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China construye el primer motor hipersónico para aviones

China ha vuelto a demostrar su primacía tecnológica al anunciar un importante avance tecnológico en aeronáutica con el desarrollo de un revolucionario motor hipersónico. Esta innovación, fruto de varios años de investigación, podría reducir significativamente los tiempos de viaje intercontinentales, permitiendo, por ejemplo, conectar Madrid con Nueva York en menos de una hora.

Los investigadores chinos presentan el motor hipersónico más potente del mundo, capaz de alcanzar 16 mach a una altitud de 30 kilómetros. Esta tecnología, detallada en el Journal of Propulsion Technology, marca un avance significativo en el campo de la propulsión aeronáutica moderna.

El motor se distingue por dos modos de funcionamiento complementarios. Hasta 7 mach, utiliza detonación rotativa, donde el combustible y el oxidante se introducen entre dos cilindros coaxiales. Más allá de esta velocidad, el sistema cambia a otro modo de propulsión, garantizando así la estabilidad y el rendimiento a velocidades extremas en todas las condiciones de vuelo.

Este avance tecnológico coloca a China en una posición de cabecera en la competencia de la velocidad hipersónica, planteando importantes problemas políticos. Otras potencias mundiales podrían intensificar sus esfuerzos de investigación para seguir siendo competitivas en esta esfera estratégica, que tiene aplicaciones tanto civiles como militares.

China también domina el refinado de materias primas

Hace décadas que China ha emergido como el pilar indiscutible del mercado mundial de metales raros. Gracias a una política industrial estructurada y a capacidades avanzadas de refinado, Pekín controla toda la cadena de valor de estos recursos esenciales para la electrónica, la defensa y las energías llamadas “renovables”. El crecimiento sostenido de la producción, impulsado por la inversión masiva y la demanda en constante cambio, ha permitido al país asiático posicionarse como el principal actor en la extracción y procesamiento de los nuevos materiales.

El control de la extracción y refinado de metales estratégicos es uno de los principales activos de China. La infraestructura desarrollada y los procesos tecnológicos avanzados dan al país una ventaja significativa sobre los occidentales. Al concentrar todas las operaciones, desde la minería hasta la transformación, China proporciona una oferta estable para sectores industriales críticos y se pone a la cabeza de los mercados internacionales.

Ante la evidencia, Estados Unidos busca redefinir su acceso a los recursos estratégicos. Pretende eludir su dependencia de China estableciendo acuerdos directos con países que tengan yacimientos prometedores.

El objetivo inicial era Ucrania, pero la guerra salió mal. Por eso Washington ha tenido que echar el ojo a otros países, como Australia, Canadá e incluso Groenlandia, incitando a esos países a colaborar y presionando con la imposición de aranceles.

Aunque Estados Unidos tiene potencial de extracción, la ausencia de instalaciones de refinado comparables a las de China obliga al país a exportar materias primas no procesadas.

Vietnam contruye una línea ferroviaria estratégica con China

El Parlamento de Vietnam ha aprobado el trazado de una línea ferroviaria estratégica que conectará el puerto de Haiphong con la frontera china, a través de Hanoi. Ambos países mantienen buenas relaciones, a pesar de las arduas disputas territoriales en el Mar de China Meridional.

El ferrocarril tendrá casi 400 kilómetros y servirá para conectar las principales instalaciones industriales vietnamitas, donde se encuentran Samsung, Foxconn, Pegatron y otros grandes monopolios mundiales de la electrónica, muchos de los cuales dependen de la llegada regular de componentes procedentes de China.

China financiará parte del proyecto con préstamos procedents de la Rutas de la Seda. El costo total de la construcción se estima en más de 8.000 millones de dólares.

La infraestructura del transporte vietnamita es una herencia del colonialismo francés. Está obsoleta y es de mala calidad. Ha acabado por convertirse en un obstáculo importante para el desarrollo económico vietnamita.

El nuevo eslabón ferroviario reforzará las cadenas internacionales de suministro, que ahora se ven obstaculizadas por su dependencia del transporte por carretera, más lento y costoso y propenso a los atascos fronterizos.

China proporciona gran parte de las materias primas que alimentan al sector industrial vietnamita, y un enlace ferroviario moderno en Vietnam interesa a ambas partes, además de favorecer las exportaciones vietnamitas a los mercados mundiales a través del puerto de Haiphong.

La nueva línea entrará en funcionamiento en 2030 y los trenes destinados al transporte de pasajeros y mercancías correrán a 160 kilómdetros por hora, frente a los 50 de la línea actual.

