La web más censurada en internet

Categoría: Ciencia (página 1 de 11)

Trump quiere construir un reactor nuclear en la Luna para imitar a Rusia y China

Tras los anuncios destinados a malgastar miles de millones de dólares de sus impuestos (o mejor dicho, canalizarlos directamente a las cuentas bancarias de personas ya adineradas) mediante el falso programa “Cúpula Dorada” y centros de datos de inteligencia artificial igualmente falsos, Trump anuncia ahora una carrera para construir reactores nucleares falsos en la Luna.

China y Rusia ya nos llevan mucha ventaja, así que debemos apresurarnos a invertir miles de millones en este proyecto para asegurarnos de ser los primeros. De lo contrario, China o Rusia podrían reclamar toda la Luna.

Creo que, ya que estamos, deberíamos apresurarnos a construir el primer monumento conmemorativo del “holocausto” en la Luna, así como el primer museo de dinosaurios, el primer laboratorio de vacunas, el primer acelerador de partículas y el primer zoológico de yetis. Al mismo tiempo, Lockheed Martin podría trasladar sus fábricas allí, porque tiene sentido. Menos vigilancia y turistas curiosos.

Estados Unidos está ganando la carrera por producir la mejor representación artística. Aún no sabemos cuánto nos costarán estas ambiciones espaciales aceleradas. Claro, Estados Unidos tiene más de 150 billones de dólares en deuda y pasivos sin financiar, pero ¿por qué no añadir un reactor nuclear lunar a la tarjeta de crédito? Nos lo merecemos.

Alguien le pregunta a Trump si podemos ver los archivos de Epstein, y Trump responde: “Lo mejor que puedo hacer es construir un reactor nuclear imaginario en la Luna”.

Este anuncio ha sido tan bien recibido como cualquier otro anuncio gubernamental de la última década.

Miles Mathis https://mileswmathis.com/updates.html

Rusia y China van a construir un reactor nuclear en la Luna

Rusia y China, países de vanguardia en la construcción de reactores nucleares terrestres, llevan ahora sus proyectos a la Luna, donde van a construir una central nuclear para alimentar la futura Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), un proyecto conjunto de ambos países.

Mientras China continúa su intensivo programa de construcción de reactores en el país, también mira hacia el espacio profundo. El proyecto de la central nuclear lunar tiene como objetivo proporcionar la energía necesaria para el ILRS, una base tripulada cuya construcción está prevista para 2030. Esta instalación representaría un gran paso adelante en la exploración espacial y, en particular, en el establecimiento de una presencia humana sostenible en la Luna.

Uno de los principales desafíos para los investigadores rusos y chinos es el suministro de energía para el ILRS. La energía nuclear es la opción más viable en la Luna porque los paneles solares no son suficientes, debido a las noches lunares de 14 días terrestres. No obstante, el proyecto enfrenta desafíos técnicos, especialmente en la refrigeración del reactor en un entorno sin atmósfera.

China cuenta con la experiencia rusa en tecnología espacial para llevar a cabo este ambicioso proyecto. Wu Weiren, diseñador jefe del programa de exploración lunar de China, asegura que Rusia va por delante de Estados Unidos en esta área tecnológica específica.

Los científicos chinos han avanzado en el diseño de un reactor nuclear lunar inspirándose en el reactor soviético Topaz. Su propuesta incluye innovaciones como barras de combustible en forma de anillo, un sistema de refrigeración con metal líquido (NaK-78) y un moderador de neutrones de hidruro de itrio, que promete mayor eficiencia y seguridad.

El diseño se considera una mejora respecto al reactor de la NASA, tras identificar fallos en su combustible y sistema de refrigeración. El reactor chino está diseñado para generar 1 megavatio de energía eléctrica, significativamente más que los 40 kilovatios del reactor propuesto por la NASA.

Con Change-8 y su proyecto de planta de energía nuclear lunar, China está demostrando su determinación de establecerse como un actor clave en la exploración espacial. Desde su primer vuelo tripulado en 2003 durante la misión Shenzhou 5, el país ha logrado rápidos avances, convirtiéndose en el segundo del mundo en aterrizar un vehículo en Marte.

Si la construcción de una central nuclear lunar tiene éxito, las consecuencias para el futuro de la exploración espacial serían considerables. Este logro abriría el camino a operaciones espaciales a gran escala, incluida la producción de energía y una logística avanzada.

Los investigadores chinos también están explorando la posibilidad de explotar los recursos lunares, en particular el helio-3 presente en el regolito, un isótopo raro considerado un combustible potencial para la fusión nuclear.

Los reactores soviéticos Topaz

El reactor Topaz fue un dispositivo nuclear desarrollado en la URSS principios de la década de los años sesenta para alimentar satélites en órbitas terrestres bajas. Después de las pruebas en tierra, los soviéticos probaron dos veces el Topaz en el espacio, en 1987 y 1988.

Entonces la URSS quiso sacar dinero del avance técnico logrado con los reactores Topaz y vendió varios a Estados Unidos con el pretexto de alimentar los vuelos espaciales de la NASA. En realidad, los quería para alimentar los misiles de la llamada “guerra de las galaxias” de Reagan, la Iniciativa de Defensa Estratégica.

Aunque las pruebas fueron un éxito, nunca se aplicaron, ni para los satélites ni para los misiles, porque la “guerra de las galaxias” no era más que una campaña de intimidación propagandística.

En 1986 el desastre del Challenger había creado muy malas sensaciones en Estados Unidos: un lanzamiento espacial explotó espectacularmente con un combustible convencional, mostrando a las claras el atraso tecnológico de Estados Unidos respecto a la URSS.

La NASA creyó que los sistemas soviéticos Soyuz eran superiores y que en el futuro resultarían imprescindibles para la tecnología espacial.

