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En Francia se cierran más empresas de las que se abren cada año

En los países europeos se habla mucho de reindustrialización, pero el número de empresas que cierran es mayor que las que abren. Es el caso de Francia, que ha implementado políticas de rendustrialización, aunque nadie habla de los motivos por los que se desindustrializó.

Este año, el segundo consecutivo, el número de cierres de fábricas supera al de aperturas. Entre enero y mediados de noviembre se abrieron 80 polígonos industriales y se ampliaron 57 fábricas. Durante el mismo periodo, 108 fábricas cerraron o están en riesgo de cierre (en liquidación o concurso de acreedores). Esto representa una pérdida neta de 28 fábricas.

Otra manera de decirlo es que hay más desinversión que inversión, una cifras negativas que son mayores teniendo en cuenta que una parte de esa inversión tiene su origen en el extranjero.

El pasado mes de octubre, el barómetro industrial del Ministerio de Economía señaló una “disminución significativa” en el balance entre aperturas y cierres de fábricas durante el primer semestre del año.

La Dirección General de Empresas (DGE), un departamento del Ministerio de Economía, registró 44 nuevas aperturas de plantas y 86 ampliaciones significativas durante el período, frente a 82 cierres de fábricas y 39 reducciones significativas. Esto arrojó un saldo neto positivo de +9, que, sin embargo, sería negativo si solo se consideraran las aperturas y los cierres.

El año pasado se produjo una ralentización en los propósitos de reindustrialización. En el primer semestre de este año, Francia continúa abriendo y ampliando más fábricas de las que cierra o reduce, pero la desaceleración persiste con un aumento neto de 9 aperturas y ampliaciones, una disminución significativa respecto al segundo semestre del año paado (+48).

Este indicador registró una disminución neta de 6 fábricas, cifra que se tornó positiva al incluir las transformaciones significativas de polígonos industriales existentes, alcanzando los +89 polígonos. No obstante, este último indicador representó la mitad del registrado en 2023.

“Francia trabaja para fortalecer las estrategias europeas comunes con el fin de preservar nuestros intereses industriales, nuestra independencia y nuestros empleos”, declaró el Ministerio de Economía, añadiendo que “el gobierno tiene la intención de continuar el esfuerzo nacional para promover la competitividad de nuestras empresas”.

Las promesas de reindustrialización, sin embargo, son más que dudosas. Solo el 32 por cien de los franceses cree que la recuperación va por buen camino, según una reciente encuesta. Los ingenieros son aún más pesimistas: solo el 16 por cien confía en la capacidad de Francia para reindustrializarse.

Reactivar la actividad industrial en Francia ha sido una prioridad durante los dos mandatos de Macron tras décadas de declive. La actividad industrial actualmente ronda el 10 por cien del producto interno bruto (PIB), frente al 17 por cien en 1995.

Este desplome también se observa en otras partes de Europa.

China ha ganado la batalla industrial a Estados Unidos

China es el país mundial cabecero en la industria. Contribuye con aproximadamente al 30 por cien del valor agregado industrial mundial y hasta dos tercios de la producción física en sectores como la construcción naval, los vehículos eléctricos, las baterías de litio, los drones comerciales y los paneles solares.

Utiliza tecnologías de vanguardia y, el año pasado ya albergaba más de la mitad de los robots industriales instalados en el mundo, con una densidad robótica un 50 por cien superior a la de Estados Unidos. Cuenta con más de 30.000 fábricas inteligentes, incluidas las “fábricas fantasma” autónomas que operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin personal ni iluminación. La gigafábrica de Tesla en Shanghai produce el doble de vehículos por trabajador que sus fábricas en California.

Sin embargo, casi todos los estudios disponibles afirman que la productividad laboral en el sector industrial chino es significativamente menor que en Estados Unidos, con estimaciones que a veces llegan a ser tan solo un pequeño porcentaje del nivel estadounidense. Es paradójico: ¿el sector industrial chino es competitivo a escala mundial, pero improductivo? ¿Es la eficiencia industrial de China una ilusión?

Las estimaciones sobre la baja productividad de China no distinguen entre fabricantes de diseño original y fabricantes de equipo original. Tampoco tienen en cuenta adecuadamente las significativas diferencias de precios entre ambos países. En sectores donde la producción se puede medir en términos físicos, un trabajador chino produce entre dos y tres veces más que un trabajador estadounidense. Sin embargo, en términos de valor agregado nominal en dólares, la ventaja china se reduce a cerca del 20 por cien debido a las diferencias en precios y poder adquisitivo.

Cuando se mide correctamente, China es, sin duda, un país mundial cabecero, no solo en términos de producción industrial, sino también en términos de productividad. Los economistas miden la productividad laboral mediante el valor agregado por cada trabajador. El valor agregado es el ingreso menos el costo del consumo intermedio. Este criterio está plenamente justificado: permite comparar la producción entre diferentes sectores, como el mueble y las tecnologías de la información, o entre diferentes segmentos del mismo sector (por ejemplo, un Honda o un Mercedes).

Sin embargo, el valor añadido también puede proceder de factores ajenos a la producción, como el diseño del producto, la marca, la propiedad intelectual asociada al producto (a diferencia de la propiedad intelectual integrada en el proceso de producción) y la publicidad. Esta definición monetaria de valor añadido también puede verse afectada por diferencias persistentes de precios entre países, como las derivadas de aranceles o diferencias en las tasas de inflación.

Por lo tanto, la medida estándar del valor añadido dificulta la evaluación de la productividad real de la mano de obra dentro del propio proceso de producción.

Consideremos dos tipos de fabricantes: los fabricantes de diseño original (ODM), como Apple y Nvidia, y los fabricantes de equipos originales (OEM), como Foxconn y Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC).

Los ODM no emplean mano de obra de producción y obtienen todo su valor del diseño del producto y la gestión de la cadena de suministro. Los OEM, en cambio, se centran en la producción física. Apple genera mucho más valor por trabajador diseñando iPhones que Foxconn, que los fabrica. Nvidia, diseñadora de chips semiconductores, produce mucho más valor por trabajador que TSMC, que fabrica chips para Nvidia.

