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Cuando los ladrones custodian la caja fuerte

Decirlo es una perogrullada: el poder y el dinero van de la mano. Primero los holandeses, luego los británicos y últimamente los estadounidenses, construyeron instituciones financieras que favorecían su poder sobre el mundo. En las últimas décadas, el sistema bancario occidental, el uso generalizado del dólar estadounidense como forma de intercambio internacional y las actividades de las instituciones financieras dominadas por Occidente, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), han dado a Estados Unidos y a sus aliados una enorme ventaja sobre cualquier competidor potencial.

Este sistema financiero ha proporcionado a Occidente enormes beneficios, tanto directos como indirectos. Al facilitar los intercambios y proporcionar una base estable para el comercio, el sistema financiero internacional permitió la apertura del mercado mundial, de la que se han beneficiado las potencias occidentales.

Es normal que ahora se opongan a la aparición de estructuras económicas alternativas fuera de su control. Sin embargo, para obtener beneficios políticos a corto plazo, las potencias occidentales hacen justo lo contrario.

Hace unos años, por ejemplo, las grandes potencias occidentales querían que el FMI prestara dinero a Ucrania para evitar la quiebra. El problema era que Ucrania había dejado de pagar un préstamo de 3.000 millones de dólares de Rusia y, según las normas del FMI, no podía prestar dinero a un Estado que estuviera atrasado en sus pagos a otro. El FMI (dominado por los países occidentales) encontró una forma de evitar este problema. Cambió sus normas para permitir los préstamos a los países en mora. Así que se concedió el préstamo a Ucrania.

Las potencias occidentales utilizan su dominio del sistema financiero para perseguir objetivos estratégicos en aparente contradicción con las reglas del juego que dicen defender. Un mercado en el que pueden cambiar las reglas sobre la marcha no es fiable.

Cuando en 2019 Guaidó se declaró “presidente interino”, Estados Unidos y Reino Unido lo reconocieron como tal y luego transfirieron los activos venezolanos que tenían en su poder bajo el control del “nuevo presidente”. Quitaron miles de millones de dólares a Venezuela. No hay nada que les impida hacer lo mismo con cualquier otro país.

En febrero de este año Biden liberó 7.000 millones de dólares de fondos del gobierno afgano congelados en bancos estadounidenses, pero ordenó que la mitad de esa suma debía pagarse a las víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Estados Unidos volvía a robar el dinero a manos llenas. Saqueaba el dinero de otro país soberano para entregárselo a sus propios ciudadanos.

Las grandes potencias roban de forma imperial y todos los países del mundo han tomado nota de que su dinero no está seguro en manos occidentales. Buscan alternativas. Hace años que el gobierno ruso estaba retirando sus activos de los bancos occidentales y sustituye el dólar por otras monedas. No lo hizo con la suficiente rapidez y, en febrero, cuando comenzó la Guerra de Ucrania, todavía tenía cientos de miles de millones de dólares en instituciones financieras occidentales. Los fondos fueron congelados.

La Unión Europea amenaza con confiscar los activos rusos congelados para entregarlos a Ucrania y los rusos acusan a Occidente de robo porque nunca se lo van a devolver. Uno de los partidarios del robo es el belga Charles Michel, Presidente del Consejo Europeo. “Tenemos que examinar los activos congelados y su posible uso para la reconstrucción de Ucrania”, ha dicho.

Es posible que alguno crea que eso es correcto. De acuerdo. En tal caso muchos países deberían exigir lo mismo que Ucrania: que Estados Unidos, Reino Unido, Francia y otras potencias occidentales les indemnicen por sus guerras, crímenes y daños cometidos. En caso contrario se vuelven a romper las reglas del juego. El sistema financiero internacional no está sometido a unas reglas diferentes de las que marcan los intereses políticos de las grandes potencias occidentales en cada caso.

En efecto, es de perogrullo. Lo nuevo es que, hasta ahora, no ha habido alternativa al sistema financiero internacional. Pero la situación está cambiando. Cuanto más abusan las grandes potencias del sistema financiero en provecho propio, más animan a otros a desprenderse de él y a establecer sus propios sistemas paralelos, escapando así del control y socavando el mercado mundial que hasta ahora había permanecido abierto.

