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Categoría: Guerra psicológica (página 3 de 45)

El Putin más chistoso compara a los drones con los ovnis

Los medios de intoxicación occidentales siempre han pintado a Putin como a un ogro. Así aparece en las fotos y en los actos oficiales. Casi nunca sonríe y cuando ensaya una mueca, se tiene que contener por culpa del protocolo.

Pero nosotros siempre hemos sospechado, y lo hemos puesto de manifiesto, que en uno de los bares del Kremlin pasan las tardes en medio de carcajadas escuchando las imbecilidades de los jerarcas europeos y sus portavoces mediáticos.

Ahora los corresponsales han descubierto el lado chistoso del Presiente ruso y, como es normal, tampoco les gustan sus bromas. No les gusta nada, tanto si dice una cosa como la contraria.

El jueves, durante la sesión plenaria del Foro Valdai, el moderador Fiodor Lukyanov le preguntó por las acusaciones de violación del espacio aéreo de la OTAN. ¿Por qué Rusia envía drones a Dinamarca? “No lo haré más. No los enviaré a Francia, Dinamarca ni Copenhague. ¿Hasta dónde llegan ya?… ¿Lisboa?… ¿Adónde más?”, respondió el presidente ruso en medios de una carcajada.

Putin apenas podía aguantarse en pleno acto público solemne. De cachondeo argumentó que los europeos estaban dando tanta importancia a los incidentes con drones, como antes a los ovnis. “Hay tantos excéntricos allí, igual que aquí, por cierto. Son todos iguales, sobre todo los jóvenes. Te los mandan a diario. A diario, por dios. Que se enteren de todo eso”, dijo, añadiendo irónicamente: “Ni siquiera tenemos drones capaces de llegar a Lisboa. Sí, tenemos drones de largo alcance, pero no hay objetivos en Lisboa”.

Es lógico que en Moscú se burlen. Por ejemplo, en Noruega detuvieron a los que estaban operando drones cerca de un aeropuerto y resultó que eran… alemanes.

El buque “ruso” que capuraron los franceses en medio de una orgía de bulos, tampoco era ruso, sino beninés y estaba fletado por China. En otro acto de piratería, lo capturaron en aguas internacionales. Luego lo registraron a fondo y no encontraron absolutamente nada fuera de lo habitual. Ya ha sido liberado y ha seguido su rumbo en medio del silencio porque el único interés era orquestar otra campaña de intoxicación.

Como bien dijo Putin, Macron intenta “desviar la atención del público”. Para disimular la bancarrota económica, dice: “Franceses, uníos a mí, os guiaré hasta la victoria. Como Napoleón”. Cuando el moderador le indicó que estaba halagando al Presidente francés, Putin respondió que lo hacía “con mucho gusto”, y añadió irónicamente: “De hecho, tenemos […] muy buenas relaciones de trabajo”.

Los periodistas occidentales que estaban presentes en la sala no sólo no se rieron sino que se sintieron ofendidos. El tema de los drones rusos volando por encima de los países de la OTAN es un asunto muy serio. En Dinamarca “el espacio aéreo se está cerrando por pánico”, aunque no sabemos si se trata del pánico de los viajeros de las líneas aéreas o el del gobierno.

“El simple zumbido de un juguete de 500 euros bloquea infraestructuras que valen miles de millones. Esta es nuestra modernidad europea, un coloso de acero que tiembla ante un mosquito”, afirmó la cadena.

El cachondeo del presidente ruso sobre los drones es “a costa” de los europeos porque “ignora por completo” a Europa y destapa su “incapacidad para valerse por sí misma”. Putin está “jugando” y “manejando los hilos”, mientras Europa baila, “atrapada en la farándula de sus propios miedos”. En realidad, confiesa LCI, Rusia “no destruye nada pero lo revela todo: revela nuestra vulnerabilidad, nuestra incapacidad para levantarnos, para liberarnos”.

 

Los satélites espaciales rusos acechan a los alemanes en medio de la oscuridad del espacio

Los rusos resultan muy molestos. Primero fue el avión de Ursula von der Leyen. Luego los drones rusos que caen como la lluvia por todos los rincones de Europea oriental. Después los aviones que invaden el espacio aéreo de los vecinos. Ahora le toca el turno a los satélites espaciales.

El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, ha denunciado la supuesta presencia de los satélites rusos “cerca” de los alemanes, alegando interferencias, espionaje y sabotaje espacial.

En una conferencia espacial en Berlín, Pistorius aseguró que las aeronaves alemanas estaban siendo “vigiladas de cerca” por dos satélites rusos (*). Uno se lanzó en 2014 y el otro en 2023. Según su relato, esos aparatos en órbita rusos son espías que acechan en medio de las sombras del cosmos.

Los satélites rusos no solo volaban en paralelo: eran capaces de interferir las comunicaciones, cegar sensores o incluso destruir directamente otro satélite. Todo un catálogo de amenazas, enunciadas con la gravedad de un general en medio de una batalla galáctica.

Para dramatizar aún más, el ministro incluso mencionó “39 satélites rusos y chinos” que sobrevuelan Europa a diario, llegando incluso a aconsejar a los que acudieron al acto que “cuidaran sus palabras”, como si la sala de conferencias se hubiera transformado repentinamente en una cabina de escucha de la Guerra Fría.

