, pues ni la bomba atómica fue utilizada para rendir a Japón, ni fue el bombardeo la razón por la que Japón se rindió.

Por muy coherente que suene el argumento estadounidense, tanto el gobierno, como el ejército estadounidense sabían que la invasión a Japón no iba a suponer un costo en vidas tan alto, en primer lugar porque el grueso del ejército imperial japonés con sus mejores tropas, se hallaba en Asia continental, en la Manchuria ocupada y el transporte de estas tropas a Japón era una tarea casi imposible.

En segundo lugar, desde la conferencia de Yalta, la URSS había acordado ayudar a los estadounidenses en el ataque a Japón, de hecho, los preparativos para la invasión ya estaban bien avanzados, por lo que, el esfuerzo de guerra no sería hecho exclusivamente por Estados Unidos y el costo sería mucho menor dada la inmensa superioridad material y numérica de los ejércitos conjuntos.

En tercer lugar, la economía japonesa estaba devastada, su producción de armamento era cada vez menor y sus tropas acusaban carencia de todo tipo de vituallas, desde medicamentos, hasta combustible, por lo que aunque firme y decidida, la resistencia japonesa no podía ser efectiva por mucho que quisiera.

En cuarto lugar, los estadounidenses estaban en posesión de los códigos de cifrado de mensajes de los japoneses, y el gobierno estadounidense estaba al tanto de que los japoneses estaban intentando negociar con la URSS su mediación para salir del conflicto y por los mismos mensajes japoneses, sabían del ruinoso estado de la economía japonesa.

Pero a Truman no le agradaban para nada los soviéticos. Quería impedir que en Japón se instaurara un régimen comunista, como había pasado ya a Polonia, lo que aumentaría muchísimo la influencia soviética en el Pacífico, un hecho intolerable para Estados Unidos (que de hecho entran en la guerra en buena medida para frenar la expansión japonesa en el mismo). Había por lo tanto que impedir la intervención de Stalin en la invasión de Japón.

Conocedor de la posesión del arma atómica y de su enorme potencia destructiva, James Byrnes que era secretario de estado de Truman, le aconsejó insistentemente utilizarla, para evitar la participación soviética, a lo que accedió, dando la funesta orden.

Pero no fue el único hecho que impulsó a Truman a tomar la decisión. También había un deseo de intimidar a los soviéticos presumiendo esta arma y su devastador poder, deseo que expresó en muchas ocasiones. De hecho desde la llegada de Truman a la Casa Blanca, las relaciones con los soviéticos se deterioraron gravemente, por lo que este arma, le daría un gran poder de negociación frente a Stalin en futuras conferencias.

Pero a pesar del bombardeo, Japón no se rindió sino hasta el 15 de agosto, 6 días después del último bombardeo sobre Nagasaki. La potencia de las bombas está fuera de toda duda y por lo mismo una pregunta queda en el aire: ¿por qué los japoneses tardaron tanto en rendirse si habían comprobado en carne propia el terror de estas armas y no había razón para pensar que los bombardeos pararían?

Según las minutas del Consejo de Ministros japonés, se esperaba la mediación soviética para obtener una paz con los aliados que les permitiera conservar el Mikado (la figura del emperador como gobernante supremo sobre todos), ya que una rendición incondicional sería inaceptable para el pueblo japonés. De hecho, tanto políticos, como historiadores, militares y ciudadanos japoneses afirman que las bombas no les amedrentaron, ya que el honor del pueblo japonés estaba en juego, por lo que por muchas bombas que Estados Unidos lanzara, Japón no se rendiría.

Desgraciadamente para Japón, la declaración de guerra de la URSS y la rapidez con que esta destruyó a la crema y nata de su ejército en Manchuria (Operación Tormenta de Agosto) lo dejaron sin nada con que negociar una rendición en términos más honrosos. Con la URSS como enemigo, ya no cabía esperar su mediación para rendirse ante los estadounidenses.

Pero el problema iba aún más allá. Si la URSS ponía pie en el archipiélago, ya no habría posibilidad alguna de conservar el Mikado. Habría habido una posibilidad muy grande de que un gobierno comunista fuese instaurado en Japón, hecho al que las élites japonesas tenían pavor (y con mucha razón después de lo acaecido con sus pares rusos después de la revolución de 1917). Por lo tanto, el escenario político había dado un vuelco total. Ahora la única esperanza de conservar su status de privilegio era pactar la rendición con los estadounidenses lo antes posible.

