Categorías
Ecología

‘Los combustibles fósiles son un regalo de dios’

Del 10 al 21 de noviembre se ha celebrado la COP30 en Belén, Brasil, una gigantesca reunión con casi 70.000 participantes. Significa que las conferencias climáticas tienen ya 30 años de historia, con muchas frases, declaraciones solemnes, compromisos ambiciosos y fracasos más que abolutos, como cabía suponer: desde la Cumbre de la Tierra que inició el proceso de descarbonización, las emisiones de CO2 han aumentado un 65 por cien.

COP significa Conferencia de las Partes. Es una reunión anual de los Estados que han ratificado el Convenio de la ONU sobre el Cambio Climático, aprobado en 1992 en Rio de Janeiro para reducir las emisiones de CO2.

En 1997 el Protocolo de Kioto fue histórico. Por primera vez se acordó que el cambio climático era un drama mundial, que necesitaba de normas internacionales vinculantes y, en definitiva, de un “gobierno mundial”.

A pesar de haberlo negociado, el gobierno Clinton-Gore de Estados Unidos, entonces el mayor emisor del mundo, se negó a ratificar el tratado.

El primer compromiso fue la reducción de las emisiones en un 5,2 por cien para los países industrializados para el período 2010-2012 que, como cabía esperar, nunca se cumplió porque los compromisos climáticos nunca han sido más que eso, brindis al sol, las típicas leyes que no se cumplen porque no se aprueban para ser cumplidas, sino para adornar el escaparate.

Hace apenas unos años la Agencia Internacional de la Energía anunció un “pico” inminente en la demanda de combustibles fósiles. No aciertan nunca: a pesar de los ambiciosos objetivos climáticos internacionales y la promesa de una rápida transición energética, la demanda mundial de combustibles fósiles no ha disminuido, sino que continúa aumentando.

La creciente demanda de energía de la economía mundial choca directamente con las expectativas verdes y el llamado “pico del petróleo”. Lejos de reducirse, entre 1990 y 2010 las emisiones aumentaron un 32 por cien. El consumo mundial de combustibles llamados “fósiles” ha seguido aumentando. Suponen casi el 87 por cien de la energía que mueve el mundo.

Las previsiones anteriores han quedado obsoletas. Actualmente las energías renovables no están reemplazando a las fuentes convencionales, sino que las complementan. Si bien la energía solar y eólica se están expandiendo masivamente, esto no es suficiente para satisfacer la creciente demanda energética mundial.

El presidente brasileño, Lula, es el típico hipócrita que firma todas las declaraciones seudoecologistas que le ponen encima de la mesa, al mismo tiempo que autoriza la exploración petrolera en la parte brasileña de la Guayana, frente a la costa del río Amazonas. La retórica va por un ado y la realidad por otro muy distinto.

El año pasado, en la inauguración de la COP29 en Bakú, el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev, declaró que “los combustibles fósiles son un regalo de dios”. Esta declaración reflejaba el fin de una era, en la que la ONU ha hecho el ridículo durante 30 años.

Es lógico que los jefes de Estado ya no acudan a este tipo de cumbres climáticas, salvo que estén en periodo electoral y necesiten salir por la televisión para recaudar votos. Dejan la tarea a los ministros de medio ambiente, que para eso los nombran.

Con el tiempo, en este tipo de eventos se ha ido colando, poco a poco, la energía nuclear, que antes estaba muy mal vista por las organizaciones verdes. Si se trata de descabonizar, nada mejor que construir centrales nucleares. En Dubai, en paralelo a la COP, se celebró una conferencia para revitalizar la energía nuclear.

Incluso han comenzado a oirse voces contra la decarbonización, algo normal cuando una cumbre seudoecologista se celebra en Bakú, el centro petrolífero mundial por excelencia. En Varsovia, en medio de una COP, se celebró otra reunión paralela para promover la minería del carbón porque una de las máximas prioridades del mundo sigue siendo una energía barata y abundante.

Categorías
Ecología

‘El mundo está harto de las políticas climáticas’

La 30 Conferencia Mundial sobre el Clima convocada en Belén, Brasil, pasará a la historia de los jolgorios climáticos como un punto de inflexión. Ningún jefe de Estado de los cuatro países a los que acusan de las mayores emisiones de CO2 (China, Estados Unidos, India y Rusia) se presentó a la cita.

Durante décadas han saturado al mundo con cataclismos y falsas alarmas. Antes de la reunión, el New York Times tituló: “El mundo está harto de las políticas climáticas”. Pocos días antes, Bill Gates, uno de los mayores promotores de las alarmas climáticas, advirtió explícitamente de que el pánico ya no conmueve a los espectadores.

Un presentador de la televisión estadounidense, Glenn Beck, explicó el cambio de opinión de Bill Gates: “No se trata de ciencia, se trata de Trump”. Dicho de otro modo, se trata de minimizar los daños para sus propias empresas, que planean realizar inversiones multimillonarias en centros de datos en Estados Unidos y a escala mundial.