Cuando lo ‘científico’ se transmuta en mercantil: los ‘bodyoids’

En un artículo que publiqué en el mes de enero que llevaba por título “Inteligencia artificial genética” hacía mención a la película “La isla” del director Michael Bay, que refleja un universo en el cual unos seres semi-humanos nacidos de úteros artificiales, a los que les han castrado los sentimientos, son una mercancía, son clones de gentes adineradas puestos en reserva con la finalidad de servir de órganos de recambio en cualquier momento. En este relato, el fin justifica los medios.

A primera vista parece ficción. Personalmente me parecía ficción hasta el pasado día 25 de marzo de 2025 que la MIT Technology Review (1) incluyó un artículo en inglés con el nombre de “Human ‘bodyoids’ could reduce animal testing, improve drug development, and alleviate organ shortages”. (Los “corporoides” humanos podrían reducir las pruebas en animales, mejorar el desarrollo de fármacos y aliviar la escasez de órganos).

Dicho artículo está firmado por Carsten T. Charlesworth, investigador postdoctoral en el Instituto de Biología de Células Madre y Medicina Regenerativa (ISCBRM) de la Universidad de Stanford. Henry T. Greely, profesor de Derecho y director del Centro de Derecho y Biociencias de la Universidad de Stanford y Hiromitsu Nakauchi, profesor de genética y miembro del profesorado del ISCBRM de la Universidad de Stanford.

Los experimentos sobre control humano de la Universidad de Stanford ya se hicieron famosos en 1971 con el llamado Experimento de la prisión de Stanford, financiado por la Armada de Estados Unidos. El experimento liderado por el profesor de psicología Philip Zimbardo, pretendía investigar el efecto psicológico de la percepción de poder (2). Recientemente solicitó subvenciones a los Departamentos del Ejército, la Armada y las Fuerzas Aéreas, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) y la Fundación Nacional de la Ciencia (NSF) para sus nuevas investigaciones (3).

De dicho artículo, “científico” como es de suponer, vale la pena extraer algunos pasajes. El primero de ellos dice así: “Los materiales biológicos humanos son un producto esencial en la medicina, y la escasez persistente de estos materiales crea un importante cuello de botella para el progreso. Crean un desequilibrio entre la oferta y la demanda”.

Con lo cual lo “científico” se transmuta a mercantil. Y sigue: “Los recientes avances en biotecnología ofrecen una vía para producir cuerpos humanos vivos sin los componentes neuronales que nos permiten pensar, ser conscientes o sentir dolor… la tecnología de úteros artificiales avanza rápidamente, y podrían estar abriéndose otras vías para permitir el desarrollo de fetos fuera del cuerpo… Estas tecnologías, junto con técnicas genéticas establecidas para inhibir el desarrollo cerebral, permiten imaginar la creación de ‘corporoides’, una fuente potencialmente ilimitada de cuerpos humanos, desarrollados totalmente fuera de un cuerpo humano a partir de células madre, que carecen de sensibilidad o de la capacidad de sentir dolor”.

“Los bodyoides desarrollados a partir de células del paciente también podrían permitir el cribado personalizado… que refleje con precisión la genética y la fisiología personales del paciente”. (Debe entenderse el paciente con recursos) “¿Acaso los bodyoides —creados sin embarazo, esperanzas parentales o, incluso, sin padres— desdibujarían esa línea (ética)? ¿O consideraríamos a un bodyoid un ser humano con derecho al mismo respeto? De ser así, ¿por qué? ¿Solo porque se parece a nosotros y está vivo? ¿Porque está vivo y tiene nuestro ADN? Gobiernos, empresas y fundaciones privadas deberían empezar a considerar los bodyoides como una posible vía de inversión… El momento de iniciar esas conversaciones es ahora, cuando el camino científico parece lo suficientemente claro… Se justifica la cautela, pero también una visión audaz; la oportunidad es demasiado importante como para ignorarla”.

De este modo, tanto al iniciar el citado artículo, como al finalizar el mismo podemos leer los conceptos “oferta, demanda e inversión”, con lo cual, sin lugar a dudas, no estamos ante el artículo de unos científicos neutros, sino ante unos mercaderes que plasman, bajo el manto curricular, las órdenes emanadas de las grandes corporaciones biotecnológicas siguiendo el catecismo del Foro Económico Mundial llamado “The fourth industrial revolution” firmado por Klaus Schwab (4).

En dicho libro “La cuarta revolución industrial”, se realizan unas suculentas premoniciones: “La cuarta revolución industrial no solo está cambiando lo que hacemos, sino quién somos. El impacto que tendrá en nosotros como individuos será múltiple, y afectará nuestra identidad y sus múltiples facetas relacionadas… y, seguramente más pronto de lo que pensamos, podría dar lugar a formas de un engrandecimiento humano que haga que cuestionemos la naturaleza misma de la existencia humana… No solo está cambiando el ‘qué’ y el ‘cómo’ hacer las cosas, sino ‘quién somos’”.

Según el sueco Nik Bostrom, fundador de la Asociación Transhumanista Mundial, mediante el uso de la tecnología podemos llegar a transcender lo humano, llegando a ser algo diferente, lo posthumano. Según él, la naturaleza humana es totalmente modificable: “A través del uso de la ciencia aplicada y otros métodos racionales, que pueden hacer posible aumentar la duración de la salud humana, ampliar nuestras capacidades intelectuales y físicas, y darnos un mayor control sobre nuestros propios estados mentales y anímicos” (“through the use of applied science and other rational methods, which may make it possible to increase human health-span, extend our intelectual and physical capacities, and give us increased control over our own mental states and moods” (5).

Y la “ciencia” fabricará seres, mejor dicho “cuerpos”. ¿Qué es un cuerpo? En su diccionario, como primera acepción, María Moliner lo define así: “Cualquier porción de materia” (6). Y así se transforma la persona humana en “cosa” sobre la cual es posible efectuar transformaciones al igual que en cualquier materia orgánica inerte.

