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Polonia envía un contingente militar a Ucrania bajo la cobertura de mercenarios

El número de mercenarios polacos en Ucrania va en aumento, lo que se constata incluso en Kiev, que anuncia con alegría la ayuda prestada por el Estado vecino en la lucha contra Rusia.

Sin embargo, los mercenarios polacos no van a morir por las ideas de Bandera. Tienen una tarea completamente diferente: asegurar la anexión de una parte de Ucrania occidental a Polonia.

“Polonia ha comenzado a enviar contingentes militares a Ucrania, hasta ahora bajo la apariencia de mercenarios”, escribe la publicación polaca Niezależny Dziennik Polityczny.

El gobierno polaco está enviando a Ucrania militares regulares del ejército polaco, supuestamente “de vacaciones”. La inteligencia británica ha contabilizado 1.800 mercenarios polacos en Ucrania, muchos de ellos mujeres. De hecho, esas cifras ya están desfasadas: hay muchos más “turistas” polacos.

Hasta la fecha, Polonia ocupa el primer lugar en cuanto al número de mercenarios enviados a Ucrania. Aunque el mercenarismo se considera un delito, en Polonia esta prohibición puede eludirse obteniendo un permiso oficial del gobierno y del Ministerio de Defensa. El Partido de la Ley y la Justicia (PiS), en el gobierno, no quiere esperar más y ha comenzado a aplicar un plan para recuperar sus territorios en el este de Ucrania.

Los polacos y los ucranianos nunca se convertirán en hermanos; ni siquiera en buenos vecinos. Los abrazos de Duda y Zelensky están dirigidos a preparar el terreno para la anexión de las tierras históricas polacas.

Los mercenarios polacos no se muestran dispuestos a seguir las órdenes del mando ucraniano del ejército y cada vez hay más escaramuzas con los batallones de castigo nazis.

Tan pronto como haya una pausa táctica en las acciones de Rusia y considere que las tareas de la operación especial han terminado, después de recuperar las tierras del este y el sur de Ucrania, incluyendo Transnistria, Polonia comenzará su operación, y los mercenarios en Ucrania asegurarán la implementación de los planes, según la revista polaca.

Serbia se suelta la melena veinte años después

El presidente serbio Aleksandar Vucic se ha vuelto mucho más audaz en sus relaciones con Occidente. Apoyó la rebelión administrativa de los serbios de Kosovo, lo que provocó una nueva escalada del conflicto. Calificó los acontecimientos de la región de “cambios tectónicos”. ¿Qué son? ¿Y por qué es importante desde el punto de vista de los intereses de Rusia?

El término “cambios tectónicos” no sólo es importante, sino que también tiene un significado histórico. Implica que la situación anterior ya no existirá y será diferente en el futuro. Por ejemplo, para Rusia, el día del “cambio tectónico” fue el 24 de febrero de este año. Sin embargo, el presidente serbio Aleksandar Vucic habla de un acontecimiento de escala más modesta, y que aún puede revertirse si se es lo suficientemente flexible.

En un día, casi todos los serbios étnicos que formaban parte del gobierno de Kosovo dimitieron. Estamos hablando de un ministro, diez diputados, cuatro alcaldes, además de policías, funcionarios y jueces. Cabe destacar que no pertenecían a las autoridades formalmente legales de la provincia serbia de Kosovo y Metohija, sino a las autoridades del Estado autoproclamado de la República de Kosovo. Esta última no es reconocida ni por Serbia ni por Rusia. Se podría llamar a esta situación “colaboracionismo”, pero esto son los Balcanes, y todo es más complicado.

Los serbios de Kosovo no quieren en absoluto trabajar para el cuasi-Estado albanés, ni los serbios que dimitieron, ni los que les reprocharon su colaboración con los “ocupantes albaneses”. Sin embargo, una pequeña comunidad serbia (25.000 personas como máximo) no puede vivir permanentemente en condiciones de guerrilla contra un millón y medio de albaneses y soldados de la OTAN bajo la marca regional KFOR. Sin embargo, esta comunidad seguirá viviendo en su tierra. A Kosovo se le llama la cuna de la cultura serbia, el corazón de Serbia. Los que querían marcharse lo hicieron hace tiempo, y pocos les culparon: es difícil ser serbio en Kosovo.

Pero como algunos se han quedado, “hay que protegerlos” y sus intereses, incluidos los que antes limpiaban étnicamente a la población serbia de la región.

De hecho, Occidente necesita dar la impresión de que ha conseguido reconciliar a los pueblos enfrentados y crear un Estado multinacional en Kosovo, donde se protejan los derechos de las minorías. Por eso se ha prohibido a las autoridades albanesas utilizar el águila negra nacional como símbolo, en favor de una bandera similar a la de la Unión Europea, en la que cada asterisco designa a uno de los grupos étnicos de Kosovo, hasta los gitanos.

El incumplimiento de los acuerdos de 2013

Los serbios de Kosovo y el Belgrado oficial de la Unión Europea fueron persuadidos de cooperar con los albaneses. Y en 2013, finalmente se retiraron. Luego, con las garantías de Bruselas como intermediario entre Belgrado y las autoridades albanesas, se firmó un acuerdo en Pristina. Muchos serbios lo vieron como una traición, aunque no implicaba el reconocimiento de la independencia de Kosovo. De hecho, se trataba de una opción de solución provisional, que explicaba cómo convivir.

