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Categoría: Economía (página 3 de 100)

‘Nuestro modelo se derrumba’

Las alegrías electorales duran justo hasta que se cierran las urnas y se cuentan los votos. Inmediatamente después la palabra más socorrida es decepción. Es lo que está ocurriendo en Alemania, donde crece la frustración por las políticas de austeridad de Friedrich Merz. Los indicadores económicos siguen siendo lamentables y cunde el descontento.

También entre los capitalistas. El martes le invitaron al canciller a participar en un congreso organizado en Berlín por la confederación de empresarios. Merz debería haberse sentido en su salsa, pero no…

Los augurios no son buenos. Desde principios de año Alemania ha importado más maquinaria de China de la que ha exportado. No hay precedentes. “La situación económica es crítica y nuestro modelo se está derrumbando”, advirtió Peter Leibinger, presidente de la Federación de Industrias Alemanas, en la radio pública alemana.

Tras dos años de recesión, se prevé que la economía alemana permanezca prácticamente estancada este año, atrapada entre el aumento de aranceles en Estados Unidos, la competencia china y el aumento del precio de los combustibles.

El Ministerio de Economía prevé un crecimiento del PIB del 1,3 por cien en 2026, gracias al enorme paquete de estímulos presupuestarios aprobados en primavera. La Cámara de Comercio e Industria es más pesimista: espera un crecimiento de tan solo el 0,7 por cien.

La industria de la máquina herramienta, que emplea a más de un millón de personas, ha perdido casi 20.000 empleos en seis meses, mientras que el sector automotriz eliminó más de 50.000 puestos en un año.

La industria química está experimentando su nivel de producción más bajo en treinta años.

Por supuesto que hay una excepción: la industria de guerra. El mundo se ha olvidado ya del III Reich y Alemania lo aprovecha para construir el mayor ejército de Europa. Pero por sí sola la guerra no puede compensar el declive del sector automotriz alemán. El mayor contratista militar de Alemania, Rheinmetall, genera 10.000 millones de euros en ingresos, que no es nada en comparación con los 325.000 millones de Volkswagen.

Un otoño lleno de reformas

Tras su victoria electoral, Merz anunció un “otoño de reformas” y ha reservado un fondo de 500.000 millones de euros para modernizar infraestructuras, permitiendo a las empresas amortizar hasta el 30  por cien de las inversiones en equipos entre 2025 y 2027.

Ha reducido los impuestos sobre la electricidad para las grandes empresas e introducirá una tarifa especial para la electricidad industrial. En materia de inmigración, ha reforzado los controles fronterizos.

Pero los capitalistas esperaban mucho más de un buitre de BlackRock como el nuevo canciller. El gran bocado está en los trabajadores y jubilados. Hay que ir limando los gastos sociales, las pensiones, la sanidad y los seguros de dependencia. La reforma de las prestaciones por desempleo no ha tenido el alcance esperado y la reducción del impuesto de sociedades no se materializará hasta 2028.

Basado en las exportaciones, el modelo económico alemán no es capaz de reinventarse. Nadie sabe con qué reemplazarlo. Es un callejón sin salida y por eso se habla tanto de la guerra contra Rusia. Es mejor olvidar todo lo demás.

La mayoría de los alemanes, el 58 por cien, ya están descontentos del nuevo gobierno, según una encuesta. Están hartos. “El descontento es generalizado, en todos los grupos de edad, independientemente del género o la afiliación política”, observa Hermann Binkert, del Instituto Insa.

Estados Unidos quiere controlar el gasoducto NordStream para sus propias necesidades

En noviembre del año pasado anunciamos que el especulador estadounidense Stephen P. Lynch quería comprar el gasoducto NordStream, si salía a subastaba en el juicio que se iba a iniciar en Suiza contra el operador por quiebra.

En mayo el tribunal suizo aprobó la venta. Una empresa, Pyrit Energy AG, quiere adquirirla, según ha anunciado su director, Ralph Niemeyer, quien ha afirmado que su oferta es la mejor solución y que ha negociado la transacción con el director de Gazprom, Alexei Miller.

Aunque no esté en funcionamiento, el interés por el gasoducto crece por momentos. Pyrit cuenta con obtener la aprobación de los 27 para transportar el gas ruso, a pesar de que en octubre el Consejo de la Unión Europea aprobó un plan para bloquear las importaciones de combustible ruso. El acuerdo se ejecuta a través de Dubai, el centro mundial de compensación de hidrocarburos.

No es una casualidad que repentinamente la policía alemana emitiera órdenes de detención contra tres saboteadores del servicio secreto ucraniano y cuatro buzos militares por la voladura del gasoducto.

El humor ha cambiado y hasta en Polonia se escuchan afirmaciones muy sorprendentes. El exministro de Asuntos Exteriores, Jacek Chaputowicz, declaró que la mejora de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Rusia podría conducir a la reconstrucción del NordStream. “Los europeos comprarán ese gas. Creo que nosotros también. Porque simplemente será legalizado por Estados Unidos, nuestro principal aliado”, declaró Chaputowicz a la radio RMF24.

Quizás ya esté todo en marcha. Este verano Lynch, que es un estrecho colaborador de Trump, pagó la deuda de las operadoras del NordStream a sus acreedores. Lynch también intenta comprar el gasoducto, pero cuidado; el plan es muy diferente: no se trata de transportar gas ruso a Europa. Hay quien cree que lo que pretende Estados Unidos es impedir el acceso de China al gasoducto.

Por supuesto, las operaciones de Lynch están vinculadas a un acuerdo de paz en Ucrania. Pero el gasoducto interesa en cualquier circunstancia… también a Estados Unidos, que no tiene suficiente combustible para poner en marcha los centros de datos de la inteligencia artificial.

Aunque Estados Unidos es el principal productor mundial de gas, con un billón de metros cúbicos, el consumo interno y México devoran 900.000 millones de metros cúbicos. En otras palabras, las gigantescas inversiones previstas para la inteligencia artificial en Estados Unidos también dependen… del gas ruso.