Una tarea estrechamente ligada a la des-humanización y comercialización. Nos encontramos ante un discurso, denominado científico, cuando en realidad es solamente una aplicación técnica patentable y comercializable, con su correspondiente cotización en las bolsas de valores.

(1) https://www.technologyreview.com/2025/03/25/1113611/ethically-sourced-spare-human-bodies-could-revolutionize-medicine/
(2) https://www.bbc.com/mundo/noticias-44155389
(3) https://www.theepochtimes.com/
(4) https://www.weforum.org/stories/2016/01/the-fourth-industrial-revolution-what-it-means-and-how-to-respond/
(5) https://nickbostrom.com/ethics/dignity
(6) https://archive.org/details/diccionario-de-uso-del-espanol-maria-moliner

Los padres de la santa iglesia de la tecnología

Lo más interesante no es que alguien haya publicado un libro sobre la nueva religión contemporánea, la tecnología, sino que lo haya hecho precisamente el Instituto Tecnológico de Massachusetts. La obra es de Greg Epstein, que se declara “agnóstico” de la nueva religión (1), que tiene sus pontífices que, como portavoces de dios en la tierra, no se equivocan nunca. Pero también tiene sus sacerdotes, sus diáconos, sus párrocos, sus monaguillos, sus místicos y sus akelarres.

La nueva iglesia tiene fieles, que a veces se llaman “geeks”, que se encargan de convertir la tecnología en una ideología, e incluso en una subcultura donde no es fácil diferenciar entre un progreso de las fuerzas productivas y un batiburrillo de tonteorías.

Es verdad que no hay muchos “geeks”, pero les gusta escribir en blogs y foros de internet para sentar cátedra. Si no estás con ellos es porque eres un hereje o, como se dice en el mundo moderno, un “negacionista”. Es posible que, como tal, seas al mismo tiempo “ultraderechista” porque los creyentes siempre defienden el orden establecido: la democracia, los derechos humanos y la CIA.

Como todas las religiones, la tecnología moderna ha amasado grandes fortunas y creado poderosos monopolios que empiezan a darle bocados el mundo. Si el obispo Bezos compra el Washington Post, Musk compra X/Twitter. Para ellos es un entretenimiento más. Cuando tienes mucho dinero, no sabes en qué gastarlo.

Las empresas tecnológicas se envuelven en un halo de misterio y se enorgullecen de tener una cultura y reglas propias (“términos de servicio”), como las órdenes monásticas. También exigen juramentos de lealtad, en forma de acuerdos de confidencialidad.

Como los milagros bíblicos, las estupideces tecnológicas no tienen límites. Unos “geeks” dicen que el universo es un holograma (2) y otros que vivimos dentro una simulación de ordenador (3). Son estupideces cada vez más corrientes en las modernas revistas que se califican a sí mismas como “científicas”.

Las estupideces yambién tienen su jerarquía. La mayor de ellas es es creer que los problemas de la humanidad son técnicos y que, por lo tanto, corresponde solucionarlos a los técnicos.

Otra es suponer que la tecnología es siempre algo positivo y que su impulso actual no deriva de un intento de control social asfixiante, como el reconocimiento facial. A cualquier cosa lo llaman “tecnología” y cualquier “tecnología” se considera un progreso.

Como consecuencia de ello, los que se oponen a las tonteorías de los “geeks” se oponen al progreso, son unos reaccionarios, se han quedado anticuados… Es lo que pretenden hoy los reformistas: asimilar cualquier crítica a la famosa “ultraderecha”.

(1) https://mitpress.mit.edu/9780262049207/tech-agnostic/
(2) https://www.esquire.com/es/ciencia/a44709661/universo-holografico/
(3) https://www.muyinteresante.com/actualidad/61730.html

Suiza expulsa a 500 científicos rusos ​​del laboratorio de partículas CERN

Los intelectos posmodernos están poblados de suposiciones extrañas que la realidad se encarga de desmentir a cada paso. Una de ellas dice que Suiza es un país neutral y otra que las grandes instituciones científicas, como el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), son de una factura parecida: asépticas y descoloridas, sin aditivos.

Luego también hay quien imagina que todo lo que sale de la boca de un científico o de un laboratorio es ciencia, es decir, que un mercenario o una institución burocrática es capaz de usurpar el conocimiento, tapar la boca a los demás y encender la hoguera.

Lo mismo que la Inquisición, Suiza ha vuelto a recordar que no todo lo que rodea a la ciencia, como el CERN, es ciencia sino pura sumisión al imperialismo. Donde manda capitán, no manda marinero y donde manda Estados Unidos, no manda Suiza que, a partir del 1 de diciembre, va a poner fin a su acuerdo con Moscú para que los científicos rusos trabajen en el CERN.

Casi 500 científicos rusos tendrán que abandonar el país para regresar a casa por motivos que no tienen nada que ver con la ciencia.

El 1 de diciembre es el aniversario y el fin de la colaboración entre el CERN y Rusia. La asociación no se renovará. Los casi 500 científicos rusos, vinculados a institutos rusos, que hasta ahora han colaborado en el proyecto, van a ser despedidos por motivos que ni Suiza ni el CERN necesitan explicar.

Ahora bien, lo que el CERN, Suiza y sus amos pretenden no es una expulsión sino un chantaje: si los rusos abandonan las instituciones de las que forman parte, entonces podrían quedarse. Cambiarían a los institutos rusos por institutos europeos.

Al mismo tiempo, Suiza ha revocado el estatuto de observador especial otorgado a Moscú por el CERN.

La mayor parte de los científicos europeos, e incluso la propia Organización Europea para la Investigación Nuclear, no está de acuerdo con las represalias políticas de Suiza y desea seguir trabajando con JINR, un instituto internacional de investigación nuclear, con sede en Dubna, muy cerca de Moscú.

