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Autor: Redacción (página 1215 de 1358)

La ‘oposición’ siria sigue descubriendo sus cartas

Bashar Jafaari, delegado sirio en la ONU
Hace bien la ONU en aclarar que las negociaciones de paz sobre Siria ni siquiera han comenzado. Su emisario especial, Staffan de Mistura, prefiere hablar de meras “discusiones”.

También debería aclarar que tampoco son unas negociaciones al uso, ya que su emisario se reúne primero con unos y luego con otros en sesiones sucesivas.

Es, pues, evidente que las pretensiones del Alto Comité Negociador por vetar a los que sientan en la habitación de al lado bastante más que absurdas. Ni siquiera tienen necesidad de verse las caras.

Pero que a nadie se le ocurra preguntar quiénes son “unos y otros” porque no lo sabemos. La ONU no ha publicado la lista de participantes.

La portavoz del mediador, Jessy Chahine, también ha explicado que el encuentro del domingo entre De Mistura y la “oposición” sólo fue “informal” y que “no formó parte de las negociaciones”.

Más aclaraciones necesarias: cuando la “oposición” exige como condición previa que cesen los bombardeos, no se refiere a todos ellos sino sólo a los rusos, según reconoció en Ginebra el portavoz del Alto Comité Negociador, Salem Muslit.

Los bombardeos de la llamada “coalición internacional” no les molestan en absoluto, como ya suponíamos. Pero es bueno que lo reconozcan.

El domingo, mientras algunos hablaban en Ginebra, al sur de Damasco, cerca del santuario chiíta de Sayyida, explotaron tres bombas colocadas por la “oposición” que causaron 60 muertos y 110 heridos.

¿Tienen que cesar los bombardeos pero no las bombas?

Con muy buen juicio, Muslit define a Siria como un país “ocupado” por tropas extranjeras y aclara a quiénes considera como ocupantes contra los que luchan: “Irán está ocupando Siria. Rusia está ocupando Siria”.

La “oposición” también tiene una definición para aquellos que cataloga como terroristas “reclutado por este régimen [de Bashar Al-Assad] para luchar contra los sirios”.

Es curioso que a la oposición se le ocurra ahora decir estas cosas, cuando siempre nos dijeron que en 2011 lo que se había producido era un levantamiento de los sirios contra su gobierno.

También es curioso que quienes colocaron las bombas que explotaron el domingo no aparezcan calificados como terroristas.

Como decía esta mañana el diario argelino “Le Maghreb”, es posible que lo que no sea realmente sirio sea precisamente la “oposición”.

Del lado de Damasco interviene el delegado sirio ante la ONU, Bashar Jafaari, que también rechaza las “interferencias extranjeras” en Siria. Pero se refiere a las potencias occidentales y a algunos árabes, principalmente Estados Unidos, Turquía y Arabia Saudí.

Por lo demás, algunos partícipes en la negociación representan a países, como Rusia, bien lejanos a Siria. Las propias negociaciones proceden de una resolución de la ONU… En fin, como todo el mundo sabe, la guerra de Siria es una guerra internacional desde el primer momento.

De la paz hemos de decir lo mismo: no será posible si los amos no sujetan a unos perros a los que la baba se les cae de la boca. Se les ve rabiosos por reeditar en Siria la experiencia de Libia.

(*) Syrie: Une opposition involontaire?, http://www.lemaghrebdz.com/?page=detail_actualite&rubrique=Internationnal&id=74680

La ONU es juez y parte de la guerra imperialista contra Siria

Rafiq Hariri, libanés asesinado en 2005
Thierry Meyssan

En 2005, cuando Jeffrey Feltman –en aquel entonces embajador de Estados Unidos en Beirut– supervisó el asesinato del ex primer ministro libanés Rafiq Hariri, se apoyó en Alemania, tanto para el asesinato en sí (Berlín proporcionó el arma del crimen) y para formar la Comisión de la ONU encargada de acusar a los presidentes de Siria y del Líbano –Bachar al-Assad y Emile Lahoud– (comisión que estuvo encabezada por el fiscal alemán Detlev Mehlis y por el comisario de policía igualmente alemán Gerhard Lehmann). La campaña internacional contra los presidentes Assad y Lahoud estuvo fundamentalmente lidereada por el politólogo alemán Volker Perthes.

Volker Perthes estudió Siria en 1986-1987 gracias a una beca alemana, en Damasco, de investigación. Posteriormente, hizo carrera en Alemania como profesor de Ciencias Políticas, con excepción del periodo 1991-1993, cuando trabajó como profesor en la Universidad Americana de Beirut. Desde 2005 es el director del Stiftung Wissenschaft und Politik (SWP), el principal grupo pensante público alemán, en el que trabajan más de 130 especialistas, la mitad de ellos provenientes de universidades.

Sin embargo, cuando Feltman organizó el ataque israelí contra el Líbano, en 2006, sólo implicó a Estados Unidos, calculando que, ante la esperada derrota de Hezbollah, Siria acudiría en auxilio de Beirut, lo cual proporcionaría el pretexto para una intervención estadounidense. Berlín se limitó a enviar su marina de guerra como miembro de la Fuerza de Naciones Unidas (FINUL).

Fue durante la reunión anual realizada del 5 al 8 de junio de 2008 –o sea, 5 años antes de la guerra– cuando la entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice dijo al Grupo de Bilderberg que había que derrocar el gobierno sirio. Para apoyar su argumentación, Rice llevó con ella a la directora de la Arab Reform Initiative, Bassma Kodmani (futura fundadora del Consejo Nacional Sirio), y al director del SWP, Volker Perthes. El Grupo de Bilderberg surgió como resultado de una iniciativa de la OTAN, que incluso se encarga directamente de garantizar la seguridad de las reuniones del Grupo.

Según un cable dado a conocer por Wikileaks, Volker Perthes aconsejó a la señora Rice en contra de Irán. Según Perthes, era peligroso iniciar una operación militar cuyas consecuencias regionales serían imprevisibles y sería más eficaz sabotear la economía iraní. Y Washington siguió los consejos de Volker Perthes, en 2010, con la operación de destrucción de los programas informáticos de las centrales nucleares iraníes mediante el virus Stuxnet.