Los centros dependen de la electricidad generada por nuevas centrales de gas a corto plazo, ya que la reactivación de las antiguas centrales nucleares no será suficiente, y la construcción de otras nuevas aún tardará varios años. A Gates le dieron a elegir entre el clima y el negocio, y no lo dudó ni un minuto. El clima le pertenece al mundo y el negocio sólo a él.

En la Conferencia cada país debía informar sobre sus planes futuros para la reducción del consumo de “combustibles fósiles”. Pero solo un tercio de los gobiernos del mundo se tomó esa molestia. El drama se ha acabado; ningún país hace ya planes de reducción de emisiones sino todo lo contrario.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) esperaba reducir las emisiones mundiales de CO2 en un 45 por cien para 2030, en comparación con 2015, pero van a seguir aumentado como siempre. El consumo mundial de carbón aumentará un 30 por cien, el de petróleo un 25 por cien y el de gas un 40 por cien, en comparación con 2015.

Solo la Comisión Europea sigue haciendo el ridículo y hablando de cero emisiones netas para 2050. Alemania, el antiguo motor industrial de Europa, es aún más ambiciosa y pretende ser climáticamente neutra para 2045. La reducción de emisiones en Alemania se verá inevitablemente compensada por el aumento de las emisiones en otros países de la Unión Europea y de mundo. El Sistema Europeo de Comercio de Emisiones permite que los derechos de emisión no utilizados por Alemania los consuman otros países europeos.

Cada vez está más claro a lo que se refería el Wall Street Journal cuando calificó la política energética alemana como “la más absurda del mundo”.

Unos días antes de la reunión, los europeos acordaron un objetivo común: lograr una reducción del 90 por cien de las emisiones de CO2 para 2040 con respecto a 1990. El 5 por cien de este compromiso podría provenir de reducciones de emisiones en el extranjero, lo que, por supuesto, también implicaría un alto coste. El ministro alemán de Medio Ambiente celebró el acuerdo. como “buenas noticias para la economía alemana, ya que ahora todos tendrían las mismas condiciones competitivas”.

El gobierno alemán ha perdido el norte por completo. La industria alemana no solo exporta a los países europeos. La mitad va fuera del continente, y tiene que soportar la carga de los impuestos sobre las amisiones, además de los altos precios de la energía.

El ridículo empeño alemán por la descarbonización no le importa a nadie en el mundo, y por eso cuando canciller Merz habló en Belén, la sala estaba casi totalmente vacía.

El dinero público garantiza la rentabilidad de los buitres

Probablemente, el único resultado de la conferencia de Belén será la creación de un fondo de inversión, propuesto por Lula, para financiar la protección de los bosques tropicales.

El proyecto es totalmente especulativo: los países aportan 25.000 millones de dólares y los fondos buitre (inversores privados) otros 100.000 millones. Los países reciben una rentabilidad entre el 4 por cien y el 4,8, que corresponde a la rentabilidad de sus bonos gubernamentales, ya que generalmente deben obtener el dinero mediante deuda pública. Para los buitres privados la rentabilidad estará entre el 5,8 y el 7,2 por cien.

El dinero se invertirá en bonos gubernamentales de mercados emergentes, que ofrecen un interés relativamente alto debido al mayor riesgo. Por ejemplo, los bonos del gobierno brasileño actualmente ofrecen un 12,25 por cien. Los buitres privados tienen prioridad, seguidos de los países donantes. Si queda algún remanente después de la distribución de las beneficios entre los los países y los buitres, se destinará a 74 países con bosques tropicales. De esa manera esperan distribuir entre 3 y 4.000 millones de dólares anuales a los países con bosques tropicales.

Para atraer a los buitres a la carroña, les dan preferencia en el orden de pago, por delante de los países que, además, deben garantizar la solvencia del fondo. Un impago por parte de un mercado emergente podría llevar rápidamente a la insolvencia del fondo. En tal caso, los países serían responsables y, en el peor de los casos, perderían el dinero.

Explicado de otra manera, el dinero público garantiza la rentabilidad de los buitres privados, como BlackRock. El cambio climático sirve de pretexto para lograr este tipo de grandes pelotazos internacionales.

Es lógico que este tipo de chanchullos tengan dificultades. El fondo sólo se pondrá en marcha si los Estados aportan 10.000 millones de dólares. Hasta el momento (salvo Alemania), sólo han recaudado 5.600 millones.

Si el fondo se crea, los fondos de inversión serán los primeros en beneficiarse, con altas rentabilidades garantizadas por los Estados, y luego los mercados emergentes, que podrán vender sus bonos gubernamentales de alto riesgo.

¿Alguien cree en serio que las selvas tropicales se beneficiarán de esta trama financiera?

Categorías
Ecología

El gran negocio de la mierda

En los inodoros y las aguas fecales hay un tesoro escondido. El Foro de Davos lo califica como “la cuarta revolución industrial”. Por su parte, los “expertos” aseguran que es un nicho de mercado que hasta ahora nadie se había preocupado de explotar. Hay programas para producir hidrógeno y electricidad; otros para elaborar carbón vegetal biológico, minerales, fertilizantes, alimentos y agua potable.

