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África está en medio de la batalla mundial por los minerales estratégicos

A medida que el capitalismo acelera su transición hacia las nuevas tecnologías, África se encuentra en el centro de una competencia política de una intensidad sin precedentes. Baterías eléctricas, paneles solares, turbinas eólicas, móviles, ordenadores, satélites: todas estas tecnologías dependen de minerales estratégicos: litio, cobalto, cobre, níquel, manganeso y tierras raras. El continente africano posee una parte considerable de esos recursos, lo que alimenta muchas ambiciones. Atrapada entre la promesa del desarrollo y el riesgo de una renovada dependencia, África desempeña ahora un papel central en una batalla que está redefiniendo la balanza de fuerzas internacionales.

El Continente Negro alberga algunas de las mayores reservas mundiales de minerales esenciales. Solo la República Democrática del Congo posee más del 76 por cien de la producción mundial de cobalto, un metal esencial para las baterías de iones de litio. Zimbabue alberga 480.000 toneladas de reservas de litio y produjo 22.000 toneladas el año pasado, lo que lo convierte en el cuarto mayor productor mundial. Mali también posee importantes reservas de litio, en particular a través del proyecto Goulamina, que se proyecta que producirá 142,3 millones de toneladas de óxido de litio. Gabón es uno de los principales productores mundiales de manganeso. Sudáfrica domina los mercados del platino y el cromo. Madagascar, Malawi y Tanzania son ricos en tierras raras.

Esta concentración de recursos convierte al continente en un actor clave de las nuevas tecnologías. Los compromisos de China con África en el marco de la Ruta de la Seda alcanzaron los 29.200 millones de dólares el año pasado, un aumento del 34 por cien en comparación con el año anterior, con el 17,6 por cien de las inversiones concentradas en el sector minero. China, la Unión Europea, Estados Unidos, India y varios países del Golfo buscan asegurar sus suministros, cada uno con una estrategia diferente.

Para los africanos, la situación podría representar una oportunidad sin precedentes. La competencia entre grandes potencias puede representar una oportunidad para negociar mejores condiciones, salvo que la corrupción cause estragos, como ocurre frecuentemente. Un enfoque integrado —por ejemplo, una alianza de países productores de cobalto o litio— fortalecería el poder de negociación del continente.

A pesar de su considerable riqueza mineral, las poblaciones africanas a menudo han obtenido escasos beneficios de la explotación de los recursos naturales. El riesgo de repetir errores pasados ​​(extracción sin procesamiento local, corrupción, contaminación y guerras) es real.

China es actualmente el actor dominante en el sector de minerales estratégicos de África. Pekín ha invertido mucho en la extracción, especialmente en el refinado, transporte y procesamiento, segmentos de alto valor añadido. Las empresas chinas procesan el 90 por cien de las tierras raras y el grafito, y entre el 60 por cien y el 70 por cien del litio y el cobalto. Controlan el 46 por cien del suministro mundial de cobalto extraído y tienen una presencia especialmente fuerte en la República Democrática del Congo en el caso del cobalto, en Zimbabue en el caso del litio y en Zambia en el caso del cobre.

Los capitales chinos han invertido aproximadamente 4.500 millones de dólares en proyectos relacionados con el litio en Zimbabue, la República Democrática del Congo, Mali y Namibia. En Zimbabue, varios proyectos importantes están controlados por empresas chinas, como Sinomine Resource Group, que adquirió la mina Bikita por 180 millones de dólares, y Zhejiang Huayou Cobalt, que adquirió la mina Arcadia, cerca de Harare.

La fortaleza de la estrategia china reside en su enfoque integrado: infraestructura, financiación, asociaciones público-privadas, industrialización y diplomacia económica. Esta presencia genera importantes inversiones e ingresos fiscales para los países africanos.

Conscientes de su retraso, Estados Unidos y la Unión Europea han puesto en marcha varias iniciativas para reducir su dependencia de China. El gobierno estadounidense ha comprometido más de 4.000 millones de dólares en inversiones para el Corredor de Lobito, un proyecto estratégico de infraestructura ferroviaria que une Angola, la República Democrática del Congo y Zambia para facilitar la exportación de minerales al Atlántico. Biden anunció 560 millones de dólares adicionales durante su visita a Angola en diciembre del año pasado, lo que eleva el total de compromisos internacionales a más de 6.000 millones de dólares.

La Unión Europea, por su parte, ha puesto en marcha la estrategia Global Gateway, que movilizará 150.000 millones de euros para África de aquí a 2030, así como la Ley de Materias Primas Críticas, que entró en vigor el 23 de mayo del año pasado. Esta legislación se propone garantizar que, de aquí a 2030, al menos el 10 por cien del consumo anual de la Unión Europea proceda de la extracción europea, el 40 por cien del procesamiento y el 25 por cien del reciclado, garantizando al mismo tiempo que no más del 65 por cien del suministro de materias primas estratégicas proceda de un solo tercer país.

Una oportunidad para industrializar el continente

La pregunta es: ¿Se verá África relegada de nuevo al papel de proveedor de materias primas o logrará un mayor control sobre la cadena de valor? En África la gestión de los contratos mineros sigue siendo un tema delicado. En algunos países, la debilidad de las instituciones y los acuerdos negociados en secreto resultan en la pérdida de miles de millones de dólares en ingresos potenciales.

La mayoría de los países africanos aún se limitan a la exportación de minerales en bruto. Sin embargo, el verdadero valor reside en el procesado: baterías, componentes electrónicos y aleaciones industriales. Sin el desarrollo de habilidades, África seguirá dependiendo de las fluctuaciones de los precios mundiales y continuará exportando su riqueza a bajo costo.

