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La OTAN tiene que presentar la rendición como una negociación

Ahora la moda periodística es hablar del 5 por cien, que es una manera de encubrir que las previsiones de los “expertos militares” sobre la Guerra de Ucrania eran equivocados. Pero lo mejor es no rectificar nunca.

Sin embargo, en los guiones que la OTAN envía a sus propagandistas, lo importante no es el 5 por cien, sino que no existe ninguna otra opción política. Es una necesidad, el único camino posible, aunque ocultan el motivo: su derrota en Ucrania.

Si la OTAN hubiera triunfado, no habría necesidad de gastar un 5 por cien al alimón. Como sus expectativas no se han cumplido, necesitan la revancha, especialmente Alemania, el país revanchista por naturaleza: ha perdido dos guerra mundiales y necesita otra más para reivindicarse a sí misma.

Aquí es donde los monaguillos como Merz juegan su papel, acompañados de la prensa alemana típicamente atlantista, es decir, Bild y Político, cuyo papel es publicar en Europa lo que no se puede publicar en Estados Unidos, y mucho menos cuando la consigna del momento es hacer grande a (norte)américa otra vez.

Trump detiene el envío de armas a Ucrania, incluso las que estaban pagadas, porque es plenamente consciente de que ha perdido la guerra y no puede seguir perdiendo más. Además, su derrota es por partida doble porque, aunque quisieran seguir con los envíos, los arsenales se han agotado, como ya hemos explicado varias veces. No envían armas porque no tienen.

Para que Ucrania no pase a la historia como una estrepitosa derrota frente a Rusia, tienen que presentar la rendición como una negociación. Ese es el papel de los propagandistas. La OTAN se creó para aplastar a la URSS/Rusia. Al caer la URSS en 1990 alardearon de que habían triunfado y ahora ven que no es el fin de la historia como creían; ni mucho menos.

Aparte de debilidad, la OTAN da muestras de falta de fiabilidad. Los países que desde hace 35 años han entrado en la Alianza creyeron contratar un seguro y ahora resulta que la empresa no paga las indemnizaciones que le corresponde.

Los países que forman parte de la OTAN lo que tienen delante de sus narices es que, lo mismo que Ucrania, durante años han gastado muchísimo dinero en comprar unas armas a Estados Unidos, pero es posible que las municiones no lleguen nunca.

Tienen sistemas Himars pero no tienen misiles GMLRS. Tienen sistemas Patriot pero no tienen misiles PAC-3. Tienen cazas F-16 pero no tienen misiles AIM-7… Es como si hubieran tirado el dinero a la basura.

Los miembros de la OTAN no es que dependan de las compras de armamento a Estados Unidos sino que, como si fuera una panadería, todos los días hay que bajar a comprar y pedir -por favor- que nos entreguen los bollos que nos habían prometido.

El Pentágono recorta la ayuda a Ucrania debido a la escasez de armamento

Estados Unidos ya no suministrará sistemas de armas a Ucrania, ya que sus propias reservas han alcanzado niveles históricamente bajos, dice Politico. Es muy probable que las armas disponibles se destinen principalmente a Israel. Eso indica que el ataque estadounidense e israelí contra Irán ha beneficiado a Rusia.

El Pentágono ha suspendido los envíos de ciertos misiles de defensa aérea y otras municiones de precisión a Ucrania, ante el temor de una disminución significativa de las reservas de armas estadounidenses.

La decisión la ha tomada el jefe de política del Pentágono, Elbridge Colby, tras una revisión de las reservas de municiones del Pentágono, que generó preocupación por una disminución en el número total de proyectiles de artillería, misiles de defensa aérea y municiones de precisión.

Esta repentina reducción es particularmente reveladora, dado que Trump declaró a la prensa hace dos días que podría considerar suministrar más misiles Patriot a Ucrania. Los Patriots son ahora uno de los principales sistemas afectados por las reducciones. Pero también hay escasez de proyectiles de artillería de precisión, misiles Hellfire y otros misiles que Ucrania lanza desde sus cazas F-16 y drones, así como municiones GMLRS para los Himars y proyectiles de artillería de 155 milímetros.

Las fábricas de armas funcionan a medio gas

El pasado mes de mayo, las fábricas de proyectiles de 155 milímetros del ejército estadounidense afirmaron que habían alcanzado la producción de 38.000 proyectiles al mes. Publicaron una proyección bastante ambiciosa, afirmando que alcanzarían los 100.000 proyectiles al mes prácticamente para finales de este año.

Los planes eran descabellados. Para finales del año pasado el subsecretario de Defensa, William Laplante, anunció que Estados Unidos habría alcanzado los 50.000 proyectiles al mes, un aumento significativo respecto a los 38.000 anteriores. Pero hoy, los informes de última hora indican que la producción estadounidense se ha reducido a solo 40.000 unidades al mes, debido a importantes problemas de producción (1).

El ejército informó recientemente al Congreso que la producción de proyectiles de 155 milímetros se sitúa actualmente en 40.000 unidades al mes, una cantidad considerablemente inferior a las 50.000 unidades mensuales anunciadas el año pasado.

Hay una posible explicación para esta reducción. La nueva planta de producción de carcasas de proyectiles de Mesquite, en Texas, presenta un retraso considerable. Las dos primeras de las tres líneas de producción aún no están completamente terminadas, y la tercera corre el riesgo de incumplir su plazo.