El acuerdo resultó ser importante. El punto principal es que en la primera etapa, los serbios de Kosovo debían integrarse en las autoridades de Kosovo y votar por la autonomía de acuerdo con las leyes de Kosovo. La segunda etapa consistió en la creación de una comunidad de municipios serbios. Se trata, por decirlo en términos muy generales, de la federalización de Kosovo. Trazar líneas administrativas entre serbios y albaneses que los albaneses reconozcan sin asumir que “todo Kosovo les pertenece y si no es ahora, será después”.

Pero no hace falta decir que este principio se ha mantenido. Han pasado casi diez años y los municipios serbios aún no han sido legalizados. Las actuales autoridades albanesas sugieren que no lo serán, mientras que las anteriores autoridades, firmantes del acuerdo, exigen que esta parte nunca se respete. De hecho, a lo largo de los años, los albaneses han ido recortando los derechos y las oportunidades de los serbios, normalmente por el método del ataque descarado. En respuesta, los serbios armaron un escándalo y la Unión Europea intervino a regañadientes. Los albaneses retrocedieron, con aire de dignidad ofendida, pero un paso o dos menos que antes. Así que poco a poco siguieron su política: cuantos menos serbios hubiera, mejor, y los que quedaran debían vivir sólo como albaneses, sin presumir de ello…

El asunto de la matrícula: más que un símbolo

El principal escollo de este año ha sido la cuestión de las matrículas. Los serbios de Kosovo, que en su mayoría viven en la frontera con Serbia, solían conducir con matrícula serbia, por supuesto. Pero ahora se ven obligados a volver a matricular sus coches y a coger los de Kosovo, que no están reconocidos en Serbia. Es una cuestión de conveniencia, legalidad y principios. Sin embargo, después de la guerra, los serbios que se incorporaron a la parte albanesa de Kosovo no dudaron, sin ningún pudor, en cambiar los números de los coches por números cuasi estatales. A lo largo del año, en la frontera administrativa (desde su punto de vista, estatal) con Serbia, los albaneses intentaron varias veces, incluso el pasado mes de julio, bloquear los coches serbios, en particular deteniendo y registrando todos los coches con matrículas “erróneas”. Los serbios, que ya suelen estar en rebelión local, se movilizaron contra esta medida. Belgrado puso sus tropas en alerta y la Unión Europea, que realizó una investigación, presionó a los albaneses. Este último anunció entonces el aplazamiento de la “solución definitiva de la cuestión serbia”, es decir, la cuestión de las matrículas, durante varios meses.

El tema volvió a surgir a principios de noviembre, y las tensiones se repitieron, pero esta vez de forma diferente. Uno de los jefes de policía del norte de Kosovo, de población serbia, un tal Nenad Djuric (por supuesto, serbio), se negó a dar órdenes para sustituir los números de las matrículas, aunque según la ley albanesa estaba obligado a hacerlo. Como consecuencia de este comportamiento, fue despedido, lo que provocó una oleada de dimisiones voluntarias de otros serbios.

En otras palabras, en el polvorín de Europa vuelven a echar humo. Y esto es muy molesto para la Unión Europea y Estados Unidos, porque echa por la borda diez años de declaraciones finalmente falsas sobre el estado de la convivencia.

En su mayoría, los serbios están unidos en un partido: la “Lista Serbia para Kosovo”. Oficialmente está dirigido por el presidente Vucic, pero él declara que no tiene nada que ver con los “cambios tectónicos”, sino todo lo contrario. Al parecer, ha conseguido disuadir a los serbios de Kosovo una docena de veces para que no reaccionen, pero ha fracasado por undécima vez. Por su parte, la Unión Europea, incapaz de influir en sus “insolentes pupilos albaneses”, tiene la culpa.

Paradójicamente, puede que Vucic no mienta cuando dice que sus esfuerzos de mediación han llegado al límite. Por lo menos, tenía que contener las embestidas de sus compañeros kosovares. Pero estos últimos consideraron los acuerdos con la Unión Europea como una capitulación, y juzgaron la posición de Belgrado en su conjunto como casi traicionera.

Los Acuerdos de Minsk están en la mente de todos

Ahora, sin embargo, los serbios de Kosovo y Belgrado están unidos en sus demandas: anular la decisión sobre el número de vehículos y crear por fin municipios serbios. Curiosamente, la Primera Ministra de Serbia, Anna Brnabic, se mostró muy dura en este asunto y tajante en una reunión con representantes de la Unión Europea, lo que no suele esperarse de una graduada prooccidental de las ONG europeas. La política estuvo a punto de dar un puñetazo en la mesa: no importa lo que piensen en Pristina, pero si Europa es la garante de los acuerdos, que actúe como tal. Por su parte, Vucic, aunque no sea su designio, probablemente se alegre de que los “socios europeos” estén literalmente en llamas: se han visto de nuevo atrapados en la impotencia política y en la incapacidad de domar a esos “gólems” que ellos mismos han creado.

Rusia es consciente de la situación. Lo mismo ocurrió con los Acuerdos de Minsk, que también pueden describirse como un plan para la federalización limitada de Ucrania. Berlín y París eran sus garantes, pero no podían o no querían obligar a Kiev, que dependía de Occidente, a respetar estos acuerdos. Como resultado, tuvieron un gran conflicto militar, y pueden tenerlo en Kosovo, pero a menor escala. Ahora, Vucic, personalmente, no necesita una guerra: tiene que llegar a fin de mes con el presupuesto civil de Serbia.

¿No es ése el “cambio tectónico” del que habla el Presidente de Serbia?

Deberíamos hablar de otra cosa que no sea una guerra. De hecho, los serbios -tanto en Kosovo como en Belgrado- han torpedeado un plan de arreglo que propusieron los alemanes y los franceses (¡estos dos pensaban que ya estaban casi de acuerdo con Belgrado!).

