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Crisis de la energía eólica: Vestas abandona la construcción de una fábrica en Polonia

La industria eólica marina europea se encuentra sumida en una crisis. El fabricante de aerogeneradores Vestas anunció el sábado la suspensión de sus planes de construir una fábrica de palas en Polonia debido a una demanda de energía eólica marina inferior a la esperada en Europa.

Es otro ejemplo de la crisis económica y política que vive el sector a ambos lados del Atlántico. La empresa danesa Vestas es la principal fabricante de aerogeneradores de Europa.

Se esperaba que la fábrica de Szczecin, cerca del mar Báltico, empleara a unos mil trabajadores y produjera palas de 115 metros de altura para los aerogeneradores más potentes para 2026. En una planta vecina, el fabricante danés ya está ensamblando las góndolas y los bujes de este modelo de 15 Mw. En las cercanías, también adquirió en septiembre una fábrica de palas para aerogeneradores terrestres.

La decisión supone un revés para el gobierno del primer ministro polaco, Donald Tusk, que quiere impulsar la industria local de energías renovables y acabar de cerrar las minas de carbón de su país. Está previsto que el primer parque eólico marino del país, equipado con turbinas Vestas, entre en funcionamiento el próximo año.

El declive del fabricante danés de turbinas, cuyas plantas se ubican principalmente en su país de origen, refleja la desaceleración de los nuevos proyectos de parques eólicos marinos en varios países europeos importantes. Las empresas energéticas, clientes de Vestas y de su principal competidor, Siemens Gamesa, se ven afectadas por el aumento de los costes de las materias primas, en particular el acero, el aumento de los tipos de interés y los cuellos de botella en las cadenas de suministro de los proyectos eólicos.

Además, los gobiernos ya no subvencionan este tipo de energía aumentando el precio de compra de la electricidad producida en las instalaciones marinas. Varias licitaciones se han cancelado en Alemania, Dinamarca e incluso recientemente en Francia debido a la falta de licitadores.

Al otro lado del Atlántico, dos importantes proyectos de Orsted y Equinor fueron cerrados abruptamente por el gobierno estadounidense en los últimos meses. Solo pudieron reanudarse tras fallos judiciales favorables a los propietarios de los proyectos.

En Francia solo dos candidatos se han presentado a la última licitación eólica marina. La acaba de ganar TotalEnergies, que favorece la compra de turbinas fabricadas en Francia por Siemens Gamesa. Para el Ministerio de Economía es una forma de asegurar la cartera de pedidos de la planta de Le Havre, tras el anuncio de un plan de despidos en GE Vernova en Loira Atlántico el año pasado. TotalEnergies aún necesita encontrar un nuevo aliado industrial y financiero para este proyecto, tras la retirada de su socio, la alemana RWE.

La industria francesa lleva meses esperando la licitación de nuevos parques eólicos. En particular, una licitación de 8 a 9 GW, el triple de la capacidad ya en funcionamiento o en construcción en el país. Esta licitación está pendiente de la publicación de la nueva estrategia energética de Francia, pendiente desde hace meses y objeto de intensa tensión política.

La Agencia Internacional de la Energía ha reducido recientemente sus previsiones de crecimiento para la energía eólica marina mundial en un 27 por cien con respecto al año pasado. Los acontecimientos de los últimos meses ya se han cobrado su primera víctima. La promotora danesa Orsted, cabecera en energía eólica marina, ha perdido la mitad de su valor bursátil en un año. Para recuperar el aliento, esta empresa, propiedad al 50 por cien del Estado danés, realizó este mes una ampliación de capital récord de 8.000 millones de euros. También anunció el despido de una cuarta parte de su plantilla.

Aprovechando la debilidad de las empresas europeas, el 10 de octubre los chinos meten la cuchara en el mercado. Mingyang anunció una inversión de 1.730 millones de euros en Escocia, sujeta a la aprobación del gobierno británico, para una fábrica de aerogeneradores que se espera que emplee a 1.500 trabajadores.

Pero lo primero es siempre la “seguridad nacional” y el gobierno Trump ya ha advertido a Londres que tiene que sumarse al bloqueo contra China y no admitir a Mingyang en la puja.

China también se ha apoderado de este mercado. Junto con Goldwing y Envision, Mingyang se ha consolidado como grupo cabecero mundial del sector en los últimos años, con aerogeneradores cada vez más gigantescos. Tras beneficiarse del auge de su mercado interno, que ahora representa más de la mitad de la nueva capacidad instalada, aspiran a consolidarse en los mercados emergentes y en Europa.

Se estanca el número de usuarios de pago de la inteligencia artificial

En Europa el crecimiento del número de usuarios de pago de ChatGPT, el producto estrella de la industria de la inteligencia artificial, se ha estancado desde el mes de mayo. Es otra advertencia sobre la dificultad para recuperar las gigantescas inversiones realizadas y el estado de quiebra de OpenAI y de todo un sector industrial.

ChatGPT podría haber alcanzado ya su punto máximo de atracción de nuevos usuarios de pago. La semana pasada Sam Altman, director de OpenAI, anunció que los usuarios activos semanales de ChatGPT habían superado los 800 millones, pero el número de usuarios de pago se ha ralentizado considerablemente y el crecimiento de los ingresos aún está muy por debajo del de plataformas de streaming como Spotify y Netflix.

La valoración de OpenAI ha alcanzado los 500.000 millones de dólares, acercándose a la capitalización de mercado de Netflix, pero su escala de ingresos y su base de suscriptores de pago se quedan muy por detrás. Esto pone de relieve la contradicción fundamental que enfrenta este sector industrial: la creciente brecha entre la influencia tecnológica y la rentabilidad comercial.

El equipo dbDataInsights de Deutsche Bank ha rastreado los datos de gasto de los usuarios en cinco mercados europeos, entre ellos España, y ha descubierto que, desde mayo, el crecimiento del gasto mensual en ChatGPT se ha frenado significativamente.

Una desaceleración estacional similar se produjo entre julio y agosto del año pasado, atribuida a una disminución de las vacaciones escolares del verano. Sin embargo, el año pasado el gasto repuntó considerablemente en junio y mostró una clara recuperación en septiembre. En cambio, no se observó ningún repunte durante el mismo período de este año, lo que indica que el estancamiento podría ser estructural y no estacional.

El banco ha comparado la valoración y la escala comercial de OpenAI con las de las principales plataformas de streaming. La capitalización de mercado de Netflix es de 500.000 millones de dólares, tiene más de 300 millones de suscriptores de pago y unos ingresos proyectados de 45.000 millones de dólares para este año.

Para Spotify la capitalización de mercado es de 144.000 millones de dólares, con 276 millones de suscriptores de pago y unos ingresos proyectados de más de 17.000 millones de dólares.

Por el contrario, en abril OpenAI tenía unos 20 millones de usuarios de pago en todo el mundo, con ingresos muy por debajo de los niveles de Netflixo o Spotify. Por lo tanto, su valoración, estimada en 500.000 millones de dólares, es desproporcionadamente alta en comparación con sus ingresos.

Si bien la base de usuarios activos semanales de ChatGPT ha crecido de 500 millones en marzo a 800 millones, el verdadero desafío radica en convertir ese tráfico masivo en suscriptores de pago.

El crecimiento de la inteligencia artificial se debe a la curiosidad y la adopción gratuita, pero su límite máximo está determinado por la retención de usuarios a largo plazo… una vez que comienza la monetización.

El desafío no es el algoritmo, sino el modelo de negocio. El progreso de las fuerzas productivas no se traduce automáticamente en beneficios. Los especuladores quieren recuperar el dinero que han invertido, y si el frenazo en el crecimiento de usuarios de pago continúa, se podria pinchar la burbuja.

El efecto contagio será mucho peor que en 2000 y 2008

La otra cara de la moneda es que quienes han invertido en este sector, no se han sacado el dinero de su bolsillo, sino que se han endeudado. Es la burbuja de la burbuja, 17 veces mayor que la de las puntocom en 2000 y cuatro veces mayor que la crisis inmobiliaria de 2008, según un análisis de MacroStrategy Partnership.

Si bien muchos creían que las empresas de inteligencia artificial estaban creciendo gracias a la financiación de capital privado, aislando así la burbuja de la economía en general, Goldman Sachs afirma que 141.000 millones de dólares de los 500.000 millones de dólares en inversiones en inteligencia artificial de este año proceden de deuda.

Eso significa que al menos el 30 por cien de la inversión actual se financia con deuda. La burbuja de la inteligencia artificial ha crecido más rápido que la de otros sectores, con una deuda que la vincula directamente con los principales bancos y los fondos buitre. La burbuja es mayor que la que toda la industria consumió el año pasado.

Por ejemplo, Meta/Facebook busca recaudar 26.000 millones de dólares en deuda a través de una entidad de propósito específico para finales de este año, lo que representa el 5 por cien del total de la inversión anual de capital de la industria en una sola transacción realizada por una sola empresa.

El efecto contagio puede ser catastrófico, mucho más allá de las industrias tecnológicas. La crisis de 2008 devastó la economía mundial debido a la interconexión de la deuda, causando la pérdida de 27 millones de empleos en todo el mundo.

China impone su canon en la elaboración de metales estratégicos

A principios de octubre el Ministerio de Comercio de China amplió su régimen de licencias de exportación a tierras raras, imanes permanentes, materiales superduros y tecnologías relacionadas. El requisito de licencia se aplicar incluso a productos fabricados fuera de China si contienen materiales de origen chino o componentes producidos con tecnología china, un claro paso hacia los controles extraterritoriales, hasta ahora un sello distintivo de Estados Unidos. Empresas especializadas están detallando una regla del 50 por cien: a partir de cierto umbral de contenido de tierras raras chinas o de dependencia de procesos chinos, se requiere la autorización de Pekín, incluso para las exportaciones de empresas no chinas.

Este cambio se produce en un momento en que China ya domina el sector. Aproximadamente el 70 por cien de la producción mundial de tierras raras y el 90 por cien de la capacidad de refinado. En otras palabras, Pekín ya no controla solo el material; regula el acceso al proceso que transforma el recurso en energía industrial (imanes de NdFeB, blancos de pulverización catódica, aleaciones estratégicas). Estos controles están concebidos como instrumentos políticos, no como simples medidas comerciales.

La comunicación china también asume una lógica escalonada: tras el galio, el germanio y el grafito en 2023, vienen los imanes, los polvos y los componentes tecnológicos del equipamiento industrial (baterías, magnetización, abrasivos, semiconductores). Los fabricantes occidentales, desde ASML hasta los grandes monopolios de maquinaria, afirman tener existencias y fuentes alternativas a corto plazo, pero reconocen un riesgo estructural si el ajuste continúa.

Tras el cambio de siglo, Estados Unidos y China estaban estratégicamente alineados en un punto clave: ambos dependían de las importaciones de hidrocarburos. La revolución del esquisto ha alterado esta simetría. A partir de 2015, y especialmente desde 2019, la ecuación energética estadounidense se ha invertido: Washington se ha convertido en un exportador neto a lo largo del año, obteniendo ventajas en costes y autonomía logística (menor dependencia de las rutas marítimas). Pekín, por su parte, sigue siendo un importador neto de petróleo y gas a largo plazo. En el ámbito energético, la ventaja, por lo tanto, recae en Estados Unidos.

Pero el avance de las fuerzas productivas está desplazando el centro de gravedad. En la economía de imanes de alto rendimiento, motores eléctricos, turbinas eólicas, sensores de precisión y cadenas de defensa, óptica y energía, las tierras raras se están convirtiendo en el recurso fundamental y, en ese ámbito, la ventaja es china. La asimetría no reside tanto en el mineral como en los sectores derivados: productos químicos, metalurgia, procesos y conocimientos técnicos. La decisión de octubre sobre las licencias de exportación limita precisamente por ley este sector derivado: condiciona el acceso al procesamiento, incluso cuando la materia prima o la planta no se encuentran en China.

La extensión extraterritorial de las normas chinas de fabricación desplaza el canon hacia donde reside la ventaja actual: el suministro de materiales críticos. Hasta ahora reservada a Washington, la extraterritorialidad ya se aplica a las mercancías fabricadas fuera de China en cuanto incorporan materiales, procesos o propiedad intelectual chinos. El cumplimiento ya no depende únicamente del país exportador, sino también de la potencia fundamental del proceso. Sin embargo, este suministro alimenta precisamente las cadenas que impulsarán la economía de el futuro: semiconductores, inteligencia artificial, electrificación, defensa de alta intensidad, todas ellas con uso intensivo de materias primas estratégicas.

Al autorizar el acceso a sus productos químicos, separaciones y aleaciones, Pekín no impone un embargo: controla el ritmo, puede aplazar o autorizar según sus prioridades y obliga a empresas y estados a vivir en la era de la extraterritorialidad de las normas chinas. Es un factor determinante en la velocidad de equipamiento de las fábricas occidentales y, por lo tanto, en el ritmo de adopción de tecnologías que definirán la futura ventaja competitiva en los mercados mundiales.

La escalada arancelaria anunciada por Trump de hasta el 100 por cien sobre ciertos productos chinos recuerda que Washington cuenta con un arma importante: la profundidad de su mercado interior. Pero frente a una China cuya fuerza exportadora abarca amplias áreas del suministro mundial, el arma aduanera tiene un coste político inmediato: presión inflacionaria en Estados Unidos y mayores costes en la cadena de suministro. Además, tras blandir la amenaza, la Casa Blanca reabrió rápidamente el canal político con una cumbre con Xi Jinping, una señal de que la coerción pura no basta y de que la ecuación también implica gestionar las interdependencias.

Estamos en plena guerra económica. Estados Unidos consolida su ventaja a través de la energía, los mercados y la fuerza normativa; China consolida su ventaja a través de los materiales, la transformación industrial y, ahora, la exportación de su propia fuerza normativa. Como hemos expuesto en entradas anteriores, la normalización es una herramienta del capital monopolista moderno porque las grandes empresas fabrican para un mercado mundial. Cualquiera que sea el lugar en el que una fábrica se instale, los procesos de producción derivan de un canon que llega de fuera.

El lucrativo negocio de la guerra permanente

El complejo militar industrial estadounidense sigue siendo una fuerza dominante en la política y la economía mundial. No solo ha persistido, sino que ha evolucionado hacia una red económica de empuje colosal, cuyas dinámicas incentivan las guerras permanentes, a menudo enmascaradas con pretextos “humanitarios” que ocultan devastadoras pérdidas por muertes, desapareciones y mutilaciones.

La industria de guerra es un pilar indispensable de la economía estadounidense. El presupuesto del Pentágono ronda los 850.000 millones de dólares, una cifra que puede alcanzar el billón de dólares si se incluyen las partidas para las guerras en curso. Supone más del 3 por cien del PIB nacional, superando los presupuestos de defensa combinados de los diez países siguientes.

Este gigantesco flujo de dinero sustenta un vasto entramado. El sector aeroespacial y de defensa emplea directamente a más de 1,1 millones de trabajadores, una cifra que se eleva a más de 2,2 millones si se consideran los empleos indirectos de la cadena de suministro. Monopolios gigantes como Lockheed Martin, Boeing y Raytheon (RTX) dominan el mercado, con ingresos anuales que superan colectivamente los 150.000 millones de dólares, garantizados en gran medida por adjudicaciones públicas.

Esta influencia se extiende más allá de la economía productiva. Los grupos de presión del sector han invertido más de 150 millones de dólares en contribuciones políticas en las últimas dos décadas, creando un círculo vicioso: las empresas de defensa financian campañas y equipos de análisis que abogan por políticas exteriores agresivas, lo que a su vez perpetúa la demanda de armamento.

El negocio depende de la guerra. Sin guerras o amenazas, reales e inventadas, la demanda de armas disminuye, poniendo en riesgo beneficios y puestos de trabajo. Desde 1991 Estados Unidos ha iniciado al menos 251 intervenciones militares.

Estas operaciones no son gratuitas; generan contratos masivos. Solo las guerras posteriores al 11-S (en Irak y Afganistán) tuvieron un coste superior a los 8 billones de dólares, un derroche de dinero que impulsó las ventas de armas y enriqueció a los contratistas privados. La dinámica crea un interés económico perverso en el mantenimiento de un estado de guerra permanente, que sirve para justificar constantes aumentos del presupuesto de defensa.

La retórica que acompaña a estas guerras son siempre parecidas, una moralina repugnante. Un caso emblemático es el de las sanciones contra Irak en la década de los noventa. Impuestas para contener a Saddam Hussein, resultaron en la muerte de aproximadamente 500.000 niños irakíes menores de cinco años, según estudios de la ONU, debido a la malnutrición y enfermedades previsibles.

En 1996, la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright, interrogada sobre esta sangría en el programa “60 Minutes”, afirmó que “mereció la pena”. Esta declaración ilustra la frialdad con la que pueden sacrificarse vidas humanas en aras de objetivos geopolíticos y los intereses de la industria de guerra.

Intervenciones similares, como las de Kosovo (1999) o Libia (2011), presentadas como protectoras de la población civil, han desembocado con frecuencia en inestabilidades prolongadas que, a su vez, abren nuevos mercados para el armamento estadounidense. El complejo militar industrial se beneficia del caos que ayuda a crear, un ciclo vicioso con consecuencias devastadoras para millones de personas.

La guerra económica entre Estados Unidos y China entra en una nueva etapa

La guerra económica entre Estados Unidos y China, las dos economías más grandes del mundo, se ha intensificado nuevamente solo unas semanas antes de la cumbre entre Trump y Xi Jinping.

Trump anunció aranceles del cien por cien sobre las importaciones de China, pero solo a partir del 1 de noviembre. El motivo que alega es el endurecimiento de los controles de exportación de metales y minerales de tierras raras por parte de China, que son críticos para Estados Unidos (1). Pekín quiere demostrar que puede apostar tan fuerte como Washington.

El gobierno chino ha endurecido los controles de exportación de metales de tierras raras e imanes. Pekín, que controla alrededor del 60 por ciento de la minería de metales de tierras raras y el 90 por ciento del mercado de imanes de neodimio, que son esenciales para las industrias de alta tecnología y el complejo militar-industrial, ha cerrado efectivamente el acceso de Occidente a esos minerales.

Cualquier producción que utilice tecnologías o componentes chinos ahora se debe negociar con Pekín. Ya no es posible comprar imanes en China, usarlos en el ensamblaje de generadores y luego vender el producto a los militares. Toda la cadena de suministro, hasta el producto final, debe ser aprobada por el gobierno chino, que pretende bloquear a las empresas del complejo militar-industrial occidental.

En respuesta, Trump anunció, a partir del 1 de noviembre, aranceles adicionales del cien por cien sobre todas las mercancías chinas, así como controles de exportación de programas informáticos críticos. Calificó las acciones de China como una “vergüenza moral” y “sin precedentes” en el comercio internacional, a pesar de que fue quien desató la guerra comercial, con sus agresivas políticas proteccionistas.

Este golpe inesperado sacudió los mercados financieros mundiales. El índice S&P500 perdió un 2,7 por cien el viernes, la mayor caída en un día desde abril, cuando los anuncios de Trump sobre aumentos de aranceles empezaron a agitar las bolsas mundiales. El Nasdaq cayó un 3,5 por cien. El bitcoin y otras criptomonedas se han desplomado un 13 y hasta un 80 por cien, respectivamente. Las bolsas ya han perdido decenas de miles de millones de dólares, y es solo el comienzo.

El domingo, el Ministerio de Comercio de China calificó el mensaje de Trump de “hipócrita” (2). Como ejemplos citaron la inclusión de empresas chinas en la lista negra de Washington y la introducción de tarifas portuarias para los barcos chinos. El gobierno de Pekín ha defendido sus restricciones a la exportación de tierras raras, explicando la medida por las preocupaciones sobre el uso militar de esa materia prima.

Sin embargo, ambas partes han dejado un margen de maniobra. Trump dijo que no había cancelado la reunión planeada con Xi Jinping en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), pero expresó dudas sobre si se llevaría a cabo, vinculándola directamente con la voluntad de Pekín de hacer concesiones.

La situación se ha tensado precisamente cuando todos esperaban la relajación, poniendo en duda incluso la posibilidad de una negociación. El New York Times analiza las restricciones a la exportación de Pekín y concluye que podrían provocar interrupciones en el suministro de los fabricantes de armas, así como de las empresas de las industrias de semiconductores, automotriz y otras (3).

Estados Unidos y Europa pueden no ser los únicos que sufran la nueva política comercial de China. Las nuevas reglas, que entrarán en vigor gradualmente el 8 de noviembre y el 1 de diciembre, se aplicarán en todo el mundo. La influencia de China sobre sectores productivos críticos podría intensificarse significativamente en el futuro.

(1) https://truthsocial.com/@realDonaldTrump/posts/115351840469973590
(2) https://www.reuters.com/world/china/china-says-its-rare-earth-export-controls-are-legitimate-2025-10-12/
(3) https://www.nytimes.com/2025/10/12/business/china-rare-earth-export-controls.html

La burbuja de la inteligencia artificial es lo que sostiene a la bolsa estadounidense

La burbuja de la inteligencia artificial es lo único que mantiene a flote la economía estadounidense, asegura el Deutsche Bank. Para ello toma el índice S&P 500, que expone el rendimiento de 500 grandes empresas que cotizan en la bolsa en Nueva York.

Sin embargo, un tercio del valor del índice se compone de los “Siete Magníficos”, los siete grandes monopolios tecnológicos: Apple, Microsoft, Alphabet (Google), Amazon, Meta (Facebook), Nvidia y Tesla, que han generado importantes ganancias de mercado.

Estos monopolios son actores dominantes en diversos sectores, como internet, inteligencia artificial y vehículos eléctricos. Ellos impulsan el crecimiento de la mayor bolsa del mundo.

Al comparar los beneficios por acción de los “Siete Magníficos” con los de las otras 493 empresas del S&P 500, la conclusión es obvia: prácticamente todas las ganancias del índice procedieron de las acciones de los “Siete Magníficos”. Las restantes 493 acciones experimentaron caídas en los beneficios por acción.

La burbuja de la inteligencia artificial no es solo una moda pasajera. Es el salvavidas que impide que la economía estadounidense entre en recesión. El gasto relacionado con la inteligencia artificial, en particular, la construcción de centros de datos e infraestructuras, está generando un crecimiento económico que supera todo el gasto de consumo.

Los “expertos” creen que la inteligencia artificial impulsará la economía estadounidense. Los demás piensan que va a ser su ruina.

Estados Unidos prohíbe que las aerolíneas chinas sobrevuelen el espacio aéreo de Rusia

Ayer fue el peor dia para Wall Street desde abril. El índice S&P 500 cayó un 2.7 por cien, el Dow Jones Industrial bajó un 1,9 por cien y el Nasdaq perió 3.6 por cien. Los “expertos” hablan del continuo empeoramiento de las relaciones con todo el mundo, pero especialmente con China. El encuentro previsto entre Trump y Xi Jinping se ha suspendido.

Cada día Estados Unidos tensa la cuerda con China un poco más. Las amenazas de Trump de subir los aranceles al país asiático suenan cada día, a pesar de que ambos países están negociando sobre diversos temas, como el control de exportaciones de minerales de tierras raras y una posible venta de hasta 500 aviones de Boeing a Pekín.

El gobierno de Trump no se conforma con nada. La última oferta de Xi Jinping ha sido subirse al mismo tren que Japón: a cambio de bajar los aranceles prometen realizar importantes inversiones en Estados Unidos.

Pero en Washington dan cada vez más muestras de desesperación. No se paran ante nada. La última medida se aprobó el jueves y consiste en impedir que las aerolíneas chinas que operan vuelos entre Estados Unidos y China que sobrevuelen el espacio aéreo de Rusia. El pretexto principal expuesto por el gobierno de Trump es la existencia de una ventaja competitiva desleal que disfrutan las aerolíneas chinas al poder tomar rutas más cortas y baratas a través de Rusia, mientras que las aerolíneas estadounidenses están obligadas a desviarse por otras más largas debido a la prohibición de Moscú.

Esta situación ha causado “efectos competitivos adversos sustanciales” en la industria aeronáutica estadounidense.

Trump ha propuesto una medida significativa que busca prohibir a las aerolíneas chinas que operan vuelos entre Estados Unidos y China utilizar el espacio aéreo de Rusia. Esta acción, anunciada por el Ministerio de Transportes de Estados Unidos, representa un intento directo de abordar lo que Washington considera una desigualdad competitiva en el mercado de la aviación transpacífica.

Si se acaba imponiendo, la restricción obligaría a las aerolíneas chinas a modificar sus rutas actuales, que actualmente aprovechan el corredor aéreo ruso para acortar los tiempos de vuelo y reducir costos, lo que les otorga una ventaja sobre sus competidores estadounidenses.

La prohibición afecta a siete aerolíneas chinas, incluyendo Air China, Beijing Capital Airlines, China Eastern Airlines, China Southern Airlines, Hainan Airlines, Sichuan Airlines y Xiamen Airlines.

La propuesta establece un plazo de dos días para que las aerolíneas chinas presenten sus objeciones o comentarios, y una orden final podría entrar en vigor el mes que viene. La restricción no se aplicaría a los vuelos de carga, ya que el Ministerio de Transportes considera que estos operan en un campo de juego competitivo distinto.

La medida no menciona explícitamente a Cathay Pacific, una aerolínea con sede en Hong Kong, que también utiliza el espacio aéreo ruso para su ruta entre Nueva York y Hong Kong, lo que sugiere que su alcance podría estar limitado a las aerolíneas de China continental.

La propuesta del Ministerio de Transportes de Estados Unidos también incluye una exención importante para los vuelos de carga, lo que indica que la medida está diseñada para abordar específicamente la competencia en el sector de pasajeros.

La prohibición no es una decisión inmediata, sino que se ha abierto un período de consulta de dos días para que las aerolíneas chinas afectadas puedan presentar sus objeciones.

La batalla por las fuentes de abastecimiento de minerales críticos

En junio los cabecillas del G7 y la Unión Europea se reunieron en Kananaskis (Canadá) para desarrollar un programa conjunto que garantice el futuro de los minerales críticos. El Plan de Acción de Minerales Críticos, un marco para garantizar cadenas de suministro sólidas, se presentó al final de la cumbre de tres días. Los participantes también acordaron implementar políticas estratégicas, como precios mínimos y compras conjuntas, para reducir la dependencia de China, que representa más del 70 por cien de la minería mundial de tierras raras.

Este cambio representa una oportunidad significativa para países como Arabia Saudí, Marruecos, Egipto y Turquía, que cuentan con importantes reservas de minerales críticos y crecientes planes industriales, para fortalecer su papel en las cadenas de suministro mundiales y posicionarse como centros regionales de minerales críticos.

Marruecos, que posee alrededor del 70 por cien de las reservas mundiales de fosfato, es un eslabón avanzado en la cadena de suministro mundial de vehículos eléctricos. Además de su posición dominante en la producción de cobalto, Marruecos está atrayendo a importantes socios asiáticos. La empresa chino-marroquí COBCO inició la producción de materiales para baterías de vehículos eléctricos en junio. La empresa taiwanesa Aleees anunció el mes pasado la construcción de una planta de cátodos de fosfato de hierro y litio. La empresa china Gotion High-Tech está desarrollando actualmente una fábrica gigantesca de baterías cerca de Kenitra (Marruecos), cuya producción se espera que comience en 2026.

Mientras tanto, Egipto está expandiendo sus sectores de fosfato y potasa, con un aumento de la producción de mineral de fosfato de 11 a 16 millones de toneladas entre julio de 2024 y abril de 2025. Su objetivo es que su sector minero contribuya con el 6 por cien del producto interior bruto para 2030. El Cairo también está promoviendo alianzas estratégicas en el sector, como el acuerdo firmado en julio con la empresa saudí Al Haitham Mining para construir una planta de ácido fosfórico y el acuerdo con la empresa china Asia-Potash para explorar nuevas reservas.

A esto se suma Turquía, que posee el 73 por cien de las reservas mundiales de boro. Además, el descubrimiento en 2022 del segundo yacimiento de tierras raras más grande del mundo en Beylikova ha fortalecido la posición de Ankara en los sectores de alta tecnología. Para equilibrar sus vínculos entre Pekín y Washington, Turquía firmó un memorando de entendimiento minero con China en 2024 y se unió a la Alianza de Seguridad Mineral, encabezada por Estados Unidos.

Arabia Saudí también tiene planes ambiciosos en este sector. El Reino posee reservas minerales cruciales valoradas en aproximadamente 2,5 billones de dólares. El Escudo Arábigo, una formación geológica que abarca más de 600.000 km² y contiene al menos 48 minerales, es el núcleo de sus esfuerzos de exploración. Por ello, Arabia Saudí está desarrollando un centro de procesamiento de tierras raras para diversificar su economía y realizar la transición hacia energías limpias.

La minería es el tercer pilar de la economía saudí. El Ministerio de Industria y Recursos Minerales se ha comprometido a invertir 100.000 millones de dólares para 2035. El gasto en exploración ha crecido a una tasa anual del 32  por cien y las alianzas con diversas potencias internacionales siguen expandiéndose, lo que refleja el compromiso de Riad de transformar a largo plazo su sector minero en una gran fuente de aprovisionamiento.

El establecimiento de alianzas estratégicas es fundamental. MP Materials, con sede en Estados Unidos, y Maaden, la empresa minera de Arabia Saudí, firmaron un memorando de entendimiento en mayo para construir conjuntamente una cadena local de suministros, desde la minería hasta la producción de imanes, utilizando la energía renovable del país para su procesamiento. Para posicionar a Arabia Saudí como un actor clave en la cadena de suministro de litio, Maaden y Aramco planean establecer una empresa conjunta con el objetivo de producir litio comercial a partir de salmueras de yacimientos petrolíferos para 2027.

A medida que estos países intensifican sus esfuerzos para fortalecer su posición en la competencia mundial por los minerales críticos, Emiratos Árabes Unidos ofrece un caso de estudio particularmente ilustrativo de cómo un país con recursos minerales limitados puede, no obstante, ejercer influencia en esta competencia mundial, en particular mediante inversiones y proyectos mineros en África. Se estima que África posee el 30 por cien de las reservas mundiales probadas de minerales críticos, lo que la convierte en un centro estratégico para la expansión de los EAU.

Las empresas emiratíes han incrementado significativamente su presencia en el sector minero africano, con inversiones que totalizan más de 110.000 millones de dólares entre 2019 y 2023. La Empresa Nacional de Petróleo de Abu Dabi, que posee una participación del 10 por cien en la cuenca de gas de Rovuma, en Mozambique, es un excelente ejemplo. Además, Alpha MBM, con sede en Dubai, ha sido contratada para construir la primera refinería de petróleo de Uganda, un importante proyecto valorado en 4.000 millones de dólares.

Emiratos está fortaleciendo constantemente su papel en el sector minero de África, en medio de la creciente competencia con otros países. Su estrategia se extiende más allá de la minería e incluye inversiones portuarias en corredores marítimos clave, participaciones en proyectos energéticos que abarcan desde petróleo y gas hasta energías renovables, y el establecimiento de alianzas de seguridad en regiones estratégicamente cruciales como el Cuerno de África y el Sahel.

Lo que está surgiendo en Oriente Medio y el norte de África es un importante enfrentamiento político, en el que varios países de la región compiten por apoderarse del mercado de los minerales críticos. Esos minerales se han convertido en la nueva moneda de cambio. Países como Arabia Saudí, Marruecos, Turquía y Egipto se perfilan como cabeceros en el creciente interés de la región por los recursos del subsuelo.

Sin embargo, la carrera por los minerales críticos no se limita a asegurar los recursos. También se trata de forjar el futuro de la energía y las nuevas tecnologías. En este contexto, el éxito de la región de Oriente Medio y norte de África dependerá de su capacidad para forjar alianzas duraderas.

La onza de oro supera por primera vez el umbral de los 4.000 dólares

Ayer la onza de oro superó por primera vez el umbral de los 4.000 dólares en Nueva York. Desde principios de año, el oro ha subido más del 50 por cien, un aumento espectacular.

Si el oro es, como dicen, un valor “refugio”, no cabe duda que el capital está corriendo a esconderse de los malos tiempos que se avecinan. El máximo histórico es consecuencia de las profundas convulsiones del capitalismo actual.

Marca el fin del dólar y la deuda estadounidense, dos pilares del sistema financiero internacional desde 1945. Es tanto como decir que Estados Unidos se hunde irremediablemente y que sus intentos de salir a flote resultan estériles. La deuda ha obligado al gobierno de Estados Unidos a bajar la persiana y cerrar las oficinas públicas.

También es una señal de la fragmentación de los mercados mundiales, donde los países emergentes, encabezados por China, buscan distanciarse de Estados Unidos. La fragmentación económica corre paralela con la política y su secuela de guerras en Europa y Oriente Medio, con crecientes pulsos comerciales entre Estados Unidos y China.

Francia es otro país caracteristico al borde del abismo, endeudado e incapaz de formar gobierno. En 2022 Macron se propuso “arrasar” a Rusia por destar la guerra en Ucrania y han acabado siendo arrasados. En África los echan a patadas, literalmente.

Después del robo de los activos rusos en Europa, los países emergentes ya no se fían y han añadido más de 1.000 toneladas de oro a sus reservas durante tres años consecutivos, en comparación con un promedio de menos de 500 toneladas durante la década anterior.

Un país vapuleado como China aún posee cantidades significativas de bonos del Tesoro estadounidense; el oro representa menos del 5 por cien de sus reservas.

El oro no es el único metal que se beneficia del pánico generalizado. Aunque aún no ha roto su récord de 2011, la plata ha ganado casi un 70 por cien desde principios de año y ahora se cotiza a 48,40 dólares la onza.

Un prototipo de capital financiero a la deriva: Japón

Desde los años noventa, Japón ha sido uno de los prototipos de capital financiero internacional. Para superar la profunda crisis de superproducción, permitió tipos de interés cercanos a cero. Era dinero fácil y negocio seguro.

Fue un verdadero grifo de liquidez para el capital financiero, que invirtió en todo el mundo para obtener gigantescoos beneficios. Durante 30 años ese dinero tapó muchos agujeros. Financió los déficits de todos los países, en particular los de Estados Unidos y Europa.

Ahora los tipos de interés a 30 años han subido al 3,32 por cien y aquel modelo de negocio especulativo se ha hundido. El último pilar de la arquitectura financiera posterior a la Guerra Fría se ha acabado.

El capital financiero japonés está dejando de exportar y comenzando a repatriarlo. La liquidez del mercado mundial se reduce en un momento en el que las necesidades de financiación son astronómicas en todo el mundo.

Los especuladores suspiran porque alguien tome el relevo y rompa las compuertas para compensar la retirada de Japón. El capital se ha acostumbrado al dinero fácil y reza porque vuelvan los viejos tiempos de los tipos de interés cero.

Morgan Stanley consagra al bitcoin como ‘oro digital’ en Wall Street

El gigante bancario Morgan Stanley, que gestiona más de 1,3 billones de dólares en activos, ha adoptado las criptomonedas como un entelequia apta para la especulación bursátil. En su último informe, el Comité Mundial de Inversiones del banco califica al bitcoin como un “activo raro, comparable al oro digital”, destacando su idoneidad para formar reservas de capital.

Ahora los asesores financieros de Morgan Stanley están autorizados a asignar criptomonedas a las carteras de sus clientes. Las asignaciones podrán variar entre el 2 y el 4 por cien según el perfil de riesgo de los especuladores, algo inédito para una institución de esta envergadura.

El informe especifica que las carteras de alto crecimiento podrán incluir hasta un 4 por cien de criptoactivos, mientras que las carteras equilibradas se limitarán al 2 por cien. Por otro lado, se invita a los clientes preocupados por la preservación de su capital o por la estabilidad de sus ingresos, a mantenerse alejados de esta clase de activos volátiles.

Esta iniciativa se enmarca en un contexto de creciente importancia de los activos digitales en los mercados tradicionales, apoyada por una política económica de apoyo a la especulación del gobierno de Trump.

Es un giro importante. La entrada del bitcoin en las carteras gestionadas por Wall Street podría acelerar su adopción mundial y fortalecer su papel como activo de especulación por derecho propio.

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