Para que lo entiendan los “genios” de Bruselas: el paquete número 19 de sanciones contra es una estupidez; los intentos de bloquear las exportaciones de gas ruso están condenadas al fracaso. La única duda es si la tubería llegará a Alemania o dejarán pasar otra oportunidad.

Seguimos a la expectativa: la empresa que operaba el gasoducto NordStream era mitad rusa y mitad alemana; ahora veremos si la empresa que lo compre será mitad rusa y mitad estadounidense, es decir, si Europa vuelve a quedarse fuera de juego.

China se ha convertido en el principal acreedor del mundo capitalista

China, el mayor acreedor del mundo, ha redirigido sus préstamos hacia países ricos y tecnologías sensibles. Ningún país ha atraído tanto crédito chino como Estados Unidos desde el cambio de siglo, con 21.000 millones de dólares.

Los bancos públicos chinos han otorgado 2,2 billones de dólares en préstamos y subvenciones en todo el mundo desde 2000, según un amplio estudio realizado por AidData, un laboratorio de investigación de la Universidad William & Mary de Londres, que movilizó a más de 140 analistas durante tres años (1).

“El tamaño total de la cartera china es de dos a cuatro veces mayor que las estimaciones publicadas anteriormente”, señala Bradley Parks, director de la investigación. Eso convierte a China en el mayor acreedor del mundo, “una posición que nadie puede permitirse distanciar ni alterar”, afirma Brooke Escobar, coautora del informe.

Los préstamos chinos no van dirigidos a los países en desarrollo. La mayoría están orientados a países de altos ingresos. Entre 2000 y 2023 los bancos públicos chinos otorgaron 943.000 millones de dólares en préstamos a 72 países de altos ingresos. Solo los préstamos otorgados en el marco de la Nueva Ruta de la Seda representan alrededor del 20 por cien del total. Pekín ha centrado progresivamente sus esfuerzos en los países ricos, especialmente después de 2015 y del plan estratégico “Hecho en China 2025”.

“No todos estos préstamos responden necesariamente a un gran plan geopolítico”, explica Parks. Sin embargo, muchos préstamos chinos han financiado la construcción de infraestructuras esenciales o han permitido la adquisición de empresas tecnológicas estadounidenses por parte de empresas chinas.

Estados Unidos está a a cabeza de los deudores

Más de 200 000 millones de dólares en préstamos han llegado a Estados Unidos, más que a cualquier otro país del mundo. “Es un descubrimiento extraordinario, dado que Estados Unidos ha pasado la mayor parte de la última década advirtiendo a otros países sobre los peligros de una exposición significativa a la deuda china y acusando a China de practicar la diplomacia de la trampa de la deuda”, afirma Parks.

Los préstamos se han utilizado para impulsar el flujo de caja de numerosas empresas estadounidenses, como Amazon, Tesla, Ford y Boeing. Por ejemplo, el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC) también contribuyó con 107 millones de dólares a un préstamo otorgado a The Walt Disney Company en 2020. El dinero público chino es particularmente abundante en proyectos de infraestructura de gas natural licuado (GNL) en Texas y Luisiana, pero también en gasoductos, centros de datos en Virginia y los aeropuertos de Los Ángeles y Nueva York.

“Una gran parte de los préstamos otorgados a países ricos se centra en infraestructuras críticas, minerales críticos y la adquisición de activos de alta tecnología, como empresas de semiconductores”, explica Brad Parks.

Entre las economías avanzadas, aquellas con mercados de capital más abiertos, flexibles y bien gobernados han sido históricamente las más propensas a absorber la mayor parte del reciclaje del excedente de ahorro de China, y esto se refiere principalmente a Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia.

Las deudas de los países europeos hacia China

La Unión Europea también se beneficia de los préstamos públicos chinos: 161.000 millones de dólares para 1.800 proyectos desde el año 2000. El mayor beneficiario es Alemania, aunque Reino Unido ocupa el primero lugar entre los países europeos beneficiados por los préstamos chinos: 60.000 millones de dólares).

Una parte del dinero ha ayudado a los fabricantes chinos a adquirir tecnologías clave, citando el ejemplo de Imagination, una empresa de diseño de semiconductores adquirida en 2017 por un fondo de inversión (Canyon Bridge Fund), entonces con sede en California, pero propiedad de entidades públicas chinas (2).

Portugal también se ha visto especialmente favorecido por los préstamos públicos chinos (11.600 millones de euros, más que Países Bajos). Los bancos financiaron, en particular, a EDP, el operador de la red de transmisión eléctrica del país, privatizado en 2011 en medio de una crisis presupuestaria y cuyo mayor accionista es ahora una empresa pública china (China Three Gorges).

El gobierno portugués busca activamente la colaboración con China. Según datos del Banco de Portugal, la inversión directa china en Portugal aumentó un 9,3 por cien en 2024, alcanzando la cifra récord de 3.960 millones de euros, lo que representa un incremento de 4,5 veces en diez años.

(1) https://www.aiddata.org/blog/chinas-massive-overseas-lending-portfolio-shifts-course
(2) https://www.bbc.com/news/articles/cvgmy5d7k84o

La guerra es un negocio pero la paz también puede ser una fuente de grandes beneficios

El plan de paz de Trump no solo busca poner fin a la guerra en Ucrania. También abre una batalla económica para la posguerra. Incluye un mecanismo que otorga a Estados Unidos un papel central en la reconstrucción del país, con un acuerdo de reparto de beneficios que se presenta muy favorable para Washington. Esta dimensión económica está atrayendo tanta atención como las cláusulas militares y territoriales del plan.

El texto menciona la creación de un fondo de inversión dedicado a la reconstrucción, financiado con una parte de los activos rusos embargados. La cantidad mencionada asciende a aproximadamente 100.000 millones de euros. El plan consiste en utilizar esos fondos como palanca inicial para atraer capital privado y lanzar proyectos de infraestructuras, vivienda y recuperación industrial.