En marzo de 2011, Volker Perthes publicó en el New York Times un artículo de opinión donde se burlaba del discurso que el presidente sirio Assad había pronunciado ante la Asamblea del Pueblo y denunciaba una “conspiración” contra Siria. Según Perthes, en Siria había una “revolución” y el presidente Assad tenía que irse.

A mediados de 2011, el gobierno alemán notó el auge de la Hermandad Musulmana en Túnez y Egipto. En Berlín recordaron entonces que Alemania albergaba, a pedido de la CIA, la coordinación internacional de aquella cofradía en Aquisgrán. Berlín decidió entonces respaldar a la Hermandad Musulmana en todas partes donde esta lograra llegar al poder, exceptuando el Hamas en Palestina para no estorbar a Israel. Bajo la influencia de Volker Perthes, el entonces ministro alemán de Exteriores –Guido Westerwelle– se persuadió de que los miembros de la Hermandad Musulmana no eran “islamistas” sino que estaban “orientados por el islam”. Creó entonces un equipo de diálogo con los movimientos “islamistas moderados” y una Fuerza de Tarea para Siria. Por su parte, Perthes organizó, en julio, el recibimiento, en la sede del ministerio alemán de Exteriores, de una delegación de la oposición siria, encabezada por el miembro de la Hermandad Musulmana Radwan Ziadeh.

El 6 de octubre de 2011, el entonces ministro turco de Exteriores Ahmet Davutoglu interviene ante la conferencia a puertas cerradas Tusaid-Stratfor.

El 6 de octubre de 2011, Volker Perthes participaba, a proposición del Departamento de Estado, en la conferencia a puerta cerrada organizada por la Turkish Industry & Business Association (Tusiad) y la firma privada estadounidense de inteligencia Stratfor para simular las opciones energéticas de Turquía y las posibles respuestas de otros 8 países, entre ellos Alemania. En aquella conferencia estuvieron presentes las 10 primeras fortunas de Turquía y Taner Yildiz –el entonces ministro turco de Energía–, quien posteriormente ayudaría a la familia Erdogan a organizar el financiamiento de la guerra contra Siria con el petróleo que roba el Emirato Islámico.

En enero de 2012, el entonces responsable del Medio Oriente en el Departamento de Estado, Jeffrey Feltman, solicitó a Volker Perthes que dirigiera el programa denominado “El Día siguiente”, que debía conformar el próximo régimen a implantar en Siria. Hubo reuniones durante 6 meses para llegar principalmente a la redacción de un informe que se hizo público después de la Conferencia de Ginebra.

“El Día siguiente” movilizó a 45 opositores sirios, entre los que se hallaban Bassma Kodmani y varios miembros de la Hermandad Musulmana. Aquel programa fue financiado por el US Institute of Peace, equivalente de la National Endowment for Democracy (NED) pero dependiente del Departamento de Defensa de Estados Unidos. También se solicitó la participación de Alemania, Francia, Noruega, los Países Bajos y Suiza.

“El Día siguiente” redactó el borrador del plan de capitulación total e incondicional de Siria, que se convirtió en la obsesión de la ONU cuando Jeffrey Feltman fue nombrado director de Asuntos Políticos de las Naciones Unidas, en julio de 2012.

El estadounidense Jeffrey D. Feltman presta juramento ante el secretario general de la ONU Ban Ki-moon al tomar oficialmente posesión de su cargo como segundo funcionario más importante en la jerarquía de la ONU. Desde ese momento, la ONU, supuestamente encargada de promover la paz, pasó a ser controlada por los “halcones liberales” estadounidenses.

Veamos los principios estipulados en el plan Perthes-Feltman:

– abolición de la soberanía del pueblo sirio;
– destitución del Presidente (un vicepresidente se mantendría en su cargo, con funciones estrictamente protocolares);
– al menos 120 dirigentes sirios serán considerados como culpables y se les prohibirá ejercer cualquier función política, antes de ser juzgados y condenados por un Tribunal internacional;
– disolución o decapitación de la Dirección de la Inteligencia Militar, la Dirección de la Seguridad Política y la Dirección de la Seguridad General;
– los prisioneros “políticos”. serán liberados y se derogarán los tribunales antiterroristas;
– retirada del Hezbollah y de los Guardianes de la Revolución.

Sólo entonces la comunidad internacional comenzaría a luchar contra el terrorismo.

Simultáneamente, Volker Perthes organiza el “Working Group on Economic Recovery and Development” de los llamados “Amigos de Siria”. En junio de 2012, bajo la copresidencia de Alemania y de los Emiratos Árabes Unidos, ese grupo distribuyó entre los países miembros de los “Amigos de Siria” una serie de concesiones para la explotación del gas sirio, como pago por el respaldo de esos países al derrocamiento del gobierno sirio.

Volker Perthes también organizó el “Working Group on Transition Planning” de la Liga Árabe.

Finalmente, también instaló la “Syrian Transition Support Network” en Estambul.

A partir de la Conferencia de Ginebra realizada el 30 de junio de 2012 y de la reunión de los “Amigos de Siria” que se desarrolló en París el 6 de julio del mismo año 2012, se pierde toda huella pública del papel de Volker Perthes, con excepción de lo que publicó para lograr que se mantuviera el respaldo de Alemania a la Hermandad Musulmana. Alemania prosiguió su política y, después de la abdicación del emir de Qatar y del fortalecimiento del papel de Arabia Saudita, Berlín designó a Boris Ruge, el responsable de Siria en el ministerio alemán de Exteriores, como embajador en Riad.

En enero de 2015, la canciller Angela Merkel participa en una manifestación contra la intolerancia y el terrorismo del brazo de Aiman Mazyek, secretario general del Consejo Central de los Musulmanes en Alemania, en realidad uno de los líderes de la Hermandad Musulmana.