En 2016 varias multinacionales formaron un chiringuito, la Toilet Board Coalition, para promover la “economía circular”. La coalición colabora con varios organismos de la ONU, como UNICEF, ONU-Agua (UN-Water) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, uno de los cuales son las letrinas, los saneamientos e inodoros.

Varias multinacionales forman parte de la coalición, entre ellas Unilever, que vende numerosas marcas de alimentación, y Firmenich, una empresa suiza especializada en la producción de sabores y aromas artificiales, algo que nunca puede faltar cuando la materia prima son los orines y excrementos. El buen gusto siempre tiene que llegar a los paladares más exigentes.

En 2020 Firmenich se asoció con Microsoft para elaborar sabores artificiales con inteligencia artificial. A los alimentos de “carne vegetal” les daba un sabor a res “ligeramente asada”.

Según una investigación del propio holding, el mercado podría alcanzar un valor de 62.000 millones de dólares solo en India. Es una materia prima desaprovechada de 3,8 billones de litros de “valiosos recursos biológicos cada año” (1), que es una manera elegante de referirse a los orines y deposiciones.

Del holding de los saneamientos también forma parte otra empresa, llamada Veolia, que recicla las aguas residuales para convertirlas en potables. No se trata de proyectos quiméricos: hace dos años que Veolia suministra agua a los vecinos de Les Sables d’Olonne, en Francia. Según su propia página web, en 2023 puso en marcha en la localidad el Programa Jourdain, calificado como “el primer experimento en Francia y Europa en el tratamiento de aguas residuales, para asegurar el suministro de agua potable en la región” (2).

En 2011 la Fundación Gates financió el concurso RTTC (“Reinvent the Toilet Challenge”) en el que participaron ocho universidades para filtrar y separar los diversos componentes de las aguas fecales.

La retórica que justifica el reciclado de las aguas residuales es el mantra de siempre: el cambio climático va a causar sequías, por lo que hay que asegurar el suministro de agua potable “de muy alta calidad”, dicen los folletos publicitarios de la industria de los saneamientos.

Si una multinacional, como Unilever, forma parte de la coalición de los inodoros, es porque la economía política de los excrementos incluye un componente alimentario, específicamente destinado a transformar los orines y las heces humanas en alimentos nutritivos y sanos.

La materia prima es abundante. Los 8.000 millones de habitantes del planeta fabrican excrementos humanos cada día, lo que equivale a 3,8 billones de litros. Una vez capturados, ofrecen posibilidades de reciclado muy interesantes, dice la Toilet Board Coalition. Por eso el gobierno de India inició un ambicioso programa para que las personas no defequen al aire libre. La materia primera se pierde y, para recuperarla, instalaron cien millones de letrinas. De esa manera India se convierte en un país con la etiqueta ODF (“libre de defecación en espacios abiertos”). El negocio es doble: unas empresas fabrican los inodoros y las otras recogen los excrementos.

La técnica para reciclar las aguas fecales se basa en la cría de larvas de la mosca soldado negra (Hermetia illucens). Las llaman las “moscas ecológicas” por su excepcional capacidad de convertir los desechos orgánicos en proteínas de alta calidad, lípidos y nutrientes esenciales. El polvo se procesa en un producto digerible, denso en nutrientes que se utiliza en una amplia variedad de alimentos y bebidas: harina, masa para pasteles y galletas, barritas proteicas, cerveza, cereales para el desayuno y otros succedáneos de la carne y los lácteos (3).

Una empresa sudafricana, Gourmet Grubb, ahora llamada De Novo Foodlabs, vende helados Entomilk (4) y otros productos “alimenticios” procesados por esas larvas: leche, yogures, quesos…

La técnica de utilizar larvas de mosca negra para crear nuevos “alimentos” a partir de excrementos humanos recogidos en las alcantarillas es un proyecto que cuenta con el apoyo de EAWAG, el instituto de investigación del agua, que tiene su sede en Zurich y que en 2012 fue subvencionado por la Fundación Gates con 40.000 dólares por su labor en el diseño de los nuevos inodoros capaces de reciclar las aguas fecales (5).

Para capturar el máximo posible de heces, EAWAG se asoció con la empresa austriaca Eoos para fabricar una letrina móvil que contiene su propio filtrado de aguas y no necesita alcantarillas. Fue desarrollado dentro del programa de subvenciones de la Fundación Gates y lo llaman “Blue Diversion Toilet”. Al separar y reciclar las aguas, el inodoro sirve también de grifo para beber agua reciclada, e incluso de ducha (6).

Las larvas de mosca negra se utilizan para elaborar fertilizantes y biocombustibles, así como en la “alimentación animal”. En 2023 la Unión Europea aprobó su comercialización para la “alimentación humana” bajo la etiqueta de “nuevos alimentos”. Ciertos productos procesados que contienen larvas de mosca negra —como harinas, proteínas o ingredientes en barras energéticas— se pueden comercializar legalmente en la Unión Europea.

Otros países, como Canadá, Suiza y algunos en Asia, también han avanzado en la regulación de los insectos como fuentes de proteínas para consumo humano, incluyendo las larvas de mosca negra.

Mientras las grandes multinacionales se apoderan de los manantiales de agua potable y la venden embotellada, los demás se tendrán que conformar con beber las aguas fecales recicladas. Sin denominación de origen. Se trata de experimentos que ya se han probado en África. Por ejemplo, las letrinas de última tecnología “Blue Diversion Toilet” se probaron en Uganda en 2013 y al año siguiente en Kenya.

Si los negros no se mueren al consumir el agua reciclada, pronto los veremos en nuestras grandes metrópolis y urbanizaciones… además de en nuestras mesas.

(1) https://medium.com/@TheToiletBoard/accelerating-the-sanitation-economy-the-fortune-in-our-toilets-28653366d952
(2) https://www.veolia.com/en/our-media/news/vendee-eau-help-veolia-preparing-future-through-its-jourdain-programme-first
(3) https://www.marketresearchintellect.com/blog/black-soldier-fly-larvae-powder-the-eco-friendly-superfood-revolutionizing-the-food-and-beverage-industry/
(4) https://edition.cnn.com/2019/07/25/business/gourmet-grubb-insect-ice-cream-intl
(5) https://www.gatesfoundation.org/Ideas/Media-Center/Press-Releases/2012/08/bill-gates-names-winners-of-the-reinvent-the-toilet-challenge
(6) https://www.dezeen.com/2015/04/06/blue-diversion-toilet-eoos-eawag-sanitation-water-filter/

Categorías
Ecología

Las oscilaciones oceánicas tienen una gran influencia sobre el clima

Es frecuente escuchar en los medios de comunicación que, debido al cambio climático, la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como los ciclones tropicales, están aumentando. No es así. La climatología histórica informa sobre la evolución de estos fenómenos, que, aunque extremos, no son extraordinarios, ya que son comunes en muchas partes del mundo.

El análisis de más de 800 documentos históricos del periodo colonial español (cuadernos de bitácora de galeones que cruzaban el Atlántico) revela un aumento significativo de huracanes y ciclones tropicales a finales de los siglos XVI y XVIII. En cambio, el siglo XVII fue relativamente tranquilo, con menos ciclones y naufragios. Al comparar estos datos históricos con los resultados del análisis de anillos de crecimiento de pinos centenarios, se observa una disminución del 75 por cien en el número de ciclones tropicales durante el período frío conocido como el Mínimo de Maunder (1645-1715), cuando el número de manchas solares y la energía recibida del sol disminuyeron, lo que provocó un descenso significativo de las temperaturas.

Durante los tres siglos y medio transcurridos entre 1500 y 1850, más de 600 barcos españoles se hundieron al cruzar el Atlántico a causa de huracanes. Estos datos muestran que durante la Pequeña Edad de Hielo, un período frío y claramente preindustrial, el Atlántico experimentó con frecuencia condiciones climáticas extremas. La investigación científica moderna demuestra que las oscilaciones oceánicas tienen una gran influencia en los patrones climáticos y, en consecuencia, en los denominados fenómenos meteorológicos extremos. La imagen de portada ilustra la trayectoria seguida por el gran número de ciclones tropicales que se han producido en el Atlántico Norte (desde 1851) y el Pacífico Nororiental (desde 1949).

Para comprender estos procesos meteorológicos, es necesario considerar la inmensa extensión de agua que existe en nuestro planeta. La Tierra tiene una superficie de aproximadamente 510 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales aproximadamente el 71 por cien, o aproximadamente 361 millones de kilómetros cuadrados, está cubierta por mares y océanos. Este inmenso volumen de agua convierte a los océanos en las mayores reservas de calor del planeta y les confiere un papel fundamental, probablemente el más importante de todos, en la evolución del tiempo y el clima. Esta importancia es particularmente pronunciada en las regiones tropicales (cercanas al ecuador), donde la formación de nubes sobre los océanos tiene una gran influencia en la evolución de las corrientes y los vientos oceánicos, la temperatura de las aguas superficiales y otros parámetros. Además, esta influencia se extiende a otras regiones oceánicas alejadas del cinturón ecuatorial, hacia los polos, influyendo en la nubosidad baja, un componente que tiene una influencia muy significativa en la evolución de la temperatura atmosférica.

Las interdependencias e interacciones entre el Sol, los océanos y la atmósfera terrestre son extremadamente complejas, y aún queda mucho para comprenderlas plenamente. Para entender los mecanismos que controlan su formación, describiremos brevemente algunos fenómenos cíclicos denominados oscilaciones oceánicas. Estas oscilaciones representan variaciones periódicas en la temperatura y la dirección del movimiento del agua oceánica.

Se sabe que estos cambios cíclicos ocurren en todos los océanos del mundo y su interacción desempeña un papel fundamental en el cambio climático. Así, la Oscilación del Atlántico Norte (OAN) interactúa con la Oscilación Ártica (OA) y controla los patrones climáticos en las latitudes europeas. Es responsable de los contrastes entre la zona cálida de altas presiones de las Azores, al sur, y las zonas de bajas presiones y aire más frío, al norte (región islandesa). La intensidad de la Oscilación del Atlántico Norte (OAN) se cuantifica mediante el “índice OAN”, definido por las diferencias entre las presiones medias de dos estaciones meteorológicas de referencia, una en las Azores y otra en Islandia. Cuando la diferencia es grande, el índice OAN es positivo (OAN+). Cuando la diferencia es pequeña, el índice OAN es negativo (OAN-).