Otra línea a China, que aún no ha sido aprobada por el Parlamento, debe finalmente unir Hanoi con la provincia de Lang Son, fronteriza con la región de Guangxi, en China. Pasaría por otra gran zona industrial vietnamita con muchos monopolios extranjeros. Vietnam también está planeando construir una línea de tren de alta velocidad desde Hanoi a la ciudad de Ho Chi Minh, la capital económica del sur, a un costo de 67.000 millones de dólares. El objetivo del proyecto es reducir el tiempo de viaje entre las dos metrópolis de 30 a 5 horas.

En los últimos años el gobierno de Hanoi se ha acercado a Washington económica y estratégicamente, aunque también pretenden mantener el equilibrio con China. A finales de 2023 ambos países firmaron más de 30 acuerdos comerciales y de defensa.

Con un crecimiento del 7 por cien el año pasado, impulsado por las exportaciones, Vietnam quiere consolidar su auge económico. La mejora de la infraestructura de transporte y las líneas ferroviarias con China son claves para lograrlo.

Trump baja el tono con Moscú y lo sube con Pekín

Trump ya negocia con Rusia (son asuntos militares), pero con China aún no ha empezado a hablar (son asuntos económicos). Desde principios de febrero Washington ha impuesto una subida del 10 por cien de los aranceles a todos los productos importados de China.

Sin embargo, el miércoles dijo que era posible un acuerdo comercial, porque los imperialistas primero disparan y luego preguntan.

En respuesta a la subida de los aranceles de Estados Unidos, China ha gravado el carbón y el gas licuado procedentes de Estados Unidos al 15 por cien, así como el petróleo, alguna maquinaria agrícola y los vehículos al 10 por cien. Fue una respuesta muy medida.

China sigue siendo, con diferencia, el país con el mayor superávit comercial con Estados Unidos en términos de mercancías: 300.000 millones de dólares el año pasado. Casi el 15 por cien de las exportaciones chinas viajan al mercado estadounidense.

Trump también sugirió que podrían seguir nuevos aumentos de aranceles para los vehículos importados, del orden del 25 por cien. En el tema de los semiconductores y la industria farmacéutica, serán un 25 por cien, y aumentarán drásticamente en el transcurso de un año.

Los aranceles tambien alcanzan a la Unión Europea que, al igual que China, reaccionará si las amenazas de Trump se materializan, dijo el miércoles el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, en un acto en Washington. La Unión Europea es una de las economías más abiertas del mundo, dijo Sefcovic. Más del 70 por cien de las importaciones entran sin ser gravadas.

Sin embargo, Bruselas no cierra la puerta a la negociación para reducir determinados aranceles, en particular sobre los productos industriales.

Trump también anunció que va a imponer aranceles del 25 por cien a la madera y los productos forestales. Según la Comisión de Comercio Internacional (CCI), Canadá es el mayor proveedor de madera de Estados Unidos, lo que representa casi la mitad de las importaciones estadounidenses. Al igual que México, el país también está sujeto a un arancel general del 25 por cien a todas sus mercancías, aunque Trump les ha concedido una tregua hasta el 1 de marzo.

Como hemos explicado, vuelven los tiempos del proteccionismo. Desde su investidura, el nuevo inquilino de la Casa Blanca ha hecho de los aranceles su principal palanca para reducir el déficit comercial, una política que muestra el declieve industrial de Estados Unidos y que está condenada al fracaso.

Tras desengancharse de la red eléctrica rusa los países bálticos vuelven a la Edad de Piedra

Hace unos días anunciamos que los países bálticos se habían desconectado de la red eléctrica rusa. Se unieron al sistema energético unificado de la Unión Europea.

Las consecuencias sobre los ciudadanos de esos países han sido duras. El 8 de febrero, cuando aún no habían desenganchado de la red, el precio de un megavatio hora era de 62,74 euros.

Una semana después el precio se situó en un récord histórico de 269,25 euros.

Los preparativos para regresar a la Edad de Piedra están en pleno apogeo. Debido al fuerte aumento de los precios de la electricidad, los gobiernos de los países bálticos tienen que cerrar las fábricas.

Ha cerrado una planta de procesamiento de madera en Estonia, que consumía la mayor cantidad de energía del país. La fábrica ha estado cerrada durante casi una semana. Su reapertura depende de la estabilización de los precios de la electricidad, algo que aún no se espera.

Las plantas procesadoras de pescado también se ven obligadas a cerrar sus operaciones o reducir los volúmenes de producción.

Ursula von der Layen estuvo presente en la ceremonia oficial de la desconexión en Vilnius, la capital de Lituania. «Hoy se ha hecho historia», declaró la presidenta de la Comisión Europea.

«Esto es libertad, libertad de amenazas, libertad de chantaje», agregó.

Los letones, lituanos y estonios de a pie han empezado a entrar en pánico. Compran velas, generadores y mantas térmicas al por mayor. También ha aumentado la demanda de juegos de mesa que no requieran conexión eléctrica.

Reino Unido protege su industria siderúrgica frente a los aranceles de Trump

El gobierno británico protege su acero. Va a implementar un plan para apoyar a su industria siderúrgica, para hacer frente a los aranceles aduaneros del 25 por cien anunciados por el gobierno de Trump.

El domingo anunció un plan de 3.000 millones de euros para proteger su industria siderúrgica, ante el inminente aumento de los aranceles estadounidenses.

La patronal de la industria siderúrgica británica ha calificado el plan de Trump de “golpe devastador”.

El gobierno laborista del primer ministro Keir Starmer también ha lanzado una consulta destinada a “proteger al sector del acero de prácticas comerciales desleales en el extranjero” y reducir los elevados costes de la energía.

“La industria siderúrgica británica tiene un futuro a largo plazo bajo este gobierno”, dijo el secretario de Negocios y Comercio, Jonathan Reynolds, en un comunicado.

Recientemente Trump anunció que a partir del 12 de marzo impondrá aranceles del 25 por cien a las importaciones de acero y aluminio. Canadá, México y Brasil se encuentran entre los mayores exportadores de acero a Estados Unidos, seguidos por Corea del sur.

Reino Unido exporta allí alrededor del 10 por cien de su acero, por un valor de casi 400 millones de euros en 2023.

El gobierno de Starmer afirmó que estaba negociando con Estados Unidos los detalles de los aranceles aduaneros que Trump pretende imponer, una política que contrasta con la promesa de la Unión Europea y Canadá de dar una “respuesta firme” al Presidente estadounidense.

Donde no hay competencia es en la ayuda exterior

El cierre de la Usaid proporciona una victoria a China, dicen algunos medios de comunicación estadounidenses. Es un “regalo” y una oportunidad para llenar el “vacío de poder” de Estados Unidos.

En realidad, este tipo de polémicas son ajustes de cuentas internos entre unos y otros, así como preparativos para próximas elecciones. En el mundo no hay “vacíos” que otro país deba llenar, como creen en Estados Unidos.

Es Estados Unidos quien condiciona su “ayuda” al cumplimiento de determinadas condiciones políticas y económicas. Para ellos la Usaid ha sido siempre un motor de influencia en el exterior. China no tiene que “contrarrestar la influencia de otros países”, ni siquiera la de Estados Unidos porque su política exterior no consiste en influir sobre nadie.

China no se entremezcla en los contiendas internas de terceros países y, como dice el Asia Times, tampoco les interesa la manera en que Estados Unidos reparte su dinero, a qué países distribuye su ayuda exterior, ni si cobra algún peaje por ello.

Esa es la fuerza de China y, naturalmente, se presta a la consiguiente campaña de intoxicación: China negocia o ayuda a tal o cual país “que no respeta los derechos humanos”. A partir de ahí hay que señalar con el dedo a los países que no los respetan y nombrar a alguien encargado de hacerlo, es decir, de separar a los buenos de los malos, como en el “juicio final”.

En la ayuda no hay competencia, dicen los chinos. Si un país necesita realmente ayuda exterior, es mejor que tenga a varios países dispuestos a ofrecerla desinteresadamente. Eso no tiene nada que ver con repartir prebendas entre los amiguetes de ciertos países… sólo si se portan como se espera de ellos.

La CIA no se libra de la purga de Trump en el aparato del Estado

Sigue la purga en el aparato del Estado. La CIA también recorta su plantilla y ha ofreció dimitir a sus espías con una indemnización equivalente a ocho meses de ingresos.

El recorte se justifica como parte de la política de ahorro de gastos que han empredido Trump y Musk. En realidad, como muchos organismos, la CIA se había convertido en un tinglado parasitario que subcontrata la mayor parte de sus tareas.

