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Categoría: Ecología (página 6 de 30)

Se desvanecen las ilusiones verdes en Alemania

En los últimos días en la prensa alemana han aparecido titulares catastróficos sobre los proyectos piloto de la transición verde de la economía. Recientemente, la empresa HH2E, con sede en Hamburgo, que contó con el apoyo del ministro de Economía, Robert Habeck, de los Verdes, anunció su quiebra. La empresa tenía como objetivo lanzar la producción de “hidrógeno verde” en Alemania. El proyecto fue abandonado cuando en mayo el accionista mayoritario, el holding londinense Foresight, retiró sus fondos.

Hasta entonces HH2E planeaba producir hasta 240.000 toneladas de “hidrógeno verde” para 2030, utilizando electrólisis alimentada por energía solar y eólica, en cuatro sitios de producción. El proyecto era un paso importante en el cuento de la lechera seudoecologista: sustituir el carbón y el gas para producir “acero verde”, apoyando el transporte y otros sectores económicos.

También se acumulan malas noticias en el sector de la automoción. En Volkswagen y Audi, ambos del holding VAG, la dramática caída de las ventas de coches eléctricos está empujando a la dirección a reducir su producción, introducir contratos de trabajo precarios y cerrar fábricas: probablemente tres para Volkswagen y al menos una para Audi.

En Colonia Ford ha dejado de producir vehículos con motor térmico para invertir 1.800 millones de euros en la producción exclusiva de los eléctricos. Esperaba obtener elevados beneficios, pero las ventas del Explorer han empezado muy lentamente. Por cada vehículo vendido a un precio de 49.000 euros, la empresa registra una pérdida de 44.000 euros.

Con unos números rojos de 1.300 millones de euros en el tercer trimestre de este año, la dirección ha pisado el freno de emergencia, reduciendo la producción diaria de 630 a 480 vehículos, limitando el número de días de producción por semana y firmando contratos percarios a los trabajadores.

Los sueños verdes, que eufóricamente pronosticaban 15 millones de coches eléctricos en las carreteras alemanas en la próxima década, se han derrumbado. No hay suficientes compradores dispuestos a pagar el elevado precio de un vehículo eléctrico o con acceso a una vivienda unifamiliar equipada con una estación de carga. El número insuficiente de estaciones de carga tampoco tranquiliza a los compradores potenciales.

Además, los fabricantes de automóviles han reducido drásticamente la contratación en sus departamentos de investigación y desarrollo. Entre enero y octubre de este año se registró una caída del 57 por cien con respecto al mismo período del año anterior. Eso indica que los nuevos modelos no se desarrollarán. El sector del automóvil, que ya planeaba perder alrededor de un tercio de sus 780.000 puestos de trabajo debido a la transición verde, tendrá que realizar más despidos debido al colapso.

Las innumerables empresas proveedoras, que suponen cientos de miles de puestos de trabajo, también se verán arrastradas por la espiral negativa de los fabricantes de automóviles.

Una ola de frío de larga duración sacude a Florida

El sur de Florida se hunde profundamente en el invierno antes de su llegada ritual. La sensación térmica podría bajar hasta un grado del punto de congelación en el interior y los 4 grados en la costa, y se espera que las mañanas de hoy y mañana sean las más frescas.

La bofetada de aire gélido llega cuando uno de los generadores de nieve más prolíficos del planeta golpea partes del noreste de Estados Unidos con nieve y deja al “Estado del Sol” abierto a un flujo de aire seco desde las latitudes más septentrionales del país.

Hay avisos de congelamiento en Florida para áreas desde Ocala hasta Gainesville y al norte hasta Jacksonville, con una previsión de que las temperaturas caigan a -3ºC en Lake City mañana por la mañana.

En el condado de Palm Beach, las temperaturas mínimas durante la noche podrían ser más de 10 grados más frías de lo normal, y se pronostica que West Palm Beach alcance los 49 grados a primera hora del martes y 45 grados más cerca del Lago Okeechobee. Las áreas al oeste del lago podrían bajar a los 4ºC y la sensación térmica caerá a -1ºC.

La temperatura mínima normal en West Palm Beach a principios de diciembre es de 18ºC. La temperatura más fría registrada en West Palm Beach para un día como hoy, 3 de diciembre, es de 6ºC, medida en 1903. El mercurio bajó a un récord de 5,5ºC el 4 de diciembre de 1974.

El 23 de noviembre West Palm Beach, según las mediciones realizadas en el aeropuerto, alcanzó una temperatura mínima de casi 9ºC.

El criterio para abrir los refugios para indigentes es cuando los pronósticos auguran que la temperatura caerá a 4ºC o menos durante un período de al menos cuatro horas consecutivas. Los refugios también se abren cuando se pronostica que la sensación térmica alcanzará 1,5ºC o menos durante un período de al menos cuatro horas.

Las iguanas se caen de los árboles al quedar aturdidas por el frío. Las olas de frío prolongadas con cielos nublados impiden que tomen el sol para calentarse y pueden ser mortales, ya que quedan paralizados y se convierten en presa fácil de buitres, gatos monteses y coyotes. Además, cuando los lagartos quedan inmovilizados por el frío, sus sistemas digestivos se agrian y pueden morir.

Los carámbanos que aparecen en la foto de portada corresponden al año 2018. La nieve es un fenómeno que no se conocía en el “Estado del Sol” desde hacía casi tres décadas. La capital, Tallahassee, amaneció entonces con 2,5 milímetros de nieve, la primera medición significativa desde 1989.

En Marruecos el gobierno ya ha activado la Operación Riaya para este invierno, en previsión de bajas temperaturas y fuertes nevadas que pueden aislar a numerosas poblaciones.

El 24 de noviembre el Ayuntamiento de Pekín también emitió una alerta azul por la llegada de una ola de frío, advirtiendo de un descenso brusco de las temperaturas y de duras condiciones meteorológicas para los próximos días.

Ambiente fúnebre tras el fracaso de la última cumbre climática

Tras el fin de la conferencia climática COP29, celebrada en Bakú, el ambiente es fúnebre. Casi una semana entera de conversaciones y reuniones interminables no parece haber sido suficiente para alcanzar un consenso razonable sobre una serie de medidas prácticas sobre las que había expectativas.

El debate sobre la financiación de las políticas climáticas ha fracasado. Los países emergentes esperaban una política de donaciones anuales de poco más de un billón de dólares para políticas destinadas a la transición energética, pero sólo se transferirán 300.000 millones por año. Pero esos 300.000 millones no necesariamente constituirán donaciones, sino que también podrán realizarse a través de préstamos y otras formas de financiación.

En otras palabras, la financiación climática quiere convertirse en un negocio para los países ricos y un lastre para los demás, con más deudas y más intereses a pagar.

India denunció el resultado final de la cumbre, con el aplauso de Bolivia, Cuba y Nigeria, como una enorme farsa y un insulto de los países desarrollados a los emergentes.

El debate sobre la financiación queda ahora para la próxima COP30, que se celebrará en Brasil el año que viene. El problema es que las posibilidades de que la COP30 avance lo que la COP29 no logró son muy bajas.

Las paranoias climáticas ya no cuelan, entre otras cosas porque los artículos seudocientíficos son cada vez más ridículos y, sobre todo, porque en medio de la crisis económica, es cada vez más difícil avanzar con la transición energética y las políticas descarbonizadoras.

Alemania, por ejemplo, fue uno de los principales impulsores de la histeria climática en el mundo, llegando incluso a cerrar sus centrales nucleares por motivos medioambientales. Afectada ahora por una crisis energética generada por las sanciones a Rusia y la destrucción de NordStream, está reabriendo sus plantas de carbón.

Por su parte, Suecia, que siempre ha estado a la vanguardia de las políticas ambientales, ha comenzado a dar marcha atrás a la mayoría de ellas. El Ministerio de Medio Ambiente ha sido desmantelado y el gobierno ha empezado a priorizar los combustibles convencionales.

En Reino Unido el anterior gobierno de Rishi Sunak ha levantado la prohibición de venta de coches diésel, además de dejar de promover la sustitución de las calefacciones de gas.

Podríamos seguir dando ejemplos de otros países.

Las sanciones a Rusia y la destrucción del NordStream han complicado la situación energética europea, aumentando el coste de la vida, hasta el punto de convencer a los gobiernos europeos de eliminar algunas -al menos- de sus medidas seudoecologistas.

Los países desarrollados construyeron su riqueza saqueando intensivamente los recursos naturales de todo el mundo y contaminando el planeta. Ahora no quieren que otros hagan lo propio y predican restricciones ambientales para limitar el crecimiento de las economías emergentes. A menudo esas imposiciones dañan sectores estratégicos, como la exploración de petróleo y gas, la minería y la agroindustria, que son fundamentales para el desarrollo económico.

Asistimos a la crisis de las políticas verdes, que han dominado la política mundial desde hace algunos años. No obstante, algunos países parecen no haber entendido todavía que solo eran nuevas estrategias del capital para la acumulación y la imposición de formas de control social.

Tras el fin de la conferencia Ambiente fúnebre tras el fracaso de la COP29

Tras el fin de la conferencia climática COP29, celebrada en Bakú, el ambiente es fúnebre. Casi una semana entera de conversaciones y reuniones interminables no parece haber sido suficiente para alcanzar un consenso razonable sobre una serie de medidas prácticas sobre las que había expectativas.

El debate sobre la financiación de las políticas climáticas ha fracasado. Los países emergentes esperaban una política de donaciones anuales de poco más de un billón de dólares para políticas destinadas a la transición energética, pero sólo se transferirán 300.000 millones por año. Pero esos 300.000 millones no necesariamente constituirán donaciones, sino que también podrán realizarse a través de préstamos y otras formas de financiación.

En otras palabras, la financiación climática quiere convertirse en un negocio para los países ricos y un lastre para los demás, con más deudas y más intereses a pagar.

India denunció el resultado final de la cumbre, con el aplauso de Bolivia, Cuba y Nigeria, como una enorme farsa y un insulto de los países desarrollados a los emergentes.

El debate sobre la financiación queda ahora para la próxima COP30, que se celebrará en Brasil el año que viene. El problema es que las posibilidades de que la COP30 avance lo que la COP29 no logró son muy bajas.

Las paranoias climáticas ya no cuelan, entre otras cosas porque los artículos seudocientíficos son cada vez más ridículos y, sobre todo, porque en medio de la crisis económica, es cada vez más difícil avanzar con la transición energética y las políticas descarbonizadoras.

Alemania, por ejemplo, fue uno de los principales impulsores de la histeria climática en el mundo, llegando incluso a cerrar sus centrales nucleares por motivos medioambientales. Afectada ahora por una crisis energética generada por las sanciones a Rusia y la destrucción de NordStream, está reabriendo sus plantas de carbón.

Por su parte, Suecia, que siempre ha estado a la vanguardia de las políticas ambientales, ha comenzado a dar marcha atrás a la mayoría de ellas. El Ministerio de Medio Ambiente ha sido desmantelado y el gobierno ha empezado a priorizar los combustibles convencionales.

En Reino Unido el anterior gobierno de Rishi Sunak ha levantado la prohibición de venta de coches diésel, además de dejar de promover la sustitución de las calefacciones de gas.

Podríamos seguir dando ejemplos de otros países.

Las sanciones a Rusia y la destrucción del NordStream han complicado la situación energética europea, aumentando el coste de la vida, hasta el punto de convencer a los gobiernos europeos de eliminar algunas -al menos- de sus medidas seudoecologistas.

Los países desarrollados construyeron su riqueza saqueando intensivamente los recursos naturales de todo el mundo y contaminando el planeta. Ahora no quieren que otros hagan lo propio y predican restricciones ambientales para limitar el crecimiento de las economías emergentes. A menudo esas imposiciones dañan sectores estratégicos, como la exploración de petróleo y gas, la minería y la agroindustria, que son fundamentales para el desarrollo económico.

Asistimos a la crisis de las políticas verdes, que han dominado la política mundial desde hace algunos años. No obstante, algunos países parecen no haber entendido todavía que solo eran nuevas estrategias del capital para la acumulación y la imposición de formas de control social. COP29, celebrada en Bakú, el ambiente es fúnebre. Casi una semana entera de conversaciones y reuniones interminables no parece haber sido suficiente para alcanzar un consenso razonable sobre una serie de medidas prácticas sobre las que había expectativas.

El debate sobre la financiación de las políticas climáticas ha fracasado. Los países emergentes esperaban una política de donaciones anuales de poco más de un billón de dólares para políticas destinadas a la transición energética, pero sólo se transferirán 300.000 millones por año. Pero esos 300.000 millones no necesariamente constituirán donaciones, sino que también podrán realizarse a través de préstamos y otras formas de financiación.

En otras palabras, la financiación climática quiere convertirse en un negocio para los países ricos y un lastre para los demás, con más deudas y más intereses a pagar.

India denunció el resultado final de la cumbre, con el aplauso de Bolivia, Cuba y Nigeria, como una enorme farsa y un insulto de los países desarrollados a los emergentes.

El debate sobre la financiación queda ahora para la próxima COP30, que se celebrará en Brasil el año que viene. El problema es que las posibilidades de que la COP30 avance lo que la COP29 no logró son muy bajas.

Las paranoias climáticas ya no cuelan, entre otras cosas porque los artículos seudocientíficos son cada vez más ridículos y, sobre todo, porque en medio de la crisis económica, es cada vez más difícil avanzar con la transición energética y las políticas descarbonizadoras.

Alemania, por ejemplo, fue uno de los principales impulsores de la histeria climática en el mundo, llegando incluso a cerrar sus centrales nucleares por motivos medioambientales. Afectada ahora por una crisis energética generada por las sanciones a Rusia y la destrucción de NordStream, está reabriendo sus plantas de carbón.

Por su parte, Suecia, que siempre ha estado a la vanguardia de las políticas ambientales, ha comenzado a dar marcha atrás a la mayoría de ellas. El Ministerio de Medio Ambiente ha sido desmantelado y el gobierno ha empezado a priorizar los combustibles convencionales.

En Reino Unido el anterior gobierno de Rishi Sunak ha levantado la prohibición de venta de coches diésel, además de dejar de promover la sustitución de las calefacciones de gas.

Podríamos seguir dando ejemplos de otros países.

Las sanciones a Rusia y la destrucción del NordStream han complicado la situación energética europea, aumentando el coste de la vida, hasta el punto de convencer a los gobiernos europeos de eliminar algunas -al menos- de sus medidas seudoecologistas.

Los países desarrollados construyeron su riqueza saqueando intensivamente los recursos naturales de todo el mundo y contaminando el planeta. Ahora no quieren que otros hagan lo propio y predican restricciones ambientales para limitar el crecimiento de las economías emergentes. A menudo esas imposiciones dañan sectores estratégicos, como la exploración de petróleo y gas, la minería y la agroindustria, que son fundamentales para el desarrollo económico.

Asistimos a la crisis de las políticas verdes, que han dominado la política mundial desde hace algunos años. No obstante, algunos países parecen no haber entendido todavía que solo eran nuevas estrategias del capital para la acumulación y la imposición de formas de control social.

Subvenciones públicas, tecnologías ‘limpias’ y energía nuclear (Bruselas no se aclara)

La Unión Europea nació en la posguerra en torno a la energía, que entonces era el carbón, y 70 años después el quebradero de cabeza es la energía precisamente, por dos razones: las sanciones a Rusia y las políticas verdes.

La soga se tiene que romper por algún lado. Bruselas ha etiquetado la energía nuclear como “limpia” y las empresas del gremio está a la espera de subvenciones. Sin embargo, no todos los países están de acuerdo en financiar la construcción de reactores con el pretexto de su “limpieza” por una cuestión de competencia, que en el capitalsimo es lo más importante: beneficiaría a los países europeos nuclearizados, como Francia, en perjuicio de otros, como Alemania y Austria.

Ya hay navajazos por el programa de la Comisión Europea que supuestamente apoyará la transición energética, el “Pacto por una Industria Limpia”, como lo demuestra el propio nombre. Ya no hay “Pacto Verde”. Las energías “renovables” ya no son la panacea y la energía nuclear podría tener un hueco en la estrategia energética europea.

El jueves se celebró el primer “consejo de competitividad” y las discusiones entre los países miembros se estancaron por la energía nuclear precisamente. Como consecuencia de ello, los Veintisiete no pudieron firmar un texto común.

Alemania y Austria son de la vieja escuela seudoecologista. Se oponen a que Europa apoye a las empresas nucleares y vetaron una formulación que mezclaba “dinero europeo” con “tecnologías limpias”.

Argumentaron que en Europa se está produciendo una amalgama confusa entre lo que es “limpio”, lo que es “verde” y lo que es “renovable”. Para Berlín y Viena es un tabú. No quieren financiar la ejergía nuclear con el dinero previsto para la moribunda Agenda 2030. “El dinero de la Unión Europea sólo debería destinarse a tecnologías apoyadas por todos los estados”, dijo el Secretario de Estado alemán de Economía, Bernhad Kluttig.

El año pasado dio una impresión distinta. Parecía que había un acuerdo con la adopción de la normativa NZIA (Net Zero Industry Act), aprobada tras largas negociaciones, que enumera las tecnologías estratégicas que serán apoyadas a partir de 2026 para implementar la transición energética.

Francia sostiene el otro criterio. La energía nuclear está integrada entre las “limpias”, recordó el ministro de Industria francés, Marc Ferracci, pidiendo no reabrir el debate.

Tiene razón. Ya habían catalogado a la energía nuclear como “limpia” y las empresas (francesas) estaban a la espera de las subvenciones. Pero Alemania y Austria dicen que esa calificación era sólo “de transición”. También el gas fue calificado de esa manera, porque en Bruselas están impacientes por salir de una crisis energética que está siendo devastadora.

Las espadas siguen en alto. Entrar en la NZIA y ganarse la etiqueta “limpia” no significa automáticamente que el uranio pueda beneficiarse de las subvenciones europeas.

Para guardar las apariencias, Hungría, que preside el Consejo de la Unión Europea hasta finales de año, publicó unas conclusiones en su propio nombre, apoyadas por todos los Estados miembros, excepto Berlín y Viena. Pero sin unanimidad, eso no sirve para nada.

La participación del Banco Europeo de Inversiones en el relanzamiento de los reactores nucleares se ha convertido en una de las principales batallas del Continente. Pero hace falta la unanimidad de todos los países miembros para llevarse el dinero.

En cuanto a Von der Layen y sus mariachis de la Comisión Europea, su posición no está clara. Von der Leyen se ha pronunciado a favor de la energía nuclear. Pero ha tenido que hacer importantes concesiones. El ministro checo de Industria, Jozef Sikela, un pilar de la industria nuclear, estaba destinado a convertirse en Comisario de Energía. Pero la cartera a ido a parar al danés Dan Jorgensen y, en parte, a Teresa Ribera, que están en contra.

Cae sobre Seúl la mayor nevada desde hace más de un siglo

Para los vecinos de Seúl, la nevada récord de esta mañana ha sido una repentina inmersión en el invierno. Cuando despertaron, una tormenta había cubierto la ciudad con la primera nevada de la temporada, la más intensa de noviembre en la capital coreana desde que comenzaron los registros en 1907.

Más de 16 centímetros de nieve habían caído en la ciudad por la mañana, dijo el Instituto Meteorológico de Corea del sur. El último récord de nevadas diarias en noviembre, 12 centímetros, se estableció en 1972, dijo el Instituto Meteorológico.

La nieve comenzó a caer alrededor de la medianoche y se acumuló hasta esta tarde. Se activó una advertencia de fuertes nevadas en toda la capital, ya que algunos barrios de Seúl recibieron hasta 20 centímetros de nieve.

Al menos una persona ha muerto en un accidente de tráfico relacionado con el mal tiempo cerca de la capital.

La nevada también ha provocado importantes trastornos en todo el país y los medios de comunicación locales informan de la suspensión de vuelos, el cierre de carreteras y los retrasos en los servicios de transporte.

Youn Ki-han, director de predicciones meteorológicas de Seúl, dijo que la fuerte nevada se debió a los fuertes vientos del oeste y a una “diferencia significativa de temperatura entre la superficie del mar y el aire frío”.

Se espera que la nieve continúe cayendo durante esta noche y mañana.

El FMI propone el decrecimiento para frenar el ‘cambio climático’

Con el pretexto de la pandemia, entre 2020 y 2022 muchos países impusieron los confinamientos y paralizaron la economía, unas medidas sin precedentes en tiempos de paz. Luego dijeron que esas restricciones habían sido beneficiosas para el planeta porque habían permitido reducir las emisiones de gases “de efecto invernadero”.

Desde entonces los planes de “confinamiento climático” son unan constante. Su objetivo es el decrecimiento: reducir la actividad económica para evitar el calentamiento del planeta. En 2020 uno de esos parásitos que colonizan los organismos internacionales, la economista Mariana Mazzucato, presidenta del Consejo de “Salud para Todos” de la OMS, sostuvo que “en un futuro próximo, el mundo podría recurrir nuevamente a los confinamientos, esta vez para hacer frente a la emergencia climática” (1).

Bajo el “confinamiento climático” los gobiernos limitarían el uso de vehículos privados, prohibirían el consumo de carne roja e impondrían medidas extremas de ahorro de energía, mientras que las empresas de combustibles fósiles tendrían que cesar sus actividades, añadía Mazzucato.

Muchos ven la crisis climática como distinta de las crisis sanitaria y económica causadas por la pandemia. Sin embargo, estas tres crisis –y sus soluciones– están interconectadas. La crisis climática es también una crisis de salud pública, concluía torpemente la economista.

El mes pasado el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó un “llamamiento a la acción climática mundial” en el que vuelve a poner encima de la mesa las restricciones a la actividad económica como remedio para salvar el clima (2).

El objetivo del FMI es reducir las “emisiones de gases de carbono” a la mitad en cinco años. Según el cuento de la lechera del FMI, eso reduciría la temperatura mundial en 1,5ºC, suficiente para salvar a la humanidad de abismo en el que se encuentra.

Pero, como suele ocurrir, el FMI se saca las cifras de la manga: durante la pandemia los confinamientos sólo redujeron las emisiones de CO2 en un 7 por cien, según el Global Carbon Project.

Además, el FMI recomienda poner un precio mínimo para el CO2, es decir, un impuesto sobre las emisiones, como ya ha hecho en Dinamarca al obligar a los ganaderos a pagar tasas por los pedos de vacas (3). A partir de 2030 deberán abonar 300 coronas danesas, unos 40 euros, por tonelada de emisiones de metano, aunque no se sabe si lo calcularán a ojo de buen cubero o habrá un inspector de hacienda pegado al culo de los animales.

(1) https://www.project-syndicate.org/commentary/radical-green-overhaul-to-avoid-climate-lockdown-by-mariana-mazzucato-2020-09
(2) https://www.elibrary.imf.org/view/journals/066/2024/006/066.2024.issue-006-en.xml
(3) https://ecoinventos.com/primer-impuesto-pedos-del-mundo-dinamarca-aplica-impuesto-a-vacas-que-producen-gases/

El frío enciende las calefacciones para superar el récord de consumo de electricidad en Irlanda

El invierno aún no ha llegado, pero en Irlanda las temperaturas gélidas con escarcha y nieve se han apoderado del país esta semana. La calefacción ha provocado un consumo récord de electricidad, teniendo que importar el suministro de Reino Unido. Hace dos días se consumieron 5.639 megavatios (MW) de electricidad a las 17.28 horas de la tarde, rompiendo el récord anterior de 5.577 MW establecido en enero de este año, según EirGrid, la red eléctrica irlandesa.

Si las 10 plantas de generación más grandes de Irlanda funcionan simultáneamente a plena potencia, apenas alcanzan a generar la energía consumida hace dos días.

EirGrid ha pronosticado que la demanda podría alcanzar un nuevo récord de 5.834 MW este invierno, impulsada por un mayor número de empresas que utilizan grandes cantidades de electricidad, incluidos los centros de datos y las nuevas viviendas.

Al mismo tiempo, las velocidades del viento han sido bajas, lo que ha dejado sin funcionar a muchas de las plantas de energía eléctrica del estado que dependen del viento para generar energía.

La demanda récord de electricidad llega cuando los meteorólogos extienden una advertencia de bajas temperaturas, a partir de las cuales predicen que habrá una tormenta después de la helada.

EirGrid calcula que cada caída de un grado Celsius en la temperatura aumenta la demanda de electricidad en 40 MW, y 50 MW si se tiene en cuenta el efecto del viento.

Como último recurso, cuando la demanda supera la oferta, la empresa pública irlandesa recurre a las energías convencionales, plantas de emergencia temporales alimentadas con gas y diésel, que pueden producir 505 MW en total.

El operador de la red también tiene tres nuevas plantas de energía a gas disponibles, capaces de generar 190 MW, que son instalaciones permanentes que no son de emergencia.

En Francia las nevadas también han sido impresionantes. La red eléctrica ha fallado en algunas regiones y en otras ha obligado a abrir los albergues para los indigentes con tres meses de antelación.

—https://www.irishtimes.com/business/2024/11/21/electricity-demand-hits-new-record/

El cambio climático es el nuevo maná: en la cumbre de Bakú sólo se habla de dinero

A los colectivos ambientalistas les gusta negociar un cierto tipo de “protestas simbólicas” para salir en las fotos. En la cumbre de Bakú un puñado de ellos hicieron algo parecido para poner al dinero en el centro de sus preocupaciones, como muestran las pancartas: los países ricos deben proporcionar financiación climática a los pobres por importe de miles de millones.

Pero las reuniones se agotan y los delegados europeos se niegan a revelar cuánto dinero están dispuestos a poner encima de la mesa para ayudar a los pobres, porque la descarbonización no es más que eso: caridad internacional. Los mendigos siguen esperando una cifra. “No escatimamos esfuerzos”, ha prometido el negociador de la Unión Europea, Wopke Hoesktra.

La falta de avances en el ámbito financiero alimenta cada vez más la frustración de quienes aún creen en este tipo de macroespectáculos. “No se pudo avanzar en la mayoría de los temas clave, y ahora tenemos textos más largos y complejos que harán que las decisiones sean aún más difíciles”, lamentó un participante.

¿De que cifras hablan?, ¿cuánto tendrán que aportar al año los países desarrollados -europeos- para sostener los tinglados climáticos? Algunos hablan de 100.000 millones al año, pero no sabemos si miden en dólares o en euros, aunque da igual; por pedir que no falte.

Otros disparan las cifras. “Escuchamos tres propuestas […] de 900.000 millones, 600.000 millones y 440.000 millones”, dice el australiano Chris Bowen, resumiendo así las consultas llevadas a cabo por él personalmente en los últimos días con los distintos países.

Las dos últimas cifras son antiguas solicitudes de India y el grupo de países árabes, aclara alguien. “Todos los países en desarrollo están de acuerdo en que necesitamos al menos 600.000 millones de dólares al año en fondos públicos” de los países ricos, comenta un portavoz africano.

“Escuchamos en los pasillos cifras de 200.000 millones ofrecidos” por los países ricos. “Es inimaginable, no podemos aceptarlo”, comenta Diego Pacheco, el delegado boliviano. Le parece muy poco.

En materia climática las cifras siempre son así de estrafalarias. Nadie sabe en qué se fundamentan, ni qué van a hacer con todo ese dinero. Alguno se pone a relatar las tareas: construir diques para hacer frente al aumento de los niveles del mar, cerrar centrales eléctricas de carbón, desplegar paneles solares… Otros hablan, además, de la financiación privada, otros del dinero que llegará de instituciones financieras internacinales, como el Banco Mundial…

Hay quien quiere saber si el dinero es a fondo perdido, si concederán préstamos, si los tipos de interés estarán por debajo del mercado…

Estas cumbres sirven para hablar de muchas cosas. Por ejemplo, a la alemana Jennifer Morgan se la veía el martes por la noche paseando por los pasillos de las delegaciones en compañía del delegado chino para el clima, Liu Zhenmin. Seguro que hablaban de los aranceles impuestos por Europa a los paneles solares fabricados en China.

‘La transición climática se acelerará porque invertir en ella es rentable’

La cumbre climática COP29 que se celebra en Bakú entra en su segunda semana. Uno de los asistentes es Bertrand Piccard, presidente de la fundación medioambiental Solar Impulse, que ha participado en todas las que se han celebrado hasta ahora y considera que la pregunta central es quién ayudará a quién a adaptarse al cambio climático, es decir, quién extenderá la mano y quién dará el dinero.

Como todos los artificios seudoecologistas, no es complicado de discernir: los países subdesarrollados son las víctimas del cambio climático y los países ricos son los victimarios, históricamente responsables del mismo. Los segundos deben dinero a los primeros, dice Piccard.

Por lo tanto, es una de tantas mistificaciones en la que le han dado una vuelta de 180 grados a la historia. Nadie se debería negar a la caridad internacional. El dinero del cambio climático es progresista porque forma parte de una de tantas reivindicaciones de los pobres contra los ricos.

Según Piccard, hay dinero para entregar y, además, muchas de las medidas a tomar para mitigar las emisiones de CO2 son económicamente rentables. En particular, las energías renovables, que son la clave de esta transición, son cada vez menos costosas que los combustibles fósiles. Ahorrar energía también es interesante desde el punto de vista capitalista.

“La transición no se producirá porque hay más petróleo”. El impulso procede de que “a largo plazo es más barato utilizar energías renovables. La energía solar, eólica, geotérmica, biomasa, hidroeléctrica son rentables con el tiempo”, añade.

“Los inversores privados deben ser conscientes de ello”, añade Piccard, especialmente cuando quieren invertir en los países en desarrollo. “Cuando invertimos en un país con poca infraestructura energética, con energías renovables locales y descentralizadas, estimulamos la economía local”.

La política económica que Piccard propone es característica del capitalismo monopolista de Estado: “fusionar aún más la ayuda pública al desarrollo y las inversiones privadas”.

Por el contrario, Piccard cree que la tecnología no salvará al mundo del calentamiento. No puede hacer la transición energética. “Debemos utilizar la tecnología que ya conocemos”. Por ejemplo, ya es posible reabsorber el calor perdido en las chimeneas de las fábricas y redistribuirlo, calentar ciudades utilizando el calor de los centros de datos, utilizar residuos no reciclables para transformarlos en piedras de construcción, fabricar cemento libre de carbono, etc.

Redirigir la propaganda seudoecologista

Además de redirigir las inversiones, es necesario redirigir la propaganda seudoecologista, dice Piccard. No se debe poner el acento en los gigantescos costes de la transición energética, sino hablar de eficacia y ahorro y, porque es la manera de ganar aliados para la acción climática.

Otro puntal de la propaganda seudoecologista son los términos ligados al “derroche” y la “sobreexplotación”, que Piccard denomina “economía cualitativa”. Las corrientes seudoecologistas siempre han pretendido sustituir las actuales doctrinas económicas por otras aún peores. “Con la economía cualitativa entraremos en una economía circular, que creará muchos más puestos de trabajo”, promete.

Ahora bien, esa “economía cualitativa” naufraga en cuanto Piccard escarba un poco en la realidad y apoya la IRA (Inflation Reduction Act), a la que no considera como una medida proteccionista sino como algo beneficioso para la transición energética de Estados Unidos. En otras palabras, los seudoecologistas lavan la cara a la nueva política económica inaugurada por Biden, que Trump va a continuar con más de lo mismo.

Como ya sabemos, el objetivo de la transición energética no es favorecer la descarbonización de la atmósfera, sino imponer políticas proteccionistas, que son las mismas que Trump quiere impulsar.

Aunque Trump ha prometido abandonar el acuerdo climático de París, las empresas energéticas convencionales ya tienen mucho dinero invertido en la descarbonización y las energías renovables. Puede cambiar de opinión porque eso es gratis. Lo complicado es cambiar una política económica que ya está en marcha porque ha costado mucho dinero implementarla.

El cambio climático agota su impulso en Bakú

El lunes se inauguró en Bakú, la capital de Azerbaiyán, la 29 Conferencia de la ONU sobre el cambio climático (COP29), en medio de la indiferencia general. La cumbre de más de 190 países está pasando desapercibida porque el movimiento da signos de agotamiento desde hace ya mucho tiempo. Cada vez son menos los que creen en los melodramas de la emergencia climática.

El motivo no es el aumento ni la reducción de las temperaturas. Es el dinero, una vez más, porque lo que mueve al mundo no es el CO2. Las alarmas climáticas se encendieron gracias a unas subvenciones que han alcanzado cotas nunca vistas.

Lo explicaba recientemente un indio en la prensa árabe: la mayor parte de los países del mundo acudían a las cumbres climáticas para pedir dinero con un argumento que se ha convertido en tópico: los que más “contaminan” son los países desarrollados, por lo que son ellos los que deben pagar la factura. Los demás países lo que esperan es cobrar prque son las víctimas.

Las grandes potencias son las inspiradoras de los tinglados climáticos y durante décadas “han incumplido repetidamente los acuerdos para proporcionar los cientos de miles de millones de dólares necesarios cada año para ayudar a los países en desarrollo”.

Parece una tomadura de pelo que la cumbre del año pasado se celebrara en Emiratos Árabes Unidos, un país que vive de los combustibles fósiles, y este año se repita lo mismo en Bakú, la ciudadad petrolera por antonomasia.

Pero es que este tipo de cumbres son así. La COP24 se celebró en la cuenca minera de Katowice en 2018, a pesar de que el país anfitrión, Polonia, se negaba a cerrar los yacimientos de carbón.

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