El Pentágono ha informado oficialmente a General Dynamics que la dirección de la fábrica está siendo revisada por incumplimiento de contrato. La empresa tiene hasta el 10 de julio para explicar la manera de volver a la normalidad.

La capacidad de carga, ensamblaje y empaquetado del ejército supera su capacidad para producir piezas metálicas de proyectiles. Anteriormente, la planta contaba con una reserva de carcasas de proyectiles, pero se agotó. Por lo tanto, la producción de proyectiles se ha reducido a 40.000, equivalente a la capacidad de producción de las demás plantas de piezas metálicas. Se supone que las tres líneas en Mesquite producen 10.000 casquillos cada una.

Las fábricas militares no encuentran trabajadores cualificados

La planta de TSMC en Phoenix no encontró trabajadores estadounidenses cualificados para operar las líneas de producción y lo mismo le ocurrió a la de General Dynamics en Mesquite, cerca de Dallas. Tuvieron que recurrir a los turcos, una historia que el New York Times ya contó  el año pasado (2).

El periódico decía que se estaba “forjando el futuro de la producción de municiones militares estadounidenses” y que era “la primera gran fábrica de armas del Pentágono construida desde la invasión rusa de Ucrania. Las imágenes mostraban a los trabajadores turcos con cascos desempacando cajas de madera con el nombre de Repkon, un contratista de defensa con sede en Estambul, y ensamblando robots y tornos controlados por ordenador” (3).

Las promesas europeas de producción masiva de munición, lo mismo que las estadounidenses, no se han cumplido. La ínfima cantidad producida por Estados Unidos probablemente siga siendo pequeña, mientras Rusia sigue produciendo entre 250.000 y 350.000 proyectiles al mes.

(1) https://x.com/ColbyBadhwar/status/1939775818974244912
(2) https://www.nytimes.com/2024/05/29/us/pentagon-ammunition-ukraine-russia.html
(3) https://breakingdefense.com/2025/06/army-considering-terminating-general-dynamics-oversight-of-new-155mm-production-lines/

Sabotaje en Libia contra un buque que transportaba un millón de barriles de petróleo kazajo

El viernes se produjo en Libia un sabotaje contra el buque Vilamoura que transportaba un millón de barriles de petróleo kazajo. La explosión provocó una entrada de agua y la sala de máquinas del buque se inundó.

Las potencias occidentales han optado definitivamente por la piratería y el terrorismo para combatir a Rusia. El Vilamoura, con bandera de las Islas Marshall y operado por la empresa griega TMS Tankers, sufrió una explosión cuando transportaba aproximadamente un millón de barriles de petróleo kazajo.

La tripulación del buque no resultó herida y no se registró contaminación ambiental.

El buque había hecho escala en puertos rusos, específicamente en el puerto de Ust-Luga, cerca de San Petersburgo, en abril y en la terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio cerca de Novorossiysk en mayo, ambos puntos clave para la exportación de petróleo, incluyendo el kazajo, que a menudo se mezcla con el ruso para eludir las sanciones.

Se están produciendo sabotajes contra los buques que recalan en los puertos rusos, como Seajewel, Seacharm, Grace Ferrum y Kola. El Vilamoura es el cuarto o séptimo buque atacado tras visitar puertos rusos. En el Mar del Norte y el Báltico, la Flota rusa ha tenido que escoltar a los mercantes para abrirse camino.

El Vilamoura está siendo remolcado a Grecia, donde a su llegada se evaluarán los daños.

La OMC ha expresado su preocupación sobre el impacto de las medidas unilaterales, incluidas las sanciones, que afectan directamente al comercio mundial. El organismo aboga por políticas que promuevan el intercambio como motor de desarrollo, mientras que desde 2022 las sanciones contra Rusia están afectando a los mercados mundiales de alimentos y fertilizantes, amenazando la seguridad alimentaria de muchos en países del Tercer Mundo.

Durante su primer mandato, Trump bloqueó el Órgano de Apelación de la OMC, limitando su capacidad para resolver disputas relacionadas con medidas unilaterales, como aranceles al acero y aluminio, que algunos consideraron incompatibles con las normas de la OMC.

Los drones son omnipresentes en la Guerra de Ucrania

Los drones de combate se han consolidado gradualmente como instrumentos clave y esenciales en las guerras modernas, revolucionando las tácticas en el campo de batalla. Su auge se aceleró en 2020 durante la Guerra de Nagorno-Karabaj, donde el dron turco Bayraktar TB2 destacó en misiones de reconocimiento y ataque de precisión, desempeñando un papel decisivo en el éxito de Azerbaiyán.

Desde Siria, Gaza y, especialmente, Ucrania, estos aparatos, principalmente aéreos, ofrecen a los ejércitos una mayor capacidad de acción, a la vez que mantienen a los combatientes alejados del frente. Permiten una multitud de misiones: ataques de precisión de bajo coste, selección de objetivos, reconocimiento avanzado, saturación de las líneas de defensa enemigas…

Desde el estallido de la guerra en Ucrania, los drones han desempeñado un papel central. Inicialmente percibidos como simples herramientas de observación, estos vehículos aéreos se consolidaron rápidamente como armas formidables. Armados o desarmados, se utilizan para localizar tropas enemigas, guiar ataques de artillería o incluso atacar objetivos directamente.

En Ucrania el uso de drones se ha intensificado en unidades de infantería y grupos especializados. Incluso se han creado brigadas de operadores de drones. La Guerra de Ucrania combina la guerra de trincheras y la guerra de alta tecnología. Cada tipo de dron satisface necesidades específicas, que van desde el reconocimiento estratégico hasta los ataques selectivos, incluyendo operaciones de hostigamiento y disrupción logística. Esta evolución refleja un profundo cambio en la gestión de la guerra, donde los drones ya no son simplemente un sistema de apoyo, sino un vector operativo central.

