La web más censurada en internet

Categoría: Economía (página 18 de 102)

Para una guerra permanente son necesarias armas mucho más baratas

Los viejos gigantes armamentísticos de siempre (Lockheed Martin, Raytheon, Northrop Grumman, General Dynamics, L3Harris, Boeing), forman parte del pasado. Ha llegado el relevo, las grandes empresas tecnológicas, como Google, Microsoft, Amazon, SpaceX

Las nuevas empresas ya participan en los contratos de armas del Pentágono, lo que explica el auge de dichas empresas en bolsa. Para tomar al relevo de las viejas industrias que fabricaron los portaviones, los bombarderos o los tanques de las guerras pasadas es imprescindible ampliar el capital.

Las empresas tecnológicas con intereses en el sector armamentístico están tratando de acaparar la mayor parte del astronómico presupuesto de defensa del gobierno estadounidense, que ya está cerca del billón de dólares.

El siguiente paso es la monopolización. Actualmente Palantir y Anduril, dos de las mayores empresas de tecnología de defensa, negociacian con una docena de sus competidores para formar un holding capaz de responder al unísono a las licitaciones del gobierno estadounidense, lo que les permitiría romper el oligopolio de los antiguos postores (*).

Entre las empresas presentes en las negociaciones están SpaceX, de Elon Musk, OpenAI, el creador de ChatGPT, Saronic, el fabricante de barcos autónomos y Scale AI, el especialista en bases de datos para la inteligencia artificial. “Estamos trabajando juntos para crear una nueva generación de empresas de defensa”, concluyó uno de los implicados en el desarrollo del holding.

El desastroso caza F35, del que ya hemos hablado en numerosas entradas anteriores, es una muestra de la vieja industria de guerra con la que quieren acabar los recién llegados al mercado, como Elon Musk. “Sólo los idiotas están construyendo la versión tripulada del avión de combate F35”, asegura.

La relación precio-rendimiento de estos gigantescos aparatos de guerra es ruinosa. Por el contrario, el papel del holding de Silicon Valley es proporcionar al Pentágono armas menos costosos y más eficaces. Para una guerra permanente hacen falta empresas más eficaces, capaces de abaratar el precio de las armas.

Eso explica que en las últimas semanas el precio de las acciones de Palantir, la empresa de análisis de datos, se haya disparado y que empresas emergentes de tecnología de defensa hayan conseguido financiación récord este año. Los especuladores apuestan a que estarán entre los ganadores porque Trump tiene dos prioridades: por un lado, reducir significativamente el gasto gubernamental, y por el otro, gastar más dinero en la guerra y en la investigación espacial.

Ahora Palantir cotiza en Wall Street más alto que Lockheed Martin. La empresa fue cofundada por Peter Thiel, quien inicialmente financió a Anduril, una empresa especializada en sistemas autónomos, inteligencia artificial y tecnologías de defensa avanzadas. Anduril dio sus primeros pasos en 2017 y ahora está valorada en 14.000 millones de dólares. SpaceX y OpenAI, con valoraciones de 350.000 millones de dólares y 157.000 millones de dólares no juegan en la misma liga. SpaceX y Palantir llevan años fagocitando grandes contratos militares, y muchos otros están tratando de seguir sus pasos, especialmente aquellos que en el futuro quieran tener enchufe entre los jefes del Pentágono.

Musk y Thiel quieren que sus empresas tengan éxito juntas. Se encuentran entre aquellos que creen desde hace tiempo que la adquisición de equipos de defensa en Estados Unidos es lenta, costosa y está muy alejada de los mercados competitivos porque las licitaciones no son más un compadreo entre amiguetes, militares y grupos de presión de las viejas empresas armamentistas.

El obsoleto complejo militar industrial ha fabricado barcos, tanques y aviones a costos muy elevados pero, sobre todo, ha recolocado a las viejas momias del ejército en las empresas privadas y les ha garantizado una jubilación de alto nivel para el resto de sus vidas.

(*) https://www.ft.com/content/6cfdfe2b-6872-4963-bde8-dc6c43be5093

En Moldavia reconocen la ‘deuda histórica’ hacia Rusia por el suministro de gas

El presidente de la empresa moldava de gas, Vadim Ceban, ha reconocido la “deuda histórica” de su país hacia Rusia por el suministro de gas desde la destrucción de la URSS a comienzos de los años noventa.