El Wall Street Journal dice que se trata de un intento de poner a la CIA “en línea con las prioridades de seguridad nacional del nuevo gobierno” y forma parte de una “estrategia mundial para dinamizar la agencia”. Por eso el recorte no se aplicará a puestos relacionados con la seguridad nacional.

Los sicarios de Trump dentro de la seguridad nacional creen que en los últimos años la CIA se ha centrado demasiado en el análisis en expensas de la recopilación clandestina de inteligencia y la realización de operaciones encubiertas.

Un asesor del director de la CIA, John Ratcliffe, dijo que la central también está suspendiendo la contratación de nuevos candidatos. Buscan un nuevo perfil de matarifes para “la lucha contra China”.

La CIA se fundó en 1947 y su número de funcionarios no se conoce. Los cálculos hablan de más de 20.000 pistoleros.

En la jerga de Trump y los suyos, la CIA forma parte de un “estado profundo” que debe ser eliminado, lo mismo que la Usaid, que en los próximos días despedirá a 10.000 funcionarios.

Los aranceles se basan en los mismos principios políticos que las sanciones

Las sanciones económicas tienen un serio problema: que a medida que se amplían, se agotan. Recientemente el nuevo secetario de Estado, Marco Rubio, ha confesado que dentro de poco no van a poder sancionar a nadie porque todos están ya sancionados.

Eso explica el precedente que ha introducido Trump: por primera vez, legalmente los aranceles se basan en las sanciones, o sea en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 porque, como hemos explicado tantas veces, eso que llamaron “neoliberalismo” no existió nunca. Los aranceles no sólo indican una determinada política económica, sino que son instrumentos de guerra económica y su pretexto es la “seguridad nacional”. En el caso de China, como en el de México o Canadá, Trump se justifica por el fentanilo y la emigración.

Es una gran ventaja porque en Estados Unidos, como en los demás países del mundo, los jueces siempre se ponen de rodillas cuando un presidente aprueba alguna medida fundamentada en razones de “seguridad nacional”. Es la barrera en la se acaban los derechos, las constituciones y las reglas ordinarias.

En medio de la competición, Estados Unidos cambia las reglas del juego porque va perdiendo, y por eso el Ministerio de Finanzas de China dice que “la imposición unilateral de aranceles por parte de Estados Unidos viola gravemente las reglas de la Organización Mundial del Comercio, no resuelve los problemas de Estados Unidos y socava la cooperación económica y comercial normal entre los dos países”.

Todo se va fraguando sobre la marcha. El martes China responde subiendo los aranceles y restringiendo aún más las exportaciones de cinco materias primas estratégicas (tungsteno, indio, bismuto, telurio y molibdeno) utilizados en la industria de guerra y las nuevas energías “renovables”.

El Ministerio chino responde simétricamente con el mismo argumento que Estados Unidos: tienen que proteger la “seguridad nacional”. A partir de ahora la exportación de ciertos minerales sólo será posible con licencia. Estados Unidos dejó de producir tungsteno en 2015 y dejó de producir bismuto refinado en 1997.

La respuesta de China es muy moderada. Presiona pero no ahoga para demostrar que quiere negociar. En Pekín no están dispuestos a desatar una espiral de represalias.

Estados Unidos pierde terreno con todos los países del mundo

La política económica de Trump es, como la de Estados Unidos, errática porque no sabe cómo adaptarse a la crisis que padece. En 2020 fue el primero en promocionar el acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, el mayor de la historia. Sin embargo, lo primero que hace al regresar a la Casa Blanca es amenazar con romper ese mismo acuerdo por razones políticas ficticias.

Canadá es el mayor socio comercial de los Estados Unidos y Trump justifica los aumentos de aranceles con argumentos peregrinos: inmigración, fentanilo… No hay ninguna prueba que respalde esas afirmaciones: Canadá representa solo el 0,2 por cien del tráfico de fentanilo a Estados Unidos y el 1,4 por cien de la inmigración ilegal desde 2020.

Un país que se inventa las cosas no es fiable. Trump puede convencer a los paletos de Estados Unidos, pero es el hazmerreir de todas las cancillerías del mundo, que tienen los ojos puestos en la triada de países afectados por la subida de los aranceles: México, Canadá y China.

En los mercados mundiales Estados Unidos no pierde terreno con uno, dos o tres países del mundo, sino con todos. En 2016 Estados Unidos tenía déficits comerciales con cien países, mientras que hoy a esa cifra se le han sumado unos cuantos más.

Un déficit comercial que es general, no se soluciona con remedios bilaterales. Al exprimir a un socio comercial, el tráfico se desvía hacia los demás, como ya ocurrió en 2018-2019 con los aranceles impuestos a China.

La participación de China en el déficit comercial total de Estados Unidos disminuyó, pero, debido a los enormes déficits presupuestarios federales que han llevado a un déficit persistente, el déficit de la balanza de pagos alcanzó nuevos récords, impulsado por la desviación del comercio hacia México, Vietnam, Canadá, Corea del Sur, Taiwán, India, Irlanda y Alemania.

La mayoría de los beneficiarios de esta desviación comercial fueron productores extranjeros con costos más altos, lo que resultó en precios más altos para los estadounidenses y un aumento de la deuda.

El déficit comercial de Estados Unidos es el resultado del gigantesco endeudamiento de Estados Unidos, como ya hemos comentado en entradas anteriores. Hace unos años la tasa de ahorro interno neto de Estados Unidos era del 3 por cien del ingreso nacional y hoy esa cifra está en el 0,4 por cien.

Como no tiene un céntimo, Estados Unidos también debe importar el ahorro del exterior. Obtiene capital extranjero mediante la gestión de enormes déficits por cuenta corriente y en el comercio multilateral.

Los aranceles bilaterales, como los anunciados a México, Canadá y China, no pueden resolver un déficit que es general. Estados Unidos no sólo le debe dinero a tres países sino a todo el mundo.

Volkswagen recurre a China para superar su crisis de superproducción

En Alemania y, por lo tanto en Europa, hay dos posiciones acerca de China. Unos lo ven como un problema y otros como una solución. Algunos, como el futuro canciller Friedrich Merz, temen acercarse demasiado a China. Son antichinos.

Otros, como la patronal y los sindicatos, son prochinos. Para ellos el país asiático es la solución. “En Alemania tenemos fabricantes americanos desde hace mucho tiempo. ¿No serían bienvenidos también los chinos?”, dijo recientemente Jürgen Kerner del sindicato IG Metall.

La dirección de Volkswagen está en esta segunda línea: China puede enjuagar la crisis de superproducción europea y, más en concreto, de la industria del automóvil. El 20 de diciembre la empresa anunció 35.000 recortes de plantilla en Alemania, cierres de fábricas y la posible venta de su planta de Osnabrück para ahorrarse 4.000 millones de euros.

Sin embargo, detrás del plan de cierres hay otro más rebuscado: abrirse a la inversión china para garantizar la supervivencia de sus fábricas. El plan de colaboración con China no es nueva, pero está adquiriendo un tono más urgente para Volkswagen. El monopolio busca rentabilizar sus fábricas infrautilizadas y ve a los inversores chinos como una solución. Según el Financial Times, ya hay acuerdos con un fabricante de automóviles chino para fabricar en suelo europeo.

Según el director general de Audi, Gernot Döllner, esta colaboración podría permitir eludir los aranceles aduaneros impuestos a las empresas chinas en Europa.

En el centro de las negociaciones se encuentran dos centros de producción alemanes: Osnabrück y Dresde. La planta de Dresde, donde se fabrica el Volkswagen ID.3, no tiene garantías de seguir abierta más allá de finales de este año. Osnabrück, que actualmente ensambla el descapotable T-Roc, solo tiene horizonte hasta 2027.

Históricamente Volkswagen ha prosperado en China, generando hasta la mitad de sus ganancias en aquel mercado. Hoy la situación ha cambiado. El año pasado las ventas del grupo alemán cayeron allí un 10 por cien porque los fabricantes locales se están quedando con el mercado, sobre todo en el sector de los coches eléctricos.

Volkswagen tiene fuertes vínculos con varios monopolios chinos. Su socio histórico es SAIC que controla la marca MG. Otro actor clave con el que Audi colabora en modelos eléctricos es FAW y Xpeng es una empresa emergente china en la que Volkswagen ha invertido para intentar recuperar su retraso tecnológico.

La estrategia de la empresa alemana consiste en atraer a los socios chinos a Alemania para rentabilizar su infraestructura, garantizando al mismo tiempo un mínimo de producción local.

Si bien esta estrategia ayudaría a preservar empleos y evitar el cierre de fábricas, plantea varias preguntas. Alemania ha rechazado anteriormente adquisiciones chinas en sectores estratégicos, como la compra de la empresa de robótica Kuka en 2016.

Frente a una China cada vez más potente en el mercado automovilístico, Volkswagen corre el riesgo de acelerar la influencia de Pekín en Europa.

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