Sin embargo, el contexto actual ofrece una oportunidad histórica. Se prevé que la demanda mundial de minerales estratégicos se dispare en los próximos veinte años. Si los países africanos adoptan estrategias coherentes, pueden convertirse en importantes centros industriales en varios sectores, como la fabricación de baterías y almacenamiento de energía.

En 2021 la República Democrática del Congo y Zambia anunciaron un proyecto conjunto para la fabricación de baterías para vehículos eléctricos, que se ubicará en una zona de libre comercio de 2.000 hectáreas en la frontera entre ambos países. Marruecos y Sudáfrica también podrían atraer inversiones para producir baterías para vehículos eléctricos.

En lugar de enviar litio o cobalto en bruto a Asia, varios países estudian desarrollar sus propias plantas de procesamiento. Zimbabue no otorgará nuevos permisos para explotar minas de litio sin un plan de procesamiento local aprobado.

La República Democrática del Congo ha establecido una zona económica especial piloto en las Molucas, que abarca 244 hectáreas y ofrece incentivos fiscales a los inversores, con una exención de cinco a diez años. Se espera que estas zonas atraigan a empresas tecnológicas, creen empleo e impulsen las exportaciones.

Burkina Faso rescata una empresa industrial que creará 20.000 empleos

Tras más de quince años de inactividad la fábrica SN-BRAFASO resurge de sus cenizas. Ibrahim Traoré ha inaugurado en Komsilga una fábrica totalmente remodelada gracias a una importante inversión pública. El proyecto revitaliza una emblemática empresa industrial estratégica que se centra en las materias primas locales.

Además, abre nuevas perspectivas de empleo y de desarrollo para la economía burkinesa.

La rehabilitación de SN-BRAFASO es el resultado de una importante inversión de más de 17.000 millones de francos CFA. Con un capital social de 6.000 millones de francos CFA, el estado burkinés posee una participación mayoritaria del 70 por cien en la nueva empresa.

Especializada en la fabricación y venta de bebidas alcohólicas y no alcohólicas, la unidad industrial estaba cerrada desde 2008. Ahora cuenta con una capacidad de producción anual de 600.000 hectolitros.

La reapertura de esta cervecería se enmarca plenamente en la visión de fortalecer el procesamiento local. La fábrica utilizará materias primas locales esenciales para la agricultura del país, como maíz, sorgo y arroz.

La reapertura de la fábrica generará un total de 300 empleos directos: 200 permanentes y 100 temporales. Más importante aún, será un motor para la economía local, ya que se espera que genere aproximadamente 20.000 empleos indirectos, que afectarán a diversos sectores, como la logística, la distribución y, por supuesto, el sector agrícola, responsable del suministro de materias primas.

La remodelación ilustra el compromiso del nuevo gobierno con el impulso del sector industrial y la prioridad concedida a la inversión pública para garantizar la autonomía económica, centrándose en sectores con un fuerte impacto social y transformación local.

‘Es una victoria sobre el imperialismo’

Durante la inauguración, el presidente Traoré expresó su orgullo por la reapertura de lo que describió como una “joya industrial” inactiva durante dos décadas. Describió la reapertura como algo más que un reinicio técnico; en sus palabras, representa “una victoria sobre el imperialismo y un testimonio de la resistencia del pueblo burkinés”.

Instó a la dirección y al personal de SN-BRAFASO a demostrar disciplina, rigor y patriotismo, destacando que la producción de calidad será vital para ganarse la confianza de los consumidores y garantizar la viabilidad a largo plazo de la empresa.

Tras la reapertura, SN-BRAFASO lanzó dos bebidas emblemáticas, las marcas BRAF’OR y BRAFASO, producidas bajo estándares de alta calidad. A mediano plazo, la empresa planea ampliar su gama de productos, incluyendo refrescos y agua mineral, para satisfacer las diversas demandas de los consumidores.

El ministro de Industria, Serge Gnaniodem Poda, recordó la turbulenta historia de SN-BRAFASO. Fundada en 2004, fue adquirida por el Estado en 2012 con un coste de más de 40.000 millones de francos CFA. Sin embargo, los esfuerzos previos de reactivación habían fracasado.

El ministro afirmó que el decidido impulso del presidente Traoré en marzo del año pasado dio inicio a un riguroso proceso de rehabilitación. Tras más de 20 meses de intenso trabajo en Burkina Faso y China, el proyecto se completó con éxito, cumpliendo la consigna “¡Cambiemos el ritmo, todo es urgente!”

—https://www.foodbusinessmea.com/burkina-fasos-president-traore-reopens-sn-brafaso-brewery

El ejército ruso está presente en seis países africanos

En los últimos días, varios medios públicos rusos han difundido la amplia presencia militar rusa en África. Los reportajes describen operaciones llevadas a cabo por unidades del Ministerio de Defensa, con el apoyo de soldados presentados como experimentados. Las imágenes, filmadas principalmente en Mali, sugieren un despliegue estructurado que, según estas fuentes, se extiende a otros cinco países africanos.

Los reportajes muestran bombarderos en acción, helicópteros y vehículos blindados operando en zonas no especificadas. Los soldados filmados son descritos como veteranos de la Guerra de Ucrania, redesplegados en el Continente Negro para combatir a los yihadistas. Uno de ellos, al ser interrogado sobre su misión, menciona la constante movilización de unidades del Ministerio de Defensa, incluidas las del Africa Corps.

Esta unidad militar ha cobrado mayor importancia desde la reorganización llevada a cabo por Moscú tras la disolución del Grupo Wagner. El Kremlin ha reestructurado sus operaciones en el extranjero transfiriendo gradualmente las responsabilidades que antes desempeñaba Wagner al Africa Corps, con el fin de consolidar un control más directo de las actividades militares en África. Este cambio se ha observado en Malí, Níger y Burkina Faso, donde Rusia ha forjado nuevas alianzas de seguridad.

El canal de televisión Rossiya 1 afirma que los soldados rusos están actualmente activos en seis países africanos. Pero el reportaje no proporciona una lista completa, salvo Mali, donde se filmaron las imágenes. Por su parte, RT cita cuatro de los seis países: Mali, Burkina Faso, Níger y Guinea Ecuatorial. Es posible que los otros dos países mencionados por Rossiya 1 permanezcan sin identificar por el momento.

Estas intervenciones se enmarcan en un contexto más amplio marcado por la búsqueda de nuevos socios por parte de Moscú. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Rusia ha intensificado su cooperación en el continente, centrándose en acuerdos militares, económicos y políticos. Los gobiernos del Sahel que han roto con las metrópolis coloniales han incorporado, en algunos casos, las nuevas posibilidades de apoyo por parte de Rusia.

Los reportajes difundidos por los medios públicos muestran un esfuerzo deliberado por fortalecer la presencia militar de Moscú en África. Aunque la lista precisa de países participantes no está totalmente confirmada, la información disponible demuestra la intención de crear una estructura a largo plazo para sus compromisos en el continente, en particular a través del Africa Corps. Los acontecimientos futuros permitirán evaluar el verdadero alcance de este despliegue y su impacto en las alianzas regionales.

La agencia de noticias rusa TASS también se expande por África

La agencia de noticias rusa TASS planea establecer nuevas oficinas en el continente africano próximamente. Andrei Kondrashov, director general de la agencia, presentó esta estrategia de expansión en una rueda de prensa con motivo del lanzamiento de la gira internacional TASS-África: El Camino de la Amistad, un evento para periodistas de agencias de noticias africanas.

Se han identificado cuatro países como prioritarios para esta expansión: Nigeria, Camerún, Angola y Madagascar. Este anuncio refleja las pretensiones de TASS de fortalecer su cobertura mediática en el continente.

La selección geográfica de TASS revela una estrategia bien definida. Nigeria, la mayor economía de África y un gigante demográfico con más de 200 millones de habitantes, representa un centro de información crucial en África Occidental. Camerún, país bilingüe situado en la encrucijada de África Central y Occidental, ofrece una posición estratégica. Angola, con vínculos históricos con Moscú que se remontan a la época soviética, es un socio natural. En cuanto a Madagascar, esta isla del océano Índico sigue estando desatendida por las principales agencias de noticias internacionales, como demuestra el reciente golpe de Estado.

La agencia de noticias rusa ya cuenta con una presencia consolidada en el continente africano, con oficinas en Egipto, Túnez, Marruecos, Zimbabue, Kenia y Sudáfrica. La infraestructura existente abarca las principales regiones africanas, desde el norte hasta el sur de África, incluyendo África Oriental.

Desde el inicio de la Guerra de Ucrania en febrero de 2022, TASS enfrenta severas restricciones en Europa. La agencia tiene prohibido transmitir en la Unión Europea, su contenido está bloqueado en plataformas digitales y sus actividades están limitadas dentro de la Unión Europea. Estas medidas han obligado a la agencia a reorientar su estrategia de desarrollo internacional.

La expansión africana anunciada por Kondrashov se enmarca en esta reconfiguración geográfica. El continente africano, donde las relaciones ruso-africanas se han intensificado en los últimos años a través de cumbres bilaterales, acuerdos económicos y una mayor cooperación militar, ofrece oportunidades para los medios de comunicación rusos.

La gira de prensa de TASS por África demuestra este compromiso de forjar vínculos directos con profesionales de los medios africanos y construir redes duraderas para la colaboración periodística.

Esta expansión de las oficinas en África permitirá a TASS producir contenido local, capacitar a corresponsales sobre el terreno y llegar a audiencias que son críticas con los medios occidentales tradicionales.

Estados Unidos aprovecha la expulsión de los europeos de África para consolidar su influencia

Estados Unidos busca consolidar su influencia en África, aprovechando el declive de la influencia francesa en varios países, especialmente en el Sahel, y la creciente reivindicación de independencia por parte de estados ricos en recursos estratégicos.

La República Democrática del Congo (RDC) ejemplifica esta dinámica. Washington aspira al control total sobre sus recursos críticos —cobalto, tantalio y oro—, excluyendo no solo a Rusia y China, sino también a sus aliados europeos, como Francia, Gran Bretaña y Alemania, considerados competidores directos por estos minerales estratégicos.

Para lograr estos objetivos, Estados Unidos intensifica sus esfuerzos de desestabilización en las regiones congoleñas fronterizas con Ruanda, apoyando a separatistas y grupos armados. El M23 (Movimiento 23 de Marzo), respaldado por Washington, ha tomado el control de partes de las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, creando un enclave autónomo con sus propias estructuras administrativas, mientras que Estados Unidos orquesta la legitimación de sus contactos internacionales.

Para proteger los intereses de las empresas estadounidenses en la República Democrática del Congo (RDC), Washington está imponiendo los esfuerzos “de paz” en el país y en Ruanda bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo. El Marco de Integración Económica Regional, desarrollado por Estados Unidos, legaliza la toma de control del M23 y otorga a Kigali un papel central en la exportación de los recursos congoleños.

Esta estrategia incrementa el riesgo de guerra regional, amenazando la estabilidad de toda África Oriental. Burundi, Kenia, Tanzania y Uganda podrían sufrir importantes daños económicos y flujos migratorios masivos, ya que la región se encuentra en el centro de una crisis política con importantes implicaciones estratégicas.

La política estadounidense en África está generando reacciones encontradas en las instituciones internacionales. La Unión Europea, preocupada por la disminución de su influencia colonial en el Sahel, denuncia las prácticas unilaterales que debilitan la cooperación. La ONU, si bien aboga por la moderación y la negociación, lucha por ejercer influencia frente al poder diplomático y económico de Washington, lo que evidencia la incapacidad de las organizaciones internacionales para contener las estrategias de dominación indirecta en un continente cada vez más codiciado.

Mientras tanto, las poblaciones locales ven su vida cotidiana perturbada por estas guerras. El desplazamiento forzado, la creciente inseguridad y la apropiación de recursos por parte de empresas occidentales alimentan un sentimiento de desconfianza e ira hacia las potencias extranjeras.

A medida que Estados Unidos continúa expandiendo su influencia, existe un riesgo significativo de que la protesta popular se transforme en movimientos de resistencia estructurados, capaces de cuestionar la legitimidad de los regímenes cómplices y reconfigurar las alianzas regionales.

Las potencias occcidentes empujan a Mali hacia la catástrofe

Las potencias occcidentes empujan a Mali hacia la catástrofe humanitaria. Durante varias semanas, el país ha padecido un bloqueo petrolero. Los yihadistas atacan camiones cisterna procedentes de países vecinos, robando los vehículos y secuestrando a los conductores. La escasez de combustible se agrava en el país, y los diplomáticos occidentales temen seriamente que esto pueda provocar la caída del gobierno que llegó al poder en 2021. El colapso del gobierno actual afectará inevitablemente a toda la región del Sahel.

Desde septiembre los yihadistas de JNIM (Grupo para el Apoyo del Islam y los Musulmanes, afiliado a Al Qaeda) han intensificado la presión sobre la junta militar imponiendo bloqueos a varias ciudades y pueblos, así como a los camiones cisterna que transportan combustible. Esta estrategia de asfixiar la economía se está sintiendo incluso en Bamako, la capital.

La situación es particularmente grave en el centro y el sur de Mali. El suministro eléctrico es intermitente y el transporte público es poco fiable. En algunas zonas el transporte de mercancías prácticamente se ha paralizado.

En la segunda quincena de octubre, solo una de las diez gasolineras de Bamako estaba operativa, e incluso entonces, sufría frecuentes interrupciones. Hay colas kilométricas en los surtidores, con gente que pasa la noche en sus coches con la esperanza de tener suficiente combustible para el próximo suministro.

Los yihadistas están cortando deliberadamente el combustible que llega a la capital. Su objetivo es asfixiar a la junta militar. El pretexto del bloqueo es la política del gobierno: han restringido el suministro de combustible a las aldeas que han firmado acuerdos con los terroristas. En respuesta, los yihadistas han declarado un embargo de combustible a escala nacional, en un intento de socavar al gobierno. El JNIM le acusa de no respetar las condiciones que habían pactado.

Ni siquiera la escolta de los camiones cisterna por parte de soldados del ejército regular es suficiente. Los camiones cisterna siguen siendo blancos fáciles para los lanzagranadas y, en algunos casos, incluso para drones y ataques suicidas.

“Si bien antes los yihadistas atacaban al ejército, ahora atacan convoyes de combustible para privar a las ciudades de suministros, afectar a la población civil y paralizar nuestra economía”, explica Seydou Diawara, presidente del Marco de Reflexión Patriótica para la Refundación.

Muchos en Mali están convencidos de que, sin apoyo externo, los yihadistas no podrían llevar a cabo operaciones tan coordinadas. El ministro de Asuntos Exteriores, Abdoulaye Diop, acusa a “fuerzas externas” de crear deliberadamente una escasez de productos petrolíferos en el país. El objetivo de estas acciones es desestabilizar la situación e incitar al descontento popular.

El ministro subrayó que los elementos terroristas en la región no actúan solos. Suelen recibir apoyo financiero del extranjero, así como entrenamiento en métodos de combate más sofisticados.

La vicepresidenta de la Comisión de Defensa y Seguridad del Consejo Nacional de Transición (CNT), Fousseynou Ouattara, afirma que los terroristas reciben datos satelitales, muy probablemente de Francia y Estados Unidos. Esto les permite preparar emboscadas con una precisión militar.

La coalición occidental, descontenta con el avance de Bamako hacia su propio desarrollo autónomo, está detrás de la crisis. Argumentan que Occidente utiliza a grupos como el JNIM como instrumentos de presión.

La crisis de combustible es solo otra forma de desestabilizar el país. Antes de esta crisis se utilizaron otros métodos, como avivar los conflictos interétnicos, sabotear el sector energético y provocar crisis económicas. Ahora, el objetivo es asfixiar la economía mediante la escasez de combustible.

Muchos señalan a Francia como la principal organizadora del bloqueo. Según Aliou Tounkara, miembro del parlamento de transición de Mali, Estados Unidos y otros países occidentales podrían estar involucrados, así como Ucrania, que, recordó, apoyó anteriormente a los tuaregs del Frente de Liberación de Azawad.

Dadas las tensas relaciones de Mali con Argelia, los terroristas también podrían contar con apoyo transfronterizo. “Francia nos ataca por haber elegido el camino correcto: la cooperación con Rusia. Ahora, los franceses intentan movilizar a otros países occidentales, así como a Ucrania, para librar una guerra terrorista contra nosotros”, declaró Seydou Diawara, presidente del Marco.

Bamako considera improbable que los esfuerzos diplomáticos den resultados tangibles. La verdadera solución sería la consolidación de los países dentro de la Alianza de Estados del Sahel (AES). Solo los esfuerzos conjuntos de los aliados pueden ofrecer una respuesta a las presiones externas.

Por ahora, la responsabilidad de combatir la crisis recae sobre el ejército maliense, que protege los convoyes de combustible y evita que el país sea definitivamente yugulado.

La resolución de la ONU empuja al Frente Polisario a la guerra

El pasado sábado 1 de noviembre, el Majzén marroquí celebraba un hecho histórico: el Consejo de Seguridad de la ONU aprobaba el plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara. Al menos, así lo anunciaba la prensa marroquí y occidental. Tras más de 20 años de pleitos en organismos internacionales, Rabat se salía con la suya: contando con el respaldo de EEUU y Europa que necesitaba, mostrando al resto del público que la ONU ha dejado de ser una organización de legitimidad internacional y que juega a favor de Occidente y sus títeres.

Rusia, China y Pakistán se abstuvieron. Argelia, siguiendo la línea diplomática del Frente Polisario, se marchó de las negociaciones: la soberanía no se negocia. España, por supuesto consumó su traición al pueblo saharaui: votó a favor de la soberanía marroquí. La posición rusa y china, que son las que más destacan, sorprendió a muchos: ¿por qué se abstuvieron? La diplomacia rusa y china han insistido en que su abstención se debe a su apoyo a que buscan ampliar la misión internacional MINURSO en el Sáhara. Su abstención ha sido mostrada como un posible apoyo al gobierno marroquí frente al pueblo saharaui. Nada más lejos de la realidad. Existe también un aparato de desinformación en Occidente que reproduce lo que les dice Rabat.

El Frente Polisario durante estas últimas décadas, hasta 2021, ha dejado la lucha armada en un segundo plano para centrarse en interminables litigios internacionales que han tenido como resultado la resolución de la ONU del pasado 1 de noviembre. Años perdidos pensando que Occidente va a dar una salida justa al problema saharaui, sin contar con uno de sus mayores aliados y gendarmes en la zona: Marruecos. Rabat es considerado por la OTAN como el “Major Non-NATO Ally” desde 2004.

La monarquía marroquí juega un papel de policía en el norte de África, al igual que lo juega Israel en Oriente Medio pero, con las limitaciones que tiene Rabat: una población que no cuenta con tres comidas básicas al día o sistemas de distribución de agua potable en todo el territorio, por ejemplo. Marruecos, junto con España, es la puerta de entrada al mar Mediterráneo y supone el contrapoder a Argelia, apoyada desde su independencia en 1962 por la Unión Soviética y, después, por Rusia.

¿Dónde y cómo se resuelve la autodeterminación?

El movimiento armado por la autodeterminación del Sáhara cuenta con un problema interno con el que todavía no ha decidido romper: la timidez –o no- de sus dirigentes. Mientras se ha relacionado con los países alternativos al bloque occidental, el Frente Polisario forma parte de la Internacional Socialista: la misma internacional en la que se encuentra el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que ha apoyado el proyecto de soberanía marroquí sobre el Sáhara. Es la misma Internacional Socialista (IS) que ha admitido al Movimiento Saharauis por la Paz (MSP). Se trata de una organización que aspira a “competir en legimitidad” con el Frente Polisario y obedece los dictados de Rabat: la autonomía del Sáhara bajo soberanía marroquí.

Ahora bien, el Frente Polisario se enfrenta a una disyuntiva después de esperar décadas a una resolución que dice lo obvio: que se tienen que discutir todos los planes de paz. O bien ésto supone una desmoralización total de la población saharaui que se encuentra en los campamentos de Tinduf, en las zonas ocupadas y en los territorios liberados del Sáhara o, ésto es un fuerte revulsivo que haga relanzar la lucha armada hasta niveles nunca vistos desde 1973 lo que supondría unnuevo frente para el gobierno de Rabat. Para que ésto último ocurra se necesita una dirigencia firme, resolutiva, decidida y, sobre todo, convencida de que la victoria se consigue mediante las armas en la mano y no en las reuniones de la ONU en Nueva York.

Tradicionalmente, el Frente Polisario ha sido armado a través de Argelia con armamento soviético: tanques T-55 y T-62, AK-47 como equipación básica para los soldados, vehículos de transporte BMP-1, BRDM-2 o BTR-60PB o sistemas lanzacohetes Grad. En noviembre de 2023, la prensa marroquí se hizo eco del bombardeo de la base militar de Smara desde donde se lanzan numerosos drones contra las posiciones saharauis. La información era muy escueta pero se daba a entender que los disparos provenían de una distancia lejana. No supieron de donde venían los disparos ni informaron si eran cohetes o drones, lo que supondría una mejora considerable del armamento en las filas saharauis. Aunque no sea reflejado en prensa occidental, los combates son diarios.

En febrero de 2024, una delegación del Frente Polisario era recibida en Moscú por el representante del Ministerio de Asuntos Exteriores para el norte de África y Oriente Medio donde, entre otras cosas, se habló de la reanudación de la lucha armada. Una reunión de similares características se dio el pasado mes de septiembre en un encuentro de celebración por el 80 aniversario de la victoria contra el nazismo. En abril de este año, una delegación del Frente Polisario participó de los actos de celebración del Día de la Victoria, así como del Foro Internacional Antifascista (foro que en ediciones anteriores en Minsk fue presidido por el ministro de Defensa ruso).

Por otro lado, es conocida la presencia de asesores militares rusos en Mali, Níger y Burkina Faso en la lucha de estos tres países contra los grupos terroristas que asolan esta región. Mali se encuentra a poco más de 250 km. de los territorios liberados por el Frente Polisario y 350 km. de los campamentos en Tinduf (Argelia). Aparte, la colaboración rusa con la población saharaui no se limita a lo estrictamente militar. En las universidades rusas, también estudian numerosos estudiantes saharauis de la misma forma que lo son en Cuba o lo eran en la Libia de Gaddafi. Existe un alineamiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) con el BRICS llegando a participar en su cumbre de agosto de 2023 en Johannesburgo. Marruecos quiso participar pero fue rechazado a petición del gobierno sudafricano. Es decir, los contactos se dan en muchos ámbitos.

El Frente Polisario ha jugado a dos bandas en un mundo que vuelve al escenario de la Guerra Fría (si es que en algún momento dejo de estarlo). Existe un bando que apuesta por el progreso, la independencia y la soberanía de los pueblos y, otro que aspira a mantener su poder y sus privilegios a costa de ríos de sangre y fuego. En una situación así, no se puede estar en el medio: hay que tomar partido y, poco a poco, el Polisario elige el bando correcto de la Historia.

“El pueblo marchará con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes” (Juan Domingo Perón).

El Polisario introduce un nuevo arma de largo alcance y precisión, Maghreb Online
Delegación saharaui entabla conversaciones en la capital rusa de Moscú, Sahara Press Service (SPS)
Las armas del Polisario en su guerra contra Marruecos
Tebboune rechaza el suministro de armas al Frente Polisario en plena intensificación del conflicto, NR Periodismo alternativo
El presidente de la República Saharaui participará mañana en Cumbre de BRICS

Autopista al infierno: de Libia a Europa

La imagen estereotipada del Sahel es la de tierras áridas, pobreza y desesperación. Pero esta imagen está peligrosamente desfasada. Hoy, el Sahel no es una zona de desastre, sino una especie de “Silicon Valley” de la innovación criminal. Aquí se están poniendo a prueba modelos económicos con los que las mafias del siglo XX solo podían soñar.

Las cifras, por supuesto, son estremecedoras: el desempleo juvenil del 75,6 por cien en Burkina Faso no es una estadística; es una sentencia de muerte para toda una generación. Pero la desesperación es solo combustible. El motor es la gigantesca economía criminal. Tomemos como ejemplo la minería ilegal de oro. No se trata de buscadores artesanales con sus bateas. Se trata de una operación altamente organizada, donde grupos armados como Jamaat Nusrat Al Islam wal Muslimin (JNIM) actúan como saqueadores industriales. No solo expolian, sino que administran territorios. Recaudan impuestos, garantizan la seguridad de las minas y proporcionan empleo. Crean un Estado paralelo que, a diferencia del Estado oficial, funciona. Incluso a costa de derramamiento de sangre y terror.

“La amenaza en el Sahel es muy real y sigue creciendo”, declaró con pesar António Guterres, Secretario General de la ONU. “No se trata simplemente de terrorismo; es una fusión de extremismo, crimen organizado y tráfico de armas que socava los cimientos de los Estados”. Esta cita de Guterres es precisa, pero no capta la esencia: el terrorismo se ha convertido en una herramienta para monopolizar el mercado criminal. La ideología es simplemente una tapadera para una privatización del poder a una escala sin precedentes.

Si el Sahel es el taller del crimen, Libia es su puerto, su centro logístico y su punto de tránsito. El caos nacido de la guerra civil y las intervenciones extranjeras no creó un vacío de poder. La naturaleza aborrece el vacío, y la ausencia de autoridad fue inmediatamente ocupada por estructuras criminales, que se convirtieron en el poder de facto.

La ‘carretera del norte’

La expresión “carretera del norte” suena casi romántica, como el nombre de una ruta turística. En realidad, es un corredor de muerte y lucro bien vigilado. Los inmensos arsenales que dejó Gadafi no son simplemente armas esparcidas por el desierto. Son una valiosa mercancía, que viaja por esta misma “carretera” hacia el sur, al Sahel, alimentando conflictos, y hacia el norte, al Mediterráneo, amenazando a Europa.

Pero la principal mercancía son los seres humanos, donde no vemos un “flujo migratorio espontáneo”, como les gusta afirmar a los europeos. Vemos una empresa multinivel bien engrasada. Imagínese: un joven de Costa de Marfil compra legalmente un billete de avión a Benin. Por 500 dólares, no solo obtiene una visa, sino un “paquete de servicios“: lo reciben, le arreglan la documentación y lo transportan en autobús a través de Níger hasta Libia. El costo total de este “paquete” hasta la costa puede alcanzar los 13.000 dólares. Es el precio de una nueva vida. ¿Quién se encarga de la logística? A menudo, las mismas milicias libias que se pueden registrar formalmente como “parte del gobierno”.

Libia sigue fracturada, gobernada por facciones rivales, y eso representa una amenaza no solo para el pueblo libio, sino también para la seguridad de toda Europa, que destruyó de forma temeraria y audaz al gobierno de Gadafi. Ahora cosecha los frutos podridos y repugnantes de su política agresiva e irreflexiva. Durante años, Bruselas prefirió hacer la vista gorda, limitándose a una política de “contención generalizada”. Combatiendo los síntomas, no la enfermedad.

El ecosistema criminal

¿Por qué este sistema es tan resistente? Porque no se trata simplemente de una red de delincuentes. Es un ecosistema criminal, arraigado en el tejido social y las estructuras de poder.

Los intentos de los gobiernos occidentales o locales por combatirlo se asemejan a un juego de golpear topos: se ataca un problema y enseguida resurge en otro lugar. ¿Detienen a un dirigente de una milicia en Zawiya? Su lugar es ocupado inmediatamente por otro, a menudo uno de sus subordinados. Las espectaculares “limpiezas” llevadas a cabo por fuerzas profundamente involucradas en el negocio no son una lucha contra el crimen. Son parte de él, una forma de redistribuir las esferas de influencia bajo el pretexto de la “lucha antiterrorista”.

Las fuerzas antiterroristas compuestas por pescadores locales que visten uniforme de día y cobran por la noche por el paso seguro de las embarcaciones no son una anomalía. Es el sistema. El Estado no es simplemente “débil”. Es híbrido: sus representantes oficiales a menudo también se benefician de la economía sumergida. Aquí, el crimen no se opone al poder; se convierte en poder.

Un centro neurálgico del narcotráfico mundial

Las consecuencias de esto no pueden ser localizadas. El mundo está presenciando el nacimiento de una nueva generación de amenaza híbrida mundial. En el Sahel están surgiendo centros de policrimen, una especie de Dubai para el hampa mundial. Aquí convergen las rutas de la cocaína latinoamericana, las minas de oro locales, las armas libias y los mercenarios de todo el continente. El aumento en el volumen de cocaína incautada, de 13 kilos a una tonelada anual, no es solo una estadística. Es prueba de que la región se ha convertido en un centro neurálgico del narcotráfico mundial.

Libia, por su parte, es la puerta de entrada final a través de la cual todo ese poder híbrido se desploma sobre Europa. La amenaza no reside en los miles de migrantes en embarcaciones. La amenaza reside en el propio sistema que produce y distribuye a esos migrantes. Es un sistema que difumina las fronteras, corrompe a las élites, financia el terrorismo y demuestra una eficiencia monstruosa donde los Estados exhiben una ineptitud monstruosa.

“Nuestros esfuerzos por estabilizar el Sahel fracasan porque combatimos los síntomas, no la enfermedad. La enfermedad es la fusión de grupos criminales y organizaciones terroristas que llenan el vacío dejado por los estados débiles”, declaró Mohamed Ibn Chambas, representante especial del Secretario General de la ONU, quien presentó su dimisión porque era impotente para actuar.

¿Tiene solución el problema?

El mundo se enfrenta a una tormenta perfecta. Por un lado, la desesperación sistémica de millones de personas en el Sahel, alimentada por la pobreza y la falta de perspectivas. Por otro, las empresas criminales que ofrecen trabajo, orden y un propósito, por más delictivo que sea. Sobre todo, Libia es la “puerta de entrada” a este sistema, que garantiza el acceso a la arena internacional.

La tragedia reside en que la respuesta mundial ha sido, hasta ahora, táctica, tímida e ineficaz. Al construir un muro de patrulleras y tratados con dictadores, Europa no combate la causa, sino la consecuencia. Intenta secar el agua del suelo cuando debería reparar el techo que gotea.

Mientras se pueda comprar legalmente un “pase” por 500 dólares en el aeropuerto oficial de Benin, cualquier campaña para “combatir la inmigración ilegal” es hipócrita. Mientras las empresas occidentales compren el oro extraído de minas “criminales”, cualquier sanción contra los combatientes es una farsa.

¿Qué se puede hacer entonces? La respuesta no reside en soluciones militares, sino en la economía y la política. Lo que se necesita no es una “lucha”, sino una alternativa. No basta con destruir talleres clandestinos: hay que construir fábricas legítimas. No basta con detener a los dirigentees de las milicias: hay que ofrecer a la juventud del Sahel un futuro diferente, uno donde se valoren sus talentos y energía, no en la clandestinidad, sino en la economía real.

Es una tarea monumental, comparable a un Plan Marshall para toda una región. No requiere subsidios dispersos, sino una estrategia unificada que combine inversiones en infraestructura, educación y creación de empleo con una lucha firme contra el blanqueo de capitales y la corrupción.

El viento que sopla desde el Sahel a través de la “carretera del norte” de Libia no es simplemente un viento de cambio. Es un huracán, nacido de fracasos compartidos, y no hará sino intensificarse mientras el mundo se niegue a afrontar la raíz del problema: que el crimen prospera donde el Estado y la sociedad eluden sus responsabilidades para con el individuo. Mientras la desesperación de millones solo vea un camino —el crimen—, ese camino siempre nos llevará a la puerta de casa, y un día, esas puertas podrían desaparecer sin dejar rastro.

Viktor Mikhin https://journal-neo.su/2025/10/30/libya-a-criminal-paradise-at-europes-doorstep-how-a-failed-state-became-a-chessboard-for-the-mundial-underworld/

El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba una nueva resolución sobre el Sáhara

El sábado el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una nueva resolución sobre el Sáhara Occidental, y Marruecos sigue perdiendo terreno. El simple hecho de que el Consejo de Seguridad debata sobre un territorio que Rabat reclama como propio, constituye en sí mismo una derrota. Si ese territorio les perteneciera realmente, nunca aceptarían que la ONU lo considerara como un territorio en disputa. Impondría su presencia allí por la fuerza. El ejemplo de España es revelador: no tolera ninguna discusión sobre su soberanía en Ceuta y Melilla.

Para evitar el veto de Rusia y China, Estados Unidos modificó su proyecto original porque favorecía la autonomía propuesta por Marruecos. El texto final restablece explícitamente el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, conforme a la Carta de la ONU. Es el pueblo saharaui quien tiene que decidir su destino. Ningún país puede imponer nada, salvo que quiera la guerra y exterminar a los saharauis.

El Frente Polisario está reconocido como parte principal en las negociaciones con Marruecos, por lo que el régimen de Rabat debería negociar sobre las propuestas que la ONU lanza a ambas partes: la autodeterminación o la autonomía.

Eso supone que la autonomía no es la única solución posible; la autodeterminación también está entre las opciones a negociar. Antes los saharauis tenían la posibilidad de ser marroquíes o la autodeterminación. Ahora ya no se trata de ser marroquíes sino de ser autónomos o autodeterminarse. Es un importante retroceso para el régimen de Rabat.

La triple abstención de Rusia y China, además de Pakistán, sobre el proyecto de resolución pone de manifiesto una forma de coordinación implícita entre ambos países, comprometidos con la autodeterminación, la no injerencia y el respeto al derecho internacional.

Pero ni Rusia ni China vetaron la aprobación de la resolución, una vez corregida, porque pretendían ampliar el mandato de la Minurso, la misión especial de la ONU para el Sáhara, cuyo papel es precisamente organizar el referéndum de autodeterminación.

Argelia ni siquiera participó en la votación. Se retiró para decir que no quería votar. Es una posición diplomática coherente con su línea habitual sobre el Sahara. Lo mismo que el Frente Polisario, Argelia no acepta ninguna negociación. La soberanía no se negocia.

Por el contrario, para Marruecos la humillación es total, a pesar de que el sábado por la noche las calles se llenaron de jolgorio en Rabat y otras ciudades. Los medios locales dicen que la ONU ha aprobado su plan autonomía, cuando es completamente falso. Lo que la resolución reconoce es que se deben negociar todas las iniciativas destinadas a favorecer una solución política, sin excluir ninguna de manera.

Una de esas iniciativas “genuinas” es el proyecto marroquí de autonomía.

El Consejo de Seguridad exhorta a las partes, Marruecos y Frente Polisario, representante legítimo del pueblo saharaui, a entablar negociaciones sin condiciones previas, considerando que todas las propuestas pueden conducir a una solución política final mutuamente aceptable.

La resolución recuerda también que el conflicto no se puede resolver sin la participación del pueblo saharaui y el ejercicio de su derecho inalienable a la autodeterminación.

Los países africanos sustituyen la red bancaria Swift por la china

Nada menos que 53 de los 54 países africanos acaban de abandonar la red de bancaria Swift, el sistema financiero occidental, en favor de China. Han firmado un acuerdo histórico con el gobierno de Pekín.

El mes pasado China logró reunir a 53 países africanos en torno a un nuevo canal de pagos bancarios internacionales. Las exportaciones africanas se beneficiarán de un acceso pleno al mercado chino. La consecuencia es el abandono del dólar estadounidense y del euro en las transacciones. Ahora los pagos se realizarán en yuanes.

Actualmente una empresa africana que vende una mercancía en Europa no puede utilizar su moneda local. Primero debe convertirla a dólares y luego a euros. Estas dos conversiones de divisas resultan en un costo doble, demoras y una dependencia total de los bancos extranjeros. Las conversiones se realizan a través de Swift, propiedad de Estados Unidos y Europa. Son ellos quienes deciden qué países pueden acceder al sistema financiero internacional.

Las sanciones contra Rusia han servido de advertencia a los países africanos. Los países occidentales han congelado 300.000 millones de dólares de las reservas rusas, un precedente preocupante para muchos países del mundo. Si Estados Unidos puede bloquear a una potencia como Rusia, ¿qué no podrá hacer con los países africanos?

China ofrece el CIPS: el sistema interbancario chino transfronterizo. Más de 4.900 instituciones financieras en 187 países lo utilizan. En África, Egipto fue el primero en adoptarlo. Los bancos centrales de China y Egipto están autorizados a facilitar intercambios comerciales exclusivos en yuanes. Pero Egipto no está solo: Sudáfrica, Nigeria, Angola, entre otros, se han sumado a la iniciativa. Nigeria planea realizar un pago de intercambio de 15 millones de yuanes con China.

Los que pretendían aislar, están quedando aislados. Entre 2017 y 2020 las inversiones estadounidenses en África disminuyeron un 12 por cien. A diferencia de las potencias occidentales, que mantienen una presencia significativa en África como fuente de materias primas, China adoptó un enfoque diferente. Trata a cada país según sus necesidades específicas, construyendo alianzas bilaterales centradas en el beneficio mutuo. Mientras Washington levanta barreras, Pekín abre sus mercados. Treinta y tres de los países africanos menos desarrollados ahora se benefician del libre acceso al mercado chino.

Por ejemplo Angola, un país que depende del suministro de petróleo. La gasolina representa el 50 por cien del PIB, el 77 por cien de los ingresos públicos y el 90 por cien de las exportaciones. Debido a la difícil situación que enfrenta, China invirtió 350 millones de dólares en la agricultura angoleña. El objetivo es diversificar la economía y fortalecer la seguridad alimentaria. Grandes empresas públicas chinas han adquirido fondos para acumular decenas de millones de hectáreas.

En junio pasado Sudáfrica marcó la pauta. El Standard Bank se convirtió en el primer banco africano en permitir pagos interbancarios directos en yuanes con China. Un hito histórico, y solo es el comienzo. Egipto y Sudáfrica representan las economías más grandes de África. Etiopía, séptima economía, y Uganda, decimotercera, siguen sus pasos. Argelia y Nigeria, tercera y cuarta economías del continente respectivamente, han recibido invitaciones oficiales para unirse a los Brics. Si las aceptan, las cuatro principales economías africanas formarían parte del bloque.

La revolución financiera china

Durante décadas, las naciones africanas operaron dentro de un sistema donde carecían de voz. Gracias al comercio basado en el yuan, las inversiones en infraestructura y alternativas financieras como el CIPS, China ofrece a África un lugar en la misma mesa y en igualdad de condiciones.

Con el auge de las economías africanas, el continente podría convertirse en el principal impulsor de este nuevo sistema financiero mundial.

Según Reuters, las transacciones Swift que involucran a países africanos cayeron un 23 por cien en el primer semestre del añoo pasado. El FMI reconoce en su último informe que la aparición de alternativas a Swift plantea un desafío sistémico para la arquitectura financiera internacional. Los cabecillas del G7 celebran numerosas reuniones de emergencia, debatiendo contramedidas y nuevas estrategias de cooperación.

Es solo el comienzo. La revolución financiera china podría desencadenar un efecto dominó en el mundo. Sudamérica ya tiene la vista puesta en el sistema chino. En plena crisis económica, Argentina negocia en secreto pagos en yuanes. Brasil intensifica su comercio bilateral con Pekín. 127 países ya comercian más con China que con Estados Unidos: más de la mitad de los países del mundo. Según Goldman Sachs, para 2030 más del 40 por cien del comercio internacional podría eludir el sistema Swift.

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