¿Significa esto que Foxconn y TSMC son fabricantes ineficientes? No. Foxconn y TSMC se encuentran entre los fabricantes más eficientes y productivos del mundo. Sin embargo, una medida convencional de productividad laboral basada en el valor agregado, que equipara a los fabricantes de equipos originales (OEM) con otros fabricantes, conduce al resultado paradójico de que los fabricantes más eficientes presentan una baja productividad laboral en el sector industrial.

Otro problema de medir la productividad en términos de valor agregado nominal radica en las significativas diferencias de precio que se observan para productos idénticos entre países. Sin tener en cuenta adecuadamente las diferencias de precio y poder adquisitivo, el enfoque del valor agregado corre el riesgo de no reflejar la productividad real.

Los trabajadores chinos son dos  veces más productivos

Para evaluar mejor la productividad laboral real en el sector industrial, es necesario realizar comparaciones justas. Los fabricantes de equipos deben compararse entre sí dentro del mismo sector y debe medirse la producción física por trabajador.

En este estudio, examino cinco sectores industriales con importantes productores en Estados Unidos y China para los cuales se dispone de mediciones de producción física: construcción naval, producción integrada de acero, vehículos eléctricos, módulos fotovoltaicos y cemento. Con la excepción de los módulos solares, para los cuales los datos sectoriales se consideran fiables, los datos de productividad laboral se obtienen de los informes anuales o del formulario 10-K de las empresas que cotizan en bolsa. Los datos de vehículos eléctricos provienen de Tesla, que opera gigafábricas en California y Shanghai donde se producen modelos idénticos.

Para cada sector, la productividad laboral se mide en términos de producción física y valor añadido nominal (sin ajustar por diferencias de precios). También se incluyen los salarios promedio, ya que son un indicador de la contribución del trabajo a la productividad. Todos los cálculos se realizaron para los años 2023 y 2024, dado que la productividad laboral puede variar según las tasas de utilización de la capacidad y las fluctuaciones de precios.

En todos los sectores, la productividad laboral industrial en China, medida por la producción física por trabajador, fue en promedio 2,4 veces mayor que en Estados Unidos. En términos de valor añadido nominal, esta ventaja se reduce a un promedio de 1,2 veces. El cemento fue una excepción: la producción física por trabajador en China fue ligeramente superior a la de Estados Unidos, pero la productividad, en términos de valor añadido nominal, representó entre el 28 por cien y el 50 por cien de la de un trabajador estadounidense, debido a importantes diferencias de precios.

Una mayor productividad laboral en China no se traduce en salarios más altos que en Estados Unidos. Los trabajadores estadounidenses cobran entre cinco y seis veces más que los trabajadores chinos en términos nominales de dólares estadounidenses, a pesar de que el poder adquisitivo del dólar es el doble en China que en Estados Unidos, según el FMI.

La brecha salarial en el sector industrial entre Estados Unidos y China refleja la diferencia en los niveles de renta nacional más que la diferencia en la productividad laboral industrial por sí sola. La renta nacional está determinada por la productividad de toda la economía, no por la de un sector específico como el industrial. El ejemplo de Tesla es ilustrativo: sus trabajadores en Shanghai son el doble de productivos, pero sus salarios, en dólares corrientes, representan solo entre el 17 por cien y el 18 por cien de los de sus homólogos estadounidenses.

Los aranceles perjudican la productividad

Las barreras comerciales suelen mantener los precios nacionales por encima de los del mercado internacional al proteger a los productores locales de la competencia extranjera. Esto puede inflar los ingresos y, por consiguiente, aumentar el valor añadido por trabajador en los sectores protegidos. Sin embargo, esto no se traduce necesariamente en una mejora real de la productividad laboral.

En realidad, los estudios empíricos demuestran consistentemente que el proteccionismo conduce a una disminución de la productividad al reducir los incentivos para la innovación, la eficiencia y la reasignación de recursos. Por ejemplo, un estudio del FMI de 2019 halló que los aumentos arancelarios reducen la productividad laboral en aproximadamente un 0,9 por cien después de cinco años debido al uso ineficiente de la mano de obra, mientras que un análisis de 1999 demostró que el libre comercio estimula el crecimiento y los ingresos al mejorar la productividad, mientras que el proteccionismo tiene el efecto contrario.

Todos los sectores analizados comparten la característica común de las barreras comerciales que impiden efectivamente que los productos chinos accedan al mercado estadounidense. Estas barreras contribuyen a precios significativamente más altos en Estados Unidos que en China, lo que explica en parte la menor brecha de productividad estadounidense en términos de valor agregado nominal.

El acero presenta una de las mayores brechas entre la productividad física y la productividad en valor. Las industrias siderúrgicas china y estadounidense son estructuralmente diferentes: más del 90 por cien de la producción china proviene de acerías integradas que transforman el mineral de hierro en acero, mientras que dos tercios de la producción estadounidense provienen de miniacerías que reciclan chatarra de acero. Mis datos comparan únicamente acerías integradas.

Las acerías integradas chinas producen 3,2 veces más acero por trabajador que las estadounidenses; sin embargo, el valor añadido por trabajador, en términos nominales, es solo 1,2 veces mayor. Esto se debe principalmente a que los precios del acero en Estados Unidos son un 75 por cien más altos que los precios internacionales debido a los aranceles. Este proteccionismo ha disminuido progresivamente la eficiencia de la industria siderúrgica estadounidense: la producción de acero por hora trabajada en Estados Unidos ha disminuido un 32 por cien desde 2017. La situación es similar para el cemento, cuyo precio en Estados Unidos es de 148 dólares por tonelada, en comparación con los 55 dólares en China.