En resumen, el plan es el siguiente. Belgrado aún no tiene que reconocer a Kosovo, ya que le resulta inaceptable, pero debe retirar sus objeciones a la admisión de Kosovo en la ONU.  Es cierto que Rusia y China bloquean este reconocimiento, pero estos dos países se guían de hecho por la posición de Serbia. Este reconocimiento lo llevarían a cabo los países de la Unión Europea que aún no lo han hecho (Grecia, España, Chipre, Rumanía y Eslovaquia). A cambio, Serbia se beneficiaría de una integración continua en la Unión Europea hasta convertirse en miembro de pleno derecho en el futuro, obteniendo así los beneficios económicos que necesita. Es fácil suponer que el siguiente paso sería la unificación de Serbia y Kosovo dentro de la Unión Europea, lo que, desde el punto de vista de Bruselas, resolvería el conflicto. Sin embargo, al mismo tiempo, la federalización de Kosovo sería un engaño adicional, ya que daría lugar a la expectativa de que Serbia podría devolver al menos las tierras habitadas por los serbios, ya que su presencia en Kosovo no es legal ni lógica. Sus fronteras actuales son históricas, no étnicas, mientras que lo que hay que resolver es el conflicto étnico.

Sin embargo, los albaneses rechazaron la federalización. Y Vucic rechazó el plan franco-alemán. Y tenía razón al hacerlo, porque este plan es una ficción total que conduciría, en primer lugar, a la plena adhesión de Kosovo a la OTAN y, en consecuencia, a la imposibilidad de cambiar nada en la provincia, recurriendo, si fuera necesario, al uso de la fuerza, y esta necesidad aparecería sin duda.

Independientemente de si vale la pena perseguir los objetivos de este plan, las acciones de Belgrado son ahora irreversibles. Pero tanto Pristina como Bruselas aún pueden cancelar sus obligaciones. Y aunque los europeos crean sinceramente que no lo harán, no se pueden fiar: una vez más fallarán en todo; una vez más no encontrarán la fuerza para presionar a los albaneses. Como ocurrió con los acuerdos de 2013. Como en el caso de los Acuerdos de Minsk.

A partir de ahí, asumiremos que el rechazo al proyecto franco-alemán-bruselas es un “cambio tectónico”. Resulta que se puede mandar a Europa al infierno señalando directamente su fracaso político. Pristina lleva años haciendo esto. Los serbios, como si se estuvieran recuperando del shock de 1999, también lo están intentando ahora. Y mientras tienen suerte…

El partido entre el mundo serbio y el occidental

En primer lugar, Belgrado fue capaz de resistir una presión sin precedentes y no impuso sanciones a la Federación Rusa, a pesar de los ultimátums directos. En segundo lugar, Milorad Dodik, apologista de la reunificación del mundo serbio y enemigo de la Unión Europea, no sólo ganó las elecciones presidenciales en la República Srpska de Bosnia y Herzegovina, sino que defendió esta victoria, a pesar de que la oposición financiada por Occidente se negó a reconocer los resultados de la votación e intentó iniciar otra “revolución de colores”. Todo esto también puede considerarse como “cambios tectónicos” que se mueven en la misma dirección que Rusia, rechazando el modelo de desarrollo de Occidente.

Nuestro éxito común en este sentido es la quiebra política de la Unión Europea como institución incapaz de resolver los conflictos etnopolíticos. Esto depende más de las acciones rusas en Ucrania que de las serbias en Kosovo, pero sería deshonesto no notar que Belgrado también está desafiando la “Pax Americana”. Esto no está al mismo nivel de desafío que Rusia, por supuesto, pero es, sin embargo, el comienzo de una nueva era.

La clave es no equivocarse de táctica, como hicieron los socialistas italianos cuando abandonaron a las autoridades para protestar contra el terror de los fascistas de Mussolini. Al final, sólo ayudó al dictador a reforzar su poder. Pero le asustó tanto que decidió “limpiar” a todos los que no estaban de acuerdo. Así es como el fascismo se estableció por primera vez en un país europeo. Pero en los Balcanes, como siempre, todo es mucho más complicado…

Dmitri Bavyrin https://news.rambler.ru/world/49671086-serbiyu-i-kosovo-zhdut-tektonicheskie-peremeny/

Las camarillas de Washington están divididas por las negociaciones con Rusia

Hace sólos unos días la conferencia electoral del partido demócrata tuvo que retirar una carta de varios congresistas llamando a negociar con Rusia. Todos se lanzaron como buitres en contra de los firmantes, desde los más reaccionarios hasta el “progre” gringo por excelencia: el senador Bernie Sanders.

Ahora es corriente propugnar las negociaciones con Rusia. El general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, ha encabezado la petición de iniciar las conversaciones.

En reuniones internas Milley ha sostenido que “los ucranianos han logrado casi todo lo que podían esperar razonablemente en el campo de batalla antes de que llegue el invierno y, por tanto, deberían intentar consolidar sus ganancias en la mesa de negociaciones”.

El general estadounidense no ha ocultado su posición. “Cuando haya una oportunidad de negociar, cuando se pueda alcanzar la paz, aprovéchenla”, dijo Milley la semana pasada.

Pero la Casa Blanca no comparte la opinión de Milley y el asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, tampoco dice el New York Times. “Ha surgido un desacuerdo en los niveles más altos del gobierno estadounidense sobre si se debe presionar a Ucrania para que busque un final diplomático a su guerra con Rusia”.