Los imperialistas intentan romper los lazos con China y Rusia, y las instituciones científicas no son ninguna excepción.

China adelanta a Estados Unidos en la carrera espacial

Hubo un tiempo en el que la llamada “carrera espacial” era una cuestión exclusiva de Rusia y Estados Unidos. Se hablaba de las misiones Apolo o los viajes de la estación espacial Mir.

Ayer el panorama espacial cambió, apareciendo un tercer competidor, China, que anunció una primicia histórica: la recolección de muestras en la cara oculta de la Luna.

La sonda china Change-6 ha marcado un punto de inflexión al despegar de la superficie lunar con muestras tomadas a bordo de una región nunca inexplorada. La operación representa un importante paso adelante para el programa espacial chino, que pretende continuar la exploración lunar con una misión tripulada prevista para 2030.

El ascensor de la sonda logró salir de la superficie lunar y entrar en órbita, a pesar de las temperaturas extremas encontradas.

La misión, que comenzó el 3 de mayo, tuvo lugar en la gran cuenca del Polo Sur-Aitken, uno de los mayores cráteres de impacto del sistema solar, situado en la cara oculta de la Luna. Equipada con un taladro y un brazo robótico, la sonda tenía como objetivo recolectar muestras que pudieran revelar el origen del satélite natural.

Uno de los objetivos era detectar la presencia de uranio en la cara oculta de la Luna. Para ello, llevó a bordo un detector de radón, un gas radiactivo que se produce en el regolito (suelo lunar) mediante la desintegración del uranio.

También podría ayudar a comprender el hielo que tiene la Luna. Se podrían encontrar cantidades importantes en las regiones polares más frías, ocultas y protegidas de la luz solar.

Si se extrae, podría utilizarse en futuras bases espaciales.

La hazaña china no es sólo un avance científico, sino también un símbolo del lugar que por méritos propios le corresponde al país asiáticos en el mundo conteporáneo. Durante la misión, se exhibió por primera vez una bandera china en la cara oculta de la Luna, añadiendo la dimensión política de la proeza científica.

Las muestras recolectadas también podrían contribuir a una mejor comprensión del origen del sistema solar y facilitar la preparación de futuras exploraciones.

Si bien la CNSA aún no ha revelado los próximos pasos de la misión, se espera que las muestras permanezcan en órbita alrededor de la Luna durante algunas semanas antes de regresar a la Tierra. Este regreso se espera para finales de este mes, marcando una nueva etapa en lo que podría ser una serie de misiones lunares aún más ambiciosas.

Los planes incluyen no sólo misiones tripuladas sino también la construcción de una base lunar para 2030, lo que demuestra el compromiso de Pekín de convertirse en una potencia espacial.

Cuando Gadafi creó un gigantesco río artificial en medio del desierto

La información meteorológica, que antes era muy marginal, ocupa un espacio cada vez mayor en los noticiarios y algunos suponen que los medios no manipulan este tipo de informaciones, sino sólo las políticas porque son “partidistas” o “ideológicas”.

Sin embargo, la información meteorológica se distorsiona del mismo modo, como se ha visto esta primavera con las insistentes noticias acerca de la sequía, acompañadas de la inevitable imagen de un pantano vacío.

La sequía se equipara con la falta de lluvias y el agua con los ríos, lagos y embalses. Las aguas subterráneas no existen porque no se ven y, por lo tanto, nunca las mencionan. Hasta los años ochenta, en España los planes hidrológicos sólo tuvieron en cuenta las aguas superficiales. No obstante, a excepción de las masas heladas, las aguas subterráneas representan casi todo el agua dulce que hay en el planeta.

El desierto, el calor y la falta de agua están estrechamente asociados en la mitología de los seres humanos que jamás han estado en lugares así. Es lo único que les han mostrado a lo largo de su vida. Sin embargo, bajo las arenas de los desiertos hay grandes masas de agua, verdaderos océanos.

Es el caso del Sáhara y de países áridos, como Libia, donde no hay ríos, ni lagos, ni embalses. En algunos lugares del país norteafricano transcurren décadas sin ver la lluvia en absoluto. Sin embargo, en 1953, durante la búsqueda de nuevos yacimientos de petróleo en el sur, descubrieron cuatro enormes acuíferos, el sistema nubio, que se extiende a los países vecinos y almacena miles de kilómetros cúbicos de agua.

Cuando Gadafi asumió el poder en 1969, nacionalizó la explotación del petróleo y comenzó a usar los ingresos para perforar 1.300 pozos en el desierto, algunos de hasta 500 metros de profundidad, para llevar el agua dulce a la población y fomentar la agricultura. Fue una obra gigantesca de infraestructura, con 4.000 kilómetros de una red de tuberías, que fueron calificadas como el Gran Río Artificial.

Como es característico, los medios de intoxicación occidentales calificaron al proyecto y a su autor de “megalómano”. Pero las obras comenzaron en 1984, cuando Gadafi puso la primera piedra de la fábrica de producción de tubos en Brega.

En 1991 se completó la primera fase del proyecto y empezaron a llegar dos millones de metros cúbicos de agua a 6,5 ​​millones de personas que vivían en las ciudades de Trípoli, Bengasi, Sirte y otras. El agua regó 155.000 hectáreas de tierra, el proyecto de regadío más grande del mundo.

En 1999 la UNESCO aceptó la propuesta de Libia para financiar el Premio Gran Río Artificial Internacional, un galardón para promocionar las investigaciones científicas sobre el agua en las zonas áridas.

En 2011 la OTAN atacó Libia, asesinó a Gadafi y bombardeó las tuberías del Gran Río Artificial, cerca de Brega, incluyendo la planta que las fabricaba. La brutal agresión dejó sin agua al 70 por cien de los libios que, desde entonces están sumidos en una guerra permanente.

En la inauguración de la primera fase del proyecto, en 1991, Gadafi pronosticó: “Después de este logro, las amenazas estadounidenses contra Libia se duplicarán. Estados Unidos inventará excusas, pero la verdadera razón es detener este logro para mantener al pueblo de Libia oprimido”.

Los grandes acueductos subterráneos

En los desiertos de Marruecos, las precipitaciones también se filtran a través de la arena y se acumulan en el subsuelo formando acuíferos a poca profundidad. Desde tiempo inmemorial las comunidades locales han construido sistemas de irrigación (“khetthara”) que les permiten captar y conducir el agua mediante galerías horizontales y pozos.

En los lugares desérticos, este tipo de tecnología subterránea cumple mismo papel que las acequias, los canales y los acueductos: transportan agua bajo tierra para reducir las pérdidas que tendrían por filtración y evaporación si lo hicieran por la superficie.

Lo mismo se observa en el desierto de Taklamakan, en Xinjian (China), que es uno de los más grandes del mundo. Abarca más de medio millón de kilómetros cuadrados y en su entorno viven aproximadamente diez millones de personas. Bajo su superficie arenosa hay canales subterráneos llamados karezes (o qanats), que son una de las obras hidráulicas más importantes de Asia.

La tecnología karez tiene más de 2.000 años. Es una galería subterránea horizontal que transporta agua desde los acuíferos en abanicos aluviales premontañosos hasta tierras de cultivo de menor elevación. El agua para el karez lo proporciona el pozo madre, que se hunde en la zona de recarga del agua subterránea.

Las estadísticas de 1944 muestran que había 379 karezes en el área de Turpan. En 1952 eran 800, con una longitud total de 2.500 kilómetros, equivalente a la longitud del Gran Canal. Hoy en día hay más de 1.000 karezes en la zona de Turpan.

Al estar muy alejado de los océanos y rodeado por enormes montañas por sus costados, el desierto de Taklamakan es uno de los más áridos de la Tierra. Las extracciones excesivas de aguas subterráneas y la construcción de embalses en los ríos principales secaron muchos lagos. Sin embargo, a principios de este siglo aparecieron inesperadamente más océanos de agua dulce bajo las arenas del desierto.

Es un engaño asociar un desierto con la ausencia de agua. La mayor parte de las veces sólo hay que saber cuánto hay que profundizar para extraerla.

Rosatom construye centrales nucleares adaptadas a las necesidades de todos los países

Con motivo del XIII Foro Internacional de la Energía Nuclear (Atomexpo 2024), celebrado recientemente en Moscú, la Agencia Federal de Energía Atómica, Rosatom, abrió sus puertas a los periodistas de todo el mundo, que pudieron visitar el corazón de la planta de ingeniería mecánica ZiO-Podolsk, situada en la localidad de Podolsk, al sur de Moscú.

A los invitados les informaron del proceso de producción nuclear y les presentaron los avances tecnológicos implementados en esta área. ZiO-Podolsk, una empresa especializada en equipamiento, desarrollo y suministro de centrales nucleares y energía, desempeña un papel destacado en el sector desde 1952. Con más de cien años de experiencia, la fábrica es un pilar de la industria nuclear rusa.

Durante la visita, los periodistas fueron guiados a través de los diferentes talleres de producción de reactores y piezas nucleares. Rosatom se enorgullece de tener once talleres principales, así como subtalleres, que cubren cuatro áreas principales de especialización. Un aspecto crucial discutido durante esta reunión es la adaptación de las centrales nucleares a las características de las zonas donde se ubican.

Rosatom destaca la importancia de tener en cuenta las particularidades meteorológicas y geográficas de cada lugar. Esta construcción “a la carta” tiene como objetivo garantizar la eficacia y fiabilidad de las centrales, teniendo en cuenta las necesidades energéticas específicas de los países afectados.

“Las centrales se construyen según las necesidades. Para los países con salidas marítimas, se trata de centrales eléctricas flotantes y para los países sin salidas marítimas, se trata de centrales eléctricas modulares”. La flexibilidad en el diseño de las centrales nucleares demuestra el compromiso de Rosatom de satisfacer las necesidades energéticas, que son diferentes en todo el mundo.

El subdirector encargado del desarrollo de nuevas tecnologías de Rosatom, Valentin Saransky, destacó la importancia de la fabricación “a la carta” cuando habló del proyecto de construcción de pequeñas centrales eléctricas modulares para los países del Sahel. Las instalaciones se adaptan a las limitaciones geográficas y medioambientales de la región, ofreciendo así una solución energética viable para las poblaciones que carecen de electricidad.

Para la gestión de los reactores nucleares, Rosatom destaca la formación de los recursos humanos locales. El objetivo es formar a los países anfitriones proporcionándoles la capacidad para gestionar y operar eficazmente sus propias instalaciones nucleares.

El laboratorio subterráneo más profundo del mundo está en China

China tiene actualmente el laboratorio subterráneo más profundo del mundo, llamado China Jinping Underground Laboratory (CJPL), está situado a 2.400 metros de profundidad.

Se encuentra en la provincia de Sichuan, una provincia remota al suroeste del país y se creó para estudiar muchos temas específicos, empezando por la llamada “materia oscura”. Para lograrlo, los investigadores aprovechan las profundidades para bloquear los rayos cósmicos, lo que impide su observación.

Para lograr crear un lugar dedicado a la ciencia, tan profundo, fue necesario realizar un trabajo hercúleo. Fue cuando comenzaron las obras de la presa hidroeléctrica Jinping-II, a principios de la década de 2000, cuando nació la idea de crear este laboratorio. En total hubo que excavar 4.000 metros cúbicos de roca. Veinte años después, en 2020, se inició una segunda fase de obras que permitió excavar 300.000 metros cúbicos de roca.

El objetivo de este laboratorio es permitir a los científicos estudiar todo lo relacionado con la llamada “materia oscura”. Los descubrimientos asociados podrían permitir comprender mejor ciertas regiones del universo.

La ubicación y profundidad del laboratorio no fueron elegidas al azar. De hecho, el flujo de rayos cósmicos allí es relativamente débil. Además, todos los investigadores presentan las instalaciones como “ultralimpias”. Eso permite detectar mejor la presencia de la llamada “materia oscura” que, de momento, es sólo una suposición. Su existencia se teorizó en 1930, pero nunca se ha demostrado.

Las chapuceras seudociencias pagadas con fondos reservados de Estados Unidos

Aunque a los defensores de la ciencia secreta les gusta centrarse en ejemplos en los que ha beneficiado a la sociedad, desde el principio de la Guerra Fría los conocedores temían que las mejores mentes no se sintieran atraídas por trabajos de los que ni siquiera podían hablar. El secreto protegió a los involucrados de la vergüenza o el procesamiento penal, pero también hizo mucho más difícil examinar los protocolos experimentales, validar los resultados o replicarlos en investigaciones de seguimiento.

Un director de investigación de un laboratorio de armas del Departamento de Energía admitiría más tarde: “En realidad, se evidencian muchos más avances en los campos de investigación no clasificados que en los clasificados”. El físico Robert McCrory, cuyo propio laboratorio recibió millones de dólares en financiación en asociación con los Laboratorios Nacionales Lawrence Livermore, Sandia y Los Alamos, fue aún más contundente: “Algunos de los trabajos son tan pobres que, si se desclasificaran, serían borrados de la faz de la Tierra”.

Sólo podemos adivinar lo que McCrory tenía en mente específicamente cuando dijo esto. Hay demasiadas posibilidades. En conjunto, dan crédito a la preocupación frecuentemente expresada de que los programas secretos se convirtieron en un refugio para mentes de segunda y tercera categoría. Los magos de Langley, por ejemplo, consideraron un “logro científico notable” cuando lograron demostrar que se podía “entrenar a los gatos para moverse distancias cortas”. Según un veterano de la CIA, Victor Marchetti, este logro fue parte de un programa para determinar si los gatos podían convertirse en dispositivos de vigilancia:

“Se gastó mucho dinero. Abrieron al gato, le pusieron pilas y le conectaron el cable. La cola se utilizó como antena. Hicieron una monstruosidad. Lo pusieron a prueba y descubrieron que abandonaba el trabajo cuando tenía hambre, así que le pusieron otro cable para anular eso. Finalmente están listos. Lo llevaron a un parque, lo apuntaron a un banco y dijeron: ‘Escucha a esos dos tipos. ¡No escuches nada más, ni a los pájaros, ni a los perros ni a los gatos, sólo a esos dos tipos! Lo bajan de la furgoneta y llega un taxi y lo atropella. Allí estaban, sentados en la camioneta con todos esos diales, ¡y el gato estaba muerto!”

Sin embargo, la CIA elogió la “energía y la imaginación” del equipo y los consideró potenciales “modelos para pioneros científicos”.

El secreto protegió a los involucrados de la vergüenza o el procesamiento penal, pero también hizo mucho más difícil examinar los protocolos experimentales.

Se podría argumentar que un programa de investigación en expansión diseñado deliberadamente para ir más allá producirá inevitablemente, durante varias décadas, algunas investigaciones extrañas y de baja calidad. Pero en algunos casos es posible hacer una comparación lado a lado de la investigación del gobierno estadounidense con la investigación encargada por otro país que tenía menos recursos pero el mismo objetivo.

Percepción extrasensorial

Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas estadounidenses y británicas utilizaron perros para detectar minas. Era un trabajo delicado y peligroso, y los perros a veces resultaban poco fiables. Por lo tanto, ambos gobiernos organizaron proyectos de investigación a principios de la década de 1950 para evaluar y mejorar la capacidad de los perros para localizar minas.

Los británicos sólo querían “los hechos” y buscaron un “científico capacitado”. Seleccionaron a Solly Zuckerman, un anatomista experto en comportamiento animal. Diseñó el experimento para eliminar la posibilidad de que los cuidadores humanos estuvieran influyendo inconscientemente en la tarea de los perros.

Eso requirió aislar sistemáticamente los factores bioquímicos y fisiológicos específicos que podrían explicar el éxito o el fracaso, ya que cualquiera de ellos podría resultar importante cuando las minas eran inodoras. Zuckerman tenía una fuerte motivación personal: había visto el impacto devastador de las lesiones por explosiones cuando realizó investigaciones fisiológicas en tiempos de guerra con los supervivientes. Su plan más amplio era desarrollar métodos experimentales más rigurosos en la investigación con animales. Zuckerman no encontró evidencia sólida de que se pudiera confiar en los perros para detectar minas enterradas.

El ejército estadounidense, por otra parte, contrató a un “parapsicólogo” llamado J. B. Rhine. No está claro por qué: todos los registros del ejército fueron destruidos posteriormente. Aunque su formación fue en botánica, Rhine se había hecho famoso por sus experimentos (nunca replicados) en percepción extrasensorial (ESP) y psicoquinesis. Para Rhine, el estudio fue una oportunidad para demostrar que la ESP realmente existía; ya había reunido una colección de historias sorprendentes sobre la percepción extrasensorial de los animales. Una vez más, Rhine se convenció de que los perros poseían poderes especiales.

Los oficiales del ejército descubrieron en un trabajo de seguimiento que los resultados eran aleatorios, y otro estudio resultó ser un completo fracaso, marcado por una “negativa bastante notoria de los perros a alertar”. Pero Rhine utilizó el dinero del ejército para iniciar nuevas investigaciones y encontró nuevos clientes. La Oficina de Investigación Naval financió una década de trabajo sobre ESP [percepción extrasensorial] en palomas mensajeras. En otros estudios, uno de los colegas de Rhine intentó influir telepáticamente en un gato para que seleccionara un plato de comida en lugar de otro. Pero también en este caso Rhine admitió que los resultados “no fueron espectaculares”. Por desgracia, los gatos resultaron “esquivos”.