En el verano de 2015, durante un viaje del representante especial de la ONU para Siria, Stefan De Mistura, a Damasco, el gobierno sirio pidió explicaciones sobre el Plan Perthes-Feltman, sobre el cual las autoridades sirias habían obtenido información. Muy incómodo ante esta embarazosa situación, De Mistura dijo no tener nada que ver con tales documentos y afirmó que él no los reconocía. Al parecer, Moscú amenazó con hacerlos públicos ante el Consejo de Seguridad, en ocasión de la presencia de los jefes de Estado y de gobierno en la apertura de la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2015. La divulgación de los documentos, que habría provocado una crisis peligrosa para la existencia misma de la ONU, no llegó a concretarse.

Durante ese mismo periodo, Berlín retomó los contactos con Damasco, sin que los sirios hayan logrado determinar si ese paso fue resultado de una nueva política de la canciller Angela Merkel o de un enésimo intento de infiltración.

Pero, en el mismo momento, Staffan De Mistura y su superior estadounidense Jeffrey Feltman nombraban a Volker Perthes “negociador de paz” para el próximo encuentro de Ginebra. Perthes se encargará entonces de la comunicación entre la delegación de la oposición siria y la delegación de la República Árabe Siria.

Desde hace 3 años, en violación de la Carta de la ONU y lejos de actuar a favor del restablecimiento de la paz en Siria, la ONU ha acusado a Siria –sin presentar la menor prueba– de haber reprimido una revolución, de utilizar armas químicas contra su propia población, de recurrir a la tortura y de provocar hambrunas entre sus opositores.

Lo peor y más importante es que la ONU incluso ha provocado deliberadamente retrasos en la aplicación de toda iniciativa favorable a la paz, para que la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo tuvieran tiempo de lograr que sus mercenarios extranjeros –en este caso, las organizaciones terroristas al-Qaeda y Emirato Islámico– derrocaran al gobierno sirio.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article190104.html

La evolución de los prejuicios anti-islámicos

Alain Ruscio

La hostilidad sistemática hacia el Islam está anclada desde muy antiguo en el pensamiento occidental. De esencia cristiana, tiene su fuente en el espíritu de cruzada, florece durante la expansión colonial y tras un tiempo de paréntesis retoma fuerza con la “guerra contra el terrorismo”. La palabra “islamofobia”, que ilustra el concepto, tiene por su parte medio siglo. Si ahora, en nombre de la defensa de la laicidad, algunos intelectuales franceses muy mediáticos no temen asumir la estupidez odiosa que alberga, otros, felizmente, se dedican a denunciarlo.

Históricamente, el enfrentamiento armado ha sido el marco de toda la historia de las relaciones entre Occidente y el mundo musulmán. Fue el primer modo de contacto, primero en la conquista árabe del sur de Europa y, posteriormente, durante las Cruzadas en Oriente. Si nos referimos a la colonización francesa en la época moderna, todas las generaciones de franceses desde 1830 han recibido los ecos de enfrentamientos con el mundo árabe-musulmán en el seno del imperio: la toma de Argel (1830), la guerra dirigida por Abd el-Kader (1832-1847), la revuelta de Kabylie (1871), la lucha contra los Kroumirs y el establecimiento del protectorado en Túnez (1880-1881), la conquista de Marruecos y establecimiento del protectorado (1907-1912), revuelta en Argelia (1916-1917), la guerra del Rif (1924-1926), revuelta y represión en Argelia (mayo de 1945), enfrentamiento con el Istiqlal y el sultán de Marruecos (1952-1956), con el Neo-Destur en Túnez (1952-1954); ciclo que se cierra con la guerra de Argelia (1954-1962). El paréntesis se cierra, pero provisionalmente, porque el concepto de “choque de civilizaciones” vuelve con fuerza a principios del siglo XXI.

La islamofobia, históricamente inseparable del racismo antiárabe, tiene numerosos siglos de existencia. ¿No es notable, por ejemplo, que algunos elementos constitutivos de la cultura histórica de los franceses estén íntimamente ligados a enfrentamientos con el mundo árabe-musulmán? ¿Por que Poitiers, una batalla menor, ha tomado la dimensión de preludio (victorioso) al “choque de civilizaciones”? ¿Por que Charles Martel, un poco bárbaro por cierto, es uno de los primeros héroes de la historia de Francia, una especie de “muralla” de la civilización? Si preguntamos al “francés medio”, o al menos a los que recuerdan las fechas, Poitiers (732) es de las primeras, con la coronación de Carlomagno en 800, la batalla de Marignan en 1515 o la toma de la Bastilla en 1789.

¿Por que la batalla de Roncesvalles en 778, en la que ni un solo musulmán ha combatido, (los enemigos del valiente Roland eran guerreros vascos) se ha convertido en símbolo de la traición de los sarracenos, atacando como traidores en una proporción de 10 a 1? Ni un antiguo colegial francés olvida que trabó conocimiento con la literatura francesa, antaño, con la “Chanson de Roland”. Y nadie borra de su memoria la personificación del Bien en los luminosos caballeros procedentes de Occidente, y la del Mal en los sombríos guerreros de la “nación maldita/más negra que la tinta”.

Muchos siglos antes de los teóricos e ilustradores del pensamiento colonial, el autor escribía: “Los paganos están equivocados, los cristianos tienen el derecho”. La guerra entre “ellos” y “nosotros” comenzaba bajo los auspicios del maniqueísmo mas cándido. Efectivamente, el racismo antiárabe, durante mucho tiempo (¿desde siempre?) inseparable de la islamofobia, tiene muchos siglos de existencia, se remonta a la Edad Media y sigue en el Renacimiento con los “matamoros” de la Reconquista española.

