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Autor: Redacción (página 868 de 1369)

Los kurdos de Rojava vuelven a negociar con el gobierno sirio

Tras el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses de Siria, los kurdos vuelven a buscar apoyo en el gobierno de Bashar Al-Assad, como antes de la guerra iniciada en 2011.

Altos cargos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y del gobierno de Damasco manteniendo negociaciones sobre el futuro de Rojava, según informa el Observatorio de Derechos Humanos Sirio (OSDH).

Los oficiales de las FDS discuten la posibilidad de transferir al gobierno de Damasco los depósitos estratégicos de petróleo y gas en la orilla oriental del Éufrates.

A cambio de esta medida, el gobierno de Damasco y sus aliados podrían desplegar fuerzas en la parte de la frontera sirio-turca controlada por las FDS para impedir que Turquía lance un ataque en el noreste del país.

La decisión de retirar las tropas estadounidenses de Siria ha dejado huérfanas a los kurdos ante un posible avance del ejército turco, cuyo ministro de Defensa amenazó con enterrar a los combatientes kurdos en sus trincheras.

Damasco, por su parte, aún no se ha pronunciado sobre el anuncio de la retirada militar de Estados Unidos, pero en una declaración anterior los kurdos advirtieron que tendría consecuencias peligrosas sobre la seguridad internacional y que “decepcionaría las esperanzas de los pueblos de la región en materia de seguridad y estabilidad”.

Son las consecuencias -harto previsibles- de arrojarse en los brazos del imperialismo, de creer que el imperialismo es la solución y no la causa de la opresión nacional de Kurdistán.

Más información:
– ¿Se va Estados Unidos de Siria?, ¿y quién se queda?

Sobre la violencia

Jon Iurrebaso Atutxa
Vamos a atrevernos a hacer algunas consideraciones sobre este instrumento, concepto y uso. Sin violencia no habría explotación ninguna, ni siquiera la patriarcal origen del resto de violencias, de la cual el capital hace su pilar fundamental, sobre todo subyugando a la mujer en todos los sentidos posibles. Sin violencia no estaría el capital en la cúspide de todas las pirámides culturales, políticas, sociales y económicas. Sin violencia no habría imperialismo. Sin violencia y capitalismo, la mercancía no estaría en el medio de nuestras vidas.

¿Qué es pues la violencia? Hay quien se empeña en hacer difícil formular algunas de las maneras de entender o explicar qué es la violencia. En los días que nos ha tocado vivir diríamos que tampoco hay que romperse mucho la cabeza para definir la violencia, sobre todo en el sentido que más nos perjudica a los explotados que vendemos nuestra fuerza de trabajo al capital o a cualquiera de sus filiales. La violencia es consustancial a la lucha de clases. A la lucha por el poder de clase.

Es decir la violencia es el antídoto principal (no el único) válido para el capital en cuanto a seguir manteniendo sus privilegios y, aún más, en todo lo que concierne a la propiedad sobre los medios de producción. Sin ese instrumento coercitivo hacía tiempo que las diferentes relaciones entre clases se darían de una manera muy diferente. Por eso el capital se esfuerza en dominar y perfeccionar ese medio tan poderoso y vital. Por eso ha convertido la violencia en estructural y permanente a la vez que se erige como único propietario legítimo de la misma.

Todos los que practiquen la violencia, fuera de las estructuras de poder, con el fin de llegar a ser autónomos, independientes y soberanos de esas mismas estructuras, serán tildados de terroristas. Nos referimos también a la autodefensa feminista que hace frente a la violencia machista la cual tiene un trato privilegiado en tanto que deviene de la cultura patriarcal y elemento de primer orden en el sistema de dominación del capital.

Analicemos, aunque sea someramente, el tema de la violencia que se practica por los Estados español y francés contra una nación como es Euskal Herria. Los Estados que ocupan nuestra nación violentan nuestra cultura, nuestra lengua, nuestro territorio, nuestra historia y, sobre todo, son sordos cuando la voluntad del pueblo vasco reclama su libertad.

Los que nos ocupan y explotan, como clase y como nación, relacionan la reivindicación emancipadora como terrorista. Es decir, todo el que se alce contra los Estados que nos ocupan es terrorista. Este es el mensaje del capital: terror: miedo: demanda de protección: el Estado se hace cada vez mas invencible y sustentado por los que oprime y explota.

En estos casos de independencia nacional y social, en los cuales haya que utilizar la violencia, nosotras y nosotros lo conocemos como violencia revolucionaria. Ni fetichista, ni militarista ni terrorista: violencia revolucionaria.

Esto es, si el capital tiene un estado fuerte (con buenos aparatos de inteligencia y coercitivos), los medios de comunicación, los partidos insertados en el sistema democrático que nos aplasta, el entramado del sistema educativo, etc. tiene ganada su comodidad y nuestro sufrimiento, y el de otros y otras, por muchos años.

¿Qué significa el término terror (terrorismo, terroristas, maligno/a…) en las sociedades judeo-cristianas o en las de las Américas del norte (yanquis) que están destinadas a ser los guías espirituales que conduzcan al planeta hacia el “bien”? Los mensajes son claros. A veces escandalosamente burdos y la mayoría de las veces sibilinos, de tal manera que van penetrando en nuestras mentes, en muchos casos, sin apenas percibirlo.

Esto quiere decir, y es triste reconocerlo, sentirse pobre y estar convencido que lo será para siempre porque Dios o el capital o la Virgen de Lourdes, o “los que saben más que yo”, lo han querido. Y ante esa situación esquizofrénica por una parte, pero también de imposición, explotación y ocupación como nación es de donde nacen razones objetivas suficientes para luchar con los instrumentos que en cada momento se consideren oportunos.

Eso significa que una nación por pequeña o pobre que se sea tiene el derecho a su liberación nacional y social y no puede haber nadie que lo impida argumentando sandeces que finalmente traen millones de muertos (casualidad, siempre de los más parias de la tierra), millonarias ganancias para ciertos emporios, personalidades y establishment en general.

Bajo el mandato de Barak Obama (“I have a dream”) no se cerró Guantánamo (su promesa más progresista) sino que los yanquis invadieron, sembraron el terror, mataron a millones de personas y destrozaron seis países ¿Cómo llamamos a eso? “¿tercera guerra mundial?” ¿O guerras que los yanquis hacen cada año o varias veces en el mismo año para paliar los desastres que origina el capitalismo? ¿No es eso terrorismo?

¿No será violencia saber que hay posibilidades de que no menos de 10 millones de yemeníes estén a punto (o ya lo estén en muchos casos) de contraer el cólera por el cerco que Arabia Saudí, Israel, USA, España (envío de explosivos) hace a poblaciones de civiles yemeníes? Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el día de hoy se estima que los Estados Unidos de América del Norte han asesinado entre 20 y 30 millones de personas por todo el mundo, sin contar los heridos, destrucción de países enteros etc. ¿Qué es terrorismo pues?

Las bombas que se fabrican en Euskal Herria y que la ministra española Celaá dice que no son problema porque son inteligentes, son un problema porque las utilizan contra la población civil porque no pueden vencer militarmente a sus oponentes. Celaá lo sabe. Esta ministra sabe que Arabia Saudí utiliza la inteligencia de las bombas para matar a población civil yemení, para asesinar a sus opositores.

Vergüenza tendríamos que tener en Euskal Herria al colaborar empresas vascas en envíos de instrumentos de guerra para asesinar a población civil. Y, para los de a pie, repetimos que no debiéramos olvidar que el capital no tiene patria, ética ni vergüenza, sea vasco o vasco-español, vasco o yanqui…

Una cosa es el terror del ISIS (DAHES) creado, sustentado y dirigido por las monarquías petroleras del Golfo y Estados Unidos de America del Norte, Francia, Alemania, Inglaterra, la ayuda de España y otros, el sionista y terrorista Israel, etc. Otra cosa bien diferente es el derecho a la cultura, a la identidad, al bienestar social, a la independencia nacional…

Entonces ¿qué ocurre aquí? ¿Es que otros y otras no son tan iguales ni tienen tantos derechos como nosotras y nosotros? ¿Por qué no hacemos ni lo más mínimo para impedir las guerras imperialistas que se suceden año tras año provocando millones de muertos, de hambre, de desplazados, países con infraestructuras destrozadas…?

Planteamos ética y dignidad. Porque de lo que “nuestros” gobiernos roban en Oriente Medio, África y Asia, al final, un poquito “pillamos” todas y todos. Imagino que nos entendemos. Menos posturas ideadas por la burguesía y más compromiso con el género humano sea de donde sea. Y si no, no vayamos sonriendo y tranquilos/as por la vida y, encima, de progres.

Siempre ha habido categorías o niveles de compromiso o de colaboración. Lo que es indecente es colaborar con “tu país” para masacrar a otros (sustentado los gobiernos que hacen las guerras es la manera mas sutil, pero no la única) de los que algunas personas, las menos, podrán huir y pretender acogerlos en nuestra Euskal Herria cuando cierta parte mal duerme en polideportivos, con gente solidaria que enlaza para cambiarlos de barrio ante la inasistencia institucional, etc.

La violencia es un instrumento. Callar es una actitud, sí, pero deviene en violenta mientras que no denuncia y ayuda a ocultar la violencia estructural. No es un instrumento ciego y no es una actitud más. La violencia del capital significa preservar a una clase social determinada para que mantenga su poder y lo utilice contra quien no pertenece a dicha clase. La violencia que el capital y las fuerzas retrogradas utilizan para crear miedo e inseguridad es un crimen de lesa humanidad. Y los que callan, porque entienden que tiene que haber una violencia estructural o porque no se sienten con fuerzas para combatirla, otorgan. De una manera u otra, más o menos gravemente.

Es violencia que ante tamaña crisis haya ricos mucho más ricos y muchísimos más pobres. Es violencia que tus hijas no puedan ir a la Universidad porque no hay dinero para pagar el alquiler del piso, comer, etc. O cuando unos chavales se sientan menos ante otros porque no tienen no sé que móvil de última generación y encima sus padres sientan no poder dárselo. Y eso no es una tontería, es la larga mano del capital que hace a los pobres querer ser como los que les explotan sin darse cuenta de ello.

Queremos decir que los de abajo, y que nadie se equivoque con el piso, nos tenemos que unir, informar, contactar, debatir, mostrar públicamente lo que sentimos, pensar que nadie nos maneja porque periódicamente estamos al tantito de todo lo que ocurre en nuestro barrio, pueblo o tajo. Siempre adelante por la independencia y el socialismo para Euskal Herria y todos los pueblos del mundo, sabiendo que no desecharemos ningún instrumento de lucha para llevar al pueblo trabajador vasco a ser responsable de su día a día y de su destino.

Nota. Extracto del prólogo de Argala al libro de Jokin Apalategi “Los vascos de la nación al Estado”:

“Como resultado de ambos factores -estudio del marxismo y resurgir nacional vasco-, tomé conciencia clara de la existencia de Euskadi como nación diferenciada, integrada por siete regiones separadas por las armas de los estados opresores, español y francés; de la división de la sociedad en clases enfrentadas por intereses irreconciliables; de que Euskadi misma no era una excepción en este sentido, comprendí lo que fue la «evangelización de América» por los españoles y lo que fueron «las cruzadas», lo que fueron «los rojos» y el «glorioso alzamiento nacional»; que no se trata de que los ricos ayuden a los pobres, ni únicamente de que se aumenten los salarios de la clase obrera, sino de socializar los medios de producción; que para lograr la solidaridad social es precisa una profunda revolución cultural, y que, para ello, no basta con la buena voluntad, sino que es precisa una transformación del modo de producción capitalista actualmente dominante por otro socialista; que para ello es preciso que la clase obrera obtenga el poder político; que un aparato de estado no es neutral y que esto obliga a la clase obrera a destruir el estado burgués para crear otro propio; que la burguesía recurre a las armas cuando ve en peligro sus privilegios, lo que induce a pensar que, sí la clase obrera no se plantea el problema en términos semejantes, tendremos ocasión de presenciar muchas matanzas y pocas revoluciones”.

¿Se va Estados Unidos de Siria?, ¿y quién se queda?

El abandono de Siria por las tropas estadounidenses no puede ser una sorpresa porque fue anunciada a finales de marzo por Trump en Ohio. Para quienes no recuerden el discurso hay que añadir que también dijo que había que “dejar que otros se encarguen de ello”, lo que suscita dos preguntas que nadie ha contestado. La primera es a quién se refiere con “otros” y la segunda a qué se refiere con “ellos”.

Pero hay, además, una tercera que se deduce de las experiencias cercanas de Afganistán e Irak, de donde también anunciaron la marcha para volver muy poco después. Cuando Estados Unidos dice que se va de un sitio, lo que hace es retirar a las fuerzas operativas, mientras mantiene a los “asesores”. Quien no se va nunca es la CIA. Se quedan los que no llevan uniforme.

Ayer lo explicó Netanyahu de la siguiente manera: Estados Unidos “nos ha dicho que tienen otros medios de seguir influyendo”, diferentes de la presencia militar permanente en Siria.

El anuncio hay que situarlo en paralelo con el acuerdo con Turquía para venderles misiles Patriot, más el anuncio de Erdogan de que se dispone a lanzar una ofensiva en Manbij, al norte de Siria, cuyo objetivo no puede ser otro que los kurdos.

De manera que parece que Estados Unidos les ha traicionado, o les ha vendido, o les ha intercambiado por los turcos, aunque más bien lo que cabe pensar es que simplemente les ha utilizado, como acostumbra, para presionar tanto a los turcos como a los sirios.

Ahora cabe esperar que, ante la amenaza turca, los kurdos vuelvan sobre sus pasos a la alianza que mantuvieron con los sirios hasta el inicio de la guerra en 2011.

Otra carta a poner encima de la mesa es el traslado de los SS-300 al este de Siria, que le ha impedido al Pentágono mover sus tropas libremente en la región fronteriza entre Siria e Irak, aunque también cabe suponer que Rusia estaba al corriente de la retirada de las tropas y precisamente por ello movió los misiles a esa región, que ahora queda bajo la influencia exclusiva del ejército sirio y, naturalmente, del irakí al otro lado de la frontera.

Más información:
– Bombardeo de la aviación siria sobre Deir Ezzor: ¿quién debe tomar nota del curso de la guerra?

Los rusos añoran la URSS más que nunca en los últimos años

El número de rusos que lamentan la desaparición de la URSS ha vuelto a alcanzar este año el máximo de la última década, según el centro de investigación de la opinión pública rusa Levada.

El número de encuestados que dijeron añorar la URSS no había superado el 61 por ciento durante la última década. Ahora el porcentaje ha subido al 66 por ciento. El año pasado fue del 58 por ciento.

Los que más suspiran por la URSS son los jóvenes de entre 18 y 24 años de edad, así como los mayores de 55 años. La desaparición del socialismo (52 por ciento), la pérdida del sentimiento de pertenencia a una superpotencia (36 por ciento) y el aumento de la desconfianza y la tensión mutua (31 por ciento), son los que preocupan principalmente a los rusos.

El apoyo a Stalin también es mayor que nunca y en las manifestaciones sus retratos son una constante. Más de la mitad de los rusos opina que el dirigente bolchevique desempeñó un papel positivo en la historia del país. El año 2016 fue declarado el “Año de Stalin”.

En pleno siglo XXI en Rusia se siguen construyendo numerosos monumentos a su memoria. Muchos de ellos son pequeños bustos. En algunas ciudades se ponen sus retratos Stalin en los autobuses y los vecinos los llaman “stalinobuses”, una práctica que se ha generalizado para celebrar del Día de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial.

En Penza, a 640 kilómetros al sureste de Moscú, abrieron un Centro Stalin.

Los turcomanos del Kurdistán irakí se unen para mejorar su representación local

Aydin Maruf, diputado turcomano en Erbil
Oriente Medio es como esos paquetes que llegan envueltos en un plástico, en cuyo interior hay una caja que, una vez abierta, ves que contiene otra, a su vez envuelta en un papel… Casi nunca puedes llegar al fondo de lo que contiene.

Así, en el Kurdistán irakí no sólo viven kurdos, sino también turcomanos, que son los descendientes de los antiguos turcos que dirigieron Oriente Medio en los tiempos del Imperio Otomano, es decir, hasta hace cien años.

Políticamente los turcomanos se dividen en cuatro partidos diferentes: el Partido de la Reforma de Turkmenistán, el Partido Turcomano para el Desarrollo, el Partido del Pueblo Turcomano y el Frente Turcomano irakí.

Afortunadamente, para simplificar las cosas ahora se han unido en un frente común.

En el parlamento del Kurdistán irakí prevalece un sistema de cuotas en el que a los turcomanos les corresponden 5 escaños y, como los demás colectivos del rompecabezas kurdo, quieren más.

El dirigente del Frente Turcomano irakí en Kurdistán, Aydin Maruf, diputado por Erbil, dice que también quiere estar representado en el gobierno regional con un vicepresidente turcomano, un viceprimer ministro, o un vicepresidente del parlamento, o un ministro turcomano para asuntos turcomanos.

También quieren ocupar puestos de Director General y Alcaldes en algunos distritos de Kurdistán donde su población es mayoritaria.

Pero en el Kurdistán no manda el parlamento, ni el gobierno, sino Massoud Barzani, cuya respuesta a las peticiones turcomanas no se conoce.

A diferencia de los kurdos, la población turcomana no se concentra en Kurdistán sino que está repartida por toda Irak, lo que les da un margen de maniobra mucho mayor que lo que los porcentajes indican.

Lo que los turcomanos quizá no obtengan en Erbil, lo pueden conquistar en Bagdad. En Irak, como en todo Oriente Medio, hay que jugar muy bien las bazas de cada cual.

http://www.basnews.com/index.php/en/news/kurdistan/487734

La crisis del capitalismo no conoce ninguna clase de ‘culpas’ ni de ‘culpables’

Los índices de las bolsas del mundo entero van cayendo fuertemente, uno tras otro. El martes el Dow Jones perdió 500 puntos, lo que elevó sus pérdidas combinadas de los últimos dos días a más de 1.000 puntos. El índice S&P 500 cayó más de un 2 por ciento, con ventas en todos los sectores económicos.

Los índices caen en más de un 10 por ciento desde sus niveles más altos, Wall Street está en camino de su mayor caída anual desde 2008, el año en el que “empieza la crisis”, según dicen. Se espera que este mes los índices Dow y S&P 500 registren su peor caída desde 1931, en el punto álgido de la Gran Depresión, después de haber perdido un 7 por ciento en lo que va de mes.

El índice Nasdaq centrado en nuevas tecnologías cayó un 2,3 por ciento, registrando una pérdida del 2,2 por ciento en el año. Esta vez la táctica de “comprar a la baja” que permitió que las caídas anteriores no fueran tan fuertes, ya no funciona.

Todas las previsiones bursátiles están presididas por la palabra “recesión”, que no sólo es inminente sino imparable. Pero hay otras que gustan más a las cadenas de intoxicación, como la guerra comercial de Estados Unidos contra China. Así puede echarle la culpa a su juguete favorito: la culpa es de Trump.

El capitalismo no conoce ninguna clase de “culpas”. No las busquen en nadie. Miren los indicadores. La evolución de los tipos de interés causa pánico. La Unión Europea no sale de la encrucijada. ¿Les suena algo lo de los “chalecos amarillos”?

Pueden revisar cualquier continente, como Asia. China padece la mayor caída en la tasa de crecimiento de las ventas al por menor en 15 años y una disminución en la tasa de crecimiento de la producción industrial a un mínimo de tres años. Algunos advierten que la tasa de crecimiento general de China, en su nivel más bajo desde 2008-2009, podría disminuir aún más el próximo año a medida que la guerra comercial de Estados Unidos comiencen a afianzarse.

El capitalismo no puede hacer más por su autodestrucción que lo que está haciendo; el resto les corresponde a Ustedes, que tienen una vela para este entierro. ¿O están empeñados en la respiración asistida?

‘Abrí la fosa de mi padre con mis propias manos’

“Yo tenía 18 meses cuando fusilaron a mi padre. Mataron a ocho de mi familia. Los falangistas fueron a buscarles a las eras, al campo, donde estaban todos trabajando. Iban a por mi padre, querían tomarle declaración, dijeron. Pero mi abuelo dijo: ‘Donde va mi hijo voy yo’. Y su sobrino, lo mismo. Y así, se los llevaron a todos. Ya no les volvimos a ver”, recuerda Esperanza Pérez Zamora.

Acaba de cumplir 77 años y hace 35 estaba recorriendo pueblos, buscando pistas sobre el paradero de sus familiares para abrir las fosas donde se encontraban. Hoy, incluso el partido que tanto criticó la memoria histórica, ahora en el poder, apoya y planea subvencionar las exhumaciones. Pero entonces, cuando Esperanza Pérez empezó a hacerlas, justo después de la muerte de Franco, solo expresar en público el deseo de abrir las fosas del franquismo era peligroso.

“Muchos me insultaban. ‘Puta comunista’, me decían. O directamente, me cerraban la puerta en las narices en cuanto les decía por qué estaba allí. Todavía había mucho miedo. Solo me ayudaron mujeres en una situación parecida. Alguna me cogía de la camisa por el pecho, me metía dentro de su casa y me contaba en voz muy bajita lo que sabía. Una señora me dijo: ‘Subía la gente a ver a los muertos como en una procesión. Los habían dejado mal enterrados. Fue una vergüenza…”.

Esperanza tardó tres años en encontrar a todos sus familiares. “En el momento en que salió Adolfo Suárez, fui a por ellos. Mi marido, que es taxista, dejó de trabajar para llevarme de un pueblo a otro, a preguntar a la gente si sabía algo. Tenía que volver muchas veces a la misma casa para que me contaran cosas. Al principio estábamos muy solos, pero luego nos fueron ayudando familiares de otros fusilados”.

Esperanza tenía a sus familiares repartidos por varias fosas en distintos pueblos. El paradero de su padre se lo dijo el mismo asesino. “Me dijeron el nombre del falangista que le había matado y esa misma noche fui a verle. Era 1977. ‘Soy la hija de Juanón y sé que usted le dio el tiro a mi padre. Mañana a las nueve de la mañana más le vale que esté usted en las tierras que tiene en Villamuriel para que me diga exactamente dónde está enterrado’, le dije. Se quedó blanco. Al día siguiente se presentó allí con la Guardia Civil. Los agentes me pidieron un montón de papeles, pero al final, el asesino señaló el sitio”.

Esperanza abrió tres fosas en Villamuriel, cuatro en Villamediana, cinco en Magaz, dos en Valdespina y una en Valoria la Buena, todas en Palencia. “En total recuperamos unos 150 cuerpos. Teníamos una pala, un azadón y un cepillo. Pero todo lo hacíamos con las manos, con las uñas, un día y otro día, hasta que terminábamos. Luego metíamos los restos en sacos. La excavadora que utilizamos alguna vez, la pagamos a escote entre los familiares”. Aún guarda aquellas facturas. “Es lo mejor y lo más difícil que he hecho en mi vida. Pero fue muy duro. En la primera exhumación pensé que me iba a dar algo y que me iba a morir allí mismo yo también. Tener una calavera en la mano y pensar que es de tu padre es terrible. En Villamediana, por ejemplo, los restos estaban cubiertos de cal y las faldas de las mujeres se veían todas blancas. Aún conservaban larguísimas trenzas. También encontraba botas, cucharas, monedas…”.

Esperanza calcula que en total debió poner de su bolsillo un millón de pesetas. “Por cada cuerpo que sacábamos teníamos que pagar 1.000 pesetas al Ministerio de Sanidad, por eso no declaramos a todos. Entonces no había ADN y enterrábamos a muchos juntos. Vendimos los dientes de oro de uno y nos dieron 14.000 pesetas para seguir exhumando. Otro señor que se enteró de lo que estaba haciendo me dio 20.000 pesetas y así íbamos tirando. Era mucho dinero y muchos trámites: había que ir a la sede del Ministerio de Justicia a Madrid, y a Sanidad, y luego hablar con el alcalde del pueblo…”

En cuanto terminó las exhumaciones, se puso con las pensiones. “Empecé a buscar a viudas de fusilados para explicarles que podían pedir la pensión. A algunas les daba todo tanto miedo que no querían ni llevarse los papeles para no tenerlos en casa. ¡Y Franco ya había muerto! Otras no sabían escribir y para firmar tenía que llevarlas yo con la mano sobre el papel”.

En 1979 ya había terminado su misión, exhumado a sus familiares, celebrado dos funerales y enterrado a los fusilados en cementerios. “El día que terminé sentí mucha felicidad y mucha tristeza. Ese día le pude decir a mi madre: ‘Ya está’, y lloramos las dos todo lo que nos dio la gana. Me abrazó como nunca me había abrazado y solo por eso ya valieron la pena todos los malos ratos”, explica Esperanza. “Tuve muchas pesadillas. Por la noche, en la cama, me veía a mí misma dentro de una tumba, rodeada de huesos. Miedo creo que no tuve nunca. Cuando murió Franco, abrimos una botella de champán y luego me vine como una fiera a España a buscar a los míos. Entonces estaba en Bélgica. Todo lo que quedó de nuestra familia después de la guerra se había refugiado en otro país. Creo que he sido valiente. Y estoy muy orgullosa de haber hecho lo que hice”.

https://elpais.com/politica/2012/04/07/actualidad/1333834735_777733.html

Unas Navidades alternativas con barricadas y huelga de los estibadores de Valparaíso

Después de 32 días de huelga y duros enfrentamientos en la calle con la policía, los estibadores del puerto de Valparaíso han conseguido que el gobierno obligue a la empresa a sentarse a negociar una mejora salarial, aunque los disturbios no han acabado y el acuerdo deberá ser ratificado por la asamblea de los trabajadores.

Por segundo día consecutivo en el centro de la urbe costera, ayer se volvieron a reproducir los enfrentamientos de los trabajadores con la policía.

Las manifestaciones se desarrollaron en el corazón del principal puerto chileno, que a causa de la huelga ha estado paralizado, en el inicio de la temporada de exportación de frutas y de la recalada de cruceros de turismo.

El lunes, en medio de los violentos choques, los Carabineros entraron en la sede de un sindicato y detuvieron a una veintena de trabajadores, y los incidentes acabaron con la destrucción de una feria de artesanía navideña instalada en una plaza de la ciudad portuaria.

Desde el pasado 16 de noviembre, cuando comenzó la huelga, los embarques de frutas suman apenas 3.006 toneladas en Valparaíso, un 95  por ciento menos que en igual período del año pasado, cuando concentraba el 54 por ciento del total de dichos embarques.

Una parte de las actividades tuvieron que ser desviadas al cercano puerto de San Antonio.


Según la empresa, hasta ahora las pérdidas, sólo por la no atención de buques, llegan a unos 4,2 millones de dólares.

Los estibadores eventuales trabajan por turnos y se les contrata sólo por ocho horas diarias, sin salario mínimo ni beneficios por años de servicio, vacaciones ni derecho a negociación colectiva.

Al comienzo, los trabajadores pidieron un aumento de turnos y un bono compensatorio de 2 millones de pesos operario (unos 2.900 dólares), a lo que luego agregaron un crédito blanco de 500.000 pesos (unos 735 dólares) y la eliminación de las “listas negras” de dirigentes obreros a quienes se margina de los turnos.

El presidente de la empresa pública Empresa Portuaria de Valparaíso, Raúl Celis, fue destituido por el gobierno a causa de “diferencias en la apreciación del conflicto”.

El pasado viernes los trabajadores anunciaron manifestaciones “con barricadas” en Navidad y Año Nuevo, cuando cada 31 de diciembre Valparaíso recibe el año nuevo con un gigantesco espectáculo pirotécnico que abarca cerca de 50 kilómetros a lo largo de la costa.

“No queremos arruinarle el Año Nuevo a nadie, pero tendremos un show nunca antes visto en Valparaíso, un Año Nuevo alternativo, con barricadas y protestas en la calle”, anunció Pablo Klimpel, portavoz de los huelguistas.

El ejército británico impulsa el empleo militar de la ‘inteligencia artificial’

El secretario de defensa de Reino Unido afirma que se hará un mayor uso de la inteligencia artificial y otras nuevas tecnologías para combatir las “amenazas mundiales emergentes”.

No habrá ninguna clase de recortes presupuestarios. Se establecerá un fondo de 160 millones de libras para apoyar las nuevas armas militares para hacer frente al espacio y las amenazas informáticas.

Gavin Williamson dijo que la inteligencia artificial tiene un papel cada vez más importante en la protección de la flota submarina del Reino Unido.

Pero el Laborista dijo que no se había destinado ningún dinero nuevo para enfrentar la “crisis de asequibilidad” en las inversiones.

En una declaración a los parlamentarios sobre el Programa de Modernización de la Defensa, una iniciativa de 1.800 millones de libras iniciada en enero para fortalecer a las fuerzas armadas, Williamson dijo que habría un mayor enfoque en las tecnologías de vanguardia para permitir que el Reino Unido siga el ritmo de sus competidores y adversarios.

Según el Partido Laborista, las estimaciones del gobierno sugieren un déficit de financiación de entre 7.000 millones y 15.000 millones de libras contra el gasto en equipos planificados durante la próxima década.

El Ministerio de Defensa también planea invertir fuertemente en buques de guerra, aviones y vehículos blindados (*).

Williamson dijo que la “inteligencia artificial” se integrará en nuevos programas mientras el Reino Unido se esfuerza por aprovechar su “variedad de capacidades de vanguardia en el mundo” de la manera más efectiva posible.

En particular, los nuevos programas de “punta de lanza” buscarían aplicar tecnologías modernas a las amenazas submarinas, las capacidades de vigilancia y reconocimiento, y el comando y control en operaciones terrestres.

El Williamson dijo que el gasto en defensa aumentaba en términos reales cada año y que el presupuesto total aumentaría a 40.000 millones de libras para 2021.

El secretario de defensa argumentó que debía tomar el control de la revisión para evitar ser forzado a hacer recortes de defensa más dolorosos. Ya ha persuadido al Tesoro para que otorgue al Ministerio de Defensa una suma adicional de 1.800 millones de libras.

También expuso sus planes para modernizar las fuerzas armadas, con una inversión adicional en nuevas tecnologías como la lucha contra la guerra informática y el desarrollo de robots para el campo de batalla con “inteligencia artificial”. Pero aún no ha demostrado cómo hará todo esto con el dinero que le han dado.

(*) https://www.gov.uk/government/organisations/ministry-of-defence

Lo que los obreros ‘son’ y lo que los obreros ‘deben ser’ en todo el mundo: una única clase social

Uno de los artículos sobre los “chalecos amarillos” ha suscitado los comentarios de dos lectores que, a su vez, puede ser interesante comentar porque exponen opiniones bastante comunes, pero no por ello menos erróneas.

El primero de ellos dice así: “Si os creéis que los proletarios de los chalecos amarillos son todos de izquierdas vais mal, una gran cantidad son nacionalistas liberales que solo quieren dejar de pagar impuestos y luchar contra eso que llaman globalización”.

Este lector lleva el fenómeno de la protesta francesa terreno de la ideología y de la conciencia. Le preocupa si los manifestantes son de una u otra filiación política, con el agravante de que se refiere a “todos”, lo cual es ya una exageración en sí misma.

A una lucha tan masiva, como la de los “chalecos amarillos”, los manifestantes acuden con su propia cabeza, creencias y, posiblemente, algunos también con el carnet de afiliado, y es muy típico juzgar a las personas por ello, por sus opiniones, por su afiliación, sus votos, o su pancarta.

En definitiva, el lector supone que las personas “somos” diferentes en función de lo que pensamos: “somos” de izquierdas, de derechas, anarquistas, reformistas, socialdemócratas, etc. Lo que nos define es nuestra ideología porque “somos” o nos definimos por eso: por nuestras peculiares ideas.

No obstante, el materialismo sostiene lo contrario. Independientemente de sus creencias, las personas se definen por las relaciones de producción en las que participan, es decir, por sus condiciones de trabajo y por el trabajo mismo que desempeñan, o por la falta de trabajo, que es lo que les conduce (o no) a la lucha y a la protesta, es decir, a una práctica social.

Es lo que Marx y Engels escribieron en el “Manifiesto comunista” de varias formas distintas, como por ejemplo: “El capital no es una fuerza personal sino una fuerza social”. No se trata de que la ideología no sea interesante, e incluso la ideología personal de todos y cada uno de los que han intervenido en la movilización de los “chalecos amarillos”, sino que es más interesante aún eso que normalmente se llaman las “condiciones objetivas”.

Por ejemplo, el lector hace referencia a que los manifestantes no “quieren” pagar impuestos (directos, suponemos), que es otra manera de llevar el análisis al terreno de lo subjetivo. Pero el problema principal no es lo que quieran o no y, según una reciente encuesta publicada por Le Monde (*), resulta que una buena parte de ellos no es que no “quiera” pagar sino que no paga ningún tipo de impuestos directos, seguramente (así lo interpretamos nosotros al menos) porque su salario no llega al mínimo impositivo, es decir, porque no puede.

Otro lector escribe lo siguiente: “Hablar de la clase obrera como algo monolítico es no tener ni puta idea de la realidad en la que se vive pero bueno lo importante es hacer un artículo ‘redondo’ para tener el ego y la vanidad bien alimentados”.

Es una buena demostración de que lo que cada uno lee puede no tener nada en común con lo que queda escrito, aparte de que el recurso a la palabra “monolítico” es algo que se viene imputando al movimiento comunista internacional desde la Guerra Fría.

Cualquiera que haya leído un poco por encima a Marx y Engels sabrá que nadie más que ellos han descrito hasta la extenuación las diferencias entre unos trabajadores y otros, entre unas condiciones de trabajo y otras, de tal manera que una de las categorías básicas del marxismo es la “división del trabajo” que se extiende al ámbito internacional, es decir, a todos los trabajadores del mundo.

Analizar al detalle esas diferentes condiciones de trabajo en las que cada trabajador está inmerso, es fundamental para llevar a cabo una buena labor sindical y política, y en función de ello podríamos hacer un largo listado de tipos diferentes de trabajadores: trabajadores del campo y la ciudad, trabajadores y trabajadoras, trabajo simple y complejo, manual e intelectual, trabajadores autóctonos e inmigrantes…

La clase obrera es, pues, esencialmente heterogénea pero, al mismo, todos sus integrantes tienen en común un hecho igualmente básico: todos ellos son obreros asalariados (o parados), es decir, todos ellos pertenecen a una única clase, cualquiera que sea el lugar en el que trabajen o el tipo de trabajo que desempeñen.

“Unitas complex”, decían los clásicos. Tan erróneo es decir que todos los trabajadores son iguales, como lo contrario: decir que no son trabajadores. Todos los trabajadores del mundo forman parte de una única clase obrera y ese es el significado con el que concluye el “Manifiesto comunista”: proletarios del mundo uníos.

En el mundo actual y en cada uno de los países la burguesía impone, sin embargo, lo concreto, las peculiaridades entre unos y otros trabajadores, el “divide et impera”. La tarea de los comunistas es justamente la opuesta: unir a millones de trabajadores que son diferentes unos de otros.

El artículo versaba precisamente sobre eso: no de lo que los trabajadores “son” sino de lo que “deben ser” en la medida en que todos ellos forman parte de la misma clase social, única en todo el mundo (repetimos). Pues bien, si todos ellos forman parte de una misma clase social, deberán actual como tales, es decir, como una clase única, uniforme y homogénea, para lo cual es necesario tener lo que decíamos en el artículo: programa, organización y dirección.

(*) https://www.lemonde.fr/idees/article/2018/12/11/gilets-jaunes-une-enquete-pionniere-sur-la-revolte-des-revenus-modestes_5395562_3232.html

Más información:
– ‘Chalecos amarillos’: como pollo sin cabeza
 

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