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Autor: Redacción (página 768 de 1356)

Carpetazo a los crímenes de guerra cometidos por las tropas británicas en Irak y Afganistán

Los responsables de investigar los crímenes de guerra cometidos por las tropas británicas en Irak y Afganistán acusan al ejército de encubrir los asesinatos y torturas de civiles, han informado hoy el Times y la BBC. El Ministerio de Defensa británico niega estas acusaciones.

Ambos medios de comunicación recogieron testimonios de una decena de ex miembros de los organismos que investigan posibles violaciones de los derechos humanos por parte del ejército británico, que el gobierno canceló en 2017. Uno de ellos, citado por el Sunday Times, dijo que hay “presiones crecientes del Ministerio de Defensa para cerrar los casos lo antes posible”.

Uno de los investigadores del Equipo de Acusaciones Históricas de Irak (IHAT) dijo a Panorama en un reportaje que se emitirá el lunes por la noche en la BBC, que “el Ministerio de Defensa no tiene intención de procesar a ningún soldado de ningún rango a menos que sea absolutamente necesario”.

Entre los crímenes denunciados el Sunday Times informa de los asesinatos de tres niños y un joven en Afganistán en 2012 a manos de un soldado de las SAS, las fuerzas especiales, sin ser procesados, así como de la violencia de 2003 en Basora, en Irak, contra los prisioneros, lo cual supuestamente causó la muerte de al menos uno de ellos o del tiroteo contra un policía irakí ese mismo año.

El Ministerio de Defensa argumenta que, después de una investigación exhaustiva, un fiscal independiente decidió no procesar ninguno de los casos que se le habían remitido.

En febrero de 2017 el gobierno británico decidió detener cientos de investigaciones, muchas de ellas sin resolver, una decisión que fue fuertemente criticada por los defensores de los derechos humanos.

“La reputación del ejército británico está en juego: cualquier acusación creíble de violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas británicas en Irak y Afganistán debe ser investigada por un organismo independiente del ejército”, ha afirmado Amnistía Internacional.

Terrorismo mediático: la construcción social del miedo al cambio

En 2013 Carlos Fazio, profesor de la UNAM, escribió un libro fascinante, “Terrorismo mediático. La construcción social del miedo en México” (*), sobre algo tan simple como el poder político y sus mecanismos de influencia que, como bien dice Fazio, no son otra cosa que terrorismo, del cual el terrorismo mediático es una variante.

El Estado y los grupos dominantes mantienen el poder a través -entre otras cosas- del control mediático sobre la sociedad. El terrorismo mediático busca crear realidades ficticias, miedos colectivos y convertir mentiras en verdades que permitan manipular a la sociedad de acuerdo al conflicto y al enemigo. Si partimos de la idea de que para el poder todo sujeto que considere una amenaza a sus intereses, se concibe como una guerra, entonces el terrorismo mediático es parte de esa premisa.

La guerra psicológica utiliza una caracterización simplista y maniquea (bueno/malo, negro/blanco) para describir al enemigo. El propagandista debe utilizar las palabras claves capaces de estigmatizar al contrario y activar reacciones masivas. Se trata de utilizar el mito de la guerra, satanizar al adversario, arrancarle todo viso de humanidad y cosificarlo, de tal modo que eliminarlo no equivalga a cometer un asesinato.

Informar es proponerle al espectador asistir al acontecimiento mediático como a un espectáculo. No hay causas. No hay actores. No hay contexto. No hay memoria. No existe la historia. La realidad se muestra como un espectáculo. Las leyes del espectáculo mandan sobre las exigencias de la información.

El origen de todo este tipo de técnicas es siempre el mismo: las estrategias contrainsurgentes de los militares estadounidenses, particularmente después de los atentados del 11 de septiembre. Uno de los elementos claves de estas estrategias es el papel asignado a los grandes medios de comunicación, y a la tergiversación de la realidad como arma de guerra.

Fazio dibuja una lúcida descripción de los acontecimientos más polémicos que se han dado en los últimos 15 años, esto es, aquellos que descubren y revelan los mecanismos del poder, y colocan en entredicho la ética de la política, explicando por qué cada vez más la ciudadanía no confía ni en los políticos, ni en las instituciones políticas.

El autor explica lo que significa la guerra psicológica, los distintos tipos de propaganda (blanca, gris o negra) y su puesta en práctica por Estados Unidos en las guerras de Irak y Afganistán

La propaganda blanca es aquella que se difunde y se reconoce por la fuente o por sus representantes oficiales; es una actividad abierta, franca, en la que el emisor no oculta su identidad; la propaganda gris es anónima, es decir, no es identificable por su fuente (no lleva firma alguna) y queda librada a la imaginación del público. La propaganda negra es aquella que aduce otra fuente y no la verdadera; esconde su origen detrás de nombres ficticios, o bien, material falso se atribuye a fuentes reales. Esta última es la utilizada en las operaciones clandestinas de los servicios de inteligencia para desinformar al enemigo y se utiliza generalmente a través de filtraciones.

Fazio llama la atención sobre las estrategias propagandísticas que Estados Unidos ha utilizado en la historia reciente, para justificar su intervención en los casos de Irak, Afganistán y Libia, entre otros, y subraya que el gobierno estadounidense es la principal matriz del terrorismo mediático.

Un ejemplo de ello es que se haya aceptado públicamente lo que llamaron “errores de inteligencia” que llevaron erróneamente a la agresión e invasión de Irak. El caudal de información relativo a las estrategias puestas en práctica para conservar intactas las estructuras del poder político y económico, nacional y transnacional, pretenden generar miedo al cambio, a las alternativas, a las variadas formas de lucha de la sociedad, introyectando en la conciencia colectiva la incapacidad del sujeto para organizarse.

El poder es el poder de mentir, de manipular, que hoy dispone de una tecnología sofisticada.

(*) http://ciid.politicas.unam.mx/cgeografia/index.html

El imperialismo alemán vuelve por los derroteros del rearme

Carmela Negrete

La semana pasada hubo en la capital alemana una parada militar. Soldados en fila, con fusil al hombro, respondiendo con sus movimientos orquestados a las órdenes de una voz ruda. Música marcial, silencio, orden y disciplina. En Berlín no es común manifestar poderío militar por buenas razones históricas. La última ceremonia de estas características en este lugar, delante del Reichstag, se celebró en 2013 en medio de protestas.

Es por ello que fue un día con el que el gobierno alemán quería marcar un antes y un después: 400 reclutas realizaron su juramento frente al parlamento en un acto con toda la plana mayor del gobierno, del ejército, de la economía y de la Iglesia. Este 12 de noviembre se celebraba así el cumpleaños de un ejército refundado hace 64 años en la Alemania occidental con buena parte de los antiguos miembros de la Wehrmacht hitleriana.

El alabar las bondades del ejército en público y con una marcha seguida del himno alemán se enmarca en la línea de la nueva Ministra de Defensa Annegret Kramp-Karrenbauer, sucesora de la canciller Angela Merkel y presidenta de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). AKK, como se la conoce en Alemania por lo complicado de su nombre, declaraba esta semana que el país debía normalizar su ejército y atreverse a liderar misiones en el extranjero. Asimismo pedía un aumento del gasto militar. El viernes se anunciaba que se comprarán 80 tanques nuevos del tipo “Leopard”, lo que costará unos mil millones de euros al estado.  Sin embargo, dicha normalización del militarismo está lejos de ser lo que la Ministra desea: el desfile no fue público, sino reservado solo a las autoridades invitadas. Ya el día anterior se habían construido vallas frente al edificio ocupando toda la Plaza de la República y las protestas se prohibieron en los alrededores.

El presidente del parlamento y ex-Ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble, famoso por su mano dura durante los peores años de la crisis en España, recordaba a los reclutas no solo su tarea al servicio del parlamento alemán, sino que su juramento también implica el tener que defender lo allí acordado arriesgando su vida en combate en caso necesario. Algo obvio, pero que quiso subrayar. Fue un acto sobrio y al final de la ceremonia la orquesta del ejército tocó el himno de la Unión Europea. En otras seis ciudades alemanas tuvieron lugar juramentos similares, que por lo general se realizan a puerta cerrada dentro de los cuarteles.

El impulso militarista de la Ministra AKK va más allá: quiere crear un Consejo de Seguridad Nacional que coordine la diplomacia, el ejército, la economía, el comercio, la seguridad interior y el trabajo de la cooperación al desarrollo. Asimismo pide que se cree un mecanismo abreviado que permita aprobar intervenciones militares en el parlamento más rápido. Algo a lo que se opone el partido Die Linke (La Izquierda). Ya en junio, cuando la ministra asumió su puesto y anunció su intención de celebrar la parada militar, el co-presidente de Die Linke, Bernd Riexinger, aseguraba que eso es “lo último que necesitamos” y animaba a la población a manifestarse en contra del militarismo y por la paz.

La protesta del martes fue convocada por la iniciativa “Desarmar a Rheinmetal” (Rheinmetall entwaffnen). En la convocatoria se podía leer que las misiones del ejército alemán hasta ahora han tenido poco que ver con la defensa. “Desde 1999, con la guerra de agresión a Yugoslavia, el Bundeswehr hace la guerra para defender los intereses del capital alemán”. Sus intervenciones buscan “asegurar los mercados, las materias primas y las vías de comercio”. Critican que el ejército se encuentra en Afganistán desde 2001 con la excusa de defender la democracia y la seguridad y que “en realidad decenas de miles de personas han fallecido víctimas de la guerra”. La Sociedad de la Paz Alemana (Deutsche Friedensgesellschaft) recordaba también que “ante la catástrofe climática resulta perverso que la guerra y el militarismo sean glorificados, ya que éstos son los mayores asesinos del clima”, además de ser “financiados con millones de euros del Estado”.

A pesar de las medidas de seguridad, la protesta no fue numerosa, algo que por otro lado habla de la normalización de este tipo de eventos. En los 80 aún eran objeto de repulsa social encarnizada. El 6 de mayo de 1980 el gobierno de Helmut Schmidt, del partido socialdemócrata, quiso celebrar un juramento público para conmemorar el 25 aniversario de la entrada en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el estadio de Bremen. Los manifestantes quemaron coches militares y se fundieron en una batalla callejera que hizo que el entonces presidente Karl Carstens, de la Unión Demócrata Cristiana, tuviera que entrar en helicóptero. Carstens, del partido de la canciller Merkel, había pertenecido tanto a la organización paramilitar SA o secciones de asalto, así como al partido hitleriano NSDAP.

Un ejército de nazis

En la actualidad el ejército alemán está abierto a ciudadanos de los llamados “con trasfondo migratorio”, es decir, que tengan el pasaporte alemán es suficiente aunque sus orígenes estén en otra nación. Las fuerzas armadas del país se preocupan de transmitir una imagen de modernidad y pluralidad, aunque en especial sus campañas de publicidad en las escuelas han desatado en más de una ocasión la indignación ciudadana. El servicio militar ha sido en Alemania obligatorio hasta 2011, si bien se podía sustituir por tareas sociales. En la actualidad hay unos 3.200 soldados de Alemania en diferentes misiones en Afganistán, donde aún están más de 1.200 oficiales, seguido de Mali con más de 800, Iraq con 430 y el Mar Mediterráneo con 200. Otras unidades están en Líbano, Kosovo, Sudán o Sahara. Todo ello según la propia web del ejército alemán.

La mala imagen del ejército se debe en parte a sus orígenes, ya que cuando se fundó en 1955 lo hizo con 44 generales y almirantes que habían pertenecido todos a la Wehrmacht de Hitler, a diferencia del “ejército del pueblo” (Volksarmee) de la República Democrática Alemana del este. De los 14.900 soldados profesionales que había en 1959, alrededor de 12.300 habían sido soldados del mismo ejército que arrasó Europa y 300 incluso fueron jefes de las temidas SS. Un verdadero ejército de nazis en un país democrático. Desde entonces ha llovido mucho, sin embargo, una y otra vez se han dado casos de neonazis en las filas del ejército. Es por ello que en 2017 se creó una oficina dentro del mismo para tratar cuestiones de la “tradición militar” alemana y que éstas no entren en conflicto con la democracia actual. Las pruebas de acceso además incluirían ahora un examen ideológico mas detallado que en el pasado.

Uno de los pasos en pos de la normalización del ejército ha sido la reintroducción de las condecoraciones con la Cruz de Hierro. Estas se otorgaban hasta ahora solo en caso de guerra y no se habían concedido desde la Segunda Guerra Mundial. Estar orgulloso de luchar en el ejército alemán pasó a ser una anomalía después de que el país invadiese media Europa y llevase a cabo el genocidio contra los judíos, provocando millones de víctimas. En 2007 una asociación de veteranos pidió su reintroducción y desde 2009 se concede una “medalla al honor por el valor” y desde 2010 otra con el título de “Batalla”, que han concedido sobre todo a soldados que han participado en combates en Afganistán.

La nueva mirada del ejército libre de complejos del pasado coincide en estos momentos con un auge de la extrema derecha en la sociedad. Con el partido Alternativa para Alemania como tercera fuerza reclamando que los alemanes “dejen de sentirse culpables” por su historia. Europa deberá observar con lupa el desarrollo de las nuevas aspiraciones alemanas.

https://www.elsaltodiario.com/militarismo/vuelve-el-ejercito-aleman

Misión imposible: salvar el planeta

Durante la colonización las sectas protestantes llevaron a Estados Unidos su ideología fatalista, típicamente protestante, que tiene en el “destino” sus señas de identidad. No sólo el futuro de los creyentes está en manos de dios, sino también a los pueblos y las naciones dios les ha reservado un papel que desempeñar. Es la creencia en el “pueblo elegido”.

Estados Unidos tiene una misión que cumplir en el mundo, un “destino”, de tal manera que todos los pueblos tienen que parecerse a ellos, imitarles. Estados Unidos es el modelo. Lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para el mundo.

En Estados Unidos hay un día de la independencia, otro de acción de gracias y otro para el planeta, que es el más reciente. Lo instauró Nixon el 22 de abril de 1970 se considera el comienzo del ecologismo.

A finales de la década de los ochenta la revista Time publicó lo siguiente:

“Los estadounidenses creen que Estados Unidos debe asumir un papel de liderazgo [en cuestiones ambientales]. Estados Unidos no sólo es una nación rica y tecnológicamente avanzada que está en condiciones de ayudar a otros a lograr el desarrollo sostenible, sino que tiene la responsabilidad moral de hacerlo. Después de todo, consumen una cantidad desproporcionada de los recursos del mundo […] Pero parece que el principal argumento para el liderazgo ambiental estadounidense se basa en un cierto ideal. A Ronald Reagan le encantaba elogiar el papel único de Estados Unidos como ‘ciudad en la montaña’ como modelo de democracia y libre empresa.

Ahora que gran parte del mundo parece estar avanzando hacia la democracia, Estados Unidos debería centrarse en otra misión, más urgente y aún más noble: la de salvar el planeta”.

El Día de la Tierra, lo mismo que el de la independencia, es una fiesta nacional promovida por el senador Gaylord Nelson para para concienciarnos, entre otros, sobre los graves problemas de la sobrepoblación, es decir, para imponer el malthusianismo.

Tal festividad no se puede cuestionar sin dejar de ser un buen patriota y un ciudadano ejemplar, aunque sólo dos años después Estados Unidos patrocinó la Cumbre de la Tierra de Estocolmo, la primera conferencia internacional sobre medio ambiente.

De ahí pasó a la ONU no como algo típico de Estados Unidos sino como si fuera internacional y, desde entonces, todos celebramos la lucha contra la explosión demográfica con el mismo entusiasmo que un oriundo de Oklahoma.

Aquel mismo año Nixon también aprobó la Ley de Política Ambiental, creó la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y el Consejo de Calidad Ambiental (CEQ) que asesora al presidente en la materia.

Como los demás organismos burocráticos de Estados Unidos, la EPA es un laberinto compuesto por 63 instituciones que antes se encontraban dispersas en 12 ministerios y departamentos especializados.

Desde su nacimiento Estados Unidos es un país forjado por la “wilderness”, una naturaleza agreste, que desde los años sesenta ha llenado la legislación de ese mismo salvajismo: Wilderness Act de 1964, Clean Air Act de 1970, Clean Water Act de 1972…

Además de leyes y burocracia, el ecologismo ha creado poderosos grupos de presión y fundaciones que participan de las corruptelas características de los pasillos de Washington.

El día de fiesta se le ocurrió a un publicista de Nueva York, Julian Koenig, amigo de Gaylord Nelson, porque el 22 de abril es su cumpleaños. Desde entonces la naturaleza se ha convertido en uno de los temas recurrentes de la publicidad porque a nadie se le ocurre poner en tela de juicio la necesidad de mimarla y protegerla. Un mensaje ecologista siempre es bien recibido por todos.

En Estados Unidos los ecologistas nunca han sido son pequeños colectivos contestatarios que organizan charangas por la calle. La institucionalización del ecologismo estuvo acompañado de su profesionalización desde el primer instante, lo cual exige mucho dinero. El ecologismo es la profesión de la que viven en Washington legiones de políticos, cabilderos, abogados y científicos.

En Washington el grupo de presión más importante no es el del armamento sino el ecologista. Cuando en 1983 el gobierno de Reagan cuestionó torpemente la protección de las áreas silvestres, se desataron tales presiones que obligaron a dimitir al Secretario del Interior James Watt.

No hay partidos verdes porque todos se declaran ambientalistas, como Bush, sin ir más lejos.

Los rusos tienen miedo al capitalismo

Esta semana la prensa rusa ha publicado los datos de una encuesta de opinión que explora los principales temores de los rusos. ¿A qué le tienen miedo?

Para una población que se ha sacudido de encima recientemente un gulag terrorífico, las respuestas deberían conducir hacia el pasado: “tenemos miedo de que vuelva la represión política”, debería ser la respuesta correcta.

Pero no es así. Según la encuesta los mayores temores de los rusos son los siguientes:

— el crecimiento de la injusticia social, las desigualdades entre las personas: 68 por ciento
— la disminución de los ingresos: 63 por ciento;
— la pérdida de la atención médica gratuita o la mala calidad de la atención: 58 por ciento
— el aumento del precio de los bienes y la imposibilidad de comprarlos: 58 por ciento.

El temor a los “disturbios en el país causados por manifestaciones contra las autoridades” ocupa el siguiente lugar y con un retraso significativo respecto a los anteriores: el 39 por ciento. Este miedo ha sido fabricado por una gigantesca maquinaria propagandística que intenta presentar cualquier manifestación como el producto de intrigas externas. Incluso cuando los residentes de una aldea o pueblo remoto protestan contra el cierre de una escuela u hospital, la propaganda habla de agentes del Departamento de Estado. Sin embargo, ese 39 por ciento es todo lo que las autoridades pudieron lograr con la ayuda de la propaganda a gran escala.

Los demás temores son consecuencia del capitalismo, como el miedo a perder un trabajo, que temen un 35 por ciento de los encuestados.

La evocación de Stalin lo que suscita es esperanza. En las conversaciones corrientes, los rusos recurren a las referencias a Stalin como contraste con lo que ven ahora, especialmente para denunciar la corrupción.

https://kprf.ru/party-live/cknews/189388.html

Trump indulta a los soldados condenados por cometer crímenes de guerra en Irak y Afganistán

Los matarifes se van de rositas
Ayer Trump indultó a un ex soldado estadounidense condenado por asesinato y a otro acusado de apuñalar a un talibán.

Los indultados son el teniente primero Clint Lorance, condenado por ordenar en 2012 disparar a un grupo de tres civiles afganos, dos de los cuales murieron. Este oficial ya ha cumplido seis años de prisión de los 19 años de su condena.

“Muchos estadounidenses han pedido clemencia para Lorance, entre ellos 124.000 personas que firmaron una petición a la Casa Blanca, así como varios miembros del Congreso de Estados Unidos”, dijo Trump ayer en una declaración.

Trump también indultó a un miembro de los Boinas Verdes, una unidad de élite del ejército estadounidense, por el asesinato premeditado en 2010 de un talibán sospechoso de fabricar bombas.

Por último, el Presidente revocó la decisión de degradar a Edward Gallagher, un soldado de otra unidad de élite, los Navy Seals, acusado de apuñalar hasta la muerte a un joven detenido del Califato Islámico en Irak, y de asesinar a otros civiles.

Gallagher fue absuelto de la mayoría de los cargos en julio, pero fue condenado por haber posado con otros mercenarios de los Seals para una foto que le mostraba con el cuerpo del joven detenido y asesinado.

“¡Felicitaciones al Navy Seal Eddie Gallagher, a su maravillosa esposa Andrea y a toda su familia. Han soportado todo esto juntos. Me alegro de haber podido ayudar!”, dijo Trump en un mensaje publicado en Twiter en julio.

“No hay suficientes palabras para expresar mi gratitud y la de mi familia a nuestro Presidente, Donald J. Trump, por su decisión e intervención”, reaccionó Gallagher en Instagram.

El almirante estadounidense retirado James Stavridis, que fue un alto dirigente de la OTAN, se ha opuesto firmemente a estos indultos. “Dirigí a varios de los soldados a quienes [Trump] podía indultar”, dijo en un artículo de la revista Time. “Perdonarlos debilitará al ejército”, añadió.

Los indultos son “una afrenta a la idea de orden y disciplina y al estado de derecho”, dijo Pete Buttigieg, un veterano de la Armada de Estados Unidos y candidato a las elecciones presidenciales primarias demócratas del año que viene.

‘Si la tortura funciona, ¿hace falta practicarla 183 veces en un mismo prisionero?’

Durante siete años, un investigador del Senado estadounidense, Daniel J. Jones, trabajó en un informe acerca de los métodos para interrogar prisioneros que la CIA implementó tras el 11 de septiembre de 2001. El resultado fueron 6.700 páginas que demostraron que los espías torturaban, ocultaban esas prácticas y, además, no obtenían ninguno de los resultados que buscaban con esas prácticas aberrantes.

“Si la tortura funciona, ¿hace falta practicarla 183 veces en un mismo prisionero?”, pregunta un verdugo de la CIA en la película “The Report”, dirigida por Scott Z. Burns, un especialista en escribir guiones basados total o parcialmente en investigaciones, como El desinformante o La lavandería. Ahora, a cargo tanto del guion como de la dirección, se enfrentaba al desafío de convertir un mamotreto árido y farragoso en una ficción atractiva. Lo logra sólo a medias: “The Report” no es tanto una película de suspense como una lección sobre el funcionamiento de la burocracia estadounidense.

Burns muestra todo el proceso de realización del informe de Jones y se las ingenia para sacar agua de las piedras, explotando al máximo el escaso material dramático que puede proveer una tarea burocrática. Porque la mayor parte de esos siete años, Jones se los pasó encerrado en un sótano sin luz natural revisando correos electrónicos, memorandos y otros documentos internos de la CIA. Era todo lo que el acuerdo entre la agencia y el Senado le permitía: no podía entrevistar agentes.

Aun así, su obsesión por el trabajo le permitió llegar a conclusiones lapidarias y sólidamente fundadas. Para amenizar la lectura de esos papeles, tan apasionantes como una escritura inmobiliaria, hay “flashbacks” que recrean las prácticas de los torturadores de la CIA que aplicaron “técnicas de interrogatorio mejoradas”, un eufemismo para evitar la palabra “tortura”. Las famosas fotos de la cárcel de Abu Ghraib parecen un juego en comparación a lo que se muestra la película.

En paralelo están las intrigas palaciegas, las presiones políticas por las consecuencias que traería la publicación del informe. Con constantes diálogos explicativos, la película mantiene el tono didáctico para evitar que nos perdamos lo menos posible en los pasillos de la burocracia estadounidense y poder transmitir un mensaje propagandístico de n¡buena esperanza: a pesar de todo la democracia estadounidense goza de buena salud.

Democracia significa que haya al menos dos partidos y circos electorales cada cierto tiempo. Lo demás no importa, no tiene que ver con la democracia. No importa la salud, ni la vivienda, ni la educación, ni el paro, ni la guerra… Nada de nada.

Arabia saudí marcha hacia la bancarrota económica según el antiguo director de la CIA

“Arabia saudí necesita realizar la oferta pública inicial de su empresa petrolera nacional [Aramco] para compensar sus pérdidas financieras. Tiene que atraer inversión extranjera y, francamente, necesita ese dinero”, dijo ayer el antiguo director de la CIA, David Petraeus, a CNBC.

“De hecho, Arabia saudí se está moviendo hacia la bancarrota. El fondo soberano  de inversiones se ha reducido. Ahora tiene menos de 500.000 millones de dólares”, dijo el general David Petraeus, actualmente presidente del KKR Global Institute.

“Los déficits presupuestarios cada año, dependiendo del precio del crudo Brent, pueden variar de 40.000 millones a 60.000 millones de dólares, dependiendo de algunas de sus actividades en los países de la región”.

“La conclusión es que necesitan dinero. Sin inversiones externas es imposible que la ‘Perspectiva 2030’ del príncipe heredero pueda materializarse”.

Arabia saudí tiene la intención de sacar a bolsa una parte de su gigante petrolero Saudi Aramco, la empresa más rentable del reino, en diciembre.

Este plan fue anunciado por primera vez en 2016 por el actual príncipe heredero, Mohammed Bin Salman.

Este paso forma parte del programa de reforma económica y social “Perspectiva 2030” de Mohammed Bin Salman, diseñado para diversificar la economía del reino y reducir su dependencia del petróleo.

http://spanish.almanar.com.lb/373353

Las pérdidas oculares a causa de los disparos de los Carabineros estremecen a Chile

Cristopher Rodrigo
El 21 de octubre fue el primer y el último día que Cristopher Rodrigo, de 24 años, salió a la calle a manifestarse contra la desigualdad en Chile. No le dio tiempo a correr. Un carabinero le disparó un balín a menos de cinco metros de distancia y perdió totalmente la visión en el ojo izquierdo.

«Todo fue muy rápido, pero aún recuerdo la cara del agente», dice en la sala de espera de un hospital de la capital chilena. Está tomando pastillas para dormir y «controlar la rabia» y, aunque el dolor ha bajado de intensidad, cada cierto tiempo siente un fogonazo «insoportable» en el ojo.

Rodrigo es una de las casi 200 personas con heridas oculares causadas por perdigones disparados por las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones sociales que estallaron en Chile hace cuatro semanas y que han causado una veintena de muertos y miles de detenidos.

«No quiero volver a marchar, tengo un miedo enorme a que me pase algo en el otro ojo», reconoce con un hilo de voz.

La mayoría de los que tienen lesiones en los ojos -197, según el último reporte del estatal Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH)- están recibiendo tratamiento en la Unidad de Trauma Ocular del Hospital del Salvador, un departamento acostumbrado a lidiar con accidentes menores y convertido en termómetro de la brutalidad policial.

Pasar una mañana en su sala de espera es asistir a un goteo constante de «cabros» con parches en los ojos, nombre popular con el que se conoce a los jóvenes en Chile.

«El número de traumas severos es impresionante. Llevo 15 años trabajando en este hospital y nunca había visto nada igual», reconoce la oftalmóloga Rosa Valsec tras sacarle un balín inscrustado en el lacrimal a otro joven con un diagnóstico de «estallido del globo ocular».

Los proyectiles impactan «con mucha fuerza», posiblemente por la corta distancia a la que son disparados, y generan una «brutal» destrucción: «Muchos pacientes van a necesitar cuatro o cinco operaciones y rehabilitación intensa porque cuando se pierde un ojo hay que reaprender las distancias y la orientación espacial», lamentó la doctora.

Las manifestaciones, que comenzaron por una subida en el billete de metro y se convirtieron luego en un clamor popular contra el Gobierno de Sebastián Piñera y el desigual modelo económico heredado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), transcurren en su mayoría de forma pacífica, aunque también se han registrado episodios de violencia, saqueos y destrucción de mobiliario público.

Las asociaciones de derechos humanos denuncian que las fuerzas de seguridad disparan de manera arbitraria contra cualquier manifestante y hay varias misiones internacionales en el país investigando la represión y los abusos policiales.

La ONU llegó incluso a pedir la semana pasada el cese de balines y perdigones en las protestas, pero el Gobierno hasta ahora solo se ha comprometido a «limitar» su uso e insiste en amplificar la dimensión violenta del estallido social.

«El número de heridos oculares es tal que a uno le hace pensar que es intencional. Los que reciben los balines no son los que provocan los incendios o los que saquean, son los que se manifiestan pacíficamente», advirtió este martes Ennio Vivaldi, rector de la estatal Universidad de Chile, a la que pertenecen muchos de los lesionados.

Ariel Flores, de 24 años, es uno de esos jóvenes que protestaba en un ambiente festivo junto a un grupo de amigos en Plaza Italia -el epicentro del estallido social y renombrado por los manifestantes como «Plaza Dignidad»- y a quien le llovió un perdigón desde un camión lanza-aguas.

Por la cantidad de sangre que tuvo aquel 28 de octubre supo desde el principio que había perdido el ojo derecho: «Me sacaron una parte del globo ocular y me la rellenaron con silicona para no perder la forma y poder ponerme una prótesis en el futuro».

«Yo no me puedo imaginar como alguien como Piñera puede seguir impune. Los carabineros siempre fueron agresivos, pero ahora están descontrolados», afirma enojado mientras espera su  turno en la misma sala de espera y califica de «burla» el reciente lanzamiento por parte del Gobierno de un programa gratuito de reparación ocular.

El que tuvo mejor suerte y pudo conservar ambos ojos fue Cristian Pozos, un terapeuta de 31 años. Los voluntarios de la Cruz Roja le pudieron sacar en plena protesta un perdigón de la zona del tabique nasal cercana al lacrimal y ahora se encuentra a la espera de que le extirpen otro proyectil, pero los médicos están casi seguros de que no va a perder visión.

«La calle es el derecho más sagrado que tenemos y vamos a seguir defendiéndolo», asegura, convencido de que el estallido social está lejos de apaciguarse.

https://www.eldiario.es/politica/perdidas-oculares-represion-manifestantes-Chile_0_963104588.html

¿Cuáles son los intereses que persigue el imperialismo alemán en la Guerra de Libia?

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, viajó a Libia para poner fin a la guerra. Es una parte de su visita a Turquía y África del norte, a donde llegó el domingo.

El gobierno alemán pretende convocar una conferencia internacional sobre el país norteafricano para adquirir influencia en el norte de África.

La Guerra de Libia no ha disminuido en intensidad desde 2014. En abril las milicias de Jalifa Haftar, cuyo poder está bien establecido en el este del país, luchan contra otras milicias que apoyan al llamado Gobierno de Unidad Nacional establecido en Trípoli, la capital del país.

Ambas partes tienen apoyo extranjero. Haftar cuenta con la ayuda de Egipto y Emiratos Árabes Unidos, mientras el Gobierno de Unidad Nacional recibe el apoyo de Turquía. La ayuda incluye suministros de armas, algunas de las cuales son alemanas, a pesar del embargo internacional ordenado por la ONU.

Berlín es la enfermedad y quiere ser el remedio. Los imperialistas y la ONU comparten la responsabilidad de la situación en Trípoli y Alemania tiene su cuota en la desoladora situación del país norteafricano porque los soldados alemanes participaron en las tropas de la OTAN que atacaron Libia en 2011. La OTAN no sólo destruyó Libia como Estado sino también como sociedad.

A principios de 2016 el gobierno alemán también desempeñó un papel clave en el establecimiento del llamado Gobierno de Unidad Nacional, dirigido por el Primer Ministro Fayez AlSarraj, principalmente para utilizarlo como tapadera y evitar los flujos de refugiados. En ausencia de un poder independiente, el gobierno libio de unidad nacional se convirtió rápidamente en una mera fachada detrás de la cual los grupos armados y sus intereses asociados mueven los hilos (1). De hecho, Trípoli está dominado por una red de grupos armados que mezclan círculos empresariales, políticos y burocráticos.

Después de 2011 y 2016 estamos ante el tercer intento de los imperialistas alemanes de controlar la situación en Libia para reforzar su influencia en el norte de África. En septiembre de este año Merkel dijo en el Bundestag que la Guerra de Libia es una amenaza de escalada hacia una guerra de poder total, como en Siria. Berlín considera que es necesaria una intervención inmediata para evitarlo.

Los imperialistas necesitan reconstruir lo que destruyeron en 2011. El embajador alemán en Trípoli, Oliver Owcza, ha anunciado que su país planea organizar una conferencia internacional sobre Libia  a celebrar en Berlín y ya han comenzado los preparativos. La iniciativa la llaman “Proceso de Tres Pasos”: un alto el fuego, una conferencia internacional y una reunión de las partes en guerra (2).

El viaje de Maas a Libia tiene como meta el “Proceso de Tres Pasos”. En le país norteafricano Maas está llevando a cabo conversaciones con dirigentes libios del gobierno de Al-Sarraj en la ciudad costera de Zuwara, al oeste de Trípoli.

El ministro alemán ha dicho a los medios que el problema fundamental de Libia es la influencia extranjera, lo cual sólo se le ocurre decir a un tonto de remate. ¿No es él extranjero?, ¿no es él responsable de la guerra?

Lo que Maas quería decir es que Libia es el teatro de operaciones en que se juegan la contradicciones entre las grandes potencias imperialistas y sus sicarios sobre el terreno, cuyo radio de acción va más allá del norte de África. Por ejemplo, Alemania apoya a Al-Sarraj mientras Francia apoya a Haftar.

El ministro no tardó en darse cuenta del alcance de dicho radio de acción cuando tuvo que salir por piernas apresuradamente debido a los rumores de un inminente ataque aéreo.

El ejército alemán lleva 18 años en Afganistán, 6 años en Mali, otros tantos -por lo menos- en Siria y bajo la ropa de camuflaje de la OSCE tiene las manos metidas en el charco ucraniano…

(1) Wolfram Lacher, Das Milizenkartell von Tripolis, SWP-Aktuell, núm. 28, mato de 2018. Ver también “Die nächste Runde im libyschen Krieg”
(2) Mirco Keilberth, Maas von Ufo zur Abreise bewogen, 29 de octubre de 2019

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