“Existen todos los documentos, los actos de acercamiento que confirman la deuda histórica de Moldaviegaz con Gazprom en la margen derecha del Dniéster por un monto de 709 millones de dólares. Esta deuda está en las cuentas, nadie la ha cancelado. Los documentos están firmados”, reconoció.

Entonces, si hay una deuda que ha conducido al corte del suministro, la pregunta es por qué han dejado de pagar las facturas. En la prensa moldava no se habla de otra cosa, pero los políticos moldavos no hablan del pago de la deuda.

“Mi opinión es la siguiente: en esta etapa hay que dejar de lado la cuestión de las deudas, mantener el statu quo y centrar nuestra atención en el suministro de gas natural a la región de Transnistria”, afirmaba recientemente uno de ellos.

La Presidenta de Moldavia, Maia Sandu, culpa a Gazprom del corte de suministro y asegura que Chisinau no pagaría sus deudas. Después de que el Kremlin anunciara que Moscú estaba dispuesto a suministrar gas a Transnistria de forma gratuita, la histeria se redujo.

El 60 por cien de las necesidades de gas de Moldavia proceden de Rumanía, pero tiene unos precios exorbitantes. En la ribera derecha del rio Dniéster la situación es distinta. A un lado del rio hay unos precios, que cambian en la otra orilla.

La solución ha sido recurrir al carbón y reabrir una central eléctrica.

La directora de la empresa rumana Sedera, Marcela Lefter, advierte que el flujo de electricidad que procede de Rumanía se puede interrumpir en cualquier momento, ya que atraviesa Ucrania y Transnistria, y el suministro se puede interrumpir en cualquier momento.

Las próximas elecciones en Rumanía también suponen un riesgo para el gobierno de Maia Sandu, porque en las que se celebraron en diciembre ya triunfó un candidato distante de las políticas de Bruselas.

Estados Unidos puede perder todas las guerras excepto la del dólar

Antes se solía decir que China era la fábrica del mundo. En la misma medida también se podría decir que Estados Unidos es el mayor mercado de consumo del mundo. Como diría Lenin, es un país parásito: consume mucho y no fabrica nada.

Tampoco paga nada por consumir porque recurre a un truco típico de las sociedades parasitarias, la deuda, que no es sólo deuda pública, sino también privada y, desde luego, exterior. Estados Unidos devora porque tiene una imprenta capaz de reproducir billetes verdes en cantidades fabulosas. El dólar es lo único que Estados Unidos no puede perder.

Los demás países del mundo están obsesionados por la balanza comercial y el déficit, especialmente la Unión Europea, y para cubrir los agujeros hay que exportar y para ello -según dicen los “expertos”- hay que mejorar la competitividad, o sea, bajar los salarios.

En el resto del mundo se vuelven locos con las exportaciones, aunque les pagan con unos papeles sin valor alguno. Por lo tanto, cada país del mundo tiene que financiar sus propios déficits, además del estadounidense. Es lógico que al otro lado del Atlántico consuman y se endeuden en masa porque les resulta gratis.

De ese modo, desde 1945 Estados Unidos es un gran centro comercial en el que todo el mundo quiere poner un establecimiento para vender sus mercaderías. Las empresas fabricantes se desviven por dar salida a su producción en un mercadillo tan gigantesco, sin límite ninguno.

Es normal que nadie se quiera indisponer con el gran centro comercial. Todos asienten porque todos dependen del chiringuito que mantienen abierto en Estados Unidos. En el resto del mundo no hay otro mercado de tamaño similar porque tienen que pagar las compras de los estadounidenses, es decir, que en lugar de vender en su propio país, lo que hacen es vender fuera.

Todo el mundo acaba trabajando y cobrando salarios de hambre en beneficio de Estados Unidos y, sin embargo, cuando una empresa extranjera es capaz de competir dentro de Estados Unidos, la presentan como una demostración de fortaleza.