La OAN es responsable de las tendencias climáticas plurianuales, generando inviernos suaves con abundantes precipitaciones en Europa Central cuando la tendencia es OAN+, mientras que condiciona inviernos relativamente fríos y secos en las regiones mediterránea y norteafricana cuando la tendencia es OAN-. Otro parámetro meteorológico de gran importancia es la Oscilación Multidecadal Atlántica (OMA), que describe los cambios cíclicos repetidos en las corrientes atlánticas que influyen en las temperaturas del agua cerca de la superficie, afectando también a las temperaturas atmosféricas en el hemisferio norte.

Una fase de OMA+ se produce cuando las masas de agua cálida de las zonas tropicales fluyen con mayor frecuencia hacia el Atlántico Norte, acelerando así el deshielo. Las fases negativas corresponden a situaciones meteorológicas con el efecto contrario, donde las masas de agua cálida fluyen más lentamente hacia el norte. Las consecuencias típicas de una OMA- son una disminución de las temperaturas en América del Norte y Europa, mientras que la masa de hielo polar aumenta. Por el contrario, las regiones árticas experimentan una disminución del hielo durante las fases de OMA+, como ha ocurrido en las últimas décadas, aunque la fase positiva actual parece haber perdido intensidad desde principios del nuevo milenio.

La OMA tiene una influencia significativa en las tendencias de las precipitaciones. Los períodos de fuertes lluvias en el norte de Europa corresponden a fases de índice AMO- y períodos de baja actividad solar, mientras que, al mismo tiempo, la precipitación disminuye en el sur de Europa, el norte de África y la costa este de Norteamérica.

De igual manera, la AMO tiene una influencia significativa en el desarrollo de huracanes. Al analizar el número de huracanes ocurridos después de la Pequeña Edad de Hielo, entre 1856 y 2005, como muestra la imagen anexa, se observa que su frecuencia varía con los ciclos de la Oscilación Multidecadal Atlántica. El mismo gráfico también muestra que el número promedio de huracanes por década no aumentó significativamente durante el siglo XX.

Los registros indican que, desde 2005, la fuerza, la duración y la frecuencia de los huracanes en el Atlántico Norte han disminuido. No hay evidencia de que los fenómenos meteorológicos extremos se estén intensificando en este océano. La actividad de los huracanes se ha seguido durante varios siglos, y las variaciones en la duración de cada oscilación han demostrado la extrema complejidad de las influencias e interrelaciones entre las variaciones en la actividad solar y los cambios en los océanos y la atmósfera.

La evolución de las oscilaciones oceánicas coincide con ciclos de actividad solar a corto y mediano plazo, como los ciclos básicos de aproximadamente 11 años, o múltiplos de estos, como los de aproximadamente 22 años, o ciclos de entre 50 y 70 años, como muestra la Figura 2. Sin embargo, cabe recordar que la evolución temporal de estos procesos es muy compleja, ya que estos ciclos de corto plazo probablemente se superponen con ciclos que duran varios siglos, además de la influencia de ciclos de actividad solar que duran uno o dos milenios.

Otro parámetro importante para caracterizar huracanes y ciclones tropicales es la medición de la energía ciclónica acumulada (ECA). La energía liberada por los ciclones se estima en función de su duración, velocidad y otros parámetros. La Figura 3 muestra la evolución de la ECA (a nivel mundial y para el hemisferio norte) desde la década de 1970. El gráfico no muestra un aumento de la ECA en los últimos 52 años, sino una tendencia periódica de altibajos, con un patrón similar a la evolución de El Niño/Oscilación del Sur (ENOS). Por lo tanto, las oscilaciones oceánicas tienen una gran influencia en el desarrollo del clima y la formación de los ciclones tropicales.

Si nos remontamos más atrás en el tiempo, los estudios geológicos realizados en sedimentos de entre 2.500 y 10.000 años de antigüedad resultan muy interesantes. Estos estudios han permitido determinar la intensidad relativa de las tormentas midiendo la velocidad del viento necesaria para transportar diferentes fracciones de tamaño de grano de arena. La evolución de esta intensidad a lo largo del tiempo también indica la existencia de periodicidades de aproximadamente 200, 300 y 2.500 años, que coinciden con los ciclos de variación de la actividad solar. Se ha interpretado que las fluctuaciones en la intensidad de las tormentas influyen en los patrones de precipitación en el norte de Europa. Como se muestra en la Figura 4, podría existir una relación con los cambios en la posición e influencia del Anticiclón de las Azores y el vórtice polar.

Estos dos fenómenos atmosféricos, de gran importancia meteorológica y climatológica en el Atlántico Norte, están controlados por oscilaciones oceánicas, que a su vez dependen de la energía solar incidente. El panel inferior de la Figura 4 también ilustra la correlación entre el transporte de sedimentos de icebergs (sedimentos derivados del hielo) y la intensidad de las tormentas. Llama la atención que los períodos de máxima intensidad de las tormentas coincidan con el Óptimo Climático Atlántico y el Período Minóico.