El gobierno de Estados Unidos dedicó varias décadas a un programa más amplio de investigación sobre el control mental. Y Rhine era un modelo de rigor científico en comparación con algunos de los otros investigadores en nómina del gobierno, que defendían teorías de visitas extraterrestres y fantasmales para explicar la ESP [percepción extrasensorial], y fueron contratados por el ejército de Estados Unidos para realizar consultas sobre hongos psicodélicos.

Control mental

El Proyecto MK-Ultra de la CIA implicó toda una serie de experimentos con sujetos involuntarios, utilizando una variedad de drogas diferentes para manipularlos para que dijeran y hicieran cosas en contra de su voluntad. Les dieron carta blanca para operar sin los controles contables normales de la Agencia ni la necesidad de contratos escritos. Una vez más, los investigadores intensificaron rápidamente sus ensayos con poca comprensión de los efectos. En la primera ronda de un experimento realizado en el Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York, uno de los pacientes, Harold Blauer, recibió 0,4 mg de metilendioxifenilisopropilamina, una droga similar al éxtasis. La siguiente dosis fue dieciséis veces más fuerte y Blauer murió en treinta minutos.

Cuando la familia emprendió acciones legales, los abogados del gobierno amenazaron a los testigos con procesarlos en virtud de la Ley de Espionaje. Décadas más tarde, el director de la CIA, Stansfield Turner, admitió que “se realizaron algunas pruebas involuntarias”, pero testificó ante el Congreso que los sujetos eran “psicópatas sexuales criminales confinados en un hospital estatal”. De hecho, Blauer era un tenista profesional que buscó voluntariamente tratamiento para la depresión después de un divorcio.

La CIA también experimentó con su propio personal. En un caso, el director de MK-Ultra, un químico llamado Sidney Gottlieb, administró LSD a los asistentes a un retiro conjunto de la Agencia y el ejército. Uno de los sujetos involuntarios, un bioquímico del ejército llamado Frank Olson, quedó traumatizado por la experiencia. Hasta entonces, Olson había sido un hombre de familia extrovertido y devoto. Después, se hundió en la depresión, lo abrumó un sentimiento de vergüenza y no quiso regresar a casa. Le dijo a su supervisor del ejército que quería dimitir o ser despedido.

Gottlieb probablemente se alarmó al ser advertido sobre esta situación. MK-Ultra había sido aprobado por el propio director de la CIA, Allen Dulles, quien calificó el programa de “ultrasensible”. Pero, según se informa, Gottlieb no había obtenido autorización previa antes de drogar a Olson y a los demás. Como señaló más tarde un informe interno de la Agencia, los participantes en este trabajo comprendieron muy bien que sus métodos eran “profesionalmente poco éticos” y legalmente dudosos, y que provocarían una “reacción adversa grave” por parte del público si alguna vez se revelaran. Por lo tanto, Gottlieb tenía una poderosa motivación para asegurarse de que Olson no le contara a nadie lo que la CIA le había hecho.

La aventura del gobierno en lo paranormal resultó inútil para cualquier propósito legítimo de inteligencia.

Gottlieb y su ayudante decidieron llevar a Olson a ver a un médico de Nueva York. El hombre no tenía formación psiquiátrica, pero sí tenía una autorización de seguridad ultrasecreta de la CIA y experiencia con LSD. El médico le dio a Olson bourbon y sedantes y lo llevó a ver una actuación de un mago, a quien Gottlieb estaba interesado en contratar para ayudar a dosificar a más objetivos involuntarios. El comportamiento público de Olson se volvió cada vez más errático y dijo que la Agencia estaba “atrapándolo”. El médico dijo que llevaría a Olson a un sanatorio para que lo trataran psiquiatras de la CIA. Pero esa noche, Olson “cayó” desde el décimo piso del Hotel Statler en Manhattan.

El ayudante de Gottlieb compartía la habitación con él y afirmó haber estado dormido cuando sucedió. Su historia era que Olson acababa de estrellarse contra la ventana, sin abrirla primero, ni siquiera levantar la persiana. Quizás nunca sepamos qué pasó en esa habitación de hotel. Pero en ese momento, la CIA estaba entrenando a sus asesinos para que primero administraran drogas o alcohol a sus víctimas, y aconsejaba: “El accidente más eficiente, en un asesinato simple, es una caída de 75 pies o más sobre una superficie dura”.

La CIA estaba preparada para matar a ciudadanos inocentes

La CIA estaba claramente preparada para matar a ciudadanos estadounidenses inocentes. Seis semanas después de que la Agencia encubriera lo que le pasó a Olson, un equipo de control mental de la CIA emprendió su primera misión en el extranjero. La misión consistía en introducir “alcachofa” (probablemente LSD) en la bebida de otro sujeto involuntario e inducirlo a intentar asesinar a un destacado político o funcionario estadounidense. El equipo de alcachofas estaba preparado para la acción y señaló con orgullo que “estuvieron listos cuando se les pidió apoyo, a pesar de que la operación no se materializó”.

La mayoría de los registros de MK-Ultra fueron destruidos posteriormente, por lo que no podemos saber qué otras misiones podrían haber pretendido lograr. Pero la investigación de la CIA sobre el control mental duró más de una década, involucró a unas ochenta instituciones diferentes y eventualmente costaría aproximadamente diez millones de dólares (unos cien millones en dólares actuales).