El sistema financiero mundial va a dispararse en el pie. Por un beneficio a corto plazo, Occidente está saboteando sus propios intereses a largo plazo. Se trata de un proceso muy lento que lleva tiempo en marcha. Pero la la Guerra de Ucrania está, sin duda, acelerando los movimientos en esa dirección, en detrimento de Occidente.

La industria del fútbol es parasitaria y especulativa

Una de las características del imperialismo, decía Lenin, es el parasitismo. Los países metropolitanos se caracterizan cada vez más por inflar las cifras del PIB con negocios, como el fútbol, basados en un entretenimiento vacío, que rinden grandes benefcios en muy poco tiempo y lavan el dinero más negro.

Los países del Golfo Pérsico son el mejor ejemplo de la industria parasitaria del fútbol, de la que se han apoderado. Qatar es el dueño del PSG, acogió el Campeonato Mundial de Balonmano de 2015, el Campeonato Mundial de Ciclismo de 2016, el Campeonato Mundial de Atletismo de 2019, las Copas Mundiales de Clubes de la FIFA de 2019 y 2020, el Campeonato Mundial de Natación de 2023 y, por supuesto, el Mundial de Fútbol de este año. Es posible que acabe ganando los Juegos Olímpicos de 2032.

El gasto es colosal: 500 millones de dólares a la semana para organizar los mayores fastos deportivos del mundo, que por sí mismos, ya son parasitarios y especulativos. La mayor parte del dinero no va a los deportistas sino que se dilapida en sobornos pagados a los burócratas de los grandes organismos internacionales.

A Qatar le han seguido otros sátrapas petroleros. Arabia Saudí acogerá los Juegos Asiáticos de Invierno en 2029 y tiene previsto invertir 500.000 millones de dólares en la construcción de una ciudad deportiva futurista en el desierto. También acogerá los Juegos Asiáticos de 2034 en Riad. El fondo soberano saudí de 620.000 millones de dólares destinará 2.300 millones de dólares a patrocinar eventos futbolísticos, según el Financial Times.

Un consorcio dirigido por Arabia Saudí ha tomado el control del Newcastle, de la liga de fútbol inglesa. La casa saudí financia LIV Golf Investments, una liga paralela que amenaza con alterar las competiciones de golf. Ha invertido 2.000 millones de dólares para marcar el golf con los colores de Arabia Saudí y patrocinar a los jugadores con millones de seguidores.

Abu Dhabi se ha especializado en el automovilismo, con el circuito de Yas Marina como sede de varios Grandes Premios y del Campeonato Mundial de Fórmula 1. El 15 y 16 Gran Premio se celebraron en el Circuito Internacional de Sajir, en Bahrein. La primera carrera de F1 tuvo lugar en 2004, ya en Bahrein.

Además de un negocio, el deporte de alta competición desempeña varias funciones, como el lavado de imagen, algo que los sátrapas del Golfo necesitan con urgencia. No quieren que se les vea sólo como una gasolinera. En 2004, Hamad Abdulla Al-Mulla, entonces director de comunicación de Qatar, declaró: “Es más importante ser reconocido en el Comité Olímpico Internacional (COI) que en las Naciones Unidas […] El deporte es la forma más rápida de transmitir un mensaje y promover un país. Este deseo de reconocimiento se ha construido dotando al país de infraestructuras deportivas ultramodernas, pero también presionando a las instituciones internacionales (por ejemplo, la FIFA, el COI, el Atletismo Mundial) para obtener la organización de eventos deportivos internacionales”.

Los países del Golfo apenas tienen deportistas, pero están presentes en todos los mayores fastos deportivos del mundo, que llevan detrás las cámaras de la televisión y dan una imagen de modernidad. El feudalismo adquiere así un rostro más humano, al tiempo que la economía se diversifica.

En 2011 Qatar pagó 80 millones de euros por comprar el PSG. En diez años el valor del club supera los 900 millones de euros. Desde que llegaron los especuladores no ha ganado ninguna competición europea, pero su valor de mercado se ha multiplicado por 11.

En 2008 el jeque Mansour Bin Zayed Al-Nahyan, viceprimer ministro de Emiratos Árabes Unidos, compró el Manchester City por 150 millones de euros. Hoy su valoración supera los 1.000 millones de euros. En 14 años su cotización ha multiplicado por siete sin necesidad de ganar ninguna competición europea.

Es un negocio redondo. No hay nada más rentable. Pura especulación.

