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Categoría: África (página 3 de 47)

Estados Unidos aprovecha la expulsión de los europeos de África para consolidar su influencia

Estados Unidos busca consolidar su influencia en África, aprovechando el declive de la influencia francesa en varios países, especialmente en el Sahel, y la creciente reivindicación de independencia por parte de estados ricos en recursos estratégicos.

La República Democrática del Congo (RDC) ejemplifica esta dinámica. Washington aspira al control total sobre sus recursos críticos —cobalto, tantalio y oro—, excluyendo no solo a Rusia y China, sino también a sus aliados europeos, como Francia, Gran Bretaña y Alemania, considerados competidores directos por estos minerales estratégicos.

Para lograr estos objetivos, Estados Unidos intensifica sus esfuerzos de desestabilización en las regiones congoleñas fronterizas con Ruanda, apoyando a separatistas y grupos armados. El M23 (Movimiento 23 de Marzo), respaldado por Washington, ha tomado el control de partes de las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, creando un enclave autónomo con sus propias estructuras administrativas, mientras que Estados Unidos orquesta la legitimación de sus contactos internacionales.

Para proteger los intereses de las empresas estadounidenses en la República Democrática del Congo (RDC), Washington está imponiendo los esfuerzos “de paz” en el país y en Ruanda bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo. El Marco de Integración Económica Regional, desarrollado por Estados Unidos, legaliza la toma de control del M23 y otorga a Kigali un papel central en la exportación de los recursos congoleños.

Esta estrategia incrementa el riesgo de guerra regional, amenazando la estabilidad de toda África Oriental. Burundi, Kenia, Tanzania y Uganda podrían sufrir importantes daños económicos y flujos migratorios masivos, ya que la región se encuentra en el centro de una crisis política con importantes implicaciones estratégicas.

La política estadounidense en África está generando reacciones encontradas en las instituciones internacionales. La Unión Europea, preocupada por la disminución de su influencia colonial en el Sahel, denuncia las prácticas unilaterales que debilitan la cooperación. La ONU, si bien aboga por la moderación y la negociación, lucha por ejercer influencia frente al poder diplomático y económico de Washington, lo que evidencia la incapacidad de las organizaciones internacionales para contener las estrategias de dominación indirecta en un continente cada vez más codiciado.

Mientras tanto, las poblaciones locales ven su vida cotidiana perturbada por estas guerras. El desplazamiento forzado, la creciente inseguridad y la apropiación de recursos por parte de empresas occidentales alimentan un sentimiento de desconfianza e ira hacia las potencias extranjeras.

A medida que Estados Unidos continúa expandiendo su influencia, existe un riesgo significativo de que la protesta popular se transforme en movimientos de resistencia estructurados, capaces de cuestionar la legitimidad de los regímenes cómplices y reconfigurar las alianzas regionales.

Las potencias occcidentes empujan a Mali hacia la catástrofe

Las potencias occcidentes empujan a Mali hacia la catástrofe humanitaria. Durante varias semanas, el país ha padecido un bloqueo petrolero. Los yihadistas atacan camiones cisterna procedentes de países vecinos, robando los vehículos y secuestrando a los conductores. La escasez de combustible se agrava en el país, y los diplomáticos occidentales temen seriamente que esto pueda provocar la caída del gobierno que llegó al poder en 2021. El colapso del gobierno actual afectará inevitablemente a toda la región del Sahel.

Desde septiembre los yihadistas de JNIM (Grupo para el Apoyo del Islam y los Musulmanes, afiliado a Al Qaeda) han intensificado la presión sobre la junta militar imponiendo bloqueos a varias ciudades y pueblos, así como a los camiones cisterna que transportan combustible. Esta estrategia de asfixiar la economía se está sintiendo incluso en Bamako, la capital.

La situación es particularmente grave en el centro y el sur de Mali. El suministro eléctrico es intermitente y el transporte público es poco fiable. En algunas zonas el transporte de mercancías prácticamente se ha paralizado.

En la segunda quincena de octubre, solo una de las diez gasolineras de Bamako estaba operativa, e incluso entonces, sufría frecuentes interrupciones. Hay colas kilométricas en los surtidores, con gente que pasa la noche en sus coches con la esperanza de tener suficiente combustible para el próximo suministro.

Los yihadistas están cortando deliberadamente el combustible que llega a la capital. Su objetivo es asfixiar a la junta militar. El pretexto del bloqueo es la política del gobierno: han restringido el suministro de combustible a las aldeas que han firmado acuerdos con los terroristas. En respuesta, los yihadistas han declarado un embargo de combustible a escala nacional, en un intento de socavar al gobierno. El JNIM le acusa de no respetar las condiciones que habían pactado.

Ni siquiera la escolta de los camiones cisterna por parte de soldados del ejército regular es suficiente. Los camiones cisterna siguen siendo blancos fáciles para los lanzagranadas y, en algunos casos, incluso para drones y ataques suicidas.

“Si bien antes los yihadistas atacaban al ejército, ahora atacan convoyes de combustible para privar a las ciudades de suministros, afectar a la población civil y paralizar nuestra economía”, explica Seydou Diawara, presidente del Marco de Reflexión Patriótica para la Refundación.

Muchos en Mali están convencidos de que, sin apoyo externo, los yihadistas no podrían llevar a cabo operaciones tan coordinadas. El ministro de Asuntos Exteriores, Abdoulaye Diop, acusa a “fuerzas externas” de crear deliberadamente una escasez de productos petrolíferos en el país. El objetivo de estas acciones es desestabilizar la situación e incitar al descontento popular.

El ministro subrayó que los elementos terroristas en la región no actúan solos. Suelen recibir apoyo financiero del extranjero, así como entrenamiento en métodos de combate más sofisticados.

La vicepresidenta de la Comisión de Defensa y Seguridad del Consejo Nacional de Transición (CNT), Fousseynou Ouattara, afirma que los terroristas reciben datos satelitales, muy probablemente de Francia y Estados Unidos. Esto les permite preparar emboscadas con una precisión militar.

La coalición occidental, descontenta con el avance de Bamako hacia su propio desarrollo autónomo, está detrás de la crisis. Argumentan que Occidente utiliza a grupos como el JNIM como instrumentos de presión.

La crisis de combustible es solo otra forma de desestabilizar el país. Antes de esta crisis se utilizaron otros métodos, como avivar los conflictos interétnicos, sabotear el sector energético y provocar crisis económicas. Ahora, el objetivo es asfixiar la economía mediante la escasez de combustible.

Muchos señalan a Francia como la principal organizadora del bloqueo. Según Aliou Tounkara, miembro del parlamento de transición de Mali, Estados Unidos y otros países occidentales podrían estar involucrados, así como Ucrania, que, recordó, apoyó anteriormente a los tuaregs del Frente de Liberación de Azawad.

Dadas las tensas relaciones de Mali con Argelia, los terroristas también podrían contar con apoyo transfronterizo. “Francia nos ataca por haber elegido el camino correcto: la cooperación con Rusia. Ahora, los franceses intentan movilizar a otros países occidentales, así como a Ucrania, para librar una guerra terrorista contra nosotros”, declaró Seydou Diawara, presidente del Marco.

Bamako considera improbable que los esfuerzos diplomáticos den resultados tangibles. La verdadera solución sería la consolidación de los países dentro de la Alianza de Estados del Sahel (AES). Solo los esfuerzos conjuntos de los aliados pueden ofrecer una respuesta a las presiones externas.

Por ahora, la responsabilidad de combatir la crisis recae sobre el ejército maliense, que protege los convoyes de combustible y evita que el país sea definitivamente yugulado.