No sólo los aranceles impulsan el alza de los precios en Estados Unidos

Los vehículos eléctricos ofrecen un punto de comparación claro, ya que las gigafábricas de Tesla en Shanghai y California producen vehículos idénticos. El año pasado Shanghai había producido un millón de vehículos con 20.000 trabajadores, mientras que California había producido 464.000 con 22.000 trabajadores. Incluso en términos de valor añadido nominal, los trabajadores de Tesla en Shanghai eran el doble de productivos que sus homólogos estadounidenses. Esto a pesar de que los precios del Model 3 son entre un 24 por cien y un 32 por cien más bajos en China debido a la competencia de numerosos fabricantes de vehículos eléctricos, mientras que los vehículos eléctricos chinos están prácticamente prohibidos en el mercado estadounidense.

En el sector de los módulos solares, donde China domina el mercado mundial con una cuota de mercado del 80 por cien y una producción de energía 70 veces mayor que la de Estados Unidos, se proyectaba que la producción de energía por trabajador en China sería el doble que la de Estados Unidos el año pasado, en comparación con aproximadamente el triple en 2023. Sin embargo, el valor añadido nominal por trabajador disminuyó, pasando de ser aproximadamente 1,8 veces mayor en China a casi la paridad en 2024, lo que refleja una caída de precios del 60 por cien en China desde 2020 debido a la intensa competencia y la reducción de costes, y los altos precios en Estados Unidos debido a los aranceles y las subvenciones en virtud de la Ley de Reducción de la Inflación.

Además de los aranceles, otros factores estructurales de precios acentúan aún más la prima nominal de la producción industrial estadounidense. Las diferencias de precios de los productos manufacturados entre ambos países superan con creces el ajuste promedio del FMI para la paridad del poder adquisitivo, que estima que un dólar tiene el doble de poder adquisitivo en China que en Estados Unidos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los precios de los medicamentos suelen ser entre 3 y 10 veces más altos que en otros países, y en algunos casos, la diferencia es aún mayor. Loqtorzi, un fármaco contra el cáncer desarrollado por Shanghai Junshi Biosciences, cuesta 280 dólares por dosis en China, en comparación con los 8.892 dólares en Estados Unidos: una diferencia de 30 veces. El distribuidor estadounidense, Coherus, considerado fabricante, recibe el 80 por cien de esta diferencia, tras deducir un 20 por cien en concepto de licencia.

Los fabricantes sin fábricas

Otra fuente de confusión radica en que Apple y Nvidia, junto con muchas otras empresas estadounidenses, son “fabricantes de mercancías sin fábrica” (PGF), clasificadas como “fabricantes” por las estadísticas estadounidenses desde aproximadamente 2013. Entre el 30 por cien y el 40 por cien del valor añadido de la producción industrial estadounidense —entre 700 y 1 billón de dólares de un total de 2,9 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero, y las PGF representan entre el 12 por cien y el 15 por cien de este valor añadido, es decir, entre 348.000 y 435.000 millones de dólares. En contraste, menos del 5 por cien del valor añadido de la producción industrial china —entre 200.000 y 300.000 millones de dólares de un total de 4,7 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero.

Mientras Estados Unidos clasifica a las empresas industrials estadounidenses (PGF) como fabricantes, China no lo hace. La Oficina Nacional de Estadística de China prioriza la producción física en sus datos de manufactura, categorizando a las empresas según su producción tangible en las instalaciones que poseen u operan. Antes de 2013, las empresas industrials estadounidenses se clasificaban en los sectores mayorista o de servicios. Si Estados Unidos clasificara a sus empresas industrials del mismo modo que China, considerando únicamente la producción física nacional, el valor agregado del sector industrial estadounidense disminuiría entre un 30 por cien y un 40 por cien.

Es una de las principales razones por las que comparar el valor agregado total de la manufactura estadounidense, dividido por el número de trabajadores, con el de China es como comparar peras con manzanas. Simplemente, no son comparables.

La ventaja industrial de China es muy real

La eficiencia industrial de China no es una ilusión: en muchos sectores, sus trabajadores producen entre dos y tres veces más que sus homólogos estadounidenses. El hecho de que los salarios en el sector industrial chino sean un 80 por cien inferiores a los de Estados Unidos no refleja una menor productividad laboral. La confusión entre las actividades industriales y no industriaes, así como una consideración inadecuada de las diferencias de precios, explican los resultados contradictorios de los estudios anteriores.

La combinación de una mayor productividad industrial en China y salarios más altos en Estados Unidos incentiva a las empresas estadounidenses a trasladar su producción a China. Centrarse en el diseño, la propiedad intelectual, la marca y la publicidad, a la vez que se subcontrata la producción a los fabricantes más eficaces, representa una ventaja para Estados Unidos, no una debilidad.

Es improbable que las políticas de reindustrialización estadounidenses, como la presión ejercida sobre Apple para que ensamble los iPhones en Estados Unidos, tengan éxito, ya que contradicen poderosos factores económicos. De implementarse, estas políticas reducirían el ingreso nacional al relegar a los trabajadores estadounidenses a empleos menos productivos, generando así menos valor agregado que sus contrapartes extranjeras.

China está ascendiendo en la cadena de valor industrial, trasladando su producción de bajo valor agregado a países con salarios bajos, al igual que economías avanzadas como Estados Unidos y Japón. China ya produce más que Estados Unidos en sectores de alto valor agregado, lo cual sería imposible si su productividad industrial fuera baja. Está mejorando su eficiencia productiva mediante la adopción de la automatización y la industria 4.0, gracias a la inteligencia artificial.

Ambos países aspiran a mejores perspectivas para sus economías industriales. La perspectiva de China se basa en su fortaleza industrial. La reindustrialización estadounidense solo puede tener éxito a largo plazo si se centra en una producción de alto valor añadido y tecnología punta que no requiera proteccionismo comercial. La mundialización permite a ambos países maximizar sus ventajas comparativas. Una disociación conlleva el riesgo de obtener resultados económicos subóptimos para ambos, especialmente para Estados Unidos, que ha perdido la ventaja competitiva que antes ostentaba en el sector industrial.