En 1972 se puso en marcha un programa de control mental completamente nuevo, esta vez dirigido por la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). El objetivo de este nuevo programa era “determinar si existían fenómenos mentales anómalos (es decir, percepción extrasensorial y psicoquinesis) y en qué medida dichos fenómenos podrían ser aplicables a problemas de interés nacional”. Al igual que MK-Ultra, duró muchos años y costó muchos millones de dólares. Aún es difícil determinar cuántos exactamente. Pero un solo contratista de California, SRI International, eventualmente recibió 11,3 millones de dólares (o alrededor de 36 millones en dólares actuales).

Incluso los escapistas y magos vieron que el gobierno estaba siendo estafado y pacientemente explicaron a los funcionarios que las herramientas desgastadas por el tiempo de su oficio podían fácilmente engañar a alguien haciéndole creer en la percepción extrasensorial. Lo mismo hicieron los científicos de Darpa, quienes concluyeron que el ilusionista israelí Uri Geller, alumno estrella de la DIA, era un “charlatán”. Pensaron que era “ridículo” que Geller hubiera engañado al gobierno de Estados Unidos para que utilizara el dinero de los contribuyentes para ver si podía doblar cucharas con su cerebro. Señalaron una serie de problemas con los experimentos de ESP [percepción extrasensorial] y psicoquinesis, sobre todo el hecho de que las personas pagadas para realizarlos tenían un incentivo financiero para producir resultados positivos.

Locos por la parapsicología

Bajo el manto del secreto, su arrogancia y su pensamiento mágico se volvieron locos. En 1985 el ejército encargó a un panel destacado del Consejo Nacional de Investigación la evaluación del programa. El panel concluyó que no había “ninguna garantía científica para la existencia de fenómenos parapsicológicos” como la “visión remota” (sentir la ubicación o apariencia de las cosas mediante puro esfuerzo mental) o la psicoquinesis.

Sin embargo, durante la década siguiente, el ejército llevó a cabo entre cincuenta y cien experimentos más de ese tipo. En 1995 se encargó otra revisión del programa de visión remota, esta vez por parte de los Institutos Americanos de Investigación (AIR). Una vez más, los revisores encontraron que, debido a fallas en los diseños de la investigación, no había evidencia clara que demostrara la existencia de lo paranormal.

Pero el informe de AIR encontró algo aún más condenatorio. Después de unos veinticinco años de experimentos, los revisores concluyeron: “En ningún caso la información proporcionada se había utilizado para guiar operaciones de inteligencia”. Incluso si algunas personas realmente tienen una percepción extrasensorial que la ciencia no puede explicar, el objetivo del programa no era utilizar recursos gubernamentales para explorar la Zona Crepuscular. Fue para apoyar misiones reales que salvaguardarían la seguridad nacional. Sin embargo, a pesar de todo el tiempo y el dinero invertidos (sin mencionar los costos humanos), la aventura del gobierno en lo paranormal resultó inútil para cualquier propósito legítimo de inteligencia.

¿Por qué, entonces, la comunidad de inteligencia y el Pentágono llegaron a extremos al llevar a cabo una “investigación” tan embarazosa? Por la misma razón por la que sentían que tenían licencia para controlar el clima y alterar la atmósfera superior: porque, bajo el manto del secreto, su arrogancia y su pensamiento mágico se desbocaban. Además, controlar la mente de las personas era un premio demasiado tentador para resistirse. Y aunque es posible que el gobierno haya renunciado a las cucharas telequinéticas, no abandonó ese objetivo más amplio.

Tecnología de la tortura

Durante la primera década de la “Guerra Mundial contra el Terrorismo” la CIA persiguió el control mental a través de métodos más directos, es decir, “interrogatorios mejorados”. El programa empleó abuso psicológico, posiciones estresantes y la “bañera” no sólo para hacer hablar a la gente, sino también para descubrir métodos científicamente rigurosos y reproducibles para obligar a los sujetos a someterse a la voluntad de los interrogadores y perder todo sentido de personalidad propia. Al igual que MK-Ultra, el programa de interrogatorio mejorado se llevó a cabo como una serie de “experimentos”. Así es como la Oficina de Servicios Médicos de la CIA, en un documento ultrasecreto de 2004, describió el protocolo para registrar la aplicación de “tratamientos” a “sujetos”:

“Para poder fundamentar mejor los futuros juicios y recomendaciones médicas, es importante que cada aplicación de la ‘bañera’ esté minuciosamente documentada: cuánto duró cada aplicación (y todo el procedimiento), cuánta agua se utilizó en el proceso (teniendo en cuenta que mucha salpica), cómo se aplicó exactamente el agua, si se logró un sellado, si se llenó la nasofaringe o la orofaringe, qué tipo de volumen se expulsó, cuánto tiempo duró el intervalo entre aplicaciones y cómo se veía el sujeto entre cada tratamiento”.

La CIA contrató a un psicólogo retirado de la fuerza aérea llamado James Mitchell para implementar estos métodos. Mitchell también se veía a sí mismo como un científico. Como le contó una fuente informada a la periodista Jane Mayer, después de que Mitchell se hizo cargo de un caso, les dijo a los agentes del FBI que un interrogatorio “era como un experimento, cuando le aplicas descargas eléctricas a un perro enjaulado, después de un tiempo, está tan disminuido, no puede resistirse”. Cuando los agentes argumentaron que el sujeto de este experimento era un ser humano y no un perro, Mitchell replicó: “La ciencia es ciencia”.

La “bañera”, el “cambio de pañales” y las posiciones de estrés finalmente no demostraron ser más efectivos que la percepción extrasensorial o la psicoquinesis, como concluyeron las propias revisiones internas de la CIA. Muchas de las víctimas ya habían proporcionado información valiosa a sus interrogadores antes de ser torturadas, y una vez que comenzó la “bañera”, muchas ofrecieron información falsa para detenerlo. Pero la “bañera” no se detuvo hasta que la empresa de Mitchell recibió ochenta y un millones de dólares.

Matthew Connelly https://lithub.com/how-us-intelligence-agencies-hid-their-most-shameful-experiments/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies