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Autor: Redacción (página 1226 de 1357)

Israel: un Estado creado por terroristas religiosos

Logo de los terroristas del Irgún
El Califato Islámico no es el primer ejemplo en la historia de las pretensiones de una banda de fanáticos religiosos de crear un Estado. Ni siquiera es el más importante, un papel que corresponde a la creación del Estado de Israel en 1948, que fue uno de los episodios más violentos y despiadados que ha conocido la humanidad.

No hay un ejemplo más claro de terroristas fundando una nación que el caso de Israel, creado gracias a la expulsión, vejación e intimidación de aquellos que vivían allí desde hacía miles de años: los palestinos.

Los sionistas no repararon a la hora de desencadenar campañas de terror contra los palestinos para desalojarles de sus casas y sus tierras. Luego tomaron posesión de ellas.

Al reconocer al Estado de Israel, la ONU legitimó el terrorismo y su institucionalización permanente.

Para lograr sus propósitos, los sionistas crearon varias organizaciones paramilitares, especialmente la Haganá y el Irgún, después transformados en el Mosad. En ellas se combinaban el fanatismo con el recurso a la violencia indiscriminada.

En 2005 se desclasificaron documentos del MI5 que revelan los planes de los terroristas judíos de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial para asesinar al entonces canciller británico Ernest Bevin.

En 1946 el MI5 advirtió al entonces primer ministro Clement Attlee de dichos planes, entre los que había una campaña de atentados con bomba en suelo británico. La campaña terrorista planificada finalmente se redujo a una serie de cartas-bomba. En 1947, unas veinte de esas cartas fueron enviadas a figuras prominentes de Gran Bretaña, incluidos Bevin y su predecesor Anthony Eden.

Los documentos también describen el plan del rabino estadounidense Baruch Korif para bombardear Londres desde el aire, que aparentemente fue desbaratado por el MI5 mediante una serie de redadas que se llevaron a cabo en París.

Las advertencias se concentraron en las actividades de los dos principales grupos terroristas sionistas, a saber, Irgún y Stern.

En un informe, James Robertson, jefe de la Sección de Oriente Medio del MI5, reveló que su agente en Jerusalén había recibido información de que “los grupos Irgún y Stern habían decidido enviar cinco células a Londres” y que habían “entrenado a miembros selectos para asesinar a una destacada personalidad británica”. “Varias veces se hizo especial referencia al señor Bevin”, agregó.

Seguro que a más de uno ese tipo de actividades les suenan muy actuales. Sólo cambian las fechas y las siglas (o las religiones).

Comando Dixán: un documental contra la islamofobia

Luis M. Rodríguez
Ni la periferia parisina, ni el barrio de Molenbeek en Bruselas. El epicentro del yihadismo en Europa está en Cataluña. Eso es, al menos, lo que intentaron hacernos creer las autoridades hace ahora algo más de una década. Toca hacer memoria.

23 de enero de 2003. El juez Ruiz Polanco ordena una espectacular acción policial contra el terrorismo islamista en España. Es la Operación Lago.

150 miembros del Cuerpo Nacional de Policía, GEOS y TEDAX irrumpen de madrugada en distintos domicilios de Banyoles, Olot, Salt, Badalona, Santa Coloma y Sant Jaume de Llierca. ¿Resultado? 23 detenidos sospechosos de preparar atentados con explosivos y material químico. La mayoría son procedentes de Argelia.

Los medios de comunicación se hacen eco de lo sucedido sacando a relucir sus mejores dotes de espectáculo. “La ofensiva contra Bin Laden llega a Girona” (El Punto). “Los 16 arrestados en Cataluña preparaban atentados con explosivos y material químico” (El País). “La policía halla material químico y explosivo a los 16 detenidos de Al Qaeda en Cataluña” (El Mundo), “Al Qaeda en Girona” (Diario de Mallorca).

Los medios repiten la versión de la policía. Nadie pone en duda las fuentes, porque la información viene refrendada al más alto nivel.

El mismo presidente del Gobierno, José María Aznar, afirmaba sin ambages en rueda de prensa que “se ha desarticulado una importante red de terroristas vinculados a Al Qaeda” que “estaba preparando la comisión de atentados con explosivos y armas químicas”.

Por el tono de su discurso, parecían hechos probados. Pero… ni mucho menos lo eran.

“Cuando Aznar habla en 2003 a bombo y platillo de la Operación Lago como motivo para intervenir en la guerra de Irak dice que se ha desarticulado una célula terrorista de Al Qaeda con armas químicas preparada para atentar. De lo de Al Qaeda nunca más se supo, de atentar tampoco, y las ‘sustancias químicas’ incautadas resultaron ser productos de uso común, como el polvo blanco que resultó ser jabón, según los laboratorios del Ministerio de Defensa”.

Nos lo cuentan Sílvia Rispau, Mostafà Shaimi y Marta Bosch, tres de las personas implicadas en la realización de Dixán, un documental que hay que entender como ejercicio de memoria, pero también como fábula precautoria sobre los peligros de un sistema capaz de justificar todo tipo de abusos en nombre de la guerra global contra el terrorismo.

Entonces era Al Qaeda y la sombra del 11-S. Hoy son Califato Islámico, Siria y París. El contexto es básicamente idéntico. Dixán llega en el momento justo.

“La Operación Dixán es una puerta abierta para hablar y abrir debates sobre el racismo o la islamofobia”, explica el equipo del documental. “Debates que, demasiadas veces, se afrontan de forma dicotómica y nada compleja. Los hechos de estos días y los discursos que se generan lo demuestran”.

Pero volvamos al caso que nos ocupa. Volvamos a lo que el equipo de Dixán llama “el fiasco”.

El Gobierno español usó la Operación Lago como argumento para justificar una intervención militar en Irak. Sin embargo, un mes después de las detenciones, todo el caso empezó a desmoronarse por unas pruebas demasiado inconsistentes

Aznar utilizó Lago como argumento para justificar frente al gobierno español una intervención militar en Irak. Incluso Colin Powell, secretario de Defensa de EEUU, llegó a aludir a la Operación Lago como prueba frente al Consejo de Seguridad de la ONU. Aquello, desde luego, pintaba serio.

El “amigo español” parecía haber hecho un buen trabajo. Sin embargo, un mes después de las detenciones, todo el caso empieza a desmoronarse.

Poco a poco se fue sabiendo que el origen de la aparatosa Operación Lago no tenía nada que ver con el asedio internacional a Al Qaeda, sino con una modesta petición judicial cursada desde Francia. Pedían el registro de dos domicilios en los que parecían haberse alojado dos argelinos detenidos en el país vecino.

Cuando España comunica a Francia las detenciones, el juez francés responde mostrando cero interés por extraditar a ninguno de los detenidos. No ve amenaza o interés ninguno en esas personas.

Casi a la vez, los laboratorios del Ministerio de Defensa resuelven que ninguna de las sustancias intervenidas en los registros domiciliarios es peligrosa y que una de las sustancias en polvo que se creía podría ser explosiva, es en realidad jabón, detergente. Desde ese preciso momento, aquella supuesta célula durmiente de Al Qaeda empieza a ser conocida, en la prensa y en la calle, como “Comando Dixán”. Hay coña.

El 12 de febrero, el juez Ruiz Polanco muestra su malestar por la situación de la Operación Lago, instando a la policía española a que aporte pruebas que justifiquen las detenciones. Pocos días después, el fiscal Alonso pide la libertad sin cargos para los detenidos. En junio de aquel año, el magistrado Ruiz Polanco archiva finalmente el caso.

Aparentemente, la pesadilla del Comando Dixán había llegado a su fin. Aparentemente…

“Cuando los miembros del supuesto Comando Dixán salieron en libertad y Ruiz Polanco archivó su causa y fueron recibidos en loor de multitudes durante las movilizaciones contra la guerra, quienes habían sido detenidos se vieron con fuerza suficiente para querellarse por injurias y calumnias contra Acebes y Aznar. ¿Cuándo antes se ha visto a ‘terroristas’ como esos? Para el Gobierno fue demasiado”.

Sílvia, Musta y Marta nos introducen así a la segunda parte de esta historia. Un capítulo cargado de tensiones e irregularidades que podría resumirse en estos puntos:

1. El Gobierno, escaldado, reabre el caso agarrándose a un informe del FBI en el que se conjetura con que las sustancias incautadas durante la Operación Lago podrían ser usadas para la fabricación de “napalm casero”. Cuatro de los antiguos detenidos son imputados nuevamente. Tras prestar declaración, son dejados en libertad.

2. El 11 de marzo de 2004, estalla una decena de bombas en trenes de cercanías de Madrid, matando a 190 personas. Al Qaeda reivindica el atentado.

3. Cuatro días después, el magistrado Ruiz Polanco es suspendido cautelarmente por el Consejo General del Poder Judicial. Baltasar Garzón asume interinamente sus asuntos y ordena detener y encarcelar a los cuatro imputados.

4. En el otoño de 2006 se celebra el juicio contra el Comando Dixán. Son 6 los acusados. Durante el proceso hay multitud de piezas que no parecen encajar. “La acusación naufraga en el juicio contra los implicados en la operación Estanque”, escribe el diario El Punt en una de sus portadas.

La Audiencia Nacional condenó a 13 años de prisión a cinco de los acusados de formar una célula integrista. A la vez, en la misma sentencia se absolvía a los cinco de los delitos de conspiración para cometer atentados y tenencia de explosivos

El tribunal que juzga los hechos concluye que, a la luz de los informes periciales, “no puede apreciarse la existencia de depósito de materiales inflamables, ni la voluntad tendencial de dedicar tales líquidos a la fabricación de explosivos”. El tribunal también concluye que no hay indicios de conspiración para cometer atentados. Aún así, cinco de los seis acusados son condenados por pertenencia a organización armada y falsificación de documentos.

Casi nadie de los que han seguido de cerca el proceso entiende las condenas, y mucho menos la dureza de las sentencias.

“Los acusados por el Comando Dixán fueron condenados para que nadie tuviera que asumir su error, ni los jueces, ni el Gobierno ni el aparato antiterrorista del Estado”, opinan los impulsores del documental Dixán.

“Para protegerse a sí mismo, el Gobierno forzó la reapertura del caso en la estela del 11-M y tras conseguir sacar del medio al juez instructor Ruiz Polanco. Absolverles hubiera sido una condena a Aznar, Acebes, al Cuerpo Nacional de Policía, a la Fiscalía de la Audiencia Nacional, a Garzón y a todos los que contribuyeron a construir el montaje del Comando Dixán. Había que condenar para protegerse, y en eso los poderes del Estado se pusieron de acuerdo”.

La referencia al juez Polanco no es casual. Cuando fue apartado del caso, el magistrado dejó clara su opinión en declaraciones a la Agencia Efe.

“Yo tengo la seguridad, la tenía y la sigo teniendo, de que estos cuatro señores de un grupo de dieciséis que estuvieron una larga temporada en prisión, no han hecho absolutamente nada. Los puse en libertad porque no tenía ni un solo indicio de culpabilidad de estos señores”.

¿A qué respondía entonces la sentencia?

“Los romanos mandaban a los cristianos a las fieras por el mero hecho de serlo, y los nazis a los católicos, judíos y gitanos”, argumentaba el juez. Ahora, es el turno de los musulmanes.

“Aquellas condenas fueron una expresión de injusticia, destrozaron vidas de una forma espeluznante”, opinan los impulsores de Dixán. “La maquinaria jurídica solo cumplió el papel de justificar los errores políticos. No había ninguna prueba material para condenar al Comando Dixán, pero había que tapar el ridículo del Estado”. Y esa maniobra, dejó vidas abolladas.

“Si lo miras desde el lado humano es casi insoportable. Alguien que ha venido aquí huyendo de una Argelia atrapada entre la guerra civil y la parálisis económica para vivir una vida mejor, digna, normal, sin hacer más que trabajar, sin militar en nada, de repente se ve atrapado en una confabulación para justificar la intervención española en Irak del gobierno agonizante de Aznar contra la voluntad inmensamente mayoritaria del pueblo… Y así, sin comerlo ni beberlo, acaban robándote casi diez años de tu vida”.

El juicio al Comando Dixán se saldó como se saldó. Mohamed Tahraoui, Djamel Boudjelthia, Mohamed Amin Benaboura y Ali y Souhil Kaouka acabaron entre rejas, pasando por hasta doce prisiones distintas. Pero ni siquiera ahí terminó su pesadilla.

Cumplidas sus condenas, los cuatro fueron detenidos de nuevo y expulsados a Argelia. ¿El truco? Hacer valer la Ley de extranjería… después de haber impedido que pudieran renovar sus papeles mientras cumplían sus penas en prisión. No tienen permitido volver a territorio español ni de visita.

Durante todos estos años, la Plataforma Aturem la Guerra ha batallado a favor de los condenados. Ahora, con el documental Dixán quieren rememorar aquel proceso, sus pruebas, sus irregularidades. En parte, porque sienten que la historia se vuelve a repetir.

Ahí va un dato: desde el atentado del 11-M en Madrid, sólo se ha condenado a uno de cada diez detenidos por terrorismo islámico. Los detenidos suelen pasar meses o incluso años en prisión antes de ser liberados por falta de pruebas.

“A finales de 2014, se producen diversos hechos que nos impulsan a concretar la idea del documental. El más importante es la reaparición de operaciones policiales contra supuestos terroristas ‘islamistas’ o anarquistas en Catalunya y en el Estado español. Son operaciones policial y jurídicamente débiles, impregnadas de intereses políticos. Se puede decir que después del caso del Raval de 2009 habían casi desaparecido. En 2014 resurgen con fuerza. Los paralelismos de estas macrooperaciones con el Caso Dixán o el del Raval son evidentes”.

El documental busca animar el debate en torno a la creciente islamofobia que se vive estos días. Y lo hace desde la memoria. Mirar a un pasado que puede ayudarnos a interpretar el presente.

Tres miembros de la Plataforma viajaron este pasado verano a Argelia para encontrarse con sus amigos del Comando Dixán. Ali, Souhil, Mohamed y Amine toman la palabra para contar su historia. ¿Qué sienten ahora aquellos hombres? ¿Cuál es la lección que les queda?

“Los cuatro han reconstruido sus vidas, cada cual a su manera, y a pesar de todo lo que tuvieron que vivir, de una injusticia sin paliativos que les robó la vida durante diez años, parece que son razonablemente felices”, nos cuentan los chicos de Dixán.

“La verdad es que impresiona su fortaleza para sobrevivir a todo sin odios ni rencores pero con ganas de decir verdades y de ajustar algunas cuentas. Y contribuir a que eso no pueda volver a pasarle nunca a nadie”.

Porque está pasando. Puede que no en forma de sentencias, pero si como agravios, ataques y persecuciones. No hay más que abrir un periódico para verlo.

“Las matanzas en París son un acto de fascismo y una barbarie injustificable. Pero también lo son las que sucedieron días más tarde en Túnez o unos días antes en Beirut y las que suceden cada día en Irak, Siria o Palestina y en otros países… El tema es complejo, y aún más en un mundo globalizado. No podemos desenraizar nuestro análisis ni de la historia -venimos del colonialismo de los siglos XIX y XX- ni de los intereses económico-políticos”, explica el equipo de Dixán.

Lo que parece claro es que el odio al islam no puede traer nada bueno, ni nos va a librar del miedo.

“El odio y el rechazo al otro es una cuestión extendida en las sociedades europeas actuales, pero e se racismo de una parte de la sociedad se ve instrumentalizado por los estados para resolver crisis propias y crear un enemigo común que una filas”.

Ahí están discursos como el del Frente Nacional en Francia, o un Donald Trump envalentonado llamando a prohibir la entrada a EEUU de todos los musulmanes.

El documental Dixán busca estos días financiación a través del crowdfunding.

Fuente: http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/comando-Dixán-documental-memoria-islamofobia_0_1661233864.html

Las nuevas tecnologías son una forma de control total y masivo

Joseph Cox

Parecía muy sospechoso”. Así recuerda M un correo electrónico anónimo que recibió junto a varios periodistas más a finales de 2014. Prometía una exclusiva sobre un escándalo del gobierno. Algo no encajaba. Poco después, empezaron a pasar cosas extrañas en su portátil. “Recuerdo claramente no poder conectarme por Skype para hacer una entrevista sobre las torturas”, dice. “Había como interferencias y tuve que pedir prestado otro teléfono”.

Después de entregar un documento adjunto del correo electrónico a unos expertos de seguridad, descubrió que tanto ella como sus compañeros habían sido víctimas del Sistema de Control Remoto (RCS, por sus siglas en inglés), un sofisticado programas de espionaje desarrollado por una pequeña empresa italiana llamada Hacking Team. Más adelante, supo que era su propio gobierno el que lo utilizaba contra ella; seguramente no compartían su trabajo periodístico. Es por eso que nos cuenta su historia bajo el anonimato. Teme nuevas represalias.

M es sólo una de las miles de personas que probablemente han sido pirateadas con RCS por alguna de las agencias de inteligencia y cuerpos de seguridad que han comprado el programas. A medida que gobiernos y fuerzas del orden aumentan el uso de este tipo de herramientas, más motivos hay para creer que no sólo los criminales y las personas enfrentadas a un gobierno autoritario tienen motivos para preocuparse.

Tras los ataques de París, personas como el director de la CIA, John Brennan, y el comisario de policía de la ciudad de Nueva York (EEUU), Bill Braton, se quejaron de que el cifrado está neutralizando las técnicas convencionales de vigilancia. Es un sentimiento compartido por algunas autoridades europeas y que puede impulsar las ventas de RCS, el cual Hacking Team comercializa como una solución para el “problema” del cifrado porque piratear el móvil u ordenador de alguien puede revelar datos protegidos.

También ayudará a la competencia de la empresa italiana. Los expertos que siguen su actividad aseguran que sólo representa la más conocida de muchas otras compañías vendedoras de herramientas similares. Se trata de programas capaces de permitir que hasta la policía local utilice técnicas otrora exclusivas de las grandes agencias de inteligencia.

Lo que sabemos acerca de Hacking Team demuestra que la comercialización y divulgación de estas técnicas está plagada de problemas tecnológicos, morales y legales. Problemas a lo que apenas se atiende mientras su uso se convierte en algo común. Cuanto más accesibles sean para la policía y similares, más crece la posibilidad de abusos. “Antes de que el pirateo pase del FBI a las agencias policiales estatales y locales, necesitamos urgentemente debatir acerca de si y cómo se deben emplear tales herramientas de vigilancia”, afirma Christopher Soghoian, tecnólogo jefe de la Unión por las Libertades Civiles.

Pivote ofensivo

Hacking Team nació como una organización de ciberseguridad más tradicional en 2003. Su CEO y fundador, David Vincenzetti, provenía de la comunidad de expertos y entusiastas del cifrado de la década de 1990, la misma que incubó a Julian Assange, creador de Wikileaks. Las empresas contrataban sus servicios para probar sus sistemas informáticos en busca de vulnerabilidades. Estos primeros clientes ya incluían entidades como Deutsche Bank y Barclays.

Sin embargo, un par de años después, Vincenzetti pasó de la defensa al ataque. Hacking Team empezó a vender programas para acceder a los ordenadores personales y robar sus datos. Un paquete llamado RCS, el mismo programas utilizado contra M, se convirtió en su principal producto.

El programa RCS puede infectar tanto los ordenadores personales como los dispositivos móviles. Puede copiar archivos del disco duro, escuchar llamadas de Skype, leer correos electrónicos antes de su cifrado, captar claves de un navegador web y encender el micrófono y la cámara para espiar directamente.

El programa puede infectar un dispositivo al aprovecharse de fallos de seguridad de los sistemas operativos y otro programas. Hacking Team descubre estas vulnerabilidades por su propia cuenta o paga a otras empresas por saberlo. RCS puede llegar a un ordenador mediante un correo electrónico cargado con malware, como en el caso de M, o por alguien que consiga acceso físico al dispositivo. Algunos clientes abren la puerta al instalar un dispositivo llamado Aparato de Inyección de Red en su proveedor de servicios de internet, el cual puede dirigir el navegador objetivo a una falsa página web por la que RCS accede al sistema.

Los clientes pagan a Hacking Team por este programas y también por un sistema de servidores proxy para mantener ocultas las comunicaciones con el programas -y sus investigaciones-. El paquete también incluye un completo servicio de soporte técnico. “El valor añadido reside en la instrucción, consultoría y facilidad de uso que puede ofrecer a cualquier agente que no esté familiarizado con los ordenadores”, explica Edin Omanovic, investigador de Privacy International que ha estudiado la industria de la vigilancia.

Las autoridades italianas estuvieron entre los primeros usuarios de RCS para monitorizar a los capos de la mafia, los primeros objetivos. Pero Hacking Team superó rápidamente el mercado doméstico. En parte gracias a unos elaborados vídeos promocionales en los que prometía a potenciales clientes “superar la encriptación y obtener datos relevantes”.

La cartera de la empresa siguió creciendo en 2006 con la agencia española de inteligencia, el CNI. Dos años después se sumaron a la lista sus homólogos en Singapur y Hungría. Arabia Saudí, México, Egipto, Sudán, Rusia y Kazajstán tampoco tardarían en comprar las herramientas de Hacking Team. También lo hicieron el FBI y otras agencias estadounidenses. Fuerzas policiales locales e incluso seguridad privada también han pedido a Hacking Team demostraciones de sus herramientas. Correos electrónicos obtenidos por MuckRock gracias a la Ley de Libertad de Información muestran una comisaría tradicional de sheriff en Florida preocupada por no poder “sobrevivir” sin RCS tras ver una demostración. Nunca llegó a comprarlo.

Algunos de los clientes de Hacking Team han utilizado RCS de manera alarmante. En 2012, el Laboratorio para la Ciudadanía de la Universidad de Toronto (Canadá), que investiga cómo la seguridad informática afecta a los derechos humanos, descubrió que había sido utilizado por el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos para infectar el ordenador de un disidente político. También lo hizo el gobierno de Etiopía para piratear los ordenadores de unos periodistas que trabajaban en Estados Unidos. “Encontramos cosas muy jodidas”, afirma contundente Claudio Guarnieri, un investigador de seguridad que colaboró con el Laboratorio para la Ciudadanía en varios informes.

Muchos detalles acerca de la empresa de Vincenzetti y sus clientes proceden de documentos publicados después de que la empresa fuera pirateada en julio de este año. Una hoja de cálculo interna, con fecha de mayo de 2015, sugiere que 6.550 dispositivos –móviles y ordenadores– pueden haber sido infectados por RCS desde 2008. En total, la empresa vendió a unos 70 clientes, incluidos gobiernos, que le reportaron más de 40 millones de euros en beneficios (más de 44 millones de dólares).

Sin embargo, airear su trapos sucios por internet no pareció suponer un problema para el negocio de Hacking Team. Ningún cliente se distanció públicamente de la empresa. “Los clientes se han quedado con nosotros. Creo que reconocen el valor de lo que hacemos, la superioridad del producto”, explica el portavoz de la empresa, Eric Rabe. Su CEO, Vincenzetti, rechazó cualquier entrevista.

Existe mucha competencia sin embargo, tanto de pequeñas empresas como de grandes contratistas gubernamentales. Gamma International, con sedes en Alemania y Reino Unido, ofrece una herramienta similar a RCS llamada FinFisher. Ha sido comprada por agencias gubernamentales y fuerzas policiales en Australia, Bélgica e Italia. El gobierno bareiní la utilizó para espiar activistas. No fue el único. Según Privacy International, el gobierno de Uganda la empleó para extorsionar a sus oponentes políticos. Al igual que Hacking Team, Gamma International fue pirateada en 2014 para filtrar sus documentos internos. Tampoco parece haber sufrido por ello. El Laboratorio para la Ciudadanía informa que ha ganado clientes.

Omanovic, investigador de Privacy International, asegura que tiene constancia de unas 16 empresas que venden productos similares al de Hacking Team. Dos semanas antes de entrevistarle, había descubierto una empresa radicada en Israel. Dos meses antes, otra en Sudáfrica. Guarnieri, que colaboró con el Laboratorio para la Ciudananía, cree que existen muchas más. “Creo que las más importantes, en cuanto al tamaño de sus negocios y bases de clientes, aún no se han revelado”, dice. “No han recibido mucha atención, quizás sólo porque se les ha dado mejor evitar que las pillen”.

Poder sin límites

En Estados Unidos, el uso de herramientas como RCS para acceder a los datos de otra persona está regulado por la Cuarta Enmienda de la Constitución y las normas del procedimiento penal, lo que significa que el FBI necesita una orden judicial para piratear un ordenador ajeno. Pero el Departamento de Justicia de Estados Unidos prepara un cambio de la norma para obtener órdenes judiciales para registros “de acceso remoto”. Tanto la Unión Estadounidense para las Libertades Civiles como Google han manifestado que esto podría ampliar significativamente su uso.

Sin embargo, es habitual que cuando las fuerzas policiales consiguen acceso a nuevas tecnologías de vigilancia, estas se desplieguen rápidamente antes de que se pueda establecer un mecanismo para regular su uso. En Estados Unidos, el abuso de Stingrays –unos dispositivos que recopilan datos de teléfonos móviles en una zona determinada– se ha vuelto muy común. Por ejemplo, el sheriff del condado de San Bernadino, cerca de Los Ángeles (EEUU), los ha utilizado más de 300 veces sin una orden judicial durante un período menor a dos años. Ese problema sólo se está abordando años después de surgir. Ahora el FBI necesita una orden judicial para emplear Stingrays, y ya hay iniciativas en curso para conseguir la misma restricción en las fuerzas de policía local.

Soghoian, tecnólogo de la Unión por las Libertades Civiles, cree que existe una necesidad desesperada de un debate público y político sobre el poder de las herramientas de pirateo y su creciente uso por parte de las autoridades. “Creo que muchos estadounidenses se escandalizarían al saber que el gobierno puede asumir el control de su cámara web (sin que se encienda la luz indicadora) o activar remotamente el micrófono de su portátil o móvil”, asegura.

Es improbable que el Congreso ni sus equivalentes en otras naciones occidentales estén a punto de emprender el debate que pide Soghoian. Es más, tras los atentados terroristas de Daesh -nombre con el que se conoce al Califato Islámico- y sus simpatizantes, el interés de las agencias de inteligencia y fuerzas de seguridad sólo va en aumento.

Tampoco restringir la venta de herramientas como RCS a los gobiernos con un mal historial en derechos humanos parece una opción. Fracasó en 2013 cuando un acuerdo de control de armas firmado por Estados Unidos y otros 40 países, el Acuerdo Wassenaar, se actualizó para restringir la exportación de tecnologías de vigilancia a ciertos gobiernos. Sin embargo, las reglas propuestas en Estados Unidos se archivaron después de que los investigadores de seguridad protestaran al considerarlas demasiado amplias por lo que limitarían el trabajo vital y necesario para asegurar la seguridad en internet.

La estrecha relación entre los proveedores de las herramientas y las agencias nacionales de inteligencia y criminales también podría conferir algo de inmunidad a la regulación. Unos correos electrónicos internos de Hacking Team demuestran que se reunió con oficiales militares después de que el gobierno italiano paralizara la exportación de RCS por su colusión con los derechos humanos. La prohibición se levantó poco después.

A Guarnieri le preocupa que nos estemos dirigiendo sonámbulos hacia un mundo en el que la venta y el uso de tales herramientas se dé por sentado. “Si en 10 años tenemos 50 Hacking Teams en Italia … saboteando sistemas operativos seguros, encontrando maneras de hacer que el programas de seguridad carezca de sentido, creará una ristra de problemas que nunca podremos abordar porque se habrá legitimado”, afirma.

Parece que hemos llegado a una encrucijada de la vigilancia sin que la sociedad sea consciente de ello ni pueda, mucho menos, elegir el camino a tomar. Esto tiene desventajas incluso para personas con la suerte de vivir en lugares garantistas con los derechos civiles. A la gente como M, convertida en objetivo de su propio gobierno por difundir verdades consideradas inconvenientes, sólo le queda esperar que las empresas como Hacking Team puedan moderarse a la hora de decidir a quién venden.

Rabe, el portavoz de la empresa italiana, sugiere que ese es el caso: “La sociedad siempre ha esperado que las fuerzas de seguridad realicen labores de vigilancia para protegernos del fraude, el robo, los daños físicos, el terrorismo y otros crímenes”, señaló en un comunicado. “Hacking Team proporciona herramientas exclusivamente a gobiernos –para utilizarse con las medidas adecuadas de salvaguardia– de modo que puedan saltarse el cifrado empleado habitualmente por criminales y terroristas para atacarnos”.

Pero los investigadores de seguridad no se lo tragan. “Creo que uno podría fundar una empresa responsable que vende soluciones de espionaje”, dice Bill Marczak, investigador del Laboratorio para la Ciudadanía. “¿Pero tendría clientes una empresa así? No lo sé”.

Fuente: http://www.technologyreview.es/informatica/48826/el-gran-negocio-de-hackear-para-gobiernos/

Las armas utilizadas en los atentados de París proceden de la CIA

El diario estadounidense Palm Beach Post informa que una pistola semiautomática M92 utilizada en el ataque terrorista de París fue vendida por la empresa Century International Arms, que tiene su sede en Delray Beach, Florida. Es una pantalla de la CIA que comercializa armamento militar sobrante, no solamente del ejército estadounidense sino de terceros países.

En 2011 las comunicaciones interceptadas por WikiLeaks indicaban que la empresa vende armas a “intermediarios no autorizados”, uno de los cuales es un traficante israelí de armas.

No es la primera vez que Century aparece implicada en operaciones dudosas. En 2011 el Center for Public Integrity denunció que centenares de fusiles rumanos WASR-10 (una variante del famoso Kalachnikov ruso) que la empresa de Florida comercializa han aparecido también en crímenes cometidos en México por los cárteles de las drogas.

El Palm Beach Post asegura que al menos siete de las armas utilizadas o descubiertas tras los atentados de París del 13 de noviembre proceden de una fábrica serbia gestionada por Century.

A finales de los ochenta, durante el escándalo Irán-Contra, directivos de dicha empresa y el antiguo policía John Rugg declararon a una comisión del Senado de Estados Unidos que Century suministraba armas, incluidos cohetes y lanzagranadas, a los contrarrevolucionarios nicaragüenses.

Rugg dijo que la empresa estaba relacionada con Richard Secord, un general de la Fuerza Aérea que había trabajado para la CIA durante los bombardeos secretos dirigidos contra el Pathet Lao, durante la guerra de Vietnam.

Secord dejó el ejército de Estados Unidos en 1983 cuando se descubrió el tráfico ilegal con el antiguo agente de la CIA Edwin P. Wilson. Luego apareció implicado en el suministro de armas a la contrarrevolución nicaragüense junto con el coronel Oliver North.

Tras su proceso en 1989, North admitió que la Operación Tipped Kettle suministró armas a los contras nicaragüenses en contra de la enmienda Boland y que dicha Operación fue ordenada por William Casey, entonces director de la CIA, así como por el Secretario de Defensa, Caspar Weinberger.

El hecho de que la pistola M92 tenga relación con Secord y la CIA no demuestra que el espionaje estadounidense esté detrás de los atentados de París sino que es quien controla la mayor parte del tráfico de armas en todo el mundo y, en especial, a los grupos yihadistas.

Es otra demostración de que sin la intervención de la CIA y de sus pantallas, las armas no habrían llegado a las manos ni de los talibanes afganos, ni de Al-Qaeda, ni de los diferentes grupos yihadistas, como el Califato Islámico o Boko Haram.

http://www.mypalmbeachpost.com/news/news/crime-law/dealer-gun-linked-to-paris-attack-came-through-del/npgwf/
http://www.palmbeachpost.com/news/news/wikileaks-secret-cables-detail-delray-firms-role-i/nLxsM/

El Mossad asesinó con plutonio al dirigente palestino Yaser Arafat

El Mossad, el centro israelí de espionaje, asesinó al dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yaser Arafat, envenenando su café, informó el jueves el rotativo libanés Ad-Diyar.

El Mossad supo que el dirigente palestino empezaba el día con una taza de café instantáneo con leche. Infiltró a uno de sus mercenarios entre los guardaespaldas y le encargó mezclar el café original con otro que estaba contaminado con plutonio.

El infiltrado accedió a llevar a cabo esta tarea a cambio de una gran suma de dinero y de obtener asilo en occidente bajo una nueva identidad.

El plutonio fue administrado en pequeñas dosis para deteriorar la salud del dirigente palestino de manera progresiva, para de este modo no causar alarma y que no se descubriera que el Mossad estaba detrás de su muerte.

El mencionado diario asegura también que el infiltrado accedió a llevar a cabo esta tarea a cambio de una gran suma de dinero y de obtener asilo en Occidente bajo una nueva identidad.

Tras cumplir con sus órdenes y causar la muerte de Arafat, indica el diario libanés, el espionaje israelí ayudaron al infiltrado a someterse a varias operaciones de cirugía plástica para que no se le pudiese reconocer por sus rasgos faciales.

Según Ad-Diyar, el espía israelí viajó primero a Canadá y posteriormente a Estados Unidos, convirtiendo a Obama en encubridor del asesinato.

El pasado 11 de noviembre, la comisión palestina de investigación sobre la muerte de Arafat anunció haber identificado al autor del asesinato del dirigente palestino, y acusó al régimen israelí de estar detrás de su muerte.

“La comisión de investigación ha conseguido identificar al autor del asesinato del difunto dirigente Yaser Arafat”, se limitó a informar el jefe de la comisión, Tawfiq Tirawi, pero se negó a revelar el nombre del sospechoso o a difundir más detalles acerca de la investigación o la acusación.

Arafat murió el 11 de noviembre de 2004 a los 75 años. Para encubrir el asesinato, inicialmente no se efectuó ninguna autopsia, pese a reclamarlo su viuda, Suha Arafat.

Desarticulada una red israelí que traficaba con órganos de refugiados sirios

La policía turca ha arrestado a un israelí por vender órganos humanos de refugiados sirios en Estambul.

Boris Walker, también conocido como Boris Wofman, fue arrestado por llevar a cabo operaciones quirúrgicas ilegales con refugiados sirios en clínicas turcas.

Los clientes de la red recibían un órgano a cambio de pagar entre 70.000 y 100.000 euros, según la acusación dirigida contra él. Por el contrario, los refugiados sirios que donaban los órganos recibían una cantidad muy baja.

Wolfman estuvo buscado por la Interpol por tráfico de órganos en el pasado. Puso anuncios en periódicos rusos para encontrar a potenciales donantes y no explicó a los donantes los riesgos físicos y psicológicos que corrían. Además les negó cualquier información necesaria antes de tomar su decisión.

Wolfman fue acusado de tráfico de órganos humanos en el pasado en Kosovo, Azerbaián y Sri Lanka entre los años 2008 y 2014.

Entonces formaba parte de otra red dirigida e integrada por siete israelíes que llevó a cabo “decenas de operaciones” entre 2008 y 2014, según fuentes del Ministerio de Justicia israelí. Esta red explotaba la necesidad económica de los donantes y la angustia de los receptores para ganar grandes cantidades de dinero.

Uno de los miembros de la red, Avigad Sandlar, visitaba a pacientes en Israel con vistas de proponerles la adquisición de órganos de personas que vivían en Kosovo, Azerbaián y Sri Lanka.

El tercer inculpado, Moshé Harel, actuaba también en Kosovo con un médico turco, Yusuf Ercin Sonmez.

Un cuarto miembro de la red era el doctor israelí Zaki Shapira, considerado como un experto en materia de trasplantes de órganos. Fue jefe de servicios para este tipo de intervenciones en el Hospital Beilinson, cerca de Tel Aviv, hasta su jubilación en 2003.

El pasado año otro israelí, Gadelya Tauber, fue detenido en la ciudad brasileña de Recife. Estaba considerado como el jefe de una red israelí implicada en el tráfico de órganos humanos y en búsqueda y captura internacional desde 2009, cuando fue detenido en Italia y logró huir. Tauber llegó a bordo de un vuelo procedente de Sao Paulo y fue detenido por policías brasileños.

Durante estos cuatro años, Tauber circuló libremente por varios países como Israel, Estados Unidos y Canadá cambiando frecuentemente de residencia.

Según los cargos que constan contra él, el israelí organizó desde 2002 una red de tráfico de órganos a partir de Brasil. Él engañó a 47 brasileños de barrios pobres de Recife y Pernambuco para que le vendieran sus órganos. Estos últimos eran enviados al Hospital de Sant Agostini en Durban (Sudáfrica), donde sus órganos eran extraídos y transplantados en pacientes israelíes que esperaban sobre todo un riñón. Las víctimas firmaban una falsa declaración afirmando que los destinatarios de esos órganos pertenecían a su familia.

Cada operación proporcionó a Tauber y otros miembros de su red en Israel y Brasil una suma de 150.000 dólares estadounidenses. Los brasileños donantes recibían una pequeña suma de entre 5.000 y 30.000 reales brasileños (entre 2.200 y 13.200 dólares) por sus órganos. En total, la red se embolsó más de 4 millones de dólares por estas operaciones.

Tauber fue condenado por un tribunal italiano a 11 años y 9 meses de cárcel, pena que fue posteriormente reducida a 8 años y 9 meses. Cuando emprendió la huida, él debía todavía cumplir 4 años y 9 meses en prisión. El gobierno brasileño pidió la extradicción de Tauber a fin de que cumpliera el resto de su pena en Brasil.

Otras 12 personas fueron detenidas en Brasil como reclutadores de donantes. En Sudáfrica, 20 médicos y enfermeras que practicaban las intervenciones quirúrgicas han sido también detenidos.

Esta red de tráfico de órganos fue desarticulada en mayo de este año. Se dedicaban a vender en Israel los órganos humanos que obtenían en países como Kosovo, Azerbaián, Sri Lanka y Turquía.

Fuente: http://www.almanar.com.lb/spanish/adetails.php?eid=113958&cid=23&fromval=1

Provocaciones continuas hacia Corea del norte

Desde hace algunos años una de las diversiones favoritas de los gringos descerebrados consiste en hacerse detener en Corea del norte como una forma de provocación gratuita, de salir en algún programa de televisión y denunciar la terrible dictadura en la que viven los habitantes de Corea del norte.

Uno de esos descerebrados se llama Joo Won-Moon, un estudiante de 21 años de la Universidad de Nueva York que fue liberado el 5 de octubre de este año después de cumplir cinco meses de cárcel en Corea del norte.

El joven es de origen surcoreano, aunque reside permanentemente en Estados Unidos. Interrumpió sus estudios durante un semestre para viajar. En el transcurso de su periplo se le ocurrió la gracia de entrar ilegalmente en Corea del norte desde China, después de franquear una valla de alambre de espinos.

Interrogado por la CNN en mayo, cuando estaba preso, explicó que su acción no fue improvisada, sino plenamente deliberada: “Quería que me detuvieran”, explicó. En la entrevista el estudiante no demostró tener muchas luces en la cabeza:

“Pensé que entrando ilegalmente en la República Popular Democrática de Corea tendría lugar un gran acontecimiento y que con un poco de suerte eso tendría efectos positivos sobre las relaciones entre Corea del norte y Corea del sur”.

Joo Won-Moon no es el único ciudadano estadounidense que lo ha intentado.. En abril del año pasado Matthew Miller también entró ilegalmente en Corea del norte a través de China como turista. Dijo que era un pirata informático y que su objetivo era que la Marina de Estados Unidos abandonara de Corea del sur.

Le capturaron por dejar que su visado de tres días caducara y, aunque pidió asilo político, le detuvieron. Según la agencia de prensa coreana KCNA, tuvo la estúpida idea de vivir la vida de un preso para ser testigo de la situación de los derechos humanos dentro de las cárceles coreanas.

Fue condenado a seis años del cárcel, durante los cuales creía que podría aprovechar para discutir con los norcoreanos de una manera que el turismo convencional no permite. Pero tuvo mala suerte: le liberaron a los ocho meses.

En 2009 otro estadounidense, Robert Park, también se hizo detener al atravesar el río Tumen, entre China y Corea del norte, gritando “¡Corea y Estados Unidos os aman!” mientras rompía un retrato de Kim Jong-Il, que entonces era el Presidente del país.

Ls detuvieron y pasó 43 días en las mazmorras de Pyongyang, tras declarar a la agencia Reuters que no quería que Obama intercediera. Tras su detención, dijo que le habían violado y torturado.

Tras salir de la cárcel, Joo Won-Moon viajó a Corea del sur, donde le pueden volver a meter en la cárcel por viajar a Corea del norte sin permiso del gobierno, pero es muy posible que eso no lo cuente la prensa.

En una entrevista con “Daily Beast”, Robert Ascherman, estudiante de la Universidad de Nueva York reconoce que se siente aliviado y, al mismo tiempo, enojado: “Estoy contento por haber sido liberado pero creo que es una vergüenza que haya estaadoo detenido tanto tiempo. Seis meses de cárcel simplemente por habeer atravesado una frontera es absurdo y eso ha sido una experiencia difícil”.

Además de tonto, este estudiante es idiota. No sabe que su país estuvo en guerra con Corea del norte y que, como aún no se ha firmado un acuerdo de paz entre ambos países, él es un enemigo.

Fuente: http://www.thedailybeast.com/articles/2015/10/05/americans-are-trying-to-get-arrested-in-north-korea.html

Las guerras del Cáucaso (3)

Shamil Basaiev
La guerra de Chechenia forma parte de un plan de ruptura de los lazos entre Europa y Asia y, por intermedio de los independentistas wahabíes, un golpe de los imperialistas estadounidenses para reventar la Federación Rusa. A los imperialistas nunca les bastó con erradicar el socialismo de la URSS sino que necesitaban desmembrarla. Estados Unidos ya controla Azerbaián y Georgia, país que ha dado su apoyo en numerosas ocasiones a los independentistas chechenos, a pesar de que históricamente las relaciones entre georgianos y chechenos han sido tensas. En respuesta, los rusos apoyan en Georgia a los separatistas de Osetia del sur. Asistimos, pues, a un reacomodo estratégico en el que el control y dominio de la región del Cáucaso, Asia Central y sus reservas energéticas desempeñan un papel fundamental en la pugna entre las potencias imperialistas: Estados Unidos, de un lado, y la Unión Europea, de otro, con Rusia en medio.

Así lo explicó Mijail Alexandrov, especialista del Instituto CIS de Moscú, en el diario del Ministerio de Defensa ruso, Krasnaia Zvezda: “La situación en Osetia del norte precisa ser vista en el contexto de la creciente batalla por el control de la Transcaucasia entre Rusia y las potencias anglosajonas. Los anglosajones pretenden expulsar a Rusia de la Transcaucasia y, para ello, precisan desestabilizar la situación en el norte del Cáucaso y en Rusia en general”.

La desestabilización de Rusia mediante la manipulación de las tensiones políticas entre las poblaciones del Cáucaso y Asia central está en la pauta de Washington desde la época de la URSS. Una de sus primeras postulantes fue la francesa Helène Carrère d’Encausse, así como Alexander Benningsen, profesor de la Sorbona, y el orientalista británico Bernard Lewis.

Miembro de la Academia francesa, Hélène Carrère d’Encausse nació en París en 1929 con el apellido Zourabichvili. Proviene de una familia zarista que se refugió en Francia tras la Revolución de Octubre. Sus ancestros fueron funcionarios imperiales, llegado uno de ellos a presidente de la Academia de Ciencias en tiempos de Catalina II. Desde hace muchos años está considerada como una de las mayores expertas en asuntos soviéticos. Su obra más conocida, “L’Empire éclaté” (La explosión del Imperio) se publicó en 1978. En 1992 fue consejera del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, financiando las manipulaciones en el interior de los antiguos países del bloque socialista y de la recién desaparecida Unión Soviética. Dos años después fue diputada del Parlamento Europeo y vicepresidenta de la Comisión Asuntos Exteriores y Defensa. Fue una asesora muy cercana a Chirac en asuntos orientales durante su etapa como Presidente de la República Francesa. Como sus escritos sobre la URSS (incluida una biografía de Lenin) gozan de gran reputación en todo el mundo, para conocerla más de cerca es conveniente mencionar una entrevista en la televisión rusa NTV en la que explicó así los estallidos incendiarios en París a finales de 2005:

“Esas gentes llegan directamente de sus aldeas africanas. Pero la ciudad de París y las otras ciudades de Europa no son aldeas africanas. Por ejemplo, todo el mundo se asombra: ¿por qué los niños africanos están en la calle y no en la escuela? ¿Por qué sus padres no pueden comprar una vivienda? Las razones son claras: muchos de esos africanos, os lo aseguro, son polígamos. En una casa hay tres o cuatro mujeres y 25 niños. Viven tan hacinados que ya no son casas, sino ¡dios sabe qué! Se comprende por qué esos niños corretean por las calles”.

Esa es toda la ciencia de la académica Carrère d’Encausse.

La estrategia imperialista de manipulación de las poblaciones musulmanas de la URSS se concreta a partir de la invasión soviética a Afganistán en 1979. Afganistán fue el campo de entrenamiento de las redes de yihadistas, financiadas, entrenadas y mantenidas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Arabia saudí y Pakistán, de donde provienen los islamistas que portan la marca de Al-Qaeda.

En aquella época, la política de Carter estaba bajo la dirección del consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, luego autor del libro “El gran tablero de ajedrez mundial: la supremacía estadunidense y sus imperativos geoestratégicos”, donde ya aludía (1997) a los Balcanes euroasiáticos. Brzezinski afirma en su obra que el interés de Estados Unidos como primera potencia verdaderamente mundial es asegurar que ninguna potencia rival llegue a controlar Eurasia o, lo que es lo mismo, que sólo la controlen ellos. El consejero de Carter también es consejero de la sociedad petrolera BP Amoco, con reconocidos intereses en la zona: “Eurasia es el tablero sobre el que se desarrolla el combate por la primacía global […] La tarea más urgente consiste en velar para que ningún Estado o reagrupamiento de Estados tenga los medios para expulsar a los Estados Unidos de Eurasia o debilitar su papel de árbitro”. Brzezinski es partidario de la partición de Rusia en tres: la Rusia europea, la Rusia de Siberia, y la Rusia del extremo oriental, con vistas a debilitarla en el combate por la primacía de su tablero euroasiático.

El Pentágono no ha dejado de provocar a Rusia para que lleve a cabo acciones agresivas contra los chechenos, tanto en el plano militar como diplomático, para debilitar su todavía frágil alianza con Alemania y Francia. La injerencia imperialista tiende a prolongar el drama checheno haciendo al Kremlin único responsable del mismo.

Las grandes potencias imperialistas se disputan el control del Cáucaso y de los recursos del Mar Caspio. La cuestión chechena es una cuestión estratégica internacional: por allí pasa una red de oleoductos indispensables para la explotación rusa del petróleo del Mar Caspio. Los rivales de Rusia, especialmente Estados Unidos, están interesados en que el conflicto perdure y que se extienda incluso a todo el Cáucaso. Los esfuerzos que Estados Unidos despliega en la región son visibles. Ha instalado a sus peones en Georgia, cuyo ejército controlan, como controlan el espacio aéreo desde su base de Inçirlik, en Turquía.

La desestabilización de Rusia se juega en varios frentes simultáneamente. Lituania acoge en su territorio el “Kavkaz Center” (Centro Caucásico), desde donde Basaiev difundió el comunicado en el que reivindicaba la carnicería en la escuela de Beslán, además de los atentados contra los dos aviones civiles rusos perpetrados una semana antes. La masacre fue revindicada en internet por Basaiev pero su sitio no ha sido molestado. No satisfecha, Lituania pidió explicaciones a Rusia por el trágico desenlace de su ataque en Beslán, como si fuera Putin y no Basaiev el responsable de la masacre. Vilnius realiza así un doble juego para desestabilizar a Moscú y perturbar las relaciones euro-rusas.

En Chechenia coexisten dos gobiernos, uno pro-ruso y otro en el exilio en Londres. Un año después de la matanza de la escuela de Beslán, su máximo responsable Shamil Basaiev, fue proclamado viceprimer ministro de ese gobierno checheno en el exilio. Su portavoz, Ahmed Zakaiev, disfruta de asilo político. En Washington su ministro de Relaciones Exteriores, Ilyas Ajmadov, también disfruta del asilo político de los imperialistas. Una de las sedes de este gobierno está en un local de la la “Freedom House” que dirige el antiguo director de la CIA James Woolsey, y su financiación corre a cargo del Comité Norteamericano para la paz en Chechenia, copresidido por Zbigniew Brzezinski y por su ejecutor, Alexander Haig hijo. Estados Unidos también ha concedido asilo político a Ilyas Ahmadov, acusado de crímenes de guerra y ayudante del independentista Aslan Masjadov. Ahmadov fue contratado por la organización “National Endowment for Democracy”, donde participan el sionista Paul Wolfowitz (antiguo ministro de Defensa), Frank Carducci (antiguo director de la CIA) y el general Wesley Clark (antiguo Comandante en Jefe de la OTAN). Por eso, el New York Times no califica a los chechenos de terroristas sino de resistentes y, un año después de la masacre de Beslan, Basaiev, con una orden internacional de busca y captura, concedía una entrevista a una cadena estadounidense de televisión.

Cuando Ahmed Zakaiev fue detenido en Copenhague, Rusia solicitó formalmente su extradición implicándole, entre otros actos, en el secuestro de 1.000 personas en el Teatro Duvrobka de Moscú, que se había producido apenas una semana antes. Pero el embajador de Dinamarca en Moscú advirtió de que las leyes danesas no permitían su extradición a Rusia.

El oligarca ruso Berezovsky, perseguido por evasión fiscal, también está refugiado en Londres, bajo el asilo político del gobierno. Desde allí mueve varios de los hilos del ajedrez geopolítico del Cáucaso en interés de sus jefes. Como en Irak, de nuevo, petróleo y guerra van de la mano también en Chechenia.

Washington habla un doble lenguaje cuando pide al Kremlin que negocie con el gobierno checheno en el exilio: “¿Por qué no se reúnen ustedes con Osama Bin Laden, lo invitan a Bruselas o a la Casa Blanca para iniciar conversaciones, para preguntarle lo que quiere y dárselo, a fin de que los deje en paz?”, respondió Putin. La presión estaba destinada a obligar a Putin a negociar con Masjadov, es decir, a reventar la Federación Rusa a cambio de la etiqueta democrática, como aceptó Yeltsin disolver la URSS para ganar los favores de la Casa Blanca, o como obligó a Milosevic a negociar en París con la fantasmagórica UÇK de Kosovo, antes de destituirlo.

Las guerras del Cáucaso (2)

El presidente ruso Boris Yeltsin

Entonces comenzó otra etapa de la historia de Chechenia, la primera guerra (1994-1996), que empezó como un enfrentamiento interno. En mayo de 1993 los enfrentamientos armados se trasladaron al centro de Grozni. Tres distritos de la capital proclamaron su lealtad a la oposición. Dudaiev envió a sus milicias para recuperar el control de estas zonas y, al mismo tiempo, con el fin de contrarrestar las acusaciones de dictador, anunció la celebración de elecciones legislativas en 1995 y presidenciales en 1996. En un atentado dirigido contra Dudaiev, falleció su ministro del Interior.

Yeltsin envía tropas para atacar Grozni, estabilizar la región, frenar las tendencias independentistas y garantizar la variante rusa de los oleoductos que cruzan el Cáucaso. La guerra se prolongó durante varios meses. La ofensiva acorazada se produce por tres frentes pero choca con una fiera resistencia. Grozni padece un bombardeo intensivo que destruye su centro histórico. La guerra costó más de 50.000 muertos y una importante cantidad de refugiados. Los chechenos se repliegan hacia las montañas y los rusos consiguen ocupar una gran parte del territorio.

Pero la guerra provocó una fuerte crisis política en el interior de Rusia. Actuó como aglutinante de la oposición a Yeltsin. Parte de las fuerzas armadas, de la cúpula de la Iglesia ortodoxa y de las masas se manifestaron en contra de una política vacilante hacia Chechenia que sólo respondía a los vaivenes de la correlación de fuerzas en el Kremlin. Negociaban cuando la popularidad del Gobierno era mínima (junio de 1995) o cuando estaba en juego su continuidad (elecciones de agosto de 1996) y, por otro lado, desencadenaron acciones militares extremadamente violentas (por ejemplo, la conquista de Samachki), como medio de afianzar su influencia en el país.

La guerra fue encarnizada, en especial para el pueblo checheno, pero también para el ejército ruso, objeto de las represalias de las milicias chechenas, que no claudicaron en su lucha por la independencia. En 1995 Basaiev dirigió durante dos días el secuestro de 2.000 personas en el hospital de Budionnovsk (sur de Rusia) que dejó un saldo de 150 muertos y 400 heridos, en su mayor parte pacientes o personal médico. En abril de 1996 Dudaiev fue asesinado por el lanzamiento de un misil teledirigido por el ejército ruso. Su cuerpo no apareció.

En agosto de aquel año Yeltsin decidió modificar su estrategia. Encomendó a Alexander Lebed, un general ruso, secretario del Consejo de Seguridad y opuesto a la intervención militar en el Cáucaso, negociar la paz con Yandarbiev. Son los llamados Acuerdos de Jasaviurt que establecieron el fin de las hostilidades, la retirada de los tanques rusos y una moratoria de cinco años sobre el estatuto político de Chechenia, tras el cual se convocatoría un referéndum. El plan supone, de facto, la autonomía total.

Comienza una nueva etapa para Chechenia, que no dudó en utilizar los acuerdos alcanzados para actuar como si de un Estado independiente se tratase. Prueba de ello fue la proclamación, inmediatamente después del acuerdo, de la ley islámica, la declaración por parte del Parlamento checheno del ruso como idioma extranjero e incluso la solicitud de establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre los dos Estados.

En enero de 1997 unas elecciones presidenciales reconocidas tanto por la OSCE como por el Kremlin, otorgaron a Masjadov la presidencia del gobierno. El nuevo presidente tuvo que hacer frente a dos grandes problemas: la situación económica cada vez más precaria y los embates de los sectores wahabitas dirigidos por Basaiev.

En agosto de 1999 Vladimir Putin fue elegido primer ministro y en diciembre Yeltsin renunció a la presidencia. Pero el acontecimiento más importante de aquel año fue la invasión del Daguestán, vecino de Chechenia, por Basaiev y sus seguidores. Fue un intento de provocar una nueva guerra a una escala aún más vasta con la esperanza de generar un levantamiento islámico en toda la región. Tras los chechenos estaban los wahabitas saudíes y Estados Unidos, interesados en desestabilizar la región e impedir la consolidación de la paz.

Empezó así la segunda guerra en la que Putin arrasó Grozni, bombardeada masivamente de septiembre a marzo del siguiente año. Cuando los rusos toman Grozni en la primavera de 2000, las operaciones militares de gran envergadura -bombardeos masivos de ciudades y pueblos- se trasladaron del llano a la montaña, donde las batallas continuaron. Los rusos ejecutaron duras operaciones de limpieza, con el objetivo de localizar a los islamistas entre la población civil.

Aunque las fuerzas rusas lograron conducir a los agresores de vuelta a Chechenia rápidamente, los islamistas redoblaron sus fulgurantes y demoledores golpes. En septiembre de aquel año Rusia padece tres atentados que, en una semana de horror, dejaron 230 muertos.

A diferencia de la anterior, esta segunda guerra generó escasa oposición en Rusia. Estaba estratégicamente vinculada a la daguestaní y también complicó las relaciones con Georgia, una república sumida durante años en una profunda crisis. Se abrió así un nuevo frente de guerras chechenas añadido a otros conflictos del Cáucaso con epicentro en el corredor de Pankisi (frontera común checheno-georgiana).

En marzo de 2000 Putin inició su presidencia designando en junio al antiguo jurisconsulto musulmán (muftí) de Chechenia, Ajmad Kadirov, como presidente del gobierno local. Después del 11 de setiembre de 2001, tendrá un buen argumento para justificar la prolongación de la guerra en Chechenia como parte integrante de la guerra contra el terrorismo fundamentalista.

En octubre de 2002 se produjo el secuestro del teatro Dubrovka de Moscú, dirigido por Movsar Barayev, sobrino de Shamil y acusado de varios crímenes sanguinarios. La policía terminó con los 41 secuestradores.

El comando checheno recibió ayuda de numerosos cómplices en Moscú para preparar la operación. Los insurgentes fueron informados sobre lo que ocurría fuera del teatro por un centro analítico. Ese centro recogía información de varias fuentes, incluido el cuartel general de la operación de rescate, la procesaba y enviaba instrucciones a los secuestradores. Es muy probable que se tratara de una agencia de espionaje imperialista, posiblemente británica o estadounidense, con el apoyo de algunos miembros de los propios servicios secretos rusos.

En marzo de 2003 se celebró un referéndum que aprobó un proyecto de constitución elaborado por el gobierno ruso, concediendo a Chechenia el estatuto de república autónoma dentro de la Federación rusa. En septiembre fue elegido presidente el títere Ajmad Kadirov, que al año siguiente fue ejecutado por los comandos wahabitas de Basaiev.

El 29 de agosto de 2004 Rusia convocó elecciones en Chechenia. Los estadounidenses y sus aliados wahabitas trataron de sabotear los planes de Moscú por todos los medios posibles. Cinco días antes de las elecciones, el 24 de agosto, dos aviones, un Tupolev 154 de la línea Moscú-Sochi y un Tupolev 134 de la línea Moscú-Volgogrado, explotaron en pleno vuelo provocando la muerte de 90 personas. Las Brigadas Islamistas (Kataib al-Islambuli) se atribuyen la acción. Una semana después la misma organización hizo estallar una bomba en el metro de Moscú, frente a la estación Rizhskaya, provocando 10 muertos y unos 50 heridos.

Sin embargo, el llamamiento de los imperialistas estadounidenses y sus aliados independentistas a boicotear el escrutinio obtuvo poco éxito, ya que el promedio de participación alcanzó el 79 por ciento. El general Alí Aljanov, candidato favorable a Rusia, ganó las elecciones sin dificultad. Los observadores internacionales atestiguaron unánimemente la limpieza del escrutinio, incluso los de la Liga Árabe, mientras los estadounidenses denunciaron una farsa organizada por el virrey Putin. Mala perdedora, la prensa imperialista vio en aquel resultado la prueba de una manipulación.

Las rivalidades imperialistas quedaban al descubierto. Dos días después se celebró una cumbre ruso-germano-francesa en Sochi para apoyar a Putin. En ella Chirac y Schröder, que tenían puntos de vista muy diferentes sobre la guerra, le felicitaron por restablecer la democracia en Chechenia.

El respaldo europeo a Putin no frenó a los independentistas. Tres días después de las elecciones, las sangrientas provocaciones wahabitas continuaron con una de sus operaciones más definitorias: el secuestro de 1.181 rehenes en la escuela de Beslán, en Osetia del norte, una República autónoma de la Federación Rusa.

El doctor Leonid Roshal, que ya había desempeñado el papel de negociador durante el secuestro del Teatro Duvrobka, llegó para negociar con los asaltantes. Sin embargo, sorprendentemente, éstos no plantearon ninguna petición. El macabro juego no consistía en negociar nada sino en crear una crisis, dejar que la situación se deteriorara. Se negaron a dar de comer y beber a los rehenes, que tuvieron que ingerir su propia orina para sobrevivir. Luego mataron a 20 de ellos cuando un miembro del comando fue herido por la policía rusa.

Al día siguiente, el antiguo presidente de Ingushetia, Ruslan Aushev, trató de mediar y obtuvo la liberación de algunos rehenes. El jefe del comando declaró que actuaba siguiendo órdenes de Shamil Basaiev. Al final del segundo día, empezaron a llegar a Beslán los periodistas extranjeros. Fue entonces cuando, inesperadamente, el jefe del comando exigió la presencia de varias personalidades para plantear que no daría de beber a los niños hasta que Putin anunciara por televisión la independencia de Chechenia.

Al tercer día, los secuestradores permitieron a los médicos a evacuar los cadáveres de 21 rehenes que empezaban a descomponerse debido al calor y la humedad. Se oyó entonces una explosión, sin que se sepa si se trató de un disparo hecho por el padre de algún alumno desde el exterior de la escuela o, lo que parece más probable, el estallido accidental de una de las bombas. La explosión desencadenó un tiroteo generalizado en medio del cual las tropas rusas se lanzaron al asalto, que causó 376 muertos, entre ellos 11 soldados rusos, 31 secuestradores y 172 niños.

Sólo un secuestrador sobrevivió y fue juzgado. Las autopsias revelaron que 22 de los 32 secuestradores eran toxicómanos que murieron en estado de abstinencia por falta de droga. La identificación de los atacantes sigue siendo incierta. La prensa imperialista volvió a arremeter con saña contra Putin, acusado de ser responsable de la carnicería por mantener una atroz guerra colonial en Chechenia y, a la vez, por haber organizado un asalto a ciegas.

Expertos rusos dejaron entrever que la operación había sido preparada por los servicios secretos británicos para debilitar a Rusia. Luego, el Kremlin reconoció que el asalto había sido preparado por una potencia extranjera y planteó la cuestión al Consejo de Seguridad de la ONU, que rehusó debatir un proyecto de resolución, limitándose a emitir un comunicado de condena del secuestro y de los atentados contra los aviones en el que exhortaba a la “comunidad internacional” a cooperar con Rusia para detener y juzgar a los culpables. Pero la “comunidad internacional” no se dio por enterada y siguió protegiendo a los secuestradores.

El 8 de marzo de 2005 Masjadov fue abatido en el curso de una refriega con tropas rusas. Su familia había sido secuestrada en febrero al parecer por los hombres de Ramzan, el hijo del asesinado Kadirov.

El 13 de octubre de ese mismo año en la república rusa de Astemirov-Balkaria una unidad de 100 wahabitas chechenos y árabes dirigidos por Anzor Astemirov asesinó al menos a 24 funcionarios de policía y civiles.

Al año siguiente, el 10 de julio de 2006, días previos a la cumbre del G8 en Petersburgo, murió Basaiev en condiciones no esclarecidas. Las fuentes chechenas consideran que sucedió como consecuencia de una explosión accidental, mientras Moscú atribuyó la autoría a sus tropas.

Las guerras de Cáucaso (1)

Cuando se vislumbra el final de la etapa soviética, los imperialistas comienzan a meter la cuchara en la región, aprovechado la debilidad de la Rusia de Yeltsin. Se producen varias guerras sucesivas, que se desarrollan en paralelo a la ampliación de la OTAN hacia el este, en un intento de cercar a Rusia.En 1988 a través de Norilsk
Eugenia Gaier, los imperialistas promueven la creación de la Asociación de los Pequeños Pueblos (AsPP), de la que forma parte Chechenia. Por su parte, los chechenos impulsan en 1991 la creación de la Confederación de los Pueblos Montañeses del Cáucaso, una organización pancaucásica originariamente de carácter estrictamente cultural que experimentó una rápida transformación y pasó a convertirse en una formación básicamente política, dotada incluso de milicias armadas. Esta Confederación desempeñó un importante papel en los conflictos del Cáucaso norte y la Transcaucasia, desplegando una intensa actividad política.

En la república checheno-ingush se constituyó, también en 1991, el Congreso Nacional del Pueblo Checheno (CNPC), organización de oposición informal al Gobierno central, que tenía la independencia como objetivo. Estaba presidido por un militar soviético de origen checheno, el general Dzhojar Dudaiev, un veterano de Afganistán que había dirigido una unidad de bombarderos estratégicos soviéticos en Estonia entre 1987 y 1990.

En aquellos momentos, Doku Zavgaiev, primer secretario del PCUS y presidente del Soviet Supremo de Chechenia-Ingushetia, era el máximo dirigente de la República y respaldó el golpe de Estado del Comité de Emergencia en agosto de 1991. Dudaiev, por el contrario, se opuso. El fracaso del golpe en Moscú actuó como un revulsivo en Chechenia. Provocó otro golpe en Grozni, esta vez triunfante. Yeltsin vió entonces la oportunidad de librarse de la vieja guardia y el 15 de septiembre, con el apoyo del Congreso Nacional del Pueblo Checheno, ordenó la disolución del Parlamento, destituyó a su presidente y creó un Consejo Supremo Provisional con la tarea de asumir el poder hasta la celebración de elecciones el 27 de octubre.

Los ingushes no participaron en ellas. Dudaiev obtuvo el 85 por ciento del respaldo popular. Sin embargo, fueron los jefes de los clanes los que eligieron a Dudaiev como Presidente. La población está dividida en 131 clanes, de los cuales 28 desempeñan un papel principal y esa estructura social arcaica se completa con los jefes religiosos y los ancianos. El 1 de noviembre se proclama la independencia de la República de Ichkeria (nombre autóctono de Chechenia) de la que Ingushetia permanece al margen.

Aslan Masjadov

También regresa Aslan Masjadov para participar en la creación de las Fuerzas Armadas, de las que es nombrado comandante en jefe. Masjadov tenía sobre sus espaldas una dilatada carrera militar. Antiguo oficial del ejército soviético, estudió en la Academia de Artillería de Leningrado y estuvo destinado en Hungría entre 1978 y 1981. Equipa al nuevo ejército checheno con el material que dejaron abandonado las tropas soviéticas.

Hasta entonces Yeltsin había defendido las declaraciones de independencia de todos los pueblos, ya que le resultaban útiles para debilitar el poder de su antecesor, Gorbachov. Pero tras el contragolpe de Estado, no reconoció los resultados electorales en Chechenia e impuso el estado de emergencia. Poco después, el Parlamento anuló la orden para evitar un enfrentamiento abierto con los dirigentes chechenos.

Desde el principio Chechenia vivió inmersa en una permanente crisis que afectó a todos los sectores del país y nunca hubo mecanismos institucionales para resolverla. La proclamación de independencia dio lugar al éxodo de los rusos residentes en la región, que se cifra entre 45.000 y 240.000 personas. La presidencia de Dudaiev se caracterizó por su tono personalista y autoritario. Las divisiones internas dentro de los independentistas, paralizaron a la nueva República. En junio de 1993 se produjo un choque entre el Presidente y el Parlamento; los diputados destituyeron a Dudaiev y al primer ministro Mamodaiev, y éstos ordenaron su disolución.

La nueva República articuló su política sobre dos grandes pilares. El primero, de índole religiosa, basado en el islam como elemento cohesionador, no sólo de la sociedad
chechena, sino fundamentalmente de todos los pueblos musulmanes del Cáucaso norte, es decir, el panislamismo. El segundo, el reforzamiento de la CoPC para consolidar la unidad política de los pueblos del norte del Cáucaso. Sin embargo, la Confederación fue adoptando paulatinamente una actitud conciliadora en las relaciones con Moscú, en contra de las tesis antirusas propiciadas por los chechenos.

Entre 1991 y 1994 la respuesta rusa a la independencia de Chechenia fue ambigua: no se reconoció pero tampoco se adoptaron acciones en contra. De hecho, Moscú pareció aceptar la independencia. Practicó una política a la vez de conciliación (negociaciones con los dirigentes chechenos) y de desestabilización (bloqueo económico, apoyo a la oposición, ataques armados). En mayo de 1992, la misma Federación Rusa que negaba legitimidad a los dirigentes chechenos, firmaba con ellos un acuerdo por el que se aceptaba la retirada de las tropas rusas estacionadas en la zona y la distribución, a partes iguales, de los arsenales disponibles en su territorio. Para Moscú cualquier intento secesionista era inaceptable. El reconocimiento de la independencia chechena suponía un precedente para otros pueblos de la Federación, que provocaría su desestabilización.

El norte del Cáucaso constituye una región estratégica para las relaciones de Moscú con Transcaucasia (Georgia, Azerbaián, Armenia) y las potencias rivales en la zona, Irán y Turquía. Económicamente, Chechenia era la zona de paso del petróleo proveniente del Caspio y de los países de Asia central.

El bloqueo impuesto por Moscú y los problemas que derivados del petróleo afectaron drásticamente a la economía chechena, ya extraordinariamente debilitada durante la era Gorbachov, que había llevado hasta las estribaciones del Cáucaso recortes de salarios, escasez de comida y desempleo. Luego, la primera guerra con las tropas federales rusas empobreció aún más a los chechenos. La penuria económica condujo a la aparición de dos fenómenos nuevos en la región:

— la consolidación de redes criminales que se lucraron con la independencia y desestabilizaron la sociedad chechena
— el debilitamiento de las órdenes sufíes, que fueron incapaces de funcionar en estas condiciones, siendo sustituidas por el wahabismo.

Estos nuevos fenómenos, si bien tienen raíces internas en la propia evolución de la sociedad chechena, fueron alentadas por el imperialismo, singularmente por Estados Unidos. El wahabismo en Chechenia comenzó a expandirse en los años ochenta, durante el desmantelamiento de la URSS por Gorbachov y luego tras la guerra de Kosovo. En plena bancarrota económica chechena, los wahabíes llevaron mucho dinero desde algunos países del Golfo y esto incrementó notablemente su popularidad en la región. A través de Arabia saudí, los imperialistas estradounidenses expandieron un nuevo tipo de religión y con ella su influencia política.

El dinero procedente de países tales como Arabia Saudí, Pakistán y Afganistán era abonado a los que se convertían al wahabismo y a aquellos que reclutaban a otros para unirse a la secta militante. Directamente como estado o a través de religiosos prominentes y hombres de negocios, Arabia Saudí apoyó el independentismo checheno bajo la supervisión de Estado Unidos. Como dijo el antiguo Secretario de Estado norteamericano James Baker: “Solo en la medida de nuestros intereses debemos oponernos al integrismo”.

El wahabismo se originó en Arabia Saudí en la segunda mitad del siglo XVIII sosteniendo una interpretación estricta del islam que rechaza las innovaciones introducidas en la religión tras la muerte de Mahoma. Unió a las tribus de la península arábiga y a principios del siglo XX proporcionó los fundamentos sobre los que se construyó el moderno estado de Arabia Saudí. Algunas interpretaciones wahabíes están vinculadas estrechamente al régimen saudí y denuncian todas las formas de disidencia que amenazan el orden político actual en el reino. Se opone la veneración de los santos, las peregrinaciones a los mausoleos y otras manifestaciones de religiosidad popular, algo muy habitual en las órdenes sufíes. También niega el papel del maestro, que es muy importante para los sufíes. Por todo ello, los wahabíes consideran al sufismo como una desviación de las enseñanzas islámicas originales.

Entre los musulmanes del Cáucaso, y entre los chechenos en particular, están muy extendidos los ritos funerarios. Cuando alguien fallece, existe un ritual de condolencias que es seguido por los parientes del fallecido y todo el pueblo. Sin embargo, los wahabíes creen que es inútil realizar un ritual de condolencias y que basta con enterrar al fallecido. Con la crisis los chechenos ni siquiera podían sufragar las costosas tradiciones funerarias. Así pues, muchos jóvenes comenzaron a pensar que los wahabíes enseñaban principios que tenían más relevancia para la vida actual en Chechenia y que las tradiciones funerarias se hallaban en oposición a los auténticos principios islámicos.

A través de Arabia saudí, la penetración wahabita fue un instrumento de presión de Estados Unidos dirigido contra Gorbachov y corrió paralela con el rearme de los talibanes en Afganistán. Al salir los soviéticos de Afganistán  en 1989, los imperialistas enviaron a los que entonces se llamaban muyahidines pasaron diez años después a combatir en la guerra de Kosovo que, finalmente, acabaron en el Cáucaso luchando por la independencia de Rusia.

El máximo exponente del apoyo de los wahabitas al independentismo checheno fue el saudí Ibn al-Jattab, cuyo nombre real era Samir Saleh Abdalah Al-Suwailem. Tras la guerra de Kosovo, se trasladó en 1999 a Chechenia y participó con Basaiev en la invasión del Daguestán. Fue asesinado en circunstancias nada claras en 2002.

Como Osama Ben Laden, Basaiev, aunque checheno, era de religión wahabita y combatió como muyahidín en Afganistán contra los soviéticos, donde el ISI (los servicios secretos paquistaníes), lo entrenaron en secuestros y otras operaciones terroristas. El ISI servía de puente entre la CIA y los combatientes islámicos afganos. Allí se
entrevistó con los ministros pakistaníes Aftab Shahban Miran y Nazerrullah Babar, más el jefe de los servicios secretos, Javed Ashar, todos ellos colaboradores de la CIA. Basaiev reaparece como peón de la CIA en 1991, cuando se unió a Yeltsin en las barricadas durante el intento de golpe del Comité de Emergencia en Moscú.

La influencia wahabí dividió a Chechenia. Los sufíes aún componen probablemente el 95 por ciento de la población. Las órdenes sufíes trataron de mantener las distancias con respecto a la guerra chechena. Muchos dirigentes religiosos optaron por abandonar Chechenia para buscar refugio en la vecina Ingushetia o en otras partes de Rusia, dejando el campo libre a los wahabitas, que aunque representan una minoría, son un grupo muy organizado con ambiciones independentistas, que está tratando de promover sus propios intereses (y los de sus patrocinadores) en toda la región del Cáucaso. Los wahabitas tuvieron que enfrentarse con las órdenes sufíes locales. La política wahabí en Chechenia ha intensificado el independentismo, atrayendo la brutal represión rusa y extendiendo así su propia influencia frente a los sufitas. Tras ellos, antes y después de la caída de Gorbachov, siempre ha estado la larga mano de los imperialistas estadounidenses.

En agosto de 1994, tres meses antes de la intervención rusa, Dudaiev contaba con menos de 5.000 hombres armados y el gran muftí prohibió a los musulmanes que tomaran las armas. Sin embargo, disponía de un formidable arsenal de armas: un elevado número de aviones (unas 200 unidades, no todas operativas debido al reducido número de pilotos cualificados) y helicópteros, carros de combate, piezas de artillería, gran cantidad de fusiles y lanzagranadas, ametralladoras y fusiles, unas 20.000 granadas de mano y hasta 15 millones de balas. La aviación fue prácticamente destruida en su totalidad en los primeros días de la intervención rusa.

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