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Rusia neutraliza cada vez más drones ucranianos

Hace unos meses los drones ucranianos eran un dolor de cabeza para el ejército ruso, pero la situación ha cambiado, asegura el Royal United Services Institute.

Actualmente los militares rusos inutilizan unos 10.000 drones ucranianos al mes, lo que equivale a más de 300 drones al día. Esto marca una transformación significativa en la guerra entre Rusia y Ucrania, descrito como “una de las primeras guerras de drones contra drones del mundo”.

Rusia ha desplegado una sofisticada gama de sistemas de guerra electrónica para contrarrestar los ataques de drones de Ucrania. Entre estos sistemas, la estación de interferencia Shipovnik-Aero destaca por su capacidad para imitar otras señales, lo que la hace especialmente difícil de detectar, según el Instituto británico.

“Los sistemas rusos han demostrado su capacidad para neutralizar eficazmente drones, transformando el panorama de esta guerra híbrida”, señala el Intituto. “El despliegue de sistemas como el Shipovnik-Aero ha alterado el equilibrio de fuerzas sobre el terreno, demostrando una vez más la importancia estratégica de la guerra electrónica en los conflictos contemporáneos”.

Los drones ucranianos se utilizan en una variedad de funciones que van desde el reconocimiento hasta el ataque directo. Abarcan desde pequeños drones comerciales, a menudo utilizados para reconocimiento o como munición itinerante, hasta el multimillonario Bayraktar TB2.

Aunque los drones han desempeñado un papel clave en las operaciones ucranianas, su eficacia se está viendo mermada por los sistemas rusos de guerra electrónica. Esto pone de manifiesto la naturaleza cambiante del campo de batalla moderno, donde el control del espacio aéreo depende cada vez más de la tecnología digital y la guerra electrónica.

Los viejos tanques soviéticos infligen serios reveses al ejército ucraniano

Un icono de la Guerra Fría ha vuelto a los campos de batalla en Ucrania. El ejército ruso están causando importantes daños a la OTAN con tanques obsoletos de la época soviética. Los viejos tanques proporcionan una protección eficaz para la artillería, la potencia de fuego de largo alcance y las incursiones rápidas.

Los T55 y el T62 se utilizan ampliamente en la función de apoyo de fuego que ofrecen otros vehículos de combate de infantería. Se acercan rápidamente, disparan tantas rondas como sea posible en un corto periodo de tiempo y se retiraran.

La introducción en el campo de batalla de los T55 el T62 fue objeto de burlas por parte de los “expertos”. Cuando los vieron por primera vez pronosticaron que “no durarían mucho” en una batalla directa con otros tanques.

Pero en su segunda vida, los tanques soviéticos están funcionando como piezas de artillería. Los rusos no han inventado nada. En la guerra de 2020 entre Armenia y Azerbaiyán, los azeríes desplegaron al menos una compañía con una docena de T-55 cerca del distrito de Aghdam. Los T-72 más modernos se encargaron de los asaltos directos a las posiciones armenias.

En los años cincuenta los T-55 se convirtieron en los principales tanques de las unidades blindadas del ejército soviético. No son más que un cañón D-10T, un derivado del cañón antitanque D-10 que ya disparaba contra los nazis en 1944.

El T-54 es un tanque medio, mientras que el T-55 era el carro de combate principal que entró en servicio en 1947, al finalizar la guerra mundial. Fue un carro de combate de enorme éxito, asequible y capaz, a diferencia de otros más caros.

Eran bastante ligeros ya que sólo pesaban unas 36 toneladas, y alcanzaban una velocidad por encima de los 50 kilómetros por hora. Fue diseñado para enfrentarse al tanque estadounidense M48 Patton y a otros tanques occidentales de la Guerra Fría.

Es el modelo de tanque que más se ha fabricado en la historia militar. Durante la Guerra Fría se fabricaron más de 100.000 unidades, mucho más que el tanque estadounidense más fabricado, el M4 Sherman de la Segunda Guerra Mundial, y 8 ó 9 veces el número de tanques M1 Abram.

Los tanques quedan atrás, ahora Ucrania quiere cazas F-16

Ucrania está pidiendo cazas F-16 mientras que Noruega, Países Bajos y otros países europeos están a punto de desecharlos por completo y sustituirlos por otra chatarra: los cazas F-35.

Estados Unidos se niega a que sus cazas F-16 combatan en Ucrania contra Rusia. La fuerza aérea rusa es más fuerte y más eficaz, asegura la revista Military Watch.

Los cazas perderían en los combates aéreos contra los aviones rusos Su-35, MiG-31 y Su-57 porque no llevan a bordo tecnología furtiva. Las pérdidas en combate podrían destruir la reputación de las aeronaves, que son una de las mejores mercancías de exportación militar de Estados Unidos, fuente de prestigio y de ingresos a la vez.

“La capacidad de supervivencia de los cazas F-16 en los duelos con aviones rusos será baja debido a la falta de tecnología furtiva”, según Military Watch. Los cazas rusos Su-35, MiG-31 y Su-57 serían los favoritos en las batallas aéreas con los F-16.

Un gran número de cazas F-16 podrían ser alcanzados directamente en los aeródromos por el ejército ruso. Las victorias sobre los F-16 aumentarán considerablemente el prestigio de la industria militar rusa.

Rusia se ha beneficiado de la destrucción del sistema de defensa antiaérea de largo alcance de la OTAN, el Patriot, recuerda Military Watch. La amenaza de los sistemas rusos de misiles tierra-aire de largo alcance, que incluso desde bases en Bielorrusia han demostrado su capacidad para derribar cazas de cuarta generación sobre Kiev, limitaría aún más la capacidad operativa de los F-16.

“Los F-16 más antiguos, dependientes de radares de escaneo mecánico obsoletos y sin acceso a misiles de nueva generación como el AIM-120D, probablemente no tendrían buenos resultados si se desplegaran en Ucrania, incluso si pudieran enfrentarse a aviones rusos 1:1 y no sufrieran desventajas numéricas importantes”.

“Estados Unidos tiene mucho que perder con la transferencia de sus F-16 a Ucrania, mientras que los futuros pedidos de estos aviones ya están en entredicho y la reputación de su poder aéreo es fundamental, sobre todo en escenarios como Asia”, afirma la revista.

El F-16 es un caza ligero y monomotor que se diseñó en la década de los setenta como contrapartida más ligera y barata del F-15, un peso pesado que entrenaba a la élite de la Fuerza Aérea estadounidense.

La OTAN se atrinchera en el negacionismo: Bajmut no ha caído

La OTAN y sus marionetas del gobierno ucraniano se niegan a reconocer la caída de Bajmut. Aunque la situación es crítica, según Hanna Maliar, viceministra de Defensa, las unidades bajo las órdenes de Kiev siguen combatiendo al oeste de la ciudad.

Incluso ha ido bastante más allá de la ficción, reconociendo al New York Times, que sus tropas están “avanzando por los flancos” de la ciudad. El objetivo es cercar y “destruir al enemigo que ahora debe defender” la ciudad, añadió la viceministra de Defensa.

Algo parecido ha dicho el comandante de las fuerzas terrestres ucranianas, Oleksandr Syrsky, reconociendo que las presencia ucraniana en Bajmut “no es significativa”, o sea, que deben quedar cuatro soldados ucranianos despistados merodeando por los alrededores.

Sin embargo, ya no se escuchan disparos ni explosiones. No hay vídeos en las redes sociales ucranianas.

Pero el gobierno ucraniano no tiene voz propia. Dice lo que le dictan los gabinetes de imagen de la OTAN. Son ellos los que redactan los comunicados diarios desde Londres, que no tienen nada que ver con la realidad sobre el terreno.

Además del negacionismo, los gabinetes de la OTAN apuntan un añadido más: en cualquier caso, la captura de la ciudad es irrelevante desde el punto de visto de la estrategia de la guerra. No merece la pena, ni tampoco los miles de víctimas que ha costado.

Es como la fábula de la zorra y las uvas de Esopo, que llevamos más de dos mil años escuchando.

Sin embargo, en diciembre Zelensky se jactó en el Capitolio de Washington de que “la lucha por Bajmut cambiará la trayectoria de nuestra guerra por la independencia y la libertad”.

El pelele ucraniano siempre ha intentado movilizar a los medios de comunicación en torno a la resistencia numantina de sus soldados. En una entrevista concedida el 7 de marzo a la cadena estadounidense CNN, afirmó que la pérdida de Bajmut daría a los rusos “un camino abierto” para tomar otras ciudades importantes del este de Ucrania, justificando al mismo tiempo el mantenimiento “táctico” de sus fuerzas contra los ataques rusos.

“Entendemos que después de Bajmut podrían ir más lejos. Podrían ir a Kramatorsk, podrían ir a Sloviansk, sería un camino abierto para los rusos después de Bajmut a otras ciudades de Ucrania, en dirección a Donetsk”, advirtió. Según él, Ucrania utilizaría Bajmut como “punto de fijación”, contra el que Rusia perdería muchas energías en combates mortíferos en torno a un campo de ruinas.

Los medios de comunicación han reproducido el coraje de las fuerzas ucranianas que defendían la ciudad. Bajmut formaba parte de la prometida y nunca cumplida contraofensiva ucraniana, que era inminente. A ella le seguiría “una retirada gradual y organizada” de las fuerzas ucranianas a cambio de “posiciones rusas”, según el Washington Post.

Es la publicidad comercial que todos los días encontramos en los buzones, las eternas rebajas del supermercado. En marzo los rusos volaron dos puentes en las afueras de Bajmut y la llegada de suministros era cada vez más complicada. Si los ucranianos no se podían defender, mucho menos podían atacar.

A Ucrania le espera un verano infernal

El embajador ucraniano en Reino Unido, Vadim Prystaiko, dijo que espera el comienzo de un “verano infernal” en Ucrania. La próxima contraofensiva de las fuerzas armadas ucranianas podría provocar grandes pérdidas entre los militares ucranianos, dijo Prystaiko. “Sé que podría ser un verano muy terrible y el precio [que pagará Ucrania] puede ser infernal”, explicó el jueves en una entrevista con la cadena ITV.

Según Prystaiko, en Occidente exageraron las expectativas sobre la contraofensiva ucraniana, lo que está presionando al ejército de Kiev, que necesita alguna victoria, aunque sea simbólica, que llevar a las cadenas de televisión.

El diplomático ucraniano se negó a divulgar información sobre las bajas del ejército ucraniano. “Internamente sabemos cuántos de los nuestros ya han muerto o están desaparecidos”, dijo.

También sabemos que más de 8 millones de personas están fuera del país, por lo que comprendemos las pérdidas”, añadió.

Los medios occidentales hace días que dejaron de sembrar ilusiones sobre la próxima ofensiva ucraniana. Lo más probable es que no haya nada parecido a una ofensiva. Ucrania jugará al gato y al ratón, como tenía previsto el año pasado.

Su “guerra asimétrica” girará en torno a los medios de comunicación. Serán ataques publicitarios y sicológicos para mantener constantemente una pose ganadora.

Lanzará ataques espectaculares en la retaguardia de Rusia, como los depósitos de petróleo en Krasnodar, que es la parte más fuerte de Rusia, un país que nada en un océano de crudo. Estos ataques y los subsiguientes incendios quedan impecables para las cámaras de la televisión, con su humo negro llenando el cielo.

Los comandos ucranianos destruirán las vías y los trenes rusos descarrilarán, como en Crimea, unos daños que se arreglan en horas.

Los asesinatos y ejecuciones de personalidades rusas serán una constante y seguirán llamando la atención sobre una resistencia numantina.

También les ha dado cierto juego los falsos derribos de misiles hipersónicos rusos, porque los reporteros no tienen nada más.

Intentarán vender los ataques ficticios contra Belgorod y otras regiones fronterizas rusas como conquistas territoriales.

Sobre el terreno, el ejército ucraniano seguirá retrocediendo. Es posible que, si logra cruzar el río Dnieper, intente asaltar la central nuclear de Zaporiya, donde ha acumulado 60.000 efectivos. Pero al otro lado Rusia tiene 150.000 y el intento puede provocar una carnicería.

También pueden intentar acercarse a Melitopol para poner los edificios de la ciudad al alcance de la artillería, algo que han venido haciendo en el Donbas durante ocho años.

En cualquier caso, para Ucrania el coste de mantener la atención de las televisiones an torno a la guerra se cuenta en miles de vidas de sus soldados.

Una buena operación de cara a la galería: capturar la central nuclear de Zaporiya

Es posible que el ejército ucraniano intente atravesar el río Dnieper, por ejemplo para intentar capturar la central nuclear de Zaporiya. Llegar a la otra orilla es relativamente sencillo y establecer una cabeza de puente también, con bastantes pérdidas en cualquier caso.

Lo difícil es mantener luego esa posición avanzada, abastecerla de suministros. Esa fue la razón por la que Rusia se retiró de la zona de Jerson.

Los ucranianos necesitarían una enorme infraestructura logística para mantener una cabeza de puente capaz de albergar a una gran unidad del tamaño de una brigada, como mínimo.

Si el objetivo del ejército ucraniano fuera capturar la central nuclear de Zaporiya, puede hacerlo sin preocuparse demasiado por el reabastecimiento. Una vez más la publicidad de los medios jugaría un papel importante en el plan. Manteniendo la central como “rehén”, los ucranianos podrían amenazar con volar la planta y culpar de ello a los ataques rusos de represalia, que los medios de comunicación, por supuesto, cubrirían con todo lujo de detalles.

Ucrania obligaría a Rusia a firmar un acuerdo para ceder el control de la planta a su ejército con una campaña masiva de presión mediática y, naturalmente, de la Agencia Internacional de la Energía Atómica.

Con esta operación, no tendrían que preocuparse de soluciones logísticas a largo plazo. Se basaría en una única y arriesgada operación principal para capturar la central y entrar inmediatamente en el punto muerto de fabricar constantemente noticias para la televisión.

Ayer el ejército ruso completó la captura de Bajmut

Ayer Bajmut cayó en poder del ejército ruso. La urbe, situada en el Donbas, se había convertido en el escenario de algunos de los combates más largos e intensos de la Guerra de Ucrania.

Las tropas ucranianas que defendían la ciudad, que eran mercenarios polacos y georgianos, huyeron por los boques del sur y el último barrio de la ciudad fue completamente liberado.

En Japón Zelensky ha admitido ante los periodistas la derrota de sus tropas en Bajmut después de una sangrienta batalla que se ha prolongado durante ocho meses.

Esta mañana Putin ha felicitado a las tropas de Wagner y al ejército regular por la liberación de la ciudad, que Rusia llama por su nombre de la época soviética: Artyomovsk.

En un comunicado publicado en la página web del Kremlin, Putin dice que la batalla -la más larga de los 15 meses de guerra- había terminado con una victoria, y que todos los que habían destacado en ella recibirían condecoraciones oficiales.

La semana que viene Wagner traspasará el control de la ciudad a las unidades regulares del ejército ruso, que se se encargarán de fortificar y apuntalar las líneas de defensa.

El control de Bajmut permitirá al ejército ruso realizar nuevas operaciones ofensivas contra las posiciones del ejército ucraniano.

Rusia no quiere una guerra de las galaxias por Ucrania

El antiguo jefe de Roscomos, el equivalente ruso de la NASA, y actual asesor científico del ejército, Dmitry Rogozin, ha asegurado que Moscú podría destruir fácilmente todos los satélites estadounidenses. Sin embargo, esta acción sería contraproducente para Rusia, que no tiene ningún interés en iniciar una guerra en el espacio.

A los asesores científicos que aportan su experiencia a las tropas rusas enviadas al frente ucraniano los llaman “los Lobos del Zar” y su director es Rogozin, que ha concedido una entrevista a una emisora de radio moscovita, reproducida por Vedomosti.

Rogozin escapó a un intento de asesinato en Donetsk coordinado gracias a la flota de satélites Starlink.

Rusia no destruye los satélites estadounidenses ni los de Starlink porque no quiere trasladar la guerra al espacio. Si Moscú destruye el sistema de comunicaciones del enemigo, sus propios satélites también serán eliminados en respuesta, y el país perdería su constelación espacial.

El jefe de la manada de “Lobos del Zar” no apreció la ayuda prestada al ejército ucraniano por Starlink, que opera en Ucrania desde los primeros días de la Guerra de Ucrania. La red está diseñada para proporcionar acceso a internet de alta velocidad, con una constelación orbital de más de 2.300 satélites. Según los últimos datos, Kiev ha recibido unos 24.000 terminales Starlink.

En febrero de este año, cuando Kiev empezó a depender cada vez más de los satélites para luchar contra Rusia, SpaceX limitó la capacidad del ejército ucraniano para controlar drones con Starlink. Un alto cargo de la empresa argumentó que la tecnología nunca estuvo pensada para ser militarizada.

Rogozin no duda de la capacidad de Rusia para destruir los satélites estadounidenses si fuera necesario. “Si es necesario aplastar, destruir físicamente la constelación orbital del enemigo o de los adversarios, teniendo todo en cuenta, lo haremos muy rápidamente. Tenemos todos los medios necesarios para hacerlo”, afirmó.

Sin embargo, cree que tal acción supondría una escalada de la guerra que no merece la pena. “En cuanto hagamos eso, es decir, un ataque a naves espaciales para quitarles la alerta, es un casus belli, es un pretexto para la guerra, trasladándola al espacio”, dijo.

En febrero el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso advirtió de que las instalaciones de infraestructuras civiles en el espacio utilizadas por Estados Unidos y sus aliados durante la Guerra de Ucrania con fines militares podrían convertirse en un objetivo legítimo para un ataque de represalia.

Elon Musk dijo que no pretendía que sus satélites fueran la causa de que la Guerra de Ucrania se convirtiera en una tercera guerra mundial.

Hegemonía y tecnología: los presupuestos del Pentágono para el año que viene

El 13 de marzo el gobierno de Biden desveló su solicitud de presupuesto militar de 842.000 millones de dólares para 2024, el mayor desde el punto álgido de las guerras de Afganistán e Irak. El año pasado se añadieron 35.000 millones de dólares a la petición de la administración, y este año es probable que su adición sea al menos igual de grande. Dado que las fuerzas estadounidenses ni siquiera están oficialmente en guerra en estos momentos, ¿a qué se debe tanto gasto militar?

La respuesta dada por altos funcionarios del Pentágono y de la que se hacen eco los principales medios de comunicación de Washington es que el país se enfrenta a un riesgo creciente de guerra con Rusia o China (o ambas) y que la lección del actual conflicto en Ucrania es la necesidad de almacenar grandes cantidades de bombas, misiles y otras municiones. “El Pentágono, haciendo malabarismos con Rusia y China, busca miles de millones para armas de largo alcance” era un titular típico del Washington Post sobre esta solicitud de presupuesto para 2024. Los líderes militares están abrumadoramente centrados en un posible conflicto futuro con alguna de estas potencias, o con ambas, y están convencidos de que hay que gastar mucho más dinero ahora para prepararse para tal desenlace, lo que significa comprar más tanques, barcos y aviones, y todas las bombas, proyectiles y misiles que transportan.

Muchos de los miles de millones de dólares que se están añadiendo son para comprar exactamente el equipo que uno esperaría utilizar en una guerra con estas potencias a finales de los años 2020 o 2030. Además de los costes de personal y funcionamiento, la mayor parte del presupuesto propuesto -170.000 millones de dólares, o el 20 por cien- se destina a la compra de este tipo de equipos.

Una parte sorprendente -145.000 millones de dólares o el 17 por cien- se destina a posibles guerras en las décadas de 2040 y 2050. Como es probable que la competencia estratégica con China continúe durante décadas y que la guerra puede estallar en cualquier momento de esta trayectoria futura, el Pentágono solicita la mayor asignación jamás destinada a la llamada “investigación, desarrollo, prueba y evaluación” (RDT&E), el proceso de convertir los últimos descubrimientos científicos en armas de guerra.

Estos 145.000 millones de dólares son más de lo que cualquier otro país, excepto China, gasta en defensa en su conjunto, y constituyen aproximadamente la mitad del presupuesto militar total de China.

Una parte de T&E es para actualizaciones futuristas de sistemas de armas existentes. Por ejemplo, el bombardero B-52 -que a sus 70 años es el modelo más antiguo aún en servicio- está siendo modernizado para portar armas experimentales AGM-183A Air-Launched Rapid Response Weapons o misiles hipersónicos avanzados.

Pero gran parte de este dinero, especialmente la parte destinada a I+D, se destina a desarrollar armas que puede que no se utilicen en el campo de batalla durante décadas, si es que llegan a utilizarse alguna vez. El gasto en estos sistemas sigue siendo de millones o pequeños miles de millones, pero sin duda alcanzará decenas o cientos de miles de millones de dólares en los próximos años, lo que garantiza que los futuros presupuestos del Pentágono ascenderán a billones.

El armamento de tecnología emergente

La mayor atención que presta el Pentágono al desarrollo de las armas del futuro se basa en la premisa de que China y Rusia seguirán siendo adversarios importantes durante las próximas décadas y que las futuras guerras con estos países, u otras grandes potencias, podrían decidirse en gran medida por el dominio de la inteligencia artificial (inteligencia artificial) y otras tecnologías emergentes. Entre ellas figuran la robótica, la hipersónica (proyectiles que vuelan a más de cinco veces la velocidad del sonido) y la informática cuántica. Como se afirma en la solicitud presupuestaria del Pentágono para 2024:

“Un abanico cada vez mayor de tecnologías en rápida evolución y de aplicaciones innovadoras de las tecnologías existentes complica la capacidad del [Departamento de Defensa] para mantener una ventaja en la credibilidad del combate y la disuasión. Las nuevas capacidades, como las armas basadas en el espacio, las armas hipersónicas, las cargas útiles y los sistemas vectores nuevos y emergentes… crean un mayor potencial… de cambios en la percepción de la disuasión del poder militar estadounidense”.

Para asegurarse de que el país puede dominar a las fuerzas chinas y rusas en cualquier situación imaginable, Washington debe invertir en tecnologías avanzadas que puedan dominar los futuros campos de batalla. Por ello, 17.800 millones de dólares del presupuesto RDT&E de 145.000 millones se destinarán directamente al desarrollo de ciencia y tecnología militar. Estos fondos, explica el Pentágono, se utilizarán para acelerar la militarización de la inteligencia artificial y el crecimiento de otras tecnologías emergentes, en particular la robótica, los sistemas de armas autónomos (o no tripulados) y los misiles hipersónicos.

La inteligencia artificial

La inteligencia artificial es de especial interés para el Ministerio de Defensa, dada su amplia gama de posibles usos militares, como la identificación y evaluación de objetivos, la mejora de los sistemas de navegación y de apuntamiento de armas, y la toma de decisiones asistida por ordenador en el campo de batalla.

Aunque en la versión desclasificada del presupuesto para 2024 no se propone una cifra total para investigación y desarrollo de la inteligencia artificial, se destacan algunos programas individuales. Uno de ellos es el Sistema Conjunto de Mando y Control de Todos los Dominios (JADC2), una matriz de sensores, ordenadores y dispositivos de comunicaciones con inteligencia artificial diseñados para recopilar y procesar datos sobre los movimientos del enemigo y transmitir esta información a la velocidad del rayo a las fuerzas de combate en todos los “dominios” (aire, mar, tierra y espacio). Con un presupuesto de 1.300 millones de dólares, puede que el JADC2 no sea “la mayor cifra del presupuesto”, dijo el Subsecretario de Defensa Michael J. McCord, pero es “un concepto organizativo central de cómo estamos tratando de unir la información”.

La inteligencia artificial también es fundamental para el desarrollo de drones y “robots asesinos”. Suelen combinar una plataforma móvil de algún tipo (avión, tanque o barco), un “mecanismo de muerte” a bordo (cañón o misil) y la capacidad de identificar y atacar objetivos con una supervisión humana mínima. Convencidos de que el futuro campo de batalla será cada vez más letal, el Pentágono pretende sustituir el mayor número posible de plataformas tripuladas (buques, aviones y artillería) por drones.

La solicitud de presupuesto para 2024 no incluye una cantidad total para la investigación de futuros sistemas de armas autónomos, pero se puede contar con una cosa: serán varios miles de millones de dólares. El presupuesto indica que se solicitan 2.200 millones de dólares para las compras iniciales de los drones MQ-4 y MQ-25, y estas cifras seguramente aumentarán a medida que los sistemas robóticos experimentales pasen a la producción a gran escala. Solicitan otros 200 millones de dólares para el diseño de un gran dron, esencialmente una fragata o destructor no tripulado. Una vez construidos y probados estos prototipos, la Armada tiene previsto encargar docenas, si no cientos, creando un mercado de más de 100.000 millones de dólares para una fuerza naval sin tripulación humana.

Los misiles hipersónicos

La hipersónica es otra área de interés para el Pentágono, ya que estos proyectiles volarán tan rápido y maniobrarán tan hábilmente (mientras rozan la capa exterior de la atmósfera) que debería ser prácticamente imposible seguirlos e interceptarlos. China y Rusia ya poseen armas rudimentarias de este tipo, y se ha informado de que Rusia ha disparado algunos de sus misiles hipersónicos Kinjal contra Ucrania en los últimos meses.

Como afirma el Pentágono en su solicitud presupuestaria, “los sistemas hipersónicos aumentan nuestra capacidad de poner en peligro objetivos distantes, reducen significativamente el tiempo para atacar un objetivo, y su maniobrabilidad aumenta la capacidad de supervivencia y la imprevisibilidad”. El departamento acelerará la implantación de la capacidad de transformación que permiten los sistemas de armas de ataque hipersónico basados en aire, tierra y mar para hacer frente a los retos de nuestro futuro dominio del campo de batalla”.

Otro 14 por cien de la solicitud de RDT&E, unos 2.500 millones de dólares, se destina a la investigación en áreas aún más experimentales, como la computación cuántica y la microelectrónica avanzada. “Puede que los beneficios de esta investigación no sean evidentes hasta dentro de unos años, pero son fundamentales para garantizar nuestra ventaja tecnológica duradera en las próximas décadas”, explica el Pentágono. Como en el caso de la inteligencia artificial, las armas autónomas y la hipersónica, estas cantidades relativamente pequeñas (para los estándares del Pentágono) aumentarán en los próximos años a medida que los descubrimientos iniciales se apliquen a sistemas de armas en funcionamiento y se compren en cantidades cada vez mayores.

La planificación bélica a largo plazo depende de la tecnología

Para garantizar que Estados Unidos siga dominando la investigación en las tecnologías emergentes más aplicables al armamento del futuro, el Pentágono destina una parte cada vez mayor de los recursos científicos y tecnológicos del país a trabajos de orientación militar.

Esto significa que tendrá que absorber una parte cada vez mayor del presupuesto neto de I+D del gobierno, a expensas de otras prioridades. El año pasado, por ejemplo, la financiación federal de la I+D no militar (incluida la Fundación Nacional de la Ciencia, los Institutos Nacionales de Salud y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) sólo representaba alrededor del 33 por cien del gasto en I+D. Si se aprueba el presupuesto militar de 2024, aumentará el porcentaje de I+D en el presupuesto público. Si el presupuesto militar de 2024 se aprueba al nivel solicitado (o superior), esta cifra de gasto no militar descenderá al 31 por cien, una tendencia que no hará sino acentuarse en el futuro a medida que se dediquen cada vez más recursos a la preparación para la guerra.

Cada vez más científicos e ingenieros se verán incentivados a dedicar sus carreras a la investigación militar. Mientras muchos científicos luchan por obtener subvenciones que respalden su trabajo, el Departamento de Defensa ofrece sobres de dinero a quienes optan por estudiar temas relacionados con el ejército.

Una universidad al servicio de la guerra

La solicitud para 2024 incluye 347 millones de dólares para lo que los militares llaman ahora la Iniciativa de Investigación Académica, la mayor parte de la cual financiará la formación de equipos de investigadores al servicio del Pentágono. La Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (Darpa), la agencia de I+D del Pentágono, aporta otros 200 millones de dólares para el Programa Universitario Conjunto de Microelectrónica, mientras que la Oficina Conjunta de Transición Hipersónica del Pentágono aporta 100 millones de dólares para el Consorcio Universitario de Hipersónica Aplicada. Con tanto dinero fluyendo hacia estos programas y cada vez menos destinado a otras áreas de estudio, no es de extrañar que científicos y estudiantes de las principales universidades se sientan atraídos por las redes de investigación del Pentágono.

El Pentágono también está tratando de ampliar su reserva de talentos proporcionando financiación adicional a los colegios y universidades. En enero, por ejemplo, el Secretario de Defensa, Lloyd Austin, anunció que la Universidad Howard de Washington había sido seleccionada como la primera escuela de este tipo en servir como centro de investigación afiliado a una universidad por el Departamento de Defensa, y como tal pronto participaría en trabajos sobre sistemas de armamento autónomos.

Cualquier inversión de envergadura por parte de un país desencadenará inevitablemente contramedidas por parte de sus rivales, asegurando que cualquier ventaja tecnológica inicial será rápidamente superada de una forma u otra, incluso cuando el planeta se convierta cada vez más en un campo armado.

El desarrollo por parte del Pentágono de municiones guiadas de precisión, por ejemplo, dio a las fuerzas estadounidenses una enorme ventaja militar en las guerras del Golfo Pérsico de 1991 y 2003, pero también provocó que China, Irán, Rusia y otros países empezaran a desarrollar armas similares, que erosionaron rápidamente esa ventaja. Del mismo modo, China y Rusia fueron los primeros en desplegar armas hipersónicas listas para el combate, pero en respuesta, Estados Unidos desplegará muchas más en pocos años.

La solicitud de presupuesto del Pentágono para 2024 incluye 209 millones de dólares para el desarrollo de un interceptor hipersónico. El afán del Pentágono por dominar el desarrollo y despliegue de armamento avanzado no conducirá a la supremacía, sino a un nuevo e interminable ciclo de carreras armamentísticas de alta tecnología que, a su vez, consumirán una parte cada vez mayor de la riqueza y el talento científico de este país.

—https://tomdispatch.com/spurring-an-endless-arms-race

La defensa antiaérea estadounidense pierde el duelo con los nuevos misiles rusos

El sistema Patriot es una de las defensas antiaéreas más avanzadas del mundo. Está equipada con radares y sistemas de control y los países de la OTAN le han otorgado un papel protagonista en el sistema integrado de defensa antiaérea que están construyendo.

Aunque se desconoce el número exacto de sistemas transferidos a Ucrania, se sabe que al menos han sido dos, uno desde Estados Unidos y otro desde Alemania. Es lógico que el duelo aéreo de la noche del 16 de este mes en el cielo de Kiev haya sembrado muchas dudas en la OTAN, que tenía sus esperanzas puestas en la tecnología incorporada a los Patriot. Ahora el Pentágono y sus aliados europeos tienen que rehacer sus planes militares.

Cualquier sistema de defensa antiaérea puede ser destruido, y los Patriot también. Tiene que protegerse a sí mismo, a diferencia de los SS-300 rusos, que están protegidos por el sistema de defensa antiaérea Pantsir-S1.

Del éxito del ataque ruso se desprenden varias conclusiones. La primera es la superioridad tecnológica de los misiles rusos. El ataque tuvo éxito porque fue programado con precisión. Los militares rusos utilizaron tanto señuelos como diferentes tipos de misiles, cuya tarea era alcanzar el objetivo al mismo tiempo.

La inteligencia militar rusa, sobre la que se habían sembrado dudas, demostró su eficacia en este caso. Antes de destruir un objeto, especialmente uno tan importante como un sistema de defensa aérea de largo alcance, hay que detectarlo. La OTAN no logró mantener oculto el emplazamiento del sistema Patriot.

Fue un ataque masivo. Se llevó a cabo con armas concentradas, de alta precisión, de largo alcance, aéreas y marítimas, contra puntos de despliegue de unidades ucranianas, depósitos de municiones, armas y equipos militares de Occidente.

La respuesta de la OTAN también fue masiva. Según los vídeos, el sistema disparó unos 30 misiles, una densidad de lanzamiento típica de este sistema. A pesar de ello, el portavoz de las Fuerzas Aéreas de Ucrania, Yuriy Ignat, reconoció que “es difícil contar tantos golpes como los que recibió Kiev. Kiev es atacada con mayor frecuencia, y donde golpean con mayor frecuencia, se necesita una protección fiable”.

Los Patriot no son esa “protección fiable”. Rusia informó de que todos los objetos designados habían sido alcanzados. Puede ser una exageración, pero en cualquier caso fue más que suficiente para que la OTAN se aperciba del alcance de las prestaciones de los nuevos misiles rusos, de los que ya tienen seie tipos diferentes. Incluso en su versión más avanzada PAC-3, el radar estadounidense detecta la llegada del Kinjal ruso, pero no es capaz de destruirlo.

Anteriormente, el ejército ruso recurrió a los Kinjal para destruir fortines subterráneos, puestos de mando, depósitos de armas y otros objetivos similares. Ahora lo ha utilzado para destruir un moderno complejo de defensa antiaérea occidental, calificado como inalcanzable.

Forbes concede que la tecnología rusa “puede neutralizar uno de los sistemas de defensa antiaérea más avanzados que ha desarrollado Estados Unidos”. Putin había asegurado que “Rusia destruiría el sistema de misiles de defensa antiaérea MIM-104 Patriot que Estados Unidos está suministrando a Ucrania”, lo que “podría dar a Putin un importante golpe propagandístico” (1) frente a un país, Estados Unidos, que vive de la propaganda.

Hasta la CNN se mofa de las informaciones oficiales procedentes de Ucrania (2) y los vídeos publicados por los vecinos de Kiev en las redes sociales no dejan lugar a dudas. Ayer seis de ellos fueron detenidos.

En Estados Unidos también están críticando a Ucrania por el despilfarro de los misiles de defensa antiaérea. “Es cuestionable utilizar interceptores de 3 millones de dólares para acabar con drones que cuestan menos”, señala The National Interest. “Los misiles Patriot no salvarán a Ucrania”, titula el reportaje. “Los drones pueden utilizar su maniobrabilidad y sus patrones de vuelo adaptados al terreno para evitar ser detectados por los radares del sistema Patriot”, añade (3).

El despilfarro de misiles es el despilfarro del dinero estadounidense. Lo que más duele es derrochar el presupuesto público de Estados Unidos. Un informe del Congreso estadounidense de enero de este año señalaba que “el sistema Patriot y sus interceptores son a la vez costosos y de suministro limitado”, incluso para el ejército estadounidense. El año pasado, el Pentágono sólo encargó 252 de esos misiles. Antes de la Guerra de Ucrania Lockheed Martin producía entre 300 y 350 misiles al año. Ahora la producción llega a los 500 misiles al año (4).

A ese ritmo Ucrania consume de la noche a la mañana tantos misiles como Estados Unidos es capaz de producir en un mes.

(1) https://www.forbes.com/sites/pauliddon/2022/12/25/knocking-down-ukraines-patriot-battery-would-give-russia-a-much-needed-propaganda-coup/amp/
(2) https://edition.cnn.com/europe/live-news/russia-ukraine-war-news-05-16-23/index.html
(3) https://nationalinterest.org/blog/buzz/patriot-missiles-won%E2%80%99t-save-ukraine-206462
(4) https://crsreports.congress.gov/product/pdf/IF/IF12297

Los misiles rusos destruyen las defensas aéreas de la OTAN en Ucrania, y no al revés

Los bots de la OTAN vuelven a la carga para hacernos comulgar con ruedas de molino: la defensa antiaérea ucraniana ha logrado derribar seis misiles hipersónicos rusos. La fuente son Zelenski y los propios militares ucranianos, que necesitan elevar la moral de sus huestes.

Una vez más tiene razón Serguei Shoigu, el ministro ruso de Defensa. No necesitan disparar tantos Kinjal para alcanzar determinados objetivos en el interior de Ucrania. Lanzaron un único misil hipersónico para destruir un sistema de defensa antiaérea estadounidense Patriot en Kiev.

El misil alcanzó su objetivo, es decir, un Kinjal destruyó un Patriot, y no al revés, como pretenden los propagandistas de la OTAN, tanto los reales como los virtuales.

Por si a alguien no le vale como fuente las declaraciones de Shoigu, la CNN va más allá: los sistemas estadounidenses de artillería de cohetes Himars que utiliza por el ejército ucraniano, son cada vez más ineficaces en términos de precisión cuando se utilizan contra las fuerzas rusas. La CNN cita cinco fuentes distintas: estadounidenses, británicas y ucranianas (1).

Hasta ahora el sistema de cohetes guiados por GPS había logrado cierta eficacia gracias a una extensa red de militares occidentales, tanto pertenecientes a las fuerzas regulares como a mercenarios, que prestaban servicio en áreas que iban desde la inteligencia hasta la logística.

También ha sido esencial el acceso a cientos de satélites de los miembros de la OTAN, que pueden proporcionar datos clave sobre las posiciones rusas. El propio Himars depende de la orientación GPS.

Aunque las defensas aéreas rusas han derribado con frecuencia los cohetes Himars, no está claro cómo han logrado erosionar su eficacia, dice la CNN. La guerra electrónica y algunos medios de interferir su guiado siguen siendo probables, ya que las fuerzas terrestres rusas tienen concentraciones mucho mayores de equipos y especialistas en guerra electrónica en sus filas que sus homólogos occidentales.

Un operador ucraniano de drones, que cita la CNN, califica de significativos los esfuerzos rusos por perturbar sus operaciones, señalando que se habían intensificado considerablemente a partir de noviembre.

Después de la CNN, la agencia Reuters también ha admitido que los misiles rusos Kinjal están destruyendo los sistemas de defensa antiaérea de la OTAN en Ucrania. Los complejos están equipados con radares cuya señal se utiliza para ajustar los misiles Kinjal, reconoce Reuters.

Un usuario inserta en Twitter un vídeo ilustrativo de lo que ocurre con las defensas antiaéreas ucranianas cuando reaccionan a un ataque ruso (2), tanto si es real como si es un señuelo.

Primero se ven unos diez misiles SAM disparados en secuencia y aparentemente de forma ordenada. Luego hay una pausa de varios segundos y después se ve lo que parecen ser grandes impactos de misiles en el suelo en al menos dos lugares que corresponden al lugar desde el que se habían lanzado los SAM.

Poco después los SAM empiezan a disparar en rápida sucesión en todas direcciones. No hay ningún orden. Uno explota claramente poco después del lanzamiento.

A continuación, se produce una pausa de unos segundos seguida de un par de impactos más de misiles en tierra, de nuevo en las proximidades de donde se habían lanzado los SAM.

Lo más probable es que se trate de sistemas Patriot estadounidenses, que han quedado destruidos.

(1) https://edition.cnn.com/2023/05/05/politics/russia-jamming-himars-rockets-ukraine/index.html
(2) https://twitter.com/imetatronink/status/1658290388346744832

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