La prioridad son las empresas estadounidenses. El plan prevé que capten hasta la mitad de los beneficios generados por los proyectos de reconstrucción. Esta fórmula de financiación establecería una relación económica duradera entre la Ucrania de la posguerra y Estados Unidos, que se extendería más allá de la ayuda militar actual.

El plan se asemeja a una clásica asociación de reconstrucción e inversión, pero con una diferencia clave: se basaría en los recursos rusos en el extranjero. El documento aún no especifica el marco legal completo ni las condiciones para supervisar estos flujos, lo que deja abierta la cuestión de su viabilidad práctica y los posibles desafíos internacionales.

En sus declaraciones previas sobre la guerra en Ucrania, Trump ya había planteado la idea de un plan de reconstrucción dirigido por Estados Unidos. Presentó ese componente como una forma de estabilizar el país tras un alto el fuego y garantizar el retorno de la inversión realizada. La propuesta sirvió de base para su programa de una solución rápida, que combinaría el cese de las hostilidades con la recuperación económica bajo la supervisión estadounidense.

El componente diplomático del plan se basaría en varios puntos. Varias disposiciones implican concesiones significativas por parte de Ucrania. El documento estipularía, en particular, que Kiev ceda territorio adicional a Rusia, incluyendo áreas que actualmente no están totalmente bajo control ruso.

Otro punto importante es que Ucrania no se va a unir a la OTAN. El plan estipularía el compromiso de la Alianza Atlántica de no integrar el país, lo que equivaldría a respaldar una neutralidad militar duradera.

El método de negociación también está generando controversia. El borrador fue elaborado por dirigentes estadounidenses y rusos, sin consulta formal previa con la Unión Europea ni Ucrania, a pesar de que se ven directamente afectadas por el acuerdo. Esta falta de consulta se presenta como una fuente de tensión con los socios de Washington.

El plan combina un componente de seguridad con consecuencias de gran alcance y una ambiciosa estrategia económica. Se apruebe o no, ya sitúa la reconstrucción de Ucrania en el centro de la dinámica. En futuras discusiones, la cuestión no solo será cómo detener la guerra, sino también quién financiará, quién decidirá y quién se sacará el mayor provecho de la paz.

El ejército ruso está a punto de capturar la mayor fábrica de Europa

La fábrica NKMZ es una de las joyas del primer plan quinquenal soviético. Fundada en 1934, encarna el modelo industrial de la URSS: grandes complejos industriales capaces de fabricar desde piezas fabriles hasta submarinos y satélites espaciales.

En 1945 contribuyó a la reconstrucción de la posguerra y posteriormente adquirió renombre mundial por sus gigantescas prensas hidráulicas.

La NKMZ se levantó en el Donbas, la región donde se forjó el poder industrial soviético. Antes de la guerra de 2022 representaba el 15 por cien del PIB de Ucrania. Es una de las mayores cuencas carboníferas de Europa, rica en hierro, manganeso y titanio. Las ciudades industriales del Donbas, como Donetsk y Kramatorsk, abastecían las centrales eléctricas, los ferrocarriles, los vehículos blindados y las exportaciones de la URSS y luego de Ucrania.

Hoy, la región es la retaguardia técnica e industrial del ejército ucraniano. La peor pesadilla para el gobierno de Kiev sería que los rusos tomaran NKMZ. A tan solo 70 kilómetros de Pokrovsk, en el frente de batalla, la fábrica es la mayor instalación de ingeniería pesada de Europa y suministra al ejército ucraniano municiones y vehículos blindados.

Hoy sigue siendo uno de los centros industriales más importantes de Ucrania. Capaz de producir desde turbinas hasta municiones, desempeña un papel clave en el mantenimiento del equipo militar ucraniano. Su captura por los rusos privaría a Kiev de un activo industrial estratégico y un símbolo.

La fábrica cuenta con la mayor instalación de ingeniería pesada de Europa. Alberga más de 500 máquinas herramientas y es capaz de producir prácticamente cualquier equipo que los fabricantes necesiten, desde piezas gigantescas hechas a medida para submarinos o centrales nucleares hasta laminadores.

Antes de la guerra, el complejo empleaba a 13.000 trabajadores. Los ucranianos producían prensas hidráulicas colosales, altos hornos, turbinas para la industria naval, sistemas de propulsión para rompehielos y componentes para los sectores aeroespacial, ferroviario y espacial. Era un centro de exportación que abastecía a más de 70 países y un eslabón fundamental del complejo militar-industrial ucraniano.

Desde el inicio de la guerra, Kiev decidió suspender temporalmente si actividad antes de nacionalizarla por decreto.

Los equipos de NKMZ puede utilizarse en el marco de la cooperación entre empresas del complejo militar-industrial para la producción de proyectiles de gran calibre, componentes de artillería (cañones) y sistemas de armas de artillería, en particular para responder con la mayor rapidez posible a la urgente necesidad de munición.

Hoy, casi un siglo después de su fundación, este coloso mecánico sigue en funcionamiento, satisfaciendo cualquier necesidad industrial. Reanudó parcialmente sus operaciones en octubre de 2023. Actualmente, emplea a 5.660 trabajadores. Desempeña un papel clave en el mantenimiento y la modernización del equipo militar ucraniano: fabrica proyectiles de gran calibre y repara vehículos blindados.

Sin esta planta, el ejército ucraniano perdería agilidad, ya que su proximidad al frente garantiza una respuesta rápida para apoyar a las tropas en caso de pérdida de equipo o necesidades urgentes de mantenimiento.

¿Es irreversible el hundimiento de la industria alemana?

La semana pasada el Financial Times publicó un reportaje bajo el siguiente titular: “¿Es posible revertir el declive de la industria alemana?” Un artículo tan prometedor no tenía respuesta porque tampoco tenía causas. El declive alemán era una maldición caída del cielo… o quizá desde Rusia.