Posteriormente, en la época colonial, la hostilidad se enuncia con la mejor de las buenas conciencias, con el tono de la evidencia: “Es evidente: el Islam es una fuerza de muerte, no una fuerza de vida”. Convencidos de ser portadores de los verdaderos (los únicos) valores de la civilización, los coetáneos de la conquista y posteriormente de la colonización iban del sinsabor a la desilusión: los católicos y los misioneros constataban, decepcionados, que la religión musulmana era una bloque impenetrable; los laicos intransigentes se lamentaban, rabiosos, de que su concepción de la Razón no penetraba en esos cerebros oscurecidos por el fanatismo… Desde entonces, la noción de “árabe” (la mayoría de los franceses denominaba árabes a todos los colonizados en el Magreb) y de “musulmán” se fundirán en una especie de magma incomprensible, impenetrable. Hostilidad de raza y de religión se mezclarán en una única “fobia”.

Correspondió a Ernest Renan sintetizar todo el espíritu de una época: “El Islam es la más completa negación de Europa. Es el desprecio de la ciencia, la supresión de la sociedad civil, la espantosa simplicidad del espíritu semítico, la reducción del cerebro humano, cerrándolo a toda idea delicada, a todo sentimiento elevado, a toda búsqueda racional, colocándolo ante una tautología eterna: ‘Dios es Dios’” (La réforme intellectualle et morale, París, Michel Lévy Fréres, 1871).

Un término que se remonta a 1910

Hay que definir este sentimiento; la palabra “islamofobia” parece la más adecuada. Y de forma opuesta a una extendida vulgata, es multisecular. El primer uso de del término data de 1910. Está presente en la pluma de un tal Alain Quellien, hoy olvidado. Propone una definición de una sorprendente modernidad:

“La islamofobia siempre ha existido. Y existen aún prejuicios extendidos contra el Islam entre los pueblos de la civilización occidental y cristiana. Para algunos el musulmán es el enemigo natural e irreconciliable del cristiano y del europeo. El islamismo es la negación de la civilización, y la barbarie, la mala fe y la crueldad es todo lo que se puede esperar de los mahometanos” (La política musulmana en el África occidental francesa, París, Emile Larose).

De esta manera, en su primera aparición escrita, la palabra “islamofobia” estaba acompañada del término “prejuicio” y del concepto de “choque de civilizaciones”. Continuaba una lista impresionante de citas procedentes de todos los horizontes, en donde se multiplicaban los reproches hostiles; el Islam se asimilaba a la guerra santa, a la poligamia, al fatalismo y, en fin, al inevitable fanatismo.

El mismo año Maurice Delafosse, estudiando también el Islam en el África subsahariana, consideraba a su vez:

“Tomado en conjunto, y a excepción de algunos grupos de Mauritania aún hostiles a la dominación europea, la disposición de los musulmanes de África occidental no se opone realmente a nuestra civilización […] Sea lo que sea que digan aquellos para los que la islamofobia es un principio de la administración indígena, Francia no tiene más que temer de los musulmanes en África occidental que de los que no son musulmanes […] La islamofobia no tiene razón de ser en el África occidental” (Revue du Monde Musulman, vol. XI, 1910).

Dos años más tarde, Delafosse publica su obra maestra, en la que retoma literalmente su artículo de 1910, remplazando únicamente los términos “África occidental” por “Alto Senegal – Níger”.

En 1912, el gran sabio Louis Massignon informa de las propuestas de Rachid Ridha, un intelectual egipcio, con ocasión del Congreso Internacional de Ulemas. Evocando las actitudes de las diferentes potencias respecto al Islam, Massignon expresa sus propias opiniones: “La política francesa podrá ser menos islamófoba” que las otras potencias coloniales. Significativamente, titula su artículo “La defensa musulmana”. No hay error: dice “defensa”, y no “ofensiva”.

Tras la guerra, Étienne Dinet, gran pintor orientalista convertido al Islam y su amigo Slimane ben Ibrahim vuelven a utilizar el término en dos obras, una en 1918 y otra en 1921. En la segunda, machacan con cierto placer a un jesuita, el padre Henri Lammens, quien había publicado escritos con pretensiones científicas, en realidad ataques en toda regla contra el Corán y Mahoma. Dinet concluía: “Nos ha parecido necesario desvelar no solamente a los musulmanes, sino también a los cristianos imparciales, a qué grado de aberración puede la islamofobia llevar a un sabio”. La palabra aparece igualmente en la prensa, precisamente en una crítica muy laudatoria de la primera de estas obras: “El fanatismo de Mahoma no está ni en su vida ni en el Corán; es una leyenda inventada por los islamófobos de la Edad Media”.

Una mentira histórica que permanece

La palabra (pero no el concepto) desaparece del vocabulario hasta los años 1970-1980. En 2003, dos escritores, Caroline Fourest y Fiametta Venner, publican en su revista un dossier con un título evocador “¿Islamófobos… o simplemente laicos?”. El titular del artículo introductorio emplea el término “islamofobia” provisto de un prudente y significativo signo de interrogación. Comienza así: “La palabra ‘islamofobia’ tiene una historia que merece ser conocida antes de usarla con ligereza”. Ciertamente. Pero las autoras se desvían y, exposición mediática mediante, han confundido después a decenas de ensayistas, y probablemente a millares de lectores. Porque afirman que las palabras “islamofobia” e “islamófobo” han sido una especie de bombas de efecto retardado colocadas por la revolución iraní, recuperadas más tarde por oscurantistas musulmanes que están repartidos un poco por todas partes en Occidente. Las dos ensayistas afirman que

“[El término islamofobia] ha sido empleado en 1979 por los mullahs iraníes que deseaban presentar a las mujeres que rechazaban el velo como ‘malas musulmanas’, acusándolas de ser ‘islamófobas’. Ha sido la reacción siguiente al asunto Rushdie, por parte de asociaciones islamistas londinenses como Al Muhajiroun o la Islamic Human Rights Commission, cuyos estatutos incluyen la ‘recogida de informaciones sobre los abusos contra los derechos de Dios’. De hecho la lucha contra la islamofobia entra bien en esta categoría, al englobar todos los ataques a la moral integrista (homosexualidad, adulterio, blasfemia, etc.). Las primeras víctimas de la islamofobia son a su entender los Talibanes, ¡mientras que los ‘islamófobos’ más frecuentemente citados por estos grupos son Salman Rushdie o Taslima Nasreen!”