10 años del ‘rescate’ de Grecia: una catástrofe social

Pocos se acuerdan ya de la crisis de la deuda griega, que comenzó en 2009. Desde entonces, se sucedieron los “planes de rescate”, que incluyeron “reformas” bajo la supervisión de la “troika”: FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea. Si los bancos se han salvado, las consecuencias sociales del “rescate” son catastróficas. Muy empobrecida, Grecia se ha convertido en un gigantesco club donde se han privatizado infraestructuras estratégicas y se han vendido servicios públicos. La población se resigna o abandona el país.

El 20 de agosto Grecia salió de la vigilancia económica de la Comisión Europea. Un día calificado de “histórico” por el Primer Ministro Kyriakos Mitsotakis, mientras que el Presidente de la Comisión Europea elogió la “resistencia” de Grecia y la instó a “mirar al futuro con confianza”. Sin embargo, los resultados de las “reformas” y del programa de “ayuda” son catastróficos.

El sistema europeo de control se creó a raíz de la crisis económica para garantizar que se aplicaran las “reformas necesarias”, es decir, el desmantelamiento del Estado griego para reducir la deuda pública. A cambio de las “reformas”, Grecia recibió ayuda financiera internacional, especialmente de la Unión Europea. El objetivo era reducir la deuda pública, que se consideraba muy elevada. Sin embargo, dada la caída del PIB, es decir, de la producción, la deuda es ahora mucho más elevada que al inicio del programa de supervisión: mientras que el PIB en 2009 era de 237.000 millones de euros, ha descendido a 182.000 millones en 2021. Como resultado, el nivel de deuda, en porcentaje del PIB, sigue siendo mucho más alto que en 2009. A finales del año pasado era del 193 por cien del PIB, mientras que a finales de 2009 era del 127 por cien.

Esa situación catastrófica también se observa en la tasa de desempleo, que pasó del 10 por cien a finales de 2009 a más del 13 por cien a finales de 2021. La lacra afecta especialmente a los jóvenes. La tasa de paro de los menores de 25 años superaba el 36 por cien en abril de este año, mientras que en diciembre de 2009 era del 29 por cien. Como consecuencia, gran parte de los jóvenes, especialmente los más formados, están emigrando: entre enero de 2008 y junio de 2016, el Banco de Grecia calcula que más de 427.000 griegos han abandonado su país, mientras que la población de Grecia es ligeramente inferior a los 11 millones de habitantes.

La tasa de suicidios también ha aumentado, pasando de 3,6 por cada 100.000 habitantes en 2009 a 5,1 en 2019. Los sucesivos recortes en el presupuesto de sanidad son sin duda responsables de ello: el presupuesto de sanidad rondaba el 4,3 por cien del PIB en 2009, mientras que en 2020 fue del 3,6 por cien del PIB. Teniendo en cuenta la caída del PIB entre estas dos fechas, ha habido un recorte del presupuesto sanitario de 4.000 millones de euros. Se trata de algo menos de la mitad de los 10.000 millones estimados que se necesitaban para salvar a Grecia a principios de 2010.

El remedio es peor que la enfermedad

Además de los severos recortes en las pensiones de los jubilados y de los recortes en la administración pública, otra de las “reformas” exigidas era la privatización de infraestructuras clave en el país. El puerto de Atenas, el Pireo, fue vendido al grupo naviero chino Cosco a cambio de una promesa de inversión que hasta ahora no se han cumplido, lo que ha enfurecido a los trabajadores locales. Esta adquisición por parte de un grupo chino también está teñida de una cruel ironía para la Unión Europea, que ha declarado repetidamente sus intenciones de oponerse a China.

El Pireo no es el único puerto que ha sido privatizado. Lo mismo ocurre con el segundo puerto griego, Salónica, mientras que otros puertos regionales, como los de Alexandroupolis e Igumenitsa, parecen destinados a seguir el mismo camino. A la lista de privatizaciones hay que añadir las de 14 aeropuertos regionales en beneficio del consorcio alemán Fraport-Slentel, y las que seguirán este año de la autopista Egnatia (la más larga del país, que une el oeste de Grecia con Turquía) y de las infraestructuras de la compañía de gas DEPA. Sólo se ha impedido hasta ahora la privatización de los yacimientos arqueológicos y museos griegos, que tocaría las raíces mismas de la identidad griega.

Al mismo tiempo, Grecia se ha desindustrializado en favor del sector de los servicios, ya que la proporción del empleo en el sector industrial, en porcentajes del empleo total, ha caído del 22 por cien en 2009 a alrededor del 15 por cien en 2019, mientras que la proporción del sector de los servicios ha aumentado del 67 por cien en 2009 al 73 por cien en 2019. En particular, el sector turístico está en auge, con un número de turistas anuales que ha pasado de 15 millones en 2009 a 34 millones en 2019, cifra que podría superarse este año.

El auge del turismo está poniendo a prueba las frágiles infraestructuras griegas (agua, electricidad), mientras que el coste de la vida, y no digamos de las vacaciones, se dispara para los locales. En consecuencia, una gran parte de ellos se ha visto privada de vacaciones en su propio país.

Todas esas “reformas” se llevaron a cabo con el objetivo de recibir “ayuda” internacional, es decir, de la eurozona y del FMI. En total, mientras que a principios de 2010 eran necesarios 10.000 millones de euros para salvar a Grecia, finalmente recibieron 273.000 millones en “ayudas”.

¿Por qué semejante despilfarro de dinero público y semejante masacre social? Los bancos alemanes y franceses estaban muy expuestos a la deuda griega. En lugar de anular una parte, es decir, hacer que el sector privado sufriera unos cuantos miles de millones de pérdidas, prefirieron verter dinero público. Eso permitió a los bancos alemanes y franceses desembarazarse de los títulos de deuda de riesgo. Fue otro caso de socialización de las pérdidas.

El inicio de la máquina infernal

La crisis de la deuda griega fue una consecuencia de la desregulación financiera iniciada en la década de 1980. Cuando estalló la crisis de las hipotecas de alto riesgo en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, todo el sector financiero mundial se puso en tensión y se bloquearon los flujos de capital. Los gobiernos decidieron inyectar cantidades masivas de dinero público en el rescate de los bancos. Ese fue el caso de Grecia.

Al mismo tiempo, los especuladores pasaron de los activos inseguros a la deuda soberana, que es segura porque los Estados no pueden desaparecer. El principal defecto de esos activos es que no rendían lo suficiente: sus tipos de interés eran demasiado bajos.

Era lo que necesitan los mercados financieros para poner en marcha la máquina infernal. Comienza un ataque especulativo, los tipos de interés de la deuda griega suben. La perspectiva de un impago de la deuda griega se hizo evidente para todos los actores. La “troika” intervino y concluyó un acuerdo en 2010 con Giorgios Papandreu, el primer ministro del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok). Va a aplicar un programa de austeridad destinado a “controlar el gasto público” para reducir el déficit griego.

En 2011, ante un movimiento popular antiausteridad y mientras la “troika” sigue exigiendo la sangría del país, Papandreu plantea la posibilidad de un referéndum. Abandonó la idea al darse cuenta de que Bruselas no dudaría en expulsar a Grecia de la Unión Europea.

Una falsa esperanza: Syriza

Hasta principios de 2015 las “reformas” se sucedieron. Paralelamente, creció el movimiento popular contra la austeridad. Finalmente, los oportunistas de izquierda de Syriza, encabezados por Alexis Tsipras, ganaron las elecciones en enero de 2015. En su programa plantearon varias medidas para salir de la crisis: suspender el pago de la deuda, realizar una auditoría para evaluar la parte ilegítima, llamar a la participación ciudadana y decretar el fin de la austeridad.

En 2015 la campaña de Syriza nunca propuso romper con la Unión Europea. El objetivo siempre fue negociar con la “troika”, pero en ningún momento se planteó una salida del euro o de la Unión Europea. Las élites europeas, principalmente el Banco Central Europeo, explotaron esa laguna. Menos de 10 días después de la victoria de Syriza, el BCE cerró la principal vía de financiación de los bancos griegos.

La tensión fue creciendo durante el primer semestre de 2015, pero ni Tsipras ni Varufakis, su ministro de Economía, pondrán en duda la integración de Grecia en la Unión Europea.

La infernal máquina europea aplasta al pueblo griego

Lo que tenía que pasar, pasó. En la noche del 26 al 27 de junio de 2015, tras la negociación de otro paquete de “ayuda” a Grecia, Tsipras anunció su intención de someter el plan propuesto por la “troika” a un referéndum. Si gana el sí, Tsipras aceptará y la austeridad continuará. Si gana el no, Tsípras rechazará el plan. El gobierno promueve el referéndum como una herramienta para continuar las negociaciones y no para salir de la Unión Europea.

Desde el 29 de junio de 2015, 6 días antes del referéndum, los bancos griegos cerraron por un incumplimiento de liquidez provocado por el BCE. A pesar de ello, el voto “oxi” (que en griego significa “no”) ganó sin ambigüedades: más del 62 por cien de los votos emitidos fueron a favor. Entre el pueblo y la “troika”, Tsipras optó por ésta. El 9 de julio, tres días después de la victoria del “no”, envió un proyecto que incluía las principales recomendaciones de la “troika”: recortes en las pensiones, en la administración pública y aumento del IVA.

Otro camino era posible: el de romper con la Unión Europea, abandonándola. Las primeras medidas que deberían haberse tomado son de sobra conocidas: nacionalización de los bancos, salida del euro y adopción de una moneda nacional, control de capitales y devaluación de la nueva dracma, además de satisfacer las necesidades básicas de la población (alimentos, medicinas, combustible, etc.).

Grecia se ve ahora muy afectada por la crisis social y ningún partido parece capaz de encarnar la ira popular. La población está totalmente desilusionada por las renuncias de Syriza. La crisis energética y la dependencia energética de Grecia de Rusia, que ha disparado los tipos de interés de su deuda, han hecho resurgir el fantasma de la crisis financiera.

Alemania rinde pleitesía a China en medio de las discrepancias del gobierno de coalición

Angela Merkel visitó China en 12 ocasiones porque es allá donde los grandes capitales resuelven sus problemas, no en Bruselas. Olaf Scholz ha realizado el primero menos de un año después de su toma de posesión.

China es el mayor mercado del mundo y la crisis económica de Alemania sólo se puede paliar en el gigante asiático. Los monopolios alemanes como BASF, Siemens y Volkswagen esperan que el gobierno de Pekín les saque las castañas del fuego.

Nada más bajar del avión Scholz dijo que no era partidario de la fragmentación del mercado mundial. El patrón de Volkswagen en China, Ralf Brandstatter, añadió que “la fragmentación no puede ser una opción seria para ambos países.

China tiene un peso colosal en la balanza comercial alemana, especialmente en la industria química, de bienes de equipo y de automoción. Volkswagen, por ejemplo, vende el 40 por cien de sus vehículos en el mercado chino, mientras que Mercedes-Daimler y BMW realizan allí el 28 y el 25 por cien de sus ventas, respectivamente.

Los beneficios de los fabricantes alemanes en el mercado chino aumentarán en los próximos años y no es el único país que ve en China un chollo para sus multinacionales. Todas las grandes potencias quieren sellar contratos dorados.

La economía alemana depende del exterior: de Rusia para la energía y de China para las exportaciones y desde la pandemia las cadenas logísticas se han roto. Scholz y los suyos ya se han cerrado la puerta con Rusia y no pueden hacer lo mismo con China.

La semana pasada Scholz aprobó la venta de parte del puerto de Hamburgo al gigante chino Cosco, pero se encuentra aislado dentro de su propio gobierno. Los Verdes son una gangrena. Su ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, se ha desmarcado de la visita del canciller a Pekín.

En la reunión del G7 Baerbock celebró que los países miembro reconocieran públicamente que Pekín es un “competidor y rival”.

Caos en el mercado mundial del gasóleo

El mercado del gasóleo está cerca del caos en todo el mundo, según Bloomberg. En Estados Unidos las reservas están en su punto más bajo desde 1982.

El gasóleo sigue siendo el principal combustible para el transporte por camión, tren y barco. En Europa la demanda supera con creces la oferta, lo que hace que los precios se disparen. Este último está sufriendo la huelga que paraliza las refinerías francesas y las sanciones que afectan al gasóleo ruso, que sigue representando el 20 por cien de las importaciones del Viejo Continente.

El auge del mercado es visible. La semana pasada, la tonelada importada por barco en Europa alcanzó los 160 dólares, frente a los 24 del mes pasado.

Se espera que el uso masivo de gasóleo en los procesos industriales y en el transporte alimente aún más la inflación. Además, a finales de año se prohibirá la importación de todo el gasóleo ruso.

En Estados Unidos el gobierno está recurriendo a las reservas estratégicas estadounidenses, sobre todo para mantener los precios bajos, a pocos días de las elecciones de mitad de mandato.

La capacidad mundial de refinado está al máximo, y el cese de las inversiones en motores de combustión interna no revertirá la situación.

Por el contrario, ninguna empresa industrial o petrolera querrá hacer grandes inversiones en refinerías.

El mercado mundial se encamina hacia una escasez crónica de combustibles fósiles por motivos que nada tienen que ver con el “pico del petróleo”, una de esas hipótesis fantasmagóricas de los seudoecologistas.

Cada vez más británicos comen gracias a los bancos de alimentos

Como millones de británicos, Michael Cox lucha para hacer frente a la exponencial subida del precio de los alimentos. Pese a ello, le hizo falta pasar dos días sin comer para decidirse a acudir a un banco de alimentos.

En el “Foodbank” de Hackney, barrio del este de Londres, decenas de personas hacen cola el lunes con un vale que les da derecho a una cesta con alimentos para tres días. La selección está adaptada a las necesidades de cada uno según su régimen alimentario y el número de miembros de la familia a mantener.

Los precios de la alimentación, pero también de la energía, han disparado la inflación en Reino Unido: en septiembre, esta superó el 10 por cien, la cifra más alta de los países del G7, complicando el presupuesto de los hogares británicos.

“Con la crisis del coste de vida, la gente no puede pagar sus facturas y comprar comida. Deben elegir”, afirma Johan Ekelund, supervisor de la distribución del día.

Sidoine Flore Feumba recibe el ingreso mínimo, un subsidio gubernamental que Reino Unido concede a las rentas más bajas, pero que está lejos de permitirle alimentar a sus tres hijos, calentarse y pagar su electricidad.

“Es como si estuvieras en el fondo del agujero y no pudieras sobrevivir sin la ayuda de la caridad”, explica esta enfermera recién diplomada y en búsqueda de empleo.

A Johan Ekelund le preocupa especialmente la llegada del frío y sus enormes facturas de calefacción. “Este invierno va a ser espantoso si no se hace nada” al respecto, asegura.

El pasado sábado, el centro de distribución de Hackney registró un récord de afluencia.

A los organizadores del banco de alimentos les cuesta hacer frente a la demanda actual, que se ha duplicado desde la época anterior al covid.

En diciembre abrirán más horas para permitir a quienes trabajan acudir después de su horario laboral, algo “completamente nuevo”, constata Tanya Whitfield, directora del centro.

La subida de los alimentos básicos agrava la situación: “todo el mundo cree que la pasta es una opción económica, pero ya no es así”, afirma.

El precio del aceite vegetal ha aumentado un 65 por cien en un año y la pasta, un 60 por cien, siendo de los productos que más han subido, según datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística (ONS) referida a una selección de productos básicos.

Miles de británicos se han visto obligados a saltarse comidas, revela una encuesta reciente de la asociación de consumidores “Which?”.

La situación de los beneficiarios se hace más y más precaria: un número creciente asegura que no tiene “dinero para pagar el gas o la electricidad”, por lo que no pueden usar el microondas o el hervidor de agua, señala Whitfield. “Tenemos que encontrar comida que no necesite ser calentada […] Nunca antes tuvimos que hacer eso”, se alarma.

Otra consecuencia de la crisis: la caída de las donaciones, en torno a un 50 por cien menos que el año pasado, lamentan los voluntarios del banco.

Esta época del año, normalmente se afanan en recoger donaciones de colegios e iglesias, pero este año los centros escolares prefieren no hablar de colectas para no añadir presión a los padres en dificultades para llegar a fin de mes.

“Contamos con la generosidad de la gente en Navidad. Con un poco de suerte, veremos aumentar las donaciones”, confía Andrew Wildridge, empleado del banco de Hackney.

—https://www.lanacion.com.ar/agencias/los-bancos-de-alimentos-cuestion-de-supervivencia-para-cada-vez-mas-britanicos-nid01112022/

Países Bajos quiere controlar todas las transacciones económicas

El gobierno holandés quiere obligar a los bancos a registrar todas las transacciones de más de 100 euros en una gran base de datos. Es el paso previo a la implantación de una moneda digital del banco central.

Con esta medida el gobierno de Rutte abre la puerta a violaciones masivas de la intimidad y a una vigilancia masiva sin precedentes por parte de los bancos. Sólo los pagos más insignificantes serían anónimos.

No obstante, el pretexto invocado es impedir el blanqueo de dinero y la “financiación del terrorismo”. Sólo el gobierno holandés puede financiar al terrorismo.

La reina Máxima asistió este mes a la reunión anual del FMI y el Banco Mundial, donde pronunció un discurso en el que defendió las monedas digitales de los bancos centrales.

A diferencia de las demás criptomonedas, las que se disponen a emitir los bancos centrales tienen por objeto el control de la población, no sólo económico sino también social.

En contra de lo que se dice habitualmente, no es el Estado el que emite moneda, sino los bancos centrales, a la mayor parte de los cuales se los ha declarado “independientes”. A diferencia de cualquier otra institución pública, no responden ante nada ni ante nadie.

A causa de la crisis, los bancos centrales necesitan un nuevo sistema del control de cada céntimo, desde su creación hasta su circulación. Quieren tener la capacidad de hacer aparecer o desaparecer el dinero en tiempo real. Además, quieren poder controlar cada euro, incluyendo a quién pertenece y a qué se destina.

El plan de control tropezó con un importante obstáculo, las criptomonedas privadas, a las que acusan de evasión fiscal y blanqueo de dinero. Los bancos centrales se sumaron a la crítica mientras desarrollaban sus propias criptomonedas.

El objetivo final es la desaparición de dinero fiduciario.

El Banco de Pagos Internacionales, el “banco central de los bancos centrales”, ha publicado un estudio en el que indica que al menos 81 bancos centrales de todo el mundo han acelerado sus planes para lanzar sus propias criptomonedas, e incluso ha admitido que está desarrollando su propia tecnología digital.

El Fondo Monetario Internacional lleva años desarrollando un sistema mundial de criptomonedas vinculado a los derechos especiales de giro. Muchas instituciones se han interesado por esta tecnología. No es nada nuevo.

Pero el problema no es que el capital financiero vaya de cabeza hacia las emisiones de moneda digital, sino que la población las acepte. Eso nunca ocurrirá, a menos que el dinero fiduciario pierda su poder adquisitivo, que es el camino que se sigue actualmente.

En tal caso el sistema monetario actual entrará en crisis y los bancos centrales podrán imponer un control absoluto de las transacciones económicas y de las personas que las realizan.

Las criptomonedas oficiales impondrán un sistema en el que los dueños del dinero no tienen nada. Todo el dinero estará en poder de los bancos centrales.

China se opone a la fragmentación del mercado mundial

El 16 de septiembre del año pasado China solicitó su adhesión al Acuerdo Integral de Asociación Transpacífico (CPTPP), un tratado de libre comercio, informó Shu Jueting, portavoz del Ministerio chino de Comercio (MOFCOM), en una conferencia de prensa.

Shu dijo que China está comprometida con un alto nivel de apertura del mercado mundial y del suyo propio. “Estamos dispuestos a profundizar continuamente en las reformas, a esforzarnos por cumplir plenamente las normas del CPTPP y a asumir compromisos de apertura de alto nivel en el ámbito del acceso al mercado más allá de las prácticas convencionales existentes en China”, dijo.

El Ministerio se ha comprometido a colaborar con todas las partes para impulsar la integración económica regional y la liberalización del comercio y la inversión, contribuyendo así a mantener la estabilidad y la recuperación económica mundial.

Con una lista cada vez más reducida de áreas vedadas a la inversión extranjera, el país ya ha superado a algunos miembros del CPTPP en términos de acceso al mercado, dijo Gao Lingyun, experto de la Academia China de Ciencias Sociales de Pekín, señalando que el país estaba preparado para la incorporación.

A principios de este año, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), el principal planificador económico del país, y el MOFCOM publicaron la edición de la lista negativa de acceso al mercado.

La última lista negativa contenía 117 artículos, seis menos que la anterior edición publicada en diciembre de 2020. Se trata de una tendencia creciente hacia una lista más reducida y un acceso más amplio al mercado. La versión de 2020 incluía 123 artículos, ocho menos que en 2019.

China ha seguido siendo uno de los principales destinos de la inversión extranjera en todo el mundo, a pesar de los vientos en contra. En los primeros nueve meses del año, el uso real de la inversión extranjera en el país ascendió a 155.300 millones de dólares, un 18,9 por cien más que el año anterior, según muestran los datos del MOFCOM.

La inversión descontada de Alemania en China se disparó un 114,3 por cien, mientras que la de Corea del Sur aumentó un 90,7 por cien, la de Japón un 39,5 por cien y la del Reino Unido un 22,3 por cien.

Entre enero y septiembre de este año, las inversiones directas no financieras de China en el exterior aumentaron un 6,3 por cien interanual, hasta los 85.850 millones de dólares.

Europa ha llenado sus depósitos y ahora padece un exceso de gas

La crisis energética que estalló en Europa tras las sanciones contra Rusia corre el riesgo de dar un giro inesperado. Es posible que los europeos no sufran una escasez de gas sino un exceso. La decisión de los gobiernos de comprar grandes cantidades de gas licuado en todo el mundo a precios astronómicos no juega a favor.

En previsión de los duros tiempos que acompañarían a la caída del termómetro, los gobiernos europeos hicieron todo lo posible para no quedarse sin gas, y se les fue la mano. El frío aún no ha llegado y los almacenes están casi completamente saturados. Las reservas de gas son 30.000 millones de metros cúbicos más que el año pasado.

Sin embargo, los buques metaneros siguen llegando a Europa. Este mes se espera la entrada de 82 buques de gas licuado en el continente, un 19 por cien más que en septiembre. En la actualidad, muchos metaneros se utilizan como instalaciones flotantes de almacenamiento de gas.

Los europeos pueden descansar aliviados. Si todo va bien, no pasarán frío el próximo invierno. Cuando las temperaturas bajen, las empresas energéticas vaciarán las reservas acumuladas. Todo irá bien si no hay heladas y si el invierno no se prolonga excesivamente. En tal caso, los excedentes se agotarían muy rápidamente.

Como consecuencia de la acumulación, los precios de la gasolina han bajado mucho y ahora están a menos de un tercio de su pico de verano. Han logrado contener la inflación y los medios de comunicación convencionales lanzan las campanas al vuelo. Los demás somos unos agoreros. ¿Estamos equivocados?, ¿debemos rectificar?

El exceso de gas en Europa durará al menos hasta diciembre, ya que es poco probable que un enfriamiento prolongado afecte al continente el mes que viene. A medida que baje la temperatura, el consumo también aumentará. ¿Cuánto? Dependerá del invierno…

Este año la demanda de gas caerá entre un 7 y un 9 por cien. El 15 por cien anunciado por la Unión Europea está todavía muy lejos. En cualquier caso, dicha reducción no se ha alcanzado porque la población haya empezado a ahorrar de repente. La principal razón de la caída es el cierre de empresas industriales que consumen grandes volúmenes de gas.

Pero las empresas no se van a poder mantener cerradas inmediatamente y, cuando se acabe el invierno, los países europeos deberán volver a comprar gas, esta vez para todo el año.

La industria automovilística europea desaparecerá en 2035 a causa de la competencia de China

En una entrevista, Carlos Tavares, el patrón del holding Stellantis, sostiene que la industria automovilística europea desaparecerá en 2035 a causa de la competencia de China y la Agenda verde.

Stellantis es un monopolio automovilístico procedente de la fusión el año pasado de Fiat Chrysler y el grupo PSA, que a su vez agrupa a General Motors, Opel, Peugeot, Citroen y Vauxhall.

La responsabilidad de la desaparición, según Tavares, es de Bruselas por acelerar la producción de coches eléctricos. La Unión Europea ha abierto la puerta a la competencia, especialmente de China, que pretende inundar el mercado con sus modelos eléctricos baratos.

“Si Europa no quiere que su industria automovilística desaparezca de aquí a 2035, hay que protegerla”, concluye Tabares, que se declara partidario de imponer derechos de importación a los vehículos chinos.

Los fabricantes chinos llevan 10 años de ventaja a Europa. Los europeos han creado vehículos eléctricos en cinco años, pero Bruselas “ha hecho las cosas al revés”. Primero Europa debería haber trabajado en la producción de electricidad verde, luego en la red y después en los vehículos eléctricos.

Ahora que los coches eléctricos están aquí, “¿dónde están las energías renovables?, ¿dónde está la infraestructura de recarga eficiente?” En términos más generales, Tabares pregunta cómo quiere la Unión Europea hacer accesible la movilidad. “¿Queremos poner la libertad de movilidad en manos de fabricantes chinos que venden vehículos eléctricos a precios muy bajos? La pregunta vale la pena, pero la respuesta no es nada fácil de aplicar”, concluye.

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