Weijian Shan https://research.gavekal.com/article/unraveling-chinas-productivity-paradox/

Alemania quiere aumentar la edad de jubilación para pagar el rearme

Alemania está perdiendo fuerza de trabajo. Registró un número récord de empleos vacantes en el primer trimestre de este año, alcanzando la cifra sin precedentes de 1,74 millones de puestos de trabajo. Esta cifra es la más alta desde la reunificación hace 30 años.

Al mismo tiempo, también sufre una escasez récord de jóvenes. En julio solo el 10 por cien de la población tenía entre 15 y 24 años, en comparación con el 20 por cien de los mayores de 65 años.

La tasa de natalidad del país es demasiado baja para encontrar fuerza de trabajo.

Al problema demográfico se le suman otros dos: los países europeos no quieren emigrantes y, además, necesitan destinar el dinero de las pensiones al rearme. El capital tiene que reducir el número de jubilados y conseguir que cobren menos.

Uno de los remedios es elevar la edad de jubilación a 70 años. Actualmente, Alemania está elevando gradualmente la edad de jubilación de 65 a 67 años para quienes nacieron después de 1967; pero no es suficiente.

El presidente de la Federación de Asociaciones Empresariales Alemanas de las Industrias Metalúrgica y Eléctrica, Stefan Wolf, solicitó aumentar la edad de jubilación a principios de agosto.

En Alemania las pensiones se financian principalmente mediante el sistema de reparto, en el que la mayoría de los alemanes —excepto los funcionarios y los autónomos— cotizan al fondo estatal de pensiones, que se utiliza para financiar las pensiones de los jubilados.

Actualmente, los trabajadores aportan algo más del 9 por cien de sus ingresos mensuales al fondo. Esta cantidad es igualada por el patrono. Es un sistema que solo funciona si hay suficientes trabajadores activos que cotizan al fondo.

La OCDE prevé que la edad media de jubilación para una persona con empleo continuo aumentará a 66,1 años para los hombres y a 65,5 años para las mujeres.

‘Necesitamos a los emigrantes’

Pero las cuentas no salen. “Necesitamos la migración. Es fundamental que vengan suficientes personas del extranjero a trabajar en Alemania”, dice Johannes Geyer, subdirector de Economía Pública del Instituto Alemán de Investigación Económica.

“El gobierno está intentando facilitar el reconocimiento en Alemania de las cualificaciones de los migrantes. También se observan algunas mejoras en la normativa para solicitantes de asilo y personas con estatus de tolerancia, con el fin de legalizar su situación y reconocer los títulos y cualificaciones profesionales obtenidos fuera de Alemania. Esto sigue siendo un problema”.

Geyer también señala el potencial del mercado negro: “Tenemos un amplio sector de personas que trabajan en los llamados miniempleos, es decir, empleos precarios, mal remunerados pero exentos de impuestos y cotizaciones a la seguridad social. Si pudiéramos incorporar a estas personas a empleos regulares, esto también beneficiaría al sistema“.

También existe la posibilidad de generar empleo para más personas desempleadas, así como de ayudar a la reinserción laboral de quienes se han visto obligados a jubilarse por invalidez debido a una enfermedad. Esto afecta a millones de personas, pero muchas de ellas no pueden trabajar a tiempo completo por diversas razones, desde problemas de salud hasta el cuidado de familiares.

Geyer sugiere que los funcionarios públicos y los trabajadores autónomos, que actualmente cotizan a fondos de pensiones separados, también podrían integrarse en el sistema general de pensiones públicas.

Aumentar la jornada laboral

Otra solución consiste en aumentar la semana laboral a 42 horas. Pero Geyer es escéptico. “Creo que en muchos sectores, 40 horas es prácticamente el máximo que se puede esperar de la gente”, afirma. “Si se aumentan las horas de trabajo, hay que tener en cuenta que la gente ya está agotada y esas horas adicionales agravarán ese agotamiento y podrían tener un impacto negativo en la salud”.

También es posible aumentar las cotizaciones para las pensiones. Predice un incremento del 18,6 por cien actual a más del 20 por cien para 2025. “Actualmente tenemos tasas de cotización [para las pensiones] bastante bajas. Hace diez años nadie habría esperado que siguieran por debajo del 19 por cien”, comenta.

“Antes de la guerra [de Ucrania] y el aumento de la inflación, habría dicho que podíamos permitirnos aumentar las tasas de cotización, pero dada la alta inflación, eso provocará un debate bastante acalorado”.

—https://www.dw.com/en/germany-debates-raising-retirement-age-to-70/a-62915311

‘El libre comercio no es una religión’

Los capitales occidentales ya no saben cómo contener la avalancha de empresas chinas que se instalan delante de sus narices, acaparando los centros comerciales más conocidos de las grandes capitales y apoderándose de las redes de distribución.

Los casos de Huawei, TikTok, Nexperia y DJI han sido los más conocidos, pero no los únicos. Los chinos se apoderan de las marcas e incluso de los edificios del centro de las grandes capitales occidentales. Ahora le llega el turno al centro mismo de la moda, como París y sus emblemáticas Galerías Lafayette.

La marca comercial Galeries Lafayette y los grandes almacenes BHV están gestionados por la Société des Grands Magasins (SGM). Se trata de empresas tradicionales y prestigiosas: moda francesa, calidad, lujo, desfiles y elegancia tradicional.

Es pura fachada. Las marcas francesas están en la ruina. Necesitaban aliviar sus deudas, por lo que aceptaron ceder sus instalaciones y sus marcas para ponerlas al servicio de la cadena china Shein. El miércoles la empresa china abrió en París su primera tienda física permanente en Europa, con el proyecto de expandirse a otras cinco tiendas en otras tantas ciudades francesas.

Es un intento de revitalizar sus centros comerciales, que enfrentan dificultades financieras, y generar un impacto publicitario.

El martes se rompió la baraja gracias a una espectacular campaña. Esta vez el pretexto no es la “seguridad nacional“, pero es igualmente ridículo: Shein vende muñecas sexuales con apariencia infantil y el escándalo mediático está servido.

