La web más censurada en internet

Autor: Redacción (página 1342 de 1364)

Tintín en el país de los soviets

El autor de la serie de ilustraciones juveniles Tintín, Georges Prosper Remi, alias Hergé, nació en Bruselas en una familia burguesa católica ultramontana. En 1918 se afilió al movimiento reaccionario scout.

Empezó a publicar sus primeras historietas en la revista “Le Boy-Scout Belge”. En vísperas de las elecciones de 1929 realizó una historieta de una página para el diario reaccionario “Le Sifflet”, propiedad del Partido Católico, donde simbolizaba al socialismo en la figura de Émile Vandervelde, presidente del Partido Obrero Belga, en la que aparecía realizando equilibrismos andando sobre una cuerda que le lleva a una bolsa de dinero mientras saluda a la izquierda y a la derecha, así como a los capitalistas y la iglesia.

Durante la ocupación nazi de Bélgica, Hergé se incorporó a un diario colaboracionista, “Le Soir”, controlado por los ocupantes nazis, financiado por el gobierno belga y dirigido por un fascista reconocido y seguidor de Mussolini, Raymond De Becker, con el que Hergé trabó amistad en 1929 al comenzar a colaborar en “L’Effort”, y al que ya había ilustrado algunos de sus libros, además de haber trabajado para otro periódico suyo, “L’Ouest”.

Su trabajo más conocido fue en “Le XXème Siècle, diario católico nacional de doctrina e información” dirigido por el padre Norbert Wallez, otro fascista admirador de Mussolini. Por encargo del cura, Hergé puso en marcha el suplemento infantil del periódico, “Le Petit Vingtième”, que apareció el 1 de noviembre de 1928.

En el diario el dibujante se hizo amigo de Léon Degrelle, creador y dirigente del partido fascista belga (rexista), para quien diseño las portadas e ilustró varios de sus libros.

La publicación de Las Aventuras de Tíntin se inició en 1929 con un viaje al país de los soviets por órdenes de Wallez para contrarrestar el apoyo masivo que el comunismo estaba adquiriendo entre la clase obrera de Bélgica.

Con un aire infensivo, el proyecto Tintín trataba de lavar el cerebro de los niños desde su infancia. El cura quiso empezar denunciando las atrocidades de los bolcheviques con unos dibujos que entonces eran sólo en blanco y negro.

Tintín representa a un reportero del propio periódico al que, durante su viaje en el tren, le explota una bomba colocada por un agente ruso del servicio secreto. A Tintín le acusan del atentado terrorista y le envían a prisión, pero consigue escabullirse y, después de muchas peripecias, llega a Moscú. Mientras los bolcheviques muestran a la prensa extranjera una imagen idealizada del país, la realidad es muy distinta. Tintín descubre horrorizado que los soviets:

— obligan a la gente a votar apuntándoles con armas
— las fábricas más productivas son en realidad edificios vacíos empleados para engañar a los visitantes
— los soviets solamente dan de comer a los jóvenes si aceptan llamarse comunistas
— la población tiene hambre porque los alimentos se envían al exterior para su utilización propagandística por parte de los malvados comunistas

Rusia es el país del cuchillo entre los dientes, de las iglesias o sinagogas convertidas en establos o almacenes y, sobre todo, de la GPU, una policía secreta sanguinaria y omnipresente.

Cuando el gobierno soviético se dispone a robar alimentos en las granjas, Tintín se pone del lado de los campesinos y les avisa del avance de las hordas rojas. Los ogros de la GPU le detienen pero consigue escapar de nuevo y en su marcha por las desiertas y gélidas estepas encuentra el escondite secreto que oculta las riquezas que Lenin y Stalin habían robado al pueblo ruso (incluyendo un copioso almacén de trigo).

Sabedor del secreto, Tintín logra llegar hasta Berlín donde vuelve a encontrarse con agentes soviéticos, de los que escapa para regresar a Bruselas donde una multitud enfervorecida lo espera aclamándolo.

El gran éxito que tuvieron las entregas semanales de “Tintín en el país de los soviets” y las grandes posibilidades propagandísticas y económicas de estas publicaciones llevaron al cura Wallez a encargar a Hergé una nueva aventura, esta vez en el Congo “belga”. Entonces al anticomunismo se le sumó el racismo, la apología del colonialismo y de los crímenes cometidos por el rey Lepoldo II en el país africano.

El fascista Hergé murió en 1983, pero los ecos de su lavado de cerebro no acabaron entonces. En 2011 el diario oficial del Vaticano, “L’Osservatore Romano”, calificó a Tintín como “Un héroe católico”.

En 2007 un ciudadano congoleño, Bienvenu Mbutu, inició un proceso legal para que la segunda entrega de Hergé sobre el viaje de Tintín al Congo fuera catalogado como racista, algo que los tribunales belgas rechazaron. Pero la cosa no quedó ahí: los tribunales denegaron incluso que en las ediciones se pusiera una advertencia a los lectores sobre el contenido racista de la ilustración.

Una verdadera basura ideológica aprobada por los tribunales belgas. Cuando alguien pregunta por qué tanta gente es anticomunista o por qué defiende el racismo, aquí puede encontrar alguna de las muchas explicaciones: porque desde su infancia han sido adoctrinados en el fascismo más brutal vestido con los ropajes más inocentes, bajo la excusa del entretenimiento y de unas aventuras divertidas. Pero no hacen ninguna gracia.

La Resolución 758 es una declaración de guerra contra Rusia

La Cámara de Representantes de Estados Unidos acaba de aprobar la Resolución 758, un compendio de todo lo malo que se puede decir contra Rusia en 16 páginas. El antiguo candidato a la presidencia, Ron Paul, la ha calificado como «propaganda de guerra».

En 1998 Ron Paul ya se opuso a los planes de invasión de Irak y ahora dice lo mismo: que la resolución del Congreso conduce a una guerra con Rusia «que podría causar una destrucción total». Es una ley que puede conducir a la Tercera Guerra Mundial, dice Paul. Se trata de una resolución llena de mentiras y medias verdades, añade.

Según el político republicano, todos los ingredientes para una nueva guerra ya están en marcha. La parte más inverosímil de la resolución es la que refiere una supuesta «intervención militar» de Rusia en Ucrania, a la que considera como una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Se tata de un declaración belicosa que servirá para otra sucesivas aun más agresivas por parte de Estados Unidos.

Para Paul se trata de una gigantesca mentira: los verdaderos invasores de Ucrania son los autores de esa resolución, dice el antiguo representante de Texas. Son ellos los que planificaron el golpe de Estado que obligó al presidente constitucional de Ucrania a exiliarse. Son ellos -dice Paul- lo que eligieron a los personajes clave que han tomado el relevo del gobierno legítimo.

La propaganda de guerra afirma que Rusia y China están aislados de eso que llaman «comunidad internacional». Lo cierto es que sucede exactamente al revés. Se vio con la propuesta de Rusia a la ONU de condena al nazismo, que sólo logró tres votos en contra (Estados Unidos, Canadá y Ucrania) contra 115 a favor de la condena. ¿Quién está aislado?

La votación para condenar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba ha tenido el mismo resultado: sólo tres países votaron a favor del bloqueo. ¿Quién está aislado?

Hablar del aislamiento de un país como Rusia que mantiene estrechas relaciones con China, donde vive una cuarta parte de la población del mundo, es una estupidez como pocas.

Cuestión distinta es que Estados Unidos trate de aislar a Rusia, una política en la que está poniendo un empeño digno de mejor causa. Los métodos son los consabidos. Hace poco impusieron sanciones a capitalistas y funcionarios húngaros tratando de castigar a Budapest por su aproximación a Rusia y su apoyo activo al proyecto South Stream.

La vieja política del palo y la zanahoria no son dos alternativas diferentes porque, como dijo a Der Spiegel Kissinger el 13 noviembre: «El anti-putinismo histérico que llega de Estados Unidos no es una política sino la ausencia de política».

(*) Reckless Congress ‘Declares War’ on Russia, Ron Paul Institute for Peace and Prosperity, 4 de diciembre, http://www.ronpaulinstitute.org/archives/featured-articles/2014/december/04/reckless-congress-declares-war-on-russia/

La verdad es una tarea propia de héroes

Tras varios años destapando los abusos cometidos por el espionaje estadounidense tras los atentados del 11-S, en enero de 2013 la cineasta Laura Poitras comenzó a recibir mensajes de correo electrónico cifrados de alguien que se identificaba como «Ciudadano 4», Citizenfour. Era el alias usado por Snowden.

A raíz del contacto con Snowden, la directora reconstruyó la manera en la que se había elaborado la noticia de la filtración del espía al corresponsal del diario “The Guardian” en Brasil, Glenn Greenwald. También reveló cómo la maquinaria gubernamental estadounidense respondió a la filtración. De esta manera el periodista pasa sin quererlo a ser objeto de noticia tras ser espiado, e inclusive llegan a detener sin motivo a sus seres queridos.

«Ciudadano 4» trata sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional. Cuenta los tensos días de Snowden en un hotel de Hong Kong y sus encuentros con periodistas a medida que se publicaban detalles de que el espionaje recababa datos de las actividades de internet y telefónicas de millones de estadounidenses y decenas de dirigentes mundiales.

El documental ha recibido el premio a la mejor película para la Asociación Internacional del Documental. Se suma al de mejor documental en los premios del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York esta semana. También es candidato a un premio independiente Spirit y está entre los 15 filmes en la carrera para el Oscar al mejor documental.

La cineasta  Poitras compartió el premio Pulitzer este año por su papel en la publicación de los documentos de Snowden. Recibió un premio de la asociación de documentales el pasado año por su «valentía para conseguir la verdad».

Cuando se doble al castellano, «Ciudadano 4» se debería titular «Ciudadano de Cuarta», uno de esos millones de personas, casi todo el mundo, que han perdido todos y cada uno de sus derechos, casi sin darse cuenta, esos a los que cada vez les cuesta más averiguar la verdad. ¿Por qué es cada vez más difícil diferenciar la verdad de la mentira?, ¿por qué hay que ser valiente, casi un héroe, para defender la verdad?, ¿por qué hay que esforzarse tanto por algo tan sencillo?

Hasta hace muy pocos años nadie preguntaba por la fuente de la que había obtenido determinada información. Ahora lo que pedimos no es que nos informen sino que nos demuestren. Tenemos mucha información pero sospechamos que la mayor parte de ella es mentira. ¿Quién es el autor de toda esa sarta de mentiras que circulan por el mundo?

Coco Chanel: espía nazi

N.B.

Ya lo sospechábamos, pero investigadores franceses afirman haber encontrado evidencia indiscutible de que la reina del diseño en la alta costura, Coco Chanel, trabajó como espía para los alemanes durante la II Guerra Mundial.

Hace escasas fechas, la televisión francesa -el canal estatal Francia 3 en L’Ombre d’un Doute (La Sombra de una Duda)- hizo público un registro escrito donde se prueba que la difunta diseñadora (1883-1971) de modas era miembro de la Abwehr, la Agencia de Inteligencia Militar alemana. Tampoco se libran otras celebridades -algo ya sabido pero no reconocido oficialmente por las autoridades y gobiernos franceses- durante la II GM como los cantantes Edith Piaf -musa francesa de la posguerra-, Maurice Chevalier y el dramaturgo Sacha Guitry.

Según el documental, la complicidad de Chanel con los nazis comenzó en el momento en que se derrumbó el Ejército francés en 1940. Ella volvió a París poco después y se instaló en el Hotel Ritz -o sea, un chamizo- que, además de ser hotel, servía como cuartel general de la Luftwaffe en la Francia ocupada. Allí tuvo un romance con un oficial de la Gestapo llamado Hans Gunther von Dincklage y llegó a ser tan conocida en las altas esferas -casi como el «Pequeño Nicolás» nativo de acá- alemanas que fue enviada a Madrid en 1943 donde ella -se dice- aprovechó su pasada amistad con Winston Churchill para tratar de intentar una tregua con los oficiales ingleses de la embajada británica en Madrid. Churchill no la hizo ni puto caso (vería en ella una megalomaníaca como dicen que es «Nicolasín», tokayo mío).

Ya aprovechando que el Sena pasa por París, la Chanel -según el documental auspiciado por el historiador Franck Ferrand- utilizó su influencia con los nazis para tratar de recuperar un negocio de perfumería que ella le vendió a una familia judía en 1924. Ferrand decía que la diseñadora de modas tenía la esperanza de que las reglas alemanas que prohibieron que los judíos fueran propietarios de empresas, pudiera conducir a que la compañía fuera confiscada y le fuera devuelta por la puta cara, pero no pudo ser: la familia judía ya había vendido el negocio a un empresario alemán.

Finaliza el documental afirmando que estos tres personajes se vincularon a los nazis ocupantes más por interés de lanzar sus propias carreras «artísticas» -o sea, no por razones ideológicas sino oportunistas y rastreras (Nota mía, NB)- que por otra cosa. De hecho, la Piaf actuó dos veces en funciones privadas para los nazis alemanes, como Juanito Valderrama -había que comer- actuaba en los cortijos de los señoritos andaluces en plena posguerra española.

La caza de brujas en la Audiencia Nacional no descansa

Joseba Ginés, acusado de gestionar la web BurlataHerria, será juzgado en el tribunal de excepción el 11 de diciembre por un supuesto delito de “apología de terrorismo”, con una petición de 2 años de cárcel. La página web fue clausurada en junio del 2013.

La Audiencia Nacional será escenario la próxima semana de un nuevo juicio contra la libertad de expresión. La persona acusada de gestionar la clausurada web BurlataHerria se sentará en el banquillo de los acusados por haber cometido, supuestamente, un delito de “apología de terrorismo”, penado con hasta 2 años de cárcel. Esta es precisamente la petición fiscal en su contra.

El cierre de la web por parte de la Audiencia Nacional se produjo en junio del 2013. Los argumentos del tribunal de excepción español para decretar esta medida fueron que BurlataHerria había dado cobertura informativa a actos de carácter político como manifestaciones legales, ruedas de prensa públicas o la difusión de imágenes de recibimientos a presos y presas de la localidad navarra de Burlata. También se le acusa de haber utilizado términos como “presos políticos” o “represión”.

“Estamos ante un claro ataque a la libertad de expresión, y la razón de cerrar BurlataHerria es la censura pura y dura, tratar de quitar la voz a quien piensa diferente”, denunciaban desde la web tras su clausura y a la vista de los motivos expuestos por la Audiencia Nacional.

BurlataHerria se creó 2007 con la ambición de constituirse en una herramienta de comunicación local, en la que sobre todo se recogían iniciativas, actividades o acontecimientos que tenían lugar en la localidad, de tipo cultural, municipal, reivindicativas, medio ambientales, sociales, juveniles… Por ello consideraron que este cierre también era un ataque a todos esos colectivos populares que se habían valido de la web para difundir su actividad.   La imputación de Joseba Ginés por “apología del terrorismo” y el cierre de la web venía a engrosar una larga lista de ataques a la libertad de expresión. Con los precedentes de Egin y Egunkaria, Egin Irratia, Ardi Beltza y Kale Gorria, en los últimos años las clausuras de medios se han centrado en el ámbito de internet. En este sentido, recordar los cierres de Apurtu.org, Ateak Ireki y el portal de la organización Ernai y el acoso a Gaztesarea y otros medios de comunicación.

Desde BurlataHerria reivindicaban la libertad de expresión. “Todas las personas tenemos derecho a emitir información y opinión, y para ello es necesario que cesen los ataques a medios y las coacciones contra las personas que trabajan en ellos”, decían en el manifiesto firmado por periodistas, organizaciones sociales y políticas y medios de comunicación. En este mismo manifiesto pedían “la reapertura inmediata de BurlataHerria y el archivo de la causa abierta contra su colaborador”. Además, consideraban que el cierre de esta web suponía también “una amenaza para decenas de proyectos informativos”, por lo que llamaban a toda la sociedad, y muy especialmente al sector de la comunicación, “a unir nuestras voces para detener esta caza de brujas”.

Precisamente, la busca de apoyos llevó a los responsables de BurlataHerria a solicitar el amparo del pleno de la localidad, aunque en hasta dos ocasiones UPN, PSN y PP han impedido que esto ocurriera.

Desde Burlata, y con el objetivo de acompañar a Joseba Gines y llevar hasta la Audiencia Nacional la «repulsa ante este ataque a la libertad de expresión» se ha organizado un autobús que saldrá de Burlada a las 4.30 de la madrugada del jueves día 11 y regresará después de comer. El precio del autobús será de 15€ por persona.

Así mismo, a convocatoria de un grupo de vecinos de Burlata, el próximo 10 de diciembre a las 19:00 tendrá lugar en la plaza de las Askas de Burlata una concentración con el lema: “Adierazpen askatasuna-libertad de expresión. Burlataherria libre”.

Fuente: http://www.ahotsa.info/albistea/burlataherria-un-nuevo-juicio-contra-la-libertad-de-expresion-en-la-audiencia-nacional

Los islamistas matan a los islamistas a cuchilladas en Xinjiang

El imán Jume Tahir
La semana pasada se produjo un atentado terrorista  en una calle comercial de Yarkand, en Xinjiang (China) en el que los fundamentalistas lanzaron varios artefactos explosivos y atacaron a la multitud con cuchillos. El balance fue de 15 muertos y otros tantos heridos. De ellos 11 eran terroristas que fueron abatidos a tiros por la policía china, según la televisión pública CCTV.

Yarkand es una ciudad cercana a la frontera china con Kirguistán y Tayikistán, un nudo comercial que el gobierno de China ha elegido como centro industrial de la región de Kashgar.

El día anterior el ministro tayiko de Interior, Ramazon Rahimzoda, se había entrevistado en Dushambé, la capital de Tayikistán, con el viceministro chino de Seguridad Ma Wei para coordinar la lucha contra lo que calificaron como «las tres plagas» de la región: el separatismo, el extremismo y el terrorismo. El tráfico de drogas, otro de los problemas candentes de la frontera, fue otro de los puntos tratados por ambos ministros.

Tras la relativa calma alcanzada después de la ola de ataques fundamentalistas desatados por los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, desde el pasado año han vuelto los atentados.

En julio, justo antes del final del Ramadán, otro asalto en Yarkand causó la muerte de casi 100 personas, de los que 37 eran civiles, 35 chinos y 2 uigures, y 59 formaban parte de los asaltantes. El choque fue seguido de la detención de 215 uigures acusados por la policía china de terrorismo.

Los fundamentalistas atacaron una comisaría de policía y otros edificios oficiales armados con cuchillos. Además, detuvieron algunos vehículos que circulaban por la calle y acuchillaban a sus ocupantes, obligando a algunos peatones a particular en el acuchillamiento.

Entre los asesinados estaba Jume Tahir, imán de la mezquita de Kashgar, la más grande de China. Dos de los asesinos fueron luego abatidos a tiros por la policía y dos días cayeron otros nueve terroristas en Hotan.

El imán Tahir, que tenía 73 años de edad, se había destacado por sus feroces críticas a los fundamentalistas y a la espiral de crímenes que estaban cometiendo en Xijiang. Era miembro del Congreso Nacional Popular de Pekín y presidente de la Asociación Islámica de China.

A pesar de las acusaciones dirigidas contra Pekín por impedir la práctica del Islam en la región, los imanes de las mezquitas cobran un sueldo del Estado, aunque no hay homogeneidad entre ellos, ya están divididos entre uigures, kazajos y otras corrientes que tienen motivaciones nacionales, más que religiosas.

Otra explicación de la oposición de los imanes al terrorismo fundamentalista es similar a la de Chechenia, donde la población islámica también es de confesión sufí y se opone al wahabismo que procede de Arabia saudita.

No es el único imán al que han atacado los takfiristas en Xinjiang:

– En 1993 dos terroristas del Movimiento del Turquestán Oriental apuñalaron y mataron al imán Abliz Damolla de la Gran Mezquita de Yecheng.

– Tres años después mataron a tiros a Hakimsidiq Haji, ayudante del imán de la mezquita de Aksu, y acuchillaron al imán Aronghan Haji de la mezquita de Id Kah, que sobrevivió con cortes en la cabeza, las manos, la espalda y las piernas. El agresor, Nurmamat, había sido educado en el panislamismo y el panturquismo en una madrasa ilegal a que le enviaron sus padres cuando tenía cinco años de edad.

– En 1997 Muhammat Tursun disparó al imán Yunus Sidiq Damolla en su mezquita de Baicheng.

– Al año siguiente un exiliado uigur disparó contra el imán Abliz Haji en Yecheng.

– El año pasado fue asesinado a puñaladas frente a su casa el imán Abdurehim Damaolla, de 74 años de edad, de la mezquita de Kazihan.

Rosón: el azote fascista de Galicia

Solidaridad Obrera

Los herederos de la familia de ese fascista que fue Juan José Rosón, militante falangista de pro, Gobernador Civil de Madrid de 1976 a 1980 y Ministro del Interior de 1980 a 1982, se han especializado en perseguir a todos aquellos que aireen su pasado de criminales fascistas.

En esta situación se encuentra ahora el compañero Alfredo Grimaldos por su libro «La sombra de Franco en la Transición», que desde este sindicato hemos recomendado a nuestros afiliados y a todos los trabajadores.

En 1978, la revista Interviú publicó el reportaje titulado, “Los Rosón, azote de Galicia”, en el que se relataban las hazañas de Antonio Rosón Pérez, durante los meses inmediatamente posteriores al golpe de Estado fascista del 18 de julio de 1936. Como alférez de complemento, actuó de jefe militar de los sublevados en la zona de Becerreá, en Lugo, a lo largo de ese periodo crítico.

Antonio Rosón se convirtió, muy poco después, en el primer presidente de la Xunta de Galicia y su hermano Juan José Rosón era gobernador civil de Madrid en el momento que Interviú publicó el reportaje.

Los Rosón utilizaron entonces todos sus recursos políticos para conseguir que se secuestrara la revista en dos ocasiones.

Pues bien, treinta años después, los Rosón atacan de nuevo, en esta ocasión los herederos de Antonio y Juan José Rosón Pérez, fallecidos ambos en 1986. Han presentado una demanda de protección al derecho al honor por las alusiones que se hace a este clan caciquil lucense en un capítulo del libro de Alfredo Grimaldos.

Están empeñados en que no se conozca la historia de su familia.

Entonces, en 1978, el pleito judicial se resolvió, en primera instancia, con una sentencia favorable a Interviú dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona, pero luego, en casación, un Tribunal Supremo cuajado de jueces franquistas y del que formaba parte incluso un cuñado de los Rosón, revocó la sentencia dándoles la razón a ellos.

Ahora quieren callar a Alfredo Grimaldos. La base de la investigación sobre Antonio Rosón incluida en su libro son artículos laudatorios hacia él publicados en el diario El Progreso, de Lugo, entre julio y septiembre de 1936.

Es lo que decían los propios fascistas de la actividad represiva del mayor de los Rosón. En Lugo no hubo guerra civil, se produjeron escasos focos de resistencia a favor de la legalidad republicana, aplastados por las tropas franquistas, que avanzaron con facilidad y, en pocos días, controlaron toda la región. Los asesinatos en las cunetas y las condenas a muerte dictadas por los tribunales militares tuvieron como víctimas a republicanos que defendían la constitución vigente y que, en su mayoría, no habían tenido siquiera la posibilidad de participar en ningún hecho de armas.

Antonio Rosón encabezó la “limpieza” de la zona de Becerreá, durante los primeros meses posteriores al alzamiento militar, según publica El Progreso en varias notas. Por ejemplo, en el ejemplar del 23 de agosto de 1936, se puede leer: “Es de señalar la labor altamente patriótica que están desarrollando los señores D. Antonio Rosón, jefe militar en esta villa; don Fermín Pérez Rosón, médico de Los Nogales y jefe de Falange; D. Luis Rosón y D. Manuel Pérez Rosón, jefes locales en Becerreá y Cervantes, respectivamente, quienes, con su alma de gigantes, están haciendo una labor magnífica en defensa de la Patria. Con su gran olfato policiaco, van directamente a las madrigueras en donde se esconden los huidos, causando verdadero terror entre estos”.

En el libro no se afirma que Antonio Rosón participara personalmente en ningún asesinato, no hay pruebas de eso, pero sí en la persecución y el encarcelamiento de antifascistas, como parece obvio. Algo que él mismo reconoce, quitándole hierro, por supuesto, en unas declaraciones a la revista Cambio 16 publicadas el 7 de mayo de 1978:

“Al llegar a Lugo se me comisionó para que fuera con la Guardia Civil a mi pueblo, y con otros grupos de gente armada que había en los cuarteles de San Fernando, con objeto de que desaparecieran las barricadas y los registros domiciliarios.
Volvimos produciendo un poco de ruido, para que la gente se marchara, ¿comprende?”

Sólo un poco de ruido, en días de fusilamientos indiscriminados y criminales ajustes de cuentas.

Está claro que él era quien mandaba en la zona, como vuelve a señalar El Progreso del 19 de septiembre de 1936: “Debido a la actividad del jefe militar en esta villa, el alférez de complemento D. Antonio Rosón, son muchas las armas recogidas en este partido judicial, calculándose en más de cien las armas largas y aproximadamente las cortas en unas cincuenta, muchas de ellas tan antiguas que ni las marcas se les conoce”.

Mientras tanto, empiezan a publicarse a diario, en el mismo periódico, los nombres de los que son “pasados por las armas” después de consejos de guerra sumarísimos sin las más mínimas garantías jurídicas.

Aún no se sabe donde están enterrados los cadáveres de la mayoría de esos antifascistas asesinados por los hombres que estaban bajo el mando de Antonio Rosón.

A partir de octubre de 1936, el hermano mayor de este clan caciquil participa en las farsas judiciales franquistas en su calidad de abogado y militar. A los detenidos se les acusa de un delito de “rebelión”, por haberse mantenido fieles a la legalidad. El día 7 de octubre, El Progreso se encarga de despedirle y de recordar sus méritos: “Fue destinado a Lugo el distinguido abogado, alférez de complemento, D. Antonio Rosón. Hasta la fecha prestó los servicios militares en esta villa, en donde actuó como comandante militar desde el principio del Movimiento, desempeñando su cometido con gran acierto. Sentimos la marcha de tan buen amigo”.

Juan José Rosón, por su parte, después de desarrollar una larga carrera política durante el franquismo, vistiendo la camisa azul con el yugo y las flechas, fue el responsable de numerosos asesinatos de militantes antifranquistas en la calle a manos de las fuerzas policiales que él mandaba. Y llegó al Ministerio del Interior en 1980, el año más sangriento de la Transición, en el que la extrema derecha y los grupos parapoliciales provocaron dos docenas de asesinatos.

Casi setenta años después del parte oficial de guerra del 1 de abril de 1939, todavía sigue siendo muy difícil indagar en la represión franquista de la guerra y la posguerra. Esa es una consecuencia de la pervivencia del Estado franquista a lo largo de la Transición, un periodo que también estuvo marcado por una fuerte actividad represiva del poder contra los movimientos populares. Los enjuagues de la Transición están en el origen de los problemas que seguimos teniendo ahora para recuperar nuestra memoria histórica.

No sólo se miente sobre lo que sucedió entre 1936 y 1939 y, después, durante toda la dictadura franquista. También sobre hechos mucho más recientes. La imagen oficial de la Transición se ha construido sobre el silencio, la ocultación, el olvido y la falsificación del pasado. No se ha purgado el franquismo en esta sociedad. Los asesinos que aún viven, y sus herederos, están crecidos. Se revuelven como fieras ante cualquier indagación sobre el pasado.

Las dificultades que tenemos todavía son consecuencias de la Transición, en la que se pactó la amnesia colectiva. Una sumisión al franquismo que supuso un nuevo crimen contra las víctimas de ese régimen de terror.

Hay que recordar que más de 100 antifascistas perdieron la vida en las calles, entre 1976 y 1980, a manos de las fuerzas policiales mandadas por Martín Villa y Rosón. Y en atentados de la extrema derecha instrumentalizada desde el poder. La mayoría de ellos tenía alrededor de 20 años. La historia oficial se ha olvidado deliberadamente de todos ellos. Hay que reivindicar permanentemente su memoria.

La Transición supuso una Ley de Punto Final del Franquismo, nos dejó al Borbón en el trono, muchos muertos sin rehabilitar y a los asesinos sin condenar. Los tribunales de justicia aún se siguen oponiendo a la revisión de los consejos de guerra franquistas, auténticas aberraciones jurídicas.

Aquí no ha habido ninguna reconciliación: han querido imponernos la rendición de la memoria. Pero a pesar de las demandas de protección del derecho al honor de los verdugos, no vamos a renunciar a nuestra propia historia. Es fundamental seguir trabajando para romper la barrera tejida por la intoxicación, la mentira y el olvido.

La saga de los Rosón, sus herederos y las reclamaciones judiciales
El Solidario, Solidaridad Obrera, pgs.48 y 49
www.solidaridadobrera.org/downloads/solidario/el_solidario13.pdf

El calvario del periodista Alfredo Grimaldos comenzó en 2004 con la publicación del libro «La sombra de Franco en la Transición» y en 2012, ocho años después, continuó con la condena por parte del Tribunal Supremo por atentar contra el honor del clan Rosón.

Pues bien, señores del Tribunal Supremo: ese mismo año en el que Ustedes dictan su sentencia inquisitorial, el clan familiar cuyo honor defienden seguía haciendo de las suyas y la policía detuvo a Javier Eduardo Rosón Boix, involucrado en la Operación Emperador que desarticuló la mafia china de Gao Ping.

Rosón Boix trabajaba en una sucursal de Madrid del Banco Sabadell como abogado especialista en el lavado de dinero negro y la evasión fiscal. Había organizado su propia red con la ayuda de Frederic François Mentha, un gestor de la banca suiza. La policía registró dos domicilios ligados a él e intervino su vehículo, un Mercedes SL500. Le relacionan con una española de origen israelí, Malka Mamman Levy, alias La Sobrina, auténtica cerebro de la banda criminal de blanqueo de dinero.

Es el hijo pequeño de Juan José Rosón, antiguo cacique gallego, antiguo gobernador civil de Madrid, antiguo ministro del Interior en los tiempos de UCD…

Este es el «honor de la familia Rosón» que defienden los jueces españoles.

Para descargar el libro ‘La sombra de Franco en la Transición’ de Alfredo Grimaldos:

¿Tienen uñas las hormigas? (y II)

N.B.

El dadaísta título de arriba -como el de mi anterior entrega: «¿Tienen sed los peces?»– pretende hacer vislumbrar lo bizantino de pueriles discusiones del llamado, entonces, cada vez menos desde que ETA abandonó la lucha armada, «problema vasco» cuando, en realidad, lo que hay, a juzgar por la copiosa prosa que a continuación voy a enumerar, es un «problema español». Se habla de España, decía yo, no ya como tema, sino como género, casi un estilo, un relato.

Veamos, pues, una corta relación de la producción libresca escrita y pergeñada por ortodoxos y heterodoxos en distintas épocas e inspirada en qué cosa sea eso que llaman «España» y que parece cogida con imperdibles y casi por los pelos. Muchos nombres ya no dicen nada, o casi nada, y otros sí, pero todos estaban animados por la misma inquietud, otrosí, las Españas. Del iniciático Campillo y Cosío, ministro liberal del siglo XVIII con Felipe V, tenemos el kilométrico «Lo que hay de más y de menos en España para que sea lo que debe ser y no lo que es» (1741) y «España despierta» del mismo año. Damos un brinco cronológico y nos topamos con Federico Jiménez Losantos, aquejado estos días de un virus estomacal o no se  sabe qué, y su exitoso best-seller en 1979 «Lo que queda de España», significativo título. De Lucas Mallada, el célebre «Los males de la patria». Picavea le dio vueltas al asunto en «El problema nacional». Ortega (y Gasset) piensa que España se tibetaniza en «España invertebrada»; piensa que España se desconcha (lo de las autonomías no es de hoy; ya, por ejemplo, se le otorgó a Puerto Rico cuando todavía era colonia española y antes de ser Estado Asociado de los USA). Claudio Sánchez Albornoz, aquel que dijo que España empieza, no en los Pirineos, sino en el País Vasco, escribe en su famosa polémica con Américo Castro y su «La realidad histórica de España», escribe, digo, «España, un enigma histórico». La orteguiana y malagueña María Zambrano redacta «España, sueño y verdad». Ya después de la guerra civil, el médico Pedro Laín Entralgo escribe «España como problema» (punto de vista falangista). Rafael Calvo Serer, en respuesta, pergeña «España sin problemas» (punto de vista opusdeísta). El indocumentado y pelín pirao Ángel Ganivet (a quien Azaña pusiera en su sitio), «Idearium español». Fernando Sánchez Dragó, que ya suena más, se forra con su delirante y desopilante «Gárgoris y Habidis, una historia mágica de España» (1979). José Luis L. Aranguren, «Memorias y esperanzas españolas». Jovellanos, ilustrado del siglo XVIII, redacta «Informe sobre la ley agraria» (y, después, también el regeneracionista Joaquín Costa ya en el siglo XIX, principios). Feijoo, en el XVIII, «Teatro Crítico Universal». El integrista Marcelino Menéndez Pelayo, «Historia de los heterodoxos españoles» con aquella España «martillo de herejes y centinela de Occidente» que tan bien le vino a la intelligentsia franquista. Estos «heterodoxos» serían extraespañoles a fuer de españolísimos de fuero interno pero desaforados; los afrancesados, por ejemplo. Mayans tiene «Orígenes de la lengua española» y, termino, Juan Pablo Forner (quien escribiera en 1792 «Discurso sobre la perplejidad de la tortura», en plena decadencia de esta ominosa práctica, y se entendía que había que erradicarla, o sea, igual que ahora, hay que joderse. . . ), «Exequias de la lengua española». Hay más, pero es suficiente. En lenguaje de hoy, se podría decir que son gente de «derechas» quienes escriben sobre «Espain».


La lista es heteróclita y no todos los autores coinciden ni en la época ni en pensamiento ni en intenciones. Hay quien hace alharacas y se siente alharaquiento. También bordes de pórfido y quien, a falta de charol, se la menea pero medra, que de eso se trata (hay «escuela vasca» en este menester). No faltan esforzados costaleros ni, ay, sobran gentes sinceras, preocupadas, afrancesadas o no, alumbrados o arbitristas, hasta que apareció la casta inconsútil de los rastacueros parvenus facedores de «bucles melancólicos» (Jon Juaristi) y su «ècole juaristiano» con sus mediocres epígonos.

Como decía el poeta, ¿hay «dos Españas»? De momento, como decía Alfonso Sastre, «España son ellos». Los de siempre, los puros, los castos, los putos amos de la barraca y la Banca.

Escenas montañesas. Fascistas santanderinos en Montejurra 76

Los sucesos de Montejurra en 1976, también conocidos como
“Operación Reconquista”, continúan siendo históricamente el mayor y mejor
ejemplo de íntima colaboración entre organizaciones fascistas extranjeras
(croatas, argentinos, italianos…), las fuerzas represivas españolas y los
variados grupos de ultraderecha “civiles”, poniendo en práctica un plan
diseñado cuidadosamente y que coordinaba a efectivos de diversa orientación
política  bajo la dirección superior de
militares españoles y de los servicios de inteligencia del Estado. Tal vez haya
que esperar unos meses, hasta los asesinatos de la calle Atocha en enero de
1977, para encontrar de nuevo en su criminal acción  la estrecha colaboración de fascistas
italianos y de la policía española, incluyendo 
el uso y cesión de armamento y las labores logísticas de cobertura. Si
la existencia de una Internacional Fascista era un recurso periodístico mas
bien confuso, lo cierto es que los fascistas presentes tenían procedencia
internacional, en su mayoría perseguidos y exiliados, residentes en España bajo
la protección y el paraguas de los servicios de inteligencia de la reciente y
democrática monarquía.
Pero la participación española fue naturalmente la más
abundante. Y en proporción, Santander tuvo elevada participación en aquella
enorme y criminal provocación  montada
por los aparatos del Estado a mayor gloria del Borbón. Y no sólo porque una de
las víctimas, Aniano Gimenéz, militante de la HOAC y residente en el barrio de San Román de la Llanilla, fuera
santanderino. La vecindad de Santander con Euskadi y su carácter de base de
descanso para los grupos fascistas que actuaban en territorio vasco  explican la numerosa asistencia de fascistas
encuadrados dentro de la “Operación Reconquista.
La concentración fascista en Montejurra, organizada por el
Gobierno a fin de que la habitual concentración carlista (con sus tendencias
izquierdizantes y democráticas) no supusiera un peligro para la débil y
reinstaurada monarquía juancarlista, reunió a elementos de diversas provincias.
Sin embargo, como dice “El libro negro de
Montejurra
”, (obra de donde se han extraído las guías fundamentales de
estas líneas)”…el grupo mas compacto, mas
organizado y de agresividad demostrada se encontraba en Santander…”.
El “Libro Negro…” atribuye a un nazi ya
fallecido, Juan Luis Pacheco Pérez (y no “José
Luis
”, como le denomina el libro), ex -divisionario azul, ex – legionario
honorífico, que residía en el número 36 de la calle San Fernando, la jefatura,
tal vez simbólica por su edad, de este compacto grupo, del que formaría también
parte otro Pacheco mas joven, su hijo Luis. Los tres autobuses de aguerridos
matones de salón y Club Marítimo fueron contratados en  Viajes Incavisa, extremo que el que escribe
estas líneas conoció de fuentes directas, siendo esa contratación realizada sin
mucho disimulo de las bélicas intenciones 
de los excursionistas.
Las armas se reparten el día anterior, sábado 8 de mayo de
1976, en plena Plaza Porticada, lugar que hasta no hace mucho reunía, junto a
otras instituciones administrativas, las sedes de la policía, del Gobierno
Civil y  del Gobierno Militar, por lo que
no dejaba de ser un lugar simbólico. El “Libro Negro de Montejurra” achaca (sin
dar mas datos)  a este grupo
santanderino, junto a los inevitables guardias civiles y policías de paisano,
muchos de los abundantes atentados, agresiones 
y ataques nocturnos que durante el verano de 1976 se dieron en Euskadi,
cuyas calles se llenaban todos los días de mareas  humanas pidiendo amnistía y enfrentándose a
las fuerzas represivas. Si que da datos de algunos de los participantes en el
grupo juvenil del fanático Pacheco, al que pertenecía por ejemplo el “destacado integrante” Javier Cabrero
Abascal y su hermano José Antonio, a los que fijaba su residencia en la Calle Castelar, 15, zona
“nacional” por excelencia de Santander. Estos dos elementos, hijos de un
profesor de Matemáticas  al que
recordarán para bien muchos antiguos alumnos, fueron acusados por el Partido
Carlista de formar parte de las bandas parapoliciales (mas ‘policiales’ que
‘para’) que durante días enteros asolaron las calles de San Sebastián, con
posterioridad a la muerte del fascista presidente de la Diputación de Guipúzcoa,
Juan María Araluce (también presente en Montejurra), en octubre de 1976. Años
después, alguno de los dos hermanos tuvo intereses hosteleros en algún bar del
centro de la ciudad, no lejos de la plaza de Cañadío, y también se les  puede ver participando y organizando  rancias procesiones religiosas. Participación  que, curiosamente, y saliéndonos del guión, era
también un “entretenimiento” de otro elemento fascista santanderino, el
empresario Miguel Ángel Fuentes, que hace veinticinco años fue encontrado en un
apartado lugar de Colombia con las manos atadas a la espalda con alambre y
varios tiros. Tal vez no eran las procesiones su único entretenimiento. Antonio
regenta en la actualidad un establecimiento en Santillana del Mar. Curiosamente,
y para que no falte nadie, la familia Cabrero está relacionada por matrimonio
con la familia del ex presidente Aznar, y también con algún descendiente del
escritor costumbrista José María de Pereda.
La comitiva de Sixto de Borbón. De izquierda a
derecha, Narciso Cermeño; Ignacio Fernández Guaza, colaborador policial, quien
el 23 enero de 1977 asesinaría a Arturo Ruiz en Madrid; enarbolando un mástil
de bandera, el santanderino Javier Cabrero; Sixto de Borbón con boina y
gabardina cruzada blanca; el personaje con traje oscuro y gafas era conserje
del madrileño Hotel Wellington, y encargado de seguridad de Fuerza Nueva; y,
finalmente, José Luis Marin García-Verde, con gabardina blanca y boina, el
asesino de Ricardo García Pellejero y Aniano Giménez Santos.
En el informe que los carlistas redactaron sobre los sucesos
señalan a otros individuos como miembros del santanderino grupo armado fascista,
tales como José María Mazarrasa, alias “Toñón”,
nieto de los condes de las Forjas de Buelna; el conocido Marcos Ruiloba, chulo
de guateque, omnipresente en todo sarao fascista que se preciara; un tal Manuel
López del Río, y  el veterano pediatra
Celestino Ortiz Pérez, que se dedicaba a tomar los pulsos (y esto no es broma)
durante los éxtasis de las videntes de la virgen en el pueblito de Garabandal,
allá por 1962. También es nombrado un tal Arruza Pajares, que reside ó residía
en Santander en la calle Reina Victoria. La lista de nombres y apellidos podría
alargarse notablemente, políticos y empresarios hosteleros incluidos. Pero la
falta de pruebas nos obliga a repetir únicamente lo que se demostró. Hay que
tener en cuenta que hablamos de una plaza en la que el ex alcalde del Partido
Popular entre 1995 y 2007, Gonzalo Piñeiro y García-Lago, presumía en su
juventud de formar parte de los valientes grupos agresores. Como los años
pasan, dicen las malas lenguas que durante estos últimos años practicaba
aquellas artes marciales con su mujer, viva imagen de la resignación.
A la tropa santanderina en la que formaban estos bizarros
elementos se le encargó ocupar la llamada explanada de Iratxe, conjuntamente
con varias compañías de la Guardia Civil,
según el “plan de guerra” concebido por el trío dirigente de la Operación Reconquista:
el ministro de Gobernación, Manuel Fraga Iribarne, el director general de la Guardia Civil, ex requeté, ex
divisionario azul, el teniente general nazi Ángel Campano López (quien sería
hasta su pase a la reserva en 1981 capitán general en Valladolid y Zaragoza) y
el “aspirante” a dirigente carlista, el ultraderechista Sixto Enrique de
Borbón, la cabeza visible de aquel engendro operativo montado a mayor gloria de
la monarquía fascista de Juan Carlos de Borbón y Borbón. 
Pero la alegría bélica deja paso a la prudencia, aun cuando
se esté respaldado por una ametralladora que el día anterior había sido montada
en la cumbre del monte con ayuda de la Guardia
Civil
, el mismo cuerpo que el día anterior  había supervisado la descarga de armas para
pertrechar a las fuerzas fascistas, con testigos que no dieron mas importancia
al hecho precisamente por la presencia de los picoletos.  A eso de las 10 de la mañana del 9 de mayo de
1976 una masa de mas de 15.000 personas comienza la ascensión a la cumbre,
defendida por una cohorte de Guerrilleros de Cristo Rey, militares,
legionarios, italianos de Ordine Nuovo, ustachis croatas, miembros de los
servicio de orden de Fuerza Nueva, oligarcas como los Oriol Urquijo, y una
abigarrada tropa de dementes y terroristas. Y la multitud que subía no tenía
intención de parar. El grupo de Santander dirigido por Juan Luis Pacheco, que,
como se ha indicado tenía la misión de controlar la campa de la base, debió de
considerar una prudente salida de escena,a la vista del gentío. Tanto desfile
vitoreando a la Guardia Civil
para nada. Efectivamente tal vez las fuerzas se les fueron en esos vítores.
Las órdenes que reciben desde la cumbre los chicos de Fuerza
Nueva madrileños de “atacar por la espalda” a la multitud son también
pospuestas para un análisis mas detenido. Los niños del Opus Dei, cuando
empiezan a ver la sangre, consideran que aquello no va con ellos y también
inician una retirada táctica. En esas discusiones y encontronazos, en el camino
a la cumbre, son asesinados Ricardo Garcia y Aniano Jiménez, a manos del
comandante retirado y falangista José Luis Marín García-Verde, que se hizo
famoso como “el hombre de la gabardina
blanca
”, tal como fue fotografiado durante los hechos. La total pasividad
de la Guardia Civil
ante las agresiones quedó como testimonio gráfico de cuales eran sus órdenes.
La “Operación Reconquista” fue un fracaso para sus
organizadores, si bien la envergadura del armamento proporcionado por el
Estado  bajo la supervisión de  la Guardia
Civil
a los asesinos podría haber causado una auténtica
masacre, dada la masa de gente en el lugar y la catadura de quien recibió las
armas. Antonio María de Oriol y Urquijo, presidente del Consejo de Estado,
igualmente participante en la organización de los hechos,  abandona rápidamente el escenario. Siete meses
después sería secuestrado por un comando de los GRAPO, como contrapartida de
exigencia de libertad para los presos políticos.
Poco dirán a las generaciones más jóvenes  aquellas polémicas entre diversas ramas del
carlismo. Poco significa ya un movimiento decimonónico de resistencia a la industrialización,  desde una perspectiva reaccionaria e
integrista. Su rama progresista, nacida al calor de las luchas contra el
franquismo, irá desapareciendo con los años. Sobre los sucesos de Montejurra se
vertió el típico manto de silencio y ocultamiento, procediendo como siempre a
la criminalización y persecución judicial de periodistas (como Ricardo Cid
Cañaveral) e investigadores gracias a los cuales se puso en claro la trama
auténtica, que fue presentada cínicamente  por Manuel Fraga Iribarne como “una pelea
entre hermanos”. Otros indeseables lanzaron la habitual desinformación,
clasificado a Montejurra76 como “una operación contra la democracia”, cuando lo
que estaba claro es que era una operación para afianzar la esencia del régimen,
ante el peligro potencial que para la figura del  pelele entronizado suponía una querella
dinástica. 

El gobierno del PP extiende la ley antiterrorista a toda la población

El Ministerio del Interior podrá intervenir las comunicaciones en la investigación de los delitos de especial gravedad, sin pedir autorización previa del juez, como es necesario en la actualidad en casi todos los delitos excepto en los de terrorismo.

La novedad represiva figura en el capítulo de la interceptación de las comunicaciones telefónicas, telemáticas y de correspondencia escrita y telegráfica que contempla el anteproyecto de ley orgánica de modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que ha aprobado el gobierno.

El gobierno quiere que el ministro del Interior e incluso el secretario de Estado de Seguridad, puedan acordar «la medida de investigación pertinente» consistente en la intervención, siendo suficiente que se lo comuniquen luego al juez dentro del plazo máximo de 24 horas.

En la comunicación el ministro o el secretario de Estado deben hacer constar «las razones que justificaron la adopción de la medida, la actuación realizada, la forma en que se ha efectuado y su resultado», según el artículo 588 bis d 4 del anteproyecto elaborado por el Ministerio de Justicia en el caso de las comunicaciones telefónicas y telemáticas.

La previsión es que el ministro de Interior pueda ordenar interceptar este tipo de comunicaciones «cuando las investigaciones se realicen para la averiguación de delitos cometidos en el seno de organizaciones criminales, delitos de terrorismo, delitos contra menores o personas con capacidad modificada judicialmente u otros delitos que, en virtud de las circunstancias del caso, puedan ser considerados de especial gravedad, y existan razones fundadas que hagan imprescindible la intervención».

En todo caso, el juez competente tendrá que resolver si revoca o confirma tal actuación en un plazo máximo de 72 horas desde que fue ordenada la medida.

Además de las intervenciones telefónicas y telemáticas, el ministro del Interior podrá también acordar la detención y apertura de la correspondencia escrita y telegráfica sin autorización previa de ningún juez.

El anteproyecto establece que la intervención de las comunicaciones esté siempre relacionada con la investigación de delitos concretos y prohíbe las «intervenciones prospectivas sobre la conducta de una persona o grupo», es decir, prohíbe el control indiscriminado de las comunicaciones, que es una tarea propia los servicios secretos.

Pero esa limitación es falaz porque de antemano la policía no puede saber ni tiene competencia para decidir si una conducta es delito o no. Por consiguiente, no existe ningún límite.

La reforma también contempla que los «terminales o sistemas de comunicación» que sean objeto de intervención «han de ser aquellos ocasional o habitualmente utilizados» por la persona investigada, por lo que con la excusa de la investigación de una persona la policía puede intevenir el teléfono de otra distinta, argumentando que suele utilizar su teléfono «ocasionalmente».

Precisamente ahora que ya no hay terrorismo la legislación antiterrorista se extiende a toda clase de personas que, si el anteproyecto finalmente se aprueba, verán anulados otro de sus derechos fundamentales. Antiguamente se justificaban ese tipo de medidas represivas por la gravedad de los delitos, de los que el terrorismo siempre fue el prototipo. Ahora ya no tienen ninguna clase de excusas para seguir con la represión y no solamente la misma no remite sino que aumenta.

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