Son muchos los que no entienen, por ejemplo, que Alemania se haya volcado en apoyar a Ucrania o a Israel, a costa de sacrificar sus propios intereses y enemistarse con Rusia, que le suministraba gas muy barato, o con China, que es uno de sus grandes mercados de exportación.

La explicación es que Alemania es un país exportador que depende del mercado estadounidense. China sólo ha podido colmar en parte esa dependencia económica. Que una potencia, como Alemania, desvincule su futuro de las imposiciones de Estados Unidos, depende del crecimiento económico de China, de que China sea capaz de absorber la superproducción alemana y sustituir a Estados Unidos.

Cuando un país no produce nada, como Estados Unidos, no necesita una industria, por lo que puede clausurar empresas y sectores económicos enteros, que es el proceso emprendido en los años ochenta del pasado siglo.

Ahora aquello se ha acabado y, cuando Biden inició la reindustrialización, se dio cuenta de que primero debía cerrar el mercado a la producción extranjera subiendo los aranceles. Se acabaron las tonteorías neoliberales; vuelven los viejos fantasmas de la economía política: intervencionismo, planificación, proteccionismo, devaluación…

Golpe de China al suministro de materias primas estratégicas a Estados Unidos

La explosión del 228 por cien del precio del antimonio en los mercados mundiales ilustra las represalias chinas contra la industria estadounidense. El aumento de los precios, consecuencia directa de las restricciones chinas a la exportación de minerales estratégicos, presagia una crisis en las industrias tecnológicas de Estados Unidos.

El Servicio Geológico de Estados Unidos estima que las pérdidas potenciales para la economía estadounidense superan los 3.000 millones de dólares, aunque el cálculo no tiene en cuenta el efecto dominó sobre los sectores que dependen de estos materiales, desde los fabricantes de móviles hasta las industrias de armamento.

El dominio de China en la producción mundial de minerales estratégicos le da a Pekín una ventaja considerable: el 94 por cien del galio, el 83 por cien del germanio y el 48 por cien del antimonio provienen de minas chinas. Estos tres minerales forman la columna vertebral de la industria de los semiconductores y de las tecnologías militares avanzadas.

Al bloquear sus exportaciones, China está respondiendo a las recientes sanciones estadounidenses dirigidas a más de 140 empresas chinas del sector de semiconductores. La medida puede ser sólo el comienzo, ya que pueden extenderse al níquel y al cobalto, componentes cruciales para las políticas verdes occidentales.

La batalla ahora se extiende más allá de los microchips a toda la cadena de producción tecnológica. Ante una inminente escasez de materiales críticos, los fabricantes estadounidenses han empezado una carrera contra el reloj para asegurarse nuevas fuentes de suministro.

La Casa Blanca, que ha buscado someter a China en materia de inteligencia artificial y armamento, ahora se ve obligada a replantearse su estrategia industrial. La guerra económica está redefiniendo las alianzas estretégicas mundiales y empujando a cada bando a desarrollar cadenas de producción independientes. El costo de esta reorganización forzada de las cadenas de suministro podría transformar permanentemente el panorama industrial mundial.

La guerra económica chino-estadounidense, que comenzó en 2019 cuando Estados Unidos se lanzó contra Huawei, es ya una serie de zancadillas. Washington sacó a Huawei de las redes 5G estadounidenses y luego prohibió a las empresas estadounidenses vender componentes a la multinacional china, paralizando su división de moviles y obligándola a desarrollar sus propias soluciones tecnológicas.

Las exportaciones chinas alcanzan cifras récord

Los cálculos de los “expertos” han vuelto a fallar. El año pasado China registró un nivel récord de exportaciones. El volumen de las exportaciones superó por primera vez los 25 billones de yuanes (3,3 billones de euros), un aumento del 7,1 por ciento respecto al año anterior.

Las importaciones, por su parte, ascendieron a 18,39 billones de yuanes (unos 2,39 billones de euros), un 2,3% más que el año anterior. En general, el comercio exterior de China aumentó un 5% en 2024 en comparación con el año pasado, alcanzando los 43,85 billones de yuanes (unos 5,841 billones de euros), un nivel récord.