La catastrófica derrota de su ejército en Manchuria por parte de los soviéticos fue el hecho que finalmente empujó al Estado Mayor japonés a aceptar la rendición, ya que el 12 de agosto, a cuatro días del inicio de la ofensiva soviética, casi un millón de los mejores soldados de Japón habían sido muertos, heridos, dispersados o capturados por el ejército rojo. No había pues, posibilidad alguna de ganar y se rindieron el mismo día.

El gobierno estadounidense y sus historiadores han repetido hasta el cansancio que las ciudades japonesas fueron advertidas a través de octavillas. Es una mentira disfrazada de verdad a medias, ya que efectivamente, en muchas ciudades se tiraron panfletos que advertían de los efectos del bombardeo, pero entre ellas no se encontraba ni Hiroshima, ni Nagasaki, las cuales por cierto, fueron escogidas debido a que permanecían casi intactas a los efectos de la guerra, lo que a su vez refuerza el argumento de que el bombardeo tuvo más la misión de ser un experimento con seres humanos y un elemento disuasorio hacia las pretensiones soviéticas en Japón.

—https://t.me/wofnon

El Papa reconoce el genocidio cometido por la Iglesia católica en Canadá

A su regreso de Canada, en el avión de vuelta a Roma, el Papa calificó de “genocidio” las prácticas de los sacerdotes en los internados católicos de Canada, aunque durante su vista oficial de seis no utilizó dicha expresión.

Ya había pedido perdón en numerosas ocasiones a las poblaciones amerindias por el papel desempeñado por “muchos cristianos” en los internados dirigidos por la Iglesia católica.

“No dije la palabra [durante el viaje] porque no se me ocurrió, pero describí el genocidio”, dijo el Papa en el avión de regreso a Roma. Describió un genocidio que consistía en “secuestrar niños, cambiar la cultura, cambiar la mentalidad, cambiar las tradiciones, cambiar una raza, digámoslo así, toda una cultura”.

Unos 150.000 niños fueron reclutados a la fuerza en internados para niños aborígenes en Canadá entre finales del siglo XIX y la década de los noventa. Muchos sufrieron abusos físicos o sexuales, y miles nunca regresaron debido a enfermedades, desnutrición o abandono, siendo enterrados en fosas comunes.

El gobierno británico propuso lanzar armas químicas contra Irak

Documentos desclasificados, disponibles en línea en los archivos de la Fundación Margaret Thatcher, revelan que la Primera Ministra británica trató de convencer a George Bush de que utilizara armas químicas contra las tropas irakíes en 1990, durante la primera guerra del golfo.

El profesor universitario Nigel Ashton acaba de publicar un libro en el que informa sobre una reunión secreta celebrada en Washington como parte de los preparativos militares para la Operación Tormenta del Desierto el 30 de septiembre de 1990, a la que asistieron el presidente George Bush, Colin Powell, Brent Scrowcroft y James Baker.

Thatcher insistió en que las fuerzas estadounidenses debían estar preparadas para tomar represalias con armas químicas prohibidas si Irak las utilizaba primero.

George Bush se opuso, argumentando que los irakíes no lo harían y que un ataque convencional total sería suficiente para “borrar a Saddam Hussein de la faz de la tierra”.

Unas semanas después, Thatcher volvió a la carga en una reunión con Dick Cheney, Secretario de Defensa. Le dijo que Bush tenía una “particular aversión” a las armas químicas y que estaba convencida de que la mayor parte de las armas químicas de Irak sería destruida en los ataques aéreos iniciales.

—https://al-bab.com/blog/2022/07/documents-show-margaret-thatcher-advocated-using-chemical-weapons-against-iraq

Kiev 2014: anatomía de un Golpe de Estado de la CIA

Hoy en día es difícil identificar ejemplos claros de las acciones encubiertas de la CIA en el extranjero, con la excepción de desastres ocasionales reconocidos, como el esfuerzo multimillonario de larga duración para derrocar al gobierno de Siria financiando, entrenando y armando a grupos yihadistas bárbaros.