La fiscalía de París abre una investigación contra la empresa china, similar a otra ya en curso contra AliExpress. El miércoles la gendarmería detiene a un hombre que compró una de esas muñecas por internet.

La empresa china devalua una marca comercial “prestigiosa” porque vende en línea, lo que supone un cambio en el modelo de negocio. Las Galerías son un sitio para “ir de compras”, no para que te lleven las compras a casa.

Las tiendas deberían haber cambiado de cartel de la fachada el miércoles, aunque el día anterior ambas partes anunciaron la ruptura. La marca comercial Galerías Lafayette se retira y el holding SGM seguirá explotando las tiendas bajo una nueva identidad, que se dará a conocer próximamente.

Pero el conflicto no es sólo comercial, ni tampooco privado, y por eso el gobierno francés ha metido las narices en contra la empresa china, iniciando varios procesos judiciales.

El jueves salió a la palestra el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean Noel Barrot, pidiendo auxilio a la Comisión Europea: debe sancionar a la empresa china porque “incumple claramente las normas europeas“.

Por si la campaña no fuera suficiente, al ministro se le ocurrió otro argumento más: las tiendas Shein destruyen el pequeño comercio. “Si dejamos que suceda, veremos desaparecer las pequeñas tiendas de nuestros centros urbanos y de nuestros pueblos y será la muerte de nuestros pueblos y aldeas”, dijo, aunque se le olvidó decir que ocurre lo mismo con otras empresas de venta en línea, como Amazon.

El ministro de Economía, Roland Lescure, también ha saltado al ruedo, denunciando la “invasión comercial de un mercado que permanece abierto y debe protegerse”. Su charlatanería suena a novedosa: “El libre comercio no es una religión, sino un conjunto de reglas de mercado que solo funcionan si todos las respetan. Y aquí en Europa, somos los últimos en hacerlo”, lamentó el ministro, quien se escudó en la protección de los niños y -sobre todo- de la industria.

Lescure ha repasado el catálogo de ventas de la empresa, donde ha encontrado un poco de todo: resulta que Shein también vende armas que ya han servido para cometer crímenes.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, no podían faltar a una cita así y ha interpuesto una demanda para solicitar el bloqueo de la página web de la empresa china, “para detener definitivamente el grave daño al orden público causado por las deficiencias de Shein”.

El acoso es espectacular. La empresa china es objeto de dos procedimientos de suspensión, iniciados por el primer ministro Sebastien Lecornu para exigirle que retire las armas, “en las próximas 48 horas”.

Pero a pesar de la insistente campaña en contra, cuando el miércoles se abrieron las puertas de la tienda, la asistencia de público se multiplicó, formándose largas colas para poder entrar.

Así funcionan las tiendas reales y las virtuales: los ministros dicen una cosa, pero los clientes van en la dirección contraria.

‘China juega al ajedrez, mientras nosotros jugamos a las damas’

Tras una gira diplomática por Asia, ayer Trump se reunió en Corea del sur con Xi Jinping y, como acostumbra, ha lanzado la campanas al vuelo: supuestamente ha hecho las paces con China.

En realidad, la reunión acabó con una tregua; no han firmado nada. Por su parte, el dirigente chino se limitó a decir que había un “consenso” para poner fin a la guerra comercial.

Estados Unidos accedió a reducir los aranceles sobre las mercancías chinas del 57 al 47 por cien, y a suspender las restricciones contra las empresas chinas durante un año. A cambio, Pekín garantiza, entre otras cosas, el suministro de elementos de tierras raras y se compromete a comprar soja estadounidense.

El acuerdo que Trump y Xi ha discutido se expresa en términos vagos e imprecisos. Los detalles, los objetivos, los mecanismos de implementación y las sanciones por incumplimiento serán abordados posteriormente por funcionarios comerciales estadounidenses y chinos.

La rivalidad entre ambos países se intensificará en el futuro. Estados Unidos seguirá intentado frenar a China. La nueva normalidad de la guerra económica se rige por la tensión, la escalada, la tregua y la vuelta al punto de partida. Nada de lo que se ha propuesto altera significativamente los mecanismos de una relación comercial de 659.000 millones de dólares. Reducir el déficit comercial estadounidense con China exige una revisión completa de la dinámica comercial.

La claudicación ante China ha desatado las contradicciones internas entre los asesores de la Casa Blanca. Unos defienden la disuasión y otros con partidarios de la distensión.

El artífice de la primera ofensiva de Trump contra China, Robert Lighthizer, ha advertido que “China juega al ajedrez, mientras nosotros jugamos a las damas”. Estados Unidos ha otorgado al gobierno de Pekín una ventaja, ganada con gran esfuerzo, a cambio de un acceso temporal a las materiasa primas. Pekín ha “instrumentalizado el comercio, la tecnología y las cadenas de suministro”.

Este defensor de las políticas comerciales de Trump aboga desde hace mucho tiempo por aranceles permanentes, no por renegociaciones anuales. Considera que la campaña de presión está siendo reemplazada por reuniones anuales (“teoría del goteo”), mientras China nunca tiene prisa; diseña a largo plazo.

La Nueva Ruta de la Seda rediseña los mapas marítimos del mundo

En dos décadas, Pekín ha construido la mayor red de terminales de aguas profundas en el extranjero, abarcando más de 90 puertos en todos los continentes. Desde Yibuti hasta Darwin, la presencia china se siente en cada centro estratégico del comercio mundial.

Estas infraestructuras hace tiempo que trascendieron de la esfera puramente económica. Los gigantes estatales China Merchants Port y COSCO, así como empresas privadas, operan ahora terminales en 22 puertos europeos —incluido El Pireo—, además del Canal de Panamá, Latinoamérica y África.

Oficialmente parece logística pero, en realidad, está tomando la forma una nueva arquitectura económica mundial. China no solo exporta mercancías: exporta la gestión misma de los flujos comerciales mundiales.

La Nueva Ruta de la Seda está teniendo un impacto significativo en la construcción y administración de puertos marítimos en todo el mundo, pero especialmente en Asia, África, Europa y América Latina. Estos puertos son nodos clave que pretenden mejorar la conectividad marítima entre China y los mercados internacionales.

