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Alemania quiere aumentar la edad de jubilación para pagar el rearme

Alemania está perdiendo fuerza de trabajo. Registró un número récord de empleos vacantes en el primer trimestre de este año, alcanzando la cifra sin precedentes de 1,74 millones de puestos de trabajo. Esta cifra es la más alta desde la reunificación hace 30 años.

Al mismo tiempo, también sufre una escasez récord de jóvenes. En julio solo el 10 por cien de la población tenía entre 15 y 24 años, en comparación con el 20 por cien de los mayores de 65 años.

La tasa de natalidad del país es demasiado baja para encontrar fuerza de trabajo.

Al problema demográfico se le suman otros dos: los países europeos no quieren emigrantes y, además, necesitan destinar el dinero de las pensiones al rearme. El capital tiene que reducir el número de jubilados y conseguir que cobren menos.

Uno de los remedios es elevar la edad de jubilación a 70 años. Actualmente, Alemania está elevando gradualmente la edad de jubilación de 65 a 67 años para quienes nacieron después de 1967; pero no es suficiente.

El presidente de la Federación de Asociaciones Empresariales Alemanas de las Industrias Metalúrgica y Eléctrica, Stefan Wolf, solicitó aumentar la edad de jubilación a principios de agosto.

En Alemania las pensiones se financian principalmente mediante el sistema de reparto, en el que la mayoría de los alemanes —excepto los funcionarios y los autónomos— cotizan al fondo estatal de pensiones, que se utiliza para financiar las pensiones de los jubilados.

Actualmente, los trabajadores aportan algo más del 9 por cien de sus ingresos mensuales al fondo. Esta cantidad es igualada por el patrono. Es un sistema que solo funciona si hay suficientes trabajadores activos que cotizan al fondo.

La OCDE prevé que la edad media de jubilación para una persona con empleo continuo aumentará a 66,1 años para los hombres y a 65,5 años para las mujeres.

‘Necesitamos a los emigrantes’

Pero las cuentas no salen. “Necesitamos la migración. Es fundamental que vengan suficientes personas del extranjero a trabajar en Alemania”, dice Johannes Geyer, subdirector de Economía Pública del Instituto Alemán de Investigación Económica.

“El gobierno está intentando facilitar el reconocimiento en Alemania de las cualificaciones de los migrantes. También se observan algunas mejoras en la normativa para solicitantes de asilo y personas con estatus de tolerancia, con el fin de legalizar su situación y reconocer los títulos y cualificaciones profesionales obtenidos fuera de Alemania. Esto sigue siendo un problema”.

Geyer también señala el potencial del mercado negro: “Tenemos un amplio sector de personas que trabajan en los llamados miniempleos, es decir, empleos precarios, mal remunerados pero exentos de impuestos y cotizaciones a la seguridad social. Si pudiéramos incorporar a estas personas a empleos regulares, esto también beneficiaría al sistema“.

También existe la posibilidad de generar empleo para más personas desempleadas, así como de ayudar a la reinserción laboral de quienes se han visto obligados a jubilarse por invalidez debido a una enfermedad. Esto afecta a millones de personas, pero muchas de ellas no pueden trabajar a tiempo completo por diversas razones, desde problemas de salud hasta el cuidado de familiares.

Geyer sugiere que los funcionarios públicos y los trabajadores autónomos, que actualmente cotizan a fondos de pensiones separados, también podrían integrarse en el sistema general de pensiones públicas.

Aumentar la jornada laboral

Otra solución consiste en aumentar la semana laboral a 42 horas. Pero Geyer es escéptico. “Creo que en muchos sectores, 40 horas es prácticamente el máximo que se puede esperar de la gente”, afirma. “Si se aumentan las horas de trabajo, hay que tener en cuenta que la gente ya está agotada y esas horas adicionales agravarán ese agotamiento y podrían tener un impacto negativo en la salud”.

También es posible aumentar las cotizaciones para las pensiones. Predice un incremento del 18,6 por cien actual a más del 20 por cien para 2025. “Actualmente tenemos tasas de cotización [para las pensiones] bastante bajas. Hace diez años nadie habría esperado que siguieran por debajo del 19 por cien”, comenta.

“Antes de la guerra [de Ucrania] y el aumento de la inflación, habría dicho que podíamos permitirnos aumentar las tasas de cotización, pero dada la alta inflación, eso provocará un debate bastante acalorado”.

—https://www.dw.com/en/germany-debates-raising-retirement-age-to-70/a-62915311

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‘El libre comercio no es una religión’

Los capitales occidentales ya no saben cómo contener la avalancha de empresas chinas que se instalan delante de sus narices, acaparando los centros comerciales más conocidos de las grandes capitales y apoderándose de las redes de distribución.