Esto se debe, en parte, a que muchas de las responsabilidades y actividades tradicionales de la CIA se han traspasado a organizaciones “abiertas”, en particular a la National Endowment for Democracy (NED).

Fundada en noviembre de 1983, William Casey, entonces director de la CIA, fue fundamental para la creación de la NED. Trató de crear un mecanismo público para apoyar a los grupos de oposición, los movimientos activos y los medios de comunicación en el extranjero que se dedicaran a la propaganda y las actividades políticas para perturbar, desestabilizar y, en última instancia, sustituir a los regímenes “enemigos”. Subterfugio con rostro humano, para acuñar una frase.

Subrayando la verdadera naturaleza insidiosa de su creación, en un artículo del Washington Post de 1991 en el que se ensalzaban sus proezas en el derrocamiento del comunismo en Europa del Este, el alto funcionario de la NED Allen Weinstein reconocía: “Gran parte de lo que hacemos hoy lo hizo la CIA en secreto hace 25 años”.

Los primeros días

Avancemos rápidamente hasta septiembre de 2013. Carl Gershman, jefe de la NED desde su lanzamiento hasta el verano de 2021, escribe un artículo de opinión para el Washington Post, en el que describe cómo su organización está trabajando para sacar de la órbita de Moscú a los países cercanos a Rusia: la constelación de antiguas repúblicas soviéticas y estados del Pacto de Varsovia.

Por el camino, describió a Ucrania como “el mayor premio” de la región, sugiriendo que la adhesión de Kiev a Europa “aceleraría la desaparición” del dirigente ruso Vladimir Putin. Seis meses después, el presidente electo de Ucrania, Víktor Yanukovich, fue derrocado en un violento golpe de Estado.

En un artículo publicado en Consortium News a principios de ese mes, una leyenda del periodismo de investigación, Robert Parry, explicaba cómo, durante el año anterior la NED había financiado 65 proyectos en Ucrania por un total de más de 20 millones de dólares. Esto representaba lo que el difunto periodista llamaba “una estructura política en la sombra de medios de comunicación y grupos activos que podían desplegarse para causar disturbios cuando el gobierno ucraniano no actuaba como se deseaba”.

El papel central de la NED en el derrocamiento de Yanukovich puede considerarse, por lo tanto, indiscutible, pero no sólo no se reconoce en la prensa convencional, sino que los periodistas occidentales rechazan agresivamente la idea, atacando con virulencia a los pocos que se atreven a cuestionar la ortodoxia establecida de la neutralidad estadounidense.

Como para ayudar a este engaño, la NED ha eliminado numerosas entradas de su sitio web en los años transcurridos desde el golpe, que destacan ampliamente su papel en el derrocamiento de Yanukovich.

Por ejemplo, el 3 de febrero de 2014, menos de tres semanas antes de que la policía se retirara de Kiev, entregando efectivamente la ciudad a los manifestantes armados y provocando la huida de Yanukovich del país, la NED organizó un evento titulado “Las lecciones aprendidas de Ucrania: de la Revolución Naranja al Euromaidan”.

Fue dirigido por el periodista ucraniano Sergui Leshchenko, que en ese momento estaba completando una beca Reagan-Fascell para la democracia en Washington DC, patrocinada por la NED.

A su lado estaba Nadia Diuk, entonces asesora principal de la NED para Europa y Eurasia, y graduada del St Antony’s College de Oxford, una reconocida fuente de reclutamiento para la inteligencia británica, fundada por antiguos espías. Justo antes de su muerte, en enero de 2019, se le concedió la Orden de la Princesa Olga, uno de los más altos honores de Kiev, un ejemplo especialmente palpable de los vínculos íntimos y duraderos entre la NED y el gobierno ucraniano.

Aunque la lista en línea del evento sigue existiendo, los materiales de apoyo relacionados -incluidas las diapositivas de Powerpoint que acompañaban a la conferencia de Leshchenko, y un resumen de los “aspectos más destacados del evento“- han sido eliminados.