Solo los drones permiten incursiones en territorio adversario. Su papel se ha consolidado con el uso generalizado de drones pilotados en primera persona (FPV), lo que permite a un soldado controlar la aeronave remotamente como si estuviera a bordo.

Las defensas antidrones

A medida que se intensifica la guerra con drones, se libra otra batalla en paralelo: la de los sistemas de defensa antiaérea. El auge de la guerra antidrones complica significativamente el uso de drones de combate y cuestiona su eficacia en los teatros de operaciones.

Los drones FPV tienen un punto débil, la comunicación por radio. Aunque los drones parecen ser dispositivos con una autonomía cada vez mayor, siguen dependiendo de los sistemas de comunicación. Requieren una conexión constante con su operador o un sistema de guía para llevar a cabo sus misiones. Esta dependencia es su talón de Aquiles ante el auge de los sistemas de guerra electrónica, cuyo objetivo es interferir o cortar las transmisiones que conectan el dron con su estación de control.

Hoy la comunicación entre el soldado y el dron está cambiando. Desde principios de año, se han producido cambios sutiles pero decisivos en el comportamiento de los drones rusos. En lugar de transmitir órdenes mediante señales de radio, como antes, los dispositivos están conectados a sus operadores mediante un cable de fibra óptica extremadamente fino. Esta conexión física, que puede extenderse a lo largo de unos veinte kilómetros, inutiliza cualquier emisión electromagnética detectable.

Los radares e inhibidores ucranianos, acostumbrados a interceptar señales de mando, se han vuelto ineficaces con esta nueva técnica. El dron planea silenciosamente sobre el campo de batalla, invisible a los dispositivos electrónicos. Esta transformación ofrece una importante ventaja táctica. En tan solo unas semanas, contribuyó a un avance ruso más marcado en ciertas zonas del frente, especialmente durante el mes de mayo, cuando las ganancias territoriales fueron las más significativas desde finales del año pasado.

Este cambio en el diseño de los drones rusos no es trivial. Al obviar las tecnologías de vanguardia, Rusia opta por soluciones económicas pero altamente efectivas sobre el terreno. El enfoque otorga a las tropas rusas un valioso margen de maniobra. A partir de un simple cable suspendido en el cielo, nace una nueva dinámica militar, difícil de contener para el adversario.

Contrariamente a lo que podría pensarse, este método no supone un retroceso: es una adaptación a la guerra moderna, donde la sofisticación ya no siempre es sinónimo de superioridad. Para las tropas ucranianas, este desarrollo exige una revisión completa de su estrategia de defensa antidrones, que se basaba principalmente en interferencias. Al no poder neutralizar estos dispositivos con medios electrónicos convencionales, tendrán que recurrir a alternativas costosas y complejas, como la detección óptica o el fuego directo.

La guerra electrónica

En respuesta a los drones ha comenzado una contraofensiva tecnológica. Se están movilizando sofisticados inhibidores electrónicos, láseres de alta energía, interceptores autónomos y otras contramedidas emergentes para neutralizar esta nueva amenaza aérea.

Rusia se encuentra entre los actores más avanzados en este campo. Ha desplegado varios sistemas de interferencia electrónica de nueva generación, entre los que destacan el Krasukha-4 y el Tirada-2. El Krasukha-4, un dispositivo montado en vehículos, está diseñado específicamente para neutralizar radares aéreos e interferir con las comunicaciones satelitales de los drones. Utilizado en Ucrania, ha demostrado su capacidad para desorientar a los drones de reconocimiento y kamikaze ucranianos al interferir sus señales GPS e interrumpir su telemetría. Esta acción dificulta la navegación de los drones, en particular los drones FPV (Visión en Primera Persona), ampliamente utilizados por los ucranianos, obligándolos en ocasiones a estrellarse o perder su objetivo, sobre todo en la región de Kursk desde principios de este año.

El Tirada-2 también permite interferir las comunicaciones satelitales, afectando directamente las conexiones entre los drones y los operadores. Este tipo de tecnología representa una amenaza real y un obstáculo para drones como el Bayraktar TB2, utilizado por los ucranianos.

Las armas de energía dirigida

Los inhibidores de señales son, sin duda, la primera línea de defensa, pero su capacidad de neutralización sigue siendo limitada contra drones autónomos o drones que operan en frecuencias difíciles de interrumpir. En este contexto, las armas de energía dirigida, y en particular los láseres de alta potencia, emergen como una solución revolucionaria. Capaces de destruir un dron en una fracción de segundo sin necesidad de munición tradicional, estos sistemas ofrecen una respuesta instantánea y rentable a la proliferación de drones de combate.

Israel fue el primero en desarrollar un láser antidrones operativo: el Iron Beam. Este dispositivo, diseñado por Rafael Advanced Defense Systems, cuenta con un láser de alta energía capaz de destruir un dron en segundos a un alcance de más de 7 kilómdetros. Una de las principales ventajas de este sistema es su coste. Al funcionar únicamente con energía eléctrica, cada disparo cuesta menos de tres dólares, en comparación con las decenas de miles que cuesta un misil interceptor. Ahora es posible responder a un ataque masivo con drones, como el que Irán lanzó contra la Cúpula de Hierro de Israel, con un coste muy bajo.