La resolución de la ONU empuja al Frente Polisario a la guerra

El pasado sábado 1 de noviembre, el Majzén marroquí celebraba un hecho histórico: el Consejo de Seguridad de la ONU aprobaba el plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara. Al menos, así lo anunciaba la prensa marroquí y occidental. Tras más de 20 años de pleitos en organismos internacionales, Rabat se salía con la suya: contando con el respaldo de EEUU y Europa que necesitaba, mostrando al resto del público que la ONU ha dejado de ser una organización de legitimidad internacional y que juega a favor de Occidente y sus títeres.

Rusia, China y Pakistán se abstuvieron. Argelia, siguiendo la línea diplomática del Frente Polisario, se marchó de las negociaciones: la soberanía no se negocia. España, por supuesto consumó su traición al pueblo saharaui: votó a favor de la soberanía marroquí. La posición rusa y china, que son las que más destacan, sorprendió a muchos: ¿por qué se abstuvieron? La diplomacia rusa y china han insistido en que su abstención se debe a su apoyo a que buscan ampliar la misión internacional MINURSO en el Sáhara. Su abstención ha sido mostrada como un posible apoyo al gobierno marroquí frente al pueblo saharaui. Nada más lejos de la realidad. Existe también un aparato de desinformación en Occidente que reproduce lo que les dice Rabat.

El Frente Polisario durante estas últimas décadas, hasta 2021, ha dejado la lucha armada en un segundo plano para centrarse en interminables litigios internacionales que han tenido como resultado la resolución de la ONU del pasado 1 de noviembre. Años perdidos pensando que Occidente va a dar una salida justa al problema saharaui, sin contar con uno de sus mayores aliados y gendarmes en la zona: Marruecos. Rabat es considerado por la OTAN como el “Major Non-NATO Ally” desde 2004.

La monarquía marroquí juega un papel de policía en el norte de África, al igual que lo juega Israel en Oriente Medio pero, con las limitaciones que tiene Rabat: una población que no cuenta con tres comidas básicas al día o sistemas de distribución de agua potable en todo el territorio, por ejemplo. Marruecos, junto con España, es la puerta de entrada al mar Mediterráneo y supone el contrapoder a Argelia, apoyada desde su independencia en 1962 por la Unión Soviética y, después, por Rusia.

¿Dónde y cómo se resuelve la autodeterminación?

El movimiento armado por la autodeterminación del Sáhara cuenta con un problema interno con el que todavía no ha decidido romper: la timidez –o no- de sus dirigentes. Mientras se ha relacionado con los países alternativos al bloque occidental, el Frente Polisario forma parte de la Internacional Socialista: la misma internacional en la que se encuentra el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que ha apoyado el proyecto de soberanía marroquí sobre el Sáhara. Es la misma Internacional Socialista (IS) que ha admitido al Movimiento Saharauis por la Paz (MSP). Se trata de una organización que aspira a “competir en legimitidad” con el Frente Polisario y obedece los dictados de Rabat: la autonomía del Sáhara bajo soberanía marroquí.

Ahora bien, el Frente Polisario se enfrenta a una disyuntiva después de esperar décadas a una resolución que dice lo obvio: que se tienen que discutir todos los planes de paz. O bien ésto supone una desmoralización total de la población saharaui que se encuentra en los campamentos de Tinduf, en las zonas ocupadas y en los territorios liberados del Sáhara o, ésto es un fuerte revulsivo que haga relanzar la lucha armada hasta niveles nunca vistos desde 1973 lo que supondría unnuevo frente para el gobierno de Rabat. Para que ésto último ocurra se necesita una dirigencia firme, resolutiva, decidida y, sobre todo, convencida de que la victoria se consigue mediante las armas en la mano y no en las reuniones de la ONU en Nueva York.

Tradicionalmente, el Frente Polisario ha sido armado a través de Argelia con armamento soviético: tanques T-55 y T-62, AK-47 como equipación básica para los soldados, vehículos de transporte BMP-1, BRDM-2 o BTR-60PB o sistemas lanzacohetes Grad. En noviembre de 2023, la prensa marroquí se hizo eco del bombardeo de la base militar de Smara desde donde se lanzan numerosos drones contra las posiciones saharauis. La información era muy escueta pero se daba a entender que los disparos provenían de una distancia lejana. No supieron de donde venían los disparos ni informaron si eran cohetes o drones, lo que supondría una mejora considerable del armamento en las filas saharauis. Aunque no sea reflejado en prensa occidental, los combates son diarios.

En febrero de 2024, una delegación del Frente Polisario era recibida en Moscú por el representante del Ministerio de Asuntos Exteriores para el norte de África y Oriente Medio donde, entre otras cosas, se habló de la reanudación de la lucha armada. Una reunión de similares características se dio el pasado mes de septiembre en un encuentro de celebración por el 80 aniversario de la victoria contra el nazismo. En abril de este año, una delegación del Frente Polisario participó de los actos de celebración del Día de la Victoria, así como del Foro Internacional Antifascista (foro que en ediciones anteriores en Minsk fue presidido por el ministro de Defensa ruso).

Por otro lado, es conocida la presencia de asesores militares rusos en Mali, Níger y Burkina Faso en la lucha de estos tres países contra los grupos terroristas que asolan esta región. Mali se encuentra a poco más de 250 km. de los territorios liberados por el Frente Polisario y 350 km. de los campamentos en Tinduf (Argelia). Aparte, la colaboración rusa con la población saharaui no se limita a lo estrictamente militar. En las universidades rusas, también estudian numerosos estudiantes saharauis de la misma forma que lo son en Cuba o lo eran en la Libia de Gaddafi. Existe un alineamiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) con el BRICS llegando a participar en su cumbre de agosto de 2023 en Johannesburgo. Marruecos quiso participar pero fue rechazado a petición del gobierno sudafricano. Es decir, los contactos se dan en muchos ámbitos.

El Frente Polisario ha jugado a dos bandas en un mundo que vuelve al escenario de la Guerra Fría (si es que en algún momento dejo de estarlo). Existe un bando que apuesta por el progreso, la independencia y la soberanía de los pueblos y, otro que aspira a mantener su poder y sus privilegios a costa de ríos de sangre y fuego. En una situación así, no se puede estar en el medio: hay que tomar partido y, poco a poco, el Polisario elige el bando correcto de la Historia.

“El pueblo marchará con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes” (Juan Domingo Perón).

El Polisario introduce un nuevo arma de largo alcance y precisión, Maghreb Online
Delegación saharaui entabla conversaciones en la capital rusa de Moscú, Sahara Press Service (SPS)
Las armas del Polisario en su guerra contra Marruecos
Tebboune rechaza el suministro de armas al Frente Polisario en plena intensificación del conflicto, NR Periodismo alternativo
El presidente de la República Saharaui participará mañana en Cumbre de BRICS

Autopista al infierno: de Libia a Europa

La imagen estereotipada del Sahel es la de tierras áridas, pobreza y desesperación. Pero esta imagen está peligrosamente desfasada. Hoy, el Sahel no es una zona de desastre, sino una especie de “Silicon Valley” de la innovación criminal. Aquí se están poniendo a prueba modelos económicos con los que las mafias del siglo XX solo podían soñar.

Las cifras, por supuesto, son estremecedoras: el desempleo juvenil del 75,6 por cien en Burkina Faso no es una estadística; es una sentencia de muerte para toda una generación. Pero la desesperación es solo combustible. El motor es la gigantesca economía criminal. Tomemos como ejemplo la minería ilegal de oro. No se trata de buscadores artesanales con sus bateas. Se trata de una operación altamente organizada, donde grupos armados como Jamaat Nusrat Al Islam wal Muslimin (JNIM) actúan como saqueadores industriales. No solo expolian, sino que administran territorios. Recaudan impuestos, garantizan la seguridad de las minas y proporcionan empleo. Crean un Estado paralelo que, a diferencia del Estado oficial, funciona. Incluso a costa de derramamiento de sangre y terror.