Por ejemplo, el puerto de Gwadar, en Pakistán forma parte del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC). El puerto del Pireo, en Grecia, operado por la empresa china COSCO, se ha convertido en un enlace logístico clave en Europa.

En África oriental los puertos de Mombasa, Dar es Salam están conectados por ferrocarril con el interior del continente, facilitando el comercio y la exportación de mercancíass.

Además, China ha exportado un modelo de desarrollo integral, denominado “puerto-parque-ciudad”, que combina la infraestructura portuaria, con las zonas económicas especiales y la urbanización y conectividad terrestre.

Este enfoque pretende integrar los puertos en cadenas mundiales de suministros, con beneficios económicos tanto para China como para los países anfitriones.

La mayoría de los proyectos portuarios de la Nueva Ruta de la Seda son financiados por bancos públicos chinos y ejecutados por empresas públicas o vinculadas al gobierno chino, como Cosco, China Harbour Engineering Company (CHEC) o China Merchants Port.

China y Estados Unidos avanzan hacia un compromiso en la guerra económica

Mañana Trump y Xi Jinping se reunirán al margen de la cumbre de la ASEAN, la Asociación de Países del Sudeste Asiático. Las negociaciones comerciales entre ambas partes parecen bien encaminadas y el optimismo crece. Ayer secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, comentó en Malasia que las conversaciones habían sido muy positivas y que esperaban firmar un “acuerdo marco muy fructífero”.

Ambas partes han negociado sobre el mercado agrícola, TikTok, el fentanilo, el comercio, las tierras raras y las relaciones bilaterales en general. Ayer anunciaron un acuerdo sobre tierras raras y soja. El viceprimer ministro He Lifeng encabezó la delegación china, acompañado por el representante comercial Li Chenggang y el viceministro de Finanzas Liao Min. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, formó parte del equipo estadounidense.

Las dos economías mundiales de mayor tamaño quieren evitar una escalada en la guerra comercial que los mantiene enfrentados desde los tiempos de la pandemia y el “virus de Wuhan”. Trump ha amenazado a China con imponer unos aranceles del 100 por cien para el 1 de noviembre, en respuesta al control más estricto de Pekín de sus exportaciones de tierras raras.

No hay muchos más detalles sobre las reuniones. El principal negociador del equipo chino, Li Chenggang, llegó el sábado por la mañana junto al viceprimer ministro chino He Lifeng. En el bando estadounidense, la delegación está compuesta por el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el representante de comercio Jamieson Greer.

Las discusiones también tienen como objetivo prepararse para la reunión entre Trump y Xi Jinping el próximo martes, en Malasia, en la cumbre de la ASEAN. La reunión es crucial para resolver ciertos conflictos en torno a los aranceles, el control de la tecnología o las compras de soja china.

Los rusos ‘tienen que hacer concesiones’

El sábado Trump comenzó una gira de cinco días por Asia, que lo llevará a Malasia, Japón y Corea del sur, donde dijo a los periodistas que los rusos “tienen que hacer concesiones. Creo que nosotros también deberíamos. Estamos en el 157 por cien de los derechos de aduana para ellos. No creo que sea sostenible para ellos. Quieren rebajarlas y nosotros queremos obtener algunas cosas de ellos”, dijo Trump desde la puerta de su avión.

El espinoso tema de Taiwán y la guerra en Ucrania también estarán en las negociaciones, añadió Trump, que espera reunirse con el dirigente norcoreano Kim Jong-un durante su gira por Asia. “Estaré 100 por cien listo. Me llevo muy bien con Kim Jong-un”, dijo a los periodistas. Su última reunión con Kim Jong Un fue en 2019.

Crisis de la energía eólica: Vestas abandona la construcción de una fábrica en Polonia

La industria eólica marina europea se encuentra sumida en una crisis. El fabricante de aerogeneradores Vestas anunció el sábado la suspensión de sus planes de construir una fábrica de palas en Polonia debido a una demanda de energía eólica marina inferior a la esperada en Europa.

Es otro ejemplo de la crisis económica y política que vive el sector a ambos lados del Atlántico. La empresa danesa Vestas es la principal fabricante de aerogeneradores de Europa.

Se esperaba que la fábrica de Szczecin, cerca del mar Báltico, empleara a unos mil trabajadores y produjera palas de 115 metros de altura para los aerogeneradores más potentes para 2026. En una planta vecina, el fabricante danés ya está ensamblando las góndolas y los bujes de este modelo de 15 Mw. En las cercanías, también adquirió en septiembre una fábrica de palas para aerogeneradores terrestres.

La decisión supone un revés para el gobierno del primer ministro polaco, Donald Tusk, que quiere impulsar la industria local de energías renovables y acabar de cerrar las minas de carbón de su país. Está previsto que el primer parque eólico marino del país, equipado con turbinas Vestas, entre en funcionamiento el próximo año.

El declive del fabricante danés de turbinas, cuyas plantas se ubican principalmente en su país de origen, refleja la desaceleración de los nuevos proyectos de parques eólicos marinos en varios países europeos importantes. Las empresas energéticas, clientes de Vestas y de su principal competidor, Siemens Gamesa, se ven afectadas por el aumento de los costes de las materias primas, en particular el acero, el aumento de los tipos de interés y los cuellos de botella en las cadenas de suministro de los proyectos eólicos.

Además, los gobiernos ya no subvencionan este tipo de energía aumentando el precio de compra de la electricidad producida en las instalaciones marinas. Varias licitaciones se han cancelado en Alemania, Dinamarca e incluso recientemente en Francia debido a la falta de licitadores.

Al otro lado del Atlántico, dos importantes proyectos de Orsted y Equinor fueron cerrados abruptamente por el gobierno estadounidense en los últimos meses. Solo pudieron reanudarse tras fallos judiciales favorables a los propietarios de los proyectos.

En Francia solo dos candidatos se han presentado a la última licitación eólica marina. La acaba de ganar TotalEnergies, que favorece la compra de turbinas fabricadas en Francia por Siemens Gamesa. Para el Ministerio de Economía es una forma de asegurar la cartera de pedidos de la planta de Le Havre, tras el anuncio de un plan de despidos en GE Vernova en Loira Atlántico el año pasado. TotalEnergies aún necesita encontrar un nuevo aliado industrial y financiero para este proyecto, tras la retirada de su socio, la alemana RWE.

La industria francesa lleva meses esperando la licitación de nuevos parques eólicos. En particular, una licitación de 8 a 9 GW, el triple de la capacidad ya en funcionamiento o en construcción en el país. Esta licitación está pendiente de la publicación de la nueva estrategia energética de Francia, pendiente desde hace meses y objeto de intensa tensión política.

La Agencia Internacional de la Energía ha reducido recientemente sus previsiones de crecimiento para la energía eólica marina mundial en un 27 por cien con respecto al año pasado. Los acontecimientos de los últimos meses ya se han cobrado su primera víctima. La promotora danesa Orsted, cabecera en energía eólica marina, ha perdido la mitad de su valor bursátil en un año. Para recuperar el aliento, esta empresa, propiedad al 50 por cien del Estado danés, realizó este mes una ampliación de capital récord de 8.000 millones de euros. También anunció el despido de una cuarta parte de su plantilla.

Aprovechando la debilidad de las empresas europeas, el 10 de octubre los chinos meten la cuchara en el mercado. Mingyang anunció una inversión de 1.730 millones de euros en Escocia, sujeta a la aprobación del gobierno británico, para una fábrica de aerogeneradores que se espera que emplee a 1.500 trabajadores.

Pero lo primero es siempre la “seguridad nacional” y el gobierno Trump ya ha advertido a Londres que tiene que sumarse al bloqueo contra China y no admitir a Mingyang en la puja.

China también se ha apoderado de este mercado. Junto con Goldwing y Envision, Mingyang se ha consolidado como grupo cabecero mundial del sector en los últimos años, con aerogeneradores cada vez más gigantescos. Tras beneficiarse del auge de su mercado interno, que ahora representa más de la mitad de la nueva capacidad instalada, aspiran a consolidarse en los mercados emergentes y en Europa.

Se estanca el número de usuarios de pago de la inteligencia artificial

En Europa el crecimiento del número de usuarios de pago de ChatGPT, el producto estrella de la industria de la inteligencia artificial, se ha estancado desde el mes de mayo. Es otra advertencia sobre la dificultad para recuperar las gigantescas inversiones realizadas y el estado de quiebra de OpenAI y de todo un sector industrial.

ChatGPT podría haber alcanzado ya su punto máximo de atracción de nuevos usuarios de pago. La semana pasada Sam Altman, director de OpenAI, anunció que los usuarios activos semanales de ChatGPT habían superado los 800 millones, pero el número de usuarios de pago se ha ralentizado considerablemente y el crecimiento de los ingresos aún está muy por debajo del de plataformas de streaming como Spotify y Netflix.

La valoración de OpenAI ha alcanzado los 500.000 millones de dólares, acercándose a la capitalización de mercado de Netflix, pero su escala de ingresos y su base de suscriptores de pago se quedan muy por detrás. Esto pone de relieve la contradicción fundamental que enfrenta este sector industrial: la creciente brecha entre la influencia tecnológica y la rentabilidad comercial.

El equipo dbDataInsights de Deutsche Bank ha rastreado los datos de gasto de los usuarios en cinco mercados europeos, entre ellos España, y ha descubierto que, desde mayo, el crecimiento del gasto mensual en ChatGPT se ha frenado significativamente.

Una desaceleración estacional similar se produjo entre julio y agosto del año pasado, atribuida a una disminución de las vacaciones escolares del verano. Sin embargo, el año pasado el gasto repuntó considerablemente en junio y mostró una clara recuperación en septiembre. En cambio, no se observó ningún repunte durante el mismo período de este año, lo que indica que el estancamiento podría ser estructural y no estacional.

El banco ha comparado la valoración y la escala comercial de OpenAI con las de las principales plataformas de streaming. La capitalización de mercado de Netflix es de 500.000 millones de dólares, tiene más de 300 millones de suscriptores de pago y unos ingresos proyectados de 45.000 millones de dólares para este año.

Para Spotify la capitalización de mercado es de 144.000 millones de dólares, con 276 millones de suscriptores de pago y unos ingresos proyectados de más de 17.000 millones de dólares.

Por el contrario, en abril OpenAI tenía unos 20 millones de usuarios de pago en todo el mundo, con ingresos muy por debajo de los niveles de Netflixo o Spotify. Por lo tanto, su valoración, estimada en 500.000 millones de dólares, es desproporcionadamente alta en comparación con sus ingresos.

Si bien la base de usuarios activos semanales de ChatGPT ha crecido de 500 millones en marzo a 800 millones, el verdadero desafío radica en convertir ese tráfico masivo en suscriptores de pago.

El crecimiento de la inteligencia artificial se debe a la curiosidad y la adopción gratuita, pero su límite máximo está determinado por la retención de usuarios a largo plazo… una vez que comienza la monetización.

El desafío no es el algoritmo, sino el modelo de negocio. El progreso de las fuerzas productivas no se traduce automáticamente en beneficios. Los especuladores quieren recuperar el dinero que han invertido, y si el frenazo en el crecimiento de usuarios de pago continúa, se podria pinchar la burbuja.

El efecto contagio será mucho peor que en 2000 y 2008

La otra cara de la moneda es que quienes han invertido en este sector, no se han sacado el dinero de su bolsillo, sino que se han endeudado. Es la burbuja de la burbuja, 17 veces mayor que la de las puntocom en 2000 y cuatro veces mayor que la crisis inmobiliaria de 2008, según un análisis de MacroStrategy Partnership.

Si bien muchos creían que las empresas de inteligencia artificial estaban creciendo gracias a la financiación de capital privado, aislando así la burbuja de la economía en general, Goldman Sachs afirma que 141.000 millones de dólares de los 500.000 millones de dólares en inversiones en inteligencia artificial de este año proceden de deuda.

