Cuando entro en el campo de internamiento de migrantes de Triq Al-Sikka, en el centro de Trípoli, unos hombres con mirada inquieta presionan sus rostros contra una cerca de alambre de gallinero. “Bienvenido al infierno”, dice un marroquí, sin sonreír. Triq Al-Sikka es el hogar de 300 hombres encerrados en condiciones de pesadilla. Muchos enfermos […]