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Categoría: Economía (página 15 de 100)

Donde no hay competencia es en la ayuda exterior

El cierre de la Usaid proporciona una victoria a China, dicen algunos medios de comunicación estadounidenses. Es un “regalo” y una oportunidad para llenar el “vacío de poder” de Estados Unidos.

En realidad, este tipo de polémicas son ajustes de cuentas internos entre unos y otros, así como preparativos para próximas elecciones. En el mundo no hay “vacíos” que otro país deba llenar, como creen en Estados Unidos.

Es Estados Unidos quien condiciona su “ayuda” al cumplimiento de determinadas condiciones políticas y económicas. Para ellos la Usaid ha sido siempre un motor de influencia en el exterior. China no tiene que “contrarrestar la influencia de otros países”, ni siquiera la de Estados Unidos porque su política exterior no consiste en influir sobre nadie.

China no se entremezcla en los contiendas internas de terceros países y, como dice el Asia Times, tampoco les interesa la manera en que Estados Unidos reparte su dinero, a qué países distribuye su ayuda exterior, ni si cobra algún peaje por ello.

Esa es la fuerza de China y, naturalmente, se presta a la consiguiente campaña de intoxicación: China negocia o ayuda a tal o cual país “que no respeta los derechos humanos”. A partir de ahí hay que señalar con el dedo a los países que no los respetan y nombrar a alguien encargado de hacerlo, es decir, de separar a los buenos de los malos, como en el “juicio final”.

En la ayuda no hay competencia, dicen los chinos. Si un país necesita realmente ayuda exterior, es mejor que tenga a varios países dispuestos a ofrecerla desinteresadamente. Eso no tiene nada que ver con repartir prebendas entre los amiguetes de ciertos países… sólo si se portan como se espera de ellos.

La CIA no se libra de la purga de Trump en el aparato del Estado

Sigue la purga en el aparato del Estado. La CIA también recorta su plantilla y ha ofreció dimitir a sus espías con una indemnización equivalente a ocho meses de ingresos.

El recorte se justifica como parte de la política de ahorro de gastos que han empredido Trump y Musk. En realidad, como muchos organismos, la CIA se había convertido en un tinglado parasitario que subcontrata la mayor parte de sus tareas.

El Wall Street Journal dice que se trata de un intento de poner a la CIA “en línea con las prioridades de seguridad nacional del nuevo gobierno” y forma parte de una “estrategia mundial para dinamizar la agencia”. Por eso el recorte no se aplicará a puestos relacionados con la seguridad nacional.

Los sicarios de Trump dentro de la seguridad nacional creen que en los últimos años la CIA se ha centrado demasiado en el análisis en expensas de la recopilación clandestina de inteligencia y la realización de operaciones encubiertas.

Un asesor del director de la CIA, John Ratcliffe, dijo que la central también está suspendiendo la contratación de nuevos candidatos. Buscan un nuevo perfil de matarifes para “la lucha contra China”.

La CIA se fundó en 1947 y su número de funcionarios no se conoce. Los cálculos hablan de más de 20.000 pistoleros.

En la jerga de Trump y los suyos, la CIA forma parte de un “estado profundo” que debe ser eliminado, lo mismo que la Usaid, que en los próximos días despedirá a 10.000 funcionarios.

Los aranceles se basan en los mismos principios políticos que las sanciones

Las sanciones económicas tienen un serio problema: que a medida que se amplían, se agotan. Recientemente el nuevo secetario de Estado, Marco Rubio, ha confesado que dentro de poco no van a poder sancionar a nadie porque todos están ya sancionados.

Eso explica el precedente que ha introducido Trump: por primera vez, legalmente los aranceles se basan en las sanciones, o sea en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 porque, como hemos explicado tantas veces, eso que llamaron “neoliberalismo” no existió nunca. Los aranceles no sólo indican una determinada política económica, sino que son instrumentos de guerra económica y su pretexto es la “seguridad nacional”. En el caso de China, como en el de México o Canadá, Trump se justifica por el fentanilo y la emigración.

Es una gran ventaja porque en Estados Unidos, como en los demás países del mundo, los jueces siempre se ponen de rodillas cuando un presidente aprueba alguna medida fundamentada en razones de “seguridad nacional”. Es la barrera en la se acaban los derechos, las constituciones y las reglas ordinarias.

En medio de la competición, Estados Unidos cambia las reglas del juego porque va perdiendo, y por eso el Ministerio de Finanzas de China dice que “la imposición unilateral de aranceles por parte de Estados Unidos viola gravemente las reglas de la Organización Mundial del Comercio, no resuelve los problemas de Estados Unidos y socava la cooperación económica y comercial normal entre los dos países”.

Todo se va fraguando sobre la marcha. El martes China responde subiendo los aranceles y restringiendo aún más las exportaciones de cinco materias primas estratégicas (tungsteno, indio, bismuto, telurio y molibdeno) utilizados en la industria de guerra y las nuevas energías “renovables”.

El Ministerio chino responde simétricamente con el mismo argumento que Estados Unidos: tienen que proteger la “seguridad nacional”. A partir de ahora la exportación de ciertos minerales sólo será posible con licencia. Estados Unidos dejó de producir tungsteno en 2015 y dejó de producir bismuto refinado en 1997.

La respuesta de China es muy moderada. Presiona pero no ahoga para demostrar que quiere negociar. En Pekín no están dispuestos a desatar una espiral de represalias.

Estados Unidos pierde terreno con todos los países del mundo

La política económica de Trump es, como la de Estados Unidos, errática porque no sabe cómo adaptarse a la crisis que padece. En 2020 fue el primero en promocionar el acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, el mayor de la historia. Sin embargo, lo primero que hace al regresar a la Casa Blanca es amenazar con romper ese mismo acuerdo por razones políticas ficticias.

Canadá es el mayor socio comercial de los Estados Unidos y Trump justifica los aumentos de aranceles con argumentos peregrinos: inmigración, fentanilo… No hay ninguna prueba que respalde esas afirmaciones: Canadá representa solo el 0,2 por cien del tráfico de fentanilo a Estados Unidos y el 1,4 por cien de la inmigración ilegal desde 2020.

Un país que se inventa las cosas no es fiable. Trump puede convencer a los paletos de Estados Unidos, pero es el hazmerreir de todas las cancillerías del mundo, que tienen los ojos puestos en la triada de países afectados por la subida de los aranceles: México, Canadá y China.

En los mercados mundiales Estados Unidos no pierde terreno con uno, dos o tres países del mundo, sino con todos. En 2016 Estados Unidos tenía déficits comerciales con cien países, mientras que hoy a esa cifra se le han sumado unos cuantos más.

Un déficit comercial que es general, no se soluciona con remedios bilaterales. Al exprimir a un socio comercial, el tráfico se desvía hacia los demás, como ya ocurrió en 2018-2019 con los aranceles impuestos a China.

La participación de China en el déficit comercial total de Estados Unidos disminuyó, pero, debido a los enormes déficits presupuestarios federales que han llevado a un déficit persistente, el déficit de la balanza de pagos alcanzó nuevos récords, impulsado por la desviación del comercio hacia México, Vietnam, Canadá, Corea del Sur, Taiwán, India, Irlanda y Alemania.

La mayoría de los beneficiarios de esta desviación comercial fueron productores extranjeros con costos más altos, lo que resultó en precios más altos para los estadounidenses y un aumento de la deuda.

El déficit comercial de Estados Unidos es el resultado del gigantesco endeudamiento de Estados Unidos, como ya hemos comentado en entradas anteriores. Hace unos años la tasa de ahorro interno neto de Estados Unidos era del 3 por cien del ingreso nacional y hoy esa cifra está en el 0,4 por cien.

Como no tiene un céntimo, Estados Unidos también debe importar el ahorro del exterior. Obtiene capital extranjero mediante la gestión de enormes déficits por cuenta corriente y en el comercio multilateral.

Los aranceles bilaterales, como los anunciados a México, Canadá y China, no pueden resolver un déficit que es general. Estados Unidos no sólo le debe dinero a tres países sino a todo el mundo.

Volkswagen recurre a China para superar su crisis de superproducción

En Alemania y, por lo tanto en Europa, hay dos posiciones acerca de China. Unos lo ven como un problema y otros como una solución. Algunos, como el futuro canciller Friedrich Merz, temen acercarse demasiado a China. Son antichinos.

Otros, como la patronal y los sindicatos, son prochinos. Para ellos el país asiático es la solución. “En Alemania tenemos fabricantes americanos desde hace mucho tiempo. ¿No serían bienvenidos también los chinos?”, dijo recientemente Jürgen Kerner del sindicato IG Metall.

La dirección de Volkswagen está en esta segunda línea: China puede enjuagar la crisis de superproducción europea y, más en concreto, de la industria del automóvil. El 20 de diciembre la empresa anunció 35.000 recortes de plantilla en Alemania, cierres de fábricas y la posible venta de su planta de Osnabrück para ahorrarse 4.000 millones de euros.

Sin embargo, detrás del plan de cierres hay otro más rebuscado: abrirse a la inversión china para garantizar la supervivencia de sus fábricas. El plan de colaboración con China no es nueva, pero está adquiriendo un tono más urgente para Volkswagen. El monopolio busca rentabilizar sus fábricas infrautilizadas y ve a los inversores chinos como una solución. Según el Financial Times, ya hay acuerdos con un fabricante de automóviles chino para fabricar en suelo europeo.

Según el director general de Audi, Gernot Döllner, esta colaboración podría permitir eludir los aranceles aduaneros impuestos a las empresas chinas en Europa.

En el centro de las negociaciones se encuentran dos centros de producción alemanes: Osnabrück y Dresde. La planta de Dresde, donde se fabrica el Volkswagen ID.3, no tiene garantías de seguir abierta más allá de finales de este año. Osnabrück, que actualmente ensambla el descapotable T-Roc, solo tiene horizonte hasta 2027.

Históricamente Volkswagen ha prosperado en China, generando hasta la mitad de sus ganancias en aquel mercado. Hoy la situación ha cambiado. El año pasado las ventas del grupo alemán cayeron allí un 10 por cien porque los fabricantes locales se están quedando con el mercado, sobre todo en el sector de los coches eléctricos.

Volkswagen tiene fuertes vínculos con varios monopolios chinos. Su socio histórico es SAIC que controla la marca MG. Otro actor clave con el que Audi colabora en modelos eléctricos es FAW y Xpeng es una empresa emergente china en la que Volkswagen ha invertido para intentar recuperar su retraso tecnológico.

La estrategia de la empresa alemana consiste en atraer a los socios chinos a Alemania para rentabilizar su infraestructura, garantizando al mismo tiempo un mínimo de producción local.

Si bien esta estrategia ayudaría a preservar empleos y evitar el cierre de fábricas, plantea varias preguntas. Alemania ha rechazado anteriormente adquisiciones chinas en sectores estratégicos, como la compra de la empresa de robótica Kuka en 2016.

Frente a una China cada vez más potente en el mercado automovilístico, Volkswagen corre el riesgo de acelerar la influencia de Pekín en Europa.

La industria nuclear francesa sigue dependiendo de Rusia

Pionera en energía nuclear desde los años setenta del siglo pasado, Francia ha desarrollado un modelo único basado en un ciclo cerrado de combustible. Este planteamiento no sólo reduce los residuos radiactivos, sino que también reutiliza materiales usados ​​para producir nuevos combustibles, como el “mox”, que alimenta el 10 por cien de los reactores franceses.

Sin embargo, esta aparente autonomía esconde una importante dependencia: el enriquecimiento del uranio reprocesado se realiza exclusivamente en Rusia, en la planta de Seversk, operada por Rosatom.

El transporte de materiales nucleares entre Francia y Rusia constituye un eslabón particularmente frágil de la cadena. Dependiente de buques rusos especializados y de aseguradoras presionadas por las sanciones occidentales, la logística podría verse comprometida por nuevas medidas restrictivas, lo que provocaría una acumulación problemática de existencias de uranio usado en Francia.

Las limitaciones industriales francesas acentúan esa vulnerabilidad. Aunque dispone de instalaciones como la planta Georges-Besse II en Tricastin para el enriquecimiento de uranio natural, Francia no dispone del equipamiento necesario para procesar el uranio reprocesado, lo que refuerza su dependencia de Rusia.

Frente a ese desafío, están surgiendo soluciones. La inversión de Orano de 1.700 millones de euros para aumentar la capacidad de enriquecimiento de Tricastin hasta 2028 es el primer paso. Sin embargo, una verdadera autonomía requeriría inversiones mucho más cuantiosas, particularmente en tecnologías de vanguardia como los reactores de neutrones rápidos, capaces de recuperar totalmente el uranio empobrecido.

El “mox” es una abreviatura de la expresión inglesa “mixed oxide” o mezcla de óxidos de uranio. Alude a una mezcla de óxido de uranio natural, uranio reprocesado o uranio empobrecido y óxido de plutonio. La proporción de plutonio en este combustible varía de un 3 a un 10 por cien.

El combustible se comporta de una forma similar a la del de uranio empobrecido (combustible convencional) para el que se diseñaron la mayoría de los reactores nucleares de agua ligera.

Uno de las ventajas del “mox” es que elimina una parte del plutonio procedente de los programas militares de armamento nuclear, eliminando el problema del almacenamiento re residuos.

El desierto del Sahara es la futura despensa de Argelia

Hasta hace poco, en el desierto del Sahara la agricultura estaba confinada a los oasis. Aquella agricultura tradicional debía su éxito a conocimientos ancestrales desarrollados a la sombra de las palmeras.

Desde los años ochenta se practica en vastas zonas desérticas utilizando aspersores que permiten el riego de campos de 40 hectáreas. Para ello la agricultura sahariana debe afrontar enormes desafíos: disponibilidad de agua, altas temperaturas, lejanía de los lugares de consumo, gasto de energía y financiación.

Gracias al clima meridional, los mercados están ahora abastecidos durante todo el año con tomates, pimientos, calabacines y otras verduras. Este tipo de actividad ha atraído a agricultores del norte del país y a los jóvenes que buscan empleo. Inversores como el grupo Souakri han lanzado proyectos para producir tomates cherry a gran escala para exportarlos a Europa.

Entre los éxitos de la agricultura sahariana, la producción de patatas en la región de Oued Souf, en el extremo sureste de Argelia, ocupa un lugar especial. Iniciado como un experimento, el desarrollo de aspersores de una hectárea ha permitido su expansión gracias a la participación de agricultores con recursos limitados.

Hoy día el desierto produce una gran proporción de las patatas que se consumen en Argelia. En febrero de 2022 los servicios agrícolas estimaban una producción de 400.000 toneladas de patatas en Oued Souf.

El desarrollo de la horticultura de invernadero es otro aspecto de las nuevas explotaciones del desierto que está en plena expansión. En 2016, en la región de Biskra, el valor total de los créditos de campaña otorgados a los agricultores por los comerciantes de semillas se estimó en 530 millones de dinares y solo el mercado de El Ghrous, en Biskra, es frecuentado por más de 500 agricultores y 120 mayoristas.

La producción de remolacha azucarera en una zona árida

Uno de los éxitos del cultivo a gran escala es la producción de forraje para el ganado. Con la producción de maíz para alimentar al ganado, la región de Menia ha permitido a Ghardaia convertirse en un centro lechero.

Argelia ha empezado a depender del Sahara para producir gran parte de la leche que necesita. El año pasado se puso en marcha un proyecto para crear una granja gigante de 270.000 vacas, la más grande del mundo, en la región de Adrar.

La inversión asciende a 3.500 millones de dólares para producir leche en polvo, forrajes, carne y cereales. El dinero procede tanto de Argelia como del grupo qatarí Baladna.

Lo mismo ocurre con el cultivo de trigo en Adrar, Menea o Timimoun, en el que el grupo italiano BF participa junto al Fondo Nacional de Inversiones con 400 millones de dólares. La producción alcanza más de dos millones de toneladas, incluidas las semillas utilizadas en casos de sequía en el norte.

Caña de azúcar: del trópico al desierto

Otro proyecto es el de producir azúcar a partir de remolacha y caña de azúcar en el desierto. La caña de azúcar ya existe en el sur por iniciativa de pequeños productores que venden miel de caña. Hay otro proyecto italo-argelino de cultivo de caña de azúcar en la comarca de Hassi El Gara, en Menia.

En cuanto a la remolacha azucarera, un inversor privado realizó en 2022 las primeras pruebas en varias decenas de hectáreas en Gassi Touil (Ouargla).

Una empresa privada argelina también va a producir remolacha azucarera y una unidad de procesamiento con una capacidad de 500.000 toneladas anuales en las provincias de Menia, Ouargla y Ghardaia, sobre una superficie total de más de 285.000 hectáreas.

Mientras, un grupo público va a producir remolacha azucarera y de tratamiento, con una capacidad de 60.000 toneladas en las provincias de Ouargla y Touggourt, con una superficie de más de 20.000 hectáreas.

La producción de azúcar en zonas áridas no es nueva. Con la refinería de azúcar del Canal, situada a 250 kilómetros al sur de El Cairo, Egipto está desarrollando el cultivo de remolacha azucarera de regadío. El país tiene una vasta experiencia en materia agronómica y logística.

Trump quiere facturar a la Unión Europea por la presencia de las tropas estadounidenses

Trump está resuelto a llevar a la Unión Europea a la quiebra de una vez por todas. No le resulta suficiente con que los países europeos gasten el 5 por cien de sus presupuestos públicos en armas… naturalmente fabricadas en Estados Unidos.

Su último torpedo es el de facturar por los costes de mantenimiento del contingente militar estadounidense en Europa.

Para optimizar costes, Trump quiere reducir la presencia militar estadounidense en Europa en un 20 por cien, es decir, en 80.000 hombres. Al mismo tiempo, pretende exigir a los países europeos que paguen para mantener al resto de las tropas estadounidenses.

La agencia de noticias italiana ANSA asegura que hasta ahora las conversaciones sobre este tema están en una fase inicial y el nuevo presidente estadounidense está tratando de determinar la cantidad que deberá pagar Bruselas.

Es típico de todos los invasores: los invadidos deben financiar la invasión, aunque Trump lo al revés. Sus tropas estadounidenses están en el Viejo Continente para disuadir a Rusia y garantizar la seguridad de los europeos.

“Es demasiado pronto para decir cuánto será la factura, la conversación apenas está comenzando”, comenta la agencia italiana.

Trump está optimizando el gasto no sólo en Europa, sino también en Estados Unidos. Ha eliminado las escoltas al ex secretario de Estado Mike Pompeo, al ex enviado especial para Irán, Brian Hook, y a su ex asesor de seguridad nacional, John Bolton.

El New York Times lo lamenta, porque existe el riesgo de que Irán les intente asesinar.

Trump: presiones políticas para enjuagar los déficits económicos

Trump planea rediseñar los mapas del mundo y ha empezado por sus vecinos. Quiere convertir a Canadá en el estado número 51 de Estados Unidos, aunque tras su palabrería grandielocuente, el objetivo real es presionar a Ottawa para reequilibrar el comercio y abrir una ruta marítima por el norte.

También quiere cambiar el nombre del Golfo de México, aunque el objetivo real es aumentar los aranceles, frenar la inmigración y el tráfico de fentanilo, el opioide responsable de la muerte de decenas de miles de estadounidenses.

Pretende recuperar el control del Canal de Panamá porque ahora quien lo controla es China y los barcos estadounidenses tienen que pagar un peaje muy elevado.

También le gustaría apoderarse de Groenlandia para crer una base de alerta militar avanzada y asentarse cerca de las rutas del Ártico.

Europa también está en el punto de mira. Trump quiere aumentar los aranceles un 25 por cien a partir del mes que viene porque la balanza de pagos tampoco le resulta favorable. Europa tiene un superávit de unos 200.000 millones de dólares con Estados Unidos.

Pero el objetivo de Trump siempre ha sido China, otro país que tiene un superávit comercial con Estados Unidos de casi un billón de dólares. Marco Rubio, el nuevo cacique de la diplomacia estadounidense, no oculta que China es el peligro más importante que Estados Unidos ha tenido que afrontar jamás.

La guerra comercial con China la tienen que ganar mediante la reindustrialización de Estados Unidos. En 2022 Biden presentó la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) para fomentar la inversión en Estados Unidos.

El nuevo Presidente ha anunciado la retirada inmediata del acuerdo climático de París y la desregulación masiva de los mercados, que ahora están atados por numerosos compromisos ambientales. “Cualquier persona o empresa que invierta mil millones de dólares o más en los Estados Unidos de América se beneficiará de autorizaciones y permisos acelerados, incluidas, entre otras, todas las aprobaciones ambientales”.

En las próximas semanas aumentarán las barreras arancelarias para frenar el flujo de buques portacontenedores que descargan productos chinos en Estados Unidos. Los aranceles subirán un 60 por cien para los productos importados de China, pero los demás países no se quedan atrás. Subirán un 25 por cien para los de México y Canadá, y un 20 por cien para el resto del mundo.

La factura es elevada. La guerra económica costará entre el 0,5 por cien y el 1 por cien al PIB mundial. Pero el impacto negativo sería aún mayor para Estados Unidos: 640.000 millones de dólares. Eso equivaldría a entre 1.500 y 2.000 dólares menos por hogar estadounidense.

Es probable que los precios de GM, Ford y Chrysler aumenten a medida que se vayan alzando los muros económicos. A mediados de enero, el gobierno estadounidense ya anunció la prohibición de la venta de vehículos conectados que incorporen tecnología china o rusa, ya sean componentes o programas a partir de 2027. La decisión forma parte de las nuevas reglas del Departamento de Comercio destinadas a “asegurar la cadena de suministro contra amenazas externas”.

El automóvil, símbolo de la industria occidental durante un siglo, ilustra los nuevos centros de gravedad del comercio mundial. En apenas unas décadas, China ha cambiado la cadena de valor de ese mercado, desde el diseño hasta las ventas. También se ha hecho con el control del mercado de los metales necesarios para las baterías eléctricas, en particular el litio y el cobalto, de los que refina más de la mitad del consumo mundial.

China ha comprado marcas históricas como MG y ha creado otras como BYD. El año pasado el fabricante vendió más de 4,2 millones de vehículos, un aumento del 41 por cien, incluidos 1,7 millones de coches eléctricos. Casi tanto como Tesla. Mientras tanto, Volkswagen ha anunciado 35.000 supresiones de empleo y los recortes de plantilla se multiplican entre los fabricantes de suministros: Bosch, Valeo y Michelin cierran fábricas y despiden trabajadores.

Europa también grava los coches chinos

En octubre Bruselas aprobó un aumento de los aranceles aduaneros para los coches chinos, hasta el 36 por cien en función de los subsidios que el gobierno chino paga a los fabricantes. Estos se suman a los impuestos de importación del 10 por cien ya aplicados.

El informe Draghi sobre la competitividad europea de este otoño destacó las debilidades del mercado único: el coste adicional de la energía desde el innicio de la Guerra de Ucrania, un mercado de capitales ineficaz, cargas regulatorias para las empresas y un retardo en la innovación, en particular en tecnologías de vanguardia.

Lo mismo que Estados Unidos, la reindustrialización europea también exige una simplificación burocrática, que se presentará al Parlamento Europeo el próximo 26 de febrero: menos controles administrativos previos, menos informes sobre los planes de descarboninzación de las empresas…

La Comisión pretende impulsar las ventas de coches eléctricos fabricados en la Unión Europea, cuyas ventas están estancadas, con incentivos fiscales para las flotas empresariales. Al igual que la industria siderúrgica y la química, la industria del automóvil es uno de los sectores estratégicos que Europa pretende impulsar.

Las exportaciones alemanas de armamento alcanzan un máximo

En los últimos años, Alemania ha sido acusada de tener una política demasiado restrictiva en materia de ventas de armas al extranjero. Las ventas de armas es otro mercado que tiene poco que ver con el libre comercio. Si un sistema de armas incluye componentes de fabricación alemana, el gobierno de Berlín bloquea la contratación, como se vio recientemente con los 48 aviones de combate Eurofighter que Arabia Saudita planeaba adquirir a Reino Unido.

El acuerdo de coalición gubernamental alcanzado en octubre de 2021 por los socialdemócratas (SPD), los liberales (FDP) y los Verdes, habla de endurecer aún más las normas sobre la exportación de material militar, incluso a escala europea.

Sin embargo, la coalición de gobierno que encabeza el canciller Olaf Scholz tuvo que dar marcha atrás en aquel asunto debido a la Guerra de Ucrania. Además, Alemania nunca ha vendido tantas armas como ahora. En 2023 Berlín aprobó licencias de exportación de armas por un valor récord de 12.200 millones de euros.

El récord se batió el año pasado, cuando el gobierno alemán autorizó licencias de exportación por un valor total de 13.300 millones de euros. Pero se trata de un aumento engañoso, ya que este resultado se debe en gran medida a la ayuda militar concedida por Berlín a Kiev, que representa unos 8.200 millones de euros. Le siguen Singapur (1.170 millones), Argelia (558,7 millones), Estados Unidos (298,5 millones), Turquía (230,8 millones) y la India (224 millones).

La presencia de Turquía entre los diez mayores clientes sigue a la decisión de Alemania de levantar las restricciones a las ventas de armas a ese país. En octubre el semanario Der Spiegel informó que Berlín se preparaba para dar luz verde a la venta de 100 misiles tierra-aire RAM Block 2B, 28 torpedos de largo alcance SeaHake y diversos equipos para los submarinos U209 de la Armada turca.

El Ministerio alemán de Economía explica en sus comunicaciones que antes de autorizar la venta de armas se tienen en cuenta consideraciones políticas y, además, también examinan los intereses estratégicos del país.

Si bien Berlín siempre ha favorecido las exportaciones a los países miembros de la Unión Europea y la OTAN, así como a los compinches de esas dos organizaciones, el año pasado las cosas empezaron a cambiar.

Entre los diez mayores clientes de la industria armamentística alemana, sólo un estado es miembro tanto de la Unión Europea como de la OTAN: la República Checa. Otros tres pertenecen sólo a la Alianza (Estados Unidos, Turquía y Reino Unido). Pero las anunciadas compras de tanques Leopard 2A8, por ejemplo, cambiarán inevitablemente este año la situación.

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