Los casos de Huawei, TikTok, Nexperia y DJI han sido los más conocidos, pero no los únicos. Los chinos se apoderan de las marcas e incluso de los edificios del centro de las grandes capitales occidentales. Ahora le llega el turno al centro mismo de la moda, como París y sus emblemáticas Galerías Lafayette.

La marca comercial Galeries Lafayette y los grandes almacenes BHV están gestionados por la Société des Grands Magasins (SGM). Se trata de empresas tradicionales y prestigiosas: moda francesa, calidad, lujo, desfiles y elegancia tradicional.

Es pura fachada. Las marcas francesas están en la ruina. Necesitaban aliviar sus deudas, por lo que aceptaron ceder sus instalaciones y sus marcas para ponerlas al servicio de la cadena china Shein. El miércoles la empresa china abrió en París su primera tienda física permanente en Europa, con el proyecto de expandirse a otras cinco tiendas en otras tantas ciudades francesas.

Es un intento de revitalizar sus centros comerciales, que enfrentan dificultades financieras, y generar un impacto publicitario.

El martes se rompió la baraja gracias a una espectacular campaña. Esta vez el pretexto no es la “seguridad nacional“, pero es igualmente ridículo: Shein vende muñecas sexuales con apariencia infantil y el escándalo mediático está servido.

La fiscalía de París abre una investigación contra la empresa china, similar a otra ya en curso contra AliExpress. El miércoles la gendarmería detiene a un hombre que compró una de esas muñecas por internet.

La empresa china devalua una marca comercial “prestigiosa” porque vende en línea, lo que supone un cambio en el modelo de negocio. Las Galerías son un sitio para “ir de compras”, no para que te lleven las compras a casa.

Las tiendas deberían haber cambiado de cartel de la fachada el miércoles, aunque el día anterior ambas partes anunciaron la ruptura. La marca comercial Galerías Lafayette se retira y el holding SGM seguirá explotando las tiendas bajo una nueva identidad, que se dará a conocer próximamente.

Pero el conflicto no es sólo comercial, ni tampooco privado, y por eso el gobierno francés ha metido las narices en contra la empresa china, iniciando varios procesos judiciales.

El jueves salió a la palestra el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean Noel Barrot, pidiendo auxilio a la Comisión Europea: debe sancionar a la empresa china porque “incumple claramente las normas europeas“.

Por si la campaña no fuera suficiente, al ministro se le ocurrió otro argumento más: las tiendas Shein destruyen el pequeño comercio. “Si dejamos que suceda, veremos desaparecer las pequeñas tiendas de nuestros centros urbanos y de nuestros pueblos y será la muerte de nuestros pueblos y aldeas”, dijo, aunque se le olvidó decir que ocurre lo mismo con otras empresas de venta en línea, como Amazon.

El ministro de Economía, Roland Lescure, también ha saltado al ruedo, denunciando la “invasión comercial de un mercado que permanece abierto y debe protegerse”. Su charlatanería suena a novedosa: “El libre comercio no es una religión, sino un conjunto de reglas de mercado que solo funcionan si todos las respetan. Y aquí en Europa, somos los últimos en hacerlo”, lamentó el ministro, quien se escudó en la protección de los niños y -sobre todo- de la industria.

Lescure ha repasado el catálogo de ventas de la empresa, donde ha encontrado un poco de todo: resulta que Shein también vende armas que ya han servido para cometer crímenes.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, no podían faltar a una cita así y ha interpuesto una demanda para solicitar el bloqueo de la página web de la empresa china, “para detener definitivamente el grave daño al orden público causado por las deficiencias de Shein”.

El acoso es espectacular. La empresa china es objeto de dos procedimientos de suspensión, iniciados por el primer ministro Sebastien Lecornu para exigirle que retire las armas, “en las próximas 48 horas”.

Pero a pesar de la insistente campaña en contra, cuando el miércoles se abrieron las puertas de la tienda, la asistencia de público se multiplicó, formándose largas colas para poder entrar.

Así funcionan las tiendas reales y las virtuales: los ministros dicen una cosa, pero los clientes van en la dirección contraria.

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‘China juega al ajedrez, mientras nosotros jugamos a las damas’

Tras una gira diplomática por Asia, ayer Trump se reunió en Corea del sur con Xi Jinping y, como acostumbra, ha lanzado la campanas al vuelo: supuestamente ha hecho las paces con China.

En realidad, la reunión acabó con una tregua; no han firmado nada. Por su parte, el dirigente chino se limitó a decir que había un “consenso” para poner fin a la guerra comercial.

Estados Unidos accedió a reducir los aranceles sobre las mercancías chinas del 57 al 47 por cien, y a suspender las restricciones contra las empresas chinas durante un año. A cambio, Pekín garantiza, entre otras cosas, el suministro de elementos de tierras raras y se compromete a comprar soja estadounidense.

El acuerdo que Trump y Xi ha discutido se expresa en términos vagos e imprecisos. Los detalles, los objetivos, los mecanismos de implementación y las sanciones por incumplimiento serán abordados posteriormente por funcionarios comerciales estadounidenses y chinos.

La rivalidad entre ambos países se intensificará en el futuro. Estados Unidos seguirá intentado frenar a China. La nueva normalidad de la guerra económica se rige por la tensión, la escalada, la tregua y la vuelta al punto de partida. Nada de lo que se ha propuesto altera significativamente los mecanismos de una relación comercial de 659.000 millones de dólares. Reducir el déficit comercial estadounidense con China exige una revisión completa de la dinámica comercial.

La claudicación ante China ha desatado las contradicciones internas entre los asesores de la Casa Blanca. Unos defienden la disuasión y otros con partidarios de la distensión.

El artífice de la primera ofensiva de Trump contra China, Robert Lighthizer, ha advertido que “China juega al ajedrez, mientras nosotros jugamos a las damas”. Estados Unidos ha otorgado al gobierno de Pekín una ventaja, ganada con gran esfuerzo, a cambio de un acceso temporal a las materiasa primas. Pekín ha “instrumentalizado el comercio, la tecnología y las cadenas de suministro”.

Este defensor de las políticas comerciales de Trump aboga desde hace mucho tiempo por aranceles permanentes, no por renegociaciones anuales. Considera que la campaña de presión está siendo reemplazada por reuniones anuales (“teoría del goteo”), mientras China nunca tiene prisa; diseña a largo plazo.

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La Nueva Ruta de la Seda rediseña los mapas marítimos del mundo

En dos décadas, Pekín ha construido la mayor red de terminales de aguas profundas en el extranjero, abarcando más de 90 puertos en todos los continentes. Desde Yibuti hasta Darwin, la presencia china se siente en cada centro estratégico del comercio mundial.

Estas infraestructuras hace tiempo que trascendieron de la esfera puramente económica. Los gigantes estatales China Merchants Port y COSCO, así como empresas privadas, operan ahora terminales en 22 puertos europeos —incluido El Pireo—, además del Canal de Panamá, Latinoamérica y África.

Oficialmente parece logística pero, en realidad, está tomando la forma una nueva arquitectura económica mundial. China no solo exporta mercancías: exporta la gestión misma de los flujos comerciales mundiales.

La Nueva Ruta de la Seda está teniendo un impacto significativo en la construcción y administración de puertos marítimos en todo el mundo, pero especialmente en Asia, África, Europa y América Latina. Estos puertos son nodos clave que pretenden mejorar la conectividad marítima entre China y los mercados internacionales.

Por ejemplo, el puerto de Gwadar, en Pakistán forma parte del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC). El puerto del Pireo, en Grecia, operado por la empresa china COSCO, se ha convertido en un enlace logístico clave en Europa.

En África oriental los puertos de Mombasa, Dar es Salam están conectados por ferrocarril con el interior del continente, facilitando el comercio y la exportación de mercancíass.

Además, China ha exportado un modelo de desarrollo integral, denominado “puerto-parque-ciudad”, que combina la infraestructura portuaria, con las zonas económicas especiales y la urbanización y conectividad terrestre.

Este enfoque pretende integrar los puertos en cadenas mundiales de suministros, con beneficios económicos tanto para China como para los países anfitriones.

La mayoría de los proyectos portuarios de la Nueva Ruta de la Seda son financiados por bancos públicos chinos y ejecutados por empresas públicas o vinculadas al gobierno chino, como Cosco, China Harbour Engineering Company (CHEC) o China Merchants Port.

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China y Estados Unidos avanzan hacia un compromiso en la guerra económica

Mañana Trump y Xi Jinping se reunirán al margen de la cumbre de la ASEAN, la Asociación de Países del Sudeste Asiático. Las negociaciones comerciales entre ambas partes parecen bien encaminadas y el optimismo crece. Ayer secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, comentó en Malasia que las conversaciones habían sido muy positivas y que esperaban firmar un “acuerdo marco muy fructífero”.

Ambas partes han negociado sobre el mercado agrícola, TikTok, el fentanilo, el comercio, las tierras raras y las relaciones bilaterales en general. Ayer anunciaron un acuerdo sobre tierras raras y soja. El viceprimer ministro He Lifeng encabezó la delegación china, acompañado por el representante comercial Li Chenggang y el viceministro de Finanzas Liao Min. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, formó parte del equipo estadounidense.

Las dos economías mundiales de mayor tamaño quieren evitar una escalada en la guerra comercial que los mantiene enfrentados desde los tiempos de la pandemia y el “virus de Wuhan”. Trump ha amenazado a China con imponer unos aranceles del 100 por cien para el 1 de noviembre, en respuesta al control más estricto de Pekín de sus exportaciones de tierras raras.

No hay muchos más detalles sobre las reuniones. El principal negociador del equipo chino, Li Chenggang, llegó el sábado por la mañana junto al viceprimer ministro chino He Lifeng. En el bando estadounidense, la delegación está compuesta por el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el representante de comercio Jamieson Greer.

Las discusiones también tienen como objetivo prepararse para la reunión entre Trump y Xi Jinping el próximo martes, en Malasia, en la cumbre de la ASEAN. La reunión es crucial para resolver ciertos conflictos en torno a los aranceles, el control de la tecnología o las compras de soja china.

Los rusos ‘tienen que hacer concesiones’

El sábado Trump comenzó una gira de cinco días por Asia, que lo llevará a Malasia, Japón y Corea del sur, donde dijo a los periodistas que los rusos “tienen que hacer concesiones. Creo que nosotros también deberíamos. Estamos en el 157 por cien de los derechos de aduana para ellos. No creo que sea sostenible para ellos. Quieren rebajarlas y nosotros queremos obtener algunas cosas de ellos”, dijo Trump desde la puerta de su avión.

El espinoso tema de Taiwán y la guerra en Ucrania también estarán en las negociaciones, añadió Trump, que espera reunirse con el dirigente norcoreano Kim Jong-un durante su gira por Asia. “Estaré 100 por cien listo. Me llevo muy bien con Kim Jong-un”, dijo a los periodistas. Su última reunión con Kim Jong Un fue en 2019.

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Crisis de la energía eólica: Vestas abandona la construcción de una fábrica en Polonia

La industria eólica marina europea se encuentra sumida en una crisis. El fabricante de aerogeneradores Vestas anunció el sábado la suspensión de sus planes de construir una fábrica de palas en Polonia debido a una demanda de energía eólica marina inferior a la esperada en Europa.

Es otro ejemplo de la crisis económica y política que vive el sector a ambos lados del Atlántico. La empresa danesa Vestas es la principal fabricante de aerogeneradores de Europa.

Se esperaba que la fábrica de Szczecin, cerca del mar Báltico, empleara a unos mil trabajadores y produjera palas de 115 metros de altura para los aerogeneradores más potentes para 2026. En una planta vecina, el fabricante danés ya está ensamblando las góndolas y los bujes de este modelo de 15 Mw. En las cercanías, también adquirió en septiembre una fábrica de palas para aerogeneradores terrestres.

La decisión supone un revés para el gobierno del primer ministro polaco, Donald Tusk, que quiere impulsar la industria local de energías renovables y acabar de cerrar las minas de carbón de su país. Está previsto que el primer parque eólico marino del país, equipado con turbinas Vestas, entre en funcionamiento el próximo año.

El declive del fabricante danés de turbinas, cuyas plantas se ubican principalmente en su país de origen, refleja la desaceleración de los nuevos proyectos de parques eólicos marinos en varios países europeos importantes. Las empresas energéticas, clientes de Vestas y de su principal competidor, Siemens Gamesa, se ven afectadas por el aumento de los costes de las materias primas, en particular el acero, el aumento de los tipos de interés y los cuellos de botella en las cadenas de suministro de los proyectos eólicos.

Además, los gobiernos ya no subvencionan este tipo de energía aumentando el precio de compra de la electricidad producida en las instalaciones marinas. Varias licitaciones se han cancelado en Alemania, Dinamarca e incluso recientemente en Francia debido a la falta de licitadores.

Al otro lado del Atlántico, dos importantes proyectos de Orsted y Equinor fueron cerrados abruptamente por el gobierno estadounidense en los últimos meses. Solo pudieron reanudarse tras fallos judiciales favorables a los propietarios de los proyectos.

En Francia solo dos candidatos se han presentado a la última licitación eólica marina. La acaba de ganar TotalEnergies, que favorece la compra de turbinas fabricadas en Francia por Siemens Gamesa. Para el Ministerio de Economía es una forma de asegurar la cartera de pedidos de la planta de Le Havre, tras el anuncio de un plan de despidos en GE Vernova en Loira Atlántico el año pasado. TotalEnergies aún necesita encontrar un nuevo aliado industrial y financiero para este proyecto, tras la retirada de su socio, la alemana RWE.

La industria francesa lleva meses esperando la licitación de nuevos parques eólicos. En particular, una licitación de 8 a 9 GW, el triple de la capacidad ya en funcionamiento o en construcción en el país. Esta licitación está pendiente de la publicación de la nueva estrategia energética de Francia, pendiente desde hace meses y objeto de intensa tensión política.

La Agencia Internacional de la Energía ha reducido recientemente sus previsiones de crecimiento para la energía eólica marina mundial en un 27 por cien con respecto al año pasado. Los acontecimientos de los últimos meses ya se han cobrado su primera víctima. La promotora danesa Orsted, cabecera en energía eólica marina, ha perdido la mitad de su valor bursátil en un año. Para recuperar el aliento, esta empresa, propiedad al 50 por cien del Estado danés, realizó este mes una ampliación de capital récord de 8.000 millones de euros. También anunció el despido de una cuarta parte de su plantilla.

Aprovechando la debilidad de las empresas europeas, el 10 de octubre los chinos meten la cuchara en el mercado. Mingyang anunció una inversión de 1.730 millones de euros en Escocia, sujeta a la aprobación del gobierno británico, para una fábrica de aerogeneradores que se espera que emplee a 1.500 trabajadores.

Pero lo primero es siempre la “seguridad nacional” y el gobierno Trump ya ha advertido a Londres que tiene que sumarse al bloqueo contra China y no admitir a Mingyang en la puja.

China también se ha apoderado de este mercado. Junto con Goldwing y Envision, Mingyang se ha consolidado como grupo cabecero mundial del sector en los últimos años, con aerogeneradores cada vez más gigantescos. Tras beneficiarse del auge de su mercado interno, que ahora representa más de la mitad de la nueva capacidad instalada, aspiran a consolidarse en los mercados emergentes y en Europa.

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Se estanca el número de usuarios de pago de la inteligencia artificial

En Europa el crecimiento del número de usuarios de pago de ChatGPT, el producto estrella de la industria de la inteligencia artificial, se ha estancado desde el mes de mayo. Es otra advertencia sobre la dificultad para recuperar las gigantescas inversiones realizadas y el estado de quiebra de OpenAI y de todo un sector industrial.

ChatGPT podría haber alcanzado ya su punto máximo de atracción de nuevos usuarios de pago. La semana pasada Sam Altman, director de OpenAI, anunció que los usuarios activos semanales de ChatGPT habían superado los 800 millones, pero el número de usuarios de pago se ha ralentizado considerablemente y el crecimiento de los ingresos aún está muy por debajo del de plataformas de streaming como Spotify y Netflix.

La valoración de OpenAI ha alcanzado los 500.000 millones de dólares, acercándose a la capitalización de mercado de Netflix, pero su escala de ingresos y su base de suscriptores de pago se quedan muy por detrás. Esto pone de relieve la contradicción fundamental que enfrenta este sector industrial: la creciente brecha entre la influencia tecnológica y la rentabilidad comercial.

El equipo dbDataInsights de Deutsche Bank ha rastreado los datos de gasto de los usuarios en cinco mercados europeos, entre ellos España, y ha descubierto que, desde mayo, el crecimiento del gasto mensual en ChatGPT se ha frenado significativamente.

Una desaceleración estacional similar se produjo entre julio y agosto del año pasado, atribuida a una disminución de las vacaciones escolares del verano. Sin embargo, el año pasado el gasto repuntó considerablemente en junio y mostró una clara recuperación en septiembre. En cambio, no se observó ningún repunte durante el mismo período de este año, lo que indica que el estancamiento podría ser estructural y no estacional.

El banco ha comparado la valoración y la escala comercial de OpenAI con las de las principales plataformas de streaming. La capitalización de mercado de Netflix es de 500.000 millones de dólares, tiene más de 300 millones de suscriptores de pago y unos ingresos proyectados de 45.000 millones de dólares para este año.

Para Spotify la capitalización de mercado es de 144.000 millones de dólares, con 276 millones de suscriptores de pago y unos ingresos proyectados de más de 17.000 millones de dólares.

Por el contrario, en abril OpenAI tenía unos 20 millones de usuarios de pago en todo el mundo, con ingresos muy por debajo de los niveles de Netflixo o Spotify. Por lo tanto, su valoración, estimada en 500.000 millones de dólares, es desproporcionadamente alta en comparación con sus ingresos.

Si bien la base de usuarios activos semanales de ChatGPT ha crecido de 500 millones en marzo a 800 millones, el verdadero desafío radica en convertir ese tráfico masivo en suscriptores de pago.

El crecimiento de la inteligencia artificial se debe a la curiosidad y la adopción gratuita, pero su límite máximo está determinado por la retención de usuarios a largo plazo… una vez que comienza la monetización.

El desafío no es el algoritmo, sino el modelo de negocio. El progreso de las fuerzas productivas no se traduce automáticamente en beneficios. Los especuladores quieren recuperar el dinero que han invertido, y si el frenazo en el crecimiento de usuarios de pago continúa, se podria pinchar la burbuja.

El efecto contagio será mucho peor que en 2000 y 2008

La otra cara de la moneda es que quienes han invertido en este sector, no se han sacado el dinero de su bolsillo, sino que se han endeudado. Es la burbuja de la burbuja, 17 veces mayor que la de las puntocom en 2000 y cuatro veces mayor que la crisis inmobiliaria de 2008, según un análisis de MacroStrategy Partnership.

Si bien muchos creían que las empresas de inteligencia artificial estaban creciendo gracias a la financiación de capital privado, aislando así la burbuja de la economía en general, Goldman Sachs afirma que 141.000 millones de dólares de los 500.000 millones de dólares en inversiones en inteligencia artificial de este año proceden de deuda.

Eso significa que al menos el 30 por cien de la inversión actual se financia con deuda. La burbuja de la inteligencia artificial ha crecido más rápido que la de otros sectores, con una deuda que la vincula directamente con los principales bancos y los fondos buitre. La burbuja es mayor que la que toda la industria consumió el año pasado.

Por ejemplo, Meta/Facebook busca recaudar 26.000 millones de dólares en deuda a través de una entidad de propósito específico para finales de este año, lo que representa el 5 por cien del total de la inversión anual de capital de la industria en una sola transacción realizada por una sola empresa.

El efecto contagio puede ser catastrófico, mucho más allá de las industrias tecnológicas. La crisis de 2008 devastó la economía mundial debido a la interconexión de la deuda, causando la pérdida de 27 millones de empleos en todo el mundo.

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China impone su canon en la elaboración de metales estratégicos

A principios de octubre el Ministerio de Comercio de China amplió su régimen de licencias de exportación a tierras raras, imanes permanentes, materiales superduros y tecnologías relacionadas. El requisito de licencia se aplicar incluso a productos fabricados fuera de China si contienen materiales de origen chino o componentes producidos con tecnología china, un claro paso hacia los controles extraterritoriales, hasta ahora un sello distintivo de Estados Unidos. Empresas especializadas están detallando una regla del 50 por cien: a partir de cierto umbral de contenido de tierras raras chinas o de dependencia de procesos chinos, se requiere la autorización de Pekín, incluso para las exportaciones de empresas no chinas.

Este cambio se produce en un momento en que China ya domina el sector. Aproximadamente el 70 por cien de la producción mundial de tierras raras y el 90 por cien de la capacidad de refinado. En otras palabras, Pekín ya no controla solo el material; regula el acceso al proceso que transforma el recurso en energía industrial (imanes de NdFeB, blancos de pulverización catódica, aleaciones estratégicas). Estos controles están concebidos como instrumentos políticos, no como simples medidas comerciales.

La comunicación china también asume una lógica escalonada: tras el galio, el germanio y el grafito en 2023, vienen los imanes, los polvos y los componentes tecnológicos del equipamiento industrial (baterías, magnetización, abrasivos, semiconductores). Los fabricantes occidentales, desde ASML hasta los grandes monopolios de maquinaria, afirman tener existencias y fuentes alternativas a corto plazo, pero reconocen un riesgo estructural si el ajuste continúa.

Tras el cambio de siglo, Estados Unidos y China estaban estratégicamente alineados en un punto clave: ambos dependían de las importaciones de hidrocarburos. La revolución del esquisto ha alterado esta simetría. A partir de 2015, y especialmente desde 2019, la ecuación energética estadounidense se ha invertido: Washington se ha convertido en un exportador neto a lo largo del año, obteniendo ventajas en costes y autonomía logística (menor dependencia de las rutas marítimas). Pekín, por su parte, sigue siendo un importador neto de petróleo y gas a largo plazo. En el ámbito energético, la ventaja, por lo tanto, recae en Estados Unidos.

Pero el avance de las fuerzas productivas está desplazando el centro de gravedad. En la economía de imanes de alto rendimiento, motores eléctricos, turbinas eólicas, sensores de precisión y cadenas de defensa, óptica y energía, las tierras raras se están convirtiendo en el recurso fundamental y, en ese ámbito, la ventaja es china. La asimetría no reside tanto en el mineral como en los sectores derivados: productos químicos, metalurgia, procesos y conocimientos técnicos. La decisión de octubre sobre las licencias de exportación limita precisamente por ley este sector derivado: condiciona el acceso al procesamiento, incluso cuando la materia prima o la planta no se encuentran en China.

La extensión extraterritorial de las normas chinas de fabricación desplaza el canon hacia donde reside la ventaja actual: el suministro de materiales críticos. Hasta ahora reservada a Washington, la extraterritorialidad ya se aplica a las mercancías fabricadas fuera de China en cuanto incorporan materiales, procesos o propiedad intelectual chinos. El cumplimiento ya no depende únicamente del país exportador, sino también de la potencia fundamental del proceso. Sin embargo, este suministro alimenta precisamente las cadenas que impulsarán la economía de el futuro: semiconductores, inteligencia artificial, electrificación, defensa de alta intensidad, todas ellas con uso intensivo de materias primas estratégicas.

Al autorizar el acceso a sus productos químicos, separaciones y aleaciones, Pekín no impone un embargo: controla el ritmo, puede aplazar o autorizar según sus prioridades y obliga a empresas y estados a vivir en la era de la extraterritorialidad de las normas chinas. Es un factor determinante en la velocidad de equipamiento de las fábricas occidentales y, por lo tanto, en el ritmo de adopción de tecnologías que definirán la futura ventaja competitiva en los mercados mundiales.

La escalada arancelaria anunciada por Trump de hasta el 100 por cien sobre ciertos productos chinos recuerda que Washington cuenta con un arma importante: la profundidad de su mercado interior. Pero frente a una China cuya fuerza exportadora abarca amplias áreas del suministro mundial, el arma aduanera tiene un coste político inmediato: presión inflacionaria en Estados Unidos y mayores costes en la cadena de suministro. Además, tras blandir la amenaza, la Casa Blanca reabrió rápidamente el canal político con una cumbre con Xi Jinping, una señal de que la coerción pura no basta y de que la ecuación también implica gestionar las interdependencias.

Estamos en plena guerra económica. Estados Unidos consolida su ventaja a través de la energía, los mercados y la fuerza normativa; China consolida su ventaja a través de los materiales, la transformación industrial y, ahora, la exportación de su propia fuerza normativa. Como hemos expuesto en entradas anteriores, la normalización es una herramienta del capital monopolista moderno porque las grandes empresas fabrican para un mercado mundial. Cualquiera que sea el lugar en el que una fábrica se instale, los procesos de producción derivan de un canon que llega de fuera.

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El lucrativo negocio de la guerra permanente

El complejo militar industrial estadounidense sigue siendo una fuerza dominante en la política y la economía mundial. No solo ha persistido, sino que ha evolucionado hacia una red económica de empuje colosal, cuyas dinámicas incentivan las guerras permanentes, a menudo enmascaradas con pretextos “humanitarios” que ocultan devastadoras pérdidas por muertes, desapareciones y mutilaciones.

La industria de guerra es un pilar indispensable de la economía estadounidense. El presupuesto del Pentágono ronda los 850.000 millones de dólares, una cifra que puede alcanzar el billón de dólares si se incluyen las partidas para las guerras en curso. Supone más del 3 por cien del PIB nacional, superando los presupuestos de defensa combinados de los diez países siguientes.

Este gigantesco flujo de dinero sustenta un vasto entramado. El sector aeroespacial y de defensa emplea directamente a más de 1,1 millones de trabajadores, una cifra que se eleva a más de 2,2 millones si se consideran los empleos indirectos de la cadena de suministro. Monopolios gigantes como Lockheed Martin, Boeing y Raytheon (RTX) dominan el mercado, con ingresos anuales que superan colectivamente los 150.000 millones de dólares, garantizados en gran medida por adjudicaciones públicas.

Esta influencia se extiende más allá de la economía productiva. Los grupos de presión del sector han invertido más de 150 millones de dólares en contribuciones políticas en las últimas dos décadas, creando un círculo vicioso: las empresas de defensa financian campañas y equipos de análisis que abogan por políticas exteriores agresivas, lo que a su vez perpetúa la demanda de armamento.

El negocio depende de la guerra. Sin guerras o amenazas, reales e inventadas, la demanda de armas disminuye, poniendo en riesgo beneficios y puestos de trabajo. Desde 1991 Estados Unidos ha iniciado al menos 251 intervenciones militares.

Estas operaciones no son gratuitas; generan contratos masivos. Solo las guerras posteriores al 11-S (en Irak y Afganistán) tuvieron un coste superior a los 8 billones de dólares, un derroche de dinero que impulsó las ventas de armas y enriqueció a los contratistas privados. La dinámica crea un interés económico perverso en el mantenimiento de un estado de guerra permanente, que sirve para justificar constantes aumentos del presupuesto de defensa.

La retórica que acompaña a estas guerras son siempre parecidas, una moralina repugnante. Un caso emblemático es el de las sanciones contra Irak en la década de los noventa. Impuestas para contener a Saddam Hussein, resultaron en la muerte de aproximadamente 500.000 niños irakíes menores de cinco años, según estudios de la ONU, debido a la malnutrición y enfermedades previsibles.