Los motivos de esta purga no están claros, pero es muy posible que la conferencia de Leshchenko ofreciera una clara hoja de ruta para garantizar que no se repitiera el fracaso de la Revolución Naranja de 2004 -otro putsch orquestado por la NED- y que el país siguiera atrapado por los intereses financieros, políticos e ideológicos occidentales después de Maidan. Esta hoja de ruta fue seguida al pie de la letra por la NED.

En este sentido, Leshchenko destacó la importancia de la financiación de las ONG, la explotación de internet y los medios sociales como “fuentes alternativas de información”, y el peligro de la “televisión estatal no reformada”.

Así, el 19 de marzo, representantes del partido fascista Svoboda -vinculado a la masacre de manifestantes bajo una falsa pancarta el 20 de febrero que convirtió en un hecho consumado la caída del gobierno de Yanukovich- irrumpieron en el despacho de Oleksandr Panteleymonov, director de la radiotelevisión pública ucraniana, y le golpearon en la cabeza hasta que firmó una carta de dimisión.

El impactante incidente, provocado por la retransmisión por parte de la cadena de una ceremonia en el Kremlin en la que Vladimir Putin firmó un proyecto de ley que formaliza la adhesión de Crimea a Rusia, fue una de las varias emisiones en directo de los manifestantes que se difundieron por internet.

A pesar de la salvaje defenestración de Panteleymonov, gran parte de esta retransmisión en directo sirvió para presentar al público extranjero un relato muy romántico de las protestas y sus participantes, que no guardaba ninguna relación con la realidad.

La involución será televisada

En julio de ese año, en la publicación académica trimestral de la NED, “Journal of Democracy”, Leshchenko examinó en detalle el papel fundamental de los medios de comunicación en el éxito del golpe de Maidan, llamando especialmente la atención sobre el trabajo del “periodista en línea” Mustafa Nayyem.

Nayyem inició personalmente las protestas el pasado mes de noviembre, reuniendo a cientos de seguidores en Facebook para manifestarse en la Plaza de la Independencia de Kiev -ahora Maidan- después de que Yanukovich abandonara el Acuerdo de Asociación Ucrania-Europa en favor de un acuerdo más aceptable con Moscú.

Nayyem no era un “periodista en línea” cualquiera. En octubre de 2012 fue uno de los seis ucranianos llevados a Washington DC por Meridian International, una organización vinculada al Departamento de Estado que identifica y forma a futuros cabecillas en el extranjero, para “observar y experimentar” las elecciones presidenciales de aquel año.

Financiados por la embajada de Estados Unidos en Kiev, pasaron diez días “comprendiendo mejor el proceso electoral estadounidense”, reuniéndose con candidatos y funcionarios electorales y visitando colegios electorales. También fueron invitados a debatir sobre “los avances de Ucrania hacia un proceso electoral más justo y transparente” con representantes “igualmente curiosos” de organismos gubernamentales estadounidenses.

No se ha especificado con quién se reunió el sexteto, aunque las fotos promocionales muestran a Nayyem filmando con su móvil una cumbre personal con John McCain. El vídeo fue publicado en su canal personal de YouTube. En el vídeo, Nayyem le pregunta al famoso guerrero qué piensa de Ucrania, a lo que él responde: “Me preocupa la influencia de Rusia”.

Esto es llamativo, ya que McCain visitó Kiev en diciembre de 2013 para dar un discurso a los manifestantes del Maidan, flanqueado por el conocido neonazi Oleh Tyahnybok. Victoria Nuland, entonces funcionaria del Departamento de Estado, repartió notoriamente galletas de motivación a los participantes.

El 4 de febrero de 2014, un día después de la presentación de Leshchenko ante la NED, se filtró una grabación interceptada de una llamada telefónica entre Nuland -ahora subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos- y el embajador de Estados Unidos en Ucrania, Geoffrey Pyatt, en la que ambos discutían cómo Washington estaba “manejando” la destitución de Yanukovich, y nombrando a varias personas elegidas a dedo para dirigir el gobierno posterior al golpe.

No está claro si los influyentes contactos de Nayyem en Estados Unidos motivaron de algún modo su decisión de desencadenar las protestas de Maidan en noviembre de 2013. Su papel central en la promoción de las protestas a nivel mundial es mucho más claro, ya que fue uno de los fundadores de la emisora digital Hromadske TV.