Esta versión, que ignora totalmente la historia colonial del término, se retoma sin ninguna distancia crítica en 2010 por el equipo del “Dictionnaire historique de la Langue Française”: “Islamofobia e islamófobo, términos aparecidos en los años 80”, dando así a esta fecha (un simple error de un siglo) un espaldarazo científico.

“Error” que sigue siendo ampliamente mayoritario, pese a los mil y un desmentidos. Caroline Fourest ha propuesto en 2004, en su ensayo “Frére Tariq”, una relación directa entre el jomeinismo y el pensador musulmán Tariq Ramadan, que el primero habría intentado, en su opinión, implantar ese concepto en Europa, en un artículo de “Monde Diplomatique” de 1998. Pero de hecho, si la palabra figura entre comillas, es porque se menciona tomándola de otro lugar: “Se puede hablar de una especie de ‘islamofobia’, según el título del valioso estudio emprendido en Gran Bretaña por el Runnymede Trust en 1997”. Parece difícil hacer de esta frase parcial un intento subrepticio de introducir un concepto en el debate francés.

Que por otra parte… ya estaba presente. Un año antes, en el mismo mensual, la palabra había sido usada por Soheib Ben Cheikh, muftí de la mezquita de Marsella: “En la treintena impulsiva y cultivada, persigue ‘adaptar el Islam al mundo moderno’, combatir la ‘islamofobia’ y, simultáneamente, el sentimiento de rechazo, de frustración y de ‘aislamiento’ que sufren los musulmanes de Marsella”.

El ‘suspiro’ del hombre blanco

Para las dos escritoras citadas, es la propia palabra “islamofobia” la que hay que prohibir, porque es portadora de “terrorismo intelectual”. Constituiría un arma de los integristas en su lucha contra el laicismo, prohibiendo de hecho toda crítica al Islam. El ensayista Pascal Bruckner, autor de “El suspiro del hombre blanco”, subtitulado “Tercer Mundo, culpabilidad, odio a sí mismo” (1983), y provocador más recientemente en “Tiranía de la penitencia” (2006) comparte, como no podía ser de otra forma, las convicciones de sus jóvenes colegas:

“Forjado por los integristas iraníes a finales de los 70 para oponerse a las feministas americanas, el término ‘islamofobia’, calcado de de ‘xenofobia’, tiene como objetivo hacer del Islam un objeto intocable so pena de ser acusado de racismo […] Asistimos a la fabricación de un nuevo delito de opinión, análogo a lo que se hacía antiguamente en la Unión Soviética contra los enemigos del pueblo. Son palabras que contribuyen a infectar la lengua, a oscurecer su sentido. ‘Islamofobia’ forma parte de esos términos que hay que prohibir con urgencia en el vocabulario” (Libération, 23 de noviembre de 2010).

Por su parte, Claude Imbert, fundador y editorialista histórico de “Point”, semanario a la vanguardia en este tema, emplea e incluso reivindica la palabra en una declaración a la cadena de televisión LCI el 24 de octubre de 2003:

“Hay que ser honesto. Yo mismo soy un poco islamófobo. No me importa decirlo […] Tengo el derecho, no soy el único que piensa en este país que el Islam (y digo bien, el Islam, no hablo de los islamistas) en tanto que religión aporta una debilidad de diferentes arcaísmos, aporta una manera de considerar a la mujer, de desvalorizar a la mujer, además de una voluntad de suplantar la ley del Estado por el Corán, que efectivamente, me hace islamófobo”.

Esta declaración suscitó diferentes críticas, que llevaron al periodista a replicar, a la semana siguiente, en la misma emisión: “El Islam, desde el siglo XIII, se ha calcificado, y ha tendido sobre el conjunto de pueblos una especie de camisa de fuerza, una especie de yugo”. Se consideraba “irritado” por la acusación de racismo de la que era objeto: “La islamofobia […] se aplica a una religión, el Islam, no a una etnia, nación, pueblo, y tampoco a individuos que constituyen el pueblo de los musulmanes”.

¿Es útil proseguir la lista de estos nuevos combatientes, de estos modernos “debeladores de infamias”? Cada día, cada hora tal vez, tienen oportunidades de repetir sus verdades, en los semanarios con portadas de papel satinado, en la televisión, en cenáculos, sin temor de los disidentes ultra minoritarios… o ausentes.

Si el uso del concepto a la mínima oportunidad por algunos musulmanes fundamentalistas puede y debe irritar, parece sin embargo difícil discutir que los islamófobos existen y actúan. Todo acto hostil, todo gesto brutal, todo insulto contra un/una musulmán en tanto que musulmán, contra una mezquita o sala de oración, solo puede ser calificado de islamófobo. Y, ya que hay islamófobos, y que ahora constituyen una corriente que se expresa en el seno de la sociedad francesa, ¿cómo no calificar a esto de islamofobia?

Los musulmanes de Francia no tienen ninguna necesidad de abogados. En su inmensa mayoría hostiles al aumento (real) del integrismo, sitúan su combate en el campo de la defensa de un Islam verdadero, moderno, tolerante y fiel a las fuentes.

Rechazar la lógica de enfrentamiento

Paralelamente, se ha perfilado una fuerte reacción, por parte de autores que no se sitúan en absoluto en una visión religiosa, para rechazar y denunciar la lógica del enfrentamiento. Mientras que el uso mismo de la palabra les parece a muchos una concesión a los terroristas (al menos del pensamiento), Alain Gresh coloca como título oportuno “Islamofobia” en un innovador artículo en Monde Diplomatique (noviembre de 2001). En 2004, el sociólogo Vincent Geisser publicaba en la editorial La Découverte el primer estudio sintético sobre la cuestión, “La nouvelle islamophobie”. Al año siguiente, otro investigador, Thoman Deltombe, diseccionaba en el mismo editor “L’islam imaginaire. La construction mediatique de l’islamophobie en France, 1975-2005”.