Las exportaciones aumentaron especialmente en diciembre. Según datos de las aduanas chinas, las ventas al resto del mundo aumentaron un 10,7% interanual en diciembre, en comparación con el consenso del 7,3%, después de haber aumentado un 6,7% el mes anterior. Mientras tanto, las importaciones aumentaron un 1,0% el mes pasado, mientras que los analistas en promedio esperaban una disminución del 1,5%, después de una caída del 3,9% en noviembre. Este es su mayor crecimiento desde julio pasado.

¿Cómo acabar con la esclavitud en una sociedad de esclavos?

En 2022 la ONU se fijó como objetivo erradicar el trabajo forzoso para 2030, pero eso es como la paz mundial, la descarbonización o la pobreza. En 1930 ya se aprobó un tratado internacional contra el trabajo forzoso, al que en 2014 se añadió un Protocolo.

En 2021 el gobierno español aprobó, además, un “plan de acción” para mejorar las políticas de prevención y de detección. Pero es algo que no se va a solucionar con reglamentos. En una sociedad de esclavos, ¿cómo acabar con la esclavitud?

Los organismos internacionales quieren que el trabajo sea “voluntario”, olvidando que en una sociedad capitalista nadie acude a su puesto de trabajo por gusto, sino por necesidad.

Las estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indican que en 2022 el número de esclavos aumentó con respecto a 2016. Más de 28 millones de personas, incluidos niños, viven en condiciones de esclavitud, es decir, tres de cada mil personas en el mundo (*). No va a ser posible acabar con esta situación en 2030, dice la OIT.

Las cifras muestran un aumento del número de esclavos, incluso en Europa. En 2021 cincuenta millones de personas se encontraban sometidos a alguna forma de trabajo forzoso. A escala mundial, casi una de cada 150 personas se considera una esclava. Eso supone diez millones de personas más que hace cinco años.

El aumento de la esclavitud se debe a la pobreza extrema y el aumento de la emigración que, a su vez, son dos fnómenos muy ligados entre sí. Los emigrantes son las víctimas preferentes del trabajo forzoso. Tienen tres veces más probabilidades de ser sometidos a las formas moderna de esclavitud que el resto de la fuerza de trabajo.

El trabajo forzoso también alcanza a los niños en gran medida: 3,3 millones de niños están afectados, más de la mitad de los cuales están prostituidos.

Donde hay esclavos hay también millonarios. Son las dos caras de la misma moneda. La esclavitud moderna es típica de los países considerados como “más ricos”. Más de la mitad de los esclavos actuales se detectan en países con más renta per cápita.

Los sectores afectados son los servicios, la industria manufacturera, la construcción, la agricultura y el trabajo doméstico.

La OIT subraya, además, que la condición de estos esclavos modernos no es transitoria, sino que dura años.

(*) https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_855019/lang–en/index.htm

Un mecanismo que garantiza la hegemonía de Estados Unidos sobre el mundo: Swift

Varios grandes bancos internacionales, la mayor parte de ellos con sede en países europeos, crearon el sistema de mensajería Swift en la década de los setenta para organizar sus transacciones interbancarias.

Posteriormente, la red se expandió hasta convertirse en la herramienta de mensajería principal del sistema bancario internacional, una infraestructura imprescindible para los actores del comercio internacional, como las empresas aseguradoras, por ejemplo.

Estados Unidos se unió a la red Swift en 1977 y, como no es una institución pública, al principio el espionaje se llevó a cabo de forma muy discreta. El gobierno de Estados Unidos consideró que la confidencialidad de los datos bancarios era un asunto privado.

El espionaje de las transacciones financieras se normalizó en 1998, cuando Swift se trasladó a internet, una red controlada por Estados Unidos. Corrientemente lo llaman “Finint” o inteligencia financiera. Es muy sencillo: las transacciones bancarias internacionales van por las redes digitales que, a su vez siempre pasan por Estados Unidos en alguno de sus tramos.

Hasta 2001 esa vigilancia se llevaba a cabo de manera ilegal, hasta que los atentados contras las Torres Gemelas ofrecieron el pretexto perfecto para convertir en legal lo ilegal. Tres años después se creó la Oficina de Antiterrorismo e Inteligencia Financiera dentro del Departamento del Tesoro. También aprobaron les leyes excepcionales para la “lucha contra el terrorismo” y el gobierno de Estados Unidos exigió a Swift acceso a sus datos para bloquear la financiación del “terrorismo”.