En su artículo del “Journal of Democracy”, Leshchenko cuenta que Hromadske aún no se había puesto en marcha oficialmente cuando empezó a emitir en directo desde las protestas del Maidán, en el mismo momento en que éstas estallaron bajo la dirección de Nayyem.

Aunque Leshchenko afirma tímidamente que Hromadske “obtuvo la mayor parte de su modesta financiación de organizaciones internacionales y donaciones de ciudadanos ucranianos”, en realidad recibió cientos de miles de dólares de diversas fuentes dudosas, como la embajada de Estados Unidos en Ucrania, USAID, la Fundación Internacional del Renacimiento de George Soros, el oligarca estadounidense Pierre Omidyar y, por supuesto, la NED.

La audiencia de Hromadske se expandió rápidamente dentro y fuera de Ucrania, y su producción incrustada fue reciclada con avidez por innumerables medios de comunicación de la corriente principal, lo que significó que los espectadores occidentales recibieron una única perspectiva partidista sobre los disturbios, y una muy engañosa.

Sobre la base de la cobertura de Hromadske, se habría perdonado a los observadores extranjeros que concluyeran que las protestas estaban enteramente motivadas por los derechos humanos y la democracia, y que eran abrumadoramente -si no universalmente- populares.

En un ensayo representativo de febrero de 2014, desestimando como propaganda rusa el hecho demostrable de que tanto los manifestantes del Maidán como sus cabecillas estaban plagados de neonazis, el académico y colaborador del “Journal of Democracy” Andreas Umland declaró audazmente que “el movimiento en su conjunto… refleja a toda la población ucraniana, joven y mayor”.

Nada más lejos de la realidad. Un artículo de opinión extraordinariamente revelador del Washington Post publicado ese mismo mes por los académicos norteamericanos Keith Darden y Lucan Way hizo estallar esta narrativa, que no ha hecho más que continuar -e intensificarse- desde entonces.

Explicaron que menos del 20 por cien de los manifestantes dijeron estar motivados por “violaciones de la democracia o la amenaza de la dictadura”, que sólo entre el 40 y el 45 por cien de los ucranianos estaban a favor de la integración europea, que Yanukovich seguía siendo “la figura política más popular del país” y que ningún sondeo había indicado hasta la fecha un apoyo masivo a la revuelta.

De hecho, “una mayoría considerable se opone a que la oposición tome el control de los gobiernos regionales”, y la población sigue amargamente dividida sobre el futuro de Ucrania, escriben Darden y Way. Dicha hostilidad proviene de “la retórica antirrusa y la iconografía del nacionalismo ucraniano occidental”, que prevalecía entre los manifestantes, “que no juega a favor de la mayoría ucraniana”.

De la mitad de la población ucraniana que reside en regiones “fuertemente identificadas con Rusia” desde hace más de dos siglos, “casi todos [estaban] alienados por la retórica y los símbolos antirrusos”.

“Las formas antirrusas del nacionalismo ucraniano expresadas en Maidan no son ciertamente representativas de la opinión general de los ucranianos. El apoyo electoral a estos puntos de vista y a los partidos políticos que los defienden siempre ha sido limitado”, concluyen Darden y Way.

“Su presencia e influencia en el movimiento de protesta supera con creces su papel en la política ucraniana y su apoyo apenas se extiende geográficamente más allá de unas pocas provincias occidentales”.

Un programa para Ucrania

A pesar de esta cobertura sesgada, o tal vez debido a ella, Hromadske no ha hecho más que aumentar su fuerza desde entonces. Según Leshchenko, su popularidad era tal que incluso la cadena pública ucraniana “hizo un trato” para amplificar su producción, “dando a esta pequeña empresa de difusión por internet de garaje” una “audiencia de varios millones de personas”. En el proceso, los ucranianos -y el mundo- han sido bien educados en la falsa narrativa del derrocamiento de Yanukovich por voluntad popular.

Evidentemente, el potencial de Hromadske para influir en las percepciones tampoco ha pasado desapercibido para otros gobiernos occidentales. En 2015 el Ministerio de Asuntos Exteriores de Reino Unido aportó importantes fondos para desarrollar iniciativas de “radiodifusión” en las regiones de mayoría rusa de Donetsk y Lugansk, para un proyecto llamado “Donbas calling”. Al año siguiente, Londres proporcionó financiación adicional para que la organización sirviera de “proveedor de noticias” locales a una “audiencia de hasta un millón de personas”.

En 2017 Hromadske volvió a recibir cientos de miles de libras para expandirse aún más en las regiones escindidas. En concreto, Gran Bretaña apoyó la instalación de “16 emisoras de FM en las zonas controladas por Ucrania a lo largo de la línea de contacto y la “zona gris en el este”, lo que significa que la emisora podría llegar hasta dos millones de ciudadanos potencialmente comprometidos con las perspectivas separatistas.

Los perfiles públicos de Leshchenko y Nayyem también han crecido exponencialmente. En las elecciones ucranianas de octubre de 2014, ambos fueron elegidos para el parlamento como parte del bloque de Petro Poroshenko, el primero se convirtió en miembro de su comité anticorrupción, el segundo de su grupo de todos los partidos sobre la integración europea, lo que llevó a perfiles brillantes en los medios de comunicación occidentales. Mientras tanto, la NED ha seguido de cerca sus progresos, aclamando a ambos hombres como emblemas de la nueva Ucrania liberada que ha florecido tras Maidan.

No obstante, el compromiso personal de Leshchenko con la democracia se vio algo afectado en agosto de 2016, cuando él y Artem Sytnyk, jefe de la Oficina Nacional Anticorrupción de Kiev, filtraron a los medios de comunicación estadounidenses documentos -apodados “el gran libro negro“- que identificaban los pagos realizados por el Partido de las Regiones de Yanukovich al entonces jefe de campaña de Donald Trump, Paul Manafort.

Leshchenko expresó su “esperanza” de que la revelación dañe las posibilidades electorales de Trump y sea “el último clavo en la tapa del ataúd de Manafort”, ya que “una presidencia de Trump cambiaría la agenda pro-ucraniana de la política exterior estadounidense”. Fue uno de los muchos políticos importantes de Kiev “implicados en un grado sin precedentes en el intento de debilitar la carreta de Trump”, como reconoció en su momento el Consejo Atlántico, el brazo propagandístico de la OTAN.

Manafort dimitió debidamente, y estalló el tinglado del RussiaGate, una colusión que contribuyó a que la “agenda pro-ucraniana de la política exterior estadounidense” no se viera comprometida ni un ápice.

De hecho, el mandato de Trump se ha caracterizado por una hostilidad cada vez mayor entre Washington y Moscú, con el residente del Despacho Oval llegando a peligrosos extremos a los que su predecesor se había abstenido sistemáticamente de llegar para armar y galvanizar a los elementos más reaccionarios y violentos de las fuerzas armadas ucranianas, incluido el notorio Batallón Azov neonazi, y romper los tratados de control de armas de la Guerra Fría, para disgusto de Moscú. En diciembre de 2018 un tribunal ucraniano dictaminó que la publicación del “Gran Libro Negro” por parte de Leshchenko y Sytnyk era ilegal, lo que equivalía a una “interferencia en los procesos electorales de Estados Unidos” que “perjudicaba los intereses de Ucrania como Estado.“

En mayo del año siguiente, se inició una investigación por corrupción después de que Leshchenko comprara un piso de 300.000 dólares en el centro de Kiev, una suma muy superior a sus posibilidades aparentes. Dos meses después fue expulsado del parlamento, y el candidato del partido Siervo del Pueblo de Zelensky ganó su escaño por goleada. El amigo y colaborador de Leshchenko, Nayyem, simplemente optó por no presentarse, para buscar un puesto gubernamental “relacionado con el Donbas”. Aunque ya no es miembro de la legislatura, Leshchenko siguió ejerciendo una importante influencia en el gobierno ucraniano, asesorando a Zelensky sobre la “desinformación rusa” hasta el día de hoy.

La influencia directa de la NED sobre él -y sobre el presidente ucraniano por extensión- no es segura. Sin embargo, pocos días antes del inicio de la invasión rusa, en una entrevista con The Guardian, Leshchenko calificó los Acuerdos de Minsk -que Zelensky se había comprometido a aplicar- de “tóxicos”, sugiriendo que el dirigente “traicionaría” a su país si se adhiriera a sus obligaciones, que incluían la concesión de autonomía a Donetsk y Lugansk.

Esto refleja la posición de la NED: el 14 de febrero de este año, su “Journal of Democracy” publicó un artículo en el que afirmaba que los Acuerdos eran “una mala idea para Occidente y una grave amenaza para la democracia y la estabilidad ucranianas”, entre otras cosas porque supondrían “la aceptación tácita de las falsas narrativas de Rusia sobre el conflicto del Donbas”, en concreto que el conflicto “fue causado por el ‘golpe’ orquestado por Occidente en 2014”.

En otras palabras, un análisis objetivo de lo que realmente sucedió y por qué, en el que la NED es completamente central. Sin embargo, la organización no necesitaba depender únicamente de Leshchenko para mantener vivos los moribundos Acuerdos de Minsk. Su amplia red de activos en el país y la turbia alianza de Washington con los nazis ucranianos fue más que suficiente para que la popularísima misión de Zelensky de restablecer las relaciones con Rusia no se cumpliera ni pudiera cumplirse nunca.

En solidaridad

A las pocas horas de la invasión rusa de Ucrania, la NED se apresuró a eliminar de su sitio web todo rastro de financiación de organizaciones ucranianas.

Una búsqueda de la base de datos de subvenciones de la NED hoy para Ucrania no devuelve ningún resultado, pero una instantánea de la página capturada el 25 de febrero revela que desde 2014, un total de 334 proyectos en el país han recibido la asombrosa cifra de 22,4 millones de dólares. Según los cálculos del presidente de la NED, Duane Wilson, Kiev es el cuarto mayor receptor de fondos de la organización en el mundo.

Un archivo de la financiación de la NED en Ucrania en 2021 -que ahora ha sido sustituido por una declaración de “solidaridad” con Kiev- ofrece amplios detalles de los proyectos específicos apoyados por el frente de la CIA durante ese fatídico período de 12 meses.

Demuestra que la atención se centra en las supuestas fechorías de Rusia en el este de Ucrania. Se concedió una subvención de 58.000 dólares a la ONG Truth Hounds para “vigilar, documentar y poner de relieve las violaciones de los derechos humanos” y los “crímenes de guerra” en las regiones de Donetsk y Lugansk.

Otros 48.000 dólares se entregaron al Museo Ucraniano de los Niños en la Guerra para “educar al público ucraniano sobre las consecuencias de la guerra mediante una serie de actos públicos”. Otra, recibida por la organización benéfica East-SOS, tenía como objetivo “sensibilizar a la opinión pública” sobre “las políticas rusas de persecución y colonización en la región, y documentar casos ilustrativos”, y sus conclusiones se remitieron al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a los tribunales europeos de derechos humanos y al Tribunal Internacional de Justicia.

No se sugirió que esta fuente se utilizara para documentar los abusos cometidos por las fuerzas gubernamentales ucranianas. Las investigaciones de la ONU indican que entre 2018 y 2021, más del 80 por cien de las víctimas civiles se registraron en el lado del Donbas. Mientras tanto, los informes de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa muestran que el bombardeo de zonas civiles en las regiones separatistas aumentó drásticamente en las semanas previas al 24 de febrero, lo que podría ser un precursor de una ofensiva militar a gran escala.

Por lo tanto, la destrucción por parte de la NED de los documentos que exponen su papel en el horror actual en el sureste de Ucrania no sólo protege a los agentes de facto de la CIA sobre el terreno. También refuerza y legitima la narrativa fraudulenta y desbordante del gobierno de Biden, repetida sin cesar y acríticamente por los medios de comunicación occidentales, de que la invasión rusa no fue ni provocada ni fundada.

Los ucranianos viven ahora con el dañino legado de esta imprudente y no reconocida injerencia de la forma más brutal posible. Es probable que vivan con ello durante muchos años. Mientras tanto, los hombres y mujeres que orquestaron esta injerencia descansan cómodamente en Washington DC, a salvo del escrutinio o de las consecuencias, elaborando cada día nuevos planes para socavar y derrocar a los dirigentes extranjeros molestos, aclamados como campeones de la libertad por la prensa dominante a cada paso del camino.

—https://kitklarenberg.substack.com/p/anatomy-of-a-coup-how-cia-front-laid

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