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Autor: Redacción (página 767 de 1359)

Francia se aleja de la OTAN para acercarse a Rusia

Para la guerra siempre hay dinero y la OTAN incrementa los gastos militares hasta los 400.000 millones de dólares (1), pero Francia no quiere pagar la factura y Estados Unidos tampoco.

La OTAN es sobre todo Europa y la contribución financiera de Estados Unidos para la defensa del Viejo Continente, llamada Iniciativa Europea de Disuasión, va a disminuir el año que viene hasta los 5.900 millones de dólares.

Cada uno de los 29 aliados contribuye al presupuesto de la OTAN en función de su peso económico, que en el caso de Estados Unidos supone el 22 por ciento del total, seguido de Alemania con un 15 por ciento y Francia con el 10,5 por ciento.

Esas proporciones cambiarán a partir del próximo año, ya que Estados Unidos quiere reducir significativamente su contribución a la OTAN hasta el 16,35 por ciento y Alemania elevará su participación al mismo nivel, mientras que los demás países miembros han acordado pagar más… excepto Francia, cuya participación se mantendrá en el 10,5 por ciento.

Macron cree que el acuerdo puede crear un precedente que permita a Estados Unidos reducir sus contribuciones a los presupuestos de otras organizaciones internacionales.

Mientras las relaciones de Francia con la OTAN nunca han sido deslumbrantes, Merkel ha dicho que la Alianza les interesa ahora más que en la Guerra Fría. Por el contrario Macron la ha  calificado “en estado de muerte cerebral”. ¿Para qué seguir poniendo más dinero?

El Presidente francés cada vez se parece más al “candidato manchú” y no sólo en lo que respecta a Ucrania. Si hacemos caso a lo que escribió el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung el miércoles (2), el asunto es muy serio. Francia pretende abandonar la estrategia de la OTAN para estudiar la oferta de Putin: imponer una moratoria sobre los misiles nucleares FNI (mediano alcance) en Europa.

Al día siguiente lo desmintió en una rueda de prensa con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltemberg, pero dio la impresión de que hablaba con la boca pequeña e incluso ha escrito una carta a Putin en la que se muestra dispuesto a volver al tratado sobre limitación de misiles de alcance medio.

“El mundo ha cambiado. El Telón de Acero ha caído. Eso significa hoy volver a algunos temas esenciales en ese campo, a través de un diálogo lúcido con Rusia, robusto y exigente”, dice Macron, quien asegura que tiene voluntad de diálogo con Rusia porque es “imperativo abordar este tema de frente dentro de la Alianza”, añade.

El diálogo entre Europa y Rusia debe crear las condiciones para “una soberanía europea más fuerte”, opina Macron, que es exactamente lo contrario de lo que dijo Stoltemberg en la misma rueda de prensa: una Europa fuerte exige una OTAN también fuerte.

(1) https://mazo4f.com/y-eso-para-que-otan-incrementara-gastos-militares-a-400-mil-millones-de-dolares
(2) https://www.faz.net/aktuell/politik/ausland/macron-will-putins-angebot-fuer-raketen-moratorium-pruefen-16506811-p2.html

El retroceso de los glaciares alpinos es sólo la mitad de su historia

Ladera del monte Tschierva, en los Alpes
Desde finales del siglo XVIII los científicos suizos fueron los primeros que se preocuparon por los glaciares porque en aquella época la industria turística les puso el dinero encima de la mesa para averiguar el porvenir del negocio. No sólo descubrieron que los glaciares alpinos retrocedían sino que lo mismo les ocurría a otros glaciares del planeta. En fin, descubrieron las glaciaciones que, como ya hemos dicho, es uno de los mayores descubrimientos en la historia de la ciencia.

En su retroceso los glaciares levantan la sábana de hielo y dejan ver la historia que hay debajo. Cuando los glaciares avanzan lo vuelven a tapar todo.

Christian Schlüchter, profesor de geología de la Universidad de Berna, se dedica a estudiar los restos que dejan al descubierto los glaciares suizos. Algunos de esos restos son leños y turba que se encuentran en los frontales de los glaciares y su fecha se puede datar.

Los restos orgánicos demuestran que en un determinado momento, hace miles años, en su avance el glaciar arrasó un bosque y lo dejó enterrado, es decir, que creció de tamaño y luego retrocedió. Hablar constantemente del retroceso de los glaciares es contar sólo la mitad de la historia.

“Hasta ahora todos estábamos convencidos de que los Alpes siempre habían estado cubiertos de hielo y de magníficos glaciares. Hoy sabemos que esa hermosa imagen es falsa: durante al menos la mitad de los últimos 10.000 años los glaciares suizos cubrieron menos superficie de lo que cubrían en 2005”, escribe Schlüchter.

Durante una determinada época los glaciares suizos crecieron y ahora están en retroceso porque el planeta y todo lo que hay en él, lo mismo que las personas, están en movimiento, en un interminable proceso de cambio, de desarrollo y de extinción, tanto si se trata de seres vivos como de materia inerte. Para que el planeta y lo que hay en él se muevan no es necesaria la intervención de la humanidad, ni de la industria, ni del capitalismo.

En la naturaleza la estabilidad no existe y los glaciares alpinos retroceden desde una época anterior al desarrollo industrial. Los dialécticos antiguos lo llamaban “motu propio”: los glaciares se mueven por sí mismos, por su propio impulso, por automovimiento.

Schlüchter empezó analizando sistemáticamente el glaciar Tschierva, en el cantón de los Grisons, y el glaciar Unteraar, en el de Berna, y luego amplió las conclusiones obtenidas a todos los glaciares alpinos, mostrando un escenario coherente de su historia desde el final de la última glaciación.

Según Schlüchter, en los últimos 10.000 años los glaciares han experimentado doce períodos de avance y retroceso, algunos de los cuales son más prolongados que otros, con duraciones que a veces se miden en siglos y otras en milenios.

Así algunos de los restos de árboles que han aparecido bajo los frontales de los glaciares podrían tener hasta 6.000 años de antigüedad. En un antiguo glaciar en el que ahora no vemos más que rocas, antes hubo hielo y antes un bosque. Lo que no hubo nunca fue esa estabilidad de la que ahora hablan tanto.

En determinadas épocas, el límite entre la zona de acumulación y la de ablación ha remontado más de 300 metros. Los glaciares cambian y, en determinadas, épocas cambiaron mucho más rápidamente que en la actualidad. Sin embargo, no todos cambian al mismo tiempo, ni al mismo ritmo. Mientras los periodos de enfriamiento son lentos, dice Schlüchter, los de calentamiento son mucho más rápidos.

Por más que los seudocientíficos digan otra cosa, las causas del avance y el retroceso de los glaciares no se conocen más que de forma muy imprecisa. Ciertamente la temperatura es una de ellas, pero también lo son las precipitaciones, la humedad y los vientos dominantes.

En opinión de Schlüchter, la temperatura es la causa principal del retroceso de los glaciares y en ciertos momentos de la historia la temperatura ha sido entre 1 y 1,5 grados centígrados más alta que en la actualidad.

En los últimos 10.000 años se han producido doce fases de retroceso de los glaciares alpinos, según Schlüchter. Hace unos 7.000 años, en ellos había mucho menos hielo que hoy y no es exagerado decir que muy probablemente el hielo había desaparecido por completo.

Los períodos de menos hielo en los Alpes coinciden con épocas de intensa actividad solar, según mediciones del berilio 10 que se forma durante dichos períodos. El análisis de la madera fósil permite determinar los patrones de precipitación en el momento del crecimiento de los árboles, lo que también proporciona información sobre el clima del pasado.

Durante el Imperio Romano los glaciares también se redujeron drásticamente. Hace 2.000 años apenas había nieve en las cumbres más altas de la cordillera y por eso Aníbal pudo cruzar los Alpes con sus elefantes para atacar a las legiones. Según Schlüchter entonces las temperaturas eran aproximadamente un grado más cálientes que las actuales.

Si en el Imperio Romano hubiera habido seudoecologistas, estarían mucho más asustados que hoy.

Más información:
Una de las mayores revoluciones científicas: el descubrimiento de las glaciaciones

Ucrania quiere eliminar las últimas conquistas de los trabajadores heredadas de la época soviética

En Ucrania han cambiado las denominaciones de las calles en nombre de la lucha contra la dictadura comunista.

Han quitado las estatuas de Lenin y de los dirigentes bolcheviques en nombre de la lucha contra la dictadura comunista.

Han cambiado los nombres de las ciudades en nombre de la lucha contra la dictadura comunista.

Ahora eliminan también las conquistas de la clase obrera soviética con el mismo pretexto de siempre: la lucha contra la dictadura comunista.

El ministro de Desarrollo Económico, Comercio y Agricultura de Ucrania, Timofei Milovanov, se ofende en su página de Facebook por el hecho de que todavía existe una norma que exige la distribución gratuita de leche para los trabajadores con ocupaciones duras o penosas, una norma introducida por Lenin desde 1918.

“En Ucrania, un país europeo moderno del siglo XXI, sigue vigente una norma introducida en 1918 por Vladimir Lenin”, escribe Milovanov horrorizado. “Es el canon soviético de la leche cuando las condiciones de trabajo son difíciles”.

Primero Lenin, al frente del gobierno soviético, ordenó que se diera leche gratuitamente a los trabajadores de una fábrica que en los inicios de la revolución padecían carestía. Un año después la norma se amplió a muchas empresas industriales para reforzar la salud de los trabajadores.

“Han pasado más de 100 años, pero el comunismo aún está en nuestro Código Laboral”, añade el ministro ucraniano en Facebook. “Por ley cada trabajador debe recibir medio litro de leche al día. Si una vaca, por ejemplo, da 20 litros al día, entonces se necesitan 2,5 vacas por cada 100 trabajadores. Las ventajas de este refuerzo de leche son cuestionables”, considera el ministro.

En los comentarios, los lectores se indignan con Milovanov porque ataca un derecho que hasta ahora estaba considerado como “sagrado” y le recuerdan lo que hizo Thatcher con los mineros ingleses a mediados de los años ochenta.

El artículo 222 del Código del Trabajo de Rusia mantiene el derecho de los tiempos soviéticos, obligando a las empresas a entregar medio litro de leche a sus trabajadores.

En 2009 la norma de flexibilizó un poco: con el acuerdo escrito del trabajador, la leche se puede sustituir por una prima equivalente al precio de medio litro de leche al día, o bien sustituir la leche por productos cárnicos, si las sustancias tóxicas liberadas por la producción no se eliminan suficientemente bien con leche, de acuerdo con el Ministerio de Sanidad.

http://timer-odessa.net/news/ministr_milovanov_pokusilsya_na_leninskoe_moloko_za_vrednost_624.html
http://timer-odessa.net/news/ministr_ekonomiki_ukraini_ya_ne_skrivayu_chto_ya_debil_182.html

El modelo Maidan en Oriente Medio: emerge la ‘tercera fuerza’ en las manifestaciones de Irak

Líbano, Irak, Irán… Oriente Medio se encamina de nuevo hacia una etapa de desestabilización cuya dinámica empieza a ser familiar, por ejemplo, cuando en Bagdad los manifestantes queman un edificio diplomático iraní. Si protestan contra la política del propio gobierno, ¿por qué atacar a un Estado extranjero?

En las manifestaciones de Irak, que empezaron siendo pacíficas hace dos meses, han comenzado los tiroteos y los medios de intoxicación sólo hablan de los muertos de un lado, dando la impresión de que la policía está disparando contra los que protestan en las calles. Es cierto, pero también algunos manifestantes están disparando contra la policía… y contra otros manifestantes, lo cual apesta a Maidan.

“No son las fuerzas de seguridad nacional irakíes las que están matando a los manifestantes”, dijo el ministro de Defensa irakí, Najah Al-Shammari. “Hay un tercero que dispara a los manifestantes para provocar su enfrentamiento con las fuerzas de seguridad”. Se está haciendo para desestabilizar a Irak, añadió el ministro.

En Irak se habla, pues, de una “tercera fuerza” que no son manifestantes exactamente, pero tampoco policías. Es el modelo Maidan.

Al principio los manifestantes exigían reivindicaciones contra las que nadie puede estar en desacuerdo, como mejores condiciones de vida, lucha contra el desempleo y la corrupción… Como es corriente, después a ese tipo de exigencias se añadieron las de tipo político, como la dimisión del gobierno. Entones empezaron a oirse los primeros disparos, que estaban dirigidos contra la policía y el ejército, que respondieron de la misma manera.

A mediados de mes las explosiones resonaron en la Plaza Tahrir de Bagdad. El Comité de Derechos Humanos del Parlamento irakí emitió una declaración en la que afirmaba la presencia de un partido que busca desestabilizar la seguridad y extender el caos por el país. Los diputados pidieron la cooperación entre la policía y los convocantes de las manifestaciones para evitar la “infiltración del tercero” que organizó las explosiones.

Recientemente, en una entrevista en la televisión jordana, Qais Al-Jazali, dirigente de la organización militar chiíta Asaib Ahl Al-Haq (Liga de los Virtuosos), acusó a Washington y Tel Aviv de estar detrás de muchos de los asesinatos de manifestantes y disturbios en el país. Al-Khazali exigió una investigación para averiguar quién ordenó disparar contra los manifestantes.

En medio de la crisis, el Vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, visita Irak, empezando por la base mililtar de Ain Al-Assad y luego la base de Erbil, la capital del Kurdistán irakí, donde se reunió con el Presidente regional, Nechirvan Barzani. Pence le expresó a Barzani “los fuertes lazos que surgieron en el calor de la guerra entre los pueblos de Estados Unidos y el pueblo kurdo en esta región”, poco después de que hubieran traicionado a los kurdos en Siria.

El viaje de Pence se produce inmediatamente después de que los parlamentarios irakíes exigieran la retirada de las tropas estadounidenses de su territorio.

Con la desestabilización, Estados Unidos quiere provocar la desintegración de Irak. En el Kurdistán irakí, donde las empresas estadounidenses están muy presentes, no no ha habido protestas.

En Kirkuk, una región rica en petróleo que los kurdos reclaman para sí, han resurgido las bandas yihadistas.

Las manifestaciones actuales son seculares. Una de las reivindicaciones es la eliminación de la afiliación religiosa dentro de la Constitución y de las instituciones públicas. Algunos hablan de la emergencia de un nuevo nacionalismo en la Plaza Tahrir, donde han instalado un campamento de tiendas de campaña. No sería nada nuevo sino una continuación del antiguo partido Baath… el de los tiempos de Sadam Hussein.

Ahora bien, Estados Unidos y Arabia saudí están en contacto con representantes del viejo Baath para llevarlo de vuelta a Irak. El verano del año pasado una delegación del Baath negoció con Jared Kushner, yerno y asesor de Trump, el regreso del partido a Irak con un nuevo nombre. Por su parte, para tener un hueco, la Constitución debería ser laica.

La “tercera fuerza” es, pues, la que persigue la erradicación de la influencia iraní en Irak, la quiebra del eje construido por Teherán en Oriente Próximo a lo largo de los años, que incluye, además de Irak, a Siria, a Líbano y a Yemen. De ahí que las fuerzas políticas irakíes vinculadas a Irán se mantengan alejadas de las protestas y que la desestabilización se haya extendido también a Irán.

Lo mismo que en Líbano, el ayatolah Ali Al-Sistani, por una parte apoya las manifestaciones, siempre que sean pacíficas y, por la otra, hace un llamamiento a las instituciones para que lleven a cabo reformas económicas y sociales.

Amnistía: el hilo conductor de las luchas contra la represión

Los Estados español y francés nos han dejado durante las últimas semanas claros ejemplos de su actitud, desde las condenas impuestas a cinco militantes de ETA por la Audiencia Nacional, hasta las cadenas perpetuas que la Sala de Aplicación de Penas de París mantiene contra Lorentxa Beyrie y Xixtor Haranburu; desde Altsasu hasta Catalunya; desde las cargas policiales contra los trabajadores del metal hasta la detención de dos jóvenes de Legutio; desde los detenidos en Euskal Herria por movilizarse a favor de Catalunya, hasta los 22 imputados de Maravillas Gaztetxea.

Nuestro movimiento denuncia sin paliativos la actividad represiva de los Estados y desea mostrar su solidaridad a todas las personas que la sufren. Igualmente, queremos denunciar otra vez el intento por robar el carácter político de determinados presos y presas, y debemos decir que de ninguna de las maneras aceptamos la definición del concepto de “preso político” que están haciendo desde los sectores progres y socialdemócratas. No aceptamos marginaciones según el modelo de lucha utilizado.

Son los complejos de quienes viven en lo políticamente correcto los que crean la necesidad de hacer diferencia entre presos políticos. Necesitan argumentos fáciles, no trabajados. Por eso las causas que son fáciles de asimilar socialmente según el status quo impuesto, tienen más éxito cuando este es medido en términos cuantitativos, que no cualitativos. La política 
convertida en marketing.

Si para denunciar las injusticias que sufren unos tenemos que afianzar las que sufren otros, entonces estaremos desarrollando una estrategia contraproducente y cortoplacista. 

Queremos recordar que lo que convierte en político a un preso no es el no haber utilizado la violencia, sino estar en la cárcel por su defensa activa de las libertades colectivas, sobre todo si no ha renegado de su carácter político y no perjudica con su recorrido a las condiciones de vida del resto de presos.

Entrando en los detalles sobre nuestra línea política, desde el primer día ha sido prioridad para nuestro movimiento defender el carácter político del conflicto por medio de la reivindicación de la existencia de represaliados y represaliadas políticas, y a la reivindicación de la amnistía le hemos querido sumar ahora la defensa de la legitimidad de la lucha. 

Somos conscientes de que el tiempo avanza y que, mientras se cierra el ciclo de lucha anterior, se están creando nuevos espacios de lucha. En cualquier caso, lo que vemos claro es que son esas ansias de lucha lo que las distintas generaciones tienen en común, y que la reivindicación de la amnistía es el hilo conductor que une a todas.

Todavía hay presos y presas a los que, como consecuencia del ciclo anterior, aún les quedan décadas de condena de prisión, y como consecuencia de las luchas de hoy y del futuro se  generarán, y ya se están produciendo, nuevos presos. La amnistía, por lo tanto, seguirá siendo una reivindicación imprescindible durante las próximas décadas. Es por ello que hemos decidido situar la lucha como eje a la hora de reivindicar la amnistía. En este instante en el que nos quieren convertir en un pueblo dócil, queremos impulsar un pueblo luchador en el camino de la consecución de la libertad nacional y social.

El 30 de noviembre  queremos marcar un punto de inflexión en esta actitud, y ese día llevaremos a cabo una manifestación nacional a partir de las 18:30, bajo el lema “Borrokatzea zilegi delako, amnistia osoa!”.

Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión

Ucrania es uno de los vertederos yihadistas que utiliza la OTAN para refugiar a sus sicarios

No descubrimos nada nuevo al decir que Ucrania es uno de los vertederos que utiliza la OTAN, junto a otros como Afganistán. Entre otras cosas, las guerras imperialistas y los golpes de estado sirven para destruir determinados países que sirven de retaguardia para el elenco de sicarios de la peor calaña, nazis y yihadistas, que no están tan lejos unos de otros como algunos suponen porque a ambos los une la OTAN.

Ni Afganistán es el paraíso sólo del yihadismo ni Ucrania el del nazismo exclusivamente. Tanto Rusia como las Repúblicas del Donbas han venido denunciando desde hace años que la OTAN utiliza a Ucrania como escondite de los yihadistas. La intervención de Rusia en la Guerra de Siria sólo se produce después de las lecciones aprendidas por el Kremlin en 2014 con el Golpe de Estado de Maidan.

Nadie hizo caso nunca a algo que estaba considerado como pura “propaganda rusa” (1), hasta que la semana pasada lo publicó The Independent en grandes titulares: “Cómo se ha convertido Ucrania en el hogar de los dirigentes del Califato Islámico que han huído de Irak y Siria” (2).

El detonante del artículo fue la detención en Ucrania el 15 de noviembre de Al-Bara Shishani, un dirigente yihadista que huyó de Siria tras fingir que había muerto en un bombardeo aéreo. En realidad llevaba varios años viviendo escondido en Ucrania y, naturalmente, no es el único.

Shishani, “ministro de la Guerra del Califato Islámico”, como lo llamó el Pentágono (3), salió de Siria a través de Turquía con documentación falsa, desde donde llegó a Ucrania. Hace tres años, uno de los que le reclutaron para el Califato Islámico, Shatayev, fue detenido en Uzhgorod, Ucrania occidental, y llevado ante un juez, por una petición de Rusia dirigida a la Interpol. Naturalmente, Shatayev nunca fue extraditado a Rusia y pudo volver a esconderse en Georgia.

A nadie le puede extrañar que este tipo de cosas ocurran cuando Rusia está por medio. El responsable del juicio de Shatayev fue Yuri Lutsenko, a quien luego ascendieron a Fiscal General del Estado por presiones de Joe Biden sobre Poroshenko y el gobierno ucraniano. Para presionarle, a Lutsenko le acusaron de corrupción y liberó al dirigente yihadista buscado por la Interpol.

Una periodista de Kiev, Katerina Sergatskova, investigó el caso y la presencia de Shatayev en Ucrania pero no hizo ningún caso a las informaciones que procedían de Rusia de que en su país, Ucrania, hay campos de entrenamiento para yihadistas dirigidos por la OTAN.

Ni siquiera The Independent es capaz de llegar ahora hasta el fondo de los hechos. Más bien los encubre recurriendo a los tópicos: la falsificación de los pasaportes y la estancia de los yihadistas en Ucrania está favorecida por la corrupción y la incompetencia de la policía y los tribunales ucranianos. Sin embargo, uno de los entrevistados en el reportaje reconoce que el gobierno de Kiev no quiere acabar con la corrupción y la incompetencia de los policías a su servicio. No le interesa.

A pesar del cambio a los pasaportes biométricos, los yihadstas los obtienen sin problemas por unos 5.000 dólares en el mercado negro, dice The Independent. Pero ese mercado negrono existe, no es nada diferente del SBU y la propia policía ucraniana, que se los entregan a los yihadistas de manera encubierta, lo cual explica que los pasaportes biométricos de los yihadistas son auténticos y no pasaportes falsos comunes, fácilmente detectables.

Pero eso no es todo: los yihadistas están luchando en el Donbas, como viene denunciando la “propaganda rusa”, y por eso disfrutan de la tutela del servico secreto ucraniano. Lo mismo que los nazis, los yihadistas son carne de cañón a los que la OTAN puede recurrir en cualquier guerra, sea sagrada o no. Son el Gladio del siglo XXI.

Ya que hablamos de los pasaportes auténticamente falsos del SBU, hay que advertir que la Unión Europea ha eximido a Ucrania de visados, por lo que los yihadistas pueden llegar muy fácilmente a Europa occidental, que es de lo que se trata. Por lo tanto, cuando se cometa un atentado yihadista en Bruselas, o en Madrid, o en Viena, no se sorprendan al leer que los autores habían llegado en un avión procedente de Kiev o que tenían pasaporte ucraniano; no digan que no sabían nada, no se encojan de hombros como hará el ministro de Interior en la rueda de prensa.

Al-Bara Shishani no sólo estaba escondido en Ucrania sino que desde Ucrania continuaba dirigiendo las acciones del Califato Islámico en Siria, y no es el único. Como bien dice The Independent, en Ucrania hay cientos de veteranos experimentados del Califato Islámico que siguen en activo bajo la tutela de la OTAN, el servicio secreto de Kiev y, naturalmente, las organizaciones nazis.

(1) http://euromaidanpress.com/2018/12/06/ukraine-related-narratives-dominate-russian-propaganda/
(2) https://www.independent.co.uk/news/world/europe/isis-leaders-ukraine-tukey-syria-caliphate-al-bara-shishani-a9211676.html
(3) https://www.nst.com.my/world/world/2019/11/539108/ukraine-says-detains-deputy-slain-islamic-state-minister-war

Más presagios de la victoria de las fuerzas populares en la Guerra de Yemen

El martes la coalición que Arabia saudí encabezada en la Guerra de Yemen anunció la liberación de 200 prisioneros huthíes.

En una declaración oficial el portavoz de la coalición, Turki Al-Maliki, dijo que la decisión tenía por objeto fortalecer la aplicación del Acuerdo de Estocolmo, que incluye el intercambio de prisioneros entre ambas partes.

Añadió que las personas que necesiten atención médica podrán recibirla, avalada por la Organización Mundial de la Salud.

La decisión se llevó a cabo tras la celebración del Acuerdo de Riad firmado a principios de este mes entre el gobierno yemení y el Consejo de Transición del Sur.

Los puntos principales del acuerdo incluyen el regreso del gobierno electo exiliado a Adén en un plazo de siete días, la unificación de todas las fuerzas armadas bajo la autoridad de los Ministerios del Interior y de Defensa y la formación de un gobierno eficaz.

La Guerra de Yemen comenzó en 2011 por la desestabilización causada por la Primavera Árabe. Un levantamiento forzó al presidente del país, Alí Abdullah Saleh, a dejar el poder en manos de su vicepresidente, Abdrabbuh Mansour Hadi.

El movimiento huthí, que defiende a la minoría zaidí y llevaba diez años enfrentado a Saleh, se apoderó de la provincia de Saada y zonas cercanas del norte del país.

Muchos yemeníes, sunitas incluidos, apoyaron a los hutíes y, a finales de 2014 y principios de 2015, los rebeldes tomaron Saná, la capital, forzando a Hadi a irse al exilio.

Lo que hasta marzo de 2015 era una guerra civil, se transformó en algo bien diferente cuando Arabia saudí y otros ocho países árabes, apoyados por los de siempre (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia), lanzaron ataques aéreos contra los huthíes para restaurar el gobierno de Hadi.

Los niveles de CO2 atmosférico nunca han sido tan reducidos en la historia de la Tierra como ahora

La crisis climática es como las olimpiadas: siempre se baten los registros anteriores. Cada día la temperatura sube un poco; cada día hay más CO2 en la atmósfera; cada día el nivel de los mares sube… Nunca baja nada.

Un reciente artículo de Kaos en la Red sigue el tópico: “Nuevo récord mundial de emisiones de CO2”, titula (1). Es más falso que una moneda de tres euros. Lo que el artículo quiere decir (y no alcanza) es que la concentración de CO2 en la atmósfera es máxima, según las mediciones de la Organización Metereológica Mundial.

Sin embargo, ocurre al revés: los niveles de CO2 atmosférico nunca han sido tan bajos en la historia de la Tierra como ahora. En el Precámbrico la tasa de CO2 fue de varias decenas de miles de ppm y en el Fanerozoico (hace 541 millones de años) fue entre 15 y 25 veces mayor que en la actualidad.

Desde que se aisló del aire a finales del siglo XVIII, los científicos han realizado mediciones directas de la concentración atmosférica de CO2 que se preocuparon de documentar. Como todas las mediciones, unas son mejores que otras, pero ponen de manifiesto que en 1825, 1857 y 1942 se produjeron niveles de CO2 del mismo orden que los actuales. Pero sobre todo ponen de manifesto que dichos niveles son oscilantes, suben y bajan periódicamente, no de manera lineal como nos quieren hacer creer.

En mayo El Confiencial decía otra falsedad parecida a la de Kaos en la Red, que es casi lo mismo pero no es igual: “La Tierra ha alcanzado hoy niveles de CO2 nunca vistos en varios millones de años”, otro titular estremecedor al que seguía una entradilla no menos sugestiva: “Es la primera vez en la historia del ser humano que la atmósfera de nuestro planeta ha registrado más de 415 partes por millón de dióxido de carbono” (2).

Ahora bien, si en mayo había 415 ppm y ahora hay, según Kaos en la Red, 407,8 ppm, entonces la concentración de CO2 parece que se ha reducido en estos seis meses…

Tampoco es así. El Confidencial toma los datos del observatorio de Hawai mientras que Kaos en la Red lo que da es un promedio que elabora la Organización Meteorológica Mundial, que no es tan mundial como parece porque procede de las informaciones de 53 países. Del resto de países del mundo no sabemos nada, por lo que los datos hay que cogerlos con pinzas, ya que ni siquiera sabemos su distribución geográfica.

Los datos cuantitativos que leemos continuamente en los medios sobre el CO2 son un insulto a la inteligencia. Es el caso de los periodistas de información científica que han creado una página en gallego pero no saben de ciencia y por eso redactan titulares como “Os humanos xeran 100 veces máis CO2 que todos os volcáns da Terra” (3). Los humanos no pueden generar esa cantidad de CO2 en absoluto.

A día de hoy no se sabe la cantidad de CO2 que las actividades humanas envían a la atmósfera porque no se miden sino que se estiman, es decir, se calculan de una manera más o menos aproximada, a “ojo de buen cubero” y, naturalmente cada país tiene las suyas (si es que las tienen). Los lectores tendrían una mejor información si leyeran periódicos como La Tribune que en 2011 les decía lo siguiente: hay “mil maneras” diferentes de medir las emisiones de CO2 (4).

Para informar hay que insistir, como ya hemos dicho aquí, que la concentración de CO2 en la atmósfera cambia de un lugar a otro, con las estaciones del año y con el hemisferio. En una vivienda, la concentración de CO2 cambia en muy pocas horas. Haga Usted mismo la prueba y lo verá.

Cada país proporciona a la secretaría de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC) un inventario de sus emisiones, que debería cumplir con las recomendaciones del IPCC.

Pero tampoco es así porque cada país mide sus emisiones (si las mide) como le da la gana y dichas normas han cambiado con el tiempo, tanto porque así lo pide el IPCC como porque cada gobierno las modifica.

En España el cálculo se hace con los criterios del Ministerio de Transición Ecológica que se pueden consultar en internet y no son mas que una “guía” orientativa que desde el principio advierte lo siguiente: “A continuación se presentan las normas y metodologías de mayor reconocimiento internacional, aunque debemos resaltar que existen muchas otras, como queda patente en los informes de la Comisión Europea, donde se analizan las metodologías existentes a nivel internacional y europeo” (5).

Si el lector se toma la molestia de leer, se dará cuenta de que -por ejemplo- el Ministerio incluye las emisiones de CO2 de los vehículos eléctricos, que son cero porque lo hacen de manera “indirecta”, lo cual da lugar una “doble contabilidad”, como reconoce el propio documento: se contabilliza tanto la producción como el consumo.

Como deja claro el Ministerio, ningún país mide sus emisiones de CO2: sólo se trata de estimaciones, promedios y cábalas. Por ejemplo, para calcular las emisiones de CO2 de un vehículo se multiplica el número total de ellos por el promedio de kilómetros que recorre al año y por un promedio de lo que emite cada uno de ellos por kilómetro.

Dejamos al criterio de cada cual calificar si algo así tiene algún contenido científico o se trata de otra cosa distinta. Las medidas de CO2 no dependen del CO2 sino de la manera en que se midan. Para fabricar un titular del telediario asegurando que las emisiones de CO2 se han duplicado, no hay más que aplicar la “doble contabilidad” del Ministerio de Transición Ecológica. Acude uno al Boletín Oficial del Estado, quita un decreto y pone otro en su lugar.

La vara de medir es un asunto tan peliagudo que se ha convertido en un tema de investigación en sí mismo y cambia de la noche a la mañana. En mayo de este año el IPCC cambió sus recomendaciones. Más de 280 expertos participaron en una tarea que -por sí misma- modifica los cálculos anteriores y los futuros, que quedan obsoletos. Del mismo modo, si el año que viene el IPCC o el Ministerio de Transición Ecológica vuelven a cambiar la vara de medir, las cifras que hoy leemos en la prensa serán papel mojado.

Hasta aquí sólo hemos hablado de las emisiones, lo que deja fuera a la otra mitad del asunto del que pocas veces se habla: las absorciones de CO2 por la tierra, la biomasa o el océano. Se trata de una resta: a las emisiones hay que deducir los sumideros, lo que supone entrar en un segundo cálculo que, por lo que se ve, preocupa mucho menos. De ahí que Kaos en la Red se lance a la piscina diciendo que el CO2 permanece en la atmósfera “durante siglos”.

Ni siquiera el IPCC se atreve a tanto. Según el IPCC el CO2 permanece entre 50 y 200 años, un cálculo bastante grosero que indica que a día de hoy la ciencia no lo puede asegurar de manera mínimamente precisa. Según Tom V. Segalstad, a quien ya hemos citado aquí en otra entrada, el plazo es de dos a tres años (6). Según otros autores oscila entre los tres y los diez años.

(1) https://kaosenlared.net/capitalismo-es-barbarie-nuevo-record-mundial-de-emisiones-de-co2/
(2) https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2019-05-13/tierra-record-contaminacion-co2-cambio-climatico_1998218/
(3) https://www.gciencia.com/medioambiental/os-humanos-xeran-100-veces-mais-co2-que-todos-os-volcans-da-terra/
(4) https://www.latribune.fr/green-business/l-actualite/20110520trib000623111/les-mille-facons-de-mesurer-les-emissions-de-co2.html
(5) https://www.miteco.gob.es/es/cambio-climatico/temas/mitigacion-politicas-y-medidas/guia_huella_carbono_tcm30-479093.pdf
(6) https://www.co2web.info/ESEF3VO2.pdf. Vid. E.T.Sundquist, Geological perspectives on carbon dioxide and the carbon cycle, U.S. Geological Survey, Reston, Virginia, 1985.

Más información:
– ¿Realmente hay más CO2 en la atmósfera que nunca antes?

El Pentágono contra Trump: ni el propio Presidente de Estados Unidos puede con sus militares

Dentro y fuera de Estados Unidos, todo el mundo está contra Trump, todos hablan mal de él hasta unos extemos que no se conocían desde los tiempos de Nixon. Es cierto que, como buen bocazas prepotente, se lo tiene bien merecido, pero eso no es suficiente para explicar lo que está ocurriendo desde el mismo momento en que llegó a la Casa Blanca.

Trump lleva meses anunciando una retirada completa de las tropas estadounidenses en Siria que no se ha completado y que incluso contradicen las declaraciones de algunos generales en sentido contrario.

El indulto de los oficiales condenados por la comisión de crímenes de guerra en Irak y Afganistán tampoco ha sentado nada bien, o mejor dicho: el Pentágono está utilizando el indulto como arma arrojadiza contra su comandante en jefe.

El domingo el máximo dirigente del Pentágono, el traficante de armas Mark Esper, destituyó a Richard Spencer, el jefe de la Armada, supuestamente a causa de los indultos.

Spencer le propuso a Trump un acuerdo secreto sin pasar antes por Esper que, sin embargo, tuvo que tragar cuando Trump le ordenó exonerar totalmente a uno de los criminales de guerra, Edward Gallagher.

Ahora los oponentes de Trump se han convertido en feroces defensores de las leyes de la guerra y los derechos humanos. “Trump debilita la justicia militar para promover sus intereses políticos”, escribe en Twitter Caitlin Talmadge, experta en defensa de la Universidad de Georgetown.

Las tensiones con la jerarquía militar reaparecieron cuando Trump anunció en la televisión que los soldados enviaría soldados a la frontera con México para contener la inmigración.

Desde diciembre de 2018 Trump está anunciando la retirada de las fuerzas estadounidenses de Siria, a lo que el ejército estadounidense se opone. El primer anuncio unilateral de esta orden llevó al antiguo Ministro de Defensa Jim Mattis, general de la Infantería de Marina, a dimitir en medio de un altercado público.

En una carta a Trump le recordó los deberes que tiene Estados Unidos hacia sus aliados. Como señal de las continuas tensiones entre ambos, recientemente Trump calificó a Mattis como “el general más sobrevalorado del mundo”, quien le respondió que él había “demostrado su valía en el campo de batalla [mientras que] Donald Trump se las arregló con un certificado médico”.

Trump estudió en la Academia Militar de Nueva York, pero escapó de la guerra de Vietnam gracias a una exención médica basada en un crecimiento óseo en el pie.

A Trump le acusan de “politizar” al ejército. En junio de este año, durante una visita a Japón, la Casa Blanca solicitó que se mantuviera fuera de la vista de Trump el nombre de un destructor de misiles nombrado en honor al difunto senador John McCain, uno de sus más feroces enemigos.

Más recientemente, la Casa Blanca ha cuestionado públicamente la lealtad de un oficial galardonado con varias medallas, el teniente coronel Alexander Vindman, un testigo clave en la investigación para que el Congreso destituya a Trump.

Obviamente todas esas cuestiones no son más que la punta de iceberg de un Golpe de Estado en Washington o, al menos, de un pulso que no ha acabado (ni mucho menos).

Por qué África debe cooperar con Rusia, por qué no deberíamos tener miedo a Rusia

Jean Claude Djeereke

Hasta ahora sólo dos países africanos, Sudán y la República Centroafricana, han firmado acuerdos militares con la Rusia de Putin. ¿Deberían otros países africanos, presentes en la primera Cumbre África-Rusia en Sochi los días 23 y 24 de octubre de 2019, seguir el ejemplo y establecer una asociación que no se limite al ámbito militar? Al dirigirse a Rusia, ¿no se pone África bajo el dominio de una nueva potencia?, ¿Qué gana construyendo vínulos con Rusia? En resumen, ¿qué les daría Moscú a los africanos que París no ha sido incapaz de llevarles en seis décadas de seudoindependencia?

Quizás la mejor manera de responder a estas preguntas sería mostrar no sólo lo que Rusia hizo ayer en África y para África, sino también cómo ve hoy las relaciones entre los países.

Rusia no tiene un pasado colonialista en África. Por el contrario, en 1960 adoptó una declaración sobre el derecho de los pueblos colonizados a la independencia.

Francia, Inglaterra, Portugal, España e Inglaterra se abstuvieron en la votación de esta declaración.

Antes apoyó movimientos de liberación como el Congreso Nacional Africano (ANC), el Partido Comunista Sudafricano (SACP), el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), el Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO), la Unión del Pueblo Africano de Zimbabwe (ZAPU) de Joshua Nkomo y la Organización del Pueblo Suroccidental de Namibian Sam Nujoma (SWAPO). Los soviéticos ayudaron a estos movimientos a deshacerse del colonizador (1).

Nikita Jruschov estaba en pie de igualdad con Kwame Nkrumah (Ghana), Modibo Keïta (Malí) y Ahmed Sékou Touré (Guinea). En su país no hubo condescendencia ni arrogancia, como se puede ver en nuestros “antepasados” los galos, cuyo país fue considerado por el Pew Research Center, un equipo de análisis americano, como el más arrogante de Europa en 2013.

En el plano cultural, a principios del decenio de 1960, la Unión Soviética envió profesores a Malí, Ghana y Guinea para impartir enseñanza técnica y profesional. En el último país, construyó en 1962 el Instituto Politécnico Conakry, que más tarde se convirtió en la Universidad Gamal Abdel Nasser. Pero la URSS no sólo fue a África a adiestrar. También acogió a estudiantes africanos en su territorio. Así, a mediados de los años ochenta, unos 25.000 africanos recibieron formación en universidades y escuelas técnicas soviéticas. Una universidad soviética lleva el nombre de Patrice Lumumba, asesinado el 17 de enero de 1961.

No conozco ninguna universidad francesa, belga, portuguesa, española o inglesa que lleve el nombre de un político africano. Incluso Senghor, que hizo mucho por promover la lengua y la cultura francesa, no recibió tal honor. Peor aún, el 29 de diciembre de 2001, ningún funcionario francés participó en la ceremonia de entierro del primer presidente de Senegal en Dakar, quizás porque no le dio a París tanto dinero como a su homólogo marfileño Felix Houphouet, cuyo funeral había atraído a toda la clase política francesa a Yamoussoukro el 7 de febrero de 1994.

Como miembro de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), Rusia apoya la reforma del Consejo de Seguridad para que sea más representativa.

En el plano diplomático, en 2013, la Federación de Rusia afirmó que su política exterior se oponía a la hegemonía y defendía la paz, el desarrollo mutuo y la seguridad mundial y regional. Para ello, los conflictos internacionales deben resolverse mediante un diálogo basado en la confianza y el beneficio mutuos, la igualdad y la cooperación. La política exterior de Putin se basa en “el estado de derecho internacional, la igualdad y la independencia de los Estados”.

Por lo tanto, es comprensible que condenara la “actitud agresiva e intrusiva” de los países occidentales y que comparara la intervención de la OTAN en Libia en 2011 con “una cruzada medieval [porque para él] la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU no daba derecho a intervenir en un asunto interno y defender a una de las dos partes” (2). Por cierto, quiero señalar que Rusia intervino en Siria porque Bashar Al-Assad se lo pidió.

A diferencia de Francia, que cree que está obligada a desestabilizar sus antiguas colonias para saquear sus riquezas, Rusia posee inmensos recursos naturales. Se le asignan más del 20 por ciento de las existencias mundiales. Aunque su presencia en África no sea desinteresada, Rusia no será más codiciosa que Francia.

El poder militar de Rusia es ahora indiscutible. En 2014, 2016 y 2018 Vladimir Putin fue declarado el hombre fuerte del planeta por varias revistas y periódicos. Sin el apoyo de un aliado tan poderoso como Putin, será difícil, si no imposible, deshacerse de aquellos que han hecho nuestras vidas miserables desde 1960. Francia interfiere en nuestros asuntos, crea y destituye a quien quiere porque carecemos de una fuerza militar igual o superior a la suya. Bashar Al-Assad se benefició de esta fuerza militar de Rusia, que le permitió salvar su pellejo y su sillón.

Rusia no impone condiciones en África, según Nina Bachkatov, periodista, politóloga y autora de “Putin, el hombre que a Occidente le gusta odiar” (Jordania, 2018). A los países de Europa Occidental, por otra parte, les gusta vincular su ayuda seudoeconómica y financiera a la democracia y al respeto de los derechos humanos. Recordemos a François Mitterrand en la cumbre franco-africana de La Baule el 20 de junio de 1990, tres meses después de las violentas manifestaciones contra el partido único en África. De hecho, Benin organizó la primera conferencia nacional en febrero de 1990. En marzo y abril de 1990, sindicatos, opositores y estudiantes estaban en las calles de Costa de Marfil, Gabón y Zaire [Congo] exigiendo un sistema multipartidista. Por lo tanto, no fue Mitterrand quien molestó a los regímenes autoritarios de África. En cambio, el Presidente socialista [Mitterrand] intentó apoyar el movimiento de protesta que había comenzado antes del discurso de La Baule: “No puede haber democracia sin desarrollo y, a la inversa, no puede haber desarrollo sin democracia”.

Pero, ¿realmente quería Mitterrand que África se volviera más democrática? Uno se siente tentado a responder negativamente porque en la 4 Cumbre de la Francofonía de Chaillot (19 de noviembre de 1991), Mitterrand recomendó que cada país fuera a la democracia a su propio ritmo y a su propia manera, que se asemejaba nada más y nada menos que a un pedal de retroceso.

En resumen, es difícil no pensar que, para Francia y los demás países occidentales, la democracia y los derechos humanos solo son buenos para el hombre blanco; de lo contrario, ¿por qué estos países no levantan un dedo cuando sus sirvientes pisotean los derechos humanos? ¿Por qué ellos mismos pisotean las decisiones del Consejo Constitucional en África, por qué dejan que los dictadores modifiquen silenciosamente las constituciones o rellenen las urnas para arrastrarlas al poder (Denis Sassou Nguesso desde 1979, Paul Biya desde 1982, Idriss Deby desde 1990)?

Además, ¿quién dijo que es necesariamente la democracia occidental la que nos traerá el desarrollo? China y Rusia, que no lo han adoptado, ¿se están quedando atrás y son desafortunados?

Ya es hora de que los africanos examinen críticamente esta famosa democracia y evalúen sus ventajas y desventajas sin caer en la autocomplacencia desde que apareció por primera vez en el continente. Digo esto porque cualquiera que mire las cosas muy de cerca se dará cuenta de que la democracia occidental ha sido destruida por aquellos que quieren que creamos que no hay salvación fuera de ella, que ya no es “el poder de la comunidad”, que el pueblo (el demos) ha perdido el control efectivo de su existencia, que ha caído en la heteronomía, que sólo está ejecutando órdenes de otros lugares o dadas por otras personas.

Sin embargo, para Cornelius Castoriadis, el núcleo de la democracia es la autonomía. El pensador francés de origen griego insiste en que la democracia griega significa que “el pueblo se proclama soberano y crea instituciones que permiten la realización efectiva de este deseo de soberanía”. Esta es la razón por la que la democracia ateniense rechazó tanto la representación como la experiencia política (no puede haber especialistas del conjunto). Estoy de acuerdo con Castoriadis cuando afirma que la democracia no se limita a depositar su papeleta en las urnas o a disfrutar de la libertad de expresión, sino que debe ser “el lugar de la participación real de todos en la vida y el futuro de la sociedad [para que] los individuos sean dueños de su vida, de su sociedad, de las instituciones que se entregan a sí mismos” (3).

Es un secreto de Polichinela que el hombre fuerte de Moscú es odiado, denigrado y combatido por aquellos que nunca han querido nuestro bien. Están enfadados con él, entre otras cosas, porque apoyó militarmente al Presidente sirio contra los rebeldes y yihadistas del Califato Islámico, supuestamente creado por Barack Obama y Hillary Clinton según una revelación hecha por Donald Trump durante la campaña electoral de 2016. Este Putin, que ha demostrado de lo que es capaz en Ucrania y Siria, espero que se convierta en un aliado de los países africanos.

A diferencia de Francia, que en 2002 se negó a ayudar a Costa de Marfil a sofocar la rebelión de Burkina Faso a pesar de los acuerdos de defensa firmados por ambos países en 1961, Rusia no abandonó al presidente sirio en medio de una tormenta. Ella le dio su apoyo incondicional porque Bashar Al-Assad había demostrado, entre otras cualidades, que era un hombre serio y digno de confianza. Stalin, el predecesor de Jruschov, consideraba a los dirigentes africanos “poco fiables, dispuestos a traicionar y dispuestos a alcanzar acuerdos amistosos con los imperialistas contra los que afirmaban luchar sólo verbalmente” (4).

Rusia es capaz de cumplir sus promesas a África porque ya ha demostrado en Siria que la palabra dada es un compromiso que debe cumplirse, pero ¿mantendrán los africanos sus compromisos?

(1) Cfr. Alexandra Archangelskaya, El regreso de Moscú al África subsahariana. Entre la herencia soviética, el multilateralismo y la militancia política, Contemporary Africa, 2013, núm. 248, pgs. 61 a 74.
(2) Entrevista concedida al director estadounidense Oliver Stone entre junio de 2015 y febrero de 2017.
(3) C. Castoriadis, Quelle démocratie?, vols. 1 y 2, París, Sandre, 2013.
(4) Vladimir Bartenev, La URSS y el África negra bajo Jruschov: la actualización de los mitos de la cooperación, Overseas. Revue d’Histoire, 2007, núms. 354-355, págs. 63-82.

https://www.connectionivoirienne.net/2019/11/25/accords-militaires-pourquoi-lafrique-doit-cooperer-avec-la-russie/

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