Los ensayos más recientes de Edwy Plenel, “Pour les musulmans” (La Découverte, 2013) y de Claude Askolovitch, “Nos mal-aimés, ces musulmans que la France ne veut pas” (Grasset, 2013) han entablado una contraofensiva. En el último se afirma, en su capítulo de conclusiones:

“Lo que Francia ha construido tras veinticinco años, tanto por la derecha como por la izquierda, a fuerza de escándalos, de leyes y de rechazos, de mentiras nostálgicas, es la idea de la ‘diferencia’ musulmana, intransigente la razón y a la República; la proclamación de un identidad en peligro, nacional o republicana, y todo será lícito -legalmente- para mantenerla”.

Entre los católicos progresistas, la misma respuesta: “Esquizofrenia. Mientras que las revoluciones árabes testimonian sed de democracia por parte de los musulmanes, el miedo al Islam envenena la atmósfera en Francia y, ante las elecciones, el espantajo se agita más que nunca. ¿No quiere Sarkozy un debate sobre el lugar del Islam en la República? Toma así uno de los temas favoritos del Frente Nacional” (Revista Golias, núm. 137, marzo de 2011).

Otro eco contemporáneo, bajo la pluma de Jean Baubérot, especialista de la sociología de las religiones y del laicismo:

“Desde diversos ángulos, se asiste a la multiplicación de indignaciones primarias, ideas estereotipadas que quieren tener el valor de pruebas mediante la repetición por miles en los medios de comunicación de masas. La evolución global es inquietante, y esto se debe a la vez al aumento de los extremismos que se identifican con tradiciones religiosas (en plural) y de un extremo centro que quiere imponerse socialmente como el (no) pensamiento único y rechaza todo lo que no coincide […] Occidente es el ‘mundo libre’ provisto de todas las virtudes, ante un Islam monolítico y diabolizado” (Le Monde, 6 de octubre de 2006).

En el mismo artículo figura un paralelismo entre el antisemitismo de los tiempos del “affaire Dreyfuss” y el incremento de la islamofobia a principios del siglo XXI: “Tales estereotipos son permanentes: solo cambian las minorías a las que transforman en chivos expiatorios. La lucha contra la intolerancia no dispensa de la lucha contra la estupidez del odio”. En estos tiempos, en los que los personajes que nos dirigen no tienen más que la palabra “guerra” en la boca y en la pluma, son frases reconfortantes.

Fuente: http://orientxxi.info/magazine/islamophobie-un-mot-un-mal-plus-que-centenaires,1155

La ‘oposición’ siria vuelve a demostrar quiénes son sus verdaderos jefes

Riad Hijab, del Alto Comité Negociador
La servidumbre se demuestra tanto en la guerra como en la paz y la de la “oposición” siria hacia sus amos (Estados Unidos, Arabia saudí, Turquía) no es diferente de cualquier otra.

A pesar de la rueda de prensa del jueves en Riad, las presiones han tenido sus frutos y el Alto Comité Negociador estuvo presente en la apertura de las negociaciones de paz en Ginebra.

Es más que evidente: si esas mismas presiones las hubieran ejercido para impedir la guerra, se habrían evitado los 260.000 muertos y los millones de refugiados.

Para salvar la cara, el Alto Comité Negociador dijo que Staffan de Mistura, el emisario de la ONU para Siria, les había dado garantías de que sus exigencias iban a ser atendidas.

Lo cierto es que la “oposición” ha puesto de nuevo en evidencia, para que no quepan dudas, quiénes son los verdaderos padrinos de esta guerra y que el Departamento de Estado ha perdido la buena sintonía que siempre ha tenido con sus fieles vasallos sobre el terreno: Arabia saudí y Turquía.

En Washington se han resignado a los hechos consumados: la caída de Bashar Al-Assad, la prioridad en Riad y Ankara, es imposible. Más resulta contraproducente en el momento actual, al menos para los intereses estadounidenses.

Los imperialistas han perdido su confianza en la “oposición” porque, como han demostrado en cinco años de guerra, ni se ha convertido ni se va a poder convertir nunca en una alternativa al gobierno de Damasco.

El dinero sin fondo, el adiestramiento militar, el equipamiento técnico, el desgaste político, el esfuerzo diplomático… todo ha sido en vano y, en ocasiones, contraproducente.

Masivo ataque neonazi contra refugiados africanos en Estocolmo

El viernes una multitud de cientos de neonazis enmascarados agredió a refugiados africanos y cualquiera que no tuviera rasgos étnicos caucásicos en la estación central de trenes de Estocolmo, la capital de Suecia.

Durante el fin de semana la policía sueca ha detenido a cuatro personas acusadas de la agresión.

Las agresiones, según un panfleto distribuido por el Movimiento de Resistencia Sueco (una organización de filiación neonazi centrada en proteger la pureza racial del país escandinavo) iban dirigidos especialmente contra los niños de origen africano.

Según el diario Aftonbladet, el panfleto se titula “¡Ya basta!” y amenaza con propinar “a los niños norteafricanos de la calle” el “castigo que se merecen”.

El texto no deja lugar a dudas, afirmando que el ataque pretendía “limpiar de inmigrantes criminales del norte de África asentados en el área alrededor de la Estación Central”.

El panfleto nazi también celebra la muerte de una trabajadora social que fue apuñalada hace unos días en un albergue para niños inmigrantes huérfanos.

En su comunicado los nazis añaden que durante mucho tiempo los emigrantes “han robado y molestado a los suecos. La policía ha mostrado claramente que le faltan los medios para mantener a raya sus crímenes, por lo que no vemos otra alternativa que darles nosotros mismos el castigo que merecen”.

Desde el año pasado Suecia ha recibido al menos a 160.000 refugiados.

Los manifestantes atacan a dos militares durante una movilización en París

El sábado se manifestaron en París unas 20.000 personas (5.500 según la policía) para protestar por la prolongación del estado de urgencia impuesto tras los atentados de 13 de noviembre. El otro objetivo de la protesta es el proyecto de ley para privar de la nacionalidad francesa a quienes cometan atentados calificados de “terroristas”.