Pero tras el melodrama espacial se esconde un mensaje ufano: el anuncio de una colosal inversión de 35.000 millones de euros en programas espaciales durante los próximos cinco años. Un presupuesto astronómico, en toda la extensión de la palabra, presentado como respuesta a una amenaza externa.

Mientras en Europa los trabajadores padecen constantes recortes presupuestarios, el gobierno de Berlín opta por evocar el espectro de la Guerra de las Galaxias para justificar su despilfarro y a Alemania como un actor protagonista de esta nueva saga de la serie.

El discurso refleja la necesidad de proyectarse como un padrino a la altura de Moscú. Los países de la Unión Europea pueden ser comparsas; Alemania no. Al no alcanzar protagonismo en la Tierra, Pistorius quiere forjar una identidad en el espacio exterior.

La comparación con Star Wars no es casual: los satélites rusos se convierten en “naves imperiales” que acechan en la oscuridad, Alemania se disfraza de valiente caballero amenazado y el presupuesto espacial sirve como sable de luz. Pero al esforzarse demasiado en recrear la saga, Berlín corre el riesgo de transformar su política de guerra en un hazmerreir. La diferencia entre una amenaza real y una paranoia cósmica se difumina.

(*) https://news.sky.com/story/german-satellites-being-shadowed-by-russian-satellites-warns-defence-minister-13437664

Una fotoperiodista canadiense deja la agencia Reuters porque reproduce la propaganda israelí

Durante ocho años he trabajado como autónoma para Reuters. Mis fotos han sido publicadas por el New York Times, Al Jazira y otros medios de comunicación. A estas alturas, me resulta imposible mantener una relación con Reuters, dado su papel en justificar y facilitar el asesinato sistemático de 245 periodistas en Gaza. Les debo al menos esto a mis colegas palestinos.

Valerie ZinkCuando Israel asesinó a Anas Al Sharif y a todo el equipo de Al Jazira en Gaza el 10 de agosto, Reuters decidió publicar la afirmación completamente infundada de Israel de que Al Sharif era un agente de Hamas, una de las innumerables mentiras que medios como Reuters han repetido y honrado diligentemente.

Otros cinco periodistas, incluido el camarógrafo de Reuters, Hossam Al Masri, se encontraban entre las 20 personas asesinadas en el Hospital Nasser. Los medios occidentales son directamente responsables de crear las condiciones para tal situación.

Los medios occidentales hicieron posible la muerte de más periodistas en dos años en una pequeña franja de tierra que en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, las guerras de Corea, Vietnam, Afganistán, Yugoslavia y Ucrania, por no mencionar la hambruna que asoló a toda una población, la masacre de sus niños y los bombardeos masivos.

El hecho de que el trabajo de Anas Al Sharif le valiera a Reuters un Premio Pulitzer no impulsó a la agencia de noticias a defenderlo cuando las fuerzas israelíes lo incluyeron en la lista negra por ser activista de Hamas y la Yihad Islámica. No impulsó a la agencia a defenderlo cuando pidió protección a los medios internacionales después de que un portavoz militar israelí publicara un vídeo que expresaba claramente su intención de asesinarlo tras un informe sobre la creciente hambruna. No impulsó a la agencia a informar honestamente sobre su muerte cuando fue perseguido y asesinado unas semanas después.

He disfrutado del trabajo que he realizado para Reuters durante los últimos ocho años, pero en este momento, solo puedo imaginar llevar este pase de prensa con profunda vergüenza y dolor. No sé qué significa comenzar a honrar el sacrificio y el coraje de los periodistas de Gaza —los más valientes y mejores que han vivido jamás— pero en el futuro, ese es el espíritu con el que dirigiré todas mis contribuciones.

Valerie Zink

—https://nbmediacoop.org/2025/08/26/why-i-can-no-longer-work-with-reuters/

YouTube admite presiones políticas de Biden para censurar contenidos

Alphabet, la empresa matriz de YouTube y Google, reconoce haber sido sometida a presiones directas del gobierno de Biden para censurar ciertos contenidos sensibles. Los temas censurados son la pandemia, las elecciones estadounidenses de 2020 y loso chanchullos de su hijo Hunter Biden.

Ahora el gigante tecnológico promete revisar las cuentas bloqueadas por motivos políticos.

El caso se remonta a la pandemia y las elecciones de 2020, cuando las grandes empresas tecnológicas se sometieron a las directrices de la OMS y la burocracia sanitaria. Ahora las investigaciones realizadas por el Comité Judicial del Congreso están poniendo de relieve la censura sistemática: eliminación de vídeos, prohibiciones masivas y reducción drástica de la visibilidad de los contenidos críticos.

El holding Alphabet/Youtube/Google reconoce que estas decisiones no siempre fueron voluntarias, sino que respondieron a órdenes políticas de la Casa Blanca.

Alphabet aprovechó la ocasión para criticar la Ley Europea de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA). La multinacional cree que estas leyes imponen una carga normativa desproporcionada a las empresas estadounidenses y corren el riesgo de reforzar la censura.

Los congresistas temen que las obligaciones impuestas por la Unión Europea puedan exportarse a Estados Unidos, allanando el camino para una mayor censura.

La decisión del holding Alphabet de flexibilizar su censura y criticar públicamente a la Unión Europea marca un cambio estratégico. La empresa busca restaurar su imagen de plataforma abierta porque las acusaciones de sumisión política han socavado su credibilidad.

La confesión del monopolio tecnológico confirma que la censura digital no era solo una política interna de la plataforma, sino un instrumento del gobierno estadounidense.

Una historia falsa de cabo a rabo: las interferencias rusas del avión de Von Der Layen

La semana pasada los medios de comunicación del mundo entero informaron que el avión en el que viajaba Ursula von der Leyen a Plovdiv, Bulgaria, había experimentado interferencias en el GPS y había tenido que navegar usando mapas de papel.

Era un sabotaje que imputaron a Rusia, un anticipo del ataque que preparan para dentro de muy poco. Los rusos habían tratado de asesinar o, por lo menos, de intimidar, a la Presidenta de la Comisión Europea. Las lamentaciones de los tertulianos y comentaristas de todos los pelajes fueron las típicas de un caso así.

El bulo lo fabricó el Financial Times fue: “El avión de Ursula von der Leyen fue alcanzado por una interferencia posiblemente rusa del GPS” (1). El titular de la cadena ABC repitió exactamente lo mismo (2) y la BBC también se mojaba lo justo: “El avión de la jefa de la UE, Von der Leyen, fue alcanzado por una presunta interferencia rusa del GPS” (3).

En consecuencia, los primeros falsificadores eran muy cautos: el origen ruso de la interferencia sólo era una sospecha. Pero a partir de ahí todos los medios de comunicación se olvidaron de recordar que sólo eran sospechas del Financial Times.

La agencia Associated Press quiso dar un pasó adelante porque había obtenido “toda la información necesaria”, aunque no era necesario porque Bulgaria no iba a investigar nada. Todo estaba muy claro. Las interferencias en el GPS son muy comunes desde el comienzo de la guerra en Ucrania, decía. Les faltaba concluir que todas las interferencias en el espacio aéreo son obra de los rusos.

En la misma línea, la cadena Sky sacó su bola de cristal: se prevé que estos “casos” aumenten (5). ¿Casos? No se puede calificar como mero “caso” lo que es el principio de un ataque en toda regla a la Unión Europa, porque en esta historia lo principal es el origen de las interferencias: proceden de Rusia. Estamos ante una escalada militar. Es el principio de la guerra…

Es preocupante para todos aquellos que viajan en avión, los turistas y los trotamundos. ¿Deben alamarse por las interferencias rusas? ¿deben preguntar a la tripulación de cabina si aún conservan sus mapas de papel en la guantera? Un típico medio de manipulación como ABC quiso sembrar el pánico: “¿Qué puede hacer Europa para defenderse mejor de las interferencias rusas del GPS?” (6).

Por sí misma Europa poco puede hacer pero, afortunadamente, tenemos a la OTAN que nos va a ayudar, dijo The Independent: la OTAN trabaja para contrarrestar las interferencias del GPS por parte de Rusia después del incidente del avión de Von der Layen.

Pero la pregunta correcta no es si los rusos fueron responsables de las interferencias en el GPS del avión, sino si realmente se produjeron tales interferencias. Según el sitio web FlightRadar24, que vigila los datos GPS y telemétricos del tráfico aéreo en todo el mundo, el avión no llegó con horas de retraso a causa de las interferencias, como dijo el Financial Times. Sólo se retrasó nueve minutos, lo que es completamente normal en el transporte aéreo (7).

Cualquiera lo podía haber comprobado en internet en menos de un minuto… excepto los intoxicadores, que sólo revisan los bulos cuando les conviene. Las cargas del avión conservaron la señal del transpondedor durante todo el viaje, como reconoció luego el propio Financial Times: “De forma extraordinaria, el transpondedor a bordo del avión de la señora Von der Leyen pudo establecer la posición tanto del avión como de la emisora ​​durante todo el incidente”.

¿De forma extraordinaria? Deberían haber reconocido que se trataba de un milagro: a pesar de las interferencias rusas, el avión no padeció interferencias. No hubo nada de nada. Aunque se empeña en hablar de un “incidente”, durante el viaje no se produjo nada anormal. “La posición de la aeronave tiene una señal de control precisa y continúa en los sitios web de monitoreo de vuelo, el sistema de seguimiento depende del modo de transmisión automática (ADS-B) que no fue afectado” (8).

Le pueden dar las vueltas que quieran: no hubo tales interferencias, ni rusas ni de ningún otro país. El montaje del Financial Times y demás medios forma parte de la burbuja intoxicadora que nos rodea y que irá en aumento, lo mismo que las provocaciones y manipulaciones.

(1) https://www.ft.com/content/3c330f87-71c4-4db9-8259-f5c132c1f0d3
(2) https://www.abc.net.au/news/2025-09-01/eu-president-plane-gps-intercepted-by-russian-interference/105722818
(3) https://www.bbc.co.uk/news/articles/c9d07z1439zo
(4) https://apnews.com/article/russia-europe-jamming-spoofing-gps-satellite-b6d48d7d515f7edb48c7241f13a22851
(5) https://news.sky.com/story/russia-responds-to-gps-jamming-accusations-but-such-instances-are-expected-to-escalate-13423288
(6) https://www.abc.net.au/news/2025-09-01/eu-president-plane-gps-intercepted-by-russian-interference/105722818
(7) https://www.flightradar24.com/51.47,0.46/6
(8) https://www.ft.com/content/44cb37b6-2d82-402f-8c96-98b951f464af

Google se ha convertido en el aparato de propaganda de Israel

En junio Google firmó un contrato de 45 millones de dólares con Netayahu para implementar una campaña publicitaria digital por todo el mundo que promueva el mensaje del Estado israelí durante el genocidio en curso en Gaza.

El contrato incluye anuncios en YouTube y a través de la plataforma Display & Video 360 de Google, descritos explícitamente en documentos gubernamentales como parte de la guerra de propaganda de Israel.

Una filial de Google, la empresa Display & Video 360, que es la rama publicitaria de la multinacional, ha autorizado una extensa campaña de propaganda denominada explícitamente “hasbara”, un término hebreo que denota la propaganda respaldada por el Estado, a menudo utilizada para encubrir las acciones militares israelíes.

La campaña se lanzó el 2 de marzo al tiempo que crecía la condena internacional por la decisión de Israel de cortar el suministro de alimentos, combustible y ayuda humanitaria a Gaza, lo que desencadenó lo que la ONU describe como una hambruna provocada por los sionistas.

Uno de los resultados más vistos de la campaña fue un video de YouTube del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, que afirmaba falsamente: “Hay comida en Gaza. Cualquier otra afirmación es mentira”. El anuncio fue visto más de 6 millones de veces, impulsado considerablemente mediante promoción pagada en el marco del contrato con Google.

La iniciativa ha sido coordinada por la Agencia de Publicidad del gobierno de Israel (Lapam), un departamento que reporta directamente a la oficina de Netanyahu.

Como parte de la campaña más amplia, Israel también invirtió 3 millones de dólares en publicidad con X/Twitter, 2,1 millones de dólares con la plataforma franco-israelí Outbrain/Teads y una cantidad no revelada para promocionar contenido alineado con Israel en las plataformas del holding Meta/Facebook.

Otros anuncios publicados en el marco del contrato se dirigieron a instituciones internacionales y ONG. Varios intentaron deslegitimar al Organismo de Obras Públicas y Socorro de la ONU, acusando a la UNRWA de “sabotaje deliberado” a la entrega de ayuda.

Otros intentaron difamar a grupos solidarios con Palestina, como la Fundación Hind Rajab, presentándolos como vinculados a “ideologías extremistas”.

La ONU ha alertado sobre la hambruna en toda Gaza. Hasta este mes, al menos 367 palestinos, incluidos 131 niños, han muerto de hambre y desnutrición. A pesar de ello, Google continua publicando anuncios negacionistas del Estado israelí.

Otra campaña publicitaria se dirigió a quienes criticaban las operaciones militares israelíes en Irán, tras la campaña de bombardeos aéreos de 12 días conocida como Operación León Rampante, que mató al menos a 436 civiles iraníes. La campaña “hasbara” del gobierno de Netanyahu fue diseñada para promover los ataques como necesarios para la seguridad de “Israel y Occidente”, con contenido digital distribuido en las plataformas de Google y X/Twitter.

El papel de las empresas tecnológicas estadounidenses en la negación del genocidio en Gaza y la desinformación sobre los crímenes de guerra es creciente. En junio la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, acusó a Google de lucrarse con el genocidio de Gaza. En una reunión con sus trabajadores, el cofundador de Google, Sergey Brin, calificó a la ONU de “organización manifiestamente antisemita”.

Google ya está bajo escrutinio por su participación en el Proyecto Nimbus, una colaboración con Amazon para la computación en la nube que proporciona infraestructura al ejército israelí. La implicación de la empresa con el aparato bélico israelí pone de relieve la complicidad de los grandes monopolios de Silicon Valley en el mantenimiento y la legitimación de los crímenes de guerra.

El tiro por la culata: las pistas de la ejecución de Parubiy conducen a… Kiev

La policía ucraniana ha capturado al hombre que mató a tiros a Andriy Parubiy en Lviv el sábado. Se trata de Mijail Stselnikov y el montaje que ha pretendido llevar a cabo la propaganda imperialista se ha vuelto a esfumar demasiado rápidamente.

Stselnikov no es un agente encubierto de los servicios especiales de Rusia, sino un ucraniano cuyo hijo desapareció durante la guerra. El motivo de la ejecución no es Rusia sino Ucrania.

La policía ucraniana metió a pata. Cuando se conoció la noticia de la detención de un sospechoso del asesinato de Parubiy, en Kiev todas las camarillas, las locales y las internacionales, buscaron la “pista rusa”. Stselnikov debía llevarles directos hasta el Kremlin.

Pero la confesión del detenido dijo otra cosa: su acto fue un acto de venganza personal contra el gobierno ucraniano. Eligió a Parubiy porque vivía cerca, y habría elegido al antiguo presidente Petro Poroshenko si hubiera sido más conveniente.

En respuesta a las preguntas de los periodistas en la sala, ayer Stselnikov dijo: “Quiero ser juzgado rápidamente, canjeado como prisionero de guerra e ir a Rusia a buscar el cuerpo de mi hijo“.

Las palabras del detenido cuentan la historia de un padre que, como tantos otros ucranianos, vive afligido por la guerra. Stselnikov lo tiene claro; no culpa al Kremlin, sino a su propio gobierno. Su hijo no es una víctima de la “invasión rusa”, sino del rumbo seguido por los gobiernos ucranianos desde 2014.

La elección del objetivo no es casual: se trata de personajes que, desde el Golpe de Estado de 2014, han llevado a Ucrania por el camino de la guerra contra Rusia, siguiendo las instrucciones de sus amos de la OTAN al pie de la letra.

Las encuestas confirman el malestar social en Ucrania. Según una realizada por Rating Group el mes pasado, el 82 por cien de los ucranianos apoya ahora las negociaciones con Rusia, en comparación con solo el 11 por cien que apoya la continuación de la guerra.

Hoy Zelensky solo obtendría el 35 por cien de los votos.

Los ucranianos están exhaustos, resentidos y ven a sus dirigentes cada vez más claramente no como protectores, sino como obstáculos para la paz.

La audiencia de la cadena RT supera a la CNN incluso en Estados Unidos

Uno de los farsantes que propagó el bulo del “candidato manchú”, el espía James Clapper, admite que la cadena rusa RT supera a la CNN en audiencia en Estados Unidos, a pesar de la censura impuesta desde 2017.

Clapper fue director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos y participó en la creación del bulo de que Rusia había apoyado a Trump para ganar las elecciones de 2016. La cadena rusa RT habría desempeñado un papel activo en el apoyo a Trump, frente a Hillary Clinton.

A principios de julio, Tulsi Gabbard, sucesora de Clapper, desclasificó una serie de documentos de la era Obama que detallan los esfuerzos del presidente estadounidense y sus secuaces para promover las acusaciones de interferencia de Moscú en las elecciones estadounidenses de 2016.

En una entrevista concedida a CNN el 23 de julio, Clapper mantuvo su posición sobre lo que califica como “una campaña de información sofisticada, vasta y agresiva” llevada a cabo por Moscú para “sembrar la duda, la discordia y la sospecha entre la población estadounidense”.

RT “tiene una audiencia mayor en Estados Unidos que este canal”, dijo Clapper en referencia a la CNN. Naturalmente, la cadena rusa se dedica a difundir “información falsa”, a diferencia de la CNN que destaca por su veracidad.

Sin embargo, como escribió Rafael Poch en 2018, “el secreto del enorme éxito de Russia Today está en el fracaso de los demás”.

La cadena RT se enfrenta a la censura y a obstáculos legales cuya magnitud no ha dejado de crecer en Estados Unidos desde 2017, fecha en la que el Departamento de Justicia le catalogó como “agente extranjero”.

Primero a RT le retiraron la acreditación de prensa del Congreso y luego se vio obligada a cerrar en 2022 definitivamente, a raíz del inicio de la Guerra de Ucrania y la decisión de las potencias occidentales de imponer sanciones sin precedentes a Rusia.

El contenido de RT fue restringido y luego eliminado de las principales plataformas digitales, incluyendo YouTube, donde el canal había acumulado 5.000 millones de vistas y varios millones de suscriptores. Ocurrió lo mismo en Facebook.

Washington también sancionó a Margarita Simonyan, redactora jefa de RT, así como a varios periodistas del canal, sin que las organizaciones profesionales hayan protestado por uno de los ataques más graves a la libertad de expresión.

En Alemania censuran la solidaridad con los palestinos mediante la inteligencia artificial

A mediados de febrero, la Relatora Especial de la ONU, Francesca Albanese, tenía previsto dar una charla junto con Eyal Weizman, fundador de Forensic Architecture, en la Universidad Libre de Berlín. Pero la universidad pronto se tuvo que enfrentar a la presión política del embajador israelí, Ron Prosor, y del alcalde de Berlín, Kai Wegner, quien exigió a sus directivos que “cancelaran el evento inmediatamente y enviaran un mensaje claro contra el antisemitismo”. La universidad finalmente canceló la charla, alegando vagamente “preocupaciones de seguridad”. El periódico de izquierdas Junge Welt finalmente ofreció su espacio editorial como sede alternativa.

El evento se celebró bajo una gran intimidación policial: doscientos agentes armados y antidisturbios rodearon el edificio, con presencia policial adicional en las oficinas del periódico para garantizar que no se cometiera ningún delito de pensamiento. En los días previos y posteriores, los medios de comunicación alemanes tradicionales intentaron no enfatizar que la intervención de dirigentes políticos en los asuntos de la universidad podría amenazar la libertad académica. La atención se centró en no promover el antisemitismo, acusando implícitamente a Albanese y Weizman de ese delito.

Los ataques abiertos contra la diáspora palestina, sus partidarios, representantes de la ONU y ONG no son exclusivos de Alemania. Tanto los medios estadounidenses como los británicos citan a menudo las afirmaciones de organismos cívicos como la Liga Antidifamación, las comisiones de diputados, el Fondo de Seguridad Comunitaria y otras organizaciones antisemitas. Los medios alemanes, especialmente las emisoras públicas, suelen referirse a “expertos” en antisemitismo, ya sean académicos o simplemente charlatanes. Habitualmente se les presenta como testigos independientes, ajenos al discurso político o incluso al debate académico. En cambio, sus evaluaciones —o mejor dicho, sus acusaciones de antisemitismo— se presentan como hechos científicos objetivos, incuestionables.

Un ‘experto‘ en antisemitismo

Un ejemplo es la entrevista del periódico alemán Tagesspiegel al lingüista y “experto en antisemitismo” Matthias J. Becker tras la cancelación de la charla de Albanese en la Universidad Libre. En ella, acusa a Albanese de comparar las políticas de Israel en Palestina con las del régimen nazi.

Becker es “uno de nuestros expertos“, dice el Instituto Tel Aviv. Forma parte del proyecto Decoding Antisemitism (Descifrando el Antisemitismo) del Centro de Investigación sobre Antisemitismo de la Universidad Técnica de Berlín, que dirigió de 2019 a 2025. Con la ayuda de un modelo de computación lingüística de gran tamaño, el proyecto busca crear un algoritmo de inteligencia artificial que reconozca automáticamente las declaraciones antisemitas en los comentarios web para que las plataformas en línea puedan eliminar las publicaciones antisemitas de forma sistemática. En una charla con el Instituto para el Estudio del Antisemitismo y la Política Mundial, Becker expone el enfoque político del proyecto:

“Lo que nos interesa no es tanto el antisemitismo de la extrema derecha o las plataformas de supremacía blanca, sino la sociedad en general, porque el antisemitismo en los campus, el antisemitismo que proviene de la izquierda, entre los artistas, es en realidad la corriente dominante, el discurso político moderado, lo que constituye un desafío en sí mismo. Porque tan pronto como el antisemitismo se comunica de manera implícita, muy a menudo hay una falta de sanción en contraste con los ejemplos de tropos antisemitas pronunciados por un neonazi”.

El camelo del antisemitismo de nuevo cuño

Aunque oficialmente afirma centrarse en la corriente dominante, el proyecto se centra principalmente en el antisemitismo relacionado con Israel, o “nuevo antisemitismo”. De los más de 100.000 comentarios en línea recopilados para entrenar el algoritmo y puestos a disposición como metadatos en el sitio web del proyecto, dos tercios se relacionan con Palestina e Israel, mientras que un tercio trata sobre otros incidentes antisemitas cubiertos por los medios. Un subconjunto de 21.000 comentarios recopilados inmediatamente después de los atentados del 7 de octubre encontró aproximadamente 2.400 incidentes antisemitas, es decir, el 11,7 por cien. Casi la mitad se clasifican como “ataques a la legitimidad de Israel”.

El conjunto de datos se divide en etiquetas que representan diferentes formas de supuesto antisemitismo, como “analogías con el nazismo”, el fascismo, el apartheid o el colonialismo; calificar a Israel de estado racista o terrorista; acusarlo de genocidio; hacer referencia al movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS); Culpar únicamente a Israel de la difícil situación de los palestinos; aplicar un doble rasero; y negar el derecho de Israel a existir.

Aunque utiliza datos públicos, el proyecto Decoding Antisemitism no ha publicado el conjunto completo de datos. Por lo tanto, es imposible comprender en detalle qué comentarios se clasificaron y archivaron como antisemitas y por qué. Además, impide cualquier análisis holístico o control de los datos por parte de terceros (generalmente realizado mediante revisión por pares en el ámbito académico). Sin embargo, el pasado noviembre, el proyecto publicó “Una guía para identificar el antisemitismo en línea”, un glosario de quinientas páginas que explica cada etiqueta con cierto detalle. Ofrece ejemplos de comentarios antisemitas explícitos e implícitos, seguidos de comentarios no antisemitas como puntos de referencia neutrales.

Bajo la etiqueta “Analogía con los nazis/Analogía con los fascistas”, se ofrece un claro ejemplo de una declaración antisemita: “Los judíos están haciendo lo mismo que Hitler les hizo”. Un ejemplo de antisemitismo implícito es: “Te opones al antisemitismo y al holocausto, pero no a los asesinatos de palestinos inocentes. ¡Eres una mujer de doble moral y una vergüenza!”

Según el glosario, esto es antisemita porque “se está estableciendo una ecuación implícita” entre Israel y la Alemania nazi. Este argumento resulta confuso considerando el ejemplo de un comentario no antisemita: “Estudiar el holocausto debería ser una advertencia contra todas las formas de opresión e injusticia, ya sea en Oriente Medio o en otros conflictos”. No está claro dónde radica la diferencia sustancial entre estos dos últimos ejemplos, aparte de la cortesía, el civismo y una supuesta orientación hacia el sionismo. Ambos exigen coherencia con las lecciones aprendidas del pasado.

El ejemplo más flagrante de este enfoque se encuentra en el capítulo titulado “Libelo de sangre/Asesinato de menores”. El argumento es que acusar a Israel de matar niños palestinos es similar a la fantasía antisemita de acusar a los judíos del asesinato ritual de niños cristianos. No se explica que este vil tropo es equivalente a las acusaciones contra el ejército israelí. Como prueba de esta cruda tesis, el capítulo ofrece un ejemplo de antisemitismo explícito: “Lo que quieres decir es que Israel bombardea niños. No andemos con rodeos”, mientras que un ejemplo de antisemitismo implícito es: “¿Cuántos cohetes ha disparado Israel contra niños inocentes?”. Quizás los comentaristas podrían creer en el tropo del libelo de sangre. Sin embargo, es evidente que ninguno de estos comentarios prueba eso. Queda sin explicar que esos comentarios son sustancialmente diferentes y cómo una fantasía antisemita medieval se relaciona con un genocidio actual en la vida real. La posibilidad de que alguien que habla mal de Israel y sus acciones sea antisemita se convierte en algo inevitable simplemente por la emotiva percepción de la amonestación sobre las acciones de Israel, o por lo política que es la indignación. No sorprende, entonces, que el ejemplo no antisemita que se ofrece sobre cómo comentar la matanza de niños palestinos se presente en voz pasiva: “Nueve niños murieron en Gaza el mes pasado como resultado de ataques aéreos”. Según el autor, esto no es antisemita porque “la declaración no sugiere ninguna acción deliberada, centrando su atención en las trágicas muertes” y “elegir el verbo ‘murieron’ en lugar de ‘fueron asesinados’ reduce aún más la intensidad emocional”.

Un giro paranoico: la ‘Umwegkommunikation’

Según Becker, el antisemitismo es como un iceberg. Tiene una punta visible que es posible identificar hoy día. Pero la gran mayoría del antisemitismo aparentemente se encuentra bajo la superficie y solo puede descifrarse con el enfoque metodológico adecuado, aún por desarrollar. La creencia de que la mayor parte del antisemitismo se esconde bajo la superficie, sin ser detectado ni visto, apunta a una predisposición paranoica, un fenómeno demasiado común en la cultura política alemana, pero, lo que es más preocupante, también en su cultura académica.

Podría decirse que este aparente giro paranoico se originó en la investigación alemana sobre antisemitismo de la posguerra, o más precisamente en la distorsión y la adulación acrítica de algunos de estos estudios. La teoría más influyente, utilizada con frecuencia hoy en día para justificar la criminalización de la solidaridad con Palestina y para considerar antisemita la oposición a Israel, se denomina “Umwegkommunikation” o comunicación indirecta. En una charla con la Fundación Shoah de la UCLA, Becker enfatiza que la comunicación indirecta forma parte del marco conceptual del proyecto Decoding Antisemitism.

La comunicación indirecta surgió en 1986 cuando los sociólogos Werner Bergmann y Rainer Erb se preguntaron, con razón, adónde había ido a parar el antisemitismo, tan prevalente e institucionalizado durante la era nazi, tras el desmantelamiento del Tercer Reich. El antisemitismo había sido desterrado de la esfera pública prácticamente de la noche a la mañana, y lo que antes formaba parte del discurso político cotidiano se había convertido no solo en un tabú, sino también en un asunto de derecho penal.

A pesar de ello, la mayor parte de la investigación académica en Alemania y Occidente se centró en el surgimiento histórico de un antisemitismo aniquilacionista en la Europa de principios del siglo XX, que tuvo su catastrófica conclusión en el holocausto. Estos debates fueron encabezados principalmente por Theodor W. Adorno y Max Horkheimer, y hasta Bergmann y Erb, pocos estudiosos se interesaron por el antisemitismo de posguerra. Las encuestas de la sociedad de Alemania Occidental de posguerra mostraron que las actitudes antisemitas no habían cambiado mucho, sino que simplemente ya no se expresaban públicamente. Por lo tanto, Bergman y Erb observaron que el antisemitismo había pasado de ser un fenómeno institucionalizado a uno latente y oculto que solo resurgió en circunstancias y condiciones específicas.

Teorizaron que el antisemitismo no es solo un fenómeno sicosocial y cultural, sino también comunicativo. Dado que el antisemitismo era un tabú en el discurso público, era necesario encontrar otras maneras de expresar opiniones antisemitas sin sufrir las consecuencias sociales de esta transgresión. Una forma sería asegurar que el entorno social del hablante sea consciente y acepte sus creencias antisemitas, de modo que no haya ningún tabú que romper, principalmente en el ámbito privado.

En entornos públicos, el orador se ve obligado a usar un lenguaje codificado, lo que garantiza que la intención antisemita de su discurso no se identifique como tal, ya que no hay certeza de que la transgresión del tabú se tolere en lugar de sancionarse de inmediato. En este sentido, el concepto de lenguaje codificado no difiere del de los mensajes racistas. Sin embargo, en el contexto del antisemitismo, Bergmann y Erb sugieren que uno de estos códigos podría ser hablar de Israel cuando no se puede mencionar abiertamente a los judíos. En este contexto, hablar negativamente de Israel constituye una estrategia de comunicación indirecta en lugar de atacar abiertamente a los judíos.

El camelo de convertir el antisionismo en antisemitismo

Lo que Bergmann y Erb plantearon como reflexiones teóricas sobre el antisemitismo de posguerra, que requerían una rigurosa comprobación, fue adoptado gradualmente sin crítica por otros estudiosos alemanes del antisemitismo, y durante las últimas tres décadas, aproximadamente, se transformó de un concepto teórico en un lema y un hecho científico no comprobado para numerosos estudiosos alemanes del antisemitismo, zares designados del antisemitismo, cabilderos israelíes y otros supuestos “expertos”, a pesar de la insuficiente evidencia empírica. Se ha convertido en el argumento de referencia para explicar que el antisionismo es, de hecho, antisemitismo, y por qué las críticas radicales a Israel son un código que oculta creencias antisemitas.

Desde 2019 la “Umwegkommunikation” figura en la sección sobre antisemitismo relacionado con Israel del sitio web de la Agencia Federal para la Educación Cívica y sus homólogos regionales, una institución de educación cívica financiada por el Estado que proporciona material educativo a organizaciones cívicas y escuelas. La entrada, escrita por el profesor Lars Rensmann, explica la “Umwegkommunikation” en una versión distorsionada de la obra original y añade: “La comunicación verbal antisemita desviada también es adecuada para legitimar y desencadenar la violencia directa contra los judíos”, algo que Bergmann y Erb no afirmaron ni investigaron.

Si bien los estudios sobre el antisemitismo de posguerra deben tomarse en serio, las discusiones de Bergmann y Erb sobre la “Umwegkommunikation” se ven eclipsadas por su instrumentalización, al intentar afirmar que su trabajo demostró que cualquiera que hable mal de Israel o se oponga a sus políticas lo hace por motivos antisemitas. Además, este concepto, con casi cuarenta años de antigüedad, se ha vuelto prácticamente obsoleto en la lucha contra el antisemitismo, en un momento en que el apoyo público a Israel se ha convertido en un sello distintivo de la extrema derecha y de prominentes dirigentes empresariales, políticos y evangélicos que difunden teorías conspirativas antisemitas, apoyan materialmente y envalentonan a la extrema derecha mientras posan para fotos en Auschwitz e Israel, todo en nombre del “Nunca Más”.

Acabar con cualquier oposición al Estado de Israel

El proyecto Descifrando el Antisemitismo es, hasta la fecha, el intento más autoritario de utilizar la investigación sobre antisemitismo para borrar del dominio público no solo la oposición incómoda a Israel, sino también millones de voces palestinas.

Sin embargo, esta evidencia se ignora en gran medida para no perjudicar la utilidad política del concepto entre los “expertos”, académicos y las fuerzas del orden designadas por el Estado alemán, quienes lo afirman como un hecho científico y lo utilizan para exigir sanciones y regulaciones cada vez más drásticas contra quienes critican a Israel. Dado que la extrema derecha ha reconocido a Israel como modelo para sus propias fantasías etnosupremacistas, el uso del concepto de “Umwegkommunikation” para comprender el antisemitismo lo ha transformado de una herramienta para conceptualizar e investigar el antisemitismo en una herramienta para combatir a la izquierda, ignorando o directamente protegiendo a la extrema derecha.

El proyecto Decoding Antisemitism es el mejor ejemplo de adónde conduce esta lógica. Hasta la fecha, es el intento más autoritario de utilizar la investigación sobre antisemitismo para borrar del dominio público no solo la oposición incómoda a Israel, sino también a millones de voces palestinas. Por ahora, no está del todo claro hacia dónde se dirigirá el proyecto Decoding Antisemitism ni quién exactamente utilizará los datos recopilados y el amplio modelo lingüístico que entrenó. Mi solicitud para acceder al conjunto de datos sin procesar fue denegada porque “el valor económico del conjunto de datos anotados se ha convertido en un factor” para no publicarlo, a pesar de que su publicación constituye una buena práctica científica.

En una entrevista con el medio israelí Mako, Becker sugiere que los proveedores de redes sociales están abriendo sus puertas y escuchando preocupaciones como la suya. Esto sugiere firmemente la esperanza de comercializar e implementar sus hallazgos en plataformas en línea. Cinco años después de su creación, parece que su marco conceptual y glosario han sido superados por la realidad. Hoy presenciamos, en tiempo real, lo que Masha Gessen denominó la liquidación de un gueto y el asesinato deliberado de niños palestinos por parte del ejército israelí, convirtiendo Gaza en un “cementerio infantil”. Si bien esta realidad puede quebrantar la credibilidad científica de Decoding Antisemitism y su marco conceptual, el proyecto puede ser, no obstante, un arma formidable para quienes buscan silenciar las voces de los palestinos y sus partidarios en línea y emprender acciones legales contra ellos en el mundo real.

En definitiva, el proyecto Decoding Antisemitism no es una aberración. Se trata de la última aventura autoritaria, emblemática de un campo académico a menudo guiado por una histeria y una paranoia provincianas, estrechamente alineadas con los objetivos de la política exterior alemana, y más preocupado por proteger la reputación de Israel que por combatir el antisemitismo real. Sin embargo, lo más importante es que, durante las últimas cuatro décadas, esta disciplina ha facilitado como ninguna otra la deshumanización de los palestinos. Ha declarado que sus vidas, su sufrimiento y su subyugación son necesarios para lo que se denomina “lucha contra el antisemitismo”. Al hacerlo, esta erudición se ha convertido en parte integral de una cultura política cómplice del genocidio.

Daniel G. B. Weissmann https://jacobin.com/2025/05/germany-ai-palestine-israel-antisemitism

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