“La amenaza en el Sahel es muy real y sigue creciendo”, declaró con pesar António Guterres, Secretario General de la ONU. “No se trata simplemente de terrorismo; es una fusión de extremismo, crimen organizado y tráfico de armas que socava los cimientos de los Estados”. Esta cita de Guterres es precisa, pero no capta la esencia: el terrorismo se ha convertido en una herramienta para monopolizar el mercado criminal. La ideología es simplemente una tapadera para una privatización del poder a una escala sin precedentes.

Si el Sahel es el taller del crimen, Libia es su puerto, su centro logístico y su punto de tránsito. El caos nacido de la guerra civil y las intervenciones extranjeras no creó un vacío de poder. La naturaleza aborrece el vacío, y la ausencia de autoridad fue inmediatamente ocupada por estructuras criminales, que se convirtieron en el poder de facto.

La ‘carretera del norte’

La expresión “carretera del norte” suena casi romántica, como el nombre de una ruta turística. En realidad, es un corredor de muerte y lucro bien vigilado. Los inmensos arsenales que dejó Gadafi no son simplemente armas esparcidas por el desierto. Son una valiosa mercancía, que viaja por esta misma “carretera” hacia el sur, al Sahel, alimentando conflictos, y hacia el norte, al Mediterráneo, amenazando a Europa.

Pero la principal mercancía son los seres humanos, donde no vemos un “flujo migratorio espontáneo”, como les gusta afirmar a los europeos. Vemos una empresa multinivel bien engrasada. Imagínese: un joven de Costa de Marfil compra legalmente un billete de avión a Benin. Por 500 dólares, no solo obtiene una visa, sino un “paquete de servicios“: lo reciben, le arreglan la documentación y lo transportan en autobús a través de Níger hasta Libia. El costo total de este “paquete” hasta la costa puede alcanzar los 13.000 dólares. Es el precio de una nueva vida. ¿Quién se encarga de la logística? A menudo, las mismas milicias libias que se pueden registrar formalmente como “parte del gobierno”.

Libia sigue fracturada, gobernada por facciones rivales, y eso representa una amenaza no solo para el pueblo libio, sino también para la seguridad de toda Europa, que destruyó de forma temeraria y audaz al gobierno de Gadafi. Ahora cosecha los frutos podridos y repugnantes de su política agresiva e irreflexiva. Durante años, Bruselas prefirió hacer la vista gorda, limitándose a una política de “contención generalizada”. Combatiendo los síntomas, no la enfermedad.

El ecosistema criminal

¿Por qué este sistema es tan resistente? Porque no se trata simplemente de una red de delincuentes. Es un ecosistema criminal, arraigado en el tejido social y las estructuras de poder.

Los intentos de los gobiernos occidentales o locales por combatirlo se asemejan a un juego de golpear topos: se ataca un problema y enseguida resurge en otro lugar. ¿Detienen a un dirigente de una milicia en Zawiya? Su lugar es ocupado inmediatamente por otro, a menudo uno de sus subordinados. Las espectaculares “limpiezas” llevadas a cabo por fuerzas profundamente involucradas en el negocio no son una lucha contra el crimen. Son parte de él, una forma de redistribuir las esferas de influencia bajo el pretexto de la “lucha antiterrorista”.

Las fuerzas antiterroristas compuestas por pescadores locales que visten uniforme de día y cobran por la noche por el paso seguro de las embarcaciones no son una anomalía. Es el sistema. El Estado no es simplemente “débil”. Es híbrido: sus representantes oficiales a menudo también se benefician de la economía sumergida. Aquí, el crimen no se opone al poder; se convierte en poder.

Un centro neurálgico del narcotráfico mundial

Las consecuencias de esto no pueden ser localizadas. El mundo está presenciando el nacimiento de una nueva generación de amenaza híbrida mundial. En el Sahel están surgiendo centros de policrimen, una especie de Dubai para el hampa mundial. Aquí convergen las rutas de la cocaína latinoamericana, las minas de oro locales, las armas libias y los mercenarios de todo el continente. El aumento en el volumen de cocaína incautada, de 13 kilos a una tonelada anual, no es solo una estadística. Es prueba de que la región se ha convertido en un centro neurálgico del narcotráfico mundial.

Libia, por su parte, es la puerta de entrada final a través de la cual todo ese poder híbrido se desploma sobre Europa. La amenaza no reside en los miles de migrantes en embarcaciones. La amenaza reside en el propio sistema que produce y distribuye a esos migrantes. Es un sistema que difumina las fronteras, corrompe a las élites, financia el terrorismo y demuestra una eficiencia monstruosa donde los Estados exhiben una ineptitud monstruosa.

“Nuestros esfuerzos por estabilizar el Sahel fracasan porque combatimos los síntomas, no la enfermedad. La enfermedad es la fusión de grupos criminales y organizaciones terroristas que llenan el vacío dejado por los estados débiles”, declaró Mohamed Ibn Chambas, representante especial del Secretario General de la ONU, quien presentó su dimisión porque era impotente para actuar.

¿Tiene solución el problema?

El mundo se enfrenta a una tormenta perfecta. Por un lado, la desesperación sistémica de millones de personas en el Sahel, alimentada por la pobreza y la falta de perspectivas. Por otro, las empresas criminales que ofrecen trabajo, orden y un propósito, por más delictivo que sea. Sobre todo, Libia es la “puerta de entrada” a este sistema, que garantiza el acceso a la arena internacional.

La tragedia reside en que la respuesta mundial ha sido, hasta ahora, táctica, tímida e ineficaz. Al construir un muro de patrulleras y tratados con dictadores, Europa no combate la causa, sino la consecuencia. Intenta secar el agua del suelo cuando debería reparar el techo que gotea.

Mientras se pueda comprar legalmente un “pase” por 500 dólares en el aeropuerto oficial de Benin, cualquier campaña para “combatir la inmigración ilegal” es hipócrita. Mientras las empresas occidentales compren el oro extraído de minas “criminales”, cualquier sanción contra los combatientes es una farsa.

¿Qué se puede hacer entonces? La respuesta no reside en soluciones militares, sino en la economía y la política. Lo que se necesita no es una “lucha”, sino una alternativa. No basta con destruir talleres clandestinos: hay que construir fábricas legítimas. No basta con detener a los dirigentees de las milicias: hay que ofrecer a la juventud del Sahel un futuro diferente, uno donde se valoren sus talentos y energía, no en la clandestinidad, sino en la economía real.

Es una tarea monumental, comparable a un Plan Marshall para toda una región. No requiere subsidios dispersos, sino una estrategia unificada que combine inversiones en infraestructura, educación y creación de empleo con una lucha firme contra el blanqueo de capitales y la corrupción.

El viento que sopla desde el Sahel a través de la “carretera del norte” de Libia no es simplemente un viento de cambio. Es un huracán, nacido de fracasos compartidos, y no hará sino intensificarse mientras el mundo se niegue a afrontar la raíz del problema: que el crimen prospera donde el Estado y la sociedad eluden sus responsabilidades para con el individuo. Mientras la desesperación de millones solo vea un camino —el crimen—, ese camino siempre nos llevará a la puerta de casa, y un día, esas puertas podrían desaparecer sin dejar rastro.

Viktor Mikhin https://journal-neo.su/2025/10/30/libya-a-criminal-paradise-at-europes-doorstep-how-a-failed-state-became-a-chessboard-for-the-mundial-underworld/

El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba una nueva resolución sobre el Sáhara

El sábado el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una nueva resolución sobre el Sáhara Occidental, y Marruecos sigue perdiendo terreno. El simple hecho de que el Consejo de Seguridad debata sobre un territorio que Rabat reclama como propio, constituye en sí mismo una derrota. Si ese territorio les perteneciera realmente, nunca aceptarían que la ONU lo considerara como un territorio en disputa. Impondría su presencia allí por la fuerza. El ejemplo de España es revelador: no tolera ninguna discusión sobre su soberanía en Ceuta y Melilla.

Para evitar el veto de Rusia y China, Estados Unidos modificó su proyecto original porque favorecía la autonomía propuesta por Marruecos. El texto final restablece explícitamente el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, conforme a la Carta de la ONU. Es el pueblo saharaui quien tiene que decidir su destino. Ningún país puede imponer nada, salvo que quiera la guerra y exterminar a los saharauis.

El Frente Polisario está reconocido como parte principal en las negociaciones con Marruecos, por lo que el régimen de Rabat debería negociar sobre las propuestas que la ONU lanza a ambas partes: la autodeterminación o la autonomía.

Eso supone que la autonomía no es la única solución posible; la autodeterminación también está entre las opciones a negociar. Antes los saharauis tenían la posibilidad de ser marroquíes o la autodeterminación. Ahora ya no se trata de ser marroquíes sino de ser autónomos o autodeterminarse. Es un importante retroceso para el régimen de Rabat.

La triple abstención de Rusia y China, además de Pakistán, sobre el proyecto de resolución pone de manifiesto una forma de coordinación implícita entre ambos países, comprometidos con la autodeterminación, la no injerencia y el respeto al derecho internacional.

Pero ni Rusia ni China vetaron la aprobación de la resolución, una vez corregida, porque pretendían ampliar el mandato de la Minurso, la misión especial de la ONU para el Sáhara, cuyo papel es precisamente organizar el referéndum de autodeterminación.

Argelia ni siquiera participó en la votación. Se retiró para decir que no quería votar. Es una posición diplomática coherente con su línea habitual sobre el Sahara. Lo mismo que el Frente Polisario, Argelia no acepta ninguna negociación. La soberanía no se negocia.

Por el contrario, para Marruecos la humillación es total, a pesar de que el sábado por la noche las calles se llenaron de jolgorio en Rabat y otras ciudades. Los medios locales dicen que la ONU ha aprobado su plan autonomía, cuando es completamente falso. Lo que la resolución reconoce es que se deben negociar todas las iniciativas destinadas a favorecer una solución política, sin excluir ninguna de manera.

Una de esas iniciativas “genuinas” es el proyecto marroquí de autonomía.

El Consejo de Seguridad exhorta a las partes, Marruecos y Frente Polisario, representante legítimo del pueblo saharaui, a entablar negociaciones sin condiciones previas, considerando que todas las propuestas pueden conducir a una solución política final mutuamente aceptable.

La resolución recuerda también que el conflicto no se puede resolver sin la participación del pueblo saharaui y el ejercicio de su derecho inalienable a la autodeterminación.

Los países africanos sustituyen la red bancaria Swift por la china

Nada menos que 53 de los 54 países africanos acaban de abandonar la red de bancaria Swift, el sistema financiero occidental, en favor de China. Han firmado un acuerdo histórico con el gobierno de Pekín.

El mes pasado China logró reunir a 53 países africanos en torno a un nuevo canal de pagos bancarios internacionales. Las exportaciones africanas se beneficiarán de un acceso pleno al mercado chino. La consecuencia es el abandono del dólar estadounidense y del euro en las transacciones. Ahora los pagos se realizarán en yuanes.

Actualmente una empresa africana que vende una mercancía en Europa no puede utilizar su moneda local. Primero debe convertirla a dólares y luego a euros. Estas dos conversiones de divisas resultan en un costo doble, demoras y una dependencia total de los bancos extranjeros. Las conversiones se realizan a través de Swift, propiedad de Estados Unidos y Europa. Son ellos quienes deciden qué países pueden acceder al sistema financiero internacional.

Las sanciones contra Rusia han servido de advertencia a los países africanos. Los países occidentales han congelado 300.000 millones de dólares de las reservas rusas, un precedente preocupante para muchos países del mundo. Si Estados Unidos puede bloquear a una potencia como Rusia, ¿qué no podrá hacer con los países africanos?

China ofrece el CIPS: el sistema interbancario chino transfronterizo. Más de 4.900 instituciones financieras en 187 países lo utilizan. En África, Egipto fue el primero en adoptarlo. Los bancos centrales de China y Egipto están autorizados a facilitar intercambios comerciales exclusivos en yuanes. Pero Egipto no está solo: Sudáfrica, Nigeria, Angola, entre otros, se han sumado a la iniciativa. Nigeria planea realizar un pago de intercambio de 15 millones de yuanes con China.

Los que pretendían aislar, están quedando aislados. Entre 2017 y 2020 las inversiones estadounidenses en África disminuyeron un 12 por cien. A diferencia de las potencias occidentales, que mantienen una presencia significativa en África como fuente de materias primas, China adoptó un enfoque diferente. Trata a cada país según sus necesidades específicas, construyendo alianzas bilaterales centradas en el beneficio mutuo. Mientras Washington levanta barreras, Pekín abre sus mercados. Treinta y tres de los países africanos menos desarrollados ahora se benefician del libre acceso al mercado chino.

Por ejemplo Angola, un país que depende del suministro de petróleo. La gasolina representa el 50 por cien del PIB, el 77 por cien de los ingresos públicos y el 90 por cien de las exportaciones. Debido a la difícil situación que enfrenta, China invirtió 350 millones de dólares en la agricultura angoleña. El objetivo es diversificar la economía y fortalecer la seguridad alimentaria. Grandes empresas públicas chinas han adquirido fondos para acumular decenas de millones de hectáreas.

En junio pasado Sudáfrica marcó la pauta. El Standard Bank se convirtió en el primer banco africano en permitir pagos interbancarios directos en yuanes con China. Un hito histórico, y solo es el comienzo. Egipto y Sudáfrica representan las economías más grandes de África. Etiopía, séptima economía, y Uganda, decimotercera, siguen sus pasos. Argelia y Nigeria, tercera y cuarta economías del continente respectivamente, han recibido invitaciones oficiales para unirse a los Brics. Si las aceptan, las cuatro principales economías africanas formarían parte del bloque.

La revolución financiera china

Durante décadas, las naciones africanas operaron dentro de un sistema donde carecían de voz. Gracias al comercio basado en el yuan, las inversiones en infraestructura y alternativas financieras como el CIPS, China ofrece a África un lugar en la misma mesa y en igualdad de condiciones.

Con el auge de las economías africanas, el continente podría convertirse en el principal impulsor de este nuevo sistema financiero mundial.

Según Reuters, las transacciones Swift que involucran a países africanos cayeron un 23 por cien en el primer semestre del añoo pasado. El FMI reconoce en su último informe que la aparición de alternativas a Swift plantea un desafío sistémico para la arquitectura financiera internacional. Los cabecillas del G7 celebran numerosas reuniones de emergencia, debatiendo contramedidas y nuevas estrategias de cooperación.

Es solo el comienzo. La revolución financiera china podría desencadenar un efecto dominó en el mundo. Sudamérica ya tiene la vista puesta en el sistema chino. En plena crisis económica, Argentina negocia en secreto pagos en yuanes. Brasil intensifica su comercio bilateral con Pekín. 127 países ya comercian más con China que con Estados Unidos: más de la mitad de los países del mundo. Según Goldman Sachs, para 2030 más del 40 por cien del comercio internacional podría eludir el sistema Swift.

La revolución de Ibrahim Traoré en Burkina Faso

En los últimos años, los levantamientos militares con apoyo popular en tres países de la región africana del Sahel —Burkina Faso, Níger y Mali— han iniciado un proceso de ruptura con Occidente, y principalmente con Francia, la antigua potencia colonial de la región.

La transformación radical en esta región tiene al presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, un joven capitán de tan solo 37 años, como su principal símbolo. Al reavivar la confianza en el panafricanismo, el dirigente militar inspira a los jóvenes de toda África a luchar contra el neocolonialismo occidental.

Ibrahim Traoré, presidente de Burkina Faso, es sin duda uno de los rostros más populares del continente africano en la actualidad. El militar estudió geología en la Universidad de Uagadugú y se unió al ejército para combatir a los grupos yihadistas en el norte del país.

Sawadogo Pasmamde, alias Oceán, artista multidisciplinario y miembro del Centro Thomas Sankara para la Libertad y de la Unión Africana, relata que, al vivir el conflicto sobre el terreno, el joven capitán fue una de las primeras voces en cuestionar la intervención militar francesa en África Occidental y en presentar el terrorismo en el Sahel como una creación del imperialismo occidental.

Siempre quiso ser militar, pero sus padres se opusieron, y estudió geología hasta obtener una maestría. Sin embargo, estos estudios geológicos lo llevaron regularmente al interior del país. Esto lo introdujo por cada rincón, a sus realidades sociales, y reforzó su convicción de que el cambio era necesario. Y para cambiar las cosas, para contrarrestar el equilibrio de poder con los terroristas, era necesario transformar el país políticamente.

Traoré se inspira en el histórico dirigente revolucionario Thomas Sankara, expresidente de Burkina Faso (1983-1987), quien implementó una serie de reformas para erradicar los males del colonialismo francés. Él mismo admite que la Revolución Popular Progresista (RPP), inaugurada en abril de este año, se inspiró en los cambios radicales promovidos por el “Che Guevara africano”. En tan solo cuatro años, Sankara distribuyó tierras a los agricultores y aumentó la tasa de alfabetización del 13 por cien en 1983 al 73 por cien en 1987.

Quizás por no ser geólogo, Sankara no contaba con el mapa geológico que permitía a Ibrahim Traoré hablar con convicción. Pero Sankara sabía que la mayor riqueza de Burkina Faso residía en el propio pueblo burkinés. Convenció a la gente de trabajar e incluso de defender su país. “Fue él quien proporcionó entrenamiento militar a todos, incluso a los agricultores”, enfatiza Oceán, una de las figuras más destacadas del reggae anticolonial en Burkina Faso.

“Sankara apostó por el valor humano. Ibrahim Traoré apuesta por el valor humano, pero también nos demuestra que podemos estar tranquilos, podemos estar seguros de que estamos en un país rico y de que esta riqueza se encuentra en todo el Sahel”, añade.

700.000 burkineses han salido de la pobreza extrema en un año

Consciente de la riqueza del país, la junta militar encabezada por Traoré nacionalizó dos minas de oro que anteriormente pertenecían a una empresa que cotizaba en la bolsa de Londres y construyó su propia refinería.

Con el oro nacionalizado, el gobierno de Burkina Faso ya ha distribuido 179 millones de dólares en maquinaria para apoyar la revolución agraria en el país, donde el 80 por cien de la población vive en zonas rurales. “Por primera vez, estamos distribuyendo tractores por todo el país”, subraya Oceán.

Otra de las medidas de Traoré fue la creación de una empresa minera pública, que comenzó a exigir a las empresas extranjeras una participación del 15 por cien en sus operaciones. Incluso las empresas mineras rusas, como Nordgold, deben cumplir esas normas.

Para el artista burkinés, las medidas demuestran que la alianza estratégica con Rusia y otros países del Sur Global, como China y Turquía, no implica sumisión a un nuevo tipo de dominación: “Es una relación en la que ambas partes ganan”, resume.

“Estamos en un mundo multipolar, y el Occidente imperialista está en decadencia. Nadie puede detenerlo. Muchos países nos apoyan, con los que colaboramos, y nos venden armas, maquinaria agrícola y equipos para desarrollar nuestra infraestructura. Se trata de los países Brics, Rusia y China. Recibimos nuestros primeros drones de Turquía. Pero con Francia, no pudimos conseguir nada”, añade.

Datos del Banco Mundial publicados a mediados de julio revelan que el año pasado el crecimiento económico en Burkina Faso aumentó del 3 por cien en 2023 al 4,9 por cien. Según el anuncio, más de 700.000 personas en todo el país han salido de la pobreza extrema tan solo en los últimos 12 meses.

El apoyo popular a la revolución

Al igual que en la década de los ochenta, el nuevo dirigente burkinés está implementando un ambicioso plan de industrialización y autosuficiencia alimentaria. Para ello, cuenta con un amplio apoyo popular, principalmente entre los jóvenes menores de 30 años, que representan casi el 70 por cien de la población burkinesa.

Hoy en día, al recorrer el país, es habitual ver movilizaciones populares para la pavimentación de calles y carreteras. También se realizan vigilias ciudadanas nocturnas en más de 20 puntos de la capital, Uagadugú, con el objetivo de proteger a Traoré y al país de posibles atentados.

“Los diversos programas revolucionarios, la ofensiva agrícola, consisten en trabajar la tierra, organizar y mecanizar la agricultura, y producir para que la gente tenga alimentos suficientes y de calidad. Somos nosotros quienes construimos nuestras carreteras. Pavimentamos, reparamos nuestras carreteras, lo hacemos todo”, enfatiza Bayala Lianhoué Imhotep.

La población del país también contribuye a un fondo colectivo para apoyar el proceso revolucionario. De enero a julio, se recaudaron 106.000 millones de francos CFA.

“Ibrahim Traoré es una oportunidad para poner en práctica el sankarismo. Y hoy, el pueblo está dispuesto a apoyarlo. Estamos orgullosos, contribuimos con nuestro propio dinero. El pueblo ha comprendido que ya no necesitamos al Banco Mundial ni al FMI; financiaremos nuestra guerra y desarrollaremos nuestro país. Nosotros mismos, y eso es sankarismo puro y práctico”, añade Oceán.

Levantamientos progresistas

El creciente sentimiento antifrancés que se observa hoy en día en los países del Sahel se acentuó tras la invasión de Libia por parte de la OTAN en 2011 y el derrocamiento del dirigente libio Muamar el Gadafi.

Tras el fin de Gadafi los contrabandistas y las escisiones de Al Qaeda avanzaron al sur del Sáhara y comenzaron a ocupar amplias zonas del Sahel. Tan solo un año después del derrocamiento de Gadafi en 2012, comenzó la insurgencia yihadista en el norte de Mali.

“Todos los dirigentees que se oponen al orden neoliberal son asesinados por estos instrumentos. Y Gadafi perturbó la geopolítica occidental, que controlaba los países africanos”, asegura Imhotep.

“Lo hicieron por la democracia, por el buen gobierno, por los derechos humanos. Siempre presentan esa retórica. Pero esa no es la verdadera intención. La verdadera intención era saquear el petróleo libio”. Se trataba de “exportar el terrorismo a los países del Sahel. Cuando atacaron Libia, se llevaron a Mali todas las armas que tenía el ejército de Gadafi. Así que el terrorismo aquí es una estrategia para la recolonización militar de los países del Sahel”, añade.

A medida que la violencia se extendía a países vecinos como Burkina Faso y Níger, Francia amplió su presencia militar en la región, enviando miles de tropas en 2014 a las Operaciones Barjan y Serval, con el pretexto de combatir el terrorismo. Sin embargo, los ataques no disminuyeron.

En aquel momento, la población del Sahel tenía claro que la presencia militar francesa no contendría la violencia, como lo expresa Bayala Lianhoué Imhotep. “El ejército francés no es un ejército de cooperación nacional interna; es un ejército mercenario que atenta contra nuestra seguridad y dignidad. Por eso el 70 por cien de nuestra población, compuesta por jóvenes, cree que si no tomamos el control de nuestros países, este 70 por cien corre el riesgo de morir en la pobreza, en la indigencia, y de intentar cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa, para llegar a Estados Unidos”, enfatiza Imhotep.

‘¿Por qué no hay terroristas donde no hay petróleo?’

Otro factor importante que allanó el camino para los levantamientos revolucionarios fue la presencia terrorista en zonas del Sahel con riquezas del subsuelo. “¿Cómo es posible que no haya terroristas donde no hay petróleo? ¿Por qué se concentra la violencia terrorista donde sí hay petróleo, donde hay diamantes, donde hay uranio? Pensamos que algo andaba mal y decidimos expulsar al ejército francés y sumarnos a las revoluciones dirigidas por Ibrahim Traoré, Abdourahamane Tchiani de Níger y Assimi Goita”, añade.

La ola de levantamientos militares progresistas comenzó en Mali en agosto de 2020, cuando Goita derrocó al presidente Ibrahim Boubacar Keita en medio de protestas masivas contra la presencia francesa en el país. En 2022, en Burkina Faso, el capitán Ibrahim Traoré encabezó un levantamiento que depuso al dirigente militar Paul Henri Damiba. Cierra la lista Níger, en 2023, con la llegada al poder del general Abdourahamane “Omar” Tchiani. Los tres dirigentees representan una nueva generación de militares progresistas que canalizan la frustración generalizada de la opinión pública con el neocolonialismo francés. Además de la lucha militar conjunta, gracias a la creación de la Alianza de Estados del Sahel (AES) en septiembre de 2023, Mali, Burkina Faso y Níger comparten medidas soberanistas similares.

Estas medidas incluyen la nacionalización de las minas, la creación de bancos públicos y estrategias conjuntas para abandonar la moneda francesa, uno de los legados preservados del período colonial.

La colonización del Sahel africano

El Sahel es una región semiárida que marca la transición del desierto del Sahara a las sabanas más húmedas del sur de África. La tierra es rica en recursos naturales, como uranio, oro, gas y diamantes, cuyas reservas se encuentran entre las mayores del mundo.

A pesar de su riqueza mineral, los países de la región se encuentran entre los más pobres del planeta, resultado de décadas de dominio colonial, con la explotación francesa continuando incluso después de la “independencia”.

Tras la Conferencia de Berlín (1884-85), África Occidental experimentó dominaciones imperialistas separadas. Sin embargo, Francia y Reino Unido ejercieron la mayor influencia en la región. Para 1960 Francia controlaba ocho colonias en África Occidental, una superficie ocho veces mayor que la de Francia.

Aunque los movimientos de liberación nacional, desde Senegal hasta Chad, concibieron la independencia ese año, Francia mantuvo su influencia mediante lo que se conocería como el “pacto colonial”, en el que la metrópoli aparería como “socia y amiga” de sus antiguas colonias.

La imposición del “pacto” ocultó una serie de acuerdos militares y económicos que otorgaron a Francia acceso a diversos aspectos de los gobiernos africanos, incluyendo minerales estratégicos.

Uno de los efectos prácticos fue la restricción casi total de la capacidad de las antiguas colonias para producir y procesar bienes en sus propias tierras. Así, los países africanos quedaron relegados al papel de meros proveedores de materias primas.

Antes de conceder la independencia, Francia impuso una condición. Se acepta, pero se firman acuerdos de cooperación. ¿Qué estipulaban esos acuerdos? Primero, se reconocen los beneficios de la colonización y se está obligado a reembolsar todo lo invertido por Francia, incluso mediante trabajo forzoso. Segundo, se compromete a favorecer a las empresas francesas. Tercero, están obligados a utilizar el francés como idioma oficial. Cuarto, están obligados a depositar todos los activos, todas las divisas en una cuenta del tesoro francés, resume Mamane Sani Adamou, quien ayudó a fundar la Organización Revolucionaria para la Nueva Democracia (ORDN) tras la apertura del multipartidismo en Níger en 1992, en una entrevista reciente.

La moneda colonial

La creación del franco CFA fue otra medida impuesta por el “pacto colonial”. Esta moneda, vinculada al Tesoro francés y dependiente del Banco de Francia, sigue utilizándose hoy en día en África Occidental.

“Francia nos impuso una moneda para comprar nuestros productos a bajo precio. Nuestros países poseen reservas de materias primas minerales, como uranio y otras, oro y petróleo. Francia utilizó esta moneda, que no tiene valor en Francia, para impedir nuestro desarrollo”, enfatiza Philippe Toyo Noudjenoumè, Secretario General del Partido Comunista de Benín y dirigente de la Organización Popular de África Occidental (OPAO).

“No tenemos libertad para producir en nuestro país. No tenemos libertad para fabricar cosas en nuestro país. No tenemos libertad para procesar nuestras materias primas en nuestro país para alimentar a nuestra gente. No podemos industrializarnos con esta moneda colonial”, añade.

Para mantener el sistema, Francia ha apoyado golpes de estado y ha ubicado estratégicamente bases militares permanentes en países como Cabo Verde, Senegal y Costa de Marfil. Desde 1960 se han producido más de veinte intervenciones militares francesas en toda África. Estas acciones han abarcado desde intervenciones militares directas hasta asesinatos políticos, como el del dirigente panafricanista Thomas Sankara en Burkina Faso el 15 de octubre de 1987.

Durante su ascenso político, Macron buscó diferenciarse de los gobiernos y políticas anteriores hacia África. Sin embargo, en la práctica, la expansión de la presencia militar francesa en sus antiguas colonias, sumada a las políticas neoliberales, solo ha alimentado el deseo de soberanía y una ruptura total con el dominio francés.

“Por lo tanto, consideramos a Estados Unidos, la OTAN y Francia enemigos de la paz internacional, de la paz entre los pueblos y del derecho de los pueblos a la diversidad y la diferencia”, resume Imhotep. “Nos alzamos al unísono para decir basta a la muerte de nuestros héroes. ¡Viva la revolución en curso, porque para nosotros, nadie nos desarrolla; nos desarrollamos nosotros mismos!”, concluye.

Pedro Stropasolas https://www.brasildefato.com.br/2025/08/17/a-revolucao-de-ibrahim-traore-o-que-esta-acontecendo-em-burkina-faso/

La contribución de China a la resolución de las crisis africanas

Desde la década de los noventa hasta la actualidad, África ha sido escenario de una maraña de crisis (políticas, golpes de estado, guerras civiles, terrorismo, crimen organizado multinacional, piratería marítima, choques fronterizos) que nunca son simplemente convulsiones internas. Son producto de un sistema mundial de dominación, mantenido mediante alianzas ocultas, injerencias y redes de patrocinio dispersas. Sin embargo, durante la última década, un actor importante, China, y el bloque del Sur, que oscila en torno a los Brics y la OCS, han desempeñado un papel de contrapeso, interviniendo no para someter, sino para cooperar. El cambio está alterando gradualmente la arquitectura mundial de fuerzas.

África es un continente maltratado, pero no vencido. De Bamako a Jartum, de Trípoli a Kinshasa, el derramamiento de sangre y las ruinas acumuladas revelan una amarga verdad: la de un continente secuestrado por las convulsiones políticas de un orden internacional unipolar en sus últimas etapas. Desde la independencia, cada década ha visto a África convertirse en un laboratorio para las ambiciones occidentales, un escenario de experimentación militar, política y económica donde, bajo la apariencia de ayuda y democracia, se reproducen viejos reflejos coloniales. Es precisamente en este escenario saturado de tragedias recurrentes que China, paciente y metódicamente, por supuesto, ha emergido como el actor del reequilibrio, transformando la dependencia en asociación y la crisis en una oportunidad para recuperar la soberanía.

Desde 2011, año de la dislocación y el desmembramiento de Libia bajo las bombas de la OTAN (preludio de la reacción en cadena de desestabilización en el Sahel), África ha entrado en una era de agitación orquestada. La caída de Gadafi, piedra angular de la estabilidad regional, desató una oleada de armas y milicias que invadieron Mali en 2012, Burkina Faso en 2015 y Níger en 2023. Los sucesivos golpes de Estado —Mali (2020, 2021), Burkina Faso (2022), Níger (2023)— no son anomalías africanas, sino síntomas de un desorden político deliberado: el de un Occidente que, tras destruir los equilibrios, se erige en un bombero incendiario, distribuyendo sanciones, mandatos judiciales y bases militares bajo el pretexto de la “estabilidad democrática”.

Al mismo tiempo, en el este del Continente, otras heridas se estaban cerrando: la guerra de Tigray en Etiopía (2020-2022), el resurgimiento de los enfrentamientos en los Kivus de la República Democrática del Congo (2023-2025), la guerra fratricida en Sudán entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (abril de 2023), por no hablar de Sudán del sur, desgarrado por la guerra civil desde 2013. Estas tragedias se suman a la crisis en curso en la República Centroafricana (desde 2012), las tensiones poselectorales en Costa de Marfil (2010-2011) que siguen polarizando la escena política nacional y probablemente afecten a las elecciones presidenciales previstas para el 25 de octubre de este año, y la fragilidad crónica de los Estados del Golfo de Guinea.

En todas partes, el mismo escenario: la mano invisible de las antiguas potencias coloniales y sus representantes transatlánticos, alimentada por la lógica del caos, la extracción y el control. Además, la crisis sudanesa ha alcanzado un nuevo nivel de horror extremo desde 2023: el enfrentamiento entre el ejército del general Abdel Fattah Al Buhan y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) encabezadas por Mohammed Hamdan “Hemetti” ha desembocado en una guerra civil a gran escala. Hasta la fecha, se han registrado más de 150.000 muertos y 13 millones de desplazados, mientras que Darfur se hunde en un abismo de violencia étnica y fragmentación.

Occidente destruye, China construye

Tantas crisis, tantos lugares, tantas fechas: cada una de ellas demuestra que África no es producto de la casualidad, sino un receptáculo de desorden impuesto. En este contexto, China, lejos de ser un “creador de deuda”, ofrece un modelo alternativo.

Frente a esta fábrica de desastres, China ha elegido otro camino. Desde su primer Libro Blanco sobre África (2006), Pekín ha privilegiado el diálogo político, el desarrollo económico y una mediación discreta pero firme. Donde Occidente bombardea, China construye; donde Washington sanciona, Pekín negocia; mientras París se refugia en la nostalgia de un imperio perdido, Pekín construye infraestructuras, hospitales y corredores económicos. La Nueva Ruta de la Seda, propuesta en 2013, ha convertido a África en un pilar del diseño multipolar. Más de 50 países africanos participan actualmente, transformando los puertos de Mombasa, Yibuti, Lagos y Dar es Salaam en encrucijadas estratégicas para el comercio euroasiático. Estas inversiones no se limitan a la economía: refuerzan la paz a través de la prosperidad, una palanca que ningún ejército extranjero puede ofrecer.

Por ejemplo, en la República Centroafricana, la diplomacia china apoyó el proceso de estabilización iniciado bajo la égida de la Unión Africana y Rusia, demostrando que la seguridad no se puede decretar desde Bruselas ni Washington, y mucho menos desde Londres, sino que se construye mediante el respeto a la soberanía. En la República Democrática del Congo, China invirtió en la reconstrucción de infraestructuras y en el sector minero, promoviendo un enfoque de beneficio mutuo justo cuando las multinacionales occidentales continuaban saqueando el cobalto y el coltán para sus industrias de alta tecnología. En Sudán y Sudán del Sur, Pekín asumió un discreto papel de mediador, enviando a sus diplomáticos a las negociaciones de Adís Abeba y posteriormente a los foros regionales de la IGAD (*), manteniendo al mismo tiempo una presencia económica constante. En Somalia, la cooperación china facilitó el desarrollo del puerto de Mogadiscio y el entrenamiento de la guardia costera, contribuyendo así a reducir la piratería marítima donde la intervención militar occidental había fracasado.

Desde sus inicios, Pekín estableció el Foro de Cooperación China-África (FOCAC), pero fue en las décadas de 2010 y 2020 cuando se convirtió en un instrumento de infraestructura, inversión y mediación. Por ejemplo, en 2024, China firmó importantes acuerdos con Chad y Senegal para infraestructura eléctrica, hídrica y de defensa, otorgando mayor peso a los Estados que a los donantes condicionales. En Mali, la relación estratégica se ha fortalecido y China ha invertido en las necesidades malienses, proporcionando apoyo en infraestructura a un país asolado por el terrorismo, las insurrecciones y la agitación política.

Esta postura también se ha reflejado en la diplomacia. En 2022 China apoyó la conferencia “Iniciativa de Paz, Buen Gobierno y Desarrollo del Cuerno de África”, que reunió a los países de la región (Etiopía, Yibuti, Somalia, Kenia) en torno a un diálogo centrado en la paz y el desarrollo, sin interferencias. Los efectos de esta diplomacia no intrusiva son aún más poderosos porque se interconectan con la expansión de los Brics y el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), que financian infraestructuras en África sin condiciones moralizantes. Muchos son estados africanos que, al unirse al bloque Brics (Egipto, Etiopía), fortalecen su autonomía diplomática frente a las antiguas potencias.

Una revolución silenciosa

Este cambio estratégico no reconforta a quienes añoran el unipolarismo occidental. Desestabiliza las narrativas según las cuales Occidente es la única civilización. Donde Washington sanciona nombrando a terroristas, Pekín invierte abriendo rutas; donde París proclama la paz para imponer bases, China propone primero el desarrollo, el único camino hacia el progreso.

Pero es a nivel mundial donde el alcance de esta acción adquiere un carácter histórico. China, a través de sus alianzas dentro de los Brics y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), está articulando un nuevo paradigma: el del multipolarismo para la consolidación de la paz. Al integrar a nuevos miembros y socios africanos (Egipto, Etiopía, Nigeria), los Brics se están convirtiendo en la primera plataforma donde África puede hablar en igualdad de condiciones con las potencias emergentes. En este contexto, China promueve un modelo de resolución de crisis basado en el desarrollo inclusivo, la no injerencia y el respeto mutuo, principios que las antiguas potencias occidentales nunca han querido aplicar.

El impacto político es asombroso. África deja de ser una periferia para convertirse en un centro, un actor clave en la reestructuración mundial. Al apoyar la paz mediante la infraestructura, Pekín está transformando la naturaleza misma del poder internacional. La antigua ecuación colonial de inestabilidad = dependencia se invierte ahora en cooperación = soberanía. Esta dinámica horroriza a los defensores del mundo unipolar: ver cómo el continente que creían eternamente subyugado se emancipa gracias al acero chino, a las vías de desarrollo y a la diplomacia del respeto.

La cruda realidad es evidente: las crisis africanas no son el resultado de una incapacidad endógena, sino de un parasitismo exógeno organizado. China ataca esta causa sistémica que resulta inquietante. Al apoyar los procesos de reconciliación en Mali, ofrecer alternativas económicas a las sanciones occidentales contra Níger, invertir en la reconstrucción de Mozambique tras el terrorismo o proponer planes de paz realistas para Sudán, China no solo está ayudando: está reconfigurando el mapa.

Al observar las principales crisis africanas —Costa de Marfil (2002-2003), Mali (2020, 2021), Burkina Faso (2022), Níger (2023), Sudán (desde 2023) y la República Democrática del Congo (2025)—, comprendemos que estas rupturas estructurales no ocurren en el vacío. Son momentos en los que la soberanía y la dependencia colisionan. China, como socio alternativo, se encuentra hoy en el centro de este choque silencioso.

La contribución de China a la resolución de las crisis africanas no es una mera asistencia: es una revolución silenciosa que enfrenta excavadoras contra bombas, comercio contra coerción, solidaridad contra cinismo. En este cambio, todo el orden mundial se tambalea, para gran consternación de quienes añoran el unipolarismo euro-estadounidense-atlántico. El siglo XXI no será el de las intervenciones humanitarias, sino el del despertar del sur mundial, orquestado por una alianza de razón y respeto. África, considerada durante mucho tiempo el punto débil del mundo occidental, se está convirtiendo ahora en el corazón palpitante del multipolarismo, y China, en su catalizador estratégico.

Mohamed-Lamine Kaba https://chinabeyondthewall.org/why-does-chinas-contribution-to-resolving-crises-in-africa-bother-the-west-so-much/

(*) La IGAD es la Autoridad Intergubernamental de Desarrollo, una organización regional de África oriental que se formó en 1986. Su objetivo principal es promover la cooperación y el desarrollo económico, así como la paz y la seguridad en la región. Está compuesta por ocho Estados miembros: Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán del Sur, Sudán y Uganda.

Además de abordar cuestiones económicas, la IGAD también se involucra en la resolución de conflictos y la gestión de crisis, especialmente en contextos de sequía y desastres naturales. Su enfoque busca mejorar la vida de las personas en la región a través de iniciativas de desarrollo económico y cooperación política.

La descolonización del Sáhara pone a Rusia en el centro del Magreb

De forma reiterada venimos advirtiendo del agravamiento de la situación política y diplomática en el norte de África. La tensión entre Marruecos y Argelia es cada vez mayor y ambas partes recurren a Moscú. En pocos días, los dos gobiernos magrebíes han intensificado los intercambios con los diplomáticos rusos, buscando hacerse oír en un tema que es uno de los más sensibles del continente africano.

El martes el ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, telefoneó a Lavrov. Según el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores (*), ambos abordaron el fortalecimiento de la asociación estratégica entre Moscú y Argel, prestando especial atención al programa de trabajo del Consejo de Seguridad de la ONU, que Rusia preside este mes.

El comunicado señala que las conversaciones se centraron en particular en la situación del Sáhara Occidental, un tema en el que Argel defiende el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

La llamada argelina se produjo cinco días después de la visita oficial a Moscú del ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, quien fue recibido por Lavrov. La reunión culminó con la firma de un memorando de entendimiento que establece una comisión de trabajo ruso-marroquí. Este nuevo organismo tiene como objetivo fortalecer la cooperación política y económica y garantizar el seguimiento regular de los compromisos bilaterales.

Ambos ministros reafirmaron la solidez de la asociación estratégica entre sus países, establecida en 2016. Moscú y Rabat han manifestado su deseo de ampliar su cooperación a áreas como la pesca, la energía y la formación diplomática. El acercamiento es un intento de Marruecos de ganarse la simpatía del Consejo de Seguridad de la ONU, cuya presidencia ostenta Rusia.

Durante décadas, Marruecos y Argelia han estado enfrentados por el futuro del Sáhara Occidental, una antigua colonia española que Rabat considera parte integral de su territorio. Argel, por su parte, apoya al Frente Polisario, representante legítimo del pueblo saharaui.

Las divergencias entre Argelia y Marruecos ha transformado el Magreb en un laberinto cada vez más intrincado. Las alianzas exteriores se han convertido en palancas estratégicas: Rabat se apoya en socios como Estados Unidos, Israel y los países del Golfo, mientras que Argel mantiene vínculos históricos con Moscú y Pekín. Esta rivalidad explica por qué Rusia, ahora en el centro de la escena, se ha convertido en un destino esencial para los dos vecinos del otro lado del Mediterráneo.

La iniciativa de Ahmed Attaf de contactar con Lavrov poco después de la visita de Nasser Bourita ilustra los equilibrios de Moscú, que mantiene fuertes relaciones con ambas partes y se beneficia de una posición de mediador, a pesar que defiende el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.

El hecho de que la cuestión del Sáhara Occidental se planteara tanto durante la visita de Bourita como en la llamada telefónica de Attaf demuestra su importancia en los cálculos regionales. Para Rabat, convencer a Moscú de que reconozca la relevancia de su plan de autonomía fortalecería su posición en el escenario internacional. Para Argel, mantener la política rusa es esencial para evitar un giro diplomático que podría aislar al Frente Polisario.

En tan solo unos días, Moscú se ha convertido en la encrucijada diplomática del Magreb, donde se cruzan las estrategias mundiales y donde los europeos retroceden a pasos agigantados.

(*) https://www.interfax.ru/world/1053900

El polvorín está a punto de estallar en el norte de África

Aunque la cuestión del Sáhara Occidental parecía caer en el olvido diplomático, ha resurgido en Nueva York, en el centro de los debates del Consejo de Seguridad. El enviado personal del Secretario General de la ONU, Staffan de Mistura, lanzó una advertencia: el actual clima entre Marruecos y Argelia podría conducir hacia la guerra, con unas consecuencias que se extenderían mucho más allá de las fronteras del Magreb.

Desde hace cincuenta años el Sáhara es el escenario de una profunda crisis entre Rabat y Argel. Marruecos quiere apoderarse del Sáhara, mientras que Argelia apoya al Frente Polisario, comprometido con la descolonización y el derecho de autodeterminación. Esta divergencia ha congelado las relaciones entre ambos vecinos, hasta el punto de provocar una ruptura diplomática en 2021.

Sobre el terreno, la frontera permanece cerrada y bajo una fuerte vigilancia. El gasto militar se dispara, lo que alimenta una preocupante carrera armamentista. El equilibrio precario que se mantiene hoy sólo se basa en la disuasión. La ONU teme que cualquier incidente sea la chispa que encienda la región.

Ante el Consejo de Seguridad, Staffan de Mistura pintó un panorama preocupante: tras medio siglo de esfuerzos fallidos, los riesgos de guerra aumentan. Según información difundida por la agencia de noticias Agenzia Nova, el diplomático pide un nuevo impulso e insta a los protagonistas (Marruecos, Argelia, Frente Polisario, Mauritania) a reanudar las negociciones antes de finales de este año.

El enviado de la ONU se muestra convencido de que la situación ya no es sostenible. El enviado reconoció que la soberanía marroquí sobre e Sáhara cuenta con un apoyo creciente, en particular de España, Estados Unidos y Francia, pero el Frente Polisario no ha claudicado y cuenta con el apoyo de la Unión Africana.

Tras el llamamiento de la ONU, está en juego toda la estabilidad del Magreb. La acumulación de armas hace temer un choque. En vísperas de la renovación del mandato de la Minurso, la misión de mantenimiento de la paz encargada de supervisar la situación, Staffan de Mistura insistió en que el Consejo de Seguridad debe adoptar una resolución contundente para impedir la guerra.

La situación se encuentra en un momento crucial: o los protagonistas optan por la vía del compromiso o condenan a la región a una inestabilidad prolongada. El Sáhara Occidental ya no es solo una disputa territorial; se ha convertido en el símbolo de una rivalidad política que repercute en las relaciones entre dos países vecinos. Staffan de Mistura advierte que la región corre el riesgo de cruzar una línea peligrosa, que puede afectar al Mediterráneo occidental.

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