Los convocantes fueron los sindicatos CGT, FSU, el sindicato de los jueces, así como diversas asociaciones, tales como Attac, Derecho a la Vivienda, Los Derechos Primero, entre otras.

Durante la manifestación unos 20 participantes vestidos de negro y encapuchados atacaron a dos militares que no portaban su uniforme.

A uno de los militares le abrieron una ceja de un golpe y fue atendido en el mismo lugar de los hechos por los bomberos. Al otro los manifestantes le quitaron el teléfono móvil y huyeron corriendo. Este último participó en la dispositivo militar del gobierno tras la puesta en marcha de la “Operación Vigipirate”, que encomendó a los militares el desempeño de tareas policiales en pleno centro de París.

La policía indaga si los militares fueron atacados a causa de que descubrieran su condición, o si fueron equiparados a los neonazis por su vestimenta o corte de pelo.

En diciembre otros cinco militares fueron atacados, algunos de ellos con armas de fuego, en dos ocasiones en la localidad de Toulouse, al sur de Francia. Aunque una de ellas ocurrió a la salida de una discoteca y la prensa la describió como una “pelea de borrachos”, lo cierto es que la policía califica los hechos como “terrorismo” a causa de las palabras que profirieron los atacantes.

Los abogados alegaron que sus defendidos padecieron una provocación por parte de los militares. Uno de los atacantes ya había sido condenado antes por otras agresiones dirigidas contra militares.

El Banco Central de Japón impone tipos de interés negativos

El viernes el Banco Central de Japón recortó su tipo de interés al -0,1 por ciento. Es la primera vez que lleva los tipos de interés a un terreno negativo y constituye una bomba nuclear a la guerra de divisas iniciada en 2010.

El Banco de Japón se une así a otros tres países, Suecia, Suiza y Dinamarca, y al Banco Central Europeo, que ya cuentan con tasas de interés negativas. Los depósitos en el Banco Central Europeo tienen una tasa negativa de -0,3 por ciento, los de Dinamarca -0,65 por ciento; los deSuiza -0,75 por ciento y los de Suecia -1,1 por ciento.

La medida del Banco de Japón significa un castigo de 0,1 por ciento a las instituciones que quieran guardar su exceso de reservas en el banco central. Se debe pagar al banco central por el privilegio de estacionar el dinero. Busca aumentar el gasto y con ello dar un estímulo a la economía. Sin embargo, la historia reciente muestra que las bajas tasas de interés solo estimulan a las bolsas por la vía de la especulación financiera.

La medida confirma el desplome del capitalismo en las metrópolis más fuertes. Es también una respuesta a la deflación prolongada que ha sumido a Japón en el estancamiento pese a la expansión cuantitativa. Una vez más las políticas monetarias han fracasado y lo que resta son medidas de choque como castigar los depósitos para que la gente gaste cuanto antes y así se estimule la inflación.

El capitalismo vuelve a situarse en un punto muerto y la debilidad del crecimiento de Estados unidos en el cuarto trimestre es un anticipo que la Reserva Federal no aumentará la tasa de interés en marzo. Al contrario, si el desplome y el desempleo comienzan a golpear más fuerte a Estados Unidos, deberá revertir el giro en la política monetaria realizado en diciembre.

La desesperada medida del Banco representa un último recurso y pone de relieve la debilidad de la inflación que puede desatar nuevos y cruentos enfrentamientos en la guerra de divisas. La desaceleración China y la caída del precio del petróleo no han hecho más que amplificar las turbulencias internacionales, agotando las herramientas de los bancos centrales dado que las tasas de interés en la mayoría de los países se encuentran en niveles cercanos a cero.

Las nulas perspectivas de crecimiento económico y la debilidad del precio del petróleo hacen casi imposible la viabilidad de cualquier proyecto nuevo de inversión. Además, la persistencia de la deflación, con una caída generalizada de los precios en una amplia gama de mercancías, la convierte en un problema de envergadura. En el entorno deflacionario donde los precios y la inversión van a la baja, pagar un préstamo aunque sea con tasas de interés cercanas a cero se hace muy arriesgado.

Francia intenta censurar un documental sobre el yihadismo

Una película polémica que muestra la vida de los yigadistas en África, “Los salafistas”, ha obtenido el permiso de exhibición del Ministerio francés de Cultura, con una prohibición para menores de 18 años.

El documental de los realizadores Francois Margolin y Lemine Ould Salem, que había sufrido la opinión negativa del Ministerio de Interior, ha recibido finalmente luz verde de la Comisión francesa de clasificación de obras cinematográficas por la tarde, el mismo día de su estreno en Francia.

La ministra francesa de Cultura, Fleur Pellerin, ha seguido el criterio de la Comisión, decidiendo mantener un aviso para el film, “teniendo en cuenta la decisión de difundir sin comentarios escenas y discursos de una violencia extrema”.

“Mi trabajo respecto a la autorización de exhibición de toda obra cinematográfica es respetar el trabajo del autor, único responsable de su obra, siempre teniendo en cuenta la protección necesaria de la juventud”, ha declarado Pellerin, en la página del Ministerio.

En su opinión, la Comisión ha considerado que el film “no permite de manera nítida hacer la crítica de discursos violentamente anti occidentales, antidemocráticos, de legitimación de actos terroristas, y  llamadas a la muerte de los infieles personificados en los judíos y cristianos que en la película se mantienen”.

El documental llevará el anuncio de que “este film contiene lenguaje e imágenes extremadamente violentas e intolerables, susceptibles de ofender al público”, y quedará prohibido a los menores.

“Los salafistas no son simplemente un pequeño grupo terrorista sino una escuela de pensamiento, casi un Estado, que nos declara la guerra. Ellos nos conocen muy bien; nosotros a ellos, muy poco”, ha declarado Lemine Ould Salem en Radio Europe 1, considerando que los espectadores franceses son “suficientemente maduros, suficientemente inteligentes” para comprender el mensaje del film.

La película, que narra la vida cotidiana de los salafistas en Mali, Túnez y Mauritania sin ninguna voz en off, ha sido coproducida por France 3 y presentada la pasada semana en el Festival Internacional de Programas Audiovisuales /FIPA), en Biarritz. France 3 decidió acto seguido desligarse de la película, como resultado de la polémica creada en el Festival.

Israel almacena en secreto drones armados con misiles

Los servicios de inteligencia estadounidense y británico han conseguido descifrar los códigos de las emisiones de los drones israelíes, en el curso de una misión de espionaje bautizada “Anarchist”, según reveló ayer el diario israelí “Yediot Aharonot”, tras la desclasificación de los documentos por el ejército del país.

Estas operaciones, que tienen lugar desde hace 18 años desde una base situada en Chipre, según precisa la mencionada publicación, permitirían a estadounidenses y británicos la observación de todas las operaciones israelíes en Gaza, en Siria e incluso en Irán. Según un alto responsable de Israel, ello supondría un “auténtico seísmo” para el país, “la filtración más grave en los anales de la inteligencia” de Israel.

Según documentos proporcionados por el antiguo agente de la NSA Edward Snowden, estadounidenses y británicos habrían seguido “en directo” los vídeos emitidos por los aviones no tripulados desde una base situada en una región montañesa de Chipre. El antiguo espía estadounidense ha proporcionado así mismo una serie de capturas de vídeo con una inusual perspectiva de la flota de drones sionistas, uno de los secretos mejor guardados por Israel.

Las imágenes muestran diferentes tipos de aviones no tripulados, incluyendo lo que parecen ser drones portadores de misiles. Aunque los ataques de drones israelíes hayan sido objeto de informaciones frecuentes, oficialmente Tel-Aviv siempre ha negado el uso de drones armados.

Según Ynet, en 2010 los analistas británicos del servicio de intercepción de comunicaciones GCHQ, con sede en Chipre, capturaron seis minutos de vídeo de lo que parece ser un Heron TP, un dron gigante fabricado por Israel Aerospace Industries. Este aparato estaría provisto de misiles, pudiendo ser utilizado en el marco de un sistema estratégico durante una operación en Irán.

“Este acceso es indispensable para mantener información sobre las maniobras y las operaciones israelíes, y, por consiguiente, para tener una perspectiva general del desarrollo de los acontecimientos en la zona”, se lee en un informe del GHCQ publicado por Snowden, cuyos documentos se refieren especialmente a las campañas ejecutadas por el ejército israelí en Gaza, y principalmente a la operación “Plomo fundido”, en 2008.

Europa vive el ocaso de su civilización

La bandera argelina ondea en París
Con 5,4 millones de habitantes, a Eslovaquia la Unión Europea le impone una cuota para acoger a 2.300 refugiados.

El gobierno ha iniciado los trámites reglamentarios ante el Tribunal Europeo de Justicia para impugnar esa decisión.

Pero no se trata de que quieran acoger menos refugiados, sino de algo muy distinto. Nada menos que en “Pravo”, una revista checa “de izquierda”, el Primer Ministro eslovaco, Robert Fico, ha calificado la política migratoria de la Unión Europea como un “suicidio ritual”.

Los verdaderos motivos no son de índole económica, no es un asunto cuantitativo, de más o menos refugiados, sino racial. Fico habla de “zumo” para referirse a la llegada de refugiados, con sus “costumbres y religiones” diferentes a las “nuestras”.

Pero no aclara cuáles son las costumbres y las religiones típicamente europeas, las que debemos aceptar y las que debemos rechazar, aunque todo llegará. La Unión Europea quiere reeditar el Sacro Imperio Romano Germánico, una unidad no sólo económica y política, sino religiosa y racial.

Hungría ha hecho lo mismo que Eslovaquia y el Primer Ministro checo, Bohuslav Sobotka, ha convocado una cumbre extraordinaria del Grupo de Visegrad (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) para adoptar una postura común contra la entrada de refugiados en la Unión Europea.

La Unión Europea no tiene fronteras; lo que tiene son barricadas. Desde Bruselas, el periodista argelino Aziuz Mojtari escribió hace un par de días un severo artículo para “Le Soir d’Algérie” titulado “Hacia el final sin gloria de los valores europeos” (*).

Los argelinos ven las cosas de manera muy diferente a nosotros y tienen toda la razón. Absolutamente. No hace falta que Europa se suicide, como dice Fico, ni que los emigrantes acaben con nuestra “maravillosa civilización” porque en Europa hace tiempo que no existe ninguna clase de civilización. Si alguna vez Europa tuvo algo de lo que enorgullecerse, la ha perdido para siempre. Ahora no es más que un pozo de mierda que convendría limpiar lo más rápidamente posible.

No se libra ningún país, aunque Mojtari pone el acento en Francia, y vuelve a tener razón: el gobierno ha presentado un proyecto de ley para privar de la nacionalidad francesa a los emigrantes que tengan dos pasaportes y para lograrlo no le ha importado ni reformar la Constitución ni despedir a su flamante ministra de Justicia Christiane Taubira que, por lo que sugiere su nombre, es de religión cristiana; pero sobre todo es negra (cuando falla una cosa, falla la otra).

En el antiguo escenario de la Revolución de 1789, la palabra “emigrante” es sinónimo de magrebí y de argelino, y Francia no puede olvidar que en 1960 la independencia de Argelia humilló la “grandeza” gala para siempre.

Es una revancha. Ni los políticos ni los medios se libran de la pesadumbre de aquella derrota a manos de lo que creían (y creen) que eran una pandilla de salvajes.

El colonialismo se ha acabado pero Europa sigue viviendo del pasado, del recuerdo de lo que fue y ya no es. ¿Valores?, ¿qué valores?, pregunta Mojtari. ¿Derechos?, ¿qué derechos?. ¿Principios?, ¿qué principios?. ¿Ética?, ¿de qué me habla?

(*) http://www.lesoirdalgerie.com/articles/2016/01/27/print-26-190761.php

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