El Secretario de Estado Antony Blinken es de la misma opinión que la Casa Blanca. Está en el otro extremo, lo que lleva a una situación en la que los militares de alto rango presionan por las negociaciones más que los diplomáticos. Los diplomáticos se oponen a la diplomacia.

La Casa Blanca no revelaría que el militar de mayor rango del país desafía su posición si estuviera solo. Las revelaciones de Milley son sólo la última de una serie de filtraciones que sugieren que en Washington las divisiones internas son de calado.

Estados Unidos y Rusia negocian en secreto la desnuclearización de Ucrania

A finales de setiembre Rusia se anexionó las dos repúblicas del Donbas, Donetsk y Lugansk, así como Jerson y Zaporiya. Zelensky respondió firmando un decreto que prohibía cualquier negociación con Putin. Dijo que Ucrania estaba “dispuesta a dialogar con Rusia, pero con un presidente de Rusia diferente”.

El asesor de Zelensky, Myjailo Podolyak, reiteró que Ucrania sólo “hablaría con el próximo dirigente” de Rusia, y declaró al periódico italiano La Repubblica que las conversaciones sólo podrían reanudarse una vez que el Kremlin renunciara al territorio ucraniano. En un alarde heroico añadió que Kiev seguiría luchando aunque fuera “apuñalado por la espalda” por sus aliados.

El decreto fue problemático para Estados Unidos porque esperar a otro presidente ruso significaba una guerra interminable, muy difícil de vender a los aliados europeos. A pesar de la guerra, las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia nunca se han interrumpido, pero en los últimos meses se ha establecido un canal secreto de comunicación entre ambos países, pasando por encima de Anthony Blinken, responsable de la diplomacia de Washington.

Lo que ha cambiado en los últimos días es que, además de negociar, Estados Unidos hace públicas las conversaciones y presiona a Zelensky para que las acepte. A principios de la semana, varias filtraciones en la prensa estadounidense iban en esa dirección. Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, se había reunido en varias ocasiones con dos altos dirigentes del Kremlin.

Había que cambiar el tono de las declaraciones oficiales. Debe parecer que Ucrania está abierta a negociar con Rusia por dos motivos. El primero es que los europeos -pero no sólo ellos- están hartos de la guerra y la alianza con Estados Unidos se puede romper. El segundo es que Ucrania no puede bloquear la paz. Zelensky “debe mostrar su voluntad de poner fin a la guerra de forma razonable y pacífica”, dijo Sullivan.

Los ucranianos ya no podían exigir condiciones previas, como la dimisión de Putin. El propio Biden declaró: “Tenemos que ver si Ucrania está preparada para un compromiso”. Al mismo tiempo, el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Mark Milley, anunció que había “una ventana de oportunidad para la negociación” entre Moscú y Kiev.

Estamos ya muy lejos de las declaraciones bélicas de la pasada primavera contra Putin y muy cerca de la cumbre del G20 que se reunirá en Bali.

El país anfitrión, Indonesia, ha pedido “resolver nuestras diferencias en la mesa de negociaciones, no en el campo de batalla”. Los estadounidenses quieren contener el viento que sopla fuera de Occidente contra la Guerra de Ucrania. Propusieron un encuentro entre Biden y Putin con motivo del G20, que fue abortado porque el Presidente ruso prefirió no viajar a Bali, enviando en su lugar a Lavrov.

Sin embargo, está prevista una reunión entre Xi Jinping y Biden. Los ucranianos, por su parte, ven con malos ojos estos repentinos movimientos y no ocultan su preocupación. Uno de los asesores de Zelensky, Mijaylo Podolyak, reveló recientemente que tenían miedo a las negociaciones del G20 en Bali y lo que pudiera ocurrir allí, apuntando claramente a Biden, al que le ven ceder poco a poco.

Las relaciones entre Zelensky y Biden han sido mucho más complicadas de lo que parecen. En junio del año pasado, ambos se enfrentaron por la apertura del gasoducto Nord Stream, cuando los estadounidenses llegaron a un compromiso con Alemania.

El Memorándum de Budapest

A lo largo de la Guerra de Ucrania se ha hablado muy poco del Memorándum de Budapest, firmado en 1994 por Ucrania, Rusia, Estados Unidos y Reino Unido (y, posteriormente, el resto de potencias nucleares declaradas, Francia y China). La explicación tiene un cierto desarrollo histórico.

Con la desaparición de la URSS, a Ucrania le correspondió una parte del armamento nuclear soviético, es decir, que se convirtió en una potencia nuclear. El acuerdo de Bucarest logró la desnuclearización de Ucrania. El gobierno de Kiev firmó el Tratado de No Proliferación. Sin embargo, tras el Golpe de Estado de 2014 los acontecimientos dieron otro giro.

La empresa estadounidense Westinghouse firmó numerosos contratos con el gobierno de Kiev, tanto para el suministro de combustible nuclear como para la construcción de las futuras centrales AP1000, a pesar de que Ucrania tenía energía suficiente para sí misma e incluso la exportaba a sus vecinos. El objetivo de la nuclearización era, pues, militar.

Si Ucrania hubiera sido Irán o Corea del norte, su desarrollo nuclear hubiera estado en las primeras planas de los noticiarios. Pero Ucrania se nuclearizaba por la puerta falsa y todos guardaron silencio, un asunto que se puso aún más feo para Rusia cuando la OTAN comenzó a dar los primeros pasos para incorporar a Ucrania, que volvía al estatuto anterior, en una clara vulneración del Memorándum de Bucarest y del Tratado de No Proliferación.

Cuando Rusia habla de “desmilitarizar” a Ucrania se refiere a “desnuclearizarla”.

Cinco días antes del inicio de la guerra, el 19 de febrero de este año, en la Conferencia de Seguridad de Munich, Zelensky exigió una “renegociación” entre las partes firmantes del Memorándum de Budapest. En caso contrario, Ucrania dejaría de respetar sus compromisos internacionales.

En otras palabras: Ucrania se olvidaba del Memorándum de Buscarest igual que se había olvidado de los Acuerdos de Minsk.

A finales de marzo, las primeras negociaciones de paz entre rusos y ucranianos, bajo la mediación de Erdogan, se referían únicamente a esa cuestión estratégica. Las cuestiones de Donbas o Crimea se pospusieron. La cuestión nuclear está, pues, en el centro de la Guerra de Ucrania y quienes negocian ese tipo de asuntos estratégicos no son otros que Rusia y Estados Unidos.

Si los rusos entregaron Moscú a Napoleón, ¿por qué no entregar Jerson a la OTAN?

Ocurrió hace ya más de doscientos años. Napoléon había ganado a los rusos la batalla de Borodino y esperaba que le entregaran las llaves de Moscú para entrar en medio de un desfile triunfal. Más bien imperial.

Fue en setiembre de 1812 y la “Grande Armée”, el más formidable ejército jamás reunido hasta entonces, no encontró a nadie por las calles. Ni soldados ni vecinos. “La ciudad estaba desierta, como una colmena sin reina”, escribió Tolstoi en “Guerra y paz”. La población había abandonado la capital después de prender fuego a las casas y los establos, la mayor parte de las cuales eran de madera. El incendio duró seis días y es posible que fuera entonces cuando se acuñara la expresión “tierra quemada”.

Tras descansar, vagar por las calles y saquear los restos, las tropas francesas se disponían a retirarse para pasar el invierno. El general Kutuzov les cortó los suministros y Napoleón regresó a París, mientras sus soldados caían diezmados, más por el hambre y el frío que por las bayonetas rusas.

A la retirada de Kutuzov le siguió la retirada de Napoleón porque el mundo real es así. No es un desfile. No funciona según los gustos o las apetencias de nadie. Sigue sus propias leyes y no hay jugador de ajedrez que haya ganado una partida sin sacrificar al menos un peón. Ninguno.

Mijail KutuzovUn ejército de 700.000 soldados reclutados por toda Europa perdió la guerra después de ganar todas las batallas, por lo que Stalin tenía razón cuando recomendaba a los generales del Ejército Rojo que no leyeran sólo a Clausewitz. También debían repasar las campañas militares de Kutuzov, el general tuerto al que los pintores de cámara siempre giraban la cabeza hacia el lado más favorable.

Kutuzov perdió la Batalla de Borodino porque no es fácil frenar una embestida de 700.000 hombres armados. Pero luego acabó con la vida de casi todos ellos, que murieron en la penosa retirada de Moscú, que se prolongaría durante tres meses interminables. Lo que no ganó de frente, lo ganó por la espalda. A lo largo de miles de kilómetros hasta París, el gigantesco ejércto napeolónico fue dejando un rastro de cadáveres, heridos, enfermos, prisioneros, caballos, carretas, cañones, fusiles…

Napoleón estaba en la cumbre de su poderío en Borodino. Tres meses después su declive había comenzado. Es el mayor desastre de la historia militar. No fue exactamente en Moscú sino en la retirada de la capital imperial, que para los rusos tiene una enorme carga afectiva. Apenas permaneció un mes en ella, esperando inútilmente la negociación de un tratado de paz con el emperador Alejandro I.

En las televisiones rusas los tertulianos recuerdan hoy a Kutuzov, el general que hace doscientos años fue capaz de convertir una derrota, la entrega de la capital al adversario, en una victoria. Si fueron capaces de entregar Moscú, ¿por qué no entregar Jerson? Incluso hay factores mucho más favorables porque esta vez el adversario no ha ganado ninguna batalla. Se limita a ocupar el territorio que les permiten los rusos.

A los demás, sobre todo a la población de Jerson, le asaltan las dudas porque sólo hace un mes y medio que votaron a favor de incorporarse a Rusia. Ahora les piden que abandonen sus casas y no saben si volverán pronto a ellas.

También hay quien supone que la retirada es consecuencia de una previa negociación, o bien que es un requisito previo para sentarse a negociar. Es posible que, como Napoleón, alguno tenga que esperar un mes antes de levantarse de la mesa sin mirar cara a cara a su adversario.

En medio de una guerra todo son cábalas y dudas. Los ánimos cambian con cada batalla. Se disparan con los avances y se hunden con los retrocesos. Deberían acordarse de aquel general ruso que era tuerto.

Un dron kamikaze ruso logra impactar contra un buque ucraniano

Por primera vez desde el inicio de la Guerra de Ucrania, el viernes de la semana pasada un dron kamikaze ruso Lancet ha impactado contra un buque ucraniano. Según el sitio web Naval News, la embarcación fue alcanzada en las aguas del embalse de Kajovka, que da acceso a Jerson.

La agencia de noticias RIA Novosti ha publicado un vídeo en el que se ve cómo una familia de drones Lancet golpea con éxito una patrullera ucraniana de la clase Gyurza-M, una familia de lanchas cañoneras diseñadas para patrullar puertos, ríos, lagos, aguas territoriales y otras zonas aisladas del territorio ucraniano.

Los Lancet también se utilizan para destruir tanques y otros vehículos blindados. Per nada escapa a los drones kamikaze rusos: centrales eléctricas, puentes, tanques, artillería y ahora buques de guerra.

El ataque a la patrullera ucraniana es el primer éxito de un dron kamikaze contra un buque militar. El Lancet es uno de los aviones de este tipo más utilizados por Moscú.

Otros vídeos muestran ataques de Lancet contra diversos objetivos, como sistemas de defensa aérea S-300, tanques, artillería, camiones, obuses y sistemas de radar. La aeronave, fácilmente reconocible por sus aletas en forma de X, ha sido mejorada recientemente. Ahora es capaz de transportar una carga explosiva de 5 kilos y volar a más de 110 kilómetros por hora en un radio de unos 40 kilómetros.

La carga explosiva del Lancet es una ojiva hueca que concentra su energía en un estrecho chorro perforante que atraviesa el objetivo y sale por el otro lado. Eso permite al dron destruir objetivos fuertemente blindados, como los tanques.

La empresa Zala Aerogroup, que forma parte del holding de la defensa Kalashnikov fabrica drones Lancet en serie. Es un pilar importante de la estrategia de Moscú, ya que también fabrica el dron kamikaze Kub.

El Kub no sólo está diseñado para explotar sobre un enemigo, sino que también es capaz de llevar a cabo misiones de vigilancia y reconocimiento. La pequeña aeronave de vuelo bajo está diseñada para ser lanzada por las tropas sobre el terreno y no requiere grandes infraestructuras, como rampas de lanzamiento o pistas aterrizaje.

El uso del Kub preocupa especialmente al ejército ucraniano. Además de enfrentarse a los drones clásicos, las tropas de Kiev deben considerar ahora cada dispositivo autónomo enemigo como un potencial dron suicida, capaz de lanzarse sobre los soldados y detonar una carga mortal en cualquier momento.

El mayor submarino estadounidense ha entrado en el Mediterráneo con armas nucleares

El Rhode Island, el mayor submarino de propulsión nuclear del mundo, ha abandonado Gibraltar para dirigirse al Mar Negro bajo la protección de la Marina Real británica, dice el Daily Express (*). Su llegada señala la presencia de Estados Unidos en la guerra de Ucrania.

“La visita del USS Rhode Island desde el puerto de Rhode Island a Gibraltar refuerza nuestro férreo compromiso con nuestros aliados y socios en la región. Estados Unidos y el Reino Unido comparten un sólido historial de cooperación, a través de ejercicios, operaciones y actividades de cooperación como ésta, que mejoran nuestras capacidades combinadas y nuestra asociación”, declaró el capitán de la Marina John Craddock, jefe de la Task Force 69, en un comunicado.

La complejidad, la letalidad y la experiencia táctica del Rhode Island encarnan la eficacia y el poder de los submarinos. Según el diario italiano La Repubblica, el Rhode Island apareció el 1 de noviembre en Gibraltar, armado con misiles intercontinentales y cientos de cabezas nucleares. Con la misión de intimidar a Rusia.

El Rhode Island, en servicio desde 1993, lleva 24 misiles intercontinentales Trident II, capaces de golpear a 18.000 kilómetros a una velocidad de 29.000 kilómetros por hora. Cada uno puede montar hasta catorce cabezas nucleares.

La llegada del submarino estadounidense es una advertencia a Rusia y se produce dos semanas después del anuncio de que otro submarino nuclear, el West Virginia, se dirigía al Mar de Arabia para acercarse a China.

Los medios de comunicación informaron de que el submarino nuclear ruso K329 Belgorod había zarpado el mes pasado con rumbo desconocido, pero silencian los movimientos de los submarinos estadounidenses.

(*) https://www.express.co.uk/news/world/1692726/largest-nuclear-submarine-leaves-Gibraltar-black-sea-russia-war-USS-Rhode-Island

Estados Unidos cierra las negociaciones con Irán y planea una intervención militar

El 30 de octubre el diplomático estadounidense encargado de negociar un acuerdo nuclear con Irán, Robert Malley, declaró que Estados Unidos no “perderá el tiempo” intentando mantener vivo el acuerdo nuclear del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA).

Malley reconoció que “no está en nuestra agenda. No vamos a centrarnos en algo inerte mientras ocurren otras cosas… y no vamos a perder nuestro tiempo en ello… si Irán ha tomado la posición que ha tomado”.

La insistencia de Malley en que “no vamos a centrarnos” en las negociaciones se hace eco de declaraciones anteriores del Departamento de Estado. El 12 de octubre el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, utilizó las mismas palabras, diciendo que las negociaciones “no son nuestra prioridad en este momento”.

Estados Unidos se ha alejado tanto de las negociaciones que recientemente un diplomático ha dicho que, debido a la respuesta de Irán a las protestas y su apoyo a Rusia en la Guerra de Ucrania, “aunque Irán volviera hoy a la mesa y dijera que quiere un acuerdo nuclear, era poco probable que Estados Unidos siguiera adelante”.

El diplomático continuó diciendo que Estados Unidos prácticamente considera muerto el acuerdo y “está tomando medidas para asegurarse de que tiene una opción militar preparada”, algo que Malley ha confirmado: la Casa Blanca “está dispuesta a utilizar medios militares como último recurso para impedir que Irán adquiera un arma nuclear”.

Que Irán no tiene armas nucleares ni tampoco planea fabricarlas se ha incluido en la Revisión de la Postura Nuclear, donde se puede leer que “Irán no representa actualmente una amenaza nuclear, pero sigue desarrollando capacidades que le permitirían producir un arma nuclear si tomara la decisión de hacerlo”. A continuación, formula su conclusión sobre Irán con la mayor claridad: “Irán no posee hoy un arma nuclear y actualmente creemos que no está persiguiendo una”.

Si Estados Unidos sabe que Irán no posee un arma nuclear y ni siquiera cree que esté persiguiendo una, entonces ¿a qué vienen la desestabilización del país, las amenazas, los asesinatos, el sabotaje y las sanciones? ¿Por qué asesinan a científicos y generales, se inutilizan las centrales nucleares y amenazan con la guerra?

Si a Estados Unidos le preocupa que las actividades nucleares iraníes continúen, no debería abandonar la renegociación del acuerdo nuclear, sino volver a la sentarse en la mesa.

Antes de que Estados Unidos se retirara unilateralmente del JCPOA, Irán estaba cumpliendo sus compromisos escrupulosamente. Once informes consecutivos del Organismo Internacional de Energía Atómica verificaron que Irán respetaba sus compromisos. Solo empezó a superar los límites prescritos por el JCPOA después de que Estados Unidos pusiera fin a sus obligaciones de manera unilateral.

—https://original.antiwar.com/Ted_Snider/2022/11/03/us-admits-iran-is-not-building-a-bomb/

Europa quiere que la guerra se acabe ya y Estados Unidos quiere alargarla lo más posible

Decíamos ayer que es Estados Unidos quien negocia con Rusia el futuro de Ucrania y que las negociaciones han ido siempre en paralelo a las batallas. En el mundo moderno nadie se puede negar a reunirse y hablar porque queda feo ante las cámaras de la televisión, incluso para una país con la imagen de Rusia. Desde luego que eso resultaría absolutamente impensable si las conversaciones entre adversarios tienen por objeto poner fin a una guerra.

Los medios de comunicación presentan las negociaciones con el siguiente formato: Biden recomienda a su homólogo ucraniano que no se ciegue por sus triunfos militares en los campos de batalla y permanezca atento a las posibilidades de iniciar unas conversaciones de paz con Moscú.

Según el Washington Post las negociaciones son una farsa (*). Biden ha iniciado una campaña para apaciguar a sus aliados europeos que son los que presionan para que haya conversaciones de paz. El viaje de Scholz a Pekín sería el ejemplo más llamativo de esas desesperación europea por acabar con la guerra.

“El gobierno de Biden está alentando en privado a los dirigentes de Ucrania para que se abran a negociar con Rusia y abandonen su negativa pública a participar en conversaciones de paz a menos que el presidente Vladimir Putin sea retirado del poder”, dice el Washington Post.

La Casa Blanca no pretende empujar a Ucrania a la mesa de negociaciones. Se trata más bien de un intento calculado para que el gobierno de Kiev conserve el apoyo de otros países que temen alimentar una guerra durante muchos años.

El guión para consumo de los medios ya está escrito: si las negociaciones salen adelante será gracias a Biden, que podrá resultar reelegido, y si fracasan es culpa de la intransigencia de Putin. El Washington Post marca claramente la pauta:

“Estados Unidos comparte la opinión de Ucrania de que Putin no se toma en serio las negociaciones, reconoce que la negativa del Presidente Volodymyr Zelensky a firmar la paz está causando preocupación en algunas partes de Europa, África y América Latina, donde los efectos perturbadores de la guerra sobre la disponibilidad y el coste de los alimentos y el combustible se sienten con mayor intensidad”.

Que el Wall Street Journal haya destapado ahora las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia, de las que Ucrania no ha formado parte, indica que el apoyo europeo hacia el gobierno de Kiev se ha resquebrajado notablemente, como muestra el viaje de Scholz a Pekín. Biden quiere aplacar el descontento de sus “socios” por una guerra que no podrían sostener ni aunque quisieran.

En consecuencia, la fractura es evidente: Europa quiere que la guerra se acabe ya y Estados Unidos quiere alargarla lo más posible. De ahí el envío continuado de voluntarios y suministros militares.

El Pentágono ha inaugurado un nuevo puesto de mando, llamado Grupo de Asistencia a la Seguridad de Ucrania, que es una señal de un programa a largo plazo para seguir ayudando a Kiev en su guerra contra Rusia, dijo la portavoz del Pentágono Sabrina Singh.

El nuevo puesto de mando que supervisará la asistencia estará encabezado por un oficial de tres estrellas de alto rango y contará con unas 300 personas con base en Alemania que vigilarán los programas de asistencia armamentística y de formación, dijo el portavoz del ejército estadounidense en Europa, el coronel Martin O’Donnell.

Esta orden indica un esfuerzo de varios años. Además, algunos de los sistemas de armamento que Estados Unidos ha prometido enviar a Ucrania aún no se han fabricado. No se entregarán a Ucrania hasta 2023 ó 2024, si es que llegan hasta entonces.

El secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, anima al ejército ucraniano a capturar Jerson y lo mismo hace Sullivan de puertas hacia fuera. Zelensky se ha comprometido ha seguir las instrucciones de sus jefes, pero el Estado Mayor ucraniano no lo tiene nada claro. Las tropas rusas se han reforzado y su artillería destruye el equipo posicionado para el ataque antes de que se acerque al frente.

El ejército ucraniano lleva semanas intentando atacar Jerson, sin ningún éxito. Ha sufrido muchas bajas. Las unidades desplegadas en la región llevan allí desde principios de octubre o más. Al frente sólo han llegado de refresco los restos del Batallón Azov para impedir la retirada de unas unidades que dan síntomas de agotamiento.

Ucrania no ha logrado ningún éxito en el campo de batalla y a Washington le gustaría mostrar alguno para decir a los europeos que pueden ganar la guerra. La presión para atacar Jerson es parte de la campaña general para convencer a los europeos de que deben apoyar los esfuerzos para rearmar a Ucrania.

Es una campaña engañosa. Ucrania está perdiendo la guerra de forma estrepitosa. Pero Estados Unidos quiere luchar contra Rusia hasta el último ucraniano, e incluso hasta el último euro.

(*) https://www.washingtonpost.com/national-security/2022/11/05/ukraine-russia-peace-negotiations

Estados Unidos está negociando en secreto el futuro de Ucrania con Rusia

El ejército ucraniano sigue disparando contra la población civil. Los bombardeos rusos sobre Ucrania continúan, la movilización ha terminado, pero hay silencio en el frente. No ocurre nada militarmente significativo. No hay progresos ni retrocesos aparentes.

El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, viaja a Kiev para levantar la moral de sus lacayos y Estados Unidos sigue anunciando más ayuda militar a Ucrania: “He informado al presidente Zelensky de que, en virtud de una delegación de autoridad del presidente, estoy autorizando nuestra vigésima entrega de armas y equipos estadounidenses para Ucrania desde septiembre de 2021. Esta liberación de fondos por valor de 675 millones de dólares incluye armas, municiones y equipos adicionales de las reservas del Departamento de Defensa de Estados Unidos que las fuerzas ucranianas utilizan con tanta eficacia en la defensa de su país”.

A principios de septiembre el Departamento de Estado anunció un paquete de ayuda de 2.800 millones de dólares. La ayuda militar no es sólo para Ucrania, sino también para los países vecinos, es decir, para la frontera xde Rusia, lo que subraya el deseo de desestabilizar la región:

“Hoy informamos al Congreso de nuestra intención de poner a disposición 2.200 millones de dólares adicionales en inversiones a largo plazo en financiación militar externa para reforzar la seguridad de Ucrania y de 18 de sus vecinos, incluidos muchos aliados de la OTAN, así como de otros socios de seguridad regional potencialmente amenazados por futuras agresiones rusas”.

En octubre el Pentágono siguió anunciando más ayudas: “Estados Unidos proporcionará 725 millones de dólares en ayuda adicional a Ucrania, lo que eleva el importe total del apoyo de Washington a Kiev a 18.300 millones de dólares. El nuevo paquete incluye munición para Himars -un lanzacohetes montado en vehículos blindados ligeros muy útil en la contraofensiva del ejército ucraniano-, 23.000 proyectiles de artillería, 5.000 minas antiblindaje, 5.000 armas antitanque y 200 vehículos de transporte”.

El viernes de la semana pasada se repetía cantinela: más ayuda militar estadounidense por valor de 400 millones de dólares a Ucrania. La portavoz del Pentágono, Sabrina Singh, dijo a los periodistas que Estados Unidos financiaría la mejora de 45 tanques T-72 y misiles Hawk para la defensa aérea de Kiev.

No cabe ninguna duda: la posición estadounidense es la de un país beligerante, es decir, que forma parte de la guerra. Sin embargo, al mismo tiempo, el Wall Street Journal asegura que Estados Unidos está manteniendo conversaciones secretas con Rusia para “evitar una escalada del conflicto” (*). Los interlocutores son Sullivan, Ushakov, asesor de Putin y el secretario del Consejo de Seguridad, Patrushev.

En el artículo la expresión “evitar una escalada del conflicto” explica la intoxicación mediática de los últimos días acerca del riesgo de guerra nuclear. Para el futuro la charlatanería periodística dirá que gracias a negociaciadores como Sullivan se evitó lo peor: que los rusos lanzaran bombas nucleares a la desesperada.

Este tipo de negociaciones no son nada nuevo en la Guerra de Ucrania; han existido antes y durante la guerra. Pero ahora la palabra “negociación” empieza a estar en boca de todos los políticos de renombre y ocupa las primeras planas de los grandes medios de comunicación.

Los periodistas de guerra rusos muestran su extrañeza: “La línea del frente no ha cambiado, los ataques del enemigo están siendo rechazados con confianza y pérdidas para las fuerzas armadas ucranianas. Sin embargo, siguen circulando rumores sobre la retirada a la orilla izquierda y la rendición de Jerson”.

Los rumores van acompañados de la evacuación de civiles de la orilla derecha de la ciudad, que preocupa a los habitantes, tanto más cuanto que precede a un abandono del territorio evacuado. La preocupación se vio reforzada por las declaraciones de Stremussov, vicegobernador de la región: “Siempre estoy con la gente, entiendo que la gente debe ser mi base, porque yo mismo soy un residente de Jerson. Lo más probable es que nuestras unidades, nuestras tropas vayan a la orilla izquierda de la región de Jerson. Las personas que no han tenido tiempo de salir de Jerson deben salir lo antes posible”.

En efecto, huele a negociación. La retirada rusa de Jerson sería presentada como un triunfo de la “ofensiva ucraniana”, que obligó a los rusos a ceder. Pero ese es el punto de vista occidental. El Kremlin va a tener muchos más problemas para vender la moto a su público porque ahora Jerson está bajo la soberanía de Rusia. El abandono de Jerson es el abandono de una parte del territorio patrio. En Rusia eso son palabras mayores.

(*) https://www.wsj.com/articles/senior-white-house-official-involved-in-undisclosed-talks-with-top-putin-aides-11667768988

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