No obstante, la vigilancia no es excepcional: se extiende todas las transacciones bancarias manejadas por Swift, incluyendo aquellas que involucraban cuentas no domiciliadas en Estados Unidos. En 2006 se confirmó que el control también se extiendía a cuentas vinculadas a países aliados, como los europeos. Nadie se sorprendió y, desde luego, nadie protestó. El espionaje financiero era una realidad mucho antes de que la Unión Europea diera su aprobación.

Posteriormente, el control sobre Swift está sirviendo también para reforzar las sanciones, tanto a los países, como a los bancos, como a las personas individuales. Sancionar significa, entre otras cosas, excluir de la red Swift y, por lo tanto, del comercio internacional.

Es una trampa para ratones. Si Estados Unidos acusa a un banco ​​de violar las sanciones, puede ser sancionado a su vez, con consecuencias catastróficas para sus negocios. En 2014 el banco BNP Paribas, que había realizado transacciones de petróleo iraní, prefirió declararse culpable ante los tribunales estadounidenses por haber violado las sanciones y pagar una multa récord de 9.000 millones de dólares, que no ser excluido de Swift.

Incluso los bancos chinos tienen que ser muy cautelosos con Rusia, por más que eviten utilizar dólares en sus transacciones. Rusia y China han creado sistemas alternativos a Swift, pero eso es sólo una parte del problema porque siguen utilizando internet y, por lo tanto, no escapan a la vigilancia del Tesoro estadounidense.

Tanto Swift como internet son mecanismos que garantizan la hegemonía de Estados Unidos sobre el resto del mundo, algo que no está al alcance de ningún otro país en el mundo.

La industria del lujo ya no es lo que era

La industria del lujo no sigue algunas de las leyes más simples del capitalismo. No se mide por el número de compradores ni el aumento de las mercancías vendidas, sino por sus exorbitantes precios. Sin embargo, en las últimas décadas hay cada vez más clientes por el crecimiento de los mercados emergentes de Asia. Las marcas ya no son exclusivas de los magnates occidentales.

En 2023 las ventas mundiales de la industria del lujo alcanzarán los 400.000 millones de dólares, frente a poco más de 100.000 millones de dólares en 2000. La capitalización de mercado combinada de las diez principales empresas de lujo occidentales se acercaba a un billón de dólares, frente a los 300.000 millones de dólares de 2013.

En 2000 China tenía 39.000 millonarios y en 2023 ya tenía 6 millones, más que cualquier otro lugar excepto Estados Unidos, y el doble que en Gran Bretaña, el tercer mayor hogar de millonarios. El mercado chino representará alrededor del 15 por cien de las ventas mundiales de artículos de lujo en 2023, cinco veces más que en 2000.

Sin embargo, el mercado del lujo se ha contagiado de los demás, busca nuevos compradores y hace rebajas. Las marcas ponen a la venta una selección de mercancías a precios más reducidos. Gucci, por ejemplo, ha comenzado a vender calcetines blancos, que cuestan “sólo” 200 dólares, una ganga comparado con sus bolsos de 3.600 dólares.

Varias marcas, desde Armani hasta Valentino, han lanzado submarcas más económicas, que incluyen ropa más informal. Hace apenas 30 años el lujo no necesitaba adjetivos. Ahora la industria habla de un lujo “accesible”. Los compradores que gastan 2.000 dólares o menos al año en mercaderías de lujo –una miseria en comparación con el promedio de la industria– representan casi dos tercios de las ventas totales.

Como consecuencia de ello, la industria está perdiendo impulso. El poder adquisitivo de occidente se ha debilitado por los altos tipos de interés y en China el gasto en lujos se ha frenado por la caída del mercado inmobiliario y una campaña del gubierno contra la ostentación de riqueza. En lugar de llevar bolsos de marca, los millonarios chinos guardan sus pertenencias en bolsas de plástico.

Los precios han aumentado en los últimos años. Las mercancías de lujo son un 54 por cien más caras hoy que en 2019. Un bolso Dior Lady de tamaño mediano cuesta ahora 5.900 euros, frente a los 3.200 euros de 2016. Andrea Guerra, el director de Prada, otra marca de lujo que ha aumentó drásticamente sus precios en los últimos años, califica las subidas de precios como un “error flagrante”.

Algunos protagonistas del mercado temen no volver a ver nunca las vertiginosas tasas de crecimiento de los últimos años. Después de todo, sólo hay un número determinado de compradores dispuestos a pagar 200 dólares por un par de calcetines y ningún mercado emergente tendrá tantos millonarios en la próxima década como tuvo China en la anterior.

Aunque tal vez este pesimismo sea un poco exagerado. La desaceleración de la industria del lujo en China no es tan grave como parece. Es cierto que el gasto en lujo en el país cayó un 26 por cien el año pasado, pero se debe a que ahora muchos chinos gastan más cuando viajan al exterior, particularmente a Japón, donde la moneda se ha debilitado frente al yuan. El gasto en lujo de los chinos en todo el mundo solo disminuyó un 3 por cien el año pasado, según algunas estimaciones.

Las filas de los multimillonarios siguen aumentando. Habrá 86 millones de millonarios en todo el mundo en 2027, frente a los 60 millones actuales. La revista Forbes contabilizó 2.781 multimillonarios el año pasado, superando el récord anterior establecido en 2021. El gasto de esos compradores adinerados no sigue los altibajos de la economía.

Eso explica que las marcas de lujo sigan centradas en los oligarcas más ricos. Brunello Cucinelli, que vende suéteres de cachemira de 6.000 dólares, aumentó sus ventas un 12 por cien entre los primeros nueve meses del año pasado. Hermes, que fabrica los bolsos más codiciados del mundo, vio aumentar su facturación un 14 por cien durante el mismo período.

Pero las empresas tienen que tener cuidado con extender el mercado demasiado a quienes no son realmente unos magnates. Una marca que se difunde mucho deja de ser “exclusiva” y se desvaloriza. Por ejemplo, Rolex vende relojes más asequibles, pero en volúmenes muy limitados para que no se note demasiado. En las fiestas de fin de año, quienes recibieron regalos de Versace no se sintieron halagados: la marca vende el 40 por cien de sus productos con descuento, lo cual está muy mal vito entre los auténticos magnates.

BlackRock quiere ponerse al frente del gobierno alemán (y por lo tanto de Europa)

El gobierno de Berlín ha disuelto el Parlamento y ha convocado elecciones para el 23 de febrero. Según las encuestas el candidato más probable a la cancillería es el dirigente de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Friedrich Merz, un sicario de BlackRock.

Merz tiene 69 años y es miembro de la CDU desde hace 44 años, aunque nunca ha formado parte de ningún gobierno. Estuvo durante mucho tiempo a la sombra de Angela Merkel.

En 2018 se postuló para encabezar la CDU, pero perdió. En 2021 el segundo intento también fracasó y sólo en 2022 pudo asumir la presidencia.

Le llaman el “Trump alemán” por su impresionante fortuna, aunque él dice que pertenece a la “clase media”. En 2018 compró dos jets privados, que pilota personalmente.

En julio de 2022, cuando Alemania entró en recesión, el ministro de Finanzas, Christian Lindner, se casó en la isla de Sylt, en el Mar del Norte. Se celebró una fiesta por todo lo alto que duró tres días y Merz acudió a ella como invitado a los mandos de su bimotor Diamond DA62.

Es jurista de formación y comenzó como juez en un tribunal de distrito, aunque unos años más tarde estaba en la dirección de 20 grandes multinacionales.

Criticó al canciller Scholz por tardar demasiado en entregar armas a Ucrania. También propone levantar las restricciones a los ataques en profundidad contra Rusia y enviar misiles Taurus de largo alcance. Dice que tiene la intención de restablecer el servicio militar obligatorio si gana las elecciones.

BlackRock financia la Guerra de Ucrania

De 2016 a 2020 Merz presidió la filial alemana de BlackRock, que es el principal tenedor de deuda de Ucrania y de activos ucranianos.

En 2018 los buitres fueron acusados de fraude fiscal. Los bancos robaron grandes sumas del presupuesto público. Merz actuó entonces como representante de BlackRock.

Merz siempre criticó en público la política migratoria de Merkel. En Alemania es conocido por sus comentarios xenófobos contra los solicitantes de asilo rechazados. Son “turistas sociales” que vienen a Alemania para “arreglarse los dientes”. En cuanto a los niños, si en España son “menas” para Merz son “pequeños bajás”.

Merz defiende los recortes y el desmantelamiento del “estado de bienestar”, aunque lo más importante es limitar la inmigración ilegal.

Sin embargo, las políticas climáticas son intocables, aunque no deberían fundamentarse en “motivaciones ecológicas” sino en “tecnologías rentables”. Para lograr la “neutralidad en carbono”, Merz propone aumentar el impuesto sobre las emisiones de combustibles fósiles. Considera que el futuro del país está en el hidrógeno y los vehículos eléctricos, pero se opone a la prohibición de los vehículos diésel y de gasolina.

La CDU también tiene la intención de seguir el modelo francés y reactivar las centrales nucleares cerradas en 2023.

Eslovaquia advierte de las consecuencias del fin del suministro de gas ruso

Detener el tránsito de gas ucraniano hacia Europa tendrá graves repercusiones para la Unión Europea, afirmó el primer ministro eslovaco, Robert Fico. El operador eslovaco de transporte de gas Eustream confirmó ayer la interrupción del suministro de gas natural a la frontera entre Eslovaquia y Ucrania.

El Ministerio de Economía eslovaco había dicho que se había preparado de antemano para el cierre del tránsito llenando las instalaciones de almacenamiento con gas adicional y diversificando su cartera de contratos de suministro de energía.

Hoy en día, el único gasoducto con gas ruso que queda a los europeos es el Balkan Stream, abastecido a su vez por el Turkish Stream. Suministra más de 14.000 millones de metros cúbicos al año a Rumanía, Grecia, Macedonia del Norte, Serbia, Bosnia y Herzegovina y Hungría.

El contrato de tránsito de gas ruso entre Ucrania y Rusia se firmó en 2019 por cinco años con opción a prórroga por otros diez. Un contrato que Kiev no quiso prorrogar más allá del 31 de diciembre de 2024.

Fico, que realizó una visita de trabajo a Rusia el 22 de diciembre, ha manifestado su interés por continuar con los suministros de gas desde Rusia. Ha instado abiertamente a los dirigentes de la Unión Europea a prestar atención urgente a la decisión de Ucrania de cortar el tránsito de gas, prediciendo un rápido aumento de los precios y una pérdida acumulada para la Unión Europea de 120.000 millones de euros en 2025-2026, si se interrumpen los suministros desde Rusia.

Fico también afirmó que Eslovaquia podría tomar represalias contra Ucrania y cortar el suministro eléctrico a Kiev.

Moldavia declara el estado de emergencia energética por el corte del gas ruso

Las disputas entre Moldavia y Rusia por el suministro de gas son anteriores al estallido de la Guerra de Ucrania. El Kremlin exige el pago de una deuda de alrededor de 700 millones de dólares, resultante del aumento de precios en 2021, una deuda que el gobierno moldavo se niega a reconocer.

El gobierno de Chisinau no acepta ni el aumento de los precios ni la deuda. La empresa Moldovagaz ha dejado de pagar, y ha ocurrido lo mismo que en cualquier vivienda en cualquier lugar del mundo: la empresa suministradora, en este caso Gazprom, amenazó a principios de este año con cerrar el grifo por falta de pago.

Pero ni siquiera ha sido necesario que Rusia cerrara la llave del gas porque lo ha hecho Ucrania, que ya no autoriza el tránsito de gas ruso a través de su territorio.

Como consecuencia de ello, Moldavia ha declarado el estado de emergencia energética porque depende en gran medida del gas ruso y de una planta de gas situada en Transnistria precisamente.

Aunque existen alternativas, como un gasoducto que une Moldavia con Rumanía o el uso de almacenamiento rumano, la prometida conexión a la red europea a través de una línea de alta tensión aún no está operativa.

Poco a poco el gobierno de Maia Sandu va aprendiendo que sus problemas no se pueden solucionar con pucherazos electorales.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies