La web más censurada en internet

Categoría: Guerra psicológica (página 5 de 45)

La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad (‘pravda’)

Desde que acabó la Edad Media, nunca se había manifestado una preocupación tan obsesiva por preservar a la población de las mentiras y los engaños. Las instituciones públicas se esfuerzan para que la información que recibimos de fuentes tan diversas sea sólo la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Vigilan el recorrido de las noticias, dejando circular sólo las veraces y cerrando el paso a los bulos.

Es encomiable que en el mundo posmoderno haya tanta preocupación por la verdad. Incluso hay empresas privadas, como Newtral, NewsGuard o Good Information, que se preocupan por ella y han hecho de esta cruzada un modo de vida y una fuente de ingresos. Otros, como Killbait, abren sitios web dotados de inteligencia artificial para discernir el dogma de la herejía. Como en las peores épocas de la historia, la moderna Inquisición digital necesita apuntalar los parámetros principales de la ideología dominante y denostar a los que se salen del canon establecido.

Es un claro síntoma de crisis, de que los puntales clásicos de la ideología dominante ya no son suficientes. También es un síntoma de parasitismo: una parte de la industria periodística engorda no por informar sino por etiquetar las informaciones de los demás, una atribución que nadie les ha otorgado. El pretexto es la “lucha contra contra la desinformación” que, a su vez, es una parte de la guerra posmoderna, es decir, un ejemplo característico de guerra sicológica.

Como el enemigo actual es Rusia, debe ser tratada como tal, como un enemigo que siempre intenta engañar. De ahí que los portavoces del imperialismo traten de imponer un doble axioma: primero, toda información que procede de Rusia es falsa y, segundo, toda información falsa procede de Rusia.

La primera consecuencia de ello es la asociación de Rusia con la mentira. Lo más probable es que una noticia publicada en un medio ruso sea falsa y que una declaración procedente de un dirigente ruso sea un engaño. La segunda consecuencia deriva de la anterior: hay que prohibir los medios rusos porque al enemigo no se le debe conceder ninguna ventaja. En una guerra el enemigo no tiene ninguna clase de derechos; por lo tanto tampoco puede expresarse.

La tercera consecuencia es que para saber si una información es falsa, basta con rastrear su origen en Rusia. En los casos casos extremos, cuando no procede de Rusia, procede fuentes prorrusas, que viene a ser lo mismo. Rusia es el enemigo externo y los prorrusos son el enemigo interno. Pero da igual: ambos son enemigos.

Pero la propaganda rusa (y prorrusa) es tan poderosa que, además de embaucar a los lectores, también engaña a los algoritmos. Un tercio de las respuestas generadas por los diez principales chatbots de inteligencia artificial validan las opiniones transmitidas por los medios prorrusos, lamenta NewsGuard (*).

Las redes de propaganda rusas funcionan por saturación

Si un chabot confirma un dato procedente de medios prorrusos, no significa que sea correcto, sino todo lo contrario. Los rusos son tan astutos que son capaces de engañar hasta los chatbots, aprovechando que la inteligencia artificial no es tan inteligente. El truco no es nuevo; funciona mediante los mecanismos tradicionales de la intoxicación y la saturación, lo que hoy se llama  “viralidad”. Consiste en difundir cantidades masivas de información maliciosa a través de artículos en internet o en las redes sociales, que luego los chabots asimilan como propia.

Por lo tanto, si la propaganda rusa es capaz de engañar a un chatbot, con mucha más razón a un lector de carne y hueso. Es más, si cualquier modelo de inteligencia artificial confirma una noticia procedente de fuentes rusas, hay que ponerse alerta: siguen intentando engañarnos por vías intermedias. Los rusos están agazapados ahí y los demás nos hemos quedado atrapados en la red: DeepSeek difunde propaganda china y los demás propaganda rusa. No nos podemos fiar de nadie, salvo de las fuentes solventes debidamente acreditadas por la nueva Inquisición.

Algunos navegadores, como Microsoft Edge, incorporan mecanismos de autocensura elaborados por NewsGuard que previenen a los lectores contra la propaganda maliciosa. Es un círculo vicioso porque uno de los que financian a NewsGuard es precisamente Microsoft.

En internet lo realmente importante no es la calidad sino la cantidad, la “viralidad”, y las redes sociales se han saturado de propaganda prorrusa. Los chatbots -dice NewsGuard- se apoyan en el cálculo de probabilidades: cuanto más información se transmite en más medios, más probabildades tiene de que se incorpore a la base de datos de un chatbot. Algunos, como Grok, incluso llegan al extremo de extraer su información de las redes sociales, como X/Twitter, lo cual es intolerable. Cuanto más inundada esté internet con artículos falsos, más tenderá un chatbot a repetir esa información falsa en sus respuestas.

Por lo visto, sólo los rusos se han dado cuenta del viejo truco propagandístico de la viralidad. Otros países también se podrían aprovechar de ello, incluso las empresas comerciales o los partidos políticos que se presentan a las elecciones. Sin embargo, el Kremlin es el único que ha creado una poderosa herramienta diseñada específicamente para “infectar” las respuestas de los chatbots. Funciona a través de una red de casi 150 sitios de noticias llamados “pravda”, o sea, “la verdad” en ruso (y en ocasiones “portal kombat”), que no tiene nada que ver con el viejo periódico bolchevique.

Según los vigilantes de NewGuard, esta red está controlada desde Crimea por una empresa informática llamada TigerWeb, descubierta el año pasado por Viginum (Vigilancia e Inteligencia contra las Interferencias Digitales Extranjeras), otro tinglado francés parecido a NewsGuard, aunque de carácter público e institucional.

Por ejemplo, en castellano sitios como Pravda distribuyen contenidos masivamente en más de 46 idiomas. El año pasado publicaron casi 3,6 millones de artículos en todos estos sitios. NewsGuard confiesa que esos sitios tienen muy pocos visitantes porque no están destinados a los seres humanos. Sin embargo, añade, al inundar internet con información falsa, los chatbots se hacen eco de ella.

Todo está automatizado, tanto la producción como la difusión. Para que la saturación sea eficaz, el Kremlin implementa campañas de desinformación, como Storm-1516, que crean información falsa y se apoyan en las redes sociales para difundirla, para lo cual abren cuentas que -por cierto- también son “falsas”, es decir, que no corresponden a un usuario de carne y hueso.

A muchos le parece normal que en las redes sociales la mayor parte de las cuentas sean anónimas. Tampoco les importa que una escritora del siglo XIX, como Cecilia Böhl de Faber, publicara sus novelas son un seudónimo, como Fernán Caballero, para hacerse pasar por un hombre. Pero si un ruso hace lo mismo, es con muy malas intenciones: quiere engañarnos.

En realidad, toda la propaganda rusa es un gran engaño automatizado y viralizado. Como el Kremlin y sus secuaces no tienen mano de obra suficiente para producir una cantidad tan grande de contenidos, recurren a la inteligencia artificial para generarlos, que luego introducen en webs como Pravda o en cuentas ficticias que nadie visita, salvo los chatbots.

Quien domina el mundo, impone su propaganda

Esta etapa imperialista de la historia que atravesamos está presidida por la hegemonía y, en consecuencia, por la desigualdad y el desequilibrio, no sólo en las relaciones diplomáticas, sino también en las (des)informativas. Quien domina en el mundo, impone su propia propaganda. Lo que nos satura cada día no es la propaganda rusa, sino la imperialista, tanto en la prensa, como en la radio, en la televisión y en las redes sociales.

Además, de tener una difusión notablemente menor, la propaganda rusa está censurada y es lógico que el Kremlin trate de que sus opiniones se puedan escuchar. Sólo a los fariseos, como NewsGuard, se les ocurre decir que una noticia es falsa porque procede de Rusia o que una noticia que procede de Rusia es necesariamente falsa.

Que por las redes sociales circulan bulos de todo tipo es una obviedad. Lo mismo se podría decir de la agencia Efe, la CNN o la cadena Ser. Lo realmente sucio es aprovecharlo para censurar y prohibir, porque sólo hay un remedio frente a los embustes, la libertad de expresión que, por cierto, es lo más opuesto que existe a la censura que trata de imponer Pedro Sánchez en España.

Al mismo tiempo, las posibilidades que han puesto las nuevas tecnologías de acceder a múltiples fuentes de información diferentes, ha dejado en evidencia a los viejos dinosaurios de la comunicación, verdaderos artífices de toda la gama imaginable de manipulaciones y engaños.

(*) https://www.newsguardtech.com/fr/special-reports/reseau-global-desinformation-contamination-intelligence-artificielle-propagande-russe/

¿Va Rusia a explotar armas nucleares en el espacio?

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, no dice una verdad ni siquiera cuando se equivoca. En una entrevista con el periódico alemán Welt am Sonntag, ha declarado que Rusia está considerando la posibilidad de desplegar armas nucleares en el espacio para atacar a los satélites. Suponemos que se refiere a los satélites de los demás, no a los suyos propios, un matiz que es importante tener en cuenta.

Un ataque nuclear contra los satélites tendría graves consecuencias al interrumpir los sistemas de comunicación, navegación y vigilancia y, como recuerda Rutte, viola el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, que prohíbe el despliegue de armas de destrucción masiva en el espacio.

No obstante, añade Rutte, la tecnología espacial de Rusia se ha quedado anticuada en comparación con la de occidente, lo cual se puede entender de dos maneras opuestas. La primera es que Rusia no podría llevar a cabo ese ataque porque no está capacitada para ello. La segunda es que podría ejecutar ese ataque precisamente para acabar con esa superioridad occidental.

Es imposible saber a qué se refiere exactamente Rutte, pero eso a él le da lo mismo porque se trata de lo de siempre: de sembrar el miedo, de lanzar proclamas a cada cual más estúpida para intimidar a los europeos.

Explotando una bomba de 10 megatones en el espacio a una altitud de 80 kilómetros se formaría un pulso electromagnético mucho más potente que en una explosión cerca de la superficie. Los fotones gamma ionizarían los electrones en la alta atmósfera, creando una corriente eléctrica masiva que convertirá a Starlink en un montón de chatarra, con el “pequeño” incoveniente de que con los satélites rusos ocurrirá lo mismo. Adiós al GPS, el Glonas, Galileo y la Estación Espacial Internacional.

La órbita terrestre baja se llenaría de basura espacial, lo que se conoce como “síndrome de Kessler”. La acumulación de desechos sería tan densa que cualquier nuevo objeto que se lanzara al espacio podría chocar con los escombros, generando más fragmentos y, por lo tanto, aumentando la cantidad de basura.

No habría manera de volver a lanzar otro satélite sin recoger antes los escombros existentes. ¿Podríamos sobrevivir sin GPS mientras tanto? ¿también sin Google Maps? ¿sin Uber? ¿sin Instagram? ¿sin Cabify?

Lo del atraso ruso en tecnología espacial merecería un capítulo aparte que un demagogo como Rutte no se merece.

Pero no hay que olvidar que Rutte no habla de una hipótesis, porque Estados Unidos ya ha hecho la prueba. En 1962 detonó una bomba de 1,4 megatones a 400 kilómetros de altitud. Fue el experimento Starfish Prime.

Estados Unidos quiso alterar el anillo de radiación Van Allen que el planeta genera cuando su campo magnético frena el viento solar, para averiguar si podría frenar a los misiles soviéticos. La explosión espacial se llevó a cabo apenas unos meses antes de que Kennedy anunciara el primer vuelo tripulado a la Luna.

Starfish Prime solo fue parte de una serie de pruebas, enmarcadas en el Proyecto Fishbowl, que a su vez pertenecía a la Operación Dominic. El objetivo era averiguar los efectos de las detonaciones atómicas en el espacio. El año en que se lanzó ya se habían hecho seis pruebas a elevada altitud.

Los intoxicadores vuelven a la carga con la masacre de civiles en Sumy

Ya casi nos habíamos olvidado de Bucha y los “crímenes de guerra” de Putin, cuando los intoxicadores y sus padrinos, empezando por Antonio Guterres, el secretario general de la ONU, vuelven a la carga con la muerte de 60 civiles en la localidad ucraniana de Sumy.

Las circunstancias del ataque fueron aclaradas por los propios portavoces ucranianos, por lo que el miércoles la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Maria Zajarova, esperaba una disculpa por parte de quienes lanzaron acusaciones infundadas sobre la “masacre del Domingo de Ramos”.

Putin en persona dio la orden de lanzar dos misiles Iskander en una calle tranquila de Sumy, un domingo por la mañana a la hora de ir a misa. Lo que en Gaza es ua matanza corriente, en Ucrania levanta tempestades de ruido mediático, con diatribas de Starmer, Macron, Meloni, Kellogs (el enviado especial de Estados Unidos), Kallas y Merz, entre otros

Los adjetivos no son los mismos en Gaza que en Ucrania y la escalada retórica sirve para justificar el rearme. Los europeos prometen 21.000 millones de euros para “fortalecer en el campo de batalla” en una Ucrania desangrada después de tres años de guerra y Alemania se prepara para enviar misiles Taurus para “golpear en profundidad el territorio ruso”.

La primera en confesar fue la diputada ucraniana Maryana Bezuglaya: el objetivo de los misiles rusos era una ceremonia de entrega de medallas para la 117 Brigada Territorial, lo cual no era ningún secreto militar porque fue anunciada públicamente con antelación por los medios ucranianos.

Los familiares de los militares, junto con sus hijos, estaban invitados a participar en la cremonia, que se celebró en el centro de congresos de Sumy, a menos de 30 kilómetros de la frontera rusa y de la línea del frente resultante de la retirada de las tropas ucranianas del cerco de Kursk.

Una reunión militar es un objetivo legítimo en tiempos de guerra. Nadie en Occidente llegó a hablar de crímenes de guerra cuando un ataque Himars estadounidense el 2 de enero de 2023 mató a decenas de jóvenes reclutas rusos en su dormitorio.

inmediatamente aparecieron en la prensa los primeros obituarios de los oficiales que fueron víctimas del ataque ruso, entre ellas el comandante de la 27 brigada de artillería del ejército ucraniano.

La responsabilidad de los oficiales que convocaron el acto tampoco tardó en ser reconocida y el general Arthyuk fue destituido por Zelensky.

Los medios ‘independientes’ los financia Estados Unidos y se convierten en ‘desinformación’ si los financia Rusia

En la jerga del periodismo posmoderno, una fuente de información se califica como “independiente” si la financia Estados Unidos. Por el contrario, si la financia Rusia, no cabe duda: se trata de “desinformación”.

Por lo tanto, para saber quién financia a quién, no hay más que leer las etiquetas que le ponen los medios de comunicación convencionales.

Por ejemplo, el tinglado “Reporteros Sin Fronteras” (RSF) es “independiente” porque fue creado y financiado por Estados Unidos y en uno de sus últimos informes se muestran preocupados porque los medios “independientes” del mundo están desapareciendo, lo cual, traducido al lenguaje corriente, quiere decir que lo que, en realidad, está desapareciendo es la financiación estadounidense.

Como los reporteros de esos medios eran parásitos que vivían de las subvenciones estadounidenses, ahora tienen que empezar a trabajar para ganarse la vida de otra manera. Les ocurre algo parecido a los periodistas españoles que en la transición cobraban del “fondo de reptiles” para blanquear el franquismo. Es lógico que se lamenten porque hasta ahora han vivido bien.

Según RSF, el final de la ayuda estadounidense está provocando un caos en todo el mundo porque el periodismo “independiente” es esencial para la democracia, la libertad y los derechos humanos (1).

La Usaid apoyaba a los medios “independientes” en más de 30 países, por lo que el impacto del cierre puede ser catastrófico. Según datos de la propia institución, en 2023 eran beneficiarios de sus subvenciones 6.200 periodistas, 707 medios de comunicación privados y 279 organizaciones de la sociedad civil.

El presupuesto de ayuda exterior para este año incluía 268 millones de dólares asignados por el Congreso de Estados Unidos para apoyar a “los medios independientes y el libre flujo de la información”.

Lamentablemente la Usaid ha cerrado su sitio web por lo que será difícil seguir el rastro del fondo de reptiles, tener un listado de medios de comunicación mercenarios, así como periodistas faltos de escrúpulos.

Las “ayudas” procedentes del extranjero suponen un auténtico desembarco colonial. En Georgia casi todos los medios de comunicación “independientes” funcionan gracias a la financiación extranjera, mientras que en Ucrania, según un estudio publicado en mayo del año pasado por el Lliv Media Forum, alrededor del 75 por cien de los medios siguen dependiendo parcial o totalmente de subvenciones extranjeras, la mayoría de las cuales son estadounidenses.

El 21 de enero el sitio web Nicaragua Investiga advirtió que el decreto de Trump “amenaza con asestar un duro golpe” a su cruzada antisandinista, siendo este apoyo un “pilar fundamental” en los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar a Daniel Ortega.

Los medios digitales cubanos son un cenáculo clásico de periodistas vendidos al imperialismo. El 26 de febrero, a Cubanet, un medio de comunicación “independiente” creado en 1994 en Miami para la campaña contra el gobierno de la isla, le retiraron la subvención de 1,8 millones de dólares que había recibido de Usaid durante tres años. El año pasado cobraron 500.000 dólares para movilizar a “la juventud cubana de la isla a través del periodismo multimedia objetivo y sin censura”.

El Diario de Cuba, que tiene su sede en Madrid, recibió 1,3 millones de dólares entre 2016 y 2020. ADN Cuba recibió 3 millones de dólares entre 2020 y 2024, aunque hay otros que difícilmente sobrevivirán a la sequía de dinero, como El Toque o CiberCuba, y buscan subvenciones y donaciones debajo de las piedras.

Pero las estrellas de la intoxicación anticubana, Radio y TV Martí, corren el peligro de desaparecer. Desde su nacimiento (1984 para la radio y 1990 para la televisión), han costado 800 millones de dólares al presupuesto de Estados Unidos para mantener el sueño de los gusanos: bailar sobre la tumba de Fidel Castro.

A RSF le preocupa la “libertad de prensa” en El Salvador (2), donde los medios parasitarios de la Usaid son numerosos: Gato Encerrado, El Faro, la Revista La Brújula (“periodismo feminista”), Focos, Mala Yerba (“periodismo ecologista”), la revista Factum, Radio Ilumina

Malos tiempos corren también en Colombia para los medios serviles hacia la oligarquía de siempre, como La Silla Vacía, la mitad de cuyos ingresos provino de la Usaid en 2023, y la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP). La hambruna es inminente.

Lo mismo le ocurre en Venezuela a Efecto Cocuyo, que es importante porque suministra combustible a las agencias de noticias y medios internacionales, sin el cual la campaña contra Maduro, el bolivarismo y el “populismo” se quedarían cojos.

En una entrada anterior ya anunciamos el cierre de las joyas de la Guerra Fría, como la Voz de América (VOA), sin cuyos embustes no se pueden entender las campañas mediáticas que precedieron al derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala (1954), al intento de invasión de Bahía de Cochinos (1961), el Golpe de Estado contra Juan Bosch en la República Dominicana (1963) y a la invasión de ese país por los marines en 1965.

Como muestra de la manera en que RSF defiende el “pluralismo informativo”, el 21 de marzo presentó una demanda contra el gobierno de Trump exigiendo el mantenimiento de la Voz de América y la reincorporación de sus reporteros mercenarios.

Entre 1985 y 2008 la propia RSF, estuvo financiada por las redes más negras del imperialismo en Latinoamérica, entre otras, el Centro para una Cuba Libre, una fundación involucrada, desde Miami, en acciones terroristas en territorio cubano, y la National Endowment for Democracy (NED), creada en 1982 por Reagan para financiar públicamente a quienes la CIA patrocinaba en secreto antes de que múltiples escándalos la obligaran a tirar la piedra y esconder la mano.

La recompensa es que RSF es un defensor incondicional de los medios de intoxicación latinoamericanos que propugnan la desestabilización de sus respectivos países.

(1) https://rsf.org/fr/%C3%A9tats-unis-le-gel-de-l-aide-internationale-am%C3%A9ricaine-par-donald-trump-plonge-le-journalisme
(2) https://www.laprensagrafica.com/elsalvador/RSF-ve-en-riesgo-la-libertad-de-prensa-en-El-Salvador-La-situacion-es-peor-de-lo-que-teniamos-en-cuenta-20250325-0019.html

Meta/Facebook despide a dos mil censores

Meta/Facebook subcontrató las tareas se censura de contenidos con Telus, una empresa canadiense que tenía su sede en Barcelona. El 4 de abril rescindió el contrato y Telus ha despedido a unos 2.000 empleados.

Hay que arrimarse al sol que más calienta. En enero la llegada de Trump a la Casa Blanca cambió la política inquisitorial típica de Meta/Facebook. La multinacional de Zuckerberg ha anunciado que elimina su programa de “verificación de datos” en Estados Unidos y que va a dejar de buscar herejes que publiquen contenidos con infracción de las normas políticamente correctas.

Eso ha reducido la necesidad de mantener inquisidores en algunos lugares, como Barcelona, donde legiones de censores buscaban contenidos “inconvenientes” en varios idiomas: catalán, holandés, francés, hebreo, portugués y español.

El gobierno de Alberta, en Canadá, creó Telus en 1990, un holding que tenía por objeto facilitar la privatización de Alberta Government Telephones (AGT), una empresa pública que había proporcionado servicios telefónicos en Alberta desde 1906.

Primero se vendió AGT y luego Telus también fue privatizada. Fue la mayor oferta pública inicial en la historia de Canadá hasta ese momento.

Luego fue evolucionando hasta convertirse en una de las principales empresas de telecomunicaciones de Canadá, especialmente tras su fusión con BC Tel en 1999.

La subcontratación de la censura es característica en las empresas tecnológicas. Accenture, Cognizant y TaskUs también ejercen de inquisidores para plataformas como YouTube, Twitter o TikTok.

No obstante, el último grito en censura es Killbait, cuyos autores (“estudiantes y profesionales del periodismo”) han recurrido a la inteligencia artificial que, además de detectar noticias falsas, presume de catalogar incluso las sensacionalistas, todo ello, naturalmente, de forma neutral.

Ha llegado la inquisición algorítmica. A diferencia de Telus, Meta y Facebook no necesitará nunca de recortes de plantilla, ni se someterá tampoco a los cambios de humor en la Casa Blanca. Por fin tenemos una herramienta política y periodística absolutamente neutral.

Estados Unidos ha dirigido la guerra contra Rusia tanto en territorio ucraniano como ruso

Las grandes cadenas de difusión tardan en apuntarse a las conspiranoias, pero al final sucumben casi siempre. El domingo el diario New York Times admitió las tesis que antes eran patrimonio de los conspiranoicos: Estados Unidos ha participado directamente en la Guerra de Ucrania en contra de Rusia y esa guerra se ha desenvuelto tanto en territorio ucraniano como en territorio ruso (*).

El título forma parte de la teoría de la conspiración (“La historia secreta de la guerra en Ucrania”) y relata la intervención militar como si los reporteros hubieran encontrado un tesoro: la participación de Estados Unidos en la guerra es “mucho más amplia de lo que se pensaba anteriormente”.

¿De lo que pensaba quién? Evidentemente de lo que pensaban los lectores que se tragan las bobadas del periódico, que jamás informó de ninguna participación del ejército estadounidense en la guerra. Por eso dice que no sabía nada y que lo acaban de descubrir este fin de semana.

Es más, también acaba de descubrir que sus soldados han estado “involucrados en el asesinato de soldados (y civiles) rusos en el suelo ruso soberano”. Ha sido una guerra no declarada, no autorizada e ilegal contra Rusia.

Además del periódico, las declaraciones de los dirigentes europeos y estadounidenses durante los últimos tres años también han sido falsas. La Guerra de Ucrania nunca ha sido un choque entre Rusia y Ucrania exclusivamente.

Oficiales estadounidenses, algunos de los cuales estaban desplegados en Ucrania, seleccionaron objetivos a atacar y autorizaron ataques individuales, convirtiéndose, de hecho, en combatientes.

A lo largo de la guerra, el gobierno de Biden violó sistemáticamente sus propias reglas sobre la dirección de los combates, llegando a autorizar ataques en territorio ruso, con armas estadounidenses y bajo las órdenes de los comandantes estadounidenses.

Los oficiales estadounidenses decidían qué tropas y objetivos civiles rusos serían atacados, y transmitían sus coordenadas al ejército ucraniano, luego autorizaban los ataques con armas proporcionadas por los países de la OTAN.

Los soldados estadounidenses y británicos fueron desplegados en Ucrania para dirigir personalmente las operaciones de combate. El ejército estadounidense ha planificado de todo, desde los movimientos de tropas estratégicos a gran escala hasta ataques individuales de largo alcance.

“Oficiales estadounidenses y ucranianos han planificado las contraofensivas de Kiev”, dice el periódico. “Un amplio esfuerzo estadounidense de recopilación de inteligencia permitió orientar la estrategia general de combate y transmitir información de objetivos precisos a los soldados ucranianos sobre el terreno”. El centro de mando estadounidense de Wiesbaden, en Alemania, “supervisaba cada ataque de misiles de largo alcance Himars contra las tropas rusas”.

Los estadounidenses “examinaban las listas de objetivos de los ucranianos y los asesoraban sobre el posicionamiento de sus lanzadores y el momento de sus ataques”. La vigilancia era tan estricta que “los ucranianos debían usar únicamente las coordenadas proporcionadas por los estadounidenses”. Para disparar una ojiva, “los operadores de misiles Himars necesitaban una tarjeta electrónica especial, que los estadounidenses podían desactivar en cualquier momento”.

“Cada mañana, los oficiales estadounidenses y ucranianos fijaban las prioridades de selección de objetivos: unidades, equipos o infraestructuras rusas”. Los oficiales de inteligencia estadounidenses y de la OTAN estudiaban las imágenes satelitales, las emisiones de radio e interceptaban las comunicaciones para identificar las posiciones rusas. “La Fuerza de Combate Dragon comunicaba luego las coordenadas a los ucranianos para que pudieran atacarlas”.

Según los términos de un responsable de inteligencia europeo, el ejército estadounidense formaba parte de la “cadena de ataque”, es decir, tomaba las decisiones sobre las tropas e infraestructuras rusas a atacar.

Todo estuvo siempre en manos de los jefes militares de Estados Unidos

Entre los objetivos proporcionados por Estados Unidos a las tropas ucranianas figuraba el Moskva, buque insignia de la flota del Mar Negro, atacado y hundido el 14 de abril de 2022. Estados Unidos también proporcionó las coordenadas de un ataque de misiles de largo alcance contra el puente de Kerch, que conecta la Rusia continental con Crimea.

Incluso el New York Times cuenta cosas nuevas por primera vez, informaciones que no teníamos: el ataque ucraniano del año pasado contra el arsenal de Toropets, al oeste de Moscú, fue dirigido por la CIA. “Agentes de la CIA compartieron información sobre las municiones y las vulnerabilidades del depósito, así como sobre los sistemas de defensa rusos en ruta hacia Toropets”. Calculó el número de drones necesarios para la operación y cartografió sus trayectorias de vuelo tortuosas.

El New York Times escribe que “ataques de Himars que causaron al menos 100 muertos y heridos rusos ocurrieron casi todas las semanas”. El periódico también admite que un número no revelado de soldados estadounidenses en servicio activo fue desplegado en Ucrania. “En numerosas ocasiones, el gobierno de Biden autorizó operaciones encubiertas que anteriormente había prohibido”. Consejeros militares estadounidenses fueron enviados a Kiev y luego autorizados a acercarse a los combates.

Por su parte, el ejército británico “desplegó pequeños equipos de oficiales en el país después de la invasión [rusa]”. El artículo abunda en detalles sobre los conflictos entre responsables estadounidenses y ucranianos, y dentro del propio ejército estadounidense, respecto a la dirección de la guerra.

En ellos destaca la presión constante ejercida por Estados Unidos sobre Ucrania para que movilice a la población de manera masiva y, en particular, cada vez más joven para ser usada como carne de cañón en una guerra que sólo interesa a Estados Unidos y a sus socios de la OTAN.

El artículo relata el llamamiento del general Christopher Cavoli, entonces comandante supremo de las fuerzas aliadas de la OTAN en Europa, a “involucrar a los jóvenes de 18 años”. También destaca las presiones del secretario de Defensa Lloyd Austin contra Zelensky para que tome “una decisión más audaz y comience a reclutar a jóvenes de 18 años”.

¡No era propaganda prorrusa!

La participación directa de Estados Unidos y la OTAN en la Guerra de Ucrania siempre fue considerada como propaganda prorrusa y una teoría de la conspiración. Las declaraciones oficiales siempre negaron tal cosa, haciéndose los enfadados.

¿Por qué el New York Times rompe ahora su silencio? ¿Por qué un diario incondicional de Biden y del partido demócrata revela hoy las mentiras del anterior Presidente? ¿Por qué destapa sus propias mentiras, que ha alimentado sin pestañear durante tres años?

La explicación es que Rusia ha ganado la guerra y con la derrota del otro bando han caído sus máscaras, sus fraudes y sus engaños. Para acabar con la propaganda de guerra hay que acabar con la guerra.

El 20 de marzo de 2022 el New York Times decía: “Usando un diluvio de mentiras, cada vez más extravagantes, el presidente Vladimir Putin ha creado una realidad alternativa, en la cual Rusia está en guerra, no contra Ucrania, sino contra un enemigo occidental, más grande y más pernicioso”.

Ahora queda claro quién es el que mentía y los reporteros se hacen los tontos diciendo que han descubierto el cofre del tesoro.

(*) https://www.nytimes.com/interactive/2025/03/29/world/europe/us-ukraine-military-war-wiesbaden.html

Trump cierra dos emisoras de radio de los tiempos de la Guerra Fría

Trump firmó un decreto que ordenó reducir al mínimo siete instituciones, entre ellas la Agencia de Estados Unidos para Medios Mundiales (Usagm), que supervisa dos radios características de la Guerra Fría, que hicieron bandera del anticomunismo: Voice of America y Radio Liberty. Un día después, el director de Voice of America, Michael Abramowitz, anunció que más de 1.300 empleados de la emisora habían sido despedidos.

La oficina de prensa de la Casa Blanca emitió un comunicado explicando las razones del corte de la financiación (*).

Según Reuters, Radio Liberty también ha suspendido sus operaciones. Tuvo una base operativa en España, específicamente en Playa de Pals (Costa Brava), donde se instalaron antenas de transmisión desde 1959 hasta 2006. La estación, conocida como Radio Liberty Pals, fue un punto estratégico para emitir hacia la URSS, y aunque era operada principalmente por personal estadounidense, colaboró con periodistas españoles.

Mientras Luis de Benito fue uno de los periodistas españoles que trabajaron en Voice of America, Jose María Íñigo lo hizo para Radio Liberty en los años setenta.

Voice of America

La Voice of America se creó el 1 de febrero de 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, para contrarrestar la propaganda nazi y japonesa. Fue una tarea de la Oficina de Información de Guerra (Office of War Information, OWI) encabezada por figuras como Robert Sherwood, un dramaturgo y asesor de Roosevelt.

Tras la Segunda Guerra Mundial, con el inicio de la Guerra Fría, la Voice of America se convirtió en un vector de intoxicación dirigico contra la población soviética y la CIA entró en escena. En 1947 Estados Unidos aprobó la Ley de Seguridad Nacional y creó la CIA para ampliar sus operaciones de propaganda.

Al año siguiente se aprobó la Ley Smith-Mundt, que formalizó el papel de la Voice of America como emisora internacional de radio bajo el control del Departamento de Estado. Durante décadas intoxicó en casi 50 idiomas diferentes a millones de oyentes en todo el mundo.

Después la CIA financió y dirigió proyectos paralelos de propaganda, como Radio Free Europe (RFE) y Radio Liberty (RL), creadas en 1949 y 1951, respectivamente. Estas emisoras, a diferencia de la Voice of America, fueron concebidas como operaciones encubiertas para transmitir mensajes desestabilizadores contra los países del bloque del este de Europa. Durante años, la CIA canalizó fondos a través de organizaciones fachada como el Comité Nacional para una Europa Libre, ocultando su intervención hasta que esto se reveló públicamente en la década de los sesenta.

Los historiadores han señalado la coordinación entre la propaganda imperialista de la Guerra Fría y las operaciones encubiertas de la CIA. Durante la Guerra Fría, la Voice of America y las demás emisoras de la CIA estuvieron estrechamente supervisadas por el Consejo de Seguridad Nacional, especialmente durante la Guerra de Corea (1950-1953) y la contrarrevolución húngara de 1956.

A partir de 1953 la Voice of America dependió de la Agencia de Información de Estados Unidos (Usia), creada por Eisenhower con la misma misión de defender las políticas imperialistas de Estados Unidos. A su vez, la Usia desapareció en 1999 y la Voice of America pasó a depender del Consejo de Gobernadores de Radiodifusión (BBG) y luego de la Usagm.

Radio Liberty

Radio Liberty fue creada en 1951 dentro de una operación encubierta de la CIA, bajo el nombre inicial de Radio Liberación. Su primera transmisión fue en 1953 y se centró específicamente en la URSS y, tras su colapso, en Rusia y otras exrepúblicas soviéticas.

Inicialmente fue financiada en secreto por la CIA a través de organizaciones fachada como el Comité Nacional para una Europa Libre, hasta que el montaje se despató en 1971, cuando el Congreso lo asumió abiertamente.

Luego formó parte de Radio Free Europe, bajo la dependencia de la Usagm.

Para la guerra sicológica contra la URSS contrataba disidentes y exiliados soviéticos como locutores para tratar de conectar con su audiencia.

(*) https://www.reuters.com/business/media-telecom/trump-signs-order-gut-voice-america-other-agencies-2025-03-15/

Moldavia reconoce que Rusia no es ninguna amenaza para su país

A veces los políticos europeos también tienen episodios de lucidez. Es el caso del primer ministro moldavo, Dorin Recean, quien ha reconocido públicamente que Rusia no es ninguna amenaza para su país.

“No vemos cómo Rusia podría representar una amenaza militar para Moldavia”, dijo Recean, que ha rechazado las acusaciones de Macron sobre una supuesta amenaza rusa contra Moldavia.

“Estamos participando activamente en debates a diferentes niveles. Usted notará que la Presidenta Sandu es muy activa en los foros internacionales y europeos, asegurando que estamos bien posicionados”, dijo Recean en una reunión informativa después de una reunión del gobierno.

Previamente el antiguo ministro de Asuntos Exteriores de Moldavia, Valeriu Ostalep, había calificado de “peligrosas” las declaraciones de Macron.

El presidente francés afirmó que la guerra había causado un millón de muertos y heridos, y presentó un mapa de los territorios anexionados por Rusia desde 2014, incluyendo Crimea y parte del Donbas.

Pero en definitiva lo que está ocurriendo es que los estadounidenses buscan un alto el fuego duradero, mientras Macron destaca por todo lo contrario, lo mismo que algunos dirigentes europeos. Prefieren jugar la carta del miedo. Hablan de una amenaza inminente de guerra, lamentando que los estadounidenses los hayan dejado abandonados.

El Pentágono asesinó a los prisioneros de guerra estadounidenses capturados por los vietnamitas

La Operación Tailwind fue una incursión en el interior de Laos de las fuerzas especiales estadounidenses para asesinar a los soldados que habían caído presos del ejército vietnamita.

Hollywood ha creado un mito absolutamente falso en torno a esos prisioneros de guerra estadounidenses capturados en Vietnam, donde -supuestamente- padecían toda clase de torturas y calamidades.

Sin embargo, la CIA los calificaba de “tránsfugas” y “desertores” porque colaboraban con el ejército vietnamita, proporcionando información. Imitaban a los controladores aéreos avanzados, suplantaban los canales de radio militares estadounidenses y atraían a los bombarderos estadounidenses a las trampas de la artillería antiaérea de los vietnamitas.

A diferencia de las películas, los cables de la CIA sobre la guerra secreta en Laos que se han desclasificado describen a los prisioneros de guerra bien alimentados, liberados de las prisiones y colaborando con los vietnamitas.

El Pentágono y la CIA emprendieron varias misiones conjuntas para localizarlos y asesinarlos. El 11 de septiembre de 1970 emprendieron una incursión en el sur de Laos, en una zona oficialmente neutral que formaba parte de la Ruta Ho Chi Minh. El ejército vietnamita la recorría para transportar suministros y tropas hacia el sur.

La Operación fue ejecutada por un equipo de asesinos de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, conocido como Grupo de Observación y Estudio (SOG), en colaboración con mercenarios locales que conocían las montañas, posiblemente de los “hmong”. La unidad vestía uniformes desprovistos de insignias y placas de identidad. También iban equipados con armas que no se fabrican en Estados Unidos.

Era una Operación conjunta del ejército, la Fuerza Aérea, la CIA y la NSA. Estaba supervisada por el Estado Mayor Conjunto y la Casa Blanca, con Nixon a la cabeza. No podía haber filtraciones y su existencia se debía negar en cualquier caso.

A lo largo de la Guerra de Vietnam, Estados Unidos siempre aseguró que no desplegaba tropas en Laos. Por ello la información sobre Tailwind se clasificó al más alto nivel de confidencialidad. Se falsificaron los registros de personal para ocultar la participación del SOG y los informes sobre el operativo se redactaron a mano.

El equipo de asesinos estaba integrado por 16 soldados estadounidenses y aproximadamente unos 120 mercenarios. Descendieron de los helicópteros cerca de Chavan y durante los tres días que duró la operación, se enfrentaron a intensos combates con los vietnamitas, lo que resultó en una misión caótica en la que los “skyraiders” de la Fuerza Aérea estadounidense lanzaron gas sarín.

Nixon y Kissinger autorizaron el lanzamiento de gases tóxicos, pero mientras los soldados estadounidenses portaban máscaras antigás, los mercenarios locales carecían de ellas, por lo que el Pentágono sabía que perecerían en la operación, lo mismo que los prisioneros de guerra estadounidenses y los civiles laosianos.

El lanzamiento de gases tóxicos está prohibido por los tratados internacionales. Su empleo fue algo absolurtamente deliberado. Además de máscaras, los miembros del SOG llevaban cápsulas inyectables de atropina, el antídoto a la inhalación del sarín.

Verdades, mentiras y desmentidos

La Operación Tailwind nunca fue conocida hasta décadas después, gracias a un reportaje periodístico titulado “Valley of Death” emitido por la CNN y Time Warner en 1998. El almirante retirado de la Marina, Thomas H. Moorer, que había presidido el Comité de Estado Mayor Conjunto durante la Operación, confesó que el objetivo de la Operación era el asesinato de los prisioneros de guerra y que habían lanzado gas sarín para rescatar a los miembros del SOG.

Moorer dijo que, como Estados Unidos no ratificó los Protocolos de Ginebra hasta 1975, el uso de gas sarín en 1970 era técnicamente legal.

Los medios que publicaron el reportaje y sus periodistas sufrieron todo tipo de presiones políticas y amenazas de muerte. La CIA dijo que no había pruebas de matanzas de prisioneros de guerra ni del uso de gas sarín durante la Operación. Por su parte, el Pentágono publicó un apresurado y característico informe en el que decía que tampoco había podido encontrar ningún rastro de la Operación.

El almirante Moorer padecía senilidad, dijeron los intoxicadores. Entrevistados por los medios, los participantes del SOG confirmaron los detalles de la Operación, aunque luego obligaron a algunos de ellos a sdesmentirse a sí mismos.

Pero, finalmente, ambos medios claudicaron y se retractaron, admitiendo que no había pruebas de los asesinatos de los prisioneros de guerra, ni del uso de gas sarín.

La retractación estuvo acompañada del despido de los dos periodistas que elaboraron el reportaje.

El Pentágono sigue manteniendo el secreto sobre los asesinatos.

La Operación Tailwind se estudia hoy en las facultades de periodismo como un paradigma de la sumisión de los medios de comunicación a sus gobiernos respectivos.

El asesinato de los propios sodados y el empleo de gases tóxicos han pasado a un segundo plano.

WikiLeaks destapa una red mundial de intoxicación financiada por Estados Unidos

La prohibición de RT y Sputnik en los países europeos se justificó porque eran medios públicos que recibián fondos del gobierno de Rusia. Por lo tanto, no eran “independientes”, como si eso fuera algo exclusivo de los medios rusos y no de otros, como la BBC, que también cobran de los presupuestos del Estado.

Es algo que comparten muchos medios de mundo, lo mismo que las agencias de noticias. Por ejemplo, los cazadores de bulos dicen que no es cierto que la BBC haya cobrado de la Usaid. En realidad no es tan falso: el dinero no fue a la BBC directamente sino a su programa “humanitario”, llamado BBC Media Action.

Según WikiLeaks, la Usaid inyectó casi 500 millones de dólares de dinero público a una ONG llamada “Internews Network”, que ha tejido una red mundial de intoxicación (1). Colabora con más de 4.200 medios de comunicación en todo el mundo, llegando a una audiencia de 778 millones de personas y adiestrando a más de 9.000 periodistas para hacerlos sumisos a los dictados del imperialismo.

El presupuesto de Internews Network se ha duplicado desde 2016 y obtiene el 87 por cien de sus fondos del gobierno de Estados Unidos a través de la Usaid, así como de gobiernos europeos. También recibe dinero de la Fundación Ford, de Bill Gates y de la Open Society de George Soros, entre otras, y está muy relacionada con la Fundación Clinton (2).

En 1994, durante el asedio de Sarajevo, Internews Network se asoció con Soros para establecer la Balkan Media Network, promoviendo ciertos medios de intoxicación en la antigua Yugoslavia.

Uno de los proyectos de la red en Latinoamérica y España (“One Health”) nació con la pandemia, para “formar” periodistas capaces de difundir un mensaje uniforme en temas de salud, desastres ambientales y otro tipo de calamidades parecidas (3).

La trama la dirige Jeanne Bourgault, una antigua funcionaria de la embajada de Estados Unidos en Moscú. Su currículum ha desaparecido de la página web de la organización.

WikiLeaks también destapa a figuras clave vinculadas a la red, como Richard J. Kessler y Simone Otus Coxe, esposa del director de la multinacional tecnológica NVIDIA, Trench Coxe.

Tiene oficinas en Londres, París, Kiev, Bangkok y Nairobi. La red mafiosa incluye seis subsidiarias, una con sede en las Islas Caimán, un importante paraíso fiscal, y su dirección de facturación principal es un edificio abandonado en California.

La red promueve la censura y el control de los medios de comunicación del mundo entero. En el Foro de Davos Bourgault confesó que era partidaria de las “listas de exclusión” de la publicidad como forma de presionar para silenciar lo que ella considera como “desinformación” (4). Dijo que “la desinformación genera dinero y debemos seguir ese dinero” y, siguiendo su consejo, la pista nos ha llevado… hasta su oficina.

(1) https://x.com/wikileaks/status/1888072129327083979
(2) https://www.clintonfoundationtimeline.com/category/clinton-foundation-timeline/clinton-global-initiative/
(3) https://healthjournalism.internews.org/article/internews-amplia-sus-cursos-con-enfoque-one-health-para-periodistas-en-america-latina-y-el-caribe/
(4) https://www.youtube.com/watch?v=-qS2Z8hBTK4

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