Al hablar de fenómenos meteorológicos extremos, no debemos olvidar los tornados, remolinos de aire, generalmente cargados de polvo, que giran en espiral y se desplazan sobre la tierra a velocidades de hasta 500 kilómetros por hora, destruyendo todo a su paso. Se forman principalmente en regiones y estaciones con fluctuaciones de temperatura significativas, por ejemplo, cuando el aire cálido del Golfo de México se encuentra con vientos terrestres mucho más fríos de las Montañas Rocosas de Estados Unidos Estas fluctuaciones de temperatura tienden a ser mayores durante los períodos fríos que durante los cálidos, cuando el equilibrio térmico suele ser mayor. Cada año, estos ciclones dejan una estela devastadora en Estados Unidos. Cuando los tornados se desplazan sobre el mar, sus espirales se llenan de agua y se denominan “trompas marinas”.

El gráfico anexo muestra el número anual de tornados en los 48 estados contiguos continentales de Estados Unidos entre 1950 y 2022. La curva azul claro indica el número total de tornados, la curva morada solo los de alta intensidad (intensidad EF-2 o superior) y la curva roja indica el número promedio anual de manchas solares, un indicador de la actividad solar.

En Estados Unidos, la intensidad de los tornados se clasifica según su velocidad, utilizando una escala llamada Escala Fujita Mejorada (EF), que llega hasta EF-5 para tornados extremadamente potentes. Los tornados más débiles, EF-1, alcanzan velocidades de hasta 177 kilómetros por hora (110 mph), mientras que los que alcanzan velocidades más altas se clasifican como EF-2 y superiores.

El número total de tornados anuales aumentó durante el período estudiado, mientras que el número de manchas solares disminuyó ligeramente (línea roja). Sin embargo, el número de tornados de alta intensidad está disminuyendo ligeramente, lo que sugiere que la baja intensidad solar favorece la formación de tornados, especialmente los más débiles, mientras que los más violentos están disminuyendo. En cualquier caso, se observa que el número de tornados devastadores en Estados Unidos ha disminuido en los últimos 70 años.

Las interacciones entre los sistemas del Sol, el Océano y la Atmósfera son extremadamente complejas y que aún estamos lejos de comprenderlas por completo, tanto en el presente como en el pasado, ya que han estado sujetas a cambios constantes, incluso en tiempos geológicos recientes. Además, no debe olvidarse que la actividad de estos tres sistemas puede verse alterada por eventos aislados y de corta duración, como erupciones volcánicas de alta intensidad.

Desde sus inicios, la humanidad ha temido los fenómenos meteorológicos inexplicables, ahora descritos como extremos e incontrolables. Pero los datos estadísticos sobre la evolución de estos fenómenos a lo largo del tiempo indican claramente que ningún aumento crítico está asociado a una crisis climática inexistente, y que los huracanes y ciclones se producen al mismo ritmo secular que la naturaleza siempre ha impuesto.

(*) Stefan Uhlig, Enrique Ortega Gironés y José Antonio Sáenz de Santa María Benedet https://editorialaulamagna.lantia.com/libro/cambios-climaticos

Categorías
Ecología

Estados Unidos va a reabrir las minas de carbón

Es otro símbolo del naufragio de las políticas verdes: la Casa Blanca quiere reabrir millones de hectáreas propiedad pública a la minería del carbón. La reactivación de esta industria tiene como objetivo en particular satisfacer la necesidad de electricidad de la inteligencia artificial.

El lema de la campaña electoral de Trump para el petróleo se va a aplicar también al carbón. Es una medida que acompaña a otras para reactivar este sector minero, entre ellas una reducción de los requisitos medioambientales para el funcionamiento de las centrales eléctricas alimentadas con carbón y reducir los costos de energía.

En abril Trump aprobó varios decretos para impulsar la extracción de carbón con el fin de responder, en particular, al auge de la inteligencia artificial, que consume grandes cantidades de electricidad para mantener los servidores en funcionamiento.

El carbón produce más de un tercio de la electricidad del mundo, pero en los últimos quince años la producción de carbón ha caído bruscamente en Estados Unidos. Se ha reemplazado gradualmente por gas natural y fuente de energías llamadas “renovables”. En 2023 el carbón había caído a cerca del 16 por cien de la producción total de electricidad de Estados Unidos, frente a cerca del 50 por cien en 2000.

Categorías
Ecología

Reino Unido toma datos de temperatura de estaciones meteorológicas inexistentes

En octubre del año pasado un particular, Ray Sanders, reveló que la Oficina Meteorológica británica se había inventado los datos de temperatura de 103 estaciones de medición. Dichas estaciones, que representan una tercera parte del total, no existen desde hace décadas y los datos se están tomando de otras estaciones “cercanas”. No eran tales datos sino estimaciones y no había manera de verificar la manera en que se habían realizado.

Por si no fuera suficiente, casi ocho de cada diez estaciones realmente existentes no son adecuadas para aportar datos climáticos de acuerdo con las normas internacionales. En algunos casos muestran desviaciones de entre 2 y 5ºC.