Además, pronostican, es una situación temporal: se detendría pronto. La superación va a proceder de una campaña de inversiones procedente de deuda. Este año el impacto de la guerra comercial ha alcanzado su punto máximo y en 2026 habrá un crecimiento del 1,4 por cien, tras un modesto avance del 0,3 por cien este año.

Atribuir la recesión económica de Alemania a la guerra comercial situaría su origen en 2025, lo cual es absurdo. Sin embargo, el artículo también menciona, incidentalmente, un dato fundamental para invalidar su propio argumento: “El número de desempleados en Alemania ha aumentado en 37 de los 44 meses transcurridos desde febrero de 2022, alcanzando casi los 3 millones, su nivel más alto en 14 años”.

Empezar a contar desde 2022 tiene su truco y apunta la crítica hacia Rusia y la guerra, olvidando las sanciones (las directas y las indirectas). En febrero de 2022 Biden impone sanciones directas contra Rusia e indirectas contra Alemania, que importa grandes cantidades de mercancías (en particular, combustible) procedentes de Rusia.

Las sanciones indirectas contra países como Alemania han sido más importantes que las impuestas a Rusia directamente. Los países importadores se han visto gravemente perjudicados porque el combustible representa un gasto crítico no solo para los consumidores, sino especialmente para las industrias, que necesitan grandes cantidades de energía barata para ser competitivas en los mercados internacionales.

A diferencia de Europa, Estados Unidos puede garantizar su propio suministro energético que, ademáas, es más barato. Como consecuebcia de ello, las empresas europeas se trasladan a Estados Unidos. Biden instigó esta fuga europea de capitales.

Antes de la Guerra de Ucrania, el 5 de julio de 2019, una entrada de blog del CSIS (centro de estudios del Pentágono), titulaba con otra pregunta: “¿Cuánto cuesta el GNL [gas natural licuado] estadounidense en Europa?”, seguida por otra: “¿Puede el GNL [gas natural licuado] estadounidense competir con el gas ruso en Europa?”

Eran otras dos preguntas interesantes que también quedaban sin respuesta. La respuesta llegó el 25 de marzo de 2021, cuando en estudio alemán concluyó que Rusia era más competitiva que Estados Unidos, incluso en lo que respecta al suministro de gas licuado a Europa: “Las exportaciones de GNL de Qatar y Rusia son relativamente competitivas en Europa Occidental”, e incluso en las mejores condiciones, el gas licuado estadounidense “solo sustituye pequeños volúmenes de otros proveedores de GNL [gas natural licuado] en Europa Occidental”.

Las empresas alemanas pagan cuatro veces más por el gas que sus competidores estadounidenses. NordStream era barato y fiable en comparación con el gas licuado occidental.

Alemania va a entregar 12.000 millones de euros a Ucrania el año que viene. Quizá es porque a Berlín le sobra el dinero, o porque no tienen otra obsesión que tirarlo por la alcantarilla ucraniana.

Hasta el más inepto se da cuenta de que Alemania sólo tiene un interés: el fin de la guerra en Ucrania, la firma de un tratado de paz y un comercio mutuamente beneficioso con Rusia.

En Francia se cierran más empresas de las que se abren cada año

En los países europeos se habla mucho de reindustrialización, pero el número de empresas que cierran es mayor que las que abren. Es el caso de Francia, que ha implementado políticas de rendustrialización, aunque nadie habla de los motivos por los que se desindustrializó.

Este año, el segundo consecutivo, el número de cierres de fábricas supera al de aperturas. Entre enero y mediados de noviembre se abrieron 80 polígonos industriales y se ampliaron 57 fábricas. Durante el mismo periodo, 108 fábricas cerraron o están en riesgo de cierre (en liquidación o concurso de acreedores). Esto representa una pérdida neta de 28 fábricas.

Otra manera de decirlo es que hay más desinversión que inversión, una cifras negativas que son mayores teniendo en cuenta que una parte de esa inversión tiene su origen en el extranjero.

El pasado mes de octubre, el barómetro industrial del Ministerio de Economía señaló una “disminución significativa” en el balance entre aperturas y cierres de fábricas durante el primer semestre del año.

La Dirección General de Empresas (DGE), un departamento del Ministerio de Economía, registró 44 nuevas aperturas de plantas y 86 ampliaciones significativas durante el período, frente a 82 cierres de fábricas y 39 reducciones significativas. Esto arrojó un saldo neto positivo de +9, que, sin embargo, sería negativo si solo se consideraran las aperturas y los cierres.

El año pasado se produjo una ralentización en los propósitos de reindustrialización. En el primer semestre de este año, Francia continúa abriendo y ampliando más fábricas de las que cierra o reduce, pero la desaceleración persiste con un aumento neto de 9 aperturas y ampliaciones, una disminución significativa respecto al segundo semestre del año paado (+48).

Este indicador registró una disminución neta de 6 fábricas, cifra que se tornó positiva al incluir las transformaciones significativas de polígonos industriales existentes, alcanzando los +89 polígonos. No obstante, este último indicador representó la mitad del registrado en 2023.

“Francia trabaja para fortalecer las estrategias europeas comunes con el fin de preservar nuestros intereses industriales, nuestra independencia y nuestros empleos”, declaró el Ministerio de Economía, añadiendo que “el gobierno tiene la intención de continuar el esfuerzo nacional para promover la competitividad de nuestras empresas”.

Las promesas de reindustrialización, sin embargo, son más que dudosas. Solo el 32 por cien de los franceses cree que la recuperación va por buen camino, según una reciente encuesta. Los ingenieros son aún más pesimistas: solo el 16 por cien confía en la capacidad de Francia para reindustrializarse.

Reactivar la actividad industrial en Francia ha sido una prioridad durante los dos mandatos de Macron tras décadas de declive. La actividad industrial actualmente ronda el 10 por cien del producto interno bruto (PIB), frente al 17 por cien en 1995.

Este desplome también se observa en otras partes de Europa.

China ha ganado la batalla industrial a Estados Unidos

China es el país mundial cabecero en la industria. Contribuye con aproximadamente al 30 por cien del valor agregado industrial mundial y hasta dos tercios de la producción física en sectores como la construcción naval, los vehículos eléctricos, las baterías de litio, los drones comerciales y los paneles solares.

Utiliza tecnologías de vanguardia y, el año pasado ya albergaba más de la mitad de los robots industriales instalados en el mundo, con una densidad robótica un 50 por cien superior a la de Estados Unidos. Cuenta con más de 30.000 fábricas inteligentes, incluidas las “fábricas fantasma” autónomas que operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin personal ni iluminación. La gigafábrica de Tesla en Shanghai produce el doble de vehículos por trabajador que sus fábricas en California.

Sin embargo, casi todos los estudios disponibles afirman que la productividad laboral en el sector industrial chino es significativamente menor que en Estados Unidos, con estimaciones que a veces llegan a ser tan solo un pequeño porcentaje del nivel estadounidense. Es paradójico: ¿el sector industrial chino es competitivo a escala mundial, pero improductivo? ¿Es la eficiencia industrial de China una ilusión?

Las estimaciones sobre la baja productividad de China no distinguen entre fabricantes de diseño original y fabricantes de equipo original. Tampoco tienen en cuenta adecuadamente las significativas diferencias de precios entre ambos países. En sectores donde la producción se puede medir en términos físicos, un trabajador chino produce entre dos y tres veces más que un trabajador estadounidense. Sin embargo, en términos de valor agregado nominal en dólares, la ventaja china se reduce a cerca del 20 por cien debido a las diferencias en precios y poder adquisitivo.

Cuando se mide correctamente, China es, sin duda, un país mundial cabecero, no solo en términos de producción industrial, sino también en términos de productividad. Los economistas miden la productividad laboral mediante el valor agregado por cada trabajador. El valor agregado es el ingreso menos el costo del consumo intermedio. Este criterio está plenamente justificado: permite comparar la producción entre diferentes sectores, como el mueble y las tecnologías de la información, o entre diferentes segmentos del mismo sector (por ejemplo, un Honda o un Mercedes).

Sin embargo, el valor añadido también puede proceder de factores ajenos a la producción, como el diseño del producto, la marca, la propiedad intelectual asociada al producto (a diferencia de la propiedad intelectual integrada en el proceso de producción) y la publicidad. Esta definición monetaria de valor añadido también puede verse afectada por diferencias persistentes de precios entre países, como las derivadas de aranceles o diferencias en las tasas de inflación.

Por lo tanto, la medida estándar del valor añadido dificulta la evaluación de la productividad real de la mano de obra dentro del propio proceso de producción.

Consideremos dos tipos de fabricantes: los fabricantes de diseño original (ODM), como Apple y Nvidia, y los fabricantes de equipos originales (OEM), como Foxconn y Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC).

Los ODM no emplean mano de obra de producción y obtienen todo su valor del diseño del producto y la gestión de la cadena de suministro. Los OEM, en cambio, se centran en la producción física. Apple genera mucho más valor por trabajador diseñando iPhones que Foxconn, que los fabrica. Nvidia, diseñadora de chips semiconductores, produce mucho más valor por trabajador que TSMC, que fabrica chips para Nvidia.

¿Significa esto que Foxconn y TSMC son fabricantes ineficientes? No. Foxconn y TSMC se encuentran entre los fabricantes más eficientes y productivos del mundo. Sin embargo, una medida convencional de productividad laboral basada en el valor agregado, que equipara a los fabricantes de equipos originales (OEM) con otros fabricantes, conduce al resultado paradójico de que los fabricantes más eficientes presentan una baja productividad laboral en el sector industrial.

Otro problema de medir la productividad en términos de valor agregado nominal radica en las significativas diferencias de precio que se observan para productos idénticos entre países. Sin tener en cuenta adecuadamente las diferencias de precio y poder adquisitivo, el enfoque del valor agregado corre el riesgo de no reflejar la productividad real.

Los trabajadores chinos son dos  veces más productivos

Para evaluar mejor la productividad laboral real en el sector industrial, es necesario realizar comparaciones justas. Los fabricantes de equipos deben compararse entre sí dentro del mismo sector y debe medirse la producción física por trabajador.

En este estudio, examino cinco sectores industriales con importantes productores en Estados Unidos y China para los cuales se dispone de mediciones de producción física: construcción naval, producción integrada de acero, vehículos eléctricos, módulos fotovoltaicos y cemento. Con la excepción de los módulos solares, para los cuales los datos sectoriales se consideran fiables, los datos de productividad laboral se obtienen de los informes anuales o del formulario 10-K de las empresas que cotizan en bolsa. Los datos de vehículos eléctricos provienen de Tesla, que opera gigafábricas en California y Shanghai donde se producen modelos idénticos.

Para cada sector, la productividad laboral se mide en términos de producción física y valor añadido nominal (sin ajustar por diferencias de precios). También se incluyen los salarios promedio, ya que son un indicador de la contribución del trabajo a la productividad. Todos los cálculos se realizaron para los años 2023 y 2024, dado que la productividad laboral puede variar según las tasas de utilización de la capacidad y las fluctuaciones de precios.

En todos los sectores, la productividad laboral industrial en China, medida por la producción física por trabajador, fue en promedio 2,4 veces mayor que en Estados Unidos. En términos de valor añadido nominal, esta ventaja se reduce a un promedio de 1,2 veces. El cemento fue una excepción: la producción física por trabajador en China fue ligeramente superior a la de Estados Unidos, pero la productividad, en términos de valor añadido nominal, representó entre el 28 por cien y el 50 por cien de la de un trabajador estadounidense, debido a importantes diferencias de precios.

Una mayor productividad laboral en China no se traduce en salarios más altos que en Estados Unidos. Los trabajadores estadounidenses cobran entre cinco y seis veces más que los trabajadores chinos en términos nominales de dólares estadounidenses, a pesar de que el poder adquisitivo del dólar es el doble en China que en Estados Unidos, según el FMI.

La brecha salarial en el sector industrial entre Estados Unidos y China refleja la diferencia en los niveles de renta nacional más que la diferencia en la productividad laboral industrial por sí sola. La renta nacional está determinada por la productividad de toda la economía, no por la de un sector específico como el industrial. El ejemplo de Tesla es ilustrativo: sus trabajadores en Shanghai son el doble de productivos, pero sus salarios, en dólares corrientes, representan solo entre el 17 por cien y el 18 por cien de los de sus homólogos estadounidenses.

Los aranceles perjudican la productividad

Las barreras comerciales suelen mantener los precios nacionales por encima de los del mercado internacional al proteger a los productores locales de la competencia extranjera. Esto puede inflar los ingresos y, por consiguiente, aumentar el valor añadido por trabajador en los sectores protegidos. Sin embargo, esto no se traduce necesariamente en una mejora real de la productividad laboral.

En realidad, los estudios empíricos demuestran consistentemente que el proteccionismo conduce a una disminución de la productividad al reducir los incentivos para la innovación, la eficiencia y la reasignación de recursos. Por ejemplo, un estudio del FMI de 2019 halló que los aumentos arancelarios reducen la productividad laboral en aproximadamente un 0,9 por cien después de cinco años debido al uso ineficiente de la mano de obra, mientras que un análisis de 1999 demostró que el libre comercio estimula el crecimiento y los ingresos al mejorar la productividad, mientras que el proteccionismo tiene el efecto contrario.

Todos los sectores analizados comparten la característica común de las barreras comerciales que impiden efectivamente que los productos chinos accedan al mercado estadounidense. Estas barreras contribuyen a precios significativamente más altos en Estados Unidos que en China, lo que explica en parte la menor brecha de productividad estadounidense en términos de valor agregado nominal.

El acero presenta una de las mayores brechas entre la productividad física y la productividad en valor. Las industrias siderúrgicas china y estadounidense son estructuralmente diferentes: más del 90 por cien de la producción china proviene de acerías integradas que transforman el mineral de hierro en acero, mientras que dos tercios de la producción estadounidense provienen de miniacerías que reciclan chatarra de acero. Mis datos comparan únicamente acerías integradas.

Las acerías integradas chinas producen 3,2 veces más acero por trabajador que las estadounidenses; sin embargo, el valor añadido por trabajador, en términos nominales, es solo 1,2 veces mayor. Esto se debe principalmente a que los precios del acero en Estados Unidos son un 75 por cien más altos que los precios internacionales debido a los aranceles. Este proteccionismo ha disminuido progresivamente la eficiencia de la industria siderúrgica estadounidense: la producción de acero por hora trabajada en Estados Unidos ha disminuido un 32 por cien desde 2017. La situación es similar para el cemento, cuyo precio en Estados Unidos es de 148 dólares por tonelada, en comparación con los 55 dólares en China.

No sólo los aranceles impulsan el alza de los precios en Estados Unidos

Los vehículos eléctricos ofrecen un punto de comparación claro, ya que las gigafábricas de Tesla en Shanghai y California producen vehículos idénticos. El año pasado Shanghai había producido un millón de vehículos con 20.000 trabajadores, mientras que California había producido 464.000 con 22.000 trabajadores. Incluso en términos de valor añadido nominal, los trabajadores de Tesla en Shanghai eran el doble de productivos que sus homólogos estadounidenses. Esto a pesar de que los precios del Model 3 son entre un 24 por cien y un 32 por cien más bajos en China debido a la competencia de numerosos fabricantes de vehículos eléctricos, mientras que los vehículos eléctricos chinos están prácticamente prohibidos en el mercado estadounidense.

En el sector de los módulos solares, donde China domina el mercado mundial con una cuota de mercado del 80 por cien y una producción de energía 70 veces mayor que la de Estados Unidos, se proyectaba que la producción de energía por trabajador en China sería el doble que la de Estados Unidos el año pasado, en comparación con aproximadamente el triple en 2023. Sin embargo, el valor añadido nominal por trabajador disminuyó, pasando de ser aproximadamente 1,8 veces mayor en China a casi la paridad en 2024, lo que refleja una caída de precios del 60 por cien en China desde 2020 debido a la intensa competencia y la reducción de costes, y los altos precios en Estados Unidos debido a los aranceles y las subvenciones en virtud de la Ley de Reducción de la Inflación.

Además de los aranceles, otros factores estructurales de precios acentúan aún más la prima nominal de la producción industrial estadounidense. Las diferencias de precios de los productos manufacturados entre ambos países superan con creces el ajuste promedio del FMI para la paridad del poder adquisitivo, que estima que un dólar tiene el doble de poder adquisitivo en China que en Estados Unidos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los precios de los medicamentos suelen ser entre 3 y 10 veces más altos que en otros países, y en algunos casos, la diferencia es aún mayor. Loqtorzi, un fármaco contra el cáncer desarrollado por Shanghai Junshi Biosciences, cuesta 280 dólares por dosis en China, en comparación con los 8.892 dólares en Estados Unidos: una diferencia de 30 veces. El distribuidor estadounidense, Coherus, considerado fabricante, recibe el 80 por cien de esta diferencia, tras deducir un 20 por cien en concepto de licencia.

Los fabricantes sin fábricas

Otra fuente de confusión radica en que Apple y Nvidia, junto con muchas otras empresas estadounidenses, son “fabricantes de mercancías sin fábrica” (PGF), clasificadas como “fabricantes” por las estadísticas estadounidenses desde aproximadamente 2013. Entre el 30 por cien y el 40 por cien del valor añadido de la producción industrial estadounidense —entre 700 y 1 billón de dólares de un total de 2,9 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero, y las PGF representan entre el 12 por cien y el 15 por cien de este valor añadido, es decir, entre 348.000 y 435.000 millones de dólares. En contraste, menos del 5 por cien del valor añadido de la producción industrial china —entre 200.000 y 300.000 millones de dólares de un total de 4,7 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero.

Mientras Estados Unidos clasifica a las empresas industrials estadounidenses (PGF) como fabricantes, China no lo hace. La Oficina Nacional de Estadística de China prioriza la producción física en sus datos de manufactura, categorizando a las empresas según su producción tangible en las instalaciones que poseen u operan. Antes de 2013, las empresas industrials estadounidenses se clasificaban en los sectores mayorista o de servicios. Si Estados Unidos clasificara a sus empresas industrials del mismo modo que China, considerando únicamente la producción física nacional, el valor agregado del sector industrial estadounidense disminuiría entre un 30 por cien y un 40 por cien.

Es una de las principales razones por las que comparar el valor agregado total de la manufactura estadounidense, dividido por el número de trabajadores, con el de China es como comparar peras con manzanas. Simplemente, no son comparables.

La ventaja industrial de China es muy real

La eficiencia industrial de China no es una ilusión: en muchos sectores, sus trabajadores producen entre dos y tres veces más que sus homólogos estadounidenses. El hecho de que los salarios en el sector industrial chino sean un 80 por cien inferiores a los de Estados Unidos no refleja una menor productividad laboral. La confusión entre las actividades industriales y no industriaes, así como una consideración inadecuada de las diferencias de precios, explican los resultados contradictorios de los estudios anteriores.

La combinación de una mayor productividad industrial en China y salarios más altos en Estados Unidos incentiva a las empresas estadounidenses a trasladar su producción a China. Centrarse en el diseño, la propiedad intelectual, la marca y la publicidad, a la vez que se subcontrata la producción a los fabricantes más eficaces, representa una ventaja para Estados Unidos, no una debilidad.

Es improbable que las políticas de reindustrialización estadounidenses, como la presión ejercida sobre Apple para que ensamble los iPhones en Estados Unidos, tengan éxito, ya que contradicen poderosos factores económicos. De implementarse, estas políticas reducirían el ingreso nacional al relegar a los trabajadores estadounidenses a empleos menos productivos, generando así menos valor agregado que sus contrapartes extranjeras.

China está ascendiendo en la cadena de valor industrial, trasladando su producción de bajo valor agregado a países con salarios bajos, al igual que economías avanzadas como Estados Unidos y Japón. China ya produce más que Estados Unidos en sectores de alto valor agregado, lo cual sería imposible si su productividad industrial fuera baja. Está mejorando su eficiencia productiva mediante la adopción de la automatización y la industria 4.0, gracias a la inteligencia artificial.

Ambos países aspiran a mejores perspectivas para sus economías industriales. La perspectiva de China se basa en su fortaleza industrial. La reindustrialización estadounidense solo puede tener éxito a largo plazo si se centra en una producción de alto valor añadido y tecnología punta que no requiera proteccionismo comercial. La mundialización permite a ambos países maximizar sus ventajas comparativas. Una disociación conlleva el riesgo de obtener resultados económicos subóptimos para ambos, especialmente para Estados Unidos, que ha perdido la ventaja competitiva que antes ostentaba en el sector industrial.

Weijian Shan https://research.gavekal.com/article/unraveling-chinas-productivity-paradox/

Alemania quiere aumentar la edad de jubilación para pagar el rearme

Alemania está perdiendo fuerza de trabajo. Registró un número récord de empleos vacantes en el primer trimestre de este año, alcanzando la cifra sin precedentes de 1,74 millones de puestos de trabajo. Esta cifra es la más alta desde la reunificación hace 30 años.

Al mismo tiempo, también sufre una escasez récord de jóvenes. En julio solo el 10 por cien de la población tenía entre 15 y 24 años, en comparación con el 20 por cien de los mayores de 65 años.

La tasa de natalidad del país es demasiado baja para encontrar fuerza de trabajo.

Al problema demográfico se le suman otros dos: los países europeos no quieren emigrantes y, además, necesitan destinar el dinero de las pensiones al rearme. El capital tiene que reducir el número de jubilados y conseguir que cobren menos.

Uno de los remedios es elevar la edad de jubilación a 70 años. Actualmente, Alemania está elevando gradualmente la edad de jubilación de 65 a 67 años para quienes nacieron después de 1967; pero no es suficiente.

El presidente de la Federación de Asociaciones Empresariales Alemanas de las Industrias Metalúrgica y Eléctrica, Stefan Wolf, solicitó aumentar la edad de jubilación a principios de agosto.

En Alemania las pensiones se financian principalmente mediante el sistema de reparto, en el que la mayoría de los alemanes —excepto los funcionarios y los autónomos— cotizan al fondo estatal de pensiones, que se utiliza para financiar las pensiones de los jubilados.

Actualmente, los trabajadores aportan algo más del 9 por cien de sus ingresos mensuales al fondo. Esta cantidad es igualada por el patrono. Es un sistema que solo funciona si hay suficientes trabajadores activos que cotizan al fondo.

La OCDE prevé que la edad media de jubilación para una persona con empleo continuo aumentará a 66,1 años para los hombres y a 65,5 años para las mujeres.

‘Necesitamos a los emigrantes’

Pero las cuentas no salen. “Necesitamos la migración. Es fundamental que vengan suficientes personas del extranjero a trabajar en Alemania”, dice Johannes Geyer, subdirector de Economía Pública del Instituto Alemán de Investigación Económica.

“El gobierno está intentando facilitar el reconocimiento en Alemania de las cualificaciones de los migrantes. También se observan algunas mejoras en la normativa para solicitantes de asilo y personas con estatus de tolerancia, con el fin de legalizar su situación y reconocer los títulos y cualificaciones profesionales obtenidos fuera de Alemania. Esto sigue siendo un problema”.

Geyer también señala el potencial del mercado negro: “Tenemos un amplio sector de personas que trabajan en los llamados miniempleos, es decir, empleos precarios, mal remunerados pero exentos de impuestos y cotizaciones a la seguridad social. Si pudiéramos incorporar a estas personas a empleos regulares, esto también beneficiaría al sistema“.

También existe la posibilidad de generar empleo para más personas desempleadas, así como de ayudar a la reinserción laboral de quienes se han visto obligados a jubilarse por invalidez debido a una enfermedad. Esto afecta a millones de personas, pero muchas de ellas no pueden trabajar a tiempo completo por diversas razones, desde problemas de salud hasta el cuidado de familiares.

Geyer sugiere que los funcionarios públicos y los trabajadores autónomos, que actualmente cotizan a fondos de pensiones separados, también podrían integrarse en el sistema general de pensiones públicas.

Aumentar la jornada laboral

Otra solución consiste en aumentar la semana laboral a 42 horas. Pero Geyer es escéptico. “Creo que en muchos sectores, 40 horas es prácticamente el máximo que se puede esperar de la gente”, afirma. “Si se aumentan las horas de trabajo, hay que tener en cuenta que la gente ya está agotada y esas horas adicionales agravarán ese agotamiento y podrían tener un impacto negativo en la salud”.

También es posible aumentar las cotizaciones para las pensiones. Predice un incremento del 18,6 por cien actual a más del 20 por cien para 2025. “Actualmente tenemos tasas de cotización [para las pensiones] bastante bajas. Hace diez años nadie habría esperado que siguieran por debajo del 19 por cien”, comenta.

“Antes de la guerra [de Ucrania] y el aumento de la inflación, habría dicho que podíamos permitirnos aumentar las tasas de cotización, pero dada la alta inflación, eso provocará un debate bastante acalorado”.

—https://www.dw.com/en/germany-debates-raising-retirement-age-to-70/a-62915311

‘El libre comercio no es una religión’

Los capitales occidentales ya no saben cómo contener la avalancha de empresas chinas que se instalan delante de sus narices, acaparando los centros comerciales más conocidos de las grandes capitales y apoderándose de las redes de distribución.

Los casos de Huawei, TikTok, Nexperia y DJI han sido los más conocidos, pero no los únicos. Los chinos se apoderan de las marcas e incluso de los edificios del centro de las grandes capitales occidentales. Ahora le llega el turno al centro mismo de la moda, como París y sus emblemáticas Galerías Lafayette.

La marca comercial Galeries Lafayette y los grandes almacenes BHV están gestionados por la Société des Grands Magasins (SGM). Se trata de empresas tradicionales y prestigiosas: moda francesa, calidad, lujo, desfiles y elegancia tradicional.

Es pura fachada. Las marcas francesas están en la ruina. Necesitaban aliviar sus deudas, por lo que aceptaron ceder sus instalaciones y sus marcas para ponerlas al servicio de la cadena china Shein. El miércoles la empresa china abrió en París su primera tienda física permanente en Europa, con el proyecto de expandirse a otras cinco tiendas en otras tantas ciudades francesas.

Es un intento de revitalizar sus centros comerciales, que enfrentan dificultades financieras, y generar un impacto publicitario.

El martes se rompió la baraja gracias a una espectacular campaña. Esta vez el pretexto no es la “seguridad nacional“, pero es igualmente ridículo: Shein vende muñecas sexuales con apariencia infantil y el escándalo mediático está servido.

La fiscalía de París abre una investigación contra la empresa china, similar a otra ya en curso contra AliExpress. El miércoles la gendarmería detiene a un hombre que compró una de esas muñecas por internet.

La empresa china devalua una marca comercial “prestigiosa” porque vende en línea, lo que supone un cambio en el modelo de negocio. Las Galerías son un sitio para “ir de compras”, no para que te lleven las compras a casa.

Las tiendas deberían haber cambiado de cartel de la fachada el miércoles, aunque el día anterior ambas partes anunciaron la ruptura. La marca comercial Galerías Lafayette se retira y el holding SGM seguirá explotando las tiendas bajo una nueva identidad, que se dará a conocer próximamente.

Pero el conflicto no es sólo comercial, ni tampooco privado, y por eso el gobierno francés ha metido las narices en contra la empresa china, iniciando varios procesos judiciales.

El jueves salió a la palestra el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean Noel Barrot, pidiendo auxilio a la Comisión Europea: debe sancionar a la empresa china porque “incumple claramente las normas europeas“.

Por si la campaña no fuera suficiente, al ministro se le ocurrió otro argumento más: las tiendas Shein destruyen el pequeño comercio. “Si dejamos que suceda, veremos desaparecer las pequeñas tiendas de nuestros centros urbanos y de nuestros pueblos y será la muerte de nuestros pueblos y aldeas”, dijo, aunque se le olvidó decir que ocurre lo mismo con otras empresas de venta en línea, como Amazon.

El ministro de Economía, Roland Lescure, también ha saltado al ruedo, denunciando la “invasión comercial de un mercado que permanece abierto y debe protegerse”. Su charlatanería suena a novedosa: “El libre comercio no es una religión, sino un conjunto de reglas de mercado que solo funcionan si todos las respetan. Y aquí en Europa, somos los últimos en hacerlo”, lamentó el ministro, quien se escudó en la protección de los niños y -sobre todo- de la industria.

Lescure ha repasado el catálogo de ventas de la empresa, donde ha encontrado un poco de todo: resulta que Shein también vende armas que ya han servido para cometer crímenes.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, no podían faltar a una cita así y ha interpuesto una demanda para solicitar el bloqueo de la página web de la empresa china, “para detener definitivamente el grave daño al orden público causado por las deficiencias de Shein”.

El acoso es espectacular. La empresa china es objeto de dos procedimientos de suspensión, iniciados por el primer ministro Sebastien Lecornu para exigirle que retire las armas, “en las próximas 48 horas”.

Pero a pesar de la insistente campaña en contra, cuando el miércoles se abrieron las puertas de la tienda, la asistencia de público se multiplicó, formándose largas colas para poder entrar.

Así funcionan las tiendas reales y las virtuales: los ministros dicen una cosa, pero los clientes van en la dirección contraria.

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