En 1996, la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright, interrogada sobre esta sangría en el programa “60 Minutes”, afirmó que “mereció la pena”. Esta declaración ilustra la frialdad con la que pueden sacrificarse vidas humanas en aras de objetivos geopolíticos y los intereses de la industria de guerra.

Intervenciones similares, como las de Kosovo (1999) o Libia (2011), presentadas como protectoras de la población civil, han desembocado con frecuencia en inestabilidades prolongadas que, a su vez, abren nuevos mercados para el armamento estadounidense. El complejo militar industrial se beneficia del caos que ayuda a crear, un ciclo vicioso con consecuencias devastadoras para millones de personas.

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La guerra económica entre Estados Unidos y China entra en una nueva etapa

La guerra económica entre Estados Unidos y China, las dos economías más grandes del mundo, se ha intensificado nuevamente solo unas semanas antes de la cumbre entre Trump y Xi Jinping.

Trump anunció aranceles del cien por cien sobre las importaciones de China, pero solo a partir del 1 de noviembre. El motivo que alega es el endurecimiento de los controles de exportación de metales y minerales de tierras raras por parte de China, que son críticos para Estados Unidos (1). Pekín quiere demostrar que puede apostar tan fuerte como Washington.

El gobierno chino ha endurecido los controles de exportación de metales de tierras raras e imanes. Pekín, que controla alrededor del 60 por ciento de la minería de metales de tierras raras y el 90 por ciento del mercado de imanes de neodimio, que son esenciales para las industrias de alta tecnología y el complejo militar-industrial, ha cerrado efectivamente el acceso de Occidente a esos minerales.

Cualquier producción que utilice tecnologías o componentes chinos ahora se debe negociar con Pekín. Ya no es posible comprar imanes en China, usarlos en el ensamblaje de generadores y luego vender el producto a los militares. Toda la cadena de suministro, hasta el producto final, debe ser aprobada por el gobierno chino, que pretende bloquear a las empresas del complejo militar-industrial occidental.

En respuesta, Trump anunció, a partir del 1 de noviembre, aranceles adicionales del cien por cien sobre todas las mercancías chinas, así como controles de exportación de programas informáticos críticos. Calificó las acciones de China como una “vergüenza moral” y “sin precedentes” en el comercio internacional, a pesar de que fue quien desató la guerra comercial, con sus agresivas políticas proteccionistas.

Este golpe inesperado sacudió los mercados financieros mundiales. El índice S&P500 perdió un 2,7 por cien el viernes, la mayor caída en un día desde abril, cuando los anuncios de Trump sobre aumentos de aranceles empezaron a agitar las bolsas mundiales. El Nasdaq cayó un 3,5 por cien. El bitcoin y otras criptomonedas se han desplomado un 13 y hasta un 80 por cien, respectivamente. Las bolsas ya han perdido decenas de miles de millones de dólares, y es solo el comienzo.

El domingo, el Ministerio de Comercio de China calificó el mensaje de Trump de “hipócrita” (2). Como ejemplos citaron la inclusión de empresas chinas en la lista negra de Washington y la introducción de tarifas portuarias para los barcos chinos. El gobierno de Pekín ha defendido sus restricciones a la exportación de tierras raras, explicando la medida por las preocupaciones sobre el uso militar de esa materia prima.

Sin embargo, ambas partes han dejado un margen de maniobra. Trump dijo que no había cancelado la reunión planeada con Xi Jinping en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), pero expresó dudas sobre si se llevaría a cabo, vinculándola directamente con la voluntad de Pekín de hacer concesiones.

La situación se ha tensado precisamente cuando todos esperaban la relajación, poniendo en duda incluso la posibilidad de una negociación. El New York Times analiza las restricciones a la exportación de Pekín y concluye que podrían provocar interrupciones en el suministro de los fabricantes de armas, así como de las empresas de las industrias de semiconductores, automotriz y otras (3).

Estados Unidos y Europa pueden no ser los únicos que sufran la nueva política comercial de China. Las nuevas reglas, que entrarán en vigor gradualmente el 8 de noviembre y el 1 de diciembre, se aplicarán en todo el mundo. La influencia de China sobre sectores productivos críticos podría intensificarse significativamente en el futuro.

(1) https://truthsocial.com/@realDonaldTrump/posts/115351840469973590
(2) https://www.reuters.com/world/china/china-says-its-rare-earth-export-controls-are-legitimate-2025-10-12/
(3) https://www.nytimes.com/2025/10/12/business/china-rare-earth-export-controls.html