Muchos centros de medición está localizados en sitios inadecuados, cerca de aparcamientos, aeropuertos, jardines domésticos, plantas de tratamiento de aguas residuales, subestaciones eléctricas y granjas solares. Sólo 52 estaciones, el 13,7 del total, no muestran ningún margen de error.

Sanders envió una carta al respecto al ministro de Ciencia del gobierno británico, Peter Kyle, que es el responsable de la Oficina Meteorológica (*), pero no obtuvo respuesta.

Las investigaciones climáticas siguen sumidas en el escándalo. En 2009 correos electrónicos de la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia mostraron los esfuerzos que hacen algunos climatólogos para manipular los datos de temperatura y suprimir las críticas a las teorías del calentamiento.

Una década después, se descubrió que la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) se inventaba los datos de temperatura del 30 por cien de las estaciones meteorológicas de Estados Unidos.

La desconfianza hacia la recopilación de datos en Reino Unido y Estados Unidos es creciente. Cada vez es más evidente que las tesis dominantes sobre el calentamiento no se apoyan en datos sino en estimaciones, que es tanto como decir que son otras tantas ficciones.

Cuando a cada paso los medios aseguran que las últimas olas de calor son las mayores “desde que hay registros”, se deben referir a esas estaciones meteorológicas que no existen en ninguna parte.

(*) https://tallbloke.wordpress.com/2024/10/31/letter-to-peter-kyle-mp-secretary-of-state-for-science-innovation-and-technology/

Categorías
Ecología

No se observa un aumento del nivel del mar a causa del calentamiento

Los modelos del IPCC, el organismo de la ONU que se encarga del calentamiento del planeta, proyectan que el nivel del mar debería estar aumentando a un ritmo de aproximadamente 3,5 milímetros al año.

Sin embargo, según una reciente investigación científica, la tasa general de aumento del nivel del mar es de tan solo 1,5 milímetros al año. Por lo tanto, el error de cáculo del IPCC es bastante grosero: hay una diferencia de 2 milímetros al año en comparación con la tasa observada (1).

El 95 por cien de los 204 mareógrafos del PSMSL (Permanent Service for Mean Sea Level) que miden el nivel de las aguas no muestran ninguna subida.

El otro 5 por cien indican un aumento, que no se puede atribuir al calentamiento del planeta, dice el estudio, sino a factores locales o geológicos, es decir, a desplazamientos verticales de la costa.

La tesis de que se está produciendo un aumento del nivel del mar estadísticamente significativo es errónea y lo es aún más la atribución del aumento al de las temperaturas atmosféricas.

El aumento del nivel de las aguas sólo se está produciendo en unos pocos lugares aislados, un fenómeno que no puede estar causado por fenómenos generales.

No obstante, como es típico en este tipo de observaciones planetarias, las mediciones del nivel de las aguas son “deficientes”, dice el estudio, porque la mayoría de ellas se realizan en el hemisferio norte, mientras las de América Latina y África están muy poco representadas.

Las conclusiones de la ONU (2) y de otros organismos, como la NASA (3), son absolutamente falsas. Su objetivo es engendrar una alarma social innecesaria acerca de inminentes oleadas de “refugiados climáticos” que no existen y no existirán en el futuro.

(1) https://www.mdpi.com/2077-1312/13/9/1641
(2) https://news.un.org/es/story/2024/08/1532281
(3) https://ciencia.nasa.gov/cambio-climatico/nivel-del-mar/

Categorías
Ecología

La Unión Europea va a frenar la transición a los vehículos eléctricos

Otro paso atrás de la Agenda verde europea. Durante una reunión con los grandes monopolios de la industria automotriz, la Comisión Europea ha anunciado que revisará “lo antes posible” la prohibición prevista para 2035 de los vehículos con motor de combustión interna en la Unión Europea.

Las normas actuales prevén una revisión de esta medida en 2026, pero los fabricantes presionan para acelerar el plazo, con la esperanza de obtener algo de flexibilidad ante las dificultades que enfrentan los planes de transición energética.

Ayer Ursula von der Leyen, reunió a los cabecillas de la industria automotriz en Bruselas para debatir el futuro de un sector que exige una eliminación de los mitos descarbonizadores y medioambientales. Imágenes publicadas por la Comisión Europea la muestran junto a los principales ejecutivos del sector —François Provost (Renault), John Elkann (Stellantis), Oliver Zipse (BMW) y Ola Källenius (Mercedes-Benz)— y varios comisarios europeos, entre ellos Stephane Sejourné, responsable de Prosperidad y Estrategia Industrial.

El objetivo de la reunión era que la Comisión Europea informara a los monopolios sobre el cambio de planes. Las regulaciones son demasiado rígidas y “debemos ser más pragmáticos”, dijo Sigrid de Vries, directora de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles, la patronal de un sector que genera 13 millones de empleos directos e indirectos y el 7 por cien del PIB europeo.

Fue la tercera reunión en Bruselas desde el lanzamiento a principios de este año del “diálogo estratégico” entre la Unión Europea y la industria automotriz, para ayudarla a adaptarse a los desafíos simultáneos de la electrificación, la competencia china y las tarifas estadounidenses.