Estados Unidos también ha desarrollado un sistema con el mismo principio: el DE M-SHORAD. Puede instalarse en vehículos blindados, como el Stryker, y proporciona protección móvil contra drones y proyectiles de mortero.

Eficacia y rentabilidad cada vez más cuestionadas

Si bien los drones siguen desempeñando un papel clave en los ataques contra infraestructuras estratégicas, su eficacia se reduce significativamente contra objetivos móviles y protegidos. El ejemplo de los ataques ucranianos contra depósitos petrolíferos rusos, en particular el de Smolensk en diciembre del año pasado, ilustra a la perfección su potencial destructivo. Al atacar instalaciones fijas y poco defendidas, los drones pueden atacar al enemigo en profundidad, minimizando los riesgos para sus operadores.

Sin embargo, en el dinámico campo de batalla, esta eficacia dista mucho de ser sistemática. En primer lugar, las columnas blindadas, principalmente del lado ruso, emplean sistemáticamente maniobras de dispersión y desvío. Esto dificulta considerablemente que los drones de ataque identifiquen y destruyan objetivos. Además, los vehículos están cada vez más equipados con inhibidores de señal a bordo capaces de alterar trayectorias, así como señuelos térmicos y de radar para engañar a los drones simulando señales falsas del vehículo o creando interferencias.

Ante el auge de las defensas antidrones de bajo coste, ha aumentado la necesidad de producir drones más avanzados y sofisticados. El ejemplo más llamativo es el desequilibrio entre el coste comparativo de los drones Shahed-136 y los inhibidores portátiles que todo soldado puede llevar consigo o en su mochila.

Una capacidad de adaptación constante

En Ucrania los rusos están utilizando principalmente el dron Lancet 3 y el Kronstadt Orion, pero también los drones iraníes Shahed 136 y Mohajer-6. Además de los drones aéreos, también se emplean drones marítimos y terrestres, aunque por el momento están menos desarrollados.

Los drones tradicionales, como el TB2, están demostrando sus limitaciones frente a los inhibidores de señal y la defensa antiaérea. Para contrarrestar estas vulnerabilidades, los fabricantes están desarrollando drones de baja observabilidad, difíciles de detectar por radar y resistentes a las interferencias. Los drones Ghost de Anduril combinan sigilo radar y térmico, y pueden continuar sus misiones incluso con interferencias.

Últimamente, para evadir los sistemas de defensa, reducir su dependencia de las comunicaciones y mejorar sus capacidades, los drones incorporan inteligencia artificial, que les permite sortear interferencias, adaptar trayectorias en tiempo real y, sobre todo, formar enjambres inteligentes para saturar el campo de batalla y realizar maniobras complejas de forma autónoma. Ahora los enjambres de drones pueden coordinar sus ataques sin supervisión humana. El programa Cohesion de Thales permite ajustar el nivel de autonomía para satisfacer las necesidades de los ejércitos durante las diferentes fases de la misión.

Hay drones equipados con fusiles de asalto en lugar de cargas explosivas. Les permite atacar a los cazas adversarios de forma directa y repetida. Son reutilizables y pueden llevar a cabo diversas misiones, lo que demuestra la notable adaptabilidad de esta nueva herramienta.

Los últimos socios del selecto club del armamento nuclear

El Tratado de No Proliferación Nuclear es algo de otra época, de los tiempos de la Guerra Fría, cuando los países pensaban más en el desarme que en el rearme, no como ahora. Entró en vigor el 5 de marzo de 1970 y, hasta hoy, lo han firmado 190 países.

El Tratado establece que un Estado poseedor de armas nucleares es aquel que detonó alguna antes del 1 de enero de 1967, lo que incluye a la URSS, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y China, conocidos como “los Cinco”. Los demás son Estados no poseedores de armas nucleares. Su objetivo es frenar la carrera de armamentos nucleares, que no haya países nuclearizados.

El organismo encargado de esa tarea es la OIEA, que forma parte de la ONU que, hasta la fecha ha fracasado porque, aparte de “los Cinco” hay otros cuatro países que se han nuclearizado. Israel, India y Pakistán no han firmado el Tratado y Corea del norte se retiró del mismo.

Por lo tanto, el club nuclear lo forman nueve países, de los que cinco están dentro y cuatro fuera. Además, hay otros, llamados “Estados umbral” en la jerga de los especialistas, que permanecen en el armario: no tienen armas nucleares, pero tienen capacidad para enriquecer uranio por sus propios medios. Son seis: Argentina, Brasil, Alemania, Irán, Bélgica y Japón.

Rusia posee el 40 por cien de la capacidad mundial de enriquecimiento de uranio, Estados Unidos el 20 por cien, Francia el 15 por cien, Alemania, Reino Unido y Bélgica juntos el 22 por cien, y el resto del mundo solo el 3 por cien.

Pero además de vigilar el enriquecimiento de uranio, la OIEA debería vigilar también el tráfico, a los países que lo compran de los países productores y las existencias en los almacenes de estos últimos. Según algunas estimaciones, 43 países en el mundo poseen reservas de uranio altamente enriquecido, incluidos 28 países en desarrollo, lo que aumenta todavía más el número de países que la OIEA tiene que vigilar: Japón, Alemania, Canadá, Países Bajos, Italia, España, Suecia, Suiza, Brasil, México, Argentina, Corea del sur, Taiwán, Indonesia, Arabia Saudí y Sudáfrica.

De todos esos países, al único al que se le presta atención es a Irán, a pesar de que la versión oficial, que procede de la OIEA, niega que Irán tenga armas nucleares ni que haya enriquecido el uranio lo suficiente para construirlas, de tal manera que, como la Inquisición en la Edad Media, lo que se juzgan son las intenciones: no tiene pero le gustaría tenerla, está a punto de construirla…

Cada uno de los pasos que da Teherán se juzga en base a esas intenciones. Ha enriquecido el uranio al 60 por cien para llegar al 90 por cien que es necesario para fabricarlas… De los demás países no sabemos nada, no nos cuentan nada, no conocemos sus intenciones, aunque a veces la noticia se escapa: “Japón está a un paso de construir una bomba nuclear”.

Lo mismo ocurre con Turquía que, con ayuda de Rusia, ha completado la construcción de la central nuclear de Akkuyu y pretende alimentarla con uranio, lo que significa que también dispondrá de combustible gastado, que le permitirá poseer materiales aptos para desarrollar armas nucleares.

No se pueden matar las moscas a cañonazos

En un estado de guerra permanente, como el que vivimos, la cantidad tiene más importante que la calidad. Hay que fabricar armas mucho más baratas porque no se pueden matar moscas a cañonazos. De esa manera con el rearme y el aumento de los presupuestos de guerra se podrán comprar y vender muchas más armas. El futuro del mercado de armas será como los demás: los que lo dominen serán las empresas que fabriquen más barato, es decir, las que sen capaces de fabricas nuevas armas en masa.

Anduril es una de esas empresas emergentes de la industria de guerra. Valorada en más de 30.000 millones de dólares, la empresa californiana empieza a competir con gigantes de la guerra, como Lockheed Martin, Northrop Grumman, Raytheon y Boeing. Las tres joyas de su catálogo militar son el dron Fury, el misil Barracuda y el interceptor RoadRunner.

La semana pasada anunció una alianza con la alemana Rheinmetall, por lo que el Fury también podrá producirse en Europa y competirá con empresas como Airbus, que desarrolla un dron similar para acompañar al caza Eurofighter Typhoon, así como la turca Baykar y su socio italiano Leonardo, y Dassault.

Fue desarrollado para la Fuerza Aérea de Estados Unidos como parte de un concurso CCAS (Aviones de Combate Colaborativo) con General Atomics. Está diseñado para acompañar a los cazas tripulados de la Fuerza Aérea (F-22, F-35 y el futuro F-47).

El aparato mide aproximadamente 6 metros de largo y una envergadura de aproximadamente 5 metros. Puede ser controlado por una aeronave de cuarta generación (tipo F-16), una aeronave de quinta generación (tipo F-35), por futuros aviones de combate, pero también por aeronaves de gran tamaño, como aviones de transporte o cisterna, o desde estaciones terrestres. Es una aeronave modular que puede transportar cualquier tipo de sensor y tecnologías autónomas.

Si bien el diseño se asemeja al de una aeronave de combate, el objetivo es convertirla en una herramienta multimisión. Fue desarrollado originalmente por la empresa Blue Force Technology, adquirida por Anduril en 2023, y se puede producir en masa, por lo que es barato. Está propulsado por un motor de avión comercial, en lugar de un costoso motor militar.

Un misil muy barato: el Barracuda-500

El Barracuda-500 es un misil de crucero comparable al franco-británico Scalp/Storm Shadow, desarrollado por MBDA que se vende en tres versiones. El Barracuda-100 (220 kilómetros de alcance) puede montarse en aviones, helicópteros, barcos y vehículos terrestres. El Barracuda-250 (de 280 a 370 kilómetros) puede equipar los cazas F-35, F-15, F-18 y F-16, así como buques de combate. Finalmente, el Barracuda-500 (de 926 kilómetros) puede montarse en cazas pesados ​​(F-15 y F-18), así como en aviones de transporte como el C-130 o el C-17.

El precio unitario, 150.000 dólares, es diez veces inferior al de los sistemas actuales. Un misil de crucero Scalp se vende por más de un millón de dólares cada uno y solo se produce a un ritmo de 100 unidades al año.

Para reducir drásticamente los costes, Anduril ha rediseñado por completo su proceso de fabricación de armas. Para la mayoría de las piezas, la empresa se basa en tecnologías ya conocidas por fabricantes civiles. El fuselaje está hecho de materiales compuestos prensados, como los kayaks, y los tanques de combustible están hechos de plástico rotomoldeado, como las neveras.

El objetivo es que todas las estructuras sean fabricadas por cientos de proveedores civiles, de tal manera que se puedan utilizar cadenas de suministro que no sean las de las actuales empresas militares. Las plantas de ensamblaje se han rediseñado para facilitar la fabricación masiva y los materiales son la fibra vidrio o el polietileno.

Lo importantes es la aerodinámica de los aparatos, los sensores más avanzados y, sobre todo, la inteligencia artificial. El grupo está desarrollando una plataforma digital, Lattice, capaz de operar sinérgicamente aeronaves tripuladas, drones y todo tipo de plataformas.

Desde la adquisición de Adranos, la empresa californiana también cuenta con su propia capacidad de producción de motores de propulsión sólida, un componente esencial para la producción de misiles. La empresa sueca Saab ha anunciado la selección de este motor para sus bombas GLSDB (Ground Launched Small Diameter Bomb), derivadas de la GBU-39 (110 kilos), que pueden dispararse desde lanzadores terrestres tipo Himars.

Ante el éxito del modelo, Anduril ha tenido que aumentar la capacidad de producción de 600 a 6.000 motores al año.

Un interceptor reutilizable de drones: el Roadrunner

El Roadrunner, probado en diciembre de 2023, es un interceptor de drones de despegue vertical diseñado para ser totalmente reutilizable. Se trata de una aeronave de aproximadamente 1,80 metros de altura equipada con dos potentes motores. Es capaz de alcanzar velocidades de entre 800 y 900 kilómetros por hora, con gran maniobrabilidad, para destruir drones, misiles de crucero e incluso aeronaves tripuladas.

Ante un ataque con drones, un único operador puede desplegar un enjambre de Roadrunners desde un contenedor para destruir a los atacantes como si fueran drones suicidas. Los que no se utilizan regresan a su punto de partida para aterrizar, siempre en posición vertical.

Una vez reabastecidos, pueden reutilizarse. Es una revolución en el mundo de la defensa aérea, donde las municiones siempre han sido un consumible.

El objetivo es complementar el sistema de defensa antiaérea estadounidense, basado principalmente en equipos costosos (Patriot), con un sistema de bajo coste. Actualmente, debemos utilizar armas de alta tecnología, como los misiles AMRAAM, A9X o SM-6, para destruir drones baratos.

El Pentágono encargó 500 unidades del Roadrunner en octubre del año pasado y ya están desplegados en los destructores de la clase Arleigh Burke que acompañan al portaaviones Gerald Ford en Oriente Medio.

Tanto para matar como para curar hay que enriquecer el uranio

Cuando el mundo oye hablar de “programa nuclear iraní” piensa inmediatamente en gigantescos misiles que están diseñados para achicharrar en masa a poblaciones civiles, como hizo Estados Unidos con las de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

La asociación del uranio con las armas de destrucción masiva es automática porque los medios de intoxicación nunca han contado que, además, el uranio es fundamental en la medicina moderna, por poner un ejemplo. Con el uranio ha nacido un nuevo tipo de terapias que se pueden ver en los letreros de los hospitales: “medicina nuclear”.

Tanto para matar como para curar hay que enriquecer el uranio que, como materia prima natural tiene un 0,7 por cien de uranio-235, que es el isótopo utilizado en las reacciones nucleares. El enriquecimiento consiste en aumentar la proporción de uranio-235 en comparación con el uranio-238, que es más abundante pero no es fisible.

El uranio se considera “enriquecido” cuando contiene una proporción superior al 0,7 por cien. Por ejemplo, el uranio utilizado en los reactores nucleares suele contener entre un 3 y un 5 por cien de uranio-235, mientras que el uranio utilizado en el armamento puede estar enriquecido por encima del 90 por cien.

Aunque en la práctica médica no se utiliza el uranio directamente, forma parte del proceso de producción de otros isótopos radiactivos, como el tecnecio-99m, que luego se separan y purifican para su uso en aplicaciones médicas.

Al impedir a Irán enriquecer el uranio, las potencias occidentales e Israel exigen al gobierno de Teherán que abandone la medicina moderna y condene a millones de personas a la enfermedad y la muerte.

Irán es uno de los mayores productores mundiales de radiofármacos utilizados para el diagnóstico y el tratamiento del cáncer. Se encuentra entre los cinco principales exportadores mundiales de fármacos radiactivos y suministra medicamentos nucleares a quince países, incluidos algunos europeos.

Las sanciones impuestas a Irán prohíben la importación de radiofármacos. Sin un programa nuclear, Irán no podría diagnosticar y tratar a personas con enfermedades, como el cáncer.

Para diagnosticar ciertas enfermedades y fabricar medicamentos contra el cáncer, se necesitan isótopos médicos, que no se pueden fabricar sin enriquecer uranio. Las tomografías computerizadas y las tomografías por emisión de positrones (TEP) utilizan trazadores radiactivos para obtener imágenes del cuerpo. La radioterapia, que requiere isótopos médicos, que a su vez requieren uranio, es una de las más conocidas terapias contra el cáncer.

Irán siempre ha acordado limitar el enriquecimiento a fines médicos y energéticos, y estos son precisamente los términos del acuerdo que Estados Unidos rompió en 2018. Irán cumplió plenamente dicho acuerdo, que autorizaba el enriquecimiento con fines pacíficos. Los países occidentales saben que Irán necesita uranio por razones vitales y también que necesita enriquecer la materia prima.

Eso significa que Israel, con el apoyo de Estados Unidos y los países occidentales, bombardea Irán por negarse a aceptar un acuerdo que habría destruido una industria esencial para la economía iraní y causado la muerte de muchas personas.

Por lo demás, tanto la OIEA como la inteligencia de Estados Unidos han reconocido que Irán no es una amenaza nuclear, por más que los medios digan otra cosa. Por ejemplo, en marzo la directora de inteligencia, Tulsi Gabbard, aseguró que “Irán no está construyendo un arma nuclear y que el máximo dirigente Jamenei no ha autorizado un programa de armas nucleares, que suspendió en 2003”.

Las guerras sirven para proteger a los militares de sí mismos

La “cúpula dorada” se infiltró entre los decretos que firmó Trump a finales de enero, un nombre inspirado en el escudo israelí antimisiles, cuya ineficacia se muestra hoy a las claras. Como tantas ensoñaciones militares, no sirve ni siquiera como fuegos de artificio para las fiestas patronales.

Los militares occidentales quieren encubrir su ineptitud tecnológica actual con magnos proyectos de futuro, regados con generosos derroches de dinero público. Es otra “guerra de las galaxias”, una versión corregida y aumentada de los delirios de Ronald Reagan y George Bush. Mucho ruido y pocas nueces.

Estos proyectos sólo sirven para gastar dinero. Siempre cuestan 50 veces más de lo presupuestado, los plazos se dilatan un año tras otro y al final se abandonan cuando la hucha se seca. Sin embargo, cumplen otras funciones importantes, como la de poner la guerra, las famosas “amenazas”, en primer plano y tapar los problemas realmente importantes.

Los ríos de tinta sobre esas “oscuras amenazas” multiplican el gasto militar y reavivan la carrera de armamentos, donde el adversario (Rusia, China, Corea del sur, Irán) es siempre quien lanza la primera piedra. A Estados Unidos no le queda más remedio que defenderse de una agresión injusta.

El pretexto invocado es proteger a la población; el verdadero es proteger las instalaciones militares, los arsenales, los submarinos, los cuarteles… Las guerras sirven para proteger a los militares de sí mismos.

“El espacio se convertirá en un nuevo campo de batalla”, anunció Trump en 2019, antes del comienzo de la Guerra de Ucrania. El objetivo del Pentágono es desplegar satélites con misiles sobre territorio chino o ruso.

El 20 de mayo Trump anunció que la “cúpula dorada” estaría operativa “en un plazo de dos años y medio a tres años” y que costaría 175.000 millones de dólares “una vez terminada”, aunque la Oficina de Presupuestos del Congreso estima que solo la constelación de interceptores espaciales podría costar 542.000 millones de dólares.

El escudo pretende proteger el suelo estadounidense de misiles balísticos intercontinentales con armas convencionales o nucleares, capaces de recorrer los 10.000 kilómetros que lo separan de Corea del norte, China o Irán. Pero también de misiles hipersónicos y misiles de crucero rusos, que pueden maniobrar a varios miles de kilómetros de una aeronave o un barco, evadiendo la cobertura de los radares antimisiles convencionales.

“La tasa de éxito es muy cercana al 100 por cien, lo cual es increíble”, afirmó Trump con entusiasmo durante su presentación. En efecto, tiene razón, es increíble, porque incluso los huthíes logran lanzar misiles balísticos a través del sofisticado escudo Arrow 3 de Israel, desarrollado en conjunto con Estados Unidos (y el territorio estadounidense es 460 veces más grande que Israel).

Un escudo antimisiles incita al adversario a multiplicar sus lanzamientos para aumentar las posibilidades de éxito, que es lo que está ocurriendo actualmente en Oriente Medio, donde los drones y los misiles vuelan formando auténticas bandadas en busca de un mismo objetivo. Se lanzan cien proyectiles confiando en que, al menos, llegará uno de ellos. Es más que suficiente y no hay ninguna “cúpula” que pueda impedirlo.

Rusia descarta la prórroga del tratado sobre reducción de misiles

En una entrevista con la agencia de noticias Tass publicada el viernes, el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Ryabkov describió la “cúpula dorada” como un elemento “profundamente desestabilizador” que crearía nuevos obstáculos en el camino hacia el control de armamentos.

Es improbable que Rusia y Estados Unidos, cuyas relaciones siguen siendo muy tensas, alcancen un nuevo acuerdo de limitación de los arsenales nucleares, dijo Ryabkov. El actual expira el 5 de febrero del año que viene.

Sus declaraciones se encuentran entre las más pesimistas hasta la fecha de Moscú respecto a las perspectivas de un nuevo acuerdo o la prórroga del ya hay firmado, que limita el número de ojivas estratégicas a 1.550 para cado uno.

En 2023 Putin anunció que Moscú suspendía su participación en las negociaciones de desarme, sin retirarse formalmente del tratado, exigiendo a Washington que pusiera fin a su apoyo a Ucrania y solicitando un acuerdo multilateral que incluyera a Francia y Gran Bretaña.

Si el tratado actual no se prorroga ni se sustituye por otro, puede comenzar una nueva carrera armamentísta en medio de una creciente tensión internacional, con guerras en Ucrania, en Cachemira, en Oriente Medio…

Ryabkov describe las relaciones entre Rusia y Estados Unidos como “simplemente en ruinas”. En el contexto actual, no hay razón para renovar el tratado en su totalidad, dice. “Programas profundamente desestabilizadores como la ‘cúpula dorada’ […] crean obstáculos adicionales, difíciles de superar, para la consideración constructiva de una posible iniciativa en el ámbito del control de armas nucleares”, añadió.

La Federación de Científicos Estadounidenses afirma que si Rusia decidiera abandonar el tratado, podría aumentar su arsenal nuclear hasta en un 60 por cien.

En 1972, en pleno apogeo de la Guerra Fría, Moscú y Washington acordaron limitar el desarrollo de armas estratégicas y el riesgo de escalada mediante la firma del Tratado de Misiles Antibalísticos. Aquello se acabó. Medio siglo después, la carrera de armamentos se ha reactivado.

El estallido de la guerra en Oriente Medio sella la derrota de Ucrania

El estallido de la guerra en Oriente Medio sella la derrota de Ucrania, que ha desaparecido hasta de las noticias, a pesar de que la guerra entre Israel e Irán le concierne directamente. A Zelensky le preocupa el aumento de los precios del petróleo, que va a beneficiar a la economía rusa (1), lo que podría impulsar su esfuerzo bélico.

El Presidente ucraniano exige que no se reduzca la ayuda a Ucrania como consecuencia de la guerra de Oriente Medio, “en un momento en que el apoyo europeo se estanca sin el compromiso estadounidense” (2). Si aún les queda algo en sus arsenales, los países occidentales se lo van a entregar a Israel.

Estados Unidos ha tirado la toalla. No le importan ni Ucrania ni la OTAN. Ahora mismo sus intereses se concentran en Israel. El nuevo jefe del Pentágono, Pete Hegseth, dijo en la reunión de ministros de Defensa de la OTAN: “La razón por la que estoy aquí es para asegurarme de que todos los países de la OTAN entiendan que cada hombro tiene que contribuir, con el 5 por ciento de su PIB, como un reconocimiento de la naturaleza de la amenaza”.

Los principales apoyos de Ucrania son países en bancarrota, como Alemania. Las tropas alemanas han iniciado su primer despliegue permanente en el extranjero desde la Segunda Guerra Mundial. Una unidad de combate pesado de 4.800 soldados y 200 civiles se ha desplegado en Lituania, fronteriza con Rusia.

Pero Alemania atraviesa una crisis histórica. “Se rinden cada vez más empresarios”, advirtió la cadena ARD el pasado mes de mayo. La economía alemana perdió casi 200.000 empresas el año pasado. Los alemanes están “especialmente preocupados por el elevado número de cierres en sectores prometedores” (3), mientras que la industria de armamento, asegura IG Metall, “no es un generador de empleo que pueda reemplazar las inversiones necesarias en infraestructura técnica y social” (4).

El apoyo a Ucrania depende de países europeos en ruinas. Como comentamos ayer, lo mismo que Alemania, en Francia no queda ni un céntimo en la hucha para la compra y producción de nuevas armas. Desde principios de año el Ministerio de las Fuerzas Armadas ha dejado de realizar pedidos a las fábricas militares.

(1) https://abcnews.go.com/International/wireStory/zelenskyy-warns-oil-price-surge-russias-war-effort-122840939
(2) https://www.timesofisrael.com/zelensky-calls-for-aid-to-ukraine-not-to-decrease-in-wake-of-israel-iran-war/
(3) https://www.tagesschau.de/wirtschaft/unternehmen/insolvenzen-hoechststand-100.html
(4) https://www.fr.de/wirtschaft/ig-metall-vorstand-koehlinger-wir-brauchen-impulse-die-wieder-zur-zuversicht-fuehren-93787202.html

El estado número 51 de Estados Unidos se baja los pantalones

Apenas han transcurrido seis semanas desde las elecciones en Canadá y el primer ministro Mark Carney acaba de anunciar un aumento masivo del presupuesto militar para cumplir con el objetivo de la OTAN del 2 por cien del PIB. Como es habitual en las campañas electorales, Carney había engañado a sus votantes. Les prometió que el objetivo se alcanzaría en 2030, pero Estados Unidos le ha metido prisa y es más importante obedecer a los vecinos del sur que a los electores.

Hace muchos años que Canadá no es un socio fiable en caso de guerra. No aporta nada a la OTAN, salvo el territorio. Su equipo militar es obsoleto, sus tropas son escasas y están muy mal adiestradas.

Ahora Carney ha debido creer que puede reconstruir un ejército a golpe de talonario en cuestión de semanas. Este año el aumento previsto del gasto militar era superior a mil millones de dólares; el plan que acaba de anunciar esta semana multiplica por nueve esa cantidad.

Los miembros de la OTAN se reunirán en Países Bajos la semana que viene, y es muy probable que la mayoría apoye la propuesta de Mark Rutte, de aumentar aún más el gasto militar hasta el 3,5 por cien del PIB en un futuro próximo. Además, Rutte quiere que destinen otro 1,5 por cien más de su PIB a gastos adicionales relacionados con la “seguridad“ en el sentido más amplio.

Carney negocia con Trump un acuerdo comercial y de seguridad que, además de los aranceles, se propone convertir al ejército canadiense en un apéndice del Pentágono. Lo tiene fácil para volver a engañar a sus votantes: cuando Canadá forme parte de la “cúpula dorada” de Trump, será invulnerable. Sería bonito, pero nunca se va a crear nada parecido a una “cúpula” así, ni siquiera aunque Canadá pague una parte.

¿Ya no se acuerdan cuando Trump dijo que Canadá se convertiría en el estado número 51 de Estados Unidos? Pues naturalmente que se trataba de esto.

Otro de los embustes favoritos de Carney para disimular su servilismo es el de diversificar las adquisiciones militares canadienses mediante la adjudicación de más contratos a proveedores europeos. Sin embargo, Canadá, ya tiene firmado un contrato de compra de 88 aviones de combate F-35 fabricados por la empresa estadounidense Lockheed Martin, cuya entrega padece un retraso tras otro.

El propio Carney confiesa que más del 75 por cien del gasto canadiense en equipos militares se destina a Estados Unidos y así seguirá siendo en el futuro.

Cuando en enero de 2023 otro pelele, Justin Trudeau, firmó el contrato con Lockheed Martin, la entonces ministra de Defensa, Anita Anand, promocionó sus beneficios económicos para Canadá, señalando que 36 empresas canadienses podrían participar en el programa mundial F-35 gracias al contrato. Lockheed Martin planeaba vender más de 3.000 F-35 en todo el mundo durante las próximas décadas, y “cada uno de esos aviones contendrá piezas canadienses”, prometió Anand.

Es posible que estuviera hablando de los remaches.

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