Eso significa que al menos el 30 por cien de la inversión actual se financia con deuda. La burbuja de la inteligencia artificial ha crecido más rápido que la de otros sectores, con una deuda que la vincula directamente con los principales bancos y los fondos buitre. La burbuja es mayor que la que toda la industria consumió el año pasado.

Por ejemplo, Meta/Facebook busca recaudar 26.000 millones de dólares en deuda a través de una entidad de propósito específico para finales de este año, lo que representa el 5 por cien del total de la inversión anual de capital de la industria en una sola transacción realizada por una sola empresa.

El efecto contagio puede ser catastrófico, mucho más allá de las industrias tecnológicas. La crisis de 2008 devastó la economía mundial debido a la interconexión de la deuda, causando la pérdida de 27 millones de empleos en todo el mundo.

China impone su canon en la elaboración de metales estratégicos

A principios de octubre el Ministerio de Comercio de China amplió su régimen de licencias de exportación a tierras raras, imanes permanentes, materiales superduros y tecnologías relacionadas. El requisito de licencia se aplicar incluso a productos fabricados fuera de China si contienen materiales de origen chino o componentes producidos con tecnología china, un claro paso hacia los controles extraterritoriales, hasta ahora un sello distintivo de Estados Unidos. Empresas especializadas están detallando una regla del 50 por cien: a partir de cierto umbral de contenido de tierras raras chinas o de dependencia de procesos chinos, se requiere la autorización de Pekín, incluso para las exportaciones de empresas no chinas.

Este cambio se produce en un momento en que China ya domina el sector. Aproximadamente el 70 por cien de la producción mundial de tierras raras y el 90 por cien de la capacidad de refinado. En otras palabras, Pekín ya no controla solo el material; regula el acceso al proceso que transforma el recurso en energía industrial (imanes de NdFeB, blancos de pulverización catódica, aleaciones estratégicas). Estos controles están concebidos como instrumentos políticos, no como simples medidas comerciales.

La comunicación china también asume una lógica escalonada: tras el galio, el germanio y el grafito en 2023, vienen los imanes, los polvos y los componentes tecnológicos del equipamiento industrial (baterías, magnetización, abrasivos, semiconductores). Los fabricantes occidentales, desde ASML hasta los grandes monopolios de maquinaria, afirman tener existencias y fuentes alternativas a corto plazo, pero reconocen un riesgo estructural si el ajuste continúa.

Tras el cambio de siglo, Estados Unidos y China estaban estratégicamente alineados en un punto clave: ambos dependían de las importaciones de hidrocarburos. La revolución del esquisto ha alterado esta simetría. A partir de 2015, y especialmente desde 2019, la ecuación energética estadounidense se ha invertido: Washington se ha convertido en un exportador neto a lo largo del año, obteniendo ventajas en costes y autonomía logística (menor dependencia de las rutas marítimas). Pekín, por su parte, sigue siendo un importador neto de petróleo y gas a largo plazo. En el ámbito energético, la ventaja, por lo tanto, recae en Estados Unidos.

Pero el avance de las fuerzas productivas está desplazando el centro de gravedad. En la economía de imanes de alto rendimiento, motores eléctricos, turbinas eólicas, sensores de precisión y cadenas de defensa, óptica y energía, las tierras raras se están convirtiendo en el recurso fundamental y, en ese ámbito, la ventaja es china. La asimetría no reside tanto en el mineral como en los sectores derivados: productos químicos, metalurgia, procesos y conocimientos técnicos. La decisión de octubre sobre las licencias de exportación limita precisamente por ley este sector derivado: condiciona el acceso al procesamiento, incluso cuando la materia prima o la planta no se encuentran en China.

La extensión extraterritorial de las normas chinas de fabricación desplaza el canon hacia donde reside la ventaja actual: el suministro de materiales críticos. Hasta ahora reservada a Washington, la extraterritorialidad ya se aplica a las mercancías fabricadas fuera de China en cuanto incorporan materiales, procesos o propiedad intelectual chinos. El cumplimiento ya no depende únicamente del país exportador, sino también de la potencia fundamental del proceso. Sin embargo, este suministro alimenta precisamente las cadenas que impulsarán la economía de el futuro: semiconductores, inteligencia artificial, electrificación, defensa de alta intensidad, todas ellas con uso intensivo de materias primas estratégicas.

Al autorizar el acceso a sus productos químicos, separaciones y aleaciones, Pekín no impone un embargo: controla el ritmo, puede aplazar o autorizar según sus prioridades y obliga a empresas y estados a vivir en la era de la extraterritorialidad de las normas chinas. Es un factor determinante en la velocidad de equipamiento de las fábricas occidentales y, por lo tanto, en el ritmo de adopción de tecnologías que definirán la futura ventaja competitiva en los mercados mundiales.

La escalada arancelaria anunciada por Trump de hasta el 100 por cien sobre ciertos productos chinos recuerda que Washington cuenta con un arma importante: la profundidad de su mercado interior. Pero frente a una China cuya fuerza exportadora abarca amplias áreas del suministro mundial, el arma aduanera tiene un coste político inmediato: presión inflacionaria en Estados Unidos y mayores costes en la cadena de suministro. Además, tras blandir la amenaza, la Casa Blanca reabrió rápidamente el canal político con una cumbre con Xi Jinping, una señal de que la coerción pura no basta y de que la ecuación también implica gestionar las interdependencias.

Estamos en plena guerra económica. Estados Unidos consolida su ventaja a través de la energía, los mercados y la fuerza normativa; China consolida su ventaja a través de los materiales, la transformación industrial y, ahora, la exportación de su propia fuerza normativa. Como hemos expuesto en entradas anteriores, la normalización es una herramienta del capital monopolista moderno porque las grandes empresas fabrican para un mercado mundial. Cualquiera que sea el lugar en el que una fábrica se instale, los procesos de producción derivan de un canon que llega de fuera.

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