Los fabricantes ya obtuvieron el aplazamiento de una norma de emisiones de CO2 hace unos meses. Pero ahora se centran en la medida emblemática de Bruselas: la prohibición de de la venta de nuevos automóviles de gasolina y diésel, así como de vehículos comerciales ligeros, incluidos los híbridos, a partir de 2035. Fue un emblema de las fracasadas medidas del Pacto Verde, promulgado en marzo de 2023.

Esta medida es cada vez más cuestionada por los monopolios industriales, ante el estancamiento de las ventas de vehículos eléctricos, la fuerte competencia china, los aranceles estadounidenses y la caída en picado de los beneficios mundiales. Ahora solo tienen una cosa en mente: obtener “flexibilidad” de Bruselas para cambiar a vehículos totalmente eléctricos. El martes, el canciller alemán, Friedrich Merz, expresó su apoyo, pidiendo “regulaciones europeas inteligentes, fiables y flexibles”.

Pero nunca llueve a gusto de todos: 150 empresas del sector de vehículos eléctricos (fabricantes, fabricantes de baterías, operadores de estaciones de carga) se manifestaron el lunes en sentido contrario: defienden la fecha límite de 2035. “Manténganse firme, no se rinda”, suplicaron en una carta abierta dirigida a Ursula von der Leyen.

Categorías
Ecología

Los incendios forestales han sido un pelotazo para la minería de tierras raras y la industria militar

Actualmente, la vigente Ley de Montes es la norma de referencia en España para la protección de terrenos forestales. Según su artículo 50, se prohíbe expresamente el cambio de uso de un terreno forestal incendiado durante al menos 30 años, pero hay excepciones.

Categorías
Ecología

Rusia descubre más de 500.000 millones de barriles de petróleo bajo la Antártida

Las doctrinas modernas sobre el agotamiento de los recursos y el pico del petróleo resultan cada vez más insostenibles. Rusia ha descubierto más de 500.000 millones de barriles de petróleo bajo la Antártida (*), lo que representa casi el doble de las reservas comprobadas de Arabia Saudí y más de diez veces la producción del Mar del Norte en los últimos 50 años. Es más que todo el petróleo extraído de la Tierra.

El descubrimiento se está convirtiendo en un foco de controversia política, según los documentos presentados ante el Comité Selecto de Auditoría Ambiental de la Cámara de los Comunes británica. Los buques de investigación rusos localizaron este inmenso yacimiento en el Mar de Weddell, una zona reclamada por Reino Unido pero también por Chile y Argentina.

No es un hallazgo menor: se trata de una de las mayores reservas de petróleo jamás encontradas en la Tierra. Podría transformar el panorama energético mundial y poner a prueba los límites de los tratados internacionales que han prohibido la explotación de los recursos antárticos durante décadas.

El descubrimiento se realizó durante expediciones recientes de buques de investigación rusos que operan en el Mar de Weddell. Si bien el propósito declarado de estas misiones es científico, los dirigentes de Reino Unido aseguran que Rusia está utilizando la investigación como pretexto para la exploración de recursos, una práctica que viola el Tratado Antártico de 1959, que prohíbe la minería y la extracción de petróleo.

El Tratado designa el continente como un área dedicada a la paz y la ciencia, prohibiendo las actividades militares y la extracción comercial de recursos. Con el transcurso del tiempo, el documento se está interpretando de una manera diferente a la época de su redacción. Lo que actualmente se presenta de una manera ambiental, en su momento se redactó durante la Guerra Fría por motivos estratégicos. Por eso ni la URSS/Rusia ni Estados Unidos reconocieron nunca el carácter vinculante del Tratado.

Durante una audiencia del Comité de Auditoría Ambiental del Parlamento británico, Klaus Dodds reconoció que el problema es militar y no ambiental. Vinculó la estrategia antártica de Rusia con tensiones internacionales más amplias. “Existe un temor generalizado de que el deterioro de las relaciones de Moscú con Occidente provoque una competencia estratégica entre países, que se hará cada vez más evidente en la Antártida”, dijo.

Rusia asegura que sus misiones cumplen con el Tratado Antártico y niega cualquier intención minera. El gobierno ruso sostiene que no ha tomado medidas para explotar las reservas de petróleo. Según una declaración transmitida al Comité por el secretario de Asuntos Exteriores británico, David Rutley, Rusia ha “asegurado reiteradamente que sus estudios son puramente científicos”.

Tanto Rusia como China están reforzando su presencia en el continente austral. Rusia ha establecido cinco estaciones de investigación en la Antártida desde 1957. China, otro actor importante en la región, inauguró su quinta base antártica en los últimos años. Por el contrario, los imperialistas quieren mantener a ambos fuera del continente y cualquier motivo les resulta suficiente para ello.

La situación se complica por la superposición de reivindicaciones territoriales. Reino Unido reclama la soberanía sobre el Territorio Antártico Británico, incluido el Mar de Weddell, pero Argentina y Chile también reclaman la región. La mayoría de los países del mundo, incluidos Estados Unidos y Rusia, no reconocen ninguna reivindicación sobre la Antártida.

(*) https://www.newsweek.com